Atracción fatal

gatoraton

El sueño de un toxoplasma es volver al gato donde al fin se reproducirá, pues todo es volver.

Todo el mundo sabe que las ratas son coprófagas, es decir que comen “cacas”, pero cuando comen cacas de gatos infectados con el “toxoplasma gondii” sucede algo extraordinario. El toxoplasma les cambia la conducta de tal modo que el ratón deja de sentir miedo por el gato (su depredador natural) y aumenta su atracción por él. Me refiero a atracción sexual, como lo oyen.

Podriamos decir que el toxoplasma zombifica la conducta del ratón, la manipula de tal modo que sirva a los planes de su especie, pues el ciclo del toxoplasma no termina hasta que vuelve al gato, es alli donde se reproduce y es alli donde se reencuentra con los suyos. Para ello ha de manipular la conducta del ratón pues necesariamente ha de hacer parada en el cerebro de este animal, una especie de centro de operaciones, una especie de base de aprovisionamiento. Aqui hay un buen post donde cuentan estas cosas. Y aqui un articulo sobre este excitante fenómeno.

Esta historia me servirá de guía para mis próximos argumentos, lo importante es retener una idea: no somos demasiado conscientes de que no somos los dueños de nuestras ideas ni de nuestras conductas. El ratón contaminado por ese parásito nos ilustra sobre una cuestión: podemos ser zombificados por una especie de Alien que determina nuestras conductas a veces de un modo tan especifico como hace el toxoplasma con el ratón: modificando la sensación instintiva de miedo por los gatos y transformándola en atracción sexual. El toxoplasma induce asi el sacrificio del ratón en la pira del ciclo del toxoplasma.

Y otra idea interesante: el ratón puede revertir esta conducta. Con antipsicóticos por supuesto. Lo interesante de esta “cura” es doble: el haloperidol no solo es un antagonista de los receptores dopaminérgicos que están implicados en esta conducta erótica, sino que además inhibe el crecimiento del toxoplasma.

No sabemos si el toxoplasma tiene algun efecto sobre la conducta humana, es decir no sabemos si este zombie influye entre alguna de nuestras conductas aunque algunos investigadores han propuesto al suicidio como ejemplo de una conducta inducida por el toxoplasma.

De lo que no cabe duda es que los humanos podemos ser colonizados por otros parásitos: me refiero a ciertos memes.

Un meme es una idea que pertenece a un libro del culto para la Neurociencia, me refiero al “Gen egoista” de Richard Dawkins, probablemente la idea más original de este autor: Un meme es como un alelo, algo que vive en una especie de limbo cultural, en esa frontera entre el cuerpo y el mundo, alli donde las ideas cohabitan en una especie de magma primordial y que en adelante y para entendernos llamaremos “sopa cultural”. Los memes entran en los cerebros individuales a través de las creencias.(Memes y alelos), se instalan alli y parasitan las ideas y las conductas de los infectados.

Lo cierto es que algunos memes son muy peligrosos tal y como nos contó Dennet en los videos que el lector aplicado puede encontrar en youtube y en español y que podemos entender la historia humana como una historia de creencias que tratan de imponerse a las del vecino. Una idea muy interesante es que efectivamente una creencia siempre tiende a imponerse a las demás pero yo no creo que este potencial maligno se halle en la idea misma sino en la natrualeza vanidosa y corrupta del hombre que trata de imponer a los demás sus propias formas de ver la vida. Por ejemplo la idea de Dios no mata a nadie pero la idea de religión ya es más peligrosa porque agrupa a las personas entre seguidores y no seguidores de esa religión, fieles e inflieles. El culto por la patria o por la propia etnia tampoco tiene esa potencialidad salvo si se confronta con las demás, si nosotros somos el pueblo elegido es porque los demás ni siquiera tienen la consideración de semejantes: Dios les olvidó en el reparto. Por tanto esta justificado que les exterminemos.

Lo cierto es que los virus y los memes se parecen mucho:

  • Están inertes cuando no están dentro de un organismo vivo.
  • Tienen forma aunque no los podamos ver.
  • Contienen información.
  • Se replican sólo en condiciones biológicas, el resto del tiempo viven en una especie de limbo que llamamos “cultura”.
  • Los memes se constelan en una persona concreta del mismo modo que los virus parasitan células vivas.

De manera que a través de ciertas creencias podemos llegar a matar a los que piensan distinto a nosotros pero además de estas personas fanatizadas o zombificadas son necesarias otras complicidades, los aliados necesarios. Los espectadores inocentes.

La zombificación de la izquierda europea.-

Después de los atentados de Paris del pasado dia 13, ha habido un aluvión de comentarios en las redes a cual más exótico. Reconozco que el seguimiento de estos comentarios me ha servido para darme cuenta de que casi la mitad de la población española está contaminada por un meme: “el Islam es una religión de paz”. Los atentados terroristas son siempre justificados por las siguientes ideas, “ellos matan aqui, lo que nosotros matamos alli”, “las armas se las venden los americanos, la CIA u oscuros intereses económicos que andan detrás del petroleo”.Los argumentos suelen seguir siempre este guión: los culpables somos nosotros los europeos, que hemos participado en guerras en oriente medio, alusiones al colonialismo y a extrañas conspiraciones sionistas, una de las más exóticas ha sido la de relacionar el libro de Houellebecq, “Sumision” con una precognición judía.

Pareciera que nuestros conciudadanos estén infectados por el germen del buenismo y del auto-odio. Por el virus de la culpa y del victimismo que echa balones fuera. Es como si hubiéramos perdido la capacidad de defendernos, carecemos de inmunidad y solo somos capaces de flagelarnos con esa enfermedad autoinmune que llamamos claudicación. Nos hemos rendido.

Y solo esperamos ser devorados por ese gato malicioso que llamamos terrorismo sea islámico o cualquier otro. Pues la izquierda siente-ha sentido siempre- atracción hacia el Islam al que siempre ha contamplado como la victima del capitalismo y la opresión. Al tiempo que mantiene su anticlericalismo cristiano y una renegación crónica de sus origenes culturales.

No deja de ser sintomático que algunas feministas hablen ya de “terrorismo machista” del cual somos culpables todos los hombres y que al mismo tiempo todos los discursos bienintencionados se dirijan a  que los ciudadanos discriminemos a los terroristas islámicos del Islam propiamente dicho. Al fin y al cabo el Islam es una religión de paz, afirman.

Los otros memes

¿Crimenes moralistas?

monos

Segun los psicólogos evolucionistas hay dos tipos de violencia, una reactiva y otra proactiva. Aqui hay un buen artículo para comprender mejor estas diferencias.

Pero hay otras formas de verlo tal y como podemos ver en este artículo de Michael Shermer, que lleva por título ¿Es el terrorismo una forma de justicia privada?. La tesis sorprendente de este artículo es que el terrorista no es un ser amoral ni inmoral sino todo lo contrario. Es posible hablar pues de que existen crímenes que proceden no tanto de lo que nosotros entendemos como psicopatía, -un término que suele asociarse a la maldad (ignorando que la maldad es un término moral)- sino que suceden por un exceso de moralización.

Y no cabe duda de que la principal factoría -aunque no la única como ya conté en este post– de normas y preceptos morales son las religiones, más concretamente las monoteistas.

El sentimiento innato de justicia.-

Franz de Waal es un primatólogo y etólogo holandés que es famoso en el mundo de la ciencia y la divulgación por sus estudios sobre la agresión, moralidad y alianzas entre macacos. En este divertido video experimenta con capuchinos e intenta demostrar que el sentido de la justicia es innato al menos entre los simios.

No cabe ninguna duda de que el sentido de la justicia es una parte de los sentimientos morales que evolucionó junto con otras emociones con el objetivo de detectar a los tramposos y castigarles. Es interesante señalar que todos tenemos un sentimiento acerca de lo que es justo o injusto (de forma real o equivocada) y que este sentimiento está muy relacionado con la comparación que hacemos sobre lo que reciben los demás y lo que recibimos nosotros, tal y como podemos ver en el video de los capuchinos. Es interesante recordar que el sentimiento de justicia es profundamente egoista y que se activa solo si somos nosotros los que salimos perdiendo en la comparación y permanece inactivo si somos nosotros los ganadores en el reparto.

Algo asi sucede en el juego del ultimátum.

En el juego del ultimátum, en el que a una persona se le da una cantidad de dinero que debe compartir con otra persona, con la condición de que si la oferta es aceptada pueden quedarse con el dinero, pero si la oferta es rechazada no se obtiene nada.

Está demostrado que estamos dispuestos  a pagar el 30 por ciento para castigar a quien no coopera. Esto se llama el castigo moralista.

Donald Black sostiene que sólo el 10% de los homicidios son producidos por rapiña como los que suceden en un robo o hurto, dicho de otra manera: los homicidios que se cometen por incentivos económicos directos son una minoria. El otro 90 por ciento son moralistas, una forma de pena capital en el que los autores son jueces y verdugos de una víctima que perciben que les han hecho daño de alguna manera y son merecedores de la pena de muerte. Ejemplos inquietantes:

Un hombre que “mató a su esposa después de que ella” se atreviera a llevarle la contraria en una discusión,” una mujer que “mató a su marido durante una pelea en la que el hombre golpeó a su hija,” un hombre que “mató a su hermano durante una acalorada discusión sobre los escarceos sexuales de este último hacia sus hermanas menores”, “una mujer que” mató a su 21 años de edad, hijo, porque él había sido “tonteando con los homosexuales y las drogas ‘”, por no hablar de las discusiones de tráfico, etc.

Dicho en otras palabras: la mayor parte de los homicidios se cometen durante situaciones de ira, situaciones comunes y banales, donde los individuos parecen no tener control sobre sus emociones pero que paradojicamente se perpetran siguiendo una siniestra inspiración de que el “otro” -la victima- se lo merecía. Y dónde el agresor no tiene nada que ganar.

De la venganza privada a la Justicia del Estado.-

Es un fenómeno relativamente nuevo el que el Estado mantenga la exclusiva sobre las penas y castigos a los delincuentes o tramposos.

Después de la Edad Media, la venganza privada fue sustituida en su mayor parte por la justicia penal, una justicia garantista que ha de velar necesariamente por los derechos del reo.

¿Pero qué sucede cuando la gente no confía en el sistema penal o creen que esta justicia está sesgada en favor del ofensor?

Es lo que sucede cuando las personas viven en sociedades tribales, en Estados débiles con gobiernos corruptos o se trata de comunidades apátridas que toman la justicia por su cuenta.

El terrorismo es una de esas actividades, Black  argumenta en un artículo de 2004 en Teoría Sociológica titulado “La Geometría del terrorismo,” que es una forma de auto-justicia cuyos motivos dependerán del grupo terrorista en particular. Estos van desde el marxismo revolucionario en la década de 1970 hasta el terrorismo apocalíptico del Islam de hoy (conocido como ISIS), que no es un estado en absoluto, sino una confederación de yihadistas.

La gente de izquierdas al menos en nuestro pais son bastante comprensivos con el fenómeno terrorista islámico que niegan e interpretan desde unprisma politico: una especie de conspiración norteamericana de espias y CIAs y que minimizan o justifican por los lastres del colonialismo. Se niegan a verlo como lo que es: una forma religiosa de moralización obligatoria.

¿No seria absurdo decir que la matanza del dia de San Bartolomé que enfrentó a protestantes y católicos durante la Reforma protestante no tuvo nada que ver con la religión?

No menos absurda es la creencia de que los yihadistas son agitadores políticos seculares disfrazados. Lo que realmente quiere ISIS,  es volver a una civilización del siglo VII y a su entorno jurídico, y en última instancia a provocar el apocalipsis.

De manera que liquidar el asunto diciendo que aquello que no entendemos es una cuestión de psicopatía (psicologizar el problema) es una forma de blanquear la verdad ocultándola y haciendola opaca a la mirada del lector informado, atento y sagaz que no tiene ningún sentimientos de culpa por lo que hicieron otros y en otro momento de la historia.

Más concretamente, el terrorismo no procede del colonialismo, lo que aprendimos algunos de este periodo de la historia es que los valores democráticos empastan mal con ciertas sociedades que mantienen una cohesión tribal a través de una coacción religiosa más o menos aceptada individualmente.

La evolución de las instituciones que dan lugar al bienestar y la libertad no han ido todas al mismo tiempo como ya comenté en este post. Los musulmanes tendrán que hacer su propio proceso de secularización si quieren integrarse en el mundo del siglo XXI

El principio del placer y su más allá

El supremo placer erótico es la convicción de estar haciendo el mal (Baudelaire) 

sumision

“En la teoría psicoanalítica adoptamos sin reservas el supuesto de que el decurso de los procesos anímicos es regulado automáticamente por el principio de placer.  Vale decir: creemos que en todos los casos lo pone en marcha una tensión displacentera, y después adopta tal orientación que su resultado final coincide con una disminución de aquella, esto es, con una evitación de displacer o una producción de placer. Cuando consideramos con referencia a ese decurso los procesos anímicos por nosotros estudiados, introducimos en nuestro trabajo el punto de visa económico. A nuestro juicio, una exposición que además de los aspectos tópico y dinámico intente apreciar este otro aspecto, el económico, es la más completa que podamos concebir por el momento y merece distinguirse con el nombre de “exposición metapsicológica”.

[ FREUD, S.: Mas allá del principio del placer)

Lo que Freud quiere decir en este texto un tanto abstruso es que “placer” y “principio del placer” no son la misma cosa. Más aun: “el principio del placer” no requiere ni siquiera el concurso del placer para poderse entender y conceptualizar. En este sentido Freud fue el primero en entender que el principio del placer, lo que en neurobiología conocemos como “teoría del placer-recompensa” no basta para entender la vida anímica, al dejar sin explicar entre otras cosas el principio de repetición, la repetición compulsiva. ¿Como entender que repitamos siempre un mismo patrón a sabiendas de que nos llevará al fracaso? ¿Por qué no aprendemos de nuestros errores?

La repetición compulsiva es un extraño fenómeno al que la Neurociencia actual no ha logrado hincar el diente por falta de una comprensión “económica” del funcionamiento psíquico. Es difícil entender y admitir que la repetición de un mismo patrón -aunque resulte en sí mismo displacentero en un lugar-, ocupe un lugar de placer en otro de la economía psíquica. Es por eso que algunos autores como Lacan hablan de goce como oposición al placer. De este modo el dolor no seria lo contrario del placer sino el goce.

“Se conocen individuos en quienes toda relación humana lleva a idéntico desenlace: benefactores cuyos protegidos (…) se muestran ingratos pasado cierto tiempo, y entonces parecen destinados a apurar entera la amargura de la ingratitud; hombres en quienes toda amistad termina con la traición del amigo; otros que en su vida repiten incontables veces el acto de elevar a una persona a la condición de eminente autoridad para sí mismos o aun para el público, y tras el lapso señalado la destronan para sustituirla por una nueva; amantes cuya relación tierna con la mujer recorre siempre las mismas fases y desemboca en idéntico final. (S. Freud).”

Placer es algo que se añade a la vida, goce es algo que se sustrae a la muerte.

Para entender mejor este concepto de goce el lector puede leer este post donde hablé precisamente de esta amistad peligrosa que reune a ambos en nuestra conducta. Decía allí a propósito de la película “Amistades peligrosas” que:

A ese ir más allá del placer le llamó Jacques Lacan, el goce, (la jouissance) y lo definió del siguiente modo: “placer es aquello que se añade a la vida y goce es aquello que se sustrae a la muerte”. El concepto de goce es algo facilmente reconocible en la conducta de nuestros semejantes y algo además imprescindible para entender el deseo humano, algo que va más allá del reflejo condicionado skinneriano y que situa a lo humano en una dimensión más poperiana que skinneriana, más epistémica que conductual.

Asi Velmont desea seducir a Cecilia Volanges, pero lo que le interesa de ella no es tanto su belleza sino su inocencia. Educada en la moral más rancia y convencional del momento Cecilia acapara en sí los dones que Valmont pretende socavar a través de sus engaños y su constancia en el acecho de la presa. De lo que se trata no es tanto de conseguir a Cecilia sino de retar su resistencia y someterla a la prueba del nueve de la seducción. Es la apuesta que Valmont y la marquesa mantienen y es algo que sólo puede llevar a cabo Valmont, puesto que la marquesa en virtud de su posición no puede acometer por sí misma tamaña heroicidad sin ponerse en entredicho aunque es precisamente ese el deseo que asoma en ella a través de la inducción constante que hace a Valmont acerca de esa posibilidad, asi es la marquesa la que induce, espolea y mantiene.

Y una vez conseguida de lo que se trata es de abandonarla pues el goce no está diseñado para acomodarse a una vida hogareña confortable y práctica, sino precisamente para eludir los compromisos del amor y escamotearle al deseo una cama doméstica aun siendo una cama confortable y acogedora. De eso va el deseo libertino, un deseo que se alimenta en ese recorrido del apetito, resistencia, engaño y consumación. Siempre es necesario el engaño puesto que el plan consiste en abandonar a la presa apenas rendida por amor y es precisamente esta rendición que se hace en nombre del amor lo que hace a la presa tan peligrosa y cuando se ha llegado a este punto lo que se impone es cambiar de víctima y buscarse un nuevo reto, un más difícil todavía dejando a la anterior mancillada de por vida y enclaustrada en un convento.

El goce es pues el deseo del deseo. El deseo de desear.

Es obvio que la conducta humana y de cualquier animal puede resumirse en una palabra: todo ser vivo se orienta hacia la consecución de placer y la evitación del displacer. Pero estamos lejos de haber comprendido el mecanismo de estas conductas de acercamiento/repulsión, puesto que el displacer en sí mismo supone una excitación creciente y el placer es en cierto modo la solución al displacer. Lo que es intolerable es la excitación, proceda del dolor, o de cualquier otra fuente excitatoria. Sea comida o sexo, lo que nos impulsa a buscarles es la expectativa de alcanzarlos y de descargar en ellos esa tensión, sea comiendo o copulando.

Claro que el final del displacer no es siempre el placer, pero si el punto final del displacer no es el placer, ¿qué es?  Es la reducción de esa tensión, pero ¿qué en qué consiste esta reducción?

La anulación del displacer no es necesariamente placer, podemos hacerlo durmiendo, tomando Orfidal,  vomitando, podemos beber alcohol, meditar, correr, conductas que conocemos como “de escape”. ¿En el coito, qué es más importante el momento del orgasmo o la eliminación de la tensión displacentera de una excitación?.  Yo diría que muy probablemente el incremento de la tensión erótica no es displacentera por necesidad; y segundo que el orgasmo no es un requisito necesario para la eliminación del displacer de una tensión erótica.

De manera que el placer es un plus, algo que se añade al coito pero que no justifica al coito en sí mismo como subproducto del principio del placer.

Freud ejemplifica ese problema, lo ha abordado en las “Lecciones introductorias al Psicoanalisis”. Y él habla de los sueños de castigo que son distintos de los sueños traumáticos, entre paréntesis. El sueño de castigo es un sueño en el cual efectivamente hay un castigo y un dolor y una molestia y ansiedad; y Freud lo explica diciendo que no se puede abordar el principio del placer desde el ángulo única y exclusivamente de la pulsión, que el principio del placer se conecta también a complacer -que no es lo mismo que tener placer- a complacer a otras instancias psíquicas, por ejemplo al Superyo; con lo cual tú puedes comprender que el principio del placer no puede ser formulado en puros término de placer o dolor, o de displacer y dolor, o de displacer versus placer, o de dolor versus placer; sino que también tiene que ser enunciado o percibido en la clínica a la luz de una especie de circulación intersistémica. ¿Qué es lo que logra que alguien evite el displacer y tenga al mismo tiempo placer?: Un acuerdo intersistémico; un acuerdo entre el yo y el ello, por decir así, una coordinación, una transacción entre el Yo, el Ello y el Superyo o, si tú quieres, en términos de la antigua tópica: una transacción entre consciente e inconsciente. La angustia a nivel preconsciente de un elemento sustitutivo que permita cruzar desplazadamente o condensadamente la pulsión. En ese sentido, la palabra placer pierde sentido y, desde esa perspectiva, tú ya no puedes hablar de placer. (tomado de este articulo de Bernardo Arensburg).

De modo que no todo placer es placentero en sí mismo sino que obtiene legitimidad en el hecho de complacer: a otro o a otra instancia psíquica, algo que entronca con el masoquismo y el narcisismo. Renunciar a un placer es a veces la mejor forma de anular un displacer y alinearse con el placer de otro es sin duda un lugar masoquista donde uno se pone en el lugar imaginario que presupone en el otro.

Pero no se trata solamente de la evitación del displacer a través de una especie de exportación del propio deseo en otro u otra cosa sino que hay aun otra vuelta de tuerca, otro más allá:

El concepto de goce -jouisance- en Lacan, por ejemplo, tiende a dar cuenta de esto, pretende dar cuenta en términos de que sería como la postulación de que en todo síntoma, en toda situación sintomática habría un goce secreto que podemos presumir como un goce masoquista en la medida en que se acompaña de dolor.  Y Freud lo dice muy claramente, por ejemplo en “El hombre de las ratas”, cuando el H.R. relata el terror y el desagrado frente a la exposición de la tortura china por el capitán cruel. Freud dice: “Un brillo de goce en su mirada”; no usa la palabra placer, curiosamente, sino que usa la palabra goce que es la que Lacan retoma. Hay un goce, dice él. Ahí podríamos equiparar goce con placer y decir que se trata de un placer masoquista; pero yo no suscribiría el planteo de Lacan. No se trata de una situación estrictamente masoquista; puede tratarse de una situación moral, por ejemplo; puede tratarse de algo ligado al narcisismo que exige no un placer sino una eliminación de los malos pensamientos displacientes, por así decir, lo que no produce placer sino que produce un alivio frente al sentimiento de pecado o al sentimiento de malestar con el propio ideal del yo o con el Superyo. (Arensburg, 1996)

Nosotros los humanos venimos de serie cableados con un sistema de placer-recompensa inacabado, a medio hacer, esto explica el por qué los conceptos neurobiológicos de apetencia y consumación no son suficientes para explicar los trasiegos del deseo que ha de viajar y sortear distintas instancias psiquicas y sociales para poderse vertir al exterior. Los conceptos de excitación-displacentera y su evitación o descarga placentera y su repetición no pueden contener la enorme variedad de combinaciones que aparecen como pactos entre el narcisismo, el Superyó o la parte moral y la histeria con su represión de lo inaceptable con el Yo o la consciencia.

Lo que está más allá del principio del placer apunta a una indiferenciación sistémica.

El deseo del no-deseo, es decir la muerte.

Bibliografía.-

S. Freud (1919-1920). “Más allá del principio del placer”.

Ficciones

No es este un post destinado a hablar de Jorge Luis Borges, sino que pretendo hablar de las otras ficciones, las que todos nosotros construimos. Aunque no estoy muy seguro de que estas y aquellas ficciones no sean en lo esencial las mismas.

Borges escribió sus “Ficciones” para demostrar o señalar hacia la idea de que a través de lo fantástico podemos entrever que lo imaginario y lo histórico son frecuentemente el mismo fenómeno.

Y que realidad y ficción mantienen entre si una extraña relación de complicidad y de solapamiento.

Usualmente decimos que hay cosas que son verdad, que han sucedido y otras sin embargo son obras de la imaginación humana. Así decimos que Romeo y Julieta son personajes de ficción, como Sherlock Holmes . Y que a pesar de que ambos personajes tienen casa abierta en Verona y Londres nunca existieron. Sabemos también que Churchill o Tejero son personajes reales aunque nunca les hayamos visto más que por televisión, con bombín o tricornio.

La realidad es aquello que es o fue verdad. Eso dicen.

El problema es que no sabemos una palabra de qué cosa es la realidad y cuando hablamos de un hecho histórico aun menos, no podemos saber tal y como comenté en el post anterior, si lo que entendemos como realidad realmente sucedió o fue como nos lo contaron.

Y sucede por algo importante: la realidad es inexplicable en términos de sentido.

Uno va un día por la calle y le atropellan, otro amigo nos traiciona o nos abandona, los amores se disipan, nuestros familiares y nosotros mismos nos morimos. ¿Qué sentido tiene todo eso?

No hay nada más real que la muerte, todos moriremos, algunos ya están muertos aunque solo civilmente, otros emocionalmente, pero no lo saben y no lo saben porque la muerte no admite ningún trámite o excusa. Todos iremos a parar ahi, a esa lona donde caen los hombres knockeados víctimas del tiempo.

Para mi, esta contradicción tiene que ver con el significado que le damos a la palabra “realidad”. Muchas personas afirman hoy “que la realidad no existe sino que es un constructo de nuestros sentidos” de ahí a proclamar “que si piensas que estas bien, estas bien” o “si decides pensar en clave positiva el mundo se convertirá en algo positivo”, etc. Se trata de recetas de estilo new age que siendo como son falsas contienen algunas gotas de verdad.

Pues no hay que confundir la realidad, la verdad, el medio ambiente o el hábitat. Si usted va por la calle y sufre un atropello, este atropello es de verdad pero no procede de la realidad sin o del hábitat urbano en que usted se desenvuelve. Si un familiar se le muere, muchos le dirán que es ley de vida y es cierto: forma parte de nuestra realidad como humanos.

Pero no es a esta realidad/verdad a la que apelo sino a la otra , a la que construimos. Nosotros no somos sólo animales más o menos hacinados en la gran ciudad, de manera que no estamos solamente sometidos a ese hábitat que puede atropellarnos, sino que vivimos en una cultura.

Y una cultura no es ni hábitat, ni medio ambiente, es un constructo humano tejido por aposiciones, por acumulación de saberes, tradiciones, rituales, expectativas, etc, una especie de herencia lamarckiana que es el resumen de millones de años de evolución gradual . Es una base de datos acerca del mundo de la que echamos mano para comprender y representarnos esa realidad que carece tantas y tantas veces de sentido y que nuestro cerebro no puede procesar.

Pues la realidad solo puede ser representada.

Y lo hacemos a través de ficciones. Y es prudente recordar ahora que ficción no es lo que dice aquí en la wikipedia donde le atribuyen solamente una etimología de simulación. Fictio-fictionis significa esculpir o modelar. Ficción es el modelado, el trabajo de un escultor (Helios Jaime,2010)

La primera ficción que construimos es la identidad, la segunda la personalidad.

Nosotros los humanos venimos de serie equipados con un sexo bien definido. O somos hombres o somos mujeres, pero ser hombre o ser mujer precisa además de una consolidación cerebral, no basta con ser portador de unos atributos determinados. Ahi aparece en nuestro socorro la cultura a través de esa base de datos que Roger Bartra ha denominado exocerebro. En él vamos a buscar los significados, los símbolos que necesitamos para -esculpir- nuestra identidad sexual y lo hacemos a través de redes neurales extrasomáticas que son prolongaciones de las otras redes, las endocerebrales. Ahí y no en el cerebro de cada cual encontramos el sentido y los significados a qué cosa es ser un hombre y qué cosa es ser una mujer. Pues allí viven los símbolos agazapados en una red de enlaces tridimensionales donde conviven unos con otros. Allí nos dirigimos para saber quién somos y más tarde para saber cómo somos.

Y construimos una ficción: somos un hombre o somos una mujer. Naturalmente como en toda ficción podemos construir lo que mas nos convenga cerebralmente pues no hay que olvidar que esos enlaces entre endo y exocerebro son enlaces neurales. Unas ficciones serán fieles a la realidad interna de cada cual, otras alejadas de ella, unas serán construcciones fantásticas y otras pegadas al terreno de lo posible. Pero todas comparten el elemento común de ser ficciones, pues lo masculino y lo femenino no son solo órganos y hormonas que se poseen o no se poseen, sino símbolos, representaciones, comportamientos, formas de pensar y hasta de andar miméticas o acordadas por la cultura, son consensos que están allí en el exocerebro comunal de nuestra especie.

Lo mismo sucede con la personalidad; no voy a extenderme mucho en este asunto pues ya lo abordé en otros lugares, pero aprovecharé ahora para decir que cuando decimos, “es orgulloso, o humilde, o celoso, o interesado o perfeccionista”, no estamos señalando hacia el cerebro del sujeto sino hacia su narrativa. Los individuos no somos -por nosotros mismos- ni de una forma ni de otra pues “ser de una determinada manera” no es una prestación cerebral sino cultural. No somos perfeccionistas o humildes porque haya en nuestro cerebro ciertos receptores con mayor densidad que otros que nos empujen fatalmente hacia un rasgo u otro, sino que existe en todo caso una facilitación genética para explorar por ciertas sendas extrasomáticas buscando los significados de ser una cosa u otra. En realidad se equivocan tanto los que dicen que los rasgos de la personalidad son innatos, como los que dicen que son ambientales. Ni una cosa ni otra, pues aunque es más cierto lo segundo: si lo entendemos como que es el sujeto quien va a buscar significados en esa base de datos que llamamos exocerebro tratando de encontrar sus propios sentidos. Sin embargo el camino marcha atrás en busca de porqués  es imposible: la aposición, las bifurcaciones, y el solapamiento de unos con otros hacen imposible desandar el camino, si pretendemos la comprensión de cada paso.

La construcción de la personalidad es como la historia y contiene la misma dificultad que encontramos en los historiadores si lo que pretendemos es “saber la verdad de lo que pasó”. Pero para desvelar la verdad necesitamos construir ficciones  y es asi como se conducen los eruditos pues un acontecimiento histórico cualquiera admite múltiples interpretaciones (ficciones) pues la verdad histórica en su mayor parte es opaca y lo peor: carece de sentido o propósito como la muerte individual o la Evolución. Un acontecimiento se monta sobre el anterior sin que acabe de explicarlo del todo. Como en la evolución no se puede hacer marcha atrás y no tenemos más remedio que utilizar los diseños anteriores que en cualquier caso no se pueden deshacer.

Sobre la personalidad y la identidad siguen construyéndose ficciones, las creencias, los gustos, las ideas se construyen en andamios construidos a toda prisa para encajar las emociones dando la impresión de que el edificio finalizado es un edificio sólido y que responde a la lógica de la elección individual. Pero nuestra conciencia de unicidad, nuestro Yo es otra ficción, que naturalmente no existe. No existe ningún homúnculo que tome decisiones, sino que las “decisiones” se engarzan unas con otras por proximidad, por coherencia, por resonancia o por facilitación, pero nunca por determinación genética. Tampoco elegimos ser lo que somos sino que vamos acoplando lo que creemos ser a las sucesivas ficciones que construimos casi cada día para que los hechos encajen en los cajones de nuestra mente.

De manera que todos somos arquitectos de nuestras propias ficciones, entendiendo a estas como formas de interpretar la realidad/verdad según nuestra condición de novelistas.

Y todos estamos expuestos a las ficciones de los demás cuando nos incluyen. Es seguro que usted habrá mediado alguna vez entre dos amigos que se han peleado por alguna razón. Escucha a uno y dice tiene razón, escucha al otro y piensa lo mismo, ¿Quien tiene razón?

La mayor parte de ficciones están destinadas a la confrontación con las ficciones ajenas. El buen mediador es aquel que sabe que los dos tienen su parte de razón pues en una Verdad mediada por el lenguaje hay elementos connotativos, denotativos y pragmáticos. Es posible que ambos se enzarcen en una disputa al atender solamente uno de esos planos por donde discurre el lenguaje y se olviden del elemento pragmático (lo más frecuente), el que contextualiza las palabras. El mediador sabe que ambos tienen razón y no la tienen, pero sobre todo sabe algo más importante: que ninguna ficción es la verdad y que existe un plano donde el conocer que todos construimos ficciones de hecho, nos hace relativizar y alejarnos de la búsqueda de la razón, una ética abyecta. Sabemos que hay una ficción que es a su vez una metaficción, la de saber que todos estamos equivocados y al mismo tiempo acertados.

Es por eso que existen buenos y malos novelistas o constructores de narrativas y es por eso que todos estamos de acuerdo en decir que Borges es mejor escritor que Lafuente Estefania.

Necesitamos la ficción para aprehender la realidad, para hacerla nuestra e injertarla de vuelta en nuestro cerebro en su código de iones y química. Y no sólo la necesitamos -estando como está fuera de nosotros- sino que no tenemos más remedio que aceptarla como único medio de entender la realidad. A cambio no tenemos más remedio que aceptar que la simulación, el engaño y el autoengaño forman parte de nuestro acervo cotidiano. Y que eso no nos hace menos auténticos sino simplemente humanos. Y condenados a auto-inventarnos un lugar en el mundo.

Se trata de un noble ejercicio, el de la simulación pues a la realidad le hacen tanta gracia las ficciones como a nosotros y a veces incluso las imita.

Y entonces decimos aquello que la realidad tiene una estructura de ficción.

Pero no es verdad: la realidad es sólo un inconmensurable que envidia a la narrativa.

Hellen Keller y el exocerebro

Deaf, dumb and blind boy, lives in a quiet vibration land.

(De la opera rock Tommy de The Who)

Al contrario de Tommy el héroe de The Who en la ópera-rock del mismo nombre, Hellen Keller fue una niña real que quedó ciega y sordomuda a raiz de alguna viriasis infantil o meningitis y que tuvo un feliz desenlace gracias a los cuidados de su pedagoga Ana Sullivan.

La historia de Hellen Keller es tan bella que ha merecido una novela por parte de William Gibson y una entrañable pelicula a cargo de Arthur Penn, pero si la traigo aqui no es para hablar de la ternura y ejemplaridad de la historia sino para señalar algunas cuestiones de interés neurocientifico que podemos extraer de ella gracias a que la propia Hellen aprendió a leer en Braille, escribir y pudo transmitirnos su experiencia.

Prácticamente desaferentizada sensorialmente desde corta edad Hellen vivió en un cuerpo que ella misma describe como un fantasma que sólo sabia hacerse de notar en su casa donde fue sistemáticamente malcriada y sobreprotegida por unos padres que no sabian como educarla hasta que contratan a Ana Sullivan que es a fin de cuentas quien después de un calvario de intentonas logra ejercer de mediadora entre aquel fantasma y la vida.

Lo primero que intentó Ana Sullivan es que Hellen le prestara atención, cosa dificil porque la niña no habia desarrollado ningún apego por nadie dando a veces la impresión de un autismo infantil. De hecho y tal como cuenta la Sullivan es sólo después de su “despertar” a los sentidos cuando le dio un beso por primera vez. Intentó Ana enseñarle el lenguaje de los signos, algo que habian inventado los monjes trapenses para comunicarse unos con otros sin necesidad de hablar y que más tarde se utilizó para los sordomudos, pero la Keller no estaba por la disciplina y antes hubo de enseñarle algo más importante: se pusiera como se pusiera tendria que tener en cuenta a la Sullivan. Para ello, la institutriz logra separarla de sus padres que retrasaban su maduración con sus continuas intrusiones y ocupar una cabaña contigua a la vivienda familiar en la rural y conservadora Alabama, alli llevó a cabo su “milagro”.

Vale la pena ver esta escena memorable de cuando Hellen logra establecer un enlace entre los signos (el tacto), las palabras (el símbolo) y las cosas en sí, en este caso el agua.

Lo interesante es comprender que los signos o señales son cosas (cosas que están ahi) bien diferentes a los símbolos. Nuestro cerebro se comunica a través de señales -eléctricas y químicas- pero es incapaz de procesar símbolos tal y como hacen los ordenadores. Tambien sabemos hoy, mal que le pese a Noam Chomsky, que  no existe en nuestro cerebro una gramática generativa universal de palabras tal y como él propuso para explicar la rapidez con la que un niño aprende idiomas. Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos (y las palabras lo son) no pueden existir palabras en las neuronas ni pueden existir embriones gramaticales en las sinapsis. ¿Entonces como es posible que un niño de corta edad maneje tan rápidamente el lenguaje?

Lo hace a través de la imitación, viendo y oyendo como le hablan y hablan otros entre sí. Es interesante recordar que el lenguaje hablado es bastante disitnto a los pensamientos o lenguajes interiores, aquel es muy rico en giros, prosodia (marcapasos o cuadricula), sintaxis y semántica y no nos olvidemos de la pragmática del lenguaje, una fuente de conocimientos enroscados en las palabras dichas.

Volvamos al signo o señal. Para Hellen y Ana solo habia un canal abierto para la comunicación y este no era otro sino el tacto. Es a través de las manos que la Sullivan intenta comunicar el lenguaje de signos a Hellen.

Pero Hellen que sabe mucho de manos (señales) no acierta a comprender que aquellos dibujos que su profesora traza en su mano tienen otro sentido más importante: representan palabras y las palabras son símbolos, esto es “cosas que representan a otra pero no son la otra”.

Es bueno recordar ahora el tan citado cuadro de Magritte acerca de qué es una pipa. Una pipa es un objeto que sirve para fumar, de modo que lo que aparece en el cuadro de Magritte y tal como el artista afirma no es una pipa sino una fotografía de la misma (un símbolo que es a su vez señal), que la suplanta en su ausencia. Hellen Keller podia reconocer la textura de una pipa pero no podía saber que se nombraba con la palabra “pipa” y por tanto no podia pensar en una pipa, pues para pensar en algo necesitamos palabras (símbolos).

Es asombroso que Hellen Keller se refiriera a su experiencia íntima -antes de la adquisición de las palabras- como si un fantasma habitara en ella. Es seguro que fue asi, pues un cerebro sin canales sensoriales tan sólo puede recibir ciertas clases de estimulos no sociales: los que proceden del tacto, del olfato que es un canal poco importante en los humanos, del gusto y de la propiocepción. Es fácil reconocer qué es un fantasma. Un fantasma es un cerebro en estado puro o “salvaje” desaferentizado casi totalmente.

No es de extrañar que algunos investigadores como Ramachandran hablen de un fantasma en el cerebro (Ghost in the mind) cuando investigan sobre “miembros fantasmas” para referirse a eso que habita en los cuerpos humanos cuando sufrimos alguna clase de amputación y que trata de manifestarse a través de los canales convencionales a pesar de que estos canales ya no existan.

Pero volvamos al procesamiento de símbolos.

¿Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos cómo se las arregla para construirlos y comunicarse a través de ellos?

Se trata de una pregunta crucial en las neurociencias y para contestarla no tenemos más remedio que acudir a la lectura de mi pasado post ¿Somos ciborgs? para entender la hipótesis de Roger Bartra sobre el exocerebro.

Bartra pone el dedo en la llaga cuando afirma que el error de las neurociencias ha sido calificar de “ciencias blandas” a las ciencias humanas y sociales, como la antropología, la lingüistica, la etnografía, la mitografía, la filosofia y la metafísica. La psicología -en su afán de cientificismo feroz-, desgraciadamente ha sucumbido al rebufo soberbio de las neurociencias y ya hace tiempo que quedó sin un epistemología propia tal y como ha señalado Gazzaniga.

El error de los neurocientíficos ha sido fiarlo todo a las conexiones neuronales, a la genética y a la neurofisiologia pasando por alto lo que ellos llaman el “medio ambiente” sin caer nunca en la cuenta de que el sapiens no habita un “medio ambiente”, ni un nicho ecológico como los caracoles sino una cultura. Pero esa cultura no se limita a ser un contenedor o un entorno natural como sucede en los animales que forman grupos sociales a veces muy complejos (pero no una cultura) sino que además de ser un invento suyo -del propio hombre- y no algo que simplemente se encontraba ahi, nuestro cerebro se encuentra conectado a esa base de datos (por decirlo metafóricamente). Conectado a través del lenguaje y otros códigos. Unos discursivos como el propio lenguaje y otros no discursivos como el gesto, la música, las artes plásticas, la danza, etc.

La neurociencia es prisionera de una creencia casi mística en el principio de “clausura causal del mundo fisico” que impide creer en la evidencia de que el cerebro pueda mantener enlaces con su cultura y que estos enlaces a su vez intervengan de forma extrasomática en las redes neurales. Esta es la razón por la que los cientificos buscan siempre dentro del cerebro lo que podrían hallar mirando fuera.

Lo que plantea Bartra es que la mayor parte de sinapsis de nuestro cerebro no están dentro del cráneo sino fuera de él como una protesis externa. A semejante idea han llegado -por otros medios- otros autores, como Dawkins y Dennet con su teoria memética, Rupert Sheldrake con sus campos morfogenéticos y C. G. Jung con su concepto de arquetipos, tambien Penrose con una adaptación platónica de los universales. Todos estos autores a través de distintas especulaciones han tratado de explicar que se hace necesario suponer que la mayor parte de la información que nuestro cerebro maneja se encuentra en la cultura, entendiendo cultura de un modo extendido, desde la relación con el otro, la socialización, la compartición de creencias, ideas o códigos interpretativos hasta llegar a los conceptos más universales de tipo jungiano.

Lo cierto es que esta idea tiene una dificultad explicativa. ¿Cómo se las arreglan los símbolos para penetrar en el cerebro? ¿Cómo se convierten en corriente eléctrica? ¿Hay una especie de sintonizador como supone Sheldrake? ¿Se trata de una especie de virus como suponen Dawkins y Dennet?

Nada de eso: lo hacen a través de los canales sensoriales. Esos 5 sentidos y algún otro que llamamos sexto o intuición.

Ahora es necesario volver al caso de Hellen Keller, recomiendo el visionado de la escena del video que he colgado más arriba para entender el “insight” luminoso de la niña cuando es capaz de asociar, los signos de las manos a la palabra “agua” y a la identificación del agua en sí que mana de la fuente. ¿Cómo lo hizo Helen, cómo logra asociar estos tres niveles de definición, signo-simbolo-cosa en sí?

Lo hace espontáneamente y aunque en la pelicula no dice nada del asunto podemos especular que el destino de esos tres niveles de complejidad es encontrarse unos con otros, lo que si sabemos es que a partir de ese momento se abre para Helen la puerta de la vida y que comenzó precisamente entonces a  madurar tanto en el plano afectivo, como social y lingüistico-comunicacional.

Lo que significa que la información contenida en la cultura penetra en el cerebro individual a través de conexiones neurales extrasomáticas que discurren pos los canales sensoriales convencionales y lo hacen sin necesidad de un transductor de símbolo-señal.

Uno de los obstáculos que tiene esta idea es la especulación mistico-religiosa y la nostalgia de una dualidad cartesiana que tanto atemoriza a los neurocientificos. Pero enseguida advertiré al lector de que lo que anida en el exocerebro no es una res cogitans ambulante que espera encarnarse en algun ser material. La teoria de Bartra no apela a la dualidad, el exocerebro está constituido de producciones humanas y de relaciones de sentido propiciadas por la cultura humana que ha ido engrandeciéndose en número total de sinapsis, tantas que no caben en un cerebro individual y por eso las mantenemos fuera, en una nube, listas para ser usadas cuando las necesitamos. Un uso necesario para sobrevivir como humanos tal y como el ejemplo de Hellen Keller y otros niños salvajes nos ilustra.

Lo que hay guardado en ese exocerebro son pues signos y símbolos pero más allá de eso lo que alli existe son relaciones de sentido entre símbolos y simbolos de símbolos. Lo más importante de esto es que los sentidos son rabiosamente individuales, es decir no existen sentidos buenos y sentidos malos, aunque podemos hablar de consensos. Dicho de otra manera los simbolos son interpretados por cada persona de una forma distinta a los demás.

Estamos condenados a dar sentido a los símbolos y aqui está precisamente la tendencia al error, puesto que los consensos y los disensos pueden llevar a la patología. Del mismo modo que sucede en el interior del cerebro, un error en la señalización hará que una red neural no crezca en la dirección correcta y se ciegue el tránsito de flujo sináptico, de electricidad. Del mismo modo pueden existir errores en los enlaces entre el cerebro y el exocerebro y estos errores proceden de la ambigüedad del lenguaje, es decir de la multiplicidad de sentidos de las palabras.

Pero este es otro post.

Bibliografia.-

Sandra Blakeslee y V. S. Ramachandran: “Fantasmas en el cerebro”

Roger Bartra: “Antropologia del cerebro”. Fondo de cultura económica. Mexico. 2006.

Un post relacionado: La gaviota culta

¿Sabemos beber?

Si piensas aun que bebemos porque tenemos sed o comemos porque tenemos hambre te diré que estás muy equivocado. A esta conclusión llegó precisamente Konrad Lorenz premio nobel de medicina en 1967 gracias a sus conocidos trabajos etólogicos con gansos de los que hablé con anterioridad en este post.

La idea fundamental que se deriva de sus estudios sobre los 4 Grandes (huir, comer, aparearse, luchar) es que no es el hambre la causa de la alimentación sino su propósito. Lo mismo sucede con la bebida, no bebemos sólo porque tenemos sed sino por una enorme cantidad de cuestiones adyacentes.

Bebemos para celebrar algo, porque estamos aburridos, porque queremos tranquilizarnos, por el puro placer de beber y en realidad para compartir tal y como sucede con la comida que sirve tanto para un roto como para un descosido, aporta tranquilización, excitación, placer y afán social. Tanto es asi que en nuestra especie comer-beber es básicamente un hecho social. Una cosa es beber y otra abrevar, una cosa es comer y otra apacentar.

Y a veces no sólo bebemos agua sino un sin fin de líquidos: café, refrescos, infusiones, purés, cremas, sopas y alcoholes diversos. Todos ellos contienen el elemento necesario para calmar la sed -agua- pero no son solo agua. Voy a referirme en este post al alcohol. ¿Por qué bebemos alcohol? y más complicado aun ¿sabemos beber alcohol? o ¿necesitamos saber algo de cómo beber?

En realidad todo este preámbulo viene a cuento a propósito de un caso que recientemente he tratado y que se presentó en mi consulta con una demanda concreta: “no se beber”, me espetó F. antes de contarme su problema. En realidad el problema de F. es muy parecido a otros que he tenido ocasión de tratar y seguir a lo largo de mi vida profesional y que podriamos agrupar en un diagnóstico ya desaparecido de los manuales: me refiero a la dipsomanía.

La dipsomanía es un término de la psiquiatría francesa que ha desaparecido de los tratados absorbido por el mas americano diagnóstico de “trastorno por dependencia del alcohol”. Dicho de otra manera: los dipsómanos de antaño son hoy considerados como adictos al alcohol. El asunto es que yo no creo que sea verdad y por eso escribo este post.

En mi opinión la dipsomanía tiene entidad clinica suficiente y no debería ser calificada como un trastorno por dependencia sino como un trastorno disociativo.

Diré de paso y para adelantarle al lector algunas claves que el alcohol es el “fármaco” disociativo más potente que existe. Y digo disociativo porque no tenemos una palabra mejor para definir el efecto del alcohol sobre ciertos contenidos reprimidos, disociados o suprimidos de la conciencia. En realidad el alcohol lo que hace es propiciar la emergencia, la expulsión de contenidos disociados, se comporta pues como un expulsador de contenidos. Una especie de agonista de la impulsividad.

Como puede observarse existe un circuito (bucle largo) MN que recorre el cerebro profundo hasta la corteza sin pasar por el núcleo córtico-talámico, se trata de un circuito expresivo más parecido a un arco reflejo que a un circuito neural. La evolución lo preservó para darnos la oportunidad de descargar respuestas rápidas sin reflexión y por tanto sin aprendizaje, casi involuntariamente como en un cortocircuito.

Y es precisamente por eso que no puede considerarse un fármaco y decimos que es una droga. Es una droga para algunos -luego veremos cuales- pero para los demás – los que saben beber- no es más que un complemento alimentario. El problema del alcohol es que aun favoreciendo la emergencia de contenidos reprimido-disociados lo hace pasando por alto al sistema cortico-talámico, aprovechando el bucle largo y haciendo un bypaseo al sistema de reflexión talámico. Propicia descargas en cortocircuito y es por eso que aunque se use como autocorrector de tensiones internas por ciertas personas (usualmente la ansiedad, la depresión o la misma abstinencia en dependientes), el alcohol no resuelve el problema puesto que aprovecha una via de descarga ajena a la conciencia y es por eso que después de la bacanal embriagadora del alcohol llega la amnesia. Y la amnesia no resuelve las memorias rechazadas pues no integra el problema sino que lo agranda disociándolo. Observemos el caso de F.

El caso de F.-

En sintesis F, es un varón de 28 años que después de morir su padre inicia un trastorno de conducta curioso y dramático. Periódicamente sale por las noches y comienza a beber de forma exagerada buscando la rápida embriaguez, después se mete en peleas sin que a la mañana siguiente recuerde nada de lo que sucedió durante la noche. Estos episodios han ido sucediendo cada vez con mayor frecuencia y arrastrando toda clase de lesiones y de complicaciones judiciales. Se evidenció que en esas peleas F. buscaba activamente lugares y contrincantes peligrosos, es como si buscara el daño inconscientemente. Ciertamente el daño acaeció pues aquellas explosiones de ira con las que al parecer acompañaba su ebriedad habían pasado a formar parte de su vida complicándosela e incluso llegando a ser una amenaza constante a causa de los ajustes de cuentas.

Lo curioso de F, es que su carácter no tenia nada de violento, era deportista, jugaba a fútbol, tenia trabajo y no tenia ningún antecedente digno de mención salvo ciertas preocupaciones por su figura que habían derivado en conductas vigoréxicas leves y cierta tendencia a darse atracones de comida.

Podríamos decir que F, era un comedor y un bebedor exagerado y excesivo, ni sabia comer ni sabia beber. Sin embargo el cuadro había desencadenado tras la muerte de su padre de una forma más que evidente. Naturalmente a la pregunta ¿Como te llevabas con tu padre? F, mintió, en parte diciendo “muy bien, yo le admiraba mucho, me sentí muy solo cuando nos dejó”.

Esta declaración anterior es parcialmente verdad pero falta algo más, falta un dato.

Un padre tiránico, abusivo y alcohólico suele ser el antecedente común de estos casos de dipsomanía.

Curiosamente F. no me dió esta información sino que la obtuve por vía de un informador familiar.

F, es un caso típico de trastorno disociativo, lo que se disocia aqui es la carga emocional de la figura negativa del padre mientras que lo que se recuerda es la parte positiva. De acuerdo con esta partición de la memoria que realiza el sujeto sobre su figura paterna, F-Hide es en realidad ese padre tiránico, agresivo, brusco y malvado que se mete en lios por las noches cuando el alcohol propicia la emergencia de estos contenidos mnésicos reprimidos. F-Hide busca emerger, busca integrarse en el resto de la personalidad de F, pero no lo consigue a pesar de la repetición -como sucede en los sueños- pues una y otra vez se encuentra con el borrón del recuerdo junto con los borrones de la culpa que acompaña todas y cada una de esas incursiones a los abismos de la embriaguez.

Diríamos que el cuadro se complica con el uso del alcohol como fármaco disociativo y así fue cuando consultó con los servicios de salud mental: se le etiquetó de alcohólico y se le sometió a un tratamiento de desintoxicación. Naturalmente el paciente mejoró, manteniéndose alejado del alcohol puede evitar esos encontronazos con la noche, pero el remedio es peor que la enfermedad ¿hace falta renunciar del todo al alcohol? En el caso de F, no representó ningún sacrificio especial pues F, en realidad no bebía usualmente sino que usaba el alcohol como medicamento.

¿Como tratamiento de qué?

De una tensión interna que se manifiesta precisamente en el momento del duelo con su padre, es entonces cuando ha de revisar su relación y es entonces cuando se desencadena los episodios explosivos intermitentes. De manera que la desintoxicación alcohólica era en realidad una medida menor. Lo que se trataba de conseguir no era la abstinencia completa sino que integrara la imagen de su padre. Naturalmente los pacientes prefieren dejar de beber antes de enfrentarse a sus problemas inconscientes, si es que lo consiguen. Cambiar cuesta, dejar de beber gratifica la culpabilidad y es por eso que siempre será preferible la segunda que la primera opción.

Podríamos decir que en F coexisten dos personalidades, una casi normal y bien adaptada y otra personalidad maligna e inquietante que se manifiesta a través de la embriaguez y la locura violenta sin sentido.

Evidentemente F tenia razón, no sabia beber: pues bebía para alterar un estado interno preparado para la emergencia de  pulsiones agresivas. F. Buscaba la embriaguez, algo común a todos los casos que he tenido ocasión de ver en mi vida aquejados de esta curiosa y periódica forma de beber para que algún Yo escindido y oculto pudiera emerger. Los dipsómanos beben para recordar aunque lo que encuentran es darse de bruces con el olvido amnésico de materiales inconscientes que no logran integrarse en la conciencia como un todo.

De manera que ya lo sabes: no uses nunca el alcohol para aliviar tus tensiones internas y cuando bebas hazlo como un caballero renunciando a esas bacanales donde se busca una embriaguez rápida. Hazlo para compartir y nunca para aislarte de los demás y si notas que “tienes mal vino” es decir que cuando bebes te pones violento, agresivo o pesado, deja de beber, simplemente debes aprender de nuevo como se bebe.

Pero en honor a la verdad he de deciros que no todo puede aprenderse de nuevo y que lo más frecuente es que si bebes de este modo durante cierto tiempo ya seas un adicto y entonces no tienes más remedio que purgar tus “pecados” dejando de beber del todo. Una penitencia que da grandes resultados y que señala hacia la evidencia de que los seres humanos precisamos de limites y de coerción. Abandonados a nuestro albedrío no hacemos más que tonterías.

Unos más que otros, claro.

Y no te olvides que en las farmacias venden alcohol en pastillas: se llaman tranquilizantes y tienen el mismo efecto a largo plazo.

La sobreescritura y la transdisciplinariedad

Paul Mc Lean fue un psiquiatra norteamericano que hizo una contribución decisiva a la neurociencia con su conceptualización del cerebro trino. La idea es que nuestro cerebro en realidad no era un órgano creado ex novo para nuestra especie sino que en él se daban cita todas las edades de la filogénesis, desde el cerebro profundo (reptiliano), el cerebro límbico o emocional (visceral) y el cerebro propiamente humano (corteza cerebral) con sus prestaciones sofisticadas de lenguaje y pensamiento.

Cada uno de estos cerebros tiene -por asi decir- su propia lógica, el reptiliano la lógica de la supervivencia, el límbico razones del corazón y la corteza razones de la razón. Y sin embargo nuestra experiencia consciente es unitaria, es decir no tenemos la sensación de ser tres en uno sino que tenemos una experiencia unificada donde las razones de cada uno de estos cerebros se encuentran subsumidas las unas en las otras, son- siguiendo los argumentos del post anterior– transdisciplinares.

El cerebro reptiliano se maneja con un código muy simple (lenguaje máquina) que es en realidad una serie de algoritmos que hemos llamado PAF (patrones de acción fijos) que son como la ROM (read only memory) de los ordenadores, sólo pueden leerse pero no sobreescribirse o borrarse. Se trata de patrones vinculados al movimiento y orientados hacia la lucha-huida (fight o flight) podriamos decir que se trata de un cerebro programado para la autoperpetuación y la conservación de la especie (instinto).

La neurogénesis sobreescribe, abarca y subsume a la miogénesis. Lo que es lo mismo: el control neural subsumió a la motilidad muscular pero no la borró. Las fibrillas musculares de una cola de lagartija recien cortada pueden seguir contrayéndose sin el control nervioso. A nivel del cerebro sucede algo parecido: el pensamiento contiene a la emoción y la emoción contiene al movimiento. El pensamiento no es más que una emoción desensorializada, es por eso que pensamos en algo pero no lo oímos, pensamos pero no lo vemos. Del mismo modo la emoción es un movimiento interiorizado. Lo que significa que nuestro pensamiento es en realidad una emoción y un movimiento. Lo cognitivo, las ideas contienen esa matriz filogenética donde se enreda el lenguaje propiamente dicho y que establece redes semánticas (de significado) entre unas y otras que es lo que percibimos cuando pensamos, asociamos o reflexionamos. Menos conscientes somos sin embargo de los materiales ocultos de estos pensamientos y que no son otros sino emociones y movimientos o percepciones.

Pensar no es equivalente a oir, moverse, saltar o ver. Pero no podria haber pensamiento sin percepción, emoción ni movimiento. Todas estas funciones se encuentran subsumidas en el pensamiento y plegadas en él.

Y todo sucede gracias a una estructura cerebral que conocemos con el nombre de tálamo. El tálamo es como una estación de término, la olla a presión de nuestro cerebro, la licuadora donde se exprimen todas las informaciones que le llegan tanto de arriba (corteza y sensorio) como las de abajo (ganglios basales). Con la excepción del olfato todo pasa por el tálamo.

El código máquina se reprograma una vez entra en contacto con el cerebro medio (emocional), es de hecho en ese lugar donde tienen lugar los modelados realmente importantes en la vida futura de los individuos, digamos que las instrucciones del código máquina se subsumen en otras instrucciones que podriamos llamar (siguiendo la metáfora del ordenador) el sistema operativo del cerebro que recibirá influencias -a su vez- de la corteza cerebral, es decir la corteza (la razón) modula e inhibe, controla las emociones y les añade un plus de raciocinio y dirección hacia objetivos.

Para tomar una decisión sobre algo nuestro cerebro tiene primero que nada plantearse que ha de tomar una decisión, de lo contrario diremos que estamos instalados en la apatía o la anergia. Esa necesidad o energia (la voluntad) es el trabajo energético que realizan nuestras estructuras profundas, hay como algo que nos impulsa a hacer, un conatum intencional, un ciego afán, el drang llamado a veces deseo. Ese algo es el código máquina.

Una vez  hemos decidido que hemos de hacer algo, la decisión pasa al siguiente nivel y se enfrenta con las emociones que hay en ese momento disponibles para teñir, desteñir, ocultar, disfrazar, velar o adoptar una decisión u otra. La corteza cerebral y nuestros lóbulos frontales planean constantemente estrategias y evaluan su oportunidad enviando mensajes hacia abajo (el tálamo) y tratando de neutralizar la energia emocional (el drang) que inevitablemente desbordaría nuestra capacidad sin ese modelado de la razón.

No hay que olvidar que tanto el cerebro profundo (reptiliano) como el límbico (emocional) son sistemas de neurodefensa toscos y afásicos (preverbales). No cabe duda de que las palabras, las abstracciones y los símbolos nos apartaron definitivamente de la determinación pura. La huella del oso no es el oso.

La transdisciplinariedad es un proceso muy similar al que he descrito anteriormente. Del mismo modo que ciertas neuronas se excitan juntas (y asi permanecen juntas) los individuos concretos a través de sus afinidades y las identificaciones pueden operar hacia un determinado fin con esa sinergia cerebral cooperativa y descentralizada.

Un trabajo transdisciplinar (un proyecto entre varios) puede llevarse a cabo de manera análoga a través de la sobreescritura. No conviene confundir la sobreescritura con el cadaver exquisito que inventaron los surrealistas, esos collages que daban lugar mediante la aposición de distintos elementos heterogéneos a una composición artistica.

La sobreescritura supone prolongar mediante la edición, borrado, sustitución, copiado o barajado un texto anterior para dotarle de otros contenidos y otro colorido. Supone mejorar algo al añadirle uno o varios puntos de vista que pudieran integrar al anterior y servir de molde a los que estan aun por llegar, escarbar y abrir nuevas bifurcaciones en las ideas  y explorar su viabilidad, ir marcha atrás cuando un camino se convierta en un “cul de sac” y retroceder hasta la ultima bifurcación. Si es necesario borrar párrafos enteros redundantes o poco claros.

Naturalmente la transdisciplinariedad se enfrenta  a varios problemas relacionados con la autoría y la autoridad. En él los elementos deben renunciar a la “propiedad” de algo en beneficio del común y alguien debe ejercer de director de orquesta para dar entrada a los distintos instrumentos. Esa metaedición es en realidad lo que hace la corteza cerebral en nuestros cerebros: impulsar el trabajo hacia objetivos concretos.

La transversalidad es la superación del individualismo y de la bienintencionada pluridisciplinariedad, es la superación del cuello de botella del v- meme verde y el desembarco pleno en el mundocentrismo del v-meme amarillo. Nosotros, todos.

Eso es lo que pretendemos en el Proyecto GMS “Global Mind Squizzing”.