Elogio del estereotipo

Santiago Armesilla es un youtuber que declara ser marxista y buenista (de Gustavo Bueno) y que es economista y politólogo. Su canal es interesante y dedicado fundamentalmente a entrevistar a personas relevantes del mundo de las redes. Por poner alguna pega a su trabajo, diré que sus videos son demasiado largos y reiterativos aunque no faltos de rigor intelectual. Hace poco he estado viendo (aunque confieso que no llegué hasta el final) una entrevista que le hizo a una chica trans de nombre Sandra Mercado que este mes de Noviembre publicará un libro sobre un testimonio personal: su periplo hasta convertirse en una chica trans y por supuesto su arrepentimiento posterior. El libro es en este sentido una critica a la ideología queer y por supuesto de las técnicas quirúrgicas que se han puesto en marcha en nuestro país y de forma gratuita para amputar el miembro viril a quienes así lo demandan dando por buena cualquier petición -diagnóstico positivo- sin contraste psiquiátrico ni información veraz sobre los riesgos que conlleva esta cirugía.

De manera que la entrevista tiene varias partes, una donde Sandra habla de sus traumas infantiles, su vivencia de sexualidad homosexual precoz, y posteriormente su búsqueda de «femineidad» hasta llegar a la solución final con vaginoplastia incluida. La segunda parte es algo así como una puesta al día de argumentos y bibliografía anti-queer y su critica al movimiento que precisamente ahora con la tramitación de la ley trans en el Congreso ha tomado cierta relevancia en la vida publica.

Personalmente no me gustan nada los testimonios de las personas concretas, sean de esta cuestión o de cualquier otra, por una razón fundamental: los testimonios personales -aun aquellos que contienen opiniones relevantes- (y no cabe duda de que Sandra tiene opiniones relevantes y muy juiciosas) no son ciencia, sino relatos. Y los relatos hay que guardarlos para los psicólogos o la intimidad de una consulta psiquiátrica y no para la opinión publica, pues inmediatamente podríamos encontrar otros opuestos que defenderán lo contrario. Por la misma razón la «memoria histórica» es una escucha de relatos pero no es Historia, pues podemos encontrar relatos contrapuestos entre nuestros interlocutores que no aclaran nada sobre lo que sucedió en un acontecimiento histórico determinado, por eso la Historia es una ciencia y los testimonios son solo eso, literatura. Y cada uno no puede sino contar el suyo, lo que vivió y lo que recuerda, cómo cada uno recuerda una cosa bien distinta a la que recuerda su vecino, los relatos son siempre contradictorios.

Una cuestión que me interesó del discurso de Sandra, es cuando habla de los estereotipos y confieso que me hizo pensar mucho sobre esta cuestión. Declara que se sintió homosexual desde pequeño, le gustaban los chicos de su propio sexo y habla de que para gustarles intentó feminizarse poco a poco aunque declara que ya era bastante afeminado lo que le llevó a ser maltratado en la infancia. Lo que plantea no es baladí, ¿qué es feminizarse? o ¿En qué consiste la femineidad?

Si nos hacemos esta pregunta cualquiera de nosotros caeremos en la cuenta de que a la hora de representarnos una mujer o un hombre lo que estamos haciendo es recurrir al estereotipo: Esto es una mujer y esto es un hombre:

No cabe ninguna duda de que cuando pensamos en un hombre o una mujer nos vienen a la mente cientos de imágenes, actitudes, ropas, voces, formas de caminar, tacones, fajas, medias, cosméticos, sombreros, pistolas, coches, deportes, luchas, desafíos, lealtades, etc y toda clase de recuerdos de todo aquello que hemos vivido y experimentado a lo largo de nuestra vida que nos impulsa hacia ese estereotipo, muchas veces observado en películas, pues ni siquiera el cine ha sido capaz de huir de los estereotipos. Más que eso los ha fomentado.

Los estereotipos pueden definirse como los extremos de rasgos que identificamos como masculinos o femeninos pero lo cierto es que estos rasgos no vienen siempre juntos y en realidad no existen mujeres como Laura Antonelli u hombres como John Wayne que son en realidad, eso, relatos, constructos inventados por el cine para el entretenimiento. Lo que quiero decir es que en los sujetos reales -más allá de los extremos- todos tenemos rasgos femeninos y rasgos masculinos tanto en nuestro cuerpo como en nuestra mente. Dicho de otra forma casi todos nosotros tenemos cerebros balanceados.

Cuando fuimos embriones recibimos una dosis relevante de testosterona (como sucede en los varones) o no la recibimos más que en pequeñas dosis como sucede en las niñas. Pero no es todo una cuestión de dosis, también hay que contar con los receptores disponibles para la testosterona. De nada serviría tener mucha testosterona si no hay receptores para que se exprese en el cerebro y más tarde en el cuerpo. Dicho de una forma más clara: la masculinización-feminización de un cerebro no depende solo de la presencia-ausencia de testosterona en periodo fetal, no es una cuestión digital de todo o nada, sino que el baño de testosterona recorre una amplia gama de inundaciones o sequías a o largo del embarazo.

Recorre pues una escalera analógica, unos tienen más y otros menos exposición que se manifiesta en la digit-ratio.

Pero la cosa se complica porque la «digit ratio» no predice la orientación sexual, solo algunos rasgos de la sexuación cerebral.

El lenguaje sin embargo es categorial y construye opuestos y por eso existen los estereotipos (en los extremos) y luego nosotros, en nuestra mente, creemos que los opuestos son contrarios y los tratamos como tales en nuestras operaciones lógicas. La realidad es que lo contrarios no lo son tanto como creemos, pensemos en una escala analógica donde masculino y femenino sean opuestos, uno sería 0 y otro sería 1. Lo usual es pensar -como sucede en política- que cada uno de nosotros estaríamos un poco en el centro, equidistantes tanto de la masculinidad radical como de la feminidad radical.

Pero el centro no existe en genética, lo que existen son polimorfismos que se silencian unos a otros, que vencen en una competición o que cooperan entre sí.

Pero ahora vamos a pensarlo de otra manera, supongamos que masculino y femenino no son contrarios, vamos a pensarlos  (tampoco como suele decirse como complementarios), vamos a pensarlos como despliegues distintos de potencialidades que ocupan un mismo lugar, vamos a pensarlos como un cluster de potencialidades o habilidades que están juntas, ocupando un mismo espacio de ejecución cerebral. Una misma utilidad neurobiológica.

Pensarlo de este modo nos permitiría poder agrupar utilidades en un mismo cerebro con independencia de si se es hombre o mujer. Y también nos permitiría abandonar esa estúpida convicción de que «todos somos iguales».

No lo somos, pero lo importante como más abajo trataré de explicar no son las diferencias que existen entre unos hombres y otros, sino la brecha que se abre entre hombres y mujeres sobre todo en lo que respecta a la personalidad

Y es por eso que algunos autores como Michael Kimmel ha puesto a punto un master sobre la masculinidad. Dice Kimmel:

«Cuando planteo el tema de las masculinidades en plural procuro poner el acento en el hecho de que no existe un modelo único y hegemónico de ser hombre y en que las diferencias y alteridades de la masculinidad no deben entenderse como versiones menores de ese modelo o como fragmentos de una estatua que se ha roto». En lenguaje coloquial: los hombres hoy son, o pueden ser, ‘hipsters’ y ‘canis’, ‘fofisanos’ y ‘lumbersexuales’, ‘andróginos’, ‘normcore’ y ‘muppets’. O no ser nada de esto».

Pero lo más dramático de esta historia, es la cantidad de «machitos» que no daban la talla para adaptarse a este modelo estereotipado, donde los disidentes eran siempre calificados como «niñas», «mariquitas» o «débiles», un modelo excluyente como los nacionalismos.

Y la verdad es que este modelo no se corresponde con la realidad genética de nuestra especie. Hay mucha «masculinidad» en algunas mujeres y mucha «femineidad» en muchos hombres. Pero el problema sigue siendo de etiquetas: no disponemos de ninguna otra palabra para designar estos conceptos. ¿Qué significa que un hombre es femenino? ¿Qué significa que una mujer es masculina?

La verdad es que estos conceptos son muy escurridizos y no están señalando la verdad neurobiológica que ocultan. Lo sabemos por los homosexuales.

Suele decirse que un hombre homosexual es un hombre que quiere ser una mujer. No es cierto en la mayor parte de los casos. Un hombre homosexual es un hombre, que sabe que es un hombre pero que se siente atraído sexualmente por otros hombres y que no desea transformarse en mujer, y que puede conservar entre sus rasgos, preferencias y gustos, muchas utilidades que se atribuyen a la masculinidad, por ejemplo la promiscuidad y otras bien femeninas como la tendencia al embellecimiento, el histrionismo o la locuacidad.

Dicho de otra manera se puede ser muy macho y al mismo tiempo ser homosexual. ¿Entonces qué es la masculinidad?

Podemos adelantar una cuestión: la orientación sexual es independiente de la identidad sexual. No es necesario hacerse trans si eres homosexual buscando ser femenina, pues en realidad lo trans puede interpretarse como una homofobia y desde luego deja a las mujeres y al feminismo en general al pie de los caballos.

Aun no hemos descubierto qué realidades neurobiológicas se ocultan tras eso que llamamos «masculinidad» y «femineidad». Lo que sabemos son «big data», es decir datos que proceden de la estadística que componen correlaciones y otros procedentes de la neurobiología, por ejemplo hoy sabemos que la sexuación cerebral se compone en época fetal y es hormonodependiente, es decir nos desarrollamos con cerebros de hombre o de mujer a través de la testosterona circulante mientras estamos en el seno de nuestra madre. La sexuación cerebral se completa antes de los 3 meses de vida. Sin embargo no está demasiado claro qué es un cerebro masculino o un cerebro femenino. Lo más seguro es que no existan diferencias gruesas -pero sí funcionales- entre ambas anatomías cerebrales, pero que la sexuación se constituya como un mosaico.

Y es también probable tal y como predice la «teoría de la sabana» que cuanto más nos alejamos del entorno ancestral (de cazadores-recolectores) más se bloqueen las diferencias innatas entre hombres y mujeres, lo cual nos permite predecir que las brechas de género al menos en cuanto personalidad se agrandarán en el futuro próximo.

¿Qué hay de común en todos los hombres?

La verdad es que las masculinidades de las que habla Kimmel son axiomáticas y fácilmente reconocibles. Es obvio que la masculinidad tradicional (una masculinidad que procede de entornos agrícola-pastorales) está en crisis y sufriendo un declive quizá como reacción a la liberación de la mujer. Pero si a mí me preguntaran que hay de común en todos los hombres y qué nos diferencia de todas las mujeres diría que a los hombres nos siguen gustando los deportes y las películas de guerra y las mujeres no parecen demasiado interesadas en ello. Por el contrario a las mujeres les sigue gustando ir de compras y adquirir ropa, algo que a ningún hombre que yo conozca le agrada. (Aqui hay un listado de lo que nos gusta a los hombres) Y se trata de algo innato, no de algo adquirido o impuesto por la cultura (esto está también demostrado y no voy a insistir en convencer a los ideólogos del género). Del mismo modo a las mujeres les encantan las profesiones altruistas como la psicología, la enfermería, el profesorado o la medicina mientras los hombre se encuentran más motivados por las ingenierías, la física, las matemáticas o la informática. Y por supuesto la carrera militar. Se trata de la conocida paradoja noruega.

Y este fenómeno es algo biológico, mal que les pese a los ideólogos de la igualdad, se trata de la llamada brecha de género. Hay diferencias entre hombres y mujeres y muchas, – sobre todo cuando podemos elegir profesión-si bien es cierto que al imaginarlas como un continuo hemos desperdiciado otras alternativas.

Dicho de otro modo y como conclusión:

Huir del estereotipo es una forma de caer en el estereotipo, pues el estereotipo es el guardián de los significados y no podemos huir o renunciar a él, solo relativizarlo. Hay una verdad en el estereotipo que no cabe menospreciar.

Esto aprendi oyendo a Sandra Mercado.

Y otra cosa: no tomes decisiones irreversibles antes de haber madurado lo suficiente para saber dónde te lleva esa decisión.

Los hombres pactan, las mujeres insisten

No cabe duda de que la nuestra es una especie dimórfica, significa que los sexos pueden identificarse más allá de los genitales, y lo hacemos a simple vista por el tamaño: los hombres suelen ser más grandes, más altos, más fuertes, más veloces, pero también por algunas características de la conducta: los hombres son más agresivos y las mujeres son más reticentes a solventar sus problemas con la agresión, incluso podríamos decir que han desarrollado una profunda aversión a la agresividad en sus interacciones con otros.

Y es precisamente la agresión entre los machos de nuestra especie la responsable del dimorfismo. Estas diferencias tan marcadas -aunque cada vez menos- entre hombres y mujeres señalan en la dirección de entender que nuestra especie procede de un linaje de simios muy agresivos, de una agresividad similar al chimpancé, que es la especie con la que compartimos la mayor parte del genoma. Más concretamente nuestra especie tiene antecedentes de una rivalidad extrema entre machos, es por eso que la evolución favoreció a los más dotados para la lucha y los rasgos de fortaleza física fueron seleccionados positivamente. Dicho de otra manera: la agresividad de los machos procede de una rivalidad continua por las hembras y los recursos.

Ahora bien esta lucha por encontrar los mejores armamentos ha coevolucionado con otra: la de encontrar mecanismos de inhibición de esas mismas conductas que explica que las luchas agonísticas entre machos no terminen casi nunca con la muerte del rival. Nuestra especie no tiene garras ni dientes, ni cornamentas de manera que no tuvo más remedio que inhibir estas conductas a través de señalamientos relacionados con las intenciones y las manos. El sapiens tiene manos, lo que significa que puede portar armas, piedras o lanzas, y tiene también intenciones que pueden identificarse con la teoría de la mente. Podemos llegar a saber si un intruso viene con malas intenciones o si podemos confiar en él. De esta manera nos es más fácil comprender porqué darse la mano en un gesto de amistad: una mano vacía es la mejor prueba de que no contiene armas.

Naturalmente todos estos efectos armamentos-inhibidores afectan a los hombres, las mujeres por su parte no se vieron sometidas a esta selección, por lo tanto no desarrollaron inhibiciones para sus conductas agresivas que también pueden tenerlas de forma reactiva, pero no proactiva, es decir no es necesaria su agresividad para tener sexo , no ha de competir en entornos ancestrales me refiero. Y esta falta de competencia explica que no hayan desarrollado mecanismos inhibitorios frente a su agresión y deseos de dominio que también tienen. Salirse con la suya es un propósito común en ambos sexos.

Y por eso titulé este post de esta forma: los hombres hemos desarrollado complejos sistemas para apaciguar nuestras tendencias competitivas, desde el pacto de caballeros (estrechar una mano) hasta complejos sistemas jurídicos para castigar a los que no cumplen las normas. Vale la pena señalar que el primer sistema de escritura – la cuneiforme sumeria- se utilizaba sobre todo para señalar deudas y pesajes de materiales o comida . Es decir conflictos entre los hombres.

¿Y qué hacen las mujeres?

Como tampoco están muy motivadas para la imposición de sus querencias algo que requeriría cierta dosis de agresión, las mujeres sobre todo utilizan la insistencia. Las mujeres insisten y se salen con la suya a base de insistir y es por eso que es difícil pactar nada con ellas. Otra opción es el sometimiento.

Sonia Abadi, es una psicoanalista argentina que es amiga mía en twitter y hoy mismo me ha dado una pista sobre lo que estoy describiendo ahora. Ella que trata a parejas en su consulta me ha contado que la mayor parte de las mujeres se quejan (en las terapias de pareja las personas se quejan unos de otros) sobre todo de que el marido no ha cambiado nada desde que se conocieron, mientras que el hombre se queja de que su mujer no es la misma de la que se enamoró, que ha cambiado y mucho para peor, se ha hecho quejosa, dominante y discutidora. Esta es una observación universal, al menos en el mundo occidental, ¿pero cómo puede comprenderse esta queja dándola por buena, es decir legitimándola al mismo tiempo?.

Una explicación es el uso que los hombres y las mujeres hacemos de los pactos como ya he explicado antes y otra es de carácter mas ontogénico. La distinta forma de socializarse que tienen hombres y mujeres. Los niños pequeños están poco interesados por las niñas, juegan en otra liga por así decir, en realidad los niños están interesados por los niños mayores que ellos que son los que llevan a cabo las hazañas que quisieran hacer. Por contra las niñas de esa misma edad están muy interesadas por esas mismas hazañas que los niños llevan a cabo en sus juegos y en sus desafíos. Dicho de otro modo, hay cierto grupo de niñas que están interesadas en jugar en la liga de los chicos, mientras que otras no parecen estarlo. Sin embargo los niños no están nada interesados en competir con las niñas, ¿pues que valor tendría ganar a una niña en una carrera? No cabe duda de que los juegos infantiles reproducen hasta la adolescencia una jerarquía primitiva que en tiempo ancestral desempeñó una función muy importante entre las relaciones hombres-mujeres. Los hombres son robustos y cazan y las mujeres son gráciles y recolectan y se ocupan de sus hijos. Y estas conductas tienen mucho que ver con la socialización, para un niño es importante que sus iguales (los otros niños) le acepten y le otorguen algún lugar en la jerarquía de los chicos, sea por sus facultades atléticas, matoniles o académicas. Mientras que en las chicas es más importante para ser aceptada, sus habilidades para compartir y decir compartir es decir hablar de sus debilidades y conflictos. Ningún chico será aceptado si habla de sus debilidades con sus compañeros pero para las chicas es obligatorio. Hablar e insistir es la forma en que las mujeres suplen su falta de habilidades para el pacto y la mayor parte de problemas en las parejas, proceden o bien del hecho de que el hombre quiere dominar y salirse siempre con la suya o bien de que la mujer no sabe pactar y por tanto es incapaz de llegar a compromisos durables.

De manera que lo mejor para la crianza es dejar a los niños que sigan su propia querencia en los estereotipos sexuales, pues ya se encargará la adolescencia de estirar el chicle e imponer la visión entre ellas de que los chicos solo piensan en los videojuegos o los coches y en ellos la idea de que una mujer es una persona que quiere cambiarle.

Así y todo la mujer fascinará al hombre en cuanto sus hormonas se pongan en marcha y la mujer tomará al hombre como referente de todas las cosas.

Hasta que la política les separe.

Nota liminar con Alexia Putellas al fondo.-

Pueden las chicas jugar a futbol?

El caso de Alexia Putellas demuestra varias cosas:

1.- Se puede optar por un juego masculino y no ser lesbiana.

2.- Se puede ser muy femenina y tener gustos de chicos.

3.- Una chica puede alcanzar la excelencia tanto en los deportes como en cualquier otra actividad, oficio, o profesión.

Pero lo cierto es que fueron los hombres los que inventaron el futbol y es muy poco probable que en una sociedad matriarcal se hubiera inventado un deporte así. Las mujeres siguen el rastro de los inventos masculinos para medrar. O dicho de otra forma: las chicas tienen siempre como referentes a los hombres.

Y este es el problema que no se quiere ver cuando se dice que hay estereotipos sexuales y que el resultado es que la sociedad moldea el gusto de chicos y chicas y no caer en la cuenta de que es precisamente al revés: son los gustos de los sexos los que moldean las actividades, los juegos, las preferencias y la elección de profesión.

Las relaciones entre niñas y sus madres son siempre muy espesas, en el mejor de los casos espesas, siempre lo han sido. La novedad es que esta espesura se transformó primero en desprecio y más tarde en un odio radical, tanto que hoy muchas niñas no quieren ser como sus madres y a veces no quieren ser mujeres en absoluto. No importa lo liberales o progresistas que estas sean, más dificultades tiene, en definitiva, rebelarse contra una madre protectora y liberal que contra una madre integrista cristiana o tradicional, por ejemplo. Lo cierto es que aunque hoy las mujeres han alcanzado un estatus superior al que tenían sus abuelas o bisabuelas no han sido capaces de construir un modelo femenino atractivo para las jóvenes y se han limitado a seguir la estela que marcan los hombres en sus estilos de vida laborales y competitivos donde prima el éxito y el estatus sobre todo. El feminismo ha fracasado en su intento de conseguir una sociedad igualitaria pues están pensando en otra cosa bien diferente a la equidad, porque han trabajado siempre a la defensiva y contra los hombres perdiendo de vista la verdadera razón de estas desigualdades que proceden sobre todo de que las niñas -al no tener un modelo valioso y femenino- del que echar mano se orientan hacia los deseos masculinos, primero les imitan y luego se quejan de que no se las tiene en cuenta cuando no llegan a los rendimientos de ellos. Garbiñe siempre perdería contra Nadal.

No se puede construir una feminidad que sacrifique la natalidad, pues una mujer es sobre todo alguien que puede ser madre.

Pero hay otra cuestión y es la que tiene que ver con la belleza. No todos somos igualmente deseables como parejas, hay mujeres y hombres de 9-10, pero la mayoría somos medianías, sin olvidar a los feos y feas de remate. Naturalmente una mujer o un hombre alfa (de los que puntúan más alto) siempre tendrán ventajas sobre la mayoría que cae dentro de la campana de Gauss. Los Cristianos Ronaldos y Angelinas tienen muchas ventajas sobre los demás, ventajas poco democráticas, es cierto pero muy naturales. El valor de pareja introduce una dimensión de desigualdad que es letal en los adolescentes pues es en esa época donde se configura la identidad sexual y el atractivo tanto como amigo y compañero como de popularidad sexual.

Sin embargo no creo que las chicas tengan una adolescencia más tormentosa que los chicos, el problema de las chicas es que tienen los problemas que tienen por ser chicas y los problemas que tienen los chicos si juegan en su liga.

Y hay muchos que se caen por las grietas del atractivo. No es de extrañar que las redes como Instagram donde ellas se ofrecen al mejor postor con sus culos y tetas depriman a aquellas que no tienen nada que enseñar y que acaben convenciéndose de que carecen de valor sexual y pasarse al otro lado. No deja de ser curioso que el feminismo no haya podido convencer a las muchachas de que no es necesario ser perfecta fisicamente para ser tan mujer o a los chicos de que no es necesario ser un as en los deportes para ser tan hombre como John Wayne.

Esos estereotipos eran para nuestros abuelos, el problema es que el feminismo no ha combatido los estereotipos sino la masculinidad misma y sobre todo la maternidad que sigue siendo el chivo sacrificial de la identidad femenina.

La vida cotidiana en la guerra civil: Torreblanca 1936-1939

Los momentos de mayor peligro en las guerras son cuando comienzan y cuando acaban. (Zacarias Ramo)

He leído muchos libros sobre la guerra civil pero siempre escritos desde las peripecias políticas o del frente de batalla, pero pocos textos he encontrado escritos desde la retaguardia, concretamente desde un pueblo de la provincia de Castellon, Torreblanca para más señas. Una novela que mezcla ficción, realidad y proyecciones de su autor, un medio primo mío que para más señas nació en 1935 y que vivió la guerra de lejos, en ese otro frente de batalla que se cierne sobre los ciudadanos que por edad no están en el frente y siguen como pueden las peripecias de la guerra, de otra manera.

Otra manera porque las guerras no terminan cuando un ejército logra imponerse a otro. Lo que sucede después- la postguerra- suele ser tanto o más doloroso que la guerra misma, por eso Aurelio Ríos vive dos guerras y siempre sale escaldado gane quien gane.

Zacarias Ramo ha escrito una trilogía: en esta entrega aborda los años de la guerra civil propiamente dicha, en su siguiente entrega «La pertinaz sequía» aborda los problemas de la postguerra, el hambre, el estraperlo, el maqui y el contrabando. He leído su trilogía entera pero creo que la primera entrega es la mejor literariamente hablando y lo es además por el testimonio de su autor que recrea de un modo excelente la vida cotidiana de un pueblo de secano a medio camino entre Oropesa y Alcala de Xivert de espaldas al mar y cuya economía es una economía de subsistencia basada en el autoaprovisionamiento minifundista y la providencial existencia de las «marjales» terrenos próximos al mar donde se podían recolectar frutas y verduras casi para cada casa. El resto, la carne, cerdos, gallinas y conejos formaban parte del mobiliario urbano junto a los inevitables animales de tiro necesarios para las tareas agrícolas.

Torreblanca era pues un pueblo pobre, alejado de la guerra hasta su final, con una economía de subsistencia y poco mas de 4000 habitantes, con su cura, medico, farmacéutico, veterinario, maestro, secretario del ayuntamiento por nombrar a los ilustrados y su cacique: el que mandaba en el pueblo, en la vida civil (el que repartía jornales y hacia favores) por así decir. El alcalde era naturalmente alguien de izquierdas, del PSOE para más señas, aunque durante la guerra se turnaron en este puesto varias personas.

Uno de los errores más graves que cometió la República después del alzamiento del 18 de Julio fue anular la autoridad municipal y sustituirla por algo llamado «comités antifascistas» a los que encomendó la retaguardia de pueblos y ciudades. En la práctica estos comités suplantaron a la autoridad democráticamente elegida y la sustituyeron por una pandilla de sujetos que mas bien parecían los matones de un patio de colegio animados por un odio visceral a lo que ellos llamaban «fascistas», en su mayor parte anarquistas, o comunistas, en suma los más izquierdistas del pueblo que se dedicaron a sembrar el terror hasta que desaparecieron reclamados a filas en distintos frentes. No volverían hasta 1939 cuando el frente avanzó Ebro abajo hasta llegar al río Segarra en Capicorp.

Lo primero que hicieron fue requisar los coches y camiones, que como puede suponerse eran bien pocos, luego los animales de tiro, y sobre todo las radios de galena que al parecer eran elementos perniciosos para la defensa de la República. De manera que oír la radio pasó a ser un deporte clandestino de aquellos que querían mantenerse al día del curso de la guerra, algo que hacían en la casa del médico que de alguna manera era una fortaleza donde los del comité no osaban entrometerse, al fin y al cabo todos necesitan al médico.

Aurelio Rios era el electricista del pueblo y fue militarizado por la República, algo que le costaría caro cuando se impuso en la guerra el bando de los nacionales, pero ser suboficial no le libró del acoso de ciertos miembros del comité que le tenían tomada con él por razones personales y que incluso estuvieron a punto de fusilarle cuando le acusaron sin razón de una avería que el tendido eléctrico tuvo durante ciertos episodios de la guerra.

Si en las ciudades proliferaron las checas, esas cárceles inmundas donde los «rojos» detenían a los disidentes, en Torreblanca se les encerraban en patios o corrales de animales. El problema era que cuando los detenidos comenzaron a crecer se planteó un problema, ¿como darles de comer a todos? ¿como vigilar los corrales?. La solución fue la saca. Por las noches se sacaban del corral a algunos individuos y otros milicianos del pueblo vecino des daban el «paseíllo». No se sabe cuantos ciudadanos fueron asesinados de esa forma, pero Zacarias Ramo cuenta que una docena de personas fueron fusilados a veces en el campo corriendo delante de los tiros, sin contar con los desaparecidos. En realidad la mayor parte de estas víctimas no eran significativas políticamente hablando, sino «misaires», es decir gente que iba a misa o que votaban a la derecha. La mayor parte de sujetos identificados políticamente huyeron los primeros días de Julio y permanecieron escondidos en masías o emparedados en zulos. Otros huyeron a Francia como el farmacéutico o en lugares desconocidos como el cura.

Lo importante es comprender que estos crímenes no fueron propiciados por las autoridades municipales, más aun, me consta que algunos alcaldes del PSOE tuvieron alguna relación con evitar ciertos estragos como también el medico del pueblo -que era un liberal- y que también fue represaliado después de la guerra. Represaliados hubo muchos sin razón: tener un carnet de la UGT no parece ser una prueba demasiado convincente para arrestar a alguien o mantenerlo en la cárcel como tampoco el haber sido concejal del PSOE.

Los dos matones más significados del comité fueron fusilados en 1939 en la cárcel Modelo de Castellón. Pero el resto de encarcelados sin delitos de sangre fueron excarcelados gracias a las gestiones -avales- de sus vecinos, hay que destacar que uno de los más activos en esta función fue el cura que logró salvar la vida por poco (gracias a una delación).

En suma el libro de Zacarias Ramo es una crónica de la vida cotidiana de la guerra cicil en Torreblanca, y uno no puede sino identificar a aquellos personajes que conoció en la realidad y a aquellos que aparecen bajo ciertos disfraces para no ofender a sus descendientes.

Mi abuelo tenia en 1936, 42 años y no fue a la guerra, mi padre tenia 14 años en 1936 y tampoco fue llamado a filas pero hubo algunos torreblanquinos que murieron tanto en un bando como en otro dependiendo de donde les hubiera pillado el alzamiento. Mi abuelo aparece brevemente en la novela semidisfrazado pues era conductor de camiones y autobuses y tuvo que hacer algunos trabajos para los milicianos, o trasladando soldados al frente de Teruel, pero no consintió que le quitaran el camión que era su modo de vida.

Aurelio Ríos perdió media vida con unos y media vida con otros, fue represaliado por los dos bandos y es por eso que la novela se titula «Las dos guerras», pues en esas guerras civiles siempre se pierde gane quien gane.

Ese es el legado que recibí de mi familia: » la República nos arruinó, y la dictadura nos volvió a arruinar», un adagio que pueden compartir la mayor parte de las familias españolas, exceptuando claro está: a aquellas que sufrieron la violencia de una parte o de otra.

Es por eso que la liquidación de este estado traumático de cosas me parece un hito de nuestra constitución de 1978. Hemos hecho mucho para olvidar, fraternizar y perdonar a nuestro conciudadanos. Conozco a parte de los nietos de aquellos que entonces parecían enemigos pero hoy, la verdad ya no lo parecen, ni siquiera son tan distintos a mí.

Salvo que siguen votando al PSOE.

Hacer cosas juntos

Hacer cosas juntos es algo bien complicado como sabrá cualquiera que alguna vez haya intentado implicar a alguien en un proyecto común, hay una multitud de razones para ello y este post es un intento de descubrir esta dificultad.

La primera razón, es que estamos persuadidos -debido a que hemos sido educados para el individualismo- de que las cosas funcionan cuando existe un liderazgo claro, es decir alguien que nos hace de guía. Sirve desde la política, hasta el mundo de la empresa o para gestionar una pequeña organización. Mas que eso: existe incluso en el nivel de la gestión de las comunidades de vecinos. Concretamente ayer estuve en una de esas reuniones (a las que casi nunca acudo) y me di cuenta de cosas que aunque ya había observado no había llegado nunca a reflexionar pausadamente. En esas reuniones hay siempre dos «partidos», más claros cuando hay dos bloques de edificios como es mi caso. Podríamos hablar de un partido A y un partido B. Naturalmente los del partido A privilegian los gastos que afectan a sus intereses, dado que los bloques no son exactamente iguales y el A tiene más vecinos que el B puede afirmarse que los del A siempre ganan. Ayer debíamos decidir sobre los gastos del año, y uno de los gastos más demorados (ya 5 años) es la sustitución del ascensor del bloque B que por supuesto tiene menos desgaste que el de los A que ya se ha sustituido. Pero me quedé estupefacto a la hora de votar porque en el bloque B hubo varios vecinos que votaron en contra y eso que viven aquí todo el año. Me llamo la atención que dos ancianos de unos 80 años son los menos proclives al cambio a pesar de vivir en un piso 12 y ser bastante dependientes. Ustedes podrán pensar que la oposición al cambio del ascensor -aunque no todo el mundo lo acepte- es por cuestiones económicas, pero no es el caso de los abueletes que son los más ricos de la urbanización con diferencia. La razón de este voto es pues comprensible: son rácanos.

Pero no hay solo razones económicas para oponerse a algo, de hecho observé que la mayor parte de los negativistas-oposicionistas lo son por vengarse de algo: «a mi no me dejaron hace años hacer tal cosa y ahora no te voy a dejar a ti». No importa el tiempo transcurrido, el rencor no desaparece y se manifiesta año tras año en las votaciones.

Votaciones que se deciden «a la búlgara» casi siempre. «¿Quien está en contra de» y a mano alzada, con lo cual siempre sale lo que propone el administrador que dicho sea de paso es una persona decente, educada, trabajadora y competente. El administrador trae una lista de obras y reparaciones inaplazables y trae debajo del brazo una solución. Casi todo el mundo hace aquiescencia a lo que dice el administrador siempre y cuando pueda manifestar su oposición a casi todo lo demás. Así nos quedamos otro año sin ascensor.

La ley de la propiedad horizontal parece estar pensada por algún jurista genial con tal de que arreglar algo sea imposible si no se cuenta con el quorum pertinente, así ciertas obras que podrían abaratar las derramas anuales no pueden hacerse sin mayorías preceptivas que a veces invocan la unanimidad y cuando estas decisiones son los del partido A o los del B hacen campaña para impedirlas.

Al terminar la reunión pasé revista a las razones ocultas de cada quién para impedir según qué mejoras y me di cuenta de que no siempre son los intereses los que gobiernan una decisión, a veces es el rencor y otras veces la oposición por sí misma. Pensé lo difícil que debe ser gobernar un ayuntamiento, una región o un país, donde las adhesiones ideológicas predominan y se presentan como un pack (o todo o nada), sin contar con las dificultades que no proceden de hacer una cosa u otra sino simplemente porque la mayor parte de las veces no se sabe qué hacer. Y esto es lo que les pasa a nuestros gobernantes, estos o cualesquiera otros: no saben enfrentar problemas complejos y ni siquiera saben qué es un problema complejo y tienden a simplificarlo cuando no a recurrir al pensamiento mágico. La mayor parte de los problemas que aquejan a nuestras sociedades actuales (las del siglo XXI) es que ya no responden a las recetas universales que el liberalismo o el socialismo (las dos ideologías alternantes en Europa) habían construido en el siglo XIX para explicar los dilemas sociales y proponer soluciones adecuadas. Por ejemplo la economía hoy ya no responde a lo que los economistas aprendieron en la facultad, existe un orden nuevo que impide navegar por ese océano sin haber meditado bien en las incongruencias de la vieja economía, no importa si es taylorista o hayekiena. Ya nada sirve, los expertos no nos pueden sacar de este atolladero.

Tal es la deriva interpretativa de nuestros gobernantes que a pesar del desastre que están provocando los incendios en este verano del 2022, solo se les ocurre atribuirlos al cambio climático, como si hubieran desaparecido los pirómanos y no supiéramos todos que la masa forestal se encuentra abandonada. No hay que fiarlo todo a la extinción de incendios sino a las políticas preventivas.

Sigo con este ejemplo:

¿Cual seria una política preventiva de incendios?

Para eso es necesario un diagnóstico del problema que desde luego no es atribuirlo al calentamiento global. Este es un argumento que fortalece una ideología concreta pero no es la verdad, al menos no toda la verdad. Es incluso posible que parte de los incendios hayan sido provocados por agentes contratados precisamente para fortalecer la hipótesis del calentamiento global. La tendencia a atribuir ciertos fenómenos a miasmas metafísicos es muy propio de las ideologías. Así, recordemos que los feminicidios se atribuyen al machismo, como si el machismo por sí mismo matara mujeres, sin contar con otros factores que ya han sido bastante bien identificados por los expertos. No, ni el machismo, ni el calentamiento global pueden explicar los fenómenos que las ideologías (de género o globalistas) les atribuyen.

Suele decirse que las actividades de pastoreo «cuidan» el monte al desbrozarlo de ramas secas y tambien suele atribuirse a la despoblación del mundo rural a que esta actividad ha cesado pero lo cierto es que en España los montes son de tres titularidades, privados, públicos y comunales. No hay que confundir un monte publico con uno comunal. Los montes comunales podían ser explotados en su madera por algunos lugareños como sucedía en Yeste hasta que la República vendió los montes a manos privadas. y desencadenó un problema grave de desordenes atajado a tiro limpio. Los sucesos de Yeste (Mayo de 1936, no, no fue Franco) ejemplifican lo que sucede cuando se interrumpe la forma de vida de una comunidad: el desencadenante fue que unos montes comunales pasaron a ser particulares.

Los campesinos no cuidan el monte porque no se les da nada a cambio salvo ecologismo y proteccionismo de especies exóticas, los bosques son para las alimañas y no para los campesinos. Una solución podría ser convertir en comunales -y no públicos- gran parte de la masa forestal que nos quede después de este año y conseguir reconquistar los espacios rurales que aun queden en pie.

Yo no soy un especialista en bosques y ni siquiera se nada de pastoreo ni de madera, por eso si fuera presidente del gobierno lo primero que haría es abrir un debate con los especialistas en el tema; quisiera soluciones prácticas y no aplicar mi rodillo ideológico a un problema ya dado. Este es el principal problema con el que nos enfrentamos: la supremacía de las ideologías sobre las soluciones prácticas. Aplicar una plantilla de ideas del siglo XIX no van a resolver ningún problema del siglo XXI.

Pero «el problema es la definición del problema». Y el problema entonces son las ideologías, pero ¿qué serian los políticos sin ideología? ¿Alguien les votaría? Pensar en un partido que no apelara a las emociones o sentimentalismos de la población qué resultado tendría?

Pero es inevitable y tal y como dice Amalio Rey en su libro que dejemos de pensar en los liderazgos mesiánicos y comencemos a pensar en una mentalidad cooperativa que en cualquier caso no deberá convertirse en una nueva religión new age, no hay que olvidar que hasta los científicos tienen su cosmovisión muy cercana a la ideología o a sus intereses y que en prevención de ello debemos empezar a pensar en las soluciones compartidas de ideas, (las ideas no son intereses, lo son las ideologías), de comunidad de pensamiento colaborativo o como dicen algunos, conectivo .

Al final un pequeño grupo de personas, una comunidad vinculada de forma local lograrán cambiar el mundo.

Los enlaces débiles

Un vinculo es una emergencia, algo nuevo que emerge entre dos personas o una persona y un objeto y que no es la suma, ni la agregación de características de ambos. Un vinculo entre dos personas es algo que tiene vida propia y que no obedece a las leyes de la simple interacción, más que eso es un ente que tiene sus propias reglas y su propia dinámica como si estuviera vivo.

Mi primer empleo me lo proporcionó un conocido. Terminada mi carrera de medicina no sabía qué hacer, qué especialidad comenzar, o si por el contrario debía ser médico rural. Estaba en mi pueblo, sesteando mientras esperaba alguna inspiración y fue así, por casualidad que me encontré con Vicente, un conocido de mi familia más que mío que me sugirió que de momento entrara a hacer guardias en una clínica que entonces regentaba alguien que era hermano suyo de leche y que por tanto se trataban de hermanos.

Y así lo hice, ese fue mi primer empleo. A partir de ahí todo comenzó a ir sobre ruedas, una cosa siguió a la otra y mi segundo empleo me lo proporcionó un compañero con el que compartía guardias en aquella clínica, al contarle que me gustaría ser psiquiatra, fue él quien me proporcionó la siguiente idea: acercarme por el Hospital Provincial que tenia una sección de Psiquiatria y pedir empleo. Estaba seguro de que me cogerían enseguida porque necesitaban vocaciones psiquiátricas. Así fue.

De manera que tiene razón Mark Granovetter cuando habla de que los enlaces débiles son los mejores para proporcionarnos trabajo o para progresar en nuestra carrera. Lo cierto es que fue un conocido -lo que hoy llamaríamos un contacto- quien me proporcionó mis primeros empleos y de alguna manera los que determinaron -por casualidad- los inicios de una carrera que en aquel entonces no era capaz de visualizar.

En este enlace podemos ver uno de los trabajos de Granovetter, la fuerza de los vínculos débiles.

Vínculos fuertes y vínculos débiles.-

Para entender bien las diferencias -no siempre fáciles de comprender pues existen interacciones- entre vínculos fuertes y vínculos débiles- tenemos que comenzar por entender las diferencias entre sociedad y comunidad. Sociedad es el conjunto de personas e instituciones que componen una unidad politica. Comunidad es la fracción blanda de esta sociedad, la más próxima en términos de intereses y de ayuda mutua. Podríamos decir que la comunidad es el precursor ancestral de sociedad y que no siempre precisa de vínculos fuertes, basta con que sus recursos estén disponibles.

La columna vertebral de una sociedad es la familia, de vínculos fuertes , después los amigos y también sus instituciones (un Hospital, una escuela, un parlamento).

Es ahí, en la familia donde vamos a encontrar los necesarios nepotismos para progresar socialmente, qué duda cabe, que es en la familia donde se encuentran las herramientas trufadas de interés que nos asegura apoyos incondicionales de por vida. También algunos amigos íntimos llevan a cabo este menester, sobre todo cuando los amigos ocupan el relevo de nuestros mayores en nuestras preferencias. Ser psiquiatra en mi caso fue una sugerencia de un amigo íntimo que a los 14 años me regaló un libro sobre la «Interpretación de los sueños» de S. Freud. Naturalmente no entendí nada pero alguna neurona dentro de mi cabeza se iluminó y guió mi deseo hasta la Facultad de Medicina. Podría decir que el que sembró -a falta de modelos familiares- en mi, la idea de ser médico no fue sino un amigo. Tanto mi familia como mi amigo formaban parte de esos vínculos fuertes que nos vienen con la socialización y donde unos y otros van alternándose en su influencia sobre nuestra personalidad y elecciones posteriores. Lo que uno quiere ser forma parte de la socialización, lo que uno llegará a ser más tarde forma parte de nuestros contactos, es decir de nuestros vínculos comunitarios.

Prestamos muy poca atención a este tipo de vínculos porque estamos imbuidos de la falsa idea de que los favores los hacen siempre los amigos o los familiares y esa es una verdad parcial, pues a poco que pensemos en nuestra vida nos encontraremos con la enorme cantidad de favores sin cash que nos han hecho desconocidos y de los muchos favores sin cash que hemos hecho a otros. Más que eso, los enlaces débiles nos proporcionan recursos pero no se trata de favores ortodoxos, no requieren contraprestación.

Como médico podría escribir un libro entero (si los recordara) de la cantidad de favores que he hecho gratis a personas que apenas conocía pero también he de reconocer que hemos recibido de otros a veces desconocidos, favores que en otro lugar se convirtieron en grandes hallazgos procedentes de otros, como el caso de Vicente. Sucede porque la mayor parte de las veces hacer esta clase de favores no tiene costos adicionales, no es lo mismo favorecer un trayecto a un empleo (como el que me hizo Vicente) que pedir dinero prestado. Eso queda para los vínculos fuertes, la mayor parte de los favores que nos hacemos entre amigos no tienen devolución, son sin costes, sin cash. Y es mejor así, gran parte de las amistades se rompen cuando existe un exagerado sentido de deuda o bien es un toma y daca demasiado exigente. «Hoy por ti mañana por mi», es un buen trato social pero no tiene nada que ver con lo que Granovetter llama vínculos débiles y de su poder. Comunidad no es sociedad. Y los vínculos fuertes son societarios, no generan comunidad, mas que eso se le oponen.

Los vínculos fuertes tienen mucho poder, qué duda cabe, pero lo tienen sobre todo en la formación de la personalidad y en la fijación de gratitudes y lealtades que pronto o tarde nos pasaran factura. Tienen tanto poder que son mimetizados por instituciones u otras organizaciones que tratan de emular lo familiar, la hermandad. La familia socialista, la familia madridista, la madre patria, son ejemplos de como los vínculos fuertes son plagiados por instituciones que buscan organizar socialmente a los humanos en algo mayor que pueda sentirse como parte de uno. Incluso las empresas tratan de fortalecer sus vínculos familiares tratando de emular a las familias en eso que se llama «cultura de empresa». De manera que esas instituciones son también sociedad y tejen en su seno ligandos que tratan de aumentar el perímetro de pertenencia de los individuos. Todos tenemos esa necesidad de pertenencia más allá de la familia, nuestro pueblo y vecindario y por eso existen instituciones que tratan de acaparar esos sentimientos aunque los cierto es que la mayor parte de las instituciones son impersonales o bien no alcanzan el propósito de constituirse en familiares.

Un ejemplo de ese fracaso son los colegios de médicos, una institución que ha ido perdiendo funcionalidad a medida de que el ejercicio publico de la medicina ha ido imponiéndose al privado o liberal. En un momento determinado esa institución era parte administrativa del propio Estado y le eran propias hasta medidas de sanción a los colegiados que cometían algún tipo de infracción. Hoy los colegios han dejado de tener estas funcionalidades que se remiten a los juzgados correspondientes y aunque existen comités de deontología lo cierto es que carecen de potencial sancionador. Hoy ni siquiera es obligatoria la colegiación y la institución ha quedado como interlocutora para algunos tramites políticos y como un lugar -poco frecuentado- para ciertos tramites administrativos o correduría de seguros. Dicho de otro modo, se trata de una institución trasnochada.

Lo importante es comprender que las reglas institucionales que rigen en estos lugares han sido copiadas de la familia, para fortalecer los vínculos fuertes que la gobiernan. Ahora bien, los vínculos fuertes son de doble filo, suelen ser lugares muy jerarquizados y lo muy jerarquizado puede ser un lugar incomodo para muchos y suelen generar rencor y competitividad y por supuesto muchos conflictos. La familia debe ser un lugar de acogida y no un lugar para los conflictos políticos o de reparto del poder, cuando es así deja de ser una familia y desplaza su eje hacia lo institucional. La mayor parte de conflictos familiares se dan por ir más allá de las competencias que la definen: un lugar de acogida y de validación de sus miembros. Es verdad que algunas familias pueden proveer de trabajo a sus miembros o de contactos vinculados por «el toma y daca». pero lo cierto es que la mayor parte de los empleos en los que trabajamos no han sido proporcionados por los familiares, exceptuando el caso de los «gobiernos familiares guiados por apellidos» propios de algunas oligarquías locales que suelen ser extractivos y están muy separados por tanto de la comunidad.

Pero la idea de Granovetter va más allá de la descripción de esos vínculos débiles:

Muchas nociones intuitivas sobre la «fuerza» de un vínculo interpersonal deberían verse satisfechas por la siguiente definición: la fuerza de un vínculo es una (probablemente lineal) combinación del tiempo, la intensidad emocional, intimidad (confianza mutua) y los servicios recíprocos que caracterizan a dicho vínculo.
Cada uno de estos aspectos es independiente del otro, aunque el conjunto esté altamente intracorrelacionado. La discusión sobre las medidas de operación y el peso con respecto a estos cuatro elementos queda pospuesta a futuros estudios empíricos.
Para nuestro propósito presente es suficiente con que la mayoría de nosotros esté de acuerdo , sobre una simple base intuitiva, si un vínculo dado es fuerte, débil o ausente.
Consideramos ahora a dos individuos cualquiera seleccionados arbitrariamente (a los que llamaremos A y B) y a un grupo de gente (S = C, D, E, …) relacionada con uno de ellos o con ambos.
La hipótesis que nos permite relacionar los vínculos duales con grandes estructuras es: cuanto más fuerte sea la unión entre A y B, mayor será el número de individuos del grupo S con los que ambos estarán relacionados mediante lazos fuertes o débiles. Esta dualidad en sus círculos de amistad suele ser mínima cuando no existen vínculos o lazos, máxima cuando son fuertes e intermedia cuando débiles.
Esta relación propuesta resulta, primero, de la tendencia (por definición) de los lazos más fuertes a terminar siendo compromisos a largo plazo. Si las relaciones entre A-B y A-C existen, el tiempo que C dedica a B depende (en parte) del tiempo que A dedica a B y a C, respectivamente. (Si los hechos «A está con B» y «A está con C» fueran independientes, entonces el hecho «C está con B y A» tendría una probabilidad igual al producto de sus probabilidades. Por ejemplo, si A y B están juntos el 60% del tiempo, y A y C un 40%,entonces C, A y B estarían juntos un 24% del tiempo. Esta independencia sería menos probable después que antes de que se conocieran B y C). Si B y C no tienen relación, los lazos comunes hacia A probablemente les hará generar una interacción. Queda implícita aquí la idea de Homans según la cual «cuanto más frecuentemente las personas interactúan las unas con las otras, más acertados serán sus, cada vez más fuertes, sentimientos de amistad»

Pero también de ello se desprende un corolario: cuanto más fuerte es el vinculo más parecidos serán A y B y sobre todo (harán lo mismo) y: que la intensidad de un contacto puede ser superior en personas que apenas interactuan entre si, pero lo hacen a través de un intermediario.

De aquí se desprende un hecho fundamental: las personas hard skills es decir especialistas, por ejemplo un cirujano digestivo va a beneficiarse mucho más de aquellos que son como él (cirujanos) y aprenderá habilidades fundamentalmente de sus iguales y casi nada de otros vínculos indirectos. Sin embargo un soft skills, es decir un generalista, como por ejemplo un psicólogo o un psiquiatra no va a aprender nada de sus iguales (salvo a competir por un determinado estatus) pero puede aprender y prosperar a partir de la ayuda débil que le presten sus contactos indirectos, sobre todo los que están alejados del núcleo de su profesión. Es por eso que recomiendo siempre la multidisciplinariedad en la resolución de problemas complejos que son los que se presentan en nuestra profesión a diferencia de los problemas complicados que tratan los cirujanos y que requieren herramientas bien distintas.

Lo interesante de la propuesta de Granovetter es que sin decirlo está proponiendo el desarrollo de estas soft skills al menos para aprovecharse conscientemente del poder de los vínculos débiles.

Características de los soft skills.-

Los soft skills están bien definidos en el mundo de la empresa y basta poner este sintagma en google para que aparezcan varias paginas destinadas a definirles pero siempre en un contexto positivista, empresarial. Yo tengo otra definición:

Es una persona sociable y de buen carácter y que es apreciado personalmente y profesionalmente por eso. Es decir es una persona con habilidades sociales y pensamiento critico.

Es de pensamiento flexible y está abierto a lo nuevo.

Se mueve bien entre distintas disciplinas y contextos.

No es conflictiva.

Sus amigos no están en su profesión. Sabe bien discriminar y manejar sus enlaces fuertes y los débiles. Los compañeros de trabajo no suelen ser buenos amigos pues comparten gran parte de los incentivos y lo más probable es que existan rivalidades incluso inconscientes.

Si eres así serán otros los que hablen bien de ti a sus contactos -desconocidos para ti- y de ese «boca a boca» saldrá gran parte de tu futuro, el resto depende de ti.