El tablero de Europa: ¿Ajedrez o go? (I)

Después de la segunda guerra mundial, Europa se convirtió en un laboratorio para las democracias liberales, impulsadas por EEUU e Inglaterra. Solo España quedó al margen, -una nota a pie de página-siendo el régimen de Franco, un régimen antiliberal, pero no fascista. Franco se apoyó durante la guerra civil en partidos y grupos de corte fascista como Falange pero entendió muy pronto que España no necesitaba adherirse a ninguna ideología -y mucho menos a las que habían perdido la guerra- para resultar un régimen autoritario y autárquico, aquí teníamos la milicia y la inquisición. España tenia, por así decir tradición en ese sentido y efectivamente el régimen de Franco fue exitoso en lo económico y en cuanto a cohesión social a pesar del aislamiento del que saldría paulatinamente, hasta que al morir el dictador las potencias angloparlantes dirigidas por Kissinger decidieron imponer, esta vez si, la democracia que pivotaría sobre la tradición española, es decir sobre la monarquía.

La resistencia a las democracias liberales está ampliamente distribuida incluso a día de hoy: los países árabes no quieren saber nada de apertura en ese sentido con pornografía y tetas al desnudo, sean o no monarquías o teocracias, más o menos embadurnadas de una apariencia de democracia. Rusia es un país zarista con Putin y el putinismo es un zarismo a largo plazo, pero también celebran elecciones. Las elecciones han pasado a ser un certificado de buena fe democrática pero sabemos que en esta idea hay mucho de trampa. Los países sudamericanos están llenos de gobernantes totalitarios de corte marxista o indigenista con mucho comunismo mal digerido que también salen de las urnas y que inmediatamente se destapan contra los gays. Y está desde luego Corea del Norte, el comunismo más ortodoxo, vecino de China que practica desde hace tiempo un modelo híbrido de capitalismo salvaje y comunismo ortodoxo. Y parece que a China le va bastante bien.

El asunto es que Europa es la heredera de una política de bloques que nos legó la segunda guerra mundial y que consiste en que a EEUU le interesa que Europa sea un conjunto de estados-tampón, que hagan de dique al comunismo o mejor a la posibilidad de una hegemonía comercial comunista . Mejor dicho, que hicieran de dique, pues hoy Rusia ya no es comunista. Lo cierto es que Putin carece de ideología como Franco, no hizo como Hitler que pasó de militar en un partido comunista a inventarse una ideología propia (el nazismo), o como Mussolini otro antiliberal que inventó el fascismo aunque su procedencia política fuera socialista. Putin aun no ha inventado su propia ideología y es por eso que la llamo provisionalmente, trumpismo-putinismo a esa ideología que pretende abandonar a Europa a su suerte frente al enemigo ¿enemigo? ruso. El problema es que Trump perdió las elecciones contra las maquinas de votar y Putin se quedó con un palmo de narices. Trump pretendía romper sus alianzas con Europa a partir de una balanza de pagos fuertemente orientada hacia el lado europeo y un gasto excesivo en seguridad que más allá de la venta de armas no sirve para justificar el enorme dispendio de mantener bases en el mediterráneo y el enorme despliegue de la OTAN donde EEUU corre con los gastos mientras sus socios dicen «OTAN de entrada no».

Lo cierto es que fue Felipe Gonzalez quien nos metió en la OTAN contra la voluntad de gran parte de los españoles y que más allá de liquidar la mili obligatoria, nos ha servido para muy poco. Solo él, Felipe sabe porque cambió de opinión y qué presiones le llevaron a transicionar ese nuevo camino. Pero nos las podemos imaginar. Presiones anglosajonas por no decir americanas.

Pero hoy este panorama ha cambiado y la URSS ya no existe. Más que eso, Rusia es el principal proveedor de gas para Europa y suspira con ampliar su mercado más acá de los Urales. Cuando la UE amenaza a Putin de represalias si invade Ucrania uno no puede más que tomárselo a broma: Putin tiene a Europa cogida por los cataplines. Además la UE no tiene ejercito propio y a Putin le importan un rábano las represalias europeas. Lo que quiere Putin es que la OTAN no avance ni un cm más en su expansión hacia el este. Aquí podemos ver una entrevista donde Putin se expresa mejor que cualquier otro gobernante democrático liberal.

Pues qué quieren que les diga, me parece que Putin tiene razón.

Pero en EEUU las cosas no van demasiado bien, parece que el liberalismo ha llegado a su ultima fase de desarrollo y la democracia parece que no acaba de resolver las dificultades de la población ni las demandas de las mayorías. No parece que haya sido buena idea dar tanto poder a las minorías disidentes, abandonando sus tejidos productivos más allá de sus fronteras. Por otra parte la política de puertas abiertas frente a la inmigración, una política tan liberal como la transexualidad ha demostrado su carácter de inmunodeficiencia política y parece que Biden -sin aceptarlo públicamente- está retrocediendo en aquellas decisiones anti-Trump. Eso parece que vino a demostrar la huida precipitada de Afganistán, un desastre militar en toda regla que Biden se comió solo, a su edad.

La estrategia del futuro ya no pasa por dar jaque al rey sino de ocupar territorio como sucede en el go.

La sobreproducción de elites y la crisis del modelo liberal.-

Peter Turchin es un psicólogo y antropólogo americano pero de origen ruso con intereses evolucionistas y autor de una nueva transdisciplina que llama «cliodinámica«. La idea es que a partir de un catálogo de datos (Big data) y su tratamiento matemático podemos hacer predicciones sobre el futuro, más concretamente: que la historia se puede predecir.

Su investigación mostró que alrededor de 40 indicadores sociales aparentemente dispares (pero, según la cliodinámica, relacionados) experimentaron puntos de inflexión durante los años setenta. Históricamente, tales desarrollos han servido como indicadores principales de la agitación política. El modelo indicó que la inestabilidad social y la violencia política alcanzaría su punto máximo en los años 2020. Y ya lo estamos viendo.

Además, hay otro importante acontecimiento que han pasado por alto la mayoría de los expertos: el papel clave de la «sobreproducción de élite» en las oleadas de violencia política, tanto en las sociedades históricas como en las nuestras (véase Blame Rich, Overeducated Elites como Our Society Frays ) . El aumento de la desigualdad no sólo conduce al crecimiento de las mejores fortunas, sino que también da lugar a un mayor número de poseedores de riqueza, el» 1 por ciento «se convierte en» 2 por ciento «. O incluso más … De 1983 a 2010, el número de hogares estadounidenses por un valor de al menos 10 millones de dólares aumentó a 350.000 de 66.000.Los estadounidenses ricos tienden a ser más activos políticamente que el resto de la población.

La sobreproducción de élite suele conducir a una mayor competencia intra-élite que gradualmente socava el espíritu de cooperación, que es seguido por la polarización ideológica y la fragmentación de la clase política, porque cuanto más contendientes hay, más terminan perdiendo. Una clase grande de los aspirantes a la élite descontentos, a menudo bien educados y altamente capaces,  han visto negado el acceso a las posiciones de la élite.

Debe ser por eso que una de las variables que explora Turchin y que predicen inestabilidad es el número de abogados en una comunidad dada. Y no cabe duda de que el incremento de abogados marca lo que el llama una sobreproducción de élites. Y es cierto que las élites están incrementando su número y por tanto fortaleciendo la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres con un progresivo deterioro de la clase media, no sólo en cuanto a su poder adquisitivo sino también en sus indicadores de salud y de bienestar.

Y esto puede explicar lo que sucede en España, pero será en mi próximo post.

El hijo del chófer

Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la novela citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si planea leerla.

«El hijo del chófer» es una novela -más que una novela es una investigación periodística que se lee como una novela- de Jordi Amat y que describe a Alfons Quintá un periodista catalán que fue testigo de una de las épocas mas escabrosas de Cataluña: desde la transición y el acople del nuevo modelo autonómico hasta la caída del incombustible Pujol.

Pero a mi lo que más me ha interesado es la personalidad del susodicho Quintá del que me es posible intuir -siendo como es un personaje a medio camino entre la ficción y la realidad- que se trataba de una personalidad psicopática de la que no es ajena la época en la que vivió, desde el exilio y la vuelta de Tarradellas hasta las conspiraciones de la burquesía catalana para defenestrarle y ¿cómo no? el caso de Banca Catalana donde el Estado -comandado por Felipe Gonzalez- trató de mirar hacia otro lado y dejar impune una de las mayores estafas a sus clientes y al sistema bancario español. Es imposible comprender el fenómeno actual del procés y su deterioro y putrefacción sin escarbar en aquellos antecedentes de corrupción que rodearon aquel tiempo y como las «familias catalanas» llegaron a entretejer una red de favores, alianzas, conspiraciones, corruptelas y delaciones de los que Alfons Quintá, -buen conocedor de su mecánica- llegó a controlar de tal manera que consiguió escalar a los puestos mas relevantes del periodismo catalán, a pesar de no haber podido terminar sus estudios y tener que hacerlo en una segunda oportunidad ya de mayor.

Quintá era hijo de un viajante de comercio y por tanto disponía de un vehículo propio con el que llevaba a Josep Plá a conspirar con Tarradellas en Francia y con sus huestes pretendidamente intelectuales que le cortejaban como a una especie de gurú catalán. Toda su influencia posterior procede de estos cenáculos donde la créme catalana se reunia y pastoreaba a fin de preparar el día siguiente de la muerte del dictador. Quintá era testigo (su padre le llevaba consigo a ciertas reuniones) y fue así como trabó los contactos que le serian tan necesarios en su escalada social. Y todo a pesar de que era un chico bastante incomodo de soportar y al que no le importaba amenazar a unos y a otros para lograr sus objetivos. Eso mismo hizo con Josep Plá a quien eligió para que convenciera a su padre para que le dejara salir al extranjero a la edad de 17 años. En aquella época no se podía obtener el pasaporte sin permiso paterno y Quintá -que había fracasado en sus estudios de Bachiller- pensó en apartarse de la vida académica e instalarse en algún lugar del extranjero. Padre e hijo nunca se llevaron bien pues Josep Quintá era de esos hombres que llevan una doble vida y prácticamente no pasan por casa más que para dormir de vez en cuando. Algo así como si fuera bígamo o mantuviera una segunda esposa y terceras u cuartas, según sus itinerarios de viajante. Alfons probablemente le odiaba por eso pero sin embargo era algo así como su escudero en todos esos círculos que tanta importancia tuvieron para él en el futuro.

Su personalidad era abiertamente psicopática, le gustaba dominar y que todo el mundo se plegara a sus caprichos, era maleducado y violento y trataba de un modo tiránico tanto a las mujeres como a sus empleados. No le importaba traicionar a sus amigos o despedir a los que en un momento determinado le ayudaron. Tampoco le importaba destruir su obra cuando él ya no tenía responsabilidad en ella, era un egocéntrico insoportable. Era un amoral. En el libro de Amat podrá el lector interesado contemplar las escenas más truculentas y explosivas que puede imaginar, hasta el punto que uno se pregunta como es posible que esta persona fuera promocionada a los lugares de élite que llegó a ostentar: director del Pais en Cataluña o diseñador y ejecutor de TV3. Obviamente era un tipo muy inteligente pero también muy destructivo y sobre todo temible, quizá por eso -por el miedo que causaba- y por los secretos que podía albergar sobre casi todo el mundo se le consintió casi todo: hasta Pujol le encargo la puesta a punto de TV3 a pesar de que Quintá fue uno de los acosadores mediáticos en el tema de Banca Catalana hasta que Juan Luis Cebrian pudo quitárselo de enmedio.

Tan maleducado era Quintá que no usaba cuchara sino que bebía la sopa directamente del plato, hacía comentarios indecentes e inoportunos a las mujeres de su entorno y sobre todo padecía de una hiperfagia exagerada. Amat habla de «bulimia», pero no se trata de un trastornos alimentario, pues la bulimia es el resultado de sufrir hambre cuando una persona quiere hacer régimen pero no lo consigue. Es algo así como un mecanismo de reparación del hambre pasada en personas obsesionadas por el peso. Sin embargo en Quintá no había maniobras de compensación sino que su «bulimia» se parece más una falta de control frontal. Si unimos la hiperfagia, con el hipererotismo y los accesos de cólera tenemos un panorama que más bien recuerda a las caracteropatías prefrontales, donde el lóbulo frontal -ejecutivo- parece haber perdido la capacidad de modular, controlar, dirigir e inhibir y la conducta instintiva. El caso me parece recordar al príncipe D. Carlos, hijo de Felipe II, del que hablé aqui y también -como no- el primer Borbón español, Felipe V, el rey loco.

¿Cómo es posible que un personaje así tuviera tanto éxito en el mundo de seny de la burguesía catalana?

Para contestar a esta pregunta recomiendo a mis lectores que vuelen a leer este post sobre la ponerología.

El libro de Amat es interesante por la investigación que ha llevado a cabo, muy sistemática, pero está escrito de forma descuidada y atropellada, tanto que a veces resulta difícil de seguir. Su interés es histórico o si se quiere político, para saber cómo hemos llegado a esto hay que adentrarse en las claves que lo hicieron posible: y una de esas claves es la impunidad con la que ciertos grupos de presión han llegado a tomar todo el poder de sus territorios. La impunidad y porque no decirlo el totalitarismo con el que algunos siguen gobernando despreciando a sus ciudadanos o tratándoles como idiotas.

El poder de los símbolos

Símbolo es lo que une, diábolo lo que separa.

Hace algún tiempo publiqué un libro que titulé «Del mito a la clínica», donde traté de hacer ciertas equivalencias entre los relatos que una serie de pacientes me hicieron en terapia, con algunos mitos clásicos, fundamentalmente griegos, con la idea de reducir su complejidad, algo así como encontrar el meollo o el tema principal que suponía en el origen de sus malestares, una especie de factorización. Siempre me llamó la atención que las peripecias vitales de los individuos -contadas por ellos mismos- contuvieran pistas que remitían a ciertos relatos universales y alguna vez tuve la tentación de escribir un libro sobre textos directos que hubiera llamado algo así como «cosas que me contaron mis pacientes» a fin de clasificar y reducir su complejidad a algo más simple.

También sucede en el cine, donde los héroes por más modernos que nos parezcan en realidad remiten a epopeyas clásicas o a dilemas subjetivos que ya han sido tratados por la literatura universal. A pesar de que el hombre es un gran arquitecto de símbolos y de mitos, lo cierto es que no parece haber mucha originalidad en los nuevos planteamientos que se nos ocurren bien en nuestra rol de escritores, o bien en el rol de construir nuestra novela personal. No hay demasiadas diferencias entre Superman o Spiderman y el Jason clásico.

El libro de Jordi Balló y Xavier Perez, «La semilla inmortal» del que hablo aqui , es un buen ejemplo de esta repetición de temas con distintos finales, protagonistas y recorridos pero que no pueden evitar su parecido en origen con lo clásico, siempre a mitad camino de lo mítico y lo literario.

El mito es una narración de algo que nunca sucedió y es muy importante atender a este concepto de fantasía o de invención creada por la subjetividad humana; algo que nunca sucedió pero que pudo ser pensado y pudo ser contado. Usualmente un mito se cuenta por dos razones: para que no suceda en la realidad lo que allí acontece (como sucede en la tragedia griega) o con una inclinación pedagógica a fin de explicar fenómenos inexplicables -lo sagrado-, es por eso que el totemismo es un mito que pretende explicar el parentesco o la religión una forma de explicar fenómenos naturales amenazantes sin explicación racional.

Ultimamente mientras releía algunos párrafos de mi libro me ha llamado la atención la ausencia de un principio explicativo sobre el mito y el símbolo. La pregunta que me hice a mí mismo fue ésta: ¿Cómo hacemos los individuos para repetir mitos en nuestra vida personal, sin conocer mitología ni tener disposiciones especialmente eruditas sobre ese tema concreto? o ¿Cómo se inmiscuye el mito en la vida real?

Bueno, creo que es el momento para introducir el concepto de Bios y Zoé, sobre el que hablé aqui pero recupero un párrafo para orientar al lector sobre lo que quiero decir:

«Dicen que para aprender a pensar hay que conocer el griego antiguo y es verdad que algunos idiomas contienen más recursos cognitivos que otros, el alemán -aseguran algunos- es el ideal para filosofar. Si cuento esto es porque me ha llamado la atención que la palabra «vida» en nuestro idioma carece de matices, así o se está vivo o se está muerto, pero la verdad del asunto es que no es necesario estar vivo para estar animado, el sol, el viento, el agua, el fuego, lo volcanes y los tornados no están vivos pero están animados, del mismo modo en el relato de ciencia ficción de Stanislaw Lem.titulado «Solaris», aparece una entidad que parece estar viva aunque es de carácter mineral, en cualquier caso animada aunque inorgánica. Hablamos entonces de fenómenos naturales que nos muestran su poderío, su fuerza destructiva, su ambivalencia».

«Y es por eso que los griegos tienen dos palabras para nombrar a la vida. Una es «Bios» que se refiere a la vida de los seres individuales sean personas, animales o vegetales y otra es la palabra «Zoé» que se refiere a la vida colectiva, a la vida de la especie».

Cuando Zoé se convierte en Bios aparece la cultura, el símbolo y la comunidad. Pero como Bios sigue atravesada por la Naturaleza (Zoé) aparecen la guerra, el diábolo y los trastornos sociales que son la otra cara de esas producciones de la Bios, lo tanático. El símbolo pues, es lo que une Bios y Zoé y también lo que da cuenta de aquello que nuestro raciocinio rechaza, algo así como lo reprimido freudiano. El problema es que símbolo y diábolo, guerra y cultura, comunidad y anarquía van en el mismo pack, entrelazados como el ying y el yang, como Orden y Caos.

Un símbolo es por definición algo que no existe y que sin embargo tiene efectos materiales en nuestra vida, en nuestra Bios. Un símbolo no es sólo la representación de algo que está ausente sino algo que además de eso conecta Bios y Zoé, por ejemplo ese obelisco que hay aquí arriba ¿qué simboliza?. Simboliza el poder del sol -de una deidad solar- pero obsérvese que es una figura que apunta al cielo con una flecha en su punta, un arma peligrosa pero también el poder masculino fálico: el pene y la milicia.

Pongo un ejemplo que acabo de utilizar y que se usa mucho en psicoanálisis, la palabra «falo». Podemos pactar que esa palabra remite a otra, «el pene» que es un órgano que existe realmente. Pero pene y falo no son sinónimos, sólo lo son en cierta escala; uno pertenece al terreno de lo material y el otro es un termino conceptual, en realidad su significado es puramente semántico: «el símbolo de lo que falta o de lo que completa». Aqui hay un post donde hablo del falo y no voy a volver a repetirme salvo para decir que el falo no existe pero tiene efectos falizadores. No es desde luego un único ejemplo, hay más: por ejemplo la palabra «género», el género no existe salvo para la gramática, lo que existe es el sexo (o eres hombre o eres mujer) pero el género aun no existiendo generiza, es decir puede conseguir que un hombre se considere mujer o con gustos femeninos y al contrario, con una multitud de matices y combinaciones casi infinitas. ¿Cuantos géneros existen? Dicen que 112.

Lo mismo sucede con el mito del andrógino, mitad hombre y mitad mujer, algo que conocemos a través del Banquete de Platón. Lo cierto es que el andrógino o el hermafrodita (Hermes+Afrodita) no existen pero tienen efectos androgenizadores, masculinizadores en la mujer y feminizadores en el hombre.

La función del andrógino es terminar con la asimetría radical que representan hombres y mujeres, desfertilizarles, terminar con esa tensión erótica necesaria para fundar una unidad fértil, pues solo es fértil aquella union que se da entre dos polos asimétricos. Ninguna igualdad puede ser fértil.

La pregunta en este momento es la siguiente ¿Cómo es posible que algo que no existe tenga efectos materiales en la vida de los humanos? Nótese que los símbolos carecen de efectos en los animales, solo los tienen entre nosotros los humanos y lo tienen precisamente porque solo nosotros, los humanos podemos pensar en las cosas que no existen y más que eso: podemos inducir en los demás – a través de nuestro ejemplo escénico- modos de pensar las cosas que van más allá de la realidad. En este sentido el símbolo tiene más penetrabilidad que la percepción y sobre todo, más homogeneidad con el deseo.

Existe el hombre, y existe la mujer que piensan y tienen deseos, pero tanto uno como otro pueden estar falizados, es decir pueden pensarse a sí mismos como portadores de un extra simbólico que llamamos falo y que está relacionado con el poder. No es de extrañar que hoy se llame «empoderamiento» a la falicización de la mujer. Pues la mujer no tiene pene pero puede tener falo, pues el falo no está en el campo de lo sensible o de lo material sino en el campo de lo simbólico.

¿Pero si la mujer se faliza secundariamente qué sucede en el hombre cuando se faliza?

Lo que le sucede es que se convierte en un ser protésico, algo así como un golem, un ser sin alma, incompleto, que solo adquiere músculo al saberse portador de un ornamento que nadie puede ver pero que se manifiesta en algo relacionado con el poder. Dicho de otra manera, el falo se presenta en forma de síntoma, con frecuencia en forma de dominio, engaño o violencia.

Pero si un símbolo cualquiera puede manifestarse a través de lo carnal, es obvio que un relato, un mito puede manifestarse a través de la novela personal. Es por eso que repetimos el contenido de los mitos y es por eso que los reproducimos, a ciegas, sin saber porqué, como obedeciendo una lacra imponderable que suponemos que es algo que nos sucedió, sin caer en la cuenta de que estamos atravesados por la magia de un cluster simbólico del que somos víctimas pero también verdugos, pues al fin al cabo el que elige su mito, es siempre uno mismo.

Bibliografía.-

Del pene al falo Tesis doctoral de Sebastien Carrer, 2017.

Madrid, 1834

En 1834 Madrid aun conservaba intacta la muralla que había construido Felipe II cuando la convirtió en la capital del reino y que encorsetó su crecimiento demográfico hasta su retirada. Extramuros, se concentraba una población inmigrante de campesinos venidos de todas partes de España que se establecieron en chabolas y barrios insalubres serpenteando el rio Manzanares, donde las aguas fecales convivían con la miseria, la enfermedad y el hambre. Intramuros, en una población ensimismada convivían los estados más altos de la aristocracia, el clero, menestrales, golfos y rateros de toda clase y condición, siendo el clero la población más abundante en aquella época y la prostitución la clave del progreso para algunas. Los palacios de la época de Carlos III y las Iglesias con sus bóvedas que parecían reclamar su parte de prestigio al cielo conformaban gran parte de su paisaje que contrastaba con la pobreza de los barrios más populares y por supuesto con aquellos que vivían fuera de la cerca siempre cerrada a cal y canto sobre todo después de la epidemia de cólera que se había desatado en España dos años antes.

El cólera vino de la India y entró en España por Vigo a través de su puerto, pronto invadió Andalucía y Valencia probablemente a través de otros buques. La primera idea que sostuvo parte del gobierno fue la del «cordón sanitario». ¿Se podía cerrar Galicia a cal y canto? Hubo opiniones de todos los colores, pero al fin se decidió que era imposible y más cuando la ciencia de entonces no se ponía de acuerdo respecto a si el cólera era o no transmisible. La opinión más fundada era de que se trataba de una enfermedad transmitida por miasmas y que era una enfermedad ambiental, algo atmosférico y natural condicionado por la poca higiene. Koch tardaría aun medio siglo en descubrir el germen que estaba detrás de la tuberculosis, de manera que la teoría de los gérmenes aun no andaba presente en la mentalidad de aquella época. Sin embargo, las autoridades prohibieron algunas cosas: las reuniones de más de 10 personas (que no afectaba ni al clero ni a las tertulias aristocráticas) parece que estaban en consonancia con la idea de que podía ser algo transmisible, así como que la venta de verduras se trasladó de lugar, más allá de la cerca. Se sospechaba con razón de que el contagio era oral-fecal, aunque la mayor parte de los médicos creían que se transmitía por el aire. La epidemia de cólera hizo que muchos nobles abandonaran la ciudad empezando por la reina regente Cristina que junto con el gobierno se trasladó a la Granja y allí se confinaron. Sin embargo la situación en los pueblos no era mejor, la mayor parte de los médicos huían de sus puestos por lo que se hizo necesario dictar un decreto para impedirlo. Los que se quedaban acababan muriendo. El cólera mató a unas 800.000 personas en dos años hasta que desapareció sin saber porqué. Más tarde volvería.

La culpa de todo, según la Iglesia era porque Dios estaba muy ofendido con su rebaño, que había perdido la fe y vivía de formas impías. Los curas en sus homilías bramaban contra la molicie de la población y la población más menesterosa por su parte pergeñó otras teorías: la epidemia estaba causada por el envenenamiento de las aguas que los curas y frailes habían propiciado para matar a todos los pobres que vivían fuera de la cerca y lo hacían a través de los aguadores y los golfillos que derramaban en las fuentes su veneno. Ello propició una asonada en Madrid contra los clérigos que terminó con cientos de muertos, heridos y un estropicio en ciertos conventos o basílicas.

Pero la epidemia de cólera no era el único problema que vivía la ciudad. La primera guerra carlista estalló entre la España profunda y la España acomodada de las ciudades. Los carlistas perseguían la instauración de la ley sálica y defendían la opción al trono de Carlos Maria Isidro, hermano del rey Fernando VII que era incluso más reaccionario que él y mantenia ideas absolutistas que parecían de otra época. Los carlistas empezaron tres guerras en el siglo XIX que desangraron España y dividieron el país en dos bloques: liberales o isabelinos y carlistas, algo así como hoy hacemos, derecha e izquierda, progresistas y conservadores, ahora bien el bando liberal no era tampoco trigo limpio, y había muchas sensibilidades -como se dice ahora- en ellos, unos eran radicales como Riego, otros afrancesados, otros solo aspiraban a volver a la Constitución de 1812 y otros que veían el atraso y la pobreza en España solo pretendían modernizar nuestro país. Tuvieron un trienio liberal que también fracasó abortado por un ejercito francés y por las propias contradicciones y que fue la ultima oportunidad de meterse en el progreso. Desde entonces en España todo ha sido una repetición. Los carlistas tenían espías en Madrid y conspiraban y sonsacaban información, los conventos servían de refugio a muchos de ellos, pues había connivencia entre el clero y la causa carlista que era sin duda una causa reaccionaria, si bien la defensa del absolutismo también lo era. Así había no solo isabelinos contra carlistas sino también entre absolutistas y parlamentaristas, los partidarios de dar todo el poder al rey o al parlamento. Y dentro de este circulo, las sociedades secretas, masones, y otros menos recomendables como los comuneros.

El premio planeta 2021.-

Como todo el mundo sabe, el premio planeta de este año ha recaído en una mujer llamada Carmen Mola que no es en realidad una mujer sino el pseudónimo con el que escriben tres escritores bien dotados para el guión cinematográfico. Esta cuestión tenía su morbo, de modo que comencé a interesarme por esa Carmen Mola e incluso leí -sin que llegara a interesarme demasiado- una de las novelas de una trilogía anterior, La «nena», una novela sucia, de esas que acaban por darte asco, de tanta mierda, cerdos, sangre y charcutería humana. ¿De modo que esa era la razón del éxito de la tal Mola? Lo cierto es que la trama me pareció tan inverosímil que terminé la novela con la moral baja pues me había prometido leer «La bestia», un título que tampoco aseguraba mucha sutilidad.

Y así es, la Bestia es una novela de suspense, una novela negra, también algo «gore» que tiene -sin embargo- una lectura bien distinta a «La nena». Se trata de una serie de crímenes seriales que son investigados por distintas razones por diversos personajes y que se encuentra escrita en esa clave cinematográfica de la que hablaba anteriormente. Los autores nos llevan de la mano de mc guffin en mc guffin, aqui el mc guffin es un anillo, pero en realidad la trama de la ficción (la búsqueda del asesino) me parece secundaria aunque está escrita según los cánones del lector actual, un lector adictivo, de esos que no pueden suspender la lectura hasta que alguien atrapa al culpable, o sea él. Y me parece secundaria porque en la novela hay otra novela inscrita y que es la mejor: el paralelismo entre aquella situación y la actual con nuestra pandemia de COVID. Vale la pena observar como cuando se produce una pandemia como la que estamos viviendo en la actualidad, vuelven a reproducirse todos los artefactos de anteriores pandemias, no importa lo aventajada que se encuentra una sociedad, parece que el miedo reactiva las paranoias, la desconfianza en la ciencia, la segregación entre contagionistas y no-contagionistas, entre vacunados y no vacunados, entre creyentes y descreídos , entre iluminados y pragmáticos. Hoy ya sabemos qué cosa son lo virus, pero basta una pandemia como esta para que surjan como setas interpretaciones delirantes sobre las causas de los contagios (el 5G), los culpables ya no son los curas sino las farmacéuticas, el gobierno desinforma (más por ignorancia que por maldad), las medidas que se toman -por ejemplo las mascarillas- no sirven de nada, las vacunas, es decir los remedios son peligrosos. Ya no son las sanguijuelas el remedio propuesto sino fármacos o hierbas o el clorito que nunca demostraron su eficacia y que nos ocultan a propósito, etc,

Este es el nivel de la novela que a mí más me ha interesado, pero aun falta un elemento en esta ecuación: ¿Alguien sabe qué es el adenocromo? Se trata de una sustancia que en ciertos medios suponen que es consumida por las élites y que se extrae de niños asesinados y torturados a fin de extraerles la sangre. Ese era el elemento que le faltaba a la novela para considerarse una paranovela, es decir una novela inscrita en otra novela, en realidad una teoría sobre lo que estamos viviendo en la actualidad.

Y esta teoría es que hemos progresado muy poco colectivamente si nos comparamos con aquella generación que en 1834 sufrieron la epidemia de Madrid y que la volverían a sufrir 20 años más tarde.

Un buen documento sobre la epidemia de cólera en Madrid 20 años después

Locos que no lo parecen

Tal y como vimos en el post anterior, la mejor manera de estudiar criminología y más aun psicología es leer buena literatura, pues la literatura se mueve con mayor libertad que la ciencia a la hora de establecer relaciones entre la mente y sus condicionamientos y el resultado final que no es otro sino la conducta o las ideas operando en la realidad.

Pero para entender mejor la psicología de Raskolnikov es necesario situarnos en la época en que se publicó «Crimen y Castigo» (1866). En aquella época la psiquiatría francesa dominaba el cotarro científico en el mundo pero entonces no había psiquiatras sino alienistas. Esta distinción es crucial para entender que aun no existía el termino «enfermedad mental» y los que se hacían cargo de este tipo de alienados no eran médicos sino filósofos. Hay que recordar ahora que Janet tuvo que estudiar medicina a la fuerza después de haber sido contratado por Charcot para trabajar con él en la Salpetrière. El padre de la liberación de los locos -al quitarle las cadenas- fue Philipe Pinel a partir de sus ideas políticas y sociales herederas de la Ilustración.

Esquirol , su más preciado discípulo, fue el continuador de su obra, si bien aportó a la historia de la psiquiatría algunas novedades. Como Pinel, creía que la alienación procedía de causas pasionales y no tanto de averías del cerebro. Tiene dos contribuciones a la psiquiatría actual: la diferenciación entre ilusiones y alucinaciones y además fue el autor de la primera nosografía psiquiátrica (Rafael Huertas en su articulo explica bien tanto su pensamiento acabalgado entre el mundo clásico y el moderno, junto con la clasificación de las patologías mentales según su nosografía). Pero sin duda el aspecto más controvertido de su clasificación son las manías sin delirio que conocemos con el nombre de monomanías, es decir estados patológicos en los que el paciente no sufre ningún problema de inteligencia o cognitivo, se trata de esos locos que no lo parecen.

Esta idea ya había sido planteada por Pinel y cuenta con un amplia tradición es psiquiatría: las locuras razonantes de Serieux y Capgras, los delirios parciales y más recientemente la idea de psicosis ordinarias de la escuela lacaniana. Es decir, la idea de que se puede estar loco pero no en todos los ámbitos de la vida, solo en ciertos aspectos. Estar loco pero solo en una cosa.

Las monomanías.-

Todo el mundo de estos pacientes gira alrededor de una idea o de ideas relacionadas, solo parece estar loco en una cosa manteniendo la lucidez en todo lo demás. La monomanía es una idea-fija, algo que aparece en la conciencia de forma de ocurrencia y que poco a poco va tomando el mando de toda la personalidad, algo así como una obsesión pero de una obsesión que podriamos llamarle instintiva, no se trata solo de una idea sino de algo que llevar a cabo. Esquirol distinguía este menú de monomanías:

1.- La piromanía o la manía de prender fuego, con o sin intereses economicos de por medio

2.- La cleptomanía, el robo simbólico de algo que se hurta por ese valor con independencia del valor económico de lo robado.

3.- La lipemanía, que hoy llamamos depresión, la tendencia al ánimo triste y las ideas pesimistas.

4.- La manía homicida.

5.- La demonomanía (sic)

6.- La dipsomanía, la tendencia periódica a la embriaguez.

7.- La erotomanía, cuya versión delirante es la erotomanía de Clérambault.

8.- Ludopatía, pasión por el juego de azar.

De todas ellas tan solo quedan la piromanía y la cleptomanía en nuestras clasificaciones actuales y quizá también la ludopatía que es considerada una adicción. El resto ha sido barrido de lo que hoy entendemos como «trastornos del control de impulsos» y ya no consideramos el homicidio o la depresión como monomanías o manías sin delirio. Por otra parte la demonomanía ni siquiera ha llegado a nuestros días con otro nombre, algo así sucedió con la ninfomanía o la satiriasis que hoy se consideran adicciones sexuales (comportamentales). La dipsomanía ha pasado a interpretarse como un «trastorno por adicción al alcohol» y ya no aparece en el DSM.

De todas ellas la manía homicida ha sido la más controvertida y más precozmente. Se han hecho muchas criticas a esta clasificación sobre todo por parte de los jueces de aquella época que se negaron a considerar locos a los asesinos (todo ello está bien expuesto en la monografía de Rafael Huertas) y aun hoy en las tertulias aparecen expertos llamando la atención sobre el hecho -innegable- de que los locos no suelen ser más peligrosos que las personas comunes. Esta cuestión quedaría invertida si consideráramos algunos homicidios como monomanías o admitiéramos que con frecuencia el delirio previene el paso al acto.

Algo se perdió pues en el curso histórico de las ideas psiquiátricas en torno al crimen o a esos impulsos que los pacientes no pueden sino acatar. Hoy no se considera que exista la dipsomanía aunque yo he visto casos clinicos que concuerdan con esta definición. Y en mi opinión ciertos crímenes responden mejor a las ideas de Esquirol (la idea de manía sin delirio) que a motivaciones comprensibles, pongo el caso de algunos crímenes seriales.

En «Crimen y castigo» hay dos personajes muy importantes para comprender la pasión que aqueja a Raskolnikov, uno es Porfirio el juez y otro Azimov el médico. Todos incluyendo a sus amigos están persuadidos de que Raskolnikov está loco y el primero en creerlo es Azimov quien habla de ideas fijas y de monomanías (sin nombrarlas) aunque habla de delirios. Y Raskolnikov se esfuerza para presentarse ante todos ellos como una persona lúcida. Raskolnikov disimula algo que por cierto hacen muchos locos para evitar su ingreso o tratamientos forzados.

El caso es que Azimov aunque no es un médico con experiencia es un representante de esa psiquiatría llamada realista que al igual que la novela de Dovstoyeski precedió a la psicología naturalista y a la novela social. Azimov es un esquiroliano sin saberlo y en la misma dirección opera Porfirio que parece encajar en las ideas esquirolianas en el sentido de que cree que cuando se comete un crimen el criminal está loco, algo que encaja con la idea de que los delirios tienen un efecto protector frente a los actings (el paso al acto). En este sentido cobra importancia la idea de que las manías sin delirio son mucho más peligrosas que las que contienen delirios.

El castigo.-

Ya Freud en 1915 publicó una monografía sobre la cuestión de la culpa en relación con la delincuencia y aunque no todos los criminales parecen responder a esta causa, lo cierto es que en el caso de Raskolnikov es evidente que su salud mental empeora después del crimen. Es entonces cuando comienza a cometer actos irreflexivos y a mostrarse como si estuviera loco, apareciendo muerto de frío al amanecer al lado de un matorral después de vagar toda la noche sin destino fijo. Hoy diríamos que bajo una patología disociativa y Azimov habla de un delirio.

Porfirio que sospecha de Raskolnikov, pone a su disposición la solución: que confiese para aliviar su conciencia y a cambio será benevolente con la condena. Al final es condenado a trabajos forzados en Siberia, del mismo modo que lo fue el autor, Dostoyevski por una condena -en este caso. política. Fuere como fuere parece que el tiempo que pasaron ambos en esa condena tuvo resultados expiatorios para ambos, algo así como un cambio de personalidad, una enantiodromia pues la culpabilidad es siempre anterior a la falta y tiene un marcado carácter teológico siendo la responsabilidad su equivalente cívico. Raskolnikov necesitaba ese castigo para resolver su culpabilidad y muchos criminales lo han comentado en sus entrevistas con psiquiatras. A veces el castigo solamente no es suficiente: no se trata solo de castigar o rehabilitar sino de expiar, y hay crímenes que carecen de expiación o de redención, incluso con la propia vida.

Raskolnikov resuelve su culpabilidad tanto por el castigo pero tambié por el amor de Sonia que le sigue a Siberia y le acepta a pesar de que él ya le confesó su crimen. Lo mismo sucedió con Dostoyevski que abandonó su militancia política -nihilista- después de su cautividad y se convirtió decididamente en escritor: el escritor psicológico más importante de la literatura.

Bibliografía.-

Rafael Huertas: «Entre la doctrina y la clinica: la nosografía de J:E:D Esquirol (1772-1840)

Sara Lopez Van Dam Merino: «Analisis criminologico del personaje de Raskolnikov en la novela Crimen y Castigo»

S. Freud: «El criminal por sentido de culpa»