El efecto moiré y el cerebro

Hace unos días me encontraba leyendo un articulo sobre el grafeno y me llamó la atención que ciertos investigadores habían descubierto que sí aproximamos dos placas de grafeno emerge un patrón de moiré.

Me llamó la atención porque yo mismo había usado con anterioridad este concepto de moiré para explicarme ciertos fenómenos mentales a sabiendas de que el citado efecto es muy conocido sobre todo por su uso en los tejidos, en la confección de la ropa, también en el arte gráfico, en matemáticas. física y óptica dando lugar a ilusiones visuales como las que presiden este post.

En realidad el efecto moiré es una ilusión óptica que se genera cuando vestimos camisas de mil rayas como ésta. El lector podrá apreciar que esas rayas tan juntas provocan un fenómeno de sobreelevación o de arrugas en el tejido, por eso hay que andar con cuidado cuando estamos frente a una cámara -sobre todo en TV- de no vestir ciertos diseños como éste, si no queremos que la atención de los espectadores se vaya a la ropa y no a lo que decimos.

El patrón o efecto muaré (en castellano) o moiré (en francés) es una interferencia que se produce cuando se superponen dos superficies con líneas en determinado ángulo. El nombre proviene de un tejido de seda francés llamado moiré porque, al estar formado por patrones de líneas, daba la sensación de que se formaban olas de mar.

Al hablar del campo de la impresión, el muaré es el conflicto que se da entre dos motivos repetitivos. Si la relación de tamaño entre esos motivos varía, el muaré aparece o desaparece de forma poco predecible. En esta web podéis leer algunos conceptos sobre el asunto. Y en esta otra algunos ejemplos más.

Pero lo que a mí me interesó hace tiempo de este concepto es la relación que puede tener en neurociencias, más concretamente en relación con el efecto placebo, un tema más psicológico que abordé en un post que titulé «Ruido y señal».

¿Qué sucede cuando se superponen dos patrones similares y repetitivos sean acústicos, ópticos o informacionales?

Lo que sucede es que se genera un patrón que resulta de la interferencia entre ambos, lo podemos oír en dos patrones acústicos acoplados, ese ruido tan desagradable que se mitiga alejándose de uno de los emisores.

¿Es el efecto placebo un efecto moiré?

En términos cibernéticos ruido es todo aquello que no contiene información alguna, mientras que la señal es aquello que contiene información y por tanto es subsidiario de -sobrepasado un cierto umbral- ser decodificado en términos de información con sentido (significado), procesado y guardado en la memoria.

El problema es que en términos cibernéticos no existe información separada del ruido: vienen en el mismo paquete, es por eso que el cerebro no va a percibir señales limpias desde el exterior sino señales contaminadas que viajan galopando en una base de ruido que no contiene información por sí misma y que nos obliga al esfuerzo de discriminar constantemente lo relevante de lo irrelevante cuando no lo verdadero de lo falso. Y por eso lo importante es la relación, el cociente entre señal y ruido más que los valores absolutos del mismo.

Lo mismo le sucede a nuestro cerebro: posee una actividad intrínseca permanente que es ruido neuronal, es decir el ruido que genera la casi continua actividad de nuestras neuronas incluso cuando no hacemos nada. De manera que tenemos ruido afuera y ruido adentro sobre el que van acabalgadas las señales que contienen información relevante tanto en lo que percibimos de afuera como en lo que predecimos desde dentro.

Naturalmente ese ruido no implica audición puesto que no es una señal acústica que pueda llegar a ser audible por nuestros oídos, ni siquiera es una señal que podamos percibir puesto que no alcanza la suficiente intensidad como para traspasar el umbral de nuestra percepción.

Sin embargo es bueno saber que una señal relevante que comunica algo a alguien es siempre una onda que va montada sobre esos carriles que hemos llamado ruido, de tal modo que el aumento del ruido indefectiblemente dará lugar a una potenciación de la señal. O dicho de otra manera si queremos hacer que una señal traspase el umbral perceptivo una forma de hacerlo es aumentar el ruido del sistema. Otra forma es aumentar la redundancia de la señal, es decir repetirla y otra forma es aumentar directamente la intensidad de la señal.

Eso es lo que hacemos cuando damos a un paciente depresivo un antidepresivo, un analgésico al jaquecoso o damos sesiones de acupuntura a un paciente con dolor neuropático.

Sobre los efectos placebo de los antidepresivos ya hablé en este post pero me gustaría señalar a continuación que: el efecto placebo no solo puede curar las no-enfermedades sino las enfermedades genuinas y que seguramente lo hace a través del procedimiento señalado como incremento del ruido. No porque el ruido en sí mismo provoque cambios sino porque incrementa la señal (en este caso la expectativa de curación) y al aparecer esta nueva señal generada entre la expectativa y el remedio (efecto moiré) el cerebro no tiene más remedio que reorganizarse y esa organización suele tener lugar en el sentido de lo que el individuo espera de ella aunque también puede suceder lo contrario, entonces hablamos de efecto nocebo. Es por eso que los antidepresivos tienen efecto tanto si tocan la serotonina, la noradrenalina o la dopamina, de lo que se trata en cualquier caso es de que el cerebro se desorganice  para encontrar una nueva estabilidad , cosa que tendrá que suceder necesariamente pues ha de adaptarse al fármaco para lo que precisa cierto tiempo, es por eso que los antidepresivos tienen un periodo refractario en que carecen de actividad alguna. Y es por eso que debe repetirse su aplicación, pues no hay efecto moiré sin repetición.

Los políticos saben usar este mecanismo y lo usan con mucha eficacia, generalmente para lanzar cortinas de humo a través de emitir ruido y no prestar atención a otra señal más importante, dado que la información que obtenemos de los políticos nos viene sesgada y triturada por los medios de comunicación (hiperrealidad), no tenemos más remedio que perecer y atender donde el dedo señala en lugar de mirar a la luna. Un ejemplo de ruido emitido por una ministra del actual gobierno es algo así como esta idea:

«La ley del aborto favorecerá que las mujeres dejen de sentir vergüenza por ponerse un tampax y podamos hacerlo sin escondernos»

Naturalmente en la citada frase todo es ruido, no proporciona información sino una referencia -más que una señal-, la de la menstruación y la higiene intima de la mujer, pero esta frase comprensible en el siglo XIX pierde totalmente su vigencia en el momento actual, es algo así como un retorno a la vaca esférica y una buen forma de desviar debates más provechosos para los ciudadanos cada vez más empobrecidos.

¿Es la psicoterapia un subproducto del efecto moiré?.-

Si el efecto placebo puede explicarse a través del efecto moiré, cualquier tipo de interacción humana donde hay dos emisores y dos receptores participa también de ese efecto. ¿Qué queremos decir cuando decimos que tenemos afinidad, sentimos simpatía, buena onda o atractivo con alguien?¿Qué queremos decir cuando decimos que alguien sabe escuchar?

La psicoterapia puede definirse como una tecnología basada en la conversación entre un experto y un paciente que consulta a partir de unos síntomas de origen psicológico. En la psicoterapia no suelen usarse fármacos aunque también es posible una combinación de ambos. La idea de que la psicoterapia no es más que un placebo es una idea bastante antigua y no ha sido puesta a prueba por la mala fama que arrastra la palabra «placebo» siempre identificada con el engaño. Lo cierto es que sea como sea la efectividad de la psicoterapia es similar al tratamiento convencional con fármacos en las patologías psiquiátricas menores al menos en la población general.

Efectividad de la psicoterapia.-

1)Que la psicoterapia es igualmente de eficaz que los tratamientos médicos convencionales en una muestra aleatoria de pacientes con problemas mentales o emocionales si bien su eficacia aumenta con la repetición de las sesiones y la duración total del tratamiento.
2) Que la variable crítica de la psicoterapia no estaba en la técnica dado que orientaciones diferentes daban los mismos resultados.
3) Que las psicoterapias funcionan por cosas diferentes a las que sus defensores defienden.
4)Que las psicoterapias son más exitosas en un determinado grupo de pacientes y son ineficaces en otros, aquellos pacientes que tienen fácil verbalización, inteligentes, jóvenes, con un gran potencial de cambio y con gusto por el autoexamen, son los mejores candidatos para una psicoterapia. El potencial de cambio y el deseo del mismo son las variables criticas para el logro del cambio.
5) Que el sufrimiento mental no es la misma cosa que la enfermedad o los trastornos mentales reglados y que seguramente aquellos responden mejor que estos últimos.
6) Y que de entre todas la variable más importante de una terapia la personalidad de quien la imparte.

El tema quedó liquidado o casi con estas conclusiones y algo aun más insólito: las psicoterapias eran exitosas o fracasaban por algo que estaba más allá de sus concepciones teóricas. Dicho de otro modo: eran todas igualmente útiles o no lo eran fueran cognitiva, existenciales, dinámicas o conductuales. Y más probablemente el éxito de las psicoterapias se debía a factores comunes, es decir cuando funcionaban lo hacían por algo común a todas ellas y no por lo que los terapeutas especulan.

Y por último: hay algo en el inconsciente del terapeuta que cura y algo en el consciente del pacientes que quiere curarse. Dos plataformas que son complementarias entre sí y que muchas veces dan lugar a anclajes profundos y otras veces a anclajes débiles y burbujas ilusorias pues existe otra cuestión ajena al paciente y al terapeuta: los recursos disponibles.

El paciente lleva una camisa a rayas y el terapeuta otra camisa parecida, cuando se da cierto ángulo que en este caso es la proximidad y la escucha, sucede algo extraordinario: emerge un nuevo patrón que llamaremos vínculo y que es en realidad una negociación, una modificación cognitiva de lo vivido, un cambio en el relato que el paciente nos trajo. Un trabajo creativo llevado a cabo entre dos que pactan una nueva novela sobre lo que sucedió, lo que está sucediendo y lo que podrá suceder.

Esta forma de pensar la psicoterapia excede lo que en términos clásicos llamamos transferencia y contratransferencia. En realidad lo que se transfiere es el rayado de la camisa de cada cual que puede ser muy parecido o en absoluto concordante con la plataforma ajena. Simplemente hay rayados que son compatibles y rayados que no lo son, como sucede en el amor: ese otro encuentro mágico.

Si el lector quiere profundizar en los riesgos de la psicoterapia le aconsejo que visite este post

La metasexualidad

La libido es masculina (S. Freud)

Terminé el post anterior con una pregunta: ¿Es la sexualidad femenina la misma (similar o parecida) que la sexualidad del hombre?

También he hecho una miniencuesta en twitter para preguntar al personal sus opiniones. Como podemos ver en los resultados, todos más o menos estamos de acuerdo en que la sexualidad masculina y la femenina son diferentes.

La pregunta del millón viene ahora: ¿En qué son diferentes?

Vamos a ver primero en qué consiste la sexualidad masculina, la verdadera sexualidad al decir de Freud y al mismo tiempo innata, lineal y predecible. Funciona más o menos así: estimulación-excitación-erección-penetración-eyaculación-periodo refractario-relajación. Nótese que esta secuencia con más o menos exactitud se reproduce de esta manera en todos nosotros los hombres, si bien caben algunas modificaciones:

1.- Puede haber erección sin estimulo previo, siguiendo el volcado pulsátil de la testosterona o las simples ganas de orinar, algo que nos sucede a los hombres cuando despertamos. La erección puede terminar sin eyaculación, lo que conocemos como calentón y que pagamos en la senectud con una próstata bien hipertrófica.

2.-Puede haber excitación y erección pero fracaso en la penetración por perdida de la erección. Es la escena más temida por los hombres, el conocido «gatillazo» que es según el DSM una patología llamada «trastorno eréctil», o algo así.

Nunca me he parado a pensarlo ni creo que se haya estudiado el asunto pero está por hacer un trabajo cuantitativo que cuente las horas en que el hombre medio pasa con el pene erecto sin ningún futuro, se trata de una historia de tribulaciones. Nos llevaríamos una sorpresa. Lo cierto es que la sexualidad masculina no tiene ningún secreto, se trata de una sexualidad codificada, un tanto miserable, vulnerable, hidráulica y en cierto modo mecánica e insípida y sin embargo necesaria, ha de llevarse a cabo sí o sí.

La mayor parte de las personas que me contestaron individualmente a la encuesta referida están de acuerdo en que la sexualidad masculina es más física mientras que la femenina es más emocional, sea lo que sea que eso signifique. Otros dicen que es más contextual y otras aseguran que lo que más les importa es el deseo que implica estar con alguien especial, alguien que se desea, lo cual no deja de ser una tautología, aunque lo cierto es que el amor es una tautología, ha de ser con éste y no con aquel. Dicho de otra forma, la mayor parte del personal adoctrinado por una sexología conductual tipo Master y Johnson podrían aceptar aquella vieja idea de que no hay mujer fría sino hombre inexperto. Y es verdad que las mujeres pueden desarrollar una sexualidad muy parecida a la de los hombres renunciando -claro está- a la sexualidad que les corresponde, la femenina.

Y en qué consiste la sexualidad femenina.

La sexualidad femenina es una metasexualidad.

Es importante saber que nuestras abuelas no tenían sexualidad, ni se planteaban eso, lo que sabían es cómo eran sus maridos y que las requerían sexualmente con más asiduidad que el derecho matrimonial les exigía. Las mujeres carecieron de sexualidad hasta los 60 del pasado siglo XX, hasta entonces se limitaban a cumplir con el matrimonio cómo se solía decir. Y como ellos andaban siempre erectos y se quedaban con ganas de más casi siempre, se iban de putas. Las putas han hecho un gran servicio a la humanidad al rellenar los huecos que dejaban vacíos las jaquecas maritales, aunque hay que señalar y admitir que el sexo matrimonial es muy aburrido, tanto para ellos como para ellas, que aunque ignorantes de su propia sexualidad algo debían de olerse, al menos aquellas más cultas que oyeron hablar del doble estandard.

Qué es metasexualidad.-

Si busca la definición en la wiki no encontrará nada, significa que es un neologismo que he extraído de la lectura de algunos textos psicoanalíticos y también de la lectura de Bruckner y Finkielkraut de los que ya hablé en mi post anterior, sobre todo de ese texto que titularon de una forma bastante paradójica «El nuevo desorden amoroso», y no deja de ser curioso que no lo titularan «El nuevo desorden sexual». Pero hay que leerlo para entender porque para los autores el amor es desorden, mientras que el sexo es orden, es decir código, ritual, repetición. Al menos en el hombre y/o en las mujeres que se creen portadoras de una sexualidad similar.

Para entender qué significa ese prefijo «meta», antes de sexualidad, vamos a dar una vuelta por otro meta bien conocido, me refiero a la metacognición.

Imagine que está usted en un bar con amigos charlando animadamente sobre cualquier cosa. bromean y charlan pero en un momento determinado uno de los presentes se levanta de su asiento y sin decir nada, abandona la reunión y sale del bar. Ustedes se quedan pensando que le ha pasado, comentan entre ustedes y se preguntan si el ausente se habrá ofendido por algo, tratan de averiguar que ha podido pasar. Tanto si llegan o no alguna conclusión lo que ustedes saben es que el amigo se ha enfadado por algo y se ha ido disgustado.

Eso es metacognición, también le llamamos «teoría de la mente», una inferencia sobre lo que le ha sucedido a otra persona echando mano de nuestra propia experiencia, comprensión y nuestra memoria. Una inferencia sobre lo Otro, que suponemos similar a lo propio: efectivamente todos podemos ofendernos o enfadarnos por un comentario poco sutil sobre una área delicada.

Metacognición es un conocimiento sobre nuestro propio conocimiento. Una reflexión sobre un razonamiento. Es interesante quedarse con esta palabra reflexión» que es como pasar dos veces, esa partícula «re» denota al menos dos pases.

Ahora estamos en condiciones de entender mejor qué queremos decir cuando afirmamos que la mujer no tiene sexualidad sino que es metasexual. Puede tener una sexualidad parecida a la del hombre -genital- pero no se agota en sí misma, su potencia orgásmica es inconmensurable y solo tiene un limite: el agotamiento o esa sensación voluptuosa tan parecida al sueño.

Otra de las fuentes –que Freud llamó Quelle– de los que emerge esa metasexualidad femenina, es el deseo del otro. La sexualidad masculina es visual, voyeurista, la femenina es la que se ofrece a esa mirada a través de un ofrecimiento exhibicionista, un requiebro sutil, una insinuación, algo que se vela y se desvela, pues la sexualidad en la mujer ocupa el polo negativo (pasivo) de lo escoptofílico. Estoy hablando de la mujer media claro está, ya he dicho que las mujeres pueden reproducir el modelo masculino si es que creyeron alguna vez en él, como suele suceder en los discursos feministas actuales.

Pero en realidad la metasexualidad en la mujer -al carecer de centro- puede tomar distintos caminos: algunas mujeres optan por la consagración a una tarea, otras a la maternidad de sus hijos, otras a la maternidad de su marido, otras siguen el camino de sus referencias masculinas, mientras otras optan por el modelo místico. Pero siempre en esa tarea de emparejamiento se reproduce el mismo fenómeno: el para siempre, se puede estar en pareja fusional o fisional, pero siempre es para siempre. Solo los célibes tienen abiertas todas las posibilidades del para nunca.

El lector sagaz ya habrá advertido que el amor es la deconstrucción del sexo, su decodificación, lo que convierte un ritual predecible, una secuencia de hechos mecánica en algo creativo: introducir un elemento de perturbación, sea a través del BDSM con sus repartos de dominación, dolor y sacrificio, el sapiosexualismo que es una forma de paideia postmoderna calcada del efebismo helénico, el poliamor que es el viejo harén polígamo, o de cualquier otro tipo aun por inventar hace que el sexo sea algo impredecible, algo que rompe la secuencia matrimonial de hechos donde sobrevuelan contratos reproductivos, bienes inmobiliarios y los hijos, siempre los hijos. No hay nada tan anti-afrodisiaco como los hijos pero a quien más amamos es a los hijos y añado, a los nietos.

Lo que plantean Bruckner y Finkielkraut es precisamente esta cuestión, el amor es lo que hace que la sexualidad de la mujer tenga ese más allá, algo que se añade a la sexualidad misma. Es por eso que la mujer puede ser madre, futbolista, prostituta, monja, hetaira o casta viuda con ese sobrante sublimatorio que llamamos amor.

Vale la pena leer este viejo post donde hablé precisamente de ese hiato, esa disociación, esa brecha o gap que existe en las mujeres entre deseo y excitación.

Dostoyevski y la psicología

Hay dos formas de considerarse un insecto, una de forma consciente como Gregorio Samsa en la Metamorfosis y otra de forma inconsciente como Raskolnikov en «Crimen y castigo». Son las dos formas más conocidas de autodesprecio. @pacotraver

Recientemente con el crimen de Lardero se ha vuelto a poner de manifiesto la idea repetida hasta la saciedad por mis compañeros psiquiatras de que ese tipo de criminales como Francisco Javier Almeida no son enfermos mentales. Esta idea a la que yo me he adherido durante mucho tiempo, acostumbrado como estaba a ver enfermos mentales, creo que necesita una revisión.

Es verdad que existen crímenes cometidos por enfermos mentales graves como el de la doctora Noelia de Mingo reincidente en su pulsión homicida después de haber sido condenada por un crimen anterior en su Hospital. Pero la verdad es que este tipo de crímenes son poco frecuentes, me refiero a los crímenes que cometen enfermos mentales verdaderos usualmente aquejados de formas malignas de esquizofrenia, donde los motivos para el crimen están relacionados con delirios paranoides u ordenes que el paciente acata automáticamente sin ningún tipo de juicio por su parte.

Pero en realidad los crímenes tienen casi siempre tres móviles 1) la venganza, 2) el sexo y 3) el dinero. También existe el arrebato criminal, es decir aquel que sucede sin ningún tipo de planificación y que responde a un estado mental que pudieramos calificar de enajenación puntual después de una discusión banal de tráfico o de bar, casi siempre en relación con drogas o alcohol.

Pero existen otro tipo de crímenes como el de Lardero que nos ponen los pelos de punta precisamente por dirigirse hacia un niño en una persona con antecedentes muy violentos y que ya había demostrado su interés por los niños y cumplido condena por un crimen anterior con motivación sexual y mucho sadismo de por medio. Dicho de otro modo, se trataba de un psicópata y también de un pederasta y vale la pena recordar que la pederastia es una patología no solo admitida por las clasificaciones internacionales sino por el sentido común: pero hay algo averiado o roto en esas personas que llamamos psicópatas y que no nos atrevemos a clasificar como patología mental quizá porque los rasgos psicopáticos son muy frecuentes en la población general tomados de uno en uno y de alguna forma «ser un psicópata» no fractura de un modo tan impetuoso el sentido de realidad como una psicosis. Un psicópata es una persona indistinguible de cualquier persona, incluso a veces es una persona con cierto atractivo o agradabilidad. Su locura no es cognitiva como en las enfermedades mentales comunes sino moral, y lo moral de momento no está clasificado en ningún manual de psiquiatría, tampoco los DSMs parecen estar interesados en ello.

De manera que lo mejor para saber algo sobre criminales es leer a Dostoyeski, más concretamente «Crimen y castigo».

La Rusia de Dostoyevski.-

Dostoyevski nació en Moscú en el primer cuarto de siglo XIX, me interesa sobre todo dar cuenta de la situación de ese país bajo el dominio de los zares y de las causas de su atraso, también me interesará describir su sociedad dividida en castas inmutables y en un anhelo que parece brotar de todos y cada uno de los personajes de Dostoyevski, me refiero al anhelo de adquirir un mayor estatus del que se tiene, algo que el maestro describe con minuciosas descripciones de la vida corriente en cada un de sus personajes.

El 80% de la población rusa eran, en aquel momento «siervos». Un siervo no era un esclavo como los de USA, tenia ciertos derechos, por ejemplo tenia admitida su condición de humano, por tanto el dueño no podía matarlos, aunque podía maltratarlos y venderlos. Los siervos no podían abandonar la heredad que les correspondía ni viajar libremente y si esta heredad era vendida ellos formaban parte de esa venta aunque podían ser vendidos aisladamente de la tierra.

Vale la pena señalar que las condiciones de vida de estos siervos era -sin embargo- muy parecida a la de los esclavos de las plantaciones de algodón de USA y que el maltrato y el látigo solían ser la forma de castigo usual para cuando las expectativas de los amos no fueren cumplidas. Lo importante es señalar que el padre de Dostoyeski -que era medico en un Hospital de pobres- tenia siervos a su servicio en alguna de esas fincas enormes dedicadas a abastecer de cereales las grandes ciudades rusas. El padre de nuestro autor fue asesinado precisamente como venganza de sus siervos. Es interesante señalar ahora que en Crimen y castigo, Raskolnikov también tiene un padre que es asesinado; hay pues ciertas concomitancias autobiográficas entre Dostoyevski y Raskolnikov. Podríamos decir que Dostoyeski y Raskolnikov son la misma persona aquejada por un trauma que para Freud, fue determinante en su vida ulterior. En su ensayo «Dostoyeski y el parricidio» plantea Freud su hipótesis de que la culpabilidad de ambos personajes -uno real y otro imaginario- procede de este hecho. Culpabilidad que deriva del hecho -según Freud- del deseo parricida que ambos desarrollaron a lo largo de su vida. Cosa que, por otra parte es probablemente cierta a poco que sepamos del carácter de estos padres de aquella época, excesivamente severos en su trato con sus 7 hijos, en suma lo que hoy entendemos como maltratadores y que a la postre le costó la vida.

Paradójicamente la servidumbre operó como un freno para la revolución industrial, mientras las clases trabajadoras progresaban en toda Europa gracias a la aparición de las clases medias y la «mentalidad de tendero», los pequeños negocios que hoy llamamos Pymes, en Rusia el atraso de una sociedad agrícola, con estructuras políticas y leyes anticuadas y una población analfabeta, atrasada y famélica no logró escapar de su destino ni siquiera con la medida del zar Alejandro de liberar a los siervos.

Liberar a los siervos no resolvió el problema sino que lo agravó. Lo que sucedió fue que muchos de ellos emigraron a las grandes ciudades, Moscú y San Petersburgo, pero allí no solo no había trabajo sino que las condiciones de vivienda eran degradantes, el hacinamiento era la regla: una familia con 5 o 6 hijos vivían amontonados en una habitación donde escaseaban no solo los alimentos sino la calefacción. San Petersburgo alcanzo en 1844 una temperatura de -35 º C. Podemos adivinar las condiciones en la que aquellos ex-siervos -ahora liberados- vivían sus vidas agravadas por el vodka y todos los vicios. Lo usual era que las muchachas jóvenes se prostituyeran para mantener a sus familias donde siempre había un padre borracho, algo que también describe con toda clase de detalles nuestro autor.

Raskolnikov es un estudiante de derecho que queda sin recursos y no puede seguir estudiando, se dedica a vagar, visitar tabernas, escuchar conversaciones y tratar con todo tipo de parias que la vida le pone a mano. Lo interesante de su psicología es que Raskolnikov presenta cierta anomalía mental que es difícil de atrapar y sobre todo una personalidad complicada. Por ejemplo, piensa que existe y debe existir una doble moral, una para los hombres corrientes y otra para los hombres extraordinarios, aquí se encuentra en embrión la teoría del Superhombre de Nietzsche del que Dostoyevski es un adelantado. Naturalmente Raskolnikov siente que pertenece a este tipo de hombres, algo que es recurrente en la obra de Dostoyeski: sus personajes tienen pretensiones (como él las tuvo literarias). Pretenden cosas que existen pero que no están a su alcance, merced a esa sociedad cerrada que no permite ascensores sociales en su seno: la única manera de progresar en esa Rusia es el matrimonio, no es de extrañar pues que cierta frustración social acompañe a todos y cada uno de los personajes del autor. Frustración que además les acompaña en sus aventuras sentimentales. Ser rechazado por la dama a la que se aspira es otro de los temas de Dostoievski, parece que en Rusia en esa época nadie obtiene lo que desea.

Pero la frustración de Raskolnikov es el dinero pues está siendo mantenido por su madre y su hermana aunque dispone de algunas joyas que empeñar e ir tirando. Eso hace cuando conoce a la vieja prestamista, una usurera.

La figura del usurero es una figura antipática para todos nosotros, lectores de novelas. Cobrar intereses por prestamos que se conceden a veces en condiciones dramáticas es algo que nos desagrada, que nos conmueve. Es por eso que el crimen de Raskolnikov cuenta con las simpatías del lector, a fin y al cabo la vieja prestamista era un personaje despreciable, se lo merecía. Quien no se lo merecía era la joven sobrina que por accidente coincide en la escena del crimen y se lleva también un hachazo por parte de Raskolnikov y aquí comienzan las dudas del lector: «No quise matarla» le confiesa Raskolnikov a Porfirio el juez que investiga el crimen.

Lo cierto es que el robo parece el movil del crimen pero Raskolnikov pierde parte de su botín en su huida y además entierra la otra parte sin que en toda la novela tenga la necesidad de rescatarlo. El botín le quema en las manos. Podriamos decir que le enferma pensar en él.

Lo cierto es que su crimen no parece un crimen psicopático a juzgar por los sentimientos de culpabilidad que le siguen (un psicópata no siente culpa). Más que eso, después del crimen Raskolnikov parece entrar en un estado disociativo, que Dostoievski llama «delirio» por su parecido a un delirio febril. Raskolnikov enferma después del crimen y sobre todo siente una pulsión que podríamos llamar «pulsión a confesarlo todo», pues esta es quizá la mejor forma de quitarse de encima la culpabilidad que siempre es individual. El castigo es la mejor forma de purgar una culpa.

Vale la pena que el lector lea el próximo post dónde abordaré los diálogos entre Raskolnikov y su médico Azimov. Observaremos allí como existió una psicología realista antes de que existiera una psicología naturalista calcada del modelo biomédico.

Hoy es precisamente ese modelo biomédico el que no nos permite calificar de forma psiquiátrica al asesino de Lardero. No cabe en las clasificaciones, se cae por las grietas y es posible que encontremos en TVE durante un tiempo a psiquiatras diciendo que estos criminales no están enfermos pero si perturbados o enajenados. Esta contradicción hay que perseguirla históricamente a través de la novela que es mucho más fiable y descriptiva que las historias clínicas de entonces y las de ahora.

Bibliografía.-

S. Freud (1927) Dostoyevski y el parricidio

Estatus y mérito

Después del éxito del libro de George Sandel, «La tiranía del mérito», ha habido algunas voces que han aprovechado el rebufo para mostrar sus prejuicios contra el mérito y el esfuerzo individuales como ascensores sociales. Me refiero concretamente al premio que se le ha concedido a Carlos Gil autor de una tesis que concluye que la meritocracia no funciona.

Sociólogo de profesión, Carlos Gil está interesado en saber si es el esfuerzo y el mérito son por sí mismos buenos predictores de éxito social, así dice:

«Si tan importante fuese el rendimiento académico, las habilidades y el esfuerzo (que solemos pensar que se trata de una decisión individual, meramente voluntaria), ¿por qué los estudiantes de clases más altas que rinden peor o se esfuerzan menos terminan notándolo menos que las bajas en su rendimiento y su estatus posterior, como han comprobado anteriores estudios?»

Su conclusión es que aunque un «rico» carezca de mérito alguno, el resultado es que siempre llegará más lejos en cuanto a estatus económico que un igual que pertenezca a una clase inferior. O dicho de otra forma: no hay equivalencia en cuanto a resultados en función de la clase social. Los tontos ricos tienen a la larga más probabilidades de ascender en la pirámide social que los pobres.

Admite Gil que las desigualdades ya se manifiestan en los primeros años de la vida y estoy en este aspecto de acuerdo con él. No es lo mismo nacer en una casa donde los padres leen que en una casa donde no exista un solo libro.

“La investigación muestra que las familias de clase social más alta consiguen realizar más inversiones culturales y económicas en la educación de sus hijos gracias a sus recursos, lo que da pie a que desarrollen esas habilidades que los profesores luego consideran mérito académico”. Incluso el esfuerzo, que suele considerarse una elección personal, se transmite culturalmente de manera distinta entre padres e hijos según su nivel socioeconómico.

Esto es verdad a medias, lo que define a las clases medias es la inversión que dedican a sus hijos, una confianza en el futuro y el ahorro como mecanismo de objetivación de esa confianza. No es que lleven a cabo más inversiones culturales porque tengan más dinero sino porque forma parte de sus valores y el esfuerzo es parte de esos valores, una especie de valor estoico. La pobreza puede definirse en función de estos valores morales junto a los ingresos y la educación, el «vivir al día» y el hedonismo es todo lo contrario de la ética de la inversión en el futuro, de modo que es muy posible que lo que defina a la pobreza es más bien un espíritu muy distinto de aquel que animaba a las clases medias que comenzaron a emerger en Inglaterra casi al mismo tiempo que la revolución industrial: una sociedad de tenderos, es decir de pequeños negocios.

Por otra parte lo que dice Gil en su articulo no coincide con lo que llevo visto en mi vida. Los ricos de mi pueblo se han ido empobreciendo y al contemplar su tercera generación observo que se han quedado en una medianía que coincide a veces a la baja con los descendientes de tercera generación de aquellos «pobres» que hace 50 años eran casi invisibles. Dicho de otra manera, si lo contemplamos con la perspectiva de tres generaciones, el que está arriba (a no ser que sea un millonario de esos que representan el 0,1% de la población), no tiene más remedio que caer (regresión a la media) en cuanto al estatus de sus abuelos y al contrario: los «pobres» han medrado y prosperado a partir de ciertos ascensores sociales: el matrimonio, la educación y el trabajo productivo.

Por otra parte creo que Gil no aborda una de las variables más importantes y que tiene que ver con el mismo concepto de estatus. ¿Qué es estatus?¿Solo existe un estatus socioeconómico?

El estatus es una abstracción que tiene que ver con el puesto que ocupamos en una supuesta pirámide social, ¿en qué piso vivimos?¿Cual es nuestra influencia y poder?. En realidad el término «estatus» es confuso porque procede de la sociobiología y se refiere al poder de machos (o hembras según especies) de conseguir -gracias a su lugar en la manada- más coitos y más cuidados en forma de «grooming«. Conseguir un mayor estatus es pues una motivación que incluye a las especies no-humanas y que asegura una mejor vida, más larga y fértil y con menos enfermedades que las que sufren el resto de los individuos. No es de extrañar que nosotros los humanos seamos capaces de cualquier cosa para aumentar nuestro estatus tal y como ha recogido Pablo Malo en este articulo como prólogo de lo que será su próximo libro.

Ahora bien estatus y mérito no tienen nada que ver, se puede alcanzar un alto estatus sin ningún mérito, algunas mujeres lo alcanzan a través del matrimonio o de favores sexuales a alguien con un gran estatus, algunos hombres lo llegan a alcanzar a través de trabajos dudosamente morales o francamente ilegales. El jefe de una banda de delincuentes juveniles alcanza un gran estatus dentro de su grupo y no digamos nada de los jefes de cárteles de narcotraficantes. El estatus se refiere siempre al grupo pero no al grueso de la sociedad.

El grueso de la sociedad premia no con estatus sino con prestigio a aquellos que lo merecen. El prestigio es la versión positiva -social- del estatus y no está relacionado directamente con el mérito del que habla Gil en su tesis. Una persona puede tener prestigio por dedicar su vida a cuestiones que la sociedad ha consensuado como útiles para el bien común. Y es ese bien común que parece que está en trance de desaparición a lo que se refiere Sandel en su libro contra el mérito así en bruto.

Pues es cierto que el mérito interpretado como una inversión de futuro para proporcionar un alto estatus a un individuo concreto es en realidad un ejercicio de individualismo feroz con un alto componente antisocial, sin embargo sin mérito personal ni esfuerzo alguno, no se puede llegar a parte alguna seamos ricos de cuna o pobres de remate. Es decir sin valores de clase media, es imposible el ascenso social aunque es posible mudar de estatus.

Pero hay otras variables que comentar. Me refiero a la reputación y a la fama. Se puede tener buena o mala reputación y buena o mala fama. Y eso no tiene nada que ver con el mérito sino con la confianza o la desconfianza que podamos tener en los argumentos de una persona de la que no solo extraemos contenidos de su discurso, sino también datos de su personalidad global que nos hace confiar o desconfiar de ellos de una forma intuitiva.

En nuestra era digital es más importante la reputación que el mérito o el estatus. El mérito es más bien algo relacionado con lo académico y el papel que juegan las universidades en este repliegue en lo individual y el estatus mucho mas relacionado con el atractivo y lo sexual.

El estatus es un atajo, pero por la vida fácil, sin valores añadidos y que a veces compromete nuestra reputación a largo plazo, y a veces nuestra salud o incluso la vida pues la jerarquía es ubicua en todos los grupos humanos y surge también espontáneamente en nuestra especie. 

La gelatina cósmica

La ciencia ficción -como el feminismo- es un género literario que ha atravesado múltiples etapas en su desarrollo, algo así como estas:

  1. Anticipación, como por ejemplo sucedió con los viajes a la luna o el submarino. Es la ciencia ficción de los precursores.
  2. Guerra de mundos que predominó durante la guerra fría, los extraterrestres vistos como los malos de la película.
  3. Contactos benignos con otras entidades. El buenismo de la ciencia ficción, vale la pena señalar ET o encuentros en la tercera fase.
  4. Distopias. La orweliana de 1984, o las de Ray Bradbury en Fahrenheit 451.
  5. Ficción filosófica cuya obra cumbre pertenece a Kubrick y su delirio gnóstico en «2001, una odisea del espacio».

Después de Kubrick pareciera que estaba todo dicho en ciencia ficción pero llegó Stanislaw Lem (1961) para poner patas arriba el paradigma de la ciencia ficción,, su razón de ser, que no es otro sino el «contactismo», del cual las abducciones son uno de sus mitos más logrados. La idea de que de existir vida extraterrestre esta debe ser parecida a la nuestra y que su propósito es contactarnos, nos es imposible imaginar una inteligencia superior -pues superior sin duda habrá de ser esa inteligencia, si puede viajar desde lejanas galaxias hasta nosotros- que no proceda de alguna forma de vida similar a la nuestra, se conoce con el nombre de antropomorfismo, la idea de que de existir esas formas de vida deberían ser parecidas a la nuestra con piernas, cabeza y brazos aunque nos los podamos imaginar como hombrecillos verdes.

Lo cierto es que la novela de Lem es una obra cumbre de la ciencia ficción, más que eso, una obra que trata de romper el paradigma clásico del «contacto» y de paso criticar la metafísica Kubrickiana con pretensiones evolucionistas que en 2001 parecía señalar hacia una evolución de la conciencia superior, una idea gnóstica pues la gnosis es el conocimiento basado en la experiencia o percepción personal. En un contexto religioso, la gnosis es conocimiento místico o esotérico basado en la participación directa con lo divino.y es algo que solo puede llevarse a cabo a través de un proceso personal de «escalada» en el nivel de conciencia. Pero Lem está en contra de esta idea, su posición es que la conciencia humana es incapaz de entender ciertos misterios, más que eso, está limitada y su imaginación está presidida por la idea de que de existir otro tipo de inteligencia sería imposible contactar (comunicarse) con ella de una u otra manera.

¿Pero qué sucedería si existiera una forma de inteligencia a-biológica, una inteligencia o pensamiento inmaterial? ¿Se puede pensar sin intentar comunicarse? Algún tipo de inteligencia que procediera de la enormidad, de la masa de algo aparentemente informe o mineral.

Imagina que eres el personaje principal de un juego de ordenador, me refiero a esos juegos donde el protagonista puede crear mundos a su voluntad, para lo que dispone de ciertas herramientas para construir ferrocarriles, puentes, ciudades enteras, puede desviar ríos y construir embalses al mismo tiempo que puede transformar desiertos en huertos llenos de vegetales y frutales, dispone también de armas para enfrentarse a sus enemigos pero no puede evitar someterse a ciertos limites que vienen definidos por las características del propio juego. No puede volar y ha de desplazarse siempre a través de vehículos, no tiene posibilidad de bilocación (no puede estar en dos sitios a la vez), carece de telepatía y no tiene más remedio que comunicarse a través de palabras, etc.

Podríamos decir que nuestro héroe dispone de su imaginación para inventar su mundo pero que también tiene sus limites y su principal limite es que no conoce los códigos con los que el programador ha construido su programa. Puede intentar deducirlos o inventar los suyos propios (si tiene dotes para la informática) pero aun habiéndolos descubierto no podrá estar nunca seguro de que sus códigos coinciden con los códigos del creador del juego.

Esto es lo que les sucede a loa astronautas de Prometeo, la nave que se encuentra en la orbita de Solaris y que están alli para seguir adentrándose en los misterios de ese planeta que ya acumula una enorme cantidad de bibliografía e hipótesis acumuladas durante siglos nunca demostradas.

El oceano de Solaris.-

Solaris es un planeta un poco especial, está constituido por un océano gelatinoso que prácticamente ocupa todo el planeta, lo interesante de este océano es que tiene ciertas características que influyen en aquellos que se le acercan, una influencia sutil, como caricias de terciopelo a los que se les acercan, caricias que no tocan, pero sin duda la influencia más relevante es que es capaz de apropiarse de recuerdos de los nautas y al mismo tiempo de corporeizarlas.

Su superficie está cubierta principalmente por lo que parece el océano de la consistencia gelatinosa, según algunos estudiosos, un ser sensible único y gigantesco capaz de influir incluso en el movimiento del planeta en órbita alrededor de un sistema estelar binario -con dos soles- debe ser irregular y, por lo tanto, no adecuado para el desarrollo de la vida. De manera que los científicos saben que el planeta ha modificado su órbita de un modo autónomo, conformando adaptaciones a ese orbitar por dos soles. esta actividad adaptativa es una prueba de que en él hay algo vivo, algo parecido a una inteligencia.

Mimoide de Solaris

La actividad de Solaris se manifiesta por la generación continua de estructuras complicadas y gigantescas de naturaleza incomprensible, de material coloidal que se consolida y licúa. Las estructuras más grandes se presentan como representaciones multidimensionales, a menudo con la aparición de emulaciones de estructuras humanas como ciudades; los estudiosos han catalogado tales manifestaciones con nombres extraños como «mimoide» , «simetríada» y «asimetríada» . Algunos investigadores creen que Solaris es capaz de pensar, a pesar de la imposibilidad total de identificar cualquier patrón de comunicación en sus manifestaciones materiales. El propósito de las diferentes misiones es establecer contacto con el planeta y comprender su verdadera naturaleza. A pesar de la gran cantidad de estudios en todas las ramas de la ciencia (que en la novela se define como una disciplina en sí misma, la » Solaristica «) , el planeta y su Océano siguen siendo un misterio absoluto: Solaris escapa al conocimiento humano, para aquellos que pueden ser los datos recogidos o las teorías formuladas.

El espíritu oceánico.-

La primera idea que asocié a través de la lectura de Solaris fue la idea de «espíritu oceánico» de Roland, que mantuvo un «contacto» epistolar con Freud:

«El sentimiento oceánico se manifiesta en el sujeto como la percepción de que las fronteras entre el yo y el mundo se diluyen por un instante. Esta disolución permite al individuo captar el mundo como totalidad orgánica, interdependiente y bella en sí misma. Los problemas personales se tornan nimios y durante unos momentos nuestro cuerpo se llena de un inusual placer beatífico.

¿De dónde provendría esta sensación? Para Rolland y para aquellos abiertos a la trascendencia, el “sentimiento oceánico” sería una ventana abierta a un mayor nivel de comprensión de la realidad. Es decir, estos estados de conciencia, ya surjan de manera espontánea o sean buscado, nos permiten intuir la imbricación profunda y con sentido de todos los elementos que constituyen la pluralidad de lo que percibimos. Este sentimiento sería, según Rolland, el origen de la religión, pero también es posible que se trate de una experiencia que admita variadas hipótesis como las solaristas.

Freud, desde una perspectiva atrascendentalista, no negará el sentimiento en sí sino la interpretación que de él hace Rolland. El psiquiatra hace un análisis de como se genera en nosotros el concepto de yo; el bebé durante la gestación no siente claramente los límites físico que existen entre el líquido amniótico y su propio cuerpo. En este primer estadio, es un uno indiferenciado con la madre gestante pero el parto no cambia sustantivamente este sentimiento de indiferenciación; el niño solo aprende que es algo distinto al mundo que le rodea tras un largo proceso de desarrollo, en este proceso comprende que el placer y el dolor no proceden de uno mismo sino que es generado por entes distintos a él. De este modo, paulatinamente adquiere la capacidad yoica, y llega a distinguirse del mundo circundante y, por lo tanto, a ser autoconsciente. En este punto Freud concluye que tal sentimiento no puede ser el origen de la religión ya que la fuerza creativa de la mente humana nace de la satisfacción de una necesidad, no de la regresión momentánea a un estadio psíquico anterior».

El caso es que la experiencia oceánica existe y me llama la atención los paralelismo existentes entre el funcionamiento de la mente humana, los estudios de la neurociencia y los estudios sobre el océano de Solaris, pues como en la mente humana somos capaces de observar su superficie pero los mecanismos que están debajo, tenemos que suponerlos tejiendo una red causal que se revela siempre incierta. Por ejemplo, conocemos bien como funciona la razón pero no sabemos porqué existen vivencias irrazonables, el apego no es razonable, ni la prohibición del incesto ni mucho menos la fobia o vergüenza de los niños a los extraños o a la oscuridad.si bien existen algunas diferencias entre nuestro cerebro y Solaris como veremos inmediatamente.

Kris Kelvin es uno de los astronautas que se encuentra en la estación espacial que sobrevuela la atmósfera de Solaris, se trata de un hombre que arrastra una pena particular, su compañera se suicidó después de que le amenazara con hacerlo y él no la tomara en serio. No sabemos porqué Harey lo hizo pero sabemos que arrastra una culpabilidad bien comprensible por este hecho posterior a una discusión. El asunto es que una vez llega a la estación espacial comienza a visualizar una serie de presencias humanas en su interior que no se corresponden con el resto de personal navegante. Pronto se manifiesta su amada Harey, pero no se trata de un espectro sino una Harey de carne y hueso, solo que carece de memoria, no recuerda nada de su pasado, ni qué hace allí ni como ha llegado pero es un doble perfecto de la Harey original, si bien es un doble, podríamos decir, simplificado que conserva la mente de la original Harey, su lenguaje gestual y su amor por Kris, pero hay un defecto, tiene que estar siempre con él y Kris que al principio está asustado por la aparición no tiene más remedio que hacerla desaparecer poniéndola en órbita con un cohete auxiliar.

Pero Harey aprovecha el sueño de Kris para volver a aparecer -sin recordar pero intuyendo- que Kris pretende deshacerse de ella. Las presencias aprovechan el sueño de los nautas para corporeizarse de nuevo y cada uno de ellos tiene su propia sombra que les acompaña en todo momento. Se trata de recuerdos traumáticos, como no reconocer a esos espectros sin memoria pero con cuerpo real que merodean por nuestra vida, al tiempo que carecen de memoria como los eidolones que pueblan el Hades. Pareciera como si Solaris pudiera detectar esos recuerdos cristalizados y hacerlos emerger.

Este es uno de los fenómenos que el océano puede inducir en aquellos que se les acercan y ellos los nautas están allí precisamente para conocer los procesos que el océano lleva a cabo para ¿comunicasre con ellos? Esta es la teoría del físico de la expedición que se saltará las reglas para inducir cambios a través de rayos X y encefalogramas de Kris.

Kris es psicólogo y sabe o intuye que comunicarse con Solaris es imposible (esta es la tesis de Lem) y que se trata de una metáfora de Dios, pero no del Dios que estamos acostumbrados a pensar sino un Dios imperfecto, no omnisciente, ni omnipotente sino una forma de pensamiento abiológica que no pretende comunicar nada sino simplemente manifestar sus potencialidades, expresando su inteligencia mineral.

De manera que Dios de existir no es como lo imaginábamos sino una forma de inteligencia imperfecta que está mas allá de nuestra comprensión científica y que ninguna hipotesis podrá verificar jamás.

Bibliografia.-

El sentimiento oceanico

Solaris: la novela