Patria

Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la novela citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si planea leerla.

La patria es incierta (Virgilio)

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“Patria” es una palabra ambigüa: es de género femenino y masculino a la vez. De ahi viene el concepto “madre patria”, el concepto de “patriarcado” y el concepto de “paternidad” al que se refiere Virgilio para señalar la incertidumbre  del linaje masculino de la descendencia. Una ambigüedad que es precisamente la que podemos leer en “Patria”, la novela de Fernando Aramburu, publicada en 2016 pero que ha recibido el premio nacional de narrativa este año 2017.

Se trata de una muy buena novela que aborda numerosos temas, más allá del conflicto entre ETA y el Estado en aquellos años de hierro que precedieron al abandono de la violencia por parte de la banda armada en 2011. Una novela de esas que enganchan y que contienen sabores y olores, sabor a anchoas y pescado y sobre todo mucha humedad, como en Lovecraft. Y que recuerda mucho a otra novela importante, la de Kundera, “La insoportable levedad del ser”.

Y la recuerda sobre todo por sus personajes, unos personajes absolutamente creíbles que oscilan entre el peso y la levedad, entre la amoralidad y la hipermoralidad, entre la beatería y la lucha armada, entre San Ignacio de Loyola y Josu Ternera.

La novela transcurre en un pueblo de Guipuzcoa, esos lugares donde todo el mundo se conoce, que tienen carnicería, panadería y taberna con hucha de solidaridad para los presos. Esos lugares asfixiantes por más que nosotros mantengamos la idealización de que la vida rural es muy superior a la que llevamos en las grandes urbes. Es lógico, al fin y al cabo si nos remontamos dos o tres generaciones, solo hallaríamos entre nuestros ancestros a campesinos, esos que huyeron de los campos desolados de España buscando trabajo y una vida mejor. Pero lo cierto es que más allá de la idealización la vida en esos lugares es invivible y se encuentra contenida por un enorme muro: el del control social, una mitad controlando lo que hace y piensa la otra mitad: no es de extrañar que en esos lugares la vergüenza sea la emoción más frecuente, pues la vergüenza es una emoción que señala hacia una cultura etnocéntrica y la hipermoralidad (moral overdrive) una de las cartas que juegan las personas comunes para obtener rango y la confiabilidad. Ser “como los demás”, “estar pendiente de lo que otros piensen” es la forma de adquirir reputación de abertzale, en ese lugar es la mejor forma de sobrevivir,  eso o huir.

En “Patria” hay personajes que huyen como Nerea y Xavier, otros se quedan como Miren y Joxian y otros que vuelven como Bittori, pues regresar es también una forma de llegar. Otros encarcelados como Joxe Mari y otros muertos como el Txato.

“Dramatis personae”.-

Patria es la historia de dos familias vecinas y rotas por la política, antes de eso amigas ellas: Miren y Bittori, ambas amigas desde la infancia y beatas que se plantearon hacerse monjas en la juventud, casadas ambas con Joxian y el Txato. Y amigos ellos: Joxian y el Txato, compañeros de mus y de equipo ciclista, amigos con favores no devueltos y ambos dominados por sus esposas y ese matriarcado que domina la escena y que no es solo cosa del Pais vasco, un matriarcado que es la correa de transmisión intergeneracional del odio del que los hombres huyen al refugio de la taberna. Juntos siempre hasta que la política les separó, pues el Txato es un empresario de transportes, un hombre -al decir del pueblo- rico con algunos empleados decididos a denunciarlo a través de sindicatos abertzales. Hasta que ETA comienza a exigirle el impuesto revolucionario y con él la exclusión de todo el pueblo que no sólo le dedica pintadas y escraches sino que al final consiguen señalarlo como blanco para ETA. Un pueblo lleno de chivatos y delatores, venganzas movidas por la envidia y ajustes de cuentas ocultos.

Y nadie quiere saber nada de política, pero si de la liberación del pueblo vasco, un mantra que repiten todos o casi todos, sin tener ni idea de qué significa eso.

Miren y Bittori, son dos personajes con peso, tozudas, dominantes, con una robustez mental a prueba de bomba. Miren, la madre de Joxe Mari que entró en ETA por una querencia épica, sin haber trabajado nunca, sin saber apenas euskera, sin haber oido nunca la palbra “te quiero” de boca de su estrecha novia Josune; movido por ideales que apenas sabe mencionar descontando las consignas. Mucha testosterona y pocas luces. Bittori empeñada en saber quién mató a su marido y que quien fuera que le pida perdón. Ambas mantienen conversaciones con entidades abstractas, Miren con San Ignacio, otro gudari y Bittori con su marido al que visita a diario en un cementerio alejado de su pueblo para que no le hagan pintadas en la lapida.  Allí va Bittori a diario para contarle las novedades de su investigación.

Joxe Mari es el hijo de Joxian y Miren, estuvo implicado en la muerte del Txato, no directamente pero si a través de su comando, alguien de su pueblo lo señaló y él a pesar de su dureza no fue capaz de asesinarlo cuando éste le reconoció. Joxe Mari es otro personaje con peso, de una pieza por así decir, sin matices, del lado duro de la organización. Cumple una larga condena y al final abandona la organización, cuando el cautiverio le ablanda lo suficiente, pierde el pelo y su masa muscular y se convierte en una sombra de lo que fue y una nueva víctima más de este relato, una víctima que lo es por victimizar. Lo que le mantuvo atado a ETA fue, -como no- la vergúenza, el qué dirán los compañeros. La vergúenza una vez mas, una sobredosis de moralina recorre estas familias.

Si hay en la novela un personaje abstruso y leve es sin duda Nerea, la hija pequeña de Bittori y el Txato, un personaje amoral que militó en Herri Batasuna y que por vergüenza no acudió al entierro de su padre, no quería que la relacionarán con él, guardó el secreto durante sus estudios de Derecho en Zaragoza y lo mantuvo frente a los innumerables amantes que tuvo. Hija de su padre, y con una relación espesa con su madre, tiene el costado económico bien cubierto porque su padre se empeñó en protegerla del enrarecido ambiente de su pueblo y la mandó a estudiar fuera. Nerea es el personaje que peor me cayó en esta novela, su deslealtad y su falta de moralidad encuentra su perfecto contrapunto en el peso -personajes de una pieza- del resto de personajes de la novela: esos que se mueven por ideales que otros dispusieron para ellos sin descontar al infame cura D. Serapio asesor de conciencias abertzales. Y que nunca han tenido sexo, ni conocen el amor, esos que se saltaron todas las etapas de la adolescencia por andar metidos en ese desatino de la lucha armada. Inconsistente también es su hermano médico – Xavier-, enmadrado hasta el paroxismo y que pareciera que hubiera llevado a cabo un voto de castidad, tan protector de su madre y dependiente del coñac. Xavier no se casará, ya no.

Gorka y Arantxa son los dos hermanos de Xose Mari, ambos huyen del pueblo pero con distinta suerte. Gorka es un poeta que domina el euskera y es lo suficientemente inteligente para esconder en aquel entorno su homosexualidad del resto del pueblo, quien le reconoce como “uno de los nuestros” por ser hermano de Joxe Mari, además su dominio del euskera le sirve de salvoconducto social y al final encuentra el amor de la mano de Ramón, con el que termina casándose. Gorka es un personaje evitativo, tímido, cabizbajo que logra sintonizar con el lector, al fin y al cabo es también un superviviente de su madre y de su entorno y ha salido sin demasiadas heridas del mismo.

Arantxa es probablemente el personaje más enternecedor y corajudo de la novela a pesar de su desgraciado matrimonio y de su invalidez a causa de un ictus. Desde su silla y su ipad es la que consigue acercar a todos, tramando encuentros con Bittori y escribiendo y forzando a Joxe Mari a dar una respuesta a las preguntas que encienden el corazón de Bittori. Es el personaje central de la novela, el único humano con dignidad que ni se considera una víctima ni odia a nadie. Al fin y al cabo “nosotros no somos politicos.”

Mi impresión final es que había leído una gran novela, que probablemente no sirva para operar como bálsamo ni para las víctimas ni para los verdugos que sacrificaron su vida por una utopía sin sentido o quizá para un negocio oculto.

Pero que a mi personalmente me ha llegado en forma de una luminosa idea: ninguna patria vale la muerte de un gato.

Pues es el gato de Bittori el que muere como una metáfora de la decadencia, la derrota y la enfermedad de la propia Bittori.

Y de todos los demás.

 

Conflicto y soluciones paradójicas

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La intención paradójica es una estrategia bien conocida por los psicólogos de base comunicacional como los que surgieron de la escuela de Palo Alto en los 70. Ya era conocido que los humanos nos resistimos a cambiar de opinión, a sopesar otras posibilidades vitales y sobre todo a comprender otros puntos de vista. Freud llamó “resistencia” a una especie de armadura que nos permite salvaguardar nuestras percepciones, ideas o creencias a salvo de las opiniones ajenas. Y que tendemos a rodearnos de personas que piensan como nosotros y a demonizar moralmente a los que piensan de forma contraria.

Fue un psiquiatra bien conocido por todos nosotros –Victor Frankl- el primero en utilizar la terapia de forma paradójica. Frankl, antes de su deportación a Auschwitz fue psiquiatra en un Hospital de suicidas en Viena donde a partir de su penetrante estilo observacional comenzó a tratar a sus pacientes con una técnica poco convencional, en lugar de apiadarse de sus pacientes y sus quejas solía plantearles dilemas de claro estilo paradójico. Por ejemplo solía preguntar a los pacientes más recalcitrantes ¿Y a usted que le induce a seguir vivo? “Si, yo estuviera en su lugar ya me habría decidido”.

Naturalmente esta pregunta es desconcertante para un psiquiatra convencional pero introducía en el paciente una duda ¿Y si mi plan de suicidio no es más que una solución radical extrema? “Al fin y al cabo tengo familia, tengo algunas cosas que preservar”.

Las intenciones paradójicas son una herramienta psicologíca que también se utiliza en psicología social. Parte de la consideración de que para neutralizar una actitud negativa no hay que tomar una solución clarifinante (muerto el perro se acabó la rabia) sino que a veces la oposición de una idea de signo contrario no hace sino enquistar el conflicto o hacerlo más radical. Algunos autores proponen tanto en la clínica como en los grupos sociales lo que definen como modelos de intervención paradójica y que consisten en 1) delimitar a quien va dirigido el mensaje, usualmente a los que proponen soluciones duras (los halcones) o los equidistantes y 2) Invitarles a seguir radicalizando sus posiciones y 3) Atribuir esta necesidad de radicalidad a cualquier otra cosa que no esté bajo el control del halcón. Por ejemplo invitar a un grupo radical a seguir siéndolo y a no ceder un palmo de terreno en aras de un beneficio a toda la comunidad, mantener un ejército poderoso por ejemplo.

Usualmente llamamos conflictos irresolubles a aquellos que se mantienen en forma de opiniones y actitudes polarizadas y bastante extremas, un ejemplo es el conflicto palestino-israelí, un conflicto que parece no tener fin y que separa a ambas comunidades en una especie de jaula ideológica que tiende a mantener las posiciones iniciales de forma perpetua. Gran parte de estos conflictos se deben a la convicción de ambas partes de tener razón, un ethos de la guerra, es decir en estar investidos de una superioridad moral que deja a los contrincantes en una especie de limbo moral. El nosotros-ellos es la variable critica de este tipo de conflictos que solo pueden resolverse a través de la ecuanimidad.

La ecuanimidad es la capacidad de poder integrar la parte de razón que tienen los que piensan de una forma distinta a la mía. No es neutralidad o equidistancia como se llama ahora, sino una posición ética que no renuncia a las creencias propias. El ecuánime se manifiesta pero es capaz de dialogar con aquellos que sostienen ideas o creencias bien distintas a la suya. El neutral simplemente se protege para no ser alcanzado por el fuego cruzado.

Acaba de publicarse un articulo del cual he extraido algunos párrafos porque se trata de un estudio de campo que se llevó a cabo precisamente en Israel inmediatamente antes de las ultimas elecciones. Los autores aseguran que su intervención hizo que los halcones perdieran en favor de las palomas y que más que eso: se cambiaran algunas actitudes creenciales con respecto al adversario y que este cambio fue permanente en el tiempo. Dejo aqui el articulo en cuestión para que el lector pueda leer los detalles de esa investigación

En las sociedades involucradas en un conflicto insoluble, existen fuertes barreras sociopsicológicas que contribuyen a la continuación e intratabilidad del conflicto. Basado en un estudio de campo único realizado en el contexto del conflicto israelí-palestino, ofrecemos una nueva vía para superar estas barreras al exponer a los participantes a una campaña de intervención paradójica a largo plazo que expresa ideas extremas que son congruentes con el espíritu compartido de conflicto. Los resultados muestran que la intervención, aunque contraintuitiva, llevó a los participantes a expresar actitudes más conciliatorias con respecto al conflicto, particularmente entre los participantes con orientación política de centro o derecha. 

Más importante, la intervención incluso influyó en los patrones reales de votación de los participantes en las elecciones generales israelíes de 2013: los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por partidos moderados, que abogan por un resolución al conflicto. 

Con base en estos resultados, proponemos una nueva capa para la teoría general de la persuasión basada en el concepto de pensamiento paradójico. Los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por los partidos moderados, que abogan por una resolución pacífica del conflicto. Estos efectos fueron de larga duración, ya que los participantes en la condición de intervención expresaron actitudes más conciliatorias cuando fueron reevaluados 1 año después de la intervención. 

Dicho de otro modo: no se puede combatir la irracionalidad desde otra irracionalidad de signo contrario, tampoco sirven las soluciones racionales porque carecen de la potencia emocional de lo irracional. De modo que solo nos queda una solución para enfrentar la irracionalidad: a través de una irracionalidad extrema pero del mismo signo.

Ser y tiempo

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Leer a Heidegger no es tarea fácil, es por eso que no recomiendo al lector una lectura directa del libro que preside este post. Lo mejor es que alguien nos lo de masticado, al menos las ideas fundamentales de este libro que según algunos es el libro filosófico más importante del siglo XX.

Eso me sucedió a mi, tuve la suerte de tener un maestro que conocía bien a Heidegger y que me lo desmenuzó al menos para conocer cuales eran las ideas más importantes de este filósofo alemán, que escribía en el único idioma donde la filosofía es posible (junto con el griego), fundamental para la formación de un psiquiatra, sin él, todas las diatribas que hoy mantenemos sobre la identidad son discusiones sin fundamento, polémicas inútiles que ningún pesimista iniciaría de buen grado. Pues para hablar de identidad hemos de hablar de la ontología del Ser y diferenciarla de los entes, que no son la misma cosa.

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Hacía ya mucho tiempo que no pensaba en Heidegger cuando de pronto ha caído en mis manos un libro de Oriol Quintana titulado “Filosofía para una vida peor”, un libro de divulgación pero profundo que pretende ser un libro anti-ayuda y que escarba entre los filósofos pesimistas del siglo XX, allí aparece -como no- un capitulo dedicado a Heidegger.

Y es anti-ayuda porque reniega de la psicología positiva y no se anda por las ramas de los que buscan sucedáneos para encontrar la felicidad o dar recetas para una vida mejor. Según Orion Quintana existen dos clases de personas, los optimistas que mantienen la idea de que el mundo es mejorable, de que todo está conectado, de que es inevitable que las cosas mejoren con el tiempo, de que querer es poder y que disponemos dentro de nosotros de una fuerza monumental de cambio. Y los pesimistas que le han visto las orejas al lobo y ya no pueden mantener la idea que preside el imaginario de los optimistas. Yo también soy un pesimista pero en el siguiente sentido: no creo en la mejora moral de los seres humanos, no creo en el progreso de la humanidad, ni creo en que indefectiblemente vayamos a ir mejorando, pienso que las cosas siempre pueden ir a peor. Soy en ese sentido freudiano y heideggeriano. Un pesimista racional al estilo de John Gray.

Entiéndase bien, no quiero decir que niegue el progreso de la tecnología, de la ciencia o de la medicina, por poner un ejemplo claro. En lo que no creo es en la teleología obligada de sentido único en cuanto al progreso moral del hombre. Lo que hemos conseguido puede perderse fácilmente pues somos -la humanidad entera- un ente muy vulnerable, tanto como cada uno de nosotros, somos profundamente inanes, vanos e insustanciales. Estamos tal y como decía Heidegger orientados a “Ser-para-la muerte”, este es nuestro destino.

Quizá por ello ninguno de nosotros es capaz de mirar a su muerte cara a cara y hemos desarrollado múltiples estrategias para no pensar en ella, blanqueando el mal y la barbarie que anida entre nosotros, llevando a cabo o pensando proyectos que de alguna manera están diseñados como si fuéramos a vivir eternamente, sucedáneos de una felicidad eterna. Ir hacia adelante persiguiendo esa zanahoria que está delante de nuestros ojos es quizá el engaño más sutil que hemos desarrollado para no pensar en la muerte, en la nuestra, la única verdadera.

Es por eso que se han desarrollado teorías para explicar la depresión como si fuera una enfermedad como las demás. ¿Es normal estar deprimido?. Pues parece ser que lo que requiere una explicación no es porqué nos deprimimos sino porque somos tan optimistas, algo así nos explica la teoría del realismo depresivo. ¿Qué razones objetivas tenemos para pensar que todo irá bien?

Obviamente la esperanza siempre será mas adaptativa que la desesperanza, en el sentido de que nos permitirá seguir pensando y haciendo tonterías en nuestra vida, siempre y cuando esa esperanza no nos lleve de bruces hacia la negación total de la muerte que es una idea que se refutará por si misma pronto o tarde. De mi libro anti-ayuda he extraído la siguiente idea: hay que estar preparado para lo peor. Y la peor noticia es que no tenemos el mando del control de este proceso, tanto es así que algunas personas se suicidan para recuperar ese control. Nos moriremos cuando sea, esa es la verdad, siempre en el futuro, pero la muerte es futuro sencillamente porque solo nos morimos una vez y nadie ha muerto en el pasado para tener recuerdos. Por eso nadie cree en su propia muerte, a pesar de las pruebas.

¿Nadie?

Algunas personas si.

Sobre todo aquellas que han vivido en su vida acontecimientos especiales, de esos que nos cambian la vida, y la escinden en un antes y un después. Los supervivientes de algún trauma de la vida, de algún golpe definitivo, esos que nos cambian el cerebro porque atentan contra la confianza (la confianza básica) que contiene estos tres mandamientos:

1.- Nadie me hará daño

2.- Si lo necesito alguien me ayudará

3.- Todo saldrá bien.

Ciertos eventos de la vida rompen esa idea que las personas corrientes desarrollaron durante su infancia, donde fueron queridos, protegidos y puestos a salvo de cualquier mal. La ruptura de la confianza básica es común en todas las personas que han sufrido experiencias devastadoras, que lo han perdido todo, que han presenciado atrocidades o las han cometido bien sea de forma activa o pasiva, en este sentido no hay nadie inocente. Todos aquellos que han cruzado esa linea roja, donde todo se viene abajo han muerto aunque de forma simbólica para la vida, son muertos vivientes, zombis que obligados a deambular -siempre hacia delante- hacia el futuro de la zanahoria, siguen haciéndolo, trabajando o cocinando estúpidos pasteles pero en cualquier caso ya no pueden seguir engañándose a sí mismos: han descubierto el mal y su propia vulnerabilidad, esa es la Verdad.

En “Ser y tiempo” Heidegger explora una cuestión fundamental de la filosofía: ¿Qué es el Ser? ¿Quien soy yo? ¿Que queremos decir cuando decimos “yo soy”? ¿Qué queremos decir cuando decimos “que algo es”?

Es una pregunta clave de la filosofía, ya Platón se ocupó de ella y también Schopenhauer, si bien no llegó a profundizar lo suficiente en ella, cuando le hicieron esta misma pregunta, solo acertó a decir:

“Yo soy el autor de El mundo como voluntad y representación”, una idea que podeís perseguir en este post.

Heidegger no estaría de acuerdo con esta respuesta nada metafísica y en cierta forma utilitarista, puesto que uno no es lo que hace, uno es lo que es pero ese Ser que anida en nuestro interior no es la gema de la que hablaba Hofsdadter, no hay ninguna gema. La manera mas acertada de decir qué es ese Ser que anida en nuestro cerebro es decir que es el Ser colectivo, el Ser que anida en todos y cada uno de nosotros, un Ser en cierta manera indiferenciable de los demás. Lo que uno hace -sus proyectos- son la estrategia que tomamos para despistarnos de nuestro verdadero Ser (El Ser en sí mismo) que no es lo mismo que el Dasein (El Ser en el mundo).

Uno es lo que hace cuando anda a ciegas en ese territorio al que ha sido arrojado, un mundo inhóspito (unheimlich) al que llegamos como un astronauta que fuera arrojado a una civilización extraterrestre sin saber nada de ella. Lo que uno hace es en cierto modo una especie de programación social que nos lleva de aquí para allá a fin de ser útiles para la sociedad, trabajar, ganar dinero, pagar hipotecas, casarse o no casarse, tener o no tener hijos, educarles, jugar a los bolos, encender barbacoas, conducir nuestro automóvil para llegar a un trabajo estúpido que no nos llena salvo la barriga que va creciendo cada día más a base de repostería. La tarea del filósofo en este sentido es igual de sin sentido que estas vidas anónimas de seres caducos y transitorios, tan caducos y transitorios como el filósofo. Pero hay una diferencia: algunos filósofos profesionales y otros no profesionales no se dejan engañar por esta visión del mundo y saben la verdad.

Pero la verdad es cara e incómoda, tanto que conocer la verdad es aceptar la muerte pues esa es la única verdad y al mismo tiempo, el fin de cualquier verdad.

 

 

La conexión masculina

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Recientemente he tenido ocasión de leer un post que por su lucidez me ha parecido importante no solo compartir aqui sino prolongar con algunos comentarios relativos a ciertos eventos vitales que me parecen en relación con la construcción de una identidad sexual, en este caso una identidad masculina.

Para empezar señalaré que la identidad sexual no es la misma cosa que la orientación sexual. La identidad sexual es un constructo social relacionado con la socialización como veremos más tarde mientras que la orientación sexual está mas relacionada con lo biológico y lo genético. nadie elige ser homo o heterosexual pero si puede elegirse el género. Más que eso: las personas que presentan disforia de género no son homosexuales, sino que viven una especie de antagonismo entre sus cuerpos y su identidad que en cualquier caso no se corresponde con lo que entendemos como preferencia por el mismo sexo que caracteriza a los homosexuales.

Comenzaré por apuntar ciertos párrafos del citado post (que irán siempre en cursiva) y añadiré algún comentario a su exposición. Se trata de un niño -al que llamaremos Chad- que quiso ser una niña y de las vicisitudes que atravesó durante su evolución existencial y su maduración.

 

Cuando era niño, quería ser una niña. Algunos de mis primeros recuerdos son de rezarle a Dios para que me transformase en niña al despertar. Yo idolatraba a mi abuela y adoptaba sus gestos y su estilo personal. Ella me dejó probar sus anillos y sus joyas, e incluso me sugirió el uso de sus bufandas. Ella pintó mis uñas e incluso me tiñó el pelo, para probar el color antes de usarlo consigo misma. Seguí las niñas en la escuela y en torno siquiera inventar juegos elaborados dónde escondí para jugar a My Little Pony con ellas sin ser descubierto por mi maestra. Puedo recordar a una niña de mi clase que levantó la mano de una manera particularmente femenina y empecé a imitarla. Ella me llevó a un lado un día y me dijo “Tú puedes ser mi amigo sin hacer todo lo que hago”.

Este primer párrafo me parece esclarecedor acerca de una cuestión fascinante: la identificación con una figura significativa de  nuestra infancia. La abuela de este niño fue el objeto elegido en su elección de amor. Y no deja de ser sorprendente este mecanismo de “identificación” descrito por Freud y del que sabemos tan poco. ¿Por qué nos identificamos y por que con ese personaje y no con otro?

En palabras de Freud:

Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones.

Nos identificamos con aquello que (por alguna razón) nos parece atractivo, en resumen la identificación es un acto de amor, un salto que nos permite atravesar la brecha que existe entre sujeto y objeto.

Dicho de otra manera somos una especie de conglomerado de identificaciones de aquí y de alláuna especie de puzzle de actitudes, gestos, pensamientos, creencias y parecidos con nuestros objetos de identificaciónSomos grandes imitadores y plagiadores de todo aquello que vemos a nuestro alrededor y sobre todo somos copias de un original al que en un tiempo lejano, amamos

Y otra cuestión importante identificarse es un movimiento mental, en cierto modo hegeliano (no podemos conocer al otro pero podemos ser como él a través del aufheben) que tiene al menos dos formas, la incorporación y la imitación que es la forma más conocida de saltar esa grieta que separa a las personas de sus objetos de amor y precisamente aquí aparece este elemento: se imita aquello que nos resulta atractivo, aquello que amamos. Más adelante dejamos de imitar para identificarnos plenamente con el objeto o con alguna de sus características.

Algo parecido le sucede con una niña del colegio a la vez que ésta le da una pista que resultara crítica para su desarrollo posterior: “no necesitas imitarme para ser mi amigo”.

La ironía de todo esto es que durante toda mi infancia me obsesioné completamente con la masculinidad. Me encantaban los cómics como X-Men, siendo Superman mi favorito. Me encantaba la lucha libre de la WWE. Me encantó ver las competiciones de culturismo y mirando a través de revistas de musculación. Fantaseaba con superhéroes que aparecen desde el cielo, que me decían que yo también tenía un superpoder y que después me rescataban de una vida que simplemente no parecía aceptarme. Quería que gigantescos hombres musculosos fuesen mis amigos, me protegiesen de los agresores y me ayudasen a ser uno de ellos.

Donde podemos ver que el muchacho anda buscando una identidad masculina en este caso a través de héroes de cómic o del cine. Nótese que la fantasía no se enrosca en el deseo sexual sino en el deseo de ser “uno de ellos”. Por otra parte es lógico porque aunque no dice la edad que tenía cuando surgieron estas fantasías es probable suponer que no había alcanzado aun la pubertad. Lo que destaca es la ambivalencia de esta fantasía que es la opuesta a la original.

Y aquí nos cuenta en otro alarde de lucidez la verdad:

La verdad era que simplemente deseaba ser aceptado por otros niños, y quería unirme a ellos. Solo que no tenía ni idea de cómo hacerlo. Nunca supe cómo comunicarme con los niños. Me quedaba torpemente en silencio cuando me obligaban a relacionarme con ellos, y me miraban como si fuera un extraterrestre. Pero en el fondo solo quería ser uno de ellos. Puedo recordar el razonamiento, muy temprano, de que ya no podía dominar el arte de ser un niño, quizás al ser una chica se me permitiría el acceso a su mundo. A los niños les gustaban las niñas. Si yo fuese una niña, todo sería mucho más fácil.

Es decir nuestro muchacho se sentía excluido socialmente y sentía que no encajaba en ningún modelo de masculinidad a su alcance. De ahí su conclusión: si fuera niña todo sería más fácil.

Continuó de la misma forma hasta poco más o menos la vientena e incluso:

Durante mis primeros veinte años consideraba la idea de que yo era transgénero y hablé con varios terapeutas sobre este tema. Vi documentales, leí libros, estudiaba en línea, y sabía los pasos necesarios para completar la transición. Incluso tenía un plan para la gestión del trabajo, mientras durase la transición. Compré ropa de mujer, una peluca y un poco de maquillaje y traté de hacerme pasar por algo que no se pareciese a una “drag queen” a las tres de la mañana. Practiqué con mi voz y mis gestos. Se lo conté a mis amigos e incluso a mi familia. Estaba preparado. El único problema era el dinero.

La decisión quedo aplazada pues por un asunto económico. Chad decidió esperar.

Esto fue a principios de la década del 2000, por lo que la transición en los primeros 20 años no era tan común fuera de mayores centros gais. Hoy veo a los jóvenes adolescentes vivir su transición de cintura para arriba en su día a día. Así que en ese momento, me di cuenta de que sólo tendría que esperar hasta que pudiera permitirme el lujo de hacerlo. Aunque esto me llenaba de frustración y ansiedad lo acepté como la fría realidad a la que me enfrentaba. Pero entonces algo cambió.

Chad lo explica aqui, el encuentro con la conexión masculina que en un primer momento precisó de un objeto transicional femenino:

Yo estaba en la universidad y por un puro accidente de programación, pasé algún tiempo con un tipo de mi misma edad y su novia y decidimos que todos íbamos a ser amigos. Era una especie de tipo brusco y no hablaba mucho, pero ella y yo nos llevamos muy bien. Pronto estaba pasando casi todas las noches con ellos y lo más importante, pasando tiempo con él sin que estuviese ella allí a la manera de amortiguador. Yo siempre me aseguraba de tener una chica cerca cuando se trataba de chicos. De alguna manera él y yo estábamos unidos a pesar de que teníamos muy poco en común, excepto su novia y un interés general en los videojuegos. Hoy es uno de mis mejores amigos. Se convirtió en la primera conexión masculina que tenía que no implicaba sexo, y se las arregló para enseñarme todo lo que había estado deseando saber desde la infancia.

¿Deseaba saber qué? Qué es un hombre.

Aprendí cómo hablan los chicos. Aprendí cómo bromean. Aprendí que compiten por la posición. Se burló de mí sin parar, y al principio, me derrumbaba cada vez que lo hacía cuando estaba solo. De alguna manera he aprendido con el tiempo que era su manera de unirse a mí. A día de hoy me humilla en múltiples ocasiones para pasar el rato, y he aprendido a devolver el golpe y él se ríe. Él me desafió físicamente, me enseñó cómo hacer las cosas, e incluso cuando se ríe de que soy una chica para él, siempre me incluye.

Hace dos años conocí a otro chico de mi edad por pura casualidad con el que me habría aterrorizado hacer contacto visual en la secundaria. De hecho, fuimos juntos a la secundaria, y apenas se fijó en mí. Él es más viejo, muy masculino y con la pinta de un tipo que nunca esperaría a ser amigo de alguien como yo. Nos conocimos cuando estaba tratando con una relación difícil y yo le daba consejo y aliento. Él me enseñó acerca de la lealtad, y sobre el tipo de unión que los hombres pueden tener en momentos de estrés y dificultad. Nunca me tira abajo, siempre alienta mis mejores atributos, y confía en mí.

Y al fin el hallazgo:

Soy un hombre, y es mi naturaleza. Incluso si no es tan pronunciada o dominante como lo es en otros hombres. Lo que he estado intentando crear durante gran parte de mi vida era una adaptación al entorno que era simplemente imposible. Nunca hubiera encontrado la paz conmigo mismo y la conexión con otros hombres si hubiese hecho la transición a una mujer legal.

Hay muchas formas pues de ser hombre, múltiples formas de masculinidad y es muy posible que las dificultades que algunos muchachos tienen de encajar procedan de un idea estereotipada de la masculinidad junto con el rechazo de los vigilantes del lecho de Procusto. La exclusión social es una de las variables implicadas en estos desarrollos donde el excluido puede sentir que siendo del otro sexo pudiera ser mejor aceptado hasta que un dia en ese proceso sucede algo que modifica todo el encuadre: un amigo, un amigo que pudo utilizarse como modelo.

La identidad sexual no es pues, algo que siempre estuvo ahí esperando a que alguien la descubriera sino un conglomerado de creencias, mecanismos de defensa y predilecciones que cambian con el tiempo y las experiencias. Hubiera sido una mala elección para Chad decidir cambiar de sexo antes de explorar todas las opciones.

Afortunadamente para él no vive hoy en España.

 

 

 

 

 

Izquierda y derecha: ¿existe tal cosa?

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Esto es una campana de Gauss, la forma estadística en que nos representamos a las mayorías y minorías en cuanto a ideología política. Los extremos estarían representados por la ultraderecha (fascismo) y en el otro lado los comunistas (extrema izquierda) como puede verse en la campana las alas o extremos de esa curva están poco representados en la población general y la mayor parte de nuestros ciudadanos se situarían en el centro de la campana, serían pues de centro, por así decir, equidistantes de los extremos.

Es así como nos lo representamos en nuestra mente, si el 0, es la extrema derecha y el 1 es la extrema izquierda, la mayor parte de la gente se definiría diciendo que son 0,4-0,5-0,6. Ahí está la mayoría, en el centro. ¿Pero es esto verdad?

No, no es verdad por muchas razones, la más importante de todas es que la ideología política no es una variable unidimensional y no puede contemplarse como una linea entre el 0 y el 1. Por otra parte la división entre izquierda y derecha es arbitraria y cambiante con el paso del tiempo.

Y además esta clasificación en forma de continuo, nos lleva a un error: el de suponer que entre dos individuos (A y B) que ocupan los extremos habría mas grados de separación que entre otros dos individuos (C y D) que ocuparan el centro de la campana. Y lo cierto es que entre estos individuos centristas (C y D) hay tanta separación como en los que ocupan los extremos.  no solo porque los extremos se tocan sino porque las dimensiones que intervienen en la identidad política son múltiples y desde luego no pueden representarse ni en una dimensión, ni en dos dimensiones (carta ortogonal).

En realidad los individuos C y D no tienen nada en común, uno vota socialista y otro a Ciudadanos y tienen diferentes ideas acerca de como debería organizarse la sociedad, el empleo, la ética política, los impuestos y la defensa de la unidad del territorio español, los derechos de las minorías (ahí estarían más o menos de acuerdo para parecer más morales de lo que son) pero los dos se definen centristas, uno más escorado hacia la izquierda y el otro hacia la derecha y más que eso: ambos creen que son más centristas que los demás. Ambos detestan los extremismos y defienden el Estado de derecho.

Thomas Sowell es un pensador y economista americano que se define a si mismo como conservador libertario (sea lo que sea que esto signifique) pero desde la muerte de Revel ha quedado como adalid opositor de eso que se ha venido en llamar “pensamiento políticamente correcto”.

En un reciente artículo Sowell se pregunta si esas dicotomías entre izquierda y derecha nos llevan a comprender mejor las posiciones ideológicas de los individuos. Como las palabras generan realidades Sowell plantea que para las personas que toman las palabras literalmente, para hablar de “la izquierda” es suponer implícitamente que existe algún otro grupo coherente que constituye “la derecha”. Quizás sería menos confuso si lo que llamamos “la izquierda” fuera designado por algún otro término, tal vez como X. Pero la designación de ser de la izquierda tiene al menos alguna base histórica en las opiniones de los diputados que se sentaron en el lado izquierdo de la silla del presidente en los Estados Generales de Francia en el siglo XVIII.

Una manera de definir a la izquierda sería decir que la visión de la izquierda política actual es que el gobierno ha de tomar decisiones colectivas,  dirigida hacia  el objetivo de reducir las desigualdades económicas y sociales. Puede haber versiones moderadas o extremas de la visión o programa de la izquierda. De hecho hay muchas versiones de la izquierda como decía Gustavo Bueno para el que había varias izquierdas pero derechas solo había una: se había producido una jibarización del campo de la derecha propiciado por la propaganda postguerra..

La derecha no es menos heterogénea a pesar de que los izquierdistas siempre han tratado a “la derecha” como si fuera un bloque inseparable del autoritarismo, del estado policial, de la falta de democracia o de egoísmo individual. Derecha y fascismo están -a base de repetir el argumento- muy próximos en el imaginario político de los individuos obviando la existencia de liberales, conservadores sin más, conservadores teocráticos, beatos de distinta naturaleza, los equidistantes y a los libertarios como el propio Sowell.

Como muchos intelectuales repiten hasta la saciedad y cuando pasamos de tales imágenes a detalles específicos, hay una diferencia notablemente pequeña entre comunistas y fascistas, a excepción de la retórica, y hay mucho más en común entre los fascistas e incluso la izquierda moderada que entre cualquiera de ellos y los conservadores tradicionales en el sentido estadounidense. Una mirada más cercana del articulo de Sowell  lo aclara.

El comunismo es el socialismo con un enfoque internacional y métodos totalitarios. Benito Mussolini, el fundador del fascismo, definió el fascismo como el socialismo nacional en un estado que era totalitario, un término que también acuñó. La misma idea se hizo eco en nombre del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes en Alemania, el partido de Hitler, ahora casi siempre abreviado como Nazis, enterrando así su componente socialista.

Visto en retrospectiva, la característica más destacada de los nazis -el racismo en general y el racismo antijudío en particular- no era inherente a la visión fascista, sino que era una obsesión del partido de Hitler, no compartida por el gobierno fascista de Mussolini en Italia o la de Franco en España. En un momento, los judíos estaban de hecho sobrerepresentados entre los líderes fascistas en Italia. Solo después de que Mussolini se convirtiera en el socio menor de Hitler en la alianza del Eje a fines de la década de 1930, fueron judíos expulsados ​​del partido fascista de Italia. Y solo después de que el gobierno fascista de Mussolini en Roma fue derrocado en 1943 y reemplazado por un gobierno títere que los nazis establecieron en el norte de Italia, fueron acorralados y enviados a campos de concentración en esa parte de Italia.

Lo que distinguía a los movimientos fascistas en general de los movimientos comunistas era que los comunistas estaban oficialmente comprometidos con la propiedad estatal de los medios de producción, mientras que los fascistas permitían la propiedad privada de los medios, siempre que el gobierno dirigiera las decisiones de los propietarios privados ellos podrían seguir con su producción. Ambas eran dictaduras totalitarias, pero los comunistas eran oficialmente internacionalistas, mientras que los fascistas eran oficialmente nacionalistas. Sin embargo, la política proclamada de Stalin de “socialismo en un país” no era muy diferente de la política proclamada por los fascistas del nacionalsocialismo.

Lo que identifica la ideología política de un individuo no puede liquidarse diciendo si es de derechas o de izquierdas, pues estamos observando un cluster de variables invisibles que se comportan como zombis. Algo muy parecido a lo que sucede con el mosaicismo genético.

El mosaicismo genético.-

En biología y genética, un mosaico genético o mosaicismo es una alteración genética en la que, en un mismo individuo, coexisten dos o más poblaciones de células con distinto genotipo (dos o más líneas celulares), supuestamente originadas a partir de un mismo cigoto. Para ilustrar este fenómeno se suele recurrir al ejemplo de las mujeres, dado que al tener uno de sus cromosomas X inactivados pueden ser consideradas como mosaicos. Este fenómeno de inactivación ocurre en la embriogénesis temprana (alrededor del décimo día de desarrollo) y, a partir de ese momento, todas las células heredan el patrón de cromosoma X inactivado. Las células tumorales son también un tipo de mosaicismo, en este caso patológico.

gato

Y el color del pelo de los gatos es otro ejemplo, pues cada célula de la piel del gato genera un color distinto. El gen del color del pelo en los gatos está en el cromosoma X y las gatas tienen dos cromosomas X y a veces presentan este fenómeno llamado “mosaicismo”, significa que en cada tramo de piel (cada célula) el gen puede expresar un rasgo u otro, blanco, negro o marrón. De manera que los gatos de tres colores son siempre hembras a menos que el gato sea XXY es decir tenga un Klinefelter gatuno.

El mosaicismo es una forma tridimensional de representarse la ideología política, siempre y cuando supongamos que la ideología política es algo heredable o innato de lo que existen algunas pruebas, sin embargo hemos de conocer también que muchas veces la ideología política viene dictada por experiencias personales, y por supuesto por fenómenos tan bien conocidos como la propaganda, las subvenciones, la ingeniería social o ciertos fenómenos de exaltación de las masas bien estudiadas por Freud y Reich a partir de su experiencia con el nazismo. Los fenómenos de sugestión colectiva existen y probablemente son mas fácilmente detectables que la heredabilidad de estos rasgos a los que se les ha dado poca importancia hasta hace recientemente poco.

Sowell describe aquí las dos tendencias humanas fundamentales que pueden estar en la raíz de esta impronta genética:

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Dicho de otra manera lo que se heredaría sería una tendencia precognitiva, una “intuición” de como funciona el mundo y que dividiría a los individuos en dos grupos, los “trágicos” y los “utopistas”. A grandes rasgos los “trágicos” podrían ser considerados muy a grosso modo como de derechas, mientras que los utopistas podrían ser catalogados como de izquierdas.

Pero es aquí donde aparece la varianza multinivel que oscurece la genética puesto que la ideología se constituye como una identidad que puede ser volcada en palabras y el intelecto trata de hacer coherente su relato con su precognición. Es ahí donde aparecen todos los sesgos y todas las contradicciones.

Pues los zombis van cada uno a lo suyo y es por eso que en la vida real podemos encontrarnos combinaciones estrafalarias entre ideas que han sido recolectadas aqui y allá de todo tipo y lo peor: los zombis pueden parecer muertos y realmente están vivos esperando el momento oportuno. Es por eso que las proclamas que exaltan la filiación y los sentimientos sean nacionales o internacionales tienen tanto éxito a la hora de despertar esos zombis que como la bella durmiente esperaban un beso reparador que les despertara.

Bacavia

catalans

Pocos saben lo que significa esta palabra, que en realidad es un neologismo -en realidad un acróstico- inventado allá por los 80 por un grupo de intelectuales valenciano-catalanes para referirse a los Países catalanes, una entidad jurídica virtual que aun ronda por el imaginario de muchos de ellos ya jubilados o fallecidos como Joan Fuster pero que mantienen la vieja ilusión de construir una entidad política confederada de las tres regiones Ba-leares, Ca-taluña y V-alenc-ia.

Si se inventó esa palabra fue para eludir la hegemonía económica y cultural de Cataluña pues se pensó que los valencianos o los mallorquines podrían oponerse a un término demasiado escorado a favor de Cataluña en la denominación de “Països catalans”. En realidad el invento que se atribuye a ese grupo de intelectuales que se aglutinaban en las tertulias organizadas por Joan Fuster, no fue un invento colectivo sino un invento de Amadeu Fabregat.

Amadeu fabregat es un chico de mi pueblo, aunque educado en Lérida que llegó a ser director de canal 9 (un invento suyo, me refiero al nombre de doble lectura, “nou” de nueve y “nou” de nuevo), es una persona muy ingeniosa, tanto que se las arregló para que le nombraran Director general de canal 9 en la época de Lerma y eso que no era militante del PSOE. Quien le nombró -fuera el que fuera- no lo hizo por su militancia socialista sino por su catalanismo.

Fabregat había destacado por sus programas de radio, sobre todo con aquel “Cal dir” y “De dalt a baix” donde nos enseñó como se decían las cosas en un “valenciano correcto”, es decir normalizado o catalanizado. A mi que soy valenciano parlante siempre me hicieron mucha gracia que me dijeran que no se decía “calcetins” sino “mitjons”, o mitjes pero no calces, que sentarse se llamara “seures” o que “eixugamans” se dijera en realidad “toballola”y cosas así. La teoría es que el valenciano contenía muchas palabras que eran “castellanismos” y que por tanto estaban mal dichas, en su lugar deberíamos aprender a llamarlas por su nombre, catalán por cierto. Amadeu tiene mucho mérito pues hizo en Valencia lo que muchos años antes había hecho Pompeu Fabra con el catalán bajo las ordenes de Prat de la Riba: transformar un rudo idioma de campesinos en un idioma culto.

Pues el valenciano como el catalán anteriormente era un idioma fundamentalmente rural, en Valencia capital no se hablaba el valenciano y los de pueblo apenas sabían hablar el castellano si no habían ido a la mili o no estaban lo suficientemente escolarizados. Eso le pasaba al tío Canya, héroe del valencianismo reivindicativo del orgullo de no conocer el español.

De lo que se trataba a través de la unidad de la lengua era la de delimitar un mapa político distinto al que conocemos (véase el mapa) y de catalanizar el valenciano y llevarlo a la unificación con lo que se hablaba en el Principat, como se llamaba entonces a Cataluña. Primero unifiquemos el idioma, luego ya hablaremos de Bacavia.

Y no cabe duda de que la primera fase de ese proyecto tuvo mucho éxito, hoy para entrar en la Administración valenciana es necesario tener un grado de valenciano que cuentan como si de una tesis se tratara, y todos los niños están sumergidos en ese idioma desde su más tierna infancia. Personalmente no conozco a nadie que no lo entienda y lo hable más o menos correctamente a pesar de todas las batallas que se dieron en los 90 sobre si el valenciano y el catalán son el mismo idioma o no. Al final incluso hubo una Academia de la lengua destinada a este fin de aclarar y marear la perdiz acerca de si estamos hablando el mismo idioma o por el contrario si son dos idiomas diferentes o una ultima vuelta de tuerca: si no seria el catalán un derivado del valenciano como sugiere Luca de Tena.

Para Luca de Tena existe una lengua Valenciano-Occitana, y el Catalán es un dialecto de ella.

Las tres lenguas con substratos propios se producen en la rotura del latín tras el martillazo árabe a los visigodos, y su ímpetu los arrincona respectivamente en Galia, Cantábrica y Occitania (Glacis Francés entre Pirineos y Loira).
Con la reconquista bajarían vigorizadas al reencuentro mozárabe que las conservaba arcaizadas. No olvidemos que la “Covadonga” valenciana está en Poitiers y Tours, donde Carlos Martel inició la Reconquista del Levante Español.

La lengua se obtuvo y tiene cinco variantes: Lemosín, Alvernés, Gascón, Provenzal y Languedocciano. Fue el Provenzal el que entró en Cataluña (Gerona y Barcelona) o Marca Hispánica. El Lemosín, tras la batalla de Murel (1213), es traído a Valencia y Mallorca por los miles de intelectuales occitanos perseguidos por Francia (política) y la Iglesia (religión) durante y después de la Cruzada Albigense.

En el siglo XIX la burguesía catalana afrancesa su lengua distanciándola de la valenciana, y Prat de la Riba en 1906 encarga al ingeniero industrial Pompeu Fabra la fabricación de la lengua catalana. En 1912 se publica la primera gramática catalana independiente de la valenciana, mezcla de arcaísmos, valencianismos, galicismos y palabras inventadas por Fabra. Del mismo modo Fabregat también hizo sus inventos cuando fue director General de Canal 9. En aquel entonces cuando hubo el accidente de Chernobil, se planteó en las redacciones de Canal 9 el siguiente problema ¿Cómo se llama Ucrania en valenciano?

No se llama de ninguna forma porque los idiomas se forjan en determinados entornos, es por eso que existen palabras valencianas para nombrar casi todos los utensilios agrícolas que proceden del árabe pero ninguna para nombrar inventos tecnológicos. Se podría haber llamado Ucrania a Ucrania pero se optó por el neologismo más catalán, Ucraïna.

La pretensión de imponer esta jerga a valencianos y mallorquines para amalgamarlos en un virtual ente de “Países Catalanes”, responde a un chauvinista y práctico deseo catalán de dominar estas dos regiones que acaparan buena parte de la riqueza española, obsérvese el mapa como se abandonan las zonas pobres del interior de Valencia colindantes con Cuenca y otras de Murcia y se invaden territorios hoy de Aragón. A tal fin, una nueva historia, una nueva literatura, han sido creadas para dar carta de naturaleza cultural al País Catalán, el Reino de Valencia y las Islas Baleares, es decir, la nueva nacionalidad catalana, que carece de ella. Por supuesto que valencianos y mallorquines se han opuesto rotundamente a este invento de absorción.

Y aquí es donde entra Bacavia, la primera fase de este plan. Conseguir el poder político era el siguiente paso, pero la sociedad valenciana siempre se ha mostrado impermeable a esas tesis expansionistas y aunque obviamente hemos perdido el primer combate: el lingüistico, la batalla política no ha hecho sino comenzar.

No cabe duda de que las agendas nacionalistas siguen esta secuencia, primero el idioma, pues el idioma y la religión son los principales elementos de cohesión e impulsan el orgullo de todos los tíos Canyas que sufren así un proceso de desclasamiento hacia arriba y pueden incluso llegar a ser diputados con el único mérito de hablar y escribir el valenciano. Por otra parte y una vez establecido esta permeabilidad lo que queda es apoyar la identidad en el idioma. “Som valencians” puede ser dicho de muchas formas pero a  mi personalmente este grito nunca me supo levantar, la verdad. Después viene el derecho a decidir claro.

¿Y que fue de Bacavia?

Pues Bacavia hoy es una productora de películas propiedad de Amadeu Fabregat.

Primero el idioma, después la identidad y más tarde los aranceles.

Y sin TV no se puede construir ninguna identidad.

La persistencia del carlismo

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Casi todas las zonas urbanas se mostraron leales a la monarquía, restos de la muralla liberal de Castellón

Probablemente Fernando VII fue el rey español más nefasto que hayamos tenido en nuestro país, conocido por el rey felón por unos y “El deseado” por otros ya que dejó España sola cuando fue invadida por el francés.

Casó cuatro veces y solo con su cuarta esposa acertó a tener descendencia. El problema es que al no tener un heredero varón se le ocurrió cambiar la ley -llamada sálica- que impedía reinar a las mujeres. Hoy sería aclamado por este hecho pero lo que importa recordar es que cambió la ley cuando se le antojó y con esta decisión arrastró a España a un siglo de atraso con respecto a nuestros vecinos, un atraso que se vería mayormente ampliado al final del siglo XIX, después del desastre de Cuba.

Con su cuarta mujer Maria Cristina de las Dos Sicilias tuvo dos hijas, una Isabel que posteriormente sería reina de España con el nombre de Isabel II y otra que desapareció de la escena española Maria Fernanda al casarse con el duque de Montpensier. Fernando VII murió joven  con tan solo 44 años en 1833, razón por la que su esposa Cristina fue la regente durante la minoría de edad de Isabel que tuvo que ser reina prematuramente antes de alcanzar la mayoría de edad.

El problema es que no todo el mundo estuvo de acuerdo con esta abolición de la ley sálica, más concretamente no lo estaba su hermano menor Carlos Isidro cuya personalidad manipuladora y conspiradora ha pasado a la historia con mayor o menor razón. El caso es que Carlos Isidro tras morir su hermano Fernando el 29 de septiembre de 1833, emitió el Manifiesto de Abrantes el 1 de octubre, en el que declaraba su ascensión al trono con el nombre de Carlos V. El 6 de octubre, el general Santos Ladrón de Cegama proclamó a Carlos como rey de España en la localidad de Tricio (La Rioja), fecha en la que se da como comenzada la Primera Guerra Carlista.

Es importante señalar que durante el siglo XIX España tuvo tres guerras carlistas y algún episodio marginal relacionado con ellas, como la Octubrada en 1900, después el carlismo desapareció al menos militarmente hasta la guerra civil española donde los requetés navarros prestaron una ayuda trascendental a Franco y al Alzamiento Nacional, una ayuda que el dictador les pagó en forma de concierto o cupo vasco, sobre todo a Navarra, puesto que Vizcaya y Guipuzcoa fueron castigadas por no sumarse al bando nacional (aunque recuperaron su propio cupo en la Transición).

¿Qué es el carlismo?

Aunque el carlismo aparece en la escena política a partir de ciertas ideas legitimistas, es decir la defensa de un rey verdadero frente a una reina “impostora”, el carlismo es un movimiento mucho más complejo y de alcance más profundo de lo que aparenta. Este post está escrito para alumbrar ciertas ideas que puedan ayudar a comprender como el carlismo del XIX logró sobrevivir al desastre de Cuba, a la guerra civil, al propio Franco y a la Transición democrática española. El carlismo es un fenómeno de largo alcance y aun hoy lo podemos rastrear en ciertos movimientos políticos como el nacionalismo vasco y catalán. No hay que olvidar que tanto el nacionalismo vasco como el catalán aparecen a mitad del siglo XIX.

Más allá de su apariencia legitimista el carlismo es sobre todo un movimiento rural y tradicionalista, un movimiento reaccionario que en sus orígenes propugnaba, no solo la vuelta al Antiguo Régimen, sino también una política de Cristiandad.  Hace falta señalar que el carlismo fue un movimiento anti-urbano, una llamada a la vuelta a los orígenes y que estaba compuesto por beatos, clero, propietarios rurales y gañanes sin educación, no es de extrañar que el carlismo prendiera en el Maestrazgo pero no en Castellón ni en Valencia, lo hizo en Aragón, pero no en Zaragoza, y también en las vascongadas pero no en Bilbao. Por supuesto fue muy importante en Cataluña pero no en Barcelona. 

Si hubo tres guerras carlistas es porque se trataba de un empate infinito, cada guerra terminaba más por agotamiento logístico y hambruna que por victorias claras de un rival sobre el otro. Y el hecho de que durara casi 100 años demuestra que no se trataba de un conflicto baladí sino de algo mucho más profundo que un “quita tu rey para poner el mío”. Lo que estuvo en juego en esa larga guerra fue una España atrasada e inculta, rural, conservadora y ultracatólica contra una España que aspiraba a la modernidad a través de las ideas liberales con una constitución la de 1812 que duró bien poco al ser aniquilada por el propio Fernando VII. Liberales contra carlistas es una forma de decir, rural-católicos contra urbano-aperturistas en la interpretación que hace Sergio del Molino sobre este conflicto.

En este sentido vale la pena leer el libro de Sergio del Molino, titulado “La España vacía”, para del Molino se trataría mas bien de una guerra de una España que empezaba a despoblarse contra la España llena de las ciudades. Una España vacía contra una España llena, tendencia que el propio Molino señala como el Gran Trauma que culminó después de la guerra civil española con el abandono del campo de casi media España.

El anhelo campesino del español medio permanece en nuestro inconsciente colectivo, vale la pena pensar en eso que hemos llamado “fines de semana”, esa especie de peregrinaje continuo de nuestros ciudadanos urbanos en busca de la pureza campestre, que hablan de un retorno, de una nostalgia, de algo que se perdió y que no tuvimos nunca (de ahí su valor de fetiche perdurable) y que podemos recobrar aunque de formas edulcoradas a través de la gastronomía o del turismo rural. Casi todos nosotros si nos remontamos dos o tres generaciones somos campesinos.

Los carlistas de hoy ya no llevan boinas rojas, ni son católicos furibundos y de alguna forma han alzanzado la ilustración, tienen carrera o al menos la empezaron y estudios y aunque están en paro no son en realidad conscientes de sus orígenes. Casi todos son urbanitas y militan en partidos o colectivos de izquierdas o nacionalistas (excepto la CUP o Podemos que tienen otra extracción). Pdcat, Esquerra republicana, el PNV y Bildu son en su origen carlistas reconvertidos al nacionalismo, también algunos representantes del PSOE y del PP.

El nacionalismo en realidad mantiene vigentes ciertas ideas del carlismo, su gusto medievalizante y su añoranza de las instituciones forales. Podría hacerse un catálogo de topónimos y de “nombres medievalizantes. “Juntas”, “Xuntas”, “Cortes”, “Diputación (del) General”, “sindic de greuges“, “Generalitat”, “Consellers”, etc. ¿Cómo puede explicarse que en pleno siglo XXI hablemos de cupos vascos o navarros?

La desigualdad en España se ha profundizado con el estado de las Autonomías que es un sistema federal encubierto y asimétrico, un generador de desigualdades entre los ciudadanos españoles.

No cabe duda de que la España de las autonomías abrió una espoleta oculta de nostalgia de “otro tiempo mejor”, el tiempo en que España aun no podía considerarse un Estado-nación, en realidad los defensores de este modelo fueron los que perdieron privilegios en la Edad Media, baste como ejemplo citar a los comuneros de Castilla, usualmente presentados como héroes, en realidad no eran sino nobles  que temían perder sus privilegios en relación a las huestes de Carlos I que se aprovisionaba en Alemania. Baste recordar que Carlos I se enfrentó al problema de la Reforma que prendió fácilmente en la Alemania feudal y que gran parte de sus problemas procedían de aquel lugar que sufrió una regresión politica con el luteranismo.

imperiofobia

Los poderes locales, reaccionarios y forales fueron los que se enfrentaron al Imperio y lo socavaron desde dentro valiéndose de la propaganda (la leyenda negra que tan bien explica Elvira Roca Barea en su libro “Imperiofobia”.

Hoy la cuestión es un poco más complicada: los antiguos carlistas ya no son rurales sino urbanitas contaminados por la lucha de clases y ya no son ultracatólicos sino indiferentes religiosamente hablando o bien ateos, algunos le llaman la burguesía porque efectivamente las ciudades ya no son solo de su propiedad, los charnegos y en cierta forma los inmigrantes interiores les han cogido la vez. Es por eso que entre los nacionalistas no solo están los antiguos burgueses de la catalanidad bienpensante sino los que se han reconvertido a la fe nacionalista. Rufián es el arquetipo de esta reconversión en Cataluña, una especie de mezcla de chulería y altivez desvergonzada que contrasta con la invisivilidad de sus padres y abuelos, los verdaderos emigrantes que abandonaron sus pueblos andaluces para buscarse un mundo mejor en Cataluña, un arquetipo que asoma en el personaje de Juan Marsé “Pijoaparte” . Ellos, sus nietos han perdido la vergüenza y no necesitan ponerse una boina roja para abrazar las instituciones forales sin caer en la cuenta de su pecado de reacción al progreso.