Plauto y Boadella, de risa

Tito Macio Plauto fue un comediógrafo latino que vivió en época de Escipión el Africano del que ya conté aqui  algunas cosas a pesar de que es un descubrimiento reciente como personaje literario gracias a Santiago Posteguillo que nos lo ha ficcionado novelescamente. Uno ya sabia de Plauto por aquel Bachiller de antes pero sin saber apenas nada de su personalidad o de su tiempo ni de su importancia histórica o literaria. En realidad sólo habia oido hablar de él como autor de sátiras o comedias un poco burdas imitando a su maestro griego Aristófanes que fue el que inventó seguramente el género de la comedia, un poco para divertir al personal del mismo modo que los autores de tragedias inventaron el suyo para conseguir la catarsis por la otra via.

La risa y el llanto son poderosos remedios para el alma y cada época precisa de sus ungüentos. La época en que vivió Plauto fue especialmente dolorosa para Roma pues su vida transcurrió entre las tres guerras púnicas que fueron aquellas que enfrentaron a Cartago y a Roma durante mas de 40 años y que parecian no tener fin. Durante las mismas la ruina asomó a las puertas y a los graneros de Roma, no habia casa que no tuviera, un marido, un padre, un hermano o un hijo muerto en combate, en Hispania, Italia o Africa persiguiendo a aquellos generales escurridizos y míticos apellidados Barca el más conocido de los cuales es Anibal y cuya peripecia puede el lector seguir en la trilogía de Santiago Posteguillo sobre la vida de Escipión el Africano.

Las vidas de Escipion y de Plauto son fascinantes y además sirven de paradigma a dos cuestiones en esencia vivas: la cuestión del liderazgo y la intelectualidad ¿Qué papel juega el intelectual en una época cualquiera de la historia?¿Qué es un lider? Poco sabemos como vivian los intelectuales en época de Roma aunque sabemos algo más de sus generales, emperadores, dictadores y otros personajes. Lo cierto es que la vida de Plauto y la de Escipión son en cierta manera paralelas en su destino como paralelas fueron otras dos vidas: las del propio Escipion y su eterno enemigo Anibal.

Cartago y Roma eran estados republicanos, y sin embargo las tensiones entre sus mejores lideres o generales con los politicos de su época, fueron tan intensas que merece la pena recordar que a pesar de los éxitos estratégicos y militares de ambos, los dos sucumbieron a las intrigas, envidias y traiciones de su propio Senado.

Von Clausewitz afirmaba que “la politica es la guerra por otros medios” y aquel que no lo crea puede leer esa trilogia de Posteguillo que más arriba recomiendo. Una guerra sin cuartel ni compasión que se lleva por delante a los mejores hombres y que viene a demostrar que aquellos que triunfan en el campo de batalla no siempre mantienen esas habilidades para hacerlo en los parlamentos donde la mentira, la delación y las alianzas por interés pueden derrumbar al mas noble de los hombres. Eso sucedió con Escipión y eso sucedió con Anibal: ambos fueron derrotados por conspiraciones de los suyos.

Las grandes verdades no pueden -cuando contienen criticas al poder establecido- manifestarse en serio y es por eso que se inventó la comedia, la farsa, la ironia, la burla o el chiste a fin de ocultarla. Si algo nos hace gracia nos reimos aunque podemos ocultar las razones de la risa proyectándolas en los cómicos y es aquello que tememos sobre todo lo que más gracia nos hace de nuestra cotidianeidad tal y como Freud adivinó (Ver el poder y la risa en este mismo blog). Y en determinadas épocas sometidas a censura aun más risa nos dan ciertas cosas sobre las que está prohibido hacer chanza en la vida pública. Ese era el caso del tiempo de Plauto, nació en una epoca casi dictatorial, donde no sólo estaba prohibida la critica al Estado y a sus representantes sino la simple exhibición de las mujeres con joyas o carruajes por la calle. La ley oppia que prohibía estos “excesos” fue abolida cuando ya Anibal habia sido derrotado en Zama, es obvio que al poder le venia muy bien mantener aletargadas ciertas ostentaciones de lujo para no molestar a la plebe y justificar así una economía de guerra.

Cualquier tipo de crítica también estaba fuertemente censurada y perseguida por la ley. Los intelectuales de entonces se dedicaban a hacer pintadas –grafittis- por las noches en las paredes de Roma y algunos se delataban a sí mismos a través del estilo de sus versos. Ciertos amigos de Plauto, comediógrafos como él fueron encarcelados en las mazmorras más pestilentes de Roma, alli acabaron sus días a pesar de sus esfuerzos por rescatarles a través del favor de Publio Cornelio Escipión.

Plauto era un plebeyo que trabajaba en el atrezzo de una compañia de teatro hasta que un dia tuvo la mala idea de establecerse por su cuenta, fue la peor de sus decisiones porque se arruinó debido a las carestías de los tiempos que corrían. Para no morir de hambre tuvo que alistarse en el ejército como legionario, como tal fue testigo de primera mano en la batalla de Cannae donde Roma perdió cuatro legiones en una derrota sin precedentes contra las huestes de Anibal. Al licenciarse se convirtió en un mendigo y sobrevivió con pequeños empleos hasta que -forzado por las circunstancias- decidió escribir teatro, pues era un hombre culto que habia presenciado numerosas obras y hablaba griego (el idioma de los cultos de entonces) mientras trabajó de asistente para ciertos empresarios de la escena.

Sin embargo impuso una novedad a su tiempo: desdeñó la tragedia clásica que conocía bien y se decantó por la farsa. Era tiempo para la risa, pues la realidad imponia muchos llantos. Ese fue su acierto.

Plauto era el Albert Boadella de su época, uno de esos personajes notariales que satirizan la vida y la sociedad que les ha tocado en suerte vivir desvelando sus vicios, sus contradicciones y sus falsedades. Después de sufrir muchas calamidades encontró en Casca un mecenas que accedió a estrenar su primera obra “La Asinaria” precisamente mientras el joven Escipión ostentaba el cargo de edil de Roma y hacia pinitos para congraciarse con el pueblo a base de regalos y comedias.

Plauto despreciaba a los patricios romanos, casi tanto como los patricios despreciaban a los intelectuales. Para un patricio un comediógrafo no era mas que un esclavo, un siervo a sueldo, un bufón. Plauto tenia buenas razones para detestar a la clase dirigente romana pues habia perdido a sus mejores amigos en Cannae y habia presenciado matanzas y barbaridades suficientes como para aborrecer a la guerra y a todos los que buscaban encumbrarse a propósito de esta conflagración. Sus obras contienen no pocos elementos de critica social a pesar de que no era libre para desarrollar sus ideas por miedo a las venganzas de los ofendidos que en aquella época no eran cosa de despreciar. Pero Publio Cornelio Escipión era una excepción en aquel clima de desconfianza frente a los hombres de teatro y es asi como lo tomó bajo su protección y le permitió además estrenar en plena campaña contra Anibal su “Milles Gloriosus” en Siracusa donde las legiones romanas se encontraban acampadas esperando el momento de invadir Africa. Precisamente una obra que satiriza la ambición megalomaníaca de un general.

El problema de Plauto es que debía convivir con dos sentimientos encontrados: por una parte Escipìón era un patricio, perteneciente a una de las familias con más glamour de Roma y emparentada con los Paulos, otra familia acaudalada y de rango social. Por otra parte Escipión que era a su vez un hombre culto siempre le habia protegido, habia comprado sus obras y le habia permitido estrenar su comedias con fuerte tinte de critica social a sus legiones. Este seria a la postre uno de los argumentos que utilizarian sus enemigos para desacreditarle. Fue el senado de Roma a través de Marco Poncio Catón el que dispuso todo lo necesario para asesinar civilmente a Escipión.

¿Qué hacen los intelectuales cuando se hallan escindidos entre la gratitud personal a alguien y el desprecio que sienten frente a una determinada casta politica?

¿Qué haria usted?

Desconocemos lo que hizo Plauto de mente para dentro pero lo que sucedió es que quien hoy te protege mañana puede ser una remora. Eso le sucedió precisamente a Plauto, cuando Escipión cayó en desgracia politica pero para entonces sus comedias ya habian pasado a formar parte del catálogo de espectaculos que el pueblo demandaba con pasión.

Lo que si sabemos es lo que hizo Plauto de puertas para afuera: rechazó la cortesía envenenada de Poncio Catón y se negó a abdicar de su amistad con aquel viejo consul que habia creido en él cuando no era más que un legionario pordiosero. A cada cual lo suyo y -al menos para algunos- Roma seguia sin pagar traidores.

La función del intelectual es pensar críticamente. Es bastante fácil, aunque peligroso hacerlo enmedio de la estupida fealdad de las dictaduras pero gracias a la autocensura es posible hacer mucho daño a los tiranos a través de la risa, eso hicieron Boadella y Plauto. ¿Pero qué hacer en un sistema democrático? ¿Como mantener esa actitud critica? ¿Como escapar al apesebramiento de todos los Catones que intentaron que Boadella dejara de criticar “las señas de identidad de un pueblo, como decia Jordi Pujol?

Sin caer en la cuenta de que lo risible eran precisamente esas señas de identidad , todas las señas de identidad etnocéntricas que tanta gracia hacen en España y tan poca gracia les hace a los catalanes.

La gratitud y el desprecio hacen muy mala pareja y es por eso que se considera un conflicto, el conflicto de Plauto y probablemente tambien de Boadella que no deja de ser catalán aunque critique a Cataluña. La solución a este conflicto pasa por reconocer que la gratitud es algo personal mientras que el desprecio es algo genérico. Plauto despreciaba a los patricios por sus abusos pero aunque Escipión era uno de ellos habia demostrado en centenares de ocasiones que era una persona noble y bondadosa, una persona de fiar que arriesgó su propia reputación cuando trató de liberar a los comediantes grafiteros de sus calabozos. Se puede despreciar a una casta politica pero en ello no hay nada personal, el desprecio es algo abstracto y la gratitud algo personal, asi resolvería yo el conflicto y asi lo resolvió Plauto o la vida y los acontecimientos pusieron el tiempo para hacerlo por él.

La cualidad del intelectual y por lo que es reconocido como tal es la de ser fiel a sí mismo y a veces quedarse solo con sus chanzas. El intelectual es siempre un exiliado y siempre lo será al menos mientras exista politica. Pues no se puede decir la verdad y al mismo tiempo ser amado.

 

2 comentarios en “Plauto y Boadella, de risa

  1. El conocimiento de lo q es menos dañino para el personal q nos acompaña en la vida, como se vé no es siempre bien compartido, sobre todo porque no todo el mundo está en el mismo nivel, juventud (edad), intereses particulares, educación recibida en su ambuiente familiar, amigos, colegios, consignas etc. La mayoría de las personas no sabemos lo q queremos o si queremos lo mejor para todo el mundo, de ahí la titánica tarea de inculcar a que la qtención desde joven esté estimulada, para q las personassepan diferenciar lo que es de lo que no és. De darse cuenta de loq e le pasa a uno cuando ve algo justo o nó, de respetar su propio criterio, sus propios sentimientos de lo que vé, de ver las necesidades que te crea el ser consciente de las cosas y de ahí lo que uno reclama para sentirse bien en este mundo, y ahí es donde la sociedad y los polticos, en este caso interaccionan y buscar lo que es correcto para que haya paz, pues la gente se siente feliz con la bondad de un gobierno que entiende lo que es justo, y en cosecuencia lo hace realidad.

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