Cuerpos extraños

A veces están ahi por que los metimos por detrás:

recto

O por delante:

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Otras veces porque se los metieron entre algodones:

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en ocasiones explotaron a nuestro lado

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Y nos trocearon sin extrañar nada:

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otras veces nos tragamos las monedas:

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o perdemos las llaves

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o se nos cae la dentadura

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o lo que sea:

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Y a veces nos crecen arbolillos:

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In vivo:

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O somos directamente el arbolillo mismo

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Valencianas paroxísticas

Bernardino Ramazzini  fue un médico del barroco tardío (1700)  al que se le atribuye la primera observacion clinica sobre la evidencia de que el cáncer de mama era más frecuente en las monjas que en las mujeres casadas a pesar de que ha pasado a la historia como uno de los fundadores de la medicina laboral.

Posteriormente sus observaciones fueron replicadas por otros médicos como Rigoni-Stern a quien se le considera uno de los primeros epidemiólogos del cáncer: los cánceres de mama eran tan frecuentes en las comunidades religiosas (5 veces mas que en las mujeres casadas) como los cánceres de cervix entre las prostitutas.

Fue la primera evidencia de que el cancer de cuello de útero era una enfermedad infecto-contagiosa. Más tarde supimos que se debia a un virus de la doméstica y familiar estirpe de los papilomas que en sus versiones blandas son causas de verrugas: esas que se van con sugestión, si.

Se trata de un ejemplo de cáncer por transmisión sexual, un ejemplo de cáncer contagioso que se describió ya hace más de 150 años como “cáncer a deux”, llamado asi porque un medico francés describió un caso en un matrimonio donde él padecia un cáncer de pene y ella un cáncer de cuello de útero. Hoy los cánceres de pene son muy infrecuentes desde que ya no existen deshollinadores pero el cáncer de cervix sigue siendo prevalente por más que los sufran mujeres normales (no prostitutas ni promiscuas).

La causa de ese cáncer suele ser por contagio del marido o pareja sexual diversa, sobre todo por hombres que frecuentan burdeles lo que aclaró ya hace tiempo el por qué el cáncer de cuello de útero podia ser considerado como una enfermedad de transmisión sexual a pesar de la vida estoica de la mujer que lo padecía.

De manera que de lo que se trataba era de conseguir una vacuna, que aplicada  a toda la población infanto-juvenil femenina pudiera prevenir el cáncer en edades adultas.

Ya la tenemos, me refiero a la vacuna y ya se ha empezado a aplicar.

Pero, sucedió un extraño incidente en Valencia, junto con alguno más en las islas Baleares.

Dos niñas presentaron extrañas convulsiones después de haber sido vacunadas y fueron ingresadas en la UCI del Hospital Clinico de Valencia. Las niñas no se conocian entre sí, retengan este dato porque es muy importante para entender de que va este post.

Este post va sobre la histeria, una quasienfermedad que aun existe a pesar de que los americanos la hayan quitado de los manuales diagnósticos, pero afortunadamente los más antiguos del lugar aun conservan la influencia de la tradición psiquiatrica europea y recuerdan que las convulsiones sin explicación médica eran muy frecuentes antes cuando las mujeres llevaban demasiados refajos y carecian de voz.

Ahora las mujeres ya no convulsionan ni se desmayan porque directamente han pasado al acto. Interprétese según el gusto.

El caso es que a pesar de la gravedad del cuadro clinico que presentaban las dos pacientes que compartieron UVI y mantel durante algun tiempo los médicos no encontraron ningun rastro de organicidad, ninguna explicación médica, sus convulsiones no podian ser atribuidas a la vacuna, aunque los investigadores reconocieron que si bien la vacuna no causó las convulsiones las precipitó.

¿Y esto qué significa? ¿Son o no son las vacunas las responsables del desaguisado?

No, las vacunas no son las responsables sino la conjunción entre una inyección pública y la publicidad vinculada a las mismas, que en este caso no es una publicidad cualquiera sino del cáncer nada mas y nada menos que de útero,es decir un cancer genital.

Droplet on the Point of Hypodermic Needle

Los laboratorios fabricantes de la vacuna respiraron aliviados pero los médicos y las autoridades sanitarias no las tenian todas consigo, ¿cómo explicar pues el cuadro si no era atribuible a la vacuna o a ninguna otra causa médica que lo justificara?

¿Se trataba de una enfermedad virtual?,¿enfermaron las pacientes de hiperrealidad?

Entonces se les ocurrió la idea: traer a un grupo de expertos de bien lejos como siempre sucede en estos casos, «el santo suele ser mas milagroso si es inaccesible». Y asi fue que se dictaminó que en realidad las valencianas presentaban un «sindrome paroxístico«.

Una curiosa entidad que no existe en parte alguna, puesto que todos los ataques convulsivos son en realidad paroxisticos: los expertos concluyeron su trabajo con este dictamen que sustituia la vieja etiqueta de la histeria por un nombre que parecía proceder de los anales de la neurologia mas moderna y densa.

Se habia logrado escamotear un diagnóstico vergonzante, como siempre sucede con la histeria y una vez más se regateó al estigma psiquiátrico, pero lo cierto es que las enfermas convulsionaron por histeria y no por otra cosa por mucho que aqui culpen a la ansiedad.

Los investigadores se plantearon desde el principio la pregunta del millón, ¿se conocian entre si las pacientes?. El si apuntaba directamente a un «contagio» histérico, pero el no no descartaba el «contagio», aunque lo cierto es que para que una enfermedad se contagie es necesaria cierta convivencia o cierta familiaridad entre ambos individuos. ¿Es posible que una enfermedad se contagie sin contacto entre los afectados?

En un post anterior que llamé «Epidemia de suicidios» ya habia apuntado hacia la idea de que es posible que dos personas que no se conocen de nada presenten ambas simultáneamente la misma enfermedad, como reacción a algo que compartieron y que parece mimetizar la original. En él describí el caso de una ola de suicidios entre jóvenes de una comunidad galesa que compartian una misma red social, «Bebo», los investigadores sin embargo notaron que no habia habido contacto directo entre ellos de manera que se plantearon la pregunta siguiente, ¿ es posible que dos o mas individuos se suiciden de forma mimetica sin conocerse entre si?

Algo asi sucedió en Europa tras la publicación de Werther: desde entonces sabemos que existe una especie de contagio a distancia de un tipo determinado de conducta, en aquel caso la imitación estaba relacionada con las tribulaciones del protagonista descrito por Goethe.

La respuesta es que es posible contagiarse de algo sin conocimiento del modelo a imitar, siempre y cuando se cumplieran ciertas condiciones: la edad, la pertenencia a una cierta cultura o entorno o compartir determinados valores no iba a predecir que los individuos se suicidaran por la misma razón, pero podia explicar el hecho fáctico de la muerte violenta en un foco cualquiera de población. Dicho de otra manera más clara: cada cual se suicida por una razón, pero al final todos los que se suicidaron lo hicieron al mismo tiempo, pues la causa final de ciertos tipos de suicidio es social. Existe una morfogénesis social del deseo de suicidarse y eso fue lo que ocurrió en aquella epidemia de suicidios en Gales.

Lo cierto es que resulta dificil de explicar el mecanismo de este tipo de contagios que se conocen bien desde la época clásica aunque no se disponga aun de una conceptualización cientifica que los justifique, aqui en este párrafo creo que se encuentra la verdad para quien quiera escucharla, me refiero a la verdad sobre la imitación:

Y vuelvo a plantear la pregunta.

¿Puede hablarse de imitación entre dos personas que no han mantenido ningun contacto entre si?

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Al menos existen tres clases de imitación y nos detendremos en la primera de ellas:

1.- Ocurre en el seno de un mismo grupo social, cuyos elementos todos están sometidos a la acción de una misma causa o causas semejantes, en virtud de la que todo el mundo piensa o siente al unísono; en este caso la palabra designa la propiedad que tienen los estados de conciencia, simultáneamente experimentados por un cierto número de sujetos diferentes, y obrar los unos sobre los otros y combinarse, de modo que crean un estado nuevo.

2.-Necesidad que nos impulsa a ponernos en convivencia con la sociedad de la que formamos parte y de este modo a adoptar las maneras de pensar o de hacer que son generales en los que nos rodean. Son un ejemplo muy claro de este caso las modas y las costumbres.

3.- Finalmente puede ocurrir que reproduzcamos un acto que pasa delante de nosotros o que conocemos, únicamente porque ha pasado delante de nosotros o porque hemos oído hablar de él, se copia por el simple hecho de copiarla. Así bailamos, reímos o lloramos cuando otra persona lo hace, es la imitación por sí misma.

En suma el propio Durckheim, estudioso de los suicidios ya habia entendido que existe una acepción de imitación que va más allá de esa capacidad tan humana de empatizar con nuestros congéneres, o de apropiarnos de sus cualidades, existe una imitación que es un estado de conciencia transindividual que es a su vez el resultado de experimentaciones concurrentes de estados de conciencia individuales que se constituye en un estado de conciencia nuevo que no equivale a la suma de sus partes, Durckheim sin saberlo está describiendo el modernísimo concepto de la emergencia de algo nuevo -en este caso un intangible- que parece comportarse como una mente y que va más allá de la adición de sucesos individuales.

En suma el caso de las valencianas paroxísticas se dio un  fenómeno de contagio, entre individuos que aun sin conocerse comparten una misma cultura, entorno, edad, valores o expectativas y aunque cada una de ellas convulsionó por razones distintas todas coincidieron en mostrar ese sintoma arrastradas (precipitadas) por la aplicación de la vacuna.

Los medios, la publicidad, el miedo y las sospechas hacia las vacunas y la amplificación familiar derivada de la gravedad del cuadro clinico y la alarma social que se desencadenó con al caso explican la gravedad y la recurrencia de las convulsiones que no cesaron hasta que se retiró del fenómeno el interés mediático, en esto las autoridades fueron al fin rotundas enmudeciendo a los exégetas de las conspiraciones que siempre van ligadas a la aplicación de algo nuevo, en este caso las vacunas que arrastran una constante sospecha de contaminación, de toxicidad o de causar toda clase de enfermedades.

A pesar de las enormes contribuciones de Durkheim y otros investigadores al tema de la imitación no fue hasta la decada de los 80 cuando Rupert Sheldrake planteó su teoria de los campos morfogenéticos en su libro «Una nueva ciencia de la vida». En él Sheldrake plantea la osada hipotesis de que:

«La teoría de la causación formativa se centra en cómo las cosas toman sus formas o patrones de organización. Así que cubre la formación de galaxias, átomos, cristales, moléculas, plantas, animales, células, sociedades. Cubre todas las cosas que tienen formas, patrones o estructuras o propiedades auto-organizativas.

Todas estas cosas se organizan por sí mismas. Un átomo no tiene que ser creado por algún agente externo, se organiza solo. Una molécula y un cristal no es organizado por los seres humanos pieza por pieza sino que cristaliza espontáneamente. Los animales crecen espontáneamente. Todas estas cosas son diferentes de las máquinas, que son artificialmente ensambladas por seres humanos.

Esta teoría trata sistemas naturales auto-organizados y el origen de las formas. Y asume que la causa de las formas es la influencia de campos organizativos, campos formativos, que llamo campos mórficos. El rasgo principal es que la forma de las sociedades, ideas, cristales y moléculas dependen de la manera en que tipos similares han sido organizados en el pasado. Hay una especie de memoria integrada en los campos mórficos de cada cosa auto-organizada. Concibo las regularidades de la naturaleza como hábitos más que cosas gobernadas por leyes matemáticas eternas que existen de alguna forma fuera de la naturaleza».

Ya sabemos pues que las convulsiones son patrones de respuesta preformados, una especie de alarma ancestral que puede dispararse espontáneamente o siendo encendida por algo que simbólicamente nos retrotrae a un terror primigenio: si las enfermedades se parecen tanto entre si es porque existen como regularidades, como patrones de forma que en este caso se refiere a la posibilidad de los seres vivos de congelarse, de hacerse el muerto. La convulsión es después de la lucha o la huida una tercera posibilidad de escapar de una amenaza, un mecanismo ancestral de defensa que algunos animales utilizan para infundir estupor en su perseguidor.

Y que a veces lo consiguen pues para un depredador no hay nada más ambigüo que una presa convulsionando ¿está viva o muerta? Ya se sabe que los depredadores solo son carroñeros en ciertas ocasiones, ellos prefieren la carne fresca.

Las personas tambien tenemos este registro que es independiente de la voluntad pero no del entorno. A este registro -un amplio repertorio de sintomas, conductas, afectos y rasgos de personalidad- se le conoce con el nombre de histeria y trata de infundir en los demás una conducta de provisión de cuidados o protección a través de simulación (no del fingimiento) de una enfermedad o estado de desvalimiento. Lo que trata de conseguir el simulador es un estado de cosas (del tipo que sea) dificilmente accesible por medio de una conducta normal de intercambios.

Simplemente el cerebro se equivoca a la hora de evaluar una amenaza y opta por poner en marcha uno de los mecanismos más primitivos  de los que disponemos los mamíferos: la perdida de conciencia y la convulsión critica.

La necesidad de alarmarse

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Las noticias insisten sobre el tema que arrastraremos una buena temporada: me refiero a la gripe porcina. Insisten en una cuestión : la población no debe alarmarse, hasta Obama insiste. Pero la OMS parece que desmiente a todo el mundo anunciando una pandemia mundial y corriendo la alarma de acá para allá.

De manera que he estado pensando sobre eso de las alarmas y la mejor manera de saber algo sobre alarmas es preguntarle a alguien que la tenga instalada en su chalet. Como tengo algunos amigos que viven en esos hogares a medio camino entre ninguna parte y su lugar de trabajo y aprovechando el Madrid-Barça del otro dia hice una pequeña encuesta a pie de barra sobre los que tienen alarma en sus domicilios.

Todos estan de acuerdo en algo: es mejor que te atraquen que te salte constantemente una alarma sin motivo. Hay casos de gatos merodeadores, cipreses oscilantes o ventiscas inesperadas que han hecho saltar injustificadamente las alarmas e incluso me contaron el siguiente caso que merece estar en este post:

Uno de mis contertulios, el que tiene el chalet mas grande, cansado de que le entraran a robar en su casa decidió instalarse uno de esos sistemas antipánico que dejan encerrados a las partes más sensibles de la casa, su mujer y sus hijas que pasan mucho tiempo solas a causa de sus continuos viajes por ese mundo porcino.

El caso es que un dia se disparó la alarma no saben si con motivo o sin él y la muchachada se quedó encerrada allí hasta que fueron a rescatarlas, porque las puertas se negaban a ser abiertas cuando ya el pánico habia descendido. Enseguida se pusieron en contacto con unos técnicos venido de allende los mares para verificar el carisimo y vulnerable sistema antipánico: todo era correcto pero les dijeron que la sensibilidad de la alarma podia graduarse y que los dueños de la misma podian decidir qué grado de alarmismo podia desplegar el citado artificio. Fue asi que se rebajó por decisión democrática de toda la familia vistas las dificultades que tenia salir del dormitorio por la mañana y resultó en que la graduación no reveló su verdadera intención que quedó patente unos dias después en que unos desaprensivos volvieron a entrar a robar, esta vez un coche de alta cilindrada. La muchachada ni se inmutó lo que significa que no se dieron por aludidas y la alarma tampoco.

Puestas asi las cosas decidieron prescindir de la alarma en función de la dificultad de graduar sus ardores alarmistas y desde entonces que ya no han vuelto a tener ningun percance. G. a D.

Moraleja: Algunos remedios son peor que la propia enfermedad.

Y fue entonces -desde esta atalaya de pensamientos- que marcó Pujol un gol de cabeza y ya me relajé lo suficiente como para poder hilvanar este post inspirado en aquello que hace que las personas se alarmen sin motivo, me refiero a lo que los neurocientificos llaman alarmas neurobiológicas, que no son otras sino el dolor, la rinorrea, la taquicardia, las ganas de orinar, el vómito, la diarrea o el hambre, por nombrar sólo algunas de ellas.

Al parecer tenemos un cerebro que es muy vulnerable a los errores de identificación del daño, del mismo modo se equivoca al discriminar lo venenoso de lo comestible o a la hora de informar sobre el hambre que tenemos. Y es porque nosotros tenemos tambien una central de alarmas en nuestro cerebro, una especie de detector de humos que conocemos con el nombre de amigdala, un circuito especializado en chequear la realidad externa e interna y hacer saltar las alarmas que pongan en riesgo nuestra integridad. El asunto es que la amigdala de nuestros coetáneos es bastante sensible y detecta amenazas en cosas tan banales, como beberse un rioja, comerse un trozo de chocolate, fornicar o tomar un poco el sol. Por poner un ejemplo estas son las cosas que disparan el conocido dolor de cabeza, nuestra amígdala parece reaccionar ante estimulos de esa naturaleza y mandar por correo rio abajo (down by to the river) la orden de necrosis, como si hubiera detectado que nuestro cráneo va a ser aplastado, quemado o zarandeado como un derviche. La orden que viaja hacia abajo despierta ciertos receptores para el dolor y nos duelen las meninges, es por eso que reaccionamos con un dolor de cabeza no tanto porque hayamos sido victimas de una agresión real sino por culpa de nuestra amigdala que es tan sensible como la alarma de mis amigos los ricachones y saltó por error propiciando una reaccion de defensa del organismo que trata de proteger su parte mas noble: el cerebro.

Algo parecido pasa con la diarrea de los que padecen colon irritable, que se «cagan encima» de miedo no solamente cuando van a ser sometidos a una evaluación o un examen sino un poco por vicio, ante situaciones tan banales de la vida como el calor, el frio, el tabaco, las aglomeraciones en el metro, el entrar al bar en busca de un cortado con leche fria, en fin tareas arriesgadas como el lector habrá podido comprobar. Y es por la misma razón: la amigdala es demasiado sensible y da la orden de quitarse afuera los lastres pesados por si el individuo tiene que dedicarse a correr, no hay nada peor que huir de un depredador con los restos humeantes aun de un festín anterior, es por ello que la evolución programó la defecación emparejándola (condicionándola) con el miedo y con la reacción de lucha o huida, o sea que la evolución hizo bien su trabajo si bien dejó un amplio margen de maniobra al Sapiens para que aprendiera.

Y lo mismo con la micción, el moco, el hambre exagerada o el vómito: se trata de errores de reconocimiento.

¿Pero qué pasa con nuestra amigdala cerebral? ¿por qué se comporta de forma tan torpe?

Para contestar esta pregunta es necesario entender que nuestras alarmas ancestrales evolucionaron en un ambiente muy distinto al que vivimos hoy, al menos en entornos opulentos y seguros como los que disfrutamos ¿disfrutamos? en Europa. Por muy inseguros, criticables o sospechosos que nos parezcan es obvio que vivimos en un entorno casi perfecto en tanto en cuanto a nuestras necesidades de preservación, me refiero a bienes alimentarios y seguridad frente a las amenazas de la naturaleza.

Y pongo el verbo disfrutar entre comillas porque no estoy seguro de que los entornos de seguridad sean beneficiosos para nuestra especie habituada al nomadismo, a la dispersión y escasez de bienes alimentarios, a  vivir en un constante acecho de las fieras o a adaptarse a climas bien diversos y casi siempre inhóspitos.

Y pondré un ejemplo para ilustrar mi argumento ¿cómo es posible que en un entorno de opulencia alimentaria como el nuestro existan bolsas de inanición electivas como sucede en la anorexia mental? Lo lógico es pensar que la obesidad del hombre postmoderno es una consecuencia de esa abundancia de bienes pero ¿cómo explicar el gusto por someterse a ayunos elegidos voluntariamente para adelgazar?

La pulsión a la delgadez por razones estéticas no lo explica todo, tiene que haber algo más.

Y la explicación es ésta: los humanos cuando no tenemos motivos por los que alarmarnos construimos una alarma artificial.

Nuestra amigdala cerebral lleva muy mal estar en paro.

¿Con qué objetivo construimos (inventamos) esas alarmas?

Para disminuir la disonancia entre nuesta percepción de un mundo externo seguro y opulento y un mundo interno vacio y desolado.

Dicho de otra manera: llevamos muy mal la distancia entre lo que percibimos ahi afuera y lo que percibimos aqui dentro y como siempre estamos cabreados, enfadados o enfurruñados tendemos a disminuir la distancia entre el afuera y el adentro. Es por eso que percibimos amenazas que no existen y ponemos nuestro organismo en guardia frente a estimulos intrascendentes, aunque este proceso no es voluntario sino un condicionamiento clásico que sucede bien lejos de nuestra conciencia.

O dicho de otro modo, la comodidad de nuestras vidas contrasta con la vacuidad de las mismas.

Algo asi pasa con la anorexia mental que es peor que el remedio que trata de evitar: la obesidad, ahora bien ¿cómo se relacionan la opulencia alimentaria y la inanición?, ¿a través de qué mecanismos?

Hasta ahora pensaba que la opulencia era un entorno que contenia a la anorexia porque no podia darse en otro lugar, pero esta es una respuesta tautológica. Es la propia opulencia la que genera la anorexia, es decir la inanición puesto que tal y como decia David Peat:

La naturaleza conspira para introducir fluctuaciones en cada suceso individual


Significa que es la propia naturaleza de la opulencia, cuyo opuesto es la privación lo que fluctúa, lo que debe oscilar en el orden natural y es precisamente por esta razón que el organismo humano introduce una variable de perturbación que lleva al sistema hacia el otro lado como un péndulo, es como si hubiera algo en la naturaleza humana que no se conformara con quedarse quietecita en un punto de equilibrio y como si los humanos al quedarse frente a frente con la seguridad o la opulencia que disfrutamos precisáramos de inventar alguna disonancia, alguna amenaza que disminuyera ese umbral de seguridad insoportable precisamente porque es generador de algo que el individuo concreto tiene que lidiar en su interior, algo que inevitablemente le lleva a perder control sobre su ambiente.

Lo que importa para los humanos no es tanto la seguridad sino la relevancia de contexto: que las cosas tengan sentido, vibren con nuesta subjetividad.

Sucede porque el cerebro no es algo que se limita a representarse la realidad sino que enactúa con ella (en este post hay un resumen de la enacción segun Varela y de cómo la visión de las abejas coevolucionó con el color de las flores). La realidad y la percepción de la realidad son hechos que coemergen, simultáneos. Si percibimos amenazas en nuestro entorno no es por otra cosa sino porque hemos teñido de amenazantes sucesos banales que interpretamos con un gusto exquisito en clave de peligro. Hay un gusto muy humano en elaborar historias de terror inverosimiles que tienden a hacer el mundo más amenazante de lo que es.

Es por eso que en un mundo como el nuestro con la mejor sanidad pública de toda la historia, vigilancia epidemiológica, un sistema sanitario universal y gratuito (me refiero a Europa) tememos a los alimentos, sospechamos de los microondas, pensamos que nos envenenan con pesticidas o nos dan gato por liebre en el supermercado. O que el virus porcino fue diseñado en un laboratorio con el fin de terminar con media humanidad.

Se nos encienden las alarmas y cuando se encienden las alarmas porque existen amenazas concretas las amenazas simuladas se callan. La enfermedad grande se come a la pequeña y se nos va el dolor de cabeza, las sociedades se cohesionan con las calamidades y todos se sienten tripulantes de un mismo barco.

El caso es que los gobernantes tambien lo saben y conocen muy bien este fenómeno. Es por eso que a veces inventan alarmas controladas para anular el efecto politico de otra alarma descontrolada, es por eso que la peste porcina siempre será mejor para el gobierno que la crisis económica o el terrorismo de ETA mejor que el de Al Qaeda. No quiero decir que el gobierno de Zapatero haya inventado el virus, ni siquiera creo que lo haya inventando ningun laboratorio, creo que es una mutación (mas o menos) natural, pero lo que creo es que se ha magnificado su impacto -todos, incluyendo a las autoridades sanitarias- y hemos magnificado su impacto y su origen porque nos encanta inventar nuevas alarmas. Los gobiernos están de enhorabuena porque ya tenemos para algún tiempo una amenaza concreta. Y es por que ellos (los gobernantes) saben que al pueblo hay que darle de vez en cuando algo de caña, pues no soportamos ni la seguridad ni la opulencia externa, porque lo que de verdad nos importa es nuestro estado interior, nuestro bienestar individual y ahi siempre hay una disonancia, mayor cuanto más seguridad y opulencia hay afuera, es por eso que inventamos teorias conspiracionistas contra ellos, ahora les toca a los microbiólogos o a los lobbyes, y siempre será mejor que las inventen contra los laboratorios de microbios que contra ellos, los politicos.

Algo parecido sucede con nuestro organismo que reacciona con alarmas (vomito, diarrea, dolor, hambre) ante estimulos neutrales o inespecificos. hay una necesidad de alarmarse, de adelantarse a los desastres, como si esa anticipación disminuyera la distancia entre lo que se percibe (la seguridad) y el vacio interior y por tanto aumentara la relevancia de contexto de cada ser individual. Dicho de otro modo aumenta la ilusión de control, si no se puede ser feliz al menos controlemos algo.

Inventemos una conspiración.

Definición de teoría de la conspiración y listado de conspiraciones famosas según la wikipedia.

Enfermedades y disidencias

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No cabe duda de que vivimos en una sociedad mediática, lo que es lo mismo que decir que las creencias de nuestros contemporáneos están mediatizadas por los medios, valga la redundancia. Y no sólo lo están las creencias sino las expectativas en su solución. Es verdad aquello que es difundido hasta el paroxismo por los medios de comunicación y deja de ser verdad aquello que es silenciado.

Y no crean ustedes que hay quien escapa de esa influencia. Hasta la ciencia que deberia ser neutral y aséptica parece haberse pervertido por esta intromisión, tanto es asi que una de las claves de la inteligencia en tiempos de Internet consiste en aprender a discriminar lo verdadero de lo falso, lo verosímil de lo imposible mediante el desarrollo de una cualidad crítica que haga de dique al crecimiento exponencial de información que recibimos en este entorno tan querido por todos nosotros que es Internet, al menos mientras sea libre y gratuito.

Las enfermedades humanas son un buen ejemplo de lo que quiero decir, quizá ustedes crean que las enfermedades son algo objetivo, algo que simplemente nos sucede y que se presentan como entidades naturales como si fueran plantas o especies de insectos. No es cierto, salvo en algunas enfermedades somáticas que ya carecen de interés para el hombre moderno puesto que al menos en entornos opulentos han sido erradicadas o casi. En realidad las enfermedades no son ajenas a la conceptualización que hacemos de ellas, asi por ejemplo en el siglo XIX habia una enfermedad que se llamaba «vampirismo» y ya no existe, ha sido declarada erradicada por nuestras autoridades sanitarias. La razón de esta desaparición es social, ya nadie cree en los vampiros salvo esos adolescentes que leen novelas de la saga de Crepúsculo, novelas de vampiros, más por el deseo de ser poseídas por un guaperas como Miguel Angel Silvestre que por otra cosa, pero el vampirismo- aunque presente en el imaginario femenino-, definitivamente no sólo ha desaparecido de la clínica, sino tambien de los tratados y tambien de las expectativas racionales de la población aunque ahora hay un revival de la estética vampirista que llevará un arrastre clínico y un repunte de aquella «enfermedad». Lo mismo sucedió con la ninfomanía, una enfermedad victoriana que pareció desaparecer cuando el sexo y los no-refajos dejaron de ser de ser un tabú y se convirtió en una prescripción social. Ya no hay ninfómanas -aunque siguen habiendo personas con apetito sexual insaciable- y por tanto esta es otra enfermedad «erradicada» que dejó huérfanos de etiqueta a una amplia población juvenil que ahora se llaman border-lines o impulsivos a secas y que naturalmente están más trastornados que sus primas lejanas las ninfómanas.

Significa que las enfermedades tienen mucho que ver con los entornos que las definen: la enfermedad es sobre todo una abstracción mediante el que clasificamos un tipo cualquiera de sufrimiento o disadaptación real o imaginaria pero en cualquier caso un sufrimiento humano y no tanto una especie vegetal. Lo que sucede es que las causas de sufrimiento cambian con el tiempo, las culturas y los contextos concretos. Y muchas veces los sufrimientos son expresión no tanto de enfermedades sino de reivindicaciones politicas, de protestas más o menos veladas contra un poder u otro o de un discurso que se opone a un discurso cualquiera que es hegemónico en la sociedad.

Y significa otra cosa: la abolición de un trastorno no liquida a sus seguidores sino que los desplaza a otra trinchera usualmente más incomoda que su antecesora, pues siempre será peor estar enfermo que ser una «persona de mal carácter», siguiendo a Gödel sabemos que «un sistema coherente es necesariamente incompleto y un sistema completo es necesariamente incoherente». Lo que significa que a la hora de ser clasificado un sufrimiento es mejor dejarlo en un vicio, en una inclinación (una definición incompleta) que buscar una definición precisa que llevará al sujeto hacia otro lugar peor que el que le precedió en origen. Peor en cuanto incoherencia, el estatuto de enfermo a veces es peor que el estatuto de simulador porque uno se siente inclinado a demostrar su razón y su verdad, es lo que les sucede a aquellos que cobran pensiones por accidentes acaecidos tiempo atrás: han de demostrar no sólo que sufren sino que no fingen para resultar creibles, lo que siguiendo a Gödel no hace más que enmascarar -a base de incoherencias- la propia vivencia de enfermedad.

Naturalmente unas enfermedades son más vulnerables que otras a estas transformaciones derivadas de la cultura y del entorno. La apendicitis es igual hoy que antes de Cristo, pero algunas enfermedades como por ejemplo las mentales siguen patrones culturales en su expresión, por ejemplo en la Edad Media la gente deliraba con embrujamientos o endemoniados y hoy la gente delira con extraterrestres, ondas que proceden de electrodomésticos y cosas asi, pronto con vampiros guapos. Todo cambia, pero algunas cosas cambian más que otras, por eso decimos que las enfermedades -algunas de ellas- son patoplásticas, es decir modificables por las creencias colectivas que les dan soporte. Y si encima no existen marcadores objetivos de enfermedad todo se enreda puesto que cada vez tenemos listados más amplios de enfermedades que no presentan criterios objetivos para su definición, exploración o tratamiento.

Y una enfermedad sin tratamiento es una enfermedad incurable, de ahi su interés, pero los tratamientos solo curan las enfermedades verdaderas y no a las pseudoenfermedades que en cualquier caso remiten espontáneamente o con un cambio de aguas como decia mi abuela.

Pero no es sólo que las enfermedades cambian sino que se inventan enfermedades nuevas y se tachan las antiguas porque la definición de las enfermedades es un consenso social y no un acuerdo entre expertos al menos en lo que al ciudadano común respecta, un consenso que ejecutan los medios y los lobbyes. Lo cierto es que hoy existen muchas enfermedades que no están catalogadas como tales aunque sabemos de su existencia por los medios de comunicación que son los encargados de transcribir los sufrimientos indiviuales en enfermedades con derecho a pensión, estoy pensando ahora en el «mobbing» o el «bulliling» entidades emergentes que aunque no se encuentran catalogadas como enfermedades han pasado a formar parte ya de las creencias de la población general como sucedió hace muchos años con la depresión, simplemente de tanto hablar de ellas y de difundirse en los medios han llegado a corporeizarse, a lograr un cierto estatuto de verosimilitud banalizando las enfermedades verdaderas que sofocan la vida de otros muchos. Vale la pena echar una ojeada a foros, listas y paginas web o blogs que hablan de enfermedades que en cualquier caso son sufrimientos aun no filiados por la ciencia.

Algo asi pasa por ejemplo con la fibromialgia, la fatiga crónica o el sindrome de hipersensibilidad química múltiple, se trata de enfermedades misteriosas no filiadas y a las que muchos investigadores no conceden el certificado de existencia, claro que resulta dificil de comprender el hecho de que sin poner en cuestión los sintomas se le niegue existencia a una enfermedad porque para la gente común, un conjunto de síntomas es lo mismo que enfermedad. Pero no es asi, para que una enfermedad exista tiene que resistir, la prueba del nueve, mantener su consistencia, su homogeneidad y su resistencia al cambio social y sobre todo que existan marcadores biológicos o psicológicos objetivos. Es por eso que la apendicits es una enfermedad y la fibromialgia un conjunto de sintomas cambiantes que se encuentra en la picota de la ciencia. Me refiero a la ciencia de verdad, no a lo que se divulga por los periódicos, blogs y foros de Internet sino a la otra, ya me entienden.

Hace algunos años un investigador de la anorexia mental y la bulimia llamado Gordon inventó el termino «enfermedades étnicas» para referirse a enfermedades que sólo parecen darse en determinados entornos, en este caso opulentos. Gordon confirmó que determinados sufrimientos humanos se enroscan en creencias sociales determinadas -como por ejemplo la creencia de que ser delgado es atractivo- y terminan por constituirse en verdaderas enfermedades que sufren a veces de forma endémica amplias capas de la población. En este sentido la «pseudoenfermedad» seria una exageracion de las expectativas que despierta una determinada creencia -por otra parte omnipresente- en la vida de cada uno de nosotros. La creencia acaba polarizando a la población general en personas atractivas y no atractivas, naturalmente estas ultimas construirian un autoconcepto de si mismas más deplorable e iniciarán más dietas y pensamientos recurrentes sobre su figura haciéndose vulnerables a enfermedades concretas como sucede en los trastornos de la alimentación. Otras veces y tal como ya sabemos por los amplios historiales de histéricas que nos legaron los maestros del XIX, la histeria era no una enfermedad sino un discurso politico de reivindicación o de protesta (o coacción) que la mujer hacía contra un sistema machista que coartaba sus vidas y contra un sistema médico -presidido por hombres- contra los que se volvia. La queja y la reinvidicación histéricas ya fueron exploradas por mi en sendos post, pero recalco ahora que la histeria clásica no representaba una enfermedad como la apendicitis sino una disidencia que perdió fuerza en cuanto la mujer adquirió un papel de mayor igualdad con el varón, de hecho hoy la histeria ya no existe o es muy poco frecuente manteniendo residuos en el personal más inculto. Pero es seguro que la queja reivindicativa, la amargura, la querulancia, el hipercriticismo y el descontento con la propia vida siguen existiendo.

Lo cierto es que existen investigadores que piensan que cuando una enfermedad llega a tener demasiada presencia mediática hay que desconfiar de ella como entidad natural y hay que pensarla desde el lado de lo politico o del marketing. Yo me he tomado la molestia de escarbar qué enfermedades reciben más atención aqui en los foros de Internet y he llegado a las siguientes conclusiones:

  • Existen asociaciones de defensa de pacientes determinados, como por ejemplo sucede con la esquizofrenia o las enfermedades mentales graves, se trata usualmente de padres que tienen en su hogar un enfermo y buscan sobre todo asesoramiento, compartir sufrimientos y un espacio de reinvindicación para tratar de conseguir recursos -siempre precarios- en todas las patologias pero quizá más en la patologia mental. Las hay fuertemente politizadas y otras colaboradoras de la administración de turno, casi todas reciben fondos públicos y hay que decir que su incidencia asistencial es muy débil.
  • Otras asociaciones o foros defienden de un modo sensato cierta ortodoxia, por ejemplo los foros sobre psoriasis, una de esas enfermedades misteriosas para la que no existen tratamientos efectivos. Aunque la mayor parte de los casos son leves, existen formas de psoriasis muy extendidas y muy severas, sin contar con los tormentos estéticos y los temores de exclusión derivados de la exposición de lesiones cutáneas que para muchas personas pueden ser repugnantes o quizá despertar temores de contaminación seguramente por la asimilación que se hace de la lepra. Los foros que he visitado de psoriasis tratan de mantenerse a salvo del spam y de los que pretenden vender productos milagrosos a través de su red. Mantienen la ortodoxia tambien en cuanto rechazan los tratamientos con corticoides que generan efectos rebote y en este sentido propician un estilo a veces inquisitorial a la vez que rechazan las experiencias curativas individuales – las remisiones espontáneas- algo que por cierto comparten con la ciencia oficial, simplemente no se ha preocupado nadie de observar porque algunas personas se curan de una enfermedad mediante un cambio de vida, valores o creencias.
  • Existen sin embargo otras asociaciones y foros fuertemente reivindicativas y radicales como aquellos que defienden que las enfermedades mentales no existen y que imbuidos por una lectura audaz de Ronald Laing encuentran pretextos para sí mismos, pero otras  listas, asociaciones o foros sostienen ideas respecto a su «enfermedad» insólitas. Pretenden definir ellos mismos la enfermedad que padecen rechazando cualquier interpretación que no encaje con sus ideas, son querulantes, combativos y agresivos, existe en ellos una cierta miltancia y organización y tienen un objetivo muy claro: apartar y negar todos aquellos datos que pretendan relacionar sus padecimientos con lo psiquiátrico, algo que no es nuevo en el mundo de la ciencia, hace años los lobbyes gays americanos lograron que los psiquiatras de la APA retiraran de sus manuales diagnósticos la homosexualidad, algo que ha dejado la sexuación sin fondos para la investigación. Más parecidos al funcionamiento de ciertas sectas como la cienciología, estos foros parecen defender una hipótesis orgánica de sus padecimientos propiciando paradójicamente mayor distancia entre psique y soma y ahondando en el gran problema de la dualidad que parece atenazar a la ciencia actual. El miedo al estigma psiquiátrico les aleja de la evidencia de que sus padecimientos tienen con toda seguridad una vertiente psíquica que quedará para siempre enmudecida por lo políticamente correcto o por las intimidaciones a los investigadores neutrales.
  • Las enfermedades raras tambien merecen últimamente una especial atención tanto por parte de los familiares de afectados como por las autoridades sanitarias. El fantasma que ronda por la cabeza de algunas de estas personas es que la industria farmacéutica solo investiga en aquellos campos en que supone va a hallar beneficios, cosa que es verdad sólo en parte, prueba de ello es el tiempo y esfuerzo gastado en la investigación del paludismo que aun hoy sigue sin una vacuna eficaz a pesar del gran volumen de negocio que se espera de la dichosa vacuna.

Mi conclusión va a ser muy parecida a la de Gordon, existen enfermedades muy misteriosas, -las que el llamó étnicas- porque sólo se dan en entornos de opulencia y no en entornos de precariedad, lo que señala en la dirección de que existe una construcción social de la morbilidad, tambien es curioso señalar que estas enfermedades son las que ostentan una mayor atención por parte de la administración y que reclutan en su seno a las personas más combativas y dogmáticas en la defensa de sus opiniones. Las campañas mediáticas de defensa de ciertas enfermedades deben interpretarse en el contexto de lograr visibilidad pero tambien de obtener beneficios asimétricos en la distribución de recursos y destinar medios públicos hacia hallagos más que discutibles.

Este tipo de asociaciones o de foros en realidad se agrupan muy claramente alrededor de temores que han logrado corporalizarse, estos miedos pueden listarse los siguientes:

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  • Existe la sospecha generalizada de que estamos siendo alimentados con venenos, con productos tóxicos que si se encuentran entre neustra alimentación es por la idea de que administración y fabricantes conviven en una especie de fraude cuyas victimas somos los ciudadanos. Sorprendentemente en este tipo de entornos postindustriales y con una de las vigilancias alimentarias más eficaces del mundo surgen sufrimientos como la ortorexia y la hipersensibilidad química múltiple que ya tiene especialistas y todo.
  • La otra vertiente de la queja es el dolor, un dolor que no responde a ningún tratamiento, un dolor intolerable y que los médicos clasificamos como neuropático, curiosamente aparece en un mundo hedonista donde ya casi todo el mundo ha renegado no solo del dolor sino tambien del sufrimiento y del sacrificio personal en la evidencia de que todos tenemos derecho a todo y que cuando fracasamos la culpa es de los demás. Es en ese entorno donde aparece el dolor neuropático y no en otro.
  • Existen versiones mas sofisticadas y son las enfermedades a las que no se consigue llegar a ningún diagnóstico, se trata de cuadros  proteiformes, cambiantes, que evocan nombres exóticos, que aparecen, recidivan y se resuelven sin saber cómo ni por qué. pareciera como si el desafio al poder médico no hubiera terminado a pesar de que para el año 1012 el 75% de los médicos serán mujeres, o… quiza por eso.

En tiempos de Internet hasta las enfermas de anorexia y bulimia hacen apología de su enfermedad, a través del código ana y mia, ellas han encontrado sus señas de identidad pero aqui precisamente hay la contestación al desafío. Los gordos tienen pagina web y orgullo de serlo y anuncian dietas que nunca llevarán a cabo y los border-line comienzan blogs que nunca alimentarán por falta de vocación.

Hiperrealidad y enfermedad se encuentran definitivamente enlazadas, más que eso estamos enfermos de hiperrealidad, enfermos de información, bulimicos de datos, enfermos y sin anticuerpos para luchar contra el veneno que destilamos en nuestra vida diaria y que sólo sabemos expeler culpando a otros.

El desorden del Sr Down

Hay palabras que sólo invocan un significado concreto, otras son ambigüas y evocan simultáneamente varios sentidos. Pero hay palabras que tienen un aura, llevan en sí incrustadas como un halo donde se pegan las buenas y las malas intenciones. una de estas palabras es la palabra «aborto». No existe una palabra mas cargada de intencionalidades opuestas como ésta. Aborto es una palabra que evoca la libertad con el propio cuerpo, pero tambien un dilema moral, una conducta criminal, un abuso eugenésico, el miedo y la culpa, evoca quirófanos y hemorragias clandestinas y al mismo tiempo evoca una sexualidad desbocada y prohibida como tambien la irresponsabilidad, la ignorancia y la conveniencia. «Aborto» evoca necesidades económicas y miseria, abusos sexuales pero tambien malformaciones congénitas: errores provocados por el desorden natural y la mano del hombre que corrije los defectos de la vida mediante su dominio del mismo y depositando luego sus hallazgos al menú desplegable de lo posible.

El sindrome de Down es uno de esos ejemplos donde podemos atisbar el desorden natural. Se trata de un error cromosómico, sin saber por qué el par 21 de los cromosomas humanos se transforma en un trio. Los portadores de esta anomalía congénita presentan un aspecto morfológico especial bien reconocible y que hemos llamado mongoloide. El cuadro clinico completo de este desorden cromosómico se encuentra aqui, pero vale la pena resaltar que los nacidos con el sindrome de Down son usualmente personas con distintos niveles de inteligencia, los hay bastante inteligentes mientras que otros son bastante profundos, pero todos tienen una caracateristica que les une: son personas sociables, cariñosas y dóciles, casi siempre educables y hoy con una expectativa de vida similar a la de cualquier otra persona, están poco dotados para altos rendimientos fisicos o intelectuales pero compensan este déficit con su capacidad de dar y recibir simpatía y amor, algo que he oido muchas veces en los padres de estos niños es la frase: «doy las gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de tenerle, ahora gracias a él ya se lo que es el amor». No cabe duda de que el sindrome de Down es la causa más frecuente de retraso mental en nuestro entorno, mejor dicho lo era porque segun esta noticia publicada en el Pais, el sindrome de Down se encuentra en vias de extinción.

No se trata de una extinción natural sino de la consecuencia de la intervención de la voluntad humana en los embarazos, el sindrome de Down ha caido dramáticamente de la estadisticas que señalaban un caso cada 750 partos. Ahora en España sólo nace un niño con Down de cada 1100 partos, ¿donde están los cerca de 350 que faltan?

Simplemente no llegaron a nacer, no les dejaron.

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¿Tendrá derecho a nacer?

Claro que esta noticia sobre la disminución de casos de sindrome de Down tiene otra lectura, una lectura eugenésica que seguramente será bien acogida por nuestras autoridades sanitarias. ¿Es bueno o es malo que haya menos incidencia de Down en la población general aunque sea a través del expeditivo metodo del aborto?

De eso va este post, de contestar a esta pregunta.

La palabra «aborto» ya he dicho que tiene una especie de halo o aura donde van pegadas sobre todo dos ideas fundamentales, una es la palabra «crimen» y otra es la palabra «libertad». Y las dos palabras vienen pegadas al aura con bastante razón, efectivamente el aborto es la supresión de una vida en ciernes y evidentemente hay casos que aconsejan a la embarazada deshacerse del producto de su gestación por unas u otras razones pero siempre supone una violencia contra el embrión. Estas dos palabras sin embargo no son nada neutrales porque dividen el mundo en dos clases de personas:

  • Los católicos sobre todo, pero no sólo ellos que mantienen el punto de vista de que cualquier vida, aun embrionaria, es una vida que hay que respetar y proteger.
  • Y aquellos que ponen el énfasis en que la madre es la propietaria de su feto (y de su cuerpo) y que por tanto tiene derecho a usarlo a su conveniencia.

En realidad estos dos puntos de vistas confrontados politica, moral y socialmente son puntos de vista extremos y radicales que no representan a la abortadora media que suele ser una mujer con escasos recursos económicos, que vive sola o que lleva una enorme sobrecarga familiar y laboral, que tiene índices de escolarización bajos o que no conoce los metodos anticonceptivos y usa el aborto como medio de control de natalidad (es el caso que más abunda entre las inmigrantes). O bien se trata de adolescentes, de descuidos, de fallos en las medidas anticonceptivas, de estupros aun consentidos o de embarazos extemporáneos o sentidos de una manera tal que impiden a la embarazada planear llevarlo a término. La mayor parte de los abortos pertenecen a este amplio grupo de razones sin contar con aquellos abortos que son en realidad prescripciones médicas tanto en enfermedades mentales que precisan tratamientos muy peligrosos para el feto o las malformaciones que suelen detectarse un poco más tarde en ambientes médicos.

Si el lector sigue los argumentos anteriores caerá en la cuenta de que las razones para abortar pueden clasificarse en tres grandes grupos, las médicas ,las sociales y las de interés personal, pero no aparece por ninguna parte el gran dilema del aborto, es decir su aspecto moral. Significa que la sociedad ha transformado una opción moral en una condición higiénica, de estilo de vida o de militancia politica. ¿Pero donde está el aspecto moral de esa decisión?

Si la moral no es tenida en cuenta es por una razón fundamental ¿en nombre de qué apoyar una decisión como esa? hay muchas razones para el si y muy pocas razones para el no si uno no es un catolico ferviente, ¿por qué un agnóstico o un ateo deberia renunciar a su comodidad u oportunidad y llevar un embarazo adelante en contra de su propio interés?

Es evidente que la moral que tenemos no sirve para orientarnos en un dilema como este y la razón es que estamos enclavados en un concepto de moral determinista. A la moral le pasa lo mismo que a la ciencia: se vendió a un Fundamento externo, la moral a Dios, la ciencia al metodo experimental y seguimos creyendo que si no creemos en Dios todo es moral, lo que hace coincidir la moral con la subjetividad y el emotivismo, asi existen tantas moralidades como sujetos pensantes abrumados por sus propios problemas y que no se plantean la interrupción del emabrazo como un dilema moral. Se trata de una postura nihilista en el fondo que es paralela a la creencia de que sólo es ciencia aquello que puede medirse a través de ecuaciones, fórmulas y ensayos con animales. Además se da otra circunstancia histórica que no podemos pasar por alto,  la moral ha sido usada como imposición de un grupo contra otro, pervirtiendo la verdadera moral que es algo que no puede ser impuesto, de lo contrario deja de ser moral y se convierte en dogma cuando no en condenación o en delito juridico.

Dicho de otra forma la moral es una herramienta individual que no puede ser impuesta pero que necesita un Fundamento: necesitamos saber para qué hemos de ser buenos, por qué es bueno ser bueno.

La decisión de abortar es pues una decisión moral que precisa de un Fundamento distinto a la regla social, a la ciudadania entendida como la norma que hace posible la convivencia o a la culpa individual superviviente de la noción del pecado religioso. En realidad contemplada de ese modo abortar solo resultaria un pecado contra Dios, si el Estado ya no lo considera un delito sólo queda el reducto teista.

Nos hace falta una moral indeterminista que nos aclare el por qué abortar no es algo saludable, ni algo bueno en sí mismo, ni algo que nos hace más libres o menos dependientes de nuestro entorno inmediato, una moral que nos aclare qué relaciones tenemos con nuestro cuerpo y quién es el propietario de ese embrión que pugna por crecer en el vientre de su madre. Y que al mismo tiempo contemple las excepciones de la miseria, la ignorancia o la victimización.

La naturaleza se manifiesta a través del desorden, a través del caos. Tal y como decía David Peat la naturaleza conspira para establecer fluctuaciones en los sucesos individuales. Significa que el universo, todo lo vivo y todo lo inanimado que conocemos de nuestro mundo se encuentra en un movimiento oscilatorio y conectado de una manera u otra y se manifiesta en secuencias de orden y desorden cíclicos. El sol sale siempre por el Este y nos da la seguridad de que el universo está presidido por un cierto orden pero el sol pierde combustible térmico y algún dia se apagará como se funden las estrellas en un colapso que los fisicos denominan crunch y donde emerge un agujero negro. Todo en la naturaleza persigue un fin determinado: la manifestación de ese desorden, es por eso que existen las enfermedades, los tsunamis, los huracanes, las sequias y las inundaciones, la crisis económica, las guerras y los desastres ecológicos, es por eso que existen las cromosomopatías, y es por eso que existe el sindrome de Down.

Lo importante es entender el mensaje de la naturaleza, sabemos que el sindrome de Down está provocado por una trisomia del par 21, pero no sabemos por qué se produce. Y no lo sabemos porque esa pregunta es buena para entender los procesos determinados pero es inútil para entender aquello que está indeterminado y procede del desorden natural. El sindrome de Down ni sabemos ni sabremos nunca por qué se produce, es un accidente cáotico que a nosotros se nos antoja simple y ciego azar pero no es cierto. El azar es una abstracción matemática, pero no existe en la naturaleza. El azar a ojos del caos no existe, el azar es el caos visto desde el egoísmo. Y la única postura buena con respecto al caos y los procesos indeterminados es comprenderlos no para predecirlos (son impredecibles) sino para entender como funcionan las cosas en esa conspiración que introduce la naturaleza en la vida para aceptar nuestra parte en ese reparto de sucesos. La pregunta ¿por qué a mi? no tiene respuesta, salvo si nos comprendemos como parte de esa Totalidad que nos incluye a nosotros mismos.

Es lícito que el hombre minimice el impacto de las enfermedades, se tomen medidas para favorecer a los más débiles, se pongan en marcha programas de atención y de asistencia a colectivos enfermos, son buenas las medicinas sociales que acercan la tecnologia médica a todo el mundo en condiciones de igualdad y gratuidad. Son buenas las medidas económicas que toman las gobiernos para frenar la tendencia caótica de la economía o los astrónomos para medir las trayectorias de los meteoritos que puedan causarnos daños. Pero no son buenas las medidas eugenésicas que suprimen fetos a la carta de la conveniencia de sus madres o impulsados por diagnósticos médicos, no es bueno meter la mano en la caja del caos. Y no es porque Dios vaya a enfadarse por ello sino porque el desorden buscará otra manera de expresarse.

¿Si suprimimos el sindrome de Down (por ejemplo) estamos contribuyendo a mejorar la salud de la proxima generación o a empeorarla?

No hay más que ver los resultados: cada vez existen más síndromes del espectro autístico (indetectables durante la vida intrauterina), sindromes neurodegerativos raros que ni siquiera tienen nombre, enfermedades nuevas en busca de diagnóstico, cánceres diversos y trastornos del desarrollo y del aprendizaje de nombres exóticos, si echamos un vistazo alrededor de las enfermedades que tienen los niños de hoy caeremos en la cuenta de que la mayor parte de ellas eran bastante raras hasta hace muy poco tiempo, algunas de ellas ni siquiera han sido aun filiadas, pareciera como si la naturaleza se encargara de traernos lacras nuevas ahora precisamente que habíamos conseguido disminuir aquellas que pueden detectarse precozmente: el sindrome X frágil, las miopatias, la corea de Huntington, el sindrome de Klinefelter o el sindrome de Turner, asi como las oligofrenias debidas a accidentes del parto han disminuido por razones distintas: unas porque se ha mejorado la atención ginecológica pero otras son consecuencia de la eugenesia directa, la que se hace a través del aborto electivo.

Parece que a la Totalidad no le gusta que los hombres se inmiscuyan en sus planes y conspira para seguir introduciendo desórdenes, si no le dejan construir trisomías en el par 21 inventará otras cosas indetectables para los médicos. La Totalidad siempre se manifiesta en la parte, de una manera u otra, si no lo consigue con enfermedades nuevas, inventará desgracias, calamidades y desastres ecológicos, crimenes sin sentido o violencia social. El desorden ha de salir por un lugar o por otro.

Visto de esta manera el aborto vuelve a adquirir un sentido de decisión moral pero la disyuntiva no está ya en ser de derechas o de izquierdas sino en si usted es determinista o indeterminista. Y el mundo por desgracia está lleno de deterministas de manera que no hay que ser demasiado optimista: el mundo se dirige hacia el caos, hacia el fin de una era.

Cuanto más pronto llegue mejor.

¿Os acordais?

Es la eterna lucha de Control contra Kaos, en la serie «Superagente 86»