Sí es sí o no

Las relaciones entre sexos están presididas por un orden de complejidad que no ha hecho sino incrementarse con la nueva moralidad que nos quieren imponer aquellos que defienden la corrección política y sexual y que pretenden además hacerlo con leyes, normas y sanciones. Una especie de nueva urbanidad que va más allá del decoro y la buena educación y que busca refugiarse en políticas concretas destinadas a fines espúreos sobre lo que no voy a comentar nada. Simplemente este post está destinado a hacer comprender a mis lectores que este tipo de propuestas están destinadas al fracaso.

En las relaciones sexuales está vigente -incluso jurídicamente- el paradigma del consentimiento que puede traducirse en el eslogan que da titulo a este post, “solo sí es sí” que parece que es muy intuitivo pero que en realidad esconde no pocas falacias y solo sirve para los casos extremos como por ejemplo en la violación. Es obvio que la violación se ha tomado como paradigma de referencia del resto de posibilidades que suceden en la vida real. Veamos algunas:

  1. Para empezar existen limites para el consentimiento sexual, la más conocida es la edad del que concede el consentimiento (que puede ser hombre o mujer). Se supone que por debajo de cierta edad (que es arbitraria) nadie puede dar su consentimiento, por la misma razón que un niño o niña de 14 años o menos tampoco puede conducir o votar.
  2. Otro de los limites y que pervierten el consentimiento es el estado mental del consentidor. Estar embriagado por alcohol o intoxicado por drogas.
  3. Una persona en su sano juicio puede dar su consentimiento para ser atada, golpeada, maltratada o humillada por su pareja sexual. Ciertas practicas como el BDSM ponen sobre la mesa la duda sobre si dar el consentimiento para estas practicas es o no legítimo.
  4. Una persona puede dar su consentimiento para una relación sexual y arrepentirse a medio camino, algo completamente plausible.
  5. Una persona puede dar su consentimiento para una relación sexual sin estar convencida de ello o simplemente no haber madurado lo suficiente para saber qué significa eso del “consentimiento”. Algunas relaciones sexuales se llevan a cabo por la presión del grupo o por agradar o complacer a la pareja.
  6. La mayor parte de las relaciones sexuales no se inician con un si o un no categórico sino que los avances en este tema se llevan a cabo a través de actitudes corporales, indicios que llevan a una escalada donde el “contrato o consentimiento” no tiene lugar de un modo verbal, ni al comienzo ni durante el tiempo que dura el coito propiamente dicho.

De manera que no podemos considerar al consentimiento como algo objetivo, inamovible y fiable. Dicho de otro modo no se puede legislar teniendo como base conductual el citado “consentimiento” que solo sirve -como he dicho más arriba- para los casos extremos como la violación, los tocamientos no demandados o la difusión en redes sociales de imágenes eróticas para las que no se ha pedido consentimiento.

¿Entonces cómo se resuelve este problema?

La primera cuestión, es que este tipo de problemas no se resuelven nunca pero se pueden agravar. Se trata de un problema endemoniado (wicked problem). Y lo que caracteriza a este tipo de problemas es que empeoran cuantos más esfuerzos hacemos por erradicarlos o mejorarlos.

Cuando nos enfrentamos a problemas complejos, los resultados se vuelven más impredecibles. No existen ni mejores ni buenas prácticas catalogadas para las situaciones frente a las cuales nos podemos encontrar. Simplemente, no sabemos con anticipación si una determinada solución va a funcionar. Solo podemos examinar los resultados y adaptarnos. Este es el dominio de las prácticas emergentes. Las soluciones encontradas rara vez son replicables, con los mismos resultados, a otros problemas similares, lo cual indica que legislar sobre ellos es inútil pues las leyes no puede recoger la complejidad de las interacciones entre individuos, solo pueden caracterizar a grosso modo las interacciones más robustas y fáciles de definir,

En otro lugar he hablado de estos entornos con el nombre de problemas “endemoniados” (wicked problems). Lo interesante es que en este tipo de entornos los expertos no sirven de mucho más que para apuntar opiniones más o menos estandarizadas pues lo que define a un dominio complejo es que el problema no puede ser definido sino después de haberse resuelto,

Este es el campo de las soluciones políticas a problemas difíciles de abordar, y también los problemas sociales y como no, los problemas mentales. Tratar un problema mental siempre se da en un contexto de incertidumbre pues no solo intervienen muchas variables como en el dominio complicado sino que estas variables están ocultas entre los vínculos de una variable y otra.

Tratar un problema mental siempre será mas seguro si lo hace un psiquiatra o un psicólogo pero de ahí no podemos deducir que todos los psiquiatras o todos los psicólogos van a estar de acuerdo, no sólo en el tratamiento sino en la solución del problema. El profesional experto introduce a su vez una variable -la de su personalidad o carisma- que va a operar como una emergencia incierta. Un psicólogo no podrá replicar nunca lo que le enseñó su maestro: siempre habrá que tener en cuenta la novedad y la innovación creadora de su discípulo, que pocas veces será consciente de su potencial de operar cambios en los demás. No solo no hay dos pacientes iguales sino que no hay dos patologías iguales, ni dos terapeutas iguales y lo que hoy fue un éxito aquí mañana puede ser un fracaso allí.

Y cuando estamos frente a un problema de estas características lo mejor es la solución ética.

¿Qué es lo que hace que una niña de 13 o 14 años mantenga relaciones sexuales completas con un muchacho en el mejor de los casos de su edad?

Naturalmente la presión del grupo y la presión del muchacho. Esto no es un fenómeno nuevo y nos ha pasado a todos cuando nuestras hormonas andaban revoloteadas en la pubertad y adolescencia. Lo que es nuevo en la actualidad es la escasa resistencia de las muchachas. Hoy parece que cualquier chica que mantenga su virginidad es excluida del grupo por ser poco interesante. Es como si hubiera una competencia por ser promiscuas. Naturalmente habrá quien piense que esta misma recomendación debería hacerse a los muchachos pero esta es un idea ingenua. Los chicos tienen más impulsos sexuales que las chicas y buscan el sexo con más insistencia y variedad que las chicas.

Las chicas saben muy bien lo que quieren los chicos sin embargo saben más bien poco de lo que quieren ellas.

La perversión de las ideas feministas.-

Podemos hablar de tres generaciones en el pensamiento feminista: las dos primeras son 1) la del voto universal y 2) la de los derechos civiles (tener cuentas en el banco, derecho a la educación, etc). Todo el mundo hoy estamos de acuerdo en esta igualdad que propugnaban las feministas originales pero a partir de los años 60 sucedieron otras cosas que pusieron patas arriba el paradigma tradicional de los feminismos igualitarios. Se inventó la píldora anticonceptiva y la minifalda se puso de moda entre las jóvenes, los chicos dejaron crecer sus melenas y se identificaron con sus héroes musicales en lugar de con los masculinismos tradicionales que hasta entonces habían sido héroes militares.

“Hacer el amor y no la guerra” fue la consigna de aquellos años pero fracasó por una razón fundamental: a las mujeres no les conviene tener hijos con según quien. Ellas más que ellos necesitaban relaciones estables para cuidar de esos retoños nacidos en la borrachera de Woodstock. El hippismo no era un buen invento para ellas aunque era ideal para ellos.

Por eso el feminismo de tercera generación fue más allá y se reivindicó el aborto libre. “Mi cuerpo es mío” reemplazó al viejo slogan californiano. Aquí ya no hay tanto consenso y la población se dividió entre los “defensores de la vida” y los activistas del aborto libre.

Pero lo más contradictorio es contemplar cómo es posible que con un acceso tan fácil para la anovulación se pasara a la siguiente trinchera. ¿Para qué abortar si podemos optar por anovulatorios baratos y accesibles? Lo cierto es que la aparición de los anovulatorios ha tenido más incidencia en la sexualidad de las mujeres que en su fertilidad. Si siguen habiendo mujeres que abortan es porque no han tomado las debidas precauciones, lo que plantea una vieja pregunta freudiana

¿Qué quieren las mujeres?

¿Buscan la hipergamia o la estabilidad familiar?

Ningún hombre sabe a ciencia cierta qué quieren las mujeres pero lo peor es que ni siquiera ellas lo saben. Y en mi opinión esa es una tarea inconclusa del feminismo. En lugar de plantearse el aborto libre por qué ninguna feminista se planteó la pregunta de este modo: “vamos a detenernos ahora que ya tenemos derechos civiles, derecho al voto y que podemos ir a la universidad como nuestros hermanos, vamos a detenernos y preguntarnos qué queremos en realidad”.

No se hizo esta pregunta y las batallas ideológicas llevaron al feminismo al siguiente planteamiento: “las mujeres estamos oprimidas por el patriarcado”. Hay que terminar con el patriarcado para conseguir un mundo libre y amigable. Obsérvese como en lugar de preguntarse ¿qué queremos y como lo podemos cambiar y conseguir”, lo que se plantea es “los hombres son culpables y hay que reeducarlos”. Aparecen entonces ideas como “el machismo tóxico” o “los micromachismos de cada día”. La idea fuerza es que las mujeres están sometidas a este tipo de estructura social que las oprime en todos los ámbitos, doméstico, cultural, deportivo, salarial y universitario y precisamente en el momento en que existe más igualdad en el mundo y donde las mujeres son mayoritarias en la universidad y en ciertas profesiones, por no hablar de talentos artísticos y deportivos. Han triunfado en todos los espacios sociales y han igualado a los hombres en todo tipo de tareas, desde el derecho, hasta la medicina o la natación.

¿Por qué ahora salen con el machismo? Precisamente ahora.

Pues porque las ideas se pervierten cuando se consiguen ciertas metas y no son desactivadas por las que viven de la ideología y logran transmitirse a la población general. Para un trabajador manual tener un mes de vacaciones al año, un coche particular o una casa en el pueblo ya no es una aspiración sino una realidad. Pero si se siguiera estirando de ese hilo la próxima meta sería quitarle la fabrica a su dueño (el comunismo) o el asesinato del empresario.

Es por eso que la próxima trinchera del feminismo es aun más delirante: “matemos a los hombres y castremos a los niños”. Naturalmente esta ideología extrema no es seguida por la mayor parte de las mujeres pero en realidad todas las mujeres se benefician de esa salida de quicio del feminismo: reparto de cuotas en todos lados, leyes de violencia de género donde siempre aparecen como víctimas, ventajas en los divorcios y en la educación de los hijos, denuncias falsas para obtener ventajas en caso de tutelas y toda clase de beneficios por el hecho de ser mujer.

Naturalmente este estado de cosas es una perversión de la idea original donde las mujeres buscaban un espacio publico social que prácticamente ya habían conseguido en los 70.

Y lo que sucede cuando se alcanza un objetivo es que muchas personas se quedan sin trabajo, algo así le pasó a la socialdemocracia europea: hay como una escalada de encuentro de nuevos espacios donde insertar cualquier malestar y toda persona tiene un espacio de malestar negado que pronto o tarde le hará enrolarse en una ideología identitaria, no importa si es la raza, la orientación sexual, el género, el clima o el veganismo. Una vez alcanzado un  estado bastante elevado de bienestar había que pasar a otra cosa: se optó por lo identitario y lo identitario no solo consolidó la negación e impidió refrescar las ideas que mas arriba señalaba sino que canceló la cuenta de débito de las minorías consagrándolas como casi santas laicas.

Por eso si, puede ser si o no, como puede ser acaso o quizás más tarde

¿Pandemia o plandemia?

El gato le ha dado a Alicia la llave para comprender que su forma de pensar forma parte del problema y de la solución del problema: que no están separados. (L. Carroll)

Hay dos falacias lógicas que vienen a cuento en este dilema acerca de la pandemia por covid19 que estamos sufriendo:

Post hoc ergo propter hoc y

Cum hoc ergo propter hoc.

Ambas se refieren al mismo hecho que divide al mundo de la causalidad en dos aspectos: causa y correlación. Dos hechos A y B pueden darse al mismo tiempo (cum hoc) o uno inmediatamente posterior al otro (post hoc), de tal manera que parecen relacionados y que uno sea la causa del otro. Lo políticamente correcto en causalidad es pensar que las deducciones que se hacen a partir de relacionar ambos eventos son incorrectos y sus conclusiones inválidas.

El problema es que a veces pueden resultar ciertas aunque la deducción sea inválida.

Que es una manera de decir que algo correcto estadísticamente puede ser falso en la realidad.

Así se divide al mundo en negacionistas (los que niegan la evidencia científica) y los ortodoxos que aceptan las explicaciones de los “expertos”.

Y lo cierto es que si algo ha demostrado esta pandemia es que no existen expertos sobre el Covid19 por una razón muy obvia, es algo nuevo, un cisne negro como la victoria de Trump.

Para empezar hay que admitir que el citado virus es una zoonosis, es decir es una enfermedad de algún animal (el murciélago dicen) que ha saltado espontáneamente al género humano en un mercado de carne de Wuhan donde por cierto no vendían murciélagos. Pero que estaba muy cerca de un laboratorio de muy probables armas biológicas del gobierno chino.

Un gobierno que trató de ocultar la supuesta fuga del virus de sus instalaciones y que -hasta donde pudo- retrasó informar a los comunidad internacional de esta amenaza, al tiempo que hacía “desaparecer” a los médicos que opinaban en contra de la versión oficial.

En apenas 1 mes el virus saltó las fronteras de China y se extendió a Irán, Rusia y posteriormente Europa, siendo Italia el primer país donde causó más estragos. Pronto saltó el charco y se plantó en USA y Sudamerica.

La reacción de los gobiernos fue la esperada, primero se banaliza el problema (recordemos el 8-M) y después se sobreactua. Lo cierto es que algunos países sufrieron la pandemia más que otros, USA, España, Italia, y Brasil están entre los destacados tanto en número de fallecidos como de contagios. Todavía no sabemos las razones de esta predilección del virus por algunos países mientras desprecia a otros (como los países bálticos o Africa en general), ese es otro cisne negro dentro del cisne negro y la versión oficial está relacionada con la demografía y la vida social, pero también con la gestión de la pandemia. En eso en España hemos sido campeones: nadie ha gestionado peor la pandemia que nuestro gobierno aunque es cierto que otros gobiernos han sido bastante estúpidos al fiarlo todo a la inmunidad de rebaño, así el Reino Unido optó por esa estrategia hasta que Johnson pilló el Covid y parece que esto le disuadió de seguir mirando hacia otro lado mientras sus ancianos morían tanto como aquí en España a pesar del confinamiento radical que sufrimos.

De lo que se trataba era de salvar la economía y de evitar el colapso de los hospitales en lugar de preservar las vidas de los pacientes de alto riesgo, ancianos y otros enfermos crónicos. Así llegamos a unas 40.000 muertes en España, mal contadas pues nadie sabe a ciencia cierta aun hoy cuantos murieron de verdad con y por el Covid. En número de muertes por millón de habitantes  también llevamos ventaja.

El confinamiento fue la idea que el Presidente de nuestro gobierno entendió que era la mejor opción, mientras se decía que las mascarillas no servían de nada (en realidad no había mascarillas) y que las pruebas PCR tampoco servían de mucho (tampoco había reactivos). Entonces se contaban muertos, ahora se cuentan contagiados llamados eufemísticamente “casos”.

Y lo cierto es que seguimos sin distinguir “casos” de “contagios” y por eso se habla de “asintomáticos”. No sabemos si los asintomáticos contagian pero por si acaso hemos puestos mascarillas a todo el mundo (ahora si hay mascarillas) y distancia de seguridad, mientras seguimos obligando a hacer cuarentena a los “casos” que se detectan por PCR, a pesar de que existen serias dudas de su utilidad.

Ahora los informativos ya no cuentan los fallecimientos, ni las camas libres de UVI, ahora cuentan los “casos” que cada vez son más porque las CCAA cobran de la UE una comisión por cada PCR que realizan. A Más PCR más subvención y es por eso que parece que haya muchísimos casos a pesar de que el número de fallecidos cae.

Lo cierto es que la estrategia de comunicación del gobierno ha sido un desastre, tanto como su falta de prevención en acaparar material de primera necesidad. Recordemos que ni siquiera los sanitarios dispusieron de este material al principio de la pandemia.

 

Así entre declaraciones, errores de comunicación, contradicciones, propaganda de la verdad oficial que cambiaba cada semana y el cansancio de la población ha ido apareciendo un fenómeno nuevo llamado “negacionismo”, ampliamente divulgado por los medios de comunicación e identificándolo con la locura colectiva. Son negacionistas los que niegan la pandemia y piensan que es una estrategia de los poderes ocultos bajo las siglas del NOM para dominar el mundo atacando a sus economías, sus servicios esenciales, imponer políticas restrictivas con las libertades públicas, decretos leyes con el Parlamento cerrado y liquidar a los abuelos.

Yo no soy negacionista sino afirmacionista y creo que la pandemia es verdadera pero la plandemia también y creo además otras cosas que paso a continuación a listar:

  1. El virus no se ha secuenciado y si se ha secuenciado no se ha publicado, tampoco sabemos quién tiene la patente. La mayor parte de la gente no sabe que los virus tienen patentes que pertenecen usualmente a una persona o institución
  2. Tampoco sabemos si las vacunas que se están poniendo a prueba parten de esa secuenciación o del algún modelo matemático a juzgar por la celeridad con que unos laboratorios y países compiten con los demás. Lo que las hace muy dudosas en cuanto a su seguridad.
  3. El hecho de que no se hayan hecho autopsias nos impide saber la fisiopatología de la infección y saber a ciencia cierta de qué murieron esos fallecidos mal contados por el gobierno.
  4. Es muy probable que el Covid sea un virus de diseño y que en ese laboratorio de Wuhan estaban haciendo cosas feas e ilegales. Si el escape del virus es un accidente es secundario al hecho de que se trabajara con ese material letal.
  5. Nuestro gobierno lo ha hecho tan mal que parece que lo haya hecho adrede y esa es la sospecha que tienen en la cabeza esos negacionistas que salen por la tele sin mascarilla y desafiando a la policía.
  6. Lo que he aprendido en esta pandemia es que en España no funciona casi nada, ni sabemos contar los muertos, ni hay coordinación entre Autonomías y cada una va a su bola, que los políticos a pesar de tener tantos asesores no han sabido -por su conocida soberbia- rodearse de personas capaces (verdaderos expertos) en epidemias.
  7. Ahora tenemos un país arruinado, con la gente medio confinada, sabiendo que nuestro gobierno lo ha hecho muy mal y sabiendo que el mal ya está hecho y que no se vislumbra ninguna esperanza en cuanto a un cambio de estrategia. Lo cierto es que la mayor parte de los Ertes aún no se han cobrado, los negocios privados están arruinados y hay una seria amenaza a las nóminas de funcionarios y pensiones.
  8. La peor decisión que puede tomar un gobierno en la situación actual es demonizar a los jóvenes, acusar a la población de irresponsable y ejercer la censura en los medios. Esto no es China y aquí no funciona, no funcionó nunca.

En suma, no hemos dado la talla como país y si no había un plan (plandemia) lo parece, de forma que los informadores deberían ser un poco más sutiles a la hora de liquidar con ese detestable epíteto, “negacionista” a todos los que discrepen de la verdad oficial. Dudar de lo que nos cuentan no es hoy síntoma de negacionismo sino una actitud razonable y crítica, a veces desproporcionada pero comprensible.

Las consecuencias de esta situación son aún hoy inconmensurables pero ya se detecta una desafección a todo lo público y lo que es peor: a la ciencia.

Aunque quizá sea para bien pues la teorías causales en la ciencia han de ser revisadas, ya es hora de que la ciencia se encuentre de bruces contra sus propios métodos y protocolos. Ya es hora de que la ciencias de la complejidad asomen el hocico para hacer entender que aun con “cum” y con “post” pandemia y plandemia es decir lo espontáneo y la conspiración pueden coexistir.

Lo que es lo mismo que decir que ficción y realidad forman parte de un mismo paquete de información como el gato de Chersire le enseñó a Alicia.

 

 

El futuro son las ciudades

obsoleto

Recientemente he asistido al Colegio de médicos de mi ciudad porque se había convocado un acto político en el que los distintos partidos presentaron su programa electoral.

Lo cierto es que fue un acto bastante aburrido, como siempre en estos casos donde no se dicen más que vaguedades aunque el morbo estaba en escuchar a Ciudadanos y a Podemos. Una decepción, y ni siquiera el jovencísimo representante de Podemos nos escandalizó. Todos los partidos parecían iguales y haber pactado sobre lo políticamente correcto que en Sanidad es ese mantra que dice: que “la sanidad ha de ser universal, pública y gratuita”. Poco más y nada menos que eso. Más que un consenso, un dogma.

El caso es que uno de los representantes de los partidos en un tono homiliar llamó la atención sobre un hecho para él muy relevante: la escasa asistencia de colegiados al citado acto. Efectivamente, apenas unas 40 personas asistimos y me distraje tratando de averiguar la edad media del certamen, unos 50 años.

Dicho de otro modo, los médicos jóvenes no asisten al colegio. ¿Es por la política?.

Lo cierto es que el Colegio de médicos y a pesar de que la Junta directiva no deja de proponer actividades diversas para que los colegiados participen no logran que haya presencia de los colegiados en la vida de la Institución. Y sucede por una razón:

Los colegios de médicos son una institución obsoleta que huele a naftalina y está llena de arrugas. En este sentido les pasa lo mismo que a los partidos políticos No sabemos para qué sirven a pesar de que sabemos que se sirven de si mismos en una especie de autoreferencia perpetua.

Hubo un tiempo en que los colegios eran corporaciones con cierto poder, tenían incluso potestad de sanción sobre los colegiados y además estarlo era obligatorio. Había tribunales de honor donde se afeaba a los colegiados que eran denunciados por alguien y había algo que afear. Había, por así decir una ética médica que respetar, hoy en dia los tribunales han sustituido a la sanción mediadora de los colegios y ya no sirven más que para organizar cenas, viajes o correderías de seguros.

La legalización de los sindicatos fue el primer golpe que sufrieron los colegios profesionales y hoy un médico que sólo trabaje en la pública no tiene obligatoriedad de estar colegiado. Digamos que es un reducto para aquellos que ejercen la medicina privada y para los nostálgicos que se aburren y no tienen donde ir a jugar al guiñote, aunque es cierto que allí, -como en ningún otro lugar- ya no se juega a cartas desde que fumar está prohibido en los locales cerrados.

Dicho de otra forma: allí ya no va nadie si no es a consultar al abogado o a resolver algún trámite con el seguro del coche.

Las instituciones se hacen viejas como las personas y es por eso que los jóvenes les dan la espalda pero a pesar de eso no hacen sino crecer, es como si se negaran a morir y se aferraran a una vida vegetativa. Lo nuevo y lo viejo siempre batiéndose en un perpetuo duelo dialéctico y lo peor: no sabemos aún qué es lo nuevo. ¿Quien tomará el relevo de lo viejo? ¿Habrá colegios de médicos dentro de 40 años? ¿Habrá diputaciones o casinos?

Lo que es más probable es que no haya Autonomías, una de las instituciones políticas más caras de mantener y con más corruptelas que amañar. No es que yo sea partidario del centralismo madrileño. No. En realidad yo era de aquellos que queríamos descentralización en aquel momento histórico en que Adolfo Suarez cantó el “café para todos”, un gran error que ha sido al final el responsable de que en España no haya ya ni un duro en las arcas. Hoy Pedro Sanchez está intentando que Europa le de dinero para llevar a cabo su proyecto que no es desde luego un proyecto claro ni transparente. Es poco probable que Europa no le ponga condiciones draconianas y también es muy probable que Pedro haga todas las trampas que pueda (A estas horas aun no se sabe cómo quedará el reparto de ese dinero fiduciario).

Optar por la descentralización no tiene nada que ver con el modelo actual autonómico. ¿Para qué queremos parlamentos y consejerías que no hacen sino duplicar o triplicar el número de politicastros en nómina jugando al mismo juego que sus compañeros del Congreso de Madrid? Yo estaba y estoy a favor de descentralizar pero no a favor de duplicar. La razón es muy fácil de comprender. Si usted ha tenido alguna vez que ir a Madrid a algún ministerio a hacer una gestión, ya sabe cómo termina todo. “Vuelva usted mañana”. En Madrid no resuelven nada por una razón muy fácil de entender, “No sufren sus consecuencias”, tanto si es una carretera peligrosa, como una estación de ferrocarril o una simple gestión administrativa. Sin enchufe o -como se decía antes-, influencias es imposible mover nada en la capital del reino.

Por eso la descentralización era una buena idea de gestión, pero es una mala idea política que genera clientelismo por excesiva proximidad, duplica los gastos y la CCAA siempre andan endeudadas con leyes distintas para cada una de ellas y escasa cooperación. Demasiada nómina que mantener. En realidad la descentralización de la que hablo podría ser llevada a cabo por un puñado de gestores y los propios funcionarios de las Diputaciones en una especie de juramento de asepsia administrativa y contable

Pero hay otra fórmula que es la que creo que se impondrá en el futuro: me refiero al florecimiento administrativo de las ciudades y mancomunidades. Ceder las funciones que hoy ostentan las Autonomías a las ciudades y a sus consorcios es la solución que liquida el problema de la inmediatez, la proximidad y las duplicidades . Algo asi como una federación de municipios que se ocupara de los problemas de sus ciudadanos con toda la artillería que hoy está en manos de Autonomías lejanas y siempre burocratizadas.

Naturalmente Cataluña y el País vasco se negarán a este cambio, que en cualquier caso precisará de modificaciones importantes de la Constitución, pero qué importa: ellos que sigan con su modelo del siglo XIX y que se arruinen. Todas las corporaciones pugnarán por venir a Valencia, Murcia o Sevilla y cada ciudad además podrá poner sus condiciones para disponer de unas industrias u otras, incluso sus propias disposiciones municipales. Habrá competencia fiscal y no se le impondrá a los niños ningún idioma ni género.

Lo cierto es que los cantones fueron una buena idea, adelantada a su tiempo que se desperdició por una estúpida guerra.

 

Golpe de Estado blando (y II)

En el post anterior hablé de algunos magnicidios y de lo que se pretende con ellos: un cambio en ciertas políticas de Estado. Así sucedió con Canovas y con Carrero Blanco, también con Kennedy. Otras veces el propósito no está tan claro si atendemos a los resultados: hablamos entonces de geopolítica y de estrategias de bloques, mucho más oscuros que los anteriores.

Pero los cambios de gobierno o de ciertas políticas no solo se consiguen con los magnicidios sino que cada vez más se producen a través de ciertas intervenciones a veces cruentas y a veces incruentas. De ello voy a ocuparme en este post.

El atentado del 11-M es un ejemplo de un atentado que logró en cierta manera cambiar las políticas de Estado, en aquel caso del PP con su alianza Bush-Blair-Aznar o “pacto de las Azores”. Es más que obvio que aquel pacto molestaba a ciertos poderes -con la complicidad evidente de las cloacas del Estado- que propiciaron a través de aquel atentado a tres días de las elecciones cambiar el sentido del voto de los españoles dándole a Zapatero y al PSOE el poder necesario para liquidar aquella alianza. Algo parecido sucedió con Calvo Sotelo y nuestra entrada en la OTAN, todo parecía estar relacionado con la extraña “espantada” de Adolfo Suarez, un hombre poco sospechoso de cobardía.

Pero los golpes de Estado ya no precisan excesivos cadáveres en la mesa, las democracias occidentales son demasiado débiles y no soportan una subversión bien organizada como hemos visto en Venezuela, Bolivia, Rusia o Turquía, Argentina es punto y aparte. Uno puede organizar sus propios y falsos golpes de Estado para justificar una política autoritaria o represiva y no pasa nada, ni en Turquía que es territorio de la OTAN. Algo parecido sucedió en Ucrania y Putin ha hecho cambios en la Constitución para asegurarse la Presidencia del gobierno hasta después de muerto. Dicho de otra manera: la democracia y desde dentro de ella se puede cambiar casi todo si uno cuenta con los poderes fácticos del Estado. Algo que ya sabíamos desde que Hugo Chavez nos lo enseñó. Se trata de autogolpes o golpes de Estado blandos, son lentos y de alguna manera imperceptibles, usan la estrategia de la “rana cocida”. La opinión publica apenas se da cuenta de los cambios hasta que ya son irreversibles por medios democráticos.

La operación Resurrección.-

Charles de Gaulle fue durante la segunda guerra mundial el Presidente de la República en el exilio y cuando terminó la guerra se hizo cargo del gobierno en 1944, considerándose aquella época la de mayor esplendor de la República: los treinta gloriosos, desde 1944 hasta 1974.

Sin embargo se retiró de la política en 1950 hastiado por la incompetencia de la 4ª Republica y la ingobernabilidad del país demasiado escindido en pequeños partidos y con un PCF en pleno éxtasis de popularidad. Pero había otro problema más allá de la inestabilidad política, una guerra en ciernes en Argelia, donde el ejercito francés se había hecho fuerte y no estaba dispuesto en lo más mínimo a ceder soberanía a los del Frente de liberación de Argelia. La idea era que después de la humillación de Indochina, los generales franceses no estaban dispuestos a claudicar pues sentían a Argelia como parte del territorio francés con cientos de miles “pieds noirs” es decir franceses que se habían establecido allí y tenían su vida y sus negocios en Argelia. El conflicto estaba pues preparado para estallar, tanto es así que los militares prepararon la “toma de París” con su ejercito africano que concentraron en Córcega con todos sus paracaidistas preparados para la fase final. Dicho de otra forma los militares preparaban un golpe de Estado para detener la previsible política francesa de abandono de la colonia.

Pero a última hora:  el general Jacques Massu hizo una oferta: que De Gaulle regresara al Elíseo.

La quinta República.-

Después de que los políticos franceses facilitasen el retorno de de Gaulle al gobierno, la operación fue cancelada. Tuvo un papel central en la resolución de la crisis de mayo, que conduciría a la instauración de la Quinta República Francesa que se estableció bajo la amenaza de una intervención militar.

De Gaulle regresó y se canceló la operación, desde entonces se dedicó a “marear la perdiz”, pues de Gaulle no es de los que se sometían fácilmente a dicterios militares. Y tampoco estaba inclinado a meter a Francia en una guerra por mantener Argelia, de modo que de Gaulle acabó traicionando a sus compañeros de armas. Es por eso que muchos de ellos pasaron a la clandestinidad en la llamada OAS (organization de l´armée secret) y trataron de atentar contra él en varias ocasiones (vale la pena ver la película “Chacal” sobre esta cuestión). Al final – y no sin trauma en su población civil- Argelia se liberó de Francia y el ejercito quedó con un palmo de narices.

Lo que vale la pena recordar es que la operación Resurrección fue un golpe de Estado y el nombramiento de De Gaulle ilegal, algo que nosotros los españoles tratamos de emular durante el 23-F. En esta ocasión también había en España mucho ruido de sables, mucha inestabilidad -los años de hierro de ETA- con un Adolfo Suarez debilitado por la prensa nacional y por su propio partido. El General Armada podría haber sido de Gaulle si Tejero hubiera estado de su parte pero Tejero no estaba en el complot de Armada sino en otra cosa. El Rey traicionó a todos si es cierto que había promovido aquel plan, pero en cualquier caso ganó y promocionó a la Corona con aquella acción de madrugada deteniendo el golpe. “Resurrección” y “el Elefante blanco” eran pues primos hermanos.

Y una prueba de que a veces la única forma de defender la democracia es la fuerza. El problema es que los que practican la fuerza suelen tener propósitos bien distintos a los democráticos.

Y esa es la paradoja que apresa a las democracias liberales: son demasiado débiles para defenderse de ataques bien organizados sean militares o de cualquier otro ámbito y llevan en su ADN demasiadas gracilidades para resistir a ciertas estrategias bien organizadas. En España tenemos un buen ejemplo de esa debilidad: prensa, poder judicial, instituciones del Estado cautivas del poder político bajo directivas extranacionales. De un poder político inestable y en cierto modo impresentable, una situación muy parecida a la IV Republica Francesa. Afortunadamente no tenemos un Ejercito en colonias, peor que eso, no tenemos ejército.

 

Magnicidio, golpe de Estado y terrorismo (I)

Lo primero es definir qué es cada cosa a fin de discriminar de qué estamos hablando cuando hablamos de magnicidios, golpes de estado y terrorismo y aunque hay un cierto parecido entre ellos es necesario la discriminación entre estas actividades que son en cualquier caso actividades subversivas que persiguen un fin político casi siempre: cambiar las políticas de un país determinado sea en lo referente a su política exterior, sus alianzas o su régimen interno.

Un magnicidio puede definirse como el asesinato único de una persona de alta representación en el Estado, sea presidente del gobierno, primer ministro, rey, príncipe o alto dignatario, lo suficientemente alto como para provocar un efecto de cambio en políticas concretas en ese Estado. Lo que le distingue de una revolución o revuelta donde no hay sólo un muerto sino miles o de las guerras civiles donde hay dos bandos del ejército enfrentados. Mi listado incluye tan solo a aquellos mandatarios que en el momento de su asesinato ostentaban representación gubernamental.

Me referiré tan solo a los magnicidios que yo he conocido y dejo al lector interesado con el libro de Perez Abellán que preside este post para ampliar sus puntos de vista sobre el pasado español. He conocido los siguientes:

  • John F. Kennedy
  • Aldo Moro
  • Carrero Blanco
  • Olof Palme
  • Gandhi y su hija Indira
  • Sadam Hussein
  • Gadaffi

Quedan pues fuera de estos homicidios aquellos otros de gente importante y que responden a otro tipo de motivaciones en sus asesinos, a veces políticas como en el caso de Calvo Sotelo, a veces de venganzas personales como en el caso de Lorca, venganzas de estado como en el caso de Obama Bin Laden, de crímenes racistas como en caso de Martin Luther King o de crímenes paranoicos como el caso de John Lennon.

Lo interesante de estos crímenes es que efectivamente persiguen un cambio de régimen pero no siempre lo consiguen, debe ser por eso que los magnicidios están de capa caída y han dado lugar a otro tipo de estrategias subversivas como los golpes de Estado blandos o los atentados terroristas. Considero -personalmente- que los atentados terroristas son una evolución de los magnicidios, solo eso explica que las personas más odiadas del mundo como Maduro o Donald Trump aun se hallen entre nosotros.

Perez Abellán describe en su libro un patrón después de analizar los atentados que han tenido lugar en España, lugar -según él- de magnicidios viciosos, desde el de Prim, pasando por Cánovas y Canalejas hasta llegar a Carrero Blanco y por supuesto el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda a cargo de Mateo Morral. El patrón es el siguiente.

1.- Existen fallos patentes de seguridad en este tipo de crímenes.

2.- El perpetrador actúa como si la policía no existiera y se mueve por los alrededores sin ser detectado.

3.- Los responsables por su negligencia no son apartados de sus responsabilidades sino que hacen carreras muy destacables como el Conde de Romanones.

4.- Las pruebas físicas como balas o artefactos explosivos se pierden, los documentos aparecen emborronados o con tachaduras. Las investigaciones son siempre poco minuciosas y aparecen pruebas falsas.

5.- Los criminales son siempre personas que proceden de ideologías extremas, aunque manejan gran cantidad de dinero, viajan solos y según las versiones oficiales operan por si mismos. Nunca se llega al fondo de la cuestión respecto a los promotores del crimen que siguen ocultos a la mirada oficial.

Dicho de otra forma, el patrón señala hacia el hecho de que la mayor parte de estos crímenes son crímenes de Estado o como diríamos hoy de las cloacas del Estado. Hay una clara convivencia entre los resortes de seguridad que parecen desaparecidos del lugar donde se lleva a cabo el atentado, la policía que custodia las pruebas halladas en el lugar, etc. El autor oficial del crimen suele ser un anarquista, un comunista, un fascista, un grupo terrorista que inmediatamente se adjudica el atentado (aunque no tenga nada que ver) o un lobo solitario que siempre aparece con su documento de identidad o su partida de nacimiento al lado. Dicho de otra forma el perpetrador suele ser un sicario o grupo de sicarios que operan bajo las ordenes de otros. A veces un miembro de la CIA como el caso de Lee Oswald, un tirador de precisión que obviamente no actúo por propia iniciativa si recordamos los enemigos que John F. Kennedy tenia en aquel entonces en USA.

Los crímenes de esta naturaleza tienen la virtud de señalar a sus beneficiarios si bien no existen casi nunca la posibilidad de encontrar pruebas fehacientes de su culpabilidad en un juicio de garantías. Todo el mundo fue capaz de advertir que Lindon B. Johnson junto con el complejo militar industrial y la Mafia fueron los principales beneficiarios de la muerte de John F. Kennedy  y aunque eso no sea una prueba de su culpabilidad lo cierto es que es una pista de los motivos del crimen. Johnson terminó con todas las políticas que había iniciado Kennedy y siguió con la guerra de Vietnam a la que Kennedy tenia poco aprecio.

El magnicidio en esta forma de verlo con es un golpe de estado sino un cambio de personas que al fin son cambios de políticas. Del mismo modo el atentado del 11-M en Atocha no fue un golpe de Estado, ni un magnicidio sino un atentado terrorista que propició un cambio en la presidencia del Gobierno de alguien que estaba de acuerdo con liquidar la alianza entre USA y España que había propiciado Aznar. No son pruebas jurídicas, son indicios fácticos: el beneficiado siempre es culpable cuando aplicamos nuestro pensamiento mixto, basado en tasas (datos) y narrativas, la heurística del experto.

Los magnicidios dan siempre lugar a teorías conspiranoicas y lo hacen porque la opinión publica “sabe” que las versiones oficiales son incompletas, falseadas cuando no mentirosas. La sospecha de que hay algo que se nos oculta desde ese oscuro poder oculto entre bambalinas es algo generalizado y que explica porque las relaciones entre los ciudadanos y sus gobernantes están tan mal llevadas por ambas partes. El poder engaña, e incluso cuando no engaña no se le cree. Un ejemplo es lo que está pasando hoy con las recomendaciones de llevar mascarillas. Hay mucha gente que no lo hace y no sigue las recomendaciones. ¿Por qué? Pues porque antes se mintió diciendo que no eran necesarias y aunque todos sabemos que se recomendó no llevarlas porque no había para todos el argumento que se construye de manera opuesta es que nos están mintiendo y que no hay para tanto, incluso algunos hablan de “plandemia” en lugar de pandemia.

Del mismo modo, la gente no cree que Oswald actuara solo o por propia iniciativa o que el atentado del 11-M fuera obra de aquellos que terminaron en la cárcel o muertos en su enfrentamiento contra los GEOs. Ya dije más arriba que los atentados terroristas eran la evolución del magnicidio y a veces son más eficaces. Y lo que caracteriza a los atentados es algo que comparten con los magnicidios, aquí hay un sicario y en los atentados lo que hay se llama “falsa bandera”: la posibilidad de atribuirselo a otros.

De lo que se trata es de poder “pasarle el marrón a otro” que sea fácilmente asimilable por la opinión publica. Es fácil de entender que una organización islamista como Al Qaeda pretendiera “vengarse” por el papel de Aznar en la guerra de Irak (que fue ridículo comparado con Francia o UK), es una idea fácil de comprender y de vender a pesar de la evidencia de que aquel atentado precisaba de una precisión y una profesionalidad difícilmente atribuible a los árabes que por cierto eran confidentes de la policía. El plan era que pareciera un atentado de ETA para equivocar al gobierno y a tres días de las elecciones propiciar un cambio en la intención de voto ante la aparición de nuevas pruebas convenientemente colocadas. Se trataba de quitar al PP del poder y sustituirlo por Zapatero. ¿Quien podía estar detrás de este plan? Nunca lo sabremos y es por eso que existen multitud de versiones sobre esta cuestión bien demonizadas como conspiranoicas y que no tienen ninguna incidencia en la vida política del país. Dicho de otra manera los poderes ocultos ni siquiera se molestan en desmentirlas, eso lo hacen sus secuaces de la prensa seria.

Dicho de otra manera: las versiones oficiales son poco fiables y esta escasa fiabilidad propicia teorías a veces delirantes. Es pues la mentira y la ocultación las que generan los delirios de la gente y luego está Newtral para hacer de policía del pensamiento. Lo cierto es que la censura lo que consigue es lo contrario a lo que se propone: se produce un efecto Streissand cuando se ponen a vigilar y censurar.

Los que vivimos en el franquismo sabemos bien lo poco eficientes que son las censuras sobre ideas, libros, canciones, espectáculos u artículos de prensa: solo sirven para propiciar lo que intentan prohibir. Lo prohibido tiene un efecto halo.

Antes de terminar el post me gustaría decir algunas cosas sobre el asesinato de Carrero Blanco, un crimen que viví durante mi epoca de estudiante y que nos conmocionó a todos aunque no eramos nada defensores de la dictadura. En el libro de Perez Abellan hay algunas pistas  que nos obligan a pensar en algo muy importante. El perpetrador de un crimen de esta naturaleza puede ser alguien concreto como la ETA, yo no tengo ninguna duda de que fue la ETA pero es muy sospechoso la facilidad con que aquel comando se movió por Madrid en aquellos años de hierro.

Es muy posible que se cometan crímenes por encargo y también es posible que existan franquicias del crimen organizadas de forma sincronizada por arriba. Carrero era una presa importante para ETA por la propaganda que podían ganar pero también representaba un peligro para aquellos que le veían como sucesor de Franco sin olvidar que Carrero no era partidario de la entrada de España en la OTAN y que andaba pensando en un programa nuclear para nuestro país.

¿Lo mató la ETA por eso, o fue un atentado por poderes?

En cualquier caso uno tira la piedra y otros ponen la honda.