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Las máscaras de la fé

agosto 13, 2012

La fé como todo el mundo sabe es creer en algo sin pruebas. He hablado en algunos posts anteriores sobre la idea de que la fé, no es un simple ejercicio de ignorancia o de pusilanimidad sino una tecnología muy importante de nuestro cerebro y que suele coincidir con nuestros planes más secretos de redención o de brillo. Creer sin pruebas es una prestación a la que nos impulsa nuestra condición de seres deficitarios que se hacen preguntas y que sin embargo no tienen a su disposición las herramientas necesarias para construir hipótesis ni la valentía para verificarlas. Ni ganas.

La fé, es sin duda una posibilidad al alcance de todos, barata y democrática.

Al principio la fé se alimentaba de tótems, de espiritismos varios, de ídolos, de la sensación de que habia algo más allá, ¿dónde van los que pierden el aliento y mueren?, todas esas preguntas metafísicas que ya el homo habilis llegó a plantearse. El problema de la fé es que ha evolucionado mucho desde nuestra mentalidad medieval, alli donde entendíamos que todo era un plan de Dios y que a nosotros no nos cabia otra sino adecuarnos a ese plan y encontrar en él alguna pista sobre el proceder de los Dioses, fueran cuales fueran.

El caso es que el personal sigue teniendo mucha fé, pero el caso es que no lo saben. Ya no creen en Dios y es por eso que lo han inventado según sus conveniencias y es asi que se explica el éxito de la new age que posibilita la inducción de un Dios individual, un Dios a cada manera (in my way).

La new age puede definirse como un movimiento cultural que trata de revitalizar todo aquello que la ciencia y el conocimiento -con razón o sin ella- descartó del mundo de lo racional por considerarlos algo cercano a la brujeria, la magia, lo oculto y lo esotérico, y es asi como las hipótesis ciberparanoicas, las interpretaciones sesgadas, las creencias sobrenaturales más o menos disfrazadas de astrología o de extraterrestres y las mentiras con buena prensa se divulgan en la red. Pues sin red no habría new age y puede considerarse a la misma, como el eje de torsión de estas ideas ingenuas y de buena apariencia que las conforman.

La new age puede considerarse como una condensación de creencias orientales, ideas politicas anarquistas, medicinas alternativas y sobre todo una desconfianza extrema en los valores en los que uno -paradójicamente vive- y que al mismo tiempo rechaza para adentrarse en ideas sobadas como la del “buen salvaje” o la “tabla rasa”. Hay también una new age politica e incluso gastronomica, una new age sexual y otra new age económica que no tiene en cuenta la evidencia del dinero,  los gastos y el valor que cada uno de nosotros añade con su actividad y que tratan de emprender cruzadas insostenibles con el gasto -sanitario por ejemplo- mientras en otro lado defienden el gasto sostenible. Dicho de otra manera: la new age es un agregado de creencias y prácticas sincréticas sin ton ni son que encuentran su legitimidad precisamente en la marginalidad de sus propuestas. Como si todas las ideas que hemos ido descartando fueran, por eso mismo, verdaderas.

Recetario de imágenes new age.-

Me he dedicado a recolectar algunas sentencias y soflamas new age para que el lector pueda apreciar la ingenuidad bienintencionada, la mezcolanza de temas y causas que se defienden muchas veces contradictorios entre sí y la negación de las disciplinas cientificas como fuente de conocimiento estandard.

1.- Politicas.-

Y que puede simplificarse asi con respecto al sistema:

O sea que “os den”: que es lo mismo que se critica aqui:

2.- Derechos humanos.-

Por otra parte una de las causas new age que acapara mas atención son los animales y sus derechos, algo que sorprende por la animalización con que se trata a algunas personas de derechas casi siempre.

Hay tambien tabúes, por ejemplo el de los toros, por eso no subiré ninguna imagen de tan preciado animal por solidaridad con los antitaurinos ni tampoco de ratitas de laboratorio. ¿O si? Ahora que el enmigo se llama Tordesillas ya podemos publicitar la tortura.

Una de las barricadas donde los newageros han encontrado carnaza es en el tema de los ilegales, una trinchera que puede dar mucho de sí aunque nadie sepa como sufragar los gastos de los legales.

Como dice aqui todos fuimos ilegales en algun momento aunque antes se les llamaba colonos.

Y la metáfora del nazi vuelve para renombrar a los que pretenden cobrar los servicios sanitarios a los que mo los pagan.

El culto a las diferencias también es muy newagero, y el de las minusvalías aunque en otro lugar se proclame el derecho al aborto

3.- Recetas de salud mental.-

Estas recetas son aun peores que las del ministerio de Sanidad, ya sabes, si no eres feliz es porque no quieres.

La clave está en deshacerse del rencor. Cosa fácil y al alcance de cualquiera.

Y la solución de todo, la pócima que todo lo cura es el amor.

¿Por qué elegir pues la desgracia si todo depende de ti?

Las contradicciones parecen no importar demasiado en la filosofía new age que trata de diversificar un culto a todo lo esotérico o exótico -intrinsecamente bueno-, la unica barrera “mal vista” es la defensa de los valores en los que se vive, lo que nos da de comer , la negación de nuestras verdaderas creencias que no son otras sino la forma en que vivimos y de qué vivimos y que aunque parezca imposible son las que nos sostienen.

Ya me he cansado de poner ejemplos, la filofofía new age es insostenible intelectualmente halando, de modo que le auguro un gran porvenir pues es la fé ( y el rencor) y no la razón quien la alimenta: la nostalgia de cuando teniamos un Dios al que adorar y unos reglamentos que obedecer. Antes de ser laicos y libres.

Hasta que el hombre descubrió que él era Dios.

Lo malo es cómo poner de acuerdo a tantos diosecillos.

El antibatman

julio 22, 2012

Batman es un personaje de ficción que ha dado lugar a una extensa saga de películas siempre con el tema de fondo de alguien que trata de preservar el Bien en un mundo donde las fuerzas del Mal conspiran para aniquilarlo. Fuerzas del Mal personificadas en un personaje conocido como “Bane” que representa lo diabólico en cada una de esas versiones.

De Bane precisamente se disfrazó este estudiante de neurología para acudir armado hasta los dientes el día que en Denver se llevaba a cabo el estreno de la ultima de la serie, con un cine lleno de niños y adolescentes y de cuya noticia tiene el lector suficiente informacion por los diarios. Hace ahora precisamente un  año tenia lugar en la modélica Noruega un crimen en masa similar perpetrado por un tipo llamado Breivick del que hablé aqui y perteneciente a la extrema derecha que pretendia limpiar el mundo de todo vestigio de interculturalidad, atacando a las juventudes socialdemócratas de aquel pulcro pais que se habian concentrado en una isla para celebrar algo relacionado con el partido laborista.

La similitud entre ambos crímenes en masa es tal que los psiquiatras consultados por la prensa -en ambos casos- han dicho lo mismo, tanto que ya resulta predecible y que los periodistas pueden usar de forma calcada para la proxima ocasión en que se produzca un hecho similar. Unos dicen que es un psicópata, otros que e sun psicótico. Lo que no dicen en este caso es que se trata de un crimen de ultraderecha a no ser que el citado Joker sea ultraderechista, cosa de la que también se acusó en su dia a Superman. Lo cierto es que en este caso no se puede acusar a los sospechosos habituales como en el caso de Breivick, donde parece que las aguas han vuelto a su cauce al haber identificado al enemigo: la intolerancia de extrema derecha o una supuesta esquizofrenia.

Lo cierto es que estos crímenes no son ni psicopáticos (carecen de objetivos o ventajas para el criminal) ni esquizofrénicos pues presuponen una planificación que precisa una inteligencia muy lúcida y mantenida durante mucho tiempo. Lo cierto es que no sabemos responder a la pregunta ¿Por qué lo hizo? ¿Cual fue su móvil?. O al menos no resulta fácil desde una perspectiva naturalistica.

La pregunta es eminentemente policiaca y carece en cierto modo de sentido psicológico. No tenemos más remedio que apelar a una disciplina de rango superior, a la filosofia.. Resulltaria tentador y muy tranquilizador suponer que se trata de locura simple, pues casi todo el mundo parece suponer que toda conducta humana tenga un propósito.  En estos casos no hay mas propósito que el de emular al Joker, al Malo de la pelicula y salir en la foto.

La gente común no sabe -aunque hace chistes sobre ello- que las instituciones psiquiátricas y penitenciarias están llenas de sujetos que se creen Napoleón, aunque Napoleón ya no es objeto de culto y ha pasado de moda. Se mantienen sin embargo los delirios mesiánicos, los que creen ser o bien Jesucristo, o la Virgen o directamente el mismo Dios.

Lo cierto es que hay mas locos identificados con Jesucristo que con Judas Iscariote o con Poncio Pilatos, de manera que estos individuos son en cierta forma “buenos” en el mismo sentido que su identificación. Otra cosa sucede cuando la identidad preferida es la del malo como sucedió con Charles Manson y ahora con este jovencisimo Joker, criminales identificados con lo satánico con el mal en sí mismo.

La novedad de este caso en comparación con otros asesinos en masa es la emergencia de un arquetipo nuevo, un arquetipo de ficción, un arquetipo de comic, naif y un poco cutre como es Batman y su antibatman, que es lo mismo que decir Dios y el demonio solo que en versión moderna y laica.

¿Pero es posible que James Holmes creyera ser el Joker?

Creer ser una persona distinta a la que somos no es un sintoma psicótico, por ejemplo en los niños es muy frecuente, en los actores una profesión. Para un niño, “me gusta esto” significa “soy, o tengo esto”, algo que recibe el nombre de pensamiento mágico. Una identidad puede ser falsa pero es siempre el producto de un deseo anterior potente e inmodificado en el tiempo. Es seguro que Holmes en su calenturienta mente infantil se hubiera obsesionado con ese personaje o con el mismo Batman, tambien con su éxito y su notoriedad. De manera que en un momento determinado ponerse a hacer de Joker tiene tanta coherencia como ponerse a predicar en Hyde Park si uno cree que es Jesucristo.

Ahora bien el deseo de ser Batman o el Joker no explica la conversión “real” en el personaje ni explica el liarse a tiros en un cine. Hace falta algo más. Efectivamente, hace falta vivir en un país donde el acceso a las armas sea fácil, legal y habitual. Ese crimen seria muy dificil en nuestro recortado país.

Pero el acceso a las armas por si mismo tampoco explica del todo la tragedia, las armas serian la causa eficiente en el sentido aristotélico y explicarian el cómo, pero no constituyen un principio de razón suficiente, hace falta algo más.

Ese algo más que falta lo proporciona la prensa. Se trata de un crimen mediático. ¿Qué significa esto? Pues que una de las razones de estos crimenes son la posibilidad de dar al megalómano protagonista la atención de los medios durante un cierto tiempo, es por eso que estos crimenes – y aqui está la tragedia adherida a los mismos- se contagian. Dan ideas a otros que andan explorando esa via de notoriedad, tanto es asi, que es posible predecir que a más atención y escándalo y horror internacionales del acto más personas habrán logrado infectarse con ese meme.

El lector que haya llegado hasta aqui no debe concluir que Batman induce a la maldad, o que las noticias inducen a los crimenes aunque puede rechazar la venta legal de las armas que hemos identificado ya como causa eficiente.

Lo que nos lleva de lleno al principio de razón suficiente ¿Por qué pasan estas cosas?

La mayor parte de nosotros, si vamos a ver una película de Batman podemos sentirnos identificados con el héroe o con el villano pero no perdemos los contornos de nuestra propia identidad y en cuanto salimos del cine ya nos hemos deshecho de la fascinación que hubiera tras la contemplación de escenas violentas o eróticas. Pero no cabe ninguna duda de que el cine y la televisión -el mundo de la imagen- han debilitado nuestro simbólico tal y como Baudrillard ya detectó hace algunos años al conceptualizar su idea de hiperrealidad.

El simbólico es uno de los tres registros en que se mueve nuestra mente. Simbólico es todo aquello que representa una cosa en ausencia de la cosa en sí, de la realidad cruda y del Imaginario. Por ejemplo la bandera de un pais le representa simbólicamente más allá de lo real de ese pais y como se lo imaginan sus habitantes.

Imaginarios son los personajes de Batman o de cualquier obra de ficción, sin embargo estos personajes mantienen un cierto contacto con algo profundo en nosotros, nos apelan, nos aluden, nos interpelan, aun siendo héroes de comic o de dibujos animados, animales o seres fantásticos. Pues alli en lo Imaginario, precisamente por serlo, cabe todo, la abyección y la sublimidad cosidos en lo que se conoce con el nombre de arquetipos. Podriamos decir para entendernos mejor que lo Imaginario es el magma de lo inconsciente, lo indiferenciado, aquel almacén donde los opuestos andan de la mano y que emergen  en nuestra conciencia ya debilitados por el peso del símbolo que es a fin de cuentas un órgano de modulación, algo que está ahi para ejercer de filtro  a lo que nos viene de fuera (Real) y lo que procede de dentro pero no es real, sino imaginado. Lo simbólico es un órgano de inhibición pues ha de vérselas con lo Real en bruto.

Lo simbólico es protector y nos protege de los embates de lo real y de nosotros mismos.

Si lo simbólico se debilita o desaparece lo Imaginario e infiltra en lo real y la realidad se confunde con la ficción, se funde con ella arrastrando al sujeto en una pendiente de simulacro.

El mundo en el que vivimos es un mundo donde lo simbólico ha sido deshilachado, no solamente por las tecnologias de la imagen sino por los cambios en la crianza y educativos, las políticas concretas ejercidas contra los más vulnerables, la falta de consuelo y asistencia profesional a las personas que sufren crisis de identidad y pugnan por hacerse con algo que logre anudar su confusión y su caos interior a algún eje vertebrador.

Tal y como dice Baudrillard la hiperrealidad es la simulación de algo que en realidad nunca existió.

La hiperrealidad es significativa como un paradigma que explica la condición cultural estadounidense. El consumismo, por su dependencia del valor de signo, es el factor contribuyente para la creación de la hiperrealidad. Ésta engaña a la conciencia hacia el desprendimiento de cualquier compromiso emocional verdadero, optando en cambio por la simulación artificial, e interminables reproducciones de apariencia fundamentalmente vacía. Esencialmente, la satisfacción y la felicidad se encuentran a través de la simulación e imitación de lo real, más que a través de la realidad misma.

La interacción en un lugar hiperreal como un casino de Las Vegas brinda la sensación de estar atravesando un mundo de fantasía, donde todos contribuyen a la ilusión. La decoración no es auténtica, todo es una copia, y la experiencia en su conjunto se siente como un sueño. Lo que no es un sueño, por supuesto, es que el casino se queda con el dinero, y uno es más propenso a entregar ese dinero si uno no se da cuenta de lo que verdaderamente está pasando. En otras palabras, aunque intelectualmente uno entienda el funcionamiento de un casino, la propia conciencia cree que apostar dinero en el casino es parte del mundo “irreal”. El interés de los decoradores es enfatizar la apariencia de fachada del conjunto, para aparentar que toda la experiencia es irreal.

(Tomado de la wiki)

De manera que no hace falta ser un psicótico para llevar a cabo aquel espantoso crimen. Pues el deshilachamiento y la erosión del simbólico no sólo acaece en los individuos psicóticos sino también en otros -necesitados de estimación- que no lograron por sus propios medios medrar en su entorno y recurrieron al espanto - de aquello que no existe- para expresar su miedo, su recelo y su odio.

El pensamiento Alicia y twitter

mayo 7, 2012

Ayer fue una tarde de Domingo entretenida, no se celebraba el dia de la madre sino el dia de las elecciones a la República francesa. Nunca unas elecciones en nuestro pais vecino tuvieron un tal seguimiento ni mayor concurrencia de intereses encontrados que en la tarde de ayer. Todos los activistas de la izquierda salieron del armario en twitter y en las redes sociales lanzando toda su artilleria contra el PP y los recortes . No solo eso, vituperando a Carla Bruni (objeto de todos los dardos), contra Sarkozy (ese chulo putas) y la Merkel que se ha “quedado compuesta y sin novio”. Fascinante ¿no? ¿Por qué las elecciones francesas despertaton tanto interés en nuestro personal celtibérico?

Se trataba de la resurección del pensamiento Alicia.

Se trataba de reciclar la ilusión de los partidarios de la izquierda socialista.

Se trataba de hacer borrón y cuenta  nueva.

Es curioso que en un pais donde hace solo unos meses gobernara el PSOE, el personal haya perdido tan rápidamente la memoria. Este es un pais curioso y se le atribuye al PP toda la responsabilidad de la situación en que nos encontramos enlazando los recortes con el Mal y sin caer en la cuenta de que la deuda de nuestro pais viene de atrás, viene del gobierno de Zapatero que gestionó tarde y mal la crisis, usando uno de los mecanismos de defensa de peor nivel que existen cuando la realidad no nos gusta: la negación.

Gustavo Bueno es uno de esos sabios con fundación incluida que representa, -hoy casi en soledad absoluta- el pensamiento critico con base filosófica (no conspiranoico) y que tiene publicados muchos papeles interesantes y tambien videos donde aborda no ya los grandes principios filosoficos del pensamiento universal sino su aplicación práctica a nuestra vida cotidiana. Su obra, a la que recomiendo a mis lectores que vuelvan de vez en cuando, aborda el controvertido tema de cómo debemos pensar ( y no qué), una cuestión que es un verdadero dilema en un mundo donde cualquier estupidez puede ser pensada y viralizada.

Uno de sus libros más conocidos es precisamente “El pensamiento Alicia” donde Bueno aborda -a través de la inspiración que le proporcionó el talante zapateril- la ingenuidad de los gobernantes que pretenden gobernar a través de las buenas intenciones, a veces con un estilo angelical que parece inspirado en una pelicula de Walt Disney.

La red está llena de buenos articulos sobre el pensamiento Alicia, por lo que remito a mis lectores a ellos si quieren profundizar en esta estrategia del pensamiento blando. Aqui hay uno muy bueno.

Pero a mi lo que me sorprende es el éxito que este pensamiento tiene entre el personal y que explicaria los 11.000.000 de votos que Zapatero obtuvo en su ultima presencia electoral y la exaltación de las buenas intenciones que se propició anoche cuando se supo que Hollande obtuvo una ventaja del 2% sobre Sarkozy. Y me sorprendió mucho que ante la pírrica victoria de Hollande en las elecciones de Francia se encendiera la red con un júbilo y con una agresividad desconocida por mi hasta ayer. Es como si el pensamiento Alicia se hubiera replicado como un meme contagioso por la red llegando a la siguiente conclusión: “ahora que Hollande ha ganado las elecciones volvemos a ser ricos”.

Lo cierto es que habrá que es para preguntarse qué votamos cuando vamos a votar. ¿Votaron contra la Bruni? ¿Contra el divorcio? ¿Contra la chuleria de Sarkozy? ¿Fue la envidia de no poder beneficiarse a la Bruni lo que movilizó el voto? ¿Fue el talante- Alicia de Hollande?

Pues claro que no, la gente vota con la mano metida en su bolsillo. Sarkozy perdió por sus recortes. Lo mismo le sucederá a Rajoy y lo mismo le sucedió a Churchill.

Un júbilo irreal porque la politica que pondrá en marcha Hollande será – mas allá de ciertos gestos con los inmigrantes y las minorias- muy similar a la que llevó a cabo Sarkozy. El problema es que no hay otra, politica digo. Lo único que cambia es el talante, de chulesco en Sarkozy al blandengue de Hollande.

No hay otra politica que no pase por devolver el dinero que hemos gastado a manos llenas en Europa mientras nuestros gobernantes-Alicia distribuian café para todos en aquella especie de orgía universal que vivimos en la década anterior.

Y como todo el mundo sabe, la única forma de devolver lo que se debe es ajustarse el cinturón y atender a nuestras deudas antes de a nuestros caprichos o necesidades.

Lo cierto es que somos un pais maniqueo, infantiloide, malcriado y ni-ni que ni estudia a Bueno, ni trabaja. Y la verdad es que no es que falte el trabajo, lo que faltan son empleadores. Lo que está en crisis no es el trabajo sino el beneficio.

Y sin beneficio no hay trabajo.

Aqui el mismo Gustavo Bueno explica qué es el pensamiento Alicia.

Problemas endemoniados de España

abril 18, 2012

Ayer apareció en la prensa internacional una noticia más que inquietante. Se trata de la noticia de que el Estado prepara una intervención en ciertas comunidades autónomas: aquellas que no cumplan con el objetivo de reducir su déficit. La intervención se produciria mas bien pronto segun esos rotativos, en Mayo sin ir mas lejos.

Existen ciertas informaciones que señalan hacia la CCAA más endeudada, Cataluña, pero tambien Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana y Andalucía por supuesto cuyo montante de deuda aun se desconoce.

La noticia huele a filtración interesada con origen en el propio gobierno, se trata de asustar a los gobernantes autonómicos para que no se pasen pero lo cierto es que no veo yo a Rajoy metiendo la cuchara en Cataluña, para eso hace falta algo más que honradez, hacen falta agallas. Y lo cierto es que no se las veo.

Sea como sea el asunto pinta muy mal porque no sabemos qué significa eso de la intervención. ¿Significa suspender jurídicamente las autonomías y parlamentos?¿Vaciarlos de competencias y poner una gestora que se limite a poner orden?¿Significaría mandar al paro a todos los politicos electos o se les seguiria pagando su sueldo aunque no trabajaran?

Cuesta mucho imaginarse qué significa eso de la intervención. Y ayer estuve pensando en este tema y en la cuestión de para qué sirven las autonomías hoy. Y de eso voy a escribir ahora.

Lo cierto es que para ser justos, este pais en los años 70 era un pais fuertemente centralizado, radial, con un centro llamado Madrid, fuertemente burocratizado  y una periferia subdesarrollada, con déficits de infraestructuras de todo tipo, desde carreteras hasta teatros. Simplemente no había de nada. Esa es la lógica del centralismo, mucho para ellos y nada para los demás, aun recuerdo lo que costaba conseguir el desvío de una carretera nacional cuando esas cosas se negociaban en Madrid sin interlocutores con poder para hacerlo, todo eran parches y chapuzas. Es obvio que los poderes autonómicos han llevado a nuestro pais al pleno desarrollo y es justo reconocer que el acercamiento de la administración al ciudadano ha supuesto cotas de bienestar en nuestro pais a las que no hubieramos podido acceder con el viejo modelo central.

Si usted aun hoy depende de Madrid para alguna cosa como por ejemplo una patente o un ISBN, no le arriendo la ganancia, pues los Ministerios son estructuras blindadas donde las cosas parecen resolverse segun la vieja máxima de “al amigo el culo, al enemigo por el culo y al indiferente la legislación vigente”. Y lo peor que le puede pasar al españolito de a pie es que le apliquen la legislación vigente.

Muchas veces los ciudadanos nos quejamos de la corrupción de los politicos, pero lo cierto es que en este pais tenemos un modelo de leyes administrativas que impiden casi cualquier cosa. Si tuviéramos que regirnos por las leyes actuales en este pais no se podria hacer nada. Tal y como he oido confirmar más de una vez a ciertos politicos: “Si no fuera por las trampas no podriamos hacer nada”. Y lo malo es que es verdad pues nuestra legislación y reglamentación está basada en la vieja idea de la sospecha.

No hay que olvidar que hasta un municipio pequeño tiene un interventor al que por cierto los politicos se saltan a la torera y no hay que olvidar que en ese municipio hay unos 25 concejales, la desproporción entre técnicos y politicos es abrumadora, todo lo cual explica que casi cualquier alcalde tenga un proyecto faraónico empezado o en marcha.

Aqui todo está diseñado con la idea de impedir engaños y no para que se puedan llevar a cabo proyectos. Lo malo es que ni asi se ha logrado que las trampas traspasen el umbral de lo tolerable y los interventores han sido ninguneados por la codicia.

Pasa con los tributos y la fiscalidad, tenemos un régimen fiscal malo, antiguo, costoso, complicado y muy escasamente progresivo, de tal modo que los paganos somos los que dependemos de la nómina, todo eso ya lo sabemos, pero esto no es lo peor.Lo peor es que pagamos tributos por triplicado, pues mantenemos ayuntamientos, diputaciones, autonomias y Estado. Y ahora que Rajoy está por eliminar duplicidades bien estaría que se le eliminaran los dobles pagos en tributos y tributitos. ¿Tan dificil seria organizar un pago único al Estado y que luego se distribuyera a las administraciones locales?

Aqui hay un libro “El club de los pringaos” de Daniel Montero donde explican el demencial sistema impositivo español.

Modernizar es simplificar, hacer la vida más sencilla al menos en lo que a tributos se refiere y no dejar al libre albedrío de cada cual la cuantía y la recolección del dinero privado. La sensación que tenemos los españoles es que tenemos un estado de cosas que raya en lo confiscatorio desde el punto de vista fiscal y cuando aparece esta sensación lo lógico es que aparezcan paraisos fiscales, fraude y empleo sumergido que paradójicamente no es el problema sino la solución al problema.

Paraisos que son el lugar donde van las grandes fortunas y tambien las empresas a fin de escapar del fisco de su pais. Lo que la mayor parte de la gente no sabe es que los paises fomentan estos paraísos e incluso cada pais tiene el suyo propio, asi el Reino Unido tiene Hong-kong, Holanda sus Antillas y USA tiene Delaware. España no tiene paraiso fiscal propio a pesar de que Mario Conde en su dia ya propuso al PSOE que las Islas Canarias se habilitaran para tal fin. Como nosotros no tenemos paraiso fiscal propio no tenemos más remedio que acudir a los ajenos.

Es como si los propios gobiernos supieran que su fisco es demasiado exigente con sus ciudadanos y les diera la oportunidad a aquellos que conocen la trama de escapar de esa presión, Naturalmente sólo los muy bien informados puieden hacerlo, de modo que a fin de cuentas son los mileuristas los que cargan con la mayor parte de la presión fiscal. Los mileuristas y los propietarios de algo. Lo curioso de todo esto es que la evasión de capitales es un delito. ¿Curioso no?

Esta hipocresía politica es tan descarnada y patética que alguien tendrá que meterle mano antes que se empiece a “intervenir” a los otros que no cumplen. Lo que hacen por el contrario es un amnistía fiscal. Mas curioso todavía.

Aunque lo cierto es que en España -pais que tiene una sobredosis de leyes que no se cumplen- ya se dictó una Ley aprobada por el parlamento español que se encargaba precisamente de prevenir lo que ahora parece que ya no tiene remedio, se llamaba la LOAPA, una ley escrita por un técnico que trató en 1982 de armonizar las nacientes autonomias de tal forma que se pudiera homogenizar las prestaciones que se recibian en Extremadura y las de Cataluña por nombrar dos autonomias con distinto peso específico y riqueza.

La verdad es que la LOAPA era una buena ley, tan buena que los gobiernos de ciertas autonomías la pervertieron poco a poco con la complicidad del PSOE a través del tribunal constitucional dejándola hecha un trapo: como está ahora que ni organiza ni armoniza.

Y asi fue que Cataluña y Euskadi siguen siendo más ricas que Extremadura o Andalucía, tienen mejor sanidad y recursos educativos específicos, sus funcionarios y médicos ganan más que los de Caceres. ¿Podemos seguir haciéndonos los tontos con eso? ¿Quién pone los sueldos a los funcionarios? Todo muy armónico, claro.

En España todo parece suceder de este modo: los técnicos hacen leyes, que los politicos repudian vaciándolas de contenido para llegar a un punto de crisis donde es necesario aprobar otras leyes para impedir que los politicos hagan de las suyas. Y a pagar los de siempre.

O sea un problema endemoniado que parece decirnos claramente que aqui sobran politicos por todos lados. Que es precisamente la solución que los politicos no tomarán.

Y si quieren que les diga mi opinión, ojalá alguien intervenga y ponga orden en todas estas cuestiones, de lo contrario nadie les creerá, como está sucediendo ya.

Y para hacer un nuevo contrato social hace falta cargarse de razón. Y de fuerza moral.

Todos mienten

enero 21, 2012

Recientemente mi amigo Andres Schuchsny  me recomendó este libro cuya portada preside este post. Se trata de un libro muy interesante escrito por Irwin y Jacobi a propósito de la serie de TV que hace furor en el mundo entero y de la cual todo el mundo habla, lo que equivale a decir que el personaje de House fascina a (casi) todo el mundo, a pesar de que es un individuo intolerante e insoportable, politicamente incorrecto y cargante.

¿De dónde procede pues esta fatal atracción hacia este personaje?

Procede precisamente de sus defectos. House es un cínico radical, de esos tipos de que siempre dicen la verdad, caiga quien caiga.

Y ese tipo de personas atraen, siempre y cuando no se metan con nosotros, claro.

Lo cierto es que la serie de TV personalmente nunca me interesó demasiado a pesar de que muchos de mis pacientes y conocidos me hablaban de ella y ciertamente algunos incluso me compararon alguna vez con él. La serie me pareció una de esas americanadas con personajes imposibles, enfermos clarividentes, enfermedades exóticas de esas que sólo existen en los manuales, médicos demasiado perfectos y animados por voluntades y honestidades de una pieza. Pero si los contenidos narrativos son inconsistentes el personaje de House es ciertamente esperpéntico y me recuerda a otros personajes diseñados por el teatro valleinclanesco o incluso al Fernando Arrabal del exabrupto televisivo. Teatro pánico pues.

Sin embargo el libro de Irwin y Jacobi, no es una crónica de la serie sino que toma a la serie y al personaje de House como pretexto para explorar cuestiones filosóficas universales y ponerlas al dia en tanto en cuanto necesitamos relecturas constantes de ideas viejas que otros pensaron en su momento a fin de ponerlas al dia para el ciudadano actual. Vino viejo en odres nuevos.

Me he entretenido mirando el diccionario a ver cómo definen al cínico y lo cierto es que me he encontrado con una definición muy poco satisfactoria: “desvergüenza en el mentir y práctica de doctrinas vituperables”, también “impudicia, imprudencia, obscenidad y desaseo”. De manera que para saber qué significa realmente esa palabra no tenemos más remedio que darnos un paseo por la evolución del propio término que encontré, aqui, precisamente en la página punto com de los cínicos y en una entrada que se titula “la risa”, pues hay algo en los personajes cínicos, -esos que dicen siempre la verdad- de risible aentuado por su tendencia a las payasadas.

House es sobre todo un misántropo. Un ser que detesta a sus semejantes, no les aguanta, como no aguanta a los enfermos banales y es por eso que busca el misterio, los enigmas, el caso dificil, un personaje que presenta algunas similitudes con Sherlock Holmes y tambien con su creador Athur Conan Doyle, un médico tambien interesado por el pequeño detalle y por advertir señales inapreciables para una mirada tosca o corporativa. Para él sólo los casos dicifiles merecen su atención. El resto pueden resolverse con médicos vulgares, esos que atienden casos vulgares.

Composición de Mati Aparici

En este sentido House es un sartriano que reproduce en sus diálogos, su personalidad y en su conducta uno de los dilemas más importantes de nuestra existencia a los que tenemos que dar una respuesta individual. ¿Para qué sirve el otro?

Para Sartre el otro es siempre un obstáculo a la libertad y al despliegue de potencialidades creativas, el otro nos enreda, nos engatusa y nos manipulará siempre en su propio provecho incluso en el mejor de los casos. Para Sartre la mayor parte de las adversidades del hombre proceden de la relación obligada con los otros. No es que Sartre niegue la potencialidad socializadora como motor emergente de la personalidad, hasta él mismo admite que sin ese otro que teje y desteje proyectos a nuestras espaldas seria imposible que emergiera una autoconciencia y una mente creadora. No tenemos más remedio que compatibilizar (y sacrificar) nuestra libertad en aras de los intereses de ese otro, pero es aun mejor no sucumbir a los ideales que propugnan algunos sobre la supremacía de lo colectivo sobre lo individual, de lo vulgar sobre lo sublime, de lo comun frente a la excepción. A fin de cuentas los otros están ahi para fastidiarnos y para limitar nuestra libertad.

Para Sartre lo humano está condenado pues a convivir con la necesidad de los otros y la siniestra pugna que entablamos con esos otros a fin de que no molesten demasiado. Nuestra vida discurre pues entre el otro y el uno como discurre entre el ser y la nada.

Los padres nos cortan las alas, los amantes nos abandonan, los amigos nos traicionan, los jefes nos maltratan, los hijos se desentienden, los hermanos nos envidian, los maridos sobrecargan a las esposas y las esposas aburren a sus maridos. No cabe duda alguna que la mayor parte de las adversidades de nosotros los humanos proceden de ese otro que coarta y castra nuestra libertad. No se puede ser del todo libre con “un otro”.

House opta por cuestionarlo todo, desde la lineal forma de pensar de sus médicos jovenes hasta la tendencia al autoengaño de los pacientes. House en ocasiones nos recuerda al superhombre nietzschiano carente de necesidades, de filias, de intereses más allá que los que emanan de su propia condición de ser vivo que pretende transformar a los demás a fin de que vayan más allá, de que piensen en lo impensable, de que pidan lo imposible.

Lo humano no puede emerger antes de socializarse pero ¿después de socializarse para qué sirve mantener esos castrantes vinculos con el mundo social?

Podrás humanizarte cuando te hayas desocializado.

Otro de los grandes temas que explora el libro -y al parecer también la serie- es el tema del dolor y de la verdad.

Lo que hace atractivo a House es su ambigüedad moral, es como si hubiera inventado él mismo una moral a su medida, no sigue las reglas de su Hospital y bordea la ley, ni tiene interés por la politica, ni por el dinero, simplemente es indiferente a todo ello sin ser un anacoreta. A House lo que le interesa es la verdad y que los pacientes enfrenten su propia verdad, que dejen de mentirse a sí mismos y que apechugen con lo suyo. No parece haber alternativa a esta condición extraída de los filósofos de la sospecha del siglo pasado (Freud, Nietzsche y Marx). Los enfermos mienten y los médicos se mienten a sí mismos con sus estrategias compasivas y conciliadoras. Si House es una ficción, su Hospital es una ficción también, mucho más consensuada pero ficción al fin y al cabo con personajes mediocres que dictan normas uniformes para todos (como si hubiera una única moral valida) y siguen sus papeles de expertos sin salirse un ápice del guión. House en plan maestro zen enseña a sus médicos a pensar mas allá de lo que han aprendido, más allá de las enseñanzas de la facultad y de las normas del Hospital. Para salvar al paciente todo vale.

Aunque muchos de ellos no merezcan la redención que House les procura.

Ficciones

enero 1, 2012

No es este un post destinado a hablar de Jorge Luis Borges, sino que pretendo hablar de las otras ficciones, las que todos nosotros construimos. Aunque no estoy muy seguro de que estas y aquellas ficciones no sean en lo esencial las mismas.

Borges escribio sus “ficciones” para demostrar o señalar hacia la idea de que a través de lo fantástico podemos entrever que lo imaginario y lo histórico son frecuentemente el mismo fenómeno.

Y que realidad y ficción mantienen entre si una extraña relación de complicidad y de solapamiento.

Usualmente decimos que hay cosas que son verdad, que han sucedido y otras sin embargo son obras de la imaginación humana. Asi decimos que Romeo y Julieta son personajes de ficción, como Sherlock Holmes . Y que a pesar de que ambos personajes tienen casa abierta en Verona y Londres nunca existieron. Sabemos también que Churchill o Tejero son personajes reales aunque nunca les hayamos visto más que por televisión, con bombín o tricornio.

La realidad es aquello que es o fue verdad. Eso dicen.

El problema es que no sabemos una palabra de qué cosa es la realidad y cuando hablamos de un hecho histórico aun menos, no podemos saber tal y como comenté en el post anterior, si lo que entendemos como realidad realmente sucedió o fue como nos lo contaron.

Y sucede por algo importante: la realidad es inexplicable en términos de sentido.

Uno va un día por la calle y le atropellan, otro amigo nos traiciona o nos abandona, los amores se disipan, nuestros familiares y nosotros mismos nos morimos. ¿Qué sentido tiene todo eso?

No hay nada más real que la muerte, todos moriremos, algunos ya están muertos aunque solo civilmente, otros emocionalmente, pero no lo saben y no lo saben porque la muerte no admite ningún trámite o excusa. Todos iremos a parar ahi, a esa lona donde caen los hombres knockeados victimas del tiempo.

Para mi, esta contradicción tiene que ver con el significado que le damos a la palabra “realidad”. Muchas personas afirman hoy “que la realidad no existe sino que es un constructo de nuestros sentidos” de ahi a proclamar “que si piensas que estas bien, estas bien” o “si decides pensar en clave positiva el mundo se convertirá en algo positivo”, etc. Se trata de recetas de estilo new age que siendo como son falsas contienen algunas gotas de verdad.

Pues no hay que confundir la realidad, la verdad, el medio ambiente o el hábitat. Si usted va por la calle y sufre un atropello, este atropello es de verdad pero no procede de la realidad sin o del hábitat urbano en que usted se desenvuelve. Si un familiar se le muere, muchos le dirán que es ley de vida y es cierto: forma parte de nuestra realidad como humanos.

Pero no es a esta realidad/verdad a la que apelo sino a la otra , a la que construimos. Nosotros no somos sólo animales más o menos hacinados en la gran ciudad, de manera que no estamos solamente sometidos a ese hábitat que puede atropellarnos, sino que vivimos en una cultura.

Y una cultura no es ni hábitat, ni medio ambiente, es un constructo humano tejido por aposiciones, por acumulación de saberes, tradiciones, rituales, expectativas, etc, una especie de herencia lamarckiana que es el resumen de millones de años de evolución gradual . Es una base de datos acerca del mundo de la que echamos mano para comprender y representarnos esa realidad que carece tantas y tantas veces de sentido y que nuestro cerebro no puede procesar.

Pues la realidad solo puede ser representada.

Y lo hacemos a través de ficciones. Y es prudente recordar ahora que ficción no es lo que dice aqui en la wikipedia donde le atribuyen solamente una etimología de simulación. Fictio-fictionis significa esculpir o modelar. Ficción es el modelado, el trabajo de un escultor (Helios Jaime,2010)

La primera ficción que construimos es la identidad, la segunda la personalidad.

Nosotros los humanos venimos de serie equipados con un sexo bien definido. O somos hombres o somos mujeres, pero ser hombre o ser mujer precisa además de una consolidación cerebral, no basta con ser portador de unos atributos determinados. Ahi aparece en nuestro socorro la cultura a través de esa base de datos que Roger Bartra ha denominado exocerebro. En él vamos a buscar los significados, los símbolos que necesitamos para -esculpir- nuestra identidad sexual y lo hacemos a través de redes neurales extrasomáticas que son prolongaciones de las otras redes, las endocerebrales. Ahi y no en el cerebro de cada cual encontramos el sentido y los significados a qué cosa es ser un hombre y qué cosa es ser una mujer. Pues alli viven los símbolos agazapados en una red de enlaces tridimensionales donde conviven unos con otros. Alli nos dirigimos para saber quién somos y más tarde para saber cómo somos.

Y construimos una ficción: somos un hombre o somos una mujer. Naturalmente como en toda ficción podemos construir lo que mas nos convenga cerebralmente pues no hay que olvidar que esos enlaces entre endo y exocerebro son enlaces neurales. Unas ficciones serán fieles a la realidad interna de cada cual, otras alejadas de ella, unas serán construcciones fantásticas y otras pegadas al terreno de lo posible. Pero todas comparten el elemento comun de ser ficciones, pues lo masculino y lo femenino no son solo órganos y hormonas que se poseen o no se poseen, sino símbolos, representaciones, comportamientos, formas de pensar y hasta de andar miméticas o acordadas por la cultura, son consensos que estan allí en el exocerebro comunal de nuestra especie.

Lo mismo sucede con la personalidad; no voy a extenderme mucho en este asunto pues ya lo abordé en otros lugares, pero aprovecharé ahora para decir que cuando decimos, “es orgulloso, o humilde, o celoso, o interesado o perfeccionista”, no estamos señalando hacia el cerebro del sujeto sino hacia su narrativa. Los individuos no somos -por nosotros mismos- ni de una forma ni de otra pues “ser de una determinada manera” no es una prestación cerebral sino cultural. No somos perfeccionistas o humildes porque haya en nuestro cerebro ciertos receptores con mayor densidad que otros que nos empujen fatalmente hacia un rasgo u otro, sino que existe en todo caso una facilitación genética para explorar por ciertas sendas extrasomáticas buscando los significados de ser una cosa u otra. En realidad se equivocan tanto los que dicen que los rasgos de la perosnalidad son innatos, como los que dicen que son ambientales. Ni una cosa ni otra, pues aunque es más cierto lo segundo: si lo entendemos como que es el sujeto quien va a buscar significados en esa base de datos que llamamos exocerebro tratando de encontrar sus propios sentidos. Sin embargo el camino marcha atrás en busca de porqués  es imposible: la aposición, las bifurcaciones, y el solapamiento de unos con otros hacen imposible desandar el camino, si pretendemos la comprensión de cada paso.

La construcción de la personalidad es como la historia y contiene la misma dificultad que encontramos en los historiadores si lo que pretendemos es “saber la verdad de lo que pasó”. Pero para desvelar la verdad necesitamos contruir ficciones  y es asi como se conducen los eruditos pues un acontecimiento histórico cualquiera admite multiples interpretaciones (ficciones) pues la verdad histórica en su mayor parte es opaca y lo peor: carece de sentido o propósito como la muerte individual o la Evolución. Un acontecimiento se monta sobre el anterior sin que acabe de explicarlo del todo. Como en la evolución no se puede hacer marcha atrás y no tenemos más remedio que utilizar los diseños anteriores que en cualquier caso no se pueden deshacer.

Sobre la personalidad y la identidad siguen construyéndose ficciones, las creencias, los gustos, las ideas se construyen en andamios construidos a toda prisa para encajar las emociones dando la impresión de que el edificio finalizado es un edificio sólido y que responde a la lógica de la elección individual. Pero nuestra conciencia de unicidad, nuestro Yo es otra ficción, que naturalmente no existe. No existe ningún homúnculo que tome decisiones, sino que las “decisiones” se engarzan unas con otras por proximidad, por coherencia, por resonancia o por facilitación, pero nunca por determinación genética. Tampoco elegimos ser lo que somos sino que vamos acoplando lo que creemos ser a las sucesivas ficciones que construimos casi cada día para que los hechos encajen en los cajones de nuestra mente.

De manera que todos somos arquitectos de nuestras propias ficciones, entendiendo a estas como formas de interpretar la realidad/verdad segun nuestra condición de novelistas.

Y todos estamos expuestos a las ficciones de los demás cuando nos incluyen. Es seguro que usted habrá mediado alguna vez entre dos amigos que se han peleado por alguna razón. Escucha a uno y dice tiene razón, escucha al otro y piensa lo mismo, ¿Quien tiene razón?

La mayor parte de ficciones están destinadas a la confrontación con las ficciones ajenas. El buen mediador es aquel que sabe que los dos tienen su parte de razón pues en una Verdad mediada por el lenguaje hay elementos connotativos, denotativos y pragmáticos. Es posible que ambos se enzarcen en una disputa al atender solamente uno de esos planos por donde discurre el lenguaje y se olviden del elemento pragmático (lo más frecuente), el que contextualiza las palabras. El mediador sabe que ambos tienen razón y no la tienen, pero sobre todo sabe algo más importante: que ninguna ficción es la verdad y que existe un plano donde el conocer que todos construimos ficciones de hecho, nos hace relativizar y alejarnos de la búsqueda de la razón, una ética abyecta. Sabemos que hay una ficción que es a su vez una metaficción, la de saber que todos estamos equivocados y al mismo tiempo acertados.

Es por eso que existen buenos y malos novelistas o constructores de narrativas y es por eso que todos estamos de acuerdo en decir que Borges es mejor escritor que Lafuente Estefania.

Necesitamos la ficción para aprehender la realidad, para hacerla nuestra e injertarla de vuelta en nuestro cerebro en su código de iones y química. Y no sólo la necesitamos -estando como está fuera de nosotros- sino que no tenemos más remedio que aceptarla como único medio de entender la realidad. A cambio no tenemos más remdio que aceptar que la simulación, el engaño y el autoengaño forman parte de nuestro acervo cotidiano. Y que eso no nos hace menos auténticos sino simplemente humanos. Y condenados a auto-inventarnos un lugar en el mundo.

Se trata de un noble ejercicio, el de la simulación pues a la realidad le hacen tanta gracia las ficciones como a nosotros y a veces incluso las imita.

Y entonces decimos aquello que la realidad tiene una estructura de ficción.

Pero no es verdad: la realidad es sólo un inconmensurable que envidia a la narrativa.

Hablar, pensar, leer, escribir

diciembre 29, 2011

Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, *perras negras*, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo.

Julio Cortazar (Rayuela)

Pensar y decir no son la misma cosa. Y la diferencia está en que lo que pensamos no son palabras. Si pensáramos en palabras no podriamos pensar porque las palabras tienen tendencia a juntarse, tienen miedo de si mismas y tratan de autoprotegerse en la manada, como esos rebaños de ñues donde un perfecto orden de formación asegura la supervivencia.

Podemos pensar en algo y no decirlo y del mismo modo podemos decir algo sin pensar. Más aun podemos decir fingiendo que pensamos lo que decimos, podemos mentir y podemos disfrazar nuestros pensamientos, aun ignorarlos, pero no voy a referirme solamente al hecho de que una de las diferencias entre ambas funciones de nuestro cerebro sea la ocultación. Me ocuparé de que , -con independencia de qué apareció antes, el lenguaje o el pensamiento-, lo cierto es que ambas funciones pertenecen a distintas funciones o registros cerebrales. Una, la de pensar es de menor definición, la otra , la de decir pertenece a un registro de mayor definición. Pues hablar contiene mucha mayor información sintáctica y semántica. Contiene prosodia y entonación, imperativos e interjecciones, pausas y aceleraciones, secuencias de argumentos, una especie de marcapasos o cuadriculación de lo que se dice, contiene pragmática es decir la posibilidad de decir lo que se dice en contextos supralingüisticos donde las palabras adquieren un sentido diferente a sí mismas o de deconstruir esos mismos contextos.

Lo cierto es que lo que pensamos es poco de fiar por su escasa definición, sólo podemos pensar en pensamientos y los pensamientos son sobre todo emociones plegadas, del mismo modo que las emociones son movimientos plegados a través del proceso de centralización derivado de la neurogénesis.

Es tan así, que poco sabemos de lo que pensamos si no lo decimos en voz alta, si no lo comunicamos a otro. De eso van todas las psicoterapias, las confesiones, las confidencias o la simple conversación, podemos matizar, modelar o cambiar los pensamientos  a través del hecho de hacerlos audibles. Pero este prcedimiento tiene también su contraparte antagónica, ¿pues qué queremos decir cuando admitimos, “lo dije sin pensar”, o “no quise decir eso” o “me has entendido mal”? A pesar de que el lenguaje hablado es muy digital, es decir contiene todos los elementos gramaticales para su comprension lo cierto es que es muy ambigüo y con frecuencia admite configuraciones bien distintas a lo que realmente pensamos sí es que existe una manera de pensar verdadera y otra falsa.

¿Por qué sucede esto?

Sucede porque las palabras nos proveen no ya de agenticidad cosa que ya poseemos de serie con los pensamientos sino de intencionalidad. Nos proveen de una ilusión de intencionalidad, como si lo que decimos fuera la verdad, no ya de lo que pensamos o sentimos sino de la realidad-real tal y como es. Como si las palabras que decimos y la verdad fueran una misma cosa.

Dicho de otra forma: hablar nos dota de una herramienta poderosa en cuanto adjudicarle sentido a la realidad y de ahi su poder como ejercicio de convicción y de persuasión. Lo que decimos, las palabras nos poseen, nos capturan y nos encarcelan puesto que las palabras operan como verdades o representaciones puras de la realidad. Lo que decimos creemos que es la verdad, sin caer en la cuenta de que lo que caracteriza a la realidad -y por tanto a la verdad- es que carece de sentido.

La realidad carece de sentido y es por eso que los humanos inventamos la ficción. En la ficción todo encaja, todo cuadra, todos se vuelve transparente, simétrico, comprensible y todo adquiere sentido, solo que la ficción no es la realidad y sólo la roza de lejos. Por contra la realidad es un escenario propio de lo caótico, lo impredecible, lo casual, lo anecdótico, lo asimétrico y el sinsentido.

Javier Cercas es un escritor español que ha escrito sobre esta cuestión, en un libro que es precisamente un especímen dificilmente clasificable. Se trata de “Anatomía de un instante”, donde intenta escribir un libro de ficción histórica o un libro de historia sobre una ficción a propósito del 23-F.

Lo cierto es que existen multitud de libros que abordan este tema con una intención de investigación periodistica. Tambien los hay con intención de investigación histórica, pero es necesario señalar ahora que ni la investigación histórica ni la periodística podrán jamás acercarse a la verdad del 23-F ni de cualquier otro acontecimiento histórico. de hecho no se ya cuantos libros sobre la guerra civil -un filón inacabable- se han publicado en nuestro pais sin que ninguno de ellos sea el libro definitivo sobre la guerra civil. El libro definitivo sobre la guerra civil no está escrito ni podrá escribirse nunca porque la verdad sobre la guerra civil ( o sobre cualquier otro acontecimiento histórico) no resiste la cuadriculada realidad que la ficción impone al lector a fin de hacerla coherente. Lo que se gana en coherencia y comprensibilidad se pierde en veracidad.

Y asi y todo nos gusta leer, y nos gusta porque detestamos vivir en la indeterminación de la realidad. El éxito que los libros -leerlos y escribirlos- han tenido en nuestra especie procede del hecho de que acotan la realidad, la hacen verosímil, construyen secuencias de hechos que solo en la ficción se suceden unos a otros, no asi en la realidad de las cosas donde lo que suele suceder es un cúmulo de casualidades que derivan los hechos por un rail u otro en función del azar.

Asi, cuando se escribe sobre el 23-F solemos decir que fue el Rey quien paró el golpe, esa es la realidad que los constructores de ficciones han consensuado. Y en parte es verdad que fue su Majestad quien paró el golpe en aquella locución televisiva entrada ya la noche del 23-F. Pero eso no significa que el rey no tuviera nada que ver con él, ni que no tuviera parte de responsabilidad en la deriva de los hechos, los precursores o el caldo de cultivo que dio lugar a aquella ridicula asonada.

A los que quieran saber más sobre este asunto les recomiendo que lean el libro de Cercás que en mi opinión resume de forma magistral los hechos previos al golpe pero no sólo eso. El libro de Cercás contiene una teoría, una doctrina sobre la realidad que no elude la casualidad al tiempo que hace una distinción muy lúcida sobre la ficción, la historiografia y el periodismo.

Los libros no hablan de la realidad, no porque la realidad sea dura de roer sino porque es incomprensible por descentralizada y multicausal. Los pocos autores que se han dedicado a escribir directamente sobre ella (sobre la realidad) han tenido poco éxito. Nombraré a James Joyce con sus infumables novelas sobre la realidad misma del lenguaje que admite recreaciones e invenciones individuales a cada momento. Joyce se enfrentó a la misma paradoja que pareció apresar a los músicos que intentaron cambiar de la tonalidad en atonalidad tal y como conté en este post dedicado a Stravinsky. Demasiada realidad, incomprensible realidad.

Pues hablar de la realidad es renunciar a lo que la ficción esconde y que la hace tan apetecible: la función de colocar a cada cosa en su lugar -un emplazamiento que es a la vez geométrico y temporal- a fin de hacerla comprensible. Aunque comprensible no signifique la verdad. Renunciar a la verdad es la condición de la ficción. O lo que es lo mismo la condición del lenguaje. La condición del decir.

Pero lo cierto es que la realidad añora a la ficción y casi siempre intenta plagiarla, pues ¿No es la escena de Tejero entrando en el Congreso de los diputados el 23-F, una escena de sainete?. Un espectador del siglo XXII podría verla en el cine o en TV y sólo sabiendo que “sucedió en realidad” discriminaría lo real de la ficción. Hay algo en la realidad de insólito y de irrealidad y mucho más desde que existen medios de comunicación visuales. La TV ha conseguido que asistamos en cada telediario a unas escenas que por su insólito dramatismo nos conmueven de lejos pues nuestro cerebro las procesa como irreales, es decir como ficción.

Lo cierto es que ni cuando pensamos, decimos o escribimos estamos representando la realidad sino hacer como que la representamos. Todo es pues un simulacro consensuado de verdad. Hasta somos capaces de elaborar teorias delirantes (llamadas ahora conspiranoicas) para explicarnos la verdad.

Lo que significa que preferimos renunciar a la verdad antes de a la comprensibilidad.

Nuestro cerebro no está diseñado ni para escribir, ni para leer, ni para decir cosas demasiado complicadas tal y como cuenta Nichollas Carr:

Leer un libro significaba practicar un proceso antinatural de pensamiento que exigía atención sostenida, ininterrumpida, a un solo objeto estático. Exigía que los lectores se situaran en lo que el T. S. Eliot de los Cuatro cuartetos llamaba “punto de quietud en un mundo que gira”. Tuvieron que entrenar su cerebro para que hiciese caso omiso de todo cuanto sucedía a su alrededor, resistir la tentación de permitir que su enfoque pasara de una señal sensorial a otra. Tuvieron que forjar o reforzar los enlaces neuronales necesarios para contrarrestar su distracción instintiva, aplicando un mayor “control de arriba abajo” sobre su atención. “La capacidad de concentrarse en una sola tarea relativamente sin interrupciones”, escribe Vaughan Bell, psicólogo del King´s College de Londres, representa “una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico.

Leer un libro, contar un cuento o decir nuestros sentimientos  a otra persona es tan antinatural como tomarnos un antibiótico.

Ni que decir tiene que mucha gente había cultivado una capacidad de atención sostenida mucho antes de que llegara el libro e incluso el alfabeto. El cazador, el artesano, el asceta, todos tenían que entrenar su cerebro para controlar y concentrar su atención. Lo notable respecto de la lectura de libros es que en esta tarea la concentración profunda se combinaba con un desciframiento del texto e interpretación de su significado que implicaban una actividad y una eficiencia de orden mental muy considerables. La lectura de una secuencia de páginas impresas era valiosa no sólo por el conocimiento que los lectores adquirían a través de las palabras del autor, sino por la forma en que esas palabras activaban vibraciones intelectuales dentro de sus propias mentes.

Evidentemente leer nos cambió (modeló) el cerebro. ¿Podemos imaginar como cambiará nuestro cerebro a partir de las nuevas tecnologías?

¿Es el lenguaje un virus?

septiembre 8, 2011

William Burroughs fue un escritor de aquellos enloquecidos años que tanta marcha nos dieron en los felices sesenta y al que se le atribuye la idea que da titulo a este post. Se pregunta o mejor afirma que el lenguaje es un virus que para más señas procede del espacio exterior es decir fue algo que nos legaron ciertos extraterrestres, quiza para dominarnos a través de él.

Lo mejor es leer esta idea como si fuera una metáfora y no tanto de forma literal. Para mi la idea que duermevela en el inconsciente de Burroughts es ésta: el lenguaje no es un virus pero se comporta como si lo fuera.

Lo cierto es que Burroughts no sabia qué cosa era un meme, pues de haberlo sabido hubiera podido cambiar su sentencia por esta otra: “los memes utilizan el lenguaje para difundirse y es asi como logran parasitar los cerebros individuales.”

A los memes en realidad les pasa lo mismo que a los virus, ni están vivos ni están muertos, no son orgánicos ni inorgánicos, no se ven y solo se activan cuando encuentran una máquina biológica en la que puedan reproducirse, pues su fin en la vida es precisamente ese: lograr copias de sí mismos. Su manía reproductiva es pues su función en la vida a pesar de que no están vivos. He aqui la cuestión.

Los que si que están vivos son los idiomas que son el lenguaje de programación mediante el cual los memes se trasmiten. Y no es de extrañar que Dios cuando creó el mundo se planteara muy seriamente la idea de Babel para confundir al personal. De lo que se trataba era de inventar idiomas mayoritarios (que hablara mucha gente) y minoritarios (que hablara poca gente) a fin de que se pelearan eternamente no tanto por difundir su lengua sino para defender los memes que anidan en esas mismas lenguas y que se ocultan tras ciertos campanarios.

Pues el meme más peligroso que existe después del meme de la religión es el meme de la lengua, el meme nacionalista por asi decir y mucho peor si van juntos. Y es tan peligroso porque afecta al mismo lenguaje de programación como el virus del SIDA que más que atacar células cualesquiera se mete directamente con la inmunidad a la que compromete. Es por ello que los idiomas no son sólo museos al aire libre que hay que conservar como una pintura del renacimiento o una sonata de Bach sino algo más: se trata del meme de la identidad, el meme del “fet diferencial” como proclama Pujol y ahora su esposa paracaidista.

Lo curioso de los lenguajes de programación no es que se peleen darwiniamente por ocupar un mayor espacio cerebral entre los ciudadanos sino que tratan de sobrevivir de mala manera para transmitir sus memes. Los idiomas mayoritarios como el chino, el castellano o el inglés no viven nada preocupados por sí mismos pero los idiomas minoritarios como el catalán, el gallego o el vasco tienen un verdadero horror ante los idiomas mayoritarios a los que sienten como una amenaza. Y se refugian en sí mismos como si les fuera la vida, como si de la supervivencia de su idioma dependiera la existencia de su propia identidad.

Pero en realidad no es el idioma (el lenguaje de programación) el que defienden sino la programación en sí misma.

Es el meme de la identidad el que defienden, es por eso que la integración es imposible, pues cada meme no tiene más interés sino en arremolinarse alrededor de memes similares.

Y es que los memes tienen cierta tendencia a arrejuntarse como los ñues en un rebaño, pues saben que cuanta más densidad de individuos haya en él  más dificil será que las fieras los desguacen. De manera que los memes tienen tendencia a agruparse a arrebañarse. Es imposible que existan señas de identidad sin una cierta tendencia a permanecer unidos en la paranoia “vienen a por nosotros”.

Pero lo cierto es que nadie va a por ellos, el pez grande en este caso no se comerá al pequeño, pero el pequeño tiene muchas probabilidades de perecer por sus propio temores y a fuerza de hacerse el antipático. Pues todas las politicas de cuotas y discriminaciónes positivas están destinadas al fracaso.

Pues visto lo visto se trata de una profecía autocumplidora: de tanto miedo que tienen a que les quiten su identidad (que por otra parte no le interesa a nadie) se hacen tan desagradables que hasta la Virgen de la Merced les negará el saludo y ya no querrá ser más generala de ningún asedio.

Y no tendrán mas remedio que recurrir a un Casanova suicida para que les guie hacia la identidad con paracaidas o sin él.

La banalidad del sufrimiento

agosto 29, 2011

Cuando yo era joven y estudiaba para psiquiatra trabajé en uno de aquellos horrorosos antros llamados manicomios y que recibian el “cariñoso” nombre kraepeliniano por parte de vecinos, trabajadores del lugar y población en general de pabellón de dementes. Alli se daban cita personajes de lo más diverso que tenian algo en común: estaban todos mal de la cabeza con independencia del diagnóstico, pero entrar y salir de alli no era algo fácil o habitual, y ahora cuando vuelvo la vista atrás y comparo la frecuentación y el número total de ingresos que una unidad de hospitalización psiquiátrica sostiene en la actualidad y las urgencias que atendemos en un año no puedo menos que preguntarme qué ha sucedido para que una población relativamente pequeña haya aumentado su incidencia casi multiplicándose por cien en apenas 30 años.

Al volver la vista atrás suceden cosas muy interesantes: por ejemplo, en  mi infancia a los hospitales solo iban los pobres, los tuberculosos y las madres solteras pero ahora los hospitales se han convertido en una especie de catedrales donde todos pasamos buena parte de nuestra vida, estar enfermo es ya normal y es por eso que todos pasamos más tiempo en los hospitales que en cualquier otra institución del Estado, contando bibliotecas o templos, ir a hacerse un análisis, una radiografia, un TAC o recibir quimioterapia por un cáncer, mirarse la vista o acudir a una visita  de un especialista ha pasado a formar parte de nuestro ritual de vida. El Hospital es el templo de nuestro tiempo y todos los rituales de paso se ofician alli, desde el nacimiento hasta nuestra muerte.

El caso es que cuando pregunto qué es lo que ha podido suceder en el mundo para que una población relativamente pequeña -y me refiero ahora a la población psiquiátrica- se haya multiplicado de ese modo, los gestores de la cuestión suelen aducir ciertas variables, pongo por caso:

  • La población ha crecido.
  • Las drogas han envilecido las enfermedades mentales.
  • La gente presenta hoy más patologías psiquiátricas que antaño por aquello del progreso.
  • La laicización del mundo ha tenido costes del mismo modo que los cambios sociales. (Nótese la ambiguedad de esta variable).
  • El acceso a los servicios de salud se ha facilitado.
  • No es que haya más enfermedades mentales sino que las familias ya no sirven de soporte al malestar de sus miembros.
  • Ahora diagnosticamos mejor que antes y es por eso que detectamos casos con más facilidad. Y etc.

Ni que decir que todos estos criterios no pueden explicar -todos ellos juntos- el incremento de las enfermedades mentales asi como otros, la urbanicidad, la inmigración interior y exterior con la aculturación que conllevan y otros  similares que no llegan a convencerme para entender esa enorme multiplicación de casos psiquiátricos que soportamos hoy, cuando lo esperable de acuerdo con la sofisticación de los medios ambulatorios y los tratamientos precoces seria lo contrario.

¿Qué le ha sucedido al mundo, para que en apenas 30 años hayamos centuplicado la incidencia de enfermedades mentales?

Pues que tal y como dice el dicho popular “ni son todos los que están ni están todos los que son”, dicho de otra forma no es enfermedad mental todo lo que se encuentra diagnosticado de enfermedad mental y tambien es cierto lo contrario: existe un número indeterminado de población psiquiátrica sin diagnosticar, pero atendiendo a mi argumento lo que me propongo es averiguar qué ha sucedido para que existan casos de diagnosticos psiquiatricos en ausencia de enfermedad.¿Es esto realmente asi de crudo?.

Cuando yo era médico de cabecera o generalista apenas veía casos psiquiátricos, sin embargo hoy es la norma, se supone que el 20% de todas las consultas ambulatorias huelen a salud mental y hacia allí son dirigidas. La epidemia se ha consumado y yo lo que creo es que ha sido por razones bien distintas a lo que la mayor parte de la gente , incluyendo especialistas, creen

Lo que yo creo es que en los ochenta comenzó en nuestro pais un proceso de diseminación de los malestares psíquicos, un proceso de banalización que ha tenido consecuencias epidemiológicas importantes en la situación actual. De repente la gente comprendió que deprimirse era una enfermedad, y que tenia prebendas, comprensión, asistencia y sobre todo una derivación, una externalización de la responsabilidad desde lo íntimo hacia lo publico. La gente comenzó a comprender que deprimirse era algo útil para lidiar con los problemas o adversidades de la cotidianeidad. La gente comprendió que deprimirse era una enfermedad lo que la liberaba de la responsabilidad de deprimirse.

Los casos de enfermedad mental y por tanto la sobrecarga de diagnósticos psiquiátricos procede de estas situaciones:

1.- La conceptualización de las enfermedades mentales.

Es seguro que la conceptualización que hagamos sobre los malestares psíquicos tendrá alguna influencia en la presentación del sufrimiento mental. Lo que ha sucedido en los ultimos años (desde la emergencia de los manuales diagnósticos y estadisticos) es la desorbitada multiplicación de las entidades morbosas del eje 1 , es decir de los estados o procesos. Ahora existen cantidad de nichos nosográficos donde colocar el malestar y cada dia alguien inventa uno nuevo que aun no se encuentra en las clasificaciones, pase lo que le pase en la vida es seguro que usted o su psiquiatra podrán filiar su contrariedad y asimilarla a algún diagnóstico.

El problema que tiene esta estrategia de nombrar y psiquiatrizar los sufrimientos es que aliena a las personas que los sufren. Pues alienación -en este sentido- significa que hay algo que procede de algun extraño lugar que toma el mando de nuestra voluntad y nos obliga a enfermar, sean genes, serotoninas, compulsiones o traumas. No cabe ninguna duda de que atribuir nuestros malestares a estas misteriosas entidades nos permite salir indemnes de nuestra responsabilidad a cambio de cederle el mando de nuestra subjetividad a alguna extraña instancia.

Y es asi que cuando nos depriminos lo que buscamos es una solución rápida y eficaz y por eso recurrimos a los antidepresivos o a los tranquilizantes cuando estamos angustiados. Nos permiten no pensar, pero al mismo tiempo nos sustraen la posibilidad de aprender algo sobre nuestros miedos, nuestras culpas o nuestro deseo. Taponar con fármacos cualquier eventualidad nos impide aprender de la experiencia y lo que es peor: favorece la convicción de que estamos a merced de los imponderables aumentando nuestra dependencia de ellos.

La banalización del sufrimiento arranca de dos exilios: el de la melancolia y el de la histeria, Concretamente desde que estas entidades ya no se diagnostican han aumentado los desórdenes depresivos y los trastornos psicosomáticos asi como las enfermedades inexplicables médicamente. Es la venganza de las entidades amputadas por los consensos de la ciencia. La una (la histeria porque pone en cuarentena el saber médico organicista), la otra -la melancolia- porque nos recuerda nuestro origen culpable, dual y sometido a los vaivenes de las pérdidas, los duelos y las reparaciones.

2.- La intolerancia a las contrariedades de la vida.

No cabe ningun duda de que vivimos en una sociedad que ha renegado del dolor, del aburrimiento, de la nostalgia, de la incapacidad, de la pereza o de la incompetencia. El resultado de este blanqueamiento del mal (como decía Baudrillard) es un aumento de los malestares vinculados a aquellas emociones. Si existe un ideal de delgadez lo que es de esperar es que existan contraestrategias basadas en contravalores (obesidades mórbidas), si existe un ideal de capacidad y competencia lo que es de esperar es que existan muchos irresponsables o incapaces, si existe un ideal de no sufrir o no sentir dolor lo que es de esperar es que existan muchas depresiones y muchos dolores sin causa médica que los justifique.

El sufrimiento inherente a la vida se ha vuelto intolerable para nuestros conciudadanos opulentos inmunodeprimidos por una sociedad paternalista y asistencial, los que se echaron en manos de la ciencia para adorarla como un totem con la esperanza religiosa de que cuidaria de ellos son los más perjudicados. Esta expectativa de felicidad inocente e irresponsable ha ajustado cuentas con nuestra especie mutiplicando las entidades responsables de generar sufrimiento, dolor e incapacidad.

Pues el hombre tal y como sostuvo Cioran está hecho para no hacer nada.

3.- Las ventajas de portar un diagnóstico psiquiatrico.

No siempre ser portador de un diagnóstico psiquiátrico estigmatiza a sus “victimas” sino tan sólo en aquellos enfermos más graves (enfermos verdaderos) que presentan graves sintomas conductuales que pueden ser detectados por los sanos y dotados de cierta incomprensibilidad. La estigmatización no se hace sobre la base de la especialidad médica de que se trate sino de la comprensibilidad de la experiencia subjetiva. Es obvio que ser portador de anticuerpos del SIDA es más estigmatizante que tener una depresión

Sobrellevar un diagnostico de depresión no es estigmatizante porque todo el mundo sabe o cree saber de que se trata: a raíz de algun problema quizá en el trabajo, familiar o vital las personas se vienen abajo y precisan de intervenciones médicas, los sintomas de la depresión por su vecindad con la experiencia normal de la tristeza son tan comunes y tan comprensibles que todo el mundo puede llegar a empatizar con el deprimido sea cual sea la situación que le llevó allí, lo mismo sucede con la ansiedad o con las manias obsesivas, con los trastornos psiquiátricos menores por asi decir. Una experiencia de comprensible continuidad con las adversidades de la vida.

Deprimirse en este contexto no sólo es algo bien visto por la sociedad en general y que no estigmatiza a los que aparecen como tales sino que muchas veces incluso estas personas pueden obtener apoyos para sus causas dependiendo de su habilidad para gestionar sus quejas. Se puede tener un enorme poder desde la minusvalia y desde la debilidad.

Es por eso que Hanna Arendt habló de la banalidad del sufrimiento , no porque el sufrimiento sea banal sino porque se han banalizado las circunstancias del sufrir y porque en definitiva ni es necesaria la patología para sufrir ni ser un malvado para ejercer el Mal.

De ahi su ligereza y la levedad de los sufrimientos del hombre actual, una operación de hiperrealidad, una simulación de los sufrimientos verdaderos que maximizan su ventaja: la de no saber.

¿Es la psiquiatría una industria de la muerte?

mayo 25, 2011

Éste el título de un documental editado y distribuido por la Cienciología que tuvimos la ocasión de visionar y comentar con los residentes de nuestro Servicio.Cuelgo aqui la primera parte del mismo:


Después de ver el vídeo tenemos la opción de menospreciarlo totalmente abogando a la manipulación de datos y declaraciones fuera de contexto que aparecen, pero me parece más oportuno e interesante reflexionar acerca de nuestra especialidad rescatando algunas de las críticas que se nos realiza. No podemos olvidar que algunos de los mensajes que se lanzan (y de los que se nos acusa) forman parte en cierto grado de la opinión pública y nos los vamos a encontrar en nuestra consulta a modo de resistencias o cuestionamientos a nuestros tratamientos, por lo que nos parece doblemente instructivo pensar sobre ello.

Para empezar, en lo que respecta al tema de la manipulación, podríamos plantearnos en qué difiere un vídeo de estas características con la información emitida por los medios de comunicación habituales y respetables que consumimos diariamente No debemos olvidar que toda información que se nos ofrece está en cierta medida sesgada y que es importante conocer a qué grupo empresarial pertenece el medio de comunicación para así “filtrar” sus intereses de la propia noticia.

La mayor parte del documental consiste en un repaso a la historia de la Psiquiatría a lo largo de los últimos siglos de Historia de la humanidad insistiendo en los periodos y regímenes políticos más totalitarios y conflictivos. Bajo mi punto de vista, la principal crítica que se le puede hacer al vídeo consiste en una falacia de planteamiento: es que sostiene insistentemente la idea matriz de que la Psiquiatría fue concebida y creada con el único pretexto de servir como medio de control y dominio social, para anular las voluntades individuales. Así, se nos acusa no solo de participar sino de organizar torturas de siglos pasados, la estrategia nazi y comunista y la guerra de los Balcanes. Seguramente algún psiquiatra participara en algunas de esas actividades, pero de ahí a extrapolar que la especialidad entera conspire hacia esos fines hay todo un trecho.

Además, es cierto que se descontextualizan algunas declaraciones de profesionales para “pillarles en falta”, así como algunos hechos históricos (tan desagradable sería la administración de la terapia electroconvulsiva en sus orígenes sin anestesia, como el resto de intervenciones quirúrgicas no-psiquiátricas que se realizaban sin anestesia)

Dicho esto, no podemos obviar que en algunos momentos la sociedad le ha exigido a la psiquiatría (y aun hoy sigue ocurriendo) que actúe a modo de “policía moral” o de “mantenedora del orden establecido” y así no es extraño que acudan a Urgencias personas detenidas por la Policía “para valorar si les ocurre algo antes de llevarlos al calabozo”. Cuando alguien comete un delito y sale en los medios suele acompañarse de la expresión “estaba bajo tratamiento psiquiátrico” pero no se dice si era tuerto, diabético o cardiópata.

Para ser rigurosos con la historia de la medicina hay que reconocer que la Psiquiastria no nació como un medio policiaco de control social sino como un acto de beneficencia, un acto de caridad que salió de la cabeza del padre Jofre, un monje mercenario valenciano que fundó el primer manicomio del mundo en el siglo XV (El Hospital del folls, orats e ignocents de Valencia) De manera que la hipótesis de Foucault -vertida en su Historia de la locura- es muy discutible con independencia de que el orden publico y la enfermedad mental se hallan solapadas en muchas ocasiones sobre todo desde que se acometieron las reformas desintitucionalizadoras de la salud mental. Asi hay que recordar que en el siglo XIX, la reforma de Pinel y Esquirol libraron a los locos de sus cadenas a cambio de llenar las carceles de locos y el Sena de cadáveres.

Un punto que me parece especialmente interesante del documental es el que hace referencia al DSM que es el manual de clasificación de las enfermedades mentales editado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA). Dicho libro surgió con la intención de aumentar el entendimiento entre profesionales y la fiabilidad en los diagnósticos, con un planteamiento ateórico para una especialidad muy influenciada por las diversas escuelas teóricas existentes. Cabe pensar que en el contexto sanitario estadounidense existe la necesidad, por parte de las aseguradoras, de cuantificar exactamente a qué tratamientos y prestaciones se tiene derecho según la póliza contratada; de manera, que estar diagnosticado de un código u otro implica tener más o menos días de ingreso o de sesiones de terapia cubiertas.

Pues bien, es llamativo que de un planteamiento inicial con estas características hayamos llegado a la actualidad a convertir el DSM en un libro de referencia que pretenda englobar la totalidad de los trastornos mentales.

Y justo en este punto, creo que encontramos nuestra propia falacia. Deberíamos preguntarnos y replantearnos ¿cuál es el objeto de atención de la Psiquiatría? Estamos inmersos en el paradigma médico (biologicista) en el que se considera que existen enfermedades mentales objetivables y identificables de manera similar a como se puede diagnosticar un infarto de miocardio o el asma, pero obviando el hecho de que desconocemos la fisiopatología y patogenia de dichas supuestas enfermedades y por lo tanto agrupamos una serie de criterios (suma de síntomas y condiciones) para llegar a un diagnóstico. Los que nos dedicamos a la clínica somos conscientes de que nuestros pacientes acuden para aliviar su sufrimiento y de que ése precisamente es el foco principal de todas nuestras intervenciones: paliar el sufrimiento humano. Si insistimos en el modelo médico y utilizamos su terminología nos encontraremos atrapados en un dilema: ante la pregunta de ¿cuántas curaciones hemos obtenido? nos quedaremos sin argumentos porque el concepto de curación de la medicina general no es extrapolable a nuestra especialidad. Por ello, deberíamos reformular lo que se entiende por curación en Psiquiatría.

Así pues, si llegamos a pensar que el objetivo principal es aliviar el sufrimiento, debemos plantearnos con qué herramientas y estrategias contamos para conseguirlo. En esta línea, dentro del paradigma reinante, nos encontramos con que la industria farmacéutica ha presentado un gran desarrollo en las últimas décadas pero dando la impresión de haber tocado techo en cuanto a nuevas dianas terapéuticas ya que hace tiempo que se presentan novedades solamente a nivel de formas galénicas.

Además, desde este punto de vista y en la época de crisis actual no debemos olvidar conceptos como el de eficiencia y analizar los costes que supone el ejercicio prescriptor de la psiquiatría frente a los beneficios reales que se obtienen con esos tratamientos. Hace algún tiempo tuve la ocasión de escuchar a Germán Berrios plantear que o redefinimos nuestros objetivos y nuestra de manera de actuar-atender al enfermo o posiblemente nos encontremos con que la sociedad encuentre a otros “cuidadores” para nuestros enfermos que resulten más eficientes suponiendo un menor gasto.

Para terminar, en el video nos acusan de drogar a nuestros niños y de cambiarles el carácter (con los tratamientos que les administramos), así como de un preocupante aumento de los diagnósticos psiquiátricos en la infancia. Es cierto que ha habido un aumento de la preocupación hacia los menores en nuestras sociedades y eso puede conllevar prestarle más atención a hechos que antes pasaban desapercibidos, pero siguiendo la estela del sistema diagnóstico de los adultos nos encontramos con unas cifras de trastornos que resultan preocupantes, con unos criterios poco claros y unos diagnósticos poco estables a lo largo del tiempo. Las manifestaciones clínicas en los menores pueden ser variopintas pero es frecuente que casi cualquier malestar se exprese con alteraciones del comportamiento (lo cual no debería implicar necesariamente un diagnóstico de la categoría Trastornos del comportamiento)

Por otro lado estamos en una sociedad donde impera el “buenismo” y la falta de límites a nuestros hijos, con unas nefastas consecuencias a medio y largo plazo, y cuando más adelante aparecen los problemas de comportamiento sí se requieren nuestros servicios para “poner orden”, pero se cuestionan los métodos de los que disponemos porque implican la asunción de nuevos límites estables.

Mi conclusión es que las enfermedades mentales existirian igual sin los psiquiatras y que probablemente los enfermos o bien serian desatendidos, abandonados a su suerte, captados para alguna secta o utilizados de carne de cañón pero tambien es cierto que la conceptualización de las enfermedades modifica la presentación de las mismas y sobre todo: legitima ciertos malestares y los deriva hacia su medicalización.

Nota liminar.-

Este es el texto resultado de un seminario que se impartió recientemente en el Consorcio Hospitalario de Castellón a través del Dr Matias Real. Los autores del texto somos yo mismo y el citado profesional.

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