Nietzsche y la hiperealidad

Julio 21, 2008

Ahora que estoy releyendo a Nietzsche caigo en la cuenta de que este pensador es el precursor de eso que hemos llamado modernidad y tal y como él solía decir su obra sólo podría ser entendida cien años después de su muerte.

Y le estoy releyendo intercalando la lectura de una novela de Irving Yalom con algunos de sus textos. La novela de Yalom a la que me refiero es “El dia que Nietzsche lloró” una ficción en la que se dan cita Josef Breuer - el mentor de Freud- y el propio Nietzsche que actua de terapeuta de Breuer a cambio de que Nietzsche acceda a dejarse tratar la jaqueca migrañosa que padeció durante toda su vida. Nietzsche actua como un filósofo asesor -un terapeuta- de los conflictos de Breuer y que tenían que ver con el enamoramiento obsesivo con una de sus pacientes Anna O, cuyo nombre real era Bertha Papenheim y cuyo retrato es éste:

Como puede observarse, nada del otro mundo. Claro que el pobre Breuer tuvo que lidiar con todas las estrategias de la seducción y mortificación histérica mucho antes de que su discípulo Freud descubriera la transferencia y la contratransferencia de modo que el tratamiento de Anna O. se atascó y todo se vino abajo cuando presentó todos los síntomas de un embarazo psicológico, pseudociesis que horrorizó de tal manera a Breuer que abandonó a su paciente -en manos de otro colega- y abandonó de paso el tratamiento de la histeria y su embrionario concepto de “estado hipnoide”. Breuer creía que los enlaces de los síntomas histéricos con los acontecimientos traumáticos se debian a un estado alterado de conciencia en origen y que más tarde Freud reconvirtió en el “impulso inaceptable” que vino a poner fin a la teoria traumática original.

Para aquellos que quieran profundizar sobre la esencia del trauma en la histeria visiten este post.

También existe una pelicula cuyo video publicitario está en youtube.

La gracia que tiene esta novela que se inscribe en esa moda de novelar personajes históricos dotándoles de un entorno de ficción es que podemos ver al genio de Nietzsche desenvolverse como terapeuta de un Breuer atormentado por la culpa sexual y otras culpas y al filósofo llevarle de la mano hacia una comprensión de sí mismo a través del metodo socrático: la mayeutica inspirada en la concepción nietzschiana del superhombre, el deseo de poder y otros conceptos que calaron precisamente en la mentalidad de Freud y que de paso cambiaron el mundo aunque no a la velocidad que todos desearíamos.

He elegido este texto procedente de “Humano, demasiado humano” para ilustrar precisamente lo que este blog defiende acerca de la hiperealidad: la realidad que viene decodificada por intermediarios. Es sorprendente encontrar en un texto tan antiguo las mismas ideas que han servido a los filósofos modernos para teorizar acerca de la realidad que nos viene decodificada por los medios de comunicación, es realmente fascinante observar como Nietzsche fue capaz antes de la eclosión de la televisión de vislumbrar hacia donde se dirigía el mundo. Antes de hacer comentario alguno, invito al lector a que lea este texto, denso pero profundo y esclarecedor.

“Los filósofos suelen situarse ante la vida y la experiencia -ante aquello que denominan el mundo de la apariencia-, como ante un cuadro que estuviese desplegado de una vez por todas y mostrase el mismo acontecer de forma invariablemente fija: ellos opinan que hay que interpretar correctamente este acontecer para de esa manera obtener la esencia que ha producido el cuadro; es decir, la cosa en sí que siempre suele considerarse como la razón suficiente del mundo de la apariencia. Por el contrario, lógicos más estrictos, tras haber dilucidado agudamente el concepto de lo metafísico como el concepto de lo incondicionado y, en consecuencia, también como el de lo incondicionante, han puesto en duda toda conexión entre lo incondicionado (el mundo metafísico) y el mundo que nos es conocido: de modo que en el fenómeno no aparece para nada la cosa en si, y se ha de rechazar, por tanto, todo tipo de conclusión sobre ésta que haya partido de aquél. Por ambas partes, sin embargo, se ha desatendido la posibilidad de que aquel cuadro -eso que ahora para nosotros los hombres significa vida y experiencia-, haya devenido gradualmente, que, en efecto, todavía esté por completo en devenir y que, por ello, no deba ser considerado como cantidad fija de la que fuese lícito sacar, o incluso solamente rechazar, alguna conclusión sobre el autor (la razón suficiente.) Puesto que desde hace milenios hemos visto el mundo con pretensiones morales, estéticas y religiosas, con ciega inclinación, pasión o temor, y nos hemos entregado con placer a las groserías del pensamiento ilógico, por todo ello este mundo se ha convertido poco a poco en tan maravillosamente multicolor, terrible, profundo de significación y lleno de alma que ha tomado color, - pero nosotros hemos sido los coloristas: el intelecto humano ha dejado que el fenómeno apareciera y ha introducido en las cosas sus erróneas concepciones fundamentales. Tarde, muy tarde - vuelve en sí: y ahora el mundo de la experiencia y la cosa en sí le parecen tan extraordinariamente distintos y separados que rechaza que de aquél se saquen conclusiones sobre ésta - o de una forma horriblemente misteriosa exige la renuncia de nuestro intelecto y de nuestra voluntad personal: para llegar a lo esencial haciéndose esencial. Otros, en cambio, han recogido todos los rasgos característicos de nuestro mundo de la apariencia -esto es, de la representación del mundo tramada partiendo de equivocaciones intelectuales y heredada por nosotros-, y en lugar de declarar culpable al intelecto han acusado a la esencia de las cosas de ser la causa de ese efectivo y muy inquietante carácter del mundo y han predicado la redención del ser. - El continuo y laborioso proceso de la ciencia acabará de forma decisiva con todas estas concepciones. Dicho proceso alguna vez celebrará por fin su máximo triunfo mediante una historia de la génesis del pensamiento, cuyo resultado quizá podría resumirse en esta frase: lo que nosotros ahora denominamos mundo es el resultado de muchas equivocaciones y fantasías que se formaron poco a poco en la evolución global de los seres orgánicos, que han crecido entrelazándose y ahora las heredamos como tesoro acumulado de todo el pasado, - como tesoro: porque sobre él descansa el valor de nuestra humanidad. De este mundo de la representación la ciencia estricta sólo nos puede desligar, de hecho, en pequeña medida - y en absoluto es de desear que lo haga, en tanto en cuanto no pueda romper esencialmente la violencia de antiquísimos hábitos de la sensación: la ciencia puede, sin embargo, clarificar poco a poco y paso a paso la historia de la génesis de aquel mundo como representación - y elevarnos, al menos por momentos, por encima de todo el proceso. Quizá reconozcamos entonces que la cosa en sí merece una sonrisa homérica: porque parecía mucho, incluso todo, y propiamente esta vacía, es decir, vacía de significación”.

Lo que Nietzsche d euna manera profética nos quiere decir son estas cosas:

  • El noumeno kantiano, la representación de las cosas que nos hacemos los humanos, desde Dios hasta cualquier idea como la libertad, etc, son entidades inmateriales que proceden del mundo sensible de la experiencia fenoménica individual, es decir son fruto del pensamiento.
  • Lacan que denominaba precisamente al noumeno kantiano con el nombre de lo Real, lo definió “como aquello que no existe” y desde donde vuelve, retorna todo lo que ha dejado de ser campo fenoménico para transformarse en noumeno, la “cosa en si”, que se supone como las Ideas platónicas que viven en algún desconocido limbo.
  • Es sorprendente que Nietzsche hable del borramiento entre experiencia fenoménica y experiencia noumenica porque eso es precisamente el artificio de donde emanan los conflictos del hombre moderno, del hombre saturado por las imágenes, por la información, por los falsos discursos, del hombre zapeador de los informativos televisivos, un hombre cuya experiencia fenoménica se mezcla con la noumenica y no sabe nombrarla a partir precisamente de esa confusión entre realidad y representación.
  • Nietzsche no confía en la ciencia, porque al mismo tiempo que le otorga el papel de desvelar todas las falsedades que se ocultan tras lo noumenico tambien es consciente de que la ciencia como la filosofía se ocupan de transformar ese espacio incognoscible que ocupa por derecho la “cosa en si” y se da cuenta de que en esa transformación del mundo ocurre un hecho paradójico: a más conocimiento más fortalecimiento de la “cosa en si” y de sus correlatos supersticiosos que se transforman, disfrazan y cambian de lugar. La única oportunidad es la de transformar y podar definitivamente ese noumeno de tal manera que el intelecto se desprenda definitivamente de su necesidad de existir para el hombre. Muerto Dios, no cabe mas noumeno que un Superhombre, es decir un hombre completamente diferente al que conocemos en nuestra experiencia sensible y que sea capaz de curarse de la nostalgia de lo noumenico.
  • Por fin Nietzsche nos habla de la composición misma del noumeno, en ese párrafo final donde asegura que si pudieramos verle la cara nos encontraríamos con el vacio absoluto, es decir con la nada, puesto que el tal noumeno, la “cosa en si” no existe en si misma, sino que es un subproducto del pensamiento humano al pensar en si mismo o en su mundo.

Lo sensible del fenómeno se transformó - a través del pensamiento humano- en lo intangible del noumeno de forma acumulativa, basura de la civilización, como en un enorme depósito donde las bolsas, los materiales de desecho y lo indigerible se hubieran convertido en un lastre que los humanos debemos portar con nosotros como defensa a lo que somos: fenómenos y nada más que eso.

Ya nada menos.

Hiperpadres

Julio 15, 2008

En un blog sobre hiperrealidad no podia faltar un post sobre la hiperpaternidad, en algún lugar llamada hiperparentalidad (hiperparenting), al decir de este post una verdadera epidemia de intrusión parental propiciada por un exceso de responsabilidad paterna en eso que se ha venido en llamar “bebes a la carta” y que ha sido bien analizado en el libro “Contra la perfección” de Michael Sandel que explora los conflictos introducidos por las nuevas tecnologias en el campo de la bioética, Sandel deduce que el liberalismo es un mal lugar para el desarrollo de este tipo de tecnologias y aunque no propone ningun alternativa nos llama la atención sobre el mundo que nos espera de seguir las cosas como parecen.

En este blog hay una buen resumen sobre el libro de Sandel aunque en él sólo se ocupa de los aspectos bioéticos del asunto y no se mete en el tema de la hiperrealidad, es decir en cómo se conforma y transforma el imaginario humano en función de las posibilidades cientifico-técnicas. De eso va este blog.

Es verdad, los hiperpadres serán los padres perfectos del futuro -ya lo están siendo- y es precisamente aqui donde se desvela la verdadera naturaleza de la perfección, esa forma de asesinato del deseo del otro, de la momificación de la realidad.

En realidad la madre perfecta y la mujer perfecta son conceptos en antagonismo permanente. Medea es la mujer total, tan total que es capaz de asesinar a sus hijos por celos de Jasón, matándole allí donde más daño le puede hacer: en su descendencia, en su linaje. Medea es una antimadre, podríamos decir que es una hipomadre pero una mujer perfecta, una mujer completa y total en tanto es capaz de renunciar a sus propios hijos: a su propia falta con tal de llevar a cabo su planeada venganza.

Sin embargo no existe antagonismo entre el hombre perfecto y total con el padre perfecto. ¿La razón? Ser padre es algo simbólico mientras que ser madre pertenece a la esfera de lo natural, ninguna paternidad es posible fuera de ese orden y los hombres pueden simplemente ignorarla haciendo oídos sordos a los símbolos, es lo que hacen muchos: machos sementales que dejan embarazadas a sus parejas y luego las abandonan, en un “ahi te quedas” de lo más castizo. El hombre -Teseo es su arquetipo- abandona a la mujer pero siempre lo hace huyendo de lo simbólico, de la paternidad y no tanto de su masculinidad o su ambición que puede aliviar en otro lugar.

De manera que los padres imperfectos pero deseables y normales son aquellos que asumen su paternidad según los designios de lo inesperado y que se instalan en la incertidumbre de su prole fiandolo todo al azar, al designio de Dios o a la probabilidad. Eso es lo normal, pues es lo que invoca la humana humildad, a ese sentimiento que todos tenemos de no ser dioses y de no controlar todos los imponderables de un embarazo.

¿Será niño, será niña, sera alto o bajito, será listo o torpe, será, no será?

A esa incertidumbre de margaritas deshojadas me refiero cuando hablo de padres imperfectos y contingentes. Y llamaré hybris embriológica a su contrario: ese menú desplegable de elecciones de características y prestaciones de hijos que se abre en el imaginario humano a partir de la selección de embriones.

Hasta ahora un perfeccionista era una persona fascinada por la excelencia que no se conformaba con la mediocridad y que se esforzaba más allá de sus limites en alcanzar ese ideal de perfección, sin embargo esta definición ya se ha quedado anticuada hasta el punto de que es posible hablar de un neoperfeccionismo, un perfeccionismo extendido e hiperreal propiciado por el discurso de la ciencia y que habilitará un dominio sutil y prodigioso sobre la descendencia que podrá elegirse segun sus prestaciones, color del cabello y coeficiente de inteligencia.

Todo comenzó con la pildora antibaby que depositó en manos de las mujeres el control de la natalidad, todos desde la modernidad aplaudimos aquel éxito pero es incontestable decir ahora que ese hallazgo científico ha tenido consecuencias inesperadas sobre la sociedad en su conjunto, nadie supo predecir que la eliminación del refajo, la masiva llegada de la mujer al mundo del trabajo y la sencilla formula de la anovulación iban a cambiar el mundo de la forma en que lo conocemos hoy. El debate ha sido superado por los expertos en bioética, ya nadie piensa que la pildora antibaby sea inmoral y hasta la Iglesia católica ha terminado aceptándola a través de su conocida fórmula “paternidad responsable”.

El siguiente debate fue el del aborto, debate en el que seguimos atascados con distinta suerte segun cada pais, aqui en España está todavia por desarrollar una ley de plazos y seguimos con una ley-trampa que hace recaer la responsabilidad sobre la interrupción del embarazo a un supuesto riesgo mental o fisico para la embarazada, verdadero coladero de abortos alegales. Asi y todo los bioéticos no militantes están de acuerdo en admitir a tramite la idea de que un blastocito no es un bebé, y que un embrión es algo más que un blastocito pero menos que un bebé a término. Parece definitivamente instalada la idea de que el aborto electivo es moral y éticamente aceptable antes de las 12 semanas y que no supone de ninguna manera un asesinato tal y como proclaman algunas voces.

Una vez dicho esto es necesario volver a convocar a Medea a esta reunión de maternidades aplazadas en función del goce femenino o sus conveniencias, es necesario decir que hay algo de Medea, de mujer total en ese cese elegido de la maternidad. Y si Medea no es el arquetipo adecuado para dar cuenta de esta subjetividad es necesario decir que hace falta crear un nuevo mito que de cuenta de ese aplazamiento que recurre a la destrucción de un blastocito o embrión por razones de oportunidad. Efectivamente ser madre y ser mujer siguen siendo condiciones antagónicas tal y como decia Oscar Wilde y eso quizá sea algo inherente a la naturaleza femenina, es decir algo irremediable.

Y una vez hecha esta anotación es necesario decir que el aborto libre ha cambiado el mundo de una manera mas rápida y mas profunda que la anticoncepción que se quedaba siempre corta en el personal menos informado, mas impulsivo o menos al dia en cuanto a medidas de contracepción. No sólo el mundo cambió sino la fisiología humana cambió y la mayor parte de los hombres quedaron estériles de forma más que precoz. Comparados con sus padres, los hombres de hoy dejan de ser fecundadores eficaces unos diez años antes, se invocan razones de toxicidad alimentaria, pero los que conocemos los efectos de la hiperrealidad no nos creemos esta teoría. Los hombres de hoy son menos fértiles por razones sociales, simplemente son menos necesarios que nunca.

Todo parece indicar en función de la evolución de la ciencia que primero se eligió cuando ser fértil, más adelante se eligió cuando y cómo ser madre, más tarde se eligió la edad de gestación y los espermatozoides fecundadores y lo que nos espera en el futuro ya próximo es la clonación de embriones con distintos propósitos: unos para posibles tratamientos de fetos viables, otros como electivos segun la carga genética una vez liberados de genes “malos” productores de enfermedades, más adelante selección del sexo y fetos viables, sanos y con un buen potencial de crecimiento y maduración, inteligentes y guapos.

¿Donde habrá que poner el limite de estas tecnologías?

Lo que Sandel dice es que la sociedad en que vivimos, una sociedad liberal en la que el éxito, la belleza o los rendimientos son una garantía de fitness propondrán graves problemas éticos en el futuro, pero que más allá de eso terminarán por modificar nuestro concepto de la realidad haciendo de nosotros padres perfectos. Padres que criaremos a nuestros hijos teniendo la sensación de que estamos asistiendo a un experimento de caracter colosal, padres sin libertad que educaremos hijos predestinados al triunfo que sus genes prometen y con un amor condicional que se vendrá abajo a la menor adversidad.

Lo que está en juego paradójicamente son los principios del estado liberal: la equidad, la solidaridad y las garantias asistenciales.

Como corolario a todo este galimatias, Sandel propone elegir en estre estas alternativas:

Se trata, a fin de cuentas, de si preferimos vivir en un mundo en el que el amor hacia los hijos esté condicionado a sus capacidades, en el que no haya algo previamente dado que nos supere y que nos ponga a prueba, en el que ya no exista la humildad ante la naturaleza (término que suscita menos alergias que la palabra “Dios”), que también utiliza Sandel.

Con el caso de una pareja de lesbianas sordas que buscaban tener un niño de un donante también sordo, Sandel encuentra la pregunta filosófica clave que hay que plantear en el debate bioético: ¿qué es lo que resulta cuestionable: la misma elección de las características genéticas del hijo o las características elegidas? Para Sandel, la búsqueda de la perfección, que tradicionalmente ha caracterizado la práctica genética, esconde lo que, en términos éticos, resulta relevante: la posibilidad de que los padres elijan arbitrariamente el tipo de hijos que quieren tener. (Más en este post)

De lo que se trata es de elegir entre una cierta forma de espiritualidad o de la tecnologia pura y dura con todas sus consecuencias.

Pero todo parece señalar en el sentido de que la sociedad liberal no podrá resolver este problema y tal y como nos enseña la historia deberá ser barrida de la faz de la tierra y ser sustituida por otro tipo de orden, ahora si, ahora parece inaplazable.

La tecnología no retrocederá pero las garantias ciudadanas pueden ir a peor.

Los perfectos padres del futuro tendrán que inventar un nuevo orden político para sobrevivir a sus inventos.

Ana y morfosis

Julio 11, 2008

Tengo que preguntarle a Ana qué significa en griego anamorfosis, si la veis preguntadle.

Mientras tanto nos arreglaremos con esta definición: la anamorfosis es la deformación reversible de una imagen si se la observa desde una determinada perspectiva como esta calavera del primer plano del cuadro de Holbein el joven titulado “Los embajadores” aunque a pesar de todo es bueno recordar que se trata de un invento de Leonardo da Vinci, como casi todo.

No puede observarse desde aqui pero el “hueso de sepia” que hay en primer plano es en realidad una calavera que solo puede reconocerse si se observa desde una determinada perspectiva.

En este dibujo podemos ver precisamente como la figura deforme se visualiza perfectamente aplicandole un cilindro que opera como espejo, es entonces cuando aparece la pipa de Magritte.

Dicho de otra forma: la anamorfosis precisa de una posición concreta del observador para poder darse como algo observable. Los artistas de hoy pintan sus anamorfosis, sus ilusiones ópticas en cualquier parte como Julian Beever que se ha especializado en pavimentos como esta obra de aqui abajo:

Aqui hay otro blog interesante que se ocupa de la obra de Julian Beever.

Vale la pena contemplar tambien la obra de Eduardo Relero cuyos blogs no hay que perderse, pues en ellos existen trabajos llenos de humor (chistes visibles), anamorfosis de pavimentos y de murales.

Un video sobre el trabajo de Relero en las calles de Madrid.

Si, Ana, anamorfosis significa transformar y es precisamente lo que sucede cuando una superficie es estirada o doblegada: que se convierte en algo inidentificable y que solo halla reconocimiento cuando es observada desde la perspectiva conveniente o a través de un espejo.

Tambien hay quien habla de crono-anamorfosis, una vuelta de tuerca más, ¿qué sucedería si el tiempo pudiera doblarse o inclinarse como estas figuras del pavimento?

Lo que sucederia está grabado en un video en esta web de Herbert Spencer.

Esto es lo que le sucede a una imagen reproducida en video cuando los instantes secuenciales que provocan la ilusión de realidad -instantes discretos- se mezclan al azar.

Es inevitable cuando uno ve un video como este pensar en esa distorsión corporal que dicen sentir las anoréxicas, esa especie de alucinaciones gulliverianas donde la imagen propia se percibe agrandada. En este blog una de esas princesas anamórficas fascinadas por la delgadez y la inanición hace apologia de la caquexia, este tipo de webs se conocen con el nombre de Ana y Mia (anorexia y bulimia), una especie de nueva religión y de nueva estética que señala precisamente hacia el vacio de significación en que se desarrolla la vida de muchos adolescentes. No es de extrañar que la autora de este blog se llame Anamorfosis y sea una anoréxica militante.

Aqui el truco no está en la perspectiva sino en la mirada.

Bella y bestia soy

Julio 7, 2008

A todos aquellos que aun se hagan preguntas sobre el amor -esa insondable decisión del ser- les recomiendo que vuelvan a ver King Kong, una película de esas que han sido versionadas un sin fin de veces y que ayer volvi a ver en su última versión -la del 2005-, llena de efectos especiales, una pelicula entre “El señor de los anillos” y la aventuras de “Indiana Jones” que pese a no contar con una rubia de nivel como Jessica Lange no puede eludir el enfrentar las grandes preguntas de la naturaleza humana: el enfrentamiento entre la pulsión biológica, descarnada y ciega y su domesticación civilizadora.

King Kong no es sólo un simio gigantesco sino una metáfora de lo instintivo más allá de la realidad del instinto animal, puesto que no existen simios de ese tamaño aterrador, King Kong sirve como andamiaje imaginario de lo que entendemos como pulsión, la trieb freudiana, parcializada, fragmentada, oscura y destructiva, King Kong representa pues a la pulsión humana y sus destinos no son más que dos:

  • el camino del mal
  • el camino de la civilización algo que sólo consigue transformar el amor.

El amor es pues la redención de la pulsión, su conversión en deseo proporciona a la pulsión ojos y oidos, tacto y palabras, un andamiaje para que se transforme en deseo humano. Algo así parece sucederle al monstruo cuando se “enamora” de la rubia de turno que en la versión de 1976 contaba con este animal erótico, nada menos que Jessica Lange en edad de merecer.

La historia de la redención de la pulsión a través de ese enlace entre sujeto y objeto que llamamos amor es bien conocida a través de la literatura: cuentos, leyendas y mitos, el más conocido de los cuales y parece ser el tronco comun de donde salió esta historia del mono enamorado, es “La bella y la bestia“, otro relato del que se conocen múltiples versiones y que probablemente es antiguo y presente en casi todas las culturas. De hecho se atribuye a Apuleyo en sus “Metamorfosis” tanto el relato de la bella y la bestia como el mito de Cupido y Psiqué que parece ser el antecesor común de estos cuentos sobre el alma y sus coordenadas relativas al deseo y los vericuetos del amor:el enlace entre el deseo y su objeto.

Todas las “bellas” de este universal relato tienen algo en común: todas son raptadas por alguien, son sacrificadas para salvaguardar el bienestar de su familia o se ofrecen voluntarias para el sacrificio. Es desde esta posición de fuerza que entran en contacto con la bestia y es desde esa posición que consiguen civilizarla perdiendo de paso su inocencia núbil. Todo parece indicar pues que las relaciones que se establecen entre el deseo y la pulsión son retrógradas, es decir fruto de un rapto o paroxismo, de un viaje hacia dentro que las bellas recorren contra los impulsos de su naturaleza, en efecto sólo los héroes recorren ese camino de descenso de arriba a abajo o desde la superficie al interior por propia voluntad. Pero es verdad que todo deseo obtiene su fuerza y su impulso vital de la pulsión y que todo deseo debe asomarse de vez en cuando a la pulsión para recargar las pilas y que resulte posible seguir deseando pues sin deseo el hombre cae en manos de la pulsión ciega o bien perece de acedia o de aburrimiento, de melancolía.

Otra de las versiones del mismo tema es la conocida obra de Gaston Leroux titulada “El fantasma de la ópera“, en ella Cristine opera como la incitadora del deseo del fantasma, un compositor que habita en los laberinticos sótanos de la opera y desde alli maneja asu antojo a los administradores del teatro imponiendo sus gustos y sus preferencias. Naturalmente Cristine forma parte de esa preferencia pues el fantasma está enamorado de ella.

Y es por eso que la rapta, nótese como la rapta del mismo modo como Hades rapta a Perséfone, por la fuerza y la lleva al mundo subterráneo, al infierno, en este caso a los sótanos del edificio, instalado sobre una laguna. Y lo hace a través del espejo

Disney también entró a saco sobre el asunto con una propuesta descafeinada sobre el asunto del deseo, pasando de puntillas para hacer de la historia un consumible para todos los públicos. En este video puede obervarse la versión de dibujos animados de mismo tema.

Pero la moraleja no es que Belle doma a la bestia a partir de su bondad como parece querernos decir el moralista Disney sino que deshace el sortilegio de la Bestia que estaba apresada en un monstruo merced a un hechizo anterior de una bruja. Es solamente cuando ella cede a sus intentos de seducción y pronuncia la frase mágica “Si quiero” cuando la Bestia deja de ser bestia y se convierte en un apuesto principe. Y este es el regalo al que toda niña sin pulsiones conocidas -es decir inocente- aspira, un principe azul, bello, tierno y rico si es posible claro. La pulsión se pierde en la transformación y solo queda el amor, ese amor del cuento que nos asegura una felicidad eterna y que tanto llama la atención de las niñas en esa edad de merecer.

Pero a veces el monstruo no puede ser derrotado sino por el ejército, esa es la propuesta un poco belicista que nos hace King Kong. Reducido a cautividad, a ser mostrado como un animal de circo, el gorila enamorado de una rubia es llevado a Nueva York con la intención de exhibirlo en plan circense. Pero King es irreductible, es por eso que se encarama a sus rascacielos -simbolo fálico por antonomasia- y desde alli y después de encontrar a su amada es abatido por la fuerza aerea. Al final rubia y galán reencontrados de si mismos y a sabiendas que qué es el deseo se funden en ese amor parejil que precisa el sacrificio de algo para remontar el vuelo, en este caso la muerte de la pulsión y la elección del camino del amor.

Las heroinas del “Fantasma” y de King Kong no resultan tan insoportablemente beatas como Belle, en efecto, al menos ellas se han asomado a ese pozo sin fondo de lo instintivo y se llevan un “rollo” de lo más ambiguo con sus bestias interiores. Cristine más que raptada por el fantasma se encuentra fascinada por la naturaleza de su relación con él que la distingue de todas sus competidoras y que de alguna forma la protege de sí misma y de los demás, el problema es que Cristine se cree señalada por el destino en forma de “Angel of music”. Al final Raul se lleva su trofeo y el amor se impone, al fin y al cabo el fantasma no era más que eso, una imaginación de la propia Cristine: es por eso -que al menos en la versión del musical- desaparece cuando está a punto de ser apresado.

Un fantasma no puede enjaularse, pues no es más que un acicate del deseo y carece de vida real.

Y son los besos son que rompen el hechizo.

Saber y no saber

Junio 27, 2008

El verbo “saber” es un curioso verbo que damos por sabido en cuanto lo leemos, como si supiéramos a qué se refiere ese infinitivo más allá de lo bien conocido. Sin embargo encierra multiples matices y acepciones, la más conocida de las cuales se refiere a otro infinitivo, “conocer”. Saber es conocer, tener un conocimiento o noticia de algo. Es la acepción corriente del verbo “saber” aunque para ser exactos saber es algo que va más allá de conocer algo y que a veces se confunde con poseer alguna habilidad especial, se sabe nadar del mismo modo en que se saben resolver integrales.

El verbo “saber” es pues polisémico.

Otra vuelta de tuerca: pero conocer se refiere más bien a un saber vulgar mientras que saber se refiere a un conocimiento profundo más cientifico por asi decir: el campesino conoce las señales del cielo y puede saber cuando lloverá , se trata de un conocimiento empírico que es algo distinto al conocimiento que tiene el meteorólogo. Podriamos decir que hay un saber próximo que desconoce sus razones y un saber que se sabe a si mismo.

Más vueltas de tuerca: Del mismo modo el verbo saber puede dejar de ser un verbo y transformarse en un sustantivo, entonces se transforma en algo que se posee y que va más allá de un conocimiento cualquiera, ese Saber se identifica con el Poder, con la soberanía o la sabiduría personales, frecuentemente se identifica con algo que señala hacia el carisma, la distinción o el ornato: un saber especial, algo que no es acumulativo como sucede en el experto sino algo que roza lo sobrenatural, lo incomprensible, algo que tiene que ver con la genialidad.

Tintoretto por ejemplo sabía pintar como está bien acreditado, si nos detenemos en contemplar este cuadro de Tintoretto conocido como “Susana y los viejos” podremos profundizar en las sutilidades del verbo saber. Y a plantearnos la antitesis de ese verbo que no siempre coincide con la ignorancia. A veces lo contrario de saber es saber de otra manera. A Hegel y su principio de contradicción habría que olvidarle para saber de otra manera. ¿Hay aun alguien que no tenga contradicciones?

En el cuadro podemos observar una escena mitológica, en este caso de la mitologia hebrea, una historia que nos viene narrada en el libro de Daniel. Podemos ver como Susana se encuentra en un jardin mirándose en un espejo, detras del espejo hay un seto y en sus bordes (ángulo inferior izquierdo y centro izquierdo) hay dos cabezas de viejos que contemplan la escena. El relato bíblico cuenta que Susana fue requerida sexualmente por este par de granujas que la amenazaron con denunciarla ante los jueces si no accedía a mantener trato carnal con ellos.

Es importante señalar que el castigo para una mujer que se muestra desnuda en la Biblia era la muerte, de manera que la denuncia de los viejos hay que tomársela muy en serio. Sin embargo Susana no accedió a las proposiciones ni cedió ante sus amenazas yendo a parar al tribunal donde es precisamente el profeta Daniel quien la defiende con esta frase “yo soy inocente de la sangre de esta mujer”.

El argumento de los viejos era desde luego falso pues declararon que habia habido por parte de Susana una provocación al mostrarseles desnuda, el argumento de la defensa de Susana es que no habia habido provocación puesto que ella no sabia que los viejos estaban observando la escena. Al final de la historia los viejos resultan condenados a muerte por falso testimonio.

Pero ¿hubiera habido provocación si Susana hubiera sabido que los viejos la espiaban? ¿El pecado estriba en la provocación o en la exhibición de la desnudez en sí?

Nótese como la culpabilidad o inocencia de Susana pende de un hilo: de si sabía o no sabía que los viejos andaban por alli.

En este post se encuentra la historia al completo.

Una de las cuestiones interesantes de este mito es que contiene dos mitos griegos empaquetados en él, por una parte el mito de Artemisa y por otro el mito de Narciso.

Artemisa tambien como Susana se iba al bosque desnuda con intención de bañarse y allí es observada por Acteon. El castigo por observar desnuda a una diosa es la muerte y Artemisa se las arregla para que Acteón -un cazador con jauría propia- sea devorado por sus propios perros que dejan de reconocerle cuando es transformado en ciervo. Asi el cazador deviene an cazado. Narciso del mismo modo que Susana se recrea en su propia imagen, se encuentra enamorado del amor más que del objeto que lo suscita y es por ello que rehuye el trato carnal con sátiros y ninfas a pesar de ser requerido constantemente por ellos. El castigo le es inflingido por la diosa Afrodita que no tolera que los humanos rechacen el placer sexual.

Susana- sin embargo- no es una diosa sino un mortal por lo que contemplarla desnuda no es un delito. El delito -segun la ley hebrea- es mostrarse desnuda y ese es el argumento que sostienen los viejos, mientras que Susana se defiende con el argumento “no sabia que la estaban observando”.

Otro de los vertices de interés de este cuento radica en la existencia del inconsciente.

¿Sabía o no sabía Susana que los viejos la miraban?

Eso es precisamente el inconsciente, la Spaltung original, la escisión entre aquello que se sabe y aquello que no se sabe o que se sabe de otra manera, puede observarse como es la polisemia del verbo saber lo que se encuentra dividido entre consciente e inconsciente, es como si el lenguaje fuera lo que divide al sujeto en dos partes, una que se conoce y se sabe con consciencia de saber (Susana conoce perfectamente las leyes hebreas y su castigo) y algo que no se sabe y de lo que -por tanto- no se es responsable- , en este caso no sabe que está siendo observada.

La pregunta sobre la inocencia o culpabilidad de Susana tiene mucho interés para los jueces que tienen que dictar sentencia en función de este acto de conocimiento. Aun hoy los jueces dictan justicia basándose en esa presunción que hoy se llama dolo, es decir la voluntad de hacer daño a través de un acto. Si Susana sabia o no sabia que los viejos estaban mirando tiene mucho interés juridico pero poco interés psicológico. Desde que sabemos que existe el inconsciente saber y no saber son la misma cosa porque Susana podia saber que estaba sola y simultáneamente saber en otro lugar que la estaban observando. Lo cierto es que si uno va desnudo por un jardin lo más probable es que acaben mirándole si alguien merodea por alli. Eso le sucedió a Susana y a Artemisa, unos espectadores las descubrieron, algo que no hubiera sucedido si se hubiera mirado en el espejo en su propia alcoba o si la diosa hubiera decidido bañarse en el Olimpo.

Estar desnudo es pues algo distinto a exhibirse desnudo. No es delito desnudarse, lo que la ley bíblica pone de manifiesto es que el delito está precisamente en la exhibición de la desnudez, claro que hoy esta historia nos parece banal, pues el desnudo ha dejado de ser un tabú. Asi y todo el desnudo sigue manteniendo relaciones y vinculos con lo sagrado y lo siniestro, notese por ejemplo esta fotografia de Steven Speliotis a medio camino entre el arte y la pornografia, es de observar como el deseo a veces debe asomarse a la pulsión para llenar el tanque de gasolina:

Un tabú es según Bataille una prohibición que se acata en nombre de lo sagrado, es decir en nombre de lo incognoscible, en este caso la ley de la Torá. Hay una ley que prohibe la desnudez y que se acata en nombre de la revelación o enseñanza de algun libro sagrado. Sin embargo el desnudo es fascinante para los hombres sobre todo el desnudo de la mujer, no voy a entretenerme a nombrar la gran cantidad de desnudos de todas las épocas que han guiado la mano de artistas y pintores, pero quiero señalar que Tintoretto pintó este cuadro en el Renacimiento, es decir en una época donde el desnudo era considerado un pecado infame de manera similar al entorno bíblico que le sirve de referencia. Es por eso que los pintores tomaron como pretexto temas mitológicos o religiosos para legitimar sus desnudos siempre mal vistos por los vigilantes del deseo.

El deseo humano es como un rio o mejor como un automovil, debe circular siempre en presencia de prohibiciones, circular por la izquierda, detenerse en los semáforos en rojo, no sobrepasar determinada velocidad, ceder el paso a los que llegan por la derecha o no consumir alcohol durante la conducción. Estas prohibiciones forman parte de lo que conocemos como código de la circulación. Algunas de estas prohibiciones son arbitrarias y otras francamente ineficaces, algunas injustas según se mire, pero el deseo lleva su propio motor y es por eso que los seres humanos disponemos no solo de códigos juridicos y preceptos morales, religiosos o éticos sino tambien de un mecanismo que funciona de forma automática e inconsciente. A ese mecanismo le llamamos represión.

Hay algo en el deseo humano que ha de sacrificarse, algo en el placer individual qu resulta peligroso para la convivencia colectiva y ese algo tiene que ver con la sexualidad. Lo que se reprime es ese impulso que llamamos pulsión en castellano y trieb en alemán, otra palabra polisémica que nombra tanto el impulso (si es masculino) y el brote si es femenino.

Lo que brota en el cuadro de Tintoretto y en el deseo de Susana y en el de Artemisa es el deseo de mostrarse desnuda, esa es la pulsión que se encuentra reprimida y que apenas puede llegar a entreverse en la escena del jardín y el seto.

No existe pues la inocencia psicológicamente hablando de Susana, ella quiso mostrarse a la mirada de un otro, aunque en ese caso no pudo elegir.

Y lo que eligió fue la transgresión, aquello que hacemos guiados por el deseo y que contiene un germén de subversión frente a aquellas prohibiciones que son efectivamente injustas.

Deseo de poder, poder de deseo

Junio 23, 2008

Fue Shopenhauer -creo- el primero que lo dijo adelantándose a Nietzsche y al propio Freud: que hay algo en el instinto humano que le impulsa hacia el dominio de los otros y -al mismo tiempo- que hay algo en los otros que les impulsa a dejarse dominar por el uno. Más tarde Freud unificó ambas tendencias en su teoria libidinal: efectivamente para Freud poder y sexo son la misma cosa refundida en eso que llamamos deseo en todas sus formas. Desde entonces sabemos que cualquier deseo es sexual o potestad y que en el sexo hay relaciones de poder y en el poder un goce sexual, que llamamos poderío y en otras ocasiones soberanía. Shopenhauer hablaba de voluntad, lo que hoy diriamos el poder del deseo.

De eso va la vida: siempre en persecución y discriminación de estas sutiles diferencias.

El deseo de poder adquiere tres formas fundamentales:

  • El deseo de diferenciarse de los demás, de ser alguien distinto y de ser reconocido como tal, alguien único e irrepetible.
  • El deseo de poseer cosas, bienes o dinero.
  • El deseo de dominar, gobernar a los otros, enseñarles, gestionar su vida, aconsejarles o influir en ellos.

De manera que podemos resumir el poder en tres infinitivos: distinguirse, dominar y poseer.

De eso va el poderío y de ahi su indiferenciación con respecto al sexo que de alguna manera crece enroscado de ese eje de torsión que llamamos poder. Lo dijo Foucault en este espléndido texto:

Ejercer un poder que pregunta, vigila, acecha, espía, excava, palpa y de otro lado el placer de huir, engañar o desnaturalizar. Poder que se deja invadir por el placer de dar caza y frente a él placer que se afirma en el poder de mostrarse, escandalizar o resistir.

Después de Freud fue, precisamente, uno de sus discípulos Alfred Adler el que retomó la vieja idea de Shopenhauer para desmentir la teoria de su maestro renegando de la condición sexual de eso que llamamos hoy “deseo de poder”. Adler tenía como Jung y otros discípulos de Freud el deseo de contradecir a Freud, es lo que sucede cuando las relaciones de poder se extralimitan y Freud evidentemente se extralimitó en su dominio y control de algunos de sus discípulos, nombraré además de los anteriores a Tausk y a Reich que terminaron bastante enloquecidos por su estrecha y desafortunada relación con Herr Profesor.

Aquellos que quieran cotillear sobre la vida interna del circulo psicoanalítico de Viena deben leer este libro donde Paul Roazen cuenta la secreta relación entre Freud y Victor Tausk que terminó con el suicidio de éste ultimo.

Lo que sucede con el poder es que nos parece tan obsceno que todos tendemos a renegar de él como si no nos importara. Asi como las pulsiones sexuales están sometidas a la represión, el poder no se reprime, simplemente se reniega de él o se suprime, se mira hacia otro lado, después de todo, de no ser por las relaciones jerárquicas de nuestro trabajo para la mayor parte de nosotros es posible hacernos los ciegos. Lo que le da al renegado cierto tufillo de hipocresia eclesial, algo que se transmite y que llamamos envidia en términos coloquiales y a veces también mansedumbre, esa especie tan remilgada de sujetos parroquiales que parecen obedientes y que siempre se salen con la suya.

La razón de ese tufillo hipócrita está relacionado con el hecho de que el mundo está gobernado por relaciones de poder, por relaciones de obediencia y de dominio, algo que conocemos bien desde la infancia y que combatimos con llantos y rabietas, a veces con rebeldía y otras con resignación. Ni los epicureos, ni los cínicos ni los anarquistas han terminado de resolver el problema que sobreincluye una enorme paradoja: “ni Dios, ni patria, ni rey” es un deseo que acaba designando a un lider carismático que termina convirtiéndose en Dios, encarnando a la patria o convirtiéndose en un reyezuelo. Hay un Rubicón que no debe cruzarse en esa busqueda de poder a través de cualquier tipo de deseo, el riesgo es que uno acabe identificándose con ese poder al que pretende suprimir o lo que es peor: acabe creyendo que se es Dios o Napoleón, no importa.

Y es que hay algo en el deseo de poder que es necesariamente megalomaníaco u omnipotente y que deriva hacia la paranoia donde ese poder oculto  termina convirtiéndose en perseguidor o en la histeria esa mascarada reinvindicativa a través de las quejas médicas, busqueda de indeminizaciones o fundación de asociaciones de defensa de un determinado padecimiento raro, de esos que los médicos no sabemos curar. Pues de eso se trata en la histeria: de hacernos fracasar.

Lo que el histérico no sabe es que es precisamente su pensión lo que alimenta el sistema, su invalidez administrativa la que le vuelve a dar la razón a la medicina, detrás de diagnósticos exóticos se esconden las razones por las que el poder médico transforma la vindicación en etiquetas administrativas. Y vuelta a empezar: la reivindicación histérica o paranoide vuelve a dejar el desafío a la autoridad en un punto muerto, la oficina de reclamaciones en que se suelen convertir las consultas médicas devuelven al histérico a la verdadera naturaleza de las cosas, después de todo el poder existe en realidad y usted sólo tiene dos opciones obtener poder o acatar al poder.

Pero no hay que confundir tener poder con ocupar el poder o lo que sería peor: creerse el Poder. Hay muchas personas que ostentan cargos de poder, porque se han instalado debido a sus habilidades, méritos o suerte en las intersecciones del poder, en los pasillos de las decisiones. Pero este poder tiene escaso valor de soberanía personal, el verdadero poder es aquel que nos permite eludir las consecuencias de nuestras transgresiones y ejercer nuestra libertad y seguir deseando, la única forma de escapar de la angustia, la culpa, el vacio o el marasmo emocional. Vivir la vida con intensidad ejerciendo nuestro deseo y desplazándolo de aqui para allá. El verdadero poder es aquel que da cuenta del deseo y no termina en comisaría.

La mayor parte de la gente se conforma con la pensión, poder de un deseo que lleva implicita al mismo tiempo la destrucción del deseo de poder, su intercambio mercantil.

Pero entonces ¿qué hacer?

No hay más remedio si quieren ustedes conservar la salud mental que:

  • Distinguirse y diferenciarse del común de los mortales.
  • Dominar en algun ámbito de su vida, ejercer un cierto control sobre algo o alguien.
  • Tener la obligación de hacer la renta de patrimonio.

Ya está demostrado: los pobres tienen muchos mas boletos para tener una mala salud que los ricos, sobre todo en lo que respecta al malestar mental. Es verdad que hay ciertas enfermedades que muestran un sentido inverso (son más frecuentes en los ricos), pero esto hay que contemplarlo de forma provisional. Los pobres acaban copiando las lacras de los ricos y llega un momento en que la cosa se iguala, las enfermedades de las élites son ya de consumo popular, tal y como ha sucedido con los trastornos alimentarios (anorexia y bulimia). Hay algo maligno en esa tendencia del deseo humano, uno incluso puede llegar a enfermarse con tal de tener lo que tiene el vecino. Es inutil negarlo, sin poder no hay paraiso.

Ser pobre no es lo peor, parece que lo peor de todo es sentirse pobre. Es decir saber que uno no tiene ningún poder ni podrá alcanzarlo jamás. Y abdicar.

Bibliografia:

Fernando Colina: “Deseo sobre deseo”

Francisco Traver: “Un estudio sobre el masoquismo”

El mono enamorado de James Taylor

Junio 12, 2008

Quizá el mono más famoso de todos fue aquel al que Desmond Morris pusó por nombre “El mono desnudo” uno de esos libros de culto que se vendieron como rosquillas en los setenta. Después vinieron otros monos de manos de otros divulgadores y antropólogos que nos venian a recordar lo emparentados que estamos con nuestros primos los simios. Seguramente hacía falta enfatizar estas cuestiones etológicas porque en aquel entonces aun creíamos que eramos más parientes de los angelitos y de los serafines que de los animales, pero la moda no se ha detenido, tenemos dos nuevas entregas de esta mania primatológica, uno viene de manos de un español que se llama Jose Antonio Campillo que ha escrito un libro sobre nuestra mania de comer como cerdos. Y es que en realidad como ellos somos tambien omnívoros. “El mono obeso” se llama esta nueva entrega y hasta tiene una web donde nos enseñan a comer como personas que somos o deberiamos ser.

Con todo la última entrega de monos que quiero nombrar aqui es la de Robert Sapolsky. Para aquellos que aun no sepan quien es esta adorable criatura les diré que es uno de esos sabios que antes que sabios fueron hippyes y estuvieron fascinados por la musica de James Taylor, hasta que permutaron la guitarra por el microscopio y asi hasta hoy.

Hasta Punset le ha entrevistado, podeis ver su entrevista aqui, en esta entrega titulada, “Estrés y placer: extremos encontrados”.

Aclararé enseguida que Sapolsky es de los neurobiólogos que mas saben sobre estrés y que tiene un libro clarificador y divertido titulado, “Por qué las cebras no tienen ulcera” donde nos explica porque los herbivoros tienen tanta resistencia al estrés a pesar de pasarse la vida escapando de los depredadores y tambien el por qué nosotros verdaderos depredadores tenemos tantas enfermedades digestivas, cardiovasculares y psiquiátricas dependientes de “un quitame alla esas pajas”, o sea que somos muy vulnerables al estrés al contrario de las cebras, parece.

El asunto es que Sapolsky ha querido unirse a esa troupe de divulgadores que ganan dinero haciendo que nuestro origen simiesco nos parezca divertido, algo que no es para tomarse a broma, y en su ultimo libro ha tomado la vieja idea de Desmond Morris, no para enfatizar nuestra falta de vello sino para explorar nuestra mania por enamorarnos u odiar, preferir o detestar que es un poco lo mismo pero puesto del revés. Y es por ello que ha publicado “El mono enamorado“. Uno de esos libros donde cada capítulo puede leerse por separado y que son ideales para los estreñidos o para irse a dormir en la evidencia de que lo que leeremos mañana en nada implica a lo que leemos hoy. Dicho de otra manera que tiene como la estructura de un blog y uno se pregunta por qué Sapolsky no escribe todas esas cosas tan ingeniosas de forma gratuita como hacemos lo demás.

Hasta lo busqué, pero no, Sapolsky cobra hasta para escupir y no tiene blog pero si tienen web (no faltaria mas) en la universidad de Stanford.

Una de las cosas ingeniosas que dice Sapolsky en este libro (elijo una al azar del capitulo titulado “Se abre la veda”) es que nuestros gustos tienen ventanas plásticas para establecerse de modo definitivo en nuestra vida, algo asi como que hay cosas que nunca se olvidan cuando se aprenden en el momento que toca, vamos. Sapolsky ha elegido tres cosas y las ha investigado con rigor, como hacen los científicos, con encuestas, estadísticas y promedios. Se empeñó en saber por qué la musica que oian sus asistentes a él no le decia nada y por qué sus jóvenes colaboradores no disfrutaban con la misma música que él, forofo de James Taylor y Crosby Stills y Young (o sea un chico de mi edad más o menos).

Lo que descubrió le dejó asustado de su reaccionarismo: al parecer la ventana plástica del gusto para la música se cierra definitivamente a los 35 años aproximadamente. Significa que después de esa edad nuestra exploración por lo nuevo en el terreno musical queda enmudecido por nuestra tendencia a la repetición de lo conocido, de lo familiar, que es siempre lo que aprendimos a que nos gustara hasta esa edad. Conmovido por el hallazgo se empeñó luego en averiguar que pasaba con nuestros gustos gastronómicos y se le ocurrió rastrear las probabilidades de que un anciano coma por primera vez en su vida el sushi por ejemplo, una especie de anguila japonesa cruda.

La probabilidad es muy baja, como cabia esperar, al parecer la ventana plástica para el gusto gastronómico se cierra hacia los 40 años, un poco más tarde que en el caso de la música pero que parece seguir esa tendencia neurobiológica que asocia juventud con exploración y madurez con la fascinación por la repetición.

Luego se le ocurrió ir más allá y se empeñó en saber algo sobre el piercing, ciñéndose al piercing de lengua, genitales y mamas. Lo que encontró fue aun más curioso, hacia los 23 años se cierra la ventana plástica para experimentar con los orificios del cuerpo, de manera que si sus hijos aun no han llegado a esa edad tengan un poco de paciencia si quieren horadarse los pezones. Segun Sapolsky una vez se cruza esa frontera de los 23 años es muy poco probable que alguien se perfore la lengua, el riesgo está al parecer en esa peligrosa edad entre los 18-23 años. Ah!

La posibilidad es la misma que a mis hijos les gusté James Taylor tanto como a Sapolsky y a mi, pero ahora ya tenemos la evidencia cientifica. El libro vale 16 euros y leer mi blog es gratis ¿Comprenden?

Lo retro

Junio 10, 2008

Un paradigma es un principio supra o metalógico de organización del pensamiento: un principio oculto que organiza y gobierna nuestra visión de las cosas sin que tengamos demasiada conciencia de ello, a veces adquirimos conciencia precisamente por la repetición del motivo, es por eso que en los sueños hay imagenes multiplicadas como también en el erotismo, clones iguales a uno mismo o al deseo.

Algo que coincide enteramente con eso que en términos vulgares llamamos el gusto.

Y a mi me gusta lo retro, es mi paradigma erótico, siento una especie de fascinación por ese tipo de estética y debe ser -Freud lo aseguraría- porque estas mujeres que aparecen en estas fotografias son las mujeres que espié durante mi infancia, en esos momentos y lugares donde los niños acceden como visitantes inocentes pero voyeurs. Y nada hay menos inocente que la mirada de un niño, ese perverso polimorfo que mira y desguaza a la mujer parcializándola en tetas, culos, zapatos y velos.

Pues son los velos los que separan el arte de la ginecología, de la pornografía, la exploración de lo evidente, más allá de la intimidad del dormitorio.

Pues la mirada de los hombres no quiere ver, no puede apresar toda la inmensidad de la mujer, y no quiere saber, esa es la esencia del erotismo, su cualidad de fechoría, de denegación, de saber sin saber.

Nada que ver con las chonis que ahora se llevan, esas tetas siliconadas, esos pubis quirúrgicos y despiojados, esa “profesionalidad fingida”, esas miradas vacuas a la cámara fingiendo ser el objeto del deseo de todos los hombres, ese puterío infantil.

Por el contrario estas señoras, pues señoras parecen mas que chonis, tienen el aspecto de amas de casa posando para un marido camionero, para un marine desaparecido en las selvas del Pacifico, para un obrero de la construcción.

Obsérvese como esta aun guarda la fotografia de su marido-soldado patrullando el dormitorio mientras ella se fotografia para él, una fotografia para aliviarse en el frente:

Su picardía ingenua las hace reconocibles e incluso domésticas, bordeando el fetiche superviviente en todos los deseos masculinos, las medias, el espejo que duplica la imagen y sobre todo los pechos.

Pues ellas se ofrecen al deseo de los hombres, antes y ahora, se ofrecen al Deseo.

Pechos en rebeldia y pechos multiplicados como en esta fotografía donde ellas parecen haber sustituido una reunión de vecinas para comprar Tuperwares por una sesión colectiva de porfía femenina. ¿Quién los tiene mas grandes?

Delicioso.

Se trata de pechos imperfectos pero precisamente por eso adorables y que contrastan con los pechos de la actualidad insertados siempre en un cuerpo demasiado escuálido para mantener erguido tanto volumen. El cuerpo de la mujer ha mutado desde estas modelos creibles hasta los cibercuerpos imposibles de nuestras chonis de turno. Es paradójico que las mujeres se operen el pecho añadiéndose volumenes cuando no comen lo suficiente para asegurarse una buena dosis de estrógenos, pues son los estrógenos los que hacen crecer los pechos, digo yo, como en esta modelo que amenaza con inundarnos de hormonas.

Esos pechos adorables de las mujeres de antes de mirada ingenua que tanto nos gustan a los hombres de ahora acostumbrados al sucedáneo.

No hay sexualidad perversa o normal sino que la sexualidad es en sí misma perversa, de lo contrario sólo alcanza el estatuto de un contrato mercantil o de lo obsceno que es otra cosa.

El deseo vertiginoso del otro

Junio 2, 2008

Seguramente ” Vértigo” es una de esas películas cuyo guión no se sostiene demasiado en pie por sí mismo, o es más bien efectista, banal o incongruente pero el producto que sale del laboratorio del genio, en este caso Hitchcock es una obra de arte. Hitchcock se inspiró en una novela titulada “De entre los muertos” escrita por un tal Boileau que contiene algunas diferencias con la obra cinematográfica. Para empezar Scotty, el detective encarnado por James Stewart es impotente en la novela mientras que en la película este dato no se le brinda al espectador sino a través de la simbologia fálica de todo el decorado, torres, escaleras, bastones, alturas, caidas, desvanecimientos, etc tan omnipresente en el cine de Hitchcock.

Es curioso como este actor, James Stewart, contiene en su físico y en su personalidad todos estos resortes que seguramente eran una obsesión para el propio Hitchcock y no tanto del magnífico Stewart, un antihéroe, de esos que todos hubieramos deseado tener como hermano mayor. Hitchcock explota este aspecto vulnerable y tierno como el de un monaguillo perverso a James Stewart tanto en esta pelicula como en “La ventana indiscreta” donde tiene que vérselas nada más y nada menos que con Grace Kelly tratando de llevarlo al huerto y haciendo el mismo papel de huidizo o impotente varón.

Aqui tampoco tiene a una partenaire cualquiera sino a la potente e imponente Kim Novak un prodigio sexual de aquellos que tanto miedo daban a los hombres de los años 50 y que temian dar un gatillazo (antes de que se inventara el Viagra); eso parece que le pasa a James Stewart (Scotty en la pelicula), un detective traumatizado por la muerte de un compañero al que no pudo ayudar por su horror a las alturas. Un temor que trata de vencer apoyándose en una especie de amiga que hace las veces de terapeuta no logrando grandes avances en su fobia a pesar de su esfuerzo por exponerle a lo temido.

Es curioso como el psicoanálisis ha tenido más éxito en el mundo del arte que en el mundo de la ciencia. No hace falta decir que el cine de Hitchcock está lleno de referencias psicoanalíticas tanto de forma directa como en “Recuerda” con aquellas escenas de sueños fantásticos imaginadas por Dalí o de forma indirecta en casi todas sus peliculas, como en “Rebeca”, “Los pájaros” o en esta misma que me ocupa ahora “Vértigo“, una pelicula que tiene más interés psicoanalítico que el guión o la historia en sí misma que es más bien inverosimil.

En esta novela de Slavoj Zizec se encuentran algunas claves del cine de Hitchcock a la luz de los desarrollos postfreudianos propiciados por Jacques Lacan y donde podemos observar y reflexionar acerca de cómo lo imposible y lo prohibido acaban fundiéndose en lo inalcanzable que precisamente por situarse en el campo del deseo termina por tomar el mando de la conducta humana: se trata del Gran Amo al que no podemos rendir sino pleitesía.

En este articulo podemos profundizar más en la mirada, el ojo y la función del cine en intersección con el psicoanálisis.

Y en esta otra hay una antología de la obra de Zizec.

En este post ya abordé el tema del fetichismo en Hitchcock de manera que en esta ocasión me voy a ceñir a la historia que narra en “Vértigo” y que no es otra cosa sino el tema de la alteridad en cuanto al deseo femenino y que lleva colgando otro tema ¿es la muerte un limite para el amor? y este otro ¿a quién se ama cuando se ama?

Kim Novak encarna en esta película a dos mujeres diferentes, Madeleine y Judy, la primera es la esposa de un mandamás que contrata a Scottie para que la siga porque sospecha que su mujer está poseída por el espiritu de su abuela. En realidad todo es una trampa para convertir al ingenuo Scottie en cómplice indirecto de una trama donde Madeleine será asesinada simulando un accidente. Pero en realidad Madeleine no es Madeleine sino una actriz contratada para llevar a cabo el engaño: Judy no es sino una impostora que desempeña un papel, el papel de Madeleine, pero da la casualidad de que Scottie caba obsesionándose con Madeleine y enamorándose de ella llegando a creer que está realmente poseida por el espiritu de su abuela. Scottie no sabe muy bien a qué atenerse puesto que su amor por Madeleine parece enmascarar su amor por la muerta abuela. Sea como sea a través de esta relación que llega a mantener relaciones sexuales con Madeleine, eso parece querer decirnos Hitchcock al menos.

Pero al parecer Madeleine ha muerto y Scottie no puede hacer otra cosa sino buscarla a través de todas las mujeres de S. Francisco, ¿como renunciar a quien habia sido capaz de reanimar a un muerto? Scottie trata de resucitarla de entre los muertos y es asi como descubre a alguien que se le parece, se trata de Judy una actriz de poca monta que accede poco a poco a los deseos de Scottie que no son otros sino conseguir en ella una transformación que le devuelva a Madeleine. Al principio se resiste pero Scottie -dominante- la fuerza a seguir en ese camino de transformación, en donde ella al final de un retoque definitivo en su peinado acaba identificándose con la muerta a la que Scottie ama.

Vale la pena ver esta escena, una de las más bellas de la historia del cine, por la iluminación y por la banda sonora que la acompaña, Judy parece emerger de entre los muertos, en una escena que remeda lo sobrenatural más que lo onírico. Kim Novak espléndida se ofrece al sacrificio del deseo de Scottie identificándose con la muerta como aceptando la idea de que el amor de Scottie se encuentra más allá del mundo de los vivos. Ella se identifica con la muerta, es la muerta y por eso debe morir, para ser amada en esa especie de repetición fatídica que parece querernos decir que la función del Todo es que todo retorne a su origen o que el deseo humano atraviesa el objeto de tal modo que se sitúa más allá de él.

Karma y repetición, instinto de muerte o compulsión repetitiva.

¿A cambio de qué?

El arte muere, en realidad es asesinado en el cine donde cada creación adquiere una forma humana como si esas formas existieran en realidad, Kim Novak es el asesinato de su verdadero Yo en la pira de su profesionalidad de actriz. Como en el mito de Pigmalión la obra muere al ser transformada en humana, deja de ser un ideal y se transforma en un ser humano dotado de una insoportable subjetividad propia, ese es precisamente el drama de Pigmalion, al menos en la versión de Bernard Shaw. A cambio de la vida de Judy Scottie recuperará su hombría y se libera de su fobia, un efecto Pigmalión invertido.

Como en el ensayo de Victor Stoichita hay que preguntar a Ovidio:

El simulacro es un objeto hecho, un artefacto, capaz de producir un efecto de semejanza y de enmascarar la ausencia de modelo con la exageración de su propia hiperrealidad. Este ensayo se interesa por la imagen que de repente se percibe poseyendo una existencia propia. Según el autor, el simulacro arranca del mito de Pigmalión, el escultor chipriota que se enamoró de su obra, a la que, en un rasgo de magnanimidad, los dioses le otorgaron vida. Nace así un ser extraño, un artefacto dotado de alma y cuerpo. La historia de Pigmalión se revela como un relato fundador que tematiza el triunfo de la ilusión estética; su argumento es el arte de ocultar el arte, del cual, según Ovidio, Pigmalión tenía el secreto. El efecto Pigmalión nace en un texto muy astuto: las Metamorfosis de Ovidio. En él la animación se confía a los poderes del texto y sólo del texto. Pero será con la irrupción de la imagen en movimiento, es decir, de la imagen fílmica, cuando se podrá, por fin, responder a las necesidades exigidas por las prácticas de animación de la estética moderna, prácticas no exentas de desafíos de orden técnico e incluso de un atisbo de brujería. Precisamente es en el umbral de la traslación cinematográfica del mito de Pigmalión, tal y como Alfred Hitchcock lo aborda, donde termina este magnífico ensayo.

Simulacros: de Ovidio a Hitchcock tomado de esta web

El aburrimiento como pasión

Mayo 28, 2008

“Nuestro tiempo es tan excitante que a las personas sólo puede chocarnos el aburrimiento.

Samuel Beckett

Aburrirse no es cosa fácil, hace falta tiempo y cierto entrenamiento para gozar de él, yo de joven me aburría mucho de tanta sobredosis que tenia de mí mismo y siempre fuí catalogado de vago, perezoso, indolente, autoindulgente e incluso tachado de inmoral por algún que otro tutor de aquellos que veian en la acedia vital que me consumía un peligroso vicio que sólo podia ser neurtralizado por la diligencia como se decía entonces, una especie de fuerza de voluntad que se suponía un antidoto virtuoso de ese demonio que invadia a la juventud de cuando entonces. Huxley lo dejó escrito en este texto, la acedia era efectivamente un demonio. Mi demonio era Belphegor

Yo nunca consideré esta posibilidad de vivir habitado por un demonio y suponía inocentemente que mi aburrimiento procedía mas bien del empobrecimiento de estimulos sexuales que me rodeaba que era por aquel entonces la única actividad que me sabía levantar, actividad furtiva y escudriñadora en las playas próximas, como dice Serrat entre Salou y Cambrils. Me sentía sin motivación y sobre todo sin energía y por eso me dedicaba a dormirla bien y a planchar la oreja más que menos convirtiéndome en un especialista de dormir, en un regenerador de melatonina endógena ahora que ya sabemos para qué dormimos, llegué incluso a competir con otros amigos frikis del sueño en estas lides: siempre ganaba yo, por mi exceso melatoninérgico.

Entonces creiamos que cada vicio se combatía con una virtud, aun las recuerdo de carrerilla:

  • Contra soberbia humildad
  • Contra ira paciencia
  • Contra envidia caridad
  • Contra gula templanza
  • Contra lujuria castidad
  • Contra pereza diligencia
  • Contra avaricia generosidad

Pero no crean que los pecados capitales han sido siempre estos siete. Son estos desde época del papa Gregorio el Magno que fue el que reinterpretó que la tristeza no es un vicio sino una desgracia, algo asi le sucedió a mi acedia que pasó a llamarse pereza sólo muy recientemente y definitivamente separada del aburrimiento que hoy tiende a considerarse como una “falta de motivación” más bien que como un vicio, algo que curan los psicólogos.

Pero no es cierto: el aburrimiento es una pasión, una defensa contra el marasmo, una rutinificación del deseo, una melancolia de ir por casa.

Lo sé desde que una persona lúcida me hizo esta confesión mediada por un suspiro:

- ¡Ah, que a gusto me aburro!.

Donde se evidenciaba que el aburrimiento lleva inscrito un goce invisible, algo doméstico, sosegado y práctico que separa al hombre del vértigo de desear cualquier cosa.

Y entonces comencé a sospecharme lo peor: era un vicioso yo, un insight de lo más turbador. :-)

Es por ello porque nos aburrimos que se inventó el entretenimiento una verdadera industria que inventó Operación triunfo y cosas asi, hasta que pincharon en hueso y tuvimos que volver al desnudo que era lo que nos impulsaba de playa en playa mirándoles las piernas a las suecas, actividad que nunca debimos abandonar por mucha industria que nos propusiera zappear el canal.

Muchos años me separan de este cantante de Iggy Pop pero observen como a él le pasa un poco lo mismo que sucedía a mi a su edad, se aburre solemnemente y por eso lo dice cantando y se quita la camisa, pues es quitarse la camisa lo que precisamente neutraliza el vicio del aburrimiento y no la diligencia como decía el buen papa Gregorio aunque fuera Magno.

Y es que ahora se sabe la verdad sobre lo pecados capitales. Son pecadillos en realidad porque son como vicios incrustados en la naturaleza huamana y hasta los curas pecan con ellos, no hay que confundirlos con los pecados mortales como masturbarse o robar que nunca entendí porque eran mortales y no capitales siendo como son tambien parte de la naturaleza humana y con sentencia capital además.

Y se sabe que la lujuria no se combate con la castidad sino que ambas cosas discurren por senderos distintos, hay como una autopista para que pase la lujuria y otra autopista por donde pasa la castidad o sea la renuncia o el sacrificio, pero se trata de autovias sin enlaces entre ambas, el lujurioso no tiene mas remedio que ser lujurioso y por más que emplee la castidad al final la lujuria pasará por encima como un trailer. Lo mejor para la lujuria es que llegue a ser aburrida, que llegue a ser cotidiana, fácil, prescrita y formalmente administrativa, entonces es cuando se desvanece como por milagro.

Y le pasa como a Operación triunfo, se muere de éxito y de muermo porque el personal tiene tragaderas pero aburrirse en el entretenimiento resulta intolerable. Para muestra un botón:

Creep de Radiohead cantada por una tal Virginia (OT 200 8)

Compárese con esta versión de Escondidos cantada por un tal Bisbal y una tal Chenoa

Lo dicho no hay como convertir el vicio en aburrimiento para quitarle hierro.

O el entretenimiento en vicio para convertirlo en pereza.