Epidemiología del feminismo

No cabe la menor duda de que el feminismo y la ideología de género que le da soporte es una doctrina que ha tenido mucho éxito. Sin embargo este éxito es más evidente en unos lugares que en otros. Para resumir podríamos decir que -salvando ciertas naciones- el feminismo ha tenido éxito en Occidente incluyendo USA, Canadá y Australia. No es necesario decir que este fenómeno necesita una explicación y más si tenemos en cuenta de que se trata de una ideología falsa que es contraria a casi todo lo que sabemos hoy sobre diferencias de sexos, neurociencia y psicología tanto la humana como la de estirpe evolucionista. Y no solo falsa sino muy nociva para las relaciones entre los sexos, la salud mental y la natalidad.

Pero seria imposible hacer una aproximación a este fenómeno -que es en cierto modo un fenómeno memético- sin entender el papel de los activismos políticos que se diseminan a través de las redes sociales y los medios de comunicación, tales como el buenismo, el animalismo, el ecologismo o el activismo LGTBi entre otros. Es interesante que el lector visione este video de una youtuber llamada Xeno y que pertenece a una serie titulada «La revolución sexual», de donde he extraído las ideas que más abajo desglosaré.

Las ideas fuerza de este video pertenecen a la tesis doctoral de Christine Brophy de la Universidad de Toronto que investigó otro fenómeno paralelo, «la correccion social»  una indagación previa al fenómeno que nos ocupa y del que es una derivada psicológica. Brophy llegó a la conclusión de que no se trataba de un fenómeno unitario. Encontró al menos dos tipos de feministas a las que llamaremos tipo I y tipo II.

La pregunta inicial que se hace Brophy es ésta: ¿existe algún tipo de personalidad que nos haga más vulnerables a esta ideología?

La primera variable es la edad: el feminismo se contagia más frecuentemente entre adolescentes y con un repunte entre las mujeres mayores. Las mujeres en edad de trabajar son menos feministas que aquellas que tienen mucho tiempo y ninguna obligación. Tampoco suelen ser madres. La segunda variable en liza es la opulencia, no cabe duda de que se trata de una ideología que ha prendido en ciertas sociedades pero no en otras, seria absurdo buscar en el Chad a alguna feminista o en algún país musulmán. La tercera variable es el concurso de otras feministas en el entorno de la contagiada: la escuela, las redes sociales y la universidad son los lugares donde se difunda con más celeridad esta ideología contagiosa. La cuarta variable es la rabia, el enfado, el malestar o la indignación que suele estallar cuando ciertas noticias (como la de la manada) sometidas a ciertos sesgos por los informadores.

Pero no todas las feministas son iguales. En este sentido Brophy identifica -epidemiológicamente- dos patrones:

La feminista tipo I.-

1.- Baja inteligencia verbal, para comprender argumentos complejos y sobre todo para verbalizar opiniones propias atendiendo a los argumentos ajenos, sin demonizarlos y sin descartarlos en forma de ataque. Existe como un deficit cognitivo que impide a estas personas argumentar racionalmente, sobre todo cuando sus argumentos son vencidos por los de su oponente.

2.- Alta repugnancia moral. La repugnancia moral es una derivada de una emoción conocida con el nombre de asco y de la que he hablado ya en múltiples ocasiones en otros lugares. Decir que la repugnancia moral es un derivado del asco que surgió por razones evolutivas para defendernos de los venenos presentes en la comida. De ahí derivó a una emoción propiamente moral tal y como propuso Paul Rozin.

3.-Altos puntajes de ansiedad. Se trata de un rasgo heredable y adosado a la variable «neuroticismo» bien conocida por la psicología desde hace mucho tiempo. Se sabe que las mujeres puntúan más alto que los hombres en neuroticismo. Se trata de personas con baja tolerancia a las opiniones que desafían su concepción del mundo.

4.- Alta compasión o hiperempatía. Se trata de un rasgo que comparten con el segundo tipo

La feminista tipo II.-

1.- Se adoctrinaron en algún tipo de seminario o congreso -sobre todo en edades tempranas- donde se apeló sobre todo a su compasión.

2.- Alta apertura psicológica, una tendencia a favorecer la diversidad, y tendencias hacia ideologías de izquierda política y una mayor querencia a involucrar al Estado en sus ideales políticos.

3.- Alta inteligencia verbal pero escaso pensamiento critico. Es decir son hábiles con las palabras y los conceptos, ignoran sus propias contradicciones y toda su «labia» es utilizada para defender sus argumentos, basándose en sus propios símbolos y jerga.

Yo añadiría con permiso de la Brohy, otro modelo como:

Feministas tipo III.- Son las feministas de «boquilla» o de «postureo», esas señoras de buen ver que se autodefinen como tales y están bien protegidas y en muchos casos financiadas por sus maridos, mientras ellas compaginan sus actividades con la crianza de sus hijos bien apoyadas por mucamas extranjeras. Por supuesto estas mujeres no van a las manifestaciones.

Las feministas de tipo II y las de tipo I mantienen una curiosa relación entre si, en función de ese rasgos compartido que hemos llamado «compasión».

La compasión evolucionó entre nosotros los sapiens como un desarrollo de las relaciones afectivas entre madre e hijo que se extendió en otro tipo de relaciones por las ventajas que dotan al grupo. Las feministas de tipo II son las mamás de las feministas (niñas) del tipo I. O lo que es lo mismo, las feministas moderadas son las que guardan las espaldas a las feministas radicales. Haciéndoles parecer mucho más sensatas (haciendo de policía bueno) logran penetrar aun más en el tejido social buscando nuevos cerebros a los que parasitar.

Llegados a este punto y admitiendo que la ideología de genero es un peligro para la humanidad en tanto que polariza a los sexos, induce enormes bolsas de resentimiento entre hombres y mujeres y reduce drásticamente la natalidad, habría que preguntarse por su futuro. ¿Dónde va a llevarnos esta ideología? ¿Qué podemos hacer para combatirla?

Esperaremos al proximo post.

Bibliografía.-

Rozin, P y A, Fallon (1987): «A perspective of Disgust», Psychological Review, nº 94,pags. 23-4.

La tesis de Brophy (en inglés).

 

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