No escape from reality

El titulo de este post remite a una canción de Queen, cuyo autor Freddy Mercury escribió quizá una de las canciones más celebradas del siglo pasado, me refiero a Bohemian rhapsody, que es efectivamente una rapsodia escrita con fragmentos de otros estilos musicales distintos al rock progresivo y que incluye algunos guiños a la opera. Eso es una rapsodia un ejercicio de mezcla de fragmentos que dan como resultado una obra unitaria, que no pierde en la suma de sus partes la esencia de su unidad.

En ella el cantante acompañándose del piano le cuenta a su madre que acaba de matar a un hombre y es de ese pasaje donde sale el titulo de este post, pues el criminal sabe que no puede escapar de la realidad pero en este caso se trata de una realidad sin marcha atrás. es como aquel que ha cruzado un limite y ya no puede retroceder, o puede hacer otra cosa sino intentar escapar de la angustia de haber perpetrado un crimen. Haga lo que haga no se puede volver atrás y recomponer aquella escena, no hay salida, solo queda purgar por esa culpa, podrá ser perdonado pero no puede ser absuelto moralmente de su decisión.

En eso andaba yo pensando mientras leía este libro de Deaton que habla de salud, progreso y desigualdad.

Un experimento mental.-

Imagínese que usted es un soldado y que ha sido hecho prisionero y ubicado en un campo de concentración enemigo. Vamos a suponer que ese campo tiene 100 cautivos y que usted como casi todos los que allí se dan cita lo que quieren es escapar. Hay varios compañeros que hacen planes para construir un túnel que comunique el campo con el exterior. de manera que usted y digamos 20 más de su barracón comienzan a excavar un túnel. La marcha de las obras ha de ser necesariamente lenta para pasar desapercibidos para los guardianes, y ustedes tienen una idea: no construiran solo un tunel sino dos de manera que si uno quedara descubierto e inutilizado siempre quedaria el otro. Para ello necesitan más manos, de modo que el plan ya no se limita a su propio barracón sino que se lleva la noticia más allá a otros barracones siempre a través del secreto de estas comunicaciones.

Llega el día en el que el plan parece haber llegado a un consenso entre los lideres de la fuga: unos 20 saldrán por el primer túnel y otros 20 saldrán por el otro después de dejar pasar una hora más a o menos para dar tiempo al primer grupo a que se aleje lo suficiente y dispersar a los soldados perseguidores en el caso de ser detectados.

Lo interesante de esta fuga es que -después de la construcción del túnel- no todos los cautivos parecen dispuestos a abandonar el campo, donde al menos tienen comida y pueden guarecerse de los elementos climáticos., incluyendo a aquellos que colaboraron en su construcción. Al final solo 20 son los decididos a escapar y se dividen en dos grupos. El resto (80) prefieren no correr ese riesgo, que no es otro sino perder la vida y en el caso de volver a ser capturados perder todas las prebendas que ahora disfrutan pues pasarían a otro campo con condiciones de vida mucho más duras.

De manera que tenemos un grupo (1) de 20 escapistas y un grupo (2) de 80 conformistas.

Podrá preguntarse porqué esas 80 personas rechazan la aventura de escapar. Bueno, unos por miedo, otros por alguna enfermedad, herida o incapacidad para sobrevivir en la escapada, otros por su edad. Pero hay una segunda lectura que procede de los escapistas. Estos lo hacen porque prefieren la libertad a la seguridad y porqué no decirlo, de llegar a las posiciones amigas serian inmediatamente devueltos al frente. Para algunos es mejor permanecer en el campo que volver a la trinchera.

Pero hay más: los delatores. Basta con que en esos 80 haya un delator para que el plan se venga abajo, al menos en parte. Esto es lo que sucedió: 2 delatores de dos pabellones adyacentes dieron parte a los guardianes de que se acercaba el momento de la fuga y aunque no podían saber a ciencia cierta por donde discurrían los túneles, lo cierto es que avisaron a tiempo suficiente para impedir la segunda fuga. De manera que solo 10 escapistas lograron su propósito. Inmediatamente se dio la voz de alarma y fueron perseguidos no sin antes comprobar qué dirección habían tomado los escapistas.

Es interesante este experimento mental para que cada uno de nosotros piense en qué haría en esa situación, veamos el resultado de la fuga:

  • Diez fueron los fugados por el primer tunel. De esos 10, 5 fueron ejecutados durante la persecución, los otros 5 consiguieron llegar a las lineas amigas.
  • Los delatores ganaron prestigio y prebendas entre sus guardianes y consiguieron beneficios por su «soplo», mejores raciones de comida y eludir los trabajos más penosos. Naturalmente sus compañeros ignoraban quien eran los delatores aunque habian ciertas sospechas bien fundadas.
  • Las condiciones del campo empeoraron con la fuga y el régimen disciplinario se endureció. Las raciones fueron más cortas, el tabaco escaseaba y los trabajos y los registros fueron mas duros y frecuentes.

En resumen: de esos 100 solo lograron su objetivo 5, lo que representa un 5% de la población total. 5 murieron en la intentona. El resto de internos acabó perdiendo en ese juego donde pocos ganaron. Los únicos que se beneficiaron de la situación fueron esos dos delatores.

Sin embargo hay un matiz que creo importante señalar. Los 80 que quedaron en el campo de manera voluntaria sostuvieron un moral muy alta y dirigieron sus oraciones y deseos al éxito de la empresa de sus compañeros, aunque perdieran comodidades llegaron a suplirlas con algo más: un criterio moral de resistencia. Los delatores por su parte no terminaban de estar bien a pesar de haber ganado bienestar en el campo, pues lo hicieron a costa de traicionar a sus propios compañeros.

El bienestar no siempre coincide con la felicidad, pues el bienestar es la valoración que hacemos de nuestros actos y de nuestro modo de vida, mientras que la felicidad es un estado fisiológico, una emoción que va y viene pero que casi nunca persiste.

Si a mí me preguntaran de qué va este libro de Deaton, no contestaría sino que pondría este experimento mental para que el lector se haga esa pregunta que más arriba me hacía. ¿En qué grupo se situaría? Naturalmente nadie se pondría en el papel del delator, pero es necesario que aquel que se traza un mapa del mundo sepa que los delatores o traidores existen en una proporción al menos similar a ese 2%. El libro de Deaton nos da ciertas claves para disminuir la desigualdad y parece que se alinea con la idea de: más capitalismo, más democracia, más seguridad y más libertad. Pero no termina de resolver el dilema de la desigualdad pues el hecho de no aprobar las ayudas a los más necesitados de ella no parece que resuelva nada, si bien es cierto que las ayudas acaban siempre corrompiendo instituciones y promoviendo dictaduras en los países a los que se destina. Los poderes extractivos funcionan como los delatores, impidiendo u obstaculizando el progreso.

En suma alcanzar un buen nivel de bienestar está relacionado con el dinero (renta per capita) pero no solo con el dinero. ¿De qué sirve tener bienestar material en un país como Bulgaria o Togo donde la realización personal es de las mas bajas del mundo? ¿De qué sirve ser rico en un país lleno de delincuentes o de inseguridad para la vida o la propiedad? Ese algo más que se añade al dinero es precisamente la seguridad pero sobre todo la libertad. Encontrar un equlibrio entre ambas es la tarea que nos corresponde a los ciudadanos del siglo XXI pues es muy posible que hayamos tocado fondo en expectativa de vida y en opulencia material sin olvidar que el progreso por si mismo lleva aparejadas bolsas de desigualdad, de alienación y de patologías mentales. No hay que olvidar que la opulencia sienta muy mal a nuestro cerebro. Y más.

La idea fundamental es que se puede escapar de la pobreza, de la muerte precoz y de la miseria moral.

Sin olvidarnos de la suerte.

Aqui hay una buena critica del libro.

El machismo y la hipergamia

Lo más probable es que usted crea que lo contrario del machismo es el feminismo pero está usted equivocado, el feminismo -al menos el feminismo realmente existente- es una especie de machismo protagonizado por ciertas mujeres hembristas, como más adelante veremos. En realidad lo contrario, lo opuesto al machismo es la hipergamia.

Es también posible que usted crea que hipergamia es sinónimo de promiscuidad, pero siento decirle que está también equivocado. La hipergamia es un emparejamiento hacia arriba, el acto o práctica de buscar pareja o cónyuge de mejor nivel social y/o económico o de una casta más alta que uno mismo. distinto de la promiscuidad donde no se mira con quién se copula, lo importante es copular con muchos. Así descrita la hipergamia es la conducta sexual preferida por la mujer occidental, es decir de las mujeres que habitan el mundo opulento y liberal en el que vivimos en Europa, USA y Canadá y Australia-Nueva Zelanda.

Machismo e hipergamia representan pues opuestos o contrarios y mantienen entre si relaciones dialécticas. Para saber qué demonios es eso de las relaciones dialécticas lo mejor es que el lector lea antes este post que dediqué a la Aufheben hegeliana. Pero si usted cree que ese concepto es demasiado complicado puede conformarse con mi explicación para dummies.

Si existe Podemos ha de existir Vox, si existe derecha ha de haber izquierda, si existen partidarios de aborto ha de existir detractores, si existe Dios ha de existir el diablo, si existe el bien ha de existir el mal etc. Esto es dialéctica.

Este mes de Diciembre ha sido un mes «horribilis» para el ministerio de Igualdad, pues 11 asesinatos de mujeres en un mes ha levantado todas las alarmas, máxime cuando estos asesinatos han sido terriblemente crueles llevándose la vida de una mujer embarazada a termino bien descrito por la prensa amarilla, o sea toda. Las declaraciones de nuestra adolescente ministra de Igualdad son más un berrinche pidiendo más policías, más protección y más recursos para las previsibles (solo ella sabe quienes son las beneficiarias de esa predictibilidad) víctimas de la violencia machista. Pero ningún intento de repensar las cosas, de modificar el hábito del pseudodiagnóstico y de ponerse a trabajar más allá de favorecer los chiringuitos de género que se llevan las inversiones de ese gran negocio que es la ideología de género.

Para entender mejor las causas de este estropicio que ha generado la LVG y la ideología de género, es necesario recurrir al pensamiento dialéctico y plantearse algunas preguntas:

¿Qué quieren los hombres? ¿Y qué quieren las mujeres? Me refiero en general, no a las activistas de género o a los asesinos (hombres) y a las asesinas (mujeres) potenciales. Para ello es necesario plantearse una pregunta en clave evolucionista con la ayuda de Hegel.

El machismo existe realmente -es un extremo de la masculinidad- aunque no tiene nada que ver con el patriarcado, tiene que ver con la testosterona y la manera que entendemos cada uno de ser hombre, sin embargo es un estado mental y físico muy similar a la hipergamia. El hombre anhela fuerza, determinación, competencia, dominio y subordinación, mientras la mujer quiere estatus, coacción de la potencia masculina, y obediencia del hombre a la seducción a través de la exhibición de caracteres sexuales secundarios. Y sobre todo protección, una mujer aun la más empoderada y autónoma lo que busca en un hombre o en un gremio es protección para ella y sus hijos. Como puede verse machismo e hipergamia son cosas que parecen distintas e incluso incompatibles. Lo parecido y lo diferente sin embargo guardan ciertas similitudes: ambos persiguen un fin vinculado al sexo de cada uno de los contendientes. Dicho de otra forma: son fenómenos de distinta naturaleza pero enredados en un mismo caldo social e incluso en una misma matriz. Se refuerzan el uno al otro o por decirlo en términos cibernéticos: se retroalimentan.

Significa que en una sociedad donde haya muchos elementos hipergámicos habrá mucha rivalidad intrasexual femenina y es previsible que haya también muchos «incels» o MGTOW-likes, es decir hombres opuestos y combativos con el feminismo que acumulan grandes decepciones en su vida sentimental y que por supuesto acumulan rencor hacia las mujeres.

También es cierto que existen mujeres que acumulan rencor hacia los hombres, pues ¿cómo discriminar al protector del depredador? Muchas mujeres han tenido experiencias sentimentales muy frustrantes y/o se han sentido discriminadas o maltratadas por hombres concretos, por padres abusivos o ausentes, por humillaciones en el trabajo o por exclusiones sociales que por alguna razón u otra han sido adjudicadas a su género.

Los hombres tienen un miedo ancestral a la mujer, un miedo que procede de la posibilidad de que la mujer le engañe, Y terminar haciendo cuckoldry (cuernos), es decir cargar con los hijos de otro, es por eso que los celos masculinos y la vigilancia controladora de la mujer están bien definidos entre los jóvenes que aun no han tenido el suficiente aprendizaje social o bien madurez. Hay ciertas diferencias entre los celos de hombres y mujeres y lo que sabemos es que los celos son mucho más perturbadores psicológicamente en los hombres.

Podríamos decir entonces que el feminismo es en realidad un grupo de autoprotección que las mujeres adquieren para defenderse de este maltrato que o bien han sufrido o bien esperan en algún momento. Pero lo cierto es que al mismo tiempo que buscan protección en ese entorno niegan la mayor a los hombres. es decir niegan sus deseos de protección, lo de llegar a casa «sola y borracha» no es más que un deseo infantil. En realidad irse de noche a casa sola y borracha tiene muchos riesgos para las mujeres. Riesgos que niegan de forma «naif» como si la seguridad fuera un derecho que tenemos solo por el hecho de ser mujeres. En realidad los hombres también tenemos muchos riesgos, si volvemos solos a casa y borrachos, peleas, drogas y accidentes de tráfico son las penalidades nocturnas de los padres que tienen hijos varones. Existe mucho más riesgo cuando se niegan los peligros y la vulnerabilidad. Lo realmente sorprendente es que las mujeres en realidad lo que hacen es identificarse con lo peor de los hombres, así se muestran descaradas, desafiantes, obscenas o agresivas como si fueran machitos sin civilizar. Este es el modelo de mujer empoderada que vemos en las películas, en las series y que tanto éxito ha tenido en ciertos estratos sociales. ¿pero no habíamos quedado en que los hombres son detestables? ¿Por qué imitarles?

En realidad estas dos posturas de género, el macho que vigila el móvil de su novia o la chica que inmoviliza a su novio dejándole sin movimiento como la Gorgona, son dos posturas extremas de lo que estoy contando. Ninguna masculinidad podrá ser transformada a partir de los deseos de la mujer, ni ninguna femineidad podrá ser controlada a partir del deseo del hombre. Hay que dejar de contemplar la transformación de la masculinidad (las nuevas masculinidades) desde el punto de vista femenino., al servicio de la mujer. Y si eres hombre lo mejor es que busques una mujer que se situe bajo la campana de Gauss y no esté aun demasiado contaminada por ideas extremas.

Y esto es lo que puede resolver la dialéctica. De lo que se trata es de repensar conjuntamente, debatir sobre cómo queremos los hombres ser y cómo quieren las mujeres ser, pero a distancia de los maximalismos. No se trata de noquear al adversario, sino entenderle y sobre todo respetar la idiosincrasia del otro y lo que no interesa no interesa.

Insistir en la polarización de los sexos es favorecer la violencia sexual, no se trata de poner más policías, se trata de enseñar dónde están los riesgos de una manera realista. Y favorecer que se cumplan los deseos femeninos más profundos, la protección, que se deje de buscar en entornos feminizados que solo podrán ser sucedáneos de un padre, un hermano o de un marido.

La mala noticia es que la identidad y los mas importantes aprendizajes sociales se adquieren en la familia. Y en la medida en que esta se debilite habrá más anhelo por encontrar protección en otro lado. Y a más pánico moral más delitos sexuales.

El pánico moral y el terror politico

Pánico moral es un concepto sociológico que debemos a Stanley Cohen que en su libro de 1972 «Folk Devils and Moral Panics» aborda la reacción de un grupo de personas, basada en la percepción falsa o exagerada de algún comportamiento cultural o de grupo, frecuentemente de un grupo minoritario o de una subcultura, como peligrosamente desviado y que representa una amenaza para la sociedad.

Estas reacciones son a menudo, estimuladas por cobertura mediáticas o propaganda en torno a un asunto social, aunque algunos pánicos morales semi-espontáneos pueden ocurrir. La histeria colectiva puede ser un elemento en estos movimientos, pero el pánico moral se diferencia de la histeria en masa porque está específicamente enmarcado en términos de moralidad y es usualmente expresado más como un atentado que como un miedo. Es decir no se vivencia como una fobia o temor sino como un asunto moral que es necesario atajar de algún modo. Cohen estudia en su libro el pánico moral en la sociedad británica y USA contra el rock, los rockeros de los sesenta y posteriormente las drogas que se asociaban a estos movimientos.

En realidad hay pocos grupos o fenómenos sociales que hayan escapado a este escrutinio de modo que voy a citar a algunos para que el lector entienda que el término «caza de brujas» tiene mucho que ver con el pánico moral, pues efectivamente las llamadas «brujas», nombre mediante el que fueron perseguidas algunas personas en la Edad media y en la America puritana son buenos ejemplos de pánico moral, contra aquellos que en realidad eran disidentes, enfermos mentales, minusválidos o personas sospechosas de algún tipo de culto prohibido.

Efectivamente los enfermos mentales son uno de esos grupos secularmente perseguidos al entender que podían ser amenazantes para la mayoría, aun hoy lo son, si bien ahora se conoce este fenómeno como estigma, al haber perdido parte de su magia transformadora. La estigmatización es una consecuencia del pánico moral que otrora sufrieran, los cristianos en época romana, las prostitutas, los homosexuales, los leprosos, los albinos, los herejes, los portadores del virus del SIDA, los judíos en Rusia o en la Alemania del III Reich, los comunistas durante la presidencia de Mc Carthy, los negros en la USA sureña o los gitanos en casi toda Europa, las mujeres adulteras, el movimiento psicodélico en los sesenta (recordar que la prohibición y persecución de las drogas procede de ese movimiento llamado hippye) y vale la pena recordar que Timothy Leary abanderado en favor de las drogas fue catalogado como el hombre más peligroso de America.

Como el lector sagaz habrá ya observado parte de estos grupos estigmatizados lo son de modo semi-espontáneo, o por supersticiones, es decir lo son en cualquier sociedad y lo son por parte de las mayorías sociales pero están contaminados por la persecución de los poderes públicos, es decir es el Estado quien declara la guerra a las drogas, los que ejecutan homosexuales en ciertos países, o los que castigan a las mujeres díscolas, pero en otro orden de cosas es la sociedad civil la que persigue a los negros en Alabama a través de sociedades semisecretas racistas como el Ku Klux Clan, los que tienen cierta prevención con los gitanos o los inmigrantes y los que pretenden terminar con la prostitución.

Lo importante en este momento es retener que las sociedades humanas han evolucionado -cada una de ellas- en distintos entornos ambientales (las sociedades del desierto no tienen nada que ver con las sociedades fluviales), bajo el cobijo de distintas religiones y con distintos deseos de crecer, o de hacerse más potentes e importantes. Por ejemplo el pueblo hebreo se considera a sí mismo como el «pueblo elegido» por Dios, nada menos y sabemos por la Torah, el tipo de ley que acataron y acatan. De lo que se trataba era de construir un pueblo políticamente homogéneo, cohesionado en torno a la religión y a la raza. No es de extrañar que el principal mandato fuera reproducirse a la mayor velocidad posible y con la mayor intensidad. Para ello se favorecía que los hombres tuvieran cuantos más hijos mejor, la poligamia estuvo permitida hasta la llegada del cristianismo, esposas y esclavas podían ser madres de hijos del mismo patriarca y con los mismos derechos que se heredaban de forma patriarcal. Es fácil entender que en esa sociedad la homosexualidad estuviera estigmatizada, prohibida e incluso penada. Más aun: los judíos carecían de una palabra para estas prácticas homosexuales, le llamaban sodomía. La sodomía puede practicarse tanto con un hombre como con una mujer pero tiene un mismo resultado: no es una práctica reproductiva . De manera que la reproducción es el bien a proteger en la prohibición de la homosexualidad y no tanto el placer -como piensan algunos autores- que creen que el placer de los otros es amenazante para el estado de las cosas realmente existentes. La homosexualidad era en aquellas sociedades primitivas subversiva en tanto que no contribuía a sostener el valor social más importante en aquellas culturas, que no era otro sino la reproducción.

Las religiones monoteístas han contribuido sin ninguna duda a prolongar esta estigmatización de ciertas conductas sexuales a pesar de que ya no son necesarias. Hoy ya no es necesario aumentar la población si atendemos al crecimiento de la población en el mundo, por tanto estas obligaciones han pasado a mejor vida y sin embargo ciertas conductas siguen estando estigmatizadas. No cabe duda de que los homosexuales están mal vistos si bien ya no es el Estado, ni la religión quién lo hace sino una especie de miedo o fobia que ha quedado como resto en la población heterosexual mayoritaria. Digo una especie de fobia porque ese resto ha de convivir con otra cuestión: la tolerancia. la mayor parte de nosotros ha de convivir con esos dos extremos que se manifiestan en lo siguiente: «Cada cual que se acueste con quien quiera» o «Yo no me meto ni me importa en lo que hacen en la cama» y al mismo tiempo una cierta incomodidad, un cierto desasosiego ante la idea obsesiva que tienen algunos con «¿Soy homosexual?» o dicho de otro modo: el miedo a serlo. Ser homosexual sigue estando estigmatizado a pesar de que el discurso oficial o particular lo niegue e imponga leyes para desfavorecer la homofobia.

La homofobia no es una incomodidad o un prejuicio sobre los homosexuales. se trata de algo más profundo: un odio. Un odio que tiene sus grados, algunos incluso matan homosexuales, otros les violan, les maltratan, les excluyen o les amenazan para que vuelvan a su armario. Pero no solo pasa con los homosexuales, sino que la fobia es el resultado final de un señalamiento que en algunas personas induce conductas muy agresivas, ataques de ferocidad histérica o incluso atentados terroristas. recordemos el atentado del noruego Breizic contra jóvenes socialdemócratas. Recordemos también a Unabomber que estaba convencido de que la tecnología era el problema que estaba llevando al mundo a un desastre apocalíptico y que por tanto estaba justificada su lucha, a bombazos, contra esos poderes.

La secuencia parece ser la siguiente: un grupo humano siente miedo por las razones que sea, proyecta ese miedo a una minoría que puede o no tener relación con ese miedo. Con el tiempo ese grupo es perseguido y señalado con la bandera del pánico moral y desde esa plataforma social emergerán odios feroces que sostendrán algunos de sus miembros, afortunadamente no todos, sino solo los más fanáticos de entre ellos, el resto se comporta con indiferencia. Hemos pasado del miedo informe o inespecífico al odio. Y de ahí al asesinato o al genocidio.

Ahora bien, los ingenieros sociales conocen muy bien estos mecanismos y han logrado darle la vuelta en una especie de inversión del pánico. Ahora ya no existe pánico moral hacia los homosexuales sino pánico a que te tachen de homofóbico si haces algunas critica al colectivo LGTBi lo mismo sucede con la ideología oficial como el feminismo, o la ideología de género (un nuevo dogma) intocable de palabra y actitudes y en general pánico a discrepar con eso que la izquierda considera fruto del progresismo y la globalización, como el «cambio climático» otro de de los dogmas del progresismo en la idea de que es generado por el hombre y por tanto puede ser atajado por el hombre, dejando de comer carne o de viajar en avión u olvidándose del automóvil familiar. Dicho de otro modo el Estado profundo a través de sus gobiernos sucedáneos son capaces de utilizar en su propio beneficio este principio del pánico moral subvirtiendo cualquier lógica y suplantándola por una doctrina a su medida. Aun recuerdo el llamamiento a la movilización general, -una alerta antifascista- ante el grito de Pablo Iglesias respecto a la victoria de Vox en ya no recuerdo qué elecciones. El pánico moral ahora está en el sitio de la derecha -una amenaza fascista- según el profesor Iglesias que es el peligro más importante que tiene la civilización occidental en este momento.

No es un error conceptual, es una estrategia tan burda que ni siquiera ha conseguido influir en esa España que se sitúa entre el PSOE y el OPUS Dei, y que representa a una mayoría que no tiene representación.

Pero soy muy optimista y aunque el 2023 se presenta con muy serias amenazas para el sentido común y la democracia, estoy seguro de que prevalecerán los valores que esa mayoría de españoles defendemos y que sin duda emergerá con mayor fuerza a medida de que seamos capaces de descifrar los trucos que nos prepara el Gobierno y que he llamado terror político, un derivado artefactado del pánico moral, un simulacro que con frecuencia se transforma en risa.

El libre albedrío según #carrymeback (2)

Soy uno de los que me presenté como voluntario para un experimento que la empresa #carrymeback llevó a cabo para viajar en el tiempo, y cuyo slogan es «Solo se vive dos veces» que utiliza para su publicidad una canción que Nancy Sinatra cantaba en una pelicula del agente 007. Las condiciones generales vinieron descritas en el post anterior. Pero lo importante es que para ser aceptado como voluntario -al que nos presentamos unas 40 personas de todo el país-, hay que pasar una serie de filtros. Se trata de descartar a personas que pretendan algo más allá de lo que el viaje mágico puede ofrecerles. Se trata de despistar a aquellos que han sufrido abusos importantes, han tenido o tienen enfermedades intratables o simplemente presentan alguna discapacidad cognitiva que les impida comprender qué pueden y qué no pueden esperar de su viaje. Adversidades que en cualquier caso vinieron de afuera.

Conocí a Igor, nuestro instructor que fue el que hizo la elección de los viajeros, que después de varios cuestionarios y entrevistas personales nos dio el visto bueno a 12 viajeros, 6 hombres y 6 mujeres , los que fuimos elegidos para completar el curso que Igor nos impartió a lo largo de tres meses.

El curso obligatorio.-

El primer tema que abordó Igor fue el del libre albedrío. ¿Podemos elegir cualquier cosa o ya venimos de serie determinados? ¿pudimos hacer otra cosa bien distinta a la que hicimos en nuestra primera vida? Para comprender en qué consiste el libre albedrío Igor nos puso un ejemplo fácil de entender: cuando vamos a un restaurante elegimos qué vamos a comer según un menú donde se encuentran las especialidades de la casa. Esto es un ejemplo simple y sencillo de nuestra capacidad de elegir, sin embargo no aborda el filosófico problema del libre albedrío que es más profundo.

El tema del libre albedrío sirve para entender qué podemos y qué no podemos cambiar en esta segunda oportunidad que #carrymeback nos ofrece. ¿Qué significa elegir? ¿Qué cosas nos vienen de serie obligatoriamente y qué cosas podemos elegir? ¿Qué consecuencias tienen nuestros actos de elección?

Creemos en el libre albedrío porque sabemos que nosotros los humanos tenemos deseos y tenemos ademas facultades criticas para revertir las decisiones que en su día tomamos y que hoy no pasarían una critica racional. Es verdad que muchas veces no somos conscientes de que hayamos tomado una decisión pero esta inconsciencia no quita ni un gramo de responsabilidad en su gestión. Para ellos necesitamos saber que:

En #carrymeback tenemos una filosofia que tiene en cuenta al inconsciente: la mayor parte de nuestras decisiones no son racionales, es decir no proceden de nuestro raciocinio ni de nuestra voluntad. El problema es que hasta que no apareció la palabra «saliencia» no disponíamos de un verbo para sustituir al de «elegir» que suponemos siempre un acto consciente y voluntario. Y las cosas que suceden por fuera de nuestro control siguen siendo nuestras (del mismo modo que sucede en los sueños). Podemos ser agentes de algo sin ser conscientes de sus resultados pero eso no nos irresponsabiliza de nuestros actos. Y más aun: un acto inconsciente puede ser intencional sin ser consciente ni voluntario. Un ejemplo de ello puede ser un síntoma conversivo: es intencional (dice algo a alguien), pero es inconsciente (de su motivo) y es involuntario  (el síntoma no puede ser dirigido a voluntad). Elegir no es solo una cuestión de voluntad sino un problema de agencia.

En cualquier tipo de conducta hay tres ejes, el eje voluntario-involuntario, el eje consciente-inconsciente y el eje intencional-no intencional, en el siguiente cuadro puede el lector observar las diferencias entre un síntoma conversivo, un síntoma psicosomático, un síntoma facticio como el síndrome de Munchausen  y la simulación simple.

cubo

De manera que tenemos al menos cuatro formas de disimular que algo que hemos hecho no nos pertenece en realidad, como si alguien lo hubiera puesto ahí.

Nosotros en #carrymeback somos compatibilistas, es decir reconocemos que el determinismo causal es cierto (o puede serlo) pero creemos también que el libre albedrío es compatible con un Universo donde las leyes son deterministas. Lo cierto es que solo el pasado es determinista pero en el futuro se abren todas las posibilidades.

Creemos que el libre albedrío existe y no existe. No se trata de un ejercicio de equidistancia o de simple compatibilismo. Se trata de que tenemos un concepto bien distinto de la causalidad que se maneja como referencia. ¿Qué significa determinismo?

El determinismo puede existir en ciertos sistemas lineales pero no significan nada en relación con la vida que se rige por leyes bien distintas: se trata de sistemas no lineales dónde la determinación carece de contenido. Es cierto que toda conducta humana necesita un soporte biológico (no hay conducta, ni pensamiento ni subjetividad) sin un soporte pero el soporte es condición necesaria pero no suficiente, quien habla o piensa es una persona en una totalidad y no un trozo de su cerebro. Usualmente confundimos reaccionar (una célula puede hacerlo) con responder solo una persona puede responder a un otro que pregunta.

En mi opinión -explicaba Igor- es imposible defender la no-creencia en el libre albedrío y prescindir del inconsciente, si quitamos al inconsciente de esta ecuación y solo admitimos la racionalidad como motor de nuestro psiquismo entonces si existe el libre albedrío: podemos elegir, lo que nos conviene, la mejor opción o la que tiene menos riesgos, también podríamos elegir de quién nos enamoramos o nuestra orientación sexual, pero ¿cómo explicar la continua caída en decisiones estúpidas o peligrosas?, ¿cómo explicar que a veces decimos cosas que no creemos o que no quisimos decir, que cometemos estupideces que sabemos que no nos traerán nada bueno?, ¿cómo explicar los síntomas neuróticos que suceden siempre más allá de la voluntad?¿Por qué no podemos dejar de fumar usando la voluntad o la razón? ¿Por qué caemos siempre en el mismo patrón que ya sabemos -por experiencia- que nos lleva al fracaso? ¿Por qué tenemos actos fallidos?

Es en la clínica donde vamos a encontrar cientos de ejemplos que demuestran que los síntomas neuróticos no están ahí porque los hayamos elegido y la vida cotidiana nos da ejemplos bien conocidos que parecen apoyar esa idea.

Ahora bien, el debate entre el libre albedrío sufre en mi opinión de varios adyacentes que superan el problema filosófico en sí mismo. Algunos autores plantean el tema de la libertad pero lo llevan a extremos metafísicos cuando se preguntan ¿Podemos elegir dónde nacemos? ¿Pedimos acaso nacer? Obviamente no, se trata de una pregunta absurda, ningún feto puede tomar decisiones y nos llevaría demasiado lejos en los planes de la vida si es que la vida tiene planes después de todo. Más enjundia tiene cuando se plantea si somos libres para elegir haber nacido en este o aquel país, en un barrio determinado, en un tiempo determinado.

Somos una empresa española y nuestro director general es español, pero no somos españoles por azar, nuestro director nació en Castellón y tampoco lo fue por azar, sus padres y sus abuelos y hasta donde yo se eran españoles y es el producto de una fusión de gametos que se dio en Castellón y no en el Congo. Es imposible que cualquiera de nosotros naciera en el Congo, imposible.Dicho de otro modo, somos el producto de la regeneración de una estirpe concreta, algo que está en otro lugar bien distinto a la libertad individual.

Mezclar el libre albedrío con esa concepción inalcanzable de libertad me parece que no aporta nada al debate sobre si somos o no libres para elegir. Y ahora me gustaría decir algo más sobre la determinación.

¿Qué es determinación y en qué soporte se encuentra tal cosa?¿Es algo biológico, genético, psicológico, social, metafísico?

Supongamos que eso que llamamos inconsciente es la determinación, hay algo en nuestro inconsciente individual que habla en nosotros (por ejemplo en los actos fallidos o en las alucinaciones auditivas), hay algo que nos impulsa a hacer lo que no queremos hacer (por ejemplo lavarnos las manos compulsivamente) o algo que nos impulsa a hacer algo que no queremos hacer (por ejemplo dañar a otro). ¿Por què lo hacemos entonces?. ¿Puede un terrorista no hacer estallar la bomba que llevaba incrustada en el cuerpo?¿Puede ese tirador de Kansas que se llevó por delante a tanta gente haber tomado otra determinación?

Para eso tenemos que saber más de los síntomas, un síntoma es un significante (S) y un significante puede ser una palabra, un objeto pero también un síntoma neurótico, psicopático o psicótico. Un síntoma es en cualquier caso algo forzado, algo que aparece como impostado, algo sin sentido. «No pude hacer otra cosa», suelen decir los asesinos apragmáticos y también dicen la verdad cuando afirman «No se por qué lo hice» o «No puedo hacer nada por detenerlo» dicen los obsesivo-compulsivos». O «no puedo dejar de amarle» dicen las histéricas maltratadas.

De manera que para hablar de determinismo necesitamos meter en la ecuación ese significante vacío: un determinismo vacío. Necesitamos cambiar nuestro punto de vista sobre el determinismo, no hay una teleología para lo determinado sino que se encuentra sobredeterminado y por eso los síntomas son diferentes en las distintos personas. Si el significante tuviera un significado único todos tendríamos el mismo síntoma neurótico o el mismo acto fallido, eso que habla en el lugar del hablante:

Yo quiero (lo que digo) decir.

Yo quiero decir algo pero digo otra cosa ¿pero qué culpa tengo yo de que «ternura» y «ternera» se distingan por una letra? Yo quise decir que eres una persona muy tierna pero lo que dije es que eres una ternera.

Pues el lenguaje nos atraviesa desde antes de nacer, tiene más años que nosotros y necesitamos usarlo para formular nuestras demandas, siempre a través de un código (lengua con sus leyes gramaticales) dirigido a alguien , un otro que lee nuestro mensaje y nos atiende en nuestro pedido (en el mejor de los casos) pero que también formula las prohibiciones pertinentes. El receptor del mensaje puede o no satisfacernos pero en la necesidad existe algo que siempre cae fuera del campo semántico, así:

Necesidad- Demanda=Deseo

Hay algo pues del deseo que queda como un significante vacío en el inconsciente, como un fisura, un agujero, sin contenido, sin significado.

Ya sabemos pues algo más: el soporte de la determinación no es biológica, ni psicológica sino lingüistica. Estamos determinados por campos semánticos.

Es por eso que el debate entre si el libre albedrío existe o no carece de solución sin meter al inconsciente en la ecuación. Ese que habla en nosotros.

Y de ahí viene mi idea de que el libre albedrío existe y no existe como el gato de Schrodinger, depende del observador.

En #carrymeback creemos en el cambio, es decir sí creemos en cierto potencial para elegir. Y parece que no hay mas remedio porque El libre albedrío parece necesitar del determinismo, porque de lo contrario el agente y la acción no estarían conectados. 

¿Cuantos de ustedes después de hoy siguen apostando por el viaje?