Hacer cosas juntos

Hacer cosas juntos es algo bien complicado como sabrá cualquiera que alguna vez haya intentado implicar a alguien en un proyecto común, hay una multitud de razones para ello y este post es un intento de descubrir esta dificultad.

La primera razón, es que estamos persuadidos -debido a que hemos sido educados para el individualismo- de que las cosas funcionan cuando existe un liderazgo claro, es decir alguien que nos hace de guía. Sirve desde la política, hasta el mundo de la empresa o para gestionar una pequeña organización. Mas que eso: existe incluso en el nivel de la gestión de las comunidades de vecinos. Concretamente ayer estuve en una de esas reuniones (a las que casi nunca acudo) y me di cuenta de cosas que aunque ya había observado no había llegado nunca a reflexionar pausadamente. En esas reuniones hay siempre dos «partidos», más claros cuando hay dos bloques de edificios como es mi caso. Podríamos hablar de un partido A y un partido B. Naturalmente los del partido A privilegian los gastos que afectan a sus intereses, dado que los bloques no son exactamente iguales y el A tiene más vecinos que el B puede afirmarse que los del A siempre ganan. Ayer debíamos decidir sobre los gastos del año, y uno de los gastos más demorados (ya 5 años) es la sustitución del ascensor del bloque B que por supuesto tiene menos desgaste que el de los A que ya se ha sustituido. Pero me quedé estupefacto a la hora de votar porque en el bloque B hubo varios vecinos que votaron en contra y eso que viven aquí todo el año. Me llamo la atención que dos ancianos de unos 80 años son los menos proclives al cambio a pesar de vivir en un piso 12 y ser bastante dependientes. Ustedes podrán pensar que la oposición al cambio del ascensor -aunque no todo el mundo lo acepte- es por cuestiones económicas, pero no es el caso de los abueletes que son los más ricos de la urbanización con diferencia. La razón de este voto es pues comprensible: son rácanos.

Pero no hay solo razones económicas para oponerse a algo, de hecho observé que la mayor parte de los negativistas-oposicionistas lo son por vengarse de algo: «a mi no me dejaron hace años hacer tal cosa y ahora no te voy a dejar a ti». No importa el tiempo transcurrido, el rencor no desaparece y se manifiesta año tras año en las votaciones.

Votaciones que se deciden «a la búlgara» casi siempre. «¿Quien está en contra de» y a mano alzada, con lo cual siempre sale lo que propone el administrador que dicho sea de paso es una persona decente, educada, trabajadora y competente. El administrador trae una lista de obras y reparaciones inaplazables y trae debajo del brazo una solución. Casi todo el mundo hace aquiescencia a lo que dice el administrador siempre y cuando pueda manifestar su oposición a casi todo lo demás. Así nos quedamos otro año sin ascensor.

La ley de la propiedad horizontal parece estar pensada por algún jurista genial con tal de que arreglar algo sea imposible si no se cuenta con el quorum pertinente, así ciertas obras que podrían abaratar las derramas anuales no pueden hacerse sin mayorías preceptivas que a veces invocan la unanimidad y cuando estas decisiones son los del partido A o los del B hacen campaña para impedirlas.

Al terminar la reunión pasé revista a las razones ocultas de cada quién para impedir según qué mejoras y me di cuenta de que no siempre son los intereses los que gobiernan una decisión, a veces es el rencor y otras veces la oposición por sí misma. Pensé lo difícil que debe ser gobernar un ayuntamiento, una región o un país, donde las adhesiones ideológicas predominan y se presentan como un pack (o todo o nada), sin contar con las dificultades que no proceden de hacer una cosa u otra sino simplemente porque la mayor parte de las veces no se sabe qué hacer. Y esto es lo que les pasa a nuestros gobernantes, estos o cualesquiera otros: no saben enfrentar problemas complejos y ni siquiera saben qué es un problema complejo y tienden a simplificarlo cuando no a recurrir al pensamiento mágico. La mayor parte de los problemas que aquejan a nuestras sociedades actuales (las del siglo XXI) es que ya no responden a las recetas universales que el liberalismo o el socialismo (las dos ideologías alternantes en Europa) habían construido en el siglo XIX para explicar los dilemas sociales y proponer soluciones adecuadas. Por ejemplo la economía hoy ya no responde a lo que los economistas aprendieron en la facultad, existe un orden nuevo que impide navegar por ese océano sin haber meditado bien en las incongruencias de la vieja economía, no importa si es taylorista o hayekiena. Ya nada sirve, los expertos no nos pueden sacar de este atolladero.

Tal es la deriva interpretativa de nuestros gobernantes que a pesar del desastre que están provocando los incendios en este verano del 2022, solo se les ocurre atribuirlos al cambio climático, como si hubieran desaparecido los pirómanos y no supiéramos todos que la masa forestal se encuentra abandonada. No hay que fiarlo todo a la extinción de incendios sino a las políticas preventivas.

Sigo con este ejemplo:

¿Cual seria una política preventiva de incendios?

Para eso es necesario un diagnóstico del problema que desde luego no es atribuirlo al calentamiento global. Este es un argumento que fortalece una ideología concreta pero no es la verdad, al menos no toda la verdad. Es incluso posible que parte de los incendios hayan sido provocados por agentes contratados precisamente para fortalecer la hipótesis del calentamiento global. La tendencia a atribuir ciertos fenómenos a miasmas metafísicos es muy propio de las ideologías. Así, recordemos que los feminicidios se atribuyen al machismo, como si el machismo por sí mismo matara mujeres, sin contar con otros factores que ya han sido bastante bien identificados por los expertos. No, ni el machismo, ni el calentamiento global pueden explicar los fenómenos que las ideologías (de género o globalistas) les atribuyen.

Suele decirse que las actividades de pastoreo «cuidan» el monte al desbrozarlo de ramas secas y tambien suele atribuirse a la despoblación del mundo rural a que esta actividad ha cesado pero lo cierto es que en España los montes son de tres titularidades, privados, públicos y comunales. No hay que confundir un monte publico con uno comunal. Los montes comunales podían ser explotados en su madera por algunos lugareños como sucedía en Yeste hasta que la República vendió los montes a manos privadas. y desencadenó un problema grave de desordenes atajado a tiro limpio. Los sucesos de Yeste (Mayo de 1936, no, no fue Franco) ejemplifican lo que sucede cuando se interrumpe la forma de vida de una comunidad: el desencadenante fue que unos montes comunales pasaron a ser particulares.

Los campesinos no cuidan el monte porque no se les da nada a cambio salvo ecologismo y proteccionismo de especies exóticas, los bosques son para las alimañas y no para los campesinos. Una solución podría ser convertir en comunales -y no públicos- gran parte de la masa forestal que nos quede después de este año y conseguir reconquistar los espacios rurales que aun queden en pie.

Yo no soy un especialista en bosques y ni siquiera se nada de pastoreo ni de madera, por eso si fuera presidente del gobierno lo primero que haría es abrir un debate con los especialistas en el tema; quisiera soluciones prácticas y no aplicar mi rodillo ideológico a un problema ya dado. Este es el principal problema con el que nos enfrentamos: la supremacía de las ideologías sobre las soluciones prácticas. Aplicar una plantilla de ideas del siglo XIX no van a resolver ningún problema del siglo XXI.

Pero «el problema es la definición del problema». Y el problema entonces son las ideologías, pero ¿qué serian los políticos sin ideología? ¿Alguien les votaría? Pensar en un partido que no apelara a las emociones o sentimentalismos de la población qué resultado tendría?

Pero es inevitable y tal y como dice Amalio Rey en su libro que dejemos de pensar en los liderazgos mesiánicos y comencemos a pensar en una mentalidad cooperativa que en cualquier caso no deberá convertirse en una nueva religión new age, no hay que olvidar que hasta los científicos tienen su cosmovisión muy cercana a la ideología o a sus intereses y que en prevención de ello debemos empezar a pensar en las soluciones compartidas de ideas, (las ideas no son intereses, lo son las ideologías), de comunidad de pensamiento colaborativo o como dicen algunos, conectivo .

Al final un pequeño grupo de personas, una comunidad vinculada de forma local lograrán cambiar el mundo.

Los nuevos estoicos

Estoy leyendo ahora mismo el libro de Javier Recuenco y Guillermo Haro sobre el estoicismo y he recordado que hace algunos años dicté una conferencia en el congreso de familias de pacientes bipolares de la CV donde precisamente abordaba algunas cuestiones que Recuenco y Haro me han recordado en ese librito -que es una joya- , pues las ideas cuando son recolectadas de un determinado lugar para polinizar otras que están en otro enjambre, muestran valores imprevistos cuando se contemplan pasivamente desde la lejanía, sin traslación. El libro de Recuenco y Haro explica cómo ciertas ideas como las de Zenón han sufrido ciertos avatares históricos, han sido hibridadas a la fuerza con el cristianismo y han perdido a lo largo del transcurso histórico su poder comprensivo, si bien sus verdades siguen estando en vigor y retienen su rigor no importa el tiempo que haya transcurrido desde su origen.

En realidad comencé a interesarme por el estoicismo cuando pensaba en dar ciertos consejos a estos pacientes bipolares que eran mi público para aquel acontecimiento. ¿Qué se puede aconsejar a un paciente bipolar, más allá de que tome la medicación o que duerma las horas necesarias? ¿Qué se puede aconsejar más allá de medidas hipocráticas, las de siempre, rutinificar la vida, evitar los excesos, los tóxicos o el estrés?

En realidad cualquier consejo que pudiera dar a estos pacientes podría ser aplicable a cualquier persona y tiene que ver con el control del pathos, es decir de las pasiones, entendiendo como pasiones a emociones intensas que tienen la característica precisamente por su tendencia a la repetición y su intensidad a desbordar la capacidad de nuestra mente para contenerlas. El truco está relacionado con el placer, una vez hallado algo placentero nuestra tendencia es repetirlo e intensificarlo tanto en duración como en intensidad. En el video hablo de cómo algo placentero se transforma en una adicción y de ahi en un displacer.

Pero en realidad en el video lo que planteo es una hipótesis más profunda, me pregunto si es posible la felicidad en tiempo de crisis. Y me propongo escarbar en esa palabra «felicidad» que es una abstracción y contraponerla a estado placentero que es algo concreto y bien diferente para cada uno. Nuestra mente ha de navegar entre estas dos olas: lo abstracto y lo concreto, de manera que podemos ser felices comiendo o fornicando y admitiendo a la vez que existe un universal llamado «felicidad» que es común a toda la humanidad pero del que no tenemos noticia más allá de nuestro estado felicitario individual. Es por eso que ya Séneca nos advirtió que todos aspiramos a la felicidad pero no sabemos dónde habita esa señora, lo único que nos es dado saber es que existen ciertas emociones como el placer o la alegría que nos proporcionan alguna pista sobre ella pero se trata de algo breve y ocasional que nada tiene que ver con la felicidad. Aunque el placer sea el soporte neurobiológico de la felicidad ambos conceptos no son equivalentes. Lo humano transcurre siempre entre estas dos autopistas: lo concreto o subjetivo que no podemos dejar de sentir y lo abstracto, que no podemos dejar de pensar.

Los griegos tenían un tratamiento para modular las pasiones, la llamaron eutimia. Nosotros los psiquiatras utilizamos esta palabra para designar el estado en el que el paciente no está deprimido ni maníaco, pero en realidad se trata de una perversión de la idea de Demócrito. Pues para los griegos la eutimia no era ese estado intermedio que nos representamos hoy en la jerga psiquiátrica sino un paradigma moral que también llamaron virtud. La eutimia es una virtud moral, no algo fisiológico o afectivo. Una virtud de sosiego, calma y práctica.

¿Qué es la virtud?

La virtud procede del latín «vir» que significa varón, y se considera la contrario del vicio, algo así como una cualidad moral que se exigía en la Grecia clásica junto con el aprendizaje de la geometría y la gimnasia, algo exigible a cualquier gobernante. Una mezcla de culto al bien, a la justicia, la belleza y la verdad.

Y la virtud es el tratamiento de la aflicción tal y como nos contó años más tarde Cicerón.

Dejo pues aquí el video de mi conferencia:

Psicopatología y delirio

Pocas veces se encuentra uno con un diálogo tan fecundo en los videos de youtube, se trata de esa importante intersección que llevan a cabo la psiquiatría y la filosofía. En este caso a cargo de Marino Perez y Iñigo Ongay abordan el tema del delirio. ¿Se puede decir siempre que un delirio es irracional? ¿Es lo irracional la esencia del delirio? ¿Son todas las creencias irracionales delirios?

Parece establecido que la función del delirio es la de estabilizar al paciente psicótico, como dice una máxima psiquiátrica del siglo XIX «Cuando el delirio aparece la psicosis es ya antigua». Ha pasado mucho tiempo de sufrimiento, mucho tiempo de confusión, muchas penalidades, pensamientos absurdos, cenestesias raras, incluso alucinaciones visuales. El delirio es la solución para liquidar todos estos molestos síntomas que a veces identificamos como «trema» o humor delirante, un estado mental insufrible e inimaginable a quién no lo haya sentido alguna vez: una sensación de que algo va a pasar pero un algo que no se puede definir ni identificar.

El problema es que no todos los esquizofrénicos son capaces de construir un delirio y más: no todos los delirios son esquizofrénicos, pueden aparecer en la manía, en la melancolía, y en la paranoia. Nosotros los psiquiatras solemos conceptualizar los delirios en sistematizados, es decir cuando existe un relato coherente sobre el asunto, un contenido que se puede leer como una narración. Decir «me persigue la CIA, porque tengo en mis manos un secreto que puede llevar al mundo a la catástrofe», no es lo mismo que tener una sensación de persecución, de complot, y les llamamos entonces no sistematizados: ciertos delirios comienzan así: con una atmósfera de conspiración hostil, otros fluctúan con el estado de ánimo: «Ayer era Eddy Mercx pero hoy soy Cruyff» como me contaba un paciente maniaco que traté hace años.

También nos guiamos por una cuestión práctica: los delirios esquizofrénicos son fantásticos e involucran acciones de substancias desconocidas o imposibles, rayos, telepatía, cables, ondas de radio: la conocida máquina de influencia. Mientras otros -como los maníacos- responden a estados de grandiosidad donde la identificación radical juega su papel mientras que en la paranoia los delirios son cosas que pueden llegar a pasar: se puede ser perseguido, envenenado, amado en secreto, o ser víctima de una infidelidad.

Lo que me llevo para mi consumo propio es esta idea de Marino Perez:

Existen dos clases de delirios: los delirios ontológicos y los delirios epistemológicos, el delirio ontológico no es propiamente una creencia sino una experiencia que involucra todo el ser, y es además inconmensurable y no puede ser sometido a la prueba de verdad o falsedad, no puede refutarse, mientras que en el delirio epistemológico existe un Yo y un Tu, un sujeto y un objeto: para que exista una creencia ha de haber un sujeto que cree en algo que está sucediendo fuera de él mismo: uno puede ser envenenado por otro, uno cree que puede ser engañado por su esposa con otro. Siempre hay un otro. estos delirios son típicos de la paranoia, pero en el delirio ontológico el paciente también a la larga puede llegar a identificar al autor de sus delirios, identificar a su perseguidor, que en cualquier caso se valdrá de tretas metafísicas para alcanzar sus propósitos siempre malvados.

Vale la pena tomarse una hora para escarbar en el torrente de ideas que fueron vertidas en este dialogo y tomarse muy en serio la idea de Marino Perez de que quizá estamos buscando las causas del delirio donde no hay nada. también vale la pena seguir la argumentación sobre los elementos que se utilizan para construir delirios y que Iñigo Ongay llama fulcros, una palabra que no conocía pero que significa el punto de apoyo de una palanca,
Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo /Arquimedes).

Os dejo el enlace de esta sesión

Locos que no lo parecen

Tal y como vimos en el post anterior, la mejor manera de estudiar criminología y más aun psicología es leer buena literatura, pues la literatura se mueve con mayor libertad que la ciencia a la hora de establecer relaciones entre la mente y sus condicionamientos y el resultado final que no es otro sino la conducta o las ideas operando en la realidad.

Pero para entender mejor la psicología de Raskolnikov es necesario situarnos en la época en que se publicó «Crimen y Castigo» (1866). En aquella época la psiquiatría francesa dominaba el cotarro científico en el mundo pero entonces no había psiquiatras sino alienistas. Esta distinción es crucial para entender que aun no existía el termino «enfermedad mental» y los que se hacían cargo de este tipo de alienados no eran médicos sino filósofos. Hay que recordar ahora que Janet tuvo que estudiar medicina a la fuerza después de haber sido contratado por Charcot para trabajar con él en la Salpetrière. El padre de la liberación de los locos -al quitarle las cadenas- fue Philipe Pinel a partir de sus ideas políticas y sociales herederas de la Ilustración.

Esquirol , su más preciado discípulo, fue el continuador de su obra, si bien aportó a la historia de la psiquiatría algunas novedades. Como Pinel, creía que la alienación procedía de causas pasionales y no tanto de averías del cerebro. Tiene dos contribuciones a la psiquiatría actual: la diferenciación entre ilusiones y alucinaciones y además fue el autor de la primera nosografía psiquiátrica (Rafael Huertas en su articulo explica bien tanto su pensamiento acabalgado entre el mundo clásico y el moderno, junto con la clasificación de las patologías mentales según su nosografía). Pero sin duda el aspecto más controvertido de su clasificación son las manías sin delirio que conocemos con el nombre de monomanías, es decir estados patológicos en los que el paciente no sufre ningún problema de inteligencia o cognitivo, se trata de esos locos que no lo parecen.

Esta idea ya había sido planteada por Pinel y cuenta con un amplia tradición es psiquiatría: las locuras razonantes de Serieux y Capgras, los delirios parciales y más recientemente la idea de psicosis ordinarias de la escuela lacaniana. Es decir, la idea de que se puede estar loco pero no en todos los ámbitos de la vida, solo en ciertos aspectos. Estar loco pero solo en una cosa.

Las monomanías.-

Todo el mundo de estos pacientes gira alrededor de una idea o de ideas relacionadas, solo parece estar loco en una cosa manteniendo la lucidez en todo lo demás. La monomanía es una idea-fija, algo que aparece en la conciencia de forma de ocurrencia y que poco a poco va tomando el mando de toda la personalidad, algo así como una obsesión pero de una obsesión que podriamos llamarle instintiva, no se trata solo de una idea sino de algo que llevar a cabo. Esquirol distinguía este menú de monomanías:

1.- La piromanía o la manía de prender fuego, con o sin intereses economicos de por medio

2.- La cleptomanía, el robo simbólico de algo que se hurta por ese valor con independencia del valor económico de lo robado.

3.- La lipemanía, que hoy llamamos depresión, la tendencia al ánimo triste y las ideas pesimistas.

4.- La manía homicida.

5.- La demonomanía (sic)

6.- La dipsomanía, la tendencia periódica a la embriaguez.

7.- La erotomanía, cuya versión delirante es la erotomanía de Clérambault.

8.- Ludopatía, pasión por el juego de azar.

De todas ellas tan solo quedan la piromanía y la cleptomanía en nuestras clasificaciones actuales y quizá también la ludopatía que es considerada una adicción. El resto ha sido barrido de lo que hoy entendemos como «trastornos del control de impulsos» y ya no consideramos el homicidio o la depresión como monomanías o manías sin delirio. Por otra parte la demonomanía ni siquiera ha llegado a nuestros días con otro nombre, algo así sucedió con la ninfomanía o la satiriasis que hoy se consideran adicciones sexuales (comportamentales). La dipsomanía ha pasado a interpretarse como un «trastorno por adicción al alcohol» y ya no aparece en el DSM.

De todas ellas la manía homicida ha sido la más controvertida y más precozmente. Se han hecho muchas criticas a esta clasificación sobre todo por parte de los jueces de aquella época que se negaron a considerar locos a los asesinos (todo ello está bien expuesto en la monografía de Rafael Huertas) y aun hoy en las tertulias aparecen expertos llamando la atención sobre el hecho -innegable- de que los locos no suelen ser más peligrosos que las personas comunes. Esta cuestión quedaría invertida si consideráramos algunos homicidios como monomanías o admitiéramos que con frecuencia el delirio previene el paso al acto.

Algo se perdió pues en el curso histórico de las ideas psiquiátricas en torno al crimen o a esos impulsos que los pacientes no pueden sino acatar. Hoy no se considera que exista la dipsomanía aunque yo he visto casos clinicos que concuerdan con esta definición. Y en mi opinión ciertos crímenes responden mejor a las ideas de Esquirol (la idea de manía sin delirio) que a motivaciones comprensibles, pongo el caso de algunos crímenes seriales.

En «Crimen y castigo» hay dos personajes muy importantes para comprender la pasión que aqueja a Raskolnikov, uno es Porfirio el juez y otro Azimov el médico. Todos incluyendo a sus amigos están persuadidos de que Raskolnikov está loco y el primero en creerlo es Azimov quien habla de ideas fijas y de monomanías (sin nombrarlas) aunque habla de delirios. Y Raskolnikov se esfuerza para presentarse ante todos ellos como una persona lúcida. Raskolnikov disimula algo que por cierto hacen muchos locos para evitar su ingreso o tratamientos forzados.

El caso es que Azimov aunque no es un médico con experiencia es un representante de esa psiquiatría llamada realista que al igual que la novela de Dovstoyeski precedió a la psicología naturalista y a la novela social. Azimov es un esquiroliano sin saberlo y en la misma dirección opera Porfirio que parece encajar en las ideas esquirolianas en el sentido de que cree que cuando se comete un crimen el criminal está loco, algo que encaja con la idea de que los delirios tienen un efecto protector frente a los actings (el paso al acto). En este sentido cobra importancia la idea de que las manías sin delirio son mucho más peligrosas que las que contienen delirios.

El castigo.-

Ya Freud en 1915 publicó una monografía sobre la cuestión de la culpa en relación con la delincuencia y aunque no todos los criminales parecen responder a esta causa, lo cierto es que en el caso de Raskolnikov es evidente que su salud mental empeora después del crimen. Es entonces cuando comienza a cometer actos irreflexivos y a mostrarse como si estuviera loco, apareciendo muerto de frío al amanecer al lado de un matorral después de vagar toda la noche sin destino fijo. Hoy diríamos que bajo una patología disociativa y Azimov habla de un delirio.

Porfirio que sospecha de Raskolnikov, pone a su disposición la solución: que confiese para aliviar su conciencia y a cambio será benevolente con la condena. Al final es condenado a trabajos forzados en Siberia, del mismo modo que lo fue el autor, Dostoyevski por una condena -en este caso. política. Fuere como fuere parece que el tiempo que pasaron ambos en esa condena tuvo resultados expiatorios para ambos, algo así como un cambio de personalidad, una enantiodromia pues la culpabilidad es siempre anterior a la falta y tiene un marcado carácter teológico siendo la responsabilidad su equivalente cívico. Raskolnikov necesitaba ese castigo para resolver su culpabilidad y muchos criminales lo han comentado en sus entrevistas con psiquiatras. A veces el castigo solamente no es suficiente: no se trata solo de castigar o rehabilitar sino de expiar, y hay crímenes que carecen de expiación o de redención, incluso con la propia vida.

Raskolnikov resuelve su culpabilidad tanto por el castigo pero tambié por el amor de Sonia que le sigue a Siberia y le acepta a pesar de que él ya le confesó su crimen. Lo mismo sucedió con Dostoyevski que abandonó su militancia política -nihilista- después de su cautividad y se convirtió decididamente en escritor: el escritor psicológico más importante de la literatura.

Bibliografía.-

Rafael Huertas: «Entre la doctrina y la clinica: la nosografía de J:E:D Esquirol (1772-1840)

Sara Lopez Van Dam Merino: «Analisis criminologico del personaje de Raskolnikov en la novela Crimen y Castigo»

S. Freud: «El criminal por sentido de culpa»

La gelatina cósmica

La ciencia ficción -como el feminismo- es un género literario que ha atravesado múltiples etapas en su desarrollo, algo así como estas:

  1. Anticipación, como por ejemplo sucedió con los viajes a la luna o el submarino. Es la ciencia ficción de los precursores.
  2. Guerra de mundos que predominó durante la guerra fría, los extraterrestres vistos como los malos de la película.
  3. Contactos benignos con otras entidades. El buenismo de la ciencia ficción, vale la pena señalar ET o encuentros en la tercera fase.
  4. Distopias. La orweliana de 1984, o las de Ray Bradbury en Fahrenheit 451.
  5. Ficción filosófica cuya obra cumbre pertenece a Kubrick y su delirio gnóstico en «2001, una odisea del espacio».

Después de Kubrick pareciera que estaba todo dicho en ciencia ficción pero llegó Stanislaw Lem (1961) para poner patas arriba el paradigma de la ciencia ficción,, su razón de ser, que no es otro sino el «contactismo», del cual las abducciones son uno de sus mitos más logrados. La idea de que de existir vida extraterrestre esta debe ser parecida a la nuestra y que su propósito es contactarnos, nos es imposible imaginar una inteligencia superior -pues superior sin duda habrá de ser esa inteligencia, si puede viajar desde lejanas galaxias hasta nosotros- que no proceda de alguna forma de vida similar a la nuestra, se conoce con el nombre de antropomorfismo, la idea de que de existir esas formas de vida deberían ser parecidas a la nuestra con piernas, cabeza y brazos aunque nos los podamos imaginar como hombrecillos verdes.

Lo cierto es que la novela de Lem es una obra cumbre de la ciencia ficción, más que eso, una obra que trata de romper el paradigma clásico del «contacto» y de paso criticar la metafísica Kubrickiana con pretensiones evolucionistas que en 2001 parecía señalar hacia una evolución de la conciencia superior, una idea gnóstica pues la gnosis es el conocimiento basado en la experiencia o percepción personal. En un contexto religioso, la gnosis es conocimiento místico o esotérico basado en la participación directa con lo divino.y es algo que solo puede llevarse a cabo a través de un proceso personal de «escalada» en el nivel de conciencia. Pero Lem está en contra de esta idea, su posición es que la conciencia humana es incapaz de entender ciertos misterios, más que eso, está limitada y su imaginación está presidida por la idea de que de existir otro tipo de inteligencia sería imposible contactar (comunicarse) con ella de una u otra manera.

¿Pero qué sucedería si existiera una forma de inteligencia a-biológica, una inteligencia o pensamiento inmaterial? ¿Se puede pensar sin intentar comunicarse? Algún tipo de inteligencia que procediera de la enormidad, de la masa de algo aparentemente informe o mineral.

Imagina que eres el personaje principal de un juego de ordenador, me refiero a esos juegos donde el protagonista puede crear mundos a su voluntad, para lo que dispone de ciertas herramientas para construir ferrocarriles, puentes, ciudades enteras, puede desviar ríos y construir embalses al mismo tiempo que puede transformar desiertos en huertos llenos de vegetales y frutales, dispone también de armas para enfrentarse a sus enemigos pero no puede evitar someterse a ciertos limites que vienen definidos por las características del propio juego. No puede volar y ha de desplazarse siempre a través de vehículos, no tiene posibilidad de bilocación (no puede estar en dos sitios a la vez), carece de telepatía y no tiene más remedio que comunicarse a través de palabras, etc.

Podríamos decir que nuestro héroe dispone de su imaginación para inventar su mundo pero que también tiene sus limites y su principal limite es que no conoce los códigos con los que el programador ha construido su programa. Puede intentar deducirlos o inventar los suyos propios (si tiene dotes para la informática) pero aun habiéndolos descubierto no podrá estar nunca seguro de que sus códigos coinciden con los códigos del creador del juego.

Esto es lo que les sucede a loa astronautas de Prometeo, la nave que se encuentra en la orbita de Solaris y que están alli para seguir adentrándose en los misterios de ese planeta que ya acumula una enorme cantidad de bibliografía e hipótesis acumuladas durante siglos nunca demostradas.

El oceano de Solaris.-

Solaris es un planeta un poco especial, está constituido por un océano gelatinoso que prácticamente ocupa todo el planeta, lo interesante de este océano es que tiene ciertas características que influyen en aquellos que se le acercan, una influencia sutil, como caricias de terciopelo a los que se les acercan, caricias que no tocan, pero sin duda la influencia más relevante es que es capaz de apropiarse de recuerdos de los nautas y al mismo tiempo de corporeizarlas.

Su superficie está cubierta principalmente por lo que parece el océano de la consistencia gelatinosa, según algunos estudiosos, un ser sensible único y gigantesco capaz de influir incluso en el movimiento del planeta en órbita alrededor de un sistema estelar binario -con dos soles- debe ser irregular y, por lo tanto, no adecuado para el desarrollo de la vida. De manera que los científicos saben que el planeta ha modificado su órbita de un modo autónomo, conformando adaptaciones a ese orbitar por dos soles. esta actividad adaptativa es una prueba de que en él hay algo vivo, algo parecido a una inteligencia.

Mimoide de Solaris

La actividad de Solaris se manifiesta por la generación continua de estructuras complicadas y gigantescas de naturaleza incomprensible, de material coloidal que se consolida y licúa. Las estructuras más grandes se presentan como representaciones multidimensionales, a menudo con la aparición de emulaciones de estructuras humanas como ciudades; los estudiosos han catalogado tales manifestaciones con nombres extraños como «mimoide» , «simetríada» y «asimetríada» . Algunos investigadores creen que Solaris es capaz de pensar, a pesar de la imposibilidad total de identificar cualquier patrón de comunicación en sus manifestaciones materiales. El propósito de las diferentes misiones es establecer contacto con el planeta y comprender su verdadera naturaleza. A pesar de la gran cantidad de estudios en todas las ramas de la ciencia (que en la novela se define como una disciplina en sí misma, la » Solaristica «) , el planeta y su Océano siguen siendo un misterio absoluto: Solaris escapa al conocimiento humano, para aquellos que pueden ser los datos recogidos o las teorías formuladas.

El espíritu oceánico.-

La primera idea que asocié a través de la lectura de Solaris fue la idea de «espíritu oceánico» de Roland, que mantuvo un «contacto» epistolar con Freud:

«El sentimiento oceánico se manifiesta en el sujeto como la percepción de que las fronteras entre el yo y el mundo se diluyen por un instante. Esta disolución permite al individuo captar el mundo como totalidad orgánica, interdependiente y bella en sí misma. Los problemas personales se tornan nimios y durante unos momentos nuestro cuerpo se llena de un inusual placer beatífico.

¿De dónde provendría esta sensación? Para Rolland y para aquellos abiertos a la trascendencia, el “sentimiento oceánico” sería una ventana abierta a un mayor nivel de comprensión de la realidad. Es decir, estos estados de conciencia, ya surjan de manera espontánea o sean buscado, nos permiten intuir la imbricación profunda y con sentido de todos los elementos que constituyen la pluralidad de lo que percibimos. Este sentimiento sería, según Rolland, el origen de la religión, pero también es posible que se trate de una experiencia que admita variadas hipótesis como las solaristas.

Freud, desde una perspectiva atrascendentalista, no negará el sentimiento en sí sino la interpretación que de él hace Rolland. El psiquiatra hace un análisis de como se genera en nosotros el concepto de yo; el bebé durante la gestación no siente claramente los límites físico que existen entre el líquido amniótico y su propio cuerpo. En este primer estadio, es un uno indiferenciado con la madre gestante pero el parto no cambia sustantivamente este sentimiento de indiferenciación; el niño solo aprende que es algo distinto al mundo que le rodea tras un largo proceso de desarrollo, en este proceso comprende que el placer y el dolor no proceden de uno mismo sino que es generado por entes distintos a él. De este modo, paulatinamente adquiere la capacidad yoica, y llega a distinguirse del mundo circundante y, por lo tanto, a ser autoconsciente. En este punto Freud concluye que tal sentimiento no puede ser el origen de la religión ya que la fuerza creativa de la mente humana nace de la satisfacción de una necesidad, no de la regresión momentánea a un estadio psíquico anterior».

El caso es que la experiencia oceánica existe y me llama la atención los paralelismo existentes entre el funcionamiento de la mente humana, los estudios de la neurociencia y los estudios sobre el océano de Solaris, pues como en la mente humana somos capaces de observar su superficie pero los mecanismos que están debajo, tenemos que suponerlos tejiendo una red causal que se revela siempre incierta. Por ejemplo, conocemos bien como funciona la razón pero no sabemos porqué existen vivencias irrazonables, el apego no es razonable, ni la prohibición del incesto ni mucho menos la fobia o vergüenza de los niños a los extraños o a la oscuridad.si bien existen algunas diferencias entre nuestro cerebro y Solaris como veremos inmediatamente.

Kris Kelvin es uno de los astronautas que se encuentra en la estación espacial que sobrevuela la atmósfera de Solaris, se trata de un hombre que arrastra una pena particular, su compañera se suicidó después de que le amenazara con hacerlo y él no la tomara en serio. No sabemos porqué Harey lo hizo pero sabemos que arrastra una culpabilidad bien comprensible por este hecho posterior a una discusión. El asunto es que una vez llega a la estación espacial comienza a visualizar una serie de presencias humanas en su interior que no se corresponden con el resto de personal navegante. Pronto se manifiesta su amada Harey, pero no se trata de un espectro sino una Harey de carne y hueso, solo que carece de memoria, no recuerda nada de su pasado, ni qué hace allí ni como ha llegado pero es un doble perfecto de la Harey original, si bien es un doble, podríamos decir, simplificado que conserva la mente de la original Harey, su lenguaje gestual y su amor por Kris, pero hay un defecto, tiene que estar siempre con él y Kris que al principio está asustado por la aparición no tiene más remedio que hacerla desaparecer poniéndola en órbita con un cohete auxiliar.

Pero Harey aprovecha el sueño de Kris para volver a aparecer -sin recordar pero intuyendo- que Kris pretende deshacerse de ella. Las presencias aprovechan el sueño de los nautas para corporeizarse de nuevo y cada uno de ellos tiene su propia sombra que les acompaña en todo momento. Se trata de recuerdos traumáticos, como no reconocer a esos espectros sin memoria pero con cuerpo real que merodean por nuestra vida, al tiempo que carecen de memoria como los eidolones que pueblan el Hades. Pareciera como si Solaris pudiera detectar esos recuerdos cristalizados y hacerlos emerger.

Este es uno de los fenómenos que el océano puede inducir en aquellos que se les acercan y ellos los nautas están allí precisamente para conocer los procesos que el océano lleva a cabo para ¿comunicasre con ellos? Esta es la teoría del físico de la expedición que se saltará las reglas para inducir cambios a través de rayos X y encefalogramas de Kris.

Kris es psicólogo y sabe o intuye que comunicarse con Solaris es imposible (esta es la tesis de Lem) y que se trata de una metáfora de Dios, pero no del Dios que estamos acostumbrados a pensar sino un Dios imperfecto, no omnisciente, ni omnipotente sino una forma de pensamiento abiológica que no pretende comunicar nada sino simplemente manifestar sus potencialidades, expresando su inteligencia mineral.

De manera que Dios de existir no es como lo imaginábamos sino una forma de inteligencia imperfecta que está mas allá de nuestra comprensión científica y que ninguna hipotesis podrá verificar jamás.

Bibliografia.-

El sentimiento oceanico

Solaris: la novela