Literalidad y simbolismo: el camino

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

(Antonio Machado)

Camino-de-Santiago

Hay muchas clases de caminos, pero yo voy a tomar como referencia el camino de Santiago para alumbrar ciertas ideas que acontecen en todos los caminos cuando se dan ciertas circunstancias. La primera de las cuales está implicita en el verso archiconocido de Machado. Efectivamente el camino no existe, lo que existe es la acción de andar, de transitar, sea andando o sea viajando de una manera u otra, siempre y cuando en ese viaje exista una exploración interior, una intención gnoseológica; en otras ocasiones he hablado de un descenso, pero no importa como le llamemos siempre y cuando ese viaje implique la adquisición de algun tipo de conocimiento, una conciencia de algo. Lo que importa en el viaje no es el tránsito de un lugar a otro, sino de un topos o de una posición en el mundo u otra. De eso va este post.

En todo viaje hay una parte literal y una parte simbólica o representacional. En este sentido el camino de Roncesvalles a Santiago, no es solo una carretera que une ambos puntos, sino un trayecto personal que es literal en tanto en cuanto hay cansancio, sacrificio, dolor, ampollas en los pies, hambre, frio, sed, soledad, etc. Una literalidad que se inscribe en el cuerpo y que deja cicatrices. En el otro lado de las cosas, el camino ocupa cierto simbolismo, los amigos que aparecen y desaparecen, los paisajes, la hospederia redentora, el camastro compartido, la enfermera que nos cura las ampollas cosiéndola con hilo de seda, las conversaciones y confesiones de aquellos que comparten parte del camino, la solemnidad de lugares sagrados o mágicos, el cruce de ciertos umbrales y por fin la llegada del peregrino a la fachada principal de la catedral de Santiago y el abrazo del apóstol.

Aqui os dejo un trailer de una pelicula que se llama precisamente asi y que vale la pena ver: “El camino”

Lo cierto es que los peregrinos tienen muchas razones para meterse en el camino, unos para adelgazar, otros para dejar de fumar, otros para cumplir una promesa casi siempre relacionada con el cáncer, otros -personajes al borde de un ataque de nervios- para encontrarse a sí mismos, periodistas, místicos de la new age, personas en duelo (como el personaje de la película que cito), deportistas que buscan someterse a una prueba definitiva, curiosos, apocalípticos o reenganchados forman parte del personal que transita aquellos lugares y que se someten quizá a la prueba mas dura que han afrontado en su vida.

Pero nos equivocaríamos si pensaramos que el camino de Santiago es un periplo religioso, se trata sobre todo de un escenario espiritual, ese lugar donde los símbolos nos apresan y uno no puede sino dejarse llevar por ellos en ausencia de juicio crítico, una especie de contemplación. Agnósticos e incluso ateos encuentran en el camino sus claves espirituales: aquellas que les hacen modificar su conciencia y que a través del trayecto encuentran su redención personal.

La clave de este fenómeno es a mi juicio, la combinación -el encuentro- entre el dolor y el símbolo, es decir el sufrimiento y su representación. Si hacer el camino es terapéutico (en un amplio sentido de la palabra) es porque algunas personas encuentran en esa combinación un elixir para afrontar su cambio personal.

El sufrimiento -el dolor- modifica nuestro cerebro y lo resetea para poder aprender algo nuevo, al tiempo que le pone papel de celofán a las heridas anteriores.

Naturalmente el dolor por sí mismo no resuelve nada, es necesario que ese dolor sea parcheado con el sentido.

Y si hay algo que sobra en el camino de Santiago es el sentido: todo el paisaje y el paisanaje parecen diseñados para ofrecer sentido a los peregrinos.

Lo cierto es que algunas personas necesitan sufrir para cambiar algo de sus vidas. Y son muchos más de los que pensamos. Todo sufridor lleva su necesidad de sufrimiento en secreto, no es cool ser un sufridor.

Claro, que en el catálogo de nuestros deseos más íntimos no aparece ni el dolor, ni el sufrimiento. hemos renegado de ellos, porque vivimos en un mundo donde el placer, el lujo, la autonomía, la competencia, la autosuficiencia o el poder tienen mas espacio sensorial y desiderativo que el dolor, poseen hasta una taxonomia propia. No existe una buena nosología del dolor y de sus funciones. Pero lo cierto es que hay muchas personas que necesitan darse, sacrificarse, inmolarse en la pira de algo, son los sufridores (ahora se llama a ese funcionamiento overdrive moral), esas personas que se las arreglan para elegir siempre inadecuadamente, esos que se autosabotean a sí mismos constantemente, esos que aparecen como bonachones o víctimas porque siempre terminan por elegir la peor opción para ellos mismos.

Los que necesitan el dolor para cambiar.

El sacrificio y el dolor no tienen altares ni representación icónica como la diosa Ananké y es por eso que existen pocas posibilidades de ejercerlos más allá de los sufrimientos por los hijos, por los desamores o por la amenaza de la muerte, o sea en nombre de Eros.

Eros hace concreta a Ananké. O lo que es lo mismo el amor dado (ofrecido) hace desaparecer tras un velo a la poderosa Necesidad.

Necesitamos reivindicar más espacio para los altruistas y los hiperempáticos, para todos aquellos que precisan de cuidar de otros, de sacrificarse y de salir como voluntarios en toda empresa con riesgo.

Son la reserva espiritual del mundo.

Todo parece indicar que el cambio precisa de una combinación de literalidad y simbolismo y que estamos apresados en esa brecha donde lo literal solo adquiere sentido bajo el peso de los símbolos, mientras que lo representacional (los símbolos) por sí mismos no funcionan sin esa presencia fisica de las llagas o el dolor.

4 comentarios en “Literalidad y simbolismo: el camino

  1. Me sorprende e impresiona tu capacidad de síntesis, conviertes una simple caminata con unas mochilas pesadas, donde cada metro ahorrado deviene fundamental con el paso de los días, en una especie de clave para el futuro del ser humano, o por lo menos para su bienestar personal. Pasé gran parte de mi adolescencia y juventud en un país nórdico, por lo que me tocó en dos ocasiones hacer una larga travesía en canoa con el resto de la clase, de esas que duran varios días, durmiendo en tiendas de campaña. La primera vez no tenía ni idea de lo que era, ya que acababa de llegar, era nuevo en la clase y no tenía más remedio que aceptar, fue una dura experiencia, porque compartí canoa con un tío antipático con muy baja autoestima (lo cual no sabía entonces) que suple sus carencias atacando al prójimo, sobre todo si tiene pinta de débil. A pesar de ello, un par de años después acepté nuevamente la experiencia con un grupo diferente, y esta vez sin el mismo tipo de presión. Y aún así, ¿no estaría más cómodo en mi casa o en la biblioteca leyendo un libro? Realmente me lo pregunté muchas veces y es después de pasar esa segunda experiencia que me di cuenta que siempre hay tiempo para leer, pero no para otro tipo de acontecimientos, formando parte esencial de una educación que sólo termina cuando nos llega el alzheimer.
    Como sufridor por genética (mi padre era igual) y con vocación de hiperempático, estoy de acuerdo con todo lo que expones, pero no basta con intuir cuándo comienza el dolor y dónde termina el sufrimiento, el problema es cómo hacer llegar el mensaje a los que ven su yo y sus apuros más inmediatos como el centro neurálgico de la existencia humana, mientras que los que no dan prioridad a sus propias necesidades son gente rara, una especie de discapacitados emocionales, o como mucho unos infelices. Tal vez tu próximo tema sería desarrollar con ejemplos en qué se basa la combinación de literalidad y simbolismo.

  2. Estamos diseñados para encontrar placer en un sinfin de circunstancias, algunas de las cuales no pertenecen al catálogo normativo de lo “deseable”, asi por ejemplo todo lo que nos devuelve el placer por el fuego, la aventura, las privacion, la naturaleza, etc, estan preformados en nuestroc erebro, es por eso que las acampadas guardan una cierta mistica placentera, más allá de las dificultades, el olor a leña es algo que nos pone.
    Lo literal y lo simbolico se encuentran siempre alli donde lo displacentero (el sacrificio) se encuentra con el peso del simbolo o del ritual, aquello que nos posee y nos hace fluir.
    Por ejemplo en esto:
    https://carmesi.wordpress.com/2013/02/09/el-exito-del-bdsm-en-internet-y-la-literatura/

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