La conexión masculina

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Recientemente he tenido ocasión de leer un post que por su lucidez me ha parecido importante no solo compartir aqui sino prolongar con algunos comentarios relativos a ciertos eventos vitales que me parecen en relación con la construcción de una identidad sexual, en este caso una identidad masculina.

Para empezar señalaré que la identidad sexual no es la misma cosa que la orientación sexual. La identidad sexual es un constructo social relacionado con la socialización como veremos más tarde mientras que la orientación sexual está mas relacionada con lo biológico y lo genético. nadie elige ser homo o heterosexual pero si puede elegirse el género. Más que eso: las personas que presentan disforia de género no son homosexuales, sino que viven una especie de antagonismo entre sus cuerpos y su identidad que en cualquier caso no se corresponde con lo que entendemos como preferencia por el mismo sexo que caracteriza a los homosexuales.

Comenzaré por apuntar ciertos párrafos del citado post (que irán siempre en cursiva) y añadiré algún comentario a su exposición. Se trata de un niño -al que llamaremos Chad- que quiso ser una niña y de las vicisitudes que atravesó durante su evolución existencial y su maduración.

 

Cuando era niño, quería ser una niña. Algunos de mis primeros recuerdos son de rezarle a Dios para que me transformase en niña al despertar. Yo idolatraba a mi abuela y adoptaba sus gestos y su estilo personal. Ella me dejó probar sus anillos y sus joyas, e incluso me sugirió el uso de sus bufandas. Ella pintó mis uñas e incluso me tiñó el pelo, para probar el color antes de usarlo consigo misma. Seguí las niñas en la escuela y en torno siquiera inventar juegos elaborados dónde escondí para jugar a My Little Pony con ellas sin ser descubierto por mi maestra. Puedo recordar a una niña de mi clase que levantó la mano de una manera particularmente femenina y empecé a imitarla. Ella me llevó a un lado un día y me dijo “Tú puedes ser mi amigo sin hacer todo lo que hago”.

Este primer párrafo me parece esclarecedor acerca de una cuestión fascinante: la identificación con una figura significativa de  nuestra infancia. La abuela de este niño fue el objeto elegido en su elección de amor. Y no deja de ser sorprendente este mecanismo de “identificación” descrito por Freud y del que sabemos tan poco. ¿Por qué nos identificamos y por que con ese personaje y no con otro?

En palabras de Freud:

Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones.

Nos identificamos con aquello que (por alguna razón) nos parece atractivo, en resumen la identificación es un acto de amor, un salto que nos permite atravesar la brecha que existe entre sujeto y objeto.

Dicho de otra manera somos una especie de conglomerado de identificaciones de aquí y de alláuna especie de puzzle de actitudes, gestos, pensamientos, creencias y parecidos con nuestros objetos de identificaciónSomos grandes imitadores y plagiadores de todo aquello que vemos a nuestro alrededor y sobre todo somos copias de un original al que en un tiempo lejano, amamos

Y otra cuestión importante identificarse es un movimiento mental, en cierto modo hegeliano (no podemos conocer al otro pero podemos ser como él a través del aufheben) que tiene al menos dos formas, la incorporación y la imitación que es la forma más conocida de saltar esa grieta que separa a las personas de sus objetos de amor y precisamente aquí aparece este elemento: se imita aquello que nos resulta atractivo, aquello que amamos. Más adelante dejamos de imitar para identificarnos plenamente con el objeto o con alguna de sus características.

Algo parecido le sucede con una niña del colegio a la vez que ésta le da una pista que resultara crítica para su desarrollo posterior: “no necesitas imitarme para ser mi amigo”.

La ironía de todo esto es que durante toda mi infancia me obsesioné completamente con la masculinidad. Me encantaban los cómics como X-Men, siendo Superman mi favorito. Me encantaba la lucha libre de la WWE. Me encantó ver las competiciones de culturismo y mirando a través de revistas de musculación. Fantaseaba con superhéroes que aparecen desde el cielo, que me decían que yo también tenía un superpoder y que después me rescataban de una vida que simplemente no parecía aceptarme. Quería que gigantescos hombres musculosos fuesen mis amigos, me protegiesen de los agresores y me ayudasen a ser uno de ellos.

Donde podemos ver que el muchacho anda buscando una identidad masculina en este caso a través de héroes de cómic o del cine. Nótese que la fantasía no se enrosca en el deseo sexual sino en el deseo de ser “uno de ellos”. Por otra parte es lógico porque aunque no dice la edad que tenía cuando surgieron estas fantasías es probable suponer que no había alcanzado aun la pubertad. Lo que destaca es la ambivalencia de esta fantasía que es la opuesta a la original.

Y aquí nos cuenta en otro alarde de lucidez la verdad:

La verdad era que simplemente deseaba ser aceptado por otros niños, y quería unirme a ellos. Solo que no tenía ni idea de cómo hacerlo. Nunca supe cómo comunicarme con los niños. Me quedaba torpemente en silencio cuando me obligaban a relacionarme con ellos, y me miraban como si fuera un extraterrestre. Pero en el fondo solo quería ser uno de ellos. Puedo recordar el razonamiento, muy temprano, de que ya no podía dominar el arte de ser un niño, quizás al ser una chica se me permitiría el acceso a su mundo. A los niños les gustaban las niñas. Si yo fuese una niña, todo sería mucho más fácil.

Es decir nuestro muchacho se sentía excluido socialmente y sentía que no encajaba en ningún modelo de masculinidad a su alcance. De ahí su conclusión: si fuera niña todo sería más fácil.

Continuó de la misma forma hasta poco más o menos la vientena e incluso:

Durante mis primeros veinte años consideraba la idea de que yo era transgénero y hablé con varios terapeutas sobre este tema. Vi documentales, leí libros, estudiaba en línea, y sabía los pasos necesarios para completar la transición. Incluso tenía un plan para la gestión del trabajo, mientras durase la transición. Compré ropa de mujer, una peluca y un poco de maquillaje y traté de hacerme pasar por algo que no se pareciese a una “drag queen” a las tres de la mañana. Practiqué con mi voz y mis gestos. Se lo conté a mis amigos e incluso a mi familia. Estaba preparado. El único problema era el dinero.

La decisión quedo aplazada pues por un asunto económico. Chad decidió esperar.

Esto fue a principios de la década del 2000, por lo que la transición en los primeros 20 años no era tan común fuera de mayores centros gais. Hoy veo a los jóvenes adolescentes vivir su transición de cintura para arriba en su día a día. Así que en ese momento, me di cuenta de que sólo tendría que esperar hasta que pudiera permitirme el lujo de hacerlo. Aunque esto me llenaba de frustración y ansiedad lo acepté como la fría realidad a la que me enfrentaba. Pero entonces algo cambió.

Chad lo explica aqui, el encuentro con la conexión masculina que en un primer momento precisó de un objeto transicional femenino:

Yo estaba en la universidad y por un puro accidente de programación, pasé algún tiempo con un tipo de mi misma edad y su novia y decidimos que todos íbamos a ser amigos. Era una especie de tipo brusco y no hablaba mucho, pero ella y yo nos llevamos muy bien. Pronto estaba pasando casi todas las noches con ellos y lo más importante, pasando tiempo con él sin que estuviese ella allí a la manera de amortiguador. Yo siempre me aseguraba de tener una chica cerca cuando se trataba de chicos. De alguna manera él y yo estábamos unidos a pesar de que teníamos muy poco en común, excepto su novia y un interés general en los videojuegos. Hoy es uno de mis mejores amigos. Se convirtió en la primera conexión masculina que tenía que no implicaba sexo, y se las arregló para enseñarme todo lo que había estado deseando saber desde la infancia.

¿Deseaba saber qué? Qué es un hombre.

Aprendí cómo hablan los chicos. Aprendí cómo bromean. Aprendí que compiten por la posición. Se burló de mí sin parar, y al principio, me derrumbaba cada vez que lo hacía cuando estaba solo. De alguna manera he aprendido con el tiempo que era su manera de unirse a mí. A día de hoy me humilla en múltiples ocasiones para pasar el rato, y he aprendido a devolver el golpe y él se ríe. Él me desafió físicamente, me enseñó cómo hacer las cosas, e incluso cuando se ríe de que soy una chica para él, siempre me incluye.

Hace dos años conocí a otro chico de mi edad por pura casualidad con el que me habría aterrorizado hacer contacto visual en la secundaria. De hecho, fuimos juntos a la secundaria, y apenas se fijó en mí. Él es más viejo, muy masculino y con la pinta de un tipo que nunca esperaría a ser amigo de alguien como yo. Nos conocimos cuando estaba tratando con una relación difícil y yo le daba consejo y aliento. Él me enseñó acerca de la lealtad, y sobre el tipo de unión que los hombres pueden tener en momentos de estrés y dificultad. Nunca me tira abajo, siempre alienta mis mejores atributos, y confía en mí.

Y al fin el hallazgo:

Soy un hombre, y es mi naturaleza. Incluso si no es tan pronunciada o dominante como lo es en otros hombres. Lo que he estado intentando crear durante gran parte de mi vida era una adaptación al entorno que era simplemente imposible. Nunca hubiera encontrado la paz conmigo mismo y la conexión con otros hombres si hubiese hecho la transición a una mujer legal.

Hay muchas formas pues de ser hombre, múltiples formas de masculinidad y es muy posible que las dificultades que algunos muchachos tienen de encajar procedan de un idea estereotipada de la masculinidad junto con el rechazo de los vigilantes del lecho de Procusto. La exclusión social es una de las variables implicadas en estos desarrollos donde el excluido puede sentir que siendo del otro sexo pudiera ser mejor aceptado hasta que un dia en ese proceso sucede algo que modifica todo el encuadre: un amigo, un amigo que pudo utilizarse como modelo.

La identidad sexual no es pues, algo que siempre estuvo ahí esperando a que alguien la descubriera sino un conglomerado de creencias, mecanismos de defensa y predilecciones que cambian con el tiempo y las experiencias. Hubiera sido una mala elección para Chad decidir cambiar de sexo antes de explorar todas las opciones.

Afortunadamente para él no vive hoy en España.

 

 

 

 

 

Izquierda y derecha: ¿existe tal cosa?

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Esto es una campana de Gauss, la forma estadística en que nos representamos a las mayorías y minorías en cuanto a ideología política. Los extremos estarían representados por la ultraderecha (fascismo) y en el otro lado los comunistas (extrema izquierda) como puede verse en la campana las alas o extremos de esa curva están poco representados en la población general y la mayor parte de nuestros ciudadanos se situarían en el centro de la campana, serían pues de centro, por así decir, equidistantes de los extremos.

Es así como nos lo representamos en nuestra mente, si el 0, es la extrema derecha y el 1 es la extrema izquierda, la mayor parte de la gente se definiría diciendo que son 0,4-0,5-0,6. Ahí está la mayoría, en el centro. ¿Pero es esto verdad?

No, no es verdad por muchas razones, la más importante de todas es que la ideología política no es una variable unidimensional y no puede contemplarse como una linea entre el 0 y el 1. Por otra parte la división entre izquierda y derecha es arbitraria y cambiante con el paso del tiempo.

Y además esta clasificación en forma de continuo, nos lleva a un error: el de suponer que entre dos individuos (A y B) que ocupan los extremos habría mas grados de separación que entre otros dos individuos (C y D) que ocuparan el centro de la campana. Y lo cierto es que entre estos individuos centristas (C y D) hay tanta separación como en los que ocupan los extremos.  no solo porque los extremos se tocan sino porque las dimensiones que intervienen en la identidad política son múltiples y desde luego no pueden representarse ni en una dimensión, ni en dos dimensiones (carta ortogonal).

En realidad los individuos C y D no tienen nada en común, uno vota socialista y otro a Ciudadanos y tienen diferentes ideas acerca de como debería organizarse la sociedad, el empleo, la ética política, los impuestos y la defensa de la unidad del territorio español, los derechos de las minorías (ahí estarían más o menos de acuerdo para parecer más morales de lo que son) pero los dos se definen centristas, uno más escorado hacia la izquierda y el otro hacia la derecha y más que eso: ambos creen que son más centristas que los demás. Ambos detestan los extremismos y defienden el Estado de derecho.

Thomas Sowell es un pensador y economista americano que se define a si mismo como conservador libertario (sea lo que sea que esto signifique) pero desde la muerte de Revel ha quedado como adalid opositor de eso que se ha venido en llamar “pensamiento políticamente correcto”.

En un reciente artículo Sowell se pregunta si esas dicotomías entre izquierda y derecha nos llevan a comprender mejor las posiciones ideológicas de los individuos. Como las palabras generan realidades Sowell plantea que para las personas que toman las palabras literalmente, para hablar de “la izquierda” es suponer implícitamente que existe algún otro grupo coherente que constituye “la derecha”. Quizás sería menos confuso si lo que llamamos “la izquierda” fuera designado por algún otro término, tal vez como X. Pero la designación de ser de la izquierda tiene al menos alguna base histórica en las opiniones de los diputados que se sentaron en el lado izquierdo de la silla del presidente en los Estados Generales de Francia en el siglo XVIII.

Una manera de definir a la izquierda sería decir que la visión de la izquierda política actual es que el gobierno ha de tomar decisiones colectivas,  dirigida hacia  el objetivo de reducir las desigualdades económicas y sociales. Puede haber versiones moderadas o extremas de la visión o programa de la izquierda. De hecho hay muchas versiones de la izquierda como decía Gustavo Bueno para el que había varias izquierdas pero derechas solo había una: se había producido una jibarización del campo de la derecha propiciado por la propaganda postguerra..

La derecha no es menos heterogénea a pesar de que los izquierdistas siempre han tratado a “la derecha” como si fuera un bloque inseparable del autoritarismo, del estado policial, de la falta de democracia o de egoísmo individual. Derecha y fascismo están -a base de repetir el argumento- muy próximos en el imaginario político de los individuos obviando la existencia de liberales, conservadores sin más, conservadores teocráticos, beatos de distinta naturaleza, los equidistantes y a los libertarios como el propio Sowell.

Como muchos intelectuales repiten hasta la saciedad y cuando pasamos de tales imágenes a detalles específicos, hay una diferencia notablemente pequeña entre comunistas y fascistas, a excepción de la retórica, y hay mucho más en común entre los fascistas e incluso la izquierda moderada que entre cualquiera de ellos y los conservadores tradicionales en el sentido estadounidense. Una mirada más cercana del articulo de Sowell  lo aclara.

El comunismo es el socialismo con un enfoque internacional y métodos totalitarios. Benito Mussolini, el fundador del fascismo, definió el fascismo como el socialismo nacional en un estado que era totalitario, un término que también acuñó. La misma idea se hizo eco en nombre del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes en Alemania, el partido de Hitler, ahora casi siempre abreviado como Nazis, enterrando así su componente socialista.

Visto en retrospectiva, la característica más destacada de los nazis -el racismo en general y el racismo antijudío en particular- no era inherente a la visión fascista, sino que era una obsesión del partido de Hitler, no compartida por el gobierno fascista de Mussolini en Italia o la de Franco en España. En un momento, los judíos estaban de hecho sobrerepresentados entre los líderes fascistas en Italia. Solo después de que Mussolini se convirtiera en el socio menor de Hitler en la alianza del Eje a fines de la década de 1930, fueron judíos expulsados ​​del partido fascista de Italia. Y solo después de que el gobierno fascista de Mussolini en Roma fue derrocado en 1943 y reemplazado por un gobierno títere que los nazis establecieron en el norte de Italia, fueron acorralados y enviados a campos de concentración en esa parte de Italia.

Lo que distinguía a los movimientos fascistas en general de los movimientos comunistas era que los comunistas estaban oficialmente comprometidos con la propiedad estatal de los medios de producción, mientras que los fascistas permitían la propiedad privada de los medios, siempre que el gobierno dirigiera las decisiones de los propietarios privados ellos podrían seguir con su producción. Ambas eran dictaduras totalitarias, pero los comunistas eran oficialmente internacionalistas, mientras que los fascistas eran oficialmente nacionalistas. Sin embargo, la política proclamada de Stalin de “socialismo en un país” no era muy diferente de la política proclamada por los fascistas del nacionalsocialismo.

Lo que identifica la ideología política de un individuo no puede liquidarse diciendo si es de derechas o de izquierdas, pues estamos observando un cluster de variables invisibles que se comportan como zombis. Algo muy parecido a lo que sucede con el mosaicismo genético.

El mosaicismo genético.-

En biología y genética, un mosaico genético o mosaicismo es una alteración genética en la que, en un mismo individuo, coexisten dos o más poblaciones de células con distinto genotipo (dos o más líneas celulares), supuestamente originadas a partir de un mismo cigoto. Para ilustrar este fenómeno se suele recurrir al ejemplo de las mujeres, dado que al tener uno de sus cromosomas X inactivados pueden ser consideradas como mosaicos. Este fenómeno de inactivación ocurre en la embriogénesis temprana (alrededor del décimo día de desarrollo) y, a partir de ese momento, todas las células heredan el patrón de cromosoma X inactivado. Las células tumorales son también un tipo de mosaicismo, en este caso patológico.

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Y el color del pelo de los gatos es otro ejemplo, pues cada célula de la piel del gato genera un color distinto. El gen del color del pelo en los gatos está en el cromosoma X y las gatas tienen dos cromosomas X y a veces presentan este fenómeno llamado “mosaicismo”, significa que en cada tramo de piel (cada célula) el gen puede expresar un rasgo u otro, blanco, negro o marrón. De manera que los gatos de tres colores son siempre hembras a menos que el gato sea XXY es decir tenga un Klinefelter gatuno.

El mosaicismo es una forma tridimensional de representarse la ideología política, siempre y cuando supongamos que la ideología política es algo heredable o innato de lo que existen algunas pruebas, sin embargo hemos de conocer también que muchas veces la ideología política viene dictada por experiencias personales, y por supuesto por fenómenos tan bien conocidos como la propaganda, las subvenciones, la ingeniería social o ciertos fenómenos de exaltación de las masas bien estudiadas por Freud y Reich a partir de su experiencia con el nazismo. Los fenómenos de sugestión colectiva existen y probablemente son mas fácilmente detectables que la heredabilidad de estos rasgos a los que se les ha dado poca importancia hasta hace recientemente poco.

Sowell describe aquí las dos tendencias humanas fundamentales que pueden estar en la raíz de esta impronta genética:

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Dicho de otra manera lo que se heredaría sería una tendencia precognitiva, una “intuición” de como funciona el mundo y que dividiría a los individuos en dos grupos, los “trágicos” y los “utopistas”. A grandes rasgos los “trágicos” podrían ser considerados muy a grosso modo como de derechas, mientras que los utopistas podrían ser catalogados como de izquierdas.

Pero es aquí donde aparece la varianza multinivel que oscurece la genética puesto que la ideología se constituye como una identidad que puede ser volcada en palabras y el intelecto trata de hacer coherente su relato con su precognición. Es ahí donde aparecen todos los sesgos y todas las contradicciones.

Pues los zombis van cada uno a lo suyo y es por eso que en la vida real podemos encontrarnos combinaciones estrafalarias entre ideas que han sido recolectadas aqui y allá de todo tipo y lo peor: los zombis pueden parecer muertos y realmente están vivos esperando el momento oportuno. Es por eso que las proclamas que exaltan la filiación y los sentimientos sean nacionales o internacionales tienen tanto éxito a la hora de despertar esos zombis que como la bella durmiente esperaban un beso reparador que les despertara.

Bacavia

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Pocos saben lo que significa esta palabra, que en realidad es un neologismo -en realidad un acróstico- inventado allá por los 80 por un grupo de intelectuales valenciano-catalanes para referirse a los Países catalanes, una entidad jurídica virtual que aun ronda por el imaginario de muchos de ellos ya jubilados o fallecidos como Joan Fuster pero que mantienen la vieja ilusión de construir una entidad política confederada de las tres regiones Ba-leares, Ca-taluña y V-alenc-ia.

Si se inventó esa palabra fue para eludir la hegemonía económica y cultural de Cataluña pues se pensó que los valencianos o los mallorquines podrían oponerse a un término demasiado escorado a favor de Cataluña en la denominación de “Països catalans”. En realidad el invento que se atribuye a ese grupo de intelectuales que se aglutinaban en las tertulias organizadas por Joan Fuster, no fue un invento colectivo sino un invento de Amadeu Fabregat.

Amadeu fabregat es un chico de mi pueblo, aunque educado en Lérida que llegó a ser director de canal 9 (un invento suyo, me refiero al nombre de doble lectura, “nou” de nueve y “nou” de nuevo), es una persona muy ingeniosa, tanto que se las arregló para que le nombraran Director general de canal 9 en la época de Lerma y eso que no era militante del PSOE. Quien le nombró -fuera el que fuera- no lo hizo por su militancia socialista sino por su catalanismo.

Fabregat había destacado por sus programas de radio, sobre todo con aquel “Cal dir” y “De dalt a baix” donde nos enseñó como se decían las cosas en un “valenciano correcto”, es decir normalizado o catalanizado. A mi que soy valenciano parlante siempre me hicieron mucha gracia que me dijeran que no se decía “calcetins” sino “mitjons”, o mitjes pero no calces, que sentarse se llamara “seures” o que “eixugamans” se dijera en realidad “toballola”y cosas así. La teoría es que el valenciano contenía muchas palabras que eran “castellanismos” y que por tanto estaban mal dichas, en su lugar deberíamos aprender a llamarlas por su nombre, catalán por cierto. Amadeu tiene mucho mérito pues hizo en Valencia lo que muchos años antes había hecho Pompeu Fabra con el catalán bajo las ordenes de Prat de la Riba: transformar un rudo idioma de campesinos en un idioma culto.

Pues el valenciano como el catalán anteriormente era un idioma fundamentalmente rural, en Valencia capital no se hablaba el valenciano y los de pueblo apenas sabían hablar el castellano si no habían ido a la mili o no estaban lo suficientemente escolarizados. Eso le pasaba al tío Canya, héroe del valencianismo reivindicativo del orgullo de no conocer el español.

De lo que se trataba a través de la unidad de la lengua era la de delimitar un mapa político distinto al que conocemos (véase el mapa) y de catalanizar el valenciano y llevarlo a la unificación con lo que se hablaba en el Principat, como se llamaba entonces a Cataluña. Primero unifiquemos el idioma, luego ya hablaremos de Bacavia.

Y no cabe duda de que la primera fase de ese proyecto tuvo mucho éxito, hoy para entrar en la Administración valenciana es necesario tener un grado de valenciano que cuentan como si de una tesis se tratara, y todos los niños están sumergidos en ese idioma desde su más tierna infancia. Personalmente no conozco a nadie que no lo entienda y lo hable más o menos correctamente a pesar de todas las batallas que se dieron en los 90 sobre si el valenciano y el catalán son el mismo idioma o no. Al final incluso hubo una Academia de la lengua destinada a este fin de aclarar y marear la perdiz acerca de si estamos hablando el mismo idioma o por el contrario si son dos idiomas diferentes o una ultima vuelta de tuerca: si no seria el catalán un derivado del valenciano como sugiere Luca de Tena.

Para Luca de Tena existe una lengua Valenciano-Occitana, y el Catalán es un dialecto de ella.

Las tres lenguas con substratos propios se producen en la rotura del latín tras el martillazo árabe a los visigodos, y su ímpetu los arrincona respectivamente en Galia, Cantábrica y Occitania (Glacis Francés entre Pirineos y Loira).
Con la reconquista bajarían vigorizadas al reencuentro mozárabe que las conservaba arcaizadas. No olvidemos que la “Covadonga” valenciana está en Poitiers y Tours, donde Carlos Martel inició la Reconquista del Levante Español.

La lengua se obtuvo y tiene cinco variantes: Lemosín, Alvernés, Gascón, Provenzal y Languedocciano. Fue el Provenzal el que entró en Cataluña (Gerona y Barcelona) o Marca Hispánica. El Lemosín, tras la batalla de Murel (1213), es traído a Valencia y Mallorca por los miles de intelectuales occitanos perseguidos por Francia (política) y la Iglesia (religión) durante y después de la Cruzada Albigense.

En el siglo XIX la burguesía catalana afrancesa su lengua distanciándola de la valenciana, y Prat de la Riba en 1906 encarga al ingeniero industrial Pompeu Fabra la fabricación de la lengua catalana. En 1912 se publica la primera gramática catalana independiente de la valenciana, mezcla de arcaísmos, valencianismos, galicismos y palabras inventadas por Fabra. Del mismo modo Fabregat también hizo sus inventos cuando fue director General de Canal 9. En aquel entonces cuando hubo el accidente de Chernobil, se planteó en las redacciones de Canal 9 el siguiente problema ¿Cómo se llama Ucrania en valenciano?

No se llama de ninguna forma porque los idiomas se forjan en determinados entornos, es por eso que existen palabras valencianas para nombrar casi todos los utensilios agrícolas que proceden del árabe pero ninguna para nombrar inventos tecnológicos. Se podría haber llamado Ucrania a Ucrania pero se optó por el neologismo más catalán, Ucraïna.

La pretensión de imponer esta jerga a valencianos y mallorquines para amalgamarlos en un virtual ente de “Países Catalanes”, responde a un chauvinista y práctico deseo catalán de dominar estas dos regiones que acaparan buena parte de la riqueza española, obsérvese el mapa como se abandonan las zonas pobres del interior de Valencia colindantes con Cuenca y otras de Murcia y se invaden territorios hoy de Aragón. A tal fin, una nueva historia, una nueva literatura, han sido creadas para dar carta de naturaleza cultural al País Catalán, el Reino de Valencia y las Islas Baleares, es decir, la nueva nacionalidad catalana, que carece de ella. Por supuesto que valencianos y mallorquines se han opuesto rotundamente a este invento de absorción.

Y aquí es donde entra Bacavia, la primera fase de este plan. Conseguir el poder político era el siguiente paso, pero la sociedad valenciana siempre se ha mostrado impermeable a esas tesis expansionistas y aunque obviamente hemos perdido el primer combate: el lingüistico, la batalla política no ha hecho sino comenzar.

No cabe duda de que las agendas nacionalistas siguen esta secuencia, primero el idioma, pues el idioma y la religión son los principales elementos de cohesión e impulsan el orgullo de todos los tíos Canyas que sufren así un proceso de desclasamiento hacia arriba y pueden incluso llegar a ser diputados con el único mérito de hablar y escribir el valenciano. Por otra parte y una vez establecido esta permeabilidad lo que queda es apoyar la identidad en el idioma. “Som valencians” puede ser dicho de muchas formas pero a  mi personalmente este grito nunca me supo levantar, la verdad. Después viene el derecho a decidir claro.

¿Y que fue de Bacavia?

Pues Bacavia hoy es una productora de películas propiedad de Amadeu Fabregat.

Primero el idioma, después la identidad y más tarde los aranceles.

Y sin TV no se puede construir ninguna identidad.

La persistencia del carlismo

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Casi todas las zonas urbanas se mostraron leales a la monarquía, restos de la muralla liberal de Castellón

Probablemente Fernando VII fue el rey español más nefasto que hayamos tenido en nuestro país, conocido por el rey felón por unos y “El deseado” por otros ya que dejó España sola cuando fue invadida por el francés.

Casó cuatro veces y solo con su cuarta esposa acertó a tener descendencia. El problema es que al no tener un heredero varón se le ocurrió cambiar la ley -llamada sálica- que impedía reinar a las mujeres. Hoy sería aclamado por este hecho pero lo que importa recordar es que cambió la ley cuando se le antojó y con esta decisión arrastró a España a un siglo de atraso con respecto a nuestros vecinos, un atraso que se vería mayormente ampliado al final del siglo XIX, después del desastre de Cuba.

Con su cuarta mujer Maria Cristina de las Dos Sicilias tuvo dos hijas, una Isabel que posteriormente sería reina de España con el nombre de Isabel II y otra que desapareció de la escena española Maria Fernanda al casarse con el duque de Montpensier. Fernando VII murió joven  con tan solo 44 años en 1833, razón por la que su esposa Cristina fue la regente durante la minoría de edad de Isabel que tuvo que ser reina prematuramente antes de alcanzar la mayoría de edad.

El problema es que no todo el mundo estuvo de acuerdo con esta abolición de la ley sálica, más concretamente no lo estaba su hermano menor Carlos Isidro cuya personalidad manipuladora y conspiradora ha pasado a la historia con mayor o menor razón. El caso es que Carlos Isidro tras morir su hermano Fernando el 29 de septiembre de 1833, emitió el Manifiesto de Abrantes el 1 de octubre, en el que declaraba su ascensión al trono con el nombre de Carlos V. El 6 de octubre, el general Santos Ladrón de Cegama proclamó a Carlos como rey de España en la localidad de Tricio (La Rioja), fecha en la que se da como comenzada la Primera Guerra Carlista.

Es importante señalar que durante el siglo XIX España tuvo tres guerras carlistas y algún episodio marginal relacionado con ellas, como la Octubrada en 1900, después el carlismo desapareció al menos militarmente hasta la guerra civil española donde los requetés navarros prestaron una ayuda trascendental a Franco y al Alzamiento Nacional, una ayuda que el dictador les pagó en forma de concierto o cupo vasco, sobre todo a Navarra, puesto que Vizcaya y Guipuzcoa fueron castigadas por no sumarse al bando nacional (aunque recuperaron su propio cupo en la Transición).

¿Qué es el carlismo?

Aunque el carlismo aparece en la escena política a partir de ciertas ideas legitimistas, es decir la defensa de un rey verdadero frente a una reina “impostora”, el carlismo es un movimiento mucho más complejo y de alcance más profundo de lo que aparenta. Este post está escrito para alumbrar ciertas ideas que puedan ayudar a comprender como el carlismo del XIX logró sobrevivir al desastre de Cuba, a la guerra civil, al propio Franco y a la Transición democrática española. El carlismo es un fenómeno de largo alcance y aun hoy lo podemos rastrear en ciertos movimientos políticos como el nacionalismo vasco y catalán. No hay que olvidar que tanto el nacionalismo vasco como el catalán aparecen a mitad del siglo XIX.

Más allá de su apariencia legitimista el carlismo es sobre todo un movimiento rural y tradicionalista, un movimiento reaccionario que en sus orígenes propugnaba, no solo la vuelta al Antiguo Régimen, sino también una política de Cristiandad.  Hace falta señalar que el carlismo fue un movimiento anti-urbano, una llamada a la vuelta a los orígenes y que estaba compuesto por beatos, clero, propietarios rurales y gañanes sin educación, no es de extrañar que el carlismo prendiera en el Maestrazgo pero no en Castellón ni en Valencia, lo hizo en Aragón, pero no en Zaragoza, y también en las vascongadas pero no en Bilbao. Por supuesto fue muy importante en Cataluña pero no en Barcelona. 

Si hubo tres guerras carlistas es porque se trataba de un empate infinito, cada guerra terminaba más por agotamiento logístico y hambruna que por victorias claras de un rival sobre el otro. Y el hecho de que durara casi 100 años demuestra que no se trataba de un conflicto baladí sino de algo mucho más profundo que un “quita tu rey para poner el mío”. Lo que estuvo en juego en esa larga guerra fue una España atrasada e inculta, rural, conservadora y ultracatólica contra una España que aspiraba a la modernidad a través de las ideas liberales con una constitución la de 1812 que duró bien poco al ser aniquilada por el propio Fernando VII. Liberales contra carlistas es una forma de decir, rural-católicos contra urbano-aperturistas en la interpretación que hace Sergio del Molino sobre este conflicto.

En este sentido vale la pena leer el libro de Sergio del Molino, titulado “La España vacía”, para del Molino se trataría mas bien de una guerra de una España que empezaba a despoblarse contra la España llena de las ciudades. Una España vacía contra una España llena, tendencia que el propio Molino señala como el Gran Trauma que culminó después de la guerra civil española con el abandono del campo de casi media España.

El anhelo campesino del español medio permanece en nuestro inconsciente colectivo, vale la pena pensar en eso que hemos llamado “fines de semana”, esa especie de peregrinaje continuo de nuestros ciudadanos urbanos en busca de la pureza campestre, que hablan de un retorno, de una nostalgia, de algo que se perdió y que no tuvimos nunca (de ahí su valor de fetiche perdurable) y que podemos recobrar aunque de formas edulcoradas a través de la gastronomía o del turismo rural. Casi todos nosotros si nos remontamos dos o tres generaciones somos campesinos.

Los carlistas de hoy ya no llevan boinas rojas, ni son católicos furibundos y de alguna forma han alzanzado la ilustración, tienen carrera o al menos la empezaron y estudios y aunque están en paro no son en realidad conscientes de sus orígenes. Casi todos son urbanitas y militan en partidos o colectivos de izquierdas o nacionalistas (excepto la CUP o Podemos que tienen otra extracción). Pdcat, Esquerra republicana, el PNV y Bildu son en su origen carlistas reconvertidos al nacionalismo, también algunos representantes del PSOE y del PP.

El nacionalismo en realidad mantiene vigentes ciertas ideas del carlismo, su gusto medievalizante y su añoranza de las instituciones forales. Podría hacerse un catálogo de topónimos y de “nombres medievalizantes. “Juntas”, “Xuntas”, “Cortes”, “Diputación (del) General”, “sindic de greuges“, “Generalitat”, “Consellers”, etc. ¿Cómo puede explicarse que en pleno siglo XXI hablemos de cupos vascos o navarros?

La desigualdad en España se ha profundizado con el estado de las Autonomías que es un sistema federal encubierto y asimétrico, un generador de desigualdades entre los ciudadanos españoles.

No cabe duda de que la España de las autonomías abrió una espoleta oculta de nostalgia de “otro tiempo mejor”, el tiempo en que España aun no podía considerarse un Estado-nación, en realidad los defensores de este modelo fueron los que perdieron privilegios en la Edad Media, baste como ejemplo citar a los comuneros de Castilla, usualmente presentados como héroes, en realidad no eran sino nobles  que temían perder sus privilegios en relación a las huestes de Carlos I que se aprovisionaba en Alemania. Baste recordar que Carlos I se enfrentó al problema de la Reforma que prendió fácilmente en la Alemania feudal y que gran parte de sus problemas procedían de aquel lugar que sufrió una regresión politica con el luteranismo.

imperiofobia

Los poderes locales, reaccionarios y forales fueron los que se enfrentaron al Imperio y lo socavaron desde dentro valiéndose de la propaganda (la leyenda negra que tan bien explica Elvira Roca Barea en su libro “Imperiofobia”.

Hoy la cuestión es un poco más complicada: los antiguos carlistas ya no son rurales sino urbanitas contaminados por la lucha de clases y ya no son ultracatólicos sino indiferentes religiosamente hablando o bien ateos, algunos le llaman la burguesía porque efectivamente las ciudades ya no son solo de su propiedad, los charnegos y en cierta forma los inmigrantes interiores les han cogido la vez. Es por eso que entre los nacionalistas no solo están los antiguos burgueses de la catalanidad bienpensante sino los que se han reconvertido a la fe nacionalista. Rufián es el arquetipo de esta reconversión en Cataluña, una especie de mezcla de chulería y altivez desvergonzada que contrasta con la invisivilidad de sus padres y abuelos, los verdaderos emigrantes que abandonaron sus pueblos andaluces para buscarse un mundo mejor en Cataluña, un arquetipo que asoma en el personaje de Juan Marsé “Pijoaparte” . Ellos, sus nietos han perdido la vergüenza y no necesitan ponerse una boina roja para abrazar las instituciones forales sin caer en la cuenta de su pecado de reacción al progreso.

El Gran Trauma

De Peter Turchin ya hablé aquí en otro post donde comenté su libro seminal “Tiempo de discordia”, donde pronostica un tiempo histórico de grandes convulsiones que serán de proporciones crecientes hasta 2020. Se trata del creador de una nueva ciencia basada en el “big data” y que ha llamado “Cliodinámica”.

Turchin es en realidad un biólogo evolucionista que ha intentado aplicar las leyes evolucionistas a la historia, algo al menos sorprendente pues no está nada claro que la cultura evolucione tal y como entendemos la evolución de los seres vivos, Pero sus ideas son interesantes porque nos permiten pronosticar al menos de una forma aproximada por donde van a ir los conflictos en las sociedades contemporáneas, -los malestares de nuestra cultura- a partir de una serie de datos enlazados con su algoritmo.

Escribo este post después del día 1 de Octubre, un día aciago en nuestra historia presente y me voy a referir a él simplemente para hablar de su ultimo post, donde precisamente aborda el tema de la independencia de Cataluña.

Parece que Turchin se alinea con los independentistas y no solo con los catalanes. Según él, la viabilidad de un Estado está relacionada con su tamaño y se hace la siguiente pregunta ¿Qué tamaño ideal ha de tener un Estado para poder soñar con ser independiente? Turchin da por buena la idea de que Cataluña y también Escocia podrían ser independientes al asegurar que tributan más a Madrid que el resto de regiones españolas. Pero también cuenta que un Estado tiene costes, como embajadas, ejércitos, reconocimiento internacional, etc y sobre todo el tema del euro y su pertenencia a la UE y sobre todo la cuestión siempre aplazada d ella deuda, ¿Cuanto dinero debe Cataluña a la UE?.

La teoria de Turchin es que la población que vota en un referéndum de estas características no está informada de las consecuencias de sus actos y es por eso que suele decirse que los referéndums los carga el diablo. Pero Turchin no se equivoca al pensar que las sociedades, al menos algunas sociedades que se consideran a sí mismas minorías lingüísticas (como Flandes) o étnicas (como Silesia) junto a otras más económicas como Cataluña tienen espejos en Europa que podrían estallar al mismo tiempo que Cataluña, baste recordar a Occitania o  Bretaña en Francia o Baviera en Alemania o Padania en Italia. ¿Pero se vive ahora mejor en Croacia o en Bosnia que en la época en que Yugoeslavia era una nación unificada?.

Ya sabemos como terminó ese proceso de fragmentación de la antigua Yugoeslavia que llamamos “balcanización”, sabemos que costó muchas vidas humanas en una guerra fratricida cuyas consecuencias aun están lejos de evaluarse. Es por eso que en adelante voy a hablar de ese proceso que llamamos “balcanización” y que es al parecer lo que Turchin defiende o mejor, pronostica. Y que ha sido nombrado también como la Europa de los pueblos una especie de federación de regiones con Estado incluido que obviamente deberían segregarse de su patria común.

La balcanización de Europa parece que está en la agenda de algunos de esos oscuros poderes que nos gobiernan desde el deep state (la sociedad profunda de la que hablé en este post). Y si admitimos que este proyecto existe aparecen inmediatamente dos posturas 1) los que creen que la balcanizacion es previa a la islamización y 2) los que creen que la Europa de los pueblos haría a la UE más fuerte y cohesiva de lo que es ahora.

No se si Turchin en su algoritmo ha tenido en cuenta estos designios de las “deep states” o si cuenta con el poder de la propaganda en estas regiones. Por ejemplo no ha contemplado que el proceso de paso desde el catalanismo al nacionalismo catalán ha sido un proceso de unos 30 años, privilegiando una educación sesgada y unas prebendas hacia todos los medios simpatizantes con el proyecto. No se tampoco si en su algoritmo entraba la crisis económica que hemos tenido que soportar todos los españoles (y de la que casi ya habíamos salido) o las castas corruptas del 3% que pretenden escapar de la Justicia española.

Es muy probable que en su algoritmo estos detalles relativos a Cataluña no hayan sido tenidos en cuenta, pero a mi me gustaría añadir algunas cuestiones después de leer este libro que me ha parecido muy ilustrativo de los males de España. Se titula “La España vacía” de Sergio del Molino.

españa vacia.jpg

Probablemente usted no habrá nunca pensado en el tamaño de nuestro país y el tamaño importa como verá a continuación. España es el segundo país de Europa en cuanto a extensión por detrás de Francia y por delante de Alemania. España es un país muy grande aunque no lo parezca en el mapa, pues en las proyecciones de los mismos los países mas al norte parecen más grandes que los países del sur.

Aqui tienen un gráfico de la extensión de distintos países europeos. Observarán como España es el segundo después de Francia. Ahora vamos a ver otro gráfico con la densidad demográfica. Observarán que el país con mayor densidad geográfica es Holanda y el menor Islandia. España sin embargo se sitúa por detrás de Francia, Alemania, Hungría, Italia y Txequia. Dicho de otro modo España es un país poco poblado con grandes áreas desérticas.

Si descontamos el Centro y Madrid, toda la población española se agolpa en el litoral mientras que grandes zonas de la Mancha, Aragón, Extremadura, y Castilla- León se encuentran despobladas, mal atendidas en cuanto a servicios y abandonadas a su suerte, es importante señalar que Soria aun no tiene ferrocarril. Aquí hay un gráfico de Km de ferrocarril en términos relativos:

Transporte-G06

Pero el dato más interesante es sin duda este que habla de población bruta: España tiene 46, 5 millones de habitantes mientras que Alemania con una menor extensión tiene 86, 6. Y Cataluña 7, 6 millones lo que supone el 16% de la población total española. ¿Cual de estas naciones tiene más oportunidades para ser un estado independiente y autónomo. ¿Es Cataluña demasiado pequeña? ¿Es Alemania demasiado grande?

Lo cierto es que tanto ser demasiado pequeña como demasiado grande son hándicaps para una desarrollo igualitario de sus ciudadanos, el ejemplo que siempre se pone es Rusia, un país absolutamente invertebrado. Lo mismo sucede en la UE, un país demasiado potente como Alemania o Francia acaba por imponer sus agendas nacionales al resto de los países del sur y ésta es una de las críticas más importantes que se ha llevado Alemania desde sus socios del sur como Grecia, Italia o España.

Lo que está fuera de toda duda es que España es un país a medio hacer o como dice Sergio del Molino, un país que nunca fue y señala el Gran Trauma que se produjo después de la guerra civil (década 50-60) con la inmigración interior desde las zonas rurales hacia las ciudades. En su libro hay cantidad de anécdotas sobre la invertebración de nuestro país pone como ejemplo las Hurdes y los Monegros  (pero podríamos poner muchos más ejemplos) abandonadas a su suerte durante siglos hasta que ciertos personajes ilustrados como Marañón y más tarde Buñuel irrumpieron en aquel trato obligando al Gobierno a intervenir.

España es solo su litoral y su centro, un modelo jacobino y radial disfrazado de federal por sus autonomías profundamente ineficaces que no han resuelto en gran parte el tema de las desigualdades entre regiones y ni siquiera han sido capaces de atender a sus propios ciudadanos. Y esta es precisamente su debilidad.

Lo realmente interesante del caso español es que no son las regiones más pobres las que reivindican o piden un trato más justo por parte del Estado sino su región más rica, Cataluña lo que nos hace pensar en que no vamos hacia una Europa de los pueblos sino a una nueva imposición de ciertas élites que utilizan los sentimientos nacionales para ejecutar sus planes de balcanización.

Pero en realidad la mitad de la tarea ya estaba hecha, las grandes desigualdades que existen en nuestro país suponían un caldo de cultivo ideal para que sucediera este fenómeno: la enorme concentración de recursos en el centro y en Barcelona ha dejado despoblada la península, el fenómeno contrario al de nuestra guerra civil. Entonces la mitad de la población vivía en entornos rurales, era casi analfabeta y pasaba mucha hambre.

Se trata ahora de la rebelión de las élites. Los ricos se han cansado de pagar.

Eso es todo.

Nota liminar.-

En España existe al menos otro gran Trauma previo al que señala Sergio del Molino : el de la perdida de las ultimas colonias en Cuba y Filipinas. 1898 es el inicio del fin del Imperio y nos ha costado un siglo XIX caótico y mísero con tres guerras carlistas, pronunciamientos militares, una República fallida y muchos muertos. Parece que el bucle melancólico aun no ha terminado.

Pero la guerra ha dejado de ser el motor de la evolución social. Las identidades son las que han venido a sustituir a la conquista bélica, son los ciudadanos a través de sus sentimientos los que parecen dirigir la evolución de los hechos, siempre apoyados, claro está por aquellos que buscan obtener beneficio.

 

La vieja cançó

Cataluña es un pais de tenderos y no lo digo de forma peyorativa sino como alabanza, muy parecido al reino Unido y probablemente la base de su pujanza económica. Vale la pena visitar este post sobre la aparición de la clase media inglesa para saber a qué me refiero.

En ambos casos, tanto en Inglaterra como en Cataluña sucedieron cosas importantes, y relacionadas con una explosión de talento allá por la década desde 1970 hasta 1980. En el primer caso se trató de una explosión de talento pop por así decir con influencias del rock y del blues, casi todos los grupos que nos trajeron aquellas innovaciones musicales de los 70 eran procedentes de artistas nacidos después de la segunda guerra mundial, desde 1947 hasta 1954. Y se concentraron además en determinadas ciudades como Birmingham, Liverpool, Manchester o el mismo Londres.

No cabe duda de que el trauma de la gran guerra tiene algo que ver en esa explosión de talento pero no hemos de olvidar tampoco el baby boom  ni a los inmigrantes de las colonias inglesas. Sea como fuere aquella explosión de creatividad no se ha vuelto a repetir.

En Cataluña sucedió algo parecido que vino a conocerse como la “Nova cançó”, se trató de una especie de renacimiento artístico, una eclosión de artistas que tenían como denominador común expresarse en catalán. Reunidos bajo el epígrafe del setze jutges animaron a toda una generación y sobre todo propusieron una nueva estética en la escena y un nuevo estilo que vino a conocerse como “cantautores”. Significa que los cantantes componían sus propias canciones, sus propias letras  y lo hacían a menudo acompañados de una sola guitarra. Su relato era muy verosímil y prendió. Este post va dedicado a ellos, esa generación que bebió de fuentes francesas más que anglosajonas y donde Jacques Brel fue el padre de todos ellos, empezando por “Pi de la Serra”, que como el lector podrá observar tenia un deje de lo más existencialista, nada que ver con el pop que nos venia de las islas británicas.

 

Es interesante señalar que solo muy tangencialmente o como concesión comercial este movimiento fue reivindicativo o político, más bien se trataba de catalanismo en estado puro, muy alejado de lo que hoy entendemos como nacionalismo catalán. Mi impresión es que fue precisamente este aspecto puramente estético, artístico lo que dotó a este movimiento de credibilidad y vale la pena decir que se produjo en un contexto muy concreto: la España franquista.

Solo en unos pocos podía adivinarse este aspecto más combativo o político aunque en clave de resistencia a la Dictadura, nótese en este Lluis Llach y como la estaca parece representar a la dictadura obligatoria. Lo cierto fue que la estaca no se soltó y Franco murió en su cama.

En Valencia hubo también dos cantantes que vale la pena recordar aquí, uno fue Raimón que es muy conocido por “Al vent” pero que brillaba con luz propia cuando musicaba a poetas medievales como Ausias March o se ponía lírico como en esta canción dedicada a su esposa italiana:

También Ovidi Montllor comenzó su carrera como reivindicador descamisado con aquella “Samarreta”, con la que se presentó en Valencia en sociedad,  pero poco a poco su carrera fue tomando otros senderos mas sofisticados con aquellos recitativos de poetas como Vicent Andrés Estellés, vale la pena recordar éste, acompañado a la guitarra por Toti Soler.

 

Cada uno de los “setze jutges” tuvo una carrera distinta, la vis cómica de Guillermina Motta, la búsqueda experimental de un sonido mediterráneo como en Maria del Mar Bonet, que en ocasiones dio también alguna muestra de compromiso político como cuando cantó aquello de ¿Qué volen aquesta gent”, un recuerdo de cuando la policía entraba de noche en un domicilio para registrar la casa en busca de octavillas.

 

Pero sin duda el gran artista que brilla sobre todos los demás es Joan Manuel Serrat que ha tocado todos los palos y ha triunfado tanto en castellano como en catalán, abriéndose paso más allá de Cataluña gracias a ser un artista completo. He elegido este tema con letra de un gran poeta catalán, Joan Salvat Papasseit para ilustrar esta versatilidad.

En suma la cançó fue un fenómeno cultural, estético, artístico parecido a la Renaixenxa que comenzó siendo un periódico y que emergió en la dictadura de Franco y catapultó a muchos de aquellos babyboomers catalanes que fueron de alguna manera la vanguardia de otros que surgirían en el resto del país.

Su éxito se debe a dos razones, el catalanismo ha existido siempre pero se hallaba circunscrito al lenguaje común, naturalmente que antes de ellos ya se hablaba catalán en sus casas pero casi nadie con una cultura media había tenido la oportunidad de proyectarlo en canciones populares y poesía al alcance de todos, incluyendo a los no-catalanes.

Pero parte de su éxito también fue que no tenia adherencias políticas salvo en algunos casos y si las tenia era contra el franquismo y la Dictadura, lo que hacía de cemento de unión y naturalmente carecían de subvención.

El catalanismo es algo bien distinto al nacionalismo catalán que parece haber terminado con los intelectuales, poetas y cantautores catalanes.

¿Qué se hizo de ellos?

Solo Serrat y Maria del Mar Bonet en menor grado permanecen en pie, el resto ha desaparecido de la escena pero permanecen en nuestros recuerdos y ahí seguirán como mitos a medida de que se desdibujen sus contornos.

 

 

La claridad de las naciones

quebec

Dice Pedro Sanchez que España es una nación de naciones y es por eso que propone un arreglo constitucional para adaptar la ley de leyes a esta nueva ocurrencia. Nadie sabe en cuantas naciones está pensando Sanchez pero no seria descabellado suponer que aparte de Cataluña y Euskadi también Galicia podría beneficiarse de un estatuto jurídico ad hoc. Lo que no sabemos es qué pensarán el resto de Comunidades, me refiero a esas otras españitas que constituyen los parientes pobres de nuestro Estado.

Yo admitiría de buen grado que Extremadura o la Mancha se constituyeran en algo diferente a los que son pues estamos hablando de comunidades depauperadas y que representan la cara más humilde de nuestro Estado. No se entiende como las reivindicaciones siempre vienen de las comunidades mas ricas y no de esos otros abandonados y con tanta desigualdades que parece que sean -esta vez si- de otro país. Pero no voy a hablar del derecho al pataleo sino de proponer soluciones a ese problema endemoniado que es el encaje de Cataluña.

El problema es que cuando hablamos de nacionalidades estamos pensando en territorios y no en ciudadanos.

¿Por qué la comunidad valenciana comienza en Vinaroz y acaba en Orihuela? ¿Qué tiene que ver Cofrentes o Ademuz con lo valenciano? ¿Por qué Segorbe y toda la comarca del alto Palancia pertenece a Castellón y no a Teruel?¿Es Tortosa una nación en sí misma como en la época de los templarios? ¿Es catalán el valle de Arán o francés?

Digámoslo claramente, se trata de decisiones administrativas antiguas, mas cercanas a la Constitución de Cadiz que a la actual en donde la provincia emergió como unidad geográfico-administrativa a veces forzando la realidad de las comunicaciones o proximidades. Fue en cierto modo una decisión arbitraria, trazada sobre mapas y por encima de los ciudadanos.

El proceso de secesión que estamos viendo estos días en Cataluña es un ejemplo respecto a esta cuestión. La mitad de la ciudadanía quiere emanciparse de España y la otra mitad no. ¿Qué se hace en este tipo de situaciones? La mayor parte de nosotros estaríamos de acuerdo en que se preguntara a los ciudadanos, ¿pero cual seria la pregunta adecuada?

Para mi la pregunta adecuada seria esta: ¿A quién quiere ud pagar impuestos, al Estado o a su comunidad autónoma? Una vez contestada esta pregunta, cada ciudadano tendría un referente administrativo, habría quien elegiría al Estado y habría quien financiaría a su propia comunidad. Sin escindir los territorios, los ciudadanos tendrían esta vez si, la oportunidad de decidir. Y naturalmente este derecho a decidir seria para todos los españoles y no solo para los catalanes.

La oportunidad o derecho de decidir, en otro orden de cosas también merecería la pena integrarlo en una nueva redacción de la Constitución (entre otras muchas cosas). Pero hay que decidir qué es lo que los ciudadanos pueden decidir y qué no pueden decidir, necesitamos una ley de claridad.

Quebec es una de las diez regiones federadas y que constituyen el Canadá actual. De habla francófona se diferencia sustancialmente del resto de provincias y nacionalidades canadienses que son fundamentalmente anglófonas. Allí en Quebec ya han habido dos procesos para decidir si irse o quedarse. Y allí, en Canada es donde estas cosas sobre lo que se puede o no decidir están puestas en blanco y negro en forma de ley. Se llama ley de claridad.

La ley de claridad.-

El primer requisito es que el proceso comenzaría con una pregunta clara e indubitada en un referéndum sobre el deseo de secesión (y de ahí el nombre de “Ley de Claridad” como se conoce a la norma). Y que el mismo deba ganarse con unos requisitos especiales de participación, pues no se considera razonable que un cambio tan trascendental y de efectos tan generales sea decidido en definitiva por un sector minoritario de la población, como pretenden los impulsores del referéndum catalán y como ocurrió también con el aprobatorio de la última reforma estatutaria que tantos problemas ocasionó.

-El segundo requisito es que ese referéndum ganado sería un mero comienzo, y no un final del proceso de separación. Allí no pierden de vista que ese camino requeriría complejas negociaciones para resolver de forma amistosa todos los enormemente arduos problemas que una secesión trae consigo. Mucho mayores, por ejemplo, que los que ha de resolver el Reino Unido para salir de la Unión Europea, donde aun así se considera asfixiante el plazo legal de dos años para concluir un acuerdo.

-El tercero es que la cesión no ha de darse necesariamente sobre toda la provincia canadiense en la extensión territorial que hoy tiene. En este requisito quiero insistir hoy.

Si existen en la provincia consultada ciudades y territorios en los que la proporción de unionistas sea sustancial y claramente mayoritaria, aquélla, para separarse, debe aceptar desprenderse de ellos para que puedan (por ejemplo, formando para ello una nueva provincia) seguir siendo parte de Canadá. Esto parece que tiene una buena justificación. De la misma manera que Canadá adopta una postura abierta respecto a la potencial salida de territorios con una sustancial mayoría de habitantes que no desean seguir siendo canadienses, la Provincia también debe aceptar desprenderse de porciones de la misma por la razón, en este caso simétrica e idéntica, de que una mayoría sustancial de su población sí desee seguir siendo canadiense. (Extraido de esta web)

Dicho de otro modo, el derecho a decidir es para todos y si Tortosa o Barcelona no quisieran separarse, los independentistas deberían aceptar “el derecho a decidir” de sus vecinos.

Naturalmente los independendistas rechazarían esta opción por las mismas razones con las que el Estado rechaza fragmentar el país: la integridad territorial, algo sagrado para casi todos. Ambos contemplan el fenómeno en clave territorial y se olvidan de las personas. Un independentista tenderá siempre a querer absorber territorios que considera irredentos más que a estar dispuesto a desprenderse de otros sobre los que domine. Si consideramos encuestas y comportamientos electorales recurrentes, la renuncia a Barcelona, a su zona metropolitana, a buena parte de la costa, además del Valle de Arán y probablemente otras comarcas, para respetar la voluntad claramente mayoritaria de sus habitantes de querer seguir siendo parte de España y de la Unión Europea puede producir un efecto paralizante del impulso hoy desbocado del nacionalismo a la secesión.

Como ha ocurrido en Quebec, donde los nacionalistas no están de ninguna manera dispuestos a renunciar a Montreal y a otras zonas trascendentales por su riqueza, cultura y valor simbólico para constituirse como un país más rural, atrasado y reducido de lo que hoy son.

Debe ser por eso que los independendistas de Quebec ya no quieren referéndums, lo que demuestra que la “ley de claridad” consiguió desactivar ese nacionalismo antiguo que trata de fragmentar países más allá de construir puentes entre los ciudadanos.

Y es precisamente en este argumento donde el “derecho a decidir” hace aguas. Derecho a decidir si, para todos y según la ley.

En el debate es preciso introducir ya este factor. España debe en todo caso empezar a amparar a sus ciudadanos que, en Cataluña, desean seguir siendo españoles y están hartos de sentirse rehenes abandonados al nacionalismo.

Las autonomías en un país centralizado.-

Personalmente siempre estuve a favor de las autonomías, es necesario reconocer que sin ellas no tendríamos carreteras, ni Hospitales, ni teatros, ni casi nada en las provincias más periféricas del Estado. ¿Por qué iban a ocuparse en un lejano ministerio madrileño por los accidentes de una determinada carretera nacional si a ellos no les afecta?¿Hubiera sido posible un aeropuerto en Castellón si hubiera sido decisión del ministerio de obras publicas? Otra cosa es discutir si era necesario o no, pero lo que es cierto es que no se hubiera construido de no darse ciertas circunstancias bien conocidas por el publico en general.

Las decisiones del Estado siempre quedan empantanadas en los despachos madrileños durante años y como ejemplo tenemos “el corredor mediterráneo”, una obra vertebradora para las provincias que más lo necesitan y que son las que abastecen los mercados con más cantidad de productos. Las autonomías al acercar el foco de las decisiones a los ciudadanos han conseguido romper la simetría nacional, para lo bueno y para lo malo. España ya no se puede pensar como un círculo de cuyo centro nacen rayos que llegan a todos los puntos de la circunferencia. Y lo cierto es que estos recursos, con ese modelo ya no llegaban o cuando llegaban ya estaban obsoletos.

Pero lo cierto es que el modelo autonómico ha aflorado todas sus contradicciones y es hoy un peso muerto para nuestra deuda externa y el Estado que ha de lidiar constantemente con las comparaciones que unas y otras -y con respecto a su financiación- llevan a cabo las autonomías como eje de su política.

Así va creciendo entre la opinión publica, sobre todo de aquellos que se encuentran mas cerca de Madrid, la idea de que las autonomías sobran y que el Estado debería volver a asumir el control de la periferia. No estoy de acuerdo con esta idea, salvo en algunos detalles: por ejemplo debería haber una ley de educación nacional que implicara a todas las autonomías, debería haber un plan hidrográfico nacional y deberían abordarse de forma centralizada las decisiones sobre el trazado de ese corredor mediterráneo que naturalmente debe pasar por Cataluña y no por Aragón. Del mismo modo el estado debería asistir de forma muy prioritaria las comunicaciones en Extremadura. ¿Qué está pasando con el ferrocarril en Extremadura?

Las autonomías no debieron pensarse como parlamentos regionales que dictaran sus propias leyes, sino como centros de gestión descentralizada que complementaran las funciones del Estado central. Tal y como están diseñadas son demasiado caras y generan más divisiones que cohesión entre los españoles. Cada uno mira su campanario y es incapaz de ocuparse del resto de asuntos colectivos. Demasiado despliegue de políticos, funcionarios y demasiada burocracia sin acabar de resolver el tema de que Castellón o  Alicante siempre serán periferia para Valencia. De manera que aquellos que como yo viven en una ciudad pequeña mantenemos con la capital el mismo trato que mantuvimos con Madrid. Estamos solos.

Es lógico porque los políticos piensan en términos de territorios y privilegian a los núcleos urbanos donde hay mas riqueza y población, en este caso Valencia por encima de Alicante o Castellón. Tanto el modelo territorial como el poblacional son disfuncionales.

Solo si estamos de acuerdo en que los individuos, los ciudadanos somos iguales y tenemos los mismo derechos y creo que esa idea es muy compartida por todos los españoles.

Un modelo centrado en la ciudadanía.-

El modelo que propongo es que cada ciudadano pueda elegir con independencia del territorio en el que viva su régimen de dependencia administrativa. Un modelo dual por así decir que no afecte a los territorios sino a las personas. Unos pagarían sus impuestos completos al Estado y otros a su Autonomía. seriamos por así decir clientes de dos empresas distintas y que se dedicarían a implementar servicios que ofrecer a sus “clientes”. Naturalmente el Estado correría con el gasto del ejército y fuerzas de seguridad, la Justicia, las pensiones y ciertas leyes de obligado cumplimiento para todos. Asimismo el Estado y las Autonomías deberían abrir un periodo de negociación para ver la titularidad de ciertos servicios, por ejemplo qué Hospitales son del estado y cuales de la Autonomía con independencia de que entre ellos pudieran llegar a acuerdos y facturarse entre sí.

Yo podría ser del estado y mi mujer de la Autonomía, lo que redundaría en un cambio en esa sensación de irredentismo sagrado que acompaña a todo lo nacional, patrias, idiomas y tradiciones pasarían al museo etnográfico (al aire libre) de donde nunca debieron salir.

Qué más da cuantas naciones hay, somos 43 millones de ciudadanos.

 

 

La ley de secesión y sus limites: la ley de claridad canadiense