El malestar de las muchachas

Hace pocos días me invitaron a un foro de esos donde el organizador lleva a un profesional añoso, ya retirado como yo que sirva de contrapunto a las ideas de otros miembros más jóvenes a fin de que surja -como se dice ahora- un debate sabroso. El tema era la salud mental así en general, de manera que aproveché la primera pregunta que me hizo en organizador para centrar el tema, que no era otro sino en qué han cambiado las patologías mentales -las de entonces- comparándolas con las de ahora.

Les dije que en mi opinión, el dato más preocupante y al mismo tiempo más fascinante desde el punto de vista de la investigación era la explosión de trastornos mentales en la infancia-adolescencia. Preocupante sobre todo, era la enorme cantidad de niñas (y digo niñas por no hablar de menores) que presentan patologías severas que años atrás o bien no se conocían (o eran muy raras) o bien se producían en los adultos. Se trata de niñas de la ESO es decir de educación secundaria, que en nuestro país abarca las edades de 13-16 años. De manera que ha habido un adelantamiento, una especie de precocidad en la manera de presentarse los problemas psiquiátricos y psicológicos y al mismo tiempo tenemos la impresión de que estos problemas en gran parte se «contagian» y más que eso: tienen más que ver con el modelo de sociedad en el que viven estas muchachas que en causas que pudiéramos llamar intrapsíquicas. Dicho de otro modo, se trata de problemas más contextuales que morfológicos, mas sociodependientes que psicodependientes y donde sin embargo la psicologización de nuestra sociedad tiene mucho que ver con su aparición y los conceptos que manejan los pacientes, aprendidos de memoria, de un modo dogmático.

«Yo lo que quiero es estar bien conmigo misma»

«Soy un hombre atrapado en un cuerpo de mujer»

Obsérvese cómo estas frases contiene no poco de esa psicología pop -en realidad metafísica- que circula por las redes y que suelen decir las chicas que padecen un trastorno alimentario o aquellas que sienten disconformidad con sus cuerpos y se identifican como trans, una vez han decidido que lo que les sucede es que su esencia no coincide con su cuerpo sexuado.

Como el lector sabrá este problema ha explotado recientemente y el lector puede leer este post sobre el libro de Abigail Shrier, donde podrá ponerse al día del fenómeno.

Pero si pongo el ejemplo de los TCA y del fenómeno trans es porque estoy convencido de que se trata de fenómenos emparentados, se contagian ambos y además -entonces no lo sabíamos- los TCA son la punta del iceberg de una serie de malestares de las muchachas en nuestro tiempo. Una forma de vehiculizar malestares inespecíficos.

La siguiente pregunta que me hizo el entrevistador fue esta: ¿Y a qué se debe ese malestar?

El escape de la femineidad.-

Naturalmente existe una continuidad entre lo que pasa hoy y lo que pasaba hace unos 10-15 años. Entonces lo que sucedía era algo invertido a lo que pasa hoy. Había muchos chicos que sentían que no encajaban en los modelos masculinos y llegaban a la conclusión de que eran homosexuales. Lacan habló de un empuje hacia la mujer (la puissance a la femme), es decir una atracción por lo femenino que no se manifestaba en una atracción física sino en una identificación con lo femenino muchas veces convertido en farsa. Este fenómeno no ha desaparecido sino que se ha normalizado al mismo tiempo que la conducta homosexual ha pasado a formar parte de «lo normal y aceptado» en una sociedad.

Del mismo modo, en los problemas de disforia de género había un predominio de chicos que iniciaban su transito a chicas, si bien la casuística era muy baja, tanto que solo he visto dos casos en mi vida. Sin embargo en los últimos años se ha invertido la prevalencia y las chicas son mayoría tanto que Suecia que fue pionera en estos tratamientos de transición de genero ha levantado todas las alarmas al declarar que en los últimos diez años las consultas y peticiones de transición de género han aumentado de forma espectacular, un 1500% en niñas de 13-17 años.

Naturalmente este fenómeno está emparentado con la prevalencia de los trastornos alimentarios con una diferencia: estos trastornos son considerados trastornos y reciben atención médico-psicologica mientras que la disforia de género o demandas de transiciones en esta población no son consideradas patologías y reciben un tratamiento afirmativo, tal y como podemos ver en este post sobre la disforia.

En mi opinión estamos asistiendo a un escape de la femineidad en estas niñas que se manifiesta de este modo y aunque hay autores que lo achacan a una masculinización de las niñas –Lola Lopez Mondejar habla del modelo Tinder y la adopción por parte de las chicas del «one night stand«- pero yo creo que es algo más profundo, un malestar que roza un vacío: ¿Qué es una mujer?

Y lo cierto es que no existe un modelo atractivo de mujeres para las niñas que han de escoger – una vez liquidada la identificación maternal- entre la mujer «empoderada», para las que la mayor parte de ellas no están preparadas o la «mujer florero» que enseña las nalgas en Instagram, algo a lo que la mayoría de chicas ni pueden acceder y probablemente tampoco quieran. Mientras tanto las feministas siguen empeñadas en combatir los estereotipos de genero, pero parece que están más interesadas en combatir los modelos masculinos que los de ofrecer a las muchachas un modelo atractivo que incluya la función social de la mujer que sigue siendo la maternidad: el eje vertebral de la sociedad.

En el citado debate que mantuvimos sobre las causas del malestar me gustaria destacar la clase de argumentos predominantes: los que sitúan la causa en los hombres o el patriarcado o el machismo, la desigualdad y etc. De entre ellos me gustaría citar algunas perlas:

-«Porque ser mujer es ser esclava de una opresión».

-«Los hombres no nos tratan como iguales, yo tardé mucho tiempo en darme cuenta de ello».

– «Las miradas de los hombres me ponen enferma, gente que podía ser mi padre o mi abuelo me miraban de un modo asqueroso».

-«O eres objeto o eres víctima».

-«La femineidad no es practica».

-«La femineidad es como quieren los hombres que sean las mujeres».

-«Porque ser mujer es incomodo, tacones, prendas apretadas, peluqueria, cosmeticos, sostenes», etc.

Bueno, la mayor parte de las opiniones que recibí proceden de estos ámbitos que podríamos llamar casi traumáticos, la visión de las relaciones en forma de opresión, las miradas indiscretas, la victimización, etc. De tal forma que siguiendo ese protocolo casi que lo mejor seria que chicos y chicas hicieran la ESO de forma segregada. ¿Mejoraría esta segregación la situación de las niñas? No lo creo, pues la mayor influencia de una niña son las otras niñas y no los niños.

Lo importante es señalar que estas respuestas son de mujeres adultas, no proceden de esas niñas que sufren ese tipo de problemas que más arriba dibujé, de manera que no tenemos más remedio que especular y hacerlo teniendo en cuenta de forma simétrica lo que les pasa a los chicos de hoy que también presentan ese desquicio -aunque manifestado de otras formas- trataré ahora de dar mi opinión sobre la procedencia de este malestar:

La hiper-psicologización.-

Una de las características de la crianza de hijos actual en las sociedades opulentas, es la idea de que cualquier malestar, enfado, discrepancia, sufrimiento, comparación o conductas inapropiadas de nuestros hijos son debidos a una patología. Los padres actuales están muy involucrados en la crianza de sus hijos y no toleran la mínima adversidad en su trato ofreciendo continuamente explicaciones psicológicas a su malestar y consultando todo tipo de especialistas en edades muy tempranas. Hay un horror al TDH, a los trastornos del aprendizaje o del espectro autista, al bajo rendimiento escolar o a los deficits de crecimiento y maduración de los niños. Los padres aspiran a que sus hijos sean felices y que tengan éxito, sobre todo éxito. Estas niñas con frecuencia no hay tenido escarceos sexuales, ni se han masturbado nunca y por supuesto no fuman. Sin embargo son capaces de declararse del otro sexo sin saber muy bien cómo llevar adelante su propio proceso de identidad o bien iniciar una dieta sin tener en cuenta las consecuencias y negando sus efectos sobre su salud.

La identificación negativa con la madre.-

Las niñas no quieren ser como su madre, cada una de ellas por una razón. Y ninguna de estas niñas se plantea ser madre y no dudan en castrarse (La anorexia es una forma de anovulación natural), o bien transicionar de género no tanto para ser hombres sino para dejar de ser mujeres. Parece que el contagio es la forma que puede explicar este aumento explosivo de casos en ciertas sociedades.

El contagio procede de la socialización.-

Los chicos y las chicas tienen distintas formas de socializar pero tanto para ellas como para ellos, ser aceptados por el grupo es vital.

Para una niña de esta edad es muy importante ser miembro de un grupo. ser aceptada por él y evitar la exclusión. es vital para todos los niños esa aceptación pero para las niñas lo es aun más.

Lo cierto es que el contagio es más potente en ciertos sexos (el femenino) y en ciertas edades (la adolescencia) y los psicólogos que estudian la influencia de pares se preguntan porque la histeria por ejemplo se contagia y se propaga tan fácilmente entre las muchachas. Amanda Rose ha estudiado este fenómeno y explica: «A diferencia de los chicos cuando escuchamos a las chicas hablar entre sí es mucho más probable que respondan con declaraciones de validación y apoyo más que con cuestionamientos». Las chicas socializan hablando, hablan de sus cosas, construyen relatos pormenorizados de su vida interior, pero no solo eso sino que encuentran en sus oyentes justificaciones para seguir sintiendo lo que sienten. Por esta razón las adolescentes son más propensas a asumir la depresión por la que está atravesando una amiga y a deprimirse ellas mismas.

A Amanda Rose le debemos el concepto de co-rumia que ha detectado en las relaciones entre pares femeninos. Se trata de la discusión excesiva de una dificultad, una especie de sobrecalentamiento argumental de un problema, lo que hace que las relaciones entre chicas sean más fuertes y sobre todo más peligrosas a la hora de asumir las dificultades de la otra.

Otro fenómeno descrito por la Dra Rose es la persecución excesiva de consuelo y la búsqueda de retroalimentación negativa en la que alguien mantiene una sensación de control al procurar confirmar con los demás su baja autoestima. Hay que recordar ahora que la mayor parte de las personas necesitan mantener el control sobre sí mismas y la conducta ajena y que siempre será preferible sentirse culpable o con una autoestima baja si no se pierde el control.

Y no cabe ninguna duda de que la anorexia mental es un ejercicio de control radical. Mantener el control de la situación es muy importante para las chicas.

La rivalidad intrasexual.-

La rivalidad intrasexual es una variable que procede de la psicología evolucionista y a la que se le da muy poco valor en los estudios psicológicos o sociales sobre estos problemas que abruman a la población adolescente. Hay que recordar ahora que una niña cuando sale de Primaria y se integra en la Eso transiciona de un entorno maternal a un entorno donde ha de vérselas no solo con compañeros y compañeras de su misma edad sino también con todos los que son mayores que ella. A los 13 años puede empezar a sentir los dardos de los chicos sobre su cuerpo, las burlas sobre su peso o la crueldad con todo aquellos que la estigmatice, sea peso, acné, ropa, tetas, psoriasis, orejas de soplillo, etc.

Cualquier cosa que la señale tiende a estigmatizarla, del mismo modo sucederá si es la más guapa, o la mas fea, la más popular o la más desvergonzada, la «empollona» o la retraida. Los grupos siempre presionan hacia la mediocridad (el termino medio) y se trata de un hecho que sucede no solo en las chicas sino también en los chicos.

Pero lo importante es señalar que la exclusión procede del grupo de iguales, es decir son las chicas las que excluyen a las chicas y lo hacen movidas por la rivalidad intrasexual.

Para una adolescente ser aceptada por el grupo y al mismo tiempo ser atractiva para el sexo opuesto es más que un deseo comprensible, es vital, una cuestión de supervivencia cuyos aprendizajes cada vez más precoces y relacionados con el galanteo y el apareamiento tienen un singular parentesco con los desordenes alimentarios. Algunos autores como Abed han llegado a proponer la hipótesis de que la competencia sexual entre mujeres es la causa de los trastornos alimentarios.

Una forma de desbordamiento que procede de la incapacidad de mantener sinergias entre dos deseos aparentemente contradictorios: ser aceptada por el grupo y ser atractiva.

Naturalmente el tema no está resuelto pues la complejidad de las relaciones junto a los malestares que proceden de la propia familia forman un entramado de causas y efectos circulares que oscurecen la realidad de cada caso. Lo importante es comprender que cada niña es un caso único y aunque con fines de investigación hablemos de los malestares de las muchachas, es obvio que el grupo de iguales tiene a su vez varios subgrupos, por ejemplo no es lo mismo las chicas que tienen exito con los chicos y que gracias precisamente a ese éxito son capaces de construir complicidades con las menos atractivas.

¿Quién no ha sido o ha querido ser amiga de la guapa de la clase?

Pero al final la suerte de la fea la guapa la desea.

Si llegas a los 18 sin traumas escolares graves podrás empezar a madurar.

Y madurar significa darse cuenta de que tu malestar es utilizado políticamente en tu contra.

Carol

Hace unos días mientras quitaba el polvo de mi biblioteca encontré que en el estante mas alto de ella había cinco libros de Patricia Highsmith, toda la serie de Tom Ripley, y uno que no encontré, me refiero a «Extraños en un tren», que seguramente presté a alguien y nunca me devolvió. Recordé a un amigo mio que solía apuntar en una libreta los prestamos de libros que hacía y maldije el no recordar a quién le presté ese libro. Pero no era el que buscaba, sino «Carol», un libro que comencé a leer y por alguna razón desconocida abandoné en el primer capitulo, aun reposa allí un separador con la cara de un conejo.

Y lo buscaba después de oír en Spotify un programa sobre la Highsmith que encendió mi curiosidad. «Grandes infelices» de Javier Peña, un programa de radio que analiza a distintos autores literarios. Lo cierto es que desconocía la historia de la autora y no sabia el periplo de esta novela que había publicado en 1953 con un pseudónimo: «El precio de la sal» y que ya en la década de los 70, cuando era famosa, se decidió a publicarla con su nombre. No es nada raro, la novela es una narración sobre un amor lésbico, el que mantienen Therese y Carol. Ni qué decir que Therese es la propia Patricia y por su paralelismo con su vida real me parece un documento psicológico de mucho valor, escrito en un momento donde no era políticamente correcto aparecer como lesbiana en el mundo editorial. Así y todo se vendieron más de un millón de ejemplares en todo EEUU. Posteriormente el mercado de la Highsmith (en adelante PH) se trasladó a Europa, pues su literatura nunca fue apreciada en su país debido quizá al tratamiento que hacía de los dilemas morales. No me extraña, pues USA es un país de beatos, y no tanto porque sus ciudadanos lo sean sino porque su Constitución está tan ligada a la libertad religiosa y al Mayflower que podríamos hablar de un país donde religión y política van de la mano sin que hayan todavía resuelto ese integrismo que la caracteriza, un problema de independencia, que en Europa ya se resolvió después de la II guerra mundial. Decir americano es lo mismo que decir «puritano», incluso los progresistas de izquierdas son puritanos y de ahí viene lo de woke, esa ideología que huele a moralismo calvinista. No es de extrañar que las dos novelas del siglo XX más transgresoras hayan sido escritas por americanos y en America: me refiero a «Lolita» de Vladimir Nabokov y a «Carol», una novela de culto para las lesbianas que encontraron en su lectura la evidencia de que no estaban solas en sus pueblos, America profunda adentro y sus armarios.

Pero a mí lo que más me ha interesado de esta novela, es el personaje de Therese, el alter ego de la Highsmith. No cabe duda de que la autora está hablando de ella misma a través de Therese, si bien su estilo narrativo, en tercera persona permite una cierta distancia de lo que estamos leyendo, si bien siempre sentimos que estamos dentro del universo mental de Therese. De manera que hablaré de PH y de Therese indistintamente.

Fue una niña no deseada que nació después de que sus padres se separaran, su madre intentó deshacerse de ella a través del aguarrás pero no lo consiguió, de modo que ya tenemos un primer axioma: su madre nunca la quiso, había un rechazo presente ya desde el embarazo. Un rechazo que se prolongó durante buena parte de su vida, pues la madre volvió a casarse con el Sr Highmith de quien tomó su apellido, pero la pareja tenia una vida tumultuosa e incluso violenta, de manera que la madre – inestable- terminó por aparcar a la niña con su abuela. Le prometió venir a buscarla unos meses después pero tardo bastantes años, de modo que PH fue una niña abandonada y peor que eso, traicionada, engañada por su propia madre, que era al parecer una persona bastante irresponsable a juzgar de lo que podemos oír en el citado programa de Javier Peña.

El abandono puede ser imaginario o real y probablemente es una de las experiencias infantiles más devastadoras que existen y estamos hablando de un abandono real. Therese pasa la mayor parte de su vida en un orfanato hasta que sale de él y comienza a vivir su vida independiente de su madre que ni siquiera sabe dónde se encuentra. Therese es o quiere llegar a ser diseñadora de escenografía de teatro y pasa su vida de trabajo en trabajo, pero sin nada fijo, de aquí para allá, por eso ha de trabajar puntualmente en algún sitio, grandes almacenes, dependienta o cosas así, subempleos para subsistir, tal y como le sucedió a la misma PH. Es ahí donde Therese conoce a Carol, en la sección de juguetes donde Carol acude para comprar una muñeca a su hija, que vive con su padre de mutuo acuerdo.

Carol es una mujer que está divorciándose, como los padres de PH, mientras ella estaba en el útero materno, tiene una hija que vive con su padre provisionalmente y un marido rico que le costea una vida vacía donde el alcohol y los cócteles parece que forman parte de su alimentación. Carol, no hace nada, es una mujer ociosa, y que no llegamos a saber cómo es en realidad, pues la novela nos sumerge en un mundo – el mundo de Therese- ambiguo, opresivo, inconsistente donde la protagonista nunca dice lo que quiere, dice «No» cuando quiere decir «Si» y calla cuando no sabe qué decir. Pareciera que viva en un mundo que hoy podríamos llamar «metaverso», un universo paralelo con reglas bien distintas a las que rigen en el mundo corriente, donde los celos son una muestra de demanda de amor, la sospecha el mecanismo racional óptimo, la ausencia de afirmación la única lealtad. La única certeza de Therese es que está enamorada de Carol, -más bien fascinada- así a primera vista, aunque el amor para ella es un sentimiento tan desconocido que tiene que ir dibujándolo poco a poco encima de los borradores que su mente y su imaginación dibujaron con anterioridad a través de cuidadoras inconsistentes del orfanato.

Los antagonistas.

En toda novela hay un protagonista y un antagonista al menos. En esta hay dos protagonistas (Carol y Therese) y dos antagonistas Abby, una amiga de la infancia de Carol con la que tuvo una relación lésbica puntual ( dos meses) y Richard un amigo de Therese que está enamorado de ella aunque es igual de inconsistente que todos los demás personajes. PH solía decir que todos -incluso ella- somos unos impostores. Más tarde constituiría el icono de psicópata impostor del siglo XX, Tom Ripley que es algo así como el Raskolnikov del siglo pasado, con una diferencia: Ripley nos cae a todos bien. De ahí lo transgresora que resultó para su tiempo y su America este personaje.

Es interesante señalar además algo de la psicologia de Carol y que ella misma declara cuando le cuenta a Therese su relación con Abby, su amistad derivó en sexo a partir de una circunstancia especial, puro azar. «En realidad de no haber sido por esa circunstancia en la que nos acostamos juntas, no hubiera pasado nada». Carol -que en ningún momento parece ser lesbiana- confiesa de esa forma lo arbitrario de su decisión modelada casi por una circunstancia aleatoria que pudo darse o no darse. Es una manera de aceptar que una no es o es lesbiana sino que se puede enamorar de una persona con un sexo u otro. Es decir no es una cuestión de identidad sino de azar.

Para qué sirve el amor.-

Imaginemos un mundo sin amor, un mundo así no nos permitiría dividirlo en aquellos que amamos de aquellos que nos resultan indiferentes, todo seria igual a sí mismo. Un mundo sin matices. El amor sirve para segmentar los afectos, del mismo modo que las comidas segmentan el día y los domingos segmentan la semana. A través del amor sabemos que es posible amar de distintas maneras, nuestro trabajo o profesión, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros hijos a nuestros padres, etc. Lo interesante es que esta segmentación da lugar a distintos tipos de amor: lo que se siente por un hijo no es lo mismo que lo que se siente por un compañero o pareja. Pero no es que existan distintas formas de amar sino que el amor, el invento del amor establece una nueva taxonomía, pues el amor es eso, un invento de la humanidad que evolucionó desde la necesidad de supervivencia y se fundió con el sexo dando lugar a una nueva semántica amorosa, pues es cierto que no todo amor está relacionado con el sexo, sino solo uno de ellos, ese que llamamos romántico. Sin embargo el origen del amor, lo que le hace necesario para ordenar la diversidad de afectos complejos con los que vamos a lidiar en nuestra vida, es precisamente su carácter de atalaya reguladora de afectos incoercibles o en discordia (el amor regula el sexo y la agresión) pues proceden de lo más profundo de nuestra mítica necesidad que no es solo una necesidad de alimentación, sino de contacto, de poder compartir con alguien lo más preciado de nuestra subjetividad.

Es por eso que una de las cosas que más me han llamado la atención de este libro es la ausencia de sexualidad explicita entre Carol y Therese aunque la sensualidad de Therese aun primitiva asome en muchas ocasiones de una forma informe e indiferenciada. Más por la búsqueda de una madre amorosa, una suplencia que de una amante apasionada. Una antimadre, pues en realidad la madre real de PH es critica, rechazante y desregulada, hoy hablaríamos de un TLP (trastorno limite de la personalidad). Ese es su borrador, el que pretende reescribir con su relación con Carol.

El éxito que tuvo la novela entre la comunidad lésbica se debe precisamente a su final, un final de justicia poética. Las transgresoras no acaban en el manicomio, ni se convierten en heterosexuales, ni vuelven al armario pero el marido de Carol es el que se lleva el botín de esta relación, a través de un divorcio que le favorece para quedarse con la niña. Carol renuncia a su hija y esta es la prueba de lealtad que Therese precisaba, un final que dejo aquí para que el lector lo interprete a su gusto.

Therese recupera así a su madre a través de un amor protésico

La tasa flower-power

Planteo el siguiente experimento mental, supongamos dos escenarios, usted tiene que elegir en cual quisiera vivir.

Escenario 1.– Usted tendrá todo el sexo que quiera, no habrá limites para una sexualidad desbocada, todos con todos, un orden de ordalía continua pero a cambio vivirá en una casa de 50 metros cuadrados, ganará el dinero justo para vivir aunque no trabaje: el Estado se ocupará de su manutención a cambio de trabajos puntuales.

Escenario 2.- Usted tendrá todo el dinero del mundo, podrá viajar, comer los mejores manjares, vivirá para la diversión pero a cambio no podrá mantener relaciones sexuales con nadie.

¿Cual elegiría?

Esta pregunta y también su respuesta está incluido en el texto que presento en la bibliografía.

Francesc Artigues es un economista de orientación psicológico evolucionista y un experto en diferencias de genero y lo que recomienda en su texto, después del fracaso de la monogamia y los moralismos religiosos es la aplicación de una tasa fiscal a los promiscuos, entendiendo como promiscuos a todas las personas que tengan más de una pareja. La idea fundamental de Artigues es que gran parte de los malestares sociales proceden de la hipergamia y que hoy, la única forma de luchar contra ella es a través de los impuestos, después de llegar a la convicción de que ni la moral religiosa ni la monogamia estricta prescrita por las costumbres sociales, han conseguido detener el influjo de esta costumbre que está en el origen de no pocos malestares sociales como la violencia, los abusos sexuales, las enfermedades mentales y las obsesiones corporales, la rivalidad a muerte (especialmente entre hombres y empresas) y el individualismo. Habla Artigues de que la hipergamia llevada a cabo preferentemente por las mujeres es un elemento de inestabilidad social y de desigualdad y lo peor: de desierto demográfico. Hay muchas copulas pero pocos niños y hay pocos niños porque no hay parejas comprometidas con el largo plazo y no hay parejas porque hay demasiadas oportunidades de copular.

Ahora bien, estas oportunidades para la cópula no son iguales para todos sino que dejan fuera del mercado sexual a muchos y muchas y paradójicamente aumentan las posibilidades de una minoría: los que presentan valores de pareja altos. la competencia en esos estratos es feroz tal y como ya comenté en este anterior post de mi autoría.

Los beneficiados y perjudicados por la hipergamia.-

La hipergamia puede definirse como la actividad sexual diversa entre parejas bien distintas entre las que puede existir una relación o simplemente un encuentro puntual, sin que entre ellas exista una relación de compromiso a largo plazo. Hoy este tipo de actividades sexuales basadas en el encuentro, son las preferidas por las mujeres jóvenes, o al menos son a las que benefician más directamente, pues son ellas las que en ultima instancia van a dar o no el visto bueno a la relación-encuentro casual. Pero estas relaciones están codificadas, al menos de un forma oculta. Dado que las mujeres son mucho mas selectivas que los hombres lo que podemos predecir es que:

Si eres hombre: alto, rico, de alto estatus y te encuentras en buena forma física las posibilidades de éxito pueden medirse incluso por los cm de tu altura (ver el texto de Artigues). Si eres bajito, pobre, careces de estatus social o estás en paro tus posibilidades de éxito caen a cero. Hay sabemos que existen célibes involuntarios (incels) que no han tenido una experiencia sexual en su vida a los 30 años. Es poco posible encontrar -entre las mujeres- a alguna , más allá de las solteras electivas que no hayan tenido alguna experiencia sexual a esa edad. Y es así, porque ningún hombre dirá no a las demandas explicitas de una mujer. Lo más probable es que una mujer llegue al matrimonio o a una pareja estable después de una carrera de fracasos y decepciones amorosas y sexuales mientras va descubriendo su valor de pareja, algo que hará llevando a cabo la perfomance hipergámica.

Si ya no eres joven, estás gorda, no tienes algún rasgo atractivo o alguna gracia especial pasarás a formar parte de esa base social de deshauciados, si bien tu estatus no será nunca de tan escaso valor como el de los hombres deshauciados.

La consecuencia de ello es que los hombres con alto valor de pareja acumularán un gran numero de copulas y parejas mientras los que están abajo de la pirámide irán acumulando rencor, decepciones y odio. Estos machos perdedores son los más peligrosos para las mujeres y para la sociedad en su conjunto. Pero -a su vez- las mujeres que son desplazadas por otras con mayor valor de pareja también son perdedoras en esta confrontación continua del mercado sexual y guardan de por vida un rencor invisible contra los hombres y a veces contra las propias mujeres.

Para Artigues el cobro de esta tasa es la mejor opción para soluciónar el problema de la violencia y la avaricia desmedidas (por ej. incremento de manadas, aumento de la competitividad en la empresa privada) que muestran los hombres de hoy en día a pesar de todos los esfuerzos del feminismo y las instituciones, que se han empeñado en cambiar las reglas del juego mediante la invocación de una feminización del hombre, obligándole por decreto a ser buena persona, como si ser buena persona asegurara más copulas. La verdad es que los rasgos de personalidad del hombre no aseguran el éxito entre las mujeres y por otro lado la continua invocación del machismo como entelequia que sobrevuela sobre todo el tejido social y que lo explica todo en términos de causas y efectos, es anticientífica y no tiene en cuenta la realidad de la naturaleza humana.

El texto de Artigues ha de leerse con un temple bien abierto y con cierto sentido del humor, pues aunque el diagnóstico es en su base correcto, contiene algunas lagunas a las que me referiré más abajo y sobre todo una fundamental por inaplicable: ¿Cómo se cobraría esa tasa? ¿Qué pasaría con los que mientan? ¿Serian delatados por sus parejas decepcionadas? ¿No es una propuesta algo bizarra? ¿Tan bizarra como pagar un impuesto a las personas que tengan mascotas? ¿O estas serian más fáciles de detectar?

Según Artigues las prostitutas no pagarían la tasa flower-power sí pueden demostrar que tienen una pareja estable, pero estarían los usuarios de servicios sexuales obligados a pagarla. Me parece un poco difícil pensar en que las prostitutas hagan de caja fiscal. En suma, el texto de Artigues es simpático y distraído, el tipo sabe mucho de evolucionismo y está bastante al día de los males que aquejan a nuestras sociedades hipergámicas, pero yo le aconsejaría que se documentara un poco más sobre un libro que fue escrito en 1977 por Bruckner y Finkielkraut.

Estos autores son poco más o menos de mi edad, dos boomers que pasaron su adolescencia en el Mayo Francés y que ya detectaron en su momento lo que estaba pasando. Y lo que estaba pasando en aquel momento fue una explosión sexual de los hombres, una rebelión completa contra el padre. De las barricadas a la cama, todo aquello del amor libre era una excusa para copular con las compañeras de barricada. Nosotros los hombrecillos de entonces fuimos los que impusimos a las chicas con minifalda y pretensiones fálicas nuestra sexualidad. Y la sexualidad de los hombres es miserable, insípida, liquida, pretenciosa y vulnerable. Desde entonces las mujeres creyeron que su sexualidad (que no conocían) era clavada a la nuestra, se trata de una sexualidad eyaculatoria, hidráulica, centrada en el orgasmo y en la repetición de un código. Seguidores de Reich o de Master y Johnson no cayeron en la cuenta de que Freud fue el primero en hablar de la sexualidad femenina que es una metasexualidad y que no tiene nada que ver con la sexualidad masculina. Poco psicoanálisis y mucha sexología conductual han llevado al feminismo a hacerse complices de esta idea de falización secundaria de las mujeres. Las mujeres de hoy han adquirido hasta la jerga de los hombres para definir sus perfomances sexuales, la jerga y una fisiología que ha venido a ocultar su verdadera esencia, una sexualidad no genital, sin centro. Otro tipo de feminismo está en el otro polo: el de la beatería, el feminismo protestante es mucho más beato y moralista que el europeo, sin duda.

Lo que provoca la decodificación de la sexualidad miserable es el amor en pareja -la relación- tal y como supieron ver los autores de ese libro seminal que más arriba cité. Y siendo verdad lo que dice Artigues, dentro de ese contexto histórico que he mencionado, lo cierto es que si las mujeres son más devotas de la hipergamia que los hombres lo cierto es que es por nuestra culpa: nosotros las convencimos de que copular era lo más importante del mundo, las engañamos, porque lo cierto es que el sexo no solo proporciona placer, sino también mueve afectos, identidades, autoevaluaciones y autofirmaciones. Y también, porqué no decirlo, que la Sexología haya terminado con los debates académicos que el psicoanálisis pudo haber llevado a cabo de no ser expulsado por la ciencia oficial. Hubiéramos hecho muchas preguntas que otros, desde otro lugar nos hubieran podido contestar. Como por ejemplo:

¿Es la sexualidad de las mujeres y de los hombres similar o parecida?

Bibliografía.-

30 años después: el nuevo desorden amoroso

La tesis de Francesc Artigues:

El corazón helado

Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la novela citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo sí planea leerla.

Confieso que Almudena Grandes (DEP) no me era nada simpática y que de ella solo leí en su día «las edades de Lulu», una novela erótica como se llevaban en los años 80 y que accedió a un premio casi prefabricado para ella (La Sonrisa vertical). Volví a interesarme por su obra cuando sobrevino aquella polémica en el ayuntamiento de Madrid que pretendía hacerla hija adoptiva o ciudadana excelente o algo así. Después, hasta le pusieron su nombre a la estación de Atocha, una especie de sobreactuación de nuestros políticos madrileños. Pero alguien me aconsejó leer este libro que parece que vaya a helarnos el corazón y vaya si lo congela.

Lo cierto que esta es una gran novela y me importa poco si me era simpática o antipática su autora. Una de las mejores novelas que he leído en los últimos años, una novela llena de literatura de la buena, de hallazgos de estilo, una novela polifónica contada a varias voces, de una riqueza exuberante en la descripción de personajes llenos de matices y de dramáticas subjetividades algunas comprensibles e intuitivas y otras no tanto. En cualquier caso una obra maestra.

Se trata de la historia de dos familias de un mismo pueblo (Torrelodones) con un destino divergente en una España desgarrada por la guerra civil, unos -los rojos- con un destino de exilio y de derrota -Ignacio Fernandez- y otros triunfadores -los fachas de entonces- encarnados por un personaje central, Julio Carrión. Ambos prácticamente de la misma edad y con itinerarios distintos, uno en el exilio por comunista y otro en la División azul con objeto de apuntarse al bando vencedor, después de haber pertenecido a un partido socialista, el JSU.

Familia Carrion (fachas)

Familia Fernandez (los rojos)

La narración de Almudena Grandes señala de manera inequívoca a su querencia de izquierdas, pero resulta que no nació durante la guerra sino en 1960, 9 años mas tarde que yo mismo. de manera que Almudena no vivió durante la guerra civil y el sitio de Madrid y todo lo que cuenta lo saca de su memoria familiar y sus narrativas y de los libros que haya podido leer sobre el asunto que básicamente se desarrolla en el sitio de Madrid. Y no lo digo en tono de critica pues nadie puede renunciar ni a su experiencia ni a su memoria, pero la literatura no es un genero periodístico ni historicista, la literatura no busca la verdad, se trata de ficción, es decir de la suspensión de la realidad (Jesus G. Maestro). Pero si la literatura existe es precisamente porque la realidad y la historia sobre lo que sucedió carecen de sentido. Casi todo en la vida y no digamos en la historia pasada carece de sentido aunque todos nosotros nos ocupamos de encontrárselo y a veces hasta lo conseguimos. Y es por eso que necesitamos a la literatura pues nosotros los humanos lo que necesitamos es sentido. Y Almudena Grandes nos lo da mascado y digerido: el sentido de todo lo que sucedió en la guerra civil es fácil de contar: había unos malos muy malos que se alzaron en armas frente a un régimen -elegido democráticamente- de gente buena muy buena, y muy culta y razonable que no hicieron sino defenderse de forma heroica para rechazar a los moros que venían de Africa con el general Franco. Ellos defendían la democracia y la república, la igualdad y la libertad, y siguiendo algunas de sus frases, «todas las personas decentes eran republicanas». Una frase como esta bien valdría para refutar todo el texto pero recordemos que estamos hablando de una novela y esta explicación que es la de Almudena Grandes -a través de la boca de Alvaro Carrión- es una frase tolerable en una novela pero intolerable políticamente.

En realidad hay quien piensa que la guerra comenzó en Julio de 1936 con el Alzamiento de Franco pero es lo mismo que pensar que todo lo que sucedió en España y Europa pongamos 5 años antes no existió nunca. La República fracasó porque el Frente popular respondía a intereses muy diversos entre los partidos que lo componían, entre otros los intereses soviéticos y alemanes y porque fue incapaz de frenar los abusos, incendios y asesinatos previos a Julio de 1936. No supo o no pudo controlar a las huestes de anarquistas e incontrolados que incendiaban conventos, atacaban a la gente conservadora de derechas o daban paseillos a quien era denunciado por algún vecino envidioso. De manera que la guerra no empezó en 1936, sino quizá en 1931 y desde luego no se trataba de una guerra entre demócratas y autócratas -esa es una versión sencilla para gente sencilla- sino de una guerra multipolar donde los intereses de la URSS, Alemania. El Reino Unido e Italia se dieron cita en España por una confluencia de circunstancias que facilitaron el dislate.

La guerra es el entorno más adecuado para que la gente apolítica se polarice. Evidentemente si yo hubiera vivido en Madrid en 1937-38-39 bajo las bombas del ejercito sublevado y sufriendo el hambre y la carestía me hubiera puesto en contra de quienes me bombardeaban. Si a alguien le matan a un padre, a un hijo o a un hermano en una guerra no dudará en ponerse en contra del agresor y a favor del contrario, como hoy sucede en Ucrania. Para un ucraniano el malo -y no digo que no lo sea- es Putin. Para los madrileños de entonces el malo era Franco, del mismo modo que para los familiares de aquellos que fueron víctimas de aquellos asesinatos llamados paseillos, los malos eran los rojos, sin distinción. Todavía hoy existen descendientes de los crímenes de Paracuellos, habría que hablar con ellos para saber qué piensan de los ejecutores de aquel crimen en masa. Es natural, los seres humanos solo tenemos una experiencia y una memoria, de manera que es inútil poner a pensar a una víctima sobre los recónditos abstractos que explicarían la guerra desde un punto de vista neutral. Las víctimas carecen de neutralidad.

Lo cierto es que fuera quien fuera el fusilado, el paseado, el exiliado o el prisionero, en casi todos los casos (digo en casi todos porque hubo muchos asesinos reales), no existen explicaciones que den sentido a esas muertes. Nadie merecía ser asesinado o ejecutado en un paredón fuera del bando que fuera, si es que leer el ABC, ir a Misa o tener un carnet de UGT es pertenecer a un bando.

Lo cierto es que la mayor parte de españoles no eran de ningún bando, casi nadie militaba en los partidos políticos, en los sindicatos o participaba en la vida política, la gente común era indiferente a la política, y esa es la memoria que yo guardo de mis abuelos que vivieron también esa guerra: gente muy acostumbrada a sufrir estoicamente y a vivir con poco, pero eso si, siempre con el fruto de su esfuerzo. Podríamos decir que el nivel de adhesión política era muy bajo y hay que recordar que España en aquella época era predominantemente rural y que no existían medios de comunicación universales como sucede hoy. La mayor parte de los trabajadores agrícolas eran analfabetos y no leyeron un periódico en su vida. Su nivel de conciencia político era por consiguiente inexistente y esta es la razón por la que el frente popular perdió la guerra, pues el único partido que tenia cohesión organizativa y disciplina era el PCE que fue barrido por un golpe de Estado del que se ha hablado muy poco. Me refiero al golpe del coronel Casado partidario de dar la guerra por perdida frente a Negrín que pretendía -siguiendo las consignas soviéticas- resistir hasta el fin. Casado que triunfó en todo el territorio español liquidó a buena parte de los comunistas combatientes debilitando así el frente de Madrid y en toda la España republicana, de modo que la República tuvo un golpe dentro de sí misma que no procedía del otro bando sino de una escisión interna que tuvo mucha influencia en el desarrollo de la guerra. Para empezar Ignacio Fernandez que era un capitán comunista se vio obligado a exiliarse en Francia después de un largo periplo huyendo tanto de sus compañeros milicianos anarquistas como de los del bando nacional. Y al llegar a Francia le metieron en un campo de prisioneros. Un sin sentido.

Este capitán comunista es sin duda el héroe preferido por Almudena Grandes, un personaje que aparece un tanto mitificado e idealizado, claro que la autora tiene todo el derecho del mundo a elegir a quién idealiza, si lo comento aquí es para señalar que en esta novela hay muchos personajes que idealizan a otros y también personajes que devaluan o condenan a otros. Y ya en clave intencional psicológica voy a hablar de esos personajes que en mi opinión revelan muchos datos de la personalidad de Almudena Grandes.

El dilema moral de Alvaro Carrión.-

Alvaro es uno de los cinco hijos de Julio Carrión, el triunfador, el simpático, el hombre de negocios que se hizo rico robándoles las propiedades a los Fernandez, un buen padre y un tipo excepcional a pesar de que Alvaro nunca quiso ser como él. Hay en toda la novela una contradicción entre el cariño que tiene a su padre y el repudio que le genera ese mundo de los negocios inmobiliarios donde sus otros dos hermanos han logrado encajar perfectamente. Alvaro es físico y profesor universitario, le va bien en su profesión, en su vida y en su matrimonio, pero es rico por poderes y esa riqueza parece que le pesa como una losa. Podríamos decir -poniéndonos freudianos- que Alvaro se siente culpable de vivir tan feliz, una vida organizada y predecible, algo que se vendrá abajo cuando conoce a Raquel Fernandez Perea, nieta enamorada de su abuelo Ignacio y porqué no decirlo, obsesionada por impartir esa especie de justicia privada que llamamos venganza.

¿Pero por qué Alvaro se siente culpable si él no ha hecho nada?

Eso mismo decían los familiares de los miles de fusilados, represaliados, exiliados, expoliados, humillados. «Si él no ha hecho nada», «si nunca se apuntó a ningún partido» » si no sabía qué significaba la palabra fascista a pesar de que le acusaban de ello». Si no había hecho nada.

De manera que la culpa es anterior a la falta como decía Freud, la culpa atraviesa las generaciones en busca de una lucidez, de un querer saber. Se equivocan los curas cuando dicen que uno solo es culpable de lo que hace, que solo podemos pecar individualmente, que no tenemos ninguna culpa de lo que hicieran nuestros ancestros. Todo en el inconsciente parece negar esta idea: la culpabilidad es un sentimiento por poderes, algo que se hereda, como cualquier patrimonio por vía paterna.

Naturalmente Alvaro y Raquel se enamoran, mas que un amor un reencuentro de almas gemelas e invertidas y entre ambos se teje la trama y desteje la memoria, aquí Almudena está magistral en esa oscilación constante entre distintas voces que van aclarándole al lector los antecedentes y el porvenir de lo que está por suceder. Raquel y Alvaro son los verdaderos protagonistas de la novela y los que identifican el presente actual con las cargas que ambos comparten de una vida paralela destinada al encuentro, a una síntesis.

No hay mas remedio que recurrir a «Los miserables» y a la psicología de Jean Valjean, aquel personaje shakesperiano que se debate entre la maldición (de su familia, de ser hijo de quién es) y la redención que procurará a través del amor de Raquel. A ella le pasa un poco lo mismo que a Javert el eterno perseguidor, justiciero de Valjean, que solo puede redimirse a través de Alvaro.

Piense usted ahora ¿qué sentiría si a la edad adulta supiera que su padre había sido un asesino, un ladrón, un delator y que hubiera confiscado los bienes de aquellos que asesinó?

Hay varias soluciones a este dilema:

1.- Negarlo todo, hacer caso omiso a todas las pruebas que se te presenten. Es lo que hace Rafa.

2.- Justificarlo. «eran otros tiempos», «vete a saber qué pasó, etc». Es la posición de Julio.

3.- No querer, saber, no querer ver, no querer oir. Es lo que hace su hermana Clara.

Alvaro opta por saber, por saberlo todo, por buscar explicaciones a todo y a abandonar su posición de comodidad en una familia organizada en torno a la memoria de un padre ideal con varios esqueletos en el armario. Podríamos decir que el único que acomete el parricidio simbólico es el propio Alvaro que será por ello repudiado por su familia que le percibe como una amenaza, pues la verdad siempre es amenazante. Pues Alvaro no se conforma con saber pretende que todos sepan qué pasó, pretende que todos vean lo que él ha visto en un ejercicio de hipermoralidad acusatoria frente a su familia.

Solo así puede perdonar a Raquel y solo así puede Raquel perdonarse a si misma sus intenciones que no eran demasiado honestas e incluso favoreció la muerte de Julio Carrión después de tratar de sobornarle con las pruebas documentales de sus expolios.

En conclusión, una gran novela que tiene muchas lecturas y múltiples interpretaciones solo añadiré que me parece un artefacto poco creíble que Raquel mintiera a Alvaro diciéndole que había sido amante de su padre. No sé usted, pero sí a mí me hace esa confesión una mujer atractiva, inmediatamente me deja de interesar. Hasta ahí me llega a mí la pulsión parricida.

Edipo siempre sobrevuela.

Tipologías de los tuiteros

Twitter es una red social donde cada perfil esconde una persona que a veces se anuncia con su nombre mientras otras veces se esconde tras un nick. Me he entretenido en clasificar las motivaciones que llevan a las personas como yo a tuitear es decir a emitir juicios, enunciar ideas, promover articulos determinados y a hacerlo públicos siempre atendiendo a la brevedad de los mensajes. He observado estos 9 perfiles o dimensiones:

1.- Los creadores de contenido.-

Solo por ellos merece la pena estar en tuiter, son informadores, divulgadores, opinadores sobre diversos temas y la mayor parte de la gente a la que sigo divulgan cosas en sus blogs, sugieren artículos, proponen temas, hacen encuestas, graban sus videos siempre sosteniendo una especie de uniformidad en sus propuestas, se aprende mucho de ellos. Pero no todos los creadores de contenido son así.

Algunos divulgan un contenido especial: ellos mismos, como si se tomaran a si mismos como marca y a veces estos contenidos tienen cierto valor artístico, con imágenes acompañadas o no de comentarios.

Luego están los aforistas: yo mismo publico casi a diario aforismos, lo que procede es explicar que un aforismo es una sentencia corta que no cierra la posibilidad de debate aunque tuiter no es un buen lugar para debatir, sino para abrir melones sin que se sea obligado cerrar ninguno. En realidad el aforismo es como una ventana que se abre para que fluya el pensamiento, de manera que no se puede estar en contra ni a favor de un aforismo, sirve para sugerir un tema en clave abstracta y pensar.

Los más pedagógicos saben construir largos hilos para sus explicaciones, esas que no caben en un solo tuit y que podrían ser incluso artículos más extensos (tuiter es un mal lugar para las explicaciones largas)

2.- Los puntualizadores.-

Son los que intervienen periódicamente para puntualizar alguna cosa, alguna opinión que precisa de una extensión para que pueda ser compartida por el puntualizador. Los puntualizadores son tímidos y casi nunca generan contenidos y mucho menos opiniones.

3.- Los exégetas.-

Son de dos tipos, los perezosos que simplemente dan un «me gusta» a alguna publicación y los más comprometidos que incluso dan al botón de retuiteo, incluso añadiendo algún comentario.

4.- Los discutidores.-

Son los que vienen a desmentir algún contenido, casi siempre operan contra corriente, parece que disfrutan con llevar la contraria aunque no es posible saber nunca qué piensan, probablemente porque lo que piensan está en función de lo que otros escriben y su habilidad es manifestarse a la contra. Su propósito es debatir y no tanto ridiculizar, probablemente porque mediante el debate aprenden algo sobre lo que piensan en realidad. Pero ya dije que twitter no es un buen lugar para el debate de ideas complejas.

5.- Los simpáticos.-

Son esos perfiles que parece que siempre estan de broma incluso cuando tratan de temas serios, algunos hacen autoterapia con su sentido del humor, mientras que otros resultan muy pedagógicos precisamente por no tomarse demasiado en serio a si mismos y banalizando de forma superficial aspectos de los mas serios. Un subtipo de este tipo son los que generan contenidos de tipo «cotilleo» tratando solo temas superficiales, como está sucediendo hoy con Eurovisión que así y todo ha llegado a un debate político de lo más cutre.

6.- Politicos y agitadores.-

No debe existir ningún político que no tenga twitter, las redes son ideales para la propaganda, pero tiene poca penetrabilidad cuando esta propaganda viene de interesados en ella, los que arriman el ascua a su sardina no interesan a casi nadie. Todos los partidos políticos tienen su gestor de redes y se dedican a la publicidad de sus partidos y se solapan con sus «creyentes» y hooligans. Estos suelen ser más creíbles que los anuncios institucionales, pero pierden credibilidad cuando son detectados como pensadores unidimensionales. «Arrimar el ascua a su sardina» ya no tiene apenas efecto.

Un subtipo de estos agitadores sociales son el grupo de antivacunas y aunque este grupo es muy heterogéneo y hay múltiples sensibilidades entre ellos, lo cierto es que suele ser el tema preferido de algunos tuiteros, algo que considero aburrido a largo plazo pues ya todos tenemos una opinión formada sobre el asunto.

7.- Trolls y acosadores.-

Es el perfil más odioso de tuiter, algunos son pagados bien por partidos, bien por politicos, pero otros van por libre. Insultan y tratan de intimidar a ciertos tuiteros a veces en forma de manada y otras veces traspasando el insulto se instalan en la posibilidad de delito. Hacen comentarios muy hirientes, ofendiendo o incluso llegando a desear la muerte o todo tipo de desgracias a alguien. Hay que denunciarles a la policia cuando se traspasan ciertos limites, no ya de decoro, sino de código penal.

Se trata de perfiles que aparecen y desaparecen de la red y se detectan porque no tienen seguidores y todos usan el anonimato como auto-protección. Deben tener cierto éxito de lo contrario no les contratarían.

8.- Publicidad pura y dura.-

Las corporaciones han descubierto una mina en tuiter, me refiero a bancos, teleoperadoras y televisiones, periódicos, etc. Incluso algunos tienen empleados destinados a atender las criticas que podamos hacer a una determinada entidad. En mi opinión atienden mejor que por teléfono pues tienen pánico a la publicidad negativa de sus productos y son bastante rápidos. Pero en realidad no solventan nunca nada como sus compañeros del teléfono. Son golems.

9.- Los voyeurs.-

Son esos seguidores que leen las publicaciones pero nunca dicen nada, ni positivo, ni negativo, están aquí para mirar por la cerradura, ver sin ser vistos, esa es la esencia de los voyeurs, dejan algunos rastros pero no sabemos quienes son, quizá son tímidos radicales.

¿Y tu con qué perfil te identificas?