¿Es peligroso el sexo?

La primera vez que oí esta declaración fue a Jordan Peterson en una de sus conferencias grabadas en youtube. Ya había oído de todo, aunque lo más seguro es que ganara por goleada la idea de “pecado”o “transgresión”. También sabía que el sexo estaba muy regulado en casi todas las culturas, con fuertes prescripciones y prohibiciones. Quizá la más universal de estas prohibiciones sea el “tabú del incesto”, es decir la señalización de algunas personas como parejas prohibidas, usualmente parientes de sangre aunque no es necesario que exista un parentesco genético y a veces basta con la crianza conjunta.

Más adelante y leyendo un libro de Michael Pollan sobre los omnívoros  llegué a darme cuenta de que no solo el sexo estaba regulado por creencias religiosas u ordenanzas estatales, también la alimentación estaba muy regulada, quizá no tanto como el sexo pero al fin y al cabo regulada, con alimentos prohibidos, épocas de ayuno y abstinencia, etc. En este post hablé precisamente de eso y del porqué comer es peligroso.

El sexo es peligroso por muchas razones, las más conocidas de las cuales son quizá las menor importantes desde el punto de vista colectivo: el sexo puede dar lugar a embarazos extemporáneos a veces en edades donde la madre no tiene la suficiente madurez para ocuparse de su descendencia. Naturalmente también hay que citar las ETS, es decir las enfermedades de transmisión sexual. Embarazos y enfermedades son los dos riesgos más fácilmente identificables de su ejercicio. Sin embargo existen otros riesgos que son mucho más perturbadores socialmente hablando, me refiero a las secuelas emocionales que se derivan y se tejen entre personas (parejas) que mantienen relaciones sexuales, tanto al largo como al corto plazo.

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Los niños ya sienten celos a muy temprana edad aunque no los podamos catalogar como sexuales.

La secuela más conocida de entre ellas son los celos. Los celos son una curiosa emoción que probablemente evolucionó como una forma de intimidación a fin de ahuyentar al resto de los machos merodeadores. Hace tiempo escribí un post sobre esta cuestión, aqui.

Obviamente tal y como conté en aquel lejano post, los celos tienen muchos planos explicativos, pero de momento me inclinaré tan solo a recordar uno de ellos: la propiedad sexual amenazada. Y cuando hablo de propiedad amenazada me refiero sobre todo a la mujer como propiedad del hombre, pues de momento me interesa enfocar el tema de los celos desde un punto de vista evolucionista y no desde el punto de vista psicológico. Es obvio que los hombres no quieren alimentar hijos que no llevan sus genes y también es cierto que el hombre no tiene la seguridad de que sus genes están en sus hijos.

En un articulo ya clásico de 1982,  firmado por Margot Wilson, Martin Daly  junto a Suzanne Weghorst esta seria la razón por la que los celos de los hombres inducen muchas mas patologías mas severas y agresión que los celos de las mujeres. Ese “no saber con seguridad” es una fuente de sufrimiento para muchos hombres que evalúan de forma desconfiada a sus parejas y otras veces de forma francamente paranoide. Dicho de otra manera: los celos en los hombres serian una adaptación que conseguiría que los machos de nuestra especie hubieran podido pasar sus genes “celosos” a sucesivas generaciones blindándose frente a eventuales engaños de sus parejas.

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Como podemos observar en esta fotografía los celos de las mujeres son “evaluativos” sobre el potencial erótico de las contrincantes.

Los celos de las mujeres son bastante distintos y no se encuentran emparentados con patologías psiquiátricas tan graves como las celotipias delirantes o la conducta disruptiva hostil que caracteriza a estos hombres celosos. Los celos de las mujeres son emocionales por decirlo de una forma fácil de entender y en ellas el miedo está mas relacionado con la perdida o abandono de la pareja a manos de otra pareja más joven o dotada de ciertos encantos. Para el hombre el engaño de su pareja supone cargar con los hijos de otro y para la mujer el engaño de su pareja carece de importancia sino da lugar a un abandono del nido, más allá de -como se dice hoy- la perdida de confianza.

De estas consideraciones se derivan una serie de ideas útiles para comprender ciertos fenómenos como la violencia de género que algunos -entre los que me incluyo- preferimos llamar violencia de pareja íntima.

Nos permite por ejemplo separar dos poblaciones de hombres bien distintas: 1) aquellos que agreden a mujeres con las que no han tenido ni mantienen relación intima alguna y 2) aquellos que agreden o asesinan a parejas o ex-parejas. Dicho de otro modo: lo que parece diferenciar ambos grupos de agresores es una variable: el haber tenido relaciones sexuales con la victima o no. En el primer caso es muy probable que el deseo de mantener relaciones sexuales con una mujer que en condiciones normales rechazaría tal propuesta es la razón por la que el agresor recurre a la violencia sexual. En el segundo caso y tal y como planteaban precisamente Wilson y Daly:

Las conductas celosas se ponen en marcha muy a menudo tras la ruptura de la pareja. El sujeto que se siente abandonado tiende a pensar que esta situación viene determinada por la aparición de un tercer personaje y reivindica, a veces peligrosamente, sus derechos a quien supuestamente ha motivado la ruptura y diversos estudios sociológicos lo confirman (Daly y Wilson, 1982).

Aunque han sido descritas varias tipologías de agresores sexuales que podeis ver aqui, pera hacerlo más sencillo propongo pensarlos como dos grupos en relación con la variable tener/no haber tenido relaciones sexuales con la pareja agredida. El primer grupo de perpetradores lo constituyen personas disreguladas, eventualmente con CI bajos, trastornos de personalidad, abuso de drogas y personas disociales. Entre ellos también es posible encontrar a un subgrupo de personas sobrecontroladas que han sido descritos por Kivisto (2015) como catatímicos, es decir personas que llegan a un episodio de violencia de forma esporádica, como una explosión y por razones poco claras. Es poco probable que el maltratador clásico se encuentre dentro de esta descripción puesto que aunque también hay en ellos mucha hostilidad hacia las mujeres, la deprivación sexual y la envidia no parece ser el gatillo que dispara la agresión, sino más bien la dificultad en mantener-retener a la pareja. Esto podría explicar porqué la mayor parte de homicidios de pareja intima se producen después de que la pareja verbalizara sus deseos de separarse o de abandonar o romper la relación. Todo parece indicar que la ruptura de una relación es intolerable para los agresores de pareja íntima, naturalmente es posible además que haya solapamientos entre ambas poblaciones. Obtener-mantener y retener a una pareja son tareas que pueden separarse para poderse observar mejor pero forman parte de un mismo cluster de conductas seductoras, asi hay hombres (los más psicopáticos) que son capaces de seducir fácilmente a sus parejas pero son incapaces de comportarse de un modo adaptativo en su convivencia motivados probablemente por los celos, la desconfianza, la vida errática y la misoginia, mientras que hay otros que son incapaces de optar al tipo de mujeres que desearían quizá por ciertas peculiaridades de su personalidad que les hacen desagradables y poco fiables y acumulan un gran número de decepciones sexuales en el corto plazo.

De manera que el sexo es peligroso cuando se elige a la pareja inadecuada. Y lo es por razones menos extremas también, pero de momento me serviré de estos casos extremos para señalar el peligro que corren algunas mujeres, fascinadas por los “malotes”. No cabe duda de que son las que más riesgo corren.

La mala noticia es que es son muy difíciles de predecir los crímenes de pareja íntima.

Este estudio de Bridger y cols es muy interesante porque habla de lo difícil que es predecir el homicidio ya que en la mitrad de los caos no hay antecedentes de violencia. Encuentran que el mejor predictor disponible de homicidio doméstico es la anterior conducta suicida del agresor (intentos, amenazas, ideación o autolesiones) que aparece en un 40% de los homicidios.

Este otro estudio de Thorton encuentra que no es posible predecir el homicidio en base a datos policiales previos porque la mayoría (55%) no tienen contactos policiales previos y en los que los tienen la mayoría son catalogados como no de alto riesgo, la tasa de falsos negativos es de 90%.Y de falsos positivos el 100%. El problema es que el homoicidio es un suceso raro y la mayoría de los sujetos de alto riesgo no lo van a cometer. Este estudio tampoco confirma la opinión común de que las agresiones graves son resultado de una escalada de años. Se compara a los que intentaron homicidio o lo consiguieron con sujetos control y los sujetos control tienen más denuncias, arrestos y condenas que los que cometieron homicidio. Esto pone en cuestión la base misma en la que se basan los instrumentos de predicción.

La pregunta que habría que hacerse en este momento es la siguiente: ¿Son los celos siempre sexuales? ¿Por qué los niños tienen también celos?

Será en un próximo post.

 

Bibliografia.-

Daly M, Wilson MI, Weghorst SJ (1982) Male sexual jealousy. Ethology & Sociobiology3: 11-27.

Kivisto, Aaron(2015). Male perpetrators of intimate partner homicide: A review and proposed typology. J Am Acad Psychiatry Law 43 300-12

 

 

Perversión y subversión

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Adolf Hitler era sin duda un psicópata con rasgos histriónicos y paranoides adheridos a su personalidad y dotado de una hipnagogia, carisma, determinación y seducción extraordinarias. Una seducción que dejó huella en miles de personas gracias a uno de sus colaboradores más enamorados “Joseff Goebbels” que fue sin ninguna duda el que le catapultó al poder después del fracaso del golpe de Estado que pretendió dar en Munich y por el que fue condenado a 5 años de cárcel de los que solo cumplió 9 meses. Llama la atención la brevedad de su condena jurídica y aun más la brevedad de su estancia en la cárcel ante un delito tan grave. Dicen que fueron sus discursos, pronunciados ante el tribunal que le juzgó la causa de esa “generosidad”.

Fue allí en la cárcel de Landberg donde escribió “Mi lucha” con la colaboración de su secretario personal Rudolff Hess, otro de sus “enamorados” seguidores que por cierto también cumplía condena en la misma prisión.

En el libro pueden perseguirse las ideas fijas que le acompañaron durante toda su vida, el odio que profesaba a los vieneses, a los comunistas y a los judíos. También podemos perseguir ciertas ideas supremacistas que atribuía a la condición alemana, más tarde “raza aria” que Hitler pensaba que tenia una especie de misión universal : dominar el mundo. De manera que podemos ver que su personalidad no era nada sencilla, no era un psicópata cualquiera, no sólo era un gran actor/declamador sino que poseía un magnetismo personal fuera de toda duda, una capacidad persuasiva intensa a pesar de que su cultura era bastante limitada y las ideas que proclamaba eran delirantes.

Hitler se inició a la política después de un periodo errático donde intentó matricularse sin éxito en la escuela de bellas artes y otras ocupaciones menores hasta que conoció al que sería su mentor: un ocultista llamado Eckart que tenía un grupo secreto: la secta esotérica Thule y que esperaba un salvador para Alemania, un Mesías, quizá de esa militancia surgió la idea de la cruz gamada y otras ideas como la de conductor, Führer o Lider. No cabe duda de que Eckart le convenció de una manera u otra de que ese Mesías era él, como en Matrix

El contexto social de aquel tiempo era nefasto para Alemania que después de perder la guerra contra Francia y sus aliados había contraído no pocas deudas de guerra, perdida de territorios y de recursos en la cuenca del Rhur que pasaron a ser explotados por franceses como adelanto de la deuda y que había arruinado a la población condenándola no solo a una humillación histórica sino a la pobreza generalizada. La república de Weimar era débil y se veía continuamente amenazada por milicias armadas tanto de los comunistas como de la extrema derecha. Es interesante observar como gran parte de los alemanes de aquella época militaban en esas milicias que tras la guerra no habían sido desarmadas y cuyos oficiales al mando disponían de recursos limitados pero muy dotados de un personal hambriento y fanatizado que disponían de ese empleo como modo de ganarse la vida a falta de otra cosa mejor. Algo así sucedió también en la segunda República española: sindicatos y partidos disponían de milicias propias, una especie de ejércitos privados que imponían su ley en la calle. Y que naturalmente debilitaban a los gobiernos que se veían incapaces de preservar el orden publico.

Es en este contexto de milicias armadas donde Hitler consigue obtener el favor de algunos militares beligerantes contra el estado de cosas que había dejado el tratado de Versalles y como logró obtener -no solo un partido hecho a su propia medida (El partido obrero alemán)- sino una fuerza de choque nada desdeñable.

Sin embargo durante su estancia en la cárcel Hitler tuvo una revelación: el poder no se conquista con ametralladoras y milicias armadas hasta los dientes sino a través de las urnas. En sus propias palabras: “primero el poder, luego la revolución”. Fue así que poco a poco fue configurando su perfil político en detrimento de su perfil militar o revolucionario. Cayó en la cuenta de que la gente le tenía miedo y que su discurso era demasiado radical, de que era aclamado en las cervecerías pero no en los cócteles sociales, máxime cuando parecía que Alemania emergía de nuevo después de los desastres de la postguerra. La gente se había instalado en su zona de confort y no quería saber nada de revoluciones. Por esta razón el partido nazi que había fundado años atrás para sustituir al viejo modelo de partido obrero alemán, no conseguía despuntar en votos, que nunca pasaban del 3% del total. El partido nazi parecía condenado a su fin pero sucedió algo que le llevaría a la cumbre del poder y ese algo fue el crack de 1929 que dejaría de nuevo a Alemania en una situación peor que la de postguerra.

El mejor escenario para un partido revolucionario, es desde luego una atmósfera de indignación sea por las razones que sean, pero es necesario algo más: una crisis social y económica, es ahí donde estos partidos logran establecer sus mayorías parlamentarias, el primer paso para posteriormente debilitar la democracia acaparando todo el poder del estado y quemando el Reichstag. Hitler ya no lo necesitaba. Primero el poder, luego la revolución. Ninguna revolución tiene éxito en una situación de prosperidad.

La democracia es una institución muy vulnerable si no está bien blindada frente a la subversión. Y Hitler demostró que desde dentro de ella se puede destruir, solo mediante los votos y cierta mística propagandística y altercados continuos en las calles. Un enemigo común al que echar la culpa de todos los males y aprovechar la demanda del publico en su seguridad aun renunciando a su libertad. Existe en los humanos una nostalgia por volver a ser siervos y por seguir al abanderado.

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Aun hoy todos los movimientos subversivos del mundo llevan la misma agenda. Goebbels nos la enseñó y un sobrino de Freud , Edward Bernays, nos la escribió. Años más tarde un comunista italiano -Antonio Gramsci- la transformó en una doctrina: la doctrina de la hegemonía del discurso.

Hitler no era un simple xenófobo. La xenofobia es un miedo -un temor- a lo desconocido, al extranjero y es posible afirmar que la xenofobia nos viene de serie, una defensa frente a las amenazas ancestrales que proyectamos en los desconocidos. Pero lo de Hitler no era un temor, sino un delirio antisemita, extendido a otras “razas degeneradas” como gitanos, enfermos mentales, rusos, negros, homosexuales etc. Es el capitulo de la degeneración racial el que Hitler utilizó para colgar su inmenso auto-odio, un odio a todo lo suyo: no hay que olvidar que Hitler era austriaco a pesar de que el se considerara alemán. Me parece trascendente este dato. Un delirio que además pudo compartir con la camarilla fascinada que le seguía, un delirio que naturalmente procedía de la envidia y no del temor.

¿Pero de dónde procedía tal odio?

Lo que sabemos de la infancia de Hitler es bien poco y nada relevante si lo comparamos con miles de niños austríacos de esa época. Norman Mailer tiene un libro donde combina la realidad histórica con la ficción y donde aparecen algunos datos que por otra parte no han sido comprobados documentalmente. Para Mailer el padre de Hitler, Alois, tuvo un hijo con su propia hija, de tal modo que la madre de Hitler – Klara- según esta hipótesis sería al mismo tiempo su hermana. Lo cierto es que el tal Alois se casó tres veces y con su ultima esposa Klara estaba unido por alguna clase de parentesco (primos según los documentos) y tuvo que pedir licencia especial: de los 5 hijos que tuvo el matrimonio solo sobrevivieron dos, el propio Adolf y Paula su hermana. En cualquier caso la hipótesis de la endogamia en familias que vivían aisladas en el campo no sería la excepción sino la regla en aquella época. Personalmente no tengo ninguna duda de que Hitler era el producto de la consaguineidad de una manera u otra.

De su vida sexual tampoco sabemos gran cosa salvo que según todas las pruebas Hitler estaba poco interesado en el sexo: aun así tuvo un asunto bastante escabroso -incestuoso- con su sobrina (hija de su hermana Paula) que terminó suicidándose en circunstancias poco claras. El matrimonio de Hitler con Eva Braun tampoco parecía basarse en una pasión desbordante. A pesar de ser un perverso, Hitler no era especialmente sexual. Las drogas y su sentido de misión redentora probablemente obstruían todo el flujo libidinal del que disponía.

Por otra parte la empatía y la insensibilidad emocional son caracteristicas de todos los psicópatas así como dificultades para la intimidad. Hoy con el DSM en la mano es muy posible que Hitler recibiera tres o cuatro diagnósticos en el eje 2 y alguno en el eje 1. Están documentados algunos episodios conversivos durante la primera guerra mundial, asi como un episodio de ceguera que se resolvió espontáneamente. Su toxicofilia está bien documentada en relación a su adicción a anfetaminas y otras drogas que le procuraba su medico personal.

En relación al eje 2, Hitler cumpliría criterios para el trastorno paranoide y esquizotipico (del cluster A), así como del histriónico en cluster B. y quizá también del narcisista. Una mezcla diabólica que podría resumirse en un trastorno inespecificado de la personalidad.

Pero el DSM con su manía fragmentaria no puede abarcar la complejidad total de la personalidad de Hitler, es por eso que me parece más pertinente la etiqueta de psicópata con todos los apellidos que queramos añadir y que ya llevó a cabo Kurt Schneider, pues su fanatismo paranoide no es propio de todos los psicópatas, ni siquiera su exhibicionismo histriónico. Hitler es un tratado de psicopatología, sin estar loco del todo.

Hitler es un paradigma de como la subversión -política- y la perversión -psicológica- van de la mano, por no decir que son la misma cosa.

Referencias bibliográficas:

  • Koepf, G. & Soyka, M. (2007) Hitler’s missing psychiatric file. European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience; 257(4).
  • Murray, H.A. (1943). Analysis of the personality of Adolf Hitler. With predictions of his future behavior and suggestions for dealing with him now and after Germany’s surrender.
  • Redlich, F. (1998). Hitler: Diagnosis of a Destructive Prophet. Oxford University Press.
  • Stewart, D. (2005) Inside the mind of Adolf Hitler. BBC.

Lo simple, lo complicado, lo complejo y lo caótico

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Vale la pena que el lector comience con este articulo para hacer boca, pero no importa si no lo hace porque voy a basarme en él para intentar explicar un fenómeno que me parece muy confuso sobre todo a la hora de tomar decisiones en entornos de incertidumbre.

Aunque el blog está orientado a temas de marketing y de coaching y remite a la vez a un articulo de Snowden sobre un modelo (Cynefin) de toma de decisiones empresariales que me ha parecido interesante y he querido rescatar algunas de sus conceptualizaciones para intentar explicar temas importantes de la neurociencia, tanto en el ámbito social como en el psicológico y de la Salud mental.

Para empezar describiré uno a uno de estos dominios:

1. Dominio Simple

En este dominio se opera con problemáticas simples. Es muy fácil identificar las causas y sus efectos. Por lo general, la respuesta correcta es clara, conocida por todos e indiscutible, en cierto modo axiomática. En este dominio existen las mejores prácticas, soluciones conocidas para problemas conocidos y al alcance de todos. Los procesos más eficientes en este dominio son aquellos que especifican una serie lógica de pasos y se ejecutan de manera repetitiva, una y otra vez. Ejemplos de este dominio son la construcción en serie de un mismo producto, la producción en cadena o la identificación de causas elementales de enfermedades que dan lugar a través de la acumulación de evidencia a tratamientos eficaces.

2. Dominio Complicado

En este dominio encontramos problemas complicados que no hay que confundir con los complejos. Para abordarlos son necesarias buenas prácticas y perfiles expertos. Hay múltiples soluciones correctas para una misma problemática, pero se requiere del concurso de expertos para poder identificarlas. Un ejemplo típico de este escenario es la solución de un problema de diagnóstico médico de una enfermedad con varias variables donde cada una de ellas opera como una adición a todas las demás. Un ejemplo podria ser: ¿Cuando está indicada hacer una cesárea en un parto? Evidentemente se necesita el concurso  de un experto y de valoración de las circunstancias del embarazo y de la paciente (edad, factores de riesgo, presentación de nalgas, etc). Existen múltiples variables en juego pero todas son computables en la decisión final.

3. Dominio Complejo

Cuando nos enfrentamos a problemas complejos, los resultados se vuelven más impredecibles. No existen ni mejores ni buenas prácticas catalogadas para las situaciones frente a las cuales nos podemos encontrar. Simplemente, no sabemos con anticipación si una determinada solución va a funcionar. Solo podemos examinar los resultados y adaptarnos. Este es el dominio de las prácticas emergentes. Las soluciones encontradas rara vez son replicables, con los mismos resultados, a otros problemas similares.

Para poder operar en la complejidad necesitamos generar contextos donde haya lugar para la experimentación y donde el fallo sea de bajo impacto. Se requieren niveles altos de creatividad, innovación, interacción y comunicación.

En otro lugar he hablado de estos entornos con el nombre de problemas “endemoniados” (wicked problems). Lo interesante es que en este tipo de entornos los expertos no sirven de mucho más que para apuntar opiniones más o menos estandarizadas pues lo que define a un dominio complejo es que el problema no puede ser definido sino después de haberse resuelto,

Este es el campo de las soluciones políticas a problemas difíciles de abordar, y también los problemas sociales y como no, los problemas mentales. Tratar un problema mental siempre se da en un contexto de incertidumbre pues no solo intervienen muchas variables como en el dominio complicado sino que estas variables están ocultas entre los vínculos de una variable y otra.

Tratar un problema mental siempre será mas seguro si lo hace un psiquiatra o un psicólogo pero de ahí no podemos deducir que todos los psiquiatras o todos los psicólogos van a estar de acuerdo, no sólo en el tratamiento sino en la solución del problema. El profesional experto introduce a su vez una variable -la de su personalidad o carisma- que va a operar como una emergencia incierta. Un psicólogo no podrá replicar nunca lo que le enseñó su maestro: siempre habrá que tener en cuenta la novedad y la innovación creadora de su discípulo, que pocas veces será consciente de su potencial de operar cambios en los demás. No solo no hay dos pacientes iguales sino que no hay dos patologías iguales, ni dos terapeutas iguales y lo que hoy fue un éxito aquí mañana puede ser un fracaso allí.

Esto es precisamente la razón por lo que la economía es una de las ciencias más inciertas de todas las que pueblan las mentes de nuestros expertos. No existe ninguna receta que funcione bien en todos los contextos, ni por supuesto tampoco en política: la democracia liberal es un buen paradigma de lo que estoy diciendo: pareciera que ha funcionado muy bien en Europa y America del Norte pero muy mal en Medio oriente, o Sudamerica.

4. Dominio Caótico

Los problemas caóticos son los más amenazantes y se dan cuando los hechos son inciertos, los valores en disputa, las opiniones diversas y las decisiones urgentes, más allá de eso cuando el Poder del estado se debilita o la autoridad no existe a pesar de que.requieren una respuesta inmediata. Estamos en crisis y necesitamos actuar de inmediato para restablecer cierto orden, Es lo que sucede en los países en guerra o en situaciones revolucionarias. Imaginemos que el sistema de despacho de vuelos en un aeropuerto de alto tráfico deja de funcionar, alguien debe tomar el control y mover la situación fuera del caos.

Y por ultimo Snowden nos regala una quinta posibilidad:

5. Dominio Desordenado

Nos movemos en el espacio desordenado cuando no sabemos en qué dominio estamos. Se la clasifica como una zona peligrosa, ya que no podemos medir las situaciones ni determinar la forma de actuar. Es muy típico en estas situaciones que las personas interpreten las situaciones y actúen en base a preferencias personales. El gran peligro del dominio desordenado es actuar de manera diferente a la que se necesita para resolver ciertos problemas. Por ejemplo, mucha gente cree que un problema complejo puede resolverse con una solución simple, pongo el caso del problema catalán. No existen soluciones simples para un problema así, del mismo modo cabe interpretar las soluciones simplistas a problemas muy enredados y con muchas variables ¿Qué hacemos con las drogas?¿Acabaría la legalización con el narcotráfico? ¿Habría mas o menos consumidores? ¿Que impacto tendría en la emergencia de problemas psiquiátricos en la población?¿Qué haríamos con esos nuevos enfermos con patologías mentales?

La lista de propuestas simples a problemas complejos es demasiado larga para que me extienda. Lo importante es que estas soluciones que se proponen son casi siempre demasiado simples pues el que las emite no sabe a qué dominio pertenece el problema.

De manera que:

Si nos encontráramos en el espacio desordenado, todo lo que hagamos debe estar enfocado netamente a salirnos de ese espacio hacia uno mejor identificado, para luego actuar de la manera en que dicho dominio lo requiera.

¿Cómo resolver este tipo de problemas?

La primera idea a anotar es que estos problemas no se resuelven jamás pero pueden disolverse, perder vigencia o desclasificarse si cambian las condiciones del entorno -las relaciones entre sus enlaces- que es el lugar donde el problema anida.

Una consecuencia de esta primera aproximación es que no están justificadas grandes decisiones  y conformarse con no empeorar las cosas: hay que hacer notar que los “wicked problems” tienen tendencia a empeorar precisamente a causa de los esfuerzos que hacemos por mejorarlos.

Otra paradoja psicologica de interés es ésta:  ¿ a quién tratar?  Sin olvidar de que a veces el mejor tratamiento es aquel que no llega a realizarse jamás. Una buena prescripción puede incluir tanto tratar como no tratar.

La segunda consideración es que si bien los problemas comunes admiten sólo una solución verdadera este tipo de problemas admiten muchas explicaciones buenas, son por así decir multidefinibles y pueden ser abordados de múltiples formas bien diferentes entre sí con idénticos resultados. Son problemas que parecen haber evolucionado con la idea de la multidisciplinariedad y múltiples modelos explicativos y quizá por eso pueden adaptarse perfectamente a entornos terapéuticos variados.

Y por fin, una idea fundamental que vale tanto para la psiquiatría como para otros ámbitos de conflicto:

La resolución del problema sólo puede obtenerse a través de principios éticos y no técnicos.

No hay mas remedio que negociar.

Asi se resuelven los “wicked problems” que se resuelven.

O bien se disuelven, por ejemplo ¿quien se acuerda hoy de los piratas de Somalia y se plantea si hay que pagar o no rescates?

La actualidad lo ha quitado del catálogo de problemas sin resolver.

Bibliografía.-

1. Snowden, D. (2000). “Cynefin, A Sense of Time and Place: an Ecological Approach to Sense Making and Learning in Formal and Informal Communities” conference proceedings of KMAC at the University of Aston, July 2000 and Snowden, D. (2000) “Cynefin: a sense of time and space, the social ecology of knowledge management”. In Knowledge Horizons : The Present and the Promise of Knowledge Management ed. C Despres & D Chauvel Butterworth Heinemann October 2000 

La maldad

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Recientemente y a partir del crimen del pequeño Gabriel a manos -supuestamente- de su madastra Ana Julia se han disparado en las redes toda clase de opiniones, algunas de expertos y otras de politicastros resentidos que han abordado el tema del mal desde muy diversas ópticas, siendo la marxista la que más presencia ha tenido en las redes, es decir la idea de que la asesina (presunta) por el hecho de ser negra y una pobre emigrante tiene cierta disculpa en el delito que se le imputa.

Como es bien sabido para los marxistas existe una relación de causa-efecto entre maldad y pobreza, ignorando que la pobreza es una de esas variables omnipresentes se estudie lo que se estudie. También hubo una época en que los psiquiatras marxistas sostenían la idea de que la esquizofrenia estaba relacionada con la pobreza. Nada nuevo bajo el sol.

Otro grupo de argumentos giró en torno a la idea de enfermedad mental. Es lo que suelen hacer los bienpensantes que no entienden que un adulto pueda hacer daño a un niño. La mejor opción es pensarlo como una patología y es obvio que cuando la opinión publica habla de psicopatía está hablando de una enfermedad, la falta de empatía y todo lo demás.

Han sido pocos los que se han acercado al tema desde la óptica adecuada: “la maldad no es una enfermedad”. Esta frase siendo como es tan cierta como que la tierra es redonda, -por alguna razón- no es aceptada del todo por el publico en general. Mi opinión es que cuando hablamos de maldad estamos apelando a algo de lo que no queremos saber: apelamos a la moral. Y lo moral tiene muchas aristas, es una palabra polisémica que cuando la pronunciamos, lo primero que nos viene a la cabeza son curas y cilicios, a veces alguna cofradía de semana santa, casi siempre religión y penitencia.

Y es verdad porque la maldad es un hecho huérfano, es decir es algo que todos reconocemos pero no existe ningún profesional ni disciplina que se ocupe de ella. Aunque hoy existe la ponerología, lo cierto es que esta nueva disciplina no ha sabido escapar de la narrativa de la psicopatía clásica. Ninguna disciplina se ocupa de la maldad: ¿la sociología, la filosofía, la religión? Esas asignaturas que nos quitaron del Bachiller y de las que no tenemos noticia alguna. Y confianza en ellas menos. Todo seria más fácil si los psiquiatras sirvieran en bandeja a los jueces las sentencias. Este está loco y este no, lo dice el DSM-VII.

Y aunque la maldad sea una categoría huérfana lo cierto es que es una categoría biológica. Tan biológica como una nariz o una boca. Tan biológica como el conocimiento.

Jean Piaget fue un psicólogo y epistemólogo suizo de gran calado académico pero poco conocido por el gran publico que trabajó sobre todo en tratar de iluminar cómo se construye el conocimiento sobre las cosas. Piaget era una construccionista es decir una psicólogo que trató de construir un sistema de comprensión de abajo-arriba, es decir siguiendo las rutas del neurodesarrollo y se ocupó no tanto de las bases psicopatológicas de estos aprendizajes sino más bien en dilucidar el desarrollo normal, ontológico. Quizá por esta razón no ha sido demasiado tomado en cuenta por los clínicos pero sus trabajos sobre lo cognitivo son esenciales para comprender como construimos un sentido ético en nuestras relaciones.

Lo que descubrió Piaget fue que aprendemos ética a base de regular, cambiar, permutar o crear las reglas que regulan nuestra interacción con los demás. Se trata de reglas que los niños suelen respetar movidos por sus instintos innatos de justicia.

La ontología de Piaget tiene un deficit de soporte biológico (por el que Piaget no estaba interesado) pero no es contradictoria con los hallazgos de la neurociencia actual.

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El sentido moral se construye jugando tal y como hoy sabemos a partir de los trabajos de Jaak Panksepp que describió un circuito neuronal para el juego. Aprendemos jugando, extrayendo condiciones y reglamentos de nuestros juegos. El juego es la base de la abstracción para los niños, lo que nos socializa que es lo mismo que decir que el juego es la base de la moral, la base de la cooperación.

Pues en el juego no se trata de ganar, de lo que se trata es de que los demás vuelvan a contar contigo para la próxima partida, algo que harán si perciben que tus interacciones son honestas y recíprocas. Si eres un tramposo que solo piensas en ganar aun saltando las reglas, lo que sucederá es que te quedarás solo, lo que no hará sino aumentar tu resentimiento. Y la sociabilidad y aprendizajes relacionados que no hagas de pequeño ya no los harás nunca. La ventana plástica para los aprendizajes sociales se cierra bien pronto. Después de eso solo podemos aprender a refinar las trampas y las mentiras.

La sombra y la persona.-

De Jung ya he hablado lo suficiente en este blog y no quiero volver a repetir lo que ya escribí en este post. Pero me gustaría señalar una de las conceptualizaciones más importantes del maestro: su concepto de “persona” y su concepto de “sombra”.

Persona en griego significa “máscara”. Una persona es esa máscara con la que nos presentamos en sociedad, siempre la versión mejor de nosotros mismos. Conocer a alguien significa siempre llegar a un grado de intimidad tal que podamos ir más allá de esa máscara. Entre la máscara y la sombra, esta el Si-mismo que ha de lidiar con esas dos fuerzas en una dialéctica continua. Ha de conseguir no dejarse absorber por ninguna de ellas, no puede ser dominado por su sombra ni puede ser poseído por su máscara. En ese caso hablamos de identificación con el personaje en el caso de que creamos que esa máscara y el Si-mismo son la misma cosa o de posesión “demoniaca” en el caso de que la sombra haya ocupado el territorio del Si mismo. Es el caso de los malvados, de los desalmados.

Es obvio que la sombra está oculta puesto que representa todo aquello “malo” que la sociedad prohibe, persigue y castiga. El tramposo que ha refinado sus trampas para no ser reconocido como tal no tienen más remedio que cambiar de escenario continuamente para que sus fechorías no sean conocidas por todo el mundo, de este modo tiene siempre a alguien que parasitar y engañar, siempre en su propio beneficio. La sombra se oculta siempre detrás de esa máscara que nos proporciona la suficiente aceptación de los otros para que no nos expulsen del terreno de juego.

Pero el problema es la dualidad en que solemos pensar estos conceptos de “bondad” o “maldad” como si fueran rasgos binarios de nuestra personalidad, como si estar instalado en uno de ellos fuera la solución para esquivar las peticiones del mal, pues no hay que olvidar que en algunas personas la sombra está presidida por la muerte en estado puro, por lo tanático.

El problema es que no hay personas absolutamente buenas y otras que son absolutamente malas. Se trata de un espectro de continuidad donde ciertos fenomenos extremos se materializan, precisamente por el blanqueamiento del mal. Y la mejor manera de evitar las emergencias malignas de la sombra es conocerla bien. ¿Cuantos de nosotros creemos que no seriamos capaces de hacer daño a los demás como sucede en el experimento Milgram? ¿Cuantos de nosotros somos capaces de reconocer ese concepto de “banalidad del mal” que describió Hanna Arendt? ¿Cuantos de nosotros no hubiéramos sido torturadores en la Edad media si nos hubieran ordenado hacerlo?

De manera que conocer nuestra sombra es un ejercicio práctico en el que deberíamos entrenarnos de por vida, conocer, aceptar nuestra sobra y hacerla consciente algo que es más fácil de llevar a cabo por los resentidos. Es por eso que cualquier forma de psicoterapia que no sea capaz de confrontarnos con nuestra maldad es solo placebo.

La mejor forma de evitar la emergencia del mal es hacernos cargo de él y renunciar a esa idea postmoderna de que todo el mundo debe ser bueno (el buenismo impuesto) inventando moralidades nuevas e impostadas. Hacernos cargo de él para revitalizarlo a través de la conciencia, proyectarlo y tratar de convertirlo en algo útil, para nosotros, para los demás y para la comunidad. No hay nada tan inútil como la bondad, la bondad es para las mascotas, pero no para los hombres. Sin la maldad necesaria no se puede mantener una posición, no se puede renunciar al silencio, no se pueden tomar riesgos, no se puede escalar socialmente, ni se puede encontrar pareja. ¿No es cierto?

“La contraposición de lo luminoso y bueno, por un lado, y de lo oscuro y malo, por otro, quedó abandonada abiertamente a su conflicto en cuanto Cristo representa al bien sin más, y el opositor de Cristo, el Diablo, representa el mal. Esta oposición es propiamente el verdadero problema universal, que aún no ha sido resuelto”. (Jung)

Bibliografía.-

Panksepp, J. 1998. Affective Neuroscience: The Foundations of Human and Animal Emotions. New York:

Sesgos de izquierdas, sesgos de derechas

Recientemente he leído un articulo que viene vinculado aqui y que aborda la idea , la misteriosa idea de por la que la mayor parte de la población considera a los progresistas como buenos y a los conservadores como malos. ¿Por qué Hillary u Obama son buenos y Bush o Trump son la encarnación del mal? ¿Se debe solo a la propaganda? ¿A su aspecto físico o a sus modales?

Lo que Winegard plantea es que es un problema de adoctrinamiento. Un adoctrinamiento que presenta a los conservadores como beatos o egoístas defensores de los poderosos, siendo los progresistas los empáticos y generosos con todo el mundo.

El sesgo es algo intrínseco al cerebro humano, todos tenemos sesgos pero los sesgos son un concepto importante en el mundo académico y científico. A pesar de esto, es notablemente difícil de definir o medir. Y muchos, tal vez todos, los estudios de éste son susceptibles a objeciones razonables de algún marco de razonamiento normativo u otro. Sin embargo, en un discurso común, el término es bastante fácil de entender. El prejuicio es una preferencia o compromiso que impulsa a una persona a alejarse de la imparcialidad.

Hay muchos tipos de sesgos, y los sesgos pueden penetrar el proceso cognitivo de principio a fin y en cualquier punto intermedio. Puede conducir a una exposición selectiva , por lo que las personas buscan preferentemente material que favorezca su posición preferida y eviten el material que lo contradiga; puede conducir a un escepticismo motivado , por el cual las personas son más críticas con el material que se opone a su posición preferida que con el material que lo respalda; y puede conducir a una credulidad motivada, mediante la cual las personas asimilan la información que respalda su posición preferida de manera más fácil y rápida que la información que la contradice. A menudo, estos sesgos funcionan todos juntos.

La fuerza del propio sesgo está influenciada por muchos factores, pero, para simplificar, podemos dividir estos factores en tres amplias categorías: claridad, problemas de precisión y preocupaciones extrañas.

La claridad se refiere a cuán ambiguo es un tema. Cuanto más ambiguo, menor es la claridad y mayor es el sesgo. Por lo tanto, el puntaje de un juego de baloncesto tiene una claridad muy alta, mientras que un debate político puede tener muy poca claridad. Las preocupaciones de precisión se refieren a qué tan deseoso es un individuo de saber la verdad. Cuanto mayor es la preocupación, en promedio, menor es el sesgo.

En términos generales podríamos  decir que el sesgo puede representarse mediante una ecuación tal que las preocupaciones extrañas (E) menos (precisión (A) más claridad (C)) equivalgan al sesgo: (E – (A + C) = B) .

Esto probablemente explica por qué el sesgo político es una forma de prejuicio tan poderosa y aparentemente indestructible: la claridad es a menudo baja y las preocupaciones extrañas a menudo son muy altas. Las identidades políticas de las personas no son como disfraces sin sentido que pueden ponerse y desecharse sin pasión. Son cruciales para uno mismo: más como la piel que la tela. Por lo tanto, las personas están fuertemente motivadas para mantener posiciones que les permitan seguir siendo miembros de su grupo social preferido. Además, muchos debates políticos importantes tratan sobre temas que son increíblemente difíciles de evaluar y estudiar (y, por lo tanto, tienen poca claridad).

Si queremos comprender los prejuicios políticos que las personas pueden tener, debemos comprender sus compromisos políticos y, aún más, debemos comprender sus valores sagrados . Los valores sagrados son valores fuertemente sostenidos que uno trata como inviolables. La oposición al aborto, por ejemplo, es un valor sagrado para muchos conservadores. No estarían dispuestos a cambiarlo por un valor menos importante -por ejemplo, recortes de impuestos- y, de hecho, considerarían el intercambio sugerido como reprobable. Podemos imaginar compromisos morales / políticos en un continuo de “no importante” a “sagrado” Cuanto más sagrado es el valor, más crucial para la propia identidad política es.

Los progresistas por su parte parecen adherirse a una narración sagrada sobre los grupos de víctimas que dice algo así: muchos grupos han sido abusados, explotados y oprimidos por poderosos europeos ( blanco) hombres. Estos grupos aún sufren de este legado. Y la sociedad, a pesar de las modestas mejoras, sigue siendo sexista y racista. Aunque muchas personas proclaman su dedicación a la igualdad, a menudo tienen prejuicios, a veces de manera sutil.A los grupos de víctimas no les va tan bien en la sociedad como a los grupos privilegiados porque la sociedad ha establecido las reglas en su contra y porque muchos miembros de los privilegiados los acosan, abusan y discriminan a propósito. Aunque muchos ignoran o perpetúan un sistema de explotación, hay personas que se han dado cuenta de cuán atroz y opresiva puede ser la sociedad y quiénes están luchando contra ella. Si más personas llegan a pensar de la manera en que lo hacen, si más personas estudian el racismo y el sexismo, si más personas se unen a los movimientos y denuncian todas las formas de discriminación, entonces el mundo se convertirá en un mejor lugar. Aquellos que no están de acuerdo con esto son parte del problema. Incluso si tienen buenas intenciones, son parte del sistema y solo obstaculizarán el progreso y apoyarán a los racistas y sexistas.

Este es un argumento típicamente perverso y de carácter autoreferencial, si no estás de acuerdo conmigo entonces es porque eres un malvado, parte del sistema opresor. Esta curiosa maniobra argumentativa de baja calidad dialéctica consiste en devolver al argumento contrario al barro de la confusión, se impide así cambiar de nivel y se obstaculiza el progreso de cualquier debate, no siempre a través del insulto o la descalificación (tolerable siempre contra los opresores) sino a través de una confusión de tipos lógicos. Por ejemplo, una idea demostrada científicamente será siempre sospechosa de tener defectos de método cuando no coincida con el prejuicio que sostienen los progresistas.

Los progresistas al menos los de hoy, también tienen valores sagrados: piensan que todas las personas, todos los grupos, todas las sexualidades y todos los sexos deben ser tratados con justicia . También son especialmente sensibles a las amenazas potenciales al igualitarismo, por lo que se adhieren a la creencia de que todos los grupos demográficos son aproximadamente iguales en todos los rasgos socialmente valorados, una creencia que llamamos igualitarismo cósmico. Tal vez la forma más común de igualitarismo cósmico es la falacia de la pizarra en blanco, o la creencia de que los humanos son casi infinitamente maleables, y que todas las diferencias importantes entre ellos son causadas por el medio ambiente, no por los genes. El igualitarismo cósmico sirve como un amortiguador protector para la equidad porque sostiene dos cosas: 1) Las disparidades grupales son causadas por prejuicios y discriminación (injusticia), no por diferencias grupales; y 2) Definitivamente deberíamos tratar a todos los grupos de la misma manera porque son básicamente lo mismo.

Naturalmente no cabe duda de que los principios progresistas parecen impregnados de valores morales superiores. ¿Pues quién puede estar en contra de la igualdad de las personas entre los sexos, entre las razas o entre religiones?

El problema es que los progresistas apelan quizá sin saberlo a valores sagrados igual que hacen los católicos con el aborto. Para ellos la igualdad -signifique lo que signifique, pues se trata de un término poco claro- es algo que es bueno en si mismo y hay que eliminar a todos aquellos que piensen lo contrario, verdaderos enemigos de ese mundo feliz al que aspiran. ¿Ahora ya no parecen tan morales, verdad?

Y cuando se apela a valores sagrados se encuentra uno con el muro de la contradicción pronto o temprano. No hay que olvidar que solo un 20% de los crímenes se cometen por rapiña, el resto se cometen en nombre de algún principio moral.

Probablemente todas las personas son parciales; y fuertes compromisos ideológicos en ambos lados del espectro aumentan tales propensiones preexistentes. El cerebro normal es un cerebro con prejuicios. Durante demasiado tiempo, los progresistas que han dominado las ciencias sociales han dado por hecho el progresismo y, por lo tanto, han examinado a los conservadores como si fueran extraterrestres con un conjunto de preferencias ideológicas perplejas y posiblemente perniciosas.

Remito al lector al articulo de Winegard si quiere saber más sobre los sesgos que abrasan a progresistas y conservadores y observar que hay más sesgos en los progresistas que en los conservadores. Un pozo profundo de parcialidad en las palabras de Winegard.

Conflicto y soluciones paradójicas

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La intención paradójica es una estrategia bien conocida por los psicólogos de base comunicacional como los que surgieron de la escuela de Palo Alto en los 70. Ya era conocido que los humanos nos resistimos a cambiar de opinión, a sopesar otras posibilidades vitales y sobre todo a comprender otros puntos de vista. Freud llamó “resistencia” a una especie de armadura que nos permite salvaguardar nuestras percepciones, ideas o creencias a salvo de las opiniones ajenas. Y que tendemos a rodearnos de personas que piensan como nosotros y a demonizar moralmente a los que piensan de forma contraria.

Fue un psiquiatra bien conocido por todos nosotros –Victor Frankl- el primero en utilizar la terapia de forma paradójica. Frankl, antes de su deportación a Auschwitz fue psiquiatra en un Hospital de suicidas en Viena donde a partir de su penetrante estilo observacional comenzó a tratar a sus pacientes con una técnica poco convencional, en lugar de apiadarse de sus pacientes y sus quejas solía plantearles dilemas de claro estilo paradójico. Por ejemplo solía preguntar a los pacientes más recalcitrantes ¿Y a usted que le induce a seguir vivo? “Si, yo estuviera en su lugar ya me habría decidido”.

Naturalmente esta pregunta es desconcertante para un psiquiatra convencional pero introducía en el paciente una duda ¿Y si mi plan de suicidio no es más que una solución radical extrema? “Al fin y al cabo tengo familia, tengo algunas cosas que preservar”.

Las intenciones paradójicas son una herramienta psicologíca que también se utiliza en psicología social. Parte de la consideración de que para neutralizar una actitud negativa no hay que tomar una solución clarifinante (muerto el perro se acabó la rabia) sino que a veces la oposición de una idea de signo contrario no hace sino enquistar el conflicto o hacerlo más radical. Algunos autores proponen tanto en la clínica como en los grupos sociales lo que definen como modelos de intervención paradójica y que consisten en 1) delimitar a quien va dirigido el mensaje, usualmente a los que proponen soluciones duras (los halcones) o los equidistantes y 2) Invitarles a seguir radicalizando sus posiciones y 3) Atribuir esta necesidad de radicalidad a cualquier otra cosa que no esté bajo el control del halcón. Por ejemplo invitar a un grupo radical a seguir siéndolo y a no ceder un palmo de terreno en aras de un beneficio a toda la comunidad, mantener un ejército poderoso por ejemplo.

Usualmente llamamos conflictos irresolubles a aquellos que se mantienen en forma de opiniones y actitudes polarizadas y bastante extremas, un ejemplo es el conflicto palestino-israelí, un conflicto que parece no tener fin y que separa a ambas comunidades en una especie de jaula ideológica que tiende a mantener las posiciones iniciales de forma perpetua. Gran parte de estos conflictos se deben a la convicción de ambas partes de tener razón, un ethos de la guerra, es decir en estar investidos de una superioridad moral que deja a los contrincantes en una especie de limbo moral. El nosotros-ellos es la variable critica de este tipo de conflictos que solo pueden resolverse a través de la ecuanimidad.

La ecuanimidad es la capacidad de poder integrar la parte de razón que tienen los que piensan de una forma distinta a la mía. No es neutralidad o equidistancia como se llama ahora, sino una posición ética que no renuncia a las creencias propias. El ecuánime se manifiesta pero es capaz de dialogar con aquellos que sostienen ideas o creencias bien distintas a la suya. El neutral simplemente se protege para no ser alcanzado por el fuego cruzado.

Acaba de publicarse un articulo del cual he extraido algunos párrafos porque se trata de un estudio de campo que se llevó a cabo precisamente en Israel inmediatamente antes de las ultimas elecciones. Los autores aseguran que su intervención hizo que los halcones perdieran en favor de las palomas y que más que eso: se cambiaran algunas actitudes creenciales con respecto al adversario y que este cambio fue permanente en el tiempo. Dejo aqui el articulo en cuestión para que el lector pueda leer los detalles de esa investigación

En las sociedades involucradas en un conflicto insoluble, existen fuertes barreras sociopsicológicas que contribuyen a la continuación e intratabilidad del conflicto. Basado en un estudio de campo único realizado en el contexto del conflicto israelí-palestino, ofrecemos una nueva vía para superar estas barreras al exponer a los participantes a una campaña de intervención paradójica a largo plazo que expresa ideas extremas que son congruentes con el espíritu compartido de conflicto. Los resultados muestran que la intervención, aunque contraintuitiva, llevó a los participantes a expresar actitudes más conciliatorias con respecto al conflicto, particularmente entre los participantes con orientación política de centro o derecha. 

Más importante, la intervención incluso influyó en los patrones reales de votación de los participantes en las elecciones generales israelíes de 2013: los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por partidos moderados, que abogan por un resolución al conflicto. 

Con base en estos resultados, proponemos una nueva capa para la teoría general de la persuasión basada en el concepto de pensamiento paradójico. Los participantes que estuvieron expuestos a la intervención paradójica, que tuvo lugar en las proximidades de las elecciones generales, informaron que tendían a votar más por los partidos moderados, que abogan por una resolución pacífica del conflicto. Estos efectos fueron de larga duración, ya que los participantes en la condición de intervención expresaron actitudes más conciliatorias cuando fueron reevaluados 1 año después de la intervención. 

Dicho de otro modo: no se puede combatir la irracionalidad desde otra irracionalidad de signo contrario, tampoco sirven las soluciones racionales porque carecen de la potencia emocional de lo irracional. De modo que solo nos queda una solución para enfrentar la irracionalidad: a través de una irracionalidad extrema pero del mismo signo.

Ser y tiempo

ser y tiempo

Leer a Heidegger no es tarea fácil, es por eso que no recomiendo al lector una lectura directa del libro que preside este post. Lo mejor es que alguien nos lo de masticado, al menos las ideas fundamentales de este libro que según algunos es el libro filosófico más importante del siglo XX.

Eso me sucedió a mi, tuve la suerte de tener un maestro que conocía bien a Heidegger y que me lo desmenuzó al menos para conocer cuales eran las ideas más importantes de este filósofo alemán, que escribía en el único idioma donde la filosofía es posible (junto con el griego), fundamental para la formación de un psiquiatra, sin él, todas las diatribas que hoy mantenemos sobre la identidad son discusiones sin fundamento, polémicas inútiles que ningún pesimista iniciaría de buen grado. Pues para hablar de identidad hemos de hablar de la ontología del Ser y diferenciarla de los entes, que no son la misma cosa.

iglesia-rebelde

Hacía ya mucho tiempo que no pensaba en Heidegger cuando de pronto ha caído en mis manos un libro de Oriol Quintana titulado “Filosofía para una vida peor”, un libro de divulgación pero profundo que pretende ser un libro anti-ayuda y que escarba entre los filósofos pesimistas del siglo XX, allí aparece -como no- un capitulo dedicado a Heidegger.

Y es anti-ayuda porque reniega de la psicología positiva y no se anda por las ramas de los que buscan sucedáneos para encontrar la felicidad o dar recetas para una vida mejor. Según Orion Quintana existen dos clases de personas, los optimistas que mantienen la idea de que el mundo es mejorable, de que todo está conectado, de que es inevitable que las cosas mejoren con el tiempo, de que querer es poder y que disponemos dentro de nosotros de una fuerza monumental de cambio. Y los pesimistas que le han visto las orejas al lobo y ya no pueden mantener la idea que preside el imaginario de los optimistas. Yo también soy un pesimista pero en el siguiente sentido: no creo en la mejora moral de los seres humanos, no creo en el progreso de la humanidad, ni creo en que indefectiblemente vayamos a ir mejorando, pienso que las cosas siempre pueden ir a peor. Soy en ese sentido freudiano y heideggeriano. Un pesimista racional al estilo de John Gray.

Entiéndase bien, no quiero decir que niegue el progreso de la tecnología, de la ciencia o de la medicina, por poner un ejemplo claro. En lo que no creo es en la teleología obligada de sentido único en cuanto al progreso moral del hombre. Lo que hemos conseguido puede perderse fácilmente pues somos -la humanidad entera- un ente muy vulnerable, tanto como cada uno de nosotros, somos profundamente inanes, vanos e insustanciales. Estamos tal y como decía Heidegger orientados a “Ser-para-la muerte”, este es nuestro destino.

Quizá por ello ninguno de nosotros es capaz de mirar a su muerte cara a cara y hemos desarrollado múltiples estrategias para no pensar en ella, blanqueando el mal y la barbarie que anida entre nosotros, llevando a cabo o pensando proyectos que de alguna manera están diseñados como si fuéramos a vivir eternamente, sucedáneos de una felicidad eterna. Ir hacia adelante persiguiendo esa zanahoria que está delante de nuestros ojos es quizá el engaño más sutil que hemos desarrollado para no pensar en la muerte, en la nuestra, la única verdadera.

Es por eso que se han desarrollado teorías para explicar la depresión como si fuera una enfermedad como las demás. ¿Es normal estar deprimido?. Pues parece ser que lo que requiere una explicación no es porqué nos deprimimos sino porque somos tan optimistas, algo así nos explica la teoría del realismo depresivo. ¿Qué razones objetivas tenemos para pensar que todo irá bien?

Obviamente la esperanza siempre será mas adaptativa que la desesperanza, en el sentido de que nos permitirá seguir pensando y haciendo tonterías en nuestra vida, siempre y cuando esa esperanza no nos lleve de bruces hacia la negación total de la muerte que es una idea que se refutará por si misma pronto o tarde. De mi libro anti-ayuda he extraído la siguiente idea: hay que estar preparado para lo peor. Y la peor noticia es que no tenemos el mando del control de este proceso, tanto es así que algunas personas se suicidan para recuperar ese control. Nos moriremos cuando sea, esa es la verdad, siempre en el futuro, pero la muerte es futuro sencillamente porque solo nos morimos una vez y nadie ha muerto en el pasado para tener recuerdos. Por eso nadie cree en su propia muerte, a pesar de las pruebas.

¿Nadie?

Algunas personas si.

Sobre todo aquellas que han vivido en su vida acontecimientos especiales, de esos que nos cambian la vida, y la escinden en un antes y un después. Los supervivientes de algún trauma de la vida, de algún golpe definitivo, esos que nos cambian el cerebro porque atentan contra la confianza (la confianza básica) que contiene estos tres mandamientos:

1.- Nadie me hará daño

2.- Si lo necesito alguien me ayudará

3.- Todo saldrá bien.

Ciertos eventos de la vida rompen esa idea que las personas corrientes desarrollaron durante su infancia, donde fueron queridos, protegidos y puestos a salvo de cualquier mal. La ruptura de la confianza básica es común en todas las personas que han sufrido experiencias devastadoras, que lo han perdido todo, que han presenciado atrocidades o las han cometido bien sea de forma activa o pasiva, en este sentido no hay nadie inocente. Todos aquellos que han cruzado esa linea roja, donde todo se viene abajo han muerto aunque de forma simbólica para la vida, son muertos vivientes, zombis que obligados a deambular -siempre hacia delante- hacia el futuro de la zanahoria, siguen haciéndolo, trabajando o cocinando estúpidos pasteles pero en cualquier caso ya no pueden seguir engañándose a sí mismos: han descubierto el mal y su propia vulnerabilidad, esa es la Verdad.

En “Ser y tiempo” Heidegger explora una cuestión fundamental de la filosofía: ¿Qué es el Ser? ¿Quien soy yo? ¿Que queremos decir cuando decimos “yo soy”? ¿Qué queremos decir cuando decimos “que algo es”?

Es una pregunta clave de la filosofía, ya Platón se ocupó de ella y también Schopenhauer, si bien no llegó a profundizar lo suficiente en ella, cuando le hicieron esta misma pregunta, solo acertó a decir:

“Yo soy el autor de El mundo como voluntad y representación”, una idea que podeís perseguir en este post.

Heidegger no estaría de acuerdo con esta respuesta nada metafísica y en cierta forma utilitarista, puesto que uno no es lo que hace, uno es lo que es pero ese Ser que anida en nuestro interior no es la gema de la que hablaba Hofsdadter, no hay ninguna gema. La manera mas acertada de decir qué es ese Ser que anida en nuestro cerebro es decir que es el Ser colectivo, el Ser que anida en todos y cada uno de nosotros, un Ser en cierta manera indiferenciable de los demás. Lo que uno hace -sus proyectos- son la estrategia que tomamos para despistarnos de nuestro verdadero Ser (El Ser en sí mismo) que no es lo mismo que el Dasein (El Ser en el mundo).

Uno es lo que hace cuando anda a ciegas en ese territorio al que ha sido arrojado, un mundo inhóspito (unheimlich) al que llegamos como un astronauta que fuera arrojado a una civilización extraterrestre sin saber nada de ella. Lo que uno hace es en cierto modo una especie de programación social que nos lleva de aquí para allá a fin de ser útiles para la sociedad, trabajar, ganar dinero, pagar hipotecas, casarse o no casarse, tener o no tener hijos, educarles, jugar a los bolos, encender barbacoas, conducir nuestro automóvil para llegar a un trabajo estúpido que no nos llena salvo la barriga que va creciendo cada día más a base de repostería. La tarea del filósofo en este sentido es igual de sin sentido que estas vidas anónimas de seres caducos y transitorios, tan caducos y transitorios como el filósofo. Pero hay una diferencia: algunos filósofos profesionales y otros no profesionales no se dejan engañar por esta visión del mundo y saben la verdad.

Pero la verdad es cara e incómoda, tanto que conocer la verdad es aceptar la muerte pues esa es la única verdad y al mismo tiempo, el fin de cualquier verdad.