El libre albedrío según #carrymeback (2)

Soy uno de los que me presenté como voluntario para un experimento que la empresa #carrymeback llevó a cabo para viajar en el tiempo, y cuyo slogan es «Solo se vive dos veces» que utiliza para su publicidad una canción que Nancy Sinatra cantaba en una pelicula del agente 007. Las condiciones generales vinieron descritas en el post anterior. Pero lo importante es que para ser aceptado como voluntario -al que nos presentamos unas 40 personas de todo el país-, hay que pasar una serie de filtros. Se trata de descartar a personas que pretendan algo más allá de lo que el viaje mágico puede ofrecerles. Se trata de despistar a aquellos que han sufrido abusos importantes, han tenido o tienen enfermedades intratables o simplemente presentan alguna discapacidad cognitiva que les impida comprender qué pueden y qué no pueden esperar de su viaje. Adversidades que en cualquier caso vinieron de afuera.

Conocí a Igor, nuestro instructor que fue el que hizo la elección de los viajeros, que después de varios cuestionarios y entrevistas personales nos dio el visto bueno a 12 viajeros, 6 hombres y 6 mujeres , los que fuimos elegidos para completar el curso que Igor nos impartió a lo largo de tres meses.

El curso obligatorio.-

El primer tema que abordó Igor fue el del libre albedrío. ¿Podemos elegir cualquier cosa o ya venimos de serie determinados? ¿pudimos hacer otra cosa bien distinta a la que hicimos en nuestra primera vida? Para comprender en qué consiste el libre albedrío Igor nos puso un ejemplo fácil de entender: cuando vamos a un restaurante elegimos qué vamos a comer según un menú donde se encuentran las especialidades de la casa. Esto es un ejemplo simple y sencillo de nuestra capacidad de elegir, sin embargo no aborda el filosófico problema del libre albedrío que es más profundo.

El tema del libre albedrío sirve para entender qué podemos y qué no podemos cambiar en esta segunda oportunidad que #carrymeback nos ofrece. ¿Qué significa elegir? ¿Qué cosas nos vienen de serie obligatoriamente y qué cosas podemos elegir? ¿Qué consecuencias tienen nuestros actos de elección?

Creemos en el libre albedrío porque sabemos que nosotros los humanos tenemos deseos y tenemos ademas facultades criticas para revertir las decisiones que en su día tomamos y que hoy no pasarían una critica racional. Es verdad que muchas veces no somos conscientes de que hayamos tomado una decisión pero esta inconsciencia no quita ni un gramo de responsabilidad en su gestión. Para ellos necesitamos saber que:

En #carrymeback tenemos una filosofia que tiene en cuenta al inconsciente: la mayor parte de nuestras decisiones no son racionales, es decir no proceden de nuestro raciocinio ni de nuestra voluntad. El problema es que hasta que no apareció la palabra «saliencia» no disponíamos de un verbo para sustituir al de «elegir» que suponemos siempre un acto consciente y voluntario. Y las cosas que suceden por fuera de nuestro control siguen siendo nuestras (del mismo modo que sucede en los sueños). Podemos ser agentes de algo sin ser conscientes de sus resultados pero eso no nos irresponsabiliza de nuestros actos. Y más aun: un acto inconsciente puede ser intencional sin ser consciente ni voluntario. Un ejemplo de ello puede ser un síntoma conversivo: es intencional (dice algo a alguien), pero es inconsciente (de su motivo) y es involuntario  (el síntoma no puede ser dirigido a voluntad). Elegir no es solo una cuestión de voluntad sino un problema de agencia.

En cualquier tipo de conducta hay tres ejes, el eje voluntario-involuntario, el eje consciente-inconsciente y el eje intencional-no intencional, en el siguiente cuadro puede el lector observar las diferencias entre un síntoma conversivo, un síntoma psicosomático, un síntoma facticio como el síndrome de Munchausen  y la simulación simple.

cubo

De manera que tenemos al menos cuatro formas de disimular que algo que hemos hecho no nos pertenece en realidad, como si alguien lo hubiera puesto ahí.

Nosotros en #carrymeback somos compatibilistas, es decir reconocemos que el determinismo causal es cierto (o puede serlo) pero creemos también que el libre albedrío es compatible con un Universo donde las leyes son deterministas. Lo cierto es que solo el pasado es determinista pero en el futuro se abren todas las posibilidades.

Creemos que el libre albedrío existe y no existe. No se trata de un ejercicio de equidistancia o de simple compatibilismo. Se trata de que tenemos un concepto bien distinto de la causalidad que se maneja como referencia. ¿Qué significa determinismo?

El determinismo puede existir en ciertos sistemas lineales pero no significan nada en relación con la vida que se rige por leyes bien distintas: se trata de sistemas no lineales dónde la determinación carece de contenido. Es cierto que toda conducta humana necesita un soporte biológico (no hay conducta, ni pensamiento ni subjetividad) sin un soporte pero el soporte es condición necesaria pero no suficiente, quien habla o piensa es una persona en una totalidad y no un trozo de su cerebro. Usualmente confundimos reaccionar (una célula puede hacerlo) con responder solo una persona puede responder a un otro que pregunta.

En mi opinión -explicaba Igor- es imposible defender la no-creencia en el libre albedrío y prescindir del inconsciente, si quitamos al inconsciente de esta ecuación y solo admitimos la racionalidad como motor de nuestro psiquismo entonces si existe el libre albedrío: podemos elegir, lo que nos conviene, la mejor opción o la que tiene menos riesgos, también podríamos elegir de quién nos enamoramos o nuestra orientación sexual, pero ¿cómo explicar la continua caída en decisiones estúpidas o peligrosas?, ¿cómo explicar que a veces decimos cosas que no creemos o que no quisimos decir, que cometemos estupideces que sabemos que no nos traerán nada bueno?, ¿cómo explicar los síntomas neuróticos que suceden siempre más allá de la voluntad?¿Por qué no podemos dejar de fumar usando la voluntad o la razón? ¿Por qué caemos siempre en el mismo patrón que ya sabemos -por experiencia- que nos lleva al fracaso? ¿Por qué tenemos actos fallidos?

Es en la clínica donde vamos a encontrar cientos de ejemplos que demuestran que los síntomas neuróticos no están ahí porque los hayamos elegido y la vida cotidiana nos da ejemplos bien conocidos que parecen apoyar esa idea.

Ahora bien, el debate entre el libre albedrío sufre en mi opinión de varios adyacentes que superan el problema filosófico en sí mismo. Algunos autores plantean el tema de la libertad pero lo llevan a extremos metafísicos cuando se preguntan ¿Podemos elegir dónde nacemos? ¿Pedimos acaso nacer? Obviamente no, se trata de una pregunta absurda, ningún feto puede tomar decisiones y nos llevaría demasiado lejos en los planes de la vida si es que la vida tiene planes después de todo. Más enjundia tiene cuando se plantea si somos libres para elegir haber nacido en este o aquel país, en un barrio determinado, en un tiempo determinado.

Somos una empresa española y nuestro director general es español, pero no somos españoles por azar, nuestro director nació en Castellón y tampoco lo fue por azar, sus padres y sus abuelos y hasta donde yo se eran españoles y es el producto de una fusión de gametos que se dio en Castellón y no en el Congo. Es imposible que cualquiera de nosotros naciera en el Congo, imposible.Dicho de otro modo, somos el producto de la regeneración de una estirpe concreta, algo que está en otro lugar bien distinto a la libertad individual.

Mezclar el libre albedrío con esa concepción inalcanzable de libertad me parece que no aporta nada al debate sobre si somos o no libres para elegir. Y ahora me gustaría decir algo más sobre la determinación.

¿Qué es determinación y en qué soporte se encuentra tal cosa?¿Es algo biológico, genético, psicológico, social, metafísico?

Supongamos que eso que llamamos inconsciente es la determinación, hay algo en nuestro inconsciente individual que habla en nosotros (por ejemplo en los actos fallidos o en las alucinaciones auditivas), hay algo que nos impulsa a hacer lo que no queremos hacer (por ejemplo lavarnos las manos compulsivamente) o algo que nos impulsa a hacer algo que no queremos hacer (por ejemplo dañar a otro). ¿Por què lo hacemos entonces?. ¿Puede un terrorista no hacer estallar la bomba que llevaba incrustada en el cuerpo?¿Puede ese tirador de Kansas que se llevó por delante a tanta gente haber tomado otra determinación?

Para eso tenemos que saber más de los síntomas, un síntoma es un significante (S) y un significante puede ser una palabra, un objeto pero también un síntoma neurótico, psicopático o psicótico. Un síntoma es en cualquier caso algo forzado, algo que aparece como impostado, algo sin sentido. «No pude hacer otra cosa», suelen decir los asesinos apragmáticos y también dicen la verdad cuando afirman «No se por qué lo hice» o «No puedo hacer nada por detenerlo» dicen los obsesivo-compulsivos». O «no puedo dejar de amarle» dicen las histéricas maltratadas.

De manera que para hablar de determinismo necesitamos meter en la ecuación ese significante vacío: un determinismo vacío. Necesitamos cambiar nuestro punto de vista sobre el determinismo, no hay una teleología para lo determinado sino que se encuentra sobredeterminado y por eso los síntomas son diferentes en las distintos personas. Si el significante tuviera un significado único todos tendríamos el mismo síntoma neurótico o el mismo acto fallido, eso que habla en el lugar del hablante:

Yo quiero (lo que digo) decir.

Yo quiero decir algo pero digo otra cosa ¿pero qué culpa tengo yo de que «ternura» y «ternera» se distingan por una letra? Yo quise decir que eres una persona muy tierna pero lo que dije es que eres una ternera.

Pues el lenguaje nos atraviesa desde antes de nacer, tiene más años que nosotros y necesitamos usarlo para formular nuestras demandas, siempre a través de un código (lengua con sus leyes gramaticales) dirigido a alguien , un otro que lee nuestro mensaje y nos atiende en nuestro pedido (en el mejor de los casos) pero que también formula las prohibiciones pertinentes. El receptor del mensaje puede o no satisfacernos pero en la necesidad existe algo que siempre cae fuera del campo semántico, así:

Necesidad- Demanda=Deseo

Hay algo pues del deseo que queda como un significante vacío en el inconsciente, como un fisura, un agujero, sin contenido, sin significado.

Ya sabemos pues algo más: el soporte de la determinación no es biológica, ni psicológica sino lingüistica. Estamos determinados por campos semánticos.

Es por eso que el debate entre si el libre albedrío existe o no carece de solución sin meter al inconsciente en la ecuación. Ese que habla en nosotros.

Y de ahí viene mi idea de que el libre albedrío existe y no existe como el gato de Schrodinger, depende del observador.

En #carrymeback creemos en el cambio, es decir sí creemos en cierto potencial para elegir. Y parece que no hay mas remedio porque El libre albedrío parece necesitar del determinismo, porque de lo contrario el agente y la acción no estarían conectados. 

¿Cuantos de ustedes después de hoy siguen apostando por el viaje?

Elogio del estereotipo

Santiago Armesilla es un youtuber que declara ser marxista y buenista (de Gustavo Bueno) y que es economista y politólogo. Su canal es interesante y dedicado fundamentalmente a entrevistar a personas relevantes del mundo de las redes. Por poner alguna pega a su trabajo, diré que sus videos son demasiado largos y reiterativos aunque no faltos de rigor intelectual. Hace poco he estado viendo (aunque confieso que no llegué hasta el final) una entrevista que le hizo a una chica trans de nombre Sandra Mercado que este mes de Noviembre publicará un libro sobre un testimonio personal: su periplo hasta convertirse en una chica trans y por supuesto su arrepentimiento posterior. El libro es en este sentido una critica a la ideología queer y por supuesto de las técnicas quirúrgicas que se han puesto en marcha en nuestro país y de forma gratuita para amputar el miembro viril a quienes así lo demandan dando por buena cualquier petición -diagnóstico positivo- sin contraste psiquiátrico ni información veraz sobre los riesgos que conlleva esta cirugía.

De manera que la entrevista tiene varias partes, una donde Sandra habla de sus traumas infantiles, su vivencia de sexualidad homosexual precoz, y posteriormente su búsqueda de «femineidad» hasta llegar a la solución final con vaginoplastia incluida. La segunda parte es algo así como una puesta al día de argumentos y bibliografía anti-queer y su critica al movimiento que precisamente ahora con la tramitación de la ley trans en el Congreso ha tomado cierta relevancia en la vida publica.

Personalmente no me gustan nada los testimonios de las personas concretas, sean de esta cuestión o de cualquier otra, por una razón fundamental: los testimonios personales -aun aquellos que contienen opiniones relevantes- (y no cabe duda de que Sandra tiene opiniones relevantes y muy juiciosas) no son ciencia, sino relatos. Y los relatos hay que guardarlos para los psicólogos o la intimidad de una consulta psiquiátrica y no para la opinión publica, pues inmediatamente podríamos encontrar otros opuestos que defenderán lo contrario. Por la misma razón la «memoria histórica» es una escucha de relatos pero no es Historia, pues podemos encontrar relatos contrapuestos entre nuestros interlocutores que no aclaran nada sobre lo que sucedió en un acontecimiento histórico determinado, por eso la Historia es una ciencia y los testimonios son solo eso, literatura. Y cada uno no puede sino contar el suyo, lo que vivió y lo que recuerda, cómo cada uno recuerda una cosa bien distinta a la que recuerda su vecino, los relatos son siempre contradictorios.

Una cuestión que me interesó del discurso de Sandra, es cuando habla de los estereotipos y confieso que me hizo pensar mucho sobre esta cuestión. Declara que se sintió homosexual desde pequeño, le gustaban los chicos de su propio sexo y habla de que para gustarles intentó feminizarse poco a poco aunque declara que ya era bastante afeminado lo que le llevó a ser maltratado en la infancia. Lo que plantea no es baladí, ¿qué es feminizarse? o ¿En qué consiste la femineidad?

Si nos hacemos esta pregunta cualquiera de nosotros caeremos en la cuenta de que a la hora de representarnos una mujer o un hombre lo que estamos haciendo es recurrir al estereotipo: Esto es una mujer y esto es un hombre:

No cabe ninguna duda de que cuando pensamos en un hombre o una mujer nos vienen a la mente cientos de imágenes, actitudes, ropas, voces, formas de caminar, tacones, fajas, medias, cosméticos, sombreros, pistolas, coches, deportes, luchas, desafíos, lealtades, etc y toda clase de recuerdos de todo aquello que hemos vivido y experimentado a lo largo de nuestra vida que nos impulsa hacia ese estereotipo, muchas veces observado en películas, pues ni siquiera el cine ha sido capaz de huir de los estereotipos. Más que eso los ha fomentado.

Los estereotipos pueden definirse como los extremos de rasgos que identificamos como masculinos o femeninos pero lo cierto es que estos rasgos no vienen siempre juntos y en realidad no existen mujeres como Laura Antonelli u hombres como John Wayne que son en realidad, eso, relatos, constructos inventados por el cine para el entretenimiento. Lo que quiero decir es que en los sujetos reales -más allá de los extremos- todos tenemos rasgos femeninos y rasgos masculinos tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente. Dicho de otra forma casi todos nosotros tenemos cerebros balanceados.

Cuando fuimos embriones recibimos una dosis relevante de testosterona (como sucede en los varones) o no la recibimos más que en pequeñas dosis como sucede en las niñas. Pero no es todo una cuestión de dosis, también hay que contar con los receptores disponibles para la testosterona. De nada serviría tener mucha testosterona si no hay receptores para que se exprese en el cerebro y más tarde en el cuerpo. Dicho de una forma más clara: la masculinización-feminización de un cerebro no depende solo de la presencia-ausencia de testosterona en periodo fetal, no es una cuestión digital de todo o nada, sino que el baño de testosterona recorre una amplia gama de inundaciones o sequías a o largo del embarazo.

Recorre pues una escalera analógica, unos tienen más y otros menos exposición que se manifiesta en la digit-ratio.

Pero la cosa se complica porque la «digit ratio» no predice la orientación sexual, solo algunos rasgos de la sexuación cerebral.

El lenguaje sin embargo es categorial y construye opuestos y por eso existen los estereotipos (en los extremos) y luego nosotros, en nuestra mente, creemos que los opuestos son contrarios y los tratamos como tales en nuestras operaciones lógicas. La realidad es que lo contrarios no lo son tanto como creemos, pensemos en una escala analógica donde masculino y femenino sean opuestos, uno sería 0 y otro sería 1. Lo usual es pensar -como sucede en política- que cada uno de nosotros estaríamos un poco en el centro, equidistantes tanto de la masculinidad radical como de la feminidad radical.

Pero el centro no existe en genética, lo que existen son polimorfismos que se silencian unos a otros, que vencen en una competición o que cooperan entre sí.

Pero ahora vamos a pensarlo de otra manera, supongamos que masculino y femenino no son contrarios, vamos a pensarlos  (tampoco como suele decirse como complementarios), vamos a pensarlos como despliegues distintos de potencialidades que ocupan un mismo lugar, vamos a pensarlos como un cluster de potencialidades o habilidades que están juntas, ocupando un mismo espacio de ejecución cerebral. Una misma utilidad neurobiológica.

Pensarlo de este modo nos permitiría poder agrupar utilidades en un mismo cerebro con independencia de si se es hombre o mujer. Y también nos permitiría abandonar esa estúpida convicción de que «todos somos iguales».

No lo somos, pero lo importante como más abajo trataré de explicar no son las diferencias que existen entre unos hombres y otros, sino la brecha que se abre entre hombres y mujeres sobre todo en lo que respecta a la personalidad

Y es por eso que algunos autores como Michael Kimmel ha puesto a punto un master sobre la masculinidad. Dice Kimmel:

«Cuando planteo el tema de las masculinidades en plural procuro poner el acento en el hecho de que no existe un modelo único y hegemónico de ser hombre y en que las diferencias y alteridades de la masculinidad no deben entenderse como versiones menores de ese modelo o como fragmentos de una estatua que se ha roto». En lenguaje coloquial: los hombres hoy son, o pueden ser, ‘hipsters’ y ‘canis’, ‘fofisanos’ y ‘lumbersexuales’, ‘andróginos’, ‘normcore’ y ‘muppets’. O no ser nada de esto».

Pero lo más dramático de esta historia, es la cantidad de «machitos» que no daban la talla para adaptarse a este modelo estereotipado, donde los disidentes eran siempre calificados como «niñas», «mariquitas» o «débiles», un modelo excluyente como los nacionalismos.

Y la verdad es que este modelo no se corresponde con la realidad genética de nuestra especie. Hay mucha «masculinidad» en algunas mujeres y mucha «femineidad» en muchos hombres. Pero el problema sigue siendo de etiquetas: no disponemos de ninguna otra palabra para designar estos conceptos. ¿Qué significa que un hombre es femenino? ¿Qué significa que una mujer es masculina?

La verdad es que estos conceptos son muy escurridizos y no están señalando la verdad neurobiológica que ocultan. Lo sabemos por los homosexuales.

Suele decirse que un hombre homosexual es un hombre que quiere ser una mujer. No es cierto en la mayor parte de los casos. Un hombre homosexual es un hombre, que sabe que es un hombre pero que se siente atraído sexualmente por otros hombres y que no desea transformarse en mujer, y que puede conservar entre sus rasgos, preferencias y gustos, muchas utilidades que se atribuyen a la masculinidad, por ejemplo la promiscuidad y otras bien femeninas como la tendencia al embellecimiento, el histrionismo o la locuacidad.

Dicho de otra manera se puede ser muy macho y al mismo tiempo ser homosexual. ¿Entonces qué es la masculinidad?

Podemos adelantar una cuestión: la orientación sexual es independiente de la identidad sexual. No es necesario hacerse trans si eres homosexual buscando ser femenina, pues en realidad lo trans puede interpretarse como una homofobia y desde luego deja a las mujeres y al feminismo en general al pie de los caballos.

Aun no hemos descubierto qué realidades neurobiológicas se ocultan tras eso que llamamos «masculinidad» y «femineidad». Lo que sabemos son «big data», es decir datos que proceden de la estadística que componen correlaciones y otros procedentes de la neurobiología, por ejemplo hoy sabemos que la sexuación cerebral se compone en época fetal y es hormonodependiente, es decir nos desarrollamos con cerebros de hombre o de mujer a través de la testosterona circulante mientras estamos en el seno de nuestra madre. La sexuación cerebral se completa antes de los 3 meses de vida. Sin embargo no está demasiado claro qué es un cerebro masculino o un cerebro femenino. Lo más seguro es que no existan diferencias gruesas -pero sí funcionales- entre ambas anatomías cerebrales, pero que la sexuación se constituya como un mosaico.

Y es también probable tal y como predice la «teoría de la sabana» que cuanto más nos alejamos del entorno ancestral (de cazadores-recolectores) más se bloqueen las diferencias innatas entre hombres y mujeres, lo cual nos permite predecir que las brechas de género al menos en cuanto personalidad se agrandarán en el futuro próximo.

¿Qué hay de común en todos los hombres?

La verdad es que las masculinidades de las que habla Kimmel son axiomáticas y fácilmente reconocibles. Es obvio que la masculinidad tradicional (una masculinidad que procede de entornos agrícola-pastorales) está en crisis y sufriendo un declive quizá como reacción a la liberación de la mujer. Pero si a mí me preguntaran que hay de común en todos los hombres y qué nos diferencia de todas las mujeres diría que a los hombres nos siguen gustando los deportes y las películas de guerra y las mujeres no parecen demasiado interesadas en ello. Por el contrario a las mujeres les sigue gustando ir de compras y adquirir ropa, algo que a ningún hombre que yo conozca le agrada. (Aqui hay un listado de lo que nos gusta a los hombres) Y se trata de algo innato, no de algo adquirido o impuesto por la cultura (esto está también demostrado y no voy a insistir en convencer a los ideólogos del género). Del mismo modo a las mujeres les encantan las profesiones altruistas como la psicología, la enfermería, el profesorado o la medicina mientras los hombre se encuentran más motivados por las ingenierías, la física, las matemáticas o la informática. Y por supuesto la carrera militar. Se trata de la conocida paradoja noruega.

Y este fenómeno es algo biológico, mal que les pese a los ideólogos de la igualdad, se trata de la llamada brecha de género. Hay diferencias entre hombres y mujeres y muchas, – sobre todo cuando podemos elegir profesión-si bien es cierto que al imaginarlas como un continuo hemos desperdiciado otras alternativas.

Dicho de otro modo y como conclusión:

Huir del estereotipo es una forma de caer en el estereotipo, pues el estereotipo es el guardián de los significados y no podemos huir o renunciar a él, solo relativizarlo. Hay una verdad en el estereotipo que no cabe menospreciar.

Esto aprendi oyendo a Sandra Mercado.

Y otra cosa: no tomes decisiones irreversibles antes de haber madurado lo suficiente para saber dónde te lleva esa decisión.

La máquina de las experiencias

Robert Nozick es un filósofo de Harvard especialista en una nueva rama de la filosofía llamada filosofía experimental que consiste en tomar herramientas de la psicología para validar hipótesis filosóficas concretas planteadas a través de experimentos mentales. Un experimento mental sería algo así como pedirle a los sujetos que elijan entre dos opciones muy concretas y cerradas como sucede en el experimento del tranvía propuesto por Joshua Greene.

Lo que plantea Nozick en su libro «Anarquía, Estado y utopia» y que pretende ser una refutación del hedonismo es lo siguiente:

Imagina que te dan a elegir entre estas dos opciones: 1) seguir viviendo en la realidad o bien 2) desplazarse a un lugar donde cualquier estado mental pueda ser experimentado en toda su dimensión y a voluntad. En este segundo caso el sujeto sabría que se trata de una simulación agradable e incluso podría aumentar su disfrute siguiendo un amplio catalogo de posibilidades de goce. El experimento es cerrado en el sentido de que el sujeto debe elegir una u otra opción para siempre. No se puede entrar y salir de la elección a voluntad o si el sujeto se cansa de la simulación (en caso de que la hubiera elegido).

Bueno, el experimento en cuestión tuvo un resultado anti-intuitivo. cerca del 60% de los probandos decidieron seguir en la realidad y no conectarse a la maquina. Nozick apela a estas tres cuestiones:

  1. Queremos hacer ciertas cosas, no sólo tener la experiencia de hacerlas. «Ello es sólo porque primero queremos hacer las acciones por lo que queremos la experiencia de hacerlas o pensar que las hemos hecho».2
  2. Queremos ser de cierta forma, ser un cierto tipo de persona. «Alguien que flota de un tanque es una burbuja indeterminada».2
  3. Conectarse a una máquina de experiencias nos limita a una realidad hecha por el hombre, a un lugar donde «no hay ningún contacto efectivo con ninguna realidad más profunda; aunque su experiencia se pueda simular».2

Con este experimento pensó que el hedonismo había sido derrotado pero, años mas tarde volvió sobre el asunto en «meditaciones sobre la vida de 2018 y parece que sus predicciones anteriores sufren de un buen revulsivo como podemos apreciar en este video donde nos cuentan los entresijos de este dilema que por cierto carece de valor empírico alguno porque este tipo de dilemas que plantea la filosofía recreativa carecen de valor predictivo.

Por eso cuando te dice la Agenda: «no tendrás nada pero serás feliz», están cometiendo un gran error ¿pues de qué sirve ser feliz si no puedo tener la grabación histórica de cómo llegué hasta allí?

El efecto moiré y el cerebro

Hace unos días me encontraba leyendo un articulo sobre el grafeno y me llamó la atención que ciertos investigadores habían descubierto que sí aproximamos dos placas de grafeno emerge un patrón de moiré.

Me llamó la atención porque yo mismo había usado con anterioridad este concepto de moiré para explicarme ciertos fenómenos mentales a sabiendas de que el citado efecto es muy conocido sobre todo por su uso en los tejidos, en la confección de la ropa, también en el arte gráfico, en matemáticas. física y óptica dando lugar a ilusiones visuales como las que presiden este post.

En realidad el efecto moiré es una ilusión óptica que se genera cuando vestimos camisas de mil rayas como ésta. El lector podrá apreciar que esas rayas tan juntas provocan un fenómeno de sobreelevación o de arrugas en el tejido, por eso hay que andar con cuidado cuando estamos frente a una cámara -sobre todo en TV- de no vestir ciertos diseños como éste, si no queremos que la atención de los espectadores se vaya a la ropa y no a lo que decimos.

El patrón o efecto muaré (en castellano) o moiré (en francés) es una interferencia que se produce cuando se superponen dos superficies con líneas en determinado ángulo. El nombre proviene de un tejido de seda francés llamado moiré porque, al estar formado por patrones de líneas, daba la sensación de que se formaban olas de mar.

Al hablar del campo de la impresión, el muaré es el conflicto que se da entre dos motivos repetitivos. Si la relación de tamaño entre esos motivos varía, el muaré aparece o desaparece de forma poco predecible. En esta web podéis leer algunos conceptos sobre el asunto. Y en esta otra algunos ejemplos más.

Pero lo que a mí me interesó hace tiempo de este concepto es la relación que puede tener en neurociencias, más concretamente en relación con el efecto placebo, un tema más psicológico que abordé en un post que titulé «Ruido y señal».

¿Qué sucede cuando se superponen dos patrones similares y repetitivos sean acústicos, ópticos o informacionales?

Lo que sucede es que se genera un patrón que resulta de la interferencia entre ambos, lo podemos oír en dos patrones acústicos acoplados, ese ruido tan desagradable que se mitiga alejándose de uno de los emisores.

¿Es el efecto placebo un efecto moiré?

En términos cibernéticos ruido es todo aquello que no contiene información alguna, mientras que la señal es aquello que contiene información y por tanto es subsidiario de -sobrepasado un cierto umbral- ser decodificado en términos de información con sentido (significado), procesado y guardado en la memoria.

El problema es que en términos cibernéticos no existe información separada del ruido: vienen en el mismo paquete, es por eso que el cerebro no va a percibir señales limpias desde el exterior sino señales contaminadas que viajan galopando en una base de ruido que no contiene información por sí misma y que nos obliga al esfuerzo de discriminar constantemente lo relevante de lo irrelevante cuando no lo verdadero de lo falso. Y por eso lo importante es la relación, el cociente entre señal y ruido más que los valores absolutos del mismo.

Lo mismo le sucede a nuestro cerebro: posee una actividad intrínseca permanente que es ruido neuronal, es decir el ruido que genera la casi continua actividad de nuestras neuronas incluso cuando no hacemos nada. De manera que tenemos ruido afuera y ruido adentro sobre el que van acabalgadas las señales que contienen información relevante tanto en lo que percibimos de afuera como en lo que predecimos desde dentro.

Naturalmente ese ruido no implica audición puesto que no es una señal acústica que pueda llegar a ser audible por nuestros oídos, ni siquiera es una señal que podamos percibir puesto que no alcanza la suficiente intensidad como para traspasar el umbral de nuestra percepción.

Sin embargo es bueno saber que una señal relevante que comunica algo a alguien es siempre una onda que va montada sobre esos carriles que hemos llamado ruido, de tal modo que el aumento del ruido indefectiblemente dará lugar a una potenciación de la señal. O dicho de otra manera si queremos hacer que una señal traspase el umbral perceptivo una forma de hacerlo es aumentar el ruido del sistema. Otra forma es aumentar la redundancia de la señal, es decir repetirla y otra forma es aumentar directamente la intensidad de la señal.

Eso es lo que hacemos cuando damos a un paciente depresivo un antidepresivo, un analgésico al jaquecoso o damos sesiones de acupuntura a un paciente con dolor neuropático.

Sobre los efectos placebo de los antidepresivos ya hablé en este post pero me gustaría señalar a continuación que: el efecto placebo no solo puede curar las no-enfermedades sino las enfermedades genuinas y que seguramente lo hace a través del procedimiento señalado como incremento del ruido. No porque el ruido en sí mismo provoque cambios sino porque incrementa la señal (en este caso la expectativa de curación) y al aparecer esta nueva señal generada entre la expectativa y el remedio (efecto moiré) el cerebro no tiene más remedio que reorganizarse y esa organización suele tener lugar en el sentido de lo que el individuo espera de ella aunque también puede suceder lo contrario, entonces hablamos de efecto nocebo. Es por eso que los antidepresivos tienen efecto tanto si tocan la serotonina, la noradrenalina o la dopamina, de lo que se trata en cualquier caso es de que el cerebro se desorganice  para encontrar una nueva estabilidad , cosa que tendrá que suceder necesariamente pues ha de adaptarse al fármaco para lo que precisa cierto tiempo, es por eso que los antidepresivos tienen un periodo refractario en que carecen de actividad alguna. Y es por eso que debe repetirse su aplicación, pues no hay efecto moiré sin repetición.

Los políticos saben usar este mecanismo y lo usan con mucha eficacia, generalmente para lanzar cortinas de humo a través de emitir ruido y no prestar atención a otra señal más importante, dado que la información que obtenemos de los políticos nos viene sesgada y triturada por los medios de comunicación (hiperrealidad), no tenemos más remedio que perecer y atender donde el dedo señala en lugar de mirar a la luna. Un ejemplo de ruido emitido por una ministra del actual gobierno es algo así como esta idea:

«La ley del aborto favorecerá que las mujeres dejen de sentir vergüenza por ponerse un tampax y podamos hacerlo sin escondernos»

Naturalmente en la citada frase todo es ruido, no proporciona información sino una referencia -más que una señal-, la de la menstruación y la higiene intima de la mujer, pero esta frase comprensible en el siglo XIX pierde totalmente su vigencia en el momento actual, es algo así como un retorno a la vaca esférica y una buen forma de desviar debates más provechosos para los ciudadanos cada vez más empobrecidos.

¿Es la psicoterapia un subproducto del efecto moiré?.-

Si el efecto placebo puede explicarse a través del efecto moiré, cualquier tipo de interacción humana donde hay dos emisores y dos receptores participa también de ese efecto. ¿Qué queremos decir cuando decimos que tenemos afinidad, sentimos simpatía, buena onda o atractivo con alguien?¿Qué queremos decir cuando decimos que alguien sabe escuchar?

La psicoterapia puede definirse como una tecnología basada en la conversación entre un experto y un paciente que consulta a partir de unos síntomas de origen psicológico. En la psicoterapia no suelen usarse fármacos aunque también es posible una combinación de ambos. La idea de que la psicoterapia no es más que un placebo es una idea bastante antigua y no ha sido puesta a prueba por la mala fama que arrastra la palabra «placebo» siempre identificada con el engaño. Lo cierto es que sea como sea la efectividad de la psicoterapia es similar al tratamiento convencional con fármacos en las patologías psiquiátricas menores al menos en la población general.

Efectividad de la psicoterapia.-

1)Que la psicoterapia es igualmente de eficaz que los tratamientos médicos convencionales en una muestra aleatoria de pacientes con problemas mentales o emocionales si bien su eficacia aumenta con la repetición de las sesiones y la duración total del tratamiento.
2) Que la variable crítica de la psicoterapia no estaba en la técnica dado que orientaciones diferentes daban los mismos resultados.
3) Que las psicoterapias funcionan por cosas diferentes a las que sus defensores defienden.
4)Que las psicoterapias son más exitosas en un determinado grupo de pacientes y son ineficaces en otros, aquellos pacientes que tienen fácil verbalización, inteligentes, jóvenes, con un gran potencial de cambio y con gusto por el autoexamen, son los mejores candidatos para una psicoterapia. El potencial de cambio y el deseo del mismo son las variables criticas para el logro del cambio.
5) Que el sufrimiento mental no es la misma cosa que la enfermedad o los trastornos mentales reglados y que seguramente aquellos responden mejor que estos últimos.
6) Y que de entre todas la variable más importante de una terapia la personalidad de quien la imparte.

El tema quedó liquidado o casi con estas conclusiones y algo aun más insólito: las psicoterapias eran exitosas o fracasaban por algo que estaba más allá de sus concepciones teóricas. Dicho de otro modo: eran todas igualmente útiles o no lo eran fueran cognitiva, existenciales, dinámicas o conductuales. Y más probablemente el éxito de las psicoterapias se debía a factores comunes, es decir cuando funcionaban lo hacían por algo común a todas ellas y no por lo que los terapeutas especulan.

Y por último: hay algo en el inconsciente del terapeuta que cura y algo en el consciente del pacientes que quiere curarse. Dos plataformas que son complementarias entre sí y que muchas veces dan lugar a anclajes profundos y otras veces a anclajes débiles y burbujas ilusorias pues existe otra cuestión ajena al paciente y al terapeuta: los recursos disponibles.

El paciente lleva una camisa a rayas y el terapeuta otra camisa parecida, cuando se da cierto ángulo que en este caso es la proximidad y la escucha, sucede algo extraordinario: emerge un nuevo patrón que llamaremos vínculo y que es en realidad una negociación, una modificación cognitiva de lo vivido, un cambio en el relato que el paciente nos trajo. Un trabajo creativo llevado a cabo entre dos que pactan una nueva novela sobre lo que sucedió, lo que está sucediendo y lo que podrá suceder.

Esta forma de pensar la psicoterapia excede lo que en términos clásicos llamamos transferencia y contratransferencia. En realidad lo que se transfiere es el rayado de la camisa de cada cual que puede ser muy parecido o en absoluto concordante con la plataforma ajena. Simplemente hay rayados que son compatibles y rayados que no lo son, como sucede en el amor: ese otro encuentro mágico.

Si el lector quiere profundizar en los riesgos de la psicoterapia le aconsejo que visite este post