El poder de los símbolos

Símbolo es lo que une, diábolo lo que separa.

Hace algún tiempo publiqué un libro que titulé «Del mito a la clínica», donde traté de hacer ciertas equivalencias entre los relatos que una serie de pacientes me hicieron en terapia, con algunos mitos clásicos, fundamentalmente griegos, con la idea de reducir su complejidad, algo así como encontrar el meollo o el tema principal que suponía en el origen de sus malestares, una especie de factorización. Siempre me llamó la atención que las peripecias vitales de los individuos -contadas por ellos mismos- contuvieran pistas que remitían a ciertos relatos universales y alguna vez tuve la tentación de escribir un libro sobre textos directos que hubiera llamado algo así como «cosas que me contaron mis pacientes» a fin de clasificar y reducir su complejidad a algo más simple.

También sucede en el cine, donde los héroes por más modernos que nos parezcan en realidad remiten a epopeyas clásicas o a dilemas subjetivos que ya han sido tratados por la literatura universal. A pesar de que el hombre es un gran arquitecto de símbolos y de mitos, lo cierto es que no parece haber mucha originalidad en los nuevos planteamientos que se nos ocurren bien en nuestra rol de escritores, o bien en el rol de construir nuestra novela personal. No hay demasiadas diferencias entre Superman o Spiderman y el Jason clásico.

El libro de Jordi Balló y Xavier Perez, «La semilla inmortal» del que hablo aqui , es un buen ejemplo de esta repetición de temas con distintos finales, protagonistas y recorridos pero que no pueden evitar su parecido en origen con lo clásico, siempre a mitad camino de lo mítico y lo literario.

El mito es una narración de algo que nunca sucedió y es muy importante atender a este concepto de fantasía o de invención creada por la subjetividad humana; algo que nunca sucedió pero que pudo ser pensado y pudo ser contado. Usualmente un mito se cuenta por dos razones: para que no suceda en la realidad lo que allí acontece (como sucede en la tragedia griega) o con una inclinación pedagógica a fin de explicar fenómenos inexplicables -lo sagrado-, es por eso que el totemismo es un mito que pretende explicar el parentesco o la religión una forma de explicar fenómenos naturales amenazantes sin explicación racional.

Ultimamente mientras releía algunos párrafos de mi libro me ha llamado la atención la ausencia de un principio explicativo sobre el mito y el símbolo. La pregunta que me hice a mí mismo fue ésta: ¿Cómo hacemos los individuos para repetir mitos en nuestra vida personal, sin conocer mitología ni tener disposiciones especialmente eruditas sobre ese tema concreto? o ¿Cómo se inmiscuye el mito en la vida real?

Bueno, creo que es el momento para introducir el concepto de Bios y Zoé, sobre el que hablé aqui pero recupero un párrafo para orientar al lector sobre lo que quiero decir:

«Dicen que para aprender a pensar hay que conocer el griego antiguo y es verdad que algunos idiomas contienen más recursos cognitivos que otros, el alemán -aseguran algunos- es el ideal para filosofar. Si cuento esto es porque me ha llamado la atención que la palabra «vida» en nuestro idioma carece de matices, así o se está vivo o se está muerto, pero la verdad del asunto es que no es necesario estar vivo para estar animado, el sol, el viento, el agua, el fuego, lo volcanes y los tornados no están vivos pero están animados, del mismo modo en el relato de ciencia ficción de Stanislaw Lem.titulado «Solaris», aparece una entidad que parece estar viva aunque es de carácter mineral, en cualquier caso animada aunque inorgánica. Hablamos entonces de fenómenos naturales que nos muestran su poderío, su fuerza destructiva, su ambivalencia».

«Y es por eso que los griegos tienen dos palabras para nombrar a la vida. Una es «Bios» que se refiere a la vida de los seres individuales sean personas, animales o vegetales y otra es la palabra «Zoé» que se refiere a la vida colectiva, a la vida de la especie».

Cuando Zoé se convierte en Bios aparece la cultura, el símbolo y la comunidad. Pero como Bios sigue atravesada por la Naturaleza (Zoé) aparecen la guerra, el diábolo y los trastornos sociales que son la otra cara de esas producciones de la Bios, lo tanático. El símbolo pues, es lo que une Bios y Zoé y también lo que da cuenta de aquello que nuestro raciocinio rechaza, algo así como lo reprimido freudiano. El problema es que símbolo y diábolo, guerra y cultura, comunidad y anarquía van en el mismo pack, entrelazados como el ying y el yang, como Orden y Caos.

Un símbolo es por definición algo que no existe y que sin embargo tiene efectos materiales en nuestra vida, en nuestra Bios. Un símbolo no es sólo la representación de algo que está ausente sino algo que además de eso conecta Bios y Zoé, por ejemplo ese obelisco que hay aquí arriba ¿qué simboliza?. Simboliza el poder del sol -de una deidad solar- pero obsérvese que es una figura que apunta al cielo con una flecha en su punta, un arma peligrosa pero también el poder masculino fálico: el pene y la milicia.

Pongo un ejemplo que acabo de utilizar y que se usa mucho en psicoanálisis, la palabra «falo». Podemos pactar que esa palabra remite a otra, «el pene» que es un órgano que existe realmente. Pero pene y falo no son sinónimos, sólo lo son en cierta escala; uno pertenece al terreno de lo material y el otro es un termino conceptual, en realidad su significado es puramente semántico: «el símbolo de lo que falta o de lo que completa». Aqui hay un post donde hablo del falo y no voy a volver a repetirme salvo para decir que el falo no existe pero tiene efectos falizadores. No es desde luego un único ejemplo, hay más: por ejemplo la palabra «género», el género no existe salvo para la gramática, lo que existe es el sexo (o eres hombre o eres mujer) pero el género aun no existiendo generiza, es decir puede conseguir que un hombre se considere mujer o con gustos femeninos y al contrario, con una multitud de matices y combinaciones casi infinitas. ¿Cuantos géneros existen? Dicen que 112.

Lo mismo sucede con el mito del andrógino, mitad hombre y mitad mujer, algo que conocemos a través del Banquete de Platón. Lo cierto es que el andrógino o el hermafrodita (Hermes+Afrodita) no existen pero tienen efectos androgenizadores, masculinizadores en la mujer y feminizadores en el hombre.

La función del andrógino es terminar con la asimetría radical que representan hombres y mujeres, desfertilizarles, terminar con esa tensión erótica necesaria para fundar una unidad fértil, pues solo es fértil aquella union que se da entre dos polos asimétricos. Ninguna igualdad puede ser fértil.

La pregunta en este momento es la siguiente ¿Cómo es posible que algo que no existe tenga efectos materiales en la vida de los humanos? Nótese que los símbolos carecen de efectos en los animales, solo los tienen entre nosotros los humanos y lo tienen precisamente porque solo nosotros, los humanos podemos pensar en las cosas que no existen y más que eso: podemos inducir en los demás – a través de nuestro ejemplo escénico- modos de pensar las cosas que van más allá de la realidad. En este sentido el símbolo tiene más penetrabilidad que la percepción y sobre todo, más homogeneidad con el deseo.

Existe el hombre, y existe la mujer que piensan y tienen deseos, pero tanto uno como otro pueden estar falizados, es decir pueden pensarse a sí mismos como portadores de un extra simbólico que llamamos falo y que está relacionado con el poder. No es de extrañar que hoy se llame «empoderamiento» a la falicización de la mujer. Pues la mujer no tiene pene pero puede tener falo, pues el falo no está en el campo de lo sensible o de lo material sino en el campo de lo simbólico.

¿Pero si la mujer se faliza secundariamente qué sucede en el hombre cuando se faliza?

Lo que le sucede es que se convierte en un ser protésico, algo así como un golem, un ser sin alma, incompleto, que solo adquiere músculo al saberse portador de un ornamento que nadie puede ver pero que se manifiesta en algo relacionado con el poder. Dicho de otra manera, el falo se presenta en forma de síntoma, con frecuencia en forma de dominio, engaño o violencia.

Pero si un símbolo cualquiera puede manifestarse a través de lo carnal, es obvio que un relato, un mito puede manifestarse a través de la novela personal. Es por eso que repetimos el contenido de los mitos y es por eso que los reproducimos, a ciegas, sin saber porqué, como obedeciendo una lacra imponderable que suponemos que es algo que nos sucedió, sin caer en la cuenta de que estamos atravesados por la magia de un cluster simbólico del que somos víctimas pero también verdugos, pues al fin al cabo el que elige su mito, es siempre uno mismo.

Bibliografía.-

Del pene al falo Tesis doctoral de Sebastien Carrer, 2017.

El misticismo secular

La secularización del mundo puede definirse con aquel proceso o paso desde una sociedad organizada desde un paradigma religioso a una sociedad civil. En Europa, este paso tuvo derivadas políticas en forma de violencia, desastres y anarquía y enormes cambios sociales que se atribuyen a la Revolución francesa que vino acompañada de un enorme terremoto cultural: la Ilustración, apoyado en distintas formas de entender el naturalismo. Pues esa era la idea: sustituir el derecho feudal por el derecho natural.

Así la secularización tiene versiones políticas, la aparición del tercer Estado, la burguesía, pero también consecuencias científicas como por ejemplo la consideración de que las enfermedades mentales eran enfermedades genuinas como las enfermedades somáticas y como no, consecuencias culturales: la Enciclopedia.

Pero la secularización supuso un cambio en el orden político de consecuencias inciertas tal y como siempre sucede con las revoluciones, donde el caos tiende a limitarse -cuando ya no es posible manejarle- con soluciones drásticas. Es necesario recordar que Napoleon y el Imperio – La Grandeur– es una consecuencia directa de la Revolución francesa.

Sin embargo la secularización, es decir la idea que las relaciones entre los hombres, y los hombres con el Estado ya no estaban fundadas sobre la teología divina y que dictaba el clero en convivencia con la nobleza, trajo muchos problemas morales a la población civil. Problemas que han ido instaurándose poco a poco, de manera sutil sobre el imaginario de los ciudadanos y que podríamos responder atendiendo a esta pregunta ¿Por qué es bueno ser bueno si Dios ya no aparece como árbitro de nuestros actos?

Esta pregunta no es baladí pues toda moral necesita de un Fundamento y no cabe duda de que el Antiguo régimen contenía una cláusula fundamental: el mandato divino es el Fundamento de toda moral. El problema vino después, si Dios ya no es el fundamento de nuestra moral ¿quién está a cargo?

La solución que se dio a este problema se llamaba República, esto es lo que hoy llamamos civismo republicano: libertad, fraternidad e igualdad, eran las guías de la nueva moral, una moral civil completamente despojada de su origen, un mandato divino inapelable. Una moral a cargo del Estado que se mantuvo como el garante de la seguridad y libertad de sus individuos a través del derecho republicano. Algo que paulatinamente fueron adoptando todos los Estados en Europa que pasaron así a declararse aconfesionales y a tolerar cualquier culto religioso en su seno. Algo que se universaizó en Europa con el idealismo kantiano, que es un cristianismo protestón.

De manera que hoy vivimos en sociedades secularizadas pero…

Pero había algo que quedó colgando en el tintero de la historia, un anhelo que quedó suspendido en el aire: la pretensión del hombre de participar en la divinidad que justificaba moralmente a otros personajes de ficción romántica como Raskolnikov en «Crimen y castigo» que declara que «Si Dios no existe todo está permitido». Una forma de decir que sin Fundamento divino no puede existir moral o bien que el hombre debería convertirse en Dios tal y como Nietzsche sugirió.

El gnosticismo es una doctrina surgida del cristianismo primitivo -y que terminó declarada como herejía- que sugería que la salvación individual no sobrevendría solamente por el sacrificio de Cristo o la fe, sino que era necesario que cada hombre y cada mujer adquirieran un cierto conocimiento de lo divino a fin de acercarse a él. Pues gnosticismo significa «conocimiento». Su contrario es el agnosticismo, es decir la aceptación de que Dios, de existir no puede ser hackeado por la voluntad del hombre pues el concepto de Dios es inabarcable e inaccesible a la mente humana. Dios -de ser algo- no es ni una persona, ni siquiera un ser con existencia biológica propia, Dios puede ser una serie de leyes físicas desconocidas por los hombres, una especie de programa de ordenador, algo que gobierna el cosmos o que como en el post anterior se parece más bien a un océano informe y sin planes bien descrito por Stanislaw Lem. Mas que eso: podría haber un Dios creador y un Dios sin capacidad creadora pero organizadora conocido como Demiurgo.

Pero a pesar de su declive en la doctrina católica, el gnosticismo ha tenido mucho éxito popular , es la base de la masonería por ejemplo, pero también de ciertas creencias esotéricas de la salvación, es decir de la vida eterna. Se mezclan sincréticamente creencias orientalistas e ideas de la filosofía griega, principalmente platónica. Es una creencia dualista: el bien frente al mal, el espíritu frente a la materia, el ser supremo frente al Demiurgo, el espíritu frente al cuerpo y el alma. Es pues una creencia maniquea, que necesita de lo diabólico para mantenerse en pie.

Es también la base de ciertos movimientos sociales que son en realidad una rebelión contra los poderes establecidos y que en muchas ocasiones rayan en lo conspiranoico, como la creencia en ciertos remedios que no son medicamentos controlados, o la creencia en extraterrestres, en el Gran despertar o en la confederación galáctica (termino extraído de la ciencia ficción de Asimov) tienen hoy muchos creyentes, así como la creencia de la llegada de un nuevo Mesías que muchos creyeron encontrar en Donald Trump o que la entrada en la 5ª dimensión está ya preparada para la ascensión de los elegidos, sin que nadie haya explicado ni comprendido qué es eso de la 5ª dimensión. Dicho de otra forma: el mundo está lleno de gnósticos que mantienen la vieja teoría de que por una parte están los despiertos (ellos) y por otra los dormidos. Los que usan estos adjetivos ignoran hasta que punto los primitivos gnósticos eran también algo elitistas y que los dormidos siempre son los otros.

Pero lo cierto es que ese mismo elitismo es el que practican las élites, me refiero a las élites verdaderas, las que tienen la sartén por el mango. Ellos también piensan que el conocimiento – en este caso del demiurgo- es una especie de escalera, que contienen 33 escalones y que ese escalón 33 supone el climax del conocimiento. Un conocimiento que sirve para, en teoría mejorar el mundo, bajo el mando, claro está, de los despiertos.

Yo soy agnóstico y ya sabéis qué significa esta palabra pero es verdad que estoy interesado en el conocimiento, pero no creo que podamos acceder a un conocimiento más allá de lo que nuestros sentidos puedan computar, a cambio estoy a favor de la tradición y el derecho natural y para mi la sociedad civil es el Fundamento de la moral, si bien esta sociedad civil parece hoy trastornada por las formas en que nuestras democracias se han ido instalando, siempre de manera imperfecta sobre fórmulas que parecen perpetuar el poder de ciertas castas políticas o financieras. Pero arreglar el mundo es una tarea a la que renuncié en mi juventud, me parece una tarea sospechosa y siempre relacionada con ciertos vacíos en el conocimiento que algunos esperan alcanzar por gracia divina. Arreglar el mundo es tarea de gnósticos, esos que no gobiernan en parte alguna pero son tan influyentes que colocan a sus peones en los gobiernos.

Pero hay algo que se: las ingenierías sociales siempre fracasan y lo hacen porque no tienen en cuenta los anhelos humanos tanto conscientes como inconscientes y lo cierto es que hay más democracia en un casal fallero que en el congreso de los diputados.

¿Qué quieren los dioses?

Dios existe pero los dioses que adoramos son todos falsos (Freixedo)

Por alguna razón que no alcanzo a vislumbrar los dioses de todas las religiones conocidas decidieron mantener al hombre en la precariedad, esta es la razón principal que lleva a Freixedo a declarar en este libro, muy interesante no solo por lo que en él se revela sino aun más por lo que calla.

El mito de Prometeo.-

Prometeo no era un Dios sino un titán, es decir una especie de superhombre amigo de nosotros los mortales y a los que trajo el invento del fuego, necesario para calentarnos, cocinar y hacer sacrificios a los dioses. No cabe duda de que el invento del fuego y su administración supuso un antes y un después en la evolución de los homínidos. Pero Zeus no estuvo de acuerdo con esa maniobra del bueno de Prometeo y le condenó a vivir atado a una roca en el Cáucaso donde un águila iba comiéndole poco a poco su hígado mientras que por la noche se regeneraba.

Prometeo era mortal y en otras formas del mito se supone que fue él quien moldeó a su semejanza a los hombres y es por esta razón que es considerado un benefactor de la humanidad y su generosidad se tradujo en el hecho de ofrecerse a Zeus como recambio de la inmortalidad de Quirón herido en su parte animal por una flecha de Heraclés y sometido a grandes tormentos -inmortales- por ser su herida incurable.

De manera que hay que destacar la generosa conducta de Prometeo y compararla con la de un dios como Zeus, celoso, cruel, libidinoso y arbitrario en sus castigos cuando los hombres o los superhombres no obedecen sus designios.

Esta idea de dioses vengativos, celosos o viciosos no es privativa de la mitología griega y podemos rastrearla en el Yahvé bíblico. Recordar la manía de Yahvé por los sacrificios, la sangre y el tratamiento de los despojos de la carne de los animales. En el libro de Freixedó se explora esta debilidad de los dioses por la sangre, por determinadas vísceras (como el hígado o los riñones) y determinados procedimientos para llevar a cabo los sacrificios, usualmente por degollamiento a fin de aprovechar la sangre de la manera más útil para ellos. El resto de los despojos podía quemarse una vez apartados de las -digamos- zonas nobles.

Yahvé es el Dios de los judíos y de los cristianos y como en todas las religiones nos impuso una serie de restricciones sobre la comida, la bebida, los sacrificios y la vestimenta, el decoro y la conducta sexual. Los ayunos, abstinencias, la prohibición de comer carne, del alcohol, o los mariscos. La prohibición selectiva de comer carne de cerdo o de vaca está representada en todas las religiones y la prohibición de matar animales incluyendo a los insectos se encuentra aun activa en otras.

Del mismo modo todas las religiones imponen el culto colectivo en determinados templos erigidos a ciertos dioses, los sacrificios (holocausto) se suelen realizar en sus puertas y requieren la participación activa de todo el grupo de creyentes que están obligados no solo a acudir a esos lugares sagrados de forma obligatoria sino a participar en su liturgia con una frecuencia dispar según religiones. Nosotros los cristianos estamos obligados a oír misa una vez por semana, los Domingos, que fueron creados por Dios para descansar (aunque los judíos celebran el sábado). Todo parece indicar que a los dioses les gusta vernos reunidos, postrados ante ellos. es como si la cohesión y sincronización de los cerebros de los creyentes amplificara algo que para ellos es vital. La mente colmena es el sueño de todos los dioses conocidos y lo que más les gusta a los dioses son ciertas emociones excitadoras como el dolor, el miedo, la expectativa y la incertidumbre. Aunque lo cierto es que nosotros los cristianos hemos sustituido la sangre por el vino, vale la pena recordar que el vino es el sustituto simbólico de la sangre y lo es tanto por su valor calórico y energético, también por el color.

De modo que la creencia de que nuestros dioses son protectores es una verdad a medias. Lo son en un sentido podríamos decir infantil pero al mismo tiempo practican una especie de sadismo contra nosotros que se manifiesta en ordenes arbitrarias, castigos irrecurribles y cierta tiranía en su gobierno espiritual. Uno no acaba de entender que tiene que ver el amor con la sangre y los sacrificios. Es como si los dioses fueran adictos a algo que tenemos nosotros tanto los hombres como los animales. También los vegetales aunque en menor grado. Es por eso que los incendios también son del gusto de los dioses.

En conclusión Prometeo señala en la dirección de que no todos los dioses son benefactores de la humanidad y aunque estos existan los más frecuente es que los dioses inventaran las religiones imponiendo según cada cultura, su propio sistema exóterico, es decir las reglas por las que querían ser obedecidos y que van desde los sacrificios humanos de los aztecas hasta las prohibiciones alimentarias.

En este sentido hay muchos dioses (con d minúscula) pero un solo Dios con mayúscula del que apenas sabemos nada muy probablemente porque escapa a la comprensión de nuestro cerebro.

Las escaleras cósmicas.-

Del mismo modo que un teniente de la Guardia Civil puede llegar a ser general del mismo cuerpo es imposible que ese teniente sea almirante de la Armada. Este es el ejemplo que pone Freixedo para ilustrar la existencia de diversos planos, de un multiverso donde existen escalafones múltiples. En el nuestro están los vegetales, los animales, los hombres y los superhombres. Los dioses pertenecen a otro escalafón y son tan diferentes entre si como lo somos entre nosotros los individuos humanos. De manera que hay múltiples dioses, unos benefactores y otros malvados, si bien ellos nos contemplan del mismo modo que nosotros vemos a las gallinas: sirven para alimentarnos, ellos los dioses no nos quieren para comernos (excepción hecha del tema de la sangre) sino para imponernos su mandato. Lo que pretenden es dominarnos, sin más. Los malos dioses viven de nuestro dolor.

Entre una escalera y otra hay una separación que para nosotros es invisible e impracticable, no podemos convertirnos en dioses pero ellos si son capaces de trasplantarse a nuestra dimensión y por eso a veces se nos manifiestan, con apariciones, contactos, inspiraciones, conversiones y otros fenómenos emparentados con la maldad, la locura o la beatitud.

Según Freixedo estas manifestaciones han estado presentes en toda la historia de la humanidad y han ido tomando formas distintas según las creencias de cada tiempo y cultura. En la antigüedad estas apariciones estaban presididas por formas religiosas: un Dios se aparece a un pueblo a través de un profeta y le ordena usualmente una caminata hacia un lugar concreto: eso sucedió con los aztecas (desde Arizona hasta Mexico) y con el pueblo hebreo (De Egipto a Palestina), bajo la promesa de ser el pueblo elegido, caminatas largas y penosas a veces llevadas a cabo con cierta maldad que incluía dar vueltas y vueltas sobre un mismo desierto. Las apariciones marianas son la versión católica de estas manifestaciones y aunque hay muchas de ellas que han resultado fraudes otras están perfectamente documentadas como las apariciones de Fátima.

Ahora ya no se aparecen vírgenes (hadas) sino Ovnis.

El fenómeno ovni existe más allá de toda duda, no solo existen los testimonios individuales, sino apariciones colectivas, visualizaciones masivas, contactos personales, desapariciones de personas, matanzas de animales (para desangrarles), detecciones por radar, persecuciones aéreas e incluso conversaciones. Lo importante es comprender que según Freixedo, estas apariciones de objetos voladores no identificados representan el mismo fenómeno de los dioses primitivos que se aparecían trasvestidos de animales, de hadas, dragones, tormentas o  elfos.

La mayor parte de la gente interesada en el fenómeno Ovni cree que se trata de extraterrestres que pretenden contactar con nuestro mundo y que tienen intenciones pacíficas. Esta opinión es una novedad que no se dio durante la guerra fría: entonces las intenciones que atribuíamos a los extraterrestres eran siempre bélicas, hace falta ver películas de ciencia ficción de aquella época (años 50-60) para contemplar como han cambiado nuestras opiniones sobre esta colonización extraterrestre. parece que el buenismo de nuestras sociedades ha alcanzado a los extraterrestres.

Pero en realidad -según Freixedo- no son extraterrestres sino dioses que comparten con nosotros el mismo lugar. Están aquí, entre nosotros, solo que al habitar un distinto plano de realidad electromagnética, no podemos verlos. Pero ellos si pueden hacerse de notar cuando quieren y bajo cualquier apariencia como Proteus, aquel monstruo que aparece en la Odisea y que unía su capacidad de adivinar el futuro con una enorme capacidad para mostrarse de cualquier forma.

Los mitos hay que tomarlos muy en serio y de los dioses embaucadores hay que mantenerse alejados.

Un soneto de Borges sobre Proteus:

 

Antes que los remeros de Odiseo
fatigaran el mar color de vino
las inasibles formas adivino
de aquel dios cuyo nombre fue Proteo.

Pastor de los rebaños de los mares
y poseedor del don de profecía,
prefería ocultar lo que sabía
y entretejer oráculos dispares.

Urgido por las gentes asumía
la forma de un león o de una hoguera
o de árbol que da sombra a la ribera

o de agua que en el agua se perdía.
De Proteo el egipcio no te asombres,
tú, que eres uno y eres muchos hombres

El desmembramiento de Yugoeslavia

 

Schimidt

Hadi Kurich Vukovik es un serbio  de los que acabó huyendo del cerco de Sarajevo en plena guerra de los Balcanes y acabó refugiado (un refugiado de verdad) en Villarreal (Castellón). Allí fue acogido junto a su mujer por un medico amigo mío que les cedió su casa de campo (en realidad de verano) y estuvo manteniéndoles durante seis meses.

Vukovik es un intelectual de talla, un hombre de teatro que se ha dedicado a montar espectáculos sobre la atroz guerras de los Balcanes y que recientemente conocí a través de una conferencia que dió en el Colegio de Medicos de Castellón precisamente con el titulo que preside este post.

Vukovik (en adelante Hadi) se definió como yugoeslavo, una minoría en su país, con apenas un 5,3% de personas que se sienten así, el resto se autodefinen aun como minorías étnicas: serbios, eslovenos, bosnios, kosovares, macedonios o croatas. Dicho de otra manera la mayoría de los ex-yugoeslavos ya no se consideran así sino que su identidad nacional se ha forjado después de la guerra y de la «limpieza étnica» que se llevó a cabo. Pareciera como si sin esa guerra no hubieran conseguido encontrarse a sí mismos. Pero las heridas no se han cerrado aun y tardaran mucho en poderse reconstruir. Demasiados muertos y sobre todo demasiado odio, hay que recordar que la mayor parte de los muertos en Sarajevo murieron de frío durante aquel invierno del sitio de la ciudad. De ahí logró huir Hadi en una peripecia que precisaría una novela para contarla.

Las causas de la guerra.-

yugoeslavia

Yugoeslavia es un país (aquellos que quieran profundizar sobre su historia pueden visitar esta web) en cierto modo artificial, que se generó sobre los restos del imperio otomano y del imperio austro-húngaro y que incluso tuvo un monarca después de la primera guerra mundial y que trató de aglutinar aquellas naciones que surgieron como resultado de la caída de los imperios. Luego fue invadida por los alemanes y cuando los aliados ganaron la guerra, un guerrillero comunista llamado Tito se hizo cargo de lo que quedaba de ella.

Tito era un dictador que consiguió -no obstante- llevar cierto bienestar a la sociedad yugoeslava y tiene en su haber el conseguir mantener a su país lejos del comunismo soviético y de la OTAN occidental. Fue el inventor del término «países no alineados» y también del «socialismo autogestionario»; como sucedía en España con Franco su gobierno fue autoritario y en cierta forma tiránico. Los dictadores no pueden soportar a nadie que les diga qué tienen que hacer y se sostienen con el terror y la persecución política, sin que ello sea obstáculo para reconocerles sus méritos en otras áreas como la económica o como en este caso el unitarismo.

Lo cierto es que la muerte de Tito en 1980 fue el comienzo del fin de la república balcánica. Algo que sucede con frecuencia pues los pueblos no son capaces de enfrentar el consiguiente duelo de sus líderes autócratas, cada uno por una razón y Yugoeslavia comenzó -después de la muerte del mariscal- su propio ciclo de destrucción.

Para comprender mejor el problema yugoeslavo hay que conocer algunas cuestiones centrales:

  1. Yugoeslavia nunca fue una nación, su nacimiento es de principios del siglo XX.
  2. Yugoeslavia fue una federación de múltiples pueblos eslavos, n subproducto de la fragmentación de los Imperios.
  3. Su constitución es un galimatías que permite los nacionalismos periféricos al tiempo que les impone una confederación.
  4. Sus políticos han sido nefastos para evitar la confrontación.
  5. Sus pueblos están divididos por procedencias étnicas, religión, idiomas e incluso alfabetos distintos.
  6. Sin embargo el problema fundamental de Yugoeslavia fue Serbia y la creencia de sus lideres en que podría dominar todos los Balcanes con aquello de «la gran Serbia».
  7. El problema es que las etnias no estaban cada una de ellas en su territorio, sino que había serbios en Croacia, croatas en Serbia y serbios en Bosnia. Al parecer la nacionalidad serbia andaba huérfana de nación y de «espacio vital».
  8. No deja de ser curioso que en Eslovenia (Tito era esloveno) donde no había minoría serbia la guerra se liquidó con solo 20 muertos y fue la primera república en ser independiente a la que siguió Bosnia. Y este fue el desencadenante de la guerra, una guerra que podríamos definir como de «todos contra todos» y también Serbia contra todos.

Hadi aprovechó su conferencia para hacer una comparación con España y si bien es cierto que España tiene 700 años como nación y que no tenemos distintas procedencias étnicas, ni diferencias religiosas reseñables, admitió que el nacionalismo es un constructo cultural, lo que equivale a decir que el nacionalismo es una creencia impostada que se puede crear y hacer crecer por medio de la propaganda.

David Schmitt es un neurocientífico bien conocido por aquellos que hacen investigación en psicología de la conducta sexual. Yo le sigo en twitter y ayer mismo cayó en mis manos un articulo que recomienda él mismo, sobre el fin de la pax americana.

Dejaré aquí sus ideas sobre el nacionalismo que en parte presiden este post con una captura de pantalla:

«El nacionalismo es mucho más fuerte que el comunismo, que la democracia y que las creencias religiosas, mucho más fuerte que la fraternidad universal y que la paz. es la idea más fuerte de las que existen en el mundo».

«Es además una creencia adictiva con un irresistible sabor de amargura y sustentado en un sedimento de viejos agravios que destila una potencia peligrosa y que induce alucinaciones y delirios de purificación y de venganza (la bebida de los perdedores) en todas las formas de nacionalismo».

En resumen es poso probable que Hadi vuelva a Sarajevo, cuando va y se encuentra con familiares y amigos reconoce que la guerra ha terminado formalmente pero los odios han venido para quedarse, del mismo modo que la fragmentación de su país.

 

El temple y el grial

temple

«Temple» es una palabra con varias acepciones, una de ellas, la más común apela a cierta propiedad de los metales y -metafóricamente- también a ciertas particularidades de la forja de un carácter. Pero aquí voy a hablar de otro temple, me refiero a una orden clerical-militar que tuvo mucha importancia en nuestra España medieval y cuya historia me parece interesante para todos aquellos que nos interesamos en el inicio y la decadencia de una idea.

Las ideas surgen casi siempre puras, todas las ideas son buenas -decía mi abuelo- pero con el tiempo sufren un proceso de degradación y de colapso que las llevan incluso a desaparecer. A veces mueren de éxito, ese parece ser el destino de «los caballeros templarios» una existencia que se prolongó durante tres siglos, hasta que fueron perseguidos y aniquilados por un papa, llamado Clemente V. Y que dieron lugar en nuestro país a un linaje de templarios que comenzaría con Jaime I.

Paisajes de la alta edad media.-

En torno al siglo XI había en Europa una gran igualdad: todos sus habitantes eran pobres, exceptuando al clero (que no podía tener descendencia y por tanto todos los bienes que un clérigo pudiera alcanzar en vida no podían legarse) y los nobles que eran los únicos que podían testar en favor sus hijos. Los vasallos que eran todos los demás no podían dejar a sus hijos ningún bien en herencia. Los esclavos habían dejado de existir en el momento en que los señores feudales cayeron en la cuenta de que adquirir y mantener esclavos les resultaba muy caro. La razón era que aunque trabajaran gratis, había que alimentarlos, guarecerlos y eventualmente enseñarles algún oficio. Era mejor y mas eficaz la servidumbre, al fin y al cabo del trabajo de estos siervos podía el señor cobrar impuestos y diezmos.

Es interesante saber que estos señores feudales vivían en castillos fortificados mientras que sus vasallos ocupaban las tierras mas bajas y fecunda o bien en pequeños poblados. El trato era que en tiempos de guerra el señor debía de protegerlos de sus enemigos. A cada vasallo se le daba un trozo de tierras para que lo administrara y una choza donde vivir. A cambio el señor cobraba una parte de la cosecha, al tiempo que extraía de este estrato social sus soldados en forma de levas o sus propios criados y criadas.

El problema era que estos señores feudales estaban casi perpetuamente en guerra con sus vecinos y si a esto unimos, las pestes y las malas cosechas extraeremos una buena consecuencia: que durante esa época no se rebasara nunca el dilema malthusiano. Se trata del conocido -desde Malthus- la disonancia que existe entre la población y los recursos. Dicho de otra forma: la guerras, el hambre y las pestes eran un regulador poblacional. Cuando las cosas iban demasiado bien o se dejaba de guerrear volvían las penurias impuestas por la maldición malthusiana.

Ora et labora.-

Una buena opción de medrar socialmente o quizá una de las pocas opciones que se abrían a los hijos de los vasallos e incluso a ciertos nobles venidos a menos era ingresar a sus vástagos en ciertas abadías o conventos desde niños. Entre ellos destacó la orden Cisterciense regida por la regla de San Benito y probablemente la más rica de la antigüedad, hay que recordar que las abadías también podían cobrar diezmos en connivencia con el señor feudal.

Allí entre aquellos muros donde se vivía bastante bien en comparación con la vida de un vasallo corriente se gestó la idea de Bernardo de Claraval: la idea de gestar un ejército «profesional». Hay que recordar que en aquel entonces las milicias se nutrían de mesnadas ( es decir de soldados sin ninguna preparación militar) y de mercenarios cuyo objetivo era la rapiña en sí misma.

Fue Bernardo de Claraval el que escribió las reglas de los caballeros templarios, concebidos como una especie de monjes (con votos de pobreza, castidad y obediencia) y al mismo tiempo soldados. Llama la atención que un monje pudiera a su vez ser soldado saltando por encima del mandamiento divino del «No matarás», pero los teólogos de la época resolvieron esa contradicción privilegiando la defensa de la fe por encima de cualquier otra consideración. Un poco lo mismo que hoy vemos con los yihadistas.

Hay que comprender que en el siglo XI y siguientes la gente estaba aterrorizada con la idea de morir en pecado y pasarse toda la eternidad ardiendo en el infierno. No se trataba de un temor metafórico, la Iglesia trabajaba mucho este temor que se convertía para aquellos campesinos rudimentarios en algo literal. Si a esta idea unimos la escasa probabilidad de pasar de los 40 años y la amenaza real de pestes (atribuidas siempre a los pecados colectivos) y las guerras y hambrunas, el resultado es que la vida no tenía entonces el mismo valor que tiene para el ciudadano de hoy.

Sin embargo, no fue Bernardo de Claraval el que inventó a los caballeros templarios sino que fue más bien algo que surgió de los caballeros europeos que acudieron a la llamada del papa para llevar a cabo la primera cruzada. Fue allí en Jerusalén cuando Hugo de Payns y otros caballeros fueron adoptados por un rey llamado Balduino como los verdaderos defensores de tierra santa a los que entregó la custodia del templo de Jerusalén.

Es importante señalar que el templo de Jerusalén estaba en ruinas y ya había sido triturado por anteriores sitios bélicos. De modo que si algún día albergó un tesoro es poco probable que Hugo de Payns y sus 8 caballeros volvieran a Europa con algo más que restos de pergaminos o alguna reliquia sin valor. Pasaron allí 9 años y luego volvieron a su casa habiéndose ganado una buena promoción a base de propaganda y leyendas propagadas por la idea de ser los guardianes de los caminos a tierra santa.

Poco más que leyendas puesto que el camino que conducía a tierra santa estaba lleno de peligros y todas las cruzadas (nueve en total) acabaron en un fracaso real y un éxito propagandístico para los templarios que como iconos del papa acaparaban cada vez más y más riquezas y notoriedad. Y en el pecado está la penitencia.

Porque los templarios acabaron estando más pendientes de acaparar territorios, honores y riquezas en Europa (comenzando por Portugal) que por defender a los peregrinos que viajaban a tierra santa, hasta el punto de que esta tarea con frecuencia la llevaban a cabo «empresas subsidiarias» como la secta de los asesinos que era paradójicamente sarracena.

El fracaso de las sucesivas cruzadas y quizá también la envidia que los templarios despertaron en reyes europeos, más concretamente en el rey de Francia, Felipe IV fueron el principio de su fin. Probablemente también ciertos cultos heterodoxos como el que profesaban a Maria Magdalena, una especie de prostituta para la Iglesia oficial. En mi opinión gran parte de su poder procedía del hecho de que se suponía que los caballeros templarios guardaban reliquias extraordinarias como el Santo grial, la copa de la que bebió Jesucristo en su ultima cena. De manera que esta publicidad, pues en aquella época poseer tamaña reliquia imponía un santo respeto y un enorme poder a quien la poseyera. Es por eso que la leyenda sobre el santo grial continua, pues todo aquello que no puede saberse con seguridad histórica llega a constituirse como leyenda o como diríamos hoy como un fake.

No deja de ser curioso que antes de Internet las noticias ya pudieran viralizarse durante siglos, al menos ha de admitirse que se trata de un meme muy penetrante y que ha levantado montones de teorías, libros y ficciones cinematográficas y novelescas. También me resulta curioso que ejércitos de la Europa medieval asolada por la miseria, el hambre y el frío acometieran la enorme tarea de cruzar toda Europa para atacar Jerusalén, un lugar sagrado que ha sido devastado más veces que Roma. Y luego nos parece raro que Bush invadiera Irak, al menos allí había petróleo pero en Palestina no había mas que arena. Nada que ganar. Quizá por eso los templarios cambiaron su estrategia y utilizaron la propaganda para hacerse tan grandes (y tan amenazantes) como cualquier reino.

De manera que es poco probable que el grial que hay en Valencia sea verdadero.

Juan Pablo II en el 2000 pidió perdón por todos los pecados que se cometieron durante las cruzadas.