El sindrome del ala rota

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Hace algunos días leí un articulo que hablaba del extraño caso de un perro llamado “Tizón”, mastín de raza, y que unos ciclistas habían encontrado en una excursión por el monte. Al parecer los ciclistas pararon porque observaron a un perro en la carretera que parecía estar muerto. Llamaron incluso a la policía para dar cuenta del hallazgo, pero cuando describieron al animal , su raza (mastín) y su pelaje negro los agentes les tranquilizaron. Al parecer no era la primera vez que Tizón utilizaba el truco de hacerse el muerto para conseguir que le acaricien y le den comida.

Esta noticia fue viral en twitter y hubo varias personas que osaron dar su opinión sobre el caso, pero lo cierto es que ninguna de ellas sabían que es “la congelación” o “freezing” en inglés. Se trata de un truco muy histérico que algunos animales llevan a cabo para conseguir sus propósitos, sean los de ser acariciado, ser llevado en brazos (hacerse el cojo) o salir de paseo. Una técnica que es mucho más propia de los animales que del hombre, aunque como veremos más abajo, los hombres también somos capaces de congelarnos ante un peligro extremo.

Este tipo de conductas que inducen al despiste del observador fueron descritas por un etólogo llamado Nicolas Timbergen que tuvo el honor de recibir el Nobel junto a Konrad Lorenz y Von Frish en el año 1973. Lo describió con el nombre de “síndrome del ala rota” en homenaje a ciertos pájaros que anidan en el suelo y que distraen a sus depredadores cuando se hallan cerca del nido haciéndoles creer que no pueden volar. El truco consiste en algo así, como “sígueme a mi que estoy cojo y no merodees por mi nido”. Estos pájaros suelen salirse con la suya y alejar a los depredadores remontando el vuelo cuando ya han conseguido despistarles del todo.

Dicho de otro modo se trata de una conducta intencional que tiene como objetivo el engaño.

Este síndrome del ala rota ha sido utilizado como mecanismo ancestral explicativo de la histeria de conversión, si bien en nosotros los humanos este tipo de conductas siempre están infiltradas con un cierto sesgo de patología y se muestran y se codifican como involuntarias. Algo así como decir que una parálisis conversiva es y no es -al mismo tiempo- una forma de engaño y una enfermedad.

Hoy mismo ha aparecido en prensa otro articulo que plantea una seria duda diagnóstica en ciertos psiquiatras suecos que han estudiado un síndrome desconocido para ellos al que han llamado “síndrome de resignación” y que suele darse en niños refugiados sobre los que pende una orden de repatriación. Los autores del articulo del Pais se preguntan porque sucede solamente en Suecia, pero se equivocan: recientemente he visto un caso en una adolescente magrebí aquí en Castellón. Lo que ocurre es que no solemos pensar en la congelación y nos conformamos con constatar solamente la lucha y la huida como mecanismos preformados de afrontamiento del estrés.

Lo cierto es que el cuadro está a medio camino entre el coma y el estupor y no es una catatonía sino un síndrome histérico destinado a autoprotegerse sea de lo que sea. Lo más frecuente en niños es que hayan sido abusados sexualmente y que teman que se repita el abuso bien por una repetición de escenarios o bien por reencuentros con el abusador.

Los síntomas coinciden con lo que cuentan los psiquiatras suecos:”totalmente pasivos, inmóviles, carentes de tono, retraídos, mudos, incapaces de comer y beber, incontinentes y sin reaccionar ante los estímulos físicos o el dolor. A los afectados se les llama “niños apáticos”, aunque también hay víctimas adolescentes.

Todo sea por no reconocer que la histeria existe. Antes en la psicopatología clásica se llamaba “estupor”

Y no sólo en los humanos sino en los animales como Tizón.

La anomalía humana en la congelación o “freezing” .-

Poca literatura se dedica a trabajar el tema de la respuesta de congelación en la especie humana. Incluso en el caso de una amenaza muy importante es raro para un ser humano colapsarse y aparecer inconsciente sin herida física. Aunque algunas personas tiemblan y presentan ligeras sacudidas después de un evento que les produce un shock, raramente desarrollan la conducta relativamente estereotipada que se ve en animales. Por el contrario, éstos comentan frecuentemente que se sienten como si estuvieran “en shock”. Ese estado se describe como con una sensación de despegamiento, de acorchamiento emocional o afectivo e incluso de confusión. El tiempo con frecuencia parece quedarse quieto. Algunos pacientes informan que se encuentran como si estuvieran “fuera de sus cuerpos”, comentando los acontecimientos traumáticos como si los estuvieran viendo en una tercera persona.

Aunque algunos comentarán que se encuentran “llenos de adrenalina”, muchos otros comentan la sensación de sentir una calma notable. Aunque pueden haber ocurrido serias heridas, el dolor normalmente no es intenso durante este periodo, un acontecimiento en consonancia con el papel que juegan las endorfinas en la respuesta de congelación. Los psicólogos y psiquiatras se refieren habitualmente a este fenómeno con el término disociación que se define como “un proceso inconsciente por el cual un grupo de procesos mentales se separa del resto del curso del pensamiento, resultando en un funcionamiento independiente de dichos procesos y en una pérdida de las relaciones habituales entre contenidos mentales como, por ejemplo, la separación del afecto de la cognición”.

La disociación muy probablemente constituye un elemento muy fundamental de la respuesta de congelación y las personas que refieren síntomas de shock y acorchamiento emocional después de un evento traumático y exhiben síntomas de disociación, están en ese momento en plena repuesta de congelación.

De hecho, muchos de los síntomas postraumáticos que ocurren con frecuencia durante años después del trauma irresuelto son característicos de la disociación o de la recurrencia de los síntomas de congelación.

El punto más importante en este contexto es que el ser humano parece recobrarse de este estado de shock sin ninguna de las actividades muscular y física observadas en los animales cuando se recuperan del acto de la congelación después de una amenaza. Rara vez ve uno víctimas de un acontecimiento traumático agudo caerse al suelo, temblar, sacudirse o sudar recuperándose a continuación con una respiración profunda y lenta.

Uno está tentado a considerar esta respuesta como una adaptación positiva a la conducta animal básica como resultado del neocortex frontal en desarrollo que nos permite pensar, resolver problemas y planificar sin tener que estar sometidos a la tiranía del instinto más primario. Sin embargo existe una real preocupación de que en la especie humana esta aparente falta de descarga de la energía autónoma después de haber ocurrido una congelación, pueda no ser de hecho un mecanismo adaptativo funcional. En vez de ello, podría representar una peligrosa supresión de la conducta instintiva, resultando en una agravación de la experiencia traumática en la memoria inconsciente y en los sistemas de excitación y alerta del cerebro.

El proceso de culturalización de la especie humana ha resultado en un patrón creciente de vida urbana en un hábitat o confinamiento cerrado que de manera intrínseca puede inhibir la capacidad instintual de huida o de defensa de uno mismo bajo amenaza. Esto, a su vez, puede instaurar un estado de indefensión, predisponiendo una respuesta de congelación en los humanos cuando se encuentran bajo amenaza. Este mismo estado de inmensa proximidad e interdependencia cultural puede también actuar inhibiendo la descarga natural de energía autonómica de congelación en estos casos.

Una repuesta a este dilema puede residir en la observación de la conducta animal. Levine describe una conversación que tuvo con cazadores africanos. Cuando son capturados, los animales entran habitualmente en una repuesta de congelación o inmovilidad. Después de su suelta, éstos atraviesan por un repertorio de conductas típica de la descarga de congelación descrita anteriormente. Si no pasan por el periodo de sacudida y temblor, generalmente mueren después de ser soltados de nuevo al medio salvaje. Este hecho puede llevarle a uno a especular que la retención de la tremenda energía autónoma de la respuesta de lucha / huida / congelación en el cuerpo y en el Sistema Nervioso Central de estos animales les reduce su capacidad para adaptarse a las amenazas y demandas de una existencia en un ambiente salvaje.

 

Pero la respuesta de congelación es también posible en humanos y se debe a una deplección con opioides endógenos, sucede en situaciones como esos chicos suecos que han atravesado media Europa para recalar en una sociedad donde los mecanismos ancestrales de lucha/huida han sido inhibidos culturalmente.

Incluso hay autores que han tratado estos comas histéricos con naloxona (un antagonista de los opioides) con éxito.

Los psiquiatras suecos deberían leer a Bruce Perry, que en su libro “El chico a quien criaron como un perro” cuenta un caso muy parecido, si bien en ese caso había antecedentes de abusos sexuales.

Conflicto y soluciones paradójicas

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La intención paradójica es una estrategia bien conocida por los psicólogos de base comunicacional como los que surgieron de la escuela de Palo Alto en los 70. Ya era conocido que los humanos nos resistimos a cambiar de opinión, a sopesar otras posibilidades vitales y sobre todo a comprender otros puntos de vista. Freud llamó “resistencia” a una especie de armadura que nos permite salvaguardar nuestras percepciones, ideas o creencias a salvo de las opiniones ajenas. Y que tendemos a rodearnos de personas que piensan como nosotros y a demonizar moralmente a los que piensan de forma contraria.

Fue un psiquiatra bien conocido por todos nosotros –Victor Frankl- el primero en utilizar la terapia de forma paradójica. Frankl, antes de su deportación a Auschwitz fue psiquiatra en un Hospital de suicidas en Viena donde a partir de su penetrante estilo observacional comenzó a tratar a sus pacientes con una técnica poco convencional, en lugar de apiadarse de sus pacientes y sus quejas solía plantearles dilemas de claro estilo paradójico. Por ejemplo solía preguntar a los pacientes más recalcitrantes ¿Y a usted que le induce a seguir vivo? “Si, yo estuviera en su lugar ya me habría decidido”.

Naturalmente esta pregunta es desconcertante para un psiquiatra convencional pero introducía en el paciente una duda ¿Y si mi plan de suicidio no es más que una solución radical extrema? “Al fin y al cabo tengo familia, tengo algunas cosas que preservar”.

Las intenciones paradójicas son una herramienta psicologíca que también se utiliza en psicología social. Parte de la consideración de que para neutralizar una actitud negativa no hay que tomar una solución clarifinante (muerto el perro se acabó la rabia) sino que a veces la oposición de una idea de signo contrario no hace sino enquistar el conflicto o hacerlo más radical. Algunos autores proponen tanto en la clínica como en los grupos sociales lo que definen como modelos de intervención paradójica y que consisten en 1) delimitar a quien va dirigido el mensaje, usualmente a los que proponen soluciones duras (los halcones) o los equidistantes y 2) Invitarles a seguir radicalizando sus posiciones y 3) Atribuir esta necesidad de radicalidad a cualquier otra cosa que no esté bajo el control del halcón. Por ejemplo invitar a un grupo radical a seguir siéndolo y a no ceder un palmo de terreno en aras de un beneficio a toda la comunidad, mantener un ejército poderoso por ejemplo.

Usualmente llamamos conflictos irresolubles a aquellos que se mantienen en forma de opiniones y actitudes polarizadas y bastante extremas, un ejemplo es el conflicto palestino-israelí, un conflicto que parece no tener fin y que separa a ambas comunidades en una especie de jaula ideológica que tiende a mantener las posiciones iniciales de forma perpetua. Gran parte de estos conflictos se deben a la convicción de ambas partes de tener razón, un ethos de la guerra, es decir en estar investidos de una superioridad moral que deja a los contrincantes en una especie de limbo moral. El nosotros-ellos es la variable critica de este tipo de conflictos que solo pueden resolverse a través de la ecuanimidad.

La ecuanimidad es la capacidad de poder integrar la parte de razón que tienen los que piensan de una forma distinta a la mía. No es neutralidad o equidistancia como se llama ahora, sino una posición ética que no renuncia a las creencias propias. El ecuánime se manifiesta pero es capaz de dialogar con aquellos que sostienen ideas o creencias bien distintas a la suya. El neutral simplemente se protege para no ser alcanzado por el fuego cruzado.

Acaba de publicarse un articulo del cual he extraido algunos párrafos porque se trata de un estudio de campo que se llevó a cabo precisamente en Israel inmediatamente antes de las ultimas elecciones. Los autores aseguran que su intervención hizo que los halcones perdieran en favor de las palomas y que más que eso: se cambiaran algunas actitudes creenciales con respecto al adversario y que este cambio fue permanente en el tiempo. Dejo aqui el articulo en cuestión para que el lector pueda leer los detalles de esa investigación

En las sociedades involucradas en un conflicto insoluble, existen fuertes barreras sociopsicológicas que contribuyen a la continuación e intratabilidad del conflicto. Basado en un estudio de campo único realizado en el contexto del conflicto israelí-palestino, ofrecemos una nueva vía para superar estas barreras al exponer a los participantes a una campaña de intervención paradójica a largo plazo que expresa ideas extremas que son congruentes con el espíritu compartido de conflicto. Los resultados muestran que la intervención, aunque contraintuitiva, llevó a los participantes a expresar actitudes más conciliatorias con respecto al conflicto, particularmente entre los participantes con orientación política de centro o derecha. 

Más importante, la intervención incluso influyó en los patrones reales de votación de los participantes en las elecciones generales israelíes de 2013: los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por partidos moderados, que abogan por un resolución al conflicto. 

Con base en estos resultados, proponemos una nueva capa para la teoría general de la persuasión basada en el concepto de pensamiento paradójico. Los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por los partidos moderados, que abogan por una resolución pacífica del conflicto. Estos efectos fueron de larga duración, ya que los participantes en la condición de intervención expresaron actitudes más conciliatorias cuando fueron reevaluados 1 año después de la intervención. 

Dicho de otro modo: no se puede combatir la irracionalidad desde otra irracionalidad de signo contrario, tampoco sirven las soluciones racionales porque carecen de la potencia emocional de lo irracional. De modo que solo nos queda una solución para enfrentar la irracionalidad: a través de una irracionalidad extrema pero del mismo signo.

¿Nos enriquece la diversidad cultural?

Diversidad-Cultural

Robert Putnam es un sociólogo y politólogo, profesor de la universidad de Harvard, especialista en temas de confianza social, actitudes cívicas y sobre todo acuñando un concepto, el de capital social, un concepto interesante que está muy relacionado con lo que nosotros llamamos “apoyo social” y que sabemos que tiene mucha relación con la evolución de ciertas enfermedades.

Entiende Putnam que capital social es:

Los beneficios colectivos o económicos derivados del trato preferencial y la cooperación entre individuos y grupos. Aunque las diferentes ciencias sociales enfatizan diferentes aspectos del capital social, tienden a compartir la idea central “que las redes sociales tienen un valor”.Así como un destornillador (capital físico) o una formación universitaria (capital cultural o capital humano) pueden aumentar la productividad (tanto individual como colectiva), los contactos sociales afectan a la productividad y convivencia de las personas y los grupos. Así, el capital social de una sociedad en concreto, sería la capacidad de generar bienestar de forma coordinada con las personas que rodean a uno y forman parte de su comunidad, bien sea colaborando en procesos sociales (como la política u organismos caritativos o culturales) que tengan impactos positivos, o por la capacidad de respetar las zonas comunes, la propiedad, la integridad física, el respeto a tus semejantes derivadas de la confianza y la integración y cohesión del grupo social.

En su investigación de más de cinco años  Putnam, halló (a su pesar) que la inmigración y la diversidad étnica tenían un devastador efecto a corto y medio plazo, influenciando negativamente el Capital Social, el tejido asociativo, la confianza y vecindad que crean y sostienen las comunidades. La inmigración y la diversidad no solo reduce el Capital Social entre los distintos grupos étnicos, sino en el seno de los grupos mismos.Así, la confianza, incluso entre miembros de un mismo grupo étnico o raza es menor, el altruismo y la cooperación más escaso, e incluso el número de amistades y el tiempo que se pasa con ellas disminuye. Putnam declaraba que “a corto plazo, cuánto más diverso étnicamente es el barrio en que vives, más todos nosotros tendemos a agazaparnos, retirarnos de la vida social, y cuando digo todos, me refiero a todos nosotros”.

Me refiero a los negros y los blancos,los asiáticos y los latinos, todos nosotros. A mayor diversidad étnica del grupo que nos rodea, en nuestro barrio, menos confíamos en nadie, incluyendo a las personas que se parecen a nosotros. Los blancos confían menos en los blancos y los negros confían menos en los negros, en entornos más diversos .El problema, no es tanto en sí el conflicto étnico, o relaciones raciales problemáticas, sino la desaparición de la confianza en sus vecinos en las instituciones públicas, el retiro de la vida social, y el aislamiento de los individuos. Las personas que viven en zonas étnicamente diversas:

  • Son menos propensos a tener confianza en el gobierno local.
  • Los líderes locales y los medios de comunicación local.tienen menor creencia en que pueden influir en la política se inscriben en menor proporción para votar, aunque tienen un mayor conocimiento general de los asuntos públicos.
  • Es menos probable que crean que otros colaborarán cuando sea necesaria la acción colectiva, colaborando asimismo ellos menos también.
  • Menos expectativa de cooperación con otros para resolver dilemas de acción colectiva (por ejemplo, el ahorro voluntario para aliviar la escasez de agua o energía por problemas en la distribución).
  • Disminuye el trabajo en proyectos comunitarios o voluntariado.
  • Tienen menos amigos cercanos.
  • Pasan más tiempo viendo la televisión, y reportan en mayor proporción estar de acuerdo con la frase: “la televisión es mi más importante forma de entretenimiento”.
  • Reportan menos felicidad y una menor calidad de vida.

Putnam tomó en cuenta las dos escuelas de pensamiento dominantes en el estudio social de la diversidad étnica y racial: la hipótesis del “contacto” y la teoría del “conflicto”. Bajo la hipótesis del “contacto”, pasar más tiempo con gente de otros orígenes conduciría a una mayor comprensión y armonía entre los grupos (integración). Bajo la teoría del “conflicto”, la proximidad produciría tensión y discordia. Aunque reconoce que la mayoría de estudios empíricos parecen favorecer como correcta en la mayoría de las ocasiones la teoría del “conflicto”, expone que no solo en ambientes de gran diversidad tendemos a juntarnos aún más con “los nuestros” (sirvan como ejemplo los fenómenos de White flight, gentrificación y guetos), sino que, consistentemente según las observaciones, también disminuye el contacto incluso entre gente de la misma etnia.También descubrió que las comunidades con mayor diversidad tienden a ser más grandes, tener un mayor diferencial en los ingresos (más brecha entre ricos y pobres), mayores tasas de criminalidad, y que hay más movilidad entre sus habitantes (tienden a mudarse más), todo ello relacionado con la diversidad étnica más que con ningún otro factor, consistentemente en todas las comunidades estudiadas. Todos éstos factores por si mismos deprimen el Capital Social independientemente de cualquier impacto étnico que la diversidad pudiera tener; siendo otro factor más a sumar.Este patrón se repitió en las 41 localidades estudiadas, desde grandes ciudades como Los Ángeles, Chicago, Houston y Boston a las pequeñas Yakimaen Washington, zonas rurales de Dakota del Sur, y de las montañas de West Virginia. En las diversas San Francisco y Los Angeles, alrededor del 30%de las personas dicen confíar mucho en sus vecinos. En comunidades étnicamente homogéneas en las Dakotas, la respuesta es del 70 al 80%.

Dicho de otra manera la diversidad tiene efectos devastadores en lo que Putnam ha llamado “capital social”, que es un intangible de gran importancia en la cohesión o cooperación entre los grupos sociales.

Putnam que es un “progresista” se sintió muy afectado por la polémica que sus hallazgos iban a tener y por la misma cualidad de los mismos  opuestos a su manera de pensar la integración. Pero no tuvo mucho tiempo para preocuparse pues:

Incluso a día de hoy, la narrativa oficial de la Universidad de Harvard, incluyendo los muchos asesores políticos en la administración Obama (y anteriores), grandes figuras de los medios y altos funcionarios que estudiaron allí, y que influencian la opinión pública y las políticas sociales de mediomundo, hacen oídos sordos a sus propios hallazgos, y promueven la diversidad como algo positivo. O peor aún, lo hacen ocultando datos a sus colegas investigadores. El buenismo sigue ganando.

Los hallazgos de Putnam dispersos en distintos artículos pueden consultarse en esta web

La masculinidad tóxica

“No dejes que te engañe tu cerebro, Kev, con todos esos exámenes que no te dejan ver la realidad. Solo hay una diferencia entre tú y yo: Yo lo quiero y voy a por ello, tú lo quieres y no vas a por ello”
“Estás asustado Kev, tienes miedo. Tienes miedo de todo, lo veo en tus ojos. Miedo de las consecuencias. Miedo de que te cojan. Miedo de lo que pensarán. Miedo de lo que te harán cuando vengan a llamar a tu puerta. Tienes miedo de mí”
“Mírate. Tienes razón, tú estás fuera y yo estoy aquí dentro. Pero…¿quién es libre, Kev? Libre de verdad, quiero decir. ¿Tú o yo? Piensa en ello esta noche. ¿Dónde están los barrotes de verdad Kev? ¿Ahí afuera ?( señala la ventana). ¿O aquí dentro? ( y se toca la sien). (De la entrevista a un psicópata, Kevin Dutton).

Aquellos que hayaís leído este libro de Dutton ya sabreís como piensan los psicópatas y también habreís comprobado sus habilidades para conseguir lo que desean, dado que apenas tienen emociones y carecen de empatía caliente son capaces de cualquier cosa. Carecen de inhibiciones morales o sociales y solo se mueven a expensas del principio del placer. Pero no todo es negativo en ellos, hay algunas características de su personalidad que les hacen deseables como compañeros. Imaginaros en guerra con un psicópata como compañero en una trinchera. Aquí en este post hablé precisamente de ciertas dimensiones de su personalidad que son ideales para tiempos de guerra por su escasa reactividad al miedo.

No cabe duda de que existen formas extremas de la masculinidad y también de la feminidad que son tóxicas. Los psicópatas descritos por Dutton son una buena parte de ellos, sin embargo no todos los varones ni las mujeres tóxicas son psicópatas. Estos solo representan los extremos de las alas donde se dispersan los casos más graves o supertóxicos.

Existe en nuestro entorno una proliferación de escritos sobre esta patología extrema, vídeos en youtube donde abordan todos estos supuestos en clave de narcisismo y algunos otros bienintencionados que suelen titularse de este modo ¿Cómo detectar la toxicidad de tu pareja? y cosas así.

Este post viene inspirado por la lectura de otro post de Justin Murphy y traducido por Cultura 3.0 y que se titula “Feminismo y masculinidad supertóxica“. Murphy plantea en su articulo un tema muy interesante sobre todos los demás: que la proliferación de masculinidades supertóxicas procede del hecho de que los varones normales han sido domesticados dejándoles el campo expedito a los más tóxicos de ellos.

Basándose en dos personajes como Mc Affe o Trump, Murphy plantea que:

La hipótesis que quisiera proponer es que esta domesticación social de las tendencias masculinas ha hecho que nuestra sociedad sea más vulnerable a los raros casos de hombres que escapan al filtro del oprobio social. La vida de John McAfee es un caso de estudio de este problema. ¿Por qué la pacificación social de la que una vez fue una masculinidad moderada y popular empodera las formas virulentas de masculinidad violenta? Muchos izquierdistas creen que pacificando a la gran masa de hombres se conseguirá hacer variar toda la distribución de la conducta masculina, bajando el listón de lo malo que pueden llegar a ser los peores hombres. Diría que este es el modelo mental dominante en la mayoría de los guerreros por la justicia social, porque es la imagen básica que procede de la educación en las artes liberales de hoy.

El problema es que cuando la base de la expresión de dominio masculino se mantiene por debajo de su tendencia orgánica, definida simplemente cómo lo que los hombres harían en ausencia de campañas culturales que se lo impidan, esto hace que se incrementen las ganancias potenciales de aquellos que se atreven a ejercerlo, puesto que hay más recursos para dominar precisamente en la medida en que hay menos hombres para contestarles. Esto no sólo hace que aumenten las recompensas disponibles, sino que disminuye el riesgo de competir por ellas, en la medida en que hay menos ocasiones de ser derrotado por un macho igualmente agresivo, o incluso de encontrarse con competición costosa, en comparación con la que existiría en un mundo con muchos excesos masculinos locales, pero de carácter menor. También podríamos aducir un efecto de “vigilante oxidado”: A través de la domesticación de los hombres a lo largo del tiempo, la mayoría de la gente se vuelve olvidadiza con respecto a lo que los hombres genuinamente peligrosos son capaces de hacer, disminuyendo la probabilidad o la velocidad con la que los machos domesticados podrían despertar de su letargo.

¿Quién es más machista? ¿Este hombre?

 

Esta idea es profundamente evolucionista y creo que es verosímil si tenemos en cuenta el proceso de domesticación que ha sobrellevado la especie humana y más profundamente el sexo masculino. La domesticación es una hipótesis de Wrangham de la que hablé aquí y que viene a explicar que en nuestra especie la docilidad ha sido seleccionada positivamente por la selección en este caso sexual. Habrían sido las mujeres las que hubieran presionado selectivamente para disminuir la agresividad masculina y las sociedades en su conjunto a través de lo que Frost ha llamado “pacificación genética”. Muy resumidamente significa que dado que la agresividad y otros rasgos de la personalidad relacionados con el crimen tienen un componente genético y hereditario, y que el Estado ha ejecutado/encarcelado sistemáticamente a los elementos más proclives al crimen durante siglos, (perjudicando así a su éxito reproductivo), ha habido un proceso de “pacificación genética” por el que los humanos hoy somos menos violentos. No cabe ninguna duda de que la agresividad tiene un origen genético, el más conocido es el alelo del gen MAO A. aunque es muy probable que no sea el único gen implicado en las conductas violentas.

¿O éste?

 

Si la teoría de Murphy fuera cierta explicaría porque Trump nos parece mas machista que Trudeau o que Macron. La clave es que unos parecen más machistas que otros que simplemente lo disimulan, es decir disimulan sus deseos de dominio. Si atribuimos la agresividad a la testosterona resulta difícil entender que las motivaciones de Trump sean distintas a las de Trudeau o Macron. Todos ellos son machos alfa, fascinados por el poder, motivados para la competitividad, la poliginia y el dinero , los valores de todas las masculinidades tanto las normales como las tóxicas y sin embargo Trump nos parece el más “machista de todos ellos” aunque probablemente lo es o al menos lo exhibe públicamente quizá para romper este estereotipo.

Pero el problema tal y como lo plantea Murphy no es construir una escala de machismo sino ¿quien se les enfrentará? Efectivamente, solo un hombre puede enfrentar a otro hombre pues la masculinidad no nos viene de serie sino que se legitima por parte del grupo de hombres que constituyen el grupo social en que nos desenvolvemos. Muchos de estos hombres extremos suelen dedicarse a las finanzas, pues el dinero es el refugio de hombres tóxicos que sustituyen el poder político por el poder del dinero. Trump en este sentido es un caso inédito pues la mayor parte de los políticos actuales se desenvuelven en sociedades matrifocales donde el gusto por los hombres tipo Johnny Depp es superior a los biotipos John Wayne o Kirk Douglas que parecen haber perdido gran parte de su atractivo potencial. Clint Eastwood es una excepción pero se trata de un modelo en extinción. Para tener éxito político un varón de estas características ha de disimular y aparecer como un personaje grácil que defienda los intereses de los lobbyes feministas y que no de demasiado miedo.

Y este es el problema según defiende Murphy. Aquellos hombres que se les podrían enfrentar no están por la labor de hacerlo al haber sido domesticados hasta el paroxismo.

Solo un hombre puede darle miedo a otro hombre y mantenerlo a raya.

Bibliografia.-

El cerebro domesticado

¿Es la homosexualidad o la promiscuidad lo que causa rechazo?

orgullo gay

Partiremos de la base de que la homosexualidad causa rechazo moral, no en vano se trata de una conducta que está prohibida aun en 126 países ¿Pero por qué la homosexualidad, -que es una actividad privada y de alguna forma innata- causa tanto rechazo?

En este post voy a utilizar como guía un reciente articulo de Jesse Marzick publicado en psychology today y dónde el autor plantea una hipótesis muy interesante a recordar para todos aquellos que están comprometidos en la normalización de la causa homosexual.

La primera respuesta que nos viene a la cabeza y a la que Marzick presta atención es a la causa religiosa. Efectivamente las religiones (sobre todo las monoteístas) condenan la homosexualidad y por extensión el rechazo hacia los homosexuales es mayor en las personas religiosas que en los ateos o agnósticos. Existe un perfil de conservadurismo- religiosidad que nos puede dar ciertas pistas acerca de este rechazo, en cualquier caso se trata de una causa que afecta a los grupos humanos y no tanto a los individuos concretos y como novedad os revelaré que el mito que relacionaba la homofobia con la homosexualidad latente es falso. Los homofóbicos no son homosexuales escondidos en el armario tal y como cuenta el mismo Marzcick en este articulo. 

La mayor parte de la gente cree que las religiones son una forma de mantener contacto con lo desconocido, con Dios por así decir, pero en realidad las religiones (me refiero a las monoteístas) nacieron para cohesionar a los grupos y hacerlos mas cooperativos y laboriosos. De tribus dispersas que guerreaban entre sí por los recursos y las mujeres, consiguió Abraham unificarlas y lo hizo a través de la invención de un Dios único que de alguna manera venia a agrupar y reunir los cultos individuales de cada una de esas tribus y llevarlas en cierto modo hacia la cohesión social.

Yahvé era un Dios vengativo, que prohibía la idolatría e incluso que se le pudiera nombrar y se comunicaba con los hombres a través de un texto sagrado. La invención de un Dios único creó un pueblo: el hebreo que al principio practicaba la poligamia pero que poco a poco fue entrando en vereda por así decir, (más abajo veremos las ventajas de la monogamia). Con esta política social Abraham y sus descendientes consiguieron cohesionar esas tribus dispersas que estaban dispersas precisamente por sus respectivas culturas etnocéntricas, con distintas religiones, idiomas, cultos y costumbres que operaban como barreras geográficas e impedían la libre circulación de ideas y materias (sobre todo ganado). Abraham inventó una forma de liquidar el aislamiento tribal.

De manera que los grupos humanos tienen una serie de coerciones sobre las conductas individuales, una de estas coerciones-prohihibiones, es el robo, otra el asesinato. La conducta sexual y la conducta alimentaria (en otro orden de cosas) también aparecen muy reglamentadas en estas religiones y no cabe duda de que entran en colisión con la libertad individual. Hay algo en la libertad individual que es profundamente perturbador para los grupos que han de defenderse de las transgresiones individuales de una manera u otra: una forma es el exilio, otra el chisme, la burla o las humillaciones publicas, por no hablar de los castigos físicos y la pena de muerte que aun hoy se aplica con severidad en algunos países y en relación con crímenes de honor que están relacionados con el sexo y con las deudas.

En nuestro entorno la homosexualidad sigue siendo condenada a nivel moral y una manera tautológica de contestar a esta pregunta seria decir que la religión la condena y que por lo tanto las personas religiosas la condenan porque su religión las condena. Pero hay algo más:

Un cuadro más detallado empieza a surgir cuando se considera lo que predice la religiosidad en primer lugar; ¿Qué tipo de persona es atraída a estos grupos religiosos?

Uno de los mejores predictores de quién termina asociándose con grupos religiosos (y también a quién no lo hace es la estrategia sexual). Los que están más inclinados a la monogamia (o, más precisamente, a la promiscuidad) tienden a ser más religiosos, y esto se mantiene a través de las culturas y religiones . Por el contrario, la religiosidad no predice por si misma la moral cooperativa general o el comportamiento pro-social. Sería notable que las religiones de todas las partes del mundo acabaran tropezando con un desagrado común por la promiscuidad si no estuviera inherentemente ligada a la creencia religiosa. Algo acerca de la conducta sexual es un predictor único de la religiosidad, lo que debería ser extraño cuando se considera que el comportamiento sexual de un individuo debe tener poca influencia en si una deidad (o varias deidades) existen. ¿Qué le importa a Dios que seamos heterosexuales u homosexuales?

Incluso se ha propuesto que los grupos religiosos mismos funcionen para apoyar tipos particulares de arreglos de apareamiento relativamente monogámicos . Desde ese punto de vista, los grupos religiosos pueden ser vistos como una estructura de apoyo para parejas monógamas que planean tener muchos hijos.

Dicho de otra manera, parece que de lo que se trata es de mantener una oposición religiosa a la promiscuidad : la promiscuidad hace que los arreglos monógamos sean más difíciles de sostener, y viceversa.  El sexo fácil y barato es el principal enemigo de la monogamia, si planeas tener un montón de hijos, los hombres se enfrentan a los riesgos de cuckoldry (criar a un niño que fue engendrado por otro hombre), mientras que las mujeres se enfrentan a los riesgos de abandono (si su marido huye con otra mujer, dejándola sola en el cuidado de los hijos). Con el fin de apoyar su estilo de vida más monógamo, entonces, estas personas comienzan a castigar a aquellos que se involucran en comportamientos promiscuos para hacer esas estrategias más costosas para participar y, en consecuencia, más raros.

Dicho de otra forma: la monogamia y la promiscuidad empastan mal y los castigos sociales derivados de estas conductas proceden evolutivamente del hecho de mantener la monogamia como estrategia sexual predominante.

Y en este sentido la condena moral de los homosexuales procedería no tanto del hecho de ser homosexuales como de ser promiscuos. ¿Pero son realmente promiscuos los homosexuales?

grafico partners

La respuesta es si, como puede observarse en el gráfico.  El número de parejas de los homosexuales, lesbianas y bisexuales está muy por encima del número de parejas que declaran los heterosexuales al menos en este trabajo de David Schmidt donde paradójicamente se nos recuerda que nuestra especie se parece más a los chimpancés o bonobos que a los gorilas. Somos pues promiscuos por naturaleza.

¿Pero si somos promiscuos por naturaleza cómo es posible que la monogamia haya tenido tanto éxito evolutivo? ¿Qué ventajas aporta la monogamia?

Obviamente la monogamia aporta ventajas a los grupos humanos y no tantas a los individuos fuertemente determinados para la hipersexualidad.

Para contestar a esta pregunta es mejor que el lector vaya a este magnifico trabajo sobre ese laberinto que llamamos monogamia. Pero resumiré en algunos puntos estas ventajas, algunas son individuales y otras grupales:

¿Qué tiene la monogamia?.

Henrich y cols. (2012)  plantean que cuando aumentaron las desigualdades sociales y las sociedades se hicieron más complejas (en el Neolítico) es cuando aumentaron las ventajas a nivel de grupo de la monogamia. En sociedades relativamente igualitarias (cazadores-recolectores), las consecuencias sociales de la poliginia son menores porque pocos hombres pueden conseguir más de una mujer y, si lo hacen, la mayoría de las veces suela ser sólo una más. Además, como suele haber menos hombres que mujeres por mayor mortalidad masculina por accidentes de caza o conflictos violentos, la poliginia igualaría esas diferencias. En sociedades más complejas la poliginia puede llegar a cotas más altas (harenes de cientos de mujeres) y tener consecuencias mucho más graves, reduciendo la competitividad de esa sociedad.

La monogamia aumenta la rivalidad intrasexual masculina pero favorece la paz social en las comunidades mientras que una gran proporción de solteros predice grandes calamidades,  tiene influencia en las tasas de crímenes, motivaciones masculinas, inversión parental, fertilidad y producción económica. Las menores tasas de crimen favorecen el comercio, las inversiones económicas, el flujo libre de información, y una mejor división del trabajo. La mayor inversión parental y la menor fertilidad favorece la mayor calidad de la descendencia. Todo ello lleva a mayor innovación y crecimiento económico.

La poligamia deja a muchos hombres solteros y tiene además otros efectos indeseables sobre las mujeres: disminuye la edad a la que se casan las mujeres Al no haber mujeres se acuerdan matrimonios con padres y hermanos desde edad temprana. También, al ser la mujer un bien cotizado, aumenta la motivación de los hombres (padres y hermanos) para controlarlas. Esto reduce la libertad de las mujeres, su poder, aumenta la violencia doméstica, y ese menor poder e influencia de las mujeres en las decisiones del hogar resulta en mayor fertilidad.

Por contra, la monogamia disminuye la presión para llevar mujeres al mercado matrimonial, no es tan grande la diferencia de edad entre marido y mujer, no hay tanto control masculino y se reduce la desigualdad de la mujer y la fertilidad. Algunos estudios en sociedades poligínicas encuentran también que no hay ningún caso en el que las relaciones entre co-esposas sean armoniosas. La competencia entre ellas es grande y al haber mayor número de parejas adulto-niño sin relación genética eso aumenta el conflicto a todos los niveles: vivir con adultos no emparentados genéticamente es el factor de riesgo más potente para abuso, negligencia y homicidio de niños. Por otro lado, los niños de hogares poliginicos son los que tienen los niveles más elevados de cortisol, lo que indica un mayor nivel de estrés. La monogamia aumenta también la inversión parental en los hijos y la supervivencia y calidad de los mismos (algunos padres poligínicos no se saben ni el nombre de todos sus hijos). Los padres poligínicos siguen buscando mujeres y gastan recursos en ello en vez de en sus hijos. (Extraido de esta web).

Existe en nuestra especie una disonancia entre nuestras adaptaciones ancestrales (la promiscuidad) y los mandatos de nuestra cultura que parece que favorece la monogamia que también favorece a los individuos concretos, al menos a la mayoría, de lo contrario no habría parejas a largo plazo ni matrimonios. La monogamia es la estrategia sexual predominante en todas las culturas, mientras que la promiscuidad favorece la competencia intrasexual en las mujeres y les da a los hombres poder sobre lo que realmente les interesa: el sexo, a cambio los hombres se hacen holgazanes y poco comprometidos en el largo plazo, algo que sucede cuando la ratio sexual mujer hombre aumenta.

Volviendo al articulo de Marzick, la promiscuidad seria la conducta rechazada y no la homosexualidad. Las sociedades y los grupos humanos podrían rechazar a cualquier individuo que no correspondiera con su conducta sexual al beneficio de la comunidad (un hombre con una mujer). Naturalmente no se trata de una causa única y la homosexualidad puede ser rechazada por otras cuestiones ajenas a la moral: la causa más conocida es la hipótesis del germen gay.  Es posible que parte de la leyenda negra que arrastran los homosexuales proceda del hecho de que la conducta homosexual puede haberse atribuido a una especie de enfermedad contagiosa y por tanto transmisible.

Si la hipótesis de Marzcick fuera cierta la estrategia del “orgullo gay” seria incorrecta y podría ofender no solo a amplias capas de la población sino a una parte de los homosexuales que no comparten esta exposición de estereotipos y conseguir precisamente lo contrario de lo que se pretende: consolidar los derechos de los homosexuales en una sociedad abierta con respecto a las conductas sexuales individuales

Bibliografía.-

Joseph henrich, Robet Boyd y Peter J. Richerson. The puzzle of monogamous marriage. Phil. Trans R. Soc. B 2012 367, 657-669. 

Pinsof, D. & Haselton, M. (2017). El efecto del estereotipo de la promiscuidad en la oposición a los derechos de los homosexuales. PLoS UNO 12 (7) : e0178534.Https://doi.org/10.1371/journal.pone.0178534

Las 4 Españas

4 españas

Los estudios sociológicos se pusieron de moda para predecir los resultados de las elecciones y desde entonces los investigadores han tratado de describir perfiles de votantes siendo el nivel de ingresos la variable clásica sobre lo que se han basado estos estudios, una división tosca del mundo entre ricos y pobres. Se suponía que los ricos votaban a la derecha y los pobres a la izquierda. Naturalmente los pobres eran los obreros y los ricos la clase acomodada, esa que vivía de rentas o de profesiones más o menos liberales.

Pero hoy la cosa ya no está tan clara debido a la fragmentación y la atomización que han sufrido nuestras sociedades. La clase obrera pareciera haber desaparecido y en su lugar ha amanecido una clase de parado de alto voltaje de indignación que no ha logrado todavía encontrar trabajo, al menos que corresponda a su titulación.

Fue leyendo este articulo de Ramon Gonzalez como comencé a gestar este post. La idea del articulo es que la brecha actual -postcrisis- ya no es de ingresos, sino generacional. Para ello describe cuatro tipologías descritas en el libro de Belen Barriero (que es la lectura que el articulista nos aconseja) y donde el lector hallará explicaciones a estas 4 Españas que vienen a desmentir la idea de Machado de que una de las dos iba a helarnos el corazón. Al parecer hay más razones para temer esa congelación, con la aparición de estos cuatro tipos: digitales, analógicos, acomodados y empobrecidos.

Pero a mi se me ocurrió leyendo el citado artículo que en realidad la mayor brecha no es tanto digital, de ingresos o generacional sino sexual, entiéndase “reproductiva”. En realidad lo que nos diferencia a los humanos europeos de hoy no es tanto lo que ganamos o la edad que tenemos sino las expectativas que tenemos respecto al futuro, es por eso que me pareció tomar la metodología etológica como guía comprensiva del mundo en que vivimos, las variables criticas suelen estar escondidas allí donde nadie miró y es por eso que me puse las gafas de naturalista.

Los alfa.-

Lo que caracteriza a los alfa es su alto valor de pareja y no tanto los ingresos que tienen, tampoco su edad. No hay que confundirlos con los ricos que es una abstracción poderosa emocionalmente pero muy contraintuitiva. Se puede ser alfa por el dinero desde luego pero también por la belleza, la fama, la inteligencia y también el ser un personaje televisivo, un artista de éxito, un deportista de élite, un personaje de la jet o un líder carismático.

El termino “valor de pareja” se debe a David Buss y el lector puede visitar este post donde hablé precisamente de la precariedad del mercado de parejas, una precariedad que no alcanza a los alfa que son ese tanto por ciento que no pueden quejarse de su éxito sexual.

El término ” valor de la pareja” , es algo que no gusta demasiado a la gente en general que rechaza el termino al hacerlo equivalente al de precio. Valor no es igual a precio pero incluso en términos evolutivos la palabra “valor” no coincide con nuestra interpretación actual, valor se refiere al valor de fitness, se trata de un variable cuantitativa que se mide en puntos evolutivos no en logros sociales o económicos.

Lo cierto es que el valor de pareja no se distribuye uniformemente. Contrariamente a los anhelos de igualdad, todas las personas simplemente no somos equivalentes en la moneda de la calidad de pareja. Algunos son extremadamente valiosos, fértiles, saludables, sexualmente atractivos, ricos en recursos, agradables y capaces de brindar con generosidad sus prestaciones. Son los alfa.

Pero aqui en este territorio la competencia para atraer a los compañeros más deseables es feroz. Por lo tanto, los más valiosos son escasos en comparación con los muchos que les desean. Las personas que tienen un alto valor de pareja parecen además tener éxito en la atracción de los socios más deseables. En una puntuación informal que se llevó a cabo entre estadounidenses, los 9s y 10s se emparejan con otro 9s y 10s. Y con la disminución del valor de la 8s a los 1, las personas deben bajar su mirada de apareamiento proporcionalmente. De lo contrario se produce una mayor probabilidad de rechazo y angustia psicológica. “Lo que quiero me lo niegan y lo que no quiero me lo dan” , decimos nosotros en plan castizo.

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Una hembra alfa de nuestro entorno

Dicho de otro modo, los alfa se emparejan entre ellos o con algunas personas beta que ascienden de rango cuando se emparejan con algún alfa. Los alfa practican la hipergamia y no es raro que acumulen tres o más matrimonios con un número de hijos superior a la media junto con un numero de parejas elevada más o menos pasajeras.

Los beta.-

Los beta somos el grueso de la población, los pagafantas del sistema. Los que corremos con los gastos del emparejamiento. Somos los que empleamos estrategias “dad” como estrategia de fondo. “Dad” significa papá y es el modelo de emparejamiento de las sociedades tradicionales donde el sexo es caro. En este post puede el lector profundizar en este tipo de estrategias de emparejamiento que se opone a la estrategia “cad” furtiva y errante.

Lo que caracteriza a los hombres beta es su característica de proveedores y lo que caracteriza a la mujer beta es su carga reproductiva que simultanea con las cargas del empleo y su trabajo dentro de la casa. El matrimonio beta es la pareja tradicional, esas parejas que trabajan ambos y que tienen dos hijos, la parejita. Su enemigo más importantes son las desavenencias y el estrés, el divorcio es letal para los beta, pues perjudica fuertemente a los hombres y les encadena a proveer una casa que ya no habitan dejándoles exánimes para construir otro nido. Para las mujeres beta su condena son los hijos y la cruel atadura de sus familias extensas.

Los beta están en regresión y son los más empobrecidos post crisis, son los que soportan una mayor carga fiscal, la clase media por así decir, aunque lo que caracteriza a los beta no es la clase social sino su creencia en cierto valores tradicionales y en cierto modo aquellos que viven con sentimientos de culpa las infidelidades e incluso el divorcio.

Los valores de clase media han sido los colchones de seguridad del sistema y uno de los puntos de apoyo: la familia ha resistido las embestidas de todas las crisis, pero las amenazas que se ciernen sobre ellos son demasiadas para no tenerlas en cuenta.

Los omega.-

Son los parias del sistema, pero en cierto modo también la reserva genética de la civilización dado que los beta son permeables por abajo y son ellos los que corren con los gastos reproductivos más intensos aun sin disponer de recursos. También son los que acumulan menores puntajes de “valor de pareja”. En este extremo de la distribución  están los omegas, tal vez menos saludables, con menos recursos materiales, o con rasgos de personalidad indeseables tales como la agresividad o la inestabilidad emocional que causan grandes perjuicios a las relaciones y a la calidad de vida. Por no hablar de enfermedades graves, invalidantes o enfermedades adictivas, tan frecuentes como el alcoholismo. También los maltratadores de pareja intima suelen ser omegas deprivados de sexo, deprivados de poder y que sueñan con ascender de rango o al menos emular a esos alfas que tanto les llaman la atención.

Sus estrategias reproductivas son similares a los beta pero pueden darse escarceos más o menos regulares en termino de “cad”. Lo que caracteriza a este perfil es que no comparten los valores de la clase media, por ejemplo invertir en la educación de los hijos, para ellos el dinero es para gastarlo en bienes de consumo, no ahorran ni piensan, en el futuro quizá porque no creen en él.

El lector que haya llegado hasta aquí es casi seguro que se haya ubicado ya en alguno de esos grupos o perfiles, teniendo en cuenta que estos compartimentos no son estancos y que una familia o individuo puede transitar de un bloque al otro en función de la suerte y los avatares de la vida. Lo importante son los valores morales y por supuesto el valor de la pareja: los guapos y las guapas tienen el camino más fácil si bien no pueden garantizarse un futuro de certidumbre solo con la belleza. Ya sabemos que un individuo puede estar hoy a todas horas en TV cobrando royalties y el año que viene desaparecer.

Volviendo ahora a la sociología, creo que podemos adivinar por donde irá el voto de cada cual en las elecciones, siempre y cuando se permita una cierta desviación típica en esa consideración, pero a mi juicio lo que falta en este esquema es la cuarta fuerza.

La cuarta fuerza.-

La cuarta fuerza es la que está compuesta por mujeres jóvenes, fértiles, educadas, competentes, universitarias que han logrado un alto estatus profesional y se han liberado, por así decir de la tutela de padres y los hombres en general. No necesitan proveedores, porque ellas mismas se bastan para subsistir, aunque en realidad estas mujeres no están contra los hombres sino contra los niños. Se trata de aquellas mujeres beta que han logrado liberarse de la cruel atadura y han apostado por el sexo a corto plazo (hipergamia) o la monogamia sucesiva y por supuesto por la infertilidad.  Son las que abaratan el sexo y llevan a los hombres hacia su paroxismo de holgazaneria.

Son estas mujeres las que dictan las políticas de Estado sobre casi todo, son feministas y votan progresista, léase socialdemócrata. Son el grupo social con más influencia en estos momentos en Europa, son las que deciden unas elecciones, llevando al voto a su ascua, que no es otro sino seguir manteniendo su poder e influencia y sobre todo esa concepción grácil y emotivista que caracteriza a lo femenino, es el auge del animalismo, del veganismo y de la anorexia mental. Es el predominio de la emoción y de los buenos sentimientos. Es la victoria de la ginecocracia y de los valores matrifocales.

Pero en el pecado está la penitencia porque ¿de qué sirve tener éxito sino no va acompañado del éxito reproductivo?

Usted puede vivir 100 años con buena salud, puede ser poseedor de un magnífico cerebro y haber tenido éxito en su vida profesional pero si no se reproduce, todas esos éxitos van a perderse en el limbo de los justos. El fitness es un concepto etológico de importancia capital pues combina la supervivencia con la reproducción, el fitness es por definición inclusivo, sin sobrevivir no hay reproducción pero sin reproducción la supervivencia es superflua.

La demografía y la política están en manos de esta cuarta fuerza pero en su fortaleza se esconde precisamente nuestra debilidad, la de todos.

El sentimiento de injusticia

Venimos de serie cableados para sentir que somos víctimas de injusticias que no es lo mismo que suponer que nuestro sentido de la justicia es algo innato.

En este ya celebre experimento con monos capuchinos, los investigadores trataron de demostrar que estos simios detectan de un modo casi humano las desigualdades y que reaccionan frente a ellas con indignación.

Podeis ver en el anterior video como el capuchino que recibe el pepino se indigna cuando ve que el compañero recibe la uva, cosa que no hace si su compañero recibe el mismo alimento que él.

En mi opinión esto no demuestra que los simios (o los niños de corta edad) vengan con un sentido innato de la equidad sino que vienen con un instinto muy acusado de comparación y que se indignan solo cuando sienten que han salido perjudicados en el reparto. Naturalmente el mono favorecido no se siente en absoluto “culpable” de haberlo sido y se limita a disfrutar de su estatus.

Algo parecido pasa entre nosotros los humanos y cualquiera de nosotros, si hemos tenido hermanos sabe de que hablo. Todos sentimos que hemos recibido menos de lo que merecíamos y siempre y por comparación tendemos a identificar muy claramente al hermano más favorecido, ¿no es cierto?

Pero esto no significa que vengamos programados con un sentido de justicia innato sino que venimos cableados para sentir que hemos sido tratados injustamente (siempre en comparación con otro). Es el sentimiento de injusticia lo que es innato y no tanto la equidad o la justicia. De la justicia solo nos acordamos cuando nos perjudica pero no cuando nos beneficia como el mono de la uva, sentimos que lo hemos merecido, ¡como no!

La idea fundamental es que todos venimos de serie con una sensibilidad especial a las injusticias, unos podrían puntuar en una escala de 0 a 4, como 0 (nada sensibles o altruistas) y otros 4 (muy sensibles o egoistas). Con independencia de los repartos de incentivos que siempre y en todo lugar van a ser distintos para cada individuo, lo cierto es que algunos de ellos van a sentirse más perjudicados que otros en esos repartos en en otro lugar he llamado “Edipo destetado” o como la atención de los padres tiene efectos a largo plazo en la personalidad de los individuos.

Entre los hermanos, la rivalidad atraviesa toda la infancia y va dejando sus secuelas para toda la vida, en una u otra forma: es lógico , los hermanos compiten por la comida, la atención y un rol de privilegio en el seno de la familia. La rivalidad entre hermanos (que muy frecuentemente es identificada por los padres como celos) tiene dos objetivos preferenciales:

  • Obtener de los padres más de lo que los padres están dispuestos a dar.
  • Arrebatarles a los hermanos su participación en los beneficios.

Así cada uno de los hermanos adoptará una estrategia u otra, dependiendo del nicho ecológico que quede libre en la familia a fin de salirse cada uno con la suya. Este es un fenómeno que ha sido observado en toda la escala animal, las crías tratan de prolongar su periodo de dependencia de los padres a traves de diferentes engaños, haciendose el tonto, no mudando de plumaje, hacerse caca cuando ya deberian controlar esfínteres, negándose a comer, hacerse el débil o el necesitado, a través de berrinches, pataletas y en el caso de los humanos a través de enfermedades coactivas o ciertos retrasos que hacen recaer sobre el niño más atenciones. Cada cual elige una estrategia distinta con arreglo a su patrimonio genético y adopta, construye y modifica su estrategia puliéndola a medida que va creciendo e implementandola con nuevas sofisticaciones.

Dicho de otra forma las crias compiten por seguir siendo niños y gozar de los bienes que sus padres (y nadie más) les aseguran. Para Westermarck es el destete más que el Edipo la clave de las rivalidades infantiles que en oposición a Freud no son sexuales.

Lo interesante es que según este reciente trabajo de Sebastian Butz, Pascal Kieslich, y Herbert Bless titulado ¿Por qué los conservadores son más felices que los que los liberales? Es que ser liberal (o de izquierdas en Europa) tendría cierta relación con ese sentimiento crónico de injusticia mientras que ser conservador (de derechas según el mapa europeo) correlacionaría mas con una menor sensibilidad a las injusticias. Los autores del citado articulo van aun más lejos y predicen que la felicidad o bienestar subjetivo de los individuos de derechas seria más intenso que el de los de izquierdas que se parecerían más a ese rebelde sin causa que preside este post.

Es lógico al fin y al cabo es un problema de atribución: si sentimos que somos infelices por algo ajeno a nosotros tendremos menos control que si sentimos que la causa de la infelicidad radica en nuestro interior. Nosotros podemos cambiarnos pero cambiar el mundo es mucho más complicado.

Pero la cosa se complica aun más porque vivimos en una sociedad en la que el victimismo ha sustituido a la dignidad y al honor, de tal modo que hoy la victimización da resultado por si misma se tenga o no se tenga razón. Vivimos en un mundo donde hoy James Dean cobraría una pensión o seria diputado por ser tan rebelde y llegar a atribuir su difícil personalidad a una crianza abusiva o al menos injusta.

De esa manera y apelando al sentido de la justicia es como la injusticia vuelve a morderse la cola a si misma en un bucle que parece sin fin.

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