Las tribulaciones del pene

Pocas mujeres saben la faena que nos da el pene a los hombres, de ahí que exista tan poca empatía con nosotros, ellas piensan que el pene es un órgano de más y que por eso nos da a los hombres un poder extra, el poder de penetrar, pero pocas saben la verdad: que el pene es un engorro, un órgano vulnerable y exigente, solo Camila Plaglia parece saberlo y asi lo cuenta en esta entrevista.

Vale la pena leer estos párrafos:

«Los hombres están constantemente obligados a hacer frente a su sexualidad. El problema para una mujer es la menstruación, cuando la sangre se derrama. Pero en general, las mujeres pueden olvidarse de su propia sexualidad –nunca tienen que pensar en ella o enfrentarla como los hombres. Cada vez que los hombres orinan, está justo ahí. Tienen que preocuparse por ello constantemente. Es una parte de su cuerpo que no controlan. Puede ser embarazoso. En la clase de gimnasia o donde sea, de repente pueden ser humillados, avergonzados. En ella definen mucho el ser hombres. Debido a la naturaleza del pene, los hombres tienen la ansiedad del rendimiento, mientras que ninguna mujer tiene que probarse a sí misma de esta manera. Así es que los egos de los hombres están totalmente involucrados en el rendimiento, en hacerlo, en lograrlo».

«Una erección es una especie de logro. Así como lo es orinar para un anciano prostático. Como ya he dicho, un niño tiene que aprender a apuntar con el fin de dejar de ser infantil. Así que es un logro. El orgasmo masculino es efímero y transitorio –y esa es la ironía de la sexualidad masculina. Es irónico que el feminismo observa el pene como el poder y la violencia, cuando en realidad es muy débil. Cada vez que un hombre se acerca a una mujer, se supera con ansiedad, porque él se está acercando al lugar donde nació. Hay un recuerdo subliminal de eso y siempre existe la pesadilla de que puede ser deglutido. De súbito, en un silbido, y, como Alicia en el País de las Maravillas, son disparados a través del espejo. Cada vez que un hombre pone su pene en la mujer, está apostando a que él lo va a recuperar. Y en cierto sentido, pierde esa apuesta cada vez. Entra, es muy poderoso, y entonces se acaba y pierde la potencia. Esto pone de manifiesto que las feministas se han equivocado. Me tomó casi toda mi vida darme cuenta de que los hombres no son tiranos o ególatras».

«Recientemente tuve una epifanía en un centro comercial que puso todo en perspectiva. Estaba comiendo un pedazo de pizza y vi a unos adolescentes corriendo por el centro comercial. Eran salvajes. Los miré y vi la desesperación. Cuando tenía su edad, odiaba a ese tipo de chicos, porque son desagradables. Están tan involucrados en su estatus, ganándolo, con miedo de perderlo. Me alegro de que no tengo por qué ser de esa edad otra vez. Se sentaron a mi lado y no me tomaron en cuenta. Yo no existía en su radar. Pensé, esto es genial. Los miraba. Estaban llenos de energía y vida. Y de repente me di cuenta, Dios mío, la razón por la que son tan escandalosos, la razón por la que son tan descontrolados, la razón por la que los odiaba cuando tenía esa edad, es que crean vínculos en contra de las mujeres. Es la primera vez que son capaces de estar fuera del control de una mujer –su madre. Ellos están por su cuenta y durante ese periodo son muy peligrosos. Las mujeres tienen que tener cuidado cuando van a las fiestas de las fraternidades, porque los hombres están tratando de adquirir un estatus frente a los otros y ahí hay toda esta testosterona. Y luego una chica los atrapa. Y eso es todo. Se acabó para ellos. Se casan y están bajo el control de sus esposas para siempre. Puedes escuchar a estas mujeres todo el tiempo, diciendo sobre el marido, como, Ricki Lake: “Ya sabes, tengo dos hijos, pero en realidad tengo tres hijos”, y es cierto: el marido se vuelve un niño otra vez. Aun cuando los hombres hacen su parte, sacan la basura, trapean, lo que sea, las mujeres siguen mandando en la casa». 

Tienen el control y los hombres se convierten de nuevo en subordinados. Así que ¿de qué se preocupan tanto las feministas? ¿De los hombres que están subordinados a sus madres y después a sus esposas? Los hombres buscan consuelo maternal en las mujeres, y esa es la naturaleza de la heterosexualidad. Ahora dime, ¿realmente quién tiene todo el poder?

De manera que Camille Plaglia una mujer lesbiana sabe más de los hombres que casi todo el resto de mujeres y debe ser porque tiene el cerebro de un hombre, es decir que durante su época fetal recibió buenas dosis de testosterona materna a lo que se añade el papel que su padre proyectó sobre ella, su primogénita sobre la que proyectó su deseo frustrado de ser padre de un niño varón. Es muy interesante su punto de vista sobre los hombres y sobre las mujeres de clase media (tal y como podéis leer en la entrevista), nunca he visto tantas verdades juntas dichas sin miedo ni vergüenza de ser acusada de cualquier cosa.

Lo que le falta saber sobre los hombres y sobre nuestros genitales es el precio que pagamos por estar siempre a punto, siempre con la próstata engrasada, se llama adenoma de próstata, esta es la verdad que se esconde en el adagio «semen retenutum venenum est«. Poca gente sabe que el hombre tiene la próstata mas grande que la del toro, lo cual señala en la dirección que ella supone cuando dice que la vida del varón está presidida por el orden de lo sexual, lo sexual lo contamina todo si «contaminar» es una palabra adecuada. Esta es la gran diferencia entre hombres y mujeres, la sexualidad es siempre masculina y la Plaglia lo sabe bien puesto que conoce las dificultades que tuvo de joven al acceso sexual a las mujeres. Como un hombre.

Y si no se casó con un hombre es porque no encontró a ninguno que fuera más hombre que ella, como parece deducirse en ciertas respuestas donde se reencuentra con algunos personajes de su familia tradicional italiana y con hombres no educados en los valores de la ideología de género o la corrección política. Hombres rudos y viriles.

Que los hombres buscamos a una madre es una verdad profunda e incómoda, una forma de volver al lugar del que procedemos, pues todo es volver. Pero es un retorno peligroso y es por eso que la mujer para el hombre siempre es peligrosa, alguien que puede quedarse en su interior con ese órgano tan vulnerable -como saben todos los homosexuales- pero que es autónomo y exigente. Tan exigente que exige sus propios tributos : el adenoma y el carcinoma de próstata además de someternos en nuestra vida a momentos embarazosos y a tensiones que nos vienen desde el pañal primigenio hasta el pañal postrero.

La heterosexualidad es pues una otredad radical, pese al peligro y pese a la asimetría del peso del pene.

Sí es sí o no

Las relaciones entre sexos están presididas por un orden de complejidad que no ha hecho sino incrementarse con la nueva moralidad que nos quieren imponer aquellos que defienden la corrección política y sexual y que pretenden además hacerlo con leyes, normas y sanciones. Una especie de nueva urbanidad que va más allá del decoro y la buena educación y que busca refugiarse en políticas concretas destinadas a fines espúreos sobre lo que no voy a comentar nada. Simplemente este post está destinado a hacer comprender a mis lectores que este tipo de propuestas están destinadas al fracaso.

En las relaciones sexuales está vigente -incluso jurídicamente- el paradigma del consentimiento que puede traducirse en el eslogan que da titulo a este post, «solo sí es sí» que parece que es muy intuitivo pero que en realidad esconde no pocas falacias y solo sirve para los casos extremos como por ejemplo en la violación. Es obvio que la violación se ha tomado como paradigma de referencia del resto de posibilidades que suceden en la vida real. Veamos algunas:

  1. Para empezar existen limites para el consentimiento sexual, la más conocida es la edad del que concede el consentimiento (que puede ser hombre o mujer). Se supone que por debajo de cierta edad (que es arbitraria) nadie puede dar su consentimiento, por la misma razón que un niño o niña de 14 años o menos tampoco puede conducir o votar.
  2. Otro de los limites y que pervierten el consentimiento es el estado mental del consentidor. Estar embriagado por alcohol o intoxicado por drogas.
  3. Una persona en su sano juicio puede dar su consentimiento para ser atada, golpeada, maltratada o humillada por su pareja sexual. Ciertas practicas como el BDSM ponen sobre la mesa la duda sobre si dar el consentimiento para estas practicas es o no legítimo.
  4. Una persona puede dar su consentimiento para una relación sexual y arrepentirse a medio camino, algo completamente plausible.
  5. Una persona puede dar su consentimiento para una relación sexual sin estar convencida de ello o simplemente no haber madurado lo suficiente para saber qué significa eso del «consentimiento». Algunas relaciones sexuales se llevan a cabo por la presión del grupo o por agradar o complacer a la pareja.
  6. La mayor parte de las relaciones sexuales no se inician con un si o un no categórico sino que los avances en este tema se llevan a cabo a través de actitudes corporales, indicios que llevan a una escalada donde el «contrato o consentimiento» no tiene lugar de un modo verbal, ni al comienzo ni durante el tiempo que dura el coito propiamente dicho.

De manera que no podemos considerar al consentimiento como algo objetivo, inamovible y fiable. Dicho de otro modo no se puede legislar teniendo como base conductual el citado «consentimiento» que solo sirve -como he dicho más arriba- para los casos extremos como la violación, los tocamientos no demandados o la difusión en redes sociales de imágenes eróticas para las que no se ha pedido consentimiento.

¿Entonces cómo se resuelve este problema?

La primera cuestión, es que este tipo de problemas no se resuelven nunca pero se pueden agravar. Se trata de un problema endemoniado (wicked problem). Y lo que caracteriza a este tipo de problemas es que empeoran cuantos más esfuerzos hacemos por erradicarlos o mejorarlos.

Cuando nos enfrentamos a problemas complejos, los resultados se vuelven más impredecibles. No existen ni mejores ni buenas prácticas catalogadas para las situaciones frente a las cuales nos podemos encontrar. Simplemente, no sabemos con anticipación si una determinada solución va a funcionar. Solo podemos examinar los resultados y adaptarnos. Este es el dominio de las prácticas emergentes. Las soluciones encontradas rara vez son replicables, con los mismos resultados, a otros problemas similares, lo cual indica que legislar sobre ellos es inútil pues las leyes no puede recoger la complejidad de las interacciones entre individuos, solo pueden caracterizar a grosso modo las interacciones más robustas y fáciles de definir,

En otro lugar he hablado de estos entornos con el nombre de problemas “endemoniados” (wicked problems). Lo interesante es que en este tipo de entornos los expertos no sirven de mucho más que para apuntar opiniones más o menos estandarizadas pues lo que define a un dominio complejo es que el problema no puede ser definido sino después de haberse resuelto,

Este es el campo de las soluciones políticas a problemas difíciles de abordar, y también los problemas sociales y como no, los problemas mentales. Tratar un problema mental siempre se da en un contexto de incertidumbre pues no solo intervienen muchas variables como en el dominio complicado sino que estas variables están ocultas entre los vínculos de una variable y otra.

Tratar un problema mental siempre será mas seguro si lo hace un psiquiatra o un psicólogo pero de ahí no podemos deducir que todos los psiquiatras o todos los psicólogos van a estar de acuerdo, no sólo en el tratamiento sino en la solución del problema. El profesional experto introduce a su vez una variable -la de su personalidad o carisma- que va a operar como una emergencia incierta. Un psicólogo no podrá replicar nunca lo que le enseñó su maestro: siempre habrá que tener en cuenta la novedad y la innovación creadora de su discípulo, que pocas veces será consciente de su potencial de operar cambios en los demás. No solo no hay dos pacientes iguales sino que no hay dos patologías iguales, ni dos terapeutas iguales y lo que hoy fue un éxito aquí mañana puede ser un fracaso allí.

Y cuando estamos frente a un problema de estas características lo mejor es la solución ética.

¿Qué es lo que hace que una niña de 13 o 14 años mantenga relaciones sexuales completas con un muchacho en el mejor de los casos de su edad?

Naturalmente la presión del grupo y la presión del muchacho. Esto no es un fenómeno nuevo y nos ha pasado a todos cuando nuestras hormonas andaban revoloteadas en la pubertad y adolescencia. Lo que es nuevo en la actualidad es la escasa resistencia de las muchachas. Hoy parece que cualquier chica que mantenga su virginidad es excluida del grupo por ser poco interesante. Es como si hubiera una competencia por ser promiscuas. Naturalmente habrá quien piense que esta misma recomendación debería hacerse a los muchachos pero esta es un idea ingenua. Los chicos tienen más impulsos sexuales que las chicas y buscan el sexo con más insistencia y variedad que las chicas.

Las chicas saben muy bien lo que quieren los chicos sin embargo saben más bien poco de lo que quieren ellas.

La perversión de las ideas feministas.-

Podemos hablar de tres generaciones en el pensamiento feminista: las dos primeras son 1) la del voto universal y 2) la de los derechos civiles (tener cuentas en el banco, derecho a la educación, etc). Todo el mundo hoy estamos de acuerdo en esta igualdad que propugnaban las feministas originales pero a partir de los años 60 sucedieron otras cosas que pusieron patas arriba el paradigma tradicional de los feminismos igualitarios. Se inventó la píldora anticonceptiva y la minifalda se puso de moda entre las jóvenes, los chicos dejaron crecer sus melenas y se identificaron con sus héroes musicales en lugar de con los masculinismos tradicionales que hasta entonces habían sido héroes militares.

«Hacer el amor y no la guerra» fue la consigna de aquellos años pero fracasó por una razón fundamental: a las mujeres no les conviene tener hijos con según quien. Ellas más que ellos necesitaban relaciones estables para cuidar de esos retoños nacidos en la borrachera de Woodstock. El hippismo no era un buen invento para ellas aunque era ideal para ellos.

Por eso el feminismo de tercera generación fue más allá y se reivindicó el aborto libre. «Mi cuerpo es mío» reemplazó al viejo slogan californiano. Aquí ya no hay tanto consenso y la población se dividió entre los «defensores de la vida» y los activistas del aborto libre.

Pero lo más contradictorio es contemplar cómo es posible que con un acceso tan fácil para la anovulación se pasara a la siguiente trinchera. ¿Para qué abortar si podemos optar por anovulatorios baratos y accesibles? Lo cierto es que la aparición de los anovulatorios ha tenido más incidencia en la sexualidad de las mujeres que en su fertilidad. Si siguen habiendo mujeres que abortan es porque no han tomado las debidas precauciones, lo que plantea una vieja pregunta freudiana

¿Qué quieren las mujeres?

¿Buscan la hipergamia o la estabilidad familiar?

Ningún hombre sabe a ciencia cierta qué quieren las mujeres pero lo peor es que ni siquiera ellas lo saben. Y en mi opinión esa es una tarea inconclusa del feminismo. En lugar de plantearse el aborto libre por qué ninguna feminista se planteó la pregunta de este modo: «vamos a detenernos ahora que ya tenemos derechos civiles, derecho al voto y que podemos ir a la universidad como nuestros hermanos, vamos a detenernos y preguntarnos qué queremos en realidad».

No se hizo esta pregunta y las batallas ideológicas llevaron al feminismo al siguiente planteamiento: «las mujeres estamos oprimidas por el patriarcado». Hay que terminar con el patriarcado para conseguir un mundo libre y amigable. Obsérvese como en lugar de preguntarse ¿qué queremos y como lo podemos cambiar y conseguir», lo que se plantea es «los hombres son culpables y hay que reeducarlos». Aparecen entonces ideas como «el machismo tóxico» o «los micromachismos de cada día». La idea fuerza es que las mujeres están sometidas a este tipo de estructura social que las oprime en todos los ámbitos, doméstico, cultural, deportivo, salarial y universitario y precisamente en el momento en que existe más igualdad en el mundo y donde las mujeres son mayoritarias en la universidad y en ciertas profesiones, por no hablar de talentos artísticos y deportivos. Han triunfado en todos los espacios sociales y han igualado a los hombres en todo tipo de tareas, desde el derecho, hasta la medicina o la natación.

¿Por qué ahora salen con el machismo? Precisamente ahora.

Pues porque las ideas se pervierten cuando se consiguen ciertas metas y no son desactivadas por las que viven de la ideología y logran transmitirse a la población general. Para un trabajador manual tener un mes de vacaciones al año, un coche particular o una casa en el pueblo ya no es una aspiración sino una realidad. Pero si se siguiera estirando de ese hilo la próxima meta sería quitarle la fabrica a su dueño (el comunismo) o el asesinato del empresario.

Es por eso que la próxima trinchera del feminismo es aun más delirante: «matemos a los hombres y castremos a los niños». Naturalmente esta ideología extrema no es seguida por la mayor parte de las mujeres pero en realidad todas las mujeres se benefician de esa salida de quicio del feminismo: reparto de cuotas en todos lados, leyes de violencia de género donde siempre aparecen como víctimas, ventajas en los divorcios y en la educación de los hijos, denuncias falsas para obtener ventajas en caso de tutelas y toda clase de beneficios por el hecho de ser mujer.

Naturalmente este estado de cosas es una perversión de la idea original donde las mujeres buscaban un espacio publico social que prácticamente ya habían conseguido en los 70.

Y lo que sucede cuando se alcanza un objetivo es que muchas personas se quedan sin trabajo, algo así le pasó a la socialdemocracia europea: hay como una escalada de encuentro de nuevos espacios donde insertar cualquier malestar y toda persona tiene un espacio de malestar negado que pronto o tarde le hará enrolarse en una ideología identitaria, no importa si es la raza, la orientación sexual, el género, el clima o el veganismo. Una vez alcanzado un  estado bastante elevado de bienestar había que pasar a otra cosa: se optó por lo identitario y lo identitario no solo consolidó la negación e impidió refrescar las ideas que mas arriba señalaba sino que canceló la cuenta de débito de las minorías consagrándolas como casi santas laicas.

Por eso si, puede ser si o no, como puede ser acaso o quizás más tarde

El nuevo contrato sexual (I)

El Sr R es aparejador y la Sra M es enfermera, llevan 39 años casados y ambos tienen trabajo fijo y una vida cómoda y próspera. Tuvieron dos hijos, un niño, Carlos y una niña, Ana, ambos recibieron una educación similar, fueron al mismo colegio y las mismas oportunidades pero aunque Carlos tiene dos años más que su hermana, llevó desde el principio de la ESO cierto retraso con respecto a ella que fue siempre muy responsable y una buena estudiante.

Por el contrario Carlos comenzó a flojear en los estudios hacia los 14 años, solía suspender, mostrar poco interés por casi nada, en una especie de apatía existencial. Pronto comenzó a meterse en líos y peleas, trapichear con drogas, y buscarse problemas con los demás compañeros y profesores. Parecía no tener interés en nada y se mantenía en los márgenes sociales de sus iguales en edad, sin terminar de encajar en ningún grupo de amigos vinculados bien por aficiones, deportes o actividades. Terminó la educación obligatoria de mala manera aprovechando un aprobado casi general. Luego dejó los estudios por completo.

Hoy Ana es enfermera con 35 años con plaza fija, Carlos vive con sus padres y aunque ha ido consiguiendo algunos subempleos lo cierto es que a sus 37 años no tiene oficio ni beneficio. Pasa su tiempo paseando perros ajenos pues es cierto que tiene cierta empatía con los animales. Tiene un plan para montar algo así como una granja educativa para perros.

Lo cierto es que esta historia no es una rareza sino muy frecuente en nuestro mundo actual. Las niñas parecen haberse adaptado bien a esas exigencias educativas que proceden de un mundo basado en la igualdad, una igualdad que los padres asumen de esta manera: «para que no dependa de nadie en el futuro», mientras que los niños parecen desorientados y confusos tratando de encontrar algún motivo para estudiar, trabajar o hacer algo útil para la sociedad. Lo cierto es que nadie se pregunta para qué debe estudiar o trabajar un hombre.

Adelantaré algo: los hombres estudiábamos o trabajábamos para poder alimentar y gobernar una familia, de manera que queda bastante obvia la apatía de Carlos, simplemente se ha quedado sin función en la vida.

Y es que la igualdad tiene efectos secundarios.

Geoff Dench fue un sociólogo británico, fallecido en 2018, que se dedicó a estudiar temas como la inmigración, los hombres de clase trabajadora y el feminismo. En este libro, Dench intenta mejorar la comprensión de las relaciones entre hombres mujeres y también de la renegociación del contrato entre ambos sexos que estamos viviendo en nuestros tiempos. Dench presenta una visión de los roles que hombres y mujeres cumplen en la sociedad muy distinta a la del feminismo y creo que merece la pena que sea más conocida. Según Dench, el feminismo está equivocado en su comprensión de este contrato entre hombres y mujeres y de cómo hay que renegociarlo y esto es perjudicial para la sociedad en su conjunto y para las propias mujeres.

La hipótesis de la domesticación.-

Richard Wrangham es un primatólogo británico que enunció una hipótesis evolucionista para explicar el hecho de que los humanos éramos cada vez menos agresivos y dóciles tal y como sugiere Steven Pinker en su libro «Los ángeles que llevamos dentro». El lector interesado puede leer este post con los argumentos de Wrangham.

“El sindrome de domesticación sería el responsable evolutivo de seleccionar nuevos rasgos en mamíferos, siendo la reducción de la agresión uno de los más apreciables, con la disminución aparejada en los niveles de stress o miedo. Muy significativamente, la domesticación humana selecciona una reducción muy considerable de la violencia “reactiva” (violencia familiar, riñas y altercados dentro del propio grupo, etc) en los machos, pero favorece el aumento de la violencia “proactiva”, que implica la organización de coaliciones agresivas cada vez más sofisticadas entre grupos. En cierto modo esta distinción resuelve una controversia histórica: Rousseau tenía razón en cuanto a la violencia “reactiva”, que es realmente menos natural en el hombre, pero Hobbes estaba en lo cierto en cuanto a la “proactiva”.

Resulta sorprendente que, descendiendo de homínidos “robustos”, todas las poblaciones humanas “modernas”, de África a Australia, hayan experimentado un proceso de gracilización relativamente homogéneo en un tiempo evolutivo tan escaso.

Parece que los humanos modernos no reemplazaron simplemente a los robustos, como sugerían las versiones preliminares de la teoría de la “out of África“, sino que fueron los mismos robustos los que se hicieron gráciles. “Tomado de este post “.

Algo que plantea una interesante paradoja evolutiva. ¿Por qué la selección natural privilegió cerebros pequeños, musculaturas gráciles, rostros aniñados y perdida de la tosquedad facial,  pieles más blancas, gusto por el juego y retardo de la maduración si estos rasgos son desventajosos para la supervivencia? El problema que se plantea a continuación es el siguiente

¿Quién domesticó al sapiens? ¿fueron los extraterrestres, fue un proceso de auto-domesticación y si fue así cual fue la razón?

Obviamente fueron las mujeres las que domesticaron a los hombres. Vale la pena releer «El príncipe y la rana» o «La bella y la bestia»

¿Pero quien domesticó a las mujeres?

Las mujeres no necesitan ser domesticadas pues vienen de serie con «la cruel atadura», es decir con el lastre de la maternidad.

«En el libro, Dench desarrolla la idea de que el núcleo de la sociedad es femenino y surge de la necesidad de organizar la reproducción de forma eficaz. Las actividades más esenciales de la sociedad son la que tienen que ver con el cuidado de los niños. La maternidad compartida es la base de toda la sociedad humana. Las mujeres son las que tienen los hijos y la mayor responsabilidad por ellos las hace conscientes de que van a necesitar apoyos en el futuro. Las estructuras para apoyarse entre ellas serían probablemente el contrato social original (la aloparentalidad)».

La monogamia fue el siguiente paso: encontrar a un hombre para compartir las cargas de la crianza y la alimentación y protección de la prole, evidentemente dos son siempre mejor que uno y es por eso que la pareja humana se seleccionó positivamente como una estrategia social estable. La monogamia favoreció a ambos sexos pues los hombres si no son sujetados por obligaciones “patriarcales”, es decir, de ocuparse de personas que dependen de ellos (su mujer e hijos), acaban viviendo vidas muy cortas y brutales.

Los hombres son más asociales que las mujeres y tienen mucha tendencia a lanzarse al monte, es decir, a llevar una vida improductiva: alcohol, juego, porno, videojuegos. Asumir la responsabilidad de una mujer y unos hijos tiene una influencia civilizadora sobre los hombres y Dench recalca a lo largo del libro que trastocar este punto tiene un influencia devastadora para la sociedad. Actualmente estamos viendo un aumento en el número de hombres jóvenes infrasocializados y escasamente empleables, que han optado por una apatía narcisista y que se están quedando en los márgenes de la sociedad mientras las mujeres ocupan los lugares que otrora ocuparon los hombres, medicina, abogacía, y casi todas las profesiones tienen mayoría de mujeres por no hablar de aquellas que precisan de una memorística especial como preparar oposiciones.

La mala noticia es que los hombres son superfluos y es por eso que Carlos no encuentra motivación para hacer nada en la vida sino seguir dependiendo de sus padres mientras mantiene escarceos sexuales continuos cada vez con una pareja bien distinta (one night stand). Pues la igualdad de las mujeres ha terminado por dar a los hombres lo que desean: sexo fácil sin compromisos familiares, algo que es letal para hombres, mujeres y la sociedad en general.

Sin embargo las mujeres ven estas actitudes y comportamientos como egoístas. Pero la condición fundamental de los hombres que les permite ser más egoístas (y que las mujeres no han disfrutado hasta fechas más recientes con la píldora anticonceptiva, etc.) no es un tema de elección moral sino una adaptación biológica. Las mujeres han sido la columna vertebral de las sociedades a lo largo de la historia no porque sean virtuosas. Es al revés. Las mujeres han sido virtuosas porque sus propias necesidades han hecho que tuviera más interés para ellas adjudicar menos importancia a la libertad personal y mayor valor que los hombres al apoyo mutuo y la seguridad. Y esto valores son definidos como virtuosos porque conducen al bienestar colectivo.
Las mujeres prefeministas domesticaron a los hombres haciéndoles más parecidos a ellas, pero el feminismo actual lo que pretende es que sean las mujeres más parecidas a los hombres, dejando a estos sin el rol social y los beneficios de ser un cabeza de familia a cambio de ser su proveedor. De modo que el patriarcado no es la enfermedad sino la solución cultural que benefició a hombres, mujeres y sociedades.
Los hombres hoy se dividen en dos grupos: los adictos al trabajo que tratan de proveer a sus familias a pesar de ya no ser tan necesarios para ellas o bien se niegan a jugar en ese entorno lleno de trampas y hacen como Carlos, simplemente no compiten ni entran en el juego del trabajo y la responsabilidad pues no ven que haya un papel para ellos en la sociedad. Estos son principalmente hombres de clase baja o los llamados incels, ese grupo de hombres que carecen de atractivo suficiente para entrar siquiera en el juego de la «libertad sexual» pues ahí llevan mejores boletos los más solicitados.
Lo que nos devuelve a una organización social ancestral previa a la monogamia y a la instauración del patriarcado como forma de organización social: los hombres proveen a cambio de ser los cabezas de familia.
De manera que Carlos no es un enfermo mental tal y como sus padres me lo presentaron sino un rebelde sexual y social si bien su futuro es tan incierto como el de su hermana pero es seguro que no sea tan próspero ni feliz como el de sus padres. Por otra parte su hermana que es una mujer emancipada, en el sentido que puede cuidar y autoproveerse, lo cierto es que tampoco ha logrado establecer una relación de pareja satisfactoria y presenta una vida errante desde el punto de vista sentimental, claro «ya no hay hombres» dice. Ninguno tiene hijos.
Es necesario pues un nuevo contrato sexual que vaya más allá de nuestras adaptaciones ancestrales pero que las tenga en cuenta, pues no hay peor forma de enfrentar los problemas sino con la falacia de la «tabula rasa»  o «pizarra en blanco» que tanto gusta a la izquierda. No todo es posible y cambiar a la fuerza a los hombres generará una reacción agresiva que ya estamos viendo en algunos ámbitos de nuestra convivencia como por ejemplo la violencia llamada de género.
En el próximo post me ocuparé de cómo gestionar ese cambio del contrato sexual de una forma eficiente y positiva para todos.

 

Bibliografia.-

Pablo Malo: «El problema con los hombres»

Geoff Dench: Revertir el descenso del hombre-

Richard Wrangham: El síndrome de domesticación en mamíferos

El retorno de las Ménades

Dioniso era hijo de Zeus y de Semele, era por tanto un Dios inmortal, se le conoce con el nombre de «nacido dos veces», pues nació una vez de mujer y otra de hombre, pues Semele su madre murió cuando Zeus la mató con su rayo olímpico al dejarla deslumbrada y se incrustó al feto en uno de sus muslos hasta que estuvo listo para nacer. Fue criado y mimado por todas las ninfas a las que más tarde acabó poseyendo y pervirtiéndolas hasta el paroxismo. Posteriormente estas ninfas constituirían su séquito acompañándole constantemente en correrías, juergas y orgías. No en vano Dioniso es el Dios del sexo y del vino. Los romanos le adoptaron con posterioridad y le llamaron Baco y a sus acompañantes las Bacantes, aunque de alguna forma blanquearon el costado místico que acompañaba al Dios griego dejándole solo con el gobierno del vino y ese estado mental que llamamos embriaguez.

En realidad las Ménades son el alter ego de Dioniso, su parte femenina por así decir. Cada vez más femenina a medida de que iba helenizándose su cuerpo y su representación puesto que en realidad Dioniso no es un Dios griego sino tracio o frigio. Se trata de un coro de acompañantes que en su multiplicidad ocultan precisamente esa dualidad del Dios. Un protagonista múltiple es un recurso que podemos observar aun en nuestros sueños, en el mito representan la multiplicidad de voces de la conciencia aunque suelen operar de modo coordinado y coherente como una sola mujer.

Tal y como conté en un post anterior, los héroes y dioses de la mitología griega tienen múltiples caras y de ellos hay versiones diversas, pareciera como si esos protagonistas se fueran adaptando a culturas diversas y concretas. A veces un héroe está repetido y aparece con distintos nombres aunque su gesta sea similar. Otras veces el héroe tiene un opuesto, en este caso el opuesto terrestre a Dioniso es Orfeo aunque el opuesto celestial de Dioniso, su antagonista sea en realidad Apolo. De ahí la dialéctica eterna entre lo apolíneo y lo dionisíaco que me parece más acertado que hablar de contrarios en el caso de lo masculino y lo femenino.

Lo que caracteriza a las Ménades es su furor ctónico, su furor homicida, su crueldad y su amoralidad. Sus victimas son sobre todo niños, aunque su maldad mas conocida es la que ejercieron sobre Orfeo, un Dioniso bueno y apolíneo (era hijo de Apolo y Calliope), tan bueno era que incluso bajó al Hades a rescatar a su esposa Euridice. Quizá las menades sintieron celos de ese amor conyugal y terminaron despedazándole.

Ménade significa «las que desvarían» es decir se trata de mujeres inducidas precisamente por Dioniso a una especie de locura mística, un frenesí sangriento, una descomunal voracidad sexual y una incapacidad total para adquirir la compasión o como diríamos hoy la empatía que se le supone a cualquier mujer al menos con los niños.  Las Ménades son personajes terribles, histéricas en un grado psicótico, malvadas, exaltadas e ignominiosas. Las ménades son la naturaleza en estado bruto, la expresión de una locura primigenia, lo telúrico. Las ménades son la mujer antes de tener ojos para ver la belleza, la virtud y la cultura. Ese invento del patriarcado.

Las Ménades y en realidad todas las particularidades sanguinarias de las mujeres han sido reprimidas constantemente por la sociedad, las religiones, y los regímenes políticos y es bien sabido que el destino de lo reprimido es volver en forma de tragedia. Según Nietzsche, en la visión trágica del mundo, vida y muerte, nacimiento y decadencia de lo finito se encuentran entrelazados.

«El hundimiento de lo finito no significa la aniquilación total, sino la vuelta al fondo de la vida de donde surge todo lo individualizado. El pathos trágico se fundamenta en el saber de que todo es uno. Vida y muerte se encuentran profundamente hermanadas en un movimiento rotatorio misterioso; cuando una sube, la otra tiene que bajar; unas figuras se forman al romperse otras, cuando algo sale a la luz, otra tiene que hundirse en la noche. Pero la luz y la noche, la figura y la sombra, etc son sólo aspectos de una y la misma ola de la vida. El camino arriba y abajo es uno y el mismo, había dicho Heráclito exponiendo este tipo de sentir trágico. En la tragedia de los griegos, Nietzsche, cree descubrir la antítesis entre peras (lo finito) y apeiron (infinito), es decir, entre ser finito destinado a la aniquilación que se hunde en el fondo de lo infinito que hace surgir de nuevo otras figuras. Pues bien, a este vaivén entre lo finito y lo infinito lo denomina Nietzsche como la contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco». (Extraido de esta web)

Niestzche nos lo contó en este libro en el que dedicó mucho tiempo a explicar las relaciones entre lo trágico, Dioniso y sus Ménades y las alternancias históricas entre los apolíneo y lo dionisíaco que como el día y la noche se suceden constantemente.

El infanticidio.-

El infanticidio ha sido practicado en todos los continentes y por gente de todos niveles de complejidad cultural, desde los cazadores nómadas hasta nuestros propios ancestros. Más que una excepción, ha sido la regla. (Williamson).

Dicho de otra manera, el filicidio es natural.

Aunque para nosotros sea hoy considerado como un delito de esos abyectos por incomprensibles no deja de ser natural, pero todo lo natural no es bueno como sostiene la falacia naturalista. Pues la naturaleza es fascista y no puede psicologizarse. El filicidio puede ser llevado a cabo por mujeres o por hombres, pero se considera que es más frecuente en mujeres, por la misma razón que el femicidio es más frecuente en hombres, pues cada uno solo mata a aquel que por su incapacidad física o dependencia puede ser asesinado. Tratar de explicar los casos puntuales que vamos conociendo por la prensa es una tarea imposible. ¿Qué es lo que impulsa a una madre (o padre o ambos) a deshacerse de un recién nacido? Podemos explicarlo psicológica o socialmente pero siempre resultará infructuoso. La naturaleza se resiste solo puede ser dominada, domesticada.

La pregunta a esta hora parece ser la siguiente: ¿Vivimos hoy en una época apolínea o dionisíaca?

Dejo al lector que analice esta creencia que ya es una consigna social: «El género es una construcción social». ¿Qué opina usted, se trata de una creencia apolínea o dionisíaca?

Obviamente es una hipertrofia de lo cultural y lo biológico, lo natural parece haberse desvanecido. Si adjudicamos a esta creencia el vector cultural de nuestro tiempo concluiremos que estamos en modo apolíneo. Ahora atienda a esta otra frase recientemente emitida por una feminista que es además profesora: «¿Qué pasaría si castráramos a todos los niños varones al nacer»? Esta posición es desmembradora y por tanto podría ser asumida por cualquier ménade moderna aun solo planteándola como un dilema mental.

La negación de la naturaleza lleva consigo un peaje de retorno de lo reprimido, de caos y desorden pero esto no es lo peor de nuestro tiempo: lo peor es que lo dionisiaco se disfraza a veces de ley apolínea lo que garantiza que lo recto no se imponga sobre la oscuridad y la sombra. Lo apolíneo nació para dominar la naturaleza y si no es posible para domesticarla pero no está preparado para ser sustituido solo por la apariencia de lo moral. El orden (cultura) divorciado de lo que se intenta ordenar (naturaleza). O peor, un orden que niega lo que pretende ordenar.

Dioniso siempre tiene a sus ménades disfrazadas para hacer la guerra sucia.

Bibliografía.-

El nacimiento de la tragedia de Frederich Nietzsche.

Williamson, Laila (1978), «Infanticide: an anthropological analysis», Kohl, Marvin, ed., Infanticide and the Value of Life, NY: Prometheus Books.

Guerras dialécticas y guerras por otros medios

Ayer estuve haciendo dos cosas: una de ellas por la tarde y la otra por la noche. Por la tarde vi el debate en youtube entre UTBH (Un tío blanco hetero) y Clara Serra sobre el feminismo. Por la noche vi un capitulo de esa serie británica que se titula «La corona vacía» que va de «la guerra de las dos rosas», aquella guerra eterna entre los Lancaster y los York que asoló Inglaterra en el siglo XV, pero no se trata de una reedición de «juego de tronos» sino de la puesta en escena de un relato histórico del mismísimo Shakespeare.

Y esta mañana mientras pensaba en las escenas y los argumentos que barajaban unos y otros en ese turmix que es mi cerebro, me preguntaba, ¿Qué hay de común en ambos casos? Qué tiene en común UTBH con Enrique VI o con Ricardo Plantagenet? ¿Qué tienen en común Clara Serra y Margarita de Anjou?

Pues que todos quieren mandar.

La guerra de las dos rosas entre los Lancaster y los York es uno de esos episodios (que tanto se repiten en la historia) ignominiosos. Dos casas de nobles pugnan por la corona en base a probables ofensas anteriores, así Ricardo Plantagenet se cree con derecho a disputar la corona a su rey Enrique VI en base a antiguas pendencias. La guerra es un empate infinito entre ambos contendientes que se van sucediendo en el tiempo, ahora con un rey y después con otro. Es imposible contar los muertos que costó esa guerra incluyendo venganzas, asesinatos y calabozos a los que sometieron y fueron sometidos tanto reyes, nobles y pueblo llano. Inglaterra, que salía de una guerra anterior (la guerra de los cien años) se vio metida de nuevo por una guerra de sucesión que solo se resolvió cuando los Tudor (emparentados con los Lancaster) entraron en contacto con Maria de York, por medio de eso que aun llamamos matrimonio. Un casamiento que puso fin a la guerra de las dos rosas. Es interesante atisbar un corolario interesante sobre esta cuestión: ni Margarita de Anjou, ni su marido Enrique VI, ni su hijo que murió en combate pudieron gozar de una victoria definitiva sobre sus rivales, tampoco Ricardo Plantagenet ni sus hijos vivieron lo suficiente para ver el fin de esta guerra, fue precisamente una hija de Eduardo IV (un York) el que puso fin al despropósito de una guerra perpetua con su matrimonio con un Tudor. Ni para ti ni para mi.

Dicho de otro modo la guerra es una cuestión dialéctica, los York y los Lancaster tenían posiciones distintas sobre la cuestión de la legitimidad real y se enzarzaron en una guerra ante la imposibilidad de alcanzar un pacto, una síntesis sobre este problema a falta de un poder judicial independiente y robusto. Pero la guerra no es nunca una síntesis sino la evidencia de la imposibilidad de alcanzarla, aunque lo cierto es que las guerras son a veces la única manera de llegar a un acuerdo, pero lo más frecuente es que haya victorias y guerras pírricas en el sentido de que no alcanzan a plantear con claridad quien es el vencedor y quien es el perdedor. Pues en una visión dialéctica uno puede llegar a una síntesis pero en una cuestión clarifinante como la eliminación del adversario («muerto el perro se acabó la rabia), no hay síntesis posible, es decir no se alcanza ese nuevo nivel de definición que llamamos «síntesis» y cuyo destino -al convertirse de nuevo en tesis- es pronto entrar en contradicción con otra cosa.

vaca

Alguien dijo que existen dos únicas razas en el mundo y es verdad que hombres y mujeres tenemos distintos tipos de rasgos conductuales, morales, cognitivos,  emocionales y hasta neurofisiológicos. No es de extrañar que las relaciones entre ambos estén presididas por el conflicto. Piense usted por un momento qué sucedería si no hubiéramos desarrollado paralelamente un sentimiento tan sofisticado como el amor. ¿Cree usted que solo con la pulsión sexual hubiéramos podido construir algo parecido a una cultura? No, la pulsión sexual por si misma es incapaz de asegurar una cultura humana pues los intereses de hombres y mujeres divergen continua e inexorablemente. El amor en este sentido es un relé, es decir un colchón que atempera las reacciones del determinismo puro. Dicho de otra manera, las relaciones entre hombres y mujeres son dialécticas y lo que uno gana lo pierde el otro, solo el amor es capaz de dulcificar las perdidas y atemperar las ganancias puesto que sólo el amor es capaz de expandir las contradicciones en una nueva síntesis abarcativa. El «nosotros» abarca al «tu» y al «Yo» y mucho mejor si hay otros (hijos) que se incluyen en el «nosotros».

Así como el amor y la familia son relés que amortiguan las contradicciones de los elementos en guerra dialéctica hay otros operadores que trabajan en sentido contrario: el más conocido de ellos es el feminismo.

El feminismo es la estrategia moderna de inversión dialéctica del poder. las feministas no buscan la igualdad, del mismo modo que los York y los Lancaster no guerreaban para conseguir la igualdad de ambas familias sino imponer cada uno de ellos su versión de desigualdad y salirse con la suya. Obtener prebendas, dinero, ventajas y poder social. De forma que el feminismo -como gremio- no opera buscando la igualdad -que es algo que cada pareja ha de construir en su intimidad-, sino polarizar las actitudes entre hombres y mujeres a fin de deconstruir a la masculinidad. Deconstruir es eliminar y no tiene nada que ver con la igualdad.

 

Aquí os dejo el debate sobre feminismo entre UTBH y Clara Serra:

Clara Serra no es una de esas histéricas exaltadas que salen en TV, sin embargo persigue sus mismos fines. Así hay un grupo de exaltadas y otro grupo de ilustradas que legitiman el movimiento en sí, sin nombrar nunca la verdad: y la verdad es que las relaciones entre los géneros son dialécticas y están sometidas a tensiones constantes y permanentes llegando a alcanzar (cuando se puede) estados de síntesis que a su vez vuelven a generar estados dialécticos y así ad infinitum. Las contradicciones de intereses que se manifiestan en estas relaciones son inconmensurables, es decir no pueden resolverse de una manera satisfactoria para ambos contendientes, por eso existe el divorcio y el «ahí te quedas». Dicho de otra manera no pueden resolverse con debates puesto que no se busca la ilusoria igualdad sino el sometimiento de la otra parte y la dominancia y el reparto de prebendas entre los sexos. Eso es lo que eché de menos en el debate de ambos, no se llega a la verdad, no se llega a ninguna parte.