Sesgos de izquierdas, sesgos de derechas

Recientemente he leído un articulo que viene vinculado aqui y que aborda la idea , la misteriosa idea de por la que la mayor parte de la población considera a los progresistas como buenos y a los conservadores como malos. ¿Por qué Hillary u Obama son buenos y Bush o Trump son la encarnación del mal? ¿Se debe solo a la propaganda? ¿A su aspecto físico o a sus modales?

Lo que Winegard plantea es que es un problema de adoctrinamiento. Un adoctrinamiento que presenta a los conservadores como beatos o egoístas defensores de los poderosos, siendo los progresistas los empáticos y generosos con todo el mundo.

El sesgo es algo intrínseco al cerebro humano, todos tenemos sesgos pero los sesgos son un concepto importante en el mundo académico y científico. A pesar de esto, es notablemente difícil de definir o medir. Y muchos, tal vez todos, los estudios de éste son susceptibles a objeciones razonables de algún marco de razonamiento normativo u otro. Sin embargo, en un discurso común, el término es bastante fácil de entender. El prejuicio es una preferencia o compromiso que impulsa a una persona a alejarse de la imparcialidad.

Hay muchos tipos de sesgos, y los sesgos pueden penetrar el proceso cognitivo de principio a fin y en cualquier punto intermedio. Puede conducir a una exposición selectiva , por lo que las personas buscan preferentemente material que favorezca su posición preferida y eviten el material que lo contradiga; puede conducir a un escepticismo motivado , por el cual las personas son más críticas con el material que se opone a su posición preferida que con el material que lo respalda; y puede conducir a una credulidad motivada, mediante la cual las personas asimilan la información que respalda su posición preferida de manera más fácil y rápida que la información que la contradice. A menudo, estos sesgos funcionan todos juntos.

La fuerza del propio sesgo está influenciada por muchos factores, pero, para simplificar, podemos dividir estos factores en tres amplias categorías: claridad, problemas de precisión y preocupaciones extrañas.

La claridad se refiere a cuán ambiguo es un tema. Cuanto más ambiguo, menor es la claridad y mayor es el sesgo. Por lo tanto, el puntaje de un juego de baloncesto tiene una claridad muy alta, mientras que un debate político puede tener muy poca claridad. Las preocupaciones de precisión se refieren a qué tan deseoso es un individuo de saber la verdad. Cuanto mayor es la preocupación, en promedio, menor es el sesgo.

En términos generales podríamos  decir que el sesgo puede representarse mediante una ecuación tal que las preocupaciones extrañas (E) menos (precisión (A) más claridad (C)) equivalgan al sesgo: (E – (A + C) = B) .

Esto probablemente explica por qué el sesgo político es una forma de prejuicio tan poderosa y aparentemente indestructible: la claridad es a menudo baja y las preocupaciones extrañas a menudo son muy altas. Las identidades políticas de las personas no son como disfraces sin sentido que pueden ponerse y desecharse sin pasión. Son cruciales para uno mismo: más como la piel que la tela. Por lo tanto, las personas están fuertemente motivadas para mantener posiciones que les permitan seguir siendo miembros de su grupo social preferido. Además, muchos debates políticos importantes tratan sobre temas que son increíblemente difíciles de evaluar y estudiar (y, por lo tanto, tienen poca claridad).

Si queremos comprender los prejuicios políticos que las personas pueden tener, debemos comprender sus compromisos políticos y, aún más, debemos comprender sus valores sagrados . Los valores sagrados son valores fuertemente sostenidos que uno trata como inviolables. La oposición al aborto, por ejemplo, es un valor sagrado para muchos conservadores. No estarían dispuestos a cambiarlo por un valor menos importante -por ejemplo, recortes de impuestos- y, de hecho, considerarían el intercambio sugerido como reprobable. Podemos imaginar compromisos morales / políticos en un continuo de “no importante” a “sagrado” Cuanto más sagrado es el valor, más crucial para la propia identidad política es.

Los progresistas por su parte parecen adherirse a una narración sagrada sobre los grupos de víctimas que dice algo así: muchos grupos han sido abusados, explotados y oprimidos por poderosos europeos ( blanco) hombres. Estos grupos aún sufren de este legado. Y la sociedad, a pesar de las modestas mejoras, sigue siendo sexista y racista. Aunque muchas personas proclaman su dedicación a la igualdad, a menudo tienen prejuicios, a veces de manera sutil.A los grupos de víctimas no les va tan bien en la sociedad como a los grupos privilegiados porque la sociedad ha establecido las reglas en su contra y porque muchos miembros de los privilegiados los acosan, abusan y discriminan a propósito. Aunque muchos ignoran o perpetúan un sistema de explotación, hay personas que se han dado cuenta de cuán atroz y opresiva puede ser la sociedad y quiénes están luchando contra ella. Si más personas llegan a pensar de la manera en que lo hacen, si más personas estudian el racismo y el sexismo, si más personas se unen a los movimientos y denuncian todas las formas de discriminación, entonces el mundo se convertirá en un mejor lugar. Aquellos que no están de acuerdo con esto son parte del problema. Incluso si tienen buenas intenciones, son parte del sistema y solo obstaculizarán el progreso y apoyarán a los racistas y sexistas.

Este es un argumento típicamente perverso y de carácter autoreferencial, si no estás de acuerdo conmigo entonces es porque eres un malvado, parte del sistema opresor. Esta curiosa maniobra argumentativa de baja calidad dialéctica consiste en devolver al argumento contrario al barro de la confusión, se impide así cambiar de nivel y se obstaculiza el progreso de cualquier debate, no siempre a través del insulto o la descalificación (tolerable siempre contra los opresores) sino a través de una confusión de tipos lógicos. Por ejemplo, una idea demostrada científicamente será siempre sospechosa de tener defectos de método cuando no coincida con el prejuicio que sostienen los progresistas.

Los progresistas al menos los de hoy, también tienen valores sagrados: piensan que todas las personas, todos los grupos, todas las sexualidades y todos los sexos deben ser tratados con justicia . También son especialmente sensibles a las amenazas potenciales al igualitarismo, por lo que se adhieren a la creencia de que todos los grupos demográficos son aproximadamente iguales en todos los rasgos socialmente valorados, una creencia que llamamos igualitarismo cósmico. Tal vez la forma más común de igualitarismo cósmico es la falacia de la pizarra en blanco, o la creencia de que los humanos son casi infinitamente maleables, y que todas las diferencias importantes entre ellos son causadas por el medio ambiente, no por los genes. El igualitarismo cósmico sirve como un amortiguador protector para la equidad porque sostiene dos cosas: 1) Las disparidades grupales son causadas por prejuicios y discriminación (injusticia), no por diferencias grupales; y 2) Definitivamente deberíamos tratar a todos los grupos de la misma manera porque son básicamente lo mismo.

Naturalmente no cabe duda de que los principios progresistas parecen impregnados de valores morales superiores. ¿Pues quién puede estar en contra de la igualdad de las personas entre los sexos, entre las razas o entre religiones?

El problema es que los progresistas apelan quizá sin saberlo a valores sagrados igual que hacen los católicos con el aborto. Para ellos la igualdad -signifique lo que signifique, pues se trata de un término poco claro- es algo que es bueno en si mismo y hay que eliminar a todos aquellos que piensen lo contrario, verdaderos enemigos de ese mundo feliz al que aspiran. ¿Ahora ya no parecen tan morales, verdad?

Y cuando se apela a valores sagrados se encuentra uno con el muro de la contradicción pronto o temprano. No hay que olvidar que solo un 20% de los crímenes se cometen por rapiña, el resto se cometen en nombre de algún principio moral.

Probablemente todas las personas son parciales; y fuertes compromisos ideológicos en ambos lados del espectro aumentan tales propensiones preexistentes. El cerebro normal es un cerebro con prejuicios. Durante demasiado tiempo, los progresistas que han dominado las ciencias sociales han dado por hecho el progresismo y, por lo tanto, han examinado a los conservadores como si fueran extraterrestres con un conjunto de preferencias ideológicas perplejas y posiblemente perniciosas.

Remito al lector al articulo de Winegard si quiere saber más sobre los sesgos que abrasan a progresistas y conservadores y observar que hay más sesgos en los progresistas que en los conservadores. Un pozo profundo de parcialidad en las palabras de Winegard.

El declive de los niños

Esta es una traducción libre de un articulo de Jordan Peterson publicado en “The Australian” y que habla del futuro que les espera a los niños varones en un mundo presidido por el marxismo cultural, el feminismo y la idea de lo políticamente correcto.

12 reglas

 

Los niños están sufriendo en nuestro moderno, y opulento mundo occidental de una manera sutil.

Son más desobedientes – negativamente – o más independientes – positivamente – que las niñas, y sufren por esto, a lo largo de su carrera educativa preuniversitaria.

 

Son menos agradables (la amabilidad es un rasgo de personalidad asociado con la compasión, la empatía y la evitación del conflicto) y son menos susceptibles a la ansiedad y la depresión, al menos después de que ambos sexos alcancen la pubertad. Los intereses de los muchachos se inclinan hacia las cosas; los intereses de las niñas se inclinan hacia las personas.

Estas diferencias, fuertemente influenciadas por factores biológicos, son más pronunciadas (existe una mayor brecha de genero en este sentido) en las sociedades escandinavas donde la igualdad de género ha sido presionada con más fuerza: esto es lo contrario de lo que se esperaría de aquellos que insisten, cada vez más intensamente, en que el género es una construcción social. No lo es, en absoluto, este debate esta desnudo científicamente para los que se oponen o niegan las diferencias biológicas..

A los muchachos les gusta la competencia y no les gusta obedecer, especialmente cuando son adolescentes. Durante ese tiempo, se ven obligados a escapar de sus familias y establecer su propio proyecto de vida. Hay poca diferencia entre hacer eso y desafiar la autoridad. Las escuelas, que se establecieron a fines del siglo XIX para inculcar la obediencia, no se comportan con amabilidad y provocación, sin importar cuán estricta y competente pueda ser para un niño (o una niña).

Otros factores juegan su papel en el declive de los niños: las niñas, por ejemplo, jugarán juegos de niños, pero los niños son mucho más reacios a jugar juegos de niñas. Esto se debe en parte a que es admirable que una niña gane al competir con un niño. Tampoco es ningún drama que pierda ante un chico.

Sin embargo, que un niño le pegue a una niña, no está bien visto, y con la misma frecuencia, está peor visto aun que pierda en una competición con una de ellas. Imagina que un niño y una niña, de nueve años, se pelean. Solo por participar, el chico es sospechoso. Si él gana, es patético. Si pierde, bueno, su vida bien podría haber terminado. Humillado por una chica.

Las niñas pueden ganar al ganar en su propia jerarquía, siendo buenas con lo que las niñas valoran, como las niñas. Pero pueden aumentar esta victoria al ganar en la jerarquía de los muchachos. Los niños, sin embargo, solo pueden ganar al ganar en la jerarquía masculina. Perderán estatus, entre niñas y niños, siendo buenos en lo que las niñas valoran.

Les cuesta perder reputación entre los chicos y les resta atractivo entre las chicas.

Las chicas no se sienten atraídas por los chicos que son sus amigos, aunque les gusten, sea lo que sea que eso signifique. Se sienten atraídos por los niños que ganan concursos de estatus con otros niños. Sin embargo, si eres hombre, no puedes golpear a una hembra tan fuerte como lo harías con un macho. Los niños no pueden jugar juegos verdaderamente competitivos con niñas. No está claro cómo pueden ganar. Cuando el juego se convierte en un juego de niñas, los muchachos se van.

Las universidades, particularmente las humanidades, están a punto de convertirse en un juego de niñas ¿es esto lo que queremos? La situación en las universidades (y en las instituciones educativas en general) es mucho más problemática de lo que indican las estadísticas básicas. Si eliminas los programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (excluyendo la psicología), la relación mujer-varón es aún más sesgada.

Casi el 80 por ciento de los estudiantes que se especializan en los campos de la salud, la administración pública, la psicología y la educación, que comprenden una cuarta parte de todos los títulos, son mujeres. La disparidad sigue aumentando rápidamente. A este ritmo, habrá muy pocos hombres en la mayoría de las disciplinas universitarias en 15 años.

Esta no es una buena noticia para los hombres. Incluso podría ser una noticia catastrófica para los hombres. Pero tampoco son buenas noticias para las mujeres.

Carrera y matrimonio

A las mujeres de los institutos de educación superior dominados por mujeres les resulta cada vez más difícil organizar una relación de noviazgo incluso de duración moderada. En consecuencia, deben conformarse, si tienen inclinaciones, para una conexión o conexiones secuenciales o bien para sexo de una sola noche.

Tal vez este sea un avance en términos de liberación sexual, pero lo dudo. Creo que es terrible para las chicas. Una relación estable y amorosa es altamente deseable para hombres y mujeres.

Para las mujeres, sin embargo, a menudo es lo que más se desea. De 1997 a 2012, según el Pew Research Center, el número de mujeres entre 18 y 34 años que dijeron que un matrimonio exitoso es una de las cosas más importantes en la vida aumentó del 28 al 37 por ciento. El número de hombres jóvenes que dijeron lo mismo disminuyó del 35 al 29 por ciento. Durante ese tiempo, la proporción de personas casadas mayores de 18 años siguió disminuyendo, de tres cuartas partes en 1960 a la mitad ahora. Finalmente, entre los adultos nunca casados ​​de 30 a 59 años, los hombres tienen tres veces más probabilidades que las mujeres de decir que no quieren casarse (27 contra 8 por ciento).

¿Quién decidió, de todos modos, que la carrera es más importante que el amor y la familia? ¿Trabajar 80 horas a la semana en una firma de abogados de alta gama realmente vale la pena los sacrificios necesarios para ese tipo de éxito? Y si vale la pena, ¿por qué vale la pena? Una minoría de personas (en su mayoría hombres, que obtienen un puntaje bajo en la característica de estar de acuerdo, nuevamente) son hipercompetitivas y quieren ganar a cualquier precio. Una minoría encontrará el trabajo intrínsecamente fascinante. Pero la mayoría no lo son, y el dinero no parece mejorar la vida de las personas, una vez que tienen lo suficiente para evitar a los recaudadores de facturas.

Además, la mayoría de las mujeres de alto rendimiento tienen parejas de alto rendimiento, y eso es más importante para las mujeres. Los datos de Pew también indican que un cónyuge con un trabajo deseable es una alta prioridad para casi el 80 por ciento de las mujeres que nunca se casaron sino que buscan matrimonio (pero para menos del 50 por ciento de los hombres). Cuando llegan a los 30 años, la mayoría de las abogadas de alto nivel renuncian a sus carreras de alta presión. Solo el 15 por ciento de los socios en los 200 bufetes de abogados más importantes de EE. UU. Son mujeres.

Esta cifra no ha cambiado mucho en los últimos 15 años, a pesar de que las mujeres asociadas y los abogados del personal son abundantes. Tampoco es porque las firmas de abogados no quieran que las mujeres se queden y tengan éxito. Hay una escasez crónica de personas excelentes, independientemente de su sexo, y las firmas de abogados están desesperadas por retenerlas.

Las mujeres que se van quieren un trabajo y una vida que les dé tiempo. Después de la escuela de derecho y  los primeros años de trabajo, desarrollan otros intereses. Esto es de conocimiento común en las grandes empresas (aunque no es algo que las personas se sientan cómodas articulando en público, tanto hombres como mujeres).

Hace poco vi a una profesora de la Universidad McGill, sermonear a una sala llena de parejas de abogados o socios cercanos sobre cómo la falta de guarderías y las “definiciones masculinas de éxito” impidieron el progreso de su carrera e hicieron que las mujeres se fueran. Conocía a la mayoría de las mujeres en la sala y habíamos hablado extensamente. Sabía que ellas no estaban de acuerdo con la definición del problema: tenían niñeras, y podían pagarlas. Ya habían subcontratado todas sus obligaciones y necesidades domésticas.

Entendieron también que era el mercado el que definía el éxito, no los hombres con los que trabajaban. Si gana $ C650 por hora en Toronto como abogado principal, y su cliente en Japón lo llama a las 4 am un domingo, responda. Ahora hay que responder incluso si acabas de volver a dormir después de alimentar al bebé.

Usted como hombre responde porque un socio legal hiper ambicioso en Nueva York estaría feliz de responder si no lo hace, y es por eso que el mercado define el trabajo y no los hombres.

El suministro cada vez más escaso de hombres con educación universitaria plantea un problema de severidad creciente para las mujeres que desean casarse, así como para el momento adecuado. En primer lugar, las mujeres tienen una fuerte tendencia a casarse a través o por encima de la jerarquía de dominio económico. Prefieren un compañero de igual o mayor estatus. Esto es cierto transculturalmente.

Lo mismo no ocurre, por cierto, para los hombres, que están perfectamente dispuestos a casarse a través o hacia abajo (como lo indican los datos de Pew), aunque muestran una preferencia por compañeras algo más jóvenes. La tendencia reciente hacia el vaciamiento de la clase media también ha ido en aumento a medida que las mujeres ricas en recursos y/o atractivo tienden cada vez más a asociarse con hombres ricos en recursos.

Debido a esto, y debido al declive en empleos de manufactura que pagan altos salarios para los hombres (uno de cada seis hombres en edad de trabajar actualmente no tiene trabajo en los EE. UU.), El matrimonio es ahora algo cada vez más reservado para los ricos. No puedo evitar encontrar eso divertido de una manera irónicamente negra.

La opresiva institución patriarcal del matrimonio se ha convertido en un lujo. ¿Por qué los ricos se tiranizarían a sí mismos? ¿Por qué las mujeres quieren una pareja empleada, y preferiblemente una de mayor estatus? En gran parte es porque las mujeres se vuelven más vulnerables cuando tienen hijos. Necesitan a alguien competente para apoyar a la madre y al niño cuando sea necesario. Es un acto compensatorio perfectamente racional, aunque también tiene una base biológica.

¿Por qué una mujer que decide hacerse cargo de uno o más bebés también quiere que un adulto le ayude en la crianza? Entonces, el hombre desempleado es un espécimen indeseable y la maternidad soltera es una alternativa indeseable. Los niños en hogares ausentes por padre tienen cuatro veces más probabilidades de ser pobres. Eso significa que sus madres son pobres, también. Los niños sin padre corren un riesgo mucho mayor de abuso de drogas y alcohol. Los niños que viven con padres biológicos casados ​​son menos ansiosos, deprimidos y delincuentes que los niños que viven con uno o más padres no biológicos. Los niños en familias monoparentales también tienen el doble de probabilidades de suicidarse.

El fuerte giro hacia la corrección política en las universidades ha exacerbado el problema. Las voces que gritan contra la opresión se han vuelto más ruidosas, según parece, en proporción precisa a qué tan iguales -incluso ahora cada vez más sesgadas en contra de los hombres- podemos llegar a ser.

Hay disciplinas enteras en las universidades directamente hostiles hacia los hombres. Estas son las áreas de estudio dominadas por la afirmación posmoderna / neomarxista de que la cultura occidental, en particular, es una estructura opresiva creada por los hombres blancos para dominar y excluir a las mujeres (y otros grupos selectos); exitoso solo por esa dominación y exclusión.

Este es un extracto editado de 12 Reglas para la vida: un antídoto contra el caos por la Dr. Jordan Peterson, Allen Lane, ahora, $ 35. Próximamente saldrá al mercado en inglés.

Antinatalistas

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Hoy he leído un articulo en el Mundo, acerca de un grupo de personas que se declaran antinatalistas, no se trata de personas que han decidido no tener hijos (por las razones que sea) Se trata de verdaderos “hooligans” de la no-reproducción, de activistas por así decir que incluso tienen su propio “guru”. Un tal David Benatar profesor de filosofía en algún lugar de la República Sudafricana que es quien ha puesto a punto una filosofía nihilista de fácil consumo para los que abracen esta nueva religión, que tiene por supuesto su penitencia: esterilizarse bien joven.

El viejo sueño eugenésico del nazismo, solo que….electivo.

Para resumir la doctrina de estos antinatalistas, decir que lo que pretenden es nada mas y nada menos que terminar con la especie humana a la que identifican con desastres ecológicos y a una presencia presidida por el dolor, el sufrimiento y la enfermedad. ¿Para qué traer niños al mundo si van a sufrir? Una pregunta que resume el argumentario de esta secta. Se trata de un argumento que algunos de los progres de los sesenta también mantenían, solo que no se esterilizaron y no lanzaron campañas mediáticas para difundir sus ideas, muchos de ellos decidieron no tener hijos, otros no pudieron tenerlos y a otros, simplemente se les pasó el arroz. Pero no había una ideología milenarista detrás.

En realidad se trata de una ideología con trampa, puesto que (lo que no dicen) es que quieren acabar con la raza blanca y más en concreto con sus individuos reproductores (heterosexuales). No veo yo que los musulmanes vayan a abrazar con gusto esta ideología fantasmal. Mientras haya musulmanes y chinos la especie humana no corre peligro. Pero los que molestan no son ellos, sino nosotros los blancos heterosexuales que salimos -al parecer- demasiado caros a los planes de uniformización que ciertos lobbyes han puesto en marcha para disminuir los pensionistas del futuro y acabar con la sanidad publica. De lo que se trata es de disminuir la población occidental y dejarla bajo mínimos para así sustiruirla por un proletariado joven, vigoroso y barato que hagan a la vez de reemplazo de una ciudadanía envejecida acostumbrada a tener derechos y pensiones. Un gasto inútil.

Los antinatalistas son la ultima vuelta de tuerca a unos planes bien conocidos por todos.

Pero con todo lo que mas me ha llamado la atención de este articulo es que estos jovenes en realidad viven en parejas, es decir son pares, ¿por qué no vivir en trios o quintetos que sería mucho más ecológico?

Y entonces me acordé de Lorenz y de un post que escribí hace mucho tiempo y que habla de alianzas y coaliciones entre los gansos (la especie más estudiada por Lorenz) a fin de dominar las orillas del río elegidas. Lo que cuenta Lorenz es que:

Lorenz ha descrito en los gansos una conducta de violación que sucede cuando dos gansos forman una coalición de amistad: una coalición que desde el punto de vista territorial es muy potente, superior a la de cualquier pareja heterosexual. Este entramado de amistad llega a parecerse en casi todo a una unión homosexual, hasta que una hembra hace su aparición en escena y uno de los gansos “la viola”, pasando poco después a formar parte de esa extraña coalición à trois. Lorenz interpretó este triángulo como una reorientación sexual de la pareja de “gansos homosexuales” incapaces de copular entre ellos, pero también puede ser interpretado como una forma de poliandria. Seguramente esta coalición a trois es muy potente para la defensa de la ribera del rio, mucho más de lo que seria defenderla con uno o una pareja de gansos.

Dicho de otra manera: una coalición entre tres personas (dos hombres y una mujer o dos mujeres y un hombre) tiene más potencia ecológica que una pareja. Y una vez descontados los sentimientos de celos que van unidos a lo reproductivo, ¿por qué no organizarse en comunas o kibbutzs?, ¿por qué insistir en la parejita tradicional?

Más allá de todo eso, este articulo me ha hecho plantearme algunas cuestiones. ¿Por qué los humanos tenemos esa manía reproductora? No sería más cómodo vivir para uno mismo, enfocándonos en nuestra propia carrera o proyectos individuales y dejar la carga de la natalidad a otros (usualmente más pobres). ¿No es lo más racional? Preguntado de otra manera ¿Por qué tenemos niños?

Precisamente en la pregunta está incluida la respuesta. Porque creemos que tener niños o no tenerlos es algo que podemos elegir.

Y la elegibilidad contiene no pocas paradojas, una de ellas es la posibilidad de ir contra nuestros propios genes, esos replicantes que nos usan como carcasas móviles para conseguir sus planes que no son otros sino pasar a la siguiente generación. Somos más inteligentes que nuestros propios genes y por eso hemos tramado alguna venganza contra ellos: el suicidio, la soltería y ahora la esterilización selectiva.

Confieso que mientras escribía este post ha llegado a mi timeline, otro post de Roberto Colom, donde explica mejor que yo -a través de una fábula- estas mismas ideas. Les dejo pues con él.

Y con una conclusión: si tenemos hijos no es porque lo hayamos decidido, son ellos quienes lo planearon, ese otro lobbye que son nuestros replicantes egoístas y lo hicieron a través de un mandato que más tarde fue usado por algunas religiones: “Creced y multiplicaos”. Afortunadamente el patriarcado inventó los anticonceptivos y con ellos la posibilidad de elegir.

Patria

Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la novela citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si planea leerla.

La patria es incierta (Virgilio)

patria

“Patria” es una palabra ambigüa: es de género femenino y masculino a la vez. De ahi viene el concepto “madre patria”, el concepto de “patriarcado” y el concepto de “paternidad” al que se refiere Virgilio para señalar la incertidumbre  del linaje masculino de la descendencia. Una ambigüedad que es precisamente la que podemos leer en “Patria”, la novela de Fernando Aramburu, publicada en 2016 pero que ha recibido el premio nacional de narrativa este año 2017.

Se trata de una muy buena novela que aborda numerosos temas, más allá del conflicto entre ETA y el Estado en aquellos años de hierro que precedieron al abandono de la violencia por parte de la banda armada en 2011. Una novela de esas que enganchan y que contienen sabores y olores, sabor a anchoas y pescado y sobre todo mucha humedad, como en Lovecraft. Y que recuerda mucho a otra novela importante, la de Kundera, “La insoportable levedad del ser”.

Y la recuerda sobre todo por sus personajes, unos personajes absolutamente creíbles que oscilan entre el peso y la levedad, entre la amoralidad y la hipermoralidad, entre la beatería y la lucha armada, entre San Ignacio de Loyola y Josu Ternera.

La novela transcurre en un pueblo de Guipuzcoa, esos lugares donde todo el mundo se conoce, que tienen carnicería, panadería y taberna con hucha de solidaridad para los presos. Esos lugares asfixiantes por más que nosotros mantengamos la idealización de que la vida rural es muy superior a la que llevamos en las grandes urbes. Es lógico, al fin y al cabo si nos remontamos dos o tres generaciones, solo hallaríamos entre nuestros ancestros a campesinos, esos que huyeron de los campos desolados de España buscando trabajo y una vida mejor. Pero lo cierto es que más allá de la idealización la vida en esos lugares es invivible y se encuentra contenida por un enorme muro: el del control social, una mitad controlando lo que hace y piensa la otra mitad: no es de extrañar que en esos lugares la vergüenza sea la emoción más frecuente, pues la vergüenza es una emoción que señala hacia una cultura etnocéntrica y la hipermoralidad (moral overdrive) una de las cartas que juegan las personas comunes para obtener rango y la confiabilidad. Ser “como los demás”, “estar pendiente de lo que otros piensen” es la forma de adquirir reputación de abertzale, en ese lugar es la mejor forma de sobrevivir,  eso o huir.

En “Patria” hay personajes que huyen como Nerea y Xavier, otros se quedan como Miren y Joxian y otros que vuelven como Bittori, pues regresar es también una forma de llegar. Otros encarcelados como Joxe Mari y otros muertos como el Txato.

“Dramatis personae”.-

Patria es la historia de dos familias vecinas y rotas por la política, antes de eso amigas ellas: Miren y Bittori, ambas amigas desde la infancia y beatas que se plantearon hacerse monjas en la juventud, casadas ambas con Joxian y el Txato. Y amigos ellos: Joxian y el Txato, compañeros de mus y de equipo ciclista, amigos con favores no devueltos y ambos dominados por sus esposas y ese matriarcado que domina la escena y que no es solo cosa del Pais vasco, un matriarcado que es la correa de transmisión intergeneracional del odio del que los hombres huyen al refugio de la taberna. Juntos siempre hasta que la política les separó, pues el Txato es un empresario de transportes, un hombre -al decir del pueblo- rico con algunos empleados decididos a denunciarlo a través de sindicatos abertzales. Hasta que ETA comienza a exigirle el impuesto revolucionario y con él la exclusión de todo el pueblo que no sólo le dedica pintadas y escraches sino que al final consiguen señalarlo como blanco para ETA. Un pueblo lleno de chivatos y delatores, venganzas movidas por la envidia y ajustes de cuentas ocultos.

Y nadie quiere saber nada de política, pero si de la liberación del pueblo vasco, un mantra que repiten todos o casi todos, sin tener ni idea de qué significa eso.

Miren y Bittori, son dos personajes con peso, tozudas, dominantes, con una robustez mental a prueba de bomba. Miren, la madre de Joxe Mari que entró en ETA por una querencia épica, sin haber trabajado nunca, sin saber apenas euskera, sin haber oido nunca la palbra “te quiero” de boca de su estrecha novia Josune; movido por ideales que apenas sabe mencionar descontando las consignas. Mucha testosterona y pocas luces. Bittori empeñada en saber quién mató a su marido y que quien fuera que le pida perdón. Ambas mantienen conversaciones con entidades abstractas, Miren con San Ignacio, otro gudari y Bittori con su marido al que visita a diario en un cementerio alejado de su pueblo para que no le hagan pintadas en la lapida.  Allí va Bittori a diario para contarle las novedades de su investigación.

Joxe Mari es el hijo de Joxian y Miren, estuvo implicado en la muerte del Txato, no directamente pero si a través de su comando, alguien de su pueblo lo señaló y él a pesar de su dureza no fue capaz de asesinarlo cuando éste le reconoció. Joxe Mari es otro personaje con peso, de una pieza por así decir, sin matices, del lado duro de la organización. Cumple una larga condena y al final abandona la organización, cuando el cautiverio le ablanda lo suficiente, pierde el pelo y su masa muscular y se convierte en una sombra de lo que fue y una nueva víctima más de este relato, una víctima que lo es por victimizar. Lo que le mantuvo atado a ETA fue, -como no- la vergúenza, el qué dirán los compañeros. La vergúenza una vez mas, una sobredosis de moralina recorre estas familias.

Si hay en la novela un personaje abstruso y leve es sin duda Nerea, la hija pequeña de Bittori y el Txato, un personaje amoral que militó en Herri Batasuna y que por vergüenza no acudió al entierro de su padre, no quería que la relacionarán con él, guardó el secreto durante sus estudios de Derecho en Zaragoza y lo mantuvo frente a los innumerables amantes que tuvo. Hija de su padre, y con una relación espesa con su madre, tiene el costado económico bien cubierto porque su padre se empeñó en protegerla del enrarecido ambiente de su pueblo y la mandó a estudiar fuera. Nerea es el personaje que peor me cayó en esta novela, su deslealtad y su falta de moralidad encuentra su perfecto contrapunto en el peso -personajes de una pieza- del resto de personajes de la novela: esos que se mueven por ideales que otros dispusieron para ellos sin descontar al infame cura D. Serapio asesor de conciencias abertzales. Y que nunca han tenido sexo, ni conocen el amor, esos que se saltaron todas las etapas de la adolescencia por andar metidos en ese desatino de la lucha armada. Inconsistente también es su hermano médico – Xavier-, enmadrado hasta el paroxismo y que pareciera que hubiera llevado a cabo un voto de castidad, tan protector de su madre y dependiente del coñac. Xavier no se casará, ya no.

Gorka y Arantxa son los dos hermanos de Xose Mari, ambos huyen del pueblo pero con distinta suerte. Gorka es un poeta que domina el euskera y es lo suficientemente inteligente para esconder en aquel entorno su homosexualidad del resto del pueblo, quien le reconoce como “uno de los nuestros” por ser hermano de Joxe Mari, además su dominio del euskera le sirve de salvoconducto social y al final encuentra el amor de la mano de Ramón, con el que termina casándose. Gorka es un personaje evitativo, tímido, cabizbajo que logra sintonizar con el lector, al fin y al cabo es también un superviviente de su madre y de su entorno y ha salido sin demasiadas heridas del mismo.

Arantxa es probablemente el personaje más enternecedor y corajudo de la novela a pesar de su desgraciado matrimonio y de su invalidez a causa de un ictus. Desde su silla y su ipad es la que consigue acercar a todos, tramando encuentros con Bittori y escribiendo y forzando a Joxe Mari a dar una respuesta a las preguntas que encienden el corazón de Bittori. Es el personaje central de la novela, el único humano con dignidad que ni se considera una víctima ni odia a nadie. Al fin y al cabo “nosotros no somos politicos.”

Mi impresión final es que había leído una gran novela, que probablemente no sirva para operar como bálsamo ni para las víctimas ni para los verdugos que sacrificaron su vida por una utopía sin sentido o quizá para un negocio oculto.

Pero que a mi personalmente me ha llegado en forma de una luminosa idea: ninguna patria vale la muerte de un gato.

Pues es el gato de Bittori el que muere como una metáfora de la decadencia, la derrota y la enfermedad de la propia Bittori.

Y de todos los demás.

 

Conflicto y soluciones paradójicas

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La intención paradójica es una estrategia bien conocida por los psicólogos de base comunicacional como los que surgieron de la escuela de Palo Alto en los 70. Ya era conocido que los humanos nos resistimos a cambiar de opinión, a sopesar otras posibilidades vitales y sobre todo a comprender otros puntos de vista. Freud llamó “resistencia” a una especie de armadura que nos permite salvaguardar nuestras percepciones, ideas o creencias a salvo de las opiniones ajenas. Y que tendemos a rodearnos de personas que piensan como nosotros y a demonizar moralmente a los que piensan de forma contraria.

Fue un psiquiatra bien conocido por todos nosotros –Victor Frankl- el primero en utilizar la terapia de forma paradójica. Frankl, antes de su deportación a Auschwitz fue psiquiatra en un Hospital de suicidas en Viena donde a partir de su penetrante estilo observacional comenzó a tratar a sus pacientes con una técnica poco convencional, en lugar de apiadarse de sus pacientes y sus quejas solía plantearles dilemas de claro estilo paradójico. Por ejemplo solía preguntar a los pacientes más recalcitrantes ¿Y a usted que le induce a seguir vivo? “Si, yo estuviera en su lugar ya me habría decidido”.

Naturalmente esta pregunta es desconcertante para un psiquiatra convencional pero introducía en el paciente una duda ¿Y si mi plan de suicidio no es más que una solución radical extrema? “Al fin y al cabo tengo familia, tengo algunas cosas que preservar”.

Las intenciones paradójicas son una herramienta psicologíca que también se utiliza en psicología social. Parte de la consideración de que para neutralizar una actitud negativa no hay que tomar una solución clarifinante (muerto el perro se acabó la rabia) sino que a veces la oposición de una idea de signo contrario no hace sino enquistar el conflicto o hacerlo más radical. Algunos autores proponen tanto en la clínica como en los grupos sociales lo que definen como modelos de intervención paradójica y que consisten en 1) delimitar a quien va dirigido el mensaje, usualmente a los que proponen soluciones duras (los halcones) o los equidistantes y 2) Invitarles a seguir radicalizando sus posiciones y 3) Atribuir esta necesidad de radicalidad a cualquier otra cosa que no esté bajo el control del halcón. Por ejemplo invitar a un grupo radical a seguir siéndolo y a no ceder un palmo de terreno en aras de un beneficio a toda la comunidad, mantener un ejército poderoso por ejemplo.

Usualmente llamamos conflictos irresolubles a aquellos que se mantienen en forma de opiniones y actitudes polarizadas y bastante extremas, un ejemplo es el conflicto palestino-israelí, un conflicto que parece no tener fin y que separa a ambas comunidades en una especie de jaula ideológica que tiende a mantener las posiciones iniciales de forma perpetua. Gran parte de estos conflictos se deben a la convicción de ambas partes de tener razón, un ethos de la guerra, es decir en estar investidos de una superioridad moral que deja a los contrincantes en una especie de limbo moral. El nosotros-ellos es la variable critica de este tipo de conflictos que solo pueden resolverse a través de la ecuanimidad.

La ecuanimidad es la capacidad de poder integrar la parte de razón que tienen los que piensan de una forma distinta a la mía. No es neutralidad o equidistancia como se llama ahora, sino una posición ética que no renuncia a las creencias propias. El ecuánime se manifiesta pero es capaz de dialogar con aquellos que sostienen ideas o creencias bien distintas a la suya. El neutral simplemente se protege para no ser alcanzado por el fuego cruzado.

Acaba de publicarse un articulo del cual he extraido algunos párrafos porque se trata de un estudio de campo que se llevó a cabo precisamente en Israel inmediatamente antes de las ultimas elecciones. Los autores aseguran que su intervención hizo que los halcones perdieran en favor de las palomas y que más que eso: se cambiaran algunas actitudes creenciales con respecto al adversario y que este cambio fue permanente en el tiempo. Dejo aqui el articulo en cuestión para que el lector pueda leer los detalles de esa investigación

En las sociedades involucradas en un conflicto insoluble, existen fuertes barreras sociopsicológicas que contribuyen a la continuación e intratabilidad del conflicto. Basado en un estudio de campo único realizado en el contexto del conflicto israelí-palestino, ofrecemos una nueva vía para superar estas barreras al exponer a los participantes a una campaña de intervención paradójica a largo plazo que expresa ideas extremas que son congruentes con el espíritu compartido de conflicto. Los resultados muestran que la intervención, aunque contraintuitiva, llevó a los participantes a expresar actitudes más conciliatorias con respecto al conflicto, particularmente entre los participantes con orientación política de centro o derecha. 

Más importante, la intervención incluso influyó en los patrones reales de votación de los participantes en las elecciones generales israelíes de 2013: los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por partidos moderados, que abogan por un resolución al conflicto. 

Con base en estos resultados, proponemos una nueva capa para la teoría general de la persuasión basada en el concepto de pensamiento paradójico. Los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por los partidos moderados, que abogan por una resolución pacífica del conflicto. Estos efectos fueron de larga duración, ya que los participantes en la condición de intervención expresaron actitudes más conciliatorias cuando fueron reevaluados 1 año después de la intervención. 

Dicho de otro modo: no se puede combatir la irracionalidad desde otra irracionalidad de signo contrario, tampoco sirven las soluciones racionales porque carecen de la potencia emocional de lo irracional. De modo que solo nos queda una solución para enfrentar la irracionalidad: a través de una irracionalidad extrema pero del mismo signo.

La conexión masculina

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Recientemente he tenido ocasión de leer un post que por su lucidez me ha parecido importante no solo compartir aqui sino prolongar con algunos comentarios relativos a ciertos eventos vitales que me parecen en relación con la construcción de una identidad sexual, en este caso una identidad masculina.

Para empezar señalaré que la identidad sexual no es la misma cosa que la orientación sexual. La identidad sexual es un constructo social relacionado con la socialización como veremos más tarde mientras que la orientación sexual está mas relacionada con lo biológico y lo genético. nadie elige ser homo o heterosexual pero si puede elegirse el género. Más que eso: las personas que presentan disforia de género no son homosexuales, sino que viven una especie de antagonismo entre sus cuerpos y su identidad que en cualquier caso no se corresponde con lo que entendemos como preferencia por el mismo sexo que caracteriza a los homosexuales.

Comenzaré por apuntar ciertos párrafos del citado post (que irán siempre en cursiva) y añadiré algún comentario a su exposición. Se trata de un niño -al que llamaremos Chad- que quiso ser una niña y de las vicisitudes que atravesó durante su evolución existencial y su maduración.

 

Cuando era niño, quería ser una niña. Algunos de mis primeros recuerdos son de rezarle a Dios para que me transformase en niña al despertar. Yo idolatraba a mi abuela y adoptaba sus gestos y su estilo personal. Ella me dejó probar sus anillos y sus joyas, e incluso me sugirió el uso de sus bufandas. Ella pintó mis uñas e incluso me tiñó el pelo, para probar el color antes de usarlo consigo misma. Seguí las niñas en la escuela y en torno siquiera inventar juegos elaborados dónde escondí para jugar a My Little Pony con ellas sin ser descubierto por mi maestra. Puedo recordar a una niña de mi clase que levantó la mano de una manera particularmente femenina y empecé a imitarla. Ella me llevó a un lado un día y me dijo “Tú puedes ser mi amigo sin hacer todo lo que hago”.

Este primer párrafo me parece esclarecedor acerca de una cuestión fascinante: la identificación con una figura significativa de  nuestra infancia. La abuela de este niño fue el objeto elegido en su elección de amor. Y no deja de ser sorprendente este mecanismo de “identificación” descrito por Freud y del que sabemos tan poco. ¿Por qué nos identificamos y por que con ese personaje y no con otro?

En palabras de Freud:

Proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones.

Nos identificamos con aquello que (por alguna razón) nos parece atractivo, en resumen la identificación es un acto de amor, un salto que nos permite atravesar la brecha que existe entre sujeto y objeto.

Dicho de otra manera somos una especie de conglomerado de identificaciones de aquí y de alláuna especie de puzzle de actitudes, gestos, pensamientos, creencias y parecidos con nuestros objetos de identificaciónSomos grandes imitadores y plagiadores de todo aquello que vemos a nuestro alrededor y sobre todo somos copias de un original al que en un tiempo lejano, amamos

Y otra cuestión importante identificarse es un movimiento mental, en cierto modo hegeliano (no podemos conocer al otro pero podemos ser como él a través del aufheben) que tiene al menos dos formas, la incorporación y la imitación que es la forma más conocida de saltar esa grieta que separa a las personas de sus objetos de amor y precisamente aquí aparece este elemento: se imita aquello que nos resulta atractivo, aquello que amamos. Más adelante dejamos de imitar para identificarnos plenamente con el objeto o con alguna de sus características.

Algo parecido le sucede con una niña del colegio a la vez que ésta le da una pista que resultara crítica para su desarrollo posterior: “no necesitas imitarme para ser mi amigo”.

La ironía de todo esto es que durante toda mi infancia me obsesioné completamente con la masculinidad. Me encantaban los cómics como X-Men, siendo Superman mi favorito. Me encantaba la lucha libre de la WWE. Me encantó ver las competiciones de culturismo y mirando a través de revistas de musculación. Fantaseaba con superhéroes que aparecen desde el cielo, que me decían que yo también tenía un superpoder y que después me rescataban de una vida que simplemente no parecía aceptarme. Quería que gigantescos hombres musculosos fuesen mis amigos, me protegiesen de los agresores y me ayudasen a ser uno de ellos.

Donde podemos ver que el muchacho anda buscando una identidad masculina en este caso a través de héroes de cómic o del cine. Nótese que la fantasía no se enrosca en el deseo sexual sino en el deseo de ser “uno de ellos”. Por otra parte es lógico porque aunque no dice la edad que tenía cuando surgieron estas fantasías es probable suponer que no había alcanzado aun la pubertad. Lo que destaca es la ambivalencia de esta fantasía que es la opuesta a la original.

Y aquí nos cuenta en otro alarde de lucidez la verdad:

La verdad era que simplemente deseaba ser aceptado por otros niños, y quería unirme a ellos. Solo que no tenía ni idea de cómo hacerlo. Nunca supe cómo comunicarme con los niños. Me quedaba torpemente en silencio cuando me obligaban a relacionarme con ellos, y me miraban como si fuera un extraterrestre. Pero en el fondo solo quería ser uno de ellos. Puedo recordar el razonamiento, muy temprano, de que ya no podía dominar el arte de ser un niño, quizás al ser una chica se me permitiría el acceso a su mundo. A los niños les gustaban las niñas. Si yo fuese una niña, todo sería mucho más fácil.

Es decir nuestro muchacho se sentía excluido socialmente y sentía que no encajaba en ningún modelo de masculinidad a su alcance. De ahí su conclusión: si fuera niña todo sería más fácil.

Continuó de la misma forma hasta poco más o menos la vientena e incluso:

Durante mis primeros veinte años consideraba la idea de que yo era transgénero y hablé con varios terapeutas sobre este tema. Vi documentales, leí libros, estudiaba en línea, y sabía los pasos necesarios para completar la transición. Incluso tenía un plan para la gestión del trabajo, mientras durase la transición. Compré ropa de mujer, una peluca y un poco de maquillaje y traté de hacerme pasar por algo que no se pareciese a una “drag queen” a las tres de la mañana. Practiqué con mi voz y mis gestos. Se lo conté a mis amigos e incluso a mi familia. Estaba preparado. El único problema era el dinero.

La decisión quedo aplazada pues por un asunto económico. Chad decidió esperar.

Esto fue a principios de la década del 2000, por lo que la transición en los primeros 20 años no era tan común fuera de mayores centros gais. Hoy veo a los jóvenes adolescentes vivir su transición de cintura para arriba en su día a día. Así que en ese momento, me di cuenta de que sólo tendría que esperar hasta que pudiera permitirme el lujo de hacerlo. Aunque esto me llenaba de frustración y ansiedad lo acepté como la fría realidad a la que me enfrentaba. Pero entonces algo cambió.

Chad lo explica aqui, el encuentro con la conexión masculina que en un primer momento precisó de un objeto transicional femenino:

Yo estaba en la universidad y por un puro accidente de programación, pasé algún tiempo con un tipo de mi misma edad y su novia y decidimos que todos íbamos a ser amigos. Era una especie de tipo brusco y no hablaba mucho, pero ella y yo nos llevamos muy bien. Pronto estaba pasando casi todas las noches con ellos y lo más importante, pasando tiempo con él sin que estuviese ella allí a la manera de amortiguador. Yo siempre me aseguraba de tener una chica cerca cuando se trataba de chicos. De alguna manera él y yo estábamos unidos a pesar de que teníamos muy poco en común, excepto su novia y un interés general en los videojuegos. Hoy es uno de mis mejores amigos. Se convirtió en la primera conexión masculina que tenía que no implicaba sexo, y se las arregló para enseñarme todo lo que había estado deseando saber desde la infancia.

¿Deseaba saber qué? Qué es un hombre.

Aprendí cómo hablan los chicos. Aprendí cómo bromean. Aprendí que compiten por la posición. Se burló de mí sin parar, y al principio, me derrumbaba cada vez que lo hacía cuando estaba solo. De alguna manera he aprendido con el tiempo que era su manera de unirse a mí. A día de hoy me humilla en múltiples ocasiones para pasar el rato, y he aprendido a devolver el golpe y él se ríe. Él me desafió físicamente, me enseñó cómo hacer las cosas, e incluso cuando se ríe de que soy una chica para él, siempre me incluye.

Hace dos años conocí a otro chico de mi edad por pura casualidad con el que me habría aterrorizado hacer contacto visual en la secundaria. De hecho, fuimos juntos a la secundaria, y apenas se fijó en mí. Él es más viejo, muy masculino y con la pinta de un tipo que nunca esperaría a ser amigo de alguien como yo. Nos conocimos cuando estaba tratando con una relación difícil y yo le daba consejo y aliento. Él me enseñó acerca de la lealtad, y sobre el tipo de unión que los hombres pueden tener en momentos de estrés y dificultad. Nunca me tira abajo, siempre alienta mis mejores atributos, y confía en mí.

Y al fin el hallazgo:

Soy un hombre, y es mi naturaleza. Incluso si no es tan pronunciada o dominante como lo es en otros hombres. Lo que he estado intentando crear durante gran parte de mi vida era una adaptación al entorno que era simplemente imposible. Nunca hubiera encontrado la paz conmigo mismo y la conexión con otros hombres si hubiese hecho la transición a una mujer legal.

Hay muchas formas pues de ser hombre, múltiples formas de masculinidad y es muy posible que las dificultades que algunos muchachos tienen de encajar procedan de un idea estereotipada de la masculinidad junto con el rechazo de los vigilantes del lecho de Procusto. La exclusión social es una de las variables implicadas en estos desarrollos donde el excluido puede sentir que siendo del otro sexo pudiera ser mejor aceptado hasta que un dia en ese proceso sucede algo que modifica todo el encuadre: un amigo, un amigo que pudo utilizarse como modelo.

La identidad sexual no es pues, algo que siempre estuvo ahí esperando a que alguien la descubriera sino un conglomerado de creencias, mecanismos de defensa y predilecciones que cambian con el tiempo y las experiencias. Hubiera sido una mala elección para Chad decidir cambiar de sexo antes de explorar todas las opciones.

Afortunadamente para él no vive hoy en España.

 

 

 

 

 

Bacavia

catalans

Pocos saben lo que significa esta palabra, que en realidad es un neologismo -en realidad un acróstico- inventado allá por los 80 por un grupo de intelectuales valenciano-catalanes para referirse a los Países catalanes, una entidad jurídica virtual que aun ronda por el imaginario de muchos de ellos ya jubilados o fallecidos como Joan Fuster pero que mantienen la vieja ilusión de construir una entidad política confederada de las tres regiones Ba-leares, Ca-taluña y V-alenc-ia.

Si se inventó esa palabra fue para eludir la hegemonía económica y cultural de Cataluña pues se pensó que los valencianos o los mallorquines podrían oponerse a un término demasiado escorado a favor de Cataluña en la denominación de “Països catalans”. En realidad el invento que se atribuye a ese grupo de intelectuales que se aglutinaban en las tertulias organizadas por Joan Fuster, no fue un invento colectivo sino un invento de Amadeu Fabregat.

Amadeu fabregat es un chico de mi pueblo, aunque educado en Lérida que llegó a ser director de canal 9 (un invento suyo, me refiero al nombre de doble lectura, “nou” de nueve y “nou” de nuevo), es una persona muy ingeniosa, tanto que se las arregló para que le nombraran Director general de canal 9 en la época de Lerma y eso que no era militante del PSOE. Quien le nombró -fuera el que fuera- no lo hizo por su militancia socialista sino por su catalanismo.

Fabregat había destacado por sus programas de radio, sobre todo con aquel “Cal dir” y “De dalt a baix” donde nos enseñó como se decían las cosas en un “valenciano correcto”, es decir normalizado o catalanizado. A mi que soy valenciano parlante siempre me hicieron mucha gracia que me dijeran que no se decía “calcetins” sino “mitjons”, o mitjes pero no calces, que sentarse se llamara “seures” o que “eixugamans” se dijera en realidad “toballola”y cosas así. La teoría es que el valenciano contenía muchas palabras que eran “castellanismos” y que por tanto estaban mal dichas, en su lugar deberíamos aprender a llamarlas por su nombre, catalán por cierto. Amadeu tiene mucho mérito pues hizo en Valencia lo que muchos años antes había hecho Pompeu Fabra con el catalán bajo las ordenes de Prat de la Riba: transformar un rudo idioma de campesinos en un idioma culto.

Pues el valenciano como el catalán anteriormente era un idioma fundamentalmente rural, en Valencia capital no se hablaba el valenciano y los de pueblo apenas sabían hablar el castellano si no habían ido a la mili o no estaban lo suficientemente escolarizados. Eso le pasaba al tío Canya, héroe del valencianismo reivindicativo del orgullo de no conocer el español.

De lo que se trataba a través de la unidad de la lengua era la de delimitar un mapa político distinto al que conocemos (véase el mapa) y de catalanizar el valenciano y llevarlo a la unificación con lo que se hablaba en el Principat, como se llamaba entonces a Cataluña. Primero unifiquemos el idioma, luego ya hablaremos de Bacavia.

Y no cabe duda de que la primera fase de ese proyecto tuvo mucho éxito, hoy para entrar en la Administración valenciana es necesario tener un grado de valenciano que cuentan como si de una tesis se tratara, y todos los niños están sumergidos en ese idioma desde su más tierna infancia. Personalmente no conozco a nadie que no lo entienda y lo hable más o menos correctamente a pesar de todas las batallas que se dieron en los 90 sobre si el valenciano y el catalán son el mismo idioma o no. Al final incluso hubo una Academia de la lengua destinada a este fin de aclarar y marear la perdiz acerca de si estamos hablando el mismo idioma o por el contrario si son dos idiomas diferentes o una ultima vuelta de tuerca: si no seria el catalán un derivado del valenciano como sugiere Luca de Tena.

Para Luca de Tena existe una lengua Valenciano-Occitana, y el Catalán es un dialecto de ella.

Las tres lenguas con substratos propios se producen en la rotura del latín tras el martillazo árabe a los visigodos, y su ímpetu los arrincona respectivamente en Galia, Cantábrica y Occitania (Glacis Francés entre Pirineos y Loira).
Con la reconquista bajarían vigorizadas al reencuentro mozárabe que las conservaba arcaizadas. No olvidemos que la “Covadonga” valenciana está en Poitiers y Tours, donde Carlos Martel inició la Reconquista del Levante Español.

La lengua se obtuvo y tiene cinco variantes: Lemosín, Alvernés, Gascón, Provenzal y Languedocciano. Fue el Provenzal el que entró en Cataluña (Gerona y Barcelona) o Marca Hispánica. El Lemosín, tras la batalla de Murel (1213), es traído a Valencia y Mallorca por los miles de intelectuales occitanos perseguidos por Francia (política) y la Iglesia (religión) durante y después de la Cruzada Albigense.

En el siglo XIX la burguesía catalana afrancesa su lengua distanciándola de la valenciana, y Prat de la Riba en 1906 encarga al ingeniero industrial Pompeu Fabra la fabricación de la lengua catalana. En 1912 se publica la primera gramática catalana independiente de la valenciana, mezcla de arcaísmos, valencianismos, galicismos y palabras inventadas por Fabra. Del mismo modo Fabregat también hizo sus inventos cuando fue director General de Canal 9. En aquel entonces cuando hubo el accidente de Chernobil, se planteó en las redacciones de Canal 9 el siguiente problema ¿Cómo se llama Ucrania en valenciano?

No se llama de ninguna forma porque los idiomas se forjan en determinados entornos, es por eso que existen palabras valencianas para nombrar casi todos los utensilios agrícolas que proceden del árabe pero ninguna para nombrar inventos tecnológicos. Se podría haber llamado Ucrania a Ucrania pero se optó por el neologismo más catalán, Ucraïna.

La pretensión de imponer esta jerga a valencianos y mallorquines para amalgamarlos en un virtual ente de “Países Catalanes”, responde a un chauvinista y práctico deseo catalán de dominar estas dos regiones que acaparan buena parte de la riqueza española, obsérvese el mapa como se abandonan las zonas pobres del interior de Valencia colindantes con Cuenca y otras de Murcia y se invaden territorios hoy de Aragón. A tal fin, una nueva historia, una nueva literatura, han sido creadas para dar carta de naturaleza cultural al País Catalán, el Reino de Valencia y las Islas Baleares, es decir, la nueva nacionalidad catalana, que carece de ella. Por supuesto que valencianos y mallorquines se han opuesto rotundamente a este invento de absorción.

Y aquí es donde entra Bacavia, la primera fase de este plan. Conseguir el poder político era el siguiente paso, pero la sociedad valenciana siempre se ha mostrado impermeable a esas tesis expansionistas y aunque obviamente hemos perdido el primer combate: el lingüistico, la batalla política no ha hecho sino comenzar.

No cabe duda de que las agendas nacionalistas siguen esta secuencia, primero el idioma, pues el idioma y la religión son los principales elementos de cohesión e impulsan el orgullo de todos los tíos Canyas que sufren así un proceso de desclasamiento hacia arriba y pueden incluso llegar a ser diputados con el único mérito de hablar y escribir el valenciano. Por otra parte y una vez establecido esta permeabilidad lo que queda es apoyar la identidad en el idioma. “Som valencians” puede ser dicho de muchas formas pero a  mi personalmente este grito nunca me supo levantar, la verdad. Después viene el derecho a decidir claro.

¿Y que fue de Bacavia?

Pues Bacavia hoy es una productora de películas propiedad de Amadeu Fabregat.

Primero el idioma, después la identidad y más tarde los aranceles.

Y sin TV no se puede construir ninguna identidad.