¿Putas o prostitutas?

Hoy he estado viendo un video en polímatas donde se hace una tertulia entre dos prostitutas y dos feministas sobre el tema de la prostitución. Las feministas declaran su ya conocido mantra de que la prostitución no es un trabajo, pues «los trabajos todos tienen una dignidad» (sic) y apelan al siniestro trato de mujeres por parte de mafias que se afanan en cubrir el mercado nunca satisfecho del todo con nuevas carnes venidas de no se dónde. Las prostitutas aclaran que ellas están en el oficio porque quieren y no porque nadie las obligue, que incluso les gusta «chupar pollas» pero las feministas insisten en que la prostitución voluntaria se nutre se la prostitución obligada o forzada y es por eso que ellas son abolicionistas. Y así.

Pero lo que más me ha sorprendido es el largo debate sobre qué es y qué no es un trabajo. Un debate algo metafísico que parece ignorar la idea de que ciertos trabajos son «work» y otros son «job» es decir ocupaciones. Yo no escribo este post porque sea mi work sino que es en cierto modo un job que hago además gratis. Soy una puta barata.

Lo cierto es que es imposible hablar de la prostitución sin hablar de otras cosas que me propongo escarbar en este post gratuito. Una de ellas es qué es prostituirse y otra cuestión importante es explorar las necesidades sexuales (y de otro tipo) que tiene la población masculina sobre todo.

¿Qué es prostituirse?

Hay dos acepciones sobre esta palabra, la primera y más conocida es intercambiar sexo por dinero. Las prostitutas cobran dinero por fornicar con sus clientes, pero esto no es la clave de la prostitución femenina -pues hay otros cobros de la misma actividad- sino el hecho de las prostitutas son mujeres publicas. ¿Qué significa ser una mujer publica? Cualquier bien publico como una playa o un bosque puede ser usado por cualquier ciudadano. No tiene titularidad privada, no pertenece a nadie. Significa que una mujer publica es aquella que al ser elegida no dice nunca no. Y una mujer que nunca dice no, en realidad hace lo contrario del resto de mujeres, es por eso que considero as prostitutas mujeres consagradas. Lo hacen por dinero si, pero no niega nunca sus servicios a quien puede pagarlos.

La segunda acepción de la palabra es de aquellos que hacen, piensan o sostienen ciertas opiniones por dinero, porque alguien les paga, así suele decirse que la prensa española está prostituida, porque los que mandan en las redacciones de nuestros medios más importantes son los que imponen su marchamo y su enfoque. En este sentido «prostituirse» seria obedecer al amo en lugar de la deontología de cualquier profesión incluso en contra de las propias opiniones.

Dicho de otra manera: las relaciones de poder influyen en la «prostitución» de determinadas profesiones, al menos de las que dependen de un comité de accionistas determinados. En este sentido metafórico las relaciones laborales suelen estar contaminadas de esta lacra, al menos las que más importancia tienen en la opinión publica.

¿Y qué sucede cuando los pagos no son en metálico? ¿Qué sucede cuando se intercambia sexo por favores, por promociones profesionales, por mentorías intelectuales, por recursos? Bueno, entonces no lo solemos catalogar como prostitución pero acabamos hablando de puterio. El mundo está lleno de puterio y no cobran como las otras. El puterio es el sindicato de las mujeres mientras son jóvenes. Lo hacen porque quieren, dicen, como las profesionales.

De manera que es momento es catalogar las estrategias que hasta ahora hemos sido capaces de inventar para resolver la asimetria en las necesidades sexuales. Como es sabido los hombres tienen más necesidades sexuales que las mujeres tanto en intensidad como en variedad. Los hombres nunca dicen no a una mujer, somos como las mujeres publicas, sin embargo las mujeres suelen ser muy selectivas en sus elecciones con la excepción del periodo hipergámico de la que hablaré mas abajo.

Las estrategias que se han inventado hasta ahora son tres: la monogamia, la poligamia y la promiscuidad.

La monogamia.-

La monogamia es probablemente la estrategia mas eficaz de las que hemos sido capaces de inventar hasta ahora, significa que «cada oveja con su pareja», es decir una pareja de por vida para cada cual. Resuelve el problema de los solteros y de los que quedan sin pareja pero tiene varios problemas. El principal es que restringe las posibilidades sexuales y es muy aburrida tanto para ellos como para ellas y otro: sin el apoyo de los dogmas religiosos es muy difícil de seguir y más desde que Enrique VIII inventó el divorcio obsesionado por Ana Bolena. Desde entonces un hombre y una mujer pueden divorciarse sin culpa y buscar otra pareja si no la tienen ya. Es por eso que la monogamia absoluta ya casi no existe en el mundo y ha sido sustituida por la monogamia sucesiva, una pareja detrás de otra y casi siempre ella más joven o él si es que es ella la que tiene el dinero o el estatus como cierta duquesa.

Otro problema que tiene la monogamia son las tentaciones que proceden de otros grupos dispuestos a cualquier cosa con tal de mejorar su estatus. La infidelidad -incluso la de Piqué con Shakira- es de esperar en todas las relaciones monógamas de alto standing, hay demasiada oferta. Y para los que no son futbolistas siempre les quedan las prostitutas, una especie de premio de consolación para los que no pueden cambiar de pareja cada 3 años o no tienen oferta suficiente como para fornicar cada día, en plan rotativo con unas y otras.

Las prostitutas, contrariamente a lo que la gente piensa no solamente ofrecen sexo a cambio de dinero sino muchas veces conversación y fantasía, algo que no poseen las mujeres del omegarcado, siempre demasiado cansadas o malhumoradas. Yo he conocido muchas prostitutas por mi profesión que eran verdaderos seres de luz, entrañables por así decir.

La poligamia.-

La poligamia es la estrategia de no pocas especies animales, desde el gorila entre los simios hasta el elefante. Tiene la ventaja de que no hay mujeres desemparejadas y por tanto sin seguridad social, pero la desventaja de que deja a muchos hombres sin pareja, pues los hombres más codiciados acaparan a todas las mujeres que pueden en harenes inaccesibles para otros hombres. La poligamia tiene otras ventajas para las mujeres: encuentran apoyos aloparentales en otras mujeres de la familia (eso que ahora se llama sororidad) que es imposible de encontrar en un mundo donde la competencia femenina es feroz. Sin embargo los celos y las intrigas entre ellas no desaparecen solo por la convivencia, incluso pueden llegar a ser más intensos que en las sociedades monógamas. Envejecer en un harén o dejar de ser la favorita no debe ser una experiencia agradable.

La promiscuidad.-

Es la estrategia de los simios con los que compartimos gran parte de nuestro genoma, los chimpancés y los bonobos, tambien la estrategia del gorrión. Aunque son equivalentes, usualmente llamamos promiscuidad a la estrategia de los hombres e hipergamia a la estrategia de las mujeres porque existen algunas diferencias entre la promiscuidad de unos y otras.

La monogamia absoluta imponía la preservación de la virginidad hasta el matrimonio, la fidelidad de por vida y proscribía el divorcio (salvo en algunas culturas) pero una vez secularizadas las sociedades y liberalizadas las costumbres sexuales, eso que llamamos revolución sexual sucedieron algunas cosas con las que no contábamos: no hubo igualdad en el reparto. Lo que sucedió es que las mujeres comenzaron a competir entre ellas por los hombres más cotizados, los de más recursos, más sanos, más altos, mejor dotados genéticamente. Ese 10 % de machos alfa son los solicitados por ese 50% de mujeres que además han de evaluar su valor de pareja precisamente en estas lides. Las mejor posicionadas, las más guapas, con mejores cuerpos y más jóvenes se llevan el gato al agua y a veces consiguen emparejarse con un Piqué, pero tienen una amenaza continua: el divorcio electivo. Las otras han de conformarse con rebajar sus pretensiones, cosa que hacen cuando quieren tener hijos y ya conocen bien su lugar en la pirámide del valor de pareja. Pero mientras tanto han tenido que mantener relaciones sexuales con un sinfín de parejas provisionales quedando siempre un residuo de rencor por su perdida de valor objetivo en el mercado del sexo y sobre todo: un grueso grupo de hombres deprivados que hoy llamamos incels y que son también misóginos y rencorosos. Otras no tendrán hijos y mantendrán la hipergamia de por vida como estrategia sexual o de seducción lúdica y otras tendrán un solo hijo y formarán parte de un matrimonio sin amor o un hogar monoparental.

¿Y qué papel juega la prostitución en todo este galimatías?

Del mismo modo que el amor emergio como protector de la monogamia la prostitucion juega un papel de colchón de seguridad, de reostato que reduce las desigualdades sexuales, es por eso digo que nunca podrá ser abolida, pues ni la monogamia, ni la promiscuidad ni la poligamia aseguran un reparto equitativo de las mujeres tal y como asegura Bataille. Todo parece indicar que la monogamia es la estrategia más eficaz aunque necesite de infidelidades puntuales y de mujeres consagradas al placer de los hombres.

Para una mejor explicación de las estrategias culturales de emparejamiento recomiendo:

Los hombres pactan, las mujeres insisten

No cabe duda de que la nuestra es una especie dimórfica, significa que los sexos pueden identificarse más allá de los genitales, y lo hacemos a simple vista por el tamaño: los hombres suelen ser más grandes, más altos, más fuertes, más veloces, pero también por algunas características de la conducta: los hombres son más agresivos y las mujeres son más reticentes a solventar sus problemas con la agresión, incluso podríamos decir que han desarrollado una profunda aversión a la agresividad en sus interacciones con otros.

Y es precisamente la agresión entre los machos de nuestra especie la responsable del dimorfismo. Estas diferencias tan marcadas -aunque cada vez menos- entre hombres y mujeres señalan en la dirección de entender que nuestra especie procede de un linaje de simios muy agresivos, de una agresividad similar al chimpancé, que es la especie con la que compartimos la mayor parte del genoma. Más concretamente nuestra especie tiene antecedentes de una rivalidad extrema entre machos, es por eso que la evolución favoreció a los más dotados para la lucha y los rasgos de fortaleza física fueron seleccionados positivamente. Dicho de otra manera: la agresividad de los machos procede de una rivalidad continua por las hembras y los recursos.

Ahora bien esta lucha por encontrar los mejores armamentos ha coevolucionado con otra: la de encontrar mecanismos de inhibición de esas mismas conductas que explica que las luchas agonísticas entre machos no terminen casi nunca con la muerte del rival. Nuestra especie no tiene garras ni dientes, ni cornamentas de manera que no tuvo más remedio que inhibir estas conductas a través de señalamientos relacionados con las intenciones y las manos. El sapiens tiene manos, lo que significa que puede portar armas, piedras o lanzas, y tiene también intenciones que pueden identificarse con la teoría de la mente. Podemos llegar a saber si un intruso viene con malas intenciones o si podemos confiar en él. De esta manera nos es más fácil comprender porqué darse la mano en un gesto de amistad: una mano vacía es la mejor prueba de que no contiene armas.

Naturalmente todos estos efectos armamentos-inhibidores afectan a los hombres, las mujeres por su parte no se vieron sometidas a esta selección, por lo tanto no desarrollaron inhibiciones para sus conductas agresivas que también pueden tenerlas de forma reactiva, pero no proactiva, es decir no es necesaria su agresividad para tener sexo , no ha de competir en entornos ancestrales me refiero. Y esta falta de competencia explica que no hayan desarrollado mecanismos inhibitorios frente a su agresión y deseos de dominio que también tienen. Salirse con la suya es un propósito común en ambos sexos.

Y por eso titulé este post de esta forma: los hombres hemos desarrollado complejos sistemas para apaciguar nuestras tendencias competitivas, desde el pacto de caballeros (estrechar una mano) hasta complejos sistemas jurídicos para castigar a los que no cumplen las normas. Vale la pena señalar que el primer sistema de escritura – la cuneiforme sumeria- se utilizaba sobre todo para señalar deudas y pesajes de materiales o comida . Es decir conflictos entre los hombres.

¿Y qué hacen las mujeres?

Como tampoco están muy motivadas para la imposición de sus querencias algo que requeriría cierta dosis de agresión, las mujeres sobre todo utilizan la insistencia. Las mujeres insisten y se salen con la suya a base de insistir y es por eso que es difícil pactar nada con ellas. Otra opción es el sometimiento.

Sonia Abadi, es una psicoanalista argentina que es amiga mía en twitter y hoy mismo me ha dado una pista sobre lo que estoy describiendo ahora. Ella que trata a parejas en su consulta me ha contado que la mayor parte de las mujeres se quejan (en las terapias de pareja las personas se quejan unos de otros) sobre todo de que el marido no ha cambiado nada desde que se conocieron, mientras que el hombre se queja de que su mujer no es la misma de la que se enamoró, que ha cambiado y mucho para peor, se ha hecho quejosa, dominante y discutidora. Esta es una observación universal, al menos en el mundo occidental, ¿pero cómo puede comprenderse esta queja dándola por buena, es decir legitimándola al mismo tiempo?.

Una explicación es el uso que los hombres y las mujeres hacemos de los pactos como ya he explicado antes y otra es de carácter mas ontogénico. La distinta forma de socializarse que tienen hombres y mujeres. Los niños pequeños están poco interesados por las niñas, juegan en otra liga por así decir, en realidad los niños están interesados por los niños mayores que ellos que son los que llevan a cabo las hazañas que quisieran hacer. Por contra las niñas de esa misma edad están muy interesadas por esas mismas hazañas que los niños llevan a cabo en sus juegos y en sus desafíos. Dicho de otro modo, hay cierto grupo de niñas que están interesadas en jugar en la liga de los chicos, mientras que otras no parecen estarlo. Sin embargo los niños no están nada interesados en competir con las niñas, ¿pues que valor tendría ganar a una niña en una carrera? No cabe duda de que los juegos infantiles reproducen hasta la adolescencia una jerarquía primitiva que en tiempo ancestral desempeñó una función muy importante entre las relaciones hombres-mujeres. Los hombres son robustos y cazan y las mujeres son gráciles y recolectan y se ocupan de sus hijos. Y estas conductas tienen mucho que ver con la socialización, para un niño es importante que sus iguales (los otros niños) le acepten y le otorguen algún lugar en la jerarquía de los chicos, sea por sus facultades atléticas, matoniles o académicas. Mientras que en las chicas es más importante para ser aceptada, sus habilidades para compartir y decir compartir es decir hablar de sus debilidades y conflictos. Ningún chico será aceptado si habla de sus debilidades con sus compañeros pero para las chicas es obligatorio. Hablar e insistir es la forma en que las mujeres suplen su falta de habilidades para el pacto y la mayor parte de problemas en las parejas, proceden o bien del hecho de que el hombre quiere dominar y salirse siempre con la suya o bien de que la mujer no sabe pactar y por tanto es incapaz de llegar a compromisos durables.

De manera que lo mejor para la crianza es dejar a los niños que sigan su propia querencia en los estereotipos sexuales, pues ya se encargará la adolescencia de estirar el chicle e imponer la visión entre ellas de que los chicos solo piensan en los videojuegos o los coches y en ellos la idea de que una mujer es una persona que quiere cambiarle.

Así y todo la mujer fascinará al hombre en cuanto sus hormonas se pongan en marcha y la mujer tomará al hombre como referente de todas las cosas.

Hasta que la política les separe.

Nota liminar con Alexia Putellas al fondo.-

Pueden las chicas jugar a futbol?

El caso de Alexia Putellas demuestra varias cosas:

1.- Se puede optar por un juego masculino y no ser lesbiana.

2.- Se puede ser muy femenina y tener gustos de chicos.

3.- Una chica puede alcanzar la excelencia tanto en los deportes como en cualquier otra actividad, oficio, o profesión.

Pero lo cierto es que fueron los hombres los que inventaron el futbol y es muy poco probable que en una sociedad matriarcal se hubiera inventado un deporte así. Las mujeres siguen el rastro de los inventos masculinos para medrar. O dicho de otra forma: las chicas tienen siempre como referentes a los hombres.

Y este es el problema que no se quiere ver cuando se dice que hay estereotipos sexuales y que el resultado es que la sociedad moldea el gusto de chicos y chicas y no caer en la cuenta de que es precisamente al revés: son los gustos de los sexos los que moldean las actividades, los juegos, las preferencias y la elección de profesión.

Las relaciones entre niñas y sus madres son siempre muy espesas, en el mejor de los casos espesas, siempre lo han sido. La novedad es que esta espesura se transformó primero en desprecio y más tarde en un odio radical, tanto que hoy muchas niñas no quieren ser como sus madres y a veces no quieren ser mujeres en absoluto. No importa lo liberales o progresistas que estas sean, más dificultades tiene, en definitiva, rebelarse contra una madre protectora y liberal que contra una madre integrista cristiana o tradicional, por ejemplo. Lo cierto es que aunque hoy las mujeres han alcanzado un estatus superior al que tenían sus abuelas o bisabuelas no han sido capaces de construir un modelo femenino atractivo para las jóvenes y se han limitado a seguir la estela que marcan los hombres en sus estilos de vida laborales y competitivos donde prima el éxito y el estatus sobre todo. El feminismo ha fracasado en su intento de conseguir una sociedad igualitaria pues están pensando en otra cosa bien diferente a la equidad, porque han trabajado siempre a la defensiva y contra los hombres perdiendo de vista la verdadera razón de estas desigualdades que proceden sobre todo de que las niñas -al no tener un modelo valioso y femenino- del que echar mano se orientan hacia los deseos masculinos, primero les imitan y luego se quejan de que no se las tiene en cuenta cuando no llegan a los rendimientos de ellos. Garbiñe siempre perdería contra Nadal.

No se puede construir una feminidad que sacrifique la natalidad, pues una mujer es sobre todo alguien que puede ser madre.

Pero hay otra cuestión y es la que tiene que ver con la belleza. No todos somos igualmente deseables como parejas, hay mujeres y hombres de 9-10, pero la mayoría somos medianías, sin olvidar a los feos y feas de remate. Naturalmente una mujer o un hombre alfa (de los que puntúan más alto) siempre tendrán ventajas sobre la mayoría que cae dentro de la campana de Gauss. Los Cristianos Ronaldos y Angelinas tienen muchas ventajas sobre los demás, ventajas poco democráticas, es cierto pero muy naturales. El valor de pareja introduce una dimensión de desigualdad que es letal en los adolescentes pues es en esa época donde se configura la identidad sexual y el atractivo tanto como amigo y compañero como de popularidad sexual.

Sin embargo no creo que las chicas tengan una adolescencia más tormentosa que los chicos, el problema de las chicas es que tienen los problemas que tienen por ser chicas y los problemas que tienen los chicos si juegan en su liga.

Y hay muchos que se caen por las grietas del atractivo. No es de extrañar que las redes como Instagram donde ellas se ofrecen al mejor postor con sus culos y tetas depriman a aquellas que no tienen nada que enseñar y que acaben convenciéndose de que carecen de valor sexual y pasarse al otro lado. No deja de ser curioso que el feminismo no haya podido convencer a las muchachas de que no es necesario ser perfecta fisicamente para ser tan mujer o a los chicos de que no es necesario ser un as en los deportes para ser tan hombre como John Wayne.

Esos estereotipos eran para nuestros abuelos, el problema es que el feminismo no ha combatido los estereotipos sino la masculinidad misma y sobre todo la maternidad que sigue siendo el chivo sacrificial de la identidad femenina.

El malestar de las muchachas

Hace pocos días me invitaron a un foro de esos donde el organizador lleva a un profesional añoso, ya retirado como yo que sirva de contrapunto a las ideas de otros miembros más jóvenes a fin de que surja -como se dice ahora- un debate sabroso. El tema era la salud mental así en general, de manera que aproveché la primera pregunta que me hizo en organizador para centrar el tema, que no era otro sino en qué han cambiado las patologías mentales -las de entonces- comparándolas con las de ahora.

Les dije que en mi opinión, el dato más preocupante y al mismo tiempo más fascinante desde el punto de vista de la investigación era la explosión de trastornos mentales en la infancia-adolescencia. Preocupante sobre todo, era la enorme cantidad de niñas (y digo niñas por no hablar de menores) que presentan patologías severas que años atrás o bien no se conocían (o eran muy raras) o bien se producían en los adultos. Se trata de niñas de la ESO es decir de educación secundaria, que en nuestro país abarca las edades de 13-16 años. De manera que ha habido un adelantamiento, una especie de precocidad en la manera de presentarse los problemas psiquiátricos y psicológicos y al mismo tiempo tenemos la impresión de que estos problemas en gran parte se «contagian» y más que eso: tienen más que ver con el modelo de sociedad en el que viven estas muchachas que en causas que pudiéramos llamar intrapsíquicas. Dicho de otro modo, se trata de problemas más contextuales que morfológicos, mas sociodependientes que psicodependientes y donde sin embargo la psicologización de nuestra sociedad tiene mucho que ver con su aparición y los conceptos que manejan los pacientes, aprendidos de memoria, de un modo dogmático.

«Yo lo que quiero es estar bien conmigo misma»

«Soy un hombre atrapado en un cuerpo de mujer»

Obsérvese cómo estas frases contiene no poco de esa psicología pop -en realidad metafísica- que circula por las redes y que suelen decir las chicas que padecen un trastorno alimentario o aquellas que sienten disconformidad con sus cuerpos y se identifican como trans, una vez han decidido que lo que les sucede es que su esencia no coincide con su cuerpo sexuado.

Como el lector sabrá este problema ha explotado recientemente y el lector puede leer este post sobre el libro de Abigail Shrier, donde podrá ponerse al día del fenómeno.

Pero si pongo el ejemplo de los TCA y del fenómeno trans es porque estoy convencido de que se trata de fenómenos emparentados, se contagian ambos y además -entonces no lo sabíamos- los TCA son la punta del iceberg de una serie de malestares de las muchachas en nuestro tiempo. Una forma de vehiculizar malestares inespecíficos.

La siguiente pregunta que me hizo el entrevistador fue esta: ¿Y a qué se debe ese malestar?

El escape de la femineidad.-

Naturalmente existe una continuidad entre lo que pasa hoy y lo que pasaba hace unos 10-15 años. Entonces lo que sucedía era algo invertido a lo que pasa hoy. Había muchos chicos que sentían que no encajaban en los modelos masculinos y llegaban a la conclusión de que eran homosexuales. Lacan habló de un empuje hacia la mujer (la puissance a la femme), es decir una atracción por lo femenino que no se manifestaba en una atracción física sino en una identificación con lo femenino muchas veces convertido en farsa. Este fenómeno no ha desaparecido sino que se ha normalizado al mismo tiempo que la conducta homosexual ha pasado a formar parte de «lo normal y aceptado» en una sociedad.

Del mismo modo, en los problemas de disforia de género había un predominio de chicos que iniciaban su transito a chicas, si bien la casuística era muy baja, tanto que solo he visto dos casos en mi vida. Sin embargo en los últimos años se ha invertido la prevalencia y las chicas son mayoría tanto que Suecia que fue pionera en estos tratamientos de transición de genero ha levantado todas las alarmas al declarar que en los últimos diez años las consultas y peticiones de transición de género han aumentado de forma espectacular, un 1500% en niñas de 13-17 años.

Naturalmente este fenómeno está emparentado con la prevalencia de los trastornos alimentarios con una diferencia: estos trastornos son considerados trastornos y reciben atención médico-psicologica mientras que la disforia de género o demandas de transiciones en esta población no son consideradas patologías y reciben un tratamiento afirmativo, tal y como podemos ver en este post sobre la disforia.

En mi opinión estamos asistiendo a un escape de la femineidad en estas niñas que se manifiesta de este modo y aunque hay autores que lo achacan a una masculinización de las niñas –Lola Lopez Mondejar habla del modelo Tinder y la adopción por parte de las chicas del «one night stand«- pero yo creo que es algo más profundo, un malestar que roza un vacío: ¿Qué es una mujer?

Y lo cierto es que no existe un modelo atractivo de mujeres para las niñas que han de escoger – una vez liquidada la identificación maternal- entre la mujer «empoderada», para las que la mayor parte de ellas no están preparadas o la «mujer florero» que enseña las nalgas en Instagram, algo a lo que la mayoría de chicas ni pueden acceder y probablemente tampoco quieran. Mientras tanto las feministas siguen empeñadas en combatir los estereotipos de genero, pero parece que están más interesadas en combatir los modelos masculinos que los de ofrecer a las muchachas un modelo atractivo que incluya la función social de la mujer que sigue siendo la maternidad: el eje vertebral de la sociedad.

En el citado debate que mantuvimos sobre las causas del malestar me gustaria destacar la clase de argumentos predominantes: los que sitúan la causa en los hombres o el patriarcado o el machismo, la desigualdad y etc. De entre ellos me gustaría citar algunas perlas:

-«Porque ser mujer es ser esclava de una opresión».

-«Los hombres no nos tratan como iguales, yo tardé mucho tiempo en darme cuenta de ello».

– «Las miradas de los hombres me ponen enferma, gente que podía ser mi padre o mi abuelo me miraban de un modo asqueroso».

-«O eres objeto o eres víctima».

-«La femineidad no es practica».

-«La femineidad es como quieren los hombres que sean las mujeres».

-«Porque ser mujer es incomodo, tacones, prendas apretadas, peluqueria, cosmeticos, sostenes», etc.

Bueno, la mayor parte de las opiniones que recibí proceden de estos ámbitos que podríamos llamar casi traumáticos, la visión de las relaciones en forma de opresión, las miradas indiscretas, la victimización, etc. De tal forma que siguiendo ese protocolo casi que lo mejor seria que chicos y chicas hicieran la ESO de forma segregada. ¿Mejoraría esta segregación la situación de las niñas? No lo creo, pues la mayor influencia de una niña son las otras niñas y no los niños.

Lo importante es señalar que estas respuestas son de mujeres adultas, no proceden de esas niñas que sufren ese tipo de problemas que más arriba dibujé, de manera que no tenemos más remedio que especular y hacerlo teniendo en cuenta de forma simétrica lo que les pasa a los chicos de hoy que también presentan ese desquicio -aunque manifestado de otras formas- trataré ahora de dar mi opinión sobre la procedencia de este malestar:

La hiper-psicologización.-

Una de las características de la crianza de hijos actual en las sociedades opulentas, es la idea de que cualquier malestar, enfado, discrepancia, sufrimiento, comparación o conductas inapropiadas de nuestros hijos son debidos a una patología. Los padres actuales están muy involucrados en la crianza de sus hijos y no toleran la mínima adversidad en su trato ofreciendo continuamente explicaciones psicológicas a su malestar y consultando todo tipo de especialistas en edades muy tempranas. Hay un horror al TDH, a los trastornos del aprendizaje o del espectro autista, al bajo rendimiento escolar o a los deficits de crecimiento y maduración de los niños. Los padres aspiran a que sus hijos sean felices y que tengan éxito, sobre todo éxito. Estas niñas con frecuencia no hay tenido escarceos sexuales, ni se han masturbado nunca y por supuesto no fuman. Sin embargo son capaces de declararse del otro sexo sin saber muy bien cómo llevar adelante su propio proceso de identidad o bien iniciar una dieta sin tener en cuenta las consecuencias y negando sus efectos sobre su salud.

La identificación negativa con la madre.-

Las niñas no quieren ser como su madre, cada una de ellas por una razón. Y ninguna de estas niñas se plantea ser madre y no dudan en castrarse (La anorexia es una forma de anovulación natural), o bien transicionar de género no tanto para ser hombres sino para dejar de ser mujeres. Parece que el contagio es la forma que puede explicar este aumento explosivo de casos en ciertas sociedades.

El contagio procede de la socialización.-

Los chicos y las chicas tienen distintas formas de socializar pero tanto para ellas como para ellos, ser aceptados por el grupo es vital.

Para una niña de esta edad es muy importante ser miembro de un grupo. ser aceptada por él y evitar la exclusión. es vital para todos los niños esa aceptación pero para las niñas lo es aun más.

Lo cierto es que el contagio es más potente en ciertos sexos (el femenino) y en ciertas edades (la adolescencia) y los psicólogos que estudian la influencia de pares se preguntan porque la histeria por ejemplo se contagia y se propaga tan fácilmente entre las muchachas. Amanda Rose ha estudiado este fenómeno y explica: «A diferencia de los chicos cuando escuchamos a las chicas hablar entre sí es mucho más probable que respondan con declaraciones de validación y apoyo más que con cuestionamientos». Las chicas socializan hablando, hablan de sus cosas, construyen relatos pormenorizados de su vida interior, pero no solo eso sino que encuentran en sus oyentes justificaciones para seguir sintiendo lo que sienten. Por esta razón las adolescentes son más propensas a asumir la depresión por la que está atravesando una amiga y a deprimirse ellas mismas.

A Amanda Rose le debemos el concepto de co-rumia que ha detectado en las relaciones entre pares femeninos. Se trata de la discusión excesiva de una dificultad, una especie de sobrecalentamiento argumental de un problema, lo que hace que las relaciones entre chicas sean más fuertes y sobre todo más peligrosas a la hora de asumir las dificultades de la otra.

Otro fenómeno descrito por la Dra Rose es la persecución excesiva de consuelo y la búsqueda de retroalimentación negativa en la que alguien mantiene una sensación de control al procurar confirmar con los demás su baja autoestima. Hay que recordar ahora que la mayor parte de las personas necesitan mantener el control sobre sí mismas y la conducta ajena y que siempre será preferible sentirse culpable o con una autoestima baja si no se pierde el control.

Y no cabe ninguna duda de que la anorexia mental es un ejercicio de control radical. Mantener el control de la situación es muy importante para las chicas.

La rivalidad intrasexual.-

La rivalidad intrasexual es una variable que procede de la psicología evolucionista y a la que se le da muy poco valor en los estudios psicológicos o sociales sobre estos problemas que abruman a la población adolescente. Hay que recordar ahora que una niña cuando sale de Primaria y se integra en la Eso transiciona de un entorno maternal a un entorno donde ha de vérselas no solo con compañeros y compañeras de su misma edad sino también con todos los que son mayores que ella. A los 13 años puede empezar a sentir los dardos de los chicos sobre su cuerpo, las burlas sobre su peso o la crueldad con todo aquellos que la estigmatice, sea peso, acné, ropa, tetas, psoriasis, orejas de soplillo, etc.

Cualquier cosa que la señale tiende a estigmatizarla, del mismo modo sucederá si es la más guapa, o la mas fea, la más popular o la más desvergonzada, la «empollona» o la retraida. Los grupos siempre presionan hacia la mediocridad (el termino medio) y se trata de un hecho que sucede no solo en las chicas sino también en los chicos.

Pero lo importante es señalar que la exclusión procede del grupo de iguales, es decir son las chicas las que excluyen a las chicas y lo hacen movidas por la rivalidad intrasexual.

Para una adolescente ser aceptada por el grupo y al mismo tiempo ser atractiva para el sexo opuesto es más que un deseo comprensible, es vital, una cuestión de supervivencia cuyos aprendizajes cada vez más precoces y relacionados con el galanteo y el apareamiento tienen un singular parentesco con los desordenes alimentarios. Algunos autores como Abed han llegado a proponer la hipótesis de que la competencia sexual entre mujeres es la causa de los trastornos alimentarios.

Una forma de desbordamiento que procede de la incapacidad de mantener sinergias entre dos deseos aparentemente contradictorios: ser aceptada por el grupo y ser atractiva.

Naturalmente el tema no está resuelto pues la complejidad de las relaciones junto a los malestares que proceden de la propia familia forman un entramado de causas y efectos circulares que oscurecen la realidad de cada caso. Lo importante es comprender que cada niña es un caso único y aunque con fines de investigación hablemos de los malestares de las muchachas, es obvio que el grupo de iguales tiene a su vez varios subgrupos, por ejemplo no es lo mismo las chicas que tienen exito con los chicos y que gracias precisamente a ese éxito son capaces de construir complicidades con las menos atractivas.

¿Quién no ha sido o ha querido ser amiga de la guapa de la clase?

Pero al final la suerte de la fea la guapa la desea.

Si llegas a los 18 sin traumas escolares graves podrás empezar a madurar.

Y madurar significa darse cuenta de que tu malestar es utilizado políticamente en tu contra.

La metasexualidad

La libido es masculina (S. Freud)

Terminé el post anterior con una pregunta: ¿Es la sexualidad femenina la misma (similar o parecida) que la sexualidad del hombre?

También he hecho una miniencuesta en twitter para preguntar al personal sus opiniones. Como podemos ver en los resultados, todos más o menos estamos de acuerdo en que la sexualidad masculina y la femenina son diferentes.

La pregunta del millón viene ahora: ¿En qué son diferentes?

Vamos a ver primero en qué consiste la sexualidad masculina, la verdadera sexualidad al decir de Freud y al mismo tiempo innata, lineal y predecible. Funciona más o menos así: estimulación-excitación-erección-penetración-eyaculación-periodo refractario-relajación. Nótese que esta secuencia con más o menos exactitud se reproduce de esta manera en todos nosotros los hombres, si bien caben algunas modificaciones:

1.- Puede haber erección sin estimulo previo, siguiendo el volcado pulsátil de la testosterona o las simples ganas de orinar, algo que nos sucede a los hombres cuando despertamos. La erección puede terminar sin eyaculación, lo que conocemos como calentón y que pagamos en la senectud con una próstata bien hipertrófica.

2.-Puede haber excitación y erección pero fracaso en la penetración por perdida de la erección. Es la escena más temida por los hombres, el conocido «gatillazo» que es según el DSM una patología llamada «trastorno eréctil», o algo así.

Nunca me he parado a pensarlo ni creo que se haya estudiado el asunto pero está por hacer un trabajo cuantitativo que cuente las horas en que el hombre medio pasa con el pene erecto sin ningún futuro, se trata de una historia de tribulaciones. Nos llevaríamos una sorpresa. Lo cierto es que la sexualidad masculina no tiene ningún secreto, se trata de una sexualidad codificada, un tanto miserable, vulnerable, hidráulica y en cierto modo mecánica e insípida y sin embargo necesaria, ha de llevarse a cabo sí o sí.

La mayor parte de las personas que me contestaron individualmente a la encuesta referida están de acuerdo en que la sexualidad masculina es más física mientras que la femenina es más emocional, sea lo que sea que eso signifique. Otros dicen que es más contextual y otras aseguran que lo que más les importa es el deseo que implica estar con alguien especial, alguien que se desea, lo cual no deja de ser una tautología, aunque lo cierto es que el amor es una tautología, ha de ser con éste y no con aquel. Dicho de otra forma, la mayor parte del personal adoctrinado por una sexología conductual tipo Master y Johnson podrían aceptar aquella vieja idea de que no hay mujer fría sino hombre inexperto. Y es verdad que las mujeres pueden desarrollar una sexualidad muy parecida a la de los hombres renunciando -claro está- a la sexualidad que les corresponde, la femenina.

Y en qué consiste la sexualidad femenina.

La sexualidad femenina es una metasexualidad.

Es importante saber que nuestras abuelas no tenían sexualidad, ni se planteaban eso, lo que sabían es cómo eran sus maridos y que las requerían sexualmente con más asiduidad que el derecho matrimonial les exigía. Las mujeres carecieron de sexualidad hasta los 60 del pasado siglo XX, hasta entonces se limitaban a cumplir con el matrimonio cómo se solía decir. Y como ellos andaban siempre erectos y se quedaban con ganas de más casi siempre, se iban de putas. Las putas han hecho un gran servicio a la humanidad al rellenar los huecos que dejaban vacíos las jaquecas maritales, aunque hay que señalar y admitir que el sexo matrimonial es muy aburrido, tanto para ellos como para ellas, que aunque ignorantes de su propia sexualidad algo debían de olerse, al menos aquellas más cultas que oyeron hablar del doble estandard.

Qué es metasexualidad.-

Si busca la definición en la wiki no encontrará nada, significa que es un neologismo que he extraído de la lectura de algunos textos psicoanalíticos y también de la lectura de Bruckner y Finkielkraut de los que ya hablé en mi post anterior, sobre todo de ese texto que titularon de una forma bastante paradójica «El nuevo desorden amoroso», y no deja de ser curioso que no lo titularan «El nuevo desorden sexual». Pero hay que leerlo para entender porque para los autores el amor es desorden, mientras que el sexo es orden, es decir código, ritual, repetición. Al menos en el hombre y/o en las mujeres que se creen portadoras de una sexualidad similar.

Para entender qué significa ese prefijo «meta», antes de sexualidad, vamos a dar una vuelta por otro meta bien conocido, me refiero a la metacognición.

Imagine que está usted en un bar con amigos charlando animadamente sobre cualquier cosa. bromean y charlan pero en un momento determinado uno de los presentes se levanta de su asiento y sin decir nada, abandona la reunión y sale del bar. Ustedes se quedan pensando que le ha pasado, comentan entre ustedes y se preguntan si el ausente se habrá ofendido por algo, tratan de averiguar que ha podido pasar. Tanto si llegan o no alguna conclusión lo que ustedes saben es que el amigo se ha enfadado por algo y se ha ido disgustado.

Eso es metacognición, también le llamamos «teoría de la mente», una inferencia sobre lo que le ha sucedido a otra persona echando mano de nuestra propia experiencia, comprensión y nuestra memoria. Una inferencia sobre lo Otro, que suponemos similar a lo propio: efectivamente todos podemos ofendernos o enfadarnos por un comentario poco sutil sobre una área delicada.

Metacognición es un conocimiento sobre nuestro propio conocimiento. Una reflexión sobre un razonamiento. Es interesante quedarse con esta palabra reflexión» que es como pasar dos veces, esa partícula «re» denota al menos dos pases.

Ahora estamos en condiciones de entender mejor qué queremos decir cuando afirmamos que la mujer no tiene sexualidad sino que es metasexual. Puede tener una sexualidad parecida a la del hombre -genital- pero no se agota en sí misma, su potencia orgásmica es inconmensurable y solo tiene un limite: el agotamiento o esa sensación voluptuosa tan parecida al sueño.

Otra de las fuentes –que Freud llamó Quelle– de los que emerge esa metasexualidad femenina, es el deseo del otro. La sexualidad masculina es visual, voyeurista, la femenina es la que se ofrece a esa mirada a través de un ofrecimiento exhibicionista, un requiebro sutil, una insinuación, algo que se vela y se desvela, pues la sexualidad en la mujer ocupa el polo negativo (pasivo) de lo escoptofílico. Estoy hablando de la mujer media claro está, ya he dicho que las mujeres pueden reproducir el modelo masculino si es que creyeron alguna vez en él, como suele suceder en los discursos feministas actuales.

Pero en realidad la metasexualidad en la mujer -al carecer de centro- puede tomar distintos caminos: algunas mujeres optan por la consagración a una tarea, otras a la maternidad de sus hijos, otras a la maternidad de su marido, otras siguen el camino de sus referencias masculinas, mientras otras optan por el modelo místico. Pero siempre en esa tarea de emparejamiento se reproduce el mismo fenómeno: el para siempre, se puede estar en pareja fusional o fisional, pero siempre es para siempre. Solo los célibes tienen abiertas todas las posibilidades del para nunca.

El lector sagaz ya habrá advertido que el amor es la deconstrucción del sexo, su decodificación, lo que convierte un ritual predecible, una secuencia de hechos mecánica en algo creativo: introducir un elemento de perturbación, sea a través del BDSM con sus repartos de dominación, dolor y sacrificio, el sapiosexualismo que es una forma de paideia postmoderna calcada del efebismo helénico, el poliamor que es el viejo harén polígamo, o de cualquier otro tipo aun por inventar hace que el sexo sea algo impredecible, algo que rompe la secuencia matrimonial de hechos donde sobrevuelan contratos reproductivos, bienes inmobiliarios y los hijos, siempre los hijos. No hay nada tan anti-afrodisiaco como los hijos pero a quien más amamos es a los hijos y añado, a los nietos.

Lo que plantean Bruckner y Finkielkraut es precisamente esta cuestión, el amor es lo que hace que la sexualidad de la mujer tenga ese más allá, algo que se añade a la sexualidad misma. Es por eso que la mujer puede ser madre, futbolista, prostituta, monja, hetaira o casta viuda con ese sobrante sublimatorio que llamamos amor.

Vale la pena leer este viejo post donde hablé precisamente de ese hiato, esa disociación, esa brecha o gap que existe en las mujeres entre deseo y excitación.

La tasa flower-power

Planteo el siguiente experimento mental, supongamos dos escenarios, usted tiene que elegir en cual quisiera vivir.

Escenario 1.– Usted tendrá todo el sexo que quiera, no habrá limites para una sexualidad desbocada, todos con todos, un orden de ordalía continua pero a cambio vivirá en una casa de 50 metros cuadrados, ganará el dinero justo para vivir aunque no trabaje: el Estado se ocupará de su manutención a cambio de trabajos puntuales.

Escenario 2.- Usted tendrá todo el dinero del mundo, podrá viajar, comer los mejores manjares, vivirá para la diversión pero a cambio no podrá mantener relaciones sexuales con nadie.

¿Cual elegiría?

Esta pregunta y también su respuesta está incluido en el texto que presento en la bibliografía.

Francesc Artigues es un economista de orientación psicológico evolucionista y un experto en diferencias de genero y lo que recomienda en su texto, después del fracaso de la monogamia y los moralismos religiosos es la aplicación de una tasa fiscal a los promiscuos, entendiendo como promiscuos a todas las personas que tengan más de una pareja. La idea fundamental de Artigues es que gran parte de los malestares sociales proceden de la hipergamia y que hoy, la única forma de luchar contra ella es a través de los impuestos, después de llegar a la convicción de que ni la moral religiosa ni la monogamia estricta prescrita por las costumbres sociales, han conseguido detener el influjo de esta costumbre que está en el origen de no pocos malestares sociales como la violencia, los abusos sexuales, las enfermedades mentales y las obsesiones corporales, la rivalidad a muerte (especialmente entre hombres y empresas) y el individualismo. Habla Artigues de que la hipergamia llevada a cabo preferentemente por las mujeres es un elemento de inestabilidad social y de desigualdad y lo peor: de desierto demográfico. Hay muchas copulas pero pocos niños y hay pocos niños porque no hay parejas comprometidas con el largo plazo y no hay parejas porque hay demasiadas oportunidades de copular.

Ahora bien, estas oportunidades para la cópula no son iguales para todos sino que dejan fuera del mercado sexual a muchos y muchas y paradójicamente aumentan las posibilidades de una minoría: los que presentan valores de pareja altos. la competencia en esos estratos es feroz tal y como ya comenté en este anterior post de mi autoría.

Los beneficiados y perjudicados por la hipergamia.-

La hipergamia puede definirse como la actividad sexual diversa entre parejas bien distintas entre las que puede existir una relación o simplemente un encuentro puntual, sin que entre ellas exista una relación de compromiso a largo plazo. Hoy este tipo de actividades sexuales basadas en el encuentro, son las preferidas por las mujeres jóvenes, o al menos son a las que benefician más directamente, pues son ellas las que en ultima instancia van a dar o no el visto bueno a la relación-encuentro casual. Pero estas relaciones están codificadas, al menos de un forma oculta. Dado que las mujeres son mucho mas selectivas que los hombres lo que podemos predecir es que:

Si eres hombre: alto, rico, de alto estatus y te encuentras en buena forma física las posibilidades de éxito pueden medirse incluso por los cm de tu altura (ver el texto de Artigues). Si eres bajito, pobre, careces de estatus social o estás en paro tus posibilidades de éxito caen a cero. Hay sabemos que existen célibes involuntarios (incels) que no han tenido una experiencia sexual en su vida a los 30 años. Es poco posible encontrar -entre las mujeres- a alguna , más allá de las solteras electivas que no hayan tenido alguna experiencia sexual a esa edad. Y es así, porque ningún hombre dirá no a las demandas explicitas de una mujer. Lo más probable es que una mujer llegue al matrimonio o a una pareja estable después de una carrera de fracasos y decepciones amorosas y sexuales mientras va descubriendo su valor de pareja, algo que hará llevando a cabo la perfomance hipergámica.

Si ya no eres joven, estás gorda, no tienes algún rasgo atractivo o alguna gracia especial pasarás a formar parte de esa base social de deshauciados, si bien tu estatus no será nunca de tan escaso valor como el de los hombres deshauciados.

La consecuencia de ello es que los hombres con alto valor de pareja acumularán un gran numero de copulas y parejas mientras los que están abajo de la pirámide irán acumulando rencor, decepciones y odio. Estos machos perdedores son los más peligrosos para las mujeres y para la sociedad en su conjunto. Pero -a su vez- las mujeres que son desplazadas por otras con mayor valor de pareja también son perdedoras en esta confrontación continua del mercado sexual y guardan de por vida un rencor invisible contra los hombres y a veces contra las propias mujeres.

Para Artigues el cobro de esta tasa es la mejor opción para soluciónar el problema de la violencia y la avaricia desmedidas (por ej. incremento de manadas, aumento de la competitividad en la empresa privada) que muestran los hombres de hoy en día a pesar de todos los esfuerzos del feminismo y las instituciones, que se han empeñado en cambiar las reglas del juego mediante la invocación de una feminización del hombre, obligándole por decreto a ser buena persona, como si ser buena persona asegurara más copulas. La verdad es que los rasgos de personalidad del hombre no aseguran el éxito entre las mujeres y por otro lado la continua invocación del machismo como entelequia que sobrevuela sobre todo el tejido social y que lo explica todo en términos de causas y efectos, es anticientífica y no tiene en cuenta la realidad de la naturaleza humana.

El texto de Artigues ha de leerse con un temple bien abierto y con cierto sentido del humor, pues aunque el diagnóstico es en su base correcto, contiene algunas lagunas a las que me referiré más abajo y sobre todo una fundamental por inaplicable: ¿Cómo se cobraría esa tasa? ¿Qué pasaría con los que mientan? ¿Serian delatados por sus parejas decepcionadas? ¿No es una propuesta algo bizarra? ¿Tan bizarra como pagar un impuesto a las personas que tengan mascotas? ¿O estas serian más fáciles de detectar?

Según Artigues las prostitutas no pagarían la tasa flower-power sí pueden demostrar que tienen una pareja estable, pero estarían los usuarios de servicios sexuales obligados a pagarla. Me parece un poco difícil pensar en que las prostitutas hagan de caja fiscal. En suma, el texto de Artigues es simpático y distraído, el tipo sabe mucho de evolucionismo y está bastante al día de los males que aquejan a nuestras sociedades hipergámicas, pero yo le aconsejaría que se documentara un poco más sobre un libro que fue escrito en 1977 por Bruckner y Finkielkraut.

Estos autores son poco más o menos de mi edad, dos boomers que pasaron su adolescencia en el Mayo Francés y que ya detectaron en su momento lo que estaba pasando. Y lo que estaba pasando en aquel momento fue una explosión sexual de los hombres, una rebelión completa contra el padre. De las barricadas a la cama, todo aquello del amor libre era una excusa para copular con las compañeras de barricada. Nosotros los hombrecillos de entonces fuimos los que impusimos a las chicas con minifalda y pretensiones fálicas nuestra sexualidad. Y la sexualidad de los hombres es miserable, insípida, liquida, pretenciosa y vulnerable. Desde entonces las mujeres creyeron que su sexualidad (que no conocían) era clavada a la nuestra, se trata de una sexualidad eyaculatoria, hidráulica, centrada en el orgasmo y en la repetición de un código. Seguidores de Reich o de Master y Johnson no cayeron en la cuenta de que Freud fue el primero en hablar de la sexualidad femenina que es una metasexualidad y que no tiene nada que ver con la sexualidad masculina. Poco psicoanálisis y mucha sexología conductual han llevado al feminismo a hacerse complices de esta idea de falización secundaria de las mujeres. Las mujeres de hoy han adquirido hasta la jerga de los hombres para definir sus perfomances sexuales, la jerga y una fisiología que ha venido a ocultar su verdadera esencia, una sexualidad no genital, sin centro. Otro tipo de feminismo está en el otro polo: el de la beatería, el feminismo protestante es mucho más beato y moralista que el europeo, sin duda.

Lo que provoca la decodificación de la sexualidad miserable es el amor en pareja -la relación- tal y como supieron ver los autores de ese libro seminal que más arriba cité. Y siendo verdad lo que dice Artigues, dentro de ese contexto histórico que he mencionado, lo cierto es que si las mujeres son más devotas de la hipergamia que los hombres lo cierto es que es por nuestra culpa: nosotros las convencimos de que copular era lo más importante del mundo, las engañamos, porque lo cierto es que el sexo no solo proporciona placer, sino también mueve afectos, identidades, autoevaluaciones y autofirmaciones. Y también, porqué no decirlo, que la Sexología haya terminado con los debates académicos que el psicoanálisis pudo haber llevado a cabo de no ser expulsado por la ciencia oficial. Hubiéramos hecho muchas preguntas que otros, desde otro lugar nos hubieran podido contestar. Como por ejemplo:

¿Es la sexualidad de las mujeres y de los hombres similar o parecida?

Bibliografía.-

30 años después: el nuevo desorden amoroso

La tesis de Francesc Artigues: