Dostoyevski y la psicología

Hay dos formas de considerarse un insecto, una de forma consciente como Gregorio Samsa en la Metamorfosis y otra de forma inconsciente como Raskolnikov en «Crimen y castigo». Son las dos formas más conocidas de autodesprecio. @pacotraver

Recientemente con el crimen de Lardero se ha vuelto a poner de manifiesto la idea repetida hasta la saciedad por mis compañeros psiquiatras de que ese tipo de criminales como Francisco Javier Almeida no son enfermos mentales. Esta idea a la que yo me he adherido durante mucho tiempo, acostumbrado como estaba a ver enfermos mentales, creo que necesita una revisión.

Es verdad que existen crímenes cometidos por enfermos mentales graves como el de la doctora Noelia de Mingo reincidente en su pulsión homicida después de haber sido condenada por un crimen anterior en su Hospital. Pero la verdad es que este tipo de crímenes son poco frecuentes, me refiero a los crímenes que cometen enfermos mentales verdaderos usualmente aquejados de formas malignas de esquizofrenia, donde los motivos para el crimen están relacionados con delirios paranoides u ordenes que el paciente acata automáticamente sin ningún tipo de juicio por su parte.

Pero en realidad los crímenes tienen casi siempre tres móviles 1) la venganza, 2) el sexo y 3) el dinero. También existe el arrebato criminal, es decir aquel que sucede sin ningún tipo de planificación y que responde a un estado mental que pudieramos calificar de enajenación puntual después de una discusión banal de tráfico o de bar, casi siempre en relación con drogas o alcohol.

Pero existen otro tipo de crímenes como el de Lardero que nos ponen los pelos de punta precisamente por dirigirse hacia un niño en una persona con antecedentes muy violentos y que ya había demostrado su interés por los niños y cumplido condena por un crimen anterior con motivación sexual y mucho sadismo de por medio. Dicho de otro modo, se trataba de un psicópata y también de un pederasta y vale la pena recordar que la pederastia es una patología no solo admitida por las clasificaciones internacionales sino por el sentido común: pero hay algo averiado o roto en esas personas que llamamos psicópatas y que no nos atrevemos a clasificar como patología mental quizá porque los rasgos psicopáticos son muy frecuentes en la población general tomados de uno en uno y de alguna forma «ser un psicópata» no fractura de un modo tan impetuoso el sentido de realidad como una psicosis. Un psicópata es una persona indistinguible de cualquier persona, incluso a veces es una persona con cierto atractivo o agradabilidad. Su locura no es cognitiva como en las enfermedades mentales comunes sino moral, y lo moral de momento no está clasificado en ningún manual de psiquiatría, tampoco los DSMs parecen estar interesados en ello.

De manera que lo mejor para saber algo sobre criminales es leer a Dostoyeski, más concretamente «Crimen y castigo».

La Rusia de Dostoyevski.-

Dostoyevski nació en Moscú en el primer cuarto de siglo XIX, me interesa sobre todo dar cuenta de la situación de ese país bajo el dominio de los zares y de las causas de su atraso, también me interesará describir su sociedad dividida en castas inmutables y en un anhelo que parece brotar de todos y cada uno de los personajes de Dostoyevski, me refiero al anhelo de adquirir un mayor estatus del que se tiene, algo que el maestro describe con minuciosas descripciones de la vida corriente en cada un de sus personajes.

El 80% de la población rusa eran, en aquel momento «siervos». Un siervo no era un esclavo como los de USA, tenia ciertos derechos, por ejemplo tenia admitida su condición de humano, por tanto el dueño no podía matarlos, aunque podía maltratarlos y venderlos. Los siervos no podían abandonar la heredad que les correspondía ni viajar libremente y si esta heredad era vendida ellos formaban parte de esa venta aunque podían ser vendidos aisladamente de la tierra.

Vale la pena señalar que las condiciones de vida de estos siervos era -sin embargo- muy parecida a la de los esclavos de las plantaciones de algodón de USA y que el maltrato y el látigo solían ser la forma de castigo usual para cuando las expectativas de los amos no fueren cumplidas. Lo importante es señalar que el padre de Dostoyeski -que era medico en un Hospital de pobres- tenia siervos a su servicio en alguna de esas fincas enormes dedicadas a abastecer de cereales las grandes ciudades rusas. El padre de nuestro autor fue asesinado precisamente como venganza de sus siervos. Es interesante señalar ahora que en Crimen y castigo, Raskolnikov también tiene un padre que es asesinado; hay pues ciertas concomitancias autobiográficas entre Dostoyevski y Raskolnikov. Podríamos decir que Dostoyeski y Raskolnikov son la misma persona aquejada por un trauma que para Freud, fue determinante en su vida ulterior. En su ensayo «Dostoyeski y el parricidio» plantea Freud su hipótesis de que la culpabilidad de ambos personajes -uno real y otro imaginario- procede de este hecho. Culpabilidad que deriva del hecho -según Freud- del deseo parricida que ambos desarrollaron a lo largo de su vida. Cosa que, por otra parte es probablemente cierta a poco que sepamos del carácter de estos padres de aquella época, excesivamente severos en su trato con sus 7 hijos, en suma lo que hoy entendemos como maltratadores y que a la postre le costó la vida.

Paradójicamente la servidumbre operó como un freno para la revolución industrial, mientras las clases trabajadoras progresaban en toda Europa gracias a la aparición de las clases medias y la «mentalidad de tendero», los pequeños negocios que hoy llamamos Pymes, en Rusia el atraso de una sociedad agrícola, con estructuras políticas y leyes anticuadas y una población analfabeta, atrasada y famélica no logró escapar de su destino ni siquiera con la medida del zar Alejandro de liberar a los siervos.

Liberar a los siervos no resolvió el problema sino que lo agravó. Lo que sucedió fue que muchos de ellos emigraron a las grandes ciudades, Moscú y San Petersburgo, pero allí no solo no había trabajo sino que las condiciones de vivienda eran degradantes, el hacinamiento era la regla: una familia con 5 o 6 hijos vivían amontonados en una habitación donde escaseaban no solo los alimentos sino la calefacción. San Petersburgo alcanzo en 1844 una temperatura de -35 º C. Podemos adivinar las condiciones en la que aquellos ex-siervos -ahora liberados- vivían sus vidas agravadas por el vodka y todos los vicios. Lo usual era que las muchachas jóvenes se prostituyeran para mantener a sus familias donde siempre había un padre borracho, algo que también describe con toda clase de detalles nuestro autor.

Raskolnikov es un estudiante de derecho que queda sin recursos y no puede seguir estudiando, se dedica a vagar, visitar tabernas, escuchar conversaciones y tratar con todo tipo de parias que la vida le pone a mano. Lo interesante de su psicología es que Raskolnikov presenta cierta anomalía mental que es difícil de atrapar y sobre todo una personalidad complicada. Por ejemplo, piensa que existe y debe existir una doble moral, una para los hombres corrientes y otra para los hombres extraordinarios, aquí se encuentra en embrión la teoría del Superhombre de Nietzsche del que Dostoyevski es un adelantado. Naturalmente Raskolnikov siente que pertenece a este tipo de hombres, algo que es recurrente en la obra de Dostoyeski: sus personajes tienen pretensiones (como él las tuvo literarias). Pretenden cosas que existen pero que no están a su alcance, merced a esa sociedad cerrada que no permite ascensores sociales en su seno: la única manera de progresar en esa Rusia es el matrimonio, no es de extrañar pues que cierta frustración social acompañe a todos y cada uno de los personajes del autor. Frustración que además les acompaña en sus aventuras sentimentales. Ser rechazado por la dama a la que se aspira es otro de los temas de Dostoievski, parece que en Rusia en esa época nadie obtiene lo que desea.

Pero la frustración de Raskolnikov es el dinero pues está siendo mantenido por su madre y su hermana aunque dispone de algunas joyas que empeñar e ir tirando. Eso hace cuando conoce a la vieja prestamista, una usurera.

La figura del usurero es una figura antipática para todos nosotros, lectores de novelas. Cobrar intereses por prestamos que se conceden a veces en condiciones dramáticas es algo que nos desagrada, que nos conmueve. Es por eso que el crimen de Raskolnikov cuenta con las simpatías del lector, a fin y al cabo la vieja prestamista era un personaje despreciable, se lo merecía. Quien no se lo merecía era la joven sobrina que por accidente coincide en la escena del crimen y se lleva también un hachazo por parte de Raskolnikov y aquí comienzan las dudas del lector: «No quise matarla» le confiesa Raskolnikov a Porfirio el juez que investiga el crimen.

Lo cierto es que el robo parece el movil del crimen pero Raskolnikov pierde parte de su botín en su huida y además entierra la otra parte sin que en toda la novela tenga la necesidad de rescatarlo. El botín le quema en las manos. Podriamos decir que le enferma pensar en él.

Lo cierto es que su crimen no parece un crimen psicopático a juzgar por los sentimientos de culpabilidad que le siguen (un psicópata no siente culpa). Más que eso, después del crimen Raskolnikov parece entrar en un estado disociativo, que Dostoievski llama «delirio» por su parecido a un delirio febril. Raskolnikov enferma después del crimen y sobre todo siente una pulsión que podríamos llamar «pulsión a confesarlo todo», pues esta es quizá la mejor forma de quitarse de encima la culpabilidad que siempre es individual. El castigo es la mejor forma de purgar una culpa.

Vale la pena que el lector lea el próximo post dónde abordaré los diálogos entre Raskolnikov y su médico Azimov. Observaremos allí como existió una psicología realista antes de que existiera una psicología naturalista calcada del modelo biomédico.

Hoy es precisamente ese modelo biomédico el que no nos permite calificar de forma psiquiátrica al asesino de Lardero. No cabe en las clasificaciones, se cae por las grietas y es posible que encontremos en TVE durante un tiempo a psiquiatras diciendo que estos criminales no están enfermos pero si perturbados o enajenados. Esta contradicción hay que perseguirla históricamente a través de la novela que es mucho más fiable y descriptiva que las historias clínicas de entonces y las de ahora.

Bibliografía.-

S. Freud (1927) Dostoyevski y el parricidio

Estatus y mérito

Después del éxito del libro de George Sandel, «La tiranía del mérito», ha habido algunas voces que han aprovechado el rebufo para mostrar sus prejuicios contra el mérito y el esfuerzo individuales como ascensores sociales. Me refiero concretamente al premio que se le ha concedido a Carlos Gil autor de una tesis que concluye que la meritocracia no funciona.

Sociólogo de profesión, Carlos Gil está interesado en saber si es el esfuerzo y el mérito son por sí mismos buenos predictores de éxito social, así dice:

«Si tan importante fuese el rendimiento académico, las habilidades y el esfuerzo (que solemos pensar que se trata de una decisión individual, meramente voluntaria), ¿por qué los estudiantes de clases más altas que rinden peor o se esfuerzan menos terminan notándolo menos que las bajas en su rendimiento y su estatus posterior, como han comprobado anteriores estudios?»

Su conclusión es que aunque un «rico» carezca de mérito alguno, el resultado es que siempre llegará más lejos en cuanto a estatus económico que un igual que pertenezca a una clase inferior. O dicho de otra forma: no hay equivalencia en cuanto a resultados en función de la clase social. Los tontos ricos tienen a la larga más probabilidades de ascender en la pirámide social que los pobres.

Admite Gil que las desigualdades ya se manifiestan en los primeros años de la vida y estoy en este aspecto de acuerdo con él. No es lo mismo nacer en una casa donde los padres leen que en una casa donde no exista un solo libro.

“La investigación muestra que las familias de clase social más alta consiguen realizar más inversiones culturales y económicas en la educación de sus hijos gracias a sus recursos, lo que da pie a que desarrollen esas habilidades que los profesores luego consideran mérito académico”. Incluso el esfuerzo, que suele considerarse una elección personal, se transmite culturalmente de manera distinta entre padres e hijos según su nivel socioeconómico.

Esto es verdad a medias, lo que define a las clases medias es la inversión que dedican a sus hijos, una confianza en el futuro y el ahorro como mecanismo de objetivación de esa confianza. No es que lleven a cabo más inversiones culturales porque tengan más dinero sino porque forma parte de sus valores y el esfuerzo es parte de esos valores, una especie de valor estoico. La pobreza puede definirse en función de estos valores morales junto a los ingresos y la educación, el «vivir al día» y el hedonismo es todo lo contrario de la ética de la inversión en el futuro, de modo que es muy posible que lo que defina a la pobreza es más bien un espíritu muy distinto de aquel que animaba a las clases medias que comenzaron a emerger en Inglaterra casi al mismo tiempo que la revolución industrial: una sociedad de tenderos, es decir de pequeños negocios.

Por otra parte lo que dice Gil en su articulo no coincide con lo que llevo visto en mi vida. Los ricos de mi pueblo se han ido empobreciendo y al contemplar su tercera generación observo que se han quedado en una medianía que coincide a veces a la baja con los descendientes de tercera generación de aquellos «pobres» que hace 50 años eran casi invisibles. Dicho de otra manera, si lo contemplamos con la perspectiva de tres generaciones, el que está arriba (a no ser que sea un millonario de esos que representan el 0,1% de la población), no tiene más remedio que caer (regresión a la media) en cuanto al estatus de sus abuelos y al contrario: los «pobres» han medrado y prosperado a partir de ciertos ascensores sociales: el matrimonio, la educación y el trabajo productivo.

Por otra parte creo que Gil no aborda una de las variables más importantes y que tiene que ver con el mismo concepto de estatus. ¿Qué es estatus?¿Solo existe un estatus socioeconómico?

El estatus es una abstracción que tiene que ver con el puesto que ocupamos en una supuesta pirámide social, ¿en qué piso vivimos?¿Cual es nuestra influencia y poder?. En realidad el término «estatus» es confuso porque procede de la sociobiología y se refiere al poder de machos (o hembras según especies) de conseguir -gracias a su lugar en la manada- más coitos y más cuidados en forma de «grooming«. Conseguir un mayor estatus es pues una motivación que incluye a las especies no-humanas y que asegura una mejor vida, más larga y fértil y con menos enfermedades que las que sufren el resto de los individuos. No es de extrañar que nosotros los humanos seamos capaces de cualquier cosa para aumentar nuestro estatus tal y como ha recogido Pablo Malo en este articulo como prólogo de lo que será su próximo libro.

Ahora bien estatus y mérito no tienen nada que ver, se puede alcanzar un alto estatus sin ningún mérito, algunas mujeres lo alcanzan a través del matrimonio o de favores sexuales a alguien con un gran estatus, algunos hombres lo llegan a alcanzar a través de trabajos dudosamente morales o francamente ilegales. El jefe de una banda de delincuentes juveniles alcanza un gran estatus dentro de su grupo y no digamos nada de los jefes de cárteles de narcotraficantes. El estatus se refiere siempre al grupo pero no al grueso de la sociedad.

El grueso de la sociedad premia no con estatus sino con prestigio a aquellos que lo merecen. El prestigio es la versión positiva -social- del estatus y no está relacionado directamente con el mérito del que habla Gil en su tesis. Una persona puede tener prestigio por dedicar su vida a cuestiones que la sociedad ha consensuado como útiles para el bien común. Y es ese bien común que parece que está en trance de desaparición a lo que se refiere Sandel en su libro contra el mérito así en bruto.

Pues es cierto que el mérito interpretado como una inversión de futuro para proporcionar un alto estatus a un individuo concreto es en realidad un ejercicio de individualismo feroz con un alto componente antisocial, sin embargo sin mérito personal ni esfuerzo alguno, no se puede llegar a parte alguna seamos ricos de cuna o pobres de remate. Es decir sin valores de clase media, es imposible el ascenso social aunque es posible mudar de estatus.

Pero hay otras variables que comentar. Me refiero a la reputación y a la fama. Se puede tener buena o mala reputación y buena o mala fama. Y eso no tiene nada que ver con el mérito sino con la confianza o la desconfianza que podamos tener en los argumentos de una persona de la que no solo extraemos contenidos de su discurso, sino también datos de su personalidad global que nos hace confiar o desconfiar de ellos de una forma intuitiva.

En nuestra era digital es más importante la reputación que el mérito o el estatus. El mérito es más bien algo relacionado con lo académico y el papel que juegan las universidades en este repliegue en lo individual y el estatus mucho mas relacionado con el atractivo y lo sexual.

El estatus es un atajo, pero por la vida fácil, sin valores añadidos y que a veces compromete nuestra reputación a largo plazo, y a veces nuestra salud o incluso la vida pues la jerarquía es ubicua en todos los grupos humanos y surge también espontáneamente en nuestra especie. 

Ingeniería social

Dar una definición de qué es ingeniería social es complicado como veremos a continuación. La mayor complicación procede del hecho de discriminar los cambios sociales que proceden de la evolución de las sociedades de forma espontánea, de los dispositivos creados artificialmente para provocar esos mismos u otros cambios en la menor cantidad de tiempo y aprovechando la ventana de Overton.

Lo que define una época es sobre todo su mentalidad, es decir la mentalidad de las mayorías sociales. En la época de mis abuelos, que una pareja conviviera junta sin estar casados, ser homosexual o tener hijos fuera del matrimonio era considerado algo abyecto, inmoral y que merecía toda clase de repudio social. Hoy sin embargo, consideramos que estos estilos de vida son aceptables y merecen el mismo respeto ciudadano que las parejas casadas, los hijos tenidos en el matrimonio o incluso que los niños tengan dos madres o dos padres. ¿Qué ha sucedido para que hayamos cambiado de opinión apenas en dos generaciones?

Lo que ha sucedido es que hemos cambiado una sociedad teológica por una sociedad cívica, donde Dios ya no es el argumento-soporte de la moral social sino que este mismo soporte va cambiando en función de otros cambios sociales que se les solapan. Por ejemplo, la secularización del mundo sucedió al mismo tiempo que la revolución industrial, cuando se precisaba de parejas jóvenes dispuestas a desplazarse a la vecindad de las fábricas, este fenómeno rompió no solo a las familias extensas sino también la manera en que los individuos se relacionaban con desconocidos y también la forma en que valoraban su propia emancipación y libertad. De manera que la mentalidad de una generación depende y mucho de las condiciones económicas, sociales y políticas de un tiempo y la moral emancipada de su fundamento teológico sufrió no pocos vaivenes en su interpretación por parte de los individuos concretos. No es lo mismo ser homosexual en una aldea de 600 habitantes destinada a la ganadería o a una agricultura primitiva que serlo en una gran urbe industrial donde la mayor parte de individuos se desconocen entre sí. Esta privacidad -podríamos decir industrial- fue el primer elemento que tuvo efectos causales sobre la mentalidad de una época.

Pero lo cierto es que las sociedades cívicas tienen grandes contradicciones cuando han de posicionarse contra algo, así la homosexualidad anduvo prohibida en Inglaterra más allá de la segunda guerra mundial, el fundamento ya no era teológico sino moral (una moral victoriana). Sin embargo hoy, la homosexualidad se ha establecido cómo una opción más en las sociedades democráticas y ya no es perseguida por ninguna instancia gubernamental: un homosexual tiene los mismos derechos que un heterosexual. Es como si, hubiéramos llegado a la conclusión de que ser homosexual no atenta contra nadie, incluyendo a la moral del grupo. La pregunta que me hago a continuación es ésta ¿Es este cambio de mentalidad producto de algún tipo de ingeniería social o es el resultado de una cambio social a este respecto?

Mi opinión es que se trata de un cambio social que no es ajeno a la idea de sociedad democrática donde el Estado no debe inmiscuirse en la vida privada de sus ciudadanos. No hay ni hubo nadie al mando de ese cambio social que se produjo casi espontáneamente, por sí mismo si bien anclado en la evolución de esas mismas sociedades democráticas. Algo parecido sucedió con la abolición de la esclavitud o del voto de las mujeres. Se abolió la esclavitud porque democráticamente era imposible imaginar un mundo en USA que aspiraba a una república muy especial, donde los esclavos carecieran forzadamente de la dignidad humana que les atañe, del mismo modo sucedió con el voto femenino: no era de recibo mantener esa exclusión en los ideales democráticos, es decir liberales. Dicho de otra manera, no es que la mentalidad cambiara por razones morales sino que cambió por razones políticas. El realidad el hombre actual es una analfabeto moral que ha progresado poco en este sentido tal y como propone John Gray que sostiene una idea bien distinta a la que propone Kolhberg, la moral no evoluciona como los organismos biológicos, ni en un sentido teleológico, sino dando tumbos y a través del ensayo y el error.

En realidad la moral es:

«Algo que surgió no para autocontrolarnos sino para controlar las conductas de los otros. La moral emergió del mismo modo que el chisme para que el grupo detectara y sancionara a los tramposos. La moral es un juego de grupo y no tanto de personas individuales».

Dicho de otra manera, la moral es una imposición del grupo al individuo, algo que va en contra de las políticas liberales como podemos ver hoy en los conflictos creados por la pandemia sobre la obligatoriedad de las vacunas o los pasaportes sanitarios. Y en ese juego entre moral grupal y libertad individual es donde se juega el partido de las ingenierías sociales.

Podemos definir ingenierías sociales como toda actividad procedente de gobiernos, grupos o lobbys que pretenden modificar la mentalidad de los ciudadanos a través de dos potentes armas: las leyes y la propaganda. Y sus coadjutores: Poderoso caballero es D. dinero. Sin dinero es imposible llevar a cabo ninguna obra de este tipo.

Algunos autores piensan que en realidad es imposible discriminar un cambio social (objetivado en una ley) de una maniobra de ingeniería social. Ponen el ejemplo de la prohibición del homicidio. El homicidio está sancionado fuertemente en los estados modernos, algo más en los estado no democráticos pues existe un consenso en que matar es malo, no solamente para quién muere y su familia, sino para toda la comunidad. Ejercer violencia contra otra persona en sus versiones menores o el robo es disruptivo y atenta contra la cohesión social. Hay que prohibirlo y no solo prohibirlo sino sancionarlo no solamente moralmente sino también jurídicamente. Sin castigo, no habría posibilidad de controlar a los disidentes. Sin castigo no hay civilidad, algo que se opone frontalmente a nuestras concepciones liberales, es por eso que los castigos, aun los muy merecidos están mal vistos y generan disensos en los políticos.

Pero los que ponen este ejemplo pasan por alto una cuestión fundamental: la prohibición del homicidio o del robo es una imposición del grupo social anterior incluso al inicio del Estado como tal, se trata de normas sobre las que existe un consenso desde el inicio de la civilización, sin embargo las consecuencias de ciertas ingenierías sociales no tratan sobre consensos, sino que utilizan la propaganda para manipular las conciencias individuales, se trata de un verdadero atentado a la capacidad racional de los individuos concretos que son tomados como ratones de laboratorio para cambiarles la percepción sobre un determinado hecho. Un ejemplo es el tema de los okupas, ¿cómo podemos tolerar ocupaciones de nuestro espacio más íntimo por parte de unos individuos que paradójicamente son protegidos por la ley? ¿Es que la ley no prohibe la ocupación de un domicilio?¿ Es que no existe derecho de propiedad? ¿Por qué no basta la denuncia a la policía?

Nótese como los okupas ponen patas arriba los consensos anteriores sobre la inviolabilidad del domicilio, pero lo cierto es que la Justicia carece o parece carecer de herramientas para resolver este problema que cuando atañe a una persona concreta parece que se atasca en un enormidad de burocracia. ¿Qué han hecho los ingenieros sociales para lograr meter en la sociedad la idea de que la ocupación es tolerable?

Bueno, a todos nos importa poco que los ocupas ocupen viviendas de bancos, en realidad los bancos son los malos de esta película, los que deshaucian a personas sin domicilio, los que retienen viviendas para hacer negocios, los que venden barrios enteros a fondos buitre, los que cobran hipotecas, etc. Dicho de otra manera, si toleramos la ocupación es porque se nos ha vendido (con la propaganda) de que es algo secundario a la especulación bancaria. De este modo algo abyecto acaba siendo tolerable.

Y esta es una de las diferencias fundamentales entre qué es ingeniería social y qué es cambio social: la manipulación sobre la opinión publica al asociar la ocupación con la conducta de los que tienen y prestan el dinero. El objetivo no es resolver el problema sino crear confusión, y un problema más grande para sabotear en este caso el poder de la banca y la cohesión cívica.

Los ingenieros sociales ocultan siempre sus propósitos pero los tienen bien medidos y siempre van acompañados de bellos discursos sobre el progreso y sobre los derechos de ciertas minorías supuestamente oprimidas. ¿Quién estará en contra de suprimir derechos a estas minorías? ¿Quién estará de acuerdo en que nuestro planeta y nuestro clima sean más bondadosos con nuestra vida en él?

Naturalmente las acciones que llevan a cabo estos ingenieros sociales tienen su réplica y su oposición en algunos ámbitos minoritarios de la prensa, de las personas individuales o de la Ley pero estos ingenieros ya cuentan con eso y tienen en marcha otra estrategia. La cancelación, ya no se trata de asesinar a los disidentes como hacía Mao, pero se pueden condenar al ostracismo, a través de las universidades, las redes sociales, o los contactos sociales o laborales. Se les marca y se les tacha, eso hacen, pero…

Fracasos de la ingeniería social.-

Los intentos teledirigidos de arreglar el mundo desde el Estado o una instancia superior son un rosario de fracasos a pesar de lo que dicen los optimistas racionales, baste recordar ahora el argumento de que la esclavitud ha sido abolida en todo el mundo. Lo cierto es que si bien la esclavitud fue abolida en un primer momento en USA por las razones que ya he dicho, no sucedió lo mismo con la servidumbre vigente aun hoy en media Eurasia y estamos viendo un repunte de la esclavitud sobre todo en esos estados fallidos como Libia y otros. Las cosas pueden ir a peor puesto que el “progreso” no es unidireccional o irreversible, el progreso no es teleológico.

La revolución bolchevique triunfó en la URSS, en Cuba y en media Europa pero el comunismo fue un fracaso allí donde se instaló y aun podemos ver sus terribles secuelas en Venezuela y en Corea del Norte. Pero las revoluciones no son ingenierías sociales sino evoluciones rápidas, violentas y forzadas dirigidas por ideologías, su antecesor más conocido.

China también tuvo su revolución maoísta pero su estrepitoso fracaso solo pudo soslayarse con la irrupción de un capitalismo salvaje que hace de ella la nación más contaminada del mundo, al tiempo que se restringen libertades. La política del hijo único fue un genocidio encubierto que ha dejado al menos a una generación desparejada con los conflictos que de ello cabe suponer. Un exceso de hombres solteros es una medida de caos social.

Para entender estos sucesivos fracasos de los ingenieros sociales es necesario ver cómo funcionan las sociedades por dentro, y de paso entender como funcionan los cerebros individuales. Todos los intentos diseñados por el hombre para cambiar el mundo fracasarán, pues todos nos ponemos en contra cuando entendemos que nos están manipulando.

Sobre todo cuando se llevan a cabo con la manipulación y el engaño.

Los ingenieros sociales creen que van a ganar y es por eso que ni siquiera disimulan, se han quitado la careta y cada vez más la población general es más consciente de ello aunque no sepan qué está sucediendo en realidad.

Teoría del golpe de Estado

El origen del concepto «golpe de Estado» procede del siglo XVII y de la epoca de Richelieu que encargó a uno de sus bibliotecarios llamado Gabriel Naudé un informe sobre el concepto y la forma de llevarlo a cabo en «Considerations politiques sur le coup d´Etat. Algo que contradice la idea que todos tenemos sobre la cuestión y que nos imaginamos como una forma mas o menos violenta e ilegal de sacar a un principe o a un ejecutivo de sus funciones. En este caso se trataba de mantener a un monarca absolutista en el poder

Tampoco es verdad que los «golpes de estado» sean particularmente violentos o que sean llevados a cabo siempre por militares. En realidad ese es el golpe de Estado tradicional, de esos que se llevan a cabo en Africa, en países con poca o ninguna singularidad estratégica y sin tradición democrática alguna. Lo cierto es que este tipo de golpes ya no se usan en Europa ni en el llamado primer mundo a pesar de que en España tenemos cierta tradición en algo que se le parece mucho: los cuartelazos y los pronunciamientos que según ciertos autores no son la misma cosa.

Según el susodicho Naudé hay que diferenciar entre «golpe de estado» y «razón de estado» y lo que les diferencia es el factor sorpresa y el secreto en su gestación. El golpe de estado se ejecuta, sin embargo en la razón de Estado lo que mueve al gobernante es el uso de ciertas precauciones que en caso de precisar cierta violencia sea guiada por el honor, la justicia, la utilidad y la honradez y sobre todo: el bien común. Así Naudé admite antes de nadie que por razones de estado a veces es legitimo dar golpes de Estado. Hace además una tipología descriptiva de los golpes de Estado:

  • justos e injustos
  • Interés publico o interés particular
  • simples y complejos
  • Llevado a cabo por príncipes o sus ministros
  • fortuitos o casuales.

En 1962 un teórico llamado Finer definió el golpe de estado como el secuestro o eliminación del jefe del Estado con el fin de cambiar al gobierno o a sus políticas. Pero esta estrategia no es tarea fácil, para empezar, un golpe de Estado ha de ser bien visto por la población, algo que no sucederá si se lleva a cabo con violencia, tampoco tendrá buen fin si los países de su ámbito no da en visto bueno al cambio. Un ejemplo de este visto bueno es el caso de el Sisi en Egipto.

Razones para un golpe de estado.-

Los autores que se han interesado por el tema no han llegado a un acuerdo sobre los motivos que impulsan a veces a los militares y a veces a civiles a organizar un acto de esta naturaleza. Se han mencionado las crisis económicas, las peleas entre partidos, la falta o defectos de gobernabilidad, la perdida de una guerra, una crisis diplomática de relieve o la amenaza de una parte del ejército tal y como sucedió en Francia durante la IV República y que terminó con De Gaulle al frente del país con la intención de suavizar las relaciones con el contingente belicoso del ejército en Argelia. Una operación a todas luces ilegal que se llamó «Resurrección» y que representa el golpe de estado moderno en confluencia con la razón de Estado.

Y que dio lugar a una etapa de prosperidad en Francia de más de 30 años. Naturalmente de Gaulle terminó traicionando a sus compañeros de armas por el supremo bien común que no era otro sino el abandono de su aventura de ultramar.

De manera que los golpes de Estado a veces tienen consecuencias positivas sobre todo cuando se llevan a cabo de una forma organizada, sin violencia y por un tiempo breve. De Gaulle se presentó a las elecciones siguientes y arrasó en las urnas a pesar de haber cometido una ilegalidad.

Los golpes de Estado modernos.-

Los militares al menos en Europa no están muy interesados como antaño en acceder al poder político, han llegado a la conclusión de que los militares no son buenos gobernantes y además han sido educados para otro tipo de menesteres bien vistos por la población, como intervenciones en procesos de paz o ayuda en catástrofes naturales y sobre todo para intervenir en caso de agresión extranjera pero ya no se meten en la política de puertas adentro. Pero lo cierto es que para dar un golpe de estado ya no es necesario utilizar al ejército, en caso de necesidad se puede echar mano de ejércitos extranjeros o de pequeños grupos de mercenarios bien entrenados. Dar un golpe de Estado con secuestro o eliminación del ejecutivo es fácil, el problema es qué hacer después, qué hacer ante el vacío de poder o qué respuestas darles a nuestros vecinos con los que estamos necesariamente vinculados.

Es por eso que ese tipo de golpes ya no se usan, es mucho mejor utilizar atentados terroristas del calibre que se precise para irrumpir ante la opinión publica con un efecto de sorpresa y de pavor. A continuación se busca un culpable o se adjudica el atentado a quien más interese. Naturalmente este tipo de golpes necesitan preparación , no tanto en la técnica del atentado (llevado a cabo por profesionales) sino en la dirección que han de tomar las noticias inmediatamente después, algunas de las cuales ya se encuentran prefabricadas, asi como las pruebas para señalar, de modo que solo es necesaria la complicidad de un pequeño grupo de personas bien ubicadas en ciertas instituciones.

Después del atentado terrorista lo mejor es convocar un referendum ilegal. la función de un referendum ilegal no es tanto conseguir que el pueblo de la razón al gobernante con una mayoría de «Síes» sino conseguir dividir a la población entre los que van a votar (los que están de acuerdo) y los que no van votar (que están por el No). No importa la participación, lo que quedará en la memoria colectiva es que el «Si» ganó por mayoría, algo que se adereza con fotografías o videos de inocentes votantes agredidos por la policía. Piénsese que todo golpe de Estado ha de estar presidido por la idea de «democracia». Y votar es democrático, y esa es la verdad abyecta que subyace a todos los intentos de violar la ley. De lo que se trata es de capturar voluntades escindidas o dudosas que puedan decantarse hacia la ilegalidad por motivos emocionales.

Pero sin duda la mejor forma de dar un golpe de Estado blando es ir poco a poco. Un golpe de Estado de esta naturaleza no puede llevarse a cabo en una legislatura, necesita un plan a largo plazo. Para ello lo más importante es derrotar al adversario a veces con trampas mediáticas o propaganda orientada a identificarle con el demonio. Es por eso que un golpe de estado no siempre consiste en quitar al que manda, sino impedir que otro pueda mandar.

De la ley a la ley, es una frase que se atribuye a Fernandez Miranda que fue el arquitecto jurídico de la transición y el que consiguió por arte de magia el paso de una dictadura a una democracia coronada. Es la mejor estrategia y la más limpia -la que ahora gracias a la pandemia hemos conocido-, consiste en gobernar por decreto, anular el Parlamento, silenciar a la prensa, no aparecer en TV más que para dar buenas noticias, ampliar la base social clientelar en forma creciente y darle la culpa de los problemas a los demás. Se consigue crear un clima de indefensión aprendida (no se puede hacer nada) que hace que poco a poco el escaso tejido social se debilite, que los otrora independientes se hagan dependientes y que cada vez haya mas gente desinteresada en lo publico y refugiada en su pequeño mundo doméstico.

Es imposible en España hoy cambiar la Constitución por eso la mejor estrategia es vaciarla de sentido, algo que se conoce con el nombre de revolución molecular disipada.

Dicho de otra manera ya no es necesaria una intervención armada o violenta para cambiar los gobiernos, de lo que se trata es de que no cambien y tengan tiempo para ir implantando medidas congruentes con sus planes, pues es verdad como dice Monedero (aquí abajo) que el problema de la política es el cortoplacismo y así es imposible gobernar más que con la antigua alternancia izquierda-derecha.

Bibliografía.-

El manual de Monedero

Subtipos del golpe de estado

El misticismo secular

La secularización del mundo puede definirse con aquel proceso o paso desde una sociedad organizada desde un paradigma religioso a una sociedad civil. En Europa, este paso tuvo derivadas políticas en forma de violencia, desastres y anarquía y enormes cambios sociales que se atribuyen a la Revolución francesa que vino acompañada de un enorme terremoto cultural: la Ilustración, apoyado en distintas formas de entender el naturalismo. Pues esa era la idea: sustituir el derecho feudal por el derecho natural.

Así la secularización tiene versiones políticas, la aparición del tercer Estado, la burguesía, pero también consecuencias científicas como por ejemplo la consideración de que las enfermedades mentales eran enfermedades genuinas como las enfermedades somáticas y como no, consecuencias culturales: la Enciclopedia.

Pero la secularización supuso un cambio en el orden político de consecuencias inciertas tal y como siempre sucede con las revoluciones, donde el caos tiende a limitarse -cuando ya no es posible manejarle- con soluciones drásticas. Es necesario recordar que Napoleon y el Imperio – La Grandeur– es una consecuencia directa de la Revolución francesa.

Sin embargo la secularización, es decir la idea que las relaciones entre los hombres, y los hombres con el Estado ya no estaban fundadas sobre la teología divina y que dictaba el clero en convivencia con la nobleza, trajo muchos problemas morales a la población civil. Problemas que han ido instaurándose poco a poco, de manera sutil sobre el imaginario de los ciudadanos y que podríamos responder atendiendo a esta pregunta ¿Por qué es bueno ser bueno si Dios ya no aparece como árbitro de nuestros actos?

Esta pregunta no es baladí pues toda moral necesita de un Fundamento y no cabe duda de que el Antiguo régimen contenía una cláusula fundamental: el mandato divino es el Fundamento de toda moral. El problema vino después, si Dios ya no es el fundamento de nuestra moral ¿quién está a cargo?

La solución que se dio a este problema se llamaba República, esto es lo que hoy llamamos civismo republicano: libertad, fraternidad e igualdad, eran las guías de la nueva moral, una moral civil completamente despojada de su origen, un mandato divino inapelable. Una moral a cargo del Estado que se mantuvo como el garante de la seguridad y libertad de sus individuos a través del derecho republicano. Algo que paulatinamente fueron adoptando todos los Estados en Europa que pasaron así a declararse aconfesionales y a tolerar cualquier culto religioso en su seno. Algo que se universaizó en Europa con el idealismo kantiano, que es un cristianismo protestón.

De manera que hoy vivimos en sociedades secularizadas pero…

Pero había algo que quedó colgando en el tintero de la historia, un anhelo que quedó suspendido en el aire: la pretensión del hombre de participar en la divinidad que justificaba moralmente a otros personajes de ficción romántica como Raskolnikov en «Crimen y castigo» que declara que «Si Dios no existe todo está permitido». Una forma de decir que sin Fundamento divino no puede existir moral o bien que el hombre debería convertirse en Dios tal y como Nietzsche sugirió.

El gnosticismo es una doctrina surgida del cristianismo primitivo -y que terminó declarada como herejía- que sugería que la salvación individual no sobrevendría solamente por el sacrificio de Cristo o la fe, sino que era necesario que cada hombre y cada mujer adquirieran un cierto conocimiento de lo divino a fin de acercarse a él. Pues gnosticismo significa «conocimiento». Su contrario es el agnosticismo, es decir la aceptación de que Dios, de existir no puede ser hackeado por la voluntad del hombre pues el concepto de Dios es inabarcable e inaccesible a la mente humana. Dios -de ser algo- no es ni una persona, ni siquiera un ser con existencia biológica propia, Dios puede ser una serie de leyes físicas desconocidas por los hombres, una especie de programa de ordenador, algo que gobierna el cosmos o que como en el post anterior se parece más bien a un océano informe y sin planes bien descrito por Stanislaw Lem. Mas que eso: podría haber un Dios creador y un Dios sin capacidad creadora pero organizadora conocido como Demiurgo.

Pero a pesar de su declive en la doctrina católica, el gnosticismo ha tenido mucho éxito popular , es la base de la masonería por ejemplo, pero también de ciertas creencias esotéricas de la salvación, es decir de la vida eterna. Se mezclan sincréticamente creencias orientalistas e ideas de la filosofía griega, principalmente platónica. Es una creencia dualista: el bien frente al mal, el espíritu frente a la materia, el ser supremo frente al Demiurgo, el espíritu frente al cuerpo y el alma. Es pues una creencia maniquea, que necesita de lo diabólico para mantenerse en pie.

Es también la base de ciertos movimientos sociales que son en realidad una rebelión contra los poderes establecidos y que en muchas ocasiones rayan en lo conspiranoico, como la creencia en ciertos remedios que no son medicamentos controlados, o la creencia en extraterrestres, en el Gran despertar o en la confederación galáctica (termino extraído de la ciencia ficción de Asimov) tienen hoy muchos creyentes, así como la creencia de la llegada de un nuevo Mesías que muchos creyeron encontrar en Donald Trump o que la entrada en la 5ª dimensión está ya preparada para la ascensión de los elegidos, sin que nadie haya explicado ni comprendido qué es eso de la 5ª dimensión. Dicho de otra forma: el mundo está lleno de gnósticos que mantienen la vieja teoría de que por una parte están los despiertos (ellos) y por otra los dormidos. Los que usan estos adjetivos ignoran hasta que punto los primitivos gnósticos eran también algo elitistas y que los dormidos siempre son los otros.

Pero lo cierto es que ese mismo elitismo es el que practican las élites, me refiero a las élites verdaderas, las que tienen la sartén por el mango. Ellos también piensan que el conocimiento – en este caso del demiurgo- es una especie de escalera, que contienen 33 escalones y que ese escalón 33 supone el climax del conocimiento. Un conocimiento que sirve para, en teoría mejorar el mundo, bajo el mando, claro está, de los despiertos.

Yo soy agnóstico y ya sabéis qué significa esta palabra pero es verdad que estoy interesado en el conocimiento, pero no creo que podamos acceder a un conocimiento más allá de lo que nuestros sentidos puedan computar, a cambio estoy a favor de la tradición y el derecho natural y para mi la sociedad civil es el Fundamento de la moral, si bien esta sociedad civil parece hoy trastornada por las formas en que nuestras democracias se han ido instalando, siempre de manera imperfecta sobre fórmulas que parecen perpetuar el poder de ciertas castas políticas o financieras. Pero arreglar el mundo es una tarea a la que renuncié en mi juventud, me parece una tarea sospechosa y siempre relacionada con ciertos vacíos en el conocimiento que algunos esperan alcanzar por gracia divina. Arreglar el mundo es tarea de gnósticos, esos que no gobiernan en parte alguna pero son tan influyentes que colocan a sus peones en los gobiernos.

Pero hay algo que se: las ingenierías sociales siempre fracasan y lo hacen porque no tienen en cuenta los anhelos humanos tanto conscientes como inconscientes y lo cierto es que hay más democracia en un casal fallero que en el congreso de los diputados.