Nosotros los “baby boomers”

Baby boom es el concepto informal con el que se conoce a los que nacimos en la década entre 1947 y 1957 aproximadamente, es decir a la explosión de nacimientos que hubo después de la segunda guerra mundial. Aquellos que alcanzamos la mayoría de edad hacia 1968 coincidiendo con la revolución de mayo de aquel año y que también se conoce como la generación del 68.

Desde entonces no ha habido en Europa otro baby boom y la demografia no ha hecho sino descender.Este post es un homenaje a todos los babyboomers que hoy ya son, somos jubilados.

En un post anterior ya hablé de las características de personalidad de esta generación pero me gustaría volver ahora sobre qué significaba la libertad para nosotros  comparándola con el vacío que hoy podemos observar en la generaciones que nos sucedieron, más amplificadas si cabe con esa otra que ha venido en llamarse millenials.

Ken Wilber describió la patología de nuestra generación, esa que inventó o reeditó el narcisismo, le llamó boomeritis a esta especie de infección memética:

Para Wilber la “boomeritis” es el principal obstáculo para alcanzar el pensamiento de segundo nivel, es decir aquel estado de expansión de la conciencia -una expansión que se realiza en espiral- según la teoría de la “dinámica espiral” propiciada por Clare Graves que representaría el alcanzar un estado tal de elevación que superara las contradicciones y antagonismos propios del pensamiento egocéntrico que caracterizaría el primer nivel.

Pero la boomeritis no aqueja solamente a mi generación porque el narcisismo-egocentrismo es desde el punto de vista evolutivo muy potente: representa algo asi como el muy adaptativo “sálvese quien pueda” que seguramente ha producido grandes servicios a nuestra especie. Despegar de él no es cosa fácil sobre todo en un mundo donde el lucro y los rendimientos personales seguidos de premio o de recompensa son los ídolos en los que creen la mayor parte de la población infectada.

Sin contar con el hecho psicológico de que primero tenemos que diferenciarnos para más tarde integrarnos. Muchos de mi generación lograron el primer objetivo pero no el segundo, debe ser por eso que la mayoria de mi generación terminó apuntándose al PSOE.

Nosotros entendíamos la libertad como una forma de librarnos de las coerciones que procedían tanto de nuestros padres, como de la religión y en menor medida del Estado. Eran los padres los que nos prohibían, los que nos exigían, los que nos mantenían bien atados a la costumbre. Liberarnos de esa coerción paterna era para nosotros la libertad. Vale la pena detenerse un momento sobre esta cuestión. En aquella época los padres no nos dejaban hacer casi nada, ni viajar, ni salir de noche, ni por supuesto beber alcohol. Solo podíamos estudiar y ejercitar algún deporte, las salidas estaban contabilizadas y vigiladas, la hora de vuelta a casa era sagrada y no había lugar para la transgresión. La situación de las chicas era aun peor, condenadas a una castidad perpetua que se prolongaba en la nuestra y a una invisibilidad manifiesta. Las transgresoras eran vistas como chabacanas, flojas, y fáciles: eran así estigmatizadas y sacadas a empujones de la socialización bien entendida.

Fue en el 68 en Paris donde tuvo lugar la ruptura con el padre, el mundo no volvió a ser el mismo, fue en las barricadas donde tuvimos nuestras primeras experiencias sexuales completas con aquellas heroínas hegelianas más bien enloquecidas que buscaban la playa bajo los adoquines. Alcanzamos esa libertad que añorábamos de forma paulatina, la píldora antibaby salió en nuestra ayuda y la minifalda puso el resto. Lo que queríamos era follar y follar sin compromiso, y follar con todas no con la amiga de turno, algunos lo consiguieron sobre todo los alfa del movimiento, esos que se colocaron en algún sitio gubernamental y que la nómina amordazó.

Beatles y la psicodelia, Rolling Stones,  Kinks, Erick Clapton y sus bandas, Steve Winwood, The Who, King Crimson, Yes, era la música que oíamos, la mejor música que se ha hecho en todas las épocas apareció en esa generación mal follada, no es de extrañar. Freud habló de sublimación, ese mecanismo que convierte la pulsión sexual en obra de arte y si a eso le juntamos el trauma generacional que supuso la guerra con embazadas solteras o viudas ya tenemos el cóctel necesario para entender ese fenómeno de explosión de talentos. Y Freud era la lectura de cabecera de mi generación como Poe, Lovecraft, Brabdury, Desmond Morris o Marcuse con aquel ensayo “Eros y civilización” tan freudiano que venia a enfrentar definitivamente la satisfacción erótica con el orden civilizatorio. La creencia en el buen salvaje fue la consecuencia de aquellas lecturas: regresar a la naturaleza era la mejor forma de escapar de las coerciones culturales, esa fue la elección de los que entonces llamábamos hippyes o “progres”, unos personajes que Houellebecq describe tan bien en sus novelas

Pero todo tiene su parte trágica, y esta ganancia de libertad basada en lo sexual tuvo consecuencias imprevisibles en el imaginario humano: la principal consecuencia es la atomización de lo imaginario. Ahora tenemos libertad, al menos aquella libertad que soñábamos pero las cosas parecen haber ido a peor.

La revolución sexual trajo algunos efectos adversos:

El término revolución sexual se refiere a una serie de profundos cambios sociales que implicaron a las actitudes, expectativas, relaciones entre los sexos y costumbres realizadas en la mayor parte del mundo occidental en la década de 1960-1970 y que se superpone a ciertos movimientos conocidos como contracultura (el movimiento hippie) asi como a movimientos políticos relacionados con la revolución del Mayo de 1968 llevada a cabo sobre todo en Paris, una revolución contra el padre o la autoridad según algunos autores. La guerra de Vietnam, el consumo de drogas, la aparición del feminismo y el amor libre ocupan el trasfondo de este movimiento que efectivamente cambió el mundo, pero no en el sentido que esperábamos.

Sin embargo el movimiento que conocemos como revolución sexual tuvo una causa y dos efectos que pueden estudiarse juntos como movilizadores de la sociedad,  son estos tres:

  • La contracepción.
  • La incorporación de la mujer al mundo del trabajo.
  • La fragmentación de la familia extensa y la emancipación de la nuclear.

La contracepción es la tecnología que permitió a las mujeres elegir el momento, el cómo, con quién y cuando quedar embarazadas, mientras se multiplicaban los contactos sexuales previos al matrimonio o al compromiso reproductivo, dicho de otro modo, la contracepción es la que permitió multiplicar los contactos sexuales sin el peaje del embarazo que hasta los años 60 era la regla.

El paso al compromiso reproductivo sufrió un enorme retraso lo que dio lugar a un descenso de la natalidad que hoy consideramos en algunos paises ya más que preocupante al tiempo que se introdujeron -paradójicamente- también otras libertades como la del aborto libre o casi libre que en toda Europa se ha consagrado como un principio de derechos femeninos elementales. Lo cierto es que al menos resulta contradictorio que en entornos de libertad y accesibilidad universal de contracepción hayan aumentado los abortos debidos a embarazos no deseados. Llamo la atención del lector sobre esta primera contradicción. No parece pues que la libertad contraceptiva haya llegado a todas las mujeres o bien que la contracepción por sí misma ha generado un efecto contrario al que se esperaba, embarazos no deseados.

Lo asimétrico de la contracepción es que se deja al control de la mujer la descendencia de los hombres, como veremos más abajo esta hegemonía femenina en cuanto a la voluntariedad de tener o no hijos y con quién tiene secuelas sociales.

Por otra parte la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, no hubiera sido posible en una sociedad tradicional, fuere agricola o industrial, sencillamente en un mundo sin anticonceptivos la mujer no hubiera podido incorporarse de un modo tan generalizado no ya a los trabajos más devaluados o manuales sino a las carreras y estudios complejos que exigen mucha más postergación en la edad de tener el primer hijo. Naturalmente la familia se resintió, con independencia de aquellas mujeres que supieron acumular o retener apoyos familiares suficientes para ayudar en la crianza de los hijos, lo cierto es que la mayor parte de los hogares donde la mujer trabaja fuera de casa tienen unos estandares de vida mucho peores en tanto a presencia y calidad, cuidados de los niños y tiempo dedicado a sus miembros.

Pero lo más paradójico de esta incorporación de la mujer al mundo del trabajo y por tanto de la autosuficiencia económica es que ha dado a los hombres más oportunidades para financiarse una segunda esposa al abaratar -por asi decir- el despido.

La revolución sexual no tuvo los efectos que pretendíamos los jóvenes de entonces sino -tal y como podemos observar hoy- una fragmentación de las formas de vida que coexisten con bolsas de soledad, familas desestructuradas, anomia social, patología mental y sobre todo, otra cuestión que llama la atención: hogares monoparentales presididos por mujeres que viven solas, que tienen hijos a su cargo y con la ausencia de la figura paterna aunque esta vez no se trata de desaparecidos en combate. Y una consecuencia mas dramática y peligrosa: la disminución de la natalidad.

Me propuse llevar a cabo un pequeño estudio sobre mi entorno inmediato, para ello usé la finca donde vivo y aunque ya sé que esta forma de proceder carece de rigor estadístico, me permitió al menos pensar en algo que nunca antes había pensado. ¿Cuantas personas viven solas con o sin hijos en mi entorno más cercano?

De un total de 28 hogares esta es la distribución:

1.- Parejas con o sin hijos 16 hogares, el 57,1 %.

2.-Mujeres solas con o sin hijos 8 hogares, el 28,57%.

3.-Hombres solos, con o sin hijos, 4 hogares, el 14,28%

Lo importante es señalar que más de la mitad de los hogares (la mayoria) sigue mostrando la configuración tradicional, pero están emergiendo hogares de mujeres solas (y excluyo a las viudas) que tienen hijos a su cargo y trabajan fuera de casa. Por último la causa más importante de soledad entre estas mujeres es el divorcio, se trata sobre todo de mujeres separadas.

Con respecto a los hombres todos los que aparecen en la muestra son divorciados.

Dicho de otro modo: el divorcio parece ser -por encima de la viudedad- la causa más importante de vivir solos, tanto en hombres como en mujeres, aunque la frecuencia de “divorciados” parece ser más significativa en hombres.

Cad o dad.-

“Cad” y “dad” es la forma de llamar en inglés a dos estrategias sexuales de apareamiento en humanos y que implican tanto a los hombres como a las mujeres. “Dad” en inglés significa “papá” de modo que la estrategia “papá” representa el emparejamiento monógamo tradicional (biparental), mientras que la estrategia “cad” viene a referirse a la promiscuidad sexual, con o sin compromisos reproductivos tanto en hombres como en mujeres.

De manera que podemos decir que las sociedades avanzadas, occidentales y opulentas, donde los controles sociales acerca de la sexualidad son débiles son estrategias “cad”, mientras que las sociedades tradicionales con cerrazón sexual, ordenadas y pulcras representan estrategias “dad”.

Vamos ahora a obervar un fenómeno concreto: la tasa reproductiva de hombres y mujeres en una sociedad u otra. Es sabido que desde el punto de vista evolutivo las mujeres en todos los tiempos se reproducen más que los hombres (el éxito reproductivo de las mujeres es superior al de los hombres), Baumeister (2007) ha publicado ciertos porcentajes abrumadores a este respecto, pero lo que interesa señalar es que el éxito reproductivo de las mujeres es el doble que el de los hombres, pero ahora vamos a ver las consecuencias sobre esta variable respecto a las sociedades “cad” y “dad”.

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Dicho de otra manera: a mi generación se le fue el asunto de las manos.

 

Buscar playas donde no las hay es mal asunto. Y la verdad es que la sexualidad es mejor que esté regulada si queremos que sea igualitaria.

 

Los fracasos de la ingeniería social

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¿Por qué fracasan casi todos los intentos de cambiar el mundo que han inventado los hombres? ¿Por qué aun suponiendo que muchas de estas intentonas hayan sido honestas no han logrado penetrar en el imaginario humano? ¿Por qué existe tanta distancia entre las ideas, incluyendo las buenas ideas y la práctica social y política de las mismas?

En estas cosas andaba yo pensando esta mañana después de leer este articulo donde el autor nos alecciona sobre “la ventana Overton” que es una secuencia concreta de acciones para obtener un resultado deseado. La ventana Overton es la que usan  los ingenieros sociales, es decir aquellos que planifican las políticas que nos impondrán aun sin tener la legitimidad para hacerlo. Así Overton, lo que describió fueron los pasos que deberían sucederse desde la consideración de algo inaceptable o inmoral hasta conseguir que se convierta en algo sensato, popular e incluso moral y deseable.

El columnista Evgueni Gorzhaltsán nos cuenta las distintas etapas que han de sortearse para que algo profundamente insensato, inmoral o impensable pase a convertirse incluso en leyes o prácticas indiferentes para la mayoría, la clave parece estar en el marketing de las ideas, algo que en nuestro tiempo y gracias a la tecnología de la que disponemos es mucho más fácil y barato que antaño. Lo impensable ha de hacerse en un primer paso algo radical y cuando la masa critica haya superado cierto número lo radical termina convirtiéndose en algo aceptable. Más tarde lo aceptable se convierte en sensato y más tarde en popular. De ahí a que algunos políticos -defensores de minorías- lo hagan suyo va solo un paso. Entonces nos encontramos con que los que era inaceptable acaba convirtiéndose en una ley.

Un ejemplo es el matrimonio homosexual o el aborto electivo, hoy son tan frecuentes  y aceptables que la mayor parte de nosotros estaríamos dispuestos a admitir aquello de que “cada uno haga lo que quiera con su vida”, que es la manera en que nos referimos a lo aceptable, otra manera de nombrar lo que nos resulta indiferente. Sencillamente nos da igual porque ya estamos contaminados por esos memes de tal manera que hemos llegado a amoralizar ambas conductas.

El lector puede leer el articulo completo en este sitio, su titulo es ¿Cómo legalizar cualquier fenómeno desde la eutanasia hasta el cannibalismo?

Y la verdad es que existen muchos ejemplos que algunos considerarán son efectos del progreso moral de la humanidad mientras otros los consideramos una prueba de su declive. Pondré varios ejemplos que mis abuelos considerarían en su tiempo verdaderas atrocidades: 1) Que un niño pueda elegir su sexo a la carta, 2) Que una mujer aborte por causas electivas, 3) Que dos hombres o dos mujeres contrajeran matrimonio 4) Que una persona decida sobre su propia muerte y así.

Y otras que están por llegar 1) La legalización de la pederastia, 2) El matrimonio interespecies (casarse con una mascota), 3) Mantener relaciones sexuales con animales 4) El canibalismo siempre que sea consentido 4) La legalización de las drogas, 5) El matrimonio incestuoso (entre hermanos o padres/hijos).

Naturalmente las ingenierías destinadas a conseguir estas legitimaciones tienen algún plan, y ese plan solo puede ser conseguir reducir la población occidental a la mitad. Cuando digo occidental me refiero a Europa, America del Norte y Australia/Nueva Zelanda, es decir acabar con el llamado “supremacismo blanco”.

Algunas personas bien sensatas aun no han caído en la cuenta y se preguntan qué razones podrían impulsar a estos ingenieros a buscar algo así. Es muy fácil contestar a esta pregunta: lo hacen para uniformizar el mundo y crear castas de personas uniformes, pacíficas y conformistas, trabajadores que ganen algún dinero para consumirlo en drogas y su propio sustento pero que carezcan de derechos y sobre todo de ese carísimo Estado del Bienestar que disfrutamos -aunque en declive- en toda Europa. Sanidad y educación gratuitas no están en las agendas de estos ingenieros salvo pensándolas como instrumentos de adoctrinamiento político y religioso. Porque claro está, en el tema de la religión también existe un plan: hay demasiadas religiones y lo ideal para esos planes uniformizadores sería que existiera tan solo una. Una que suponga una sumisión total a Dios y no estas religiones donde los hombres nacen a imagen y semejanza de Ël. El cristianismo es peligroso y poco útil para el dominio global.

Fracasos de la ingeniería social.-

Los intentos teledirigidos de arreglar el mundo desde el Estado son un rosario de fracasos a pesar de lo que dicen los optimistas racionales, baste recordar ahora el argumento de que la esclavitud ha sido abolida en todo el mundo. Lo cierto es que si bien la esclavitud fue abolida en un primer momento, no sucedió lo mismo con la servidumbre vigente aun hoy en media Eurasia y estamos viendo un repunte de la esclavitud sobre todo en esos estados fallidos como Libia y otros. Las cosas pueden ir a peor puesto que el “progreso” no es unidireccional o irreversible, el progreso no es teleológico.

La revolución bolchevique triunfó en la URSS, en Cuba y en media Europa pero el comunismo fue un fracaso allí donde se instaló y aun podemos ver sus terribles secuelas en Venezuela y en Corea del Norte.

China también tuvo su revolución maoísta pero su estrepitoso fracaso solo pudo soslayarse con la irrupción de un capitalismo salvaje que hace de ella la nación más contaminada del mundo, al tiempo que se restringen libertades. La política del hijo único fue un genocidio encubierto que ha dejado al menos a una generación desparejada con los conflictos que de ello cabe suponer. Un exceso de hombres solteros es una medida de caos social.

Para entender estos sucesivos fracasos de los ingenieros sociales es necesario entender como funciona las sociedades por dentro, y de paso entender como funcionan los cerebros individuales. Es la Neurociencia la que nos dará la clave del por qué todos los intentos diseñados por el hombre para cambiar el mundo fracasarán.

La sociedad profunda.-

La idea de “estado profundo” (deep state) está en boca de todos y es un hecho intuitivo: ¿Quién nos sube el recibo de la luz? . Se trata de una ocurrencia reciente estrechamente vinculada con el debate político en los EE.UU. Mike Logfren, un asesor republicano en el Congreso, definió el “estado profundo” en 2014 como “una asociación híbrida de elementos del gobierno y partes de las altas finanzas y la industria que es capaz de gobernar los Estados Unidos sin hacer referencia al consentimiento de los gobernados expresado a través del proceso político formal.

¿No es cierto que siempre decimos que nuestros políticos no mandan? ¿Que en realidad los que mandan son otros, esos que no se presentan a las elecciones? ¿No es verdad que estamos convencidos que los que gobiernan el mundo son esas élites escondidas en algún siniestro lugar de Manhattan desde donde planean el reparto del mundo para sus intereses?

Pues lo mismo sucede con la “sociedad profunda”, algo muy parecido al Internet profundo y por qué no decirlo, algo parecido al inconsciente individual. Se trata de lugares donde no rigen las mismas reglas que las que gobiernan nuestra vida consciente y vigil, ni eso que llamamos sociedad civil. Se trata de una corriente subterránea de creencias, lealtades, emociones, preferencias y obediencias que siempre están ocultas y lo están porque son incompatibles con nuestra idea de democracia.

¿No es cierto que usted se sacrificaría por sus hijos antes de por los míos? ¿No es cierto que en el caso de morir usted quisiera que sus hijos se quedaran con su herencia? ¿A quien salvaría primero en un incendio?

El nepotismo y el etnocentrismo (el conatum étnico) tiene tanta potencia que es indomesticable, al menos a través de las tecnologías que los occidentales hemos propuesto para llevar la paz y la felicidad a algunos pueblos de medio mundo. Sencillamente la idea de democracia no empasta bien en según qué razas humanas. Más concretamente la idea de democracia liberal tal y como la entendemos hoy solo encaja con los pueblos de tradición cristiana.

Y es precisamente esa maleabilidad la que nos hace más vulnerables, reaccionamos con indiferencia ante los intentos de doblegar nuestra civilización pero jugamos con una ventaja: nuestros ingenieros no saben una palabra de neurociencia y no saben que cualquier cambio que no vaya acompañado del apoyo del inconsciente profundo -es decir de todo aquello que no ha sido diseñado conscientemente sino por la evolución natural- fracasará.

Son obras de ingeniería pensadas para robots, androides  o para otra especie pero no para el Sapiens.

La superioridad moral de la derecha

La derecha moraliza más el sexo y la izquierda moraliza más la comida y los animales (Haidt)

¿Por qué la derecha tiene una mayor superioridad moral que la izquierda?

Este es el titulo de un articulo que leí recientemente firmado por Miguel Angel Quintana y que podeís leer aquí.

El autor echa mano de Jonathan Haidt que describió los 5 pilares de la moral y cuya obra podes seguir en el post anteriormente vinculado.

La idea de Haidt es que los sentimientos morales no son algo que se tiene o no se tiene, sino que existen al menos 5 dimensiones que hay que valorar una a una y que configuran patrones morales bien distintos entre los individuos. Concretamente en el video de más abajo podréis ver una serie de diapositivas donde Haidt agrupa estos valores morales según culturas, aunque lo más interesante son sin duda la distinción, el agrupamiento que hacen los individuos concretos según sus opiniones políticas. Así los conservadores aparecen como un grupo bien distinto de los liberales (utilizando terminología americana).

Lo interesante de esta investigación es que tanto los conservadores como los liberales se distinguen no tanto por el valor que dan a su defensa de los oprimidos o su aversión a las injusticias sino a otros parámetros. Así es posible observar como difieren en los valores de Lealtad/traición, Autoridad/subversion y Divinidad/degradación.

En términos concretos significa que los individuos de derechas no se pondrán inmediatamente de parte de minorías oprimidas o de grupos minoritarios (como suelen hacer los de izquierdas) sin valorar además la lealtad debida al grupo, la existencia o no de una autoridad identificable o de hacer algo que degrade la dignidad humana. Es por eso que izquierda y derecha nunca se pondrán de acuerdo (sin abandonar su posición inicial) sobre temas como el aborto, la inmigración ilegal, el feminismo, la eutanasia, el consumo de drogas, el matrimonio homosexual o la educación de los niños.

Lo que nos lleva a concluir que los liberales (los de izquierdas en términos europeos) son personas que se preocupan por los oprimidos y son muy sensibles a las injusticias pero escotomizan las otras tres dimensiones que son también consideradas por los individuos de derechas.

Aqui está el video de TED con subtítulos en español.

Un post relacionado

Redes gramscianas

odio

Ayer cayó en mis manos este aritculo titulado ¿Cómo la homofobia se convirtió en una palabra?  que habla de palabras, más concretamente de la palabra “homofobia”. Y habla sobre todo de una investigación que se llevó a cabo ya hace tiempo sobre la condición homosexual y como consiguió revertirse este fenómeno que según el autor provocaba entre los homosexuales vergüenza, culpa,  auto-odio y secretismo.

Lo cierto es que la homosexualidad es una condición neutra que no implica peligrosidad alguna entre sus practicantes y sin embargo es una condición perseguida y condenada sobre todo por las religiones y casi todos los gobiernos autoritarios. La pregunta que se hace el autor es ésta, ¿como puede explicarse esta persecución a una población que por otro lado es inofensiva?

A los homosexuales no solo se les odia, sino que se les teme, concluye Weinberg.

Hay una asociación entre homosexualidad y pederastía yel imaginario colectivo les considera “pervertidores de eniños”   a pesar de que hoy sabemos de que la mayor parte de ofensas a los niños por parte de adultos proceden de heterosexuales bien conocidos por ellos. Otra posible explicación es la infecciosa. Las personas suelen comportarse con los homosexuales como si se tratara de una enfermedad contagiosa, evitándoles y segregándoles. No cabe duda de que aun hoy la mayor parte de la población considera la homosexualidad como un vicio, una condición enfermiza, algo que en cierta forma puede elegirse y que por tanto puede abandonarse a voluntad.

No cabe duda pues de que hay un rechazo social de la homosexualidad.

¿Por qué nuestros abuelos no conocian la palabra homofobia?.-

La palabra homofobia es un invento reciente y con eso no quiero decir que el rechazo a los homosexuales no sea algo bien conocido desde la antigüedad (y dependiente de las culturas), pero la palabra “homofobia” es un neologismo que añade alguna cosa al simple rechazo de antaño. La palabra “homofobia” añade una suposición: la de que es algo patológico, el sufijo “fobia” la emparenta con las enfermedades mentales, y sirve para señalar, para estigmatizar a los homofóbicos. Ser homófobo es hoy un defecto moral, un crimen social como antaño fue ser homosexual.

¿Como se logró esta inversión?

Antonio Gramsci (1891-1937) fue un periodista, escritor e ideólogo comunista italiano que pasó buena parte de su vida en la cárcel y que tuvo mucho tiempo para pensar, tanto que en realidad fue el inventor del neolenguaje, a pesar de que se tuvo en Orwell un precursor. La idea fundamental de Gramsci es en realidad muy lacaniana: si logramos cambiar a través de las palabras el significado de una anterior -aunque conservando algo de su esencia-, modificaremos su sentido a nuestra conveniencia.

Una especie de traslación, de phoroi o de mudanza entre un significado viejo y su permuta por otro nuevo. Algo asi como una metáfora, sin intención poética sino de perversión del lenguaje y del sentido de las palabras.

Recordemos el concepto gramsciano de “hegemonía”:

“Hegemonía es un conjunto de ideas dominantes presentes en la sociedad, a las que la gente da un consentimiento aparentemente natural. La hegemonía manda, no por poder coercitivo económico o político, sino a través de un discurso, o a traves de significados con el que logra un consenso libre y cómplice”.

O lo que es lo mismo si logramos cambiar el discurso y sus significados es posible cambiar el poder de manos. Necesitamos pues una nueva “hegemonía”, en el caso de Gramsci, el ascenso del proletariado al poder. Y para cambiar ese discurso hace falta agitación social, es decir repetir hasta el paroxismo esos nuevos significados a fin de socavar la linea de flotación del poder constituido.

Esta es la idea fundamental de la teoría política de masas que según Gramsci sustituiría paulatinamente a la vieja clase dominante por una clase nueva, que naturalmente y con todo el derecho del mundo barrería a la antigua, lo que no dice Gramsci es qué sucedería en el futuro con esa clase de nuevo poder que una vez establecido tendería a comportarse como el anterior, con formas tiránicas, no hay que olvidar que Orwell era un comunista que escribió 1984 después de su experiencia en España durante la guerra civil. Orwell no hablaba de oídas, estaba hablando en su libro del comunismo real.

Lo que importa comprender en este momento es que, efectivamente el lenguaje tiene diversos niveles de consciencia. Las palabras no son nada neutrales y nos cambian la percepción que tenemos de las cosas. Todos sabemos como los políticos hacen uso malabar de esta propiedad de las palabras, de sus acepciones y sustituciones, de sus desplazamientos, mudanzas y semejanzas; baste recordar que los “recortes” son “ajustes presupuestarios” que la construcción de bloques de cemento en las playas son “crecimiento sostenible”, que el aumento del precio de la energía eléctrica es en realidad “un déficit tarifario” o que el referendum de independencia es simplemente el “derecho a decidir”.

Pero este neolenguaje del telediario es en realidad “pecata minuta” si lo comparamos con el “agit prop”, con la agitación que ciertas ideologías llevan a cabo con percepciones más cercanas a la identidad, a la mismidad por así decir. Y no cabe duda también de que si Gramsci tuviera twitter tendría el valor añadido de la agitación en las redes, más que eso parece que las redes se han vuelto gramscianas y que la inversión de las palabras ha logrado cambiar el discurso de manos.

Todos podemos ser homófobos, pero solo los homosexuales pueden ser homosexuales.

La vejez, el amor y el tiempo

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Todos los ancianos tienen cara de filósofos, excepto aquellos que se han estirado la cara y ocultan esos surcos que denotan el paso del tiempo. Rostros de muñecos sin mueca alguna de humanidad me recuerdan esas caras de botox.

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Los jóvenes no tienen arrugas ni necesidad de parecer lo que ya son y es por eso que viven de espaldas al tiempo, ajenos a Cronos, no saben que hay un futuro ni tienen, por asi decir pasado, es por eso que ser jóven es vivir de acuerdo con el tiempo interior, ese que siempre falta, ese tiempo al que se niega en un perpetuo “aqui y ahora” donde tanto la enfermedad, la decreptitud y el mal son barridos de la conciencia. Los jóvenes no saben que el tiempo es cíclico, no saben que todo vuelve a aparecer como un karma maldito.

El anciano Saturno, es el arquetipo del tiempo (Cronos) inexorable con su guadaña para todo lo viviente, es el arquetipo de la muerte, de la decadencia, de la autoridad pero tambien del principio del deber, de la sabiduria y del sentido. Saturno es el padre y es la enfermedad, la decrepitud y la tiranía en sus aspectos más negativos. Saturno es oscuro, seco y frío.

El tiempo divide al individuo en dos mitades, el tiempo hechizado, ese al que solo comenzamos a encontrar sentido a partir de los 60, el tiempo repetición, el tiempo ciclico, el tiempo del reloj o de Cronos.

La mayor parte de la gente cree que la muerte es aquello que ocurre al final de la vida. Se trata de un error epistemológico, pues nuestra existencia discurre en el intervalo donde ambos polos de contrarios se reunen una y otra vez, se repelen y se atraen. Hay mucha vida en la muerte y hay mucha muerte en la vida, ambos polos se complementan y se funden en muchas ocasiones a lo largo de una existencia individual. La muerte se manifiesta a través de la enfermedad, el sacrificio, el dolor, las contrariedades y el sufrimiento, la muerte es un No y es tan revitalizante para la vida como un bálsamo de aquellos que nombra Cervantes en su Quijote, -el bálsamo de Fierabrás-, una especie de “curalotodo” reconstituyente a base de vino y romero. La vida a través de la pulsión, del anhelo o del acercamiento y la búsqueda.

La vida ha de estar mezclada con una cierta perturbación para ser una vida plena. Eros no es un subproducto del amor sino de la muerte. El amor es precisamente lo que inventamos para repudiar la muerte (a-mors)

Pues no hay síes sin noes, no hay vida sin muerte aunque sea simbólica o simulacrada porque sin ella es insoportable el peso exitoso de la vida y es imposible renacer a cada instante pues es eso, el instante, lo único que tenemos siendo todo lo demás, pasado y futuro sendas abstracciones que sólo adquieren sentido momento a momento como si tratáramos de momentos magnéticos, de imanes y de fuerzas fisicas.

No hay pues Eros sin Tanatos, amor sin sufrimiento, pecado o transgresión sin virtuosa sublimidad, símbolo sin diábolo.

No es posible decir si, sin decir no, no es posible afirmar nada sin el consenso de un simulacro pactado de antemano, no es posible apartar y ocultar el no y ontologizarlo salvo en una especie de trasmutación neurótica del todo, el No sólo puede blanquearse pero no ocultarse como decia Baudrillard y a costa casi siempre de instalarse en una neurosis, una neurosis epistemológica.

Hay un tiempo para asir y un tiempo para soltar, un tiempo para el apego y otro para el desapego, un tiempo para el placer y otro para la pérdida, un tiempo para el Si y un tiempo para el No, pero no se trata simplemente de una turnicidad entre los opuestos sino que más allá de eso, en cada No hay plegado un Si, en cada pérdida se encuentra plegado un renacimiento, en cada despedida un reencuentro.

No hay risa sin lágrimas.

Pero al anciano le niegan los jóvenes no ya ser un objeto de amor, sino tambien la capacidad de ser sujeto amoroso. Es la soledad o aislamiento del viejo encerrado en esa jaula que le tienden sus próximos y sus herederos. Su aislamiento procede de algo metafisico, el tiempo ha caido encima de él, el tiempo cronológico y se presenta en forma de repetición.Ya no le falta tiempo sino que el tiempo le ha dado de alta.

Y es por eso que el anciano es el único que ha comprendido la naturaleza del amor, pues ya ha fundido en sí los dos polos que le alimentan: Eros y Tanatos en forma de surcos en la cara. Al fin en un mismo abrazo.

El amor ha logrado por fin separarse del sexo y es precisamente entonces cuando entendemos que todo era al fin y al cabo una repetición de lo mismo.

El escarabajo de Wittgenstein

De lo que no podemos hablar mejor callar (Wittgenstein)

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Ludwig Wittgenstein fue un filósofo cuya especialidad -la filosofía del lenguaje- es de un interés notable para los que como yo estamos interesados en los temas de la conciencia y de la mente humana.

Se trata de un autor muy difícil y tan complejo que es complicado elaborar un post sobre él de manera que me ceñiré en esta ocasión a uno de sus más famosos dilemas filosóficos, el conocido como “escarabajo de Wittgenstein”.

“Imagina que al nacer te dan una caja con un escarabajo dentro. Se trata de un objeto muy valioso y extremadamente personal, tanto, que nadie puede ver el interior de la caja salvo uno mismo. De este modo, no existe una forma objetiva de confirmar que todas las cajas contengan lo mismo. En el mejor de los casos podrían contener un escarabajo de verdad, pero nada garantiza al cien por cien que en lugar del escarabajo no haya otros insectos, como una hormiga o una araña, o que incluso no haya nada, eso sí, sea lo que sea, siempre se considerará bajo el término de «escarabajo».

“Supongamos que la descripción del «escarabajo» se establece teniendo en cuenta solo el que guardamos en nuestra caja, ya que no podemos ver el resto. De ser así, la definición de lo que es un escarabajo cambiaría continuamente, dependiendo de cada persona. Es más, cuando uso la palabra «escarabajo», ¿a cuál de ellos me estoy refiriendo? Sin duda al mío, pero no hay forma posible de saber si al del resto. Es por eso que, según Wittgenstein, para la construcción de la palabra y del concepto «escarabajo» lo que hay dentro de cada caja particular es irrelevante. La palabra bien podría acabar significando, sin más, esa cosa que está en la caja de cada persona”.

Aqui hay un video sobre este mismo dilema (en inglés):

Este dilema nos lleva a algo de interés en nuestro conocimiento de la conciencia humana. En lugar de escarabajos vamos a pensar en el tema del dolor. Como sabemos no existe ningún aparato que pueda medir el dolor que siente una persona, si bien existen algunos métodos de aproximación: uno es bastante tosco y se llama empatía, podemos saber algo del dolor ajeno si coincide con algún tipo de dolor que nosotros hayamos experimentado antes, o bien si existen pruebas palpables y objetivas de dolor (una facies expresiva), una conducta de irritación, de enfermedad, victimista o bien una conducta de inquietud. es así como los médicos podemos diagnosticar un cólico de riñón por ejemplo. No hace falta haber sufrido antes un cólico para saber que estamos delante de un cólico. Hay pruebas objetivas siempre que las podamos relacionar con lo que nuestros enfermos nos cuentan. Pero lo cierto es que no hay manera de saber si el escarabajo que tiene el paciente en su cabeza (el dolor) es el dolor que nosotros identificamos como cólico de riñón.

De manera que cuando un paciente nos habla de su dolor, no hay manera de saber si ese escarabajo es el mismo que el mío, aunque la palabra “dolor” sea común para todos aquellos que compartimos un mismo idioma. Sin embargo el paciente con dolor no puede referirse sino al dolor que él mismo siente y que consensuadamente aceptamos como un universal, un escarabajo compartido.

Pero el escarabajo puede sufrir muchas metamorfosis en el interior de la caja.

Lo cual nos lleva a un nivel distinto. ¿Son los estados mentales algo autónomo de cada mente o son consensos que tomamos como referentes?

Para Wittgenstein, no existe tal cosa como un lenguaje privado. El lenguaje que utilizamos para comunicar sensaciones subjetivas de nuestro mundo privado ‒por ejemplo, del dolor‒ es un lenguaje formado en el ámbito de lo social. Una idea, la del lenguaje como un arte social, sobre la que años después volvería Quine en su ensayo “La relatividad ontológica”, Daniel Dennett, iría todavía más lejos al afirmar en “La conciencia explicada” que una experiencia interior solo puede comprenderse como un acto social porque solo existe en tanto en cuanto es comunicable.

Dennet y los trucos de la mente en TED:

Cuando yo era adolescente ya andaba preocupado por este dilema aun sin saber qué ya Wittgenstein se había ocupado de él. Me preguntaba -cuando escuchaba alguna composición musical, de esas que nos conmueven- si mis compañeros de escucha sentirían lo mismo. Alguna vez les pregunté, ¿Tu oyes lo mismo que yo? ¿Por qué te gusta esto? Naturalmente mis compinches no me daban nunca la clave y lo mismo hubiera sucedido si ellos me hubieran preguntado a mi.

Hay algo en el otro que es inaccesible.

Pero a veces mi escarabajo y el escarabajo de otra persona coincidían y entonces ambos nos conmovíamos o dicho de otra manera: parecía “como si” sintiéramos lo mismo. El problema es que no hay manera de comprobar este dato. Todo pareciera suceder como si, sintiéramos lo mismo. Y hablábamos del escarabajo, dando por supuesto que era el mismo escarabajo.

Pero no lo es. Y no lo es porque “el escarabajo” en realidad es un consenso social y además porque de parecerse en algo, el escarabajo de cada cual va cambiando con el tiempo, haciendo su propia metamorfosis y lo hace a través de dos mecanismos: la propia memoria del escarabajo de cada cual y a través de su interacción del medio ambiente. De tal forma que después de haber oido esa composición que tanto nos agradaba a ambos, el escarabajo cambiaba de forma.

Pero no de nombre.

 

 

La conciencia explicada. Daniel Dennett

Nosotros los incautos (II)

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Si la idea es mía es buena, si es tuya la rechazo aunque sea tan buena como la mía

Los que leyeron este post sobre la estupidez ya saben a estas horas que infraestimamos la cantidad o fracción de estúpidos que hay a nuestro alrededor. Lo que probablemente no saben es que la cantidad de incautos es probablemente similar o incluso más elevada.

Es por eso que políticamente hablando lo peor que le puede pasar a un país, es una sinergia, entre estúpidos e incautos dándole el gobierno de una nación a los malvados. Porque -digámoslo claramente- no todos los votantes de Podemos son estúpidos o malvados. Yo podría dar evidencias -ahora que tanto se habla de ellas- de que la mayor parte de votantes de Podemos no son tan malvados como sus líderes y pertenecen a la legión de incautos en su mayoría. Pero hay algo que también conviene saber: la maldad queda muy bien en televisión, alli donde la bondad o la eficiencia es rechazada por pusilánime.

La mayoría de nosotros somos incautos y en realidad lo que nos gustaría es que los partidos políticos se pusieran de acuerdo y formaran un gobierno de coalición para sacar a España de su marasmo. Pero esto es una idea ingenua y lo es por lo siguiente:

¿Si los partidos llegaran a un consenso de investidura para “investir a un presidente”, por ejemplo Sanchez con sus alianzas con todos los partidos de “progreso”, creen ustedes que eso garantizaría un gobierno estable?

Suponemos que los políticos son leales, hasta ahí llega nuestra ingenuidad. Un político no puede ser leal en ningún caso que por eso es político. Salvo si le conviene.

La politica es el campo de juego donde se juegan rivalidades entre Egos mediocres.

Seria como pedirle al Barça y al Real madrid una coalición y que quedarán empatados en todos sus encuentros. ¿Quien iria al campo a ver un empate infinito?

Al dia siguiente emergerían las contradicciones y unos les estarían poniendo zancadillas  a sus compañeros de gobierno o coalición. Pues el político lo que quiere es salir en la tele, a más tele más votos, a más maldades y bravuconerias en la Sexta más votos. El político sabe que a la gente lo que le motiva es el discurso de “la cal viva”, no el “España va bien”. El personal lo que quiere es venganza no estabilidad. La estabilidad solo le importa a una pequeña fracción de ciudadanos ya retirados: los pensionistas.

Un gobierno de coalición tendría perdedores y vencedores, unos (los generosos) perderían votos y otros (los egoístas) los ganarían. ¿Pues qué escenario no le vendría mejor a Podemos sino quedarse solo en la oposición?

El PSOE tendría los días contados si entrara en un gobierno de coalición con el PP donde incluso C´s sobraría. Pero también es posible que el PSOE vaya a la baja con un líder que ha caído en esa trampa sibilina que le ha tendido el malvado Iglesias. Hacer ver que iban a pactar cuando lo único que quiere es arruinar el liderazgo de Sanchez.

La amenaza de nuevas elecciones no será del todo obstáculo porque quizá sea ya la única opción, la menos mala. El problema es qué sucede si vuelve a repetirse la misma correlación de fuerzas u otra muy parecida. ¿Cuantas veces pueden repetirse unas elecciones?

Y nosotros los incautos volveremos a picar el anzuelo y volveremos a las andadas, y a votar lo mismo que votamos en Diciembre, pues nosotros somos incautos en la mayoría. Algunos estúpidos decepcionados es posible que no vayan a votar (los estúpidos se decepcionan con rapidez) pero lo que auguro -si se repiten las elecciones- es un panorama muy parecido al que tenemos ahora. El teatro y la escenificación de nuevo: “yo quería pactar pero no pude por culpa tuya”.

Dicho de otra manera, nosotros los incautos debemos entender que la política no va de pactos sino de liquidación del adversario, pero no sólo la política, sino los medios, y toda la opinión publica se alimenta del hecho de aplaudir la disidencia, incluso la identidad personal está cosida a esa idea de que “lo que yo digo o hago es verdad o justo y lo que hacen los demás es falso o injusto”. No va de cesiones o entendimiento sino de rivalidad promiscua. Nuestro sistema de partidos es la opción ideal para que las ideas políticas no encuentren un guión parecido, a pesar de ser tan parecidas. La cooperación no hay que ir a buscarla en la política, ni en el fútbol ni siquiera en la ciencia. La cooperación es una posibilidad extrema, y “lo que yo gano es porque lo pierdes tú”, es la máxima que gobierna el mundo. Los juegos de suma cero precisan lealtades, conveniencias, complicidades y mucha sensatez y madurez.

Somos incautos porque no somos capaces de ver la trampa en la que nuestros prohombres nos han metido. Algo que viene muy bien explicado en la teoría de la reactancia.

Los humanos aprendemos bien pronto (durante el segundo año de vida) a  oponernos cuando sentimos que nuestra “libertad” está amenazada por alguien, usualmente por los padres.

Los psicólogos infantiles han rastreado esta tendencia oposicionista hasta la edad de los dos años, una edad que muchos padres llaman “los terribles dos”. Los niños de dos años parecen ser unos maestros en el arte de la resistencia a la presión externa, especialmente la de los padres. Diles una cosa, y harán la contraria. Dales un juguete y quieren otro, cógeles en brazos en contra de su voluntad y se retuercen hasta que les vuelves a dejar en el suelo, ponles en el suelo en contra de su voluntad y lucharán para que les lleves.

¿Por qué emerge la reactancia psicológica a los dos años? Quizás la respuesta tenga que ver con un cambio crucial que la mayoría de los niños sufren en este periodo. Es entonces cuando se reconocen a sí mismos como individuos, como seres separados. Este concepto de autonomía, en desarrollo, trae de forma natural el de libertad. Un ser independiente es un ser que realiza elecciones. Un niño con esta nueva comprensión de que es un ser independiente quiere explorar el alcance de sus opciones. La tendencia a luchar por sus libertades y en contra de las restricciones podría entenderse como una búsqueda de información. Buscando los límites de sus libertades los niños descubren en qué parte del mundo van a ser controlados y en qué parte de él ellos son los que pueden controlar. (Pablo Malo)

Los políticos saben bien cómo controlar a los demás y lo hacen a través de ideas estúpidas, consignas repetitivas planas y fáciles de creer y a través de la seducción: diciendo lo que saben que la gente quiere oír y necesariamente: identificando un enemigo externo que es por definición al culpable de que sus razones no sean atendidas. Este es el juego.

Va a tener razón el otro gran adalid de la estupidez, me refiero a Robert Musil para el que -a diferencia de Cipolla- la estupidez nos viene de serie, es algo fundacional en los seres humanos y no tenemos más remedio sino recorrer un ancho territorio vital para escapar de la ignominia ambiental, algo asi le sucedió al joven Torless, una de las novelas de juventud de Musil.

Una de aquellas peliculas de arte y ensayo que vimos en nuestra juventud, cuando aun creiamos que podriamos cambiar el mundo a través de lo que entonces llamabámos “concienciación”.

Hasta que caimos en la cuenta de que no eramos sino parte del problema y andamos engrosando el pabellón de los incautos.

Y no hay que olvidar que, estupidez y progreso son ideas asociadas:

«Si la estupidez no se asemejase perfectamente al progreso, al talento, a la esperanza, o al mejoramiento, nadie querría ser estúpido». (Musil).