La reina de espadas

Todo el mundo conoce las barajas de naipes, al menos la española, esa que tiene cuatro palos: copas, espadas, oros y bastos. Lo que casi nadie sabe es qué significan esos palos: agua, aire, tierra y fuego. Los 4 elementos según algunos y según otros representan a las clases sociales en el medievo: el clero (cáliz), el ejercito (espadas), la nobleza (oros) y los siervos (bastos).

También es muy probable que muchos de nosotros ignoremos que la baraja española es la única donde no existe la reina entre sus triunfos. A cambio posee una figura un tanto rara que llamamos sota y que representa a un paje, pero que nos recuerda vagamente al mito del andrógino: ¿es la sota un hombre o una mujer?

Lo cierto es que las reinas aparecen en casi todas las tradiciones desde el Tarot hasta la baraja francesa y a la reina se le adjudican muchos poderes: el poder de la seducción, el poder del buen gobierno y el poder de la prudencia.

La reina de espadas es la nueva entrega de Javier Mas (del que ya hablé aquí a propósito de su anterior novela «Maria de Castilla») y donde parece que le ha cogido gusto a escribir sobre reinas españolas de postín. No me extraña nada, escribir sobre mujeres está bien visto y a la gente le gusta leer novelas donde la ficción y lo histórico se funden en ese género que ha venido en llamarse «novela histórica». En suma se trata de mezclar ficción con realidad y no cabe duda de que este género tiene bastante éxito y muchos lectores o lectoras, no sé, sobre todo cuando se mezclan crímenes y mc guffins como espadas en este caso o tiaras de San Silvestre como en el caso de «Maria de Castilla».

Personalmente la novela histórica no me gusta demasiado pero me interesa la historia en sí misma que ya contiene los suficientes elementos de chismorreo para hacer de esas lecturas algo aprovechable si contamos además con la poca formación histórica de los españoles en general, ya tenemos dibujado el contexto que hace interesantes estos textos y su proximidad con las zancadillas de los políticos actuales entre sí.

En esta ocasión la protagonista es Isabel de Portugal casada con un rey de Castilla llamado Juan II que fueron los padres de Isabel la conocida como católica. La manía de los reyes españoles por casarse con portuguesas fue una verdadera pandemia en la edad media y hasta el renacimiento. La idea era fundir los reinos de Castilla y Portugal en una sola corona: no se logró nunca por desgracia pero algo similar sucedió entre los reinos de Aragón y de Castilla: ambos pertenecientes a una misma dinastía: los Trastámara que aunque emparentados se llevaban siempre «a la greña». Maria de Castilla -esposa de Alfonso el Magnánimo- y reina en Valencia era sobrina de Juan II y por tanto tía de Isabel la Católica y gran aliada de su madre Isabel a la que apoyó en sus pretensiones de conseguir que su estirpe reinara sobre los naturales herederos del primer matrimonio de Juan II. Me refiero a Enrique IV que entre todos lo mataron y el solo se murió sin descendencia pues al parecer de Marañón tenia alguna enfermedad que le impedía cohabitar y era de hecho impotente. De ahí viene el segundo episodio de esta historia que es la insólita vida de Juana la Beltraneja que era en realidad la sucesora de Enrique aunque hubiera sido ayudado por Beltran de la Cueva en labores del fornicio con su esposa -otra portuguesa- llamada Juana.

Estamos en el principio del Quatrocento de manera que no adelantemos acontecimientos pues la protagonista de la historia de Javier Mas es Isabel de Portugal y también Juana de Pimentel, condesa de Escalona y esposa de Alvaro de Luna, el condestable valido del rey Juan.

Parece ser que rey y valido eran muy amigos, tanto que Isabel llegó a sentir celos de esta relación a la vez que se propagaban rumores acerca de su intensidad, este rumor que no sabe nadie quien lo propagó al parecer sirvió a la reina para acrecentar su fobia hacia tal señor al que suponía intenciones aviesas , aunque lo más probable era que se sintiera celosa de su esposa que la doblaba en edad pero al parecer poseía una belleza y distinción que ella envidiaba aunque lo más probable era que sintiera que el condestable Luna fuera una obstáculo en sus planes de quitarse de encima al primogénito de su marido, Enrique IV hijo de un anterior matrimonio con Maria de Aragón. Enrique era por tanto el sucesor, el heredero del trono.

Naturalmente la amistad entre el rey y el condestable de Luna era antigua e incluso el rey le debía lealtad por cuanto le salvó la vida en una anterior contienda pero sea como fuere y quizá también por sus abusos, el rey -siguiendo el dictado de su esposa- se dispuso a romper esa relación y a detenerle y condenarle a muerte. El periplo de Juana de Pimentel a partir de aquí seria objeto de otra novela pero en la que nos ocupa -la de la reina de espadas- se trata de seguir las huellas de una serie de asesinatos que se dan en Sevilla que se reparten entre ambas mujeres. Asesinatos investigados por una monja clarisa -Sor Isabel de Ribera- que a modo de Sherlock Holmes del renacimiento busca aclarar tales crímenes no en ausencia de muchos sinsabores y peligros. Al que debe sumarse el robo de la espada mágica: aquel que la posea no podrá ser derrotado nunca. Algo así como el grial toledano.

Por no hacer spoilers no contaré el final de la novela salvo para decir lo que ya todos sabemos: que Enrique IV murió repitiendo el patrón heredado de su padre: la amistad demasiado intima con Beltran de la Cueva, padre putativo de la Beltraneja que inaugura otro episodio oscuro de nuestra historia y que fue su hermanastra Isabel la que acabó con la corona de Castilla en su cabeza mientras su madre aun vivía, si bien su estado mental no parecía conservar demasiada lucidez. Es incluso posible que su enfermedad mental acabará en el cuerpo de su nieta Juana la Loca. que acabó sus días recluida como su abuela.

Y que Isabel acabará casándose en secreto con su primo Fernando sin dispensa papal.

La manía de casarse con primos hermanos terminó por pasar factura no solo a los Trastamara sino a los Austrias y a los Borbones..

El feminismo moderado

Aquellos de ustedes que leyeron este post que titulé «La epidemiologia del feminismo» ya saben a estas horas que existen dos tipos de feminismo, uno radical, que conocemos con el nombre de hembrista que es algo tan estupido que ni siquiera vale la pena mostrarle ninguna atención. El problema es el feminismo moderado, pues estás feministas son las que de un modo apenas perceptible hacen bueno al otro al compartir las ideas pero no los modos de las radicales.

Es el viejo dilema del «poli bueno y el poli malo», todos estaríamos más dispuestos a colaborar con el poli amable que con el que nos abofetea o tortura. Pero ambos buscan el mismo fin: la confesión.

El enemigo no son las malas maneras de los activismos radicales sino la teoria feminista en sí misma.

Aquí Xeno, lo explica muy bien:

El rencor a las marcas

Aquellos que leyeran mi anterior post ya saben que tengo un especial rencor por las teleoperadoras, pues todas -como a casi todo el mundo- me han decepcionado, engañado, cobrado de más y no han respetado en ningún caso mis intereses y casi siempre he sido obligado a comprar un pack donde la TV (que no uso) viene integrada.

Pero hablé con Sylvia Diaz Montenegro especialista en procesos complejos y coautora de este libro que preside este post y del que yo mismo fui coautor con un articulo que llamé «El retorno de Eros». El articulo de Sylvia lleva por titulo «Un nuevo contrato social» y en él nos cuenta las dificultades que tienen ciertas empresas grandes en dar satisfacción a sus clientes. He de decir que casi me convenció pues al menos dejé de pensar en una determinada marca de teleoperadoras como una entidad sociopática.

Y es verdad que una marca no puede ser un psicópata, eso queda para la complejidad de las personas y no para las firmas o las empresas. Lo cierto es que nosotros los clientes nos relacionamos con las marcas o con determinadas empresas como si fueran personas de carne y hueso y esa es la clave del sin sentido al atribuirle a una entidad valores morales como hacemos con las personas. Pasa con las teleoperadoras y pasa también con la administración y por supuesto con la administración sanitaria y pasa más con aquellas entidades que nos resultan más necesarias. Yo nunca he tenido ningún problema con las aseguradoras de mi coche o de mi casa, sencillamente no tengo intimidad con ellas, pero eso no sucede con las teleoperadoras o con el sistema sanitario. El rencor crece a medida de que nos acercamos más a ciertas instituciones que nos resultan necesarias.

Gran parte del malentendido procede del hecho de que «la revolución digital no ha hecho más que complicar las cosas haciéndonos a todos, incluso a los operarios de estas empresas mucho más dependientes de la tecnología y de la ingeniería de procesos. Pensemos en como funciona un Hospital, uno acude a urgencias donde después de un triaje, el medico llega a una conclusión: una derivación a Cirugía, Medicina Interna o Trauma según la patología. Supongamos que nuestro proceso precisa de una intervención quirúrgica urgente: se lleva a cabo y después de unos días nos dan el alta pero no nos sentimos bien. Llegamos a nuestro medico de cabecera para que nos siga controlando por su cuenta pero él tampoco puede darnos una explicación. Nótese que en este único proceso han intervenido una decena de especialistas, médicos de urgencia, enfermeras, conductores de SAMU, cirujanos, etc y el resultado final es que nadie tiene la llave completa del proceso, lo que significa que nadie sabe qué me pasa, nadie tiene un botón para poder entender mi queja y hasta el medico de cabecera puede quedar incólume ante la ignorancia del proceso y lo peor: nadie entiende mi queja. O dicho de otra manera: los Hospitales funcionan como una cadena de montaje, no importa cuanta digitalización exista pues la revolución digital sigue operando según un modelo fabril. Y un modelo fabril está protocolizado para funcionar en compartimentos estancos donde cada operario solo conoce el segmento de fabricación que le pertenece pero desconoce la globalidad del montaje.

Obviamente, la protocolización del proceso tiene sus ventajas en la calidad final del producto pero el individuo pierde el control del proceso completo, algo que Rousseau definió como alienación.

La alienación es un sentimiento que tiene mucho que ver con el «síndrome del quemado o burnout» y también con el malestar en el trabajo, las depresiones, las bajas médicas e incluso con los suicidios, no es de extrañar que los médicos, junto con los policías sean los trabajadores más representados (en función de su profesión) en las estadisticas de suicidios consumados. Alienación es de alguna manera sinónimo de enfermedad mental, hay que recordar ahora que hasta la Ilustración a los locos se les llamaba alienados. hasta que Séglas se inventó el titulo de «enfermedad mental», los alienados eran locos y a los médicos que les trataban se les llamaba alienistas. Pero también existe una alienación laboral sobre todo en esos trabajos repetitivos, cansinos y manuales donde el operario no puede llevar a cabo ningún gesto de innovación, improvisación o creatividad, es decir la alienación tiene que ver con el trabajo fuertemente protocolizado: con la ingeniería de procesos. Algo que no afecta los relojeros o los artesanos que no están sometidos a la tiranía del proceso.

Y no solo perjudica al operario o trabajador sea del sector que sea sino también al cliente. Como en la mili, las protestas al cabo furriel. Lo que viene a decir que las protestas, las quejas o la sensación subjetiva de desatención aun habiendo un departamento de quejas y reclamaciones, no se resuelven nunca y no por la psicopatía de los empleados sino porque efectivamente el sistema es sociopático o mejor demente: carece de corteza frontal, está desaferentizado.

Los Golem y los Supra.-

Sylvia Diaz Montenegro llama golem a la tecnología sin alma. Bien es verdad que no carece de alma por maldad sino porque no la tiene aunque la puede recuperar según la versión clásica del mito. O bien el que teniéndola no la utiliza como si fuera el alma desencarnada de una marioneta. Vista desde el punto de vista del cliente una entidad-golem es siniestra pues no hay posibilidad alguna de dialogo. Y se parece mucho a la maldad, por eso desatan el rencor de los usuarios.

Un Supra son esos agentes sociales que no se ven (Vodafone, Telefónica, el sistema sanitario, el BBVA, etc) que antes se concretaban en una señor con cara y conocido (había intimidad) pero ahora son una colección de sistemas automatizados y procesuales que escapan incluso a sus propios trabajadores.

Sylvia propone y predice que si los supras tuvieran la tecnología adecuada podrian gestionar su comportamiento sabiendo que son responsables de mi rencor hacia ellos. Y lo que propone es rescatar el pensamiento femenino (dialogo) en lugar del pensamiento masculino (proceso)

Muchas veces la perdida del alma no tiene que ver con el funcionamiento fabril o la golemización sino con el tamaño del sistema y la perdida de intimidad y dialogo.

El caso del bar Carlos.-

Carlos era el nombre del propietario de un bar de mala muerte en un barrio siniestro que paradójicamente funcionaba muy bien, con apenas seis mesas y una barra atendida por él mismo y sus dos hijos adolescentes que servían unas tapas exquisitas sobre todo del mar, gambas, cigalas, cañaillas, percebes, etc. Era uno de esos lugares donde el suelo estaba lleno de pieles y cabezas de gambas y donde la limpieza no era su principal atributo. Hacían arroces cada día y siempre sus mesas estaban llenas. la gente hacia cola en la destartalada calle esperando su turno. El truco era una buena atención, buen material y un servicio rápido, y sobre todo muy barato. Su mujer en la cocina le echaba muchas ganas y aunque las condiciones del local impedían dar más servicios, lo cierto es que Carlos se hizo rico en poco tiempo.

Y entonces comenzó a pensar en mudarse de local, a uno más grande, mas vistoso, mejor decorado y con una cocina mejor equipada para dar servicio a aquella clientela. Y ese fue su error:

Al principio los clientes fidelizados acudíamos a su nuevo local que estaba decorado de una forma barroca y no era en absoluto un lugar «con encanto» sino un comedor convencional decorado con mal gusto. Los precios comenzaron a subir y los clientes poco a poco desertamos de aquel lugar. Los hijos se fueron a sus estudios y trabajos y Carlos precisó contratar camareros nuevos pero al haber aumentado el numero de sus mesas el servicio se resintió. Todo parecía indicar que el tamaño idóneo de su negocio eran aquellas seis mesas y la barra llena de cascaras. Y gestionado por toda su familia.

El bar Carlos perdió su alma y se convirtió en un golem.

Y encima se divorció.

Nosotros, los raros y prósperos.

Joseph Henrich es uno de esos profesores que acumulan tantas licenciaturas que es poco probable que acertemos cual es su ocupación principal. Más parecido a un artista del renacimiento que a un ratón de biblioteca al uso, acaba de publicar un libro seminal que me parece que va a romper algunos paradigmas en las ciencias sociales y biomédicas.

Se sumergió en ellos y cayó en la cuenta de que estos estudios el 96% de los sujetos participantes en estudios psicológicos, de neuroimagen o de psicolingüística eran occidentales, y de ellos, el 70% eran estadounidenses. La inmensa mayoría de la investigación –en ciencias sociales y en cualquier otra rama científica- se realiza en centros de investigación occidentales (EE UU, Europa y Japón), de modo que los resultados están sesgados por la abusiva participación de los occidentales y su peculiar (extraña, como veremos) forma de mirar el mundo.

El hecho de que una parte del mundo que representa solo el 12% de la población mundial cope el 96% de los sujetos humanos de los estudios sería intrascendente –puro ruido estadístico- si no fuera por dos motivos que descubrió Henrich:

1. Las conclusiones de los estudios son automáticamente extrapoladas al resto de la población mundial, convirtiendo en propias de la “naturaleza humana” actitudes que solo son compartidas por un grupo particular.
2. Cuando se realizan estudios interculturales, los occidentales, y más concretamente los estadounidenses, ocupan sistemáticamente un extremo de la tabla de los resultados. En otras palabras, puestos a escoger un grupo de población representativo de todo el rango humano, probablemente el más inapropiado es el que se escoge con más asiduidad.

A él debemos el termino WEIRD, y somos WEIRDS nosotros los occidentales, los raros (WEIRD es un acróstico que significa occidental, rico, industrializado, educado y democrático). Así divide el mundo en WEIRDS y no-WEIRDS que son por cierto la mayoría (el mundo árabe, los chinos, la negritud y los pueblos indigenas).

Una de las ideas que analiza Henrich es la idea de que el progreso tecnológico, científico y de calidad de vida está relacionado con los WEIRDS y llega a una conclusión: el progreso procede de un milenio cristiano que tuvo lugar en una parte del mundo pero no en otro. Algo que cambió de hecho nuestra mentalidad y que dio muy buenos resultados a la luz del desarrollo y progreso humanos.

Mentalidad weird versus mentalidad no weird.-

¿Cómo cambió nuestra mentalidad ese milenio cristiano?

  • Sustitución de la vergüenza por la culpa como sentimiento de control social.
  • Individualismo versus colectivismo
  • Ampliación del perímetro social y aparición de la empatía ante extraños (más allá de los parientes y vecinos).
  • Desaparición del miedo al extraño.
  • Tolerancia frente a la transgresión y creencia en la redención de la culpa.
  • Confianza en el estado como gestor de culpas y castigos.
  • Desaparición de la venganza individual y de los crímenes de honor.
  • Disminución de la agresividad proactiva.
  • Aparición del perdón y de la redención individual.
  • Virtudes morales (prudencia, fortaleza, justicia y templanza)
  • Solo se puede pecar individualmente y por tanto cada persona es responsable de sus actos y no una estirpe cualquiera.
  • El amor ha de preceder al matrimonio y ha de ser elegido libremente por los contrayentes.
  • Rechazo al matrimonio entre primos y por tanto rechazo de la endogamia.
  • Igualdad entre hombres y mujeres.
  • Dignidad igual para todos los hombres. Si todos somos hijos de Dios todos somos iguales ante Él.
  • Empatía extendida hacia fuera del propio grupo.
  • Sustitución de la familia extensa por la familia nuclear. (En realidad este fenómeno se debe más a la revolución industrial que a la doctrina católica)

Como puede verse el liberalismo solo pudo aparecer en un entorno cristiano, donde cada hombre era responsable de si mismo y su salvación dependía de los hechos de su vida y no tanto del azar o de las condiciones que vinieran en el pack de sus condicionamientos. El libre albedrío es la esencia del cristianismo, hasta para pecar hay que elegir, el rescate de lala idea de predestinación apareció tardíamente con la Reforma y pertenece al protestantismo y al mundo pagano.

De manera que somos nosotros los raros y nuestra mentalidad liberal que se apoya en ideas políticas como la democracia empasta mal con otras formas de mentalidad oriental e incluso africana. Las teocracias o el zarismo (los totalitarismos en general) no podrán nunca ser vencidas por las ideas liberales que son precisamente aquellas que carecen de anticuerpos suficientes para defenderse. Para nosotros es muy importante votar a nuestros gobernantes y lo hacemos cada cuatro años con un método representativo (que excluye la elección directa) pero esta idea de elección democrática es en realidad una idea rara y que ha demostrado con creces que es imposible de exportar.

Bibliografia.-

The weirdest people in the world

Haz clic para acceder a WeirdPeople.pdf

Magnicidio, golpe de Estado y terrorismo (I)

Lo primero es definir qué es cada cosa a fin de discriminar de qué estamos hablando cuando hablamos de magnicidios, golpes de estado y terrorismo y aunque hay un cierto parecido entre ellos es necesario la discriminación entre estas actividades que son en cualquier caso actividades subversivas que persiguen un fin político casi siempre: cambiar las políticas de un país determinado sea en lo referente a su política exterior, sus alianzas o su régimen interno.

Un magnicidio puede definirse como el asesinato único de una persona de alta representación en el Estado, sea presidente del gobierno, primer ministro, rey, príncipe o alto dignatario, lo suficientemente alto como para provocar un efecto de cambio en políticas concretas en ese Estado. Lo que le distingue de una revolución o revuelta donde no hay sólo un muerto sino miles o de las guerras civiles donde hay dos bandos del ejército enfrentados. Mi listado incluye tan solo a aquellos mandatarios que en el momento de su asesinato ostentaban representación gubernamental.

Me referiré tan solo a los magnicidios que yo he conocido y dejo al lector interesado con el libro de Perez Abellán que preside este post para ampliar sus puntos de vista sobre el pasado español. He conocido los siguientes:

  • John F. Kennedy
  • Aldo Moro
  • Carrero Blanco
  • Olof Palme
  • Gandhi y su hija Indira
  • Sadam Hussein
  • Gadaffi

Quedan pues fuera de estos homicidios aquellos otros de gente importante y que responden a otro tipo de motivaciones en sus asesinos, a veces políticas como en el caso de Calvo Sotelo, a veces de venganzas personales como en el caso de Lorca, venganzas de estado como en el caso de Obama Bin Laden, de crímenes racistas como en caso de Martin Luther King o de crímenes paranoicos como el caso de John Lennon.

Lo interesante de estos crímenes es que efectivamente persiguen un cambio de régimen pero no siempre lo consiguen, debe ser por eso que los magnicidios están de capa caída y han dado lugar a otro tipo de estrategias subversivas como los golpes de Estado blandos o los atentados terroristas. Considero -personalmente- que los atentados terroristas son una evolución de los magnicidios, solo eso explica que las personas más odiadas del mundo como Maduro o Donald Trump aun se hallen entre nosotros.

Perez Abellán describe en su libro un patrón después de analizar los atentados que han tenido lugar en España, lugar -según él- de magnicidios viciosos, desde el de Prim, pasando por Cánovas y Canalejas hasta llegar a Carrero Blanco y por supuesto el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda a cargo de Mateo Morral. El patrón es el siguiente.

1.- Existen fallos patentes de seguridad en este tipo de crímenes.

2.- El perpetrador actúa como si la policía no existiera y se mueve por los alrededores sin ser detectado.

3.- Los responsables por su negligencia no son apartados de sus responsabilidades sino que hacen carreras muy destacables como el Conde de Romanones.

4.- Las pruebas físicas como balas o artefactos explosivos se pierden, los documentos aparecen emborronados o con tachaduras. Las investigaciones son siempre poco minuciosas y aparecen pruebas falsas.

5.- Los criminales son siempre personas que proceden de ideologías extremas, aunque manejan gran cantidad de dinero, viajan solos y según las versiones oficiales operan por si mismos. Nunca se llega al fondo de la cuestión respecto a los promotores del crimen que siguen ocultos a la mirada oficial.

Dicho de otra forma, el patrón señala hacia el hecho de que la mayor parte de estos crímenes son crímenes de Estado o como diríamos hoy de las cloacas del Estado. Hay una clara convivencia entre los resortes de seguridad que parecen desaparecidos del lugar donde se lleva a cabo el atentado, la policía que custodia las pruebas halladas en el lugar, etc. El autor oficial del crimen suele ser un anarquista, un comunista, un fascista, un grupo terrorista que inmediatamente se adjudica el atentado (aunque no tenga nada que ver) o un lobo solitario que siempre aparece con su documento de identidad o su partida de nacimiento al lado. Dicho de otra forma el perpetrador suele ser un sicario o grupo de sicarios que operan bajo las ordenes de otros. A veces un miembro de la CIA como el caso de Lee Oswald, un tirador de precisión que obviamente no actúo por propia iniciativa si recordamos los enemigos que John F. Kennedy tenia en aquel entonces en USA.

Los crímenes de esta naturaleza tienen la virtud de señalar a sus beneficiarios si bien no existen casi nunca la posibilidad de encontrar pruebas fehacientes de su culpabilidad en un juicio de garantías. Todo el mundo fue capaz de advertir que Lindon B. Johnson junto con el complejo militar industrial y la Mafia fueron los principales beneficiarios de la muerte de John F. Kennedy  y aunque eso no sea una prueba de su culpabilidad lo cierto es que es una pista de los motivos del crimen. Johnson terminó con todas las políticas que había iniciado Kennedy y siguió con la guerra de Vietnam a la que Kennedy tenia poco aprecio.

El magnicidio en esta forma de verlo con es un golpe de estado sino un cambio de personas que al fin son cambios de políticas. Del mismo modo el atentado del 11-M en Atocha no fue un golpe de Estado, ni un magnicidio sino un atentado terrorista que propició un cambio en la presidencia del Gobierno de alguien que estaba de acuerdo con liquidar la alianza entre USA y España que había propiciado Aznar. No son pruebas jurídicas, son indicios fácticos: el beneficiado siempre es culpable cuando aplicamos nuestro pensamiento mixto, basado en tasas (datos) y narrativas, la heurística del experto.

Los magnicidios dan siempre lugar a teorías conspiranoicas y lo hacen porque la opinión publica «sabe» que las versiones oficiales son incompletas, falseadas cuando no mentirosas. La sospecha de que hay algo que se nos oculta desde ese oscuro poder oculto entre bambalinas es algo generalizado y que explica porque las relaciones entre los ciudadanos y sus gobernantes están tan mal llevadas por ambas partes. El poder engaña, e incluso cuando no engaña no se le cree. Un ejemplo es lo que está pasando hoy con las recomendaciones de llevar mascarillas. Hay mucha gente que no lo hace y no sigue las recomendaciones. ¿Por qué? Pues porque antes se mintió diciendo que no eran necesarias y aunque todos sabemos que se recomendó no llevarlas porque no había para todos el argumento que se construye de manera opuesta es que nos están mintiendo y que no hay para tanto, incluso algunos hablan de «plandemia» en lugar de pandemia.

Del mismo modo, la gente no cree que Oswald actuara solo o por propia iniciativa o que el atentado del 11-M fuera obra de aquellos que terminaron en la cárcel o muertos en su enfrentamiento contra los GEOs. Ya dije más arriba que los atentados terroristas eran la evolución del magnicidio y a veces son más eficaces. Y lo que caracteriza a los atentados es algo que comparten con los magnicidios, aquí hay un sicario y en los atentados lo que hay se llama «falsa bandera»: la posibilidad de atribuirselo a otros.

De lo que se trata es de poder «pasarle el marrón a otro» que sea fácilmente asimilable por la opinión publica. Es fácil de entender que una organización islamista como Al Qaeda pretendiera «vengarse» por el papel de Aznar en la guerra de Irak (que fue ridículo comparado con Francia o UK), es una idea fácil de comprender y de vender a pesar de la evidencia de que aquel atentado precisaba de una precisión y una profesionalidad difícilmente atribuible a los árabes que por cierto eran confidentes de la policía. El plan era que pareciera un atentado de ETA para equivocar al gobierno y a tres días de las elecciones propiciar un cambio en la intención de voto ante la aparición de nuevas pruebas convenientemente colocadas. Se trataba de quitar al PP del poder y sustituirlo por Zapatero. ¿Quien podía estar detrás de este plan? Nunca lo sabremos y es por eso que existen multitud de versiones sobre esta cuestión bien demonizadas como conspiranoicas y que no tienen ninguna incidencia en la vida política del país. Dicho de otra manera los poderes ocultos ni siquiera se molestan en desmentirlas, eso lo hacen sus secuaces de la prensa seria.

Dicho de otra manera: las versiones oficiales son poco fiables y esta escasa fiabilidad propicia teorías a veces delirantes. Es pues la mentira y la ocultación las que generan los delirios de la gente y luego está Newtral para hacer de policía del pensamiento. Lo cierto es que la censura lo que consigue es lo contrario a lo que se propone: se produce un efecto Streissand cuando se ponen a vigilar y censurar.

Los que vivimos en el franquismo sabemos bien lo poco eficientes que son las censuras sobre ideas, libros, canciones, espectáculos u artículos de prensa: solo sirven para propiciar lo que intentan prohibir. Lo prohibido tiene un efecto halo.

Antes de terminar el post me gustaría decir algunas cosas sobre el asesinato de Carrero Blanco, un crimen que viví durante mi epoca de estudiante y que nos conmocionó a todos aunque no eramos nada defensores de la dictadura. En el libro de Perez Abellan hay algunas pistas  que nos obligan a pensar en algo muy importante. El perpetrador de un crimen de esta naturaleza puede ser alguien concreto como la ETA, yo no tengo ninguna duda de que fue la ETA pero es muy sospechoso la facilidad con que aquel comando se movió por Madrid en aquellos años de hierro.

Es muy posible que se cometan crímenes por encargo y también es posible que existan franquicias del crimen organizadas de forma sincronizada por arriba. Carrero era una presa importante para ETA por la propaganda que podían ganar pero también representaba un peligro para aquellos que le veían como sucesor de Franco sin olvidar que Carrero no era partidario de la entrada de España en la OTAN y que andaba pensando en un programa nuclear para nuestro país.

¿Lo mató la ETA por eso, o fue un atentado por poderes?

En cualquier caso uno tira la piedra y otros ponen la honda.