Hellen Keller y el exocerebro

Deaf, dumb and blind boy, lives in a quiet vibration land.

(De la opera rock Tommy de The Who)

Al contrario de Tommy el héroe de The Who en la ópera-rock del mismo nombre, Hellen Keller fue una niña real que quedó ciega y sordomuda a raiz de alguna viriasis infantil o meningitis y que tuvo un feliz desenlace gracias a los cuidados de su pedagoga Ana Sullivan.

La historia de Hellen Keller es tan bella que ha merecido una novela por parte de William Gibson y una entrañable pelicula a cargo de Arthur Penn, pero si la traigo aqui no es para hablar de la ternura y ejemplaridad de la historia sino para señalar algunas cuestiones de interés neurocientifico que podemos extraer de ella gracias a que la propia Hellen aprendió a leer en Braille, escribir y pudo transmitirnos su experiencia.

Prácticamente desaferentizada sensorialmente desde corta edad Hellen vivió en un cuerpo que ella misma describe como un fantasma que sólo sabia hacerse de notar en su casa donde fue sistemáticamente malcriada y sobreprotegida por unos padres que no sabian como educarla hasta que contratan a Ana Sullivan que es a fin de cuentas quien después de un calvario de intentonas logra ejercer de mediadora entre aquel fantasma y la vida.

Lo primero que intentó Ana Sullivan es que Hellen le prestara atención, cosa dificil porque la niña no habia desarrollado ningún apego por nadie dando a veces la impresión de un autismo infantil. De hecho y tal como cuenta la Sullivan es sólo después de su “despertar” a los sentidos cuando le dio un beso por primera vez. Intentó Ana enseñarle el lenguaje de los signos, algo que habian inventado los monjes trapenses para comunicarse unos con otros sin necesidad de hablar y que más tarde se utilizó para los sordomudos, pero la Keller no estaba por la disciplina y antes hubo de enseñarle algo más importante: se pusiera como se pusiera tendria que tener en cuenta a la Sullivan. Para ello, la institutriz logra separarla de sus padres que retrasaban su maduración con sus continuas intrusiones y ocupar una cabaña contigua a la vivienda familiar en la rural y conservadora Alabama, alli llevó a cabo su “milagro”.

Vale la pena ver esta escena memorable de cuando Hellen logra establecer un enlace entre los signos (el tacto), las palabras (el símbolo) y las cosas en sí, en este caso el agua.

Lo interesante es comprender que los signos o señales son cosas (cosas que están ahi) bien diferentes a los símbolos. Nuestro cerebro se comunica a través de señales -eléctricas y químicas- pero es incapaz de procesar símbolos tal y como hacen los ordenadores. Tambien sabemos hoy, mal que le pese a Noam Chomsky, que  no existe en nuestro cerebro una gramática generativa universal de palabras tal y como él propuso para explicar la rapidez con la que un niño aprende idiomas. Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos (y las palabras lo son) no pueden existir palabras en las neuronas ni pueden existir embriones gramaticales en las sinapsis. ¿Entonces como es posible que un niño de corta edad maneje tan rápidamente el lenguaje?

Lo hace a través de la imitación, viendo y oyendo como le hablan y hablan otros entre sí. Es interesante recordar que el lenguaje hablado es bastante disitnto a los pensamientos o lenguajes interiores, aquel es muy rico en giros, prosodia (marcapasos o cuadricula), sintaxis y semántica y no nos olvidemos de la pragmática del lenguaje, una fuente de conocimientos enroscados en las palabras dichas.

Volvamos al signo o señal. Para Hellen y Ana solo habia un canal abierto para la comunicación y este no era otro sino el tacto. Es a través de las manos que la Sullivan intenta comunicar el lenguaje de signos a Hellen.

Pero Hellen que sabe mucho de manos (señales) no acierta a comprender que aquellos dibujos que su profesora traza en su mano tienen otro sentido más importante: representan palabras y las palabras son símbolos, esto es “cosas que representan a otra pero no son la otra”.

Es bueno recordar ahora el tan citado cuadro de Magritte acerca de qué es una pipa. Una pipa es un objeto que sirve para fumar, de modo que lo que aparece en el cuadro de Magritte y tal como el artista afirma no es una pipa sino una fotografía de la misma (un símbolo que es a su vez señal), que la suplanta en su ausencia. Hellen Keller podia reconocer la textura de una pipa pero no podía saber que se nombraba con la palabra “pipa” y por tanto no podia pensar en una pipa, pues para pensar en algo necesitamos palabras (símbolos).

Es asombroso que Hellen Keller se refiriera a su experiencia íntima -antes de la adquisición de las palabras- como si un fantasma habitara en ella. Es seguro que fue asi, pues un cerebro sin canales sensoriales tan sólo puede recibir ciertas clases de estimulos no sociales: los que proceden del tacto, del olfato que es un canal poco importante en los humanos, del gusto y de la propiocepción. Es fácil reconocer qué es un fantasma. Un fantasma es un cerebro en estado puro o “salvaje” desaferentizado casi totalmente.

No es de extrañar que algunos investigadores como Ramachandran hablen de un fantasma en el cerebro (Ghost in the mind) cuando investigan sobre “miembros fantasmas” para referirse a eso que habita en los cuerpos humanos cuando sufrimos alguna clase de amputación y que trata de manifestarse a través de los canales convencionales a pesar de que estos canales ya no existan.

Pero volvamos al procesamiento de símbolos.

¿Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos cómo se las arregla para construirlos y comunicarse a través de ellos?

Se trata de una pregunta crucial en las neurociencias y para contestarla no tenemos más remedio que acudir a la lectura de mi pasado post ¿Somos ciborgs? para entender la hipótesis de Roger Bartra sobre el exocerebro.

Bartra pone el dedo en la llaga cuando afirma que el error de las neurociencias ha sido calificar de “ciencias blandas” a las ciencias humanas y sociales, como la antropología, la lingüistica, la etnografía, la mitografía, la filosofia y la metafísica. La psicología -en su afán de cientificismo feroz-, desgraciadamente ha sucumbido al rebufo soberbio de las neurociencias y ya hace tiempo que quedó sin un epistemología propia tal y como ha señalado Gazzaniga.

El error de los neurocientíficos ha sido fiarlo todo a las conexiones neuronales, a la genética y a la neurofisiologia pasando por alto lo que ellos llaman el “medio ambiente” sin caer nunca en la cuenta de que el sapiens no habita un “medio ambiente”, ni un nicho ecológico como los caracoles sino una cultura. Pero esa cultura no se limita a ser un contenedor o un entorno natural como sucede en los animales que forman grupos sociales a veces muy complejos (pero no una cultura) sino que además de ser un invento suyo -del propio hombre- y no algo que simplemente se encontraba ahi, nuestro cerebro se encuentra conectado a esa base de datos (por decirlo metafóricamente). Conectado a través del lenguaje y otros códigos. Unos discursivos como el propio lenguaje y otros no discursivos como el gesto, la música, las artes plásticas, la danza, etc.

La neurociencia es prisionera de una creencia casi mística en el principio de “clausura causal del mundo fisico” que impide creer en la evidencia de que el cerebro pueda mantener enlaces con su cultura y que estos enlaces a su vez intervengan de forma extrasomática en las redes neurales. Esta es la razón por la que los cientificos buscan siempre dentro del cerebro lo que podrían hallar mirando fuera.

Lo que plantea Bartra es que la mayor parte de sinapsis de nuestro cerebro no están dentro del cráneo sino fuera de él como una protesis externa. A semejante idea han llegado -por otros medios- otros autores, como Dawkins y Dennet con su teoria memética, Rupert Sheldrake con sus campos morfogenéticos y C. G. Jung con su concepto de arquetipos, tambien Penrose con una adaptación platónica de los universales. Todos estos autores a través de distintas especulaciones han tratado de explicar que se hace necesario suponer que la mayor parte de la información que nuestro cerebro maneja se encuentra en la cultura, entendiendo cultura de un modo extendido, desde la relación con el otro, la socialización, la compartición de creencias, ideas o códigos interpretativos hasta llegar a los conceptos más universales de tipo jungiano.

Lo cierto es que esta idea tiene una dificultad explicativa. ¿Cómo se las arreglan los símbolos para penetrar en el cerebro? ¿Cómo se convierten en corriente eléctrica? ¿Hay una especie de sintonizador como supone Sheldrake? ¿Se trata de una especie de virus como suponen Dawkins y Dennet?

Nada de eso: lo hacen a través de los canales sensoriales. Esos 5 sentidos y algún otro que llamamos sexto o intuición.

Ahora es necesario volver al caso de Hellen Keller, recomiendo el visionado de la escena del video que he colgado más arriba para entender el “insight” luminoso de la niña cuando es capaz de asociar, los signos de las manos a la palabra “agua” y a la identificación del agua en sí que mana de la fuente. ¿Cómo lo hizo Helen, cómo logra asociar estos tres niveles de definición, signo-simbolo-cosa en sí?

Lo hace espontáneamente y aunque en la pelicula no dice nada del asunto podemos especular que el destino de esos tres niveles de complejidad es encontrarse unos con otros, lo que si sabemos es que a partir de ese momento se abre para Helen la puerta de la vida y que comenzó precisamente entonces a  madurar tanto en el plano afectivo, como social y lingüistico-comunicacional.

Lo que significa que la información contenida en la cultura penetra en el cerebro individual a través de conexiones neurales extrasomáticas que discurren pos los canales sensoriales convencionales y lo hacen sin necesidad de un transductor de símbolo-señal.

Uno de los obstáculos que tiene esta idea es la especulación mistico-religiosa y la nostalgia de una dualidad cartesiana que tanto atemoriza a los neurocientificos. Pero enseguida advertiré al lector de que lo que anida en el exocerebro no es una res cogitans ambulante que espera encarnarse en algun ser material. La teoria de Bartra no apela a la dualidad, el exocerebro está constituido de producciones humanas y de relaciones de sentido propiciadas por la cultura humana que ha ido engrandeciéndose en número total de sinapsis, tantas que no caben en un cerebro individual y por eso las mantenemos fuera, en una nube, listas para ser usadas cuando las necesitamos. Un uso necesario para sobrevivir como humanos tal y como el ejemplo de Hellen Keller y otros niños salvajes nos ilustra.

Lo que hay guardado en ese exocerebro son pues signos y símbolos pero más allá de eso lo que alli existe son relaciones de sentido entre símbolos y simbolos de símbolos. Lo más importante de esto es que los sentidos son rabiosamente individuales, es decir no existen sentidos buenos y sentidos malos, aunque podemos hablar de consensos. Dicho de otra manera los simbolos son interpretados por cada persona de una forma distinta a los demás.

Estamos condenados a dar sentido a los símbolos y aqui está precisamente la tendencia al error, puesto que los consensos y los disensos pueden llevar a la patología. Del mismo modo que sucede en el interior del cerebro, un error en la señalización hará que una red neural no crezca en la dirección correcta y se ciegue el tránsito de flujo sináptico, de electricidad. Del mismo modo pueden existir errores en los enlaces entre el cerebro y el exocerebro y estos errores proceden de la ambigüedad del lenguaje, es decir de la multiplicidad de sentidos de las palabras.

Pero este es otro post.

Bibliografia.-

Sandra Blakeslee y V. S. Ramachandran: “Fantasmas en el cerebro”

Roger Bartra: “Antropologia del cerebro”. Fondo de cultura económica. Mexico. 2006.

Un post relacionado: La gaviota culta

7 comentarios en “Hellen Keller y el exocerebro

  1. “…qué estúpido y simple es todo esto; ese enunciado es perfectamente verdadero, puesto que es evidente que el dibujo que representa una pipa no es una pipa? Y, sin embargo, hay un hábito del lenguaje: ¿qué es ese dibujo?” (Foucault, Esto no es una pipa).
    Interesantísimo post, maestro.

  2. Lo que yo he visto en el vídeo es que a veces tenemos las palabras (símbolos), los signos y lo único que nos faltaba era la cosa en sí (el agua), porque una buena maestra la niña ya tenía.

  3. Estimado, muy interesante el artículo. Últimamente he estado leyendo acerca de los procesos involucrados en la adquisición del lenguaje, y le quería solicitar si pudiese compartirnos sus reflexiones acerca del caso Genie Wiley. Saludos.

  4. Por lo que se sobre el caso de Geni, se trata de algo peor. hay que sumar los malos tratos a la posibilidad de un defecto cerebral congenito. Al parecer su padre que era un maltratador la tuvo encerrada en su cuarto, atada a una silla y sin hablarle durante años. Una vez rescatada su rehabilitación no fue posible y terminó sus dias en una institución mental. Dicen que fue debido a la “ventana plastica”. Ciertos aprendizajes como el lenguaje tiene abierta una ventana de tiempo, si no se rellena con palabras la ventana se cierra y ya no es posible aprender a hablar. Por eso a Geni se la considera un caso de “niña salvaje”. Aqui te dejo la primera parte de un documental sobre ella emitido por TVE.

  5. Hellen Keler es un ejemplo claro de que el pensamiento es anterior al lenguaje. La eterna polémica sobre la relación entre pensamiento y lenguaje queda con este caso demostrado que no es necesario la adquisición del lenguaje verbal para que se pueda dar pensamiento porque el proceso de simbolización es anterior a la comprensión de la relación arbitraria que existe entre el signo, el símbolo y el referente.

    Una cosa es la simbolización de la realidad que se produce con la adquisición de información del exterior a través de los sentidos, de los cinco sentidos y otra cosa es el salto del símbolo al signo que requiere de una capacidad intelectiva mayor, y esta capacidad es desarrollada en grado máximo por el lenguaje verbal por eso, al mismo tiempo, es el lenguaje el que hace desarrollar el pensamiento hacia niveles lógicos y abstractos no conseguido por ningún otro medio de comunicación.

    Es precisamente a esta capacidad innata ( relacionar referente- símbolo- signo),en el ser humano, a la que hace referencia Chomsky con su gramática universal. Chomsky pensaba que las estructuras estaban ya establecidas en nuestro cerebro, y algo de eso hay. Las estructuras están sólo hace falta que el sistema empiece a desarrollarse a través de la adquisición del signo, sin el signo no comienza el salto y una vez dado el proceso de simbolización y verbalización, el proceso de pensamiento y lenguaje, va indisolublemente unido.

    Hellen Keller tenía simbolizada la realidad a través de mapas creados con la información que el resto de los sentidos sanos le trasmitía del exterior pero nadie había sido capaz de enseñarle cuál era el signo para cada una de esas realidades que le permitiría verbalizar la realidad que ella ya había adquirido en su interior.

    El lenguaje comienza con el habla, el origen del lenguaje es oral y la oralidad escrita no existe, porque al pasar a la escritura se convierte en texto y el contexto de la comunicación cambia totalmente. La utilización del lenguaje oral en medios que no le corresponden es lo que provoca las inteferencias de sentido y lo que lleva a las malas interpretaciones porque los niveles de anclaje que deben ser dados por el género al que pertenece como texto escrito han sido alterados y no funcionan correctamente. En ese caso las palabras pueden aparecer huecas, sensibles a todo tipo de resemantizaciones por la capacidad metafórica implícita en el símbolo que es la base del signo.

  6. Pues lamento decirte que Chomsky tu estaís equivocados.
    Con respecto a si el pensamiento es anterior al lenguaje no sé si estoy o no de acuerdo, porque depende de a qué llames pensamiento. Si llamas pensamiento al movimiento de una emoción -al marcador somático y mental- estoy de acuerdo, pero si llamas pensamiento a la justificación o a buscar el origen de una emoción no estoy de acuerdo. Yo creo que el lenguaje y el pensamiento coevolucionaron juntos tirando y persiguiéndose uno al otro, pero sin palabras es muy poco probable que la Keller pudiera pensar y ella misma lo dice en sus memorias atribuyéndose una existencia fantasmal.
    Por otra parte es cierto que hay un registro mental que no es simbólico sino fotográfico o escenográfico al que llamamos “imaginario”. El imaginario no procesa simbolos sino signos, es por eso que cuando componemos en nuestra mente un coito no lo hacemos con palabras sino con imágenes.
    Feliz Navidad!

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