El gran despertar

Alexander Dugin es un politólogo, escritor, filósofo e historiador de las religiones de origen ruso que ha estado empeñado en describir lo que a su juicio seria una cuarta teoría política, más allá del fascismo, comunismo o liberalismo. Su propuesta es algo así como un neo-eurosianismo, es decir una superación del bloque soviético y su inclusión en una Europa de base cristiana.

Dejaré abajo el articulo que he usado para confeccionar este post en la bibliografía. Pero pretendo ampliar sus conceptos con otros de mi cosecha. Y para empezar diré que el concepto de «gran despertar» es el nombre informal mediante el cual se ha organizado la resistencia frente al globalismo y el «gran reseteo».

Pero a mi personalmente este nombre no me gusta nada por sus resonancias místicas y esotéricas, en realidad el gran despertar es el nombre con el que se conoció a un movimiento de revitalización cristiana que se extendió por la Europa protestante y América británica, y en especial las colonias norteamericanas en la década de 1730 y 1740, dejando un impacto permanente en la religión norteamericana. Fue el resultado de la predicación de gran alcance que le dio a los oyentes una sensación de revelación personal de su necesidad de salvación por Jesucristo. Apartándose de los rituales y ceremonias, el Gran Despertar comprende un cristianismo intensamente personal para la persona común mediante el fomento de un profundo sentido de convicción espiritual y de la redención, y mediante el fomento de la introspección y el compromiso de una nueva norma de moralidad personal.

Personalmente creo que efectivamente esa resistencia al globalismo aun no tiene nombre ni mucho menos una ideologia que oponer a la de su adversario, pero ha de ser algo nuevo, nunca volver atrás se ha considerado -ante situaciones nuevas- una buena estrategia. Lo cierto es que la resistencia al globalismo es un movimiento patriótico y en cierta forma soberanista pero no puede quedarse en eso si realmente queremos vencer en esa guerra que ya se está llevando a cabo en distintos escenarios globales.

Pero es una guerra nueva, que se lleva a cabo sin tanques ni armas de fuego, ni soldados sino a través de ciberataques, pandemias, desastres naturales, incendios y asonadas y sobre todo una enorme movilización de los medios a fin de proyectar escenarios apocalípticos y sobre todo una imagen de gobiernos incapaces de gestionar las crisis con un mínimo de coherencia a fin de crear un vacío institucional. En esta guerra se mezclan pues elementos bien diversos: noticias falsas, decisiones estúpidas (que podemos contemplar en un continuo vaivén de contradicciones), guerra de guerrillas en las principales ciudades al estilo de la revolución molecular disipativa descrita por Lopez Tapias. mientras la agenda de Davos y el gran reseteo avanza hacia ese objetivo del 2030.

La llegada de Biden a la Casa Blanca marca la señal de que los globalistas están avanzando hacia los siguientes pasos que no son otros sino la instauración de políticas totalitarias (censura, cancelación, persecución de los disidentes, etc) a cara descubierta y mediante la complicidad de las grandes agencias.

Esto afectará a todas las áreas de la vida: los globalistas están regresando al punto en que Trump y otros polos de la creciente multipolaridad lo impidieron. Y ahí es donde el control mental (a través de la censura y manipulación de las redes sociales,  la vigilancia total y la recopilación de datos para todos ) y la introducción de nuevas tecnologías juegan un papel clave.

Es interesante saber que aunque el globalismo ostenta un enorme poder, pues son los propietarios del dinero que pueden ir multiplicando hasta el paroxismo, tienen una fuerte oposición: en EEUU existe unos 70 millones de personas que se oponen a los planes de Biden, lógicamente esto es un hándicap, personalmente encuentro muy complicado gobernar con esa masa de personas opuestas a la globalización. Rusia y China son países antiglobalistas como lo son también los países árabes incluyendo a Irán o Turquia. Dicho de otra manera, allí donde la democracia liberal fracasó volverán a fracasar los planes globalistas. Paradójicamente los planes globalistas de momento van ganando la guerra en Europa, siendo España el país donde más avanza su agenda.

En Europa,  comenzó a surgir una  ola de populismo a medida que estallaba el descontento de los europeos con la inmigración masiva y las políticas de género. Las élites políticas europeas permanecieron completamente subordinadas a la estrategia globalista, como se vio en el Foro de Davos en los informes de sus teóricos Schwab y el Príncipe Carlos, pero las propias sociedades comenzaron a moverse y, a veces, se levantaron en rebelión directa contra las autoridades, como en el caso de las “ protestas de los chalecos amarillos» en Francia. En algunos lugares, como Italia, Alemania o Grecia, los partidos populistas incluso han entrado en el parlamento.

Pero mientras tanto estos planes siguen adelante con sus revoluciones pop (anarquistas) y sus planes de debilitación de los Estados modernos tal y como los conocemos. Y sobre todo mediante el simulacro y la escenificación de grandes desgracias.

No es Trump es el trumpismo.-

No tanto es el propio Trump, sino en su línea de oposición a los globalistas, la que se ha convertido en el núcleo del trumpismo. En su papel de presidente, Trump no siempre estuvo a la altura de su propia tarea articulada. Y no pudo hacer nada al menos cercano a “drenar el pantano” y derrotar al globalismo. Pero a pesar de esto, se ha convertido en un centro de atracción para todos aquellos que conocían o simplemente sentían el peligro que emanaba de las élites globalistas y los representantes de Big Finance y Big Tech inseparables de ellos.

Así, el núcleo del trumpismo comenzó a tomar forma.

La fuerza impulsora detrás de la movilización masiva de los “trumpistas” llegó a ser la organización en red QAnon, que portaba sus críticas al liberalismo, los demócratas y los globalistas en forma de teorías de conspiración. Difundieron un torrente de acusaciones y denuncias por parte de los globalistas, por estar involucrados en escándalos sexuales, pedofilia, corrupción y satanismo.

Dado que las redes sociales son monitoreadas regularmente por partidarios de la élite liberal, recopilar información sobre casi todos los ciudadanos estadounidenses y sus preferencias políticas no fue un problema. Por lo tanto, la llegada de Biden a la Casa Blanca significa que el liberalismo ha adquirido características francamente totalitarias.

A partir de ahora, el trumpismo, el populismo, la defensa de los valores familiares y cualquier atisbo de conservadurismo o desacuerdo con los principios del liberalismo globalista en Estados Unidos  será casi equivalente a un crimen  : discurso de odio y “fascismo”.

Pero el trumpismo no acabará con la victoria de Biden ni se terminará con la retirada de Trump.

El  Gran Despertar  no se trata de élites e intelectuales, sino de personas, de masas, de personas reales.

Y el Despertar en cuestión no se trata de análisis ideológico. Es una reacción espontánea de las masas, poco competentes en filosofía, que de repente se dieron cuenta, como ganado frente al matadero, que su destino ya lo decidieron sus gobernantes y que no hay más espacio para la gente en el futuro, pues la ultima fase del reseteo es acabar con todo lo humano que hay en el hombre.

El Gran Despertar es espontáneo, en gran parte inconsciente, intuitivo y ciego. De ninguna manera es un escape de la conciencia, de la conclusión, del análisis histórico profundo. Como vimos en las imágenes del Capitolio, los activistas de Trump y los participantes de Qanon parecen personajes de cómics o superhéroes de Marvel. La conspiración es un sarampión infantil antiglobalización. Pero, por otro lado, este es el comienzo de un proceso histórico fundamental. Es así como surge el polo de oposición al curso de la historia en su sentido literal.

Es por eso que la tesis del Gran Despertar no debe cargarse apresuradamente con detalles ideológicos, ya sea conservadurismo fundamental (incluido el conservadurismo religioso), tradicionalismo, crítica marxista del capital o protesta por la protesta anarquista. El Gran Despertar es algo más orgánico, más espontáneo y al mismo tiempo tectónico. Así es como la humanidad se está iluminando repentinamente por la conciencia de la proximidad de su inminente fin.

Y es por eso que el Gran Despertar es tan serio. Y por eso viene de dentro de Estados Unidos, esa civilización donde el ocaso del liberalismo es más espeso. Es un grito desde el centro mismo del infierno, desde esa zona donde el futuro negro ha llegado parcialmente.

El articulo original de Alexander Dugin

Un comentario en “El gran despertar

  1. Efectivamente el ‘Gran Despertar’ suena un tanto esotérico, quizás tan solo se trate de volver a ‘tener los pies en el suelo’.

    En realidad, casi nunca tenemos los pies en el suelo. Tanto de forma literal como metafórica. Andamos con zapatos de vestir, con zapatos de tacón, con chanclas de plástico, con deportivas, ¡e incluso tenemos zapatillas de ir por casa! No tenemos los pies en el suelo; como mucho cerca del suelo, y siempre con una capa de protección entre nosotros y la Tierra.
    Quizás, aunque también suene esotérico, deberíamos reconectarnos con la Tierra, reconectarnos con el suelo de nuestra tierra y nuestros ancestros, tanto de forma literal como metafórica.

    Aunque nuestro planeta se llame Tierra, lo cierto es que viéndolo desde el espacio parece más bien compuesto de agua. Investigaciones recientes han determinado que el 71% de nuestro planeta está cubierto de agua. Por lo tanto, las masas continentales apenas representan el 29% de la superficie total.

    En este sentido, el eurasianismo es lógicamente una telurocracia mientras que el globalismo es una talasocracia.

    El término telurocracia significa ‘poder terrestre’, y designa un concepto geopolítico y geoestratégico que denota los gobiernos cuyos dominios son principalmente terrestres.

    La telurocracia tiende a generar gobiernos productivos, proteccionistas y autárquicos, a generar un sistema multipolar equilibrado y a conceder importancia a la relación entre el hombre y la tierra.

    En contraposición, talasocracia significa ‘poder marítimo’. Es un concepto geoestratégico que señala a gobiernos cuyos dominios son principalmente marítimos. El término se originó en el Mediterráneo para referirse a civilizaciones como la Minoica, que gracias a la magnitud de su flota de pequeñas embarcaciones comerciales que también se usaban para transportar guerreros, dominó sobre las costas del mar Egeo.

    La británica ha sido considerada la mayor talasocracia global de la historia. Fue sustituida posteriormente por la hegemonía naval de los EE.UU. y finalmente por el globalismo.

    Las talasocracias son colonialistas y tienden a generar gobiernos comerciales imperialistas extractivos, tendientes a un sistema unipolar distópico, basado en un liberalismo inhumano mercantilizado exclusivo para quienes ostentan el poder.

    Es un punto importante, en el mundo humanista y de la geopolítica, comprender los términos de telurocracia y talasocracia ya que, con ellos, se explican muchas de las tensiones internacionales existentes entre diversos modelos de estado, modelos económicos y sociales que se van imponiendo, solapando, transitando y, casi siempre, chocando alrededor del mundo.

    Pese a que los globalistas liberales de pensamiento único, llegan a calificar a Duguin como fascista, sus ideas son más bien eclécticas y sus búsquedas para una cuarta teoría política son, lógicamente, a veces contradictorias.

    Para comprender el eurasianismo humanista de Duguin hace falta comprender el concepto de ciudadanía que tienen los rusos. Algo que sería interesante de aplicar también a España.

    Existe en Rusia una diferencia entre el concepto de ciudadanía y nacionalidad, donde no son sinónimos, y donde no todos los ciudadanos rusos poseen la misma nacionalidad.

    En Rusia, la nacionalidad queda fijada por nacimiento, y su adjudicación depende de la decisión parental de inscribir a sus hijos con una u otra nacionalidad, compartiendo el 80% de la población la nacionalidad rusa étnica, o Russkii, mientras que el otro 20% se reparten otras 193 nacionalidades diferentes.

    Otra cuestión es el tema de la ciudadanía, ya que todos los rusos poseen la misma ciudadanía Rossiyane, independientemente de su nacionalidad, siendo esta la que otorga deberes y derechos a los habitantes, y careciendo la inscripción en uno u otro grupo étnico de cualquier valor legal o político fuera de lo meramente identitario y cultural.

    Así Rusia se plantea como el estado nación de los Rossiyanes, no de los Russkiis, es decir, como el estado nacional de todos aquellos pueblos que han abrazado algunos elementos de la cultura Russkii, como la lengua, pero que no lo son necesariamente, ofreciendo a la vez a las demás naciones no Russkiis un estado plurinacional con autonomía para los pueblos que lo integran.

    Por ello cuando los líderes políticos rusos hablan de los ciudadanos rusos, no se refieren a la población Russkii, sino Rossiyane, un concepto mucho más amplio, ambiguo, y sin connotaciones necesariamente étnicas.

    Rusia, el último gran Estado plurinacional europeo
    https://elordenmundial.com/rusia-estado-plurinacional-europeo/

    Esta diferencia entre la nacionalidad Russkii, y la ciudadanía Rossiyane es imprescindible para comprender la poca etnicidad de las teorías de Duguin pues, como Rossiyane, entiende Eurasia en el sentido de ciudadanía telurocrática euroasiática, independientemente de la nacionalidad China, Española, o la que sea, que presentemos sus habitantes.

    Una opinión sobre Talasocracia vs Telurocracia
    https://otralectura.com/2019/01/28/talasocracia-vs-telurocracia/

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