Hellen Keller y el exocerebro

Deaf, dumb and blind boy, lives in a quiet vibration land.

(De la opera rock Tommy de The Who)

Al contrario de Tommy el héroe de The Who en la ópera-rock del mismo nombre, Hellen Keller fue una niña real que quedó ciega y sordomuda a raiz de alguna viriasis infantil o meningitis y que tuvo un feliz desenlace gracias a los cuidados de su pedagoga Ana Sullivan.

La historia de Hellen Keller es tan bella que ha merecido una novela por parte de William Gibson y una entrañable pelicula a cargo de Arthur Penn, pero si la traigo aqui no es para hablar de la ternura y ejemplaridad de la historia sino para señalar algunas cuestiones de interés neurocientifico que podemos extraer de ella gracias a que la propia Hellen aprendió a leer en Braille, escribir y pudo transmitirnos su experiencia.

Prácticamente desaferentizada sensorialmente desde corta edad Hellen vivió en un cuerpo que ella misma describe como un fantasma que sólo sabia hacerse de notar en su casa donde fue sistemáticamente malcriada y sobreprotegida por unos padres que no sabian como educarla hasta que contratan a Ana Sullivan que es a fin de cuentas quien después de un calvario de intentonas logra ejercer de mediadora entre aquel fantasma y la vida.

Lo primero que intentó Ana Sullivan es que Hellen le prestara atención, cosa dificil porque la niña no habia desarrollado ningún apego por nadie dando a veces la impresión de un autismo infantil. De hecho y tal como cuenta la Sullivan es sólo después de su «despertar» a los sentidos cuando le dio un beso por primera vez. Intentó Ana enseñarle el lenguaje de los signos, algo que habian inventado los monjes trapenses para comunicarse unos con otros sin necesidad de hablar y que más tarde se utilizó para los sordomudos, pero la Keller no estaba por la disciplina y antes hubo de enseñarle algo más importante: se pusiera como se pusiera tendria que tener en cuenta a la Sullivan. Para ello, la institutriz logra separarla de sus padres que retrasaban su maduración con sus continuas intrusiones y ocupar una cabaña contigua a la vivienda familiar en la rural y conservadora Alabama, alli llevó a cabo su «milagro».

Vale la pena ver esta escena memorable de cuando Hellen logra establecer un enlace entre los signos (el tacto), las palabras (el símbolo) y las cosas en sí, en este caso el agua.

Lo interesante es comprender que los signos o señales son cosas (cosas que están ahi) bien diferentes a los símbolos. Nuestro cerebro se comunica a través de señales -eléctricas y químicas- pero es incapaz de procesar símbolos tal y como hacen los ordenadores. Tambien sabemos hoy, mal que le pese a Noam Chomsky, que  no existe en nuestro cerebro una gramática generativa universal de palabras tal y como él propuso para explicar la rapidez con la que un niño aprende idiomas. Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos (y las palabras lo son) no pueden existir palabras en las neuronas ni pueden existir embriones gramaticales en las sinapsis. ¿Entonces como es posible que un niño de corta edad maneje tan rápidamente el lenguaje?

Lo hace a través de la imitación, viendo y oyendo como le hablan y hablan otros entre sí. Es interesante recordar que el lenguaje hablado es bastante disitnto a los pensamientos o lenguajes interiores, aquel es muy rico en giros, prosodia (marcapasos o cuadricula), sintaxis y semántica y no nos olvidemos de la pragmática del lenguaje, una fuente de conocimientos enroscados en las palabras dichas.

Volvamos al signo o señal. Para Hellen y Ana solo habia un canal abierto para la comunicación y este no era otro sino el tacto. Es a través de las manos que la Sullivan intenta comunicar el lenguaje de signos a Hellen.

Pero Hellen que sabe mucho de manos (señales) no acierta a comprender que aquellos dibujos que su profesora traza en su mano tienen otro sentido más importante: representan palabras y las palabras son símbolos, esto es «cosas que representan a otra pero no son la otra».

Es bueno recordar ahora el tan citado cuadro de Magritte acerca de qué es una pipa. Una pipa es un objeto que sirve para fumar, de modo que lo que aparece en el cuadro de Magritte y tal como el artista afirma no es una pipa sino una fotografía de la misma (un símbolo que es a su vez señal), que la suplanta en su ausencia. Hellen Keller podia reconocer la textura de una pipa pero no podía saber que se nombraba con la palabra «pipa» y por tanto no podia pensar en una pipa, pues para pensar en algo necesitamos palabras (símbolos).

Es asombroso que Hellen Keller se refiriera a su experiencia íntima -antes de la adquisición de las palabras- como si un fantasma habitara en ella. Es seguro que fue asi, pues un cerebro sin canales sensoriales tan sólo puede recibir ciertas clases de estimulos no sociales: los que proceden del tacto, del olfato que es un canal poco importante en los humanos, del gusto y de la propiocepción. Es fácil reconocer qué es un fantasma. Un fantasma es un cerebro en estado puro o «salvaje» desaferentizado casi totalmente.

No es de extrañar que algunos investigadores como Ramachandran hablen de un fantasma en el cerebro (Ghost in the mind) cuando investigan sobre «miembros fantasmas» para referirse a eso que habita en los cuerpos humanos cuando sufrimos alguna clase de amputación y que trata de manifestarse a través de los canales convencionales a pesar de que estos canales ya no existan.

Pero volvamos al procesamiento de símbolos.

¿Si nuestro cerebro no puede procesar símbolos cómo se las arregla para construirlos y comunicarse a través de ellos?

Se trata de una pregunta crucial en las neurociencias y para contestarla no tenemos más remedio que acudir a la lectura de mi pasado post ¿Somos ciborgs? para entender la hipótesis de Roger Bartra sobre el exocerebro.

Bartra pone el dedo en la llaga cuando afirma que el error de las neurociencias ha sido calificar de «ciencias blandas» a las ciencias humanas y sociales, como la antropología, la lingüistica, la etnografía, la mitografía, la filosofia y la metafísica. La psicología -en su afán de cientificismo feroz-, desgraciadamente ha sucumbido al rebufo soberbio de las neurociencias y ya hace tiempo que quedó sin un epistemología propia tal y como ha señalado Gazzaniga.

El error de los neurocientíficos ha sido fiarlo todo a las conexiones neuronales, a la genética y a la neurofisiologia pasando por alto lo que ellos llaman el «medio ambiente» sin caer nunca en la cuenta de que el sapiens no habita un «medio ambiente», ni un nicho ecológico como los caracoles sino una cultura. Pero esa cultura no se limita a ser un contenedor o un entorno natural como sucede en los animales que forman grupos sociales a veces muy complejos (pero no una cultura) sino que además de ser un invento suyo -del propio hombre- y no algo que simplemente se encontraba ahi, nuestro cerebro se encuentra conectado a esa base de datos (por decirlo metafóricamente). Conectado a través del lenguaje y otros códigos. Unos discursivos como el propio lenguaje y otros no discursivos como el gesto, la música, las artes plásticas, la danza, etc.

La neurociencia es prisionera de una creencia casi mística en el principio de «clausura causal del mundo fisico» que impide creer en la evidencia de que el cerebro pueda mantener enlaces con su cultura y que estos enlaces a su vez intervengan de forma extrasomática en las redes neurales. Esta es la razón por la que los cientificos buscan siempre dentro del cerebro lo que podrían hallar mirando fuera.

Lo que plantea Bartra es que la mayor parte de sinapsis de nuestro cerebro no están dentro del cráneo sino fuera de él como una protesis externa. A semejante idea han llegado -por otros medios- otros autores, como Dawkins y Dennet con su teoria memética, Rupert Sheldrake con sus campos morfogenéticos y C. G. Jung con su concepto de arquetipos, tambien Penrose con una adaptación platónica de los universales. Todos estos autores a través de distintas especulaciones han tratado de explicar que se hace necesario suponer que la mayor parte de la información que nuestro cerebro maneja se encuentra en la cultura, entendiendo cultura de un modo extendido, desde la relación con el otro, la socialización, la compartición de creencias, ideas o códigos interpretativos hasta llegar a los conceptos más universales de tipo jungiano.

Lo cierto es que esta idea tiene una dificultad explicativa. ¿Cómo se las arreglan los símbolos para penetrar en el cerebro? ¿Cómo se convierten en corriente eléctrica? ¿Hay una especie de sintonizador como supone Sheldrake? ¿Se trata de una especie de virus como suponen Dawkins y Dennet?

Nada de eso: lo hacen a través de los canales sensoriales. Esos 5 sentidos y algún otro que llamamos sexto o intuición.

Ahora es necesario volver al caso de Hellen Keller, recomiendo el visionado de la escena del video que he colgado más arriba para entender el «insight» luminoso de la niña cuando es capaz de asociar, los signos de las manos a la palabra «agua» y a la identificación del agua en sí que mana de la fuente. ¿Cómo lo hizo Helen, cómo logra asociar estos tres niveles de definición, signo-simbolo-cosa en sí?

Lo hace espontáneamente y aunque en la pelicula no dice nada del asunto podemos especular que el destino de esos tres niveles de complejidad es encontrarse unos con otros, lo que si sabemos es que a partir de ese momento se abre para Helen la puerta de la vida y que comenzó precisamente entonces a  madurar tanto en el plano afectivo, como social y lingüistico-comunicacional.

Lo que significa que la información contenida en la cultura penetra en el cerebro individual a través de conexiones neurales extrasomáticas que discurren pos los canales sensoriales convencionales y lo hacen sin necesidad de un transductor de símbolo-señal.

Uno de los obstáculos que tiene esta idea es la especulación mistico-religiosa y la nostalgia de una dualidad cartesiana que tanto atemoriza a los neurocientificos. Pero enseguida advertiré al lector de que lo que anida en el exocerebro no es una res cogitans ambulante que espera encarnarse en algun ser material. La teoria de Bartra no apela a la dualidad, el exocerebro está constituido de producciones humanas y de relaciones de sentido propiciadas por la cultura humana que ha ido engrandeciéndose en número total de sinapsis, tantas que no caben en un cerebro individual y por eso las mantenemos fuera, en una nube, listas para ser usadas cuando las necesitamos. Un uso necesario para sobrevivir como humanos tal y como el ejemplo de Hellen Keller y otros niños salvajes nos ilustra.

Lo que hay guardado en ese exocerebro son pues signos y símbolos pero más allá de eso lo que alli existe son relaciones de sentido entre símbolos y simbolos de símbolos. Lo más importante de esto es que los sentidos son rabiosamente individuales, es decir no existen sentidos buenos y sentidos malos, aunque podemos hablar de consensos. Dicho de otra manera los simbolos son interpretados por cada persona de una forma distinta a los demás.

Estamos condenados a dar sentido a los símbolos y aqui está precisamente la tendencia al error, puesto que los consensos y los disensos pueden llevar a la patología. Del mismo modo que sucede en el interior del cerebro, un error en la señalización hará que una red neural no crezca en la dirección correcta y se ciegue el tránsito de flujo sináptico, de electricidad. Del mismo modo pueden existir errores en los enlaces entre el cerebro y el exocerebro y estos errores proceden de la ambigüedad del lenguaje, es decir de la multiplicidad de sentidos de las palabras.

Pero este es otro post.

Bibliografia.-

Sandra Blakeslee y V. S. Ramachandran: «Fantasmas en el cerebro»

Roger Bartra: “Antropologia del cerebro”. Fondo de cultura económica. Mexico. 2006.

Un post relacionado: La gaviota culta

Sinestesic@s

La sinestesia era hasta hace poco tiempo una curiosidad neurológica destinada a vender libros de divulgación sobre esa extraña combinación de canales sensoriales (ver sonidos, saborear olores, oir colores, etc) cuando no a hacer ciertos elogios a las drogas psicodélicas como el LSD o la mescalina que pueden inducir sinestesias en cualquier persona.

A pesar del aura romántica que arrastra -gracias a músicos como Scriabin o a artistas plásticos como Kandisnsky– esta curiosa forma de percibir sonidos, colores, gusto, olores y tacto de forma mezclada lo cierto es que todos los intentos de adjudicar o de llevar a cabo una tabla de equivalencias entre colores y notas por ejemplo o grafemas-color han fracasado y han revelado dos cosas: que la sinestesia es un fenómeno muy común y que es totalmente subjetivo, es decir cada persona seria capaz de construir una tabla distinta sobre esas equivalencias.

Aqui escribí algo sobre la sinestesia y la relacioné con el sindrome de Stendhal, el post contiene tambien un buen testimonio de un muchacho sinestésico que además tenia paroxismos stendhalianos. Quizá por esa aura romántica el fenómeno sinestésico no fue estudiado en serio hasta que Ramachandran comenzó a relacionarlo con ciertos sindromes psiquiátricos como el sindrome de Capgras y con otros neurológicos como el miembro fantasma en su conocido libro «Fantasmas en el cerebro» una obra maestra de la neurociencia.

Podeis ver un video donde Ramachandran resume sus investigaciones.

Lo cierto es que los neurólogos de hoy carecen de tradición psiquiátrica y debe ser por eso que no han leido a Babinsky ni saben que en el siglo XIX ya se describieron ciertos síndromes que se consideraron neurológicos y no psiquiátricos como la anosognosia (la incapacidad para reconocer una amputación por ejemplo) y la anosodiaforia que es su afecto correspondiente de indiferencia y que se parecia mucho a la negación de enfermedad que hacen algunos pacientes psiquiátricos o a la «belle indiference» de las histéricas que no tenian lesión alguna en su cerebro a diferencia de aquellos que habian sufrido apoplejías.

Es por eso que entre nosotros Francisco Orengo ya publicó hace cierto tiempo un articulo que venia a decir que la «belle indiference» era equivalente a la anosodiaforia pero sin lesión, era por asi decir: su equivalente psicológico. Como si el cerebro hablara dos idiomas, uno para la mente y otro para las neuronas pero que ambos idiomas procedieran de una matriz común neurobiológica.

Esta matriz neurobiológica es posible que sea la capacidad de ciertas neuronas sinestésicas, es decir la pervivencia de ciertos cableados neuronales que podrian ser utilizados en base a la neuroplasticidad para funciones no previstas.

Pero no voy a hablar de la sinestesia en general sino de la sinestesia menos conocida por haber sido la última en describirse, me refiero a la sinestesia toque-espejo.

Se trata de una curiosa forma de sentir en el propio cuerpo las sensaciones que en realidad deberian sentir sólo otros, son esas personas que sienten como si les clavaran agujas cuando contemplan una escena en donde se le clavan agujas a un sujeto distinto a ellos mismos. Hasta ahora pensábamos que estas personas eran demasiado sugestionables o aprensivas, quizá muy miedosas por lo mal que lo pasan en las peliculas de miedo o violentas, pero es más que eso: se trata de personas que han desarrollado la empatía hasta limites insospechados y sienten en sí mismos el dolor (más frecuente) o sensaciones táctiles como caricias, etc con menor frecuencia que se les realizan a otros en su presencia.

Dicho de otro modo: la sinestesia toque-espejo está relacionada con una personalidad superempática que observa y es -como no- más frecuente en mujeres que en los hombres en una proporción 6:1. Es natural puesto que la evolución se ha encargado de promocionar este sentimiento en las mujeres que al fin y al cabo han de cuidar retoños, pero esto es sólo la explicación evolutiva, la explicación genética es que esta cualidad (si queremos llamarla asi) se transmite a través del cromosoma X.

Lo que quiere decir que si un hombre es sinestésico su madre lo será tambien puesto que el niño hereda de su madre el cromosoma X pero la niña puede haberlo heredado de su padre o de su madre y además los genes que controlan este rasgo parece que son letales para los embriones masculinos. O sea nacen menos niños sinestésicos que niñas.

Sabemos hasta ahora tres cosas: que la sinestesia está relacionada con la empatía, o sea con las neuronas espejo -a través de la activación de la corteza somatosensorial (señalada en azul en la figura de arriba) en el caso del tacto espejo- y que es más frecuente en mujeres. Pero para mi la cuestión sensible de todo este recorrido es llegar a la siguiente pregunta. Todos sabemos que las neuronas espejo sirven para aprender a imitar a nuestros semejantes y para desarrollar en nosotros la empatía que es una forma de inhibir la agresividad pero seguramente no nos hemos detenido nunca a pensar que las neuronas espejo sirve para otro fin: para diferenciar el Yo del no- Yo, es decir para trazar una barrera entre el Yo y los otros siempre en presencia de la observación visual que es su condición.

Dicho de otra forma: la densidad de neuronas espejo correlacionaría con un agrandamiento o adelgazamiento de la barrera entre nosotros y el mundo visible, por lo tanto es de esperar que las personas superempáticas tengan más problemas emocionales que los demás. ¿Es esto cierto?

A continuación me gustaria dirigir al lector a este post donde abordé un caso de ficción o al menos novelado sobre un síntoma histérico (temblor) en la escritora Siri Huvstedt. En la discusión que siguió a la publicación de este post se encuentra la clave de la pregunta que más arriba hacía. Efectivamente la superempatia tiene ventajas pero tambien inconvenientes.

Las mujeres tienen mucho más riesgo de sufrir enfermedades con componente emocional que los hombres, no porque sean más emotivas sino porque son más empáticas y suelen identificarse con más intensidad con sus figuras de referencia. Sin identificación no habría sufrimiento emocional, más allá de lo razonable por una pérdida: el termino duelo no elaborado perdería asi su acepción misteriosa.

He dicho identificarse y este es un criterio puramente psicológico, pasaré a continuación a explicar en qué consiste la identificación. El lector podrá encontrar más detalles en este post donde hablé de los vericuetos que sigue el amor. Identificarse es adquirir una identidad a partir de un original cuyo resultado es una copia del mismo.

Nos identificamos con aquello que nos resulta atractivo y que llega a formar parte de nuestra identidad, asi somos una mezcla de retales de otros, una suma de introyecciones calcadas de otro. Naturalmente este fenómeno ha de ser más eficiente en aquellas personas más dotadas para la empatía.

Lo que es lo mismo que decir que el duelo, es decir el trabajo de reelaboración de una perdida será más costoso en una persona empática que en una persona normal. ¿Es esta la razón por la que las mujeres suelen tener más problemas y sufrimientos emocionales que los hombres, incluyendo las depresiones?

Tomo prestado el comentario final de Francisco Orengo por su originalidad y por plantear una hipótesis nueva a falta de datos experimentales para validarla.

Pues si desde la infancia la persona ha aprendido a simultanear autopercepciones sensoriales (incluida la integral que representa la noción del “Uno mismo” o “Si mismo”), con las de un otro, entonces cabe pensar que la muerte de ese otro debe ser sentida por la persona que sobrevive como una especie de muerte parcial en vida. Esta sensación se me antoja espantosa en la medida en que implica un cese masivo de percepción compartida, simultaneada desde la infancia. Si esto es cierto, entonces cabría pensar que en personas con esta sinestesia, una perdida de un ser “sinéstesico con uno” sería una especie de ictus sensorial-perceptivo

Una especie de experiencia fantasma del registro motor perdido” aunque, ahora que lo pienso, mejor “UNA EXPERIENCIA MOTORA FANTASMA DEL REGISTRO SENSORIOMOTOR PERDIDO”. Eso, los músculos de Siri se ponen a temblar porque no encuentran la percepción sensorial sinestésica que se ha ido con la persona muerta que evoca en ese momento en que el síntoma debuta. Por otro lado, es posible que lo que llamamos “identificación” sea, como dices, “el equivalente psicológico de la sinestesia”. Las dos caras del mísmo fenómeno como en la anosognosia/anosodiaforia y en la belle indifference, desde luego. De todas maneras esta hipotésis habría que testarla en pacientes con sinestesias y duelos severos que deberían tener una coincidencia estadisticamente significativa de acuerdo a la hipótesis.

Dicho de otra manera: una perdida afectiva seria para estas personas como una amputación con su «miembro fantasma emocional» doliente.

Bibliografia.-

– Banissy, M. J. & Ward, J. (2007). Mirror-touch synesthesia is linked with empathy. Nature Neuroscience; 10: 815 – 816.

– Blakemore, S. -J., et al. (2005). Somatosensory activations during the observation of touch and a case of vision-touch synaesthesia. Brain; 128: 1571-1583.

Patrones, ruido y señales

Seguro que conoces esta imagen que ilustra todos los ejemplos de ilusiones ópticas, se trata de hacer comprender al observador que existen en realidad dos imágenes, un rostro femenino y un saxofonista. Las dos imágenes son perceptibles para casi todo el mundo pero sólo podemos percibir una por vez, ahora el rostro, cerramos los ojos y ahora aparece el saxofonista. Una vez que hemos descubierto el truco incluso las captamos simultáneamente aunque tal cosa es imposible. Pero nuestra consciencia cambia de registro en fracciones de segundo, una vez que estamos entrenados tenemos la sensación de que captamos la imagen de una vez pero no es cierto: ahora vemos a la muchacha y luego al saxofonista.

Nuestro cerebro es un buscador constante de patrones y en esa figura existen dos patrones que están realmente ahi.

Pero a veces el problema de detección de patrones es mucho más complicado porque a veces hay patrones que se encuentran ocultos en el ruido. ¿Qué ves en la siguiente figura?

La mayor parte de nosotros verá un perfil humano, un tipo con gafas quizá, pero ¿has llegado a ver que existe otro patrón? Mas concretamente ¿has visto la palabra «Liar»?

Bueno, si no es así no desesperes porque a veces existen patrones que están ahi pero nos los vemos, se trata de lo que más abajo llamaré errores tipo 2 o falsos negativos. Más concretamente ver la palabra «liar» no es cosa fácil porque no se encuentra en la misma linea que el rostro, sino que se encuentra escondida entre «ruido», pues ¿quién iba a encontrar esa palabra si en realidad está escrita en diagonal? Nuestro cerebro estaba buscando tal y como encontró el rostro, es decir de forma perpendicular a la visión, no buscaba en diagonal. Pero ahi está.

Otro ejemplo, ¿que ves aqui?

Es muy posible que esta escena paisajística evoque en ti algunos recuerdos, pero lo más probable es que hayas visto una pareja mirando el mar pero que te haya pasado inadvertido que englobando todo el paisaje hay un patrón escondido: si un bebé. Te ha pasado inadvertido porque no has percibido ese patrón, otro error tipo 2.

Los errores tipo 2 (falsos negativos) o no ver algo que estaba ahi suelen producirse por ciertos trucos figura-fondo mediante los cuales engañamos a nuestra visión, el más conocido de todos es este efecto Thatcher que consiste en mostrar dos fotografias de la ex-ministra pero invertidas y pedir al sujeto que diga si son o no la misma fotografia. El entrevistado suele decir que si pero que en la foto de la derecha percibe algo raro.

De modo que cuando se pone la fotografia del derecho cae en la cuenta de la deformación del rostro que anteriormente le habia pasado desapercibida.

Como aqui:

Lo cierto es que nuestro cerebro se ocupa constantemente de encontrar patrones con sentido y muchas veces fracasa en ello (sobre todo si intenta encontrar patrones en la pintura moderna). Hablamos entonces de dos tipos de errores:

1.- Los errores tipo 1 que consisten en encontrar falsos positivos, es decir en encontrar patrones con sentido alli donde no hay nada.

2.-Los errores tipo 2, es decir no ver ciertos patrones que se encontraban ocultos tras el ruido, alli donde nuestro cerebro decidió no buscar.

Naturalmente los errores tipo 1 son más frecuentes que los errores tipo 2 y lo son porque desde el punto de vista evolutivo  es más importante detectar un patrón (por ejemplo de amenaza) aunque sea falso que no percibir una amenaza que resultare verdadera. La evolución privilegió los errores tipo 1   y es por eso que tenemos ansiedad, ataques de pánico y cosas asi, en ausencia total de estimulos peligrosos. Para un cavernícola sin embargo, confundir el rumor del viento con el ataque de una fiera emboscada le daria ciertas ventajas sobre operar al revés. Todo lo más se llevaria un susto, pero siempre es mejor asustarse en vano que ser devorado por una fiera.

Con todo nuestro cerebro es un magnifico constructor de reconocimiento de rostros y es por eso que tenemos esa especial habilidad en encontrar patrones que nos recuerden caras. Hasta en Belmez se encontraron rostros en el suelo, ¿las recordaís? Nuestro cerebro es un especialista en transformar ruido en señales intencionales y con significado.

Nuestra capacidad para encontrar patrones alli donde no lo hay sino por azar (es decir sin la intención de alguien de mostrar un patrón determinado) es increible.

Nuestra capacidad para creer que eso es la cabeza de un caballo puede desplazarse a algo más puesto que la percepción no se compone sólo de significados, hay que añadirle además la intencionalidad y la agenticidad que se encuentran asociadas con cualquier tipo de percepción.

Asi cuando percibimos algo -sea algo que está realmente ahi o sea algo que no lo está- nuestro cerebro busca primero a qué se parece, luego se pregunta a través de una misma red semántica qué intenciónalidad tiene ese algo (usualmente si es amenazador para nuestra integridad fisica) y además construye una hipótesis de agenticidad, es decir quién es el agente portador de esa intencionalidad.

La evolución privilegió los errores de tipo 1 y por eso los humanos somos capaces de elaborar creencias, que es la búsqueda de agenticidad o causalidad ¿quien puso eso ahi y con qué intención?. Si algo tiene sentido es predecible que tratemos de encontrar además esa intención y esa agenticidad y es por eso que nosotros los humanos somos tan procilves a creer en cosas que no están realmente ahi y a construir complejos sistemas de creencias que las apoyen.

Todo depende de la dopamina, pues es éste el neurotransmisor que se ocupa (si tiene un pulso alto) de encontrar patrones y de no encontrarlos si su pulso es bajo.

Es por eso que las enfermedades mentales se parecen tanto -en su producción de identificar patrones- al arte. Al fin y al cabo la única diferencia formal entre un artista y un esquizofrénico es el consenso que se establece sobre qué patrones estan bien o mal vistos y dentro de los primeros aquellos que son originales o vulgares.

Es posible pues predecir que lo humano se caracteriza por  autoengaños consistentes en encontrar patrones alli donde no los hay. Aquellos de ustedes que quieran ir mas lejos pueden escuchar-ver este magnifico video de Michael Bellmer.

Poe y sus cuervos

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Este año 2009 van a tener lugar varias conmemoraciones relacionadas con centenarios, concretamente tenemos el de Charles Darwin y los del padre Jofré (del que me ocuparé otro dia) y el centenario del poeta, visionario cientifico (tal y como conté en este post), cuentista y escritor Edgar Allan Poe que inventó el género policiaco, el género de terror y de paso el género fantástico.

Y eso que murió bastante joven (a los 40 años) y de un delirium tremens que era -en aquella época- la manera en que solían morir los alcohólicos recalcitrantes es decir esas personas que recurren al alcohol para combatir sus demonios interiores.

Pero más que demonios habria que hablar de cuervos pues esa es precisamente la metáfora a la que recurrió E. A. Poe para referirse a sus fantasmas, esos que le atormentaban. Será porque son negros o quizá porque sean depredadores y carroñeros, lo cierto es que los cuervos son considerados como presagios de malas noticias, se les llama de mal agüero, a los pájaros.

Será por eso que en esta reproducción el autor ha prescindido de ellos.

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Y si no lo creen que le pregunten a Van Gogh, al dia siguiente de terminar este cuadro conocido como «Noche estrellada» se pegó un tiro, como si esos cuervos que sobrevuelan la escena lo hubieran anunciado, hay que tomarse pues en serio la metáfora de Poe.

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Esta es la versión original con pájaro incluido. ¿Les encuentran?

Será por eso que Poe escribió un poema extraordinario que es el anuncio de una nueva época a la que conocemos con el nombre de romanticismo y que es una nueva vuelta de tuerca a la subjetividad humana. Este poema merece la pena que figure aqui en este blog:

El cuervo

Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
«Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más.»

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la perdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
«No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más».

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
«Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído…», y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra «Leonor», que yo me atreví a susurrar…
sí, susurré la palabra «Leonor» y un eco la volvió a nombrar.
Sólo eso y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
«Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!».

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
«Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?»
Dijo el cuervo: «Nunca más».

Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara «Nunca más».

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: «Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará».
Dijo entonces :»Nunca más».

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
«Sin duda – dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
«Nunca, nunca más».

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: «Nunca más».

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
«¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Diós estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!».
Dijo el cuervo: «Nunca más».

«¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algun bálsamo en Galaad!»
Dijo el cuervo: «Nunca más».

«¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Diós que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar».
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!».

«¡Diablo alado, no hables más!», dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!»
Dijo el cuervo: «Nunca más».

Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará…¡nunca más!.

Ese estribillo doble, un mantra, «nada más» (nothing more) y «nunca más» (never more) que se repiten en cada estrofa han quedado grabados en la historia monumental de la poesia como una imposibilidad que es al mismo tiempo la negación de algo. La muerte visitaba a Poe en sus alucinaciones, una muerte carroñera y aviaria en forma de cuervo y llamaba a su puerta….

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He aqui la versión de Allan Parsons, no se la pierdan.

Y no es de extrañar ese gusto por lo siniestro puesto que Poe tuvo una vida bastante aciaga como sus noches del cuervo presididas por la muerte de su esposa Leonor una reedición de las muertes que la precedieron. Nos lo cuenta Peter Ackroid especialista en biografiar a famosos y que recientemente ha escrito una biografía sobre Poe.

Huérfano de padre y madre, actores ambulantes Poe fue adoptado por una pareja, los Allen de los que adoptó el apellido. Su madre adoptiva fue una buena mujer que quiso todo lo que pudo a Edgar e incluso le pagó sus estudios. Unos estudios que tuvo que interrumpir despues de la muerte de su bienhechora y quedar en manos de un padre celoso, dominante y hostil que se negó a seguir sufragando sus gastos en la universidad.

Claro que Poe hizo alguna cosa para merecer tal suerte: comenzó a beber y a gastar más de lo que su economía de prestado podia soportar, se aficionó a las apuestas y pronto sus deudas se acumularon hasta hacerse insoportable para la paciencia del iracundo padre.

Después de un breve paso por el ejército comenzó su vida errante y orientada a la autodestrucción y a la creación literaria no sin antes volver a encontrar ese amor materno que tanto parecia añorar a través de su esposa Leonor cuya presencia acompaña tanto la atmósfera como el talante depresivo de Poe en el poema del cuervo.

Poe malvivió durante mucho tiempo publicando sus historias por entregas en el Messenger un diario de Baltimore inaugurando un género que haria tambien famoso a Dickens. Poe cuyos cuentos se encuentran recopilados en varias colecciones y editados en español por Alianza editorial ha merecido no pocas reediciones, la mas reciente de las cuales es la de Edhasa.

Sus cuentos recogen las doctrinas mas en boga en su época: el mesmerismo, el ocultismo, la hipnosis junto con la mitologia y temores públicos que estas técnicas originaron en sus comienzos. Su influencia sobre otros autores posteriores fue bien notoria: yo nunca hubiera leido a Lovecraft sin antes leer a Poe. Melville, Baudelaire, Dovstoieievsky y el mismo Borges o Cortázar bebieron de las fuentes y de la estética que el maestro abrió para la literatura e incluso Auguste Dupin el celebre inspector de «La carta robada»o «Los crimenes de la calle Morgue» es un precursor del Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle o del Hercules Poirot de Agatha Christie.

Pero lo interesante desde el punto de vista psicológico es la relación que existe entre el mundo interior de Poe y sus significativas perdidas afectivas. Primero su madre, luego su madrastra la Sra Allen y más tarde su amadisima esposa Leonor. La muerte aparece constantemente en la vida de Poe del mismo modo que es omnipresente en sus cuentos, las perdidas tempranas se relacionan con la actividad artistica o al menos con el deseo de proyectarse de forma creativa en el exterior: expresarse para transformar.

Otro enigma muy discutido es la relación que existe entre esa busqueda de amor que parece pilotar la vida de algunas personas y su constante necesidad de autodestruirse. Es como si sólo a través de la autodestrucción pudiera pedirse amor. Y aun más enigmatico es el hecho de que cuando el amor se encuentra en lugar de estabilizar al demandante lo que parece que sucede es que el sufriente es incapaz de dejar de audestruirse. ¿Por qué Poe no dejó de beber al encontrar a Leonor?¿Por qué se metió en deudas sabiendo que no contaba precisamente con el apoyo del Sr Allen?

Hay un karma individual, una compulsión repetitiva que preside el parlamento sin palabras donde se cuecen las grandes pasiones de los hombres. En ese lugar que llamamos inconsciente no hay palabras, ni sentimientos, ni emociones, solo una vaga sensación de malestar que llamamos angustia. Es muy posible que la angustia sin nombre que revoloteó sobre Poe toda su vida como un cuervo fuera la responsable de ese deseo de desaparecer, un deseo no dicho, no verbalizado, un deseo desaferentizado que encuentra en la ruina, la indigencia y la degeneración del alcohol la precisa metáfora destructiva.

Asi murió Poe desharrapado, depauperado, sin ropa y sin alimento. Si murió en un Hospital es debido a que aquel dia habian elecciones en Baltimore y la policia limpió las calles de locos, indigentes, prostitutas y borrachos.

Pero Poe es ya inmortal y pervivirá en nuestro recuerdo durante muchas generaciones: su espiritu -como el tantos otros- recorre aun las calles de Boston y Baltimore y las impregna de imaginación invocando el horror.

Pues sin posibilidad de visitar el infierno no habría humanidad.

Bella y bestia soy

A todos aquellos que aun se hagan preguntas sobre el amor -esa insondable decisión del ser- les recomiendo que vuelvan a ver King Kong, una película de esas que han sido versionadas un sin fin de veces y que ayer volvi a ver en su última versión -la del 2005-, llena de efectos especiales, una pelicula entre «El señor de los anillos» y la aventuras de «Indiana Jones» que pese a no contar con una rubia de nivel como Jessica Lange no puede eludir el enfrentar las grandes preguntas de la naturaleza humana: el enfrentamiento entre la pulsión biológica, descarnada y ciega y su domesticación civilizadora.

King Kong no es sólo un simio gigantesco sino una metáfora de lo instintivo más allá de la realidad del instinto animal, puesto que no existen simios de ese tamaño aterrador, King Kong sirve como andamiaje imaginario de lo que entendemos como pulsión, la trieb freudiana, parcializada, fragmentada, oscura y destructiva, King Kong representa pues a la pulsión humana y sus destinos no son más que dos:

  • el camino del mal
  • el camino de la civilización algo que sólo consigue transformar el amor.

El amor es pues la redención de la pulsión, su conversión en deseo proporciona a la pulsión ojos y oidos, tacto y palabras, un andamiaje para que se transforme en deseo humano. Algo así parece sucederle al monstruo cuando se «enamora» de la rubia de turno que en la versión de 1976 contaba con este animal erótico, nada menos que Jessica Lange en edad de merecer.

La historia de la redención de la pulsión a través de ese enlace entre sujeto y objeto que llamamos amor es bien conocida a través de la literatura: cuentos, leyendas y mitos, el más conocido de los cuales y parece ser el tronco comun de donde salió esta historia del mono enamorado, es «La bella y la bestia«, otro relato del que se conocen múltiples versiones y que probablemente es antiguo y presente en casi todas las culturas. De hecho se atribuye a Apuleyo en sus «Metamorfosis» tanto el relato de la bella y la bestia como el mito de Cupido y Psiqué que parece ser el antecesor común de estos cuentos sobre el alma y sus coordenadas relativas al deseo y los vericuetos del amor:el enlace entre el deseo y su objeto.

Todas las «bellas» de este universal relato tienen algo en común: todas son raptadas por alguien, son sacrificadas para salvaguardar el bienestar de su familia o se ofrecen voluntarias para el sacrificio. Es desde esta posición de fuerza que entran en contacto con la bestia y es desde esa posición que consiguen civilizarla perdiendo de paso su inocencia núbil. Todo parece indicar pues que las relaciones que se establecen entre el deseo y la pulsión son retrógradas, es decir fruto de un rapto o paroxismo, de un viaje hacia dentro que las bellas recorren contra los impulsos de su naturaleza, en efecto sólo los héroes recorren ese camino de descenso de arriba a abajo o desde la superficie al interior por propia voluntad. Pero es verdad que todo deseo obtiene su fuerza y su impulso vital de la pulsión y que todo deseo debe asomarse de vez en cuando a la pulsión para recargar las pilas y que resulte posible seguir deseando pues sin deseo el hombre cae en manos de la pulsión ciega o bien perece de acedia o de aburrimiento, de melancolía.

Otra de las versiones del mismo tema es la conocida obra de Gaston Leroux titulada «El fantasma de la ópera«, en ella Cristine opera como la incitadora del deseo del fantasma, un compositor que habita en los laberinticos sótanos de la opera y desde alli maneja asu antojo a los administradores del teatro imponiendo sus gustos y sus preferencias. Naturalmente Cristine forma parte de esa preferencia pues el fantasma está enamorado de ella.

Y es por eso que la rapta, nótese como la rapta del mismo modo como Hades rapta a Perséfone, por la fuerza y la lleva al mundo subterráneo, al infierno, en este caso a los sótanos del edificio, instalado sobre una laguna. Y lo hace a través del espejo

Disney también entró a saco sobre el asunto con una propuesta descafeinada sobre el asunto del deseo, pasando de puntillas para hacer de la historia un consumible para todos los públicos. En este video puede obervarse la versión de dibujos animados de mismo tema.

Pero la moraleja no es que Belle doma a la bestia a partir de su bondad como parece querernos decir el moralista Disney sino que deshace el sortilegio de la Bestia que estaba apresada en un monstruo merced a un hechizo anterior de una bruja. Es solamente cuando ella cede a sus intentos de seducción y pronuncia la frase mágica «Si quiero» cuando la Bestia deja de ser bestia y se convierte en un apuesto principe. Y este es el regalo al que toda niña sin pulsiones conocidas -es decir inocente- aspira, un principe azul, bello, tierno y rico si es posible claro. La pulsión se pierde en la transformación y solo queda el amor, ese amor del cuento que nos asegura una felicidad eterna y que tanto llama la atención de las niñas en esa edad de merecer.

Pero a veces el monstruo no puede ser derrotado sino por el ejército, esa es la propuesta un poco belicista que nos hace King Kong. Reducido a cautividad, a ser mostrado como un animal de circo, el gorila enamorado de una rubia es llevado a Nueva York con la intención de exhibirlo en plan circense. Pero King -la pulsión-es irreductible, es por eso que se encarama a sus rascacielos -simbolo fálico por antonomasia- y desde alli y después de encontrar a su amada es abatido por la fuerza aerea. Al final rubia y galán reencontrados de si mismos y a sabiendas de qué cosa es el deseo se funden en ese amor parejil que precisa del sacrificio de algo para remontar el vuelo, en este caso la muerte de la pulsión y la elección del camino del amor doméstico.

Las heroinas del «Fantasma» y de King Kong no resultan tan insoportablemente beatas como Belle, en efecto, al menos ellas se han asomado a ese pozo sin fondo de lo instintivo y se llevan un «rollo» de lo más ambiguo con sus bestias interiores. Cristine más que raptada por el fantasma se encuentra fascinada por la naturaleza de su relación con él que la distingue de todas sus competidoras y que de alguna forma la protege de sí misma y de los demás, el problema es que Cristine se cree señalada por el destino en forma de «Angel of music». Al final Raul se lleva su trofeo y el amor se impone, al fin y al cabo el fantasma no era más que eso, una imaginación de la propia Cristine: es por eso -que al menos en la versión del musical– desaparece cuando está a punto de ser apresado.

Un fantasma no puede enjaularse, pues no es más que un acicate del deseo y carece de vida real.

Y son los besos son que rompen el hechizo.