Dostoyevski y la psicología

Hay dos formas de considerarse un insecto, una de forma consciente como Gregorio Samsa en la Metamorfosis y otra de forma inconsciente como Raskolnikov en «Crimen y castigo». Son las dos formas más conocidas de autodesprecio. @pacotraver

Recientemente con el crimen de Lardero se ha vuelto a poner de manifiesto la idea repetida hasta la saciedad por mis compañeros psiquiatras de que ese tipo de criminales como Francisco Javier Almeida no son enfermos mentales. Esta idea a la que yo me he adherido durante mucho tiempo, acostumbrado como estaba a ver enfermos mentales, creo que necesita una revisión.

Es verdad que existen crímenes cometidos por enfermos mentales graves como el de la doctora Noelia de Mingo reincidente en su pulsión homicida después de haber sido condenada por un crimen anterior en su Hospital. Pero la verdad es que este tipo de crímenes son poco frecuentes, me refiero a los crímenes que cometen enfermos mentales verdaderos usualmente aquejados de formas malignas de esquizofrenia, donde los motivos para el crimen están relacionados con delirios paranoides u ordenes que el paciente acata automáticamente sin ningún tipo de juicio por su parte.

Pero en realidad los crímenes tienen casi siempre tres móviles 1) la venganza, 2) el sexo y 3) el dinero. También existe el arrebato criminal, es decir aquel que sucede sin ningún tipo de planificación y que responde a un estado mental que pudieramos calificar de enajenación puntual después de una discusión banal de tráfico o de bar, casi siempre en relación con drogas o alcohol.

Pero existen otro tipo de crímenes como el de Lardero que nos ponen los pelos de punta precisamente por dirigirse hacia un niño en una persona con antecedentes muy violentos y que ya había demostrado su interés por los niños y cumplido condena por un crimen anterior con motivación sexual y mucho sadismo de por medio. Dicho de otro modo, se trataba de un psicópata y también de un pederasta y vale la pena recordar que la pederastia es una patología no solo admitida por las clasificaciones internacionales sino por el sentido común: pero hay algo averiado o roto en esas personas que llamamos psicópatas y que no nos atrevemos a clasificar como patología mental quizá porque los rasgos psicopáticos son muy frecuentes en la población general tomados de uno en uno y de alguna forma «ser un psicópata» no fractura de un modo tan impetuoso el sentido de realidad como una psicosis. Un psicópata es una persona indistinguible de cualquier persona, incluso a veces es una persona con cierto atractivo o agradabilidad. Su locura no es cognitiva como en las enfermedades mentales comunes sino moral, y lo moral de momento no está clasificado en ningún manual de psiquiatría, tampoco los DSMs parecen estar interesados en ello.

De manera que lo mejor para saber algo sobre criminales es leer a Dostoyeski, más concretamente «Crimen y castigo».

La Rusia de Dostoyevski.-

Dostoyevski nació en Moscú en el primer cuarto de siglo XIX, me interesa sobre todo dar cuenta de la situación de ese país bajo el dominio de los zares y de las causas de su atraso, también me interesará describir su sociedad dividida en castas inmutables y en un anhelo que parece brotar de todos y cada uno de los personajes de Dostoyevski, me refiero al anhelo de adquirir un mayor estatus del que se tiene, algo que el maestro describe con minuciosas descripciones de la vida corriente en cada un de sus personajes.

El 80% de la población rusa eran, en aquel momento «siervos». Un siervo no era un esclavo como los de USA, tenia ciertos derechos, por ejemplo tenia admitida su condición de humano, por tanto el dueño no podía matarlos, aunque podía maltratarlos y venderlos. Los siervos no podían abandonar la heredad que les correspondía ni viajar libremente y si esta heredad era vendida ellos formaban parte de esa venta aunque podían ser vendidos aisladamente de la tierra.

Vale la pena señalar que las condiciones de vida de estos siervos era -sin embargo- muy parecida a la de los esclavos de las plantaciones de algodón de USA y que el maltrato y el látigo solían ser la forma de castigo usual para cuando las expectativas de los amos no fueren cumplidas. Lo importante es señalar que el padre de Dostoyeski -que era medico en un Hospital de pobres- tenia siervos a su servicio en alguna de esas fincas enormes dedicadas a abastecer de cereales las grandes ciudades rusas. El padre de nuestro autor fue asesinado precisamente como venganza de sus siervos. Es interesante señalar ahora que en Crimen y castigo, Raskolnikov también tiene un padre que es asesinado; hay pues ciertas concomitancias autobiográficas entre Dostoyevski y Raskolnikov. Podríamos decir que Dostoyeski y Raskolnikov son la misma persona aquejada por un trauma que para Freud, fue determinante en su vida ulterior. En su ensayo «Dostoyeski y el parricidio» plantea Freud su hipótesis de que la culpabilidad de ambos personajes -uno real y otro imaginario- procede de este hecho. Culpabilidad que deriva del hecho -según Freud- del deseo parricida que ambos desarrollaron a lo largo de su vida. Cosa que, por otra parte es probablemente cierta a poco que sepamos del carácter de estos padres de aquella época, excesivamente severos en su trato con sus 7 hijos, en suma lo que hoy entendemos como maltratadores y que a la postre le costó la vida.

Paradójicamente la servidumbre operó como un freno para la revolución industrial, mientras las clases trabajadoras progresaban en toda Europa gracias a la aparición de las clases medias y la «mentalidad de tendero», los pequeños negocios que hoy llamamos Pymes, en Rusia el atraso de una sociedad agrícola, con estructuras políticas y leyes anticuadas y una población analfabeta, atrasada y famélica no logró escapar de su destino ni siquiera con la medida del zar Alejandro de liberar a los siervos.

Liberar a los siervos no resolvió el problema sino que lo agravó. Lo que sucedió fue que muchos de ellos emigraron a las grandes ciudades, Moscú y San Petersburgo, pero allí no solo no había trabajo sino que las condiciones de vivienda eran degradantes, el hacinamiento era la regla: una familia con 5 o 6 hijos vivían amontonados en una habitación donde escaseaban no solo los alimentos sino la calefacción. San Petersburgo alcanzo en 1844 una temperatura de -35 º C. Podemos adivinar las condiciones en la que aquellos ex-siervos -ahora liberados- vivían sus vidas agravadas por el vodka y todos los vicios. Lo usual era que las muchachas jóvenes se prostituyeran para mantener a sus familias donde siempre había un padre borracho, algo que también describe con toda clase de detalles nuestro autor.

Raskolnikov es un estudiante de derecho que queda sin recursos y no puede seguir estudiando, se dedica a vagar, visitar tabernas, escuchar conversaciones y tratar con todo tipo de parias que la vida le pone a mano. Lo interesante de su psicología es que Raskolnikov presenta cierta anomalía mental que es difícil de atrapar y sobre todo una personalidad complicada. Por ejemplo, piensa que existe y debe existir una doble moral, una para los hombres corrientes y otra para los hombres extraordinarios, aquí se encuentra en embrión la teoría del Superhombre de Nietzsche del que Dostoyevski es un adelantado. Naturalmente Raskolnikov siente que pertenece a este tipo de hombres, algo que es recurrente en la obra de Dostoyeski: sus personajes tienen pretensiones (como él las tuvo literarias). Pretenden cosas que existen pero que no están a su alcance, merced a esa sociedad cerrada que no permite ascensores sociales en su seno: la única manera de progresar en esa Rusia es el matrimonio, no es de extrañar pues que cierta frustración social acompañe a todos y cada uno de los personajes del autor. Frustración que además les acompaña en sus aventuras sentimentales. Ser rechazado por la dama a la que se aspira es otro de los temas de Dostoievski, parece que en Rusia en esa época nadie obtiene lo que desea.

Pero la frustración de Raskolnikov es el dinero pues está siendo mantenido por su madre y su hermana aunque dispone de algunas joyas que empeñar e ir tirando. Eso hace cuando conoce a la vieja prestamista, una usurera.

La figura del usurero es una figura antipática para todos nosotros, lectores de novelas. Cobrar intereses por prestamos que se conceden a veces en condiciones dramáticas es algo que nos desagrada, que nos conmueve. Es por eso que el crimen de Raskolnikov cuenta con las simpatías del lector, a fin y al cabo la vieja prestamista era un personaje despreciable, se lo merecía. Quien no se lo merecía era la joven sobrina que por accidente coincide en la escena del crimen y se lleva también un hachazo por parte de Raskolnikov y aquí comienzan las dudas del lector: «No quise matarla» le confiesa Raskolnikov a Porfirio el juez que investiga el crimen.

Lo cierto es que el robo parece el movil del crimen pero Raskolnikov pierde parte de su botín en su huida y además entierra la otra parte sin que en toda la novela tenga la necesidad de rescatarlo. El botín le quema en las manos. Podriamos decir que le enferma pensar en él.

Lo cierto es que su crimen no parece un crimen psicopático a juzgar por los sentimientos de culpabilidad que le siguen (un psicópata no siente culpa). Más que eso, después del crimen Raskolnikov parece entrar en un estado disociativo, que Dostoievski llama «delirio» por su parecido a un delirio febril. Raskolnikov enferma después del crimen y sobre todo siente una pulsión que podríamos llamar «pulsión a confesarlo todo», pues esta es quizá la mejor forma de quitarse de encima la culpabilidad que siempre es individual. El castigo es la mejor forma de purgar una culpa.

Vale la pena que el lector lea el próximo post dónde abordaré los diálogos entre Raskolnikov y su médico Azimov. Observaremos allí como existió una psicología realista antes de que existiera una psicología naturalista calcada del modelo biomédico.

Hoy es precisamente ese modelo biomédico el que no nos permite calificar de forma psiquiátrica al asesino de Lardero. No cabe en las clasificaciones, se cae por las grietas y es posible que encontremos en TVE durante un tiempo a psiquiatras diciendo que estos criminales no están enfermos pero si perturbados o enajenados. Esta contradicción hay que perseguirla históricamente a través de la novela que es mucho más fiable y descriptiva que las historias clínicas de entonces y las de ahora.

Bibliografía.-

S. Freud (1927) Dostoyevski y el parricidio

Estatus y mérito

Después del éxito del libro de George Sandel, «La tiranía del mérito», ha habido algunas voces que han aprovechado el rebufo para mostrar sus prejuicios contra el mérito y el esfuerzo individuales como ascensores sociales. Me refiero concretamente al premio que se le ha concedido a Carlos Gil autor de una tesis que concluye que la meritocracia no funciona.

Sociólogo de profesión, Carlos Gil está interesado en saber si es el esfuerzo y el mérito son por sí mismos buenos predictores de éxito social, así dice:

«Si tan importante fuese el rendimiento académico, las habilidades y el esfuerzo (que solemos pensar que se trata de una decisión individual, meramente voluntaria), ¿por qué los estudiantes de clases más altas que rinden peor o se esfuerzan menos terminan notándolo menos que las bajas en su rendimiento y su estatus posterior, como han comprobado anteriores estudios?»

Su conclusión es que aunque un «rico» carezca de mérito alguno, el resultado es que siempre llegará más lejos en cuanto a estatus económico que un igual que pertenezca a una clase inferior. O dicho de otra forma: no hay equivalencia en cuanto a resultados en función de la clase social. Los tontos ricos tienen a la larga más probabilidades de ascender en la pirámide social que los pobres.

Admite Gil que las desigualdades ya se manifiestan en los primeros años de la vida y estoy en este aspecto de acuerdo con él. No es lo mismo nacer en una casa donde los padres leen que en una casa donde no exista un solo libro.

“La investigación muestra que las familias de clase social más alta consiguen realizar más inversiones culturales y económicas en la educación de sus hijos gracias a sus recursos, lo que da pie a que desarrollen esas habilidades que los profesores luego consideran mérito académico”. Incluso el esfuerzo, que suele considerarse una elección personal, se transmite culturalmente de manera distinta entre padres e hijos según su nivel socioeconómico.

Esto es verdad a medias, lo que define a las clases medias es la inversión que dedican a sus hijos, una confianza en el futuro y el ahorro como mecanismo de objetivación de esa confianza. No es que lleven a cabo más inversiones culturales porque tengan más dinero sino porque forma parte de sus valores y el esfuerzo es parte de esos valores, una especie de valor estoico. La pobreza puede definirse en función de estos valores morales junto a los ingresos y la educación, el «vivir al día» y el hedonismo es todo lo contrario de la ética de la inversión en el futuro, de modo que es muy posible que lo que defina a la pobreza es más bien un espíritu muy distinto de aquel que animaba a las clases medias que comenzaron a emerger en Inglaterra casi al mismo tiempo que la revolución industrial: una sociedad de tenderos, es decir de pequeños negocios.

Por otra parte lo que dice Gil en su articulo no coincide con lo que llevo visto en mi vida. Los ricos de mi pueblo se han ido empobreciendo y al contemplar su tercera generación observo que se han quedado en una medianía que coincide a veces a la baja con los descendientes de tercera generación de aquellos «pobres» que hace 50 años eran casi invisibles. Dicho de otra manera, si lo contemplamos con la perspectiva de tres generaciones, el que está arriba (a no ser que sea un millonario de esos que representan el 0,1% de la población), no tiene más remedio que caer (regresión a la media) en cuanto al estatus de sus abuelos y al contrario: los «pobres» han medrado y prosperado a partir de ciertos ascensores sociales: el matrimonio, la educación y el trabajo productivo.

Por otra parte creo que Gil no aborda una de las variables más importantes y que tiene que ver con el mismo concepto de estatus. ¿Qué es estatus?¿Solo existe un estatus socioeconómico?

El estatus es una abstracción que tiene que ver con el puesto que ocupamos en una supuesta pirámide social, ¿en qué piso vivimos?¿Cual es nuestra influencia y poder?. En realidad el término «estatus» es confuso porque procede de la sociobiología y se refiere al poder de machos (o hembras según especies) de conseguir -gracias a su lugar en la manada- más coitos y más cuidados en forma de «grooming«. Conseguir un mayor estatus es pues una motivación que incluye a las especies no-humanas y que asegura una mejor vida, más larga y fértil y con menos enfermedades que las que sufren el resto de los individuos. No es de extrañar que nosotros los humanos seamos capaces de cualquier cosa para aumentar nuestro estatus tal y como ha recogido Pablo Malo en este articulo como prólogo de lo que será su próximo libro.

Ahora bien estatus y mérito no tienen nada que ver, se puede alcanzar un alto estatus sin ningún mérito, algunas mujeres lo alcanzan a través del matrimonio o de favores sexuales a alguien con un gran estatus, algunos hombres lo llegan a alcanzar a través de trabajos dudosamente morales o francamente ilegales. El jefe de una banda de delincuentes juveniles alcanza un gran estatus dentro de su grupo y no digamos nada de los jefes de cárteles de narcotraficantes. El estatus se refiere siempre al grupo pero no al grueso de la sociedad.

El grueso de la sociedad premia no con estatus sino con prestigio a aquellos que lo merecen. El prestigio es la versión positiva -social- del estatus y no está relacionado directamente con el mérito del que habla Gil en su tesis. Una persona puede tener prestigio por dedicar su vida a cuestiones que la sociedad ha consensuado como útiles para el bien común. Y es ese bien común que parece que está en trance de desaparición a lo que se refiere Sandel en su libro contra el mérito así en bruto.

Pues es cierto que el mérito interpretado como una inversión de futuro para proporcionar un alto estatus a un individuo concreto es en realidad un ejercicio de individualismo feroz con un alto componente antisocial, sin embargo sin mérito personal ni esfuerzo alguno, no se puede llegar a parte alguna seamos ricos de cuna o pobres de remate. Es decir sin valores de clase media, es imposible el ascenso social aunque es posible mudar de estatus.

Pero hay otras variables que comentar. Me refiero a la reputación y a la fama. Se puede tener buena o mala reputación y buena o mala fama. Y eso no tiene nada que ver con el mérito sino con la confianza o la desconfianza que podamos tener en los argumentos de una persona de la que no solo extraemos contenidos de su discurso, sino también datos de su personalidad global que nos hace confiar o desconfiar de ellos de una forma intuitiva.

En nuestra era digital es más importante la reputación que el mérito o el estatus. El mérito es más bien algo relacionado con lo académico y el papel que juegan las universidades en este repliegue en lo individual y el estatus mucho mas relacionado con el atractivo y lo sexual.

El estatus es un atajo, pero por la vida fácil, sin valores añadidos y que a veces compromete nuestra reputación a largo plazo, y a veces nuestra salud o incluso la vida pues la jerarquía es ubicua en todos los grupos humanos y surge también espontáneamente en nuestra especie. 

La gelatina cósmica

La ciencia ficción -como el feminismo- es un género literario que ha atravesado múltiples etapas en su desarrollo, algo así como estas:

  1. Anticipación, como por ejemplo sucedió con los viajes a la luna o el submarino. Es la ciencia ficción de los precursores.
  2. Guerra de mundos que predominó durante la guerra fría, los extraterrestres vistos como los malos de la película.
  3. Contactos benignos con otras entidades. El buenismo de la ciencia ficción, vale la pena señalar ET o encuentros en la tercera fase.
  4. Distopias. La orweliana de 1984, o las de Ray Bradbury en Fahrenheit 451.
  5. Ficción filosófica cuya obra cumbre pertenece a Kubrick y su delirio gnóstico en «2001, una odisea del espacio».

Después de Kubrick pareciera que estaba todo dicho en ciencia ficción pero llegó Stanislaw Lem (1961) para poner patas arriba el paradigma de la ciencia ficción,, su razón de ser, que no es otro sino el «contactismo», del cual las abducciones son uno de sus mitos más logrados. La idea de que de existir vida extraterrestre esta debe ser parecida a la nuestra y que su propósito es contactarnos, nos es imposible imaginar una inteligencia superior -pues superior sin duda habrá de ser esa inteligencia, si puede viajar desde lejanas galaxias hasta nosotros- que no proceda de alguna forma de vida similar a la nuestra, se conoce con el nombre de antropomorfismo, la idea de que de existir esas formas de vida deberían ser parecidas a la nuestra con piernas, cabeza y brazos aunque nos los podamos imaginar como hombrecillos verdes.

Lo cierto es que la novela de Lem es una obra cumbre de la ciencia ficción, más que eso, una obra que trata de romper el paradigma clásico del «contacto» y de paso criticar la metafísica Kubrickiana con pretensiones evolucionistas que en 2001 parecía señalar hacia una evolución de la conciencia superior, una idea gnóstica pues la gnosis es el conocimiento basado en la experiencia o percepción personal. En un contexto religioso, la gnosis es conocimiento místico o esotérico basado en la participación directa con lo divino.y es algo que solo puede llevarse a cabo a través de un proceso personal de «escalada» en el nivel de conciencia. Pero Lem está en contra de esta idea, su posición es que la conciencia humana es incapaz de entender ciertos misterios, más que eso, está limitada y su imaginación está presidida por la idea de que de existir otro tipo de inteligencia sería imposible contactar (comunicarse) con ella de una u otra manera.

¿Pero qué sucedería si existiera una forma de inteligencia a-biológica, una inteligencia o pensamiento inmaterial? ¿Se puede pensar sin intentar comunicarse? Algún tipo de inteligencia que procediera de la enormidad, de la masa de algo aparentemente informe o mineral.

Imagina que eres el personaje principal de un juego de ordenador, me refiero a esos juegos donde el protagonista puede crear mundos a su voluntad, para lo que dispone de ciertas herramientas para construir ferrocarriles, puentes, ciudades enteras, puede desviar ríos y construir embalses al mismo tiempo que puede transformar desiertos en huertos llenos de vegetales y frutales, dispone también de armas para enfrentarse a sus enemigos pero no puede evitar someterse a ciertos limites que vienen definidos por las características del propio juego. No puede volar y ha de desplazarse siempre a través de vehículos, no tiene posibilidad de bilocación (no puede estar en dos sitios a la vez), carece de telepatía y no tiene más remedio que comunicarse a través de palabras, etc.

Podríamos decir que nuestro héroe dispone de su imaginación para inventar su mundo pero que también tiene sus limites y su principal limite es que no conoce los códigos con los que el programador ha construido su programa. Puede intentar deducirlos o inventar los suyos propios (si tiene dotes para la informática) pero aun habiéndolos descubierto no podrá estar nunca seguro de que sus códigos coinciden con los códigos del creador del juego.

Esto es lo que les sucede a loa astronautas de Prometeo, la nave que se encuentra en la orbita de Solaris y que están alli para seguir adentrándose en los misterios de ese planeta que ya acumula una enorme cantidad de bibliografía e hipótesis acumuladas durante siglos nunca demostradas.

El oceano de Solaris.-

Solaris es un planeta un poco especial, está constituido por un océano gelatinoso que prácticamente ocupa todo el planeta, lo interesante de este océano es que tiene ciertas características que influyen en aquellos que se le acercan, una influencia sutil, como caricias de terciopelo a los que se les acercan, caricias que no tocan, pero sin duda la influencia más relevante es que es capaz de apropiarse de recuerdos de los nautas y al mismo tiempo de corporeizarlas.

Su superficie está cubierta principalmente por lo que parece el océano de la consistencia gelatinosa, según algunos estudiosos, un ser sensible único y gigantesco capaz de influir incluso en el movimiento del planeta en órbita alrededor de un sistema estelar binario -con dos soles- debe ser irregular y, por lo tanto, no adecuado para el desarrollo de la vida. De manera que los científicos saben que el planeta ha modificado su órbita de un modo autónomo, conformando adaptaciones a ese orbitar por dos soles. esta actividad adaptativa es una prueba de que en él hay algo vivo, algo parecido a una inteligencia.

Mimoide de Solaris

La actividad de Solaris se manifiesta por la generación continua de estructuras complicadas y gigantescas de naturaleza incomprensible, de material coloidal que se consolida y licúa. Las estructuras más grandes se presentan como representaciones multidimensionales, a menudo con la aparición de emulaciones de estructuras humanas como ciudades; los estudiosos han catalogado tales manifestaciones con nombres extraños como «mimoide» , «simetríada» y «asimetríada» . Algunos investigadores creen que Solaris es capaz de pensar, a pesar de la imposibilidad total de identificar cualquier patrón de comunicación en sus manifestaciones materiales. El propósito de las diferentes misiones es establecer contacto con el planeta y comprender su verdadera naturaleza. A pesar de la gran cantidad de estudios en todas las ramas de la ciencia (que en la novela se define como una disciplina en sí misma, la » Solaristica «) , el planeta y su Océano siguen siendo un misterio absoluto: Solaris escapa al conocimiento humano, para aquellos que pueden ser los datos recogidos o las teorías formuladas.

El espíritu oceánico.-

La primera idea que asocié a través de la lectura de Solaris fue la idea de «espíritu oceánico» de Roland, que mantuvo un «contacto» epistolar con Freud:

«El sentimiento oceánico se manifiesta en el sujeto como la percepción de que las fronteras entre el yo y el mundo se diluyen por un instante. Esta disolución permite al individuo captar el mundo como totalidad orgánica, interdependiente y bella en sí misma. Los problemas personales se tornan nimios y durante unos momentos nuestro cuerpo se llena de un inusual placer beatífico.

¿De dónde provendría esta sensación? Para Rolland y para aquellos abiertos a la trascendencia, el “sentimiento oceánico” sería una ventana abierta a un mayor nivel de comprensión de la realidad. Es decir, estos estados de conciencia, ya surjan de manera espontánea o sean buscado, nos permiten intuir la imbricación profunda y con sentido de todos los elementos que constituyen la pluralidad de lo que percibimos. Este sentimiento sería, según Rolland, el origen de la religión, pero también es posible que se trate de una experiencia que admita variadas hipótesis como las solaristas.

Freud, desde una perspectiva atrascendentalista, no negará el sentimiento en sí sino la interpretación que de él hace Rolland. El psiquiatra hace un análisis de como se genera en nosotros el concepto de yo; el bebé durante la gestación no siente claramente los límites físico que existen entre el líquido amniótico y su propio cuerpo. En este primer estadio, es un uno indiferenciado con la madre gestante pero el parto no cambia sustantivamente este sentimiento de indiferenciación; el niño solo aprende que es algo distinto al mundo que le rodea tras un largo proceso de desarrollo, en este proceso comprende que el placer y el dolor no proceden de uno mismo sino que es generado por entes distintos a él. De este modo, paulatinamente adquiere la capacidad yoica, y llega a distinguirse del mundo circundante y, por lo tanto, a ser autoconsciente. En este punto Freud concluye que tal sentimiento no puede ser el origen de la religión ya que la fuerza creativa de la mente humana nace de la satisfacción de una necesidad, no de la regresión momentánea a un estadio psíquico anterior».

El caso es que la experiencia oceánica existe y me llama la atención los paralelismo existentes entre el funcionamiento de la mente humana, los estudios de la neurociencia y los estudios sobre el océano de Solaris, pues como en la mente humana somos capaces de observar su superficie pero los mecanismos que están debajo, tenemos que suponerlos tejiendo una red causal que se revela siempre incierta. Por ejemplo, conocemos bien como funciona la razón pero no sabemos porqué existen vivencias irrazonables, el apego no es razonable, ni la prohibición del incesto ni mucho menos la fobia o vergüenza de los niños a los extraños o a la oscuridad.si bien existen algunas diferencias entre nuestro cerebro y Solaris como veremos inmediatamente.

Kris Kelvin es uno de los astronautas que se encuentra en la estación espacial que sobrevuela la atmósfera de Solaris, se trata de un hombre que arrastra una pena particular, su compañera se suicidó después de que le amenazara con hacerlo y él no la tomara en serio. No sabemos porqué Harey lo hizo pero sabemos que arrastra una culpabilidad bien comprensible por este hecho posterior a una discusión. El asunto es que una vez llega a la estación espacial comienza a visualizar una serie de presencias humanas en su interior que no se corresponden con el resto de personal navegante. Pronto se manifiesta su amada Harey, pero no se trata de un espectro sino una Harey de carne y hueso, solo que carece de memoria, no recuerda nada de su pasado, ni qué hace allí ni como ha llegado pero es un doble perfecto de la Harey original, si bien es un doble, podríamos decir, simplificado que conserva la mente de la original Harey, su lenguaje gestual y su amor por Kris, pero hay un defecto, tiene que estar siempre con él y Kris que al principio está asustado por la aparición no tiene más remedio que hacerla desaparecer poniéndola en órbita con un cohete auxiliar.

Pero Harey aprovecha el sueño de Kris para volver a aparecer -sin recordar pero intuyendo- que Kris pretende deshacerse de ella. Las presencias aprovechan el sueño de los nautas para corporeizarse de nuevo y cada uno de ellos tiene su propia sombra que les acompaña en todo momento. Se trata de recuerdos traumáticos, como no reconocer a esos espectros sin memoria pero con cuerpo real que merodean por nuestra vida, al tiempo que carecen de memoria como los eidolones que pueblan el Hades. Pareciera como si Solaris pudiera detectar esos recuerdos cristalizados y hacerlos emerger.

Este es uno de los fenómenos que el océano puede inducir en aquellos que se les acercan y ellos los nautas están allí precisamente para conocer los procesos que el océano lleva a cabo para ¿comunicasre con ellos? Esta es la teoría del físico de la expedición que se saltará las reglas para inducir cambios a través de rayos X y encefalogramas de Kris.

Kris es psicólogo y sabe o intuye que comunicarse con Solaris es imposible (esta es la tesis de Lem) y que se trata de una metáfora de Dios, pero no del Dios que estamos acostumbrados a pensar sino un Dios imperfecto, no omnisciente, ni omnipotente sino una forma de pensamiento abiológica que no pretende comunicar nada sino simplemente manifestar sus potencialidades, expresando su inteligencia mineral.

De manera que Dios de existir no es como lo imaginábamos sino una forma de inteligencia imperfecta que está mas allá de nuestra comprensión científica y que ninguna hipotesis podrá verificar jamás.

Bibliografia.-

El sentimiento oceanico

Solaris: la novela

¿Es posible la telepatía?

Juan 1:1 RVA2015

En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios.

Recientemente he leído un articulo publicado en el diario «La Razón» sobre Elon Musk y su proyecto Neuralink y el autor -que es Ignacio Crespo- asegura que entre sus proyectos el más adelantado es el que nos permitirá la comunicación «mente a mente», lo que se conoce con el nombre de telepatía.

En realidad el articulo de Crespo es algo así como la refutación de algo bien conocido: que las neuronas no pueden comunicarse entre si a distancia por la razón de que su carga electromagnética es demasiado débil para atravesar no solo el craneo sino viajar a cierta distancia por el aire para encontrar un receptor de esa señal. Por ello atendiendo a las propuestas de Musk se adentra en el territorio de los artefactos o prótesis cerebrales que podrían ayudar a nuestro cerebro a amplificar esa señal.

¿Pero qué sucedería si esa señal no fuera electromagnética? ¿Qué sucedería si esa onda no viajara a la velocidad de la luz sino que pudiera ser transmitida al instante? ¿Qué sucedería si esa señal no se transmitiera por el aire?

Preguntas que nos llevan a otra cuestión, ¿si no son ondas electromagnéticas, ni se transmiten por el aire y pueden viajar más allá de la velocidad de la luz, entonces como funcionaría ta cosa?

Todos los lectores de este post habrán ya leído lel texto de los evangelios que lo preside y quizá estén preguntándose que relación hay entre ese salmo y la cuestión de la telepatía. Antes de entrar en detalles me gustaría decir que la idea de que Dios creó el mundo a partir de su palabra, el Logos, es una idea que está presente en prácticamente todas las cosmogonias y no solamente en la judeo-cristiana, desde los Vedas hasta en el Bhagavad Gita. Parece un poco exagerado decir que el mundo material tal y como lo conocemos procede del sonido, pues en definitiva una palabra es un sonido que contiene además información, pues nuestra percepción directa nos lleva a dudar de esta cuestión, al fin y al cabo todos sabemos que las palabras no crean realidades materiales, aunque pueden crear realidades imaginarias, los políticos lo saben bien a través de su dominio de la propaganda.

Dicho de otro modo, el sonido, la palabra, el Logos es una metáfora de otra cosa que comparte con el sonido las siguientes características:

1.- Esta cargada de información, las palabras comunican.

2.- Es una onda mecánica elástica.

3.- Necesita un medio elástico por el que viajar que transmita la perturbación (por ejemplo el aire)

4.- Al desplazarse imprime dinamismo, pone en movimiento lo estático.

¿Existe algún tipo de fuerza que cumpla estas características? De existir podríamos afirmar que se trata de esa fuerza a la que remiten estos textos sagrados.

La naturaleza del tiempo.-

Los griegos tenían tres palabras para designar el tiempo, la primera es Aion, la segunda Cronos, la tercera Kairós.

  • El tiempo, más conocido por todos, el cronológico, el que marcan los relojes. La hora como intervalo simétrico igual a sí misma en todos los casos.
  • El tiempo atmosférico, es decir el que se refiere al clima (wheather en inglés, oratge en valenciano).
  • El tiempo como experiencia subjetiva, como tiempo vivido. Es esa extraña cualidad que hace que el tiempo transcurra más lentamente cuando somos jóvenes y más velozmente cuando somos mayores o estamos aburridos, se trata de un tiempo asimétrico donde no es posible asegurar que los intervalos del pasado son o serán iguales que los del futuro.
  • El tiempo como momento oportuno, como momento justo. Estar en el sitio adecuado en el momento adecuado, algo que remite al sentido de oportunidad. El kairós de los griegos.

“El tiempo es una metáfora de la eternidad”.

Confieso que hasta hace poco tiempo, la palabra tiempo»era para mí algo más relativo a la poesía que a la ciencia pero después de leer la monografía de Helios Jaime he cambiado mi opinión, efectivamente existen al menos dos clases de “tiempo” de lo que los físicos  y los cosmólogos podrían decir más cosas que yo. Uno es eso que llamamos duración y que mide esa entelequia que llamamos horas una forma arbitraria de dividir el día teniendo en cuenta lo que tarda la tierra en dar una vuelta completa sobre si misma.

Esta versión del tiempo que está relacionada con la duración de las cosas, de las cosas que están destinadas a desvanecerse o desaparecer fue en realidad un invento de los griegos. Ellos le llamaron Cronos y más tarde los romanos le pusieron el nombre de Saturno. Y de ahí viene la voz castellana “cronológico” con el que identificamos el tiempo en su versión de duración, ese que es una especie de plazo fijo para las vidas de los seres humanos y para todo lo vivo.

Pero los griegos tenian otra versión del tiempo al que llamaron aion que en griego actual significa “siglo” pero que en su versión clásica nombraba la expansión infinita o eterna del impulso vital. De ella deriva la voz latina aevum (eternidad) y la castellana “eones” con la que denominamos hoy  una interminable cantidad indeterminada de tiempo y de ella procede también la voz francesa élan, impulso. Y otra palabra importante: eter.

No deja de ser curioso que los clásicos de todas las culturas dispusieran de una palabra para designar el tiempo asimétrico, un tiempo vinculado al espacio tal y como sabemos hoy desde la enseñanza de Einstein. Y otra palabra para nombrar el tiempo como duración algo que siempre es simétrico lo que significa que una hora en el siglo X es igual a una hora del siglo XXI pues se trata de una convención, de algo consensuado.

Nada de esto parece suceder en el tiempo entendido como expansión permanente, desde el Big bang para acá nada hay de simétrico en el tiempo, el universo ha continuado su expansión lo que es lo mismo que decir que el espacio-tiempo se expande constantemente de forma infinita. Y equivale a decir que no existe una correspondencia simétrica entre cualquier instante del pasado y del futuro.

Significa que el tiempo contemplado de esta manera está relacionado con uno de los criterios fundamentales de la física cuántica, aquella que enunció Heisenberg con el nombre de principio de incertidumbre y que puede interpretarse de esta manera: aunque podamos atribuir duración (tiempo cronológico) a los fenómenos, a medida de que estos se alejan del presente hacia el futuro o el pasado, las previsiones son cada vez mas aleatorias. Una cuestión que todos podemos experimentar con nuestra propia memoria: simplemente no podemos asegurar que nuestros recuerdos respondan a la verdad vivida desde el punto de vista histórico, nuestra memoria nos engaña o dicho de otra manera no podemos asegurar que lo que recordamos responda a la verdad experimentada puesto que se rigen por los principios cuánticos de probabilidad, las previsiones son así aleatorias.

El tiempo se puede medir pero esta medida no se corresponde con el tiempo propiamente dicho. El tiempo en realidad carece de duración.

Porque el tiempo es en realidad una fuerza, una fuerza que contiene información y no representa la sucesividad salvo en las condiciones en que lo experimentamos, en nuestro horizonte de sucesos.

El tiempo según Nicolai Kozirev.-

El tiempo es la propiedad más importante y enigmática de la naturaleza. El tiempo no se propaga como las ondas de luz, sino que aparece inmediatamente en todas partes.

Para Kozirev el tiempo es ubicuo, está en todas partes porque no se propaga por el aire sino por el eter (el campo vacio). Significa que para él la entropía no es la unica dirección ineludible hacia la muerte térmica del Universo sino que necesariamente deberiamos contemplar la existencia de una neguentropia que provocase un desequilibrio constante capaz de promover la vida eternamente.

La definición que dio del tiempo fue que era la distancia, la velocidad de transición entre causas y efectos.

1.- El tiempo posee una propiedad que permite distinguir las causas de los efectos. esta propiedad determina la diferencia entre pasado y futuro.

2.- Las causas y los efectos están siempre separados en el espacio. Por lo tanto existe una diferencia de espacio arbitrariamente pequeña pero distinta a cero entre ellos.

3.- Las causas y los efectos están separados por el tiempo, por tanto una diferencia arbitrariamente pequeña pero distinta a cero existe entre ellos.

Para Korizev el curso del tiempo es una constante como la velocidad de la luz o la constante de Plank, y está caracterizado por una fuerza activa y una fuerza pasiva que se conocen con el nombre de ondas de torsión y que son compartidas por todos los sistemas que giran alrededor de un eje, vórtices explosivos e implosivos, una dinámica muy conocida: la toroidal. En el aumento de entropía se emite tiempo mientras que el aumento de neguentropia absorbe tiempo. Es decir el tiempo fluctúa entre dos vórtices uno de los cuales -el que procede del pasado es dextrógiro, destructivo, y discurre hacia afuera, mientras que el otro es contractivo, levógiro y discurre hacia adentro. Algo muy parecido a la idea del ying y el yang o a la teoría dinámica toroidal tal que así:





También lo podemos visualizar en este surtidor (aunque solo la parte superior, al que le podemos dar la vuelta:

De resultar cierta la teoría del tiempo-información de Kozirev nos permitiría especular con que la telepatia puede darse si bien es poco probable que lo permita en todas las personas y solo seria posible imaginarla en aquellas que comparten una misma linea de tiempo, es decir aquellas sincronizadas por razones afectivas o por intereses comunes. Tampoco tenemos que imaginarnos la telepatía como un sustituto del teléfono, es poco probable que la telepatía nos permitiera llegar a mantener conversaciones complejas con nuestros acompañantes en el camino de tiempo pero podríamos recoger impresiones sensoriales, emocionales o ideas fugaces como los «eurekas» o insights significativos. No precisaría pues ningún viaje por el aire, ni viajaría a la velocidad de la luz sino que utilizaría el campo vacío de mínima energía (eter) y el entrelazamiento cuántico, Más allá de la luz y la no-localidad.

Bibliografía.-

La trioría del todo: Nacho Lopez-Cabanas

El virus y la symploké

La mayor parte de la gente que conozco está persuadida de que «todo está relacionado con el Todo» y se dedican a encontrar el hilo que conecta unas cosas con otras, rebuscando indicios que siempre acaban por encontrarse. Pero está idea es falsa y metafísica, la verdad es que algunas cosas están relacionadas con otras y no están relacionadas en absoluto con otras tantas. Así, una definición de symploké es ésta:

«Como todo iniciado en el materialismo filosófico de Gustavo Bueno sabrá, en este sistema filosófico es de especial importancia el principio de symploké, una idea original de Demócrito de Abdera que luego retomaría Platón, y que hace referencia al entrelazamiento dialéctico de las cosas que constituyen una situación estable o efímera, una totalidad  sistemática (un sistema) en la que se dan momentos de conexión y conflicto y de desconexión e independencia entre sus partes (formales o materiales), sus secuencias o términos, etc., comprendidos en esa symploké».

O dicho de otra manera: «todo no está relacionado con todo»

En este sentido la symploké es el tipo de pensamiento opuesto al pensamiento mágico que teje las relaciones entre cosas alejadas unas de otras o que solo están conectadas por lazos de contigüidad, o de cacofonía o de temporalidad. Por ejemplo, la pandemia está relacionada con la aparición de las vacunas, de las mascarillas y de la coerción de libertades cívicas pero no es necesariamente su causa. La mayor parte de la gente confunden causa con correlación y el error más frecuente es cuando ambos fenómenos acaecen al mismo tiempo. Post hoc ergo propter hoc. Lo que sucede inmediatamente después no siempre es efecto de algo anterior.

Pero no es solo una falacia lógica es además la esencia de lo delirante. Tal y como comenté en este post el delirio puede ser paranoide (autoreferencial) o metanoide (explicativo del mundo). Pero un delirio es siempre un proceso de lógica no formal, en el sentido de que el individuo va de la categoría a la anécdota, de la conclusión hacia las premisas, es decir ya conoce el resultado del proceso, ya tiene una conclusión y opera hacia atrás, es decir desde la conclusión se modela una causa que le precede. Funciona más o menos así:

  1. Hay una ocurrencia sea delirante o no.
  2. Poco a poco esta ocurrencia se refuerza a si misma y termina por ocupar la mayor parte del centro de atención.
  3. Termina convirtiéndose en una creencia.
  4. Esta creencia opera hacia atrás buscando indicios que la justifiquen.
  5. La creencia va fortaleciéndose a medida de que extiende los vínculos entre ideas.
  6. La creencia se comparte y encuentra simpatizantes para su causa.
  7. La creencia termina por explicar cualquier cosa sin relación entre ellas.

El ejemplo de la pandemia.-

No cabe duda de que la pandemia que estamos viviendo ha supuesto un choque en el psiquismo de nuestros conciudadanos alterando no solo su forma de vivir sino estimulando su miedo a la muerte o a lo imprevisible, llevando a muchos de ellos a la ruina, o precarizando sus contactos sociales y familiares. No cabe duda de que estamos hablando de algo traumático y colectivo que ha irrumpido en nuestra vida llevándose por delante nuestro bienestar, nuestro trabajo o nuestra forma de socializar.

Ante esta situación caben dos posiciones existenciales y una intelectual:

  1. Seguir las instrucciones que nos proponen las autoridades sanitarias sin plantearse nada más con alguna escapada de la fila o alguna cana al aire.
  2. Negar la pandemia y creer que se trata de una maquinación de determinados poderes para terminar con nuestros derechos.
  3. La posición intelectual que yo defiendo es que la pandemia realmente existe pero ha sido utilizada para acelerar un proceso de ingeniería social que incluye cambios políticos, ecológicos, y psíquicos de características diversas y que en cualquier caso ya se había iniciado (agenda 2030). En este sentido la pandemia no ha hecho sino venir en ayuda de estos planes que en cualquier caso no son proyectos conspiranoicos o invención de paranoicos sino que están escritos y son en cierta forma públicos si bien están adornados con unos objetivos deseables, pues ¿quién estará en contra de tener un planeta más limpio o habitable? ¿Quién estará en contra de respirar un aire más puro?

¿Entonces porqué hablo de paranoia o metanoia? Si realmente la pandemia ha sido utilizada por estos poderes para doblegar nuestros derechos y nuestras voluntades, ¿por qué hablé de ese tipo de mecanismos?

Pues porque lo que caracteriza el pensamiento delirante no es solo una equivocación -un error cognitivo-, uno puede delirar con que es perseguido y serlo realmente. Lo que le caracteriza es la trama de relaciones que enhebra para justificar el resultado o conclusión previamente establecida. ¿Que la pandemia es falsa, qué puede significar?

Lo que dicen algunos ciudadanos es que en realidad es una especie de gripe, aportan para ello datos de la mortalidad, la desaparición de la epidemia de gripe estacional y que en realidad hay una agenda vacunal diseñada para disminuir la inmunidad humana y hacerla dependiente de más vacunas a largo plazo. Sin ignorar que las vacunas han sido comercializadas en un tiempo record y siend cierto que están provocando estragos inmunitarios o accidentes hematológicos en algunas personas, no creo que exista un plan más allá de eso. Así se publicitan muchos casos (sin que lleguemos a saber si son o no ciertos) pero que señalan hacia la idea de que las vacunas son peligrosas, lo cual es peligroso porque afectará en el futuro al calendario vacunal de los niños. El cuadro se completa con la idea de que en realidad la Big Pharma está detrás de esta conspiración junto con nombres de ricachones que todos conocemos ya.

Es verdad que ningún medicamento de los que están en el mercado hubiera sido comercializado con la mitad de efectos adversos que estamos observando y aunque todos los días salga algún experto para decir que estadísticamente estos efectos no son significativos, lo cierto es que no importa si lo son. Uno no enferma por estadística sino por algo que le han introducido con la intención de protegerle. ¿A qué viene esa negación de los efectos adversos? ¿No será que no quieren quedarse con las vacunas ya compradas sin usar?

Personalmente creo que a la Big Pharma no le interesa en absoluto en terminar con la humanidad pues su objetivo es vender y si no hay humanidad ¿qué otra cosa podrían vender? Esta idea es una derivada del pensamiento paranoide: hay una conspiración para enfermar a la humanidad. Bueno, hay una explicación más sencilla: hay una guerra comercial a ver qué laboratorio se lleva el gato al agua y con las prisas los Estados han permitido liberar a las farmacéuticas de sus correspondientes responsabilidades civiles en caso de accidentes, muertes o efectos adversos.

Otro creen que no existe en absoluto la pandemia y que los muertos que nos cuentan en TV, son atribuibles a otras causas y que se engordan las estadísticas para atemorizar a los ciudadanos incautos, a esos que «aun no han despertado» y no son capaces de ver la complejidad en toda su extensión. La prueba que aportan es que no se han hecho autopsias y por tanto no sabemos de qué murieron los que murieron. Lo cierto es que si lo sabemos: por una tormenta de citoquinas que entre otras cosas provocó trombosis diseminadas  y pulmonares. Es verdad que nadie encontró virus en los tejidos de los cadáveres pero los que así piensan creen que los virus pueden verse al microscopio con solo teñirlos con eosina. Nada de eso, aislar un virus es muy complejo y lo que hacemos para detectarlo es a través de métodos indirectos. Es más fácil genotipar un virus que aislarle y además es lo único patentable.

Es cierto que el PCR no parece ser el método más idóneo para detectar a los infectados, pero ¿alguien tiene otra opción? Lo cierto es que carecemos de un método de diagnóstico, en realidad es cierto que el PCR no es un método de diagnóstico, el mejor método es la clínica, es decir los síntomas aunque también es cierto que pueden confundirse con otras viriasis respiratorias e incluso con el resfriado común.

De manera que tenemos un panorama incierto: ignoramos muchas cosas sobre la pandemia, sobre el virus y sobre su origen, pero sabemos que es muy contagioso por vía aérea y poco letal, y que afecta sobre todo a la población envejecida o con patologías previas. No disponemos de un método de diagnóstico certero y parece que las vacunas no vayan a resolver de raíz el problema pues un vacunado puede ser a su vez contagioso. ¿Durante cuanto tiempo? No lo sabemos.

Las ideas paranoides parecen desarrollarse mejor en entornos de incertidumbre donde las opiniones están polarizadas o son muy diversas. A diario recibimos información sobre científicos que dicen una cosa o su contraria a la velocidad del rayo. Unos parecen defender la hipótesis oficial y otros son disidentes radicales y apelan a otras causas bien distintas al virus. Recientemente ha emergido el tema de los 5G o de las radiaciones no ionizantes como causa de esta pandemia. Bueno, la verdad es que el 5G no está implantado en toda España y en mi provincia -Castellón- ha habido casos, los esperados según su población sin 5G. De manera que las guerras comerciales no son solo cosa de la Big Pharma sino también de la telefonía. ¿Chinos o europeos? Por ahí va la cuestión.

Ahora bien, mas allá de la incertidumbre hay otras razones para el delirio colectivo y ambas son culpa de la administración.

Vivimos en un mundo hiperconectado, de manera que las prohibiciones y las censuras ya no son posibles como en la Dictadura donde un periódico podía ser cerrado, un libro secuestrado o el concierto de un cantante suspendido a última hora. Este mundo alternativo que llamamos redes sociales ha venido para quedarse y sustituirá más pronto que tarde a los grandes medios que todos sospechamos que se han vendido al mejor postor. Es lógico, todos están en la ruina y solo el estado puede rescatarles de su miseria económica. A un precio, claro: sostener al peor gobierno que ha tenido nuestro país en muchos años. De manera que los medios se dedican sobre todo a la propaganda y muy poco a informar, es por eso que los ciudadanos desconfiamos de ellos.

No son sólo errores lo que este gobierno ha cometido sino negligencias muy graves todo y teniendo en cuenta de que se trataba de una pandemia que nunca antes habíamos sufrido y con la ignorancia que aun arrastramos sobre este asunto y sobre todo las mentiras, mentiras sobre las mascarillas, sobre los PCR, sobre las medidas de protección, siempre oscilando entre la sobreactuación y la desidia. Las mentiras generan desconfianza y de la desconfianza hasta la sospecha hay un paso.

Con negligencias y mentiras a nuestro gobierno o quien sabe a quién se le ocurrió censurar las redes más importantes. Sencillamente, no se puede sostener ninguna opinión que contradiga la versión oficial, incluso han proliferado los fact chequers para asegurar una información veraz. El problema es que no sabemos quién controla y paga a estos fact chequers, de manera que están abiertas todas las posibilidades de la sospecha.

Así se genera la paranoia.

O dicho de otra manera somos delirantes inducidos.

Por eso hay que volver a pensar la symploké y a tejer relaciones compatibles con la realidad. Es la mejor manera de no enloquecer.