Magnicidio, golpe de Estado y terrorismo (I)

Lo primero es definir qué es cada cosa a fin de discriminar de qué estamos hablando cuando hablamos de magnicidios, golpes de estado y terrorismo y aunque hay un cierto parecido entre ellos es necesario la discriminación entre estas actividades que son en cualquier caso actividades subversivas que persiguen un fin político casi siempre: cambiar las políticas de un país determinado sea en lo referente a su política exterior, sus alianzas o su régimen interno.

Un magnicidio puede definirse como el asesinato único de una persona de alta representación en el Estado, sea presidente del gobierno, primer ministro, rey, príncipe o alto dignatario, lo suficientemente alto como para provocar un efecto de cambio en políticas concretas en ese Estado. Lo que le distingue de una revolución o revuelta donde no hay sólo un muerto sino miles o de las guerras civiles donde hay dos bandos del ejército enfrentados. Mi listado incluye tan solo a aquellos mandatarios que en el momento de su asesinato ostentaban representación gubernamental.

Me referiré tan solo a los magnicidios que yo he conocido y dejo al lector interesado con el libro de Perez Abellán que preside este post para ampliar sus puntos de vista sobre el pasado español. He conocido los siguientes:

  • John F. Kennedy
  • Aldo Moro
  • Carrero Blanco
  • Olof Palme
  • Gandhi y su hija Indira
  • Sadam Hussein
  • Gadaffi

Quedan pues fuera de estos homicidios aquellos otros de gente importante y que responden a otro tipo de motivaciones en sus asesinos, a veces políticas como en el caso de Calvo Sotelo, a veces de venganzas personales como en el caso de Lorca, venganzas de estado como en el caso de Obama Bin Laden, de crímenes racistas como en caso de Martin Luther King o de crímenes paranoicos como el caso de John Lennon.

Lo interesante de estos crímenes es que efectivamente persiguen un cambio de régimen pero no siempre lo consiguen, debe ser por eso que los magnicidios están de capa caída y han dado lugar a otro tipo de estrategias subversivas como los golpes de Estado blandos o los atentados terroristas. Considero -personalmente- que los atentados terroristas son una evolución de los magnicidios, solo eso explica que las personas más odiadas del mundo como Maduro o Donald Trump aun se hallen entre nosotros.

Perez Abellán describe en su libro un patrón después de analizar los atentados que han tenido lugar en España, lugar -según él- de magnicidios viciosos, desde el de Prim, pasando por Cánovas y Canalejas hasta llegar a Carrero Blanco y por supuesto el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda a cargo de Mateo Morral. El patrón es el siguiente.

1.- Existen fallos patentes de seguridad en este tipo de crímenes.

2.- El perpetrador actúa como si la policía no existiera y se mueve por los alrededores sin ser detectado.

3.- Los responsables por su negligencia no son apartados de sus responsabilidades sino que hacen carreras muy destacables como el Conde de Romanones.

4.- Las pruebas físicas como balas o artefactos explosivos se pierden, los documentos aparecen emborronados o con tachaduras. Las investigaciones son siempre poco minuciosas y aparecen pruebas falsas.

5.- Los criminales son siempre personas que proceden de ideologías extremas, aunque manejan gran cantidad de dinero, viajan solos y según las versiones oficiales operan por si mismos. Nunca se llega al fondo de la cuestión respecto a los promotores del crimen que siguen ocultos a la mirada oficial.

Dicho de otra forma, el patrón señala hacia el hecho de que la mayor parte de estos crímenes son crímenes de Estado o como diríamos hoy de las cloacas del Estado. Hay una clara convivencia entre los resortes de seguridad que parecen desaparecidos del lugar donde se lleva a cabo el atentado, la policía que custodia las pruebas halladas en el lugar, etc. El autor oficial del crimen suele ser un anarquista, un comunista, un fascista, un grupo terrorista que inmediatamente se adjudica el atentado (aunque no tenga nada que ver) o un lobo solitario que siempre aparece con su documento de identidad o su partida de nacimiento al lado. Dicho de otra forma el perpetrador suele ser un sicario o grupo de sicarios que operan bajo las ordenes de otros. A veces un miembro de la CIA como el caso de Lee Oswald, un tirador de precisión que obviamente no actúo por propia iniciativa si recordamos los enemigos que John F. Kennedy tenia en aquel entonces en USA.

Los crímenes de esta naturaleza tienen la virtud de señalar a sus beneficiarios si bien no existen casi nunca la posibilidad de encontrar pruebas fehacientes de su culpabilidad en un juicio de garantías. Todo el mundo fue capaz de advertir que Lindon B. Johnson junto con el complejo militar industrial y la Mafia fueron los principales beneficiarios de la muerte de John F. Kennedy  y aunque eso no sea una prueba de su culpabilidad lo cierto es que es una pista de los motivos del crimen. Johnson terminó con todas las políticas que había iniciado Kennedy y siguió con la guerra de Vietnam a la que Kennedy tenia poco aprecio.

El magnicidio en esta forma de verlo con es un golpe de estado sino un cambio de personas que al fin son cambios de políticas. Del mismo modo el atentado del 11-M en Atocha no fue un golpe de Estado, ni un magnicidio sino un atentado terrorista que propició un cambio en la presidencia del Gobierno de alguien que estaba de acuerdo con liquidar la alianza entre USA y España que había propiciado Aznar. No son pruebas jurídicas, son indicios fácticos: el beneficiado siempre es culpable cuando aplicamos nuestro pensamiento mixto, basado en tasas (datos) y narrativas, la heurística del experto.

Los magnicidios dan siempre lugar a teorías conspiranoicas y lo hacen porque la opinión publica “sabe” que las versiones oficiales son incompletas, falseadas cuando no mentirosas. La sospecha de que hay algo que se nos oculta desde ese oscuro poder oculto entre bambalinas es algo generalizado y que explica porque las relaciones entre los ciudadanos y sus gobernantes están tan mal llevadas por ambas partes. El poder engaña, e incluso cuando no engaña no se le cree. Un ejemplo es lo que está pasando hoy con las recomendaciones de llevar mascarillas. Hay mucha gente que no lo hace y no sigue las recomendaciones. ¿Por qué? Pues porque antes se mintió diciendo que no eran necesarias y aunque todos sabemos que se recomendó no llevarlas porque no había para todos el argumento que se construye de manera opuesta es que nos están mintiendo y que no hay para tanto, incluso algunos hablan de “plandemia” en lugar de pandemia.

Del mismo modo, la gente no cree que Oswald actuara solo o por propia iniciativa o que el atentado del 11-M fuera obra de aquellos que terminaron en la cárcel o muertos en su enfrentamiento contra los GEOs. Ya dije más arriba que los atentados terroristas eran la evolución del magnicidio y a veces son más eficaces. Y lo que caracteriza a los atentados es algo que comparten con los magnicidios, aquí hay un sicario y en los atentados lo que hay se llama “falsa bandera”: la posibilidad de atribuirselo a otros.

De lo que se trata es de poder “pasarle el marrón a otro” que sea fácilmente asimilable por la opinión publica. Es fácil de entender que una organización islamista como Al Qaeda pretendiera “vengarse” por el papel de Aznar en la guerra de Irak (que fue ridículo comparado con Francia o UK), es una idea fácil de comprender y de vender a pesar de la evidencia de que aquel atentado precisaba de una precisión y una profesionalidad difícilmente atribuible a los árabes que por cierto eran confidentes de la policía. El plan era que pareciera un atentado de ETA para equivocar al gobierno y a tres días de las elecciones propiciar un cambio en la intención de voto ante la aparición de nuevas pruebas convenientemente colocadas. Se trataba de quitar al PP del poder y sustituirlo por Zapatero. ¿Quien podía estar detrás de este plan? Nunca lo sabremos y es por eso que existen multitud de versiones sobre esta cuestión bien demonizadas como conspiranoicas y que no tienen ninguna incidencia en la vida política del país. Dicho de otra manera los poderes ocultos ni siquiera se molestan en desmentirlas, eso lo hacen sus secuaces de la prensa seria.

Dicho de otra manera: las versiones oficiales son poco fiables y esta escasa fiabilidad propicia teorías a veces delirantes. Es pues la mentira y la ocultación las que generan los delirios de la gente y luego está Newtral para hacer de policía del pensamiento. Lo cierto es que la censura lo que consigue es lo contrario a lo que se propone: se produce un efecto Streissand cuando se ponen a vigilar y censurar.

Los que vivimos en el franquismo sabemos bien lo poco eficientes que son las censuras sobre ideas, libros, canciones, espectáculos u artículos de prensa: solo sirven para propiciar lo que intentan prohibir. Lo prohibido tiene un efecto halo.

Antes de terminar el post me gustaría decir algunas cosas sobre el asesinato de Carrero Blanco, un crimen que viví durante mi epoca de estudiante y que nos conmocionó a todos aunque no eramos nada defensores de la dictadura. En el libro de Perez Abellan hay algunas pistas  que nos obligan a pensar en algo muy importante. El perpetrador de un crimen de esta naturaleza puede ser alguien concreto como la ETA, yo no tengo ninguna duda de que fue la ETA pero es muy sospechoso la facilidad con que aquel comando se movió por Madrid en aquellos años de hierro.

Es muy posible que se cometan crímenes por encargo y también es posible que existan franquicias del crimen organizadas de forma sincronizada por arriba. Carrero era una presa importante para ETA por la propaganda que podían ganar pero también representaba un peligro para aquellos que le veían como sucesor de Franco sin olvidar que Carrero no era partidario de la entrada de España en la OTAN y que andaba pensando en un programa nuclear para nuestro país.

¿Lo mató la ETA por eso, o fue un atentado por poderes?

En cualquier caso uno tira la piedra y otros ponen la honda.

 

El señor del anillo único

El señor de los anillos es una novela fantástica de J. R. Tolkien y -sin pretender revelar nada de su trama- para aquellos que aun no la hayan leído, se trata de na historia que se desarrolla en la Tercera Edad del Sol de la Tierra Media, un lugar ficticio poblado por hombres y otras razas antropomorfas como los hobbits, los elfos o los enanos, así como por muchas otras criaturas reales y fantásticas. La novela narra el viaje del protagonista principal, Frodo Bolsón, hobbit de la Comarca, para destruir el Anillo Único y la consiguiente guerra que provocará el enemigo para recuperarlo, ya que es la principal fuente de poder de su creador, el Señor oscuro, Sauron.

«Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra
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Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras».

Para mi la novela es muy sugerente de los momentos financieros por los que está atravesando el planeta. No cabe duda de que Sauron pretende un anillo (una moneda) única y no cabe tampoco ninguna duda de que existen al menos otros tres anillos en pugna: por una parte el nuevo dólar, el yuan chino y el euro.

Y más allá de la ficción de la novela me interesa decir algunas cosas sobre las monedas fiduciarias, que son las monedas actuales controladas por bancos centrales y las monedas digitales y diferenciar estas de las criptomonedas. Para ahorrar tiempo al lector diré que existe un consenso universal con la idea de que el dinero fiduciario toca a su fin. No parece buena idea seguir dándole a la maquina de hacer billetes para colocar deuda aquí y allá endeudando a los países sobre todo después de que se haya desvelado la inmoralidad de esa conducta. Pero ahora viene el problema porque las monedas digitales no resuelven tampoco el control centralizado del Estado y China ya está trabajando en un yuan digital que en realidad es el anillo unico con el que sueña Saurón.

Una moneda descentralizada como el Bitcoin es en realidad el enemigo principal del yuan chino pues se trata de una moneda descentralizada y controlada por blockchain, es decir democrática, participativa y distribuida, algo que no precisa de un gerente central, ni de un dueño de la moneda. es por eso que el bitcoin y el Ethereum reciben tantas criticas desde el sistema saurónico. No les interesa que hayan tantos anillos, quieren ser el anillo único.

Y esta es la guerra a la que se enfrenta el mundo. Para los que aun anden despistados les diré que Rusia y Putin a la cabeza están ya muy adelantados a la hora de evitar que China -que esta semana ha vendido parte de la deuda USA que obraba en su poder- pretende llegar la primera a este mercado. El dólar digital sigue a la zaga y es muy posible de que en los próximos días se produzca el tan ansiado reseteo del sistema financiero mundial.

¿Quien ganará esta batalla por destruir el anillo único?

Trump y Putin son aliados en esta guerra contra Saurón, no lo olviden.

 

El bioleninismo

Nos ahogaremos y nadie nos salvará (Spandrell)

“Bioleninismo” es un concepto nuevo acuñado por un bloguero conocido como @spandrell (se desconoce su identidad) y que mantiene un blog titulado “Bloody Shovel“, algo así como “Pala sangrienta”. Se trata de un politólogo del que sabemos que vive en el este asiático , Indonesia o cernanías pero poco más. Su concepto de bioleninismo es muy interesante para conocer las derivadas y transformaciones que ha tenido el socialismo tradicional hasta transformarse en lo que hoy conocemos como “progresismo”, “socialcomunismo” al que algunos han bautizado como la “síntesis progresista”. El bioleninismo sería algo así como un hiperleninismo o un más allá de la teoría marxista-leninista.

Paso a contar las ideas de Spamdrell que podréis seguir en su blog y sobre todo en su articulo seminal “Leninismo y bioleninismo”.

El trasfondo de la investigación de Spandrell es la civilización moderna y más concretamente la civilización occidental que supone se encuentra en una espiral de muerte, para ello -bien conocedor de la historia de las civilizaciones- y de la teoría evolutiva, trata de encontrar explicaciones al mundo que nos ha tocado vivir y lo hace -en mi opinión- de una forma lúcida e implacable.

Su principal argumento es que nosotros los humanos no somos racionales ni irracionales a partes iguales sino que estamos muy preocupados por nuestro estatus social. Lo que nos mueve, nos impulsa es ese medraje que necesitamos llevar a cabo para acceder a bienes que por falta de educación, mala suerte o simple azar geográfico o de clase se nos escapan.

El comportamiento conocido como irracional debe ser entendido como un comportamiento que busca ascensos de estatus, pues el estatus es la mejor forma de adquirir poder, sexo, comida y atenciones por parte de los demás, es también protector de la salud. El problema es que el estatus es un juego de suma cero: no todos tienen el mismo estatus ni podrán tenerlo nunca, incluso en las sociedades mas igualitarias existirán siempre gente de alto estatus y gente de bajo estatus, se trata de un hecho biológico, del mismo modo que existen gordos, flacos, vagos, laboriosos, negros, blancos, hombres y mujeres o feos y guapos. La gente se sacrifica por elevar su estatus y las sociedades se han encargado de ello, disponiendo de mecanismos elevadores, al menos las sociedades occidentales. Los ascensores sociales tradicionales han sido, la educación, el esfuerzo individual o el matrimonio, pero esos ascensores parece que han dejado de funcionar, por la falta de trabajo, la emancipación de la mujer, la mala calidad educativa o las malas decisiones a la hora de escoger qué hacer en la vida, como la elección de profesión.

Las sociedades liberales generan mucho resentimiento en aquellos que no han logrado este ascenso social que todos y cada uno de nosotros esperamos encontrar en nuestra vida y este resentimiento es central en la teoría de Spandrell, no se puede entender nada de lo que sucede en el mundo sin comprender que existe una alta densidad de resentimiento en nosotros los humanos, un resentimiento que procede del hecho de que nuestras expectativas de estatus no se ven reflejadas en la realidad, así nos sentimos engañados por el sistema si no conseguimos un trabajo acorde con nuestras potencialidades y habilidades o una pareja que colme nuestros apetitos físicos y psicológicos. Nos sentimos víctimas de un sistema que consideramos injusto y esta es la razón por la que muchas personas militan en organizaciones o partidos políticos de izquierda, pues la izquierda se especializó ya desde Marx en subrayar las diferencias de clase como el origen de todo el mal.

Actualmente los partidos de izquierda ya no creen en la lucha de clases, más que como aliño en los discursos universitarios. La razón es que los trabajadores de los años 60 alcanzaron ya en toda Europa cuotas de bienestar inimaginables antes de la guerra mundial: tenían vacaciones, salarios altos, coche y algunos una segunda vivienda. Era obvio que en esas condiciones ningún trabajador iba a decapitar a su empresario. Dicho de otra manera la lucha de clases terminó cuando los trabajadores alcanzaron cuotas de bienestar inimaginables una década antes. Los partidos comunistas decayeron en toda Europa a pesar de que la URSS seguía financiando sus actividades clandestinas y a aveces incluso las ilegales. El comunismo en Europa fracasó mientras en la URSS aguantó 74 años para terminar fracasando económicamente como todos sabemos.

Para Spandrell el socialismo es una ideología con futuro pues se apoya sobre uno de los fundamentos de lo humano: la búsqueda de estatus, es además una ideología fácil de comprender: hay ricos que son pocos y malvados y pobres que somos todos los demás y llenos de virtudes morales. Nosotros tenemos pues todo el derecho de arrebatarles a los ricos su poder. Se trata de una teoría del resentimiento que ahora ha cambiado de protagonistas: ya no son los trabajadores, sino las minorías supuestamente explotadas, como negros, minorias étnicas, minorías sexuales, mujeres solteras, etc. Además se presenta bajo un paraguas fuertemente moral, pues ¿quién va a estar contra las razas, contra las mujeres, contra los homosexuales, contra los extranjeros, o contra el medio ambiente?

La masa social que vota estas opciones de izquierda es y será durante mucho tiempo mayoritaria en las sociedades occidentales (salvo desastre), así mujeres solteras, intelectuales, periodistas, pensionistas, funcionarios y todos los clientes de la red del estado votarán siempre estas opciones a pesar de las mentiras, los desastres de la gestión de algunos gobernantes que no voy a nombrar o de su estulticia.

Lo cierto es que no conozco a nadie que esté en contra de esas minorías y sin embargo esas minorías se sienten victimizadas ahora con más intensidad que nunca y a pesar de la evidencia de que no somos racistas, ni machistas ni homófobos la mayoría de nosotros aunque pueden existir focos residuales en cualquier ámbito. Es obvio que estas minorías carecen de razones para manifestarse en Europa hoy frente a la muerte de ese Floyd de Minneapolis. ¿Qué tiene que ver Holanda con el supuesto origen racista de ese crimen?

Algo parecido sucede con el feminismo que se ha tomado como paradigma de ese nuevo marxismo cultural. La opresión del hombre hacia la mujer sería comprensible en el mundo árabe donde existe una masculinidad tóxica -según Spandrell- pero es incomprensible en occidente donde el feminismo ha reducido los incentivos para que los hombres construyan familias, lo que explica el bajo nivel de nacimientos en toda Europa pero el crecimiento  continuo de los países árabes.

Cualquier grupo político requiere la lealtad de sus miembros para sobrevivir y es obvio que los “ricos” no se sienten obligados a mantener lealtades pues no las necesitan. Pero comprobar la lealtad de los miembros de un grupo es complicado si los individuos tienen recursos propios para sobrevivir, es por eso que es mejor reclutar a aquellos que no “tienen donde caerse muertos” esos son los mejores militantes de un partido político. Que toda su vida y su estatus proceda del interés del partido. Esta idea es leninista, pues fue Lenin el primero en sacudir a la casta zarista de sus lugares de privilegio y colocar allí a sus hombres desarrapados pero leales. El problema es que estas personas a las que se les ha ascendido su estatus de forma artificial acaban careciendo por completo de resiliencia pues en el fondo saben que no lo merecen.

Lo verdadero no tiene acólitos pero lo falso acumula grandes cantidades de seguidores pues creer en algo disparatado es la mejor forma de demostrar lealtad. Es por eso que las vacunas no tienen defensores, ni la redondez de la tierra o las bondades de la medicina oficial, sin embargo las posiciones contrarias reclutan gran cantidad de seguidores.

De muchas formas, el sinsentido es una herramienta de organización más efectiva que la verdad. Cualquiera puede creer en la verdad. Creer en un sinsentido es una demostración inequívoca de lealtad. Sirve como un uniforme político y si tienes un uniforme, tienes un ejército.” (Moldbug)

Es por esta razón que Spandrell cree que la izquierda tiene más futuro (y presente) que la derecha, pues los de derechas no tienen incentivos para unirse y los de izquierdas tienen muchos, esos que dan estatus y que los de derechas creen que nunca perderán o que en cualquier caso se conforman con mantenerlos. Hay mucha gente ineficaz que quiere ascender de nivel y eso generará a la larga problemas tal y como vimos en la URSS: los desarrapados pueden ser comisarios, espías, políticos o policías pero no son ingenieros ni médicos. Eso mismo está pasando en China: las contradicciones del sistema que lo hacen ineficaz a medio plazo económicamente.

Mientras el cristianismo funcionó sirvió como premio de consolación para los pobres, pues como es sabido para el cristianismo ser pobre era un mérito como hoy lo es ser homosexual o feminista, el cristianismo era una religión “pobrista” como su fundador, pero este argumento cayó en desgracia cuando las masas ilustradas exigieron no solamente un mejor puesto en el cielo sino también en la tierra.

La mejor forma de construir capital social es la manera de asegurar que una civilización prospere y se mantenga, por eso Spandrell propone una nueva religión dado que las actuales son demasiado viejas y ya no hacen bien su trabajo de asociar capital colectivo y de hacer al mundo más cohesionado. Pero probablemente esa religión ya está en marcha, con esa mezcla de ecologismo, feminismo y empatía que conocemos con el nombre de “lo políticamente correcto” y que si no es una religión se le parece mucho en su división del mundo entre nosotros y ellos.

Es por eso que los populistas utilizan los residuos de lacras pasadas para imponer su lacra opuesta.

Bibliografía.-

El articulo “leninismo y leninismo biologico consta de tres post)

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Hiperestésicos

Este post es en realidad una encuesta sobre microsíntomas que forma parte de un estudio de microsemiología que estoy diseñando. Trato de encontrar personas que presenten uno o más de estos síntomas que no implican enfermedad sino una forma especifica de reactividad.

Os ruego lo difundáis lo más posible en vuestras redes para tener un numero de respuestas suficiente.

Podéis optar por las opciones múltiples.

La mayor parte de estas respuestas valen tanto para mujeres como para hombres excepto una o dos que vienen especificadas.

Gracias por vuestra colaboración.

De ranas a príncipes (y II)

Si en el post anterior hablé de “Un nuevo contrato sexual” es porque ya existía uno más antiguo: el que describe Helen Fischer -desde un punto de vista evolucionista- en su libro “El contrato sexual”, el que procede de la infancia de la humanidad -el paleolítico- construido a base de adaptaciones ancestrales y selección sexual.

Un “contrato” que tuvo muchas ventajas civilizatorias y culturales: la desaparición de la regla solar y su sustitución por la regla lunar silenciosa, el acceso de la mujer a las proteínas animales (comida a cambio de sexo), la aparición del orgasmo en la mujer, el coito cara a cara y otros eventos evolutivos como la prohibición del incesto y el parricidio (la aparición de Edipo en nuestro imaginario) que produjeron un fortalecimiento de los vínculos entre hombres y mujeres, así apareció la monogamia, un hito evolutivo que garantizaba la supervivencia de las crías y de las propias mujeres sometidas a los avatares de los partos y a las caminatas continuas.

Así nació el patriarcado, no tanto como explican algunas feministas que han escrito libros con el mismo titulo que el de Helen Fisher, – me refiero a Carole Pateman- que defiende un origen bien distinto al que la ciencia evolutiva ha consensuado con pruebas y no tanto con deseos: existió y aun existe efectivamente una cultura matrilineal pero la civilización emergió con el patriarcado, es decir al darle a los hombres ciertos privilegios a cambio de su protección y alimentación de la parentela, comprometiéndole a medio plazo. La aloparentalidad de las mujeres es efectivamente más antigua que la monogamia que ha tenido que convivir con la competencia intrasexual femenina un subproducto de la monogamia. Aloparentalidad se refiere a ayuda mutua entre mujeres, sobre todo relacionada con las tareas del parto y la crianza.

Así fue como los hombres pasaron de ser ranas a príncipes. Pues el cuento de la rana de lo que habla en realidad es de la naturaleza masculina, es decir de su naturaleza asocial, chapoteando en una charca, quizá solitario o en compañía de otros dedicando su vida a la caza, fiestas y a coitos erráticos.

Fue la mujer quien domesticó al hombre llevándole a su terreno-necesidad y lo hizo a través de un proceso lento que consistió en hacer que los hombres fueran cada vez más parecidos a las mujeres, algo que puede explicar los cambios morfológicos y conductuales de nuestra especie, tanto en los hombres como en las mujeres, un proceso que hemos llamado neotización.

Esto explica también que tanto los hombres como las mujeres actuales tengamos cerebros tan parecidos en prestaciones (cerebros balanceados en la jerga de Baron-Cohen) a pesar de ser tan diferentes, cerebros balanceados que coexisten con los cerebros extremos, masculino y femenino, si bien parece que la tendencia es al equilibrio, es decir a aproximarse en cuanto a talentos, habilidades e inteligencia. Seria posible elaborar una trazabilidad de los cambios masculinos recientes desde Clint Eastwood hasta Johnny Depp, el primero demasiado viril para el gusto actual orientado más hacia los hombres suaves y de facciones menos toscas o duras. Incluso ha llegado a describirse un “síndrome de Johnny Depp”.

 

¿Es necesario un nuevo contrato sexual?.-

Obviamente si, nuestras situación actual es muy distinta al paleolitico donde se forjaron esas adaptaciones. El entorno actual se caracteriza por:

  • Las mujeres disponen de tecnologías reproductivas y no reproductivas  que hacen que el hombre sea superfluo y más aun: que puedan controlar la reproducción de los hombres a través de abortos o anovulatorios.
  • Las mujeres al acceder a la educación, en pocos años han logrado igualar a los hombres en  prestaciones, destrezas y talentos, llegando a posiciones profesionales que antaño solo eran ejercidas por los hombres.
  • Las mujeres siguen eligiendo, cuando, cómo y con quién pero siguen enganchadas a preferir a los hombres de alto estatus, dinero o magisterio.
  • Las mujeres siguen siendo especialmente sensibles a su apariencia física y no parece que ese acceso a profesiones de alto nivel haya cercenado su devoción por cuidar su atractivo que sigue siendo central incluso después de reproducirse.
  • Las mujeres tienen pocos hijos y por lo general al no necesitar ayuda económica por parte de los hombres están más orientadas a romper sus relaciones o bien a cambiar de pareja sin llegar a compromisos reproductivos con nadie. Del mismo modo con hombres con recursos suelen hacen lo propio pero los hombres con menos recursos son los grandes perdedores de este estado de cosas. Para algunos hombres ser abandonados por su mujer supone no un contratiempo sino un trauma psicológico de graves consecuencias.

Y sin embargo a pesar de estas novedades seguimos atados a nuestras adaptaciones ancestrales, de forma que podríamos empezar por admitir que: ninguna novedad podremos alcanzar en este “contrato sexual” si despreciamos los orígenes de nuestra especie o queremos pasar por alto aquellas adaptaciones. Hay algo que se resiste a ser cambiado y lo es porque demostró durante muchos tiempo su eficacia en la supervivencia y la reproducción individual (el fitness).

Un nuevo contrato

1.- Revalorización de la maternidad.

Es obvio que la maternidad es la columna vertebral de una sociedad como el trabajo del hombre. El trabajo de la mujer es en cualquier caso contingente.

Ser centrales en la sociedad tiene también sus inconvenientes. La mayor dependencia de otros de las mujeres hace que disfruten de una menor libertad personal que los hombres. Las feministas han tomado esto como una gran injusticia y culpan al patriarcado, pero el patriarcado sirve en realidad para moderar esa diferencia entre sexos al extender a los hombres el tipo de responsabilidades sociales que son hostiles a la libertad individual y acercar así a los hombres a roles sociales similares a los de las mujeres.
La relación madre-hijo es la piedra angular sobre la que se construyen todas las estructuras sociales. Al nacer los bebés tan indefensos y ser tan exigente su cuidado, tuvieron que inventarse mecanismos para apoyar a las madres y estas ayudas vinieron de otras madres tanto de la familia como de fuera de la familia, y también de sus parejas varones. Sin esas ayudas, sería extremadamente difícil para las mujeres superar los periodos arduos y peligrosos en el que hay que criar a los niños pequeños. Estas redes de asistencia dieron forma a estructuras comunitarias que superaban a la familia y la participación en estas estructuras comunitarias básicas es totalmente diferente en el caso de las mujeres y en el de los hombres. Como madres actuales o potenciales, las mujeres no pueden evitar ser atraídas a estas redes de intercambio de favores y relaciones y normas de reciprocidad. Las mujeres saben que necesitarán ayuda en muchos momentos cuando tengan que cuidar de los niños y, por tanto, es importante para ellas aprender a responder a las necesidades de los demás a cambio de esa ayuda que recibirán. 
Puede concluirse diciendo que el Estado ha de proteger a las madres sobre todo a esas que se conocen con el nombre de “amas de casa”, probablemente el colectivo más opaco que existe en nuestro mundo a pesar de lo mucho que aportan como madres y abuelas y no a las mujeres por el hecho de serlo. Proteger a las madres significa derechos laborales concretos como la posibilidad de conciliar, así como otros derechos o prestaciones económicas por cada hijo cuidado, sobre todo durante los 3 primeros años de vida, periodo en el que los vínculos se establecen para siempre, es la mejor manera de no tener hijos-ranas.
2- Más crianza y menos terapia.
Vivimos probablemente en el periodo de la humanidad donde el compromiso de los hombres con la crianza es superior a todo lo que hemos conocido hasta ahora, pero la crianza es algo muy complejo que no puede reducirse a libros de autoayuda, no es una técnica sino un conjunto de actitudes. Hay personas que parecen dotados de forma innata de estas actitudes y otros que sienten una gran confusión de cómo criar a sus hijos, es imposible dar consejos sobre la crianza de los hijos que en cualquier caso no asegura nunca buenos resultados ni en el entorno escolar, ni en los rendimientos ni en el entorno de la salud mental.
Existen muchos niños que han tenido un apego seguro pero más tarde en la vida tienen adversidades que les llevan a una pendiente de desvaríos, pues no es solo la familia la que influye en el desarrollo de un niño, hay que contar también con el entorno y sobre todo con el “espíritu de cada tiempo” o Zeitgeist, también con la herencia genética y otros imponderables como una adolescencia interminable.
Así y todo es posible afirmar que una “base segura” es el mejor legado que les podemos brindar, así como un ambiente familiar coherente y amoroso, un lugar donde se puede siempre volver sin temor a ser juzgado o reprendido. Un lugar incondicional.
Admitir que los cerebros de los hombres y las mujeres son diferentes.-
Admitir las diferencias entre los sexos es a pesar de los hechos científicos algo que no es fácilmente aceptado por algunos grupos de población que siguen prefiriendo pensar que las diferencias observables son una cuestión cultural y no un fenómeno biológico a pesar de las pruebas que desmienten tal creencia.

El primer paso es reconocer que las orientaciones sociales de hombres y mujeres nunca pueden ser idénticas. La negativa a aceptar esto, y la búsqueda de la intercambiabilidad y la igualdad estricta en lugar de la equidad de género, es probable que aumente las diferencias entre los sexos y la brecha de género al menos en personalidad.

Las mujeres en todas las sociedades responden mejor a las necesidades de los demás y es más probable que vean el objetivo de un contrato social. Necesitan más de la sociedad. El largo y arduo proceso de crianza de los hijos hace que las mujeres valoren la cooperación con los demás de una manera que no se aplica tan fácilmente a los hombres. Estamos mejor capacitados para llevarnos bien solos. La sociedad es, en el fondo, femenina, y se construye alrededor de la maternidad compartida.

Como lo muestra el estudio intercultural de hombres de David Gilmore (1990), en el pequeño puñado de culturas sin patriarcado, los hombres viven una existencia narcisista de Peter Pan, poniendo muy poco en la comunidad y dejando la mayor parte del trabajo a las mujeres. Dichas sociedades no se han desarrollado más allá de un nivel rudimentario, y no pueden competir con sus vecinos más organizados y estructurados. Es por eso que hay tan pocos de ellos. Sin los aportes masculinos una sociedad no progresa.

Igualdad de oportunidades.-

Pero tratar de suplantar a los hombres en su espacio vital y laboral -tal y como propone el feminismo de genero-no es una buena idea.

Desde la Ilustración, las doctrinas filosóficas del individualismo han entrado en conflicto con las ideas sobre las diferencias sexuales. Durante el siglo XX, a medida que el estado ha ofrecido un apoyo cada vez más directo a las mujeres, los libertarios, especialmente en los países protestantes, han supuesto que el patriarcado y el papel que asigna a los hombres, como una fuente importante de injusticia social.

Esta deslegitimación de lo masculino se ha intensificado desde los años 60, cuando la aparición de la píldora alentó a las mujeres a comenzar a reclamar una participación igualitaria en el ámbito público. Creo que este desarrollo ha debilitado decisivamente el marco de las responsabilidades familiares que sustentaron la motivación de los hombres para asumir un trabajo socialmente útil. Es hora de descartar este legado sesentayochesco. Ha llevado a un colapso no solo en la participación masculina en la sociedad, sino también en el ámbito privado, donde los hombres son cada vez más reacios a comprometerse con los roles de esposo y padre. Lejos de conducir a una distribución más equitativa del trabajo, ha acumulado cargas cada vez mayores para las mujeres.

Priorizar el trabajo masculino.-

Las altas tasas de desempleo se consideran ampliamente relacionadas con el colapso de la moral y la motivación masculina. Pero es un error considerar el desempleo en sí mismo como la causa de los problemas de los hombres. El desempleo masculino no es una novedad, y alcanzó altos niveles en los años 30 sin debilitar la resolución masculina y el compromiso familiar o la disposición para volver a capacitarse para nuevos tipos de trabajo. Podría decirse que incluso los agudizó.

Lo nuevo es la pérdida de la moral y el sentido de propósito entre los hombres, y este es un cambio cultural más que económico, que surge del asalto libertario a los roles sexuales. Los hombres son bombardeados con el mensaje de que las mujeres modernas valoran la oportunidad de autorrealizarse a través del trabajo. Entonces, lo caballeroso que se debe hacer en estos días es que los hombres no se esfuercen demasiado por mantener un trabajo o buscar un ascenso, sino que se mantengan a un lado y dejen que las mujeres lo hagan ellas mismas. Este es un fenómeno que podemos observar ya en la escuela, los niños se esconden cuando las niñas brillan en clase y están poco motivados para competir con ellas, sin embargo a las niñas les encanta competir y vencer a los chicos no solo en los estudios sino también en los deportes: las chicas tienen incentivos para ello pero los chicos ninguno. Esta es la raíz del fracaso económico y educativo masculino contemporáneo, y la razón por la cual hay un número creciente de hombres desempleados.

Impulsar el trabajo desde el estado acaba favoreciendo a las mujeres, ya que actualmente son las que están más motivadas (por los deberes familiares existentes o anticipados) para tomarse el trabajo en serio. Necesitamos medidas que reconozcan la mayor importancia relativa del trabajo para los hombres como su contribución distintiva a la sociedad.

Un paso sería cambiar la naturaleza del apoyo estatal ofrecido a los hombres cuando están sin trabajo. En todo Occidente, se han introducido esquemas que limitan la ayuda estatal a los desempleados, y los han reemplazado por esquemas de capacitación y subsidios para solicitantes de empleo de diversos tipos. Pero estos esquemas aún dependen del sector privado para crear nuevos empleos, al tiempo que reducen su capacidad de generarlos gracias a la necesidad de altos impuestos para pagarlos.

Una actualización del patriarcado.-

Una reconstrucción general de las familias convencionales produciría una serie de poderosos refuerzos para la moral de los hombres. Por el momento, los sistemas impositivos en la mayoría de los países occidentales crean incentivos perversos para que las mujeres tengan hijos fuera del matrimonio y brindan a los hombres y mujeres pocas razones para permanecer casados. Este problema debería ser abordado. Las personas solteras, en particular los hombres solteros sin hijos, deben pagar impuestos a una tasa más alta porque es menos probable que participen en actividades de apoyo recíproco de la economía moral que limitan las responsabilidades colectivas del estado de bienestar.

Algunas personas rechazarán las propuestas descritas aquí porque alentarían a las mujeres a que vuelvan al trabajo doméstico. Pero no necesitan tener este efecto. Más bien, representan una actualización del patriarcado con el que muchas mujeres simpatizarían. En cualquier caso, es absurdo hablar de empujar a las mujeres de vuelta a las cocinas, porque la gran mayoría nunca se ha ido, y todavía lo hacen y con mucho, la mayor parte del trabajo doméstico, incluso aquellas que tienen parejas masculinas. La liberación doméstica de las mujeres ha tenido más que ver con la tecnología que con la ayuda de los hombres, y en la medida en que exista, está positivamente relacionada con el estado de sostén de los hombres, es decir, cuanto más tradicional sea el hogar, más probabilidades hay de que los hombres ayuden con los quehaceres domésticos.

Rana pobre peor pronóstico.-

No todas las ranas son iguales naturalmente pero existe un fuerte sesgo de clase, ya que el efecto desmotivador de la retórica de igualdad de oportunidades no afecta a todos los hombres por igual. Es regresivo en términos de clase. A medida que el rol del proveedor masculino se desvanece como fuente de respeto, los hombres que solo pueden esperar de manera realista un trabajo de bajo estatus son los que tienen más probabilidades de perder la voluntad de buscar trabajo o de volver a capacitarse a medida que las viejas industrias disminuyen. Los hombres de clase media con más posibilidades de obtener trabajos interesantes y prestigiosos tienen incentivos para tener éxito que necesitan menos impulso por las obligaciones familiares. Por lo tanto, no se retienen de la misma manera.

A lo largo de la historia, las comunidades han descubierto que la forma más efectiva de encerrar a los hombres en una membresía útil es vincular su estatus y recompensas en el grupo más amplio a su aceptación y desempeño de roles familiares definidos por el género. Cuando esta conexión se debilita, como sucedió después de las revoluciones francesa y rusa y más recientemente en el Mayo francés del 68, por ejemplo, la moral y el comportamiento de los hombres se deteriora y las familias sufren. Esto se está descubriendo nuevamente, y no pasará mucho tiempo antes de que todos nos exhortemos a aceptar a los hombres tal como son, y trabajar con el grano, y olvidar las ideas sobre cómo es solo “el patriarcado” lo que los hace diferente de las mujeres. 

Y así las ranas se transformarán en príncipes o en princesas, quién sabe.

 

 

Geoff Densch: “Revertir el descenso del hombre”

El principe y la rana