Estatus y mérito

Después del éxito del libro de George Sandel, «La tiranía del mérito», ha habido algunas voces que han aprovechado el rebufo para mostrar sus prejuicios contra el mérito y el esfuerzo individuales como ascensores sociales. Me refiero concretamente al premio que se le ha concedido a Carlos Gil autor de una tesis que concluye que la meritocracia no funciona.

Sociólogo de profesión, Carlos Gil está interesado en saber si es el esfuerzo y el mérito son por sí mismos buenos predictores de éxito social, así dice:

«Si tan importante fuese el rendimiento académico, las habilidades y el esfuerzo (que solemos pensar que se trata de una decisión individual, meramente voluntaria), ¿por qué los estudiantes de clases más altas que rinden peor o se esfuerzan menos terminan notándolo menos que las bajas en su rendimiento y su estatus posterior, como han comprobado anteriores estudios?»

Su conclusión es que aunque un «rico» carezca de mérito alguno, el resultado es que siempre llegará más lejos en cuanto a estatus económico que un igual que pertenezca a una clase inferior. O dicho de otra forma: no hay equivalencia en cuanto a resultados en función de la clase social. Los tontos ricos tienen a la larga más probabilidades de ascender en la pirámide social que los pobres.

Admite Gil que las desigualdades ya se manifiestan en los primeros años de la vida y estoy en este aspecto de acuerdo con él. No es lo mismo nacer en una casa donde los padres leen que en una casa donde no exista un solo libro.

“La investigación muestra que las familias de clase social más alta consiguen realizar más inversiones culturales y económicas en la educación de sus hijos gracias a sus recursos, lo que da pie a que desarrollen esas habilidades que los profesores luego consideran mérito académico”. Incluso el esfuerzo, que suele considerarse una elección personal, se transmite culturalmente de manera distinta entre padres e hijos según su nivel socioeconómico.

Esto es verdad a medias, lo que define a las clases medias es la inversión que dedican a sus hijos, una confianza en el futuro y el ahorro como mecanismo de objetivación de esa confianza. No es que lleven a cabo más inversiones culturales porque tengan más dinero sino porque forma parte de sus valores y el esfuerzo es parte de esos valores, una especie de valor estoico. La pobreza puede definirse en función de estos valores morales junto a los ingresos y la educación, el «vivir al día» y el hedonismo es todo lo contrario de la ética de la inversión en el futuro, de modo que es muy posible que lo que defina a la pobreza es más bien un espíritu muy distinto de aquel que animaba a las clases medias que comenzaron a emerger en Inglaterra casi al mismo tiempo que la revolución industrial: una sociedad de tenderos, es decir de pequeños negocios.

Por otra parte lo que dice Gil en su articulo no coincide con lo que llevo visto en mi vida. Los ricos de mi pueblo se han ido empobreciendo y al contemplar su tercera generación observo que se han quedado en una medianía que coincide a veces a la baja con los descendientes de tercera generación de aquellos «pobres» que hace 50 años eran casi invisibles. Dicho de otra manera, si lo contemplamos con la perspectiva de tres generaciones, el que está arriba (a no ser que sea un millonario de esos que representan el 0,1% de la población), no tiene más remedio que caer (regresión a la media) en cuanto al estatus de sus abuelos y al contrario: los «pobres» han medrado y prosperado a partir de ciertos ascensores sociales: el matrimonio, la educación y el trabajo productivo.

Por otra parte creo que Gil no aborda una de las variables más importantes y que tiene que ver con el mismo concepto de estatus. ¿Qué es estatus?¿Solo existe un estatus socioeconómico?

El estatus es una abstracción que tiene que ver con el puesto que ocupamos en una supuesta pirámide social, ¿en qué piso vivimos?¿Cual es nuestra influencia y poder?. En realidad el término «estatus» es confuso porque procede de la sociobiología y se refiere al poder de machos (o hembras según especies) de conseguir -gracias a su lugar en la manada- más coitos y más cuidados en forma de «grooming«. Conseguir un mayor estatus es pues una motivación que incluye a las especies no-humanas y que asegura una mejor vida, más larga y fértil y con menos enfermedades que las que sufren el resto de los individuos. No es de extrañar que nosotros los humanos seamos capaces de cualquier cosa para aumentar nuestro estatus tal y como ha recogido Pablo Malo en este articulo como prólogo de lo que será su próximo libro.

Ahora bien estatus y mérito no tienen nada que ver, se puede alcanzar un alto estatus sin ningún mérito, algunas mujeres lo alcanzan a través del matrimonio o de favores sexuales a alguien con un gran estatus, algunos hombres lo llegan a alcanzar a través de trabajos dudosamente morales o francamente ilegales. El jefe de una banda de delincuentes juveniles alcanza un gran estatus dentro de su grupo y no digamos nada de los jefes de cárteles de narcotraficantes. El estatus se refiere siempre al grupo pero no al grueso de la sociedad.

El grueso de la sociedad premia no con estatus sino con prestigio a aquellos que lo merecen. El prestigio es la versión positiva -social- del estatus y no está relacionado directamente con el mérito del que habla Gil en su tesis. Una persona puede tener prestigio por dedicar su vida a cuestiones que la sociedad ha consensuado como útiles para el bien común. Y es ese bien común que parece que está en trance de desaparición a lo que se refiere Sandel en su libro contra el mérito así en bruto.

Pues es cierto que el mérito interpretado como una inversión de futuro para proporcionar un alto estatus a un individuo concreto es en realidad un ejercicio de individualismo feroz con un alto componente antisocial, sin embargo sin mérito personal ni esfuerzo alguno, no se puede llegar a parte alguna seamos ricos de cuna o pobres de remate. Es decir sin valores de clase media, es imposible el ascenso social aunque es posible mudar de estatus.

Pero hay otras variables que comentar. Me refiero a la reputación y a la fama. Se puede tener buena o mala reputación y buena o mala fama. Y eso no tiene nada que ver con el mérito sino con la confianza o la desconfianza que podamos tener en los argumentos de una persona de la que no solo extraemos contenidos de su discurso, sino también datos de su personalidad global que nos hace confiar o desconfiar de ellos de una forma intuitiva.

En nuestra era digital es más importante la reputación que el mérito o el estatus. El mérito es más bien algo relacionado con lo académico y el papel que juegan las universidades en este repliegue en lo individual y el estatus mucho mas relacionado con el atractivo y lo sexual.

El estatus es un atajo, pero por la vida fácil, sin valores añadidos y que a veces compromete nuestra reputación a largo plazo, y a veces nuestra salud o incluso la vida pues la jerarquía es ubicua en todos los grupos humanos y surge también espontáneamente en nuestra especie. 

El supercentro

soraya

Escribo este post hoy después de haber visto por TV como Rajoy dimitía como presidente del PP. Muchos conocidos míos se han alegrado mucho de esta dimisión y han aprovechado para decir o preguntarse qué hubiera pasado si hubiera dimitido antes.

La mayor parte de mis lectores estarán de acuerdo con la siguiente idea: Rajoy y el PP son de derechas. Y de eso va este post qué comienza con la siguiente pregunta ¿Existe en España algún partido de derechas?

Bueno alguien podría decirme que es Vox ese partido de derechas, pero lo cierto es que Vox no tienen representación parlamentaria de modo que lo dejaremos en el frigorifico porque mi hipótesis de la que beberá este post es que en España todos los partidos que pretenden gobernar son de Centro.

¿Qué es el centro político?

El Centro político es un invento de alguien (probablemente de Suarez) que pretendió hacer emerger un partido que no oliera demasiado al antiguo régimen y que se aprovechó del miedo que el votante español de entonces tenia de las izquierdas y el rechazo de la derecha tradicional de AP. Pero lo cierto es que Centro nos remite a una posición geométrica, un punto equidistante entre una supuesta extrema izquierda y una supuesta extrema derecha. Pero la verdad del asunto es que el Centro no es un punto sino un tumulto de partidos que abrazan una misma política: la que les dicta la UE y esa constelación de intereses que nos dicta lo que ha venido en llamarse «la corrección política». Soros, Rusia, USA, la propia UE y como no Merkel y otros actores de las finanzas internacionales.

Miren Alemania, ¿quien gobierna allí? Pues una coalición de un partido liberal y otro socialdemócrata, los dos se definen como de Centro. ¿Quien gobierna en Francia? Pues un tal Macron al que no conocía nadie y que de la noche a la mañana aparece como el líder de un país donde precisamente tanto izquierda como derecha salieron derrotados. ¿Quien gobierna en Italia? Pues parece que una coalición de extrema derecha y extrema izquierda que paradójicamente se ponen de acuerdo en elegir a un primer ministro que curiosamente recibe vetos por parte del Presidente de la República. No importa, de lo que se trata es de seguir las consignas de Bruselas y que todos paguen sus deudas. Ah de aquel que no pague.

En España se bromea mucho con el PPSOE y con la «casta» o con el bipartidismo, pero lo cierto es que Rivera no parece diferenciarse mucho de Rajoy o de Sanchez. El PP y el PSOE salvo cuestiones puntuales harían y harán la misma politica: la que nos venga dictada por Bruselas. Rivera del mismo modo hará una política en el caso de que algún día gobierne muy parecida a sus predecesores.

¿Y cual es el ese programa de gobierno?

Pues parece que la nomenclatura belga ha optado por un programa buenista que en otros lados se ha llamado la «síntesis progresista» y que es un heredero de la socialdemocracia postmoderna, entiéndase bien la socialdemocracia de cuando los socialistas dejaron de interesarse por las necesidades de la gente y pasaron a tratar al mundo como identidades, de cuando renunciaron a gobernar individuos para tratar con colectivos. Es verdad que la socialdemocracia ha sido una ideología que ha tenido mucho éxito en Europa pero que se encuentra en decadencia no cabe tampoco ninguna duda: los ciudadanos han sabido percibir ese cambio de ejes en las preocupaciones de sus políticos: desde las necesidades a las igualdades.

Hoy mientras Rajoy pronunciaba su discurso de despedida y se atribuía éxitos que sin duda ha tenido en el campo de lo económico no he podido sino construir un discurso paralelo en plan abogado del diablo. Por ejemplo, es cierto que recibió un país en bancarrota por parte de Zapatero pero también es cierto que la precariedad en el mundo laboral no parece que incline a nuestro país en un sentido de crecimiento más allá de las grandes cifras y todo ello lo llevó a cabo el PP sin tener en cuenta al individuo promedio que desde el inicio de la crisis se ha empobrecido independientemente de lo que digan las cifras. Dicho de otra manera, no cabe ninguna duda de que Rajoy ha hecho la economía que le mandaron en Bruselas y lo ha hecho bastante bien.

También es cierto que ETA desapareció en el gobierno del PP pero también es cierto que Rajoy dio por buena la hoja de ruta que había pactado Zapatero sin borrar ni añadir una sola coma. Tal y como él mismo decía hoy «no moverse cuando no toca» ha sido la máxima de su gobierno. No se le puede criticar por lo que ha hecho pero muchos en su propio partido le critican por lo que no ha hecho «atado al mástil del barco como Ulises a fin de desoir el canto de las sirenas», lo cito textualmente.

Lo cierto es que si el PP es un partido de derechas lo ha disimulado muy bien:

  • Ha mantenido la ley del aborto de Bibiana Aido.
  • Ha mantenido el matrimonio homosexual.
  • Ha respetado la hoja de ruta del fin de ETA, haciendo la vista gorda a algunas excarcelaciones.
  • Ha dado dinero a las organizaciones feministas.
  • No ha derogado ni «la ley de memoria histórica», ni la «ley de violencia de género», verdaderas monstruosidades de la legislatura anterior.
  • En las CCAA y a través de barones del PP ha promulgado leyes a favor de la transexualidad y eso que ha venido en llamarse «identidad de género».
  • Ante el problema catalán reaccionó tarde y de forma muy débil, depositando el peso del Estado en manos de los jueces y abandonando a su suerte a los catalanes españoles que hoy se sienten ninguneados y abandonados por el Estado. El referendum de la independencia se llevó a cabo a pesar de que negó por activa y por pasiva que fuera a celebrarse.

Es obvio que ninguna de estas políticas es de derechas sino de centro progresista (socialdemócratas postmodernas). No es de extrañar pues que muchos de sus votantes se hayan ido a Ciudadanos y otros a Vox según dicen.

Y todos estos errores se podrían acumular a otras cosas que no ha hecho: 1) abordar el plan hidrográfico nacional, 2) Abordar de forma valiente el problema de la corrupción de su partido y 3) Llevar a cabo un proyecto  educativo que al menos nos dure unos cuantos años y 4) Modificar algún texto de la Constitución para que el español pueda ser aprendido en cualquier lugar de España, 5) Legislaciones a favor de energías renovables, etc.

Dicho de otra forma: el mandato de Rajoy se recordará por su inactividad, bien es cierto que no se pueden llevar a cabo grades reformas con la aritmética parlamentaria actual pero también es cierto que Rajoy venia de una mayoría absoluta que aprovechó para apretarnos los tornillos fiscales a los españoles. No ha hecho pues ni una sola política de derechas, ni un solo gesto. Es por eso por lo que los españoles tardaremos mucho tiempo en otorgar otra mayoría como la que Rajoy disfrutó en la legislatura anterior.

Los españoles hemos aprendido que con o sin mayorías absolutas los políticos no van a gobernar por y para los ciudadanos sino para esa constelación de intereses que llamamos la Troika.

Rajoy lo ha hecho mal en mi opinión, pero no solo lo ha hecho mal sino que ha provocado una enorme desafección en su votante natural, ¿quien recogerá esos votos?

Se abre ahora un periodo de incertidumbre, pues el PP ha de elegir un nuevo presidente, o más bien presidenta que sea del agrado de Bildelberg. Mientras tanto gobernará Pedro Sanchez con los presupuestos expansivos del PP y tiene un buen año por delante sin demasiadas interferencias salvo el casus belli de Cataluña que ha venido para quedarse muchos años por obra y gracia de una Constitución que no supo anudar las competencias del Estado y de las Comunidades autónomas. Pedro Sanchez toreará mejor que Rajoy ese asunto sin mojarse demasiado. Es verdad que necesitamos otra Constitución pero no hay consensos y por lo tanto tendremos que tirar con la que tenemos.

Mientras tanto la Troika ira evaluando a sus tres candidatos, el que salga del PP renovado, a Pedro Sanchez y a Alberto Rivera y ellos dirán qué es lo que conviene a los españoles: aquel que demuestre mejor ser de centro centrado.

Nota liminar.-

En un post anterior hablé del club Bildeberg y me gustaría ahora hacer una apostilla sobre los planes que según Cristina Martin tiene este selecto club con España. Mi opinión es que el plan de federalizar España no es un proyecto europeo, creo que el proyecto propiamente europeo es el de centrar el voto y el deseo en los europeos. Pero el lector debe entender que existe una confluencia de intereses que proceden de distintos lugares. Obviamente a George Soros le importan un bledo los transexuales: su interés es otro, y la secesión de Cataluña puede interesarle a él pero no a la Merkel ni a las elites europeas. Lógicamente Rusia también tiene oscuros intereses en Europa y a Trump lo que le interesa es dejar de pagar la factura de la OTAN. Y no descarto de que haya otras agendas que no soy capaz de detectar.

En resumen, a mi no me preocupa nada que Pedro Sanchez sea el presidente interino de España, lo que me preocupa es a quién designarán los poderes fácticos y economicos para dentro de dos años.

Y creo que será una mujer. De armas tomar, claro.

Perversión y subversión

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Adolf Hitler era sin duda un psicópata con rasgos histriónicos y paranoides adheridos a su personalidad y dotado de una hipnagogia, carisma, determinación y seducción extraordinarias. Una seducción que dejó huella en miles de personas gracias a uno de sus colaboradores más enamorados «Joseff Goebbels» que fue sin ninguna duda el que le catapultó al poder después del fracaso del golpe de Estado que pretendió dar en Munich y por el que fue condenado a 5 años de cárcel de los que solo cumplió 9 meses. Llama la atención la brevedad de su condena jurídica y aun más la brevedad de su estancia en la cárcel ante un delito tan grave. Dicen que fueron sus discursos, pronunciados ante el tribunal que le juzgó la causa de esa «generosidad».

Fue allí en la cárcel de Landberg donde escribió «Mi lucha» con la colaboración de su secretario personal Rudolff Hess, otro de sus «enamorados» seguidores que por cierto también cumplía condena en la misma prisión.

En el libro pueden perseguirse las ideas fijas que le acompañaron durante toda su vida, el odio que profesaba a los vieneses, a los comunistas y a los judíos. También podemos perseguir ciertas ideas supremacistas que atribuía a la condición alemana, más tarde «raza aria» que Hitler pensaba que tenia una especie de misión universal : dominar el mundo. De manera que podemos ver que su personalidad no era nada sencilla, no era un psicópata cualquiera, no sólo era un gran actor/declamador sino que poseía un magnetismo personal fuera de toda duda, una capacidad persuasiva intensa a pesar de que su cultura era bastante limitada y las ideas que proclamaba eran delirantes.

Hitler se inició a la política después de un periodo errático donde intentó matricularse sin éxito en la escuela de bellas artes y otras ocupaciones menores hasta que conoció al que sería su mentor: un ocultista llamado Eckart que tenía un grupo secreto: la secta esotérica Thule y que esperaba un salvador para Alemania, un Mesías, quizá de esa militancia surgió la idea de la cruz gamada y otras ideas como la de conductor, Führer o Lider. No cabe duda de que Eckart le convenció de una manera u otra de que ese Mesías era él, como en Matrix

El contexto social de aquel tiempo era nefasto para Alemania que después de perder la guerra contra Francia y sus aliados había contraído no pocas deudas de guerra, perdida de territorios y de recursos en la cuenca del Rhur que pasaron a ser explotados por franceses como adelanto de la deuda y que había arruinado a la población condenándola no solo a una humillación histórica sino a la pobreza generalizada. La república de Weimar era débil y se veía continuamente amenazada por milicias armadas tanto de los comunistas como de la extrema derecha. Es interesante observar como gran parte de los alemanes de aquella época militaban en esas milicias que tras la guerra no habían sido desarmadas y cuyos oficiales al mando disponían de recursos limitados pero muy dotados de un personal hambriento y fanatizado que disponían de ese empleo como modo de ganarse la vida a falta de otra cosa mejor. Algo así sucedió también en la segunda República española: sindicatos y partidos disponían de milicias propias, una especie de ejércitos privados que imponían su ley en la calle. Y que naturalmente debilitaban a los gobiernos que se veían incapaces de preservar el orden publico.

Es en este contexto de milicias armadas donde Hitler consigue obtener el favor de algunos militares beligerantes contra el estado de cosas que había dejado el tratado de Versalles y como logró obtener -no solo un partido hecho a su propia medida (El partido obrero alemán)- sino una fuerza de choque nada desdeñable.

Sin embargo durante su estancia en la cárcel Hitler tuvo una revelación: el poder no se conquista con ametralladoras y milicias armadas hasta los dientes sino a través de las urnas. En sus propias palabras: «primero el poder, luego la revolución». Fue así que poco a poco fue configurando su perfil político en detrimento de su perfil militar o revolucionario. Cayó en la cuenta de que la gente le tenía miedo y que su discurso era demasiado radical, de que era aclamado en las cervecerías pero no en los cócteles sociales, máxime cuando parecía que Alemania emergía de nuevo después de los desastres de la postguerra. La gente se había instalado en su zona de confort y no quería saber nada de revoluciones. Por esta razón el partido nazi que había fundado años atrás para sustituir al viejo modelo de partido obrero alemán, no conseguía despuntar en votos, que nunca pasaban del 3% del total. El partido nazi parecía condenado a su fin pero sucedió algo que le llevaría a la cumbre del poder y ese algo fue el crack de 1929 que dejaría de nuevo a Alemania en una situación peor que la de postguerra.

El mejor escenario para un partido revolucionario, es desde luego una atmósfera de indignación sea por las razones que sean, pero es necesario algo más: una crisis social y económica, es ahí donde estos partidos logran establecer sus mayorías parlamentarias, el primer paso para posteriormente debilitar la democracia acaparando todo el poder del estado y quemando el Reichstag. Hitler ya no lo necesitaba. Primero el poder, luego la revolución. Ninguna revolución tiene éxito en una situación de prosperidad.

La democracia es una institución muy vulnerable si no está bien blindada frente a la subversión. Y Hitler demostró que desde dentro de ella se puede destruir, solo mediante los votos y cierta mística propagandística y altercados continuos en las calles. Un enemigo común al que echar la culpa de todos los males y aprovechar la demanda del publico en su seguridad aun renunciando a su libertad. Existe en los humanos una nostalgia por volver a ser siervos y por seguir al abanderado.

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Aun hoy todos los movimientos subversivos del mundo llevan la misma agenda. Goebbels nos la enseñó y un sobrino de Freud , Edward Bernays, nos la escribió. Años más tarde un comunista italiano -Antonio Gramsci- la transformó en una doctrina: la doctrina de la hegemonía del discurso.

Hitler no era un simple xenófobo. La xenofobia es un miedo -un temor- a lo desconocido, al extranjero y es posible afirmar que la xenofobia nos viene de serie, una defensa frente a las amenazas ancestrales que proyectamos en los desconocidos. Pero lo de Hitler no era un temor, sino un delirio antisemita, extendido a otras «razas degeneradas» como gitanos, enfermos mentales, rusos, negros, homosexuales etc. Es el capitulo de la degeneración racial el que Hitler utilizó para colgar su inmenso auto-odio, un odio a todo lo suyo: no hay que olvidar que Hitler era austriaco a pesar de que el se considerara alemán. Me parece trascendente este dato. Un delirio que además pudo compartir con la camarilla fascinada que le seguía, un delirio que naturalmente procedía de la envidia y no del temor.

¿Pero de dónde procedía tal odio?

Lo que sabemos de la infancia de Hitler es bien poco y nada relevante si lo comparamos con miles de niños austríacos de esa época. Norman Mailer tiene un libro donde combina la realidad histórica con la ficción y donde aparecen algunos datos que por otra parte no han sido comprobados documentalmente. Para Mailer el padre de Hitler, Alois, tuvo un hijo con su propia hija, de tal modo que la madre de Hitler – Klara- según esta hipótesis sería al mismo tiempo su hermana. Lo cierto es que el tal Alois se casó tres veces y con su ultima esposa Klara estaba unido por alguna clase de parentesco (primos según los documentos) y tuvo que pedir licencia especial: de los 5 hijos que tuvo el matrimonio solo sobrevivieron dos, el propio Adolf y Paula su hermana. En cualquier caso la hipótesis de la endogamia en familias que vivían aisladas en el campo no sería la excepción sino la regla en aquella época. Personalmente no tengo ninguna duda de que Hitler era el producto de la consaguineidad de una manera u otra.

De su vida sexual tampoco sabemos gran cosa salvo que según todas las pruebas Hitler estaba poco interesado en el sexo: aun así tuvo un asunto bastante escabroso -incestuoso- con su sobrina (hija de su hermana Paula) que terminó suicidándose en circunstancias poco claras. El matrimonio de Hitler con Eva Braun tampoco parecía basarse en una pasión desbordante. A pesar de ser un perverso, Hitler no era especialmente sexual. Las drogas y su sentido de misión redentora probablemente obstruían todo el flujo libidinal del que disponía.

Por otra parte la empatía y la insensibilidad emocional son caracteristicas de todos los psicópatas así como dificultades para la intimidad. Hoy con el DSM en la mano es muy posible que Hitler recibiera tres o cuatro diagnósticos en el eje 2 y alguno en el eje 1. Están documentados algunos episodios conversivos durante la primera guerra mundial, asi como un episodio de ceguera que se resolvió espontáneamente. Su toxicofilia está bien documentada en relación a su adicción a anfetaminas y otras drogas que le procuraba su medico personal.

En relación al eje 2, Hitler cumpliría criterios para el trastorno paranoide y esquizotipico (del cluster A), así como del histriónico en cluster B. y quizá también del narcisista. Una mezcla diabólica que podría resumirse en un trastorno inespecificado de la personalidad.

Pero el DSM con su manía fragmentaria no puede abarcar la complejidad total de la personalidad de Hitler, es por eso que me parece más pertinente la etiqueta de psicópata con todos los apellidos que queramos añadir y que ya llevó a cabo Kurt Schneider, pues su fanatismo paranoide no es propio de todos los psicópatas, ni siquiera su exhibicionismo histriónico. Hitler es un tratado de psicopatología, sin estar loco del todo.

Hitler es un paradigma de como la subversión -política- y la perversión -psicológica- van de la mano, por no decir que son la misma cosa.

Referencias bibliográficas:

  • Koepf, G. & Soyka, M. (2007) Hitler’s missing psychiatric file. European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience; 257(4).
  • Murray, H.A. (1943). Analysis of the personality of Adolf Hitler. With predictions of his future behavior and suggestions for dealing with him now and after Germany’s surrender.
  • Redlich, F. (1998). Hitler: Diagnosis of a Destructive Prophet. Oxford University Press.
  • Stewart, D. (2005) Inside the mind of Adolf Hitler. BBC.

Sesgos de izquierdas, sesgos de derechas

Recientemente he leído un articulo que viene vinculado aqui y que aborda la idea , la misteriosa idea de por la que la mayor parte de la población considera a los progresistas como buenos y a los conservadores como malos. ¿Por qué Hillary u Obama son buenos y Bush o Trump son la encarnación del mal? ¿Se debe solo a la propaganda? ¿A su aspecto físico o a sus modales?

Lo que Winegard plantea es que es un problema de adoctrinamiento. Un adoctrinamiento que presenta a los conservadores como beatos o egoístas defensores de los poderosos, siendo los progresistas los empáticos y generosos con todo el mundo.

El sesgo es algo intrínseco al cerebro humano, todos tenemos sesgos pero los sesgos son un concepto importante en el mundo académico y científico. A pesar de esto, es notablemente difícil de definir o medir. Y muchos, tal vez todos, los estudios de éste son susceptibles a objeciones razonables de algún marco de razonamiento normativo u otro. Sin embargo, en un discurso común, el término es bastante fácil de entender. El prejuicio es una preferencia o compromiso que impulsa a una persona a alejarse de la imparcialidad.

Hay muchos tipos de sesgos, y los sesgos pueden penetrar el proceso cognitivo de principio a fin y en cualquier punto intermedio. Puede conducir a una exposición selectiva , por lo que las personas buscan preferentemente material que favorezca su posición preferida y eviten el material que lo contradiga; puede conducir a un escepticismo motivado , por el cual las personas son más críticas con el material que se opone a su posición preferida que con el material que lo respalda; y puede conducir a una credulidad motivada, mediante la cual las personas asimilan la información que respalda su posición preferida de manera más fácil y rápida que la información que la contradice. A menudo, estos sesgos funcionan todos juntos.

La fuerza del propio sesgo está influenciada por muchos factores, pero, para simplificar, podemos dividir estos factores en tres amplias categorías: claridad, problemas de precisión y preocupaciones extrañas.

La claridad se refiere a cuán ambiguo es un tema. Cuanto más ambiguo, menor es la claridad y mayor es el sesgo. Por lo tanto, el puntaje de un juego de baloncesto tiene una claridad muy alta, mientras que un debate político puede tener muy poca claridad. Las preocupaciones de precisión se refieren a qué tan deseoso es un individuo de saber la verdad. Cuanto mayor es la preocupación, en promedio, menor es el sesgo.

En términos generales podríamos  decir que el sesgo puede representarse mediante una ecuación tal que las preocupaciones extrañas (E) menos (precisión (A) más claridad (C)) equivalgan al sesgo: (E – (A + C) = B) .

Esto probablemente explica por qué el sesgo político es una forma de prejuicio tan poderosa y aparentemente indestructible: la claridad es a menudo baja y las preocupaciones extrañas a menudo son muy altas. Las identidades políticas de las personas no son como disfraces sin sentido que pueden ponerse y desecharse sin pasión. Son cruciales para uno mismo: más como la piel que la tela. Por lo tanto, las personas están fuertemente motivadas para mantener posiciones que les permitan seguir siendo miembros de su grupo social preferido. Además, muchos debates políticos importantes tratan sobre temas que son increíblemente difíciles de evaluar y estudiar (y, por lo tanto, tienen poca claridad).

Si queremos comprender los prejuicios políticos que las personas pueden tener, debemos comprender sus compromisos políticos y, aún más, debemos comprender sus valores sagrados . Los valores sagrados son valores fuertemente sostenidos que uno trata como inviolables. La oposición al aborto, por ejemplo, es un valor sagrado para muchos conservadores. No estarían dispuestos a cambiarlo por un valor menos importante -por ejemplo, recortes de impuestos- y, de hecho, considerarían el intercambio sugerido como reprobable. Podemos imaginar compromisos morales / políticos en un continuo de «no importante» a «sagrado» Cuanto más sagrado es el valor, más crucial para la propia identidad política es.

Los progresistas por su parte parecen adherirse a una narración sagrada sobre los grupos de víctimas que dice algo así: muchos grupos han sido abusados, explotados y oprimidos por poderosos europeos ( blanco) hombres. Estos grupos aún sufren de este legado. Y la sociedad, a pesar de las modestas mejoras, sigue siendo sexista y racista. Aunque muchas personas proclaman su dedicación a la igualdad, a menudo tienen prejuicios, a veces de manera sutil.A los grupos de víctimas no les va tan bien en la sociedad como a los grupos privilegiados porque la sociedad ha establecido las reglas en su contra y porque muchos miembros de los privilegiados los acosan, abusan y discriminan a propósito. Aunque muchos ignoran o perpetúan un sistema de explotación, hay personas que se han dado cuenta de cuán atroz y opresiva puede ser la sociedad y quiénes están luchando contra ella. Si más personas llegan a pensar de la manera en que lo hacen, si más personas estudian el racismo y el sexismo, si más personas se unen a los movimientos y denuncian todas las formas de discriminación, entonces el mundo se convertirá en un mejor lugar. Aquellos que no están de acuerdo con esto son parte del problema. Incluso si tienen buenas intenciones, son parte del sistema y solo obstaculizarán el progreso y apoyarán a los racistas y sexistas.

Este es un argumento típicamente perverso y de carácter autoreferencial, si no estás de acuerdo conmigo entonces es porque eres un malvado, parte del sistema opresor. Esta curiosa maniobra argumentativa de baja calidad dialéctica consiste en devolver al argumento contrario al barro de la confusión, se impide así cambiar de nivel y se obstaculiza el progreso de cualquier debate, no siempre a través del insulto o la descalificación (tolerable siempre contra los opresores) sino a través de una confusión de tipos lógicos. Por ejemplo, una idea demostrada científicamente será siempre sospechosa de tener defectos de método cuando no coincida con el prejuicio que sostienen los progresistas.

Los progresistas al menos los de hoy, también tienen valores sagrados: piensan que todas las personas, todos los grupos, todas las sexualidades y todos los sexos deben ser tratados con justicia . También son especialmente sensibles a las amenazas potenciales al igualitarismo, por lo que se adhieren a la creencia de que todos los grupos demográficos son aproximadamente iguales en todos los rasgos socialmente valorados, una creencia que llamamos igualitarismo cósmico. Tal vez la forma más común de igualitarismo cósmico es la falacia de la pizarra en blanco, o la creencia de que los humanos son casi infinitamente maleables, y que todas las diferencias importantes entre ellos son causadas por el medio ambiente, no por los genes. El igualitarismo cósmico sirve como un amortiguador protector para la equidad porque sostiene dos cosas: 1) Las disparidades grupales son causadas por prejuicios y discriminación (injusticia), no por diferencias grupales; y 2) Definitivamente deberíamos tratar a todos los grupos de la misma manera porque son básicamente lo mismo.

Naturalmente no cabe duda de que los principios progresistas parecen impregnados de valores morales superiores. ¿Pues quién puede estar en contra de la igualdad de las personas entre los sexos, entre las razas o entre religiones?

El problema es que los progresistas apelan quizá sin saberlo a valores sagrados igual que hacen los católicos con el aborto. Para ellos la igualdad -signifique lo que signifique, pues se trata de un término poco claro- es algo que es bueno en si mismo y hay que eliminar a todos aquellos que piensen lo contrario, verdaderos enemigos de ese mundo feliz al que aspiran. ¿Ahora ya no parecen tan morales, verdad?

Y cuando se apela a valores sagrados se encuentra uno con el muro de la contradicción pronto o temprano. No hay que olvidar que solo un 20% de los crímenes se cometen por rapiña, el resto se cometen en nombre de algún principio moral.

Probablemente todas las personas son parciales; y fuertes compromisos ideológicos en ambos lados del espectro aumentan tales propensiones preexistentes. El cerebro normal es un cerebro con prejuicios. Durante demasiado tiempo, los progresistas que han dominado las ciencias sociales han dado por hecho el progresismo y, por lo tanto, han examinado a los conservadores como si fueran extraterrestres con un conjunto de preferencias ideológicas perplejas y posiblemente perniciosas.

Remito al lector al articulo de Winegard si quiere saber más sobre los sesgos que abrasan a progresistas y conservadores y observar que hay más sesgos en los progresistas que en los conservadores. Un pozo profundo de parcialidad en las palabras de Winegard.

Conflicto y soluciones paradójicas

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La intención paradójica es una estrategia bien conocida por los psicólogos de base comunicacional como los que surgieron de la escuela de Palo Alto en los 70. Ya era conocido que los humanos nos resistimos a cambiar de opinión, a sopesar otras posibilidades vitales y sobre todo a comprender otros puntos de vista. Freud llamó «resistencia» a una especie de armadura que nos permite salvaguardar nuestras percepciones, ideas o creencias a salvo de las opiniones ajenas. Y que tendemos a rodearnos de personas que piensan como nosotros y a demonizar moralmente a los que piensan de forma contraria.

Fue un psiquiatra bien conocido por todos nosotros –Victor Frankl- el primero en utilizar la terapia de forma paradójica. Frankl, antes de su deportación a Auschwitz fue psiquiatra en un Hospital de suicidas en Viena donde a partir de su penetrante estilo observacional comenzó a tratar a sus pacientes con una técnica poco convencional, en lugar de apiadarse de sus pacientes y sus quejas solía plantearles dilemas de claro estilo paradójico. Por ejemplo solía preguntar a los pacientes más recalcitrantes ¿Y a usted que le induce a seguir vivo? «Si, yo estuviera en su lugar ya me habría decidido».

Naturalmente esta pregunta es desconcertante para un psiquiatra convencional pero introducía en el paciente una duda ¿Y si mi plan de suicidio no es más que una solución radical extrema? «Al fin y al cabo tengo familia, tengo algunas cosas que preservar».

Las intenciones paradójicas son una herramienta psicologíca que también se utiliza en psicología social. Parte de la consideración de que para neutralizar una actitud negativa no hay que tomar una solución clarifinante (muerto el perro se acabó la rabia) sino que a veces la oposición de una idea de signo contrario no hace sino enquistar el conflicto o hacerlo más radical. Algunos autores proponen tanto en la clínica como en los grupos sociales lo que definen como modelos de intervención paradójica y que consisten en 1) delimitar a quien va dirigido el mensaje, usualmente a los que proponen soluciones duras (los halcones) o los equidistantes y 2) Invitarles a seguir radicalizando sus posiciones y 3) Atribuir esta necesidad de radicalidad a cualquier otra cosa que no esté bajo el control del halcón. Por ejemplo invitar a un grupo radical a seguir siéndolo y a no ceder un palmo de terreno en aras de un beneficio a toda la comunidad, mantener un ejército poderoso por ejemplo.

Usualmente llamamos conflictos irresolubles a aquellos que se mantienen en forma de opiniones y actitudes polarizadas y bastante extremas, un ejemplo es el conflicto palestino-israelí, un conflicto que parece no tener fin y que separa a ambas comunidades en una especie de jaula ideológica que tiende a mantener las posiciones iniciales de forma perpetua. Gran parte de estos conflictos se deben a la convicción de ambas partes de tener razón, un ethos de la guerra, es decir en estar investidos de una superioridad moral que deja a los contrincantes en una especie de limbo moral. El nosotros-ellos es la variable critica de este tipo de conflictos que solo pueden resolverse a través de la ecuanimidad.

La ecuanimidad es la capacidad de poder integrar la parte de razón que tienen los que piensan de una forma distinta a la mía. No es neutralidad o equidistancia como se llama ahora, sino una posición ética que no renuncia a las creencias propias. El ecuánime se manifiesta pero es capaz de dialogar con aquellos que sostienen ideas o creencias bien distintas a la suya. El neutral simplemente se protege para no ser alcanzado por el fuego cruzado.

Acaba de publicarse un articulo del cual he extraido algunos párrafos porque se trata de un estudio de campo que se llevó a cabo precisamente en Israel inmediatamente antes de las ultimas elecciones. Los autores aseguran que su intervención hizo que los halcones perdieran en favor de las palomas y que más que eso: se cambiaran algunas actitudes creenciales con respecto al adversario y que este cambio fue permanente en el tiempo. Dejo aqui el articulo en cuestión para que el lector pueda leer los detalles de esa investigación

En las sociedades involucradas en un conflicto insoluble, existen fuertes barreras sociopsicológicas que contribuyen a la continuación e intratabilidad del conflicto. Basado en un estudio de campo único realizado en el contexto del conflicto israelí-palestino, ofrecemos una nueva vía para superar estas barreras al exponer a los participantes a una campaña de intervención paradójica a largo plazo que expresa ideas extremas que son congruentes con el espíritu compartido de conflicto. Los resultados muestran que la intervención, aunque contraintuitiva, llevó a los participantes a expresar actitudes más conciliatorias con respecto al conflicto, particularmente entre los participantes con orientación política de centro o derecha. 

Más importante, la intervención incluso influyó en los patrones reales de votación de los participantes en las elecciones generales israelíes de 2013: los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por partidos moderados, que abogan por un resolución al conflicto. 

Con base en estos resultados, proponemos una nueva capa para la teoría general de la persuasión basada en el concepto de pensamiento paradójico. Los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por los partidos moderados, que abogan por una resolución pacífica del conflicto. Estos efectos fueron de larga duración, ya que los participantes en la condición de intervención expresaron actitudes más conciliatorias cuando fueron reevaluados 1 año después de la intervención. 

Dicho de otro modo: no se puede combatir la irracionalidad desde otra irracionalidad de signo contrario, tampoco sirven las soluciones racionales porque carecen de la potencia emocional de lo irracional. De modo que solo nos queda una solución para enfrentar la irracionalidad: a través de una irracionalidad extrema pero del mismo signo.