El gran despertar

Alexander Dugin es un politólogo, escritor, filósofo e historiador de las religiones de origen ruso que ha estado empeñado en describir lo que a su juicio seria una cuarta teoría política, más allá del fascismo, comunismo o liberalismo. Su propuesta es algo así como un neo-eurosianismo, es decir una superación del bloque soviético y su inclusión en una Europa de base cristiana.

Dejaré abajo el articulo que he usado para confeccionar este post en la bibliografía. Pero pretendo ampliar sus conceptos con otros de mi cosecha. Y para empezar diré que el concepto de «gran despertar» es el nombre informal mediante el cual se ha organizado la resistencia frente al globalismo y el «gran reseteo».

Pero a mi personalmente este nombre no me gusta nada por sus resonancias místicas y esotéricas, en realidad el gran despertar es el nombre con el que se conoció a un movimiento de revitalización cristiana que se extendió por la Europa protestante y América británica, y en especial las colonias norteamericanas en la década de 1730 y 1740, dejando un impacto permanente en la religión norteamericana. Fue el resultado de la predicación de gran alcance que le dio a los oyentes una sensación de revelación personal de su necesidad de salvación por Jesucristo. Apartándose de los rituales y ceremonias, el Gran Despertar comprende un cristianismo intensamente personal para la persona común mediante el fomento de un profundo sentido de convicción espiritual y de la redención, y mediante el fomento de la introspección y el compromiso de una nueva norma de moralidad personal.

Personalmente creo que efectivamente esa resistencia al globalismo aun no tiene nombre ni mucho menos una ideologia que oponer a la de su adversario, pero ha de ser algo nuevo, nunca volver atrás se ha considerado -ante situaciones nuevas- una buena estrategia. Lo cierto es que la resistencia al globalismo es un movimiento patriótico y en cierta forma soberanista pero no puede quedarse en eso si realmente queremos vencer en esa guerra que ya se está llevando a cabo en distintos escenarios globales.

Pero es una guerra nueva, que se lleva a cabo sin tanques ni armas de fuego, ni soldados sino a través de ciberataques, pandemias, desastres naturales, incendios y asonadas y sobre todo una enorme movilización de los medios a fin de proyectar escenarios apocalípticos y sobre todo una imagen de gobiernos incapaces de gestionar las crisis con un mínimo de coherencia a fin de crear un vacío institucional. En esta guerra se mezclan pues elementos bien diversos: noticias falsas, decisiones estúpidas (que podemos contemplar en un continuo vaivén de contradicciones), guerra de guerrillas en las principales ciudades al estilo de la revolución molecular disipativa descrita por Lopez Tapias. mientras la agenda de Davos y el gran reseteo avanza hacia ese objetivo del 2030.

La llegada de Biden a la Casa Blanca marca la señal de que los globalistas están avanzando hacia los siguientes pasos que no son otros sino la instauración de políticas totalitarias (censura, cancelación, persecución de los disidentes, etc) a cara descubierta y mediante la complicidad de las grandes agencias.

Esto afectará a todas las áreas de la vida: los globalistas están regresando al punto en que Trump y otros polos de la creciente multipolaridad lo impidieron. Y ahí es donde el control mental (a través de la censura y manipulación de las redes sociales,  la vigilancia total y la recopilación de datos para todos ) y la introducción de nuevas tecnologías juegan un papel clave.

Es interesante saber que aunque el globalismo ostenta un enorme poder, pues son los propietarios del dinero que pueden ir multiplicando hasta el paroxismo, tienen una fuerte oposición: en EEUU existe unos 70 millones de personas que se oponen a los planes de Biden, lógicamente esto es un hándicap, personalmente encuentro muy complicado gobernar con esa masa de personas opuestas a la globalización. Rusia y China son países antiglobalistas como lo son también los países árabes incluyendo a Irán o Turquia. Dicho de otra manera, allí donde la democracia liberal fracasó volverán a fracasar los planes globalistas. Paradójicamente los planes globalistas de momento van ganando la guerra en Europa, siendo España el país donde más avanza su agenda.

En Europa,  comenzó a surgir una  ola de populismo a medida que estallaba el descontento de los europeos con la inmigración masiva y las políticas de género. Las élites políticas europeas permanecieron completamente subordinadas a la estrategia globalista, como se vio en el Foro de Davos en los informes de sus teóricos Schwab y el Príncipe Carlos, pero las propias sociedades comenzaron a moverse y, a veces, se levantaron en rebelión directa contra las autoridades, como en el caso de las “ protestas de los chalecos amarillos» en Francia. En algunos lugares, como Italia, Alemania o Grecia, los partidos populistas incluso han entrado en el parlamento.

Pero mientras tanto estos planes siguen adelante con sus revoluciones pop (anarquistas) y sus planes de debilitación de los Estados modernos tal y como los conocemos. Y sobre todo mediante el simulacro y la escenificación de grandes desgracias.

No es Trump es el trumpismo.-

No tanto es el propio Trump, sino en su línea de oposición a los globalistas, la que se ha convertido en el núcleo del trumpismo. En su papel de presidente, Trump no siempre estuvo a la altura de su propia tarea articulada. Y no pudo hacer nada al menos cercano a “drenar el pantano” y derrotar al globalismo. Pero a pesar de esto, se ha convertido en un centro de atracción para todos aquellos que conocían o simplemente sentían el peligro que emanaba de las élites globalistas y los representantes de Big Finance y Big Tech inseparables de ellos.

Así, el núcleo del trumpismo comenzó a tomar forma.

La fuerza impulsora detrás de la movilización masiva de los “trumpistas” llegó a ser la organización en red QAnon, que portaba sus críticas al liberalismo, los demócratas y los globalistas en forma de teorías de conspiración. Difundieron un torrente de acusaciones y denuncias por parte de los globalistas, por estar involucrados en escándalos sexuales, pedofilia, corrupción y satanismo.

Dado que las redes sociales son monitoreadas regularmente por partidarios de la élite liberal, recopilar información sobre casi todos los ciudadanos estadounidenses y sus preferencias políticas no fue un problema. Por lo tanto, la llegada de Biden a la Casa Blanca significa que el liberalismo ha adquirido características francamente totalitarias.

A partir de ahora, el trumpismo, el populismo, la defensa de los valores familiares y cualquier atisbo de conservadurismo o desacuerdo con los principios del liberalismo globalista en Estados Unidos  será casi equivalente a un crimen  : discurso de odio y “fascismo”.

Pero el trumpismo no acabará con la victoria de Biden ni se terminará con la retirada de Trump.

El  Gran Despertar  no se trata de élites e intelectuales, sino de personas, de masas, de personas reales.

Y el Despertar en cuestión no se trata de análisis ideológico. Es una reacción espontánea de las masas, poco competentes en filosofía, que de repente se dieron cuenta, como ganado frente al matadero, que su destino ya lo decidieron sus gobernantes y que no hay más espacio para la gente en el futuro, pues la ultima fase del reseteo es acabar con todo lo humano que hay en el hombre.

El Gran Despertar es espontáneo, en gran parte inconsciente, intuitivo y ciego. De ninguna manera es un escape de la conciencia, de la conclusión, del análisis histórico profundo. Como vimos en las imágenes del Capitolio, los activistas de Trump y los participantes de Qanon parecen personajes de cómics o superhéroes de Marvel. La conspiración es un sarampión infantil antiglobalización. Pero, por otro lado, este es el comienzo de un proceso histórico fundamental. Es así como surge el polo de oposición al curso de la historia en su sentido literal.

Es por eso que la tesis del Gran Despertar no debe cargarse apresuradamente con detalles ideológicos, ya sea conservadurismo fundamental (incluido el conservadurismo religioso), tradicionalismo, crítica marxista del capital o protesta por la protesta anarquista. El Gran Despertar es algo más orgánico, más espontáneo y al mismo tiempo tectónico. Así es como la humanidad se está iluminando repentinamente por la conciencia de la proximidad de su inminente fin.

Y es por eso que el Gran Despertar es tan serio. Y por eso viene de dentro de Estados Unidos, esa civilización donde el ocaso del liberalismo es más espeso. Es un grito desde el centro mismo del infierno, desde esa zona donde el futuro negro ha llegado parcialmente.

El articulo original de Alexander Dugin

El dilema del tranvía y las trombosis

Joshua Greene es un neurofilósofo, en realidad uno de esos psicólogos de Harvard que se ha especializado en una rama de la psicología destinada a investigar sobre la decisión, más concretamente sobre las decisiones con sentido moral. Es muy conocido su experimento conocido como el dilema del tranvía (troley problem).

Se trata de dos supuestos, en el primer supuesto (tal y como puede verse en la viñeta de arriba) el individuo tiene que decidir sobre qué hacer: el tranvía amenaza con matar en una via a cinco personas y en la otra a solo una. El individuo puede desviar al tranvia con apretar solo un botón. La alternativa es que muera un individuo para salvar la vida a otros cinco.

¿Qué haria usted?

El 95% de las personas apretarían el botón para sacrificar a un individuo y salvar la vida a los otros cinco.

En el siguiente supuesto la cosa cambia. Ahora ya no se trata de apretar un botón sino de detener al tranvía arrojando sobre los railes de la vía a un individuo concreto. El asunto parece el mismo: sacrificar a uno para salvarles la vida a cinco, pero hay una variable critica, no hay botón y el individuo tiene que sacrificar él mismo a un individuo arrojándolo sobre la vía.

¿Qué creen ustedes que pasaría?

El 95% de las personas ahora invierten su opinión y dicen que no seria moralmente aceptable salvar la vida a esos cinco individuos arrojando a uno a la vía del tranvía.

Greene concluye que nuestra valoración moral de las cosas depende del grado de cogniciones morales involucradas en una conducta determinada: apretar un botón es algo impersonal que se hace sin que nuestro cerebro tenga demasiadas noticias acerca de sus resultados prácticos, es una acción sin nombres, caras ni apellidos, mientras que arrojar a un tipo a la vía del tren es algo personal e involucra cogniciones morales acerca de la persona en cuestión que va a sacrificarse.

Como puede verse y aunque desde el punto de vista utilitarista las dos decisiones llevan al mismo resultado, en la primera vemos -operando como conductor del tranvía- como su descenso hace inevitable el daño a unos u a otros mientras que nuestras posibilidades -en ausencia de frenos- se reducen a dos. Mientras que en el ejemplo del observador del puente es necesaria una decisión voluntaria que implica la muerte de un individuo de la que nos convertimos en agentes.

La falacia coste beneficio en las vacunas.-

El dilema del tranvía ha sido utilizado en muchas ocasiones para investigar sobre determinados supuestos o en estudios experimentales sobre los efectos de la oxitocina tal y como conté en este post. Se trata de un experimento mental en el que se concentran consensos sobre la cuestión que nos ocupa: la cuantitativa (siempre será mejor que muera una persona que cinco) o la modalidad del empujón que tiene muchas variantes pues esa persona puede ser un gordo, un árabe, un ultraderechista, un terrorista, etc, dando lugar a variadas combinaciones según lo que estemos investigando.

Y este es el dilema que nos plantea la actual campaña de vacunación que estamos viviendo. Al principio nos llegaron noticias -siempre tachadas como fakes- de hipersensibilidad, parálisis del facial, accidentes neurológicos varios (Guillain-Barré) y otros catalogados como banales. Pero de ahí hemos pasado a muertes debidas a trombosis cerebrales sobre todo desde que en Europa hemos llegado a la vacuna de Astra-Zeneca que es la que parece que tiene más efectos adversos de la serie hematológica, aunque esto no quiere decir que el resto no las tenga. Lo cierto es que los efectos adversos reales que tienen estas vacunas son aun mal conocidos porque:

  1. No se comunican todos los efectos adversos
  2. Se han intentado minimizar u ocultar, hay que saber que las vacunas ya se han pagado y existe un buen stock de estas vacunas en la UE.
  3. Aunque por fin estos efectos adversos graves han sido admitidos por las autoridades sanitarias (algunas semanas después de conocerlos) se sigue insistiendo en que el coste beneficio obtenido por las vacunas no aconseja dejar de ponerlas.

Lo cierto es que el argumento que utilizan los poderes públicos se asemeja y mucho al dilema del tranvía, me refiero al segundo caso. Alguien ha de morir para que otros sobrevivan. Este argumento me parece inmoral, aunque solo fuera 1/100.000 habitantes ese único caso es suficiente para suprimir la vacunación y me lo parece por lo siguiente:

Parece que la vacuna de Astra-Zeneca tiene un efecto secundario llamado trombocitopenia que ya se había descrito con la administración de heparina. La heparina es un medicamento que usamos para prevenir las trombosis sobre todo en pacientes encamados largo tiempo o de edad avanzada. Paradójicamente a veces presenta un fenómeno de apelotonamiento de las plaquetas que forman trombos en un lugar y hemorragias -por su déficit- en otro. Parece ser que este raro efecto secundario de la heparina es el mismo que se produce con la vacuna.

La frecuencia de estos efectos secundarios graves son más frecuentes en mujeres fértiles como sucede con todas las enfermedades autoinmunes, de ahí que se considere que esta reacción pueda ser una reacción exagerada del sistema inmune a la vacuna y es cierto que es una reacción rara, que si deja de ser rara es debido al número de personas tan elevado que está vacunándose. Piénsese que no hay ningún medicamento que tome la mayor parte de la población, una N tan alta puede justificar cualquier efecto secundario, solo que la muerte es un efecto inasumible desde el punto de vista moral, del mismo modo que precipitar a un sujeto puente abajo es inasumible moralmente para el 95% de nosotros aunque se trate de salvar la vida a 5. Y lo es porque las personas que se vacunan y mueren están sanas y de no haberse vacunado seguirían estando vivas y sanas. El coste beneficio a nivel individual en este caso es 0. Y lo es porque no sabemos si esta persona se hubiera contagiado de COVID y de haberlo hecho no sabemos su gravedad o si hubiera sido asintomática. No todos nos contagiamos.

¿Cual es el beneficio de seguir vacunando a sabiendas de que 1 de cada 100.000 vacunados morirá?

¿Qué beneficios obtienen los vacunados?

  1. Los vacunados siguen siendo portadores transmisibles del virus
  2. Los vacunados pueden seguir enfermando de COVID-19
  3. La movilidad, la distancia y las mascarillas deben seguir usándose aun entre los vacunados.
  4. El único beneficio parece ser que en caso de contagio la enfermedad seria más leve

La pregunta en este caso es la siguiente. ¿Entonces qué beneficios obtenemos de vacunarnos?

Individualmente muy pocos, colectivamente muchos. Hasta el punto de que si llegáramos a un 70 % de vacunados la epidemia remitiría. Y es probable que sin vacunas también Es la diferencia entre el relato individual y el relato de salud pública. Lo que es bueno para el colectivo puede ser letal para el individuo.

Se trata pues de un dilema moral tal y como plantea Joshua Greene en sus tranvías, pero no es solo un dilema que afecte a los individuos, sino también a los poderes públicos y como no a los fabricantes de vacunas.

Pero si usted muere, usted muere individualmente y no con sentido colectivo ni con perspectiva de género.

Qué es hacer lo correcto por Michael Sandel

La conversión de Rebeca Sommers

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Rebeca Sommers es una fotógrafa alemana más conocida por ser una activista pro-inmigración y pro-refugiados que recientemente ha saltado a la prensa en una entrevista donde declara su error al haber contribuido a abrir las puertas de Europa a una civilización que -dice ahora- es incompatible con nuestro concepto de civilidad. Aquí teneís la entrevista completa.

Pero yo no voy a hablar de las razones de su «conversión» al fin y al cabo yo soy de los que creo que cambiar de opinión es muy positivo para la maduración de nuestro psíquismo, de lo que me propongo hablar es de un tema un poco más complejo. me refiero a la empatía, la generosidad y el altruismo, valores muy valorados entre nosotros los europeos y que ha derivado en eso que llamamos «buenismo» que parece ser su variante extrema y politica. Más bien voy a hablar del lado oscuro de la empatía y sobre todo del punto de vista de Paul Bloom que acaba de estrenar en español su éxito: «Contra la empatía».

No cabe duda de que entre nosotros, la empatía es un sentimiento muy valorado y que se encuentra relacionada con aspectos morales y éticos de nuestro comportamiento. Solemos pensar que la falta de empatía es propia de los psicópatas o degenerados y solemos creer que el mundo necesita de una mayor empatía para neutralizar el sufrimiento de muchas personas abandonadas a su suerte , bien por las guerras, bien por la pobreza o bien por otras causas. Tampoco cabe ninguna duda de que hay personas que nos dan  testimonio práctico de su empatía cuando militan en organizaciones dedicadas a salvar náufragos del mar y traerlos a nuestras costas, llevar medicinas o comida allí donde se necesita u organizar esos campamentos donde se hacinan miles de refugiados. ¿Hay alguien que pueda estar en contra de estos actos de solidaridad?

La verdad es que pocos de nosotros encontraremos razones para estar en contra de estas actividades casi siempre calificadas de heroicas. Lo cierto -sin embargo- es que la mayor parte de nosotros no lo hacemos. ¿Es por qué somos egoístas o porque nos falta empatía?

La verdad del asunto es que tal y como dice Bloom, al mundo no le falta empatía sino que le sobra. La mayor parte de estos filántropos son hiper-empáticos (descarto a aquellos profesionales que cobran por su actividad), no cabe duda de que -aparentemente, al menos- son mucho más morales que el termino medio de los europeos. ¿La propia Rebeca Sommers no era en definitiva más solidaria que cualquiera de nosotros, cuando sacrificó su vida, su carrera, su familia, sus hijos (no se si los tiene) o su pareja (que tampoco se si la tiene)?

De manera que este post pretende responder a estas preguntas.

¿Qué impulsa a una persona a sacrificar su vida o parte de ella, su tiempo, su dinero, su salud y a veces su vida por ayudar a desconocidos a los que no ha visto en su vida y de los que solo sabe que son refugiados o como se dice ahora «migrantes»?

La mayor parte de mis lectores ya se habrán contestado a esta pregunta: «Son valores morales los que animan a esta gente a comportarse así».

De manera que vamos a ver algo más de esos valores morales, de donde vienen y como se configuran en las expectativas de los individuos. De una parte de ellos, claro, porque la mayoría de la población no estaría dispuesta a esos sacrificios, y se conforman con verlos desde la barrera sin cuestionarse su bondad.

Lo valores morales son ideales y cuando digo ideales me refiero a que son abstracciones y no cosas-en-si. Dice la wiki que:

Un ideal es un estado inalcanzable pero infinitamente aproximable, aunque la aproximación no requiere ser continua, puede darse a saltos, con discontinuidades.

Según la definición de A. Cíntora: «en principio, sólo los seres humanos pueden tener ideales o desarrollar un comportamiento en busca de ideales». Puede decirse que entre otras causas, la aproximación continua en busca de ciertos ideales ha participado de lo que comúnmente se denomina progreso de la humanidad.

En la definición operativa que hemos visto ya se pueden vislumbrar dos cuestiones 1) son inalcanzables y 2) están relacionados con el progreso. Me parece que esta definición es muy poco apropiada porque supone que el progreso de la humanidad es una flecha teleológica que se dirige hacia alguna parte​. Así piensa la mayor parte de la gente: que los ideales son necesarios para avanzar. Naturalmente los que así piensan han de ocultar que Hitler, Stalin o cualquier otro tirano homicida de masas también tenía ideales y muy fuertes. Ese es un punto débil de la creencia de que los ideales por si mismos llevan a una mejor humanidad.

¿Qué dice el psicoanálisis acerca de los ideales?

Los ideales son siempre de poco fiar precisamente porque son restos narcisistas incrustados en el Superyó (El Yo-ideal y el Ideal del Yo). Aquellos de ustedes que estén interesados en esta explicación pueden visitar este post donde hablé precisamente de ello. Los que no lo estén pueden seguir mi argumentario. Para simplificar mis argumentos recordaré a mis lectores que «La moral suele ser un disfraz de aspectos ocultos y negados de nuestras pulsiones», así es muy frecuente que las personas amemos -como le sucede a Eros- precisamente porque necesitamos ser amados. En Eros se concreta precisamente esta pulsión-repulsión. Eros es alguien necesitado de amor que ama. «Amor-a» y «amor-de» como necesidad son causa y efecto en la misma pulsión. Es muy frecuente que las personas necesitadas de amor se presten a sacrificios importantes en cuanto a su identidad, es frecuente ver como estos mendigos de amor pueden sufrir toda clase de contrariedades con tal de preservar su objeto-de-amor.

En un orden más social lo que les sucede a estas personas solidarias y altruistas es que parecen buscar causas bien alejadas de sus entornos habituales, no les basta con socorrer a sus vecinos, a sus familias (a las que muy frecuentemente abandonan) sino que su solidaridad parece que contiene un elemento de aventura exótica. ¿No es lo mismo desde el punto de vista moral socorrer africanos en el mediterráneo que a gitanos acampados en algún lugar inmundo  de nuestro país?

De manera que lo que caracteriza este tipo de empatías y solidaridades es el alejamiento. Es como si a un mayor alejamiento de lo cotidiano, de lo habitual, tuviera su empresa un mayor mérito.

Y es lógico porque la empatía es un sentimiento que evolucionó para la intimidad intragrupo e interpersonal y no para la épica.

Vale la pena visitar el blog de Pablo Malo que ya abordó hace algún tiempo el tema de la empatía y los argumentos de Paul Bloom:

«La empatía, además, está sesgada y suele limitarse además a nuestro grupo. Es más fácil que ayudemos a gente guapa o de nuestra etnia o país. La empatía es estrecha, dice Bloom. Lo tenemos muy difícil para que un seguidor del Betis empatice con la suerte de los del Sevilla. En el plano político el problema tampoco es de falta de empatía sino de que la izquierda empatiza más con unos y la derecha con otros. Por ejemplo, los liberales USA están en contra de las armas y empatizan con las víctimas de la violencia por armas. Los conservadores empatizan con las víctimas desarmadas de un crimen que se quedaron indefensas frente a la crueldad de otros. Por lo tanto, si aumentáramos la empatía en el mundo no creas que tus oponentes ideológicos pensarían como tú.

Bloom aplica el mismo argumento al calentamiento global. Nuestro cerebro no está diseñado para enfrentarse al calentamiento global porque nos fijamos en el corto plazo y en lo que podemos ver y percibir con nuestros sentidos, y el cambio climático es casi imperceptible a simple vista y va a afectar a personas en el futuro que no conocemos, o que ni siquiera existen. Nos preocupamos de individuos específicos en el presente y no nos afectan crisis que pueden dañar a gran cantidad de personas en el futuro.»

Lo que propone Bloom es una camino que vaya más allá de la empatía, un camino de compasión racional, postkantiana. Para Bloom la empatía es mala porque funciona como un reflector que se enfoca en algunas personas pero no en otras. Por ejemplo en la guerra de Siria hemos visto imágenes de niños muertos en aguas del Egeo que fueron difundidas hasta la saciedad por los medios dejando muy clara la intención de manipular los sentimientos de los que vieran las imágenes. Esto nos hace insensibles a las consecuencias a largo plazo de nuestros actos y nos ciega frente al sufrimiento de aquellos con los que no empatizamos o no podemos hacerlo. Es por eso parcial, es miope porque nos obliga a hacer cosas que parecen ser buenas a corto plazo pero que convocan grandes malestares en el futuro. Efectivamente los hiperempáticos no se plantean qué hacer una vez se han salvado a las víctimas. ¿Es que creen que traerles a tierra firme y dejarlos vagar por la geografía europea sin documentación o recursos es una buena solución?¿O mantenerles en campos de concentración?

La empatía puede crear violencia: la mayor parte de crímenes tienen un componente moral como ya vimos en otros post. Y sobre todo es corrosiva, agota el espíritu y como se ha evidenciado en el caso de Rebeca Sommer agota el espíritu y las fuerzas del empático.

Donald Black sostiene que sólo el 10% de los homicidios son producidos por rapiña como los que suceden en un robo o hurto, dicho de otra manera: los homicidios que se cometen por incentivos económicos directos son una minoría. El otro 90 por ciento son moralistas, una forma de pena capital en el que los autores son jueces y verdugos de una víctima que perciben que les han hecho daño de alguna manera y son merecedores de la pena de muerte.

Dicho en otras palabras: la mayor parte de los homicidios se cometen durante situaciones de ira, situaciones comunes y banales, donde los individuos parecen no tener control sobre sus emociones pero que paradójicamente se perpetran siguiendo una siniestra inspiración de que el “otro” -la víctima- se lo merecía. Y dónde el agresor no tiene nada que ganar. Dicho de otra manera, la mayor parte de los crímenes se cometen por una interpretación radical de la moralidad.

La empatía es un sentimiento para los tuyos y no puede universalizarse por decreto. Es un refresco azucarado, agradable pero letal si se consume en exceso.

Y lo peor: la empatía supone un rechazo de la razón. Y se encuentra siempre en la linea que divide la generosidad y la intrusión.

La empatía llevada fuera del contexto donde es adaptativa, es hipócrita y es un simulacro, un supremacismo moral.

Nosotros los «baby boomers»

Baby boom es el concepto informal con el que se conoce a los que nacimos en la década entre 1947 y 1957 aproximadamente, es decir a la explosión de nacimientos que hubo después de la segunda guerra mundial. Aquellos que alcanzamos la mayoría de edad hacia 1968 coincidiendo con la revolución de mayo de aquel año y que también se conoce como la generación del 68.

Desde entonces no ha habido en Europa otro baby boom y la demografia no ha hecho sino descender.Este post es un homenaje a todos los babyboomers que hoy ya son, somos jubilados.

En un post anterior ya hablé de las características de personalidad de esta generación pero me gustaría volver ahora sobre qué significaba la libertad para nosotros  comparándola con el vacío que hoy podemos observar en la generaciones que nos sucedieron, más amplificadas si cabe con esa otra que ha venido en llamarse millenials.

Ken Wilber describió la patología de nuestra generación, esa que inventó o reeditó el narcisismo, le llamó boomeritis a esta especie de infección memética:

Para Wilber la “boomeritis” es el principal obstáculo para alcanzar el pensamiento de segundo nivel, es decir aquel estado de expansión de la conciencia -una expansión que se realiza en espiral- según la teoría de la “dinámica espiral” propiciada por Clare Graves que representaría el alcanzar un estado tal de elevación que superara las contradicciones y antagonismos propios del pensamiento egocéntrico que caracterizaría el primer nivel.

Pero la boomeritis no aqueja solamente a mi generación porque el narcisismo-egocentrismo es desde el punto de vista evolutivo muy potente: representa algo asi como el muy adaptativo “sálvese quien pueda” que seguramente ha producido grandes servicios a nuestra especie. Despegar de él no es cosa fácil sobre todo en un mundo donde el lucro y los rendimientos personales seguidos de premio o de recompensa son los ídolos en los que creen la mayor parte de la población infectada.

Sin contar con el hecho psicológico de que primero tenemos que diferenciarnos para más tarde integrarnos. Muchos de mi generación lograron el primer objetivo pero no el segundo, debe ser por eso que la mayoria de mi generación terminó apuntándose al PSOE.

Nosotros entendíamos la libertad como una forma de librarnos de las coerciones que procedían tanto de nuestros padres, como de la religión y en menor medida del Estado. Eran los padres los que nos prohibían, los que nos exigían, los que nos mantenían bien atados a la costumbre. Liberarnos de esa coerción paterna era para nosotros la libertad. Vale la pena detenerse un momento sobre esta cuestión. En aquella época los padres no nos dejaban hacer casi nada, ni viajar, ni salir de noche, ni por supuesto beber alcohol. Solo podíamos estudiar y ejercitar algún deporte, las salidas estaban contabilizadas y vigiladas, la hora de vuelta a casa era sagrada y no había lugar para la transgresión. La situación de las chicas era aun peor, condenadas a una castidad perpetua que se prolongaba en la nuestra y a una invisibilidad manifiesta. Las transgresoras eran vistas como chabacanas, flojas, y fáciles: eran así estigmatizadas y sacadas a empujones de la socialización bien entendida.

Fue en el 68 en Paris donde tuvo lugar la ruptura con el padre, el mundo no volvió a ser el mismo, fue en las barricadas donde tuvimos nuestras primeras experiencias sexuales completas con aquellas heroínas hegelianas más bien enloquecidas que buscaban la playa bajo los adoquines. Alcanzamos esa libertad que añorábamos de forma paulatina, la píldora antibaby salió en nuestra ayuda y la minifalda puso el resto. Lo que queríamos era follar y follar sin compromiso, y follar con todas no con la amiga de turno, algunos lo consiguieron sobre todo los alfa del movimiento, esos que se colocaron en algún sitio gubernamental y que la nómina amordazó.

Beatles y la psicodelia, Rolling Stones,  Kinks, Erick Clapton y sus bandas, Steve Winwood, The Who, King Crimson, Yes, era la música que oíamos, la mejor música que se ha hecho en todas las épocas apareció en esa generación mal follada, no es de extrañar. Freud habló de sublimación, ese mecanismo que convierte la pulsión sexual en obra de arte y si a eso le juntamos el trauma generacional que supuso la guerra con embazadas solteras o viudas ya tenemos el cóctel necesario para entender ese fenómeno de explosión de talentos. Y Freud era la lectura de cabecera de mi generación como Poe, Lovecraft, Brabdury, Desmond Morris o Marcuse con aquel ensayo «Eros y civilización» tan freudiano que venia a enfrentar definitivamente la satisfacción erótica con el orden civilizatorio. La creencia en el buen salvaje fue la consecuencia de aquellas lecturas: regresar a la naturaleza era la mejor forma de escapar de las coerciones culturales, esa fue la elección de los que entonces llamábamos hippyes o «progres», unos personajes que Houellebecq describe tan bien en sus novelas

Pero todo tiene su parte trágica, y esta ganancia de libertad basada en lo sexual tuvo consecuencias imprevisibles en el imaginario humano: la principal consecuencia es la atomización de lo imaginario. Ahora tenemos libertad, al menos aquella libertad que soñábamos pero las cosas parecen haber ido a peor.

La revolución sexual trajo algunos efectos adversos:

El término revolución sexual se refiere a una serie de profundos cambios sociales que implicaron a las actitudes, expectativas, relaciones entre los sexos y costumbres realizadas en la mayor parte del mundo occidental en la década de 1960-1970 y que se superpone a ciertos movimientos conocidos como contracultura (el movimiento hippie) asi como a movimientos políticos relacionados con la revolución del Mayo de 1968 llevada a cabo sobre todo en Paris, una revolución contra el padre o la autoridad según algunos autores. La guerra de Vietnam, el consumo de drogas, la aparición del feminismo y el amor libre ocupan el trasfondo de este movimiento que efectivamente cambió el mundo, pero no en el sentido que esperábamos.

Sin embargo el movimiento que conocemos como revolución sexual tuvo una causa y dos efectos que pueden estudiarse juntos como movilizadores de la sociedad,  son estos tres:

  • La contracepción.
  • La incorporación de la mujer al mundo del trabajo.
  • La fragmentación de la familia extensa y la emancipación de la nuclear.

La contracepción es la tecnología que permitió a las mujeres elegir el momento, el cómo, con quién y cuando quedar embarazadas, mientras se multiplicaban los contactos sexuales previos al matrimonio o al compromiso reproductivo, dicho de otro modo, la contracepción es la que permitió multiplicar los contactos sexuales sin el peaje del embarazo que hasta los años 60 era la regla.

El paso al compromiso reproductivo sufrió un enorme retraso lo que dio lugar a un descenso de la natalidad que hoy consideramos en algunos paises ya más que preocupante al tiempo que se introdujeron -paradójicamente- también otras libertades como la del aborto libre o casi libre que en toda Europa se ha consagrado como un principio de derechos femeninos elementales. Lo cierto es que al menos resulta contradictorio que en entornos de libertad y accesibilidad universal de contracepción hayan aumentado los abortos debidos a embarazos no deseados. Llamo la atención del lector sobre esta primera contradicción. No parece pues que la libertad contraceptiva haya llegado a todas las mujeres o bien que la contracepción por sí misma ha generado un efecto contrario al que se esperaba, embarazos no deseados.

Lo asimétrico de la contracepción es que se deja al control de la mujer la descendencia de los hombres, como veremos más abajo esta hegemonía femenina en cuanto a la voluntariedad de tener o no hijos y con quién tiene secuelas sociales.

Por otra parte la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, no hubiera sido posible en una sociedad tradicional, fuere agricola o industrial, sencillamente en un mundo sin anticonceptivos la mujer no hubiera podido incorporarse de un modo tan generalizado no ya a los trabajos más devaluados o manuales sino a las carreras y estudios complejos que exigen mucha más postergación en la edad de tener el primer hijo. Naturalmente la familia se resintió, con independencia de aquellas mujeres que supieron acumular o retener apoyos familiares suficientes para ayudar en la crianza de los hijos, lo cierto es que la mayor parte de los hogares donde la mujer trabaja fuera de casa tienen unos estandares de vida mucho peores en tanto a presencia y calidad, cuidados de los niños y tiempo dedicado a sus miembros.

Pero lo más paradójico de esta incorporación de la mujer al mundo del trabajo y por tanto de la autosuficiencia económica es que ha dado a los hombres más oportunidades para financiarse una segunda esposa al abaratar -por asi decir- el despido.

La revolución sexual no tuvo los efectos que pretendíamos los jóvenes de entonces sino -tal y como podemos observar hoy- una fragmentación de las formas de vida que coexisten con bolsas de soledad, familas desestructuradas, anomia social, patología mental y sobre todo, otra cuestión que llama la atención: hogares monoparentales presididos por mujeres que viven solas, que tienen hijos a su cargo y con la ausencia de la figura paterna aunque esta vez no se trata de desaparecidos en combate. Y una consecuencia mas dramática y peligrosa: la disminución de la natalidad.

Me propuse llevar a cabo un pequeño estudio sobre mi entorno inmediato, para ello usé la finca donde vivo y aunque ya sé que esta forma de proceder carece de rigor estadístico, me permitió al menos pensar en algo que nunca antes había pensado. ¿Cuantas personas viven solas con o sin hijos en mi entorno más cercano?

De un total de 28 hogares esta es la distribución:

1.- Parejas con o sin hijos 16 hogares, el 57,1 %.

2.-Mujeres solas con o sin hijos 8 hogares, el 28,57%.

3.-Hombres solos, con o sin hijos, 4 hogares, el 14,28%

Lo importante es señalar que más de la mitad de los hogares (la mayoria) sigue mostrando la configuración tradicional, pero están emergiendo hogares de mujeres solas (y excluyo a las viudas) que tienen hijos a su cargo y trabajan fuera de casa. Por último la causa más importante de soledad entre estas mujeres es el divorcio, se trata sobre todo de mujeres separadas.

Con respecto a los hombres todos los que aparecen en la muestra son divorciados.

Dicho de otro modo: el divorcio parece ser -por encima de la viudedad- la causa más importante de vivir solos, tanto en hombres como en mujeres, aunque la frecuencia de “divorciados” parece ser más significativa en hombres.

Cad o dad.-

“Cad” y “dad” es la forma de llamar en inglés a dos estrategias sexuales de apareamiento en humanos y que implican tanto a los hombres como a las mujeres. “Dad” en inglés significa “papá” de modo que la estrategia “papá” representa el emparejamiento monógamo tradicional (biparental), mientras que la estrategia “cad” viene a referirse a la promiscuidad sexual, con o sin compromisos reproductivos tanto en hombres como en mujeres.

De manera que podemos decir que las sociedades avanzadas, occidentales y opulentas, donde los controles sociales acerca de la sexualidad son débiles son estrategias “cad”, mientras que las sociedades tradicionales con cerrazón sexual, ordenadas y pulcras representan estrategias “dad”.

Vamos ahora a obervar un fenómeno concreto: la tasa reproductiva de hombres y mujeres en una sociedad u otra. Es sabido que desde el punto de vista evolutivo las mujeres en todos los tiempos se reproducen más que los hombres (el éxito reproductivo de las mujeres es superior al de los hombres), Baumeister (2007) ha publicado ciertos porcentajes abrumadores a este respecto, pero lo que interesa señalar es que el éxito reproductivo de las mujeres es el doble que el de los hombres, pero ahora vamos a ver las consecuencias sobre esta variable respecto a las sociedades “cad” y “dad”.

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Dicho de otra manera: a mi generación se le fue el asunto de las manos.

 

Buscar playas donde no las hay es mal asunto. Y la verdad es que la sexualidad es mejor que esté regulada si queremos que sea igualitaria.

 

Los fracasos de la ingeniería social

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¿Por qué fracasan casi todos los intentos de cambiar el mundo que han inventado los hombres? ¿Por qué aun suponiendo que muchas de estas intentonas hayan sido honestas no han logrado penetrar en el imaginario humano? ¿Por qué existe tanta distancia entre las ideas, incluyendo las buenas ideas y la práctica social y política de las mismas?

En estas cosas andaba yo pensando esta mañana después de leer este articulo donde el autor nos alecciona sobre «la ventana Overton» que es una secuencia concreta de acciones para obtener un resultado deseado. La ventana Overton es la que usan  los ingenieros sociales, es decir aquellos que planifican las políticas que nos impondrán aun sin tener la legitimidad para hacerlo. Así Overton, lo que describió fueron los pasos que deberían sucederse desde la consideración de algo inaceptable o inmoral hasta conseguir que se convierta en algo sensato, popular e incluso moral y deseable.

El columnista Evgueni Gorzhaltsán nos cuenta las distintas etapas que han de sortearse para que algo profundamente insensato, inmoral o impensable pase a convertirse incluso en leyes o prácticas indiferentes para la mayoría, la clave parece estar en el marketing de las ideas, algo que en nuestro tiempo y gracias a la tecnología de la que disponemos es mucho más fácil y barato que antaño. Lo impensable ha de hacerse en un primer paso algo radical y cuando la masa critica haya superado cierto número lo radical termina convirtiéndose en algo aceptable. Más tarde lo aceptable se convierte en sensato y más tarde en popular. De ahí a que algunos políticos -defensores de minorías- lo hagan suyo va solo un paso. Entonces nos encontramos con que los que era inaceptable acaba convirtiéndose en una ley.

Un ejemplo es el matrimonio homosexual o el aborto electivo, hoy son tan frecuentes  y aceptables que la mayor parte de nosotros estaríamos dispuestos a admitir aquello de que «cada uno haga lo que quiera con su vida», que es la manera en que nos referimos a lo aceptable, otra manera de nombrar lo que nos resulta indiferente. Sencillamente nos da igual porque ya estamos contaminados por esos memes de tal manera que hemos llegado a amoralizar ambas conductas.

El lector puede leer el articulo completo en este sitio, su titulo es ¿Cómo legalizar cualquier fenómeno desde la eutanasia hasta el cannibalismo?

Y la verdad es que existen muchos ejemplos que algunos considerarán son efectos del progreso moral de la humanidad mientras otros los consideramos una prueba de su declive. Pondré varios ejemplos que mis abuelos considerarían en su tiempo verdaderas atrocidades: 1) Que un niño pueda elegir su sexo a la carta, 2) Que una mujer aborte por causas electivas, 3) Que dos hombres o dos mujeres contrajeran matrimonio 4) Que una persona decida sobre su propia muerte y así.

Y otras que están por llegar 1) La legalización de la pederastia, 2) El matrimonio interespecies (casarse con una mascota), 3) Mantener relaciones sexuales con animales 4) El canibalismo siempre que sea consentido 4) La legalización de las drogas, 5) El matrimonio incestuoso (entre hermanos o padres/hijos).

Naturalmente las ingenierías destinadas a conseguir estas legitimaciones tienen algún plan, y ese plan solo puede ser conseguir reducir la población occidental a la mitad. Cuando digo occidental me refiero a Europa, America del Norte y Australia/Nueva Zelanda, es decir acabar con el llamado «supremacismo blanco».

Algunas personas bien sensatas aun no han caído en la cuenta y se preguntan qué razones podrían impulsar a estos ingenieros a buscar algo así. Es muy fácil contestar a esta pregunta: lo hacen para uniformizar el mundo y crear castas de personas uniformes, pacíficas y conformistas, trabajadores que ganen algún dinero para consumirlo en drogas y su propio sustento pero que carezcan de derechos y sobre todo de ese carísimo Estado del Bienestar que disfrutamos -aunque en declive- en toda Europa. Sanidad y educación gratuitas no están en las agendas de estos ingenieros salvo pensándolas como instrumentos de adoctrinamiento político y religioso. Porque claro está, en el tema de la religión también existe un plan: hay demasiadas religiones y lo ideal para esos planes uniformizadores sería que existiera tan solo una. Una que suponga una sumisión total a Dios y no estas religiones donde los hombres nacen a imagen y semejanza de Ël. El cristianismo es peligroso y poco útil para el dominio global.

Fracasos de la ingeniería social.-

Los intentos teledirigidos de arreglar el mundo desde el Estado son un rosario de fracasos a pesar de lo que dicen los optimistas racionales, baste recordar ahora el argumento de que la esclavitud ha sido abolida en todo el mundo. Lo cierto es que si bien la esclavitud fue abolida en un primer momento, no sucedió lo mismo con la servidumbre vigente aun hoy en media Eurasia y estamos viendo un repunte de la esclavitud sobre todo en esos estados fallidos como Libia y otros. Las cosas pueden ir a peor puesto que el «progreso» no es unidireccional o irreversible, el progreso no es teleológico.

La revolución bolchevique triunfó en la URSS, en Cuba y en media Europa pero el comunismo fue un fracaso allí donde se instaló y aun podemos ver sus terribles secuelas en Venezuela y en Corea del Norte.

China también tuvo su revolución maoísta pero su estrepitoso fracaso solo pudo soslayarse con la irrupción de un capitalismo salvaje que hace de ella la nación más contaminada del mundo, al tiempo que se restringen libertades. La política del hijo único fue un genocidio encubierto que ha dejado al menos a una generación desparejada con los conflictos que de ello cabe suponer. Un exceso de hombres solteros es una medida de caos social.

Para entender estos sucesivos fracasos de los ingenieros sociales es necesario entender como funciona las sociedades por dentro, y de paso entender como funcionan los cerebros individuales. Es la Neurociencia la que nos dará la clave del por qué todos los intentos diseñados por el hombre para cambiar el mundo fracasarán.

La sociedad profunda.-

La idea de “estado profundo” (deep state) está en boca de todos y es un hecho intuitivo: ¿Quién nos sube el recibo de la luz? . Se trata de una ocurrencia reciente estrechamente vinculada con el debate político en los EE.UU. Mike Logfren, un asesor republicano en el Congreso, definió el “estado profundo” en 2014 como “una asociación híbrida de elementos del gobierno y partes de las altas finanzas y la industria que es capaz de gobernar los Estados Unidos sin hacer referencia al consentimiento de los gobernados expresado a través del proceso político formal.

¿No es cierto que siempre decimos que nuestros políticos no mandan? ¿Que en realidad los que mandan son otros, esos que no se presentan a las elecciones? ¿No es verdad que estamos convencidos que los que gobiernan el mundo son esas élites escondidas en algún siniestro lugar de Manhattan desde donde planean el reparto del mundo para sus intereses?

Pues lo mismo sucede con la «sociedad profunda», algo muy parecido al Internet profundo y por qué no decirlo, algo parecido al inconsciente individual. Se trata de lugares donde no rigen las mismas reglas que las que gobiernan nuestra vida consciente y vigil, ni eso que llamamos sociedad civil. Se trata de una corriente subterránea de creencias, lealtades, emociones, preferencias y obediencias que siempre están ocultas y lo están porque son incompatibles con nuestra idea de democracia.

¿No es cierto que usted se sacrificaría por sus hijos antes de por los míos? ¿No es cierto que en el caso de morir usted quisiera que sus hijos se quedaran con su herencia? ¿A quien salvaría primero en un incendio?

El nepotismo y el etnocentrismo (el conatum étnico) tiene tanta potencia que es indomesticable, al menos a través de las tecnologías que los occidentales hemos propuesto para llevar la paz y la felicidad a algunos pueblos de medio mundo. Sencillamente la idea de democracia no empasta bien en según qué razas humanas. Más concretamente la idea de democracia liberal tal y como la entendemos hoy solo encaja con los pueblos de tradición cristiana.

Y es precisamente esa maleabilidad la que nos hace más vulnerables, reaccionamos con indiferencia ante los intentos de doblegar nuestra civilización pero jugamos con una ventaja: nuestros ingenieros no saben una palabra de neurociencia y no saben que cualquier cambio que no vaya acompañado del apoyo del inconsciente profundo -es decir de todo aquello que no ha sido diseñado conscientemente sino por la evolución natural- fracasará.

Son obras de ingeniería pensadas para robots, androides  o para otra especie pero no para el Sapiens.