Hablar, pensar, leer, escribir

Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, *perras negras*, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo.

Julio Cortazar (Rayuela)

Pensar y decir no son la misma cosa. Y la diferencia está en que lo que pensamos no son palabras. Si pensáramos en palabras no podriamos pensar porque las palabras tienen tendencia a juntarse, tienen miedo de si mismas y tratan de autoprotegerse en la manada, como esos rebaños de ñues donde un perfecto orden de formación asegura la supervivencia.

Podemos pensar en algo y no decirlo y del mismo modo podemos decir algo sin pensar. Más aun podemos decir fingiendo que pensamos lo que decimos, podemos mentir y podemos disfrazar nuestros pensamientos, aun ignorarlos, pero no voy a referirme solamente al hecho de que una de las diferencias entre ambas funciones de nuestro cerebro sea la ocultación. Me ocuparé de que , -con independencia de qué apareció antes, el lenguaje o el pensamiento-, lo cierto es que ambas funciones pertenecen a distintas funciones o registros cerebrales. Una, la de pensar es de menor definición, la otra , la de decir pertenece a un registro de mayor definición. Pues hablar contiene mucha mayor información sintáctica y semántica. Contiene prosodia y entonación, imperativos e interjecciones, pausas y aceleraciones, secuencias de argumentos, una especie de marcapasos o cuadriculación de lo que se dice, contiene pragmática es decir la posibilidad de decir lo que se dice en contextos supralingüisticos donde las palabras adquieren un sentido diferente a sí mismas o de deconstruir esos mismos contextos.

Lo cierto es que lo que pensamos es poco de fiar por su escasa definición, sólo podemos pensar en pensamientos y los pensamientos son sobre todo emociones plegadas, del mismo modo que las emociones son movimientos plegados a través del proceso de centralización derivado de la neurogénesis.

Es tan así, que poco sabemos de lo que pensamos si no lo decimos en voz alta, si no lo comunicamos a otro. De eso van todas las psicoterapias, las confesiones, las confidencias o la simple conversación, podemos matizar, modelar o cambiar los pensamientos  a través del hecho de hacerlos audibles. Pero este prcedimiento tiene también su contraparte antagónica, ¿pues qué queremos decir cuando admitimos, “lo dije sin pensar”, o “no quise decir eso” o “me has entendido mal”? A pesar de que el lenguaje hablado es muy digital, es decir contiene todos los elementos gramaticales para su comprension lo cierto es que es muy ambigüo y con frecuencia admite configuraciones bien distintas a lo que realmente pensamos sí es que existe una manera de pensar verdadera y otra falsa.

¿Por qué sucede esto?

Sucede porque las palabras nos proveen no ya de agenticidad cosa que ya poseemos de serie con los pensamientos sino de intencionalidad. Nos proveen de una ilusión de intencionalidad, como si lo que decimos fuera la verdad, no ya de lo que pensamos o sentimos sino de la realidad-real tal y como es. Como si las palabras que decimos y la verdad fueran una misma cosa.

Dicho de otra forma: hablar nos dota de una herramienta poderosa en cuanto adjudicarle sentido a la realidad y de ahi su poder como ejercicio de convicción y de persuasión. Lo que decimos, las palabras nos poseen, nos capturan y nos encarcelan puesto que las palabras operan como verdades o representaciones puras de la realidad. Lo que decimos creemos que es la verdad, sin caer en la cuenta de que lo que caracteriza a la realidad -y por tanto a la verdad- es que carece de sentido.

La realidad carece de sentido y es por eso que los humanos inventamos la ficción. En la ficción todo encaja, todo cuadra, todos se vuelve transparente, simétrico, comprensible y todo adquiere sentido, solo que la ficción no es la realidad y sólo la roza de lejos. Por contra la realidad es un escenario propio de lo caótico, lo impredecible, lo casual, lo anecdótico, lo asimétrico y el sinsentido.

Javier Cercas es un escritor español que ha escrito sobre esta cuestión, en un libro que es precisamente un especímen dificilmente clasificable. Se trata de “Anatomía de un instante”, donde intenta escribir un libro de ficción histórica o un libro de historia sobre una ficción a propósito del 23-F.

Lo cierto es que existen multitud de libros que abordan este tema con una intención de investigación periodistica. Tambien los hay con intención de investigación histórica, pero es necesario señalar ahora que ni la investigación histórica ni la periodística podrán jamás acercarse a la verdad del 23-F ni de cualquier otro acontecimiento histórico. de hecho no se ya cuantos libros sobre la guerra civil -un filón inacabable- se han publicado en nuestro pais sin que ninguno de ellos sea el libro definitivo sobre la guerra civil. El libro definitivo sobre la guerra civil no está escrito ni podrá escribirse nunca porque la verdad sobre la guerra civil ( o sobre cualquier otro acontecimiento histórico) no resiste la cuadriculada realidad que la ficción impone al lector a fin de hacerla coherente. Lo que se gana en coherencia y comprensibilidad se pierde en veracidad.

Y asi y todo nos gusta leer, y nos gusta porque detestamos vivir en la indeterminación de la realidad. El éxito que los libros -leerlos y escribirlos- han tenido en nuestra especie procede del hecho de que acotan la realidad, la hacen verosímil, construyen secuencias de hechos que solo en la ficción se suceden unos a otros, no asi en la realidad de las cosas donde lo que suele suceder es un cúmulo de casualidades que derivan los hechos por un rail u otro en función del azar.

Asi, cuando se escribe sobre el 23-F solemos decir que fue el Rey quien paró el golpe, esa es la realidad que los constructores de ficciones han consensuado. Y en parte es verdad que fue su Majestad quien paró el golpe en aquella locución televisiva entrada ya la noche del 23-F. Pero eso no significa que el rey no tuviera nada que ver con él, ni que no tuviera parte de responsabilidad en la deriva de los hechos, los precursores o el caldo de cultivo que dio lugar a aquella ridicula asonada.

A los que quieran saber más sobre este asunto les recomiendo que lean el libro de Cercás que en mi opinión resume de forma magistral los hechos previos al golpe pero no sólo eso. El libro de Cercás contiene una teoría, una doctrina sobre la realidad que no elude la casualidad al tiempo que hace una distinción muy lúcida sobre la ficción, la historiografia y el periodismo.

Los libros no hablan de la realidad, no porque la realidad sea dura de roer sino porque es incomprensible por descentralizada y multicausal. Los pocos autores que se han dedicado a escribir directamente sobre ella (sobre la realidad) han tenido poco éxito. Nombraré a James Joyce con sus infumables novelas sobre la realidad misma del lenguaje que admite recreaciones e invenciones individuales a cada momento. Joyce se enfrentó a la misma paradoja que pareció apresar a los músicos que intentaron cambiar de la tonalidad en atonalidad tal y como conté en este post dedicado a Stravinsky. Demasiada realidad, incomprensible realidad.

Pues hablar de la realidad es renunciar a lo que la ficción esconde y que la hace tan apetecible: la función de colocar a cada cosa en su lugar -un emplazamiento que es a la vez geométrico y temporal- a fin de hacerla comprensible. Aunque comprensible no signifique la verdad. Renunciar a la verdad es la condición de la ficción. O lo que es lo mismo la condición del lenguaje. La condición del decir.

Pero lo cierto es que la realidad añora a la ficción y casi siempre intenta plagiarla, pues ¿No es la escena de Tejero entrando en el Congreso de los diputados el 23-F, una escena de sainete?. Un espectador del siglo XXII podría verla en el cine o en TV y sólo sabiendo que “sucedió en realidad” discriminaría lo real de la ficción. Hay algo en la realidad de insólito y de irrealidad y mucho más desde que existen medios de comunicación visuales. La TV ha conseguido que asistamos en cada telediario a unas escenas que por su insólito dramatismo nos conmueven de lejos pues nuestro cerebro las procesa como irreales, es decir como ficción.

Lo cierto es que ni cuando pensamos, decimos o escribimos estamos representando la realidad sino hacer como que la representamos. Todo es pues un simulacro consensuado de verdad. Hasta somos capaces de elaborar teorias delirantes (llamadas ahora conspiranoicas) para explicarnos la verdad.

Lo que significa que preferimos renunciar a la verdad antes de a la comprensibilidad.

Nuestro cerebro no está diseñado ni para escribir, ni para leer, ni para decir cosas demasiado complicadas tal y como cuenta Nichollas Carr:

Leer un libro significaba practicar un proceso antinatural de pensamiento que exigía atención sostenida, ininterrumpida, a un solo objeto estático. Exigía que los lectores se situaran en lo que el T. S. Eliot de los Cuatro cuartetos llamaba “punto de quietud en un mundo que gira”. Tuvieron que entrenar su cerebro para que hiciese caso omiso de todo cuanto sucedía a su alrededor, resistir la tentación de permitir que su enfoque pasara de una señal sensorial a otra. Tuvieron que forjar o reforzar los enlaces neuronales necesarios para contrarrestar su distracción instintiva, aplicando un mayor “control de arriba abajo” sobre su atención. “La capacidad de concentrarse en una sola tarea relativamente sin interrupciones”, escribe Vaughan Bell, psicólogo del King´s College de Londres, representa “una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico.

Leer un libro, contar un cuento o decir nuestros sentimientos  a otra persona es tan antinatural como tomarnos un antibiótico.

Ni que decir tiene que mucha gente había cultivado una capacidad de atención sostenida mucho antes de que llegara el libro e incluso el alfabeto. El cazador, el artesano, el asceta, todos tenían que entrenar su cerebro para controlar y concentrar su atención. Lo notable respecto de la lectura de libros es que en esta tarea la concentración profunda se combinaba con un desciframiento del texto e interpretación de su significado que implicaban una actividad y una eficiencia de orden mental muy considerables. La lectura de una secuencia de páginas impresas era valiosa no sólo por el conocimiento que los lectores adquirían a través de las palabras del autor, sino por la forma en que esas palabras activaban vibraciones intelectuales dentro de sus propias mentes.

Evidentemente leer nos cambió (modeló) el cerebro. ¿Podemos imaginar como cambiará nuestro cerebro a partir de las nuevas tecnologías?

8 comentarios en “Hablar, pensar, leer, escribir

  1. La cita de Cortázar es de mis preferidas, gracias indirectas. Fue precisamente en un programa radiofónico de Baires llamado “Perras negras” donde emitieron en audio uno de mis posts.
    Es este un tema complejo y muy profundo, con mucho a indagar. Hoy mismo (casualidad) pensaba que las palabras son al pensamiento lo que el cuerpo al alma, una especie de materialización burda.
    “me has entendido mal” Mi humilde opinión es que la clave más arcaica de ello estriba en que –acaso- hay tantas realidades-reales como cerebros o subjetividades. Todos llevamos esas gafas de color (recuerda?) tras las cuales la apariencia del mundo, incluídas las palabras ajenas, nos alcanzan teñidas doblemente: del filtro del emisor, y del filtro del perceptor. Cómo podrían ser, pues, las palabras portadoras de verdad alguna?
    “Lo que decimos creemos que es la verdad” sucede por el mismo motivo, un apego desmesurado a nuestro filtro pegoteado. Ya conoce usted cuán mal me llevo con las palabras… y a pesar de ello escribir es casi una necesidad.
    Leer un libro, contar un cuento o decir nuestros sentimientos a otra persona es tan antinatural como tomarnos un antibiótico. Le doy toda la razón. Y además, y aunque sean sólo palabras, decirle que nunca deja de arrobarme el increible arte con que las maneja, que conmueve y embriaga como el mejor vino.
    PS: me alegra ver ahí esa ilustración 🙂

  2. Tremendo el post. Tan tremendo que todavía no sé si comentar lo que dices al principio, lo que dices en medio o lo que dices al final. Tendré que tirar el dardo para ver en qué zona de la diana que has puesto cae: pensamiento, emoción o movimiento.

  3. Bien, cayó en pensamiento:

    HABLAR / PENSAR.

    Todo el post gira en torno al tema de la verdad. ¿ Es posible aprehender la verdad ? ¿ Es posible aprehender la realidad ?

    Pero la pregunta sería ¿ necesito saber toda la verdad para comprender la realidad ? ¿ No alcanzando todo la realidad verdadera todo lo que obtengo como real es ficción ?

    La respuesta es NO siempre y cuando los datos obtenidos hayan sido tomados en un entorno físico real, captando las formas en 3D. Porque sólo en el entorno físico adecuado las medidas marcarán la raya precisa en la línea que existe entre verdad y mentira. Entre realidad y ficción.

    Un texto se encuadrará en un género u otro ( de ficción o no ) dependiendo de este código que marca la propordción de objetividad- subjetividad que es vertida en un texto. Teniendo en cuenta que la función estética, el maquillaje que demos al texto en conjunto, determinará la deformación de los hechos allí vertidos y el grado de subjetividad ( entendida como alejamiento intencionado de la realidad ) presente en el mismo.

    La vida no es una película y las imágenes vistas en un telediario están descontextualizadas y por ello creo el cerebro los procesa como ficción. En nada se parece ver un cadaver en la tele que un cadáver en la realidad y si se empiezan a confundir es que algo tiene que cambiar radical.

    En cuanto a lo de Leer / Escribir merece otro u otros comentarios más porque es que la densidad del post es brutal.

  4. Hay ciertos valores que se van adquiriendo con la practica de traer la tencion hacia lo que hacemos cuando nos distraemos. Es normal que nos distraigamos e igual de normal es traer la atencion hacia la tarea que estamos haciendo o atender a la persona que tenemos frente a nosotros cuando nos estamos comunicando. La multitarea es un problema de atencion que lo que genera es tension y estrés. debido a ello muchos proiblemas suceden en el mundo laboral y familiar. Cada dia la exigencia es mayor y va creando en nuetra mente estados desagradables debido a que ya casi nadie se puede concentrar en una tarea y estar solo en ella, se cean pensamientos que a su vez generan emociones negativas. hace poco Traver decia que hay personas que no pueden escribir debido a un exceso de emotividad, y eso lo he experimentado yo, me imagino que todos en un momento determinado lo habreis experimentado y eso es justo falta de serenidad inducido por la multitarea, el no tener la mente en una sola cosa haciendo lo que se tiene frente a uno o el pensar que uno está perdiendo demasiado tiempo en un trabajo, accion o escuchar a alguien. El zen y sus maestros, el budhismo hace una mencion, hace incapié, recalca este tema de la atencion en el momento presente. Incluso la lectura, como se ha dicho en el escrito que he leido, éste post, requiere de una atencion para poder entender lo que se nos dice, lo que se trata de comunicar. Pienso que todas las tecnólogias tienen su lugar y no tienen por qué desbordarnos. Las relaciones con las personas, amigos, familiares, esposa e hijos, vecinos, son de los mas importante. La naturaleza que nos rodea, eso requiere de nuestra atencion, aunque el mundo que estamos creando puede dificultar todas estas necesidades que creo son imprescindible en la vida de los seres humanos.

  5. LEER / ESCRIBIR

    En el post, Paco, dices:

    ” Dicho de otra forma: hablar nos dota de una herramienta poderosa en cuanto adjudicarle sentido a la realidad y de ahi su poder como ejercicio de convicción y de persuasión ”

    Hablar es expresarse mediante palabras, pero ¿ es lo mismo hablar que escribir ?, ¿es lo mismo aprender a hablar que aprender a leer ? Creo que no, no es ni parecido, porque hablar igual que el pensar se trata de un acto natural que da origen a la especie humana ( lenguaje ) y leer y escribir se trata de un acto cultural por tanto un segundo espejo de la mente.

    Yo me he preguntado muchas veces por qué escribo, por qué escribo mis post, por qué escribo estos comentarios que me llevan a coger el teclado y presentar un texto. George Orwell tiene un texto que ejemplifica perfectamente el por qué de esa necesidad por escribir. Recomiendo su lectura porque no tiene desperdicio:

    http://descontexto.blogspot.com/2011/12/por-que-escribo-de-george-orwell.html

    El punto 3 dice: Deseo de ver las cosas como son, de cuál es la verdad.

    La contradicción, la paradoja, reside en aprehender la realidad a través de la literatura que es ficción… pero la cosa es así, totalmente cierto, totalmente verdadero, en la literatura está reflejada una gran, grandísima cantidad de verdad, porque simboliza la realidad que los demás no son capaces de observar. Un repliegue cultural que refleja la realidad real, pone palabras a las ideas que para los demás no se dejan apresar.

    Eso no significa que podamos confundir autor con narrador porque los planos son distintos.

    ” Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja ”

    A LA EDAD DE LAS MUJERES

    De quince a veinte es niña; buena moza
    de veinte a veinticinco, y por la cuenta
    gentil mujer de veinticinco a treinta.
    ¡Dichoso aquel que en tal edad la goza!

    De treinta a treinta y cinco no alboroza;
    mas puédese comer con sal pimienta;
    pero de treinta y cinco hasta cuarenta
    anda en vísperas ya de una coroza.

    A los cuarenta y cinco es bachillera,
    ganguea, pide y juega del vocablo;
    cumplidos los cincuenta, da en santera,

    y a los cincuenta y cinco echa el retablo.
    Niña, moza, mujer, vieja, hechicera,
    bruja y santera, se la lleva el diablo.

  6. Entre otras cosas este post me hizo sentir humilde. Y pensar que creemos que conocemos la realidad, cuando lo único que podemos hacer es proponer con palabras una visión parcial de lo que nos rodea.

    Paco, no es necesario esperar a que la tecnología cambie nuestros cerebros pues la lectura de tus blogs ya ha iniciado nuestra remodelación cerebral.

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