Locos que no lo parecen

Tal y como vimos en el post anterior, la mejor manera de estudiar criminología y más aun psicología es leer buena literatura, pues la literatura se mueve con mayor libertad que la ciencia a la hora de establecer relaciones entre la mente y sus condicionamientos y el resultado final que no es otro sino la conducta o las ideas operando en la realidad.

Pero para entender mejor la psicología de Raskolnikov es necesario situarnos en la época en que se publicó «Crimen y Castigo» (1866). En aquella época la psiquiatría francesa dominaba el cotarro científico en el mundo pero entonces no había psiquiatras sino alienistas. Esta distinción es crucial para entender que aun no existía el termino «enfermedad mental» y los que se hacían cargo de este tipo de alienados no eran médicos sino filósofos. Hay que recordar ahora que Janet tuvo que estudiar medicina a la fuerza después de haber sido contratado por Charcot para trabajar con él en la Salpetrière. El padre de la liberación de los locos -al quitarle las cadenas- fue Philipe Pinel a partir de sus ideas políticas y sociales herederas de la Ilustración.

Esquirol , su más preciado discípulo, fue el continuador de su obra, si bien aportó a la historia de la psiquiatría algunas novedades. Como Pinel, creía que la alienación procedía de causas pasionales y no tanto de averías del cerebro. Tiene dos contribuciones a la psiquiatría actual: la diferenciación entre ilusiones y alucinaciones y además fue el autor de la primera nosografía psiquiátrica (Rafael Huertas en su articulo explica bien tanto su pensamiento acabalgado entre el mundo clásico y el moderno, junto con la clasificación de las patologías mentales según su nosografía). Pero sin duda el aspecto más controvertido de su clasificación son las manías sin delirio que conocemos con el nombre de monomanías, es decir estados patológicos en los que el paciente no sufre ningún problema de inteligencia o cognitivo, se trata de esos locos que no lo parecen.

Esta idea ya había sido planteada por Pinel y cuenta con un amplia tradición es psiquiatría: las locuras razonantes de Serieux y Capgras, los delirios parciales y más recientemente la idea de psicosis ordinarias de la escuela lacaniana. Es decir, la idea de que se puede estar loco pero no en todos los ámbitos de la vida, solo en ciertos aspectos. Estar loco pero solo en una cosa.

Las monomanías.-

Todo el mundo de estos pacientes gira alrededor de una idea o de ideas relacionadas, solo parece estar loco en una cosa manteniendo la lucidez en todo lo demás. La monomanía es una idea-fija, algo que aparece en la conciencia de forma de ocurrencia y que poco a poco va tomando el mando de toda la personalidad, algo así como una obsesión pero de una obsesión que podriamos llamarle instintiva, no se trata solo de una idea sino de algo que llevar a cabo. Esquirol distinguía este menú de monomanías:

1.- La piromanía o la manía de prender fuego, con o sin intereses economicos de por medio

2.- La cleptomanía, el robo simbólico de algo que se hurta por ese valor con independencia del valor económico de lo robado.

3.- La lipemanía, que hoy llamamos depresión, la tendencia al ánimo triste y las ideas pesimistas.

4.- La manía homicida.

5.- La demonomanía (sic)

6.- La dipsomanía, la tendencia periódica a la embriaguez.

7.- La erotomanía, cuya versión delirante es la erotomanía de Clérambault.

8.- Ludopatía, pasión por el juego de azar.

De todas ellas tan solo quedan la piromanía y la cleptomanía en nuestras clasificaciones actuales y quizá también la ludopatía que es considerada una adicción. El resto ha sido barrido de lo que hoy entendemos como «trastornos del control de impulsos» y ya no consideramos el homicidio o la depresión como monomanías o manías sin delirio. Por otra parte la demonomanía ni siquiera ha llegado a nuestros días con otro nombre, algo así sucedió con la ninfomanía o la satiriasis que hoy se consideran adicciones sexuales (comportamentales). La dipsomanía ha pasado a interpretarse como un «trastorno por adicción al alcohol» y ya no aparece en el DSM.

De todas ellas la manía homicida ha sido la más controvertida y más precozmente. Se han hecho muchas criticas a esta clasificación sobre todo por parte de los jueces de aquella época que se negaron a considerar locos a los asesinos (todo ello está bien expuesto en la monografía de Rafael Huertas) y aun hoy en las tertulias aparecen expertos llamando la atención sobre el hecho -innegable- de que los locos no suelen ser más peligrosos que las personas comunes. Esta cuestión quedaría invertida si consideráramos algunos homicidios como monomanías o admitiéramos que con frecuencia el delirio previene el paso al acto.

Algo se perdió pues en el curso histórico de las ideas psiquiátricas en torno al crimen o a esos impulsos que los pacientes no pueden sino acatar. Hoy no se considera que exista la dipsomanía aunque yo he visto casos clinicos que concuerdan con esta definición. Y en mi opinión ciertos crímenes responden mejor a las ideas de Esquirol (la idea de manía sin delirio) que a motivaciones comprensibles, pongo el caso de algunos crímenes seriales.

En «Crimen y castigo» hay dos personajes muy importantes para comprender la pasión que aqueja a Raskolnikov, uno es Porfirio el juez y otro Azimov el médico. Todos incluyendo a sus amigos están persuadidos de que Raskolnikov está loco y el primero en creerlo es Azimov quien habla de ideas fijas y de monomanías (sin nombrarlas) aunque habla de delirios. Y Raskolnikov se esfuerza para presentarse ante todos ellos como una persona lúcida. Raskolnikov disimula algo que por cierto hacen muchos locos para evitar su ingreso o tratamientos forzados.

El caso es que Azimov aunque no es un médico con experiencia es un representante de esa psiquiatría llamada realista que al igual que la novela de Dovstoyeski precedió a la psicología naturalista y a la novela social. Azimov es un esquiroliano sin saberlo y en la misma dirección opera Porfirio que parece encajar en las ideas esquirolianas en el sentido de que cree que cuando se comete un crimen el criminal está loco, algo que encaja con la idea de que los delirios tienen un efecto protector frente a los actings (el paso al acto). En este sentido cobra importancia la idea de que las manías sin delirio son mucho más peligrosas que las que contienen delirios.

El castigo.-

Ya Freud en 1915 publicó una monografía sobre la cuestión de la culpa en relación con la delincuencia y aunque no todos los criminales parecen responder a esta causa, lo cierto es que en el caso de Raskolnikov es evidente que su salud mental empeora después del crimen. Es entonces cuando comienza a cometer actos irreflexivos y a mostrarse como si estuviera loco, apareciendo muerto de frío al amanecer al lado de un matorral después de vagar toda la noche sin destino fijo. Hoy diríamos que bajo una patología disociativa y Azimov habla de un delirio.

Porfirio que sospecha de Raskolnikov, pone a su disposición la solución: que confiese para aliviar su conciencia y a cambio será benevolente con la condena. Al final es condenado a trabajos forzados en Siberia, del mismo modo que lo fue el autor, Dostoyevski por una condena -en este caso. política. Fuere como fuere parece que el tiempo que pasaron ambos en esa condena tuvo resultados expiatorios para ambos, algo así como un cambio de personalidad, una enantiodromia pues la culpabilidad es siempre anterior a la falta y tiene un marcado carácter teológico siendo la responsabilidad su equivalente cívico. Raskolnikov necesitaba ese castigo para resolver su culpabilidad y muchos criminales lo han comentado en sus entrevistas con psiquiatras. A veces el castigo solamente no es suficiente: no se trata solo de castigar o rehabilitar sino de expiar, y hay crímenes que carecen de expiación o de redención, incluso con la propia vida.

Raskolnikov resuelve su culpabilidad tanto por el castigo pero tambié por el amor de Sonia que le sigue a Siberia y le acepta a pesar de que él ya le confesó su crimen. Lo mismo sucedió con Dostoyevski que abandonó su militancia política -nihilista- después de su cautividad y se convirtió decididamente en escritor: el escritor psicológico más importante de la literatura.

Bibliografía.-

Rafael Huertas: «Entre la doctrina y la clinica: la nosografía de J:E:D Esquirol (1772-1840)

Sara Lopez Van Dam Merino: «Analisis criminologico del personaje de Raskolnikov en la novela Crimen y Castigo»

S. Freud: «El criminal por sentido de culpa»

Dostoyevski y la psicología

Hay dos formas de considerarse un insecto, una de forma consciente como Gregorio Samsa en la Metamorfosis y otra de forma inconsciente como Raskolnikov en «Crimen y castigo». Son las dos formas más conocidas de autodesprecio. @pacotraver

Recientemente con el crimen de Lardero se ha vuelto a poner de manifiesto la idea repetida hasta la saciedad por mis compañeros psiquiatras de que ese tipo de criminales como Francisco Javier Almeida no son enfermos mentales. Esta idea a la que yo me he adherido durante mucho tiempo, acostumbrado como estaba a ver enfermos mentales, creo que necesita una revisión.

Es verdad que existen crímenes cometidos por enfermos mentales graves como el de la doctora Noelia de Mingo reincidente en su pulsión homicida después de haber sido condenada por un crimen anterior en su Hospital. Pero la verdad es que este tipo de crímenes son poco frecuentes, me refiero a los crímenes que cometen enfermos mentales verdaderos usualmente aquejados de formas malignas de esquizofrenia, donde los motivos para el crimen están relacionados con delirios paranoides u ordenes que el paciente acata automáticamente sin ningún tipo de juicio por su parte.

Pero en realidad los crímenes tienen casi siempre tres móviles 1) la venganza, 2) el sexo y 3) el dinero. También existe el arrebato criminal, es decir aquel que sucede sin ningún tipo de planificación y que responde a un estado mental que pudieramos calificar de enajenación puntual después de una discusión banal de tráfico o de bar, casi siempre en relación con drogas o alcohol.

Pero existen otro tipo de crímenes como el de Lardero que nos ponen los pelos de punta precisamente por dirigirse hacia un niño en una persona con antecedentes muy violentos y que ya había demostrado su interés por los niños y cumplido condena por un crimen anterior con motivación sexual y mucho sadismo de por medio. Dicho de otro modo, se trataba de un psicópata y también de un pederasta y vale la pena recordar que la pederastia es una patología no solo admitida por las clasificaciones internacionales sino por el sentido común: pero hay algo averiado o roto en esas personas que llamamos psicópatas y que no nos atrevemos a clasificar como patología mental quizá porque los rasgos psicopáticos son muy frecuentes en la población general tomados de uno en uno y de alguna forma «ser un psicópata» no fractura de un modo tan impetuoso el sentido de realidad como una psicosis. Un psicópata es una persona indistinguible de cualquier persona, incluso a veces es una persona con cierto atractivo o agradabilidad. Su locura no es cognitiva como en las enfermedades mentales comunes sino moral, y lo moral de momento no está clasificado en ningún manual de psiquiatría, tampoco los DSMs parecen estar interesados en ello.

De manera que lo mejor para saber algo sobre criminales es leer a Dostoyeski, más concretamente «Crimen y castigo».

La Rusia de Dostoyevski.-

Dostoyevski nació en Moscú en el primer cuarto de siglo XIX, me interesa sobre todo dar cuenta de la situación de ese país bajo el dominio de los zares y de las causas de su atraso, también me interesará describir su sociedad dividida en castas inmutables y en un anhelo que parece brotar de todos y cada uno de los personajes de Dostoyevski, me refiero al anhelo de adquirir un mayor estatus del que se tiene, algo que el maestro describe con minuciosas descripciones de la vida corriente en cada un de sus personajes.

El 80% de la población rusa eran, en aquel momento «siervos». Un siervo no era un esclavo como los de USA, tenia ciertos derechos, por ejemplo tenia admitida su condición de humano, por tanto el dueño no podía matarlos, aunque podía maltratarlos y venderlos. Los siervos no podían abandonar la heredad que les correspondía ni viajar libremente y si esta heredad era vendida ellos formaban parte de esa venta aunque podían ser vendidos aisladamente de la tierra.

Vale la pena señalar que las condiciones de vida de estos siervos era -sin embargo- muy parecida a la de los esclavos de las plantaciones de algodón de USA y que el maltrato y el látigo solían ser la forma de castigo usual para cuando las expectativas de los amos no fueren cumplidas. Lo importante es señalar que el padre de Dostoyeski -que era medico en un Hospital de pobres- tenia siervos a su servicio en alguna de esas fincas enormes dedicadas a abastecer de cereales las grandes ciudades rusas. El padre de nuestro autor fue asesinado precisamente como venganza de sus siervos. Es interesante señalar ahora que en Crimen y castigo, Raskolnikov también tiene un padre que es asesinado; hay pues ciertas concomitancias autobiográficas entre Dostoyevski y Raskolnikov. Podríamos decir que Dostoyeski y Raskolnikov son la misma persona aquejada por un trauma que para Freud, fue determinante en su vida ulterior. En su ensayo «Dostoyeski y el parricidio» plantea Freud su hipótesis de que la culpabilidad de ambos personajes -uno real y otro imaginario- procede de este hecho. Culpabilidad que deriva del hecho -según Freud- del deseo parricida que ambos desarrollaron a lo largo de su vida. Cosa que, por otra parte es probablemente cierta a poco que sepamos del carácter de estos padres de aquella época, excesivamente severos en su trato con sus 7 hijos, en suma lo que hoy entendemos como maltratadores y que a la postre le costó la vida.

Paradójicamente la servidumbre operó como un freno para la revolución industrial, mientras las clases trabajadoras progresaban en toda Europa gracias a la aparición de las clases medias y la «mentalidad de tendero», los pequeños negocios que hoy llamamos Pymes, en Rusia el atraso de una sociedad agrícola, con estructuras políticas y leyes anticuadas y una población analfabeta, atrasada y famélica no logró escapar de su destino ni siquiera con la medida del zar Alejandro de liberar a los siervos.

Liberar a los siervos no resolvió el problema sino que lo agravó. Lo que sucedió fue que muchos de ellos emigraron a las grandes ciudades, Moscú y San Petersburgo, pero allí no solo no había trabajo sino que las condiciones de vivienda eran degradantes, el hacinamiento era la regla: una familia con 5 o 6 hijos vivían amontonados en una habitación donde escaseaban no solo los alimentos sino la calefacción. San Petersburgo alcanzo en 1844 una temperatura de -35 º C. Podemos adivinar las condiciones en la que aquellos ex-siervos -ahora liberados- vivían sus vidas agravadas por el vodka y todos los vicios. Lo usual era que las muchachas jóvenes se prostituyeran para mantener a sus familias donde siempre había un padre borracho, algo que también describe con toda clase de detalles nuestro autor.

Raskolnikov es un estudiante de derecho que queda sin recursos y no puede seguir estudiando, se dedica a vagar, visitar tabernas, escuchar conversaciones y tratar con todo tipo de parias que la vida le pone a mano. Lo interesante de su psicología es que Raskolnikov presenta cierta anomalía mental que es difícil de atrapar y sobre todo una personalidad complicada. Por ejemplo, piensa que existe y debe existir una doble moral, una para los hombres corrientes y otra para los hombres extraordinarios, aquí se encuentra en embrión la teoría del Superhombre de Nietzsche del que Dostoyevski es un adelantado. Naturalmente Raskolnikov siente que pertenece a este tipo de hombres, algo que es recurrente en la obra de Dostoyeski: sus personajes tienen pretensiones (como él las tuvo literarias). Pretenden cosas que existen pero que no están a su alcance, merced a esa sociedad cerrada que no permite ascensores sociales en su seno: la única manera de progresar en esa Rusia es el matrimonio, no es de extrañar pues que cierta frustración social acompañe a todos y cada uno de los personajes del autor. Frustración que además les acompaña en sus aventuras sentimentales. Ser rechazado por la dama a la que se aspira es otro de los temas de Dostoievski, parece que en Rusia en esa época nadie obtiene lo que desea.

Pero la frustración de Raskolnikov es el dinero pues está siendo mantenido por su madre y su hermana aunque dispone de algunas joyas que empeñar e ir tirando. Eso hace cuando conoce a la vieja prestamista, una usurera.

La figura del usurero es una figura antipática para todos nosotros, lectores de novelas. Cobrar intereses por prestamos que se conceden a veces en condiciones dramáticas es algo que nos desagrada, que nos conmueve. Es por eso que el crimen de Raskolnikov cuenta con las simpatías del lector, a fin y al cabo la vieja prestamista era un personaje despreciable, se lo merecía. Quien no se lo merecía era la joven sobrina que por accidente coincide en la escena del crimen y se lleva también un hachazo por parte de Raskolnikov y aquí comienzan las dudas del lector: «No quise matarla» le confiesa Raskolnikov a Porfirio el juez que investiga el crimen.

Lo cierto es que el robo parece el movil del crimen pero Raskolnikov pierde parte de su botín en su huida y además entierra la otra parte sin que en toda la novela tenga la necesidad de rescatarlo. El botín le quema en las manos. Podriamos decir que le enferma pensar en él.

Lo cierto es que su crimen no parece un crimen psicopático a juzgar por los sentimientos de culpabilidad que le siguen (un psicópata no siente culpa). Más que eso, después del crimen Raskolnikov parece entrar en un estado disociativo, que Dostoievski llama «delirio» por su parecido a un delirio febril. Raskolnikov enferma después del crimen y sobre todo siente una pulsión que podríamos llamar «pulsión a confesarlo todo», pues esta es quizá la mejor forma de quitarse de encima la culpabilidad que siempre es individual. El castigo es la mejor forma de purgar una culpa.

Vale la pena que el lector lea el próximo post dónde abordaré los diálogos entre Raskolnikov y su médico Azimov. Observaremos allí como existió una psicología realista antes de que existiera una psicología naturalista calcada del modelo biomédico.

Hoy es precisamente ese modelo biomédico el que no nos permite calificar de forma psiquiátrica al asesino de Lardero. No cabe en las clasificaciones, se cae por las grietas y es posible que encontremos en TVE durante un tiempo a psiquiatras diciendo que estos criminales no están enfermos pero si perturbados o enajenados. Esta contradicción hay que perseguirla históricamente a través de la novela que es mucho más fiable y descriptiva que las historias clínicas de entonces y las de ahora.

Bibliografía.-

S. Freud (1927) Dostoyevski y el parricidio

La ira de las muchachas

Mi abuelo era herrero de profesión y pasó su juventud en la forja, más tarde emigró a Francia donde abrió un taller de automóviles pero seguía soltero y alguien le arregló un matrimonio con mi abuela, un matrimonio mal avenido con muchas discrepancias y maneras de ver la vida: él un hombre de mundo y ella una mujer adusta,  beata de pueblo pero muy lista para lo práctico y sufridora en casa.

Mi abuelo era lo que hoy llamaríamos un emprendedor, apenas se estableció en su lugar de origen compró una finca de algarrobos y se planteó la idea de hacerla de regadío: construyó un pozo de agua con la que acabó abasteciendo a los campos de la vecindad y convirtiendo una zona de secano en otra de regadío: los naranjos comenzaron a florecer. Lo importante es que lo hizo con su trabajo, día y noche, él solo construyó las tuberías, las enterró y decidió por donde pasaría el agua, dando servicio a aquel secarral.

Mis abuelos trabajaban pues en el campo: ambos. Recuerdo que en la puerta de su casa había melones y sandías, se vendían huevos de gallina, tomates y verduras, había almendras, muchas almendras que pelar y muchos conejos que alimentar. Mi abuela estaba dedicada en cuerpo y alma a mantener con vida a aquellos conejos, degollar gallinas para el Domingo o hacer verdura de tomate para el invierno. Las tareas del campo y las estaciones lo presidían todo.

Podríamos decir que mis abuelos pertenecían a una sociedad tradicional caracterizada por:

  1. El hombre trabaja fuera y la mujer permanece en casa o bien ayuda (si el entorno es rural) en las labores del campo.
  2. Toda la economía está en manos de las mujeres que son autosuficientes para cualquier cuestión doméstica: ropa, cocina y crianza.
  3. La religión es omnipresente en la vida familiar y las imágenes de los santos presiden las habitaciones de la casa.
  4. En las sociedades tradicionales se tienen muchos hijos y aunque estaban destinado a ser r, al final acabaron siendo K (teoria de la selección r/K) pero mis abuelos solo tuvieron a uno, dado que los gemelos murieron a los pocos días de nacer. En comparación con sus hermanos mi abuela sólo crió a un vástago.
  5. El hombre manda en teoría pero la economía familiar bascula en torno a decisiones femeninas, por otra parte el hombre casi nunca está en casa ni asiste a las novenas o los rosarios que organiza su esposa.  Cuando no está trabajando está en el bar echando la partida al guiñote donde se juega tan solo el café.
  6. El hombre se desentiende de la crianza de los hijos que quedan en manos de su esposa quien trata de inculcarles el temor de Dios, y el aprovechamiento, en el caso de mi padre, escolar.

No era frecuente en aquella época que un niño nacido en 1922 y que al comenzar la guerra civil tenia 14 años se destinara a estudiar una carrera. Algún maestro les dijo a mis abuelos que mi padre «valía para estudiar», un requisito indispensable en aquella época, no demasiado cómoda para el estudio que debía no solo simultanearse con las tareas agrícolas sino también eludir las consecuencias de la guerra y la postguerra con suspensiones y tironeos en el curso escolar que debía completarse en la capital. Y el hambre.

Podríamos decir que fue mi abuela la que decidió que mi padre estudiara y no tanto mi abuelo que solía decir que trabajando con él ganaría más que un ingeniero. Y así fue que mi padre emprendió la carrera de Químicas en Barcelona y fue allí donde comenzó a fijarse en mi madre que también procedía del mismo pueblo por parte de madre (mi abuela materna). Y que debía pasar el filtro de conformidad de mi abuela. Lo pasó.

Pero mi padre enfermó en su segundo año de Facultad y tuvo que dejar sus estudios. Regresó al pueblo y comenzó a trabajar con su padre y se casó con mi madre que con sus cuidados terminó por sanarle después de muchos años. Mi abuelo compró un camión Leyland y puso a mi padre -su empleado- a trabajar para la familia. Vale la pena detenerse en este momento para comentar que una de las características de las sociedades tradicionales es la familia extensa que pervivió más tiempo en el campo que en la ciudad. La revolución industrial llevó a muchas parejas jóvenes a las fábricas de las ciudades, rompiendo la cohesión de los amplios grupos familiares, lo que tuvo consecuencias en la mentalidad y la forma de pensar la vida de ambos grupos. Se creó así la familia nuclear que tuvo mucha influencia en el nacimiento de las clases medias.

Mi madre no trabajaba, pues entonces trabajar no consistía en ser funcionario sino trabajar en el campo o en la fabrica: una nueva vuelta de tuerca en el progreso, mis padres eran pues burgueses con el dinero justo pero burgueses al menos en su sistema de valores. Un hombre tenía a gala que su esposa no trabajara, era -por así decir- un orgullo, tanto para él como para ella. El trabajo de mi madre fue criarme a mí, una tarea agotadora como sabe cualquier madre que cría hijos sin ayuda. Y lo hizo muy bien a base de muchas horas en aquella camilla con brasero donde dividíamos con tres decimales y esperábamos la vuelta de mi padre cuando la división se nos atascaba.

Uno de los valores más queridos por esas clases medias (que Evola llama burguesía) es que se privilegia la calidad de la educación de los niños en lugar de su cantidad. En este sentido mis padres adoptaron claramente esta estrategia K de calidad educativa en lugar de la r. Solo tuvieron un hijo que fui yo aunque no fue una decisión voluntaria.

Como podemos ver en este esquema de mi familia, en poco menos de 50 años se pasó en España de una sociedad atrasada, agrícola, primitiva y en cierta forma tradicional pero cohesiva a una España (cuento desde el 68 que remite a mi generación) que sería absolutamente irreconocible para mis abuelos si hubieran llegado a visualizarla.

Julius Evola en el libro que preside este post habla de la evolución de estas sociedades tradicionales donde valores como el mérito, el trabajo, la honradez eran exigibles en todo el mundo hasta el modo actual disolutivo y de alguna manera nihilista que preside el mundo actual. ¿Cómo se llevó a cabo este cambio?

Personalmente creo y así lo dejé escrito en este post y alguno que le precede que el origen de esta deriva está en el liberalismo pues el liberalismo (los whigs) suponen la emergencia de la modernidad y el arrinconamiento del viejo orden que representaban los reyes absolutistas.

No deja de ser paradójico que un movimiento aparentemente tan «progresista» como los whigs haya derivado en algo tan reaccionario como observamos en el mundo de hoy, con esa mezcla de nacionalismos, feminismos transnochados, orgías de sexo, violencia y alcohol en plena pandemia y de uns disolución de las costumbres morales notoria. Pero ya veremos como la lógica de los acontecimientos conceptuales del liberalismo animan y explican gran parte de estas derivadas.

El paradigma del liberalismo es el individualismo y también la emancipación, siempre individual, una derivada del pecado pues solo puede pecarse individualmente. Para el liberalismo el individuo es la única identidad que existe o debe existir. Todo tipo de identidad colectiva o interindividual es un obstáculo y debe, por lo tanto, ser superada o destruida, todos los tabúes, la tradición, la religión, la familia, costumbres, la nación, todo ha de ser sacrificado en la pira de lo individual. Todo es mero concepto, y barrera para el individuo. El problema con estas ideas es que con el tiempo terminan infectando y destruyendo a la propia civilización que las gestó.

Y así sucedió pues el liberalismo siempre tiende a la izquierda: al socialismo, más tarde al nihilismo de los populismos y es muy posible que le suceda el transhumanismo. Pero ¿qué es el nihilismo?

El nihilismo.-

Se trata de un nuevo paradigma occidental: el derrocamiento del tradicionalismo europeo en favor de una nueva teoría de la naturaleza y del hombre aunque pasando por distintas etapas: el éxito de la socialdemocracia y la consolidación de la izquierda indefinida coetánea del nihilismo actual.

El nihilismo es una doctrina filosófica que emergió en Rusia y le debe el nombre a Turguenev y responde a una consigna:

«Todo se reduce a nada».

No hay una verdad absoluta y la realidad es aparente. El nihilismo suele presentarse como nihilismo existencial, forma en la que se sostiene que la vida carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco, El nihilismo se puede considerar crítica social, política y cultural a los valores, costumbres y creencias de una sociedad, en la medida en que estas participan del sentido de la vida, negado por dicha corriente filosófica, muy útil en aquellos artistas que viven de «epatar» las costumbres sociales pero muy mortífero cuando se convierte en una creencia social o sistémica .

Pues los viejos valores de las sociedades tradicionales no han sido sustituidos por ningún otro, sino por el repudio de cualquier valor moral. A veces surgen sucedáneos como el estoicismo perfeccionista  que contemplamos en algunos trastornos psiquiátricos modernos como los trastornos alimentarios o a los fetichismos morales que vemos en ciertas prácticas como el animalismo, el veganismo o el feminismo de cuarta generación.

En el libro de Evola el autor rastrea el concepto desde los presocráticos hasta los novelistas del desenfreno sexual como Henry Miller, los poetas como Rimbaud, artistas surrealistas o dadaístas o filósofos como Nieztsche, aunque es más conocida la sentencia de Dovstoievski cuando afirma que .

«Si Dios no existe todo está permitido».

El problema es que el nihilismo saltó desde la «locura particular» de algunos artistas hasta la población general. Hoy la civilización comparte muchas de las falacias del nihilismo, su renegación de cualquier valor

No es de extrañar pues que la verdad (decir la verdad) ya no se considere un valor en sí mismo, solo así puede entenderse que los votantes perdonen» las mentiras de sus gobernantes, que ya ni siquiera tratan de disimularlas ni se avergüenzan cuando los periodistas les sacan viejas declaraciones donde decían todo lo contrario de lo que hacen. La verdad ha dejado de ser un valor y si hay la suficiente masa critica, la mentira no se tomará en consideración para mi próximo voto. No es que me hayan engañado es que la verdad no existe.

Otro valor en decadencia es el mérito. Ya no es necesario ni deseable cultivar el mérito individual, los doctorados son regalos para algunas personas, la ausencia de todo mérito académico un seguro de vida político pues asegura la lealtad y la adhesión a cualquier estupidez. No saber hablar o debatir o gritar e interrumpir con insultos a los adversarios es ejemplo de buena práctica. Todo ello explica el bajisimo nivel que tienen nuestros diputados y los espectáculos con que nos oprimen a los ciudadanos comunes cuando son retransmitidos por la TV.

No cabe ninguna duda de que estos valores junto a la decencia económica en el manejo de los dineros públicos son ejemplos que señalan hacia el repudio de los mismos.

El problema es que el feminismo y el nihilismo empastan mal.

Feminismo y nihilismo.-

El feminismo fue en sus orígenes un movimiento tan sensato y decente como la idea democrática de los whigs originales. De lo que se trataba era de deponer la monarquía absolutista y cambiarla por un poder parlamentario, democrático similar a la República romana en sus orígenes; muy pocas personas hoy podrían estar en desacuerdo con esta idea, otra cuestión es explicar como la Revolución francesa se pervirtió de tal manera para convertir aquellas ideas de «Fraternidad, libertad e igualdad» en una experiencia imperial comandada por Napoleon que heredaría el caos que surgió de aquella asonada que llenó Francia de cabezas cortadas, llevandoa Francia a un nuevo desastre.

El feminismo en realidad es un subproducto liberal como la sanidad universal, que fue derivando poco a poco y a través de los cambios sociales en otra cosa bien distinta. El feminismo le debe más a Coco Chanel que liberó a la mujer de sus inútiles refajos o a la aparición de la píldora antibaby que a cualquiera de las madres del sufragio universal que se hubiera instalado de todas maneras del mismo modo que el trabajo femenino fue muy necesario en las fábricas de la segunda guerra mundial.

Pero el nihilismo de la época actual es mal momento para el activismo feminista y da como resultado escenas esperpénticas como las que vimos ayer el día 8-M, en un aquelarre exhibicionista en plena pandemia. Es como si las mujeres hubieran sido utilizadas como «mujeres de paja» para desacreditar al propio movimiento, dado la impresión de que este feminismo es más un negocio que una reivindicación de igualdad. Pues el argumento de fondo es:

¿Si no hay valores porqué se defiende el valor de ser mujer frente al de ser hombre?¿Si la vida carece de sentido porqué acusar al patriarcado de oprimir a las mujeres? Que más da si están o no oprimidas, la vida carece de sentido ¿no era esa la idea? Si el mérito ya no existe ¿por qué las mujeres se adjudican el mérito de cuidar, trabajar más y por menos dinero? ¿Quién tiene la culpa de que las mujeres tengan la regla o tengan hijos? ¿Es el patriarcado?

No pocas falacias y muchas contradicciones, resueltas a través de un fetichismo (supremacismo) moral que oculta su fondo religioso que tanto recuerda al moralismo de nuestras abuelas.

Efectivamente, el nihilismo no es solo la desaparición de los valores sino la relación con la verdad. Y la verdad es que los cerebros de hombres y mujeres es diferente. Echo de menos un movimiento feminista que enseñe a las mujeres a pactar consigo mismas qué es lo que realmente quieren y a no buscar culpables en el sexo opuesto si no lo consiguen, a descabalgarse de cualquier politización de este asunto y a entender mejor a los hombres con los que conviven incluyendo a sus propios hijos.

Pero el desvarío de estas ideas no se combate con la verdad, pues la verdad es irrelevante para un nihilista, tampoco se combate con la vuelta atrás pues no solo es indeseable sino imposible, tampoco volviendo nuestros ojos a los misticismos orientales pues los chinos terminaran como nosotros a poco que abran la mano del control de la población. Ellos llevan cierto retraso con respecto a nosotros, eso es todo.

Lo que propone Evola es cabalgar el tigre, es decir retirarse, subirse a lomos de la fiera para impedir que nos devore y esperar a que se canse. Entonces descabalgarle y decirle la verdad. Estamos enmedio de un ciclo y este ciclo -como el mundo en el que vivieron mis abuelos- desaparecerá.

Mientras tanto, vivir en el mundo sin estar en él, como decía Junger.

Teoría de la mentira

Todos mienten (House)

Es interesante como aperitivo para leer este post, visionar esta corta entrevista que le hace Jordi Evole a Sandro Rosell, ex-presidente del Barcelona C.F. donde le pregunta directamente sobre si es o no es independista.

 

 

La contestación tiene aires de paradoja y también de cinismo político pero personalmente me interesa más escarbar en otra dimensión. Me refiero a las relaciones que los sujetos mantenemos con la verdad y por supuesto con la mentira.

Para San Agustin la mentira es lo opuesto de la verdad, lo que tuvo una enorme influencia en el pensamiento contemporáneo. Podríamos decir que todos somos en este sentido kantianos, pues fue precisamente Kant y el idealismo alemán quien adoptó la idea -presunta- de que mentir era malo porque se oponía a la verdad y que tenía como objetivo engañar. De manera que esta forma de ver las cosas dividiría al mundo en mentirosos y engañados. Los segundos serian en este sentido víctimas de los primeros. Pero haber sido engañado no presupone que el engañado tenga una relación privilegiada con la verdad, es posible que el engañado quiera – a su vez- ser engañado o bien que se autoengañe con mayor facilidad que cualquier otro.

Hay quienes se relacionan de una manera especial con la verdad: son los fanáticos o los paranoicos por ejemplo. No existe mayor certeza que las creencias que mantienen los paranoicos, sobre todo los que deliran. Las creencias se transforman en convicciones que pasan  a ocupar todo el campo de la atención. El delirio es en este sentido una especie de «alien» que se expande constantemente con nuevos elementos que pasan a engrosar la novela delirante hasta lograr una sistematización de las ideas que componen el delirio.

Sistematizar quiere decir que el paranoico puede simplemente vivir en una atmósfera de persecución (si el delirio es persecutorio) o construir una historia compleja de interacciones como le sucedió al premio nobel John Forbes Nash dotado sin duda de un talento superior pues para delirar bien es necesario cierto talento ya que el delirio consume por su omnipresencia muchos recursos mentales.

He dicho delirar bien porque el delirio es una mentira que el delirante cree una verdad absoluta y la gente quiere que le mientan pero también quiere que le mientan bien y sobre todo no quiere que le mienta siempre el gobierno o el jefe o algún familiar, por eso se buscan otras fuentes de mentiras. Pues la verdadera libertad no consiste en acceder a la verdad como suponía Kant y el santo Agustin sino en elegir las mentiras que provisionalmente estamos dispuestos a creer. Y digo provisionalmente porque nadie puede obligarme a que hoy crea en una cosa y mañana en otra. Cambiar de opinión o de creencia es lo primero que te prohibirán tus enemigos.

Y es por eso que existen las fake news, pues el Gobierno miente, la oposición miente, los canales de youtube mienten, las redes sociales mienten y los ciudadanos mienten. El Estado tiene el monopolio de la violencia, pero no el monopolio de la verdad, es algo profundamente disfuncional. Es mucho mejor admitir que todos somos mentirosos.

Pero admitir que somos mentirosos no es nada fácil pues todos nos otorgamos la fe de la autenticidad y este es el problema que hemos heredado de la teología agustiniana: creemos y hemos interiorizado que mentir es malo excepto cuando mentimos nosotros. Es por eso que los teólogos inventaron la «mentira piadosa» ante la evidencia de que la verdad puede ser más destructiva que la mentira y que la moral radical es muy parecida a la maldad absoluta, por eso los psiquiatras anglosajones y protestantes inventaron el concepto de «moral overdrive», un sujeto parasitado por un exceso de moral es un malvado o un loco.

Volviendo a la entrevista y a la contestación de Sandro Rosell lo que pone en evidencia es que existen en él dos deseos que pueden ser contradictorios o no: el primero es que le gustaría -le haría ilusión- obtener la independencia. El segundo deseo -que procede de la capacidad analítica- es que sabe que no le conviene. Pues la independencia es una idea bonita -que duda cabe- que puede atraer a los ignorantes pero no a quienes se juegan sus cuartos. De ahí la disociación entre el wishfull thinking y el fact thinking. Entre lo deseable y lo práctico. Entre la opinión y el análisis. Entre el pensamiento rápido y el lento.

El pensamiento complejo requiere de una lógica nueva que vaya más allá de las creencias. Estar sano mentalmente consiste en reconocer que somos todos unos mentirosos, lo que da lugar a una lógica de la inconsistencia y de la impredictibilidad, podríamos hablar de una lógica compleja anti-aristotélica.

Una lógica que tiene dos derivadas bien distintas, una es el nihilismo que es bastante desastrosa cuando se aplica socialmente pues genera una sociedad de la disculpa y la desvergüenza que no logra aniquilar el delirio ni la irracionalidad sino que la promueve. La otra derivada es lo que conocemos como pensamiento zen, que yo prefiero llamar lateral. Os pondré inmediatamente un ejemplo.

Pero para entender este ejemplo antes tenéis que leer este articulo de hoy donde Antonio Martinez Belchi escribe un análisis muy inteligente desde el punto de vista aristotélico: se trata ingenuamente de buscar la verdad, como si la verdad fuera siempre alcanzable por nuestra conciencia racional, nuestra lucidez o nuestros conocimientos. Lo más probable es que nunca sepamos quien ordenó los atentados del 11-M, como tampoco sabremos si este virus es natural o un producto de ingeniería, ni si había algún plan detrás de esta pandemia.

No podemos aspirar a la verdad pero podemos saber quien miente mejor.

¿Orwell o Huxley?

Lo cierto es que vivimos en un mundo entre 1984 y “Un mundo feliz”, obedientes y transgresores y perseguidores y perseguidos, pero siempre mentirosos.

La locura lúdica del Quijote y otras.

Para un psiquiatra la locura es una patología de la razón, pero la Psiquiatría clásica  ha sido de alguna manera parasitada por otras descripciones de locuras adyacentes que han venido para inyectar desorden en su epistemología: la locura moral, y la locura lúcida. Por no hablar de las parafilias, los trastornos alimentarios o las adicciones (locuras verdaderamente ligadas al juego). De todas he hablado largo y tendido en mi otro blog, de modo que no voy a repetir argumentos sino para señalar que se trata en este último caso de formas de locura donde el paciente parece razonar muy bien y estar bien adaptado salvo en algún aspecto de su conducta. Así el pederasta, el toxicómano o el psicópata, el asesino en serie, el narcisista patológico o el simple tramposo son personas que fingen perfectamente la lucidez y tal y como dice Jesus Maestro (en un video que colgaré más abajo) son los más peligrosos de todos, pues son capaces de fingir la normalidad mejor que las personas corrientes son capaces de fingir la locura. Y si, la locura se puede fingir. La cordura también.

Se trata de las formas lúdicas de la locura, omnipresentes hoy en Internet, en las redes sociales y en youtube. Son locuras que se clasifican con el nombre de ludopatías, esto es, una patología del juego. No me estoy refiriendo al juego de azar o a las apuestas tan solo sino a cualquier forma de juego.

D. Quijote es un personaje literario y basta echar un vistazo al buscador de google para darse cuenta que existen innumerables artículos psiquiátricos y psicológicos destinados a jugar con el diagnóstico, sin caer en la cuenta de que la locura de D. Quijote es un simulacro, es decir algo destinado a vivir una vida que en condiciones de lucidez no podría llevarse a cabo. Casi todos los especialistas que conozco y he leído estarían de acuerdo en la idea de que D. Quijote enloquece a partir de su obsesión por la lectura de novelas de caballerías. Su locura emerge pues del Yo, y aunque no sabemos sus antecedentes, sabemos -sin embargo- sus andanzas que son en este sentido andanzas públicas, pues la locura lúdica precisa oyentes, seguidores, una corte de acompañantes, un grupo, un nosotros que nos sirva para el espectáculo pues ningún espectáculo es posible sin público. Y hoy ese público está garantizado en Internet. Se trata de una idea que cualquier psiquiatra podrá usar para recordar hasta qué punto nosotros somos a veces ese público.

Es por eso que el loco lúdico deja de estar loco estando solo y lo cierto es que esta idea -que he escuchado por primera vez a Maestro- puede hacerse extensible a casi toda forma de locura. Estar sólo es simplemente inadmisible para algunos locos lúdicos, la soledad parece sentarle mal a casi todo el mundo, todos necesitamos en cierto modo espectadores para nuestras extravagancias, imposturas o cinismo. Claro que para algunos esta necesidad se convierte en una forma de vida como sucede en los pacientes limite, también llamados TLP. es bien sabido que en estos pacientes uno de sus síntomas nucleares es la incapacidad para estar solos..

Otra cosa que he escuchado a Maestro y que me ha hecho pensar es la idea de que el aislamiento (la soledad forzada) que se da en algunas situaciones de cautividad o de enclaustramiento oscurece la locura, la esteriliza, la disuelve, aun la locura de la razón. Me acordé inmediatamente de como los pacientes empeoraban cuando eran institucionalizados y se convertían en algo así como zombis. A esta situación le prestaron mucha atención algunos investigadores como E. Goffman que fue el que inventó la palabra «estigma».

El término fue acuñado en 1963 por el sociólogo Erving Goffman cuyas ideas han tenido una enorme repercusión en la psiquiatría moderna, cabe recordar que fue Goffman precisamente el que llamó la atención en su libro de culto “Internados” sobre los efectos dañinos de las instituciones totales sobre los individuos y de cómo los cuarteles, asilos, internados, hospitales, orfanatos o manicomios ejercían una presión normativizante sobre los internos generando nuevas patologías sobreañadidas a las que presentaban los individuos antes de su internamiento en esos lugares y que de alguna forma propició en los años 70 el desmantelamiento de estos siniestros entornos y su sustitución -cuando fue posible- por estructuras comunitarias diseñadas a escala humana.

Dicho de otro modo: el aislamiento manicomial o carcelario deteriora los enfermos mentales, casi tanto como criarse en un orfanato, vivir en una ciudad o consumir psicofármacos continuamente.

El juego de D. Quijote precisa de jugadores que sigan el juego al loco, y así es en toda la novela. Maestro da algunos ejemplos de cómo los sucesivos personajes que aparecen en ella son necesarios para legitimar la locura de D. Quijote pero -a su vez- ellos mismos son prisioneros de su propia forma de locura de jugar dando lugar a no pocas paradojas pragmáticas.

Y todo parece indicar que lo que comparten las tres locuras: la de la razón, la lúcida y la lúdica es una incompetencia total del individuo para hacerse compatible con la realidad. La normatividad enloquece a las personas y todo parece indicar que huir de esa realidad inaceptable o invivible forma parte de las posibilidades de cualquier ser humano si bien con distintos peajes.