Los enemigos de la realidad

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Carátula del primer tomo (de 3) de Los enemigos del comercio donde Jesus expulsa a los mercaderes del templo en Jerusalén.

Antonio Escohotado es un profesor universitario, pensador y ensayista muy conocido entre nosotros por aquella obra titulada “Historia general de las drogas” que constituyó un verdadero escándalo cuando se publicó y una obra realmente provocadora que admitiría -aun hoy- un sin fin de polémicas, interminables. Sus convicciones son antiprohibicionistas como todo el mundo sabe hoy, y aunque podamos estar o no de acuerdo con él, lo cierto es que sus  argumentos son sólidos y muy bien articulados en su discurso. Una vida a medio camino entre la novela de acción y reflexión que poco a poco vamos conociendo mejor gracias a los videos que publica en youtube y donde mantiene una lucidez y sinceridad radical en sus explicaciones.

Una de las más queridas por mi es su conversión desde el comunismo de su juventud hasta el sentido común de su posicionamiento actual. Llega a preguntarse ¿cómo es posible que estuviera tan equivocado? ¿Cómo pude sostener que el comunismo es la solución para organizar la vida social de una sociedad?¿Como pudimos cerrar los ojos a los crímenes de Stalin, Lenin o Mao?

Dice que es su obra póstuma, esta “Los enemigos del comercio”, pero yo le veo en plena forma a pesar de sus 77 años muy trabajados en las grietas de su rostro.

Los enemigos del comercio sostiene la tesis de que el progreso, la democracia, la libertad  todos los valores que sostenemos los demócratas proceden de dos hechos: la libertad de comerciar y la propiedad privada que legar a nuestros descendientes. Dicho de otra manera es un alegato contra todas esas formas de gobierno obsoletas, basadas en la idea de que el comercio es la base de la codicia humana, que los humanos hemos inventado para convivir y para organizar la vida social.

Para ello hace un recorrido desde la antigüedad hasta nuestros días y la acumulación de sus documentos es tan densa y sistemática que podemos hablar de un tratado universal sobre el comercio y que en mi opinión será de los más consultados en el futuro cuando alguien aborde estas misma problemática. Un tratado que se situará en el top de las bibliografías necesarias.

Y si, Jesucristo fue el primer comunista como solíamos decir en nuestra juventud, ya lo intuíamos. Sólo que Escohotado llama a esta vieja idea esenia, el pobrismo.

El pobrismo es la idea que se transmitió con el cristianismo y que llegó hasta la Reforma y Contrareforma, allí ya todo el mundo se puso de acuerdo en que ser rico no era pecado.

Pero aun hay quien lo cree.

Pero mejor es escuchar la conferencia que sobre este tema pronunció en la UAM, una verdadera clase magistral.

 

Antinatalistas

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Hoy he leído un articulo en el Mundo, acerca de un grupo de personas que se declaran antinatalistas, no se trata de personas que han decidido no tener hijos (por las razones que sea) Se trata de verdaderos “hooligans” de la no-reproducción, de activistas por así decir que incluso tienen su propio “guru”. Un tal David Benatar profesor de filosofía en algún lugar de la República Sudafricana que es quien ha puesto a punto una filosofía nihilista de fácil consumo para los que abracen esta nueva religión, que tiene por supuesto su penitencia: esterilizarse bien joven.

El viejo sueño eugenésico del nazismo, solo que….electivo.

Para resumir la doctrina de estos antinatalistas, decir que lo que pretenden es nada mas y nada menos que terminar con la especie humana a la que identifican con desastres ecológicos y a una presencia presidida por el dolor, el sufrimiento y la enfermedad. ¿Para qué traer niños al mundo si van a sufrir? Una pregunta que resume el argumentario de esta secta. Se trata de un argumento que algunos de los progres de los sesenta también mantenían, solo que no se esterilizaron y no lanzaron campañas mediáticas para difundir sus ideas, muchos de ellos decidieron no tener hijos, otros no pudieron tenerlos y a otros, simplemente se les pasó el arroz. Pero no había una ideología milenarista detrás.

En realidad se trata de una ideología con trampa, puesto que (lo que no dicen) es que quieren acabar con la raza blanca y más en concreto con sus individuos reproductores (heterosexuales). No veo yo que los musulmanes vayan a abrazar con gusto esta ideología fantasmal. Mientras haya musulmanes y chinos la especie humana no corre peligro. Pero los que molestan no son ellos, sino nosotros los blancos heterosexuales que salimos -al parecer- demasiado caros a los planes de uniformización que ciertos lobbyes han puesto en marcha para disminuir los pensionistas del futuro y acabar con la sanidad publica. De lo que se trata es de disminuir la población occidental y dejarla bajo mínimos para así sustiruirla por un proletariado joven, vigoroso y barato que hagan a la vez de reemplazo de una ciudadanía envejecida acostumbrada a tener derechos y pensiones. Un gasto inútil.

Los antinatalistas son la ultima vuelta de tuerca a unos planes bien conocidos por todos.

Pero con todo lo que mas me ha llamado la atención de este articulo es que estos jovenes en realidad viven en parejas, es decir son pares, ¿por qué no vivir en trios o quintetos que sería mucho más ecológico?

Y entonces me acordé de Lorenz y de un post que escribí hace mucho tiempo y que habla de alianzas y coaliciones entre los gansos (la especie más estudiada por Lorenz) a fin de dominar las orillas del río elegidas. Lo que cuenta Lorenz es que:

Lorenz ha descrito en los gansos una conducta de violación que sucede cuando dos gansos forman una coalición de amistad: una coalición que desde el punto de vista territorial es muy potente, superior a la de cualquier pareja heterosexual. Este entramado de amistad llega a parecerse en casi todo a una unión homosexual, hasta que una hembra hace su aparición en escena y uno de los gansos “la viola”, pasando poco después a formar parte de esa extraña coalición à trois. Lorenz interpretó este triángulo como una reorientación sexual de la pareja de “gansos homosexuales” incapaces de copular entre ellos, pero también puede ser interpretado como una forma de poliandria. Seguramente esta coalición a trois es muy potente para la defensa de la ribera del rio, mucho más de lo que seria defenderla con uno o una pareja de gansos.

Dicho de otra manera: una coalición entre tres personas (dos hombres y una mujer o dos mujeres y un hombre) tiene más potencia ecológica que una pareja. Y una vez descontados los sentimientos de celos que van unidos a lo reproductivo, ¿por qué no organizarse en comunas o kibbutzs?, ¿por qué insistir en la parejita tradicional?

Más allá de todo eso, este articulo me ha hecho plantearme algunas cuestiones. ¿Por qué los humanos tenemos esa manía reproductora? No sería más cómodo vivir para uno mismo, enfocándonos en nuestra propia carrera o proyectos individuales y dejar la carga de la natalidad a otros (usualmente más pobres). ¿No es lo más racional? Preguntado de otra manera ¿Por qué tenemos niños?

Precisamente en la pregunta está incluida la respuesta. Porque creemos que tener niños o no tenerlos es algo que podemos elegir.

Y la elegibilidad contiene no pocas paradojas, una de ellas es la posibilidad de ir contra nuestros propios genes, esos replicantes que nos usan como carcasas móviles para conseguir sus planes que no son otros sino pasar a la siguiente generación. Somos más inteligentes que nuestros propios genes y por eso hemos tramado alguna venganza contra ellos: el suicidio, la soltería y ahora la esterilización selectiva.

Confieso que mientras escribía este post ha llegado a mi timeline, otro post de Roberto Colom, donde explica mejor que yo -a través de una fábula- estas mismas ideas. Les dejo pues con él.

Y con una conclusión: si tenemos hijos no es porque lo hayamos decidido, son ellos quienes lo planearon, ese otro lobbye que son nuestros replicantes egoístas y lo hicieron a través de un mandato que más tarde fue usado por algunas religiones: “Creced y multiplicaos”. Afortunadamente el patriarcado inventó los anticonceptivos y con ellos la posibilidad de elegir.

Ser y tiempo

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Leer a Heidegger no es tarea fácil, es por eso que no recomiendo al lector una lectura directa del libro que preside este post. Lo mejor es que alguien nos lo de masticado, al menos las ideas fundamentales de este libro que según algunos es el libro filosófico más importante del siglo XX.

Eso me sucedió a mi, tuve la suerte de tener un maestro que conocía bien a Heidegger y que me lo desmenuzó al menos para conocer cuales eran las ideas más importantes de este filósofo alemán, que escribía en el único idioma donde la filosofía es posible (junto con el griego), fundamental para la formación de un psiquiatra, sin él, todas las diatribas que hoy mantenemos sobre la identidad son discusiones sin fundamento, polémicas inútiles que ningún pesimista iniciaría de buen grado. Pues para hablar de identidad hemos de hablar de la ontología del Ser y diferenciarla de los entes, que no son la misma cosa.

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Hacía ya mucho tiempo que no pensaba en Heidegger cuando de pronto ha caído en mis manos un libro de Oriol Quintana titulado “Filosofía para una vida peor”, un libro de divulgación pero profundo que pretende ser un libro anti-ayuda y que escarba entre los filósofos pesimistas del siglo XX, allí aparece -como no- un capitulo dedicado a Heidegger.

Y es anti-ayuda porque reniega de la psicología positiva y no se anda por las ramas de los que buscan sucedáneos para encontrar la felicidad o dar recetas para una vida mejor. Según Orion Quintana existen dos clases de personas, los optimistas que mantienen la idea de que el mundo es mejorable, de que todo está conectado, de que es inevitable que las cosas mejoren con el tiempo, de que querer es poder y que disponemos dentro de nosotros de una fuerza monumental de cambio. Y los pesimistas que le han visto las orejas al lobo y ya no pueden mantener la idea que preside el imaginario de los optimistas. Yo también soy un pesimista pero en el siguiente sentido: no creo en la mejora moral de los seres humanos, no creo en el progreso de la humanidad, ni creo en que indefectiblemente vayamos a ir mejorando, pienso que las cosas siempre pueden ir a peor. Soy en ese sentido freudiano y heideggeriano. Un pesimista racional al estilo de John Gray.

Entiéndase bien, no quiero decir que niegue el progreso de la tecnología, de la ciencia o de la medicina, por poner un ejemplo claro. En lo que no creo es en la teleología obligada de sentido único en cuanto al progreso moral del hombre. Lo que hemos conseguido puede perderse fácilmente pues somos -la humanidad entera- un ente muy vulnerable, tanto como cada uno de nosotros, somos profundamente inanes, vanos e insustanciales. Estamos tal y como decía Heidegger orientados a “Ser-para-la muerte”, este es nuestro destino.

Quizá por ello ninguno de nosotros es capaz de mirar a su muerte cara a cara y hemos desarrollado múltiples estrategias para no pensar en ella, blanqueando el mal y la barbarie que anida entre nosotros, llevando a cabo o pensando proyectos que de alguna manera están diseñados como si fuéramos a vivir eternamente, sucedáneos de una felicidad eterna. Ir hacia adelante persiguiendo esa zanahoria que está delante de nuestros ojos es quizá el engaño más sutil que hemos desarrollado para no pensar en la muerte, en la nuestra, la única verdadera.

Es por eso que se han desarrollado teorías para explicar la depresión como si fuera una enfermedad como las demás. ¿Es normal estar deprimido?. Pues parece ser que lo que requiere una explicación no es porqué nos deprimimos sino porque somos tan optimistas, algo así nos explica la teoría del realismo depresivo. ¿Qué razones objetivas tenemos para pensar que todo irá bien?

Obviamente la esperanza siempre será mas adaptativa que la desesperanza, en el sentido de que nos permitirá seguir pensando y haciendo tonterías en nuestra vida, siempre y cuando esa esperanza no nos lleve de bruces hacia la negación total de la muerte que es una idea que se refutará por si misma pronto o tarde. De mi libro anti-ayuda he extraído la siguiente idea: hay que estar preparado para lo peor. Y la peor noticia es que no tenemos el mando del control de este proceso, tanto es así que algunas personas se suicidan para recuperar ese control. Nos moriremos cuando sea, esa es la verdad, siempre en el futuro, pero la muerte es futuro sencillamente porque solo nos morimos una vez y nadie ha muerto en el pasado para tener recuerdos. Por eso nadie cree en su propia muerte, a pesar de las pruebas.

¿Nadie?

Algunas personas si.

Sobre todo aquellas que han vivido en su vida acontecimientos especiales, de esos que nos cambian la vida, y la escinden en un antes y un después. Los supervivientes de algún trauma de la vida, de algún golpe definitivo, esos que nos cambian el cerebro porque atentan contra la confianza (la confianza básica) que contiene estos tres mandamientos:

1.- Nadie me hará daño

2.- Si lo necesito alguien me ayudará

3.- Todo saldrá bien.

Ciertos eventos de la vida rompen esa idea que las personas corrientes desarrollaron durante su infancia, donde fueron queridos, protegidos y puestos a salvo de cualquier mal. La ruptura de la confianza básica es común en todas las personas que han sufrido experiencias devastadoras, que lo han perdido todo, que han presenciado atrocidades o las han cometido bien sea de forma activa o pasiva, en este sentido no hay nadie inocente. Todos aquellos que han cruzado esa linea roja, donde todo se viene abajo han muerto aunque de forma simbólica para la vida, son muertos vivientes, zombis que obligados a deambular -siempre hacia delante- hacia el futuro de la zanahoria, siguen haciéndolo, trabajando o cocinando estúpidos pasteles pero en cualquier caso ya no pueden seguir engañándose a sí mismos: han descubierto el mal y su propia vulnerabilidad, esa es la Verdad.

En “Ser y tiempo” Heidegger explora una cuestión fundamental de la filosofía: ¿Qué es el Ser? ¿Quien soy yo? ¿Que queremos decir cuando decimos “yo soy”? ¿Qué queremos decir cuando decimos “que algo es”?

Es una pregunta clave de la filosofía, ya Platón se ocupó de ella y también Schopenhauer, si bien no llegó a profundizar lo suficiente en ella, cuando le hicieron esta misma pregunta, solo acertó a decir:

“Yo soy el autor de El mundo como voluntad y representación”, una idea que podeís perseguir en este post.

Heidegger no estaría de acuerdo con esta respuesta nada metafísica y en cierta forma utilitarista, puesto que uno no es lo que hace, uno es lo que es pero ese Ser que anida en nuestro interior no es la gema de la que hablaba Hofsdadter, no hay ninguna gema. La manera mas acertada de decir qué es ese Ser que anida en nuestro cerebro es decir que es el Ser colectivo, el Ser que anida en todos y cada uno de nosotros, un Ser en cierta manera indiferenciable de los demás. Lo que uno hace -sus proyectos- son la estrategia que tomamos para despistarnos de nuestro verdadero Ser (El Ser en sí mismo) que no es lo mismo que el Dasein (El Ser en el mundo).

Uno es lo que hace cuando anda a ciegas en ese territorio al que ha sido arrojado, un mundo inhóspito (unheimlich) al que llegamos como un astronauta que fuera arrojado a una civilización extraterrestre sin saber nada de ella. Lo que uno hace es en cierto modo una especie de programación social que nos lleva de aquí para allá a fin de ser útiles para la sociedad, trabajar, ganar dinero, pagar hipotecas, casarse o no casarse, tener o no tener hijos, educarles, jugar a los bolos, encender barbacoas, conducir nuestro automóvil para llegar a un trabajo estúpido que no nos llena salvo la barriga que va creciendo cada día más a base de repostería. La tarea del filósofo en este sentido es igual de sin sentido que estas vidas anónimas de seres caducos y transitorios, tan caducos y transitorios como el filósofo. Pero hay una diferencia: algunos filósofos profesionales y otros no profesionales no se dejan engañar por esta visión del mundo y saben la verdad.

Pero la verdad es cara e incómoda, tanto que conocer la verdad es aceptar la muerte pues esa es la única verdad y al mismo tiempo, el fin de cualquier verdad.

 

 

La conexión masculina

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Recientemente he tenido ocasión de leer un post que por su lucidez me ha parecido importante no solo compartir aqui sino prolongar con algunos comentarios relativos a ciertos eventos vitales que me parecen en relación con la construcción de una identidad sexual, en este caso una identidad masculina.

Para empezar señalaré que la identidad sexual no es la misma cosa que la orientación sexual. La identidad sexual es un constructo social relacionado con la socialización como veremos más tarde mientras que la orientación sexual está mas relacionada con lo biológico y lo genético. nadie elige ser homo o heterosexual pero si puede elegirse el género. Más que eso: las personas que presentan disforia de género no son homosexuales, sino que viven una especie de antagonismo entre sus cuerpos y su identidad que en cualquier caso no se corresponde con lo que entendemos como preferencia por el mismo sexo que caracteriza a los homosexuales.

Comenzaré por apuntar ciertos párrafos del citado post (que irán siempre en cursiva) y añadiré algún comentario a su exposición. Se trata de un niño -al que llamaremos Chad- que quiso ser una niña y de las vicisitudes que atravesó durante su evolución existencial y su maduración.

 

Cuando era niño, quería ser una niña. Algunos de mis primeros recuerdos son de rezarle a Dios para que me transformase en niña al despertar. Yo idolatraba a mi abuela y adoptaba sus gestos y su estilo personal. Ella me dejó probar sus anillos y sus joyas, e incluso me sugirió el uso de sus bufandas. Ella pintó mis uñas e incluso me tiñó el pelo, para probar el color antes de usarlo consigo misma. Seguí las niñas en la escuela y en torno siquiera inventar juegos elaborados dónde escondí para jugar a My Little Pony con ellas sin ser descubierto por mi maestra. Puedo recordar a una niña de mi clase que levantó la mano de una manera particularmente femenina y empecé a imitarla. Ella me llevó a un lado un día y me dijo “Tú puedes ser mi amigo sin hacer todo lo que hago”.

Este primer párrafo me parece esclarecedor acerca de una cuestión fascinante: la identificación con una figura significativa de  nuestra infancia. La abuela de este niño fue el objeto elegido en su elección de amor. Y no deja de ser sorprendente este mecanismo de “identificación” descrito por Freud y del que sabemos tan poco. ¿Por qué nos identificamos y por que con ese personaje y no con otro?

En palabras de Freud:

Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones.

Nos identificamos con aquello que (por alguna razón) nos parece atractivo, en resumen la identificación es un acto de amor, un salto que nos permite atravesar la brecha que existe entre sujeto y objeto.

Dicho de otra manera somos una especie de conglomerado de identificaciones de aquí y de alláuna especie de puzzle de actitudes, gestos, pensamientos, creencias y parecidos con nuestros objetos de identificaciónSomos grandes imitadores y plagiadores de todo aquello que vemos a nuestro alrededor y sobre todo somos copias de un original al que en un tiempo lejano, amamos

Y otra cuestión importante identificarse es un movimiento mental, en cierto modo hegeliano (no podemos conocer al otro pero podemos ser como él a través del aufheben) que tiene al menos dos formas, la incorporación y la imitación que es la forma más conocida de saltar esa grieta que separa a las personas de sus objetos de amor y precisamente aquí aparece este elemento: se imita aquello que nos resulta atractivo, aquello que amamos. Más adelante dejamos de imitar para identificarnos plenamente con el objeto o con alguna de sus características.

Algo parecido le sucede con una niña del colegio a la vez que ésta le da una pista que resultara crítica para su desarrollo posterior: “no necesitas imitarme para ser mi amigo”.

La ironía de todo esto es que durante toda mi infancia me obsesioné completamente con la masculinidad. Me encantaban los cómics como X-Men, siendo Superman mi favorito. Me encantaba la lucha libre de la WWE. Me encantó ver las competiciones de culturismo y mirando a través de revistas de musculación. Fantaseaba con superhéroes que aparecen desde el cielo, que me decían que yo también tenía un superpoder y que después me rescataban de una vida que simplemente no parecía aceptarme. Quería que gigantescos hombres musculosos fuesen mis amigos, me protegiesen de los agresores y me ayudasen a ser uno de ellos.

Donde podemos ver que el muchacho anda buscando una identidad masculina en este caso a través de héroes de cómic o del cine. Nótese que la fantasía no se enrosca en el deseo sexual sino en el deseo de ser “uno de ellos”. Por otra parte es lógico porque aunque no dice la edad que tenía cuando surgieron estas fantasías es probable suponer que no había alcanzado aun la pubertad. Lo que destaca es la ambivalencia de esta fantasía que es la opuesta a la original.

Y aquí nos cuenta en otro alarde de lucidez la verdad:

La verdad era que simplemente deseaba ser aceptado por otros niños, y quería unirme a ellos. Solo que no tenía ni idea de cómo hacerlo. Nunca supe cómo comunicarme con los niños. Me quedaba torpemente en silencio cuando me obligaban a relacionarme con ellos, y me miraban como si fuera un extraterrestre. Pero en el fondo solo quería ser uno de ellos. Puedo recordar el razonamiento, muy temprano, de que ya no podía dominar el arte de ser un niño, quizás al ser una chica se me permitiría el acceso a su mundo. A los niños les gustaban las niñas. Si yo fuese una niña, todo sería mucho más fácil.

Es decir nuestro muchacho se sentía excluido socialmente y sentía que no encajaba en ningún modelo de masculinidad a su alcance. De ahí su conclusión: si fuera niña todo sería más fácil.

Continuó de la misma forma hasta poco más o menos la vientena e incluso:

Durante mis primeros veinte años consideraba la idea de que yo era transgénero y hablé con varios terapeutas sobre este tema. Vi documentales, leí libros, estudiaba en línea, y sabía los pasos necesarios para completar la transición. Incluso tenía un plan para la gestión del trabajo, mientras durase la transición. Compré ropa de mujer, una peluca y un poco de maquillaje y traté de hacerme pasar por algo que no se pareciese a una “drag queen” a las tres de la mañana. Practiqué con mi voz y mis gestos. Se lo conté a mis amigos e incluso a mi familia. Estaba preparado. El único problema era el dinero.

La decisión quedo aplazada pues por un asunto económico. Chad decidió esperar.

Esto fue a principios de la década del 2000, por lo que la transición en los primeros 20 años no era tan común fuera de mayores centros gais. Hoy veo a los jóvenes adolescentes vivir su transición de cintura para arriba en su día a día. Así que en ese momento, me di cuenta de que sólo tendría que esperar hasta que pudiera permitirme el lujo de hacerlo. Aunque esto me llenaba de frustración y ansiedad lo acepté como la fría realidad a la que me enfrentaba. Pero entonces algo cambió.

Chad lo explica aqui, el encuentro con la conexión masculina que en un primer momento precisó de un objeto transicional femenino:

Yo estaba en la universidad y por un puro accidente de programación, pasé algún tiempo con un tipo de mi misma edad y su novia y decidimos que todos íbamos a ser amigos. Era una especie de tipo brusco y no hablaba mucho, pero ella y yo nos llevamos muy bien. Pronto estaba pasando casi todas las noches con ellos y lo más importante, pasando tiempo con él sin que estuviese ella allí a la manera de amortiguador. Yo siempre me aseguraba de tener una chica cerca cuando se trataba de chicos. De alguna manera él y yo estábamos unidos a pesar de que teníamos muy poco en común, excepto su novia y un interés general en los videojuegos. Hoy es uno de mis mejores amigos. Se convirtió en la primera conexión masculina que tenía que no implicaba sexo, y se las arregló para enseñarme todo lo que había estado deseando saber desde la infancia.

¿Deseaba saber qué? Qué es un hombre.

Aprendí cómo hablan los chicos. Aprendí cómo bromean. Aprendí que compiten por la posición. Se burló de mí sin parar, y al principio, me derrumbaba cada vez que lo hacía cuando estaba solo. De alguna manera he aprendido con el tiempo que era su manera de unirse a mí. A día de hoy me humilla en múltiples ocasiones para pasar el rato, y he aprendido a devolver el golpe y él se ríe. Él me desafió físicamente, me enseñó cómo hacer las cosas, e incluso cuando se ríe de que soy una chica para él, siempre me incluye.

Hace dos años conocí a otro chico de mi edad por pura casualidad con el que me habría aterrorizado hacer contacto visual en la secundaria. De hecho, fuimos juntos a la secundaria, y apenas se fijó en mí. Él es más viejo, muy masculino y con la pinta de un tipo que nunca esperaría a ser amigo de alguien como yo. Nos conocimos cuando estaba tratando con una relación difícil y yo le daba consejo y aliento. Él me enseñó acerca de la lealtad, y sobre el tipo de unión que los hombres pueden tener en momentos de estrés y dificultad. Nunca me tira abajo, siempre alienta mis mejores atributos, y confía en mí.

Y al fin el hallazgo:

Soy un hombre, y es mi naturaleza. Incluso si no es tan pronunciada o dominante como lo es en otros hombres. Lo que he estado intentando crear durante gran parte de mi vida era una adaptación al entorno que era simplemente imposible. Nunca hubiera encontrado la paz conmigo mismo y la conexión con otros hombres si hubiese hecho la transición a una mujer legal.

Hay muchas formas pues de ser hombre, múltiples formas de masculinidad y es muy posible que las dificultades que algunos muchachos tienen de encajar procedan de un idea estereotipada de la masculinidad junto con el rechazo de los vigilantes del lecho de Procusto. La exclusión social es una de las variables implicadas en estos desarrollos donde el excluido puede sentir que siendo del otro sexo pudiera ser mejor aceptado hasta que un dia en ese proceso sucede algo que modifica todo el encuadre: un amigo, un amigo que pudo utilizarse como modelo.

La identidad sexual no es pues, algo que siempre estuvo ahí esperando a que alguien la descubriera sino un conglomerado de creencias, mecanismos de defensa y predilecciones que cambian con el tiempo y las experiencias. Hubiera sido una mala elección para Chad decidir cambiar de sexo antes de explorar todas las opciones.

Afortunadamente para él no vive hoy en España.

 

 

 

 

 

La falacia de la igualdad

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Casi todas las palabras que terminan en castellano en “dad” tienen algo en común entre ellas. No existen materialmente, se trata de abstracciones, de ideas o ideales, pues ideas, ideales o ídolos poseen la misma raiz etimológica, el “eidolon”, es decir el espectro. Pero esta característica tiene sus excepciones: por ejemplo la palabra “corporeidad” es una cosa, algo material. La corporeidad no es un intangible como la palabra “libertad”, “igualdad” o “felicidad” siendo como es una abstracción, sin embargo es una abstracción sensorial, no cognitiva. Se trata de otro nivel de definición, en este caso la corporeidad seria ese doble cuerpo que como un papel de celofán recubrirá el cuerpo material duplicando su anatomía, si bien sin seguir las mismas vias nerviosas que gobiernan nuestro cuerpo material.

La palabra “igualdad” por ejemplo contiene una falacia, pues se trata de una palabra polisémica (como sus primas) que tiene múltiples interpretaciones, tantas como individuos que las piensan. En realidad podríamos consensuar que “igualdad” significa similitud o parecido. Es algo que un niño de 6-8 meses ya ha descubierto: hay cosas que se parecen por su color, su tamaño o su forma y que pueden agruparse entre sí. Las similitudes entre los objetos nos atraen, del mismo modo aprendemos a discriminar (atención a este verbo!) sus diferencias: hay cosas distintas, bien en tamaño, color o forma.

De manera que aprendemos muy pronto a clasificar las cosas según sus similitudes o diferencias, pero la palabra “igualdad” va más lejos que esta comparación infantil entre objetos. El primer problema epistémico que se le presenta a un niño es la diferencia sexual. ¿Los niños y las niñas son iguales o diferentes?. ¿Un niño varón se parece más a su madre o  a su padre?

No hace falta que pregunten  a sus hijos, pues ustedes ya saben la contestación.

Pero “igualdad” como toda abstracción cognitiva, es decir del pensamiento va más allá y poco a poco -a medida que se aleja de lo comparativamente medible- va instalándose en lo imaginario. Podemos imaginar cada uno de nosotros la igualdad como queramos.

La mayor parte de los discursos feministas por ejemplo reivindican la igualdad entre hombres y mujeres pero cuando se les pide que concreten más sobre qué cuestiones faltan por igualar, la mayor parte de estos discursos tienden a regresar a los hechos conocidos de antaño, es como si concretar la palabra “igualdad” requiriera de un esfuerzo mental soreañadido a lo subjetivo que pocas veces es posible apresar. Un ejemplo de esta reinvindicación es el ejemplo de los sueldos, de las oportunidades y del acceso a ciertos puestos relevantes en la ciencia, la alta dirección o el mundo de las finanzas. ¿Cuantas mujeres directoras de Hospital existen hoy en dia?

El lector puede leer ahora este post donde precisamente se aborda esta cuestión. El artículo rechaza la idea de que un mayor número de mujeres médicas no es la variable crítica que nos puede señalar si existe o no existe discriminación en este terreno. Para el autor del mismo la variable critica es el acceso a puestos de dirección.

En ningún momento el autor se pregunta si las mujeres están interesadas en esos puestos, se da por hecho que lo están y que por el hecho de ser mujeres se ven constreñidas a aspirar a ellos. Es decir la medida que se utiliza para medir (si es que es posible) la igualdad es que las mujeres tengan la misma representación que los hombres en ciertas ocupaciones de prestigio, para este fin no sirven las profesiones de bajo nivel como por ejemplo los fontaneros. Pero la verdadera igualdad consiste en que cada cual aspire a lo que quiera más allá de las recomendaciones feministas. ¿No es cierto?

Esa es la verdadera igualdad, la que tiene en cuenta la libertad de elegir. Cuando una persona puede elegir -según sus preferencias- es cuando decimos que se ha alcanzado la igualdad.

En el servicio de salud mental de mi Hospital (mi servicio) hay un número muy parecido de hombres y mujeres (62-38%) irrelevante si se tiene en cuenta la edad media de su población (cercana a los 50 años). Sin embargo el numero de residentes de psicologia (PIR) o de psiquiatria (MIR) del año pasado (2016) se distribuye de la siguiente forma: mujeres 90% y hombres 10%). Dicho de otra manera las nuevas generaciones aportan más mujeres que hombres a la formación médica y a la psicología clinica. Y por cierto todos ganan el mismo dinero, al menos en la administración pública no existen esas diferencias que siempre salen en los medios como un mantra tendencioso y que casi siempre se refuta con datos.

Ahora bien, el sueldo en bruto que ganan unos y otros no es suficiente para medir lo que ganan hombres y mujeres. Hay que meter otras variables y la más importante es si tienen o no consulta privada. En mi servicio hay 9 psiquiatras-psicólogos hombres que tienen consulta privada y solo 4 mujeres. Obviamente en este sentido ganan más los hombres que las mujeres.

En mi servicio hay solo 6 personas que tienen el doctorado y los 6 son los mejores curriculos del staff. Todos son hombres. Las mujeres parecen poco interesadas en sus carreras una vez conseguida la propiedad de sus plazas, y si bien son igualmente competentes en su tarea, lo que destaca en ellas es su falta de ambición, dedicación, compromiso e iniciativa. Es lógico al fin y al cabo tienen sus familias, sus hijos y esta parece ser su actividad principal. Es la gran diferencia.

Sin embargo existe otra variable que aparece contradiciendo a la anterior, el indice reproductivo de los hombres es de 1,46. mientras que el de las mujeres es de 1,27. Dicho de otra manera, los hombres tienen más hijos que las mujeres (aunque ambos están muy por debajo de la media nacional).

Aunque la aptitud para trabajar (al menos de psiquiatra o psicólogo) es la misma en hombres y mujeres,  la actitud es bastante distinta: los hombres poseen más ambición y ponen más carne en el asador en sus respectivas carreras que las mujeres, a pesar de que las residentes femeninas de cualquier especialidad médica posean mejores curriculos durante su residencia. Todo parece indicar que más tarde se estancan o bien carecen de la motivación suficiente para seguir haciendo carrera, tengan muchos hijos o pocos.

La mayor parte de desigualdades en este terreno no proceden del sexo sino que proceden de razones económicas, la clase social de origen es más importante que el sexo. ¿Cuantas personas se ven determinadas a elegir trabajos que no les gustan simplemente porque sus padres no pueden costearles los estudios? Este problema afecta tanto a hombres como a mujeres y es la principal causa de discriminación. Otra razón que puede inducir a elegir erróneamente los estudios o las profesiones son las presiones culturales, sociales o parentales por seguir determinada tradición o para atender las necesidades de un pais en desarrollo por ejemplo.

Lo que casi nunca se tiene en cuenta es que no necesariamente la igualdad de oportunidades se traduce en una igualdad de resultados, dado que no todo el mundo puede hacer cualquier cosa, lo que debemos esperar cuando hablamos de “igualdad” es que de conseguirse una igualdad ideal entre todas las personas sus rendimientos y resultados volverían a introducir la diferencia.

Por otra parte la igualdad tambien debe perseguirse por abajo. ¿Por qué los hombres son casi mayoria en las profesiones de mayor riesgo? Bomberos, policias antidisturbios, desactivadores de bombas, conductores de autobuses o camiones, mineros, etc, junto con otras profesiones de no tanto riesgo como albañiles, fontaneros, electricistas, cristaleros, etc. ¿Por qué cuando se habla de igualdad se está pensando en los trabajos de élite, aquellos mejor pagados y con mayor estatus?

Lo cierto es que lo que muchas mujeres consideran una discriminación en realidad procede de la escotomización que hacen de las diferencias sexuales. La principal diferencia entre los cerebros entre hombres y mujeres procede de la selección sexual: los hombres aspiran al dinero, al poder y al estatus porque a las mujeres las fascinan los hombres poderosos, ricos, exitosos o influyentes. Esa es la verdad que no es cierta si se invierte: a los hombres no nos interesan esas cosas de las mujeres.

Los hombres se arriesgan, compiten entre ellos y muestran sus hazañas para obtener rango, pues sin algún tipo de rango carecerían de atractivo y lo saben. Y mueren en el intento: en nuestro pais los hombres muertos en accidentes de trabajo es muy superior a las muertas por violencia de género, es un dato que vale la pena repensar.

En mi opinión perseguir la igualdad es como perseguir una zanahoria que sostiene un jinete como reclamo para que el caballo siga caminando sin caer en la cuenta de que nunca la alcanzará. Más concretamente parece que a más igualdad más brecha de género, al menos en los rasgos de personalidad que intervienen en las elecciones y dedicación profesionales. Cuando las personas pueden elegir libremente, tienden a escoger profesiones de cuidado (las mujeres) y carreras técnicas los hombres. Y si siguen pudiendo elegir, las mujeres elegirán un trabajo que puedan compatibilizar con la atención a su familia y no tanto a esos trabajos de alta dirección que  ocupan gran parte del dia a los hombres.

Ninguna igualdad podrá conseguirse sin atender a las diferencias en los cerebros de hombres y mujeres y que no son sólo anatómicas sino funcionales y que implican diferencias en su personalidad, preferencias, gustos y conducta y también en sus estrategias reproductivas, familiares y concepción del bienestar a largo plazo.

Una falacia es algo que parece ser verdad pero es falso. Y la falsedad procede del uso ideológico de un concepto borroso como es este de la igualdad.

La paradoja es ésta: una pareja de la igualitaria Noruega tendría hoy más probabilidades de desarrollar rasgos de personalidad diferentes que una pareja que viva en una sociedad patriarcal africana. De manera que la brecha de género en personalidad no procede tanto de la opresión sino de la opulencia.

Bibliografía.-

Schmitt, DP.; Realo, A; Voracek, M; Allik, J. (2008) Why can’t a man be more like a woman? Sex differences in Big Five personality traits across 55 cultures. Journal of Personality and Social Psychology, Vol 94(1), Jan 2008, 168-182.

La suerte moral

suerte

Imagina dos amigos, Pedro y Juan, que se van a ver un partido de fútbol y tomar unas cervezas; ambos beben el mismo número de cervezas y sufren una intoxicación etílica con niveles de alcoholemia igualmente elevados. Ambos deciden coger el coche para volver a casa y ambos se duermen al volante, pierden el control del coche y se salen de la carretera. Pedro se sale de la carretera y se golpea contra un árbol. Juan se sale de la carretera, atropella a una chica que iba por la acera y la mata. ¿Debería la diferencia accidental de que en un caso uno se encuentre con un árbol y otro con una chica hacer que la valoración moral sea diferente?

Esto es lo que los filósofos llaman el problema de la suerte moral y lleva décadas dando vueltas por ahí desde que Bernard Williams y Thomas Nagel lo formularan. Según las leyes de diferentes países el resultado sería probablemente que a Pedro le caería una multa y le retirarían el carnet mientras que Juan acabaría en la cárcel. Por un lado, no parece que sea justo castigar más a Juan cuando ha realizado exactamente la misma conducta que Pedro. Pero, por otro lado, parece también injusto meter en la cárcel a Pedro cuando lo único que ha hecho es conducir ebrio o dejar libre a Juan con una multa cuando ha matado a una persona. (tomado de este post)

“El vuelo” es una pelicula de Robert Zemeckis y protagonizada por Denzel Washington en el año 2012 y que cuenta una historia que al parecer fue real, pero que en la ficción de la pelicula contiene algunas variantes que son las que proporcionan los elementos para iluminar el aspecto moral de la cuestión que me propongo analizar en este post.

Esta es la verdadera historia de aquel dramático vuelo, sus momentos más terribles, la reacción de los pilotos y su desenlace (extraido de este articulo).

Un atasco en la cola

El modelo McDonnell Douglas MD-83 despegó de Puerto Vallarta (México) a la 1:37 pm del 31 de enero de 2000. Tenía 83 pasajeros. Debía hacer escala en el Aeropuerto Internacional de San Francisco (EEUU) antes de su destino final: la ciudad de Seattle (EEUU).

Todo fue bien hasta que la tripulación del MD-83 se percató de un atasco en el estabilizador horizontal del avión, elemento situado en la cola y que permite maniobrar para el ascenso o descenso del aparato. Durante más de una hora, el personal de mantenimiento del vuelo no fue capaz de determinar las causas de la avería y todos los intentos por solucionarlo fueron infructuosos.

Para mantener la estabilidad del avión, los pilotos tenían que tirar de los mandos con fuerza y contrarrestar la desviación.

Llegado un momento, había que tomar una elección vital: aterrizar en el aeropuerto más cercano, en Los Ángeles, o finalizar con el trayecto previsto hasta San Francisco. Tras intercambiar información con las torres de control, el avión aterrizaría en Los Ángeles a pesar de las presiones recibidas por la empresa Alaska Airlines de culminar la ruta prevista.

Primer susto: caída en picado

Mientras tanto la tripulación del avión continuaba con su labor, desatascar el estabilizador. Poco después de las 4.00 pm, durante la maniobra de desatascamiento, el estabilizador de cola se movió a una posición en la que puso el morro del avión en dirección al suelo. El Alaska Airlines cayó en picado perdiendo más de 1.500 metros de altitud en 80 segundos. Los tres pilotos tenían un plazo querondaba los cinco minutos para salvar las vidas de los 83 pasajeros, y sólo lo podían hacer tirando con todas sus fuerzas de los mandos, y contrarrestando con sus músculos la fuerza de la caída.

El avión quedó estable a unos 7.000 metros de altitud, pero a las 4.19, como recogieron las grabaciones, se escuchó un fuerte sonido, como un golpe. “¿Has sentido eso?”, le dice un piloto a otro. “Sí”. Se oyen entonces unos clics, como si estuviera intentando controlar el estabilizador, y es cuando se oye un ruido muy pontente y entonces el avión sufre una segunda caída. Se convirtió en un bólido. Los pasajeros veían por las ventanillas angustiados como el avión caía irremediablemente al mar.

Una maniobra de locura.-

En una muestra de pericia, el comandante culminó una arriesgada maniobra:invertir el avión y volar boca abajo durante algunos segundos, es decir, con el techo del avión orientado hacia el suelo. Era una maniobra desesperada, pero, cayendo a tal velocidad, se podía considerar que tenía alguna posibilidad de enderezar el vuelo.

Sin embargo, la velocidad y el empuje eran demasiado poderosos como para que esta inversión de vuelo pudiera ser efectiva. El MD-83 caía al mar al revés. Los pasajeros gritaban mientras el capitán se daba cuenta de que la situación ya no tenía marcha atrás.

Varios pilotos que sobrevolaban la zona fueron alertados por el control de tráfico aéreo para que tuvieran contacto visual con el vuelo 261 de Alaska Airlines. Así fue la trágica conversación:

Piloto 1 – Ese avión está cayendo rápidamente muchos metros.Piloto 2 – Sí, señor, estoy de acuerdo, esta cayendo definitivamente en picado, desciende muy rápido.Piloto 3 – Está totalmente fuera de control.Piloto 4 – Tocó agua.Piloto 5 – Sí, señor, acaban de tocar agua (confirmó uno de los pilotos cercanos a la terrible masacre)

Un impresionante golpe destrozó el avión. Todos los pasajeros murieron en ese momento: 88 fallecidos, el número más alto de muertos jamás visto en un accidente aéreo en un modelo de la serie MD-80. El avión se hizo trizas.

Con el radar de barrido lateral y un barco pesquero de arrastre, los rescatistas encontraron un cuerpo, pero no había rastros de supervivientes. “Estaremos aquí tanto tiempo como sea necesario”, dijo el sargento Chuck Buttel. Al mismo tiempo se recuperaron los motores y las cajas negras del avión.

Una investigación aclara la tragedia.-

La investigación posterior de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte de EEUU determinó lo siguiente: “Desgaste excesivo y lubricación insuficiente del ensamble del elevador”, esto dos elementos fueron los culpables del trágico accidente. El avión fabricado en 1992, tenía más de 26.000 horas de vuelo.

El mecánico que revisó el MD-83 y aplicó el lubricante al estabilizador confirmó todo. Sólo tardó una hora en realizar la tarea que debería realizar en cuatro según el fabricante del avión. Era imposible que la lubricación fuera la correcta.

Pero no acabó ahí la negligencia. La investigación descubrió que Alaska Airlines utilizaba herramientas que no cumplían con los requisitos del fabricante del avión. Los instrumentos utilizados tenían mediciones imprecisas, por lo que deberían haber sido reemplazado por otros.

El informe final publicó un total de 24 recomendaciones de seguridad, mantenimiento y supervisión. Más de la mitad de ellas estaban directamente relacionadas con la lubricación del estabilizador, un pequeño elemento que mató a 88 personas.

Atención: contiene spoilers

La historia en la ficción.-

En la pelicula las cosas no suceden exactamente igual que en la realidad, sino que nos plantea dos cuestiones importantes: la causalidad y la responsabilidad moral.

El Comandante Whitaker (Denzel Washington) es un hombre divorciado adicto o consumidor habitual de alcohol y cocaina que es piloto de avión y al parecer un reputado piloto.

Un dia y después de una noche de sexo y alcohol ha de incoporarse a su trabajo al que acude después de una buena dosis de cocaína para despejarse de la resaca de la noche anterior. El despegue es un tanto problemático debido a una fuerte tormenta y a rachas de viento sucesivas pero gracias a su pericia le fue posible esquivar estas dificultades. Una vez conseguida la estabilidad el comandante consume un par de botellines de vodka y se queda dormido, quedando el avión en las manos del copiloto.

Cercana ya la hora de iniciar la maniobra de aproximación le despiertan pero los problemas no han terminado: al parecer el timón es ingobernable porque ha quedado atascado en posición catastrófica impulsando el avión hacia un picado. El avión comienza a caer a plomo y el comandante decide una solución heroica: invertir el avión, soltar lastre y tomar el mando a mano intentando reducir la caida en picado. Esta maniobra de gran riesgo y extrema le lleva a poder aterrizar de emergencia en el campo y salvar a la mayor parte del pasaje. Solo 6 personas mueren en ese accidente y el propio Whitaker salva la vida.

Pero se abre una investigación, puesto que hay que discriminar de quién es la responsabilidad del accidente y los fallecidos. El fabricante, la linea comercial y los sindicatos de pilotos han de decidir quién fue el responsable de la catástrofe a fin de satisfacer las indeminazciones pertinentes y concluir si hubieron responsabilidades penales de algun agente, incluyendo al mismo comandante.

El espectador sabe que el comandante Whitaker no sólo no tuvo la culpa de lo que sucedió sino que fue su pericia la que salvó al pasaje. Sin embargo…..

Era un alcohólico, habia bebido y consumido drogas. ¿Qué grado de participación tuvo la adicción del comandante, su estado fisico y psíquico en el accidente?¿Tuvo alguna consecuencia en este caso concreto o se trató simplemente de una averia técnica?

Dicho en una clave más sencilla ¿De quién fue la culpa?

Y aqui es donde aparece el famoso dilema de la suerte moral. este dilema predice que los actos morales (como beber o drogarse mientras se conduce) son valorados de forma bien distinta en función de las consecuencias. Si el viaje del comandante Whitaker hubiera aterrizado sin novedad, nuestra valoración de su conducta seria muy distinta al caso que nos ocupa a pesar de saber que Whitaker no fue la causa del accidente.

Whitaker tendría -segun un 50% de personas- culpa por pilotar ebrio a pesar de que no fue la causa del accidente. Podríamos decir que no tuvo la suerte moral de otras ocasiones en que salió ileso a pesar de su adicción y su comportamiento poco ético.

Lo interesante de esta película es que nos hace reflexionar sobre una cuestión sobre la que no existe consenso: cerca de la mitad de los entrevistados en este tipo de dilemas morales estarían de acuerdo en condenar al comandante mientras que la otra mitad le absolverían en la convicción de que no fue la causa del accidente.

Como corolario me gustaria apuntarme a la idea que Pablo Malo manifiesta en su post sobre la suerte moral.

Si la mitad de nosotros no quedamos satisfechos con la solucion de un dilema, entonces el dilema no tiene solución

La vejez, el amor y el tiempo

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Todos los ancianos tienen cara de filósofos, excepto aquellos que se han estirado la cara y ocultan esos surcos que denotan el paso del tiempo. Rostros de muñecos sin mueca alguna de humanidad me recuerdan esas caras de botox.

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Los jóvenes no tienen arrugas ni necesidad de parecer lo que ya son y es por eso que viven de espaldas al tiempo, ajenos a Cronos, no saben que hay un futuro ni tienen, por asi decir pasado, es por eso que ser jóven es vivir de acuerdo con el tiempo interior, ese que siempre falta, ese tiempo al que se niega en un perpetuo “aqui y ahora” donde tanto la enfermedad, la decreptitud y el mal son barridos de la conciencia. Los jóvenes no saben que el tiempo es cíclico, no saben que todo vuelve a aparecer como un karma maldito.

El anciano Saturno, es el arquetipo del tiempo (Cronos) inexorable con su guadaña para todo lo viviente, es el arquetipo de la muerte, de la decadencia, de la autoridad pero tambien del principio del deber, de la sabiduria y del sentido. Saturno es el padre y es la enfermedad, la decrepitud y la tiranía en sus aspectos más negativos. Saturno es oscuro, seco y frío.

El tiempo divide al individuo en dos mitades, el tiempo hechizado, ese al que solo comenzamos a encontrar sentido a partir de los 60, el tiempo repetición, el tiempo ciclico, el tiempo del reloj o de Cronos.

La mayor parte de la gente cree que la muerte es aquello que ocurre al final de la vida. Se trata de un error epistemológico, pues nuestra existencia discurre en el intervalo donde ambos polos de contrarios se reunen una y otra vez, se repelen y se atraen. Hay mucha vida en la muerte y hay mucha muerte en la vida, ambos polos se complementan y se funden en muchas ocasiones a lo largo de una existencia individual. La muerte se manifiesta a través de la enfermedad, el sacrificio, el dolor, las contrariedades y el sufrimiento, la muerte es un No y es tan revitalizante para la vida como un bálsamo de aquellos que nombra Cervantes en su Quijote, -el bálsamo de Fierabrás-, una especie de “curalotodo” reconstituyente a base de vino y romero. La vida a través de la pulsión, del anhelo o del acercamiento y la búsqueda.

La vida ha de estar mezclada con una cierta perturbación para ser una vida plena. Eros no es un subproducto del amor sino de la muerte. El amor es precisamente lo que inventamos para repudiar la muerte (a-mors)

Pues no hay síes sin noes, no hay vida sin muerte aunque sea simbólica o simulacrada porque sin ella es insoportable el peso exitoso de la vida y es imposible renacer a cada instante pues es eso, el instante, lo único que tenemos siendo todo lo demás, pasado y futuro sendas abstracciones que sólo adquieren sentido momento a momento como si tratáramos de momentos magnéticos, de imanes y de fuerzas fisicas.

No hay pues Eros sin Tanatos, amor sin sufrimiento, pecado o transgresión sin virtuosa sublimidad, símbolo sin diábolo.

No es posible decir si, sin decir no, no es posible afirmar nada sin el consenso de un simulacro pactado de antemano, no es posible apartar y ocultar el no y ontologizarlo salvo en una especie de trasmutación neurótica del todo, el No sólo puede blanquearse pero no ocultarse como decia Baudrillard y a costa casi siempre de instalarse en una neurosis, una neurosis epistemológica.

Hay un tiempo para asir y un tiempo para soltar, un tiempo para el apego y otro para el desapego, un tiempo para el placer y otro para la pérdida, un tiempo para el Si y un tiempo para el No, pero no se trata simplemente de una turnicidad entre los opuestos sino que más allá de eso, en cada No hay plegado un Si, en cada pérdida se encuentra plegado un renacimiento, en cada despedida un reencuentro.

No hay risa sin lágrimas.

Pero al anciano le niegan los jóvenes no ya ser un objeto de amor, sino tambien la capacidad de ser sujeto amoroso. Es la soledad o aislamiento del viejo encerrado en esa jaula que le tienden sus próximos y sus herederos. Su aislamiento procede de algo metafisico, el tiempo ha caido encima de él, el tiempo cronológico y se presenta en forma de repetición.Ya no le falta tiempo sino que el tiempo le ha dado de alta.

Y es por eso que el anciano es el único que ha comprendido la naturaleza del amor, pues ya ha fundido en sí los dos polos que le alimentan: Eros y Tanatos en forma de surcos en la cara. Al fin en un mismo abrazo.

El amor ha logrado por fin separarse del sexo y es precisamente entonces cuando entendemos que todo era al fin y al cabo una repetición de lo mismo.