La historia como ciencia exacta

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Peter Turchin es un psicólogo y antropólogo americano pero de origen ruso con intereses evolucionistas y autor de una nueva transdisciplina que llama “cliodinámica“. La idea es que a partir de un catálogo de datos (Big data) y su tratamiento matemático podemos hacer predicciones sobre el futuro, más concretamente: que la historia se puede predecir.

Su investigación mostró que alrededor de 40 indicadores sociales aparentemente dispares (pero, según la cliodinámica, relacionados) experimentaron puntos de inflexión durante los años setenta. Históricamente, tales desarrollos han servido como indicadores principales de la agitación política. El modelo indicó que la inestabilidad social y la violencia política alcanzaría su punto máximo en los años 2020.

El modelo sigue una serie de factores. Algunos reflejan los acontecimientos que se han observado y discutido extensamente: creciente desigualdad de la renta y de la abundancia, estancamiento e incluso el descenso del bienestar de la mayoría de los americanos, creciente fragmentación política y disfunción gubernamental (véase el retorno del oprimido). Pero la mayoría de los científicos sociales y los comentaristas políticos tienden a centrarse en una parte particular del problema. No está ampliamente reconocido el hecho de que estos desarrollos están todos interconectados. Nuestra sociedad es un sistema en el que diferentes partes se afectan entre sí, a menudo de maneras inesperadas.

Además, hay otro importante acontecimiento que han pasado por alto la mayoría de los expertos: el papel clave de la “sobreproducción de élite” en las oleadas de violencia política, tanto en las sociedades históricas como en las nuestras (véase Blame Rich, Overeducated Elites como Our Society Frays ) . El aumento de la desigualdad no sólo conduce al crecimiento de las mejores fortunas, sino que también da lugar a un mayor número de poseedores de riqueza, el” 1 por ciento “se convierte en” 2 por ciento “. O incluso más … De 1983 a 2010, el número de hogares estadounidenses por un valor de al menos 10 millones de dólares aumentó a 350.000 de 66.000.Los estadounidenses ricos tienden a ser más activos políticamente que el resto de la población.

La sobreproducción de élite suele conducir a una mayor competencia intra-élite que gradualmente socava el espíritu de cooperación, que es seguido por la polarización ideológica y la fragmentación de la clase política, porque cuanto más contendientes hay, más terminan perdiendo Una clase grande de los aspirantes a la élite descontentos, a menudo bien educados y altamente capaces,  han visto negado el acceso a las posiciones de la élite.

Debe ser por eso que una de las variables que explora Turchin y que predicen inestabilidad es el número de abogados en una comunidad dada. Y no cabe duda de que el incremento de abogados marca lo que el llama una sobreproducción de élites. Y es cierto que las élites están incrementando su número y por tanto fortaleciendo la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres con un progresivo deterioro de la clase media, no sólo en cuanto a su poder adquisitivo sino tambien en sus indicadores de salud y de bienestar.
Todo parece indicar que el contrato social se rompió definitivamente al comenzar el siglo.
La vuelta de los oprimidos.-
La idea de Turchin es en cierta forma opuesta a la idea marxista de que son precisamente los oprimidos los agentes del cambio. Ya no es de la clase obrera o los parias de la tierra, los pobres por así decir de los que hay que esperar movimientos sociales revolucionarios que pongan patas arriba al sistema. Se trata de una nueva clase de oprimidos: aquellos que se criaron en las élites pero han sido desplazados de ella.  Ese médico en paro que era hijo de un arquitecto y a su vez nieto de un panadero, la mayor víctima en su forma de sentir esa desescalada social. Curiosamente el ascenso de su padre en la pirámide social no resultó traumático para nadie y la permeabilidad “hacia arriba” resultó ser muy protectora socialmente. Sin embargo ese descenso del nieto médico que probablemente no encuentre en su país acomodo para sus ambiciones resulta ser muy inestabilizador pues la perdida de rango social es mucho más traumática que la ganancia. Aquí de lo que se trata es de sobrevivir y por tanto la rivalidad es feroz.
Es precisamente esta nueva clase social -los neo-oprimidos- de los que hay que esperar grandes inestabilidades al garantizar el éxito de los populismos que son en definitiva la otra cara de la polarización -en este caso política- que se nos viene encima. Sólo para seguir alimentando decepciones, claro está pues ningún populismo podrá resolver el problema sistémico que procede del hecho de una mala estratificación social.
Una mala estratificación significa que la brecha entre ricos y pobres se ensancha y ya ha dejado de ser estrecha y larga para convertirse en dos grades bloques donde el colchón de seguridad de las clases medias acabará siendo esquilmado por los Estados cada vez más incapaces de monitorizar estos movimientos oscilatorios, que no afectan solo a lo social o económico sino también a lo político (mas extremismo derecha-izquierda) y a lo sexual: más distancias entre los sexos y más desinterés por el compromiso a largo plazo. Y no cabe ninguna duda de que el feminismo radical es precisamente otro de los marcadores de polarización.
Si a mi me preguntaran por las variables que pueden resultar significativas a la hora de predecir un futuro de inestabilidad añadiría a las nombradas por Turchin algunas que ya han sido señaladas por ciertos ilustrados del siglo XVIII como Hollbach y otras que se conocen a partir de estudios epidemiológicos y que predicen enfermedad mental o al menos sufrimiento mental y alienación y sobre todo esa sensación que tenemos todos de que el mundo se ha vuelto definitivamente loco:
1.- El número de solteros
2.- La edad en la que se tiene el primer hijo (por mujer).
3.- El indice de divorcios.
4.- El número de abortos.
5.- El número de crímenes de género/año
6.- El numero de suicidios/año.
7- El número de accidentes de tráfico/año.
8.- El consumo de antidepresivos/año.
9.- Ancianos viviendo solos.
10.- Niños ingresados en instituciones.
Todos estas variables parecen no tener nada que ver entre ellas, pero tal y como dice Turchin se encuentran relacionadas por un hilo invisible que solo los algoritmos matemáticos pueden desvelar.
Y no se trata de una profecía apocalíptica sino de ciencia.

¿Se puede rechazar la maternidad y amar a los hijos?

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Recientemente ha aparecido un libro de Orna Donath que se llama “Madres arrepentidas” que aborda un tema mucho más complejo de lo que aparentemente parece. A través de un serie de entrevistas la autora propone la idea -a través de ciertos testimonios personales- de que algunas mujeres están arrepentidas de haber sido madres a pesar de que siguen queriendo a sus hijos, eso es lo que dicen.

Naturalmente el libro ha generado una polémica muy intensa en ciertos entornos. El lector que quiera saber la letra de este libro sin tener que leérselo puede acudir a este articulo.

La tesis que defiende Donath en este libro puede resumirse en esta frase clave:

“No por el hecho de sentirnos mujeres disfrutamos de ser mamás”

Lo cierto es que en esta frase está contenida la contradicción que vive esta mujer y que probablemente alcanza a una mayoría de mujeres de nuestro tiempo. ¿Pues se puede ser una buena madre y rechazar la maternidad?

Esta es una pregunta interesante de este dilema, la siguiente es esta otra ¿Se puede amar a los hijos y rechazar la maternidad? ¿Cuando se dice rechazar la maternidad de qué estamos hablando?

Lo primero que haré es referirme a la frase de Donath, efectivamente la maternidad no es algo que esté puesto ahí para disfrutar. A la evolución no le interesa el disfrute de los individuos sino la persistencia de la especie y la diversidad de los genes, por tanto es una ingenuidad suponer que la maternidad es algo para poder disfrutar, algo puesto ahí como si fuera una distracción, un pasatiempo o un entretenimiento. La maternidad es una fatalidad como el sexo, y en nosotros los vivíparos contiene peajes, el más conocido es lo que llamamos “la cruel atadura”.

“La cruel atadura” es el precio que los vivíparos pagamos por mantener el embarazo dentro del cuerpo de la madre, es obvio que los ovíparos tienen otro tipo de relación con sus descendientes a los que abandonan a su suerte en la arena de alguna playa. Las hembras vivíparas llevan consigo a sus hijos en largos embarazos y luego, han de sostenerlos, alimentarlos y protegerlos hasta que se destetan. En nuestra especie y debido a la precocidad de los partos, lo bebés nacen completamente indefensos y han de someterse a cuidados al menos hasta que alcanzan una edad avanzada y son capaces de alimentarse por sí mismos. Depende de las culturas, pero en Occidente un niño no ha madurado al menos hasta los 18 años. De manera que cuando hablamos de maternidad no estamos hablando de gestación, parto y amamantamiento sino de un largo periodo de dependencia emocional entre madres e hijos.

El asunto es que sexo, reproducción, maternaje e hijos van en un mismo paquete: los programas genéticos destinados al maternaje son los mismos que los destinados a la reproducción.

¿Entonces cómo contestar a esa pregunta que encabeza este post? Recientemente he llevado a cabo una encuesta en twitter y el 70% de los que la han contestado dicen que si, que es posible amar a los hijos al mismo tiempo que se mantiene el rechazo a la maternidad. Están equivocados, lo que no es posible es amar a todos los hijos por igual.

Mi opinión es que no es posible, aunque haré una pequeña matización, es posible en tanto que podemos disociar la maternidad de los hijos. Podemos pensarlo pues nuestro cerebro no sólo percibe la realidad tal y como es sino que la inventa y a veces la transforma.

Lo que ocurre es que hay fuertes indicios de que la maternidad puede llevarse a cabo por poderes, no hay distinción entre el amor y atenciones que una mujer dedica a sus hijos biológicos comparándoles con las atenciones que dedica a sus hijos adoptados. Si existen diferencias estas caerían dentro del campo de la psicopatología y esta no es la intención de este post. Los niños adoptados tienen muchos riesgos pero lo cierto es que también podría escribirse un libro entero de como las madres adoptivas (y los padres) experimentan a sus hijos adoptados como si fueran suyos e incluso encuentran parecidos más o menos sobrevalorados. Son madres con independencia de que no les hayan parido, basta con el contacto afectivo repetido y la crianza. Lo mismo sucede con las madres que han sido inseminadas artificialmente o las madres que han llegado a serlo a través de una madre de alquiler: los mecanismos que se ponen en juego son los mismos que en el parto común. Un baño de hormonas y neurotransmisores vinculados a la oxitocina, la hormona del parto, del amamantamiento y de la afiliación.

También hay mujeres que no han sido madres y que sin embargo mantienen una buena relación con los niños y saben cuidar a los de otros, las tías solteras son un buen ejemplo de ello. Una habilidad que no se pierde en la menopausia sino que se conserva de por vida. Ser madre es algo que va más allá de haber parido y que contiene aspectos psicológicos que parecen ser autónomos a la maternidad propiamente dicha.

Para entender como algunas personas pueden disociar la maternidad, la sexualidad y los hijos baste con recordar un hecho trascendental: desde que se inventaron los anticonceptivos, sexo y reproducción se separaron definitivamente no solo de la fisiología humana sino también de su imaginario: se puede disfrutar del sexo sin el inconveniente de quedar embarazada. Este hecho tiene muchas ventajas pero también alguna desventaja. ¿Para qué voy a quedar embarazada si puedo disfrutar del sexo sin tapujos?¿Para qué soportar el engorro y los gastos de criar hijos si puedo evitar los costes del sexo?

Parece razonable, ¿pero entonces porque las mujeres occidentales siguen teniendo hijos (cada vez menos por cierto)? Algunos dicen que hay una especie de instinto maternal que pugna por abrirse paso y es así que las mujeres acaban quedando embarazadas cuando eligen, al menos uno por pareja, tener la experiencia y cosas así.

Pero tal instinto no existe si se lo piensa como algo que pugna por emerger independientemente del sexo, lo que existe es la pulsión sexual indisociable de la reproducción al menos para nuestro cerebro. Dicho de otra manera: desde que el embarazo es electivo nuestro imaginario se ha modificado y también nuestra potencialidad genésica. No es sólo que queramos tener menos hijos es que cuando queremos ya no podemos.

Amor, nepotismo y apego.-

Somos mamíferos y por tanto tenemos un botón en nuestro cerebro profundo que pone en marcha un sistema, conocido como apego que vincula fuertemente a madres e hijos sobre todo, pero también a otras parejas: hermanos, padres y mamás, padres e hijos, etc. El apego es el antecesor filogenético del amor. Eso que nosotros llamamos amor no puede ser definido en ausencia del apego que como mamíferos nos viene de serie. La diferencia entre una cebra y una serpiente es precisamente ese sistema de apego mucho más desarrollado en los vivíparos de aquellos que ponen huevos. Pero no somos unos mamíferos cualesquiera sino unos mamíferos podríamos llamar extendidos, por la capacidad de extender esos vínculos de apego a otras personas y situaciones abstractas a veces hasta el paroxismo de la dependencia extrema.

Pero hay más, se trata del nepotismo genético, del egoísmo genético del que hablaba Dawkins. Yo quiero a mis hijos más que a los hijos de mi vecino, ¿no le sucede a usted lo mismo? Las madres quieren a sus hijos porque son suyos y ese posesivo “suyos” es inclusivo, es decir puede incluir a aquellos que siente como suyos aunque no lo sean.

Tener hijos es fruto de las relaciones sexuales conviene no olvidarlo y es por eso que amar a los hijos es indisociable de quererse a una misma, querer tu cuerpo, aceptar que eres una mujer, estar contenta con tu género y aceptar las limitaciones de la naturaleza que nos hizo como somos, algo a lo que no podemos renunciar sin renunciar a nuestra propia naturaleza.

Pero aun hay más: ¿Por qué las madres han de querer a sus hijos? ¿Dónde se encuentra esa orden, ese mandato? La verdad sobre este asunto es que las madres no quieren a todos sus hijos igual, incluso pueden aborrecerles por razones personales, algunas veces muy comprensibles. Amar a los hijos no es obligatorio aunque venga en el mismo paquete del cuarto mandamiento. Amar obligatoriamente es inhumano y es por eso que no sucede en la realidad sino solo en nuestros criterios morales. Una prescripción social tan incumplible como amar a unos padres que nos han maltratado, abandonado o escarnecido.

Y ahi reside precisamente la trampa inconsciente que atrapa a esta mujeres, se arrepienten de ser madres a pesar de declarar su amor por sus hijos. ¿Se atreverían a decir la verdad y a poner el foco en esa prescripción moral que nos obliga a amar a todos los hijos por igual?

Es falso, no quieren a sus hijos y simplemente no lo aceptan y están bien protegidas por el tabú que sigue considerando a la maternidad de un orden arcangélico.

Más allá de lo humano.

 

 

Moralidad y moralización

No se puede acorralar al caos, ni se puede exiliar a la barbarie. Viven entre nosotros y han venido para quedarse.

Y paradójicamente la barbarie que pugna por emerger desde sus escondites culturales lo hará a través de la deriva moral. Nuestra civilización está enferma de moralidad y de valores intramitables.

La compasión es la comprensión plena de la necesidad del mal (John Gray citando a Leopardi).

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La moralidad es una guía, un sistema de valores por así decir que nos sirve de apoyo para la toma de decisiones, algo así como una matriz de creencias, que no es inmutable y en cierta forma constituye un registro de lo más sobornable, no podemos fiarlo todo a la moral individual que siempre estará en desventaja frente a los intereses personales. Tanto es así que podemos estar seguros de que somos nuestros principales transgresores y que lo hacemos muchas veces en nuestra vida y siempre que nos conviene con mejor o peor suerte en el autoengaño.

Es natural que sea así puesto que la moral surgió no para autocontrolarnos sino para controlar las conductas de los otros. La moral emergió del mismo modo que el chisme para que el grupo detectara y sancionara a los tramposos. La moral es un juego de grupo y no tanto de personas individuales.

Y si las personas tenemos moral es precisamente porque hemos logrado internalizar las normas del grupo de tal modo que se constituyen en una ventaja evolutiva. La moral no es pues un órgano sino un acatamiento que se hace en nombre de algo, sea Dios, el civismo, la ética o la sanción social o penal. Asi decimos que hay cosas que son inmorales pero no ilegales, aunque las ilegales suelen llevar colgando tambien una condena moral.

Una de las características que tienen los hechos morales es que tienden a su universalización, tienen, por asi decir una vocación misionera si lo queremos decir con palabras cristianas o con la yijad si lo decimos con palabras islamicas. Tienden a capturar más y más cerebros en esa vocación de universalidad, no es de extrañar puesto que la moralización es una secuela teologica en un mundo laico que ha quedado sin referentes morales y que por tanto ha de inventar nuevos totems o idolos que temer, adorar o evitar.

La moralización es pues un proceso muy parecido a la deriva génica, muy parecido al efecto Baldwin, que es la adaptación que sufrimos algunos representantes de nuestra especie. Lo interesante es que esta deriva genica, es decir la adaptación a la leche no es un proceso universal sino un proceso local y geográfico tal y como conté en este post. Algo parecido sucede con los valores morales: no existe ningun valor moral universal común a toda la humanidad salvo aquellos que han pasado el filtro de la selección natural: el canibalismo, el incesto y en menor medida la prohibición del homicidio. Usualmente suele ponerse la esclavitud como ejemplo del progreso humano pero lo cierto es que la esclavitud solo parece ser un valor-tabú en Occidente.La esclavitud sigue existiendo a pesar de que en occidente consideremos que es detestable.

Las dimensiones de la moral.-

La moralidad no es pues una categoría (un si o un no) sino un cluster de al menos 5 dimensiones, que explica las razones por las que una persona puede defender una cuestión moral y sin embargo violar otras. Por ejemplo una persona puede ser favorable al aborto (una violacion de daño-cuidado) y ser una defensora de las causas de los animales (pureza-santidad) o un protector de la fidelidad conyugal y un violador económico de los derechos publicos.

Cada persona aparece como un “especialista” en uno de esos pilares morales, asi un ama de casa “padecedora” seria una persona que ha desarrollado hasta el paroxismo sus capacidades morales de cuidado y de protección del daño de los suyos, activando al mismo tiempo las emociones de culpa que van vinculadas con ellos. Excesos de empatía y excesos de “distribución moral” que terminan construyendo una matriz depresiva que se manifiesta como un rasgo permanente de personalidad.

Moralizar es el proceso contrario a naturalizar y podemos definir la moralización -siguiendo a Paul Rozin- como la adquisición de cualidades morales por parte de objetos y actividades que previamente eran moralmente neutras. Un ejemplo de ello es la esclavitud.o el consumo de tabaco, actividades neutras antes del siglo XVII o XX pero que hoy han pasado a ser actividades inmorales tanto la una como la otra, mientras que consumir drogas es hoy una enfermedad, una forma de medicalizar o amoralizar (naturalizar).

El nicho que deja vacío una actividad naturalizada inmediatamente e socupado por otra actividad anteriormente neutra.

Los que compartimos una determinada cultura compartimos también valores morales, pero no todos los individuos participamos de igual modo en un sometimiento acrítico a los mismos, al fin y al cabo los valores morales son memes y se comportan como virus. Es por eso que existen transgresores incluso a los mandatos biológicos más implantados en nuestra especie: hay asesinos, ladrones y pederastas, claro pero existe un amplio consenso universal en torno a la idea de que robar, asesinar o violar niños son cosas malas y que se deben evitar.

Se deben evitar por cuestiones morales pues matar, robar o abusar de niños perturban gravemente a cohesión de los grupos y hacen desaparecer los incentivos para una vida cooperativa y laboriosa. Es decir socavan el eje de torsión de los intercambios humanos: la sociabilidad, la confianza y la cooperación. Son malos para el grupo luego son malos.

La mayor parte de nosotros estamos bien lejos de ese tipo de actividades porque las hemos internalizado, un proceso ex novo que cada persona tiene que llevar a cabo con las normas sociales. Algo que no nos viene de serie y que adquirimos a través del proceso de socialización.

Socializarse consiste en internalizar las reglas morales de una determinada cultura.

Ahora bien, no todos los individuos tienen la misma facilidad para identificarse (internalizar) estas normas. En los extremos de la curva están los que no son capaces de internalizar ninguna de ellas y los que, por el contrario, son hiper-internalizadores y operan casi siempre en overdrive moral, es decir son personas que se rigen por el principio del deber o bien enferman a consecuencia de un exceso de moralización.

Pero al margen de esta “especialización” existe otro problema añadido. Dado que la moralización es un proceso lo que hemos de esperar es que los valores cambien muy deprisa sin dar tiempo a que la selección natural haga su trabajo, es decir para que se produzca una selección de valores adaptativos,  para lo que necesita de algunas generaciones. Hoy la velocidad con la que las sociedades cambian de opinión respecto a lo que es moral o inmoral generan importantes dosis de conflicto entre los humanos. Por ejemplo no existe un consenso universal sobre el trato que damos a los animales, baste con observar los diferentes criterios que existen entre los ciudadanos de Tordesillas y los animalistas.

Y que explica mucho sobre los procesos de moralización. Los defensores de una moral para los animales dividen el mundo -sin saberlo quizá- en un nosotros-ellos. Nosotros cargados de razones de superioridad moral y ellos herejes antidiluvianos que han de ser sometidos a la fuerza a la buena nueva. Una moral que trata de imponerse a la fuerza huele mucho a precepto divino.

Una de las consecuencias que tienen los procesos de moralización es que arrastran las condenas bíblicas de las religiones tradicionales y con ellas las ideas de castigo y de exclusión. No es posible moralizar sin separar el mundo en buenos y malos y esas son las principales secuelas de la moralización.

Moralización y moralidad no son pues la misma cosa, pues no puede haber moralización sin amoralización o naturalización de ciertas conductas. La moralización implica un desplazamiento, una búsqueda de nuevos nichos donde colgar las prohibiciones y los tabúes que los hombres seamos capaces de inventar para reemplazar a los antiguos.

Afortunadamente no todas las ideas morales sobrevivirán y no lo harán precisamente porque no resultan adaptativas para la especie humana en general.

Pero para nuestra degracia y tal como decia Chesterton, “desde que el hombre no cree en Dios, cree ya en cualquier cosa”.

 

La agresión sexual: un enfoque evolucionista.

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Los lectores que estén casados sabrán por propia experiencia que el matrimonio o la pareja estable con fines reproductivos y  que cualquier forma de convivencia se basa en un continuo equilibrio de fuerzas, en un “toma y daca” constantes que procede de los celos, de las dificultades económicas, de los desacuerdos con el dinero, del orden y la frecuencia con que visitamos a nuestros familiares, etc. Que cualquier aspecto de la convivencia ha de ser pactado una y otra vez hasta llegar a un punto muerto, desde donde es de prever una próxima desavenencia que seguramente dará lugar a un nuevo escenario de negociaciones. Podemos concluir que una relación a largo plazo necesita ser constantemente renegociada y que se establece sobre un permanente forcejeo donde cada miembro trata de librarse en lo posible de las cargas que el otro miembro arroja sobre sus espaldas, mientras trata a su vez de imponer al otro las tareas o cargas que rechaza llevar. Es lo normal y lo previsible desde el punto de vista genético, al fin y al cabo con mi pareja no tengo ningún gen en común, tan sólo compartimos los genes de nuestros hijos, un argumento demasiado débil para ese tanto por ciento cada vez más elevado de parejas que se rompen.

Si es usted divorciado o separado sabrá que una de las razones (aparte de calamidades más serias) por las que se divorció o separó fue seguramente su intolerancia a ese continuo “toma y daca” que es la convivencia en común al margen de las racionalizaciones que cada uno encuentre para salvaguardar su autoestima.

Al margen de concepciones más o menos ideales acerca de la pareja humana lo que es verdad es que existe un intenso antagonismo entre los sexos, un antagonismo que nace de la profunda asimetría de las cargas que nuestra especie ha heredado de sus ancestros los mamíferos y en un orden más profundo de los vertebrados

Ya he nombrado en otro lugar la profunda asimetría creada a partir de la gestación vivípara, las cargas de nursing, la existencia de mamas que entorpecen la carrera por nombrar sólo algunos de los hándicaps de las hembras de nuestra especie y de las que nos precedieron. Los machos también tienen penalizaciones evolutivas, aunque menos reconocidas, no dejan de representar una carga adicional: la rivalidad casi continua con los otros machos, la incertidumbre de la supervivencia de sus propios genes en sus hijos, y el vinculo atávico que el rango social representa para el macho, una especie de seguro reproductivo. De manera que cada sexo tiene sus penalizaciones derivadas de la deriva filogenética, pero lo peor es que somos muy poco conscientes de la sobrecarga que lleva el otro sexo, y es natural porque la sobrecarga que lleva el otro es un alivio para nuestras propias espaldas tanto en un sentido como en otro, no dejamos de ser maquinas egoístas y no estamos dispuestos a ceder. Ceder sería seguramente aliviar al otro llevando su carga a nuestras espaldas.

Dice un conocido chiste que copular es un invento de los machos y hacer el amor un invento de las mujeres y de los tacaños para no pagar. Efectivamente el vínculo fue seguramente una mutación en el cromosoma X y transmitido por tanto por la mujer, pero hacer el amor supone un precio adicional para el macho que tiene que tomar a su cargo a la hembra elegida y a la progenie. El vinculo profundo que representa el amor entre parejas favorecía de un modo intenso a la mujer, no necesito explicar al lector como sería la vida de las mujeres viviendo en una horda y a merced de los apetitos de los machos dominantes y cuan desvalidas se encontrarían en sus labores de nursing.

La pareja monógama representó sin duda un hito para compartir las tareas derivadas de una crianza cada vez más difícil de crías muy mal diseñadas para su autoconservación. Ya he hablado de cómo la especialización, no sólo en las tareas sino en la alimentación pudieron suponer virajes profundos en la dirección de la selección genética promoviendo la cooperación, la fidelidad, la confianza y si se quiere el amor. Al mismo tiempo hay que señalar que la intensidad del vínculo afectivo depende sobre todo del tiempo necesario para conseguir la autonomía de las crías, que en nuestra especie es definitivamente largo.

Es imposible beneficiar a un sexo sin penalizar simétricamente al otro. He hablado en otro lugar de cómo la simetría es un estado ideal, geométrico que no existe en la naturaleza, en cuanto la evolución encuentra dos cosas iguales o casi iguales, inmediatamente tiende a buscar especializaciones entre ellas, eso sucedió probablemente con los gametos y también con los hemisferios cerebrales, desde la casi simetría se evoluciona hacia la asimetría. Y eso precisamente puede estar sucediendo hoy entre las relaciones de pareja. Se ha roto un equilibrio que hasta hace poco dejaba a las mujeres en una posición socialmente subordinada como sucede en los papiones para dejar al hombre en el otro polo del desequilibrio como les sucede a los lagartos.

La agresión de los machos hacia las hembras – me refiero a la agresión con resultado mortal- es efectivamente muy rara en la naturaleza,  sería letal para una comunidad atacar sistemáticamente a las hembras que son las que en definitiva ponen los huevos, todas las especies y con más razón entre las más agresivas disponen de mecanismos inhibitorios de la agresividad que incluyen también a la agresión sexual, mecanismos que son tanto más perfectos cuanto mayor sea el desequilibrio de fuerzas (dimorfismo) entre macho y hembra. Determinados machos podrían aplastar, cornear o devorar a una hembra durante el coito o durante los prolegómenos, (como en determinados insectos sucede lo contrario) si no lo hacen es precisamente porque han desarrollado una inhibición paralela a su potencial efecto letal que se activa con las consabidas maniobras de sumisión. Siempre me he preguntado por qué se dice “llevar cuernos” cuando un hombre o una mujer son engañados por sus parejas; hablando etológicamente el resultado que tendría para el hombre tener cuernos es hacerse más manso, es decir desarrollar una mayor inhibición de su agresividad, una inhibición natural, no una simple represión de la misma dado que la evolución de los cuernos hubiera corrido paralela a la evolución de su agresión que hubiera dado como resultado un equilibrio entre ambas.

Otro mecanismo habitual es que la agresión puede derivarse hacia otros lugares – o desplazarse como dicen los psicoanalistas – donde sus efectos sean menos notables, me refiero a la agresión entre machos o a la agresión extraespecifica, de cualquier manera los machos – son desde el punto de vista evolutivo- superfluos.

Uno de los problemas de las parejas humanas opulentas es que nos hemos quedado sin depredadores naturales, entre otras cosas porque nos hemos encargado de hacerlos desaparecer a todos. Y no lo digo en broma. El viejo mecanismo de transformación de la agresión sexual en agresión extrasexual parece haberse debilitado en nuestra especie, como casi todas las inhibiciones parecen haberse transformado en prescripciones sociales, si atendemos a los casi diarias noticias sobre agresiones en el hogar con resultado de muerte.

Una de las razones de este debilitamiento es que ya no existen depredadores específicos de nuestra especie que puedan ritualizar la defensa común del territorio que es al parecer uno de los mecanismos que hacen de las parejas de pececillos de Lorenz unas parejas fieles y eternos compañeros, la reorientación de la agresión (Tinbergen 1969) o su desplazamiento es uno de los rituales que amortiguan la agresión sexual. Lo curioso de estos peces del género cíclidos, es que tanto la agresión territorial de defensa que es compartida por ambos sexos, como la agresión extraspecífica trae como resultado la indestructibilidad del vínculo de la pareja, pero no crean que el cortejo fue fácil, ella invirtió muchas horas en seducir al aguerrido pececillo macho de colores, siempre entrando en su campo visual de costado y huyendo como marcan los cánones de la buena seducción antes de que el macho le diera un viaje o un buen mordisco. Poco a poco la hembra mediante técnicas depuradas de buena y sumisa seductora va propiciando la desactivación de su agresividad, hasta que llega un día en que estas maniobras de sumisión van dando lugar a una especie de “desafío” de igual a  igual en el centro del territorio del macho. Entonces lo que sucede es algo extraordinario: el macho se apresta al ataque ante tamaña osadía, pero en el último momento, cuando ya se masca la tragedia, el macho desvía su agresión hacia cualquier pececillo de los alrededores. Es entonces cuando la hembra decide poner sus huevos en el suelo o al abrigo de un costado del acuario, el macho los fecunda en el agua y ambos se convierten en una pareja feliz, que defenderá su territorio de por vida, se convierten desde entonces en inseparables. Lorenz interpreta que el cambio de planes del macho se debe al miedo hacia la hembra (en realidad la confusión entre atacar o huir), siempre que la hembra haya logrado mediante su lidia continua haber previamente desactivado cierta dosis de agresión. O dicho de otra manera: en las especies donde la agresión no puede desactivarse del todo tras la copula (es incluso más necesaria que antes) o bien porque se trata de especies muy agresivas, la estrategia de la hembra es una conducta de sumisión que poco a poco va convirtiéndose en desafío a medida que el macho va habituándose a la presencia de una compañera. A medida que la hembra gana la confianza del macho aquel va aceptando su presencia, hasta que en una suprema y heroica confrontación precopulatoria el macho decide desfogarse con otros congéneres y emparejarse definitivamente con la hembra.

Lo realmente curioso de la viñeta anterior es que macho y hembra no se reconocen entre sí, es decir carecen de mecanismos para identificar el sexo de su congénere. Todo parece indicar que en las especies donde la identificación sexual es imposible visualmente es a través del ritual como el macho reconocerá a la hembra y también explica la ambigüedad misma del ritual que es similar tanto con una hembra o un competidor, dado que para el macho cualquier congénere es sobre todo un intruso. Sólo termina por entender que la hembra es una hembra a partir de su ceremonia de sumisión, dicho de otra manera el macho sólo se emparejará con alguien que se le someta y la hembra sólo aceptará a alguien que la haga sentir sometida.

El miedo parece formar parte de los ingredientes de este fenómeno que Lorenz en otras especies – como los gansos-  ha descrito perfectamente estableciendo una serie de leyes generales acerca de la agresión en relación con la cópula y la formación de parejas bien amorosas o bien de entramados de amistad que se mantienen vivos durante mucho tiempo a pesar de las circunstancias. El miedo parece comportarse como un relé, que tiene una serie de valores críticos. Es mayor entre dos individuos que no se conocen, intermedio en los recién conocidos y menor en los individuos que ya se han hecho vecinos o conocidos. Es el miedo el que induce al ataque, y el miedo el que desactiva el ataque, resultando un desastre cuando desaparece del todo, al menos en las especies muy agresivas como los gansos y los pececillos del coral.

Mecanismos de activación-desactivación de la agresión en la naturaleza

Activación Desactivación
Colorido Decoloración
Desafío Sumisión
Adquirir mayor tamaño Empequeñecerse
Exhuberancia Esconder la cresta
Conducta de adulto Conducta infantil
Mantener la mirada Mostrar las nalgas

 

Como puede observarse en la tabla cada especie tiene mecanismos específicos de activación y desactivación de la agresión que a veces son sexualmente ambiguos, es decir determinadas señalizaciones pueden significar tanto un desafío copulatorio como una conducta de rendición

 

Esta bella historia de amor tiene un corolario un poco más siniestro si modificamos las condiciones del acuario y dejamos a la pareja a solas. ¿Pueden imaginar qué sucederá?. Si, un caso más de violencia doméstica, esta vez en el acuario.

Una de las consecuencias de la falta de enemigos naturales contra los que aliarse en pareja, es que en los humanos la selección parece haberse establecido alrededor de la agresión intraespecifica. Nuestros enemigos son nuestros iguales, nuestro prójimo. “Homo lupus homini”, es muy cierto tal y como decía Rousseau, no sólo porque el hombre es un depredador del hombre sino porque nos ocupamos sin descanso de eliminar a los lobos que hoy ya no representan para nuestra especie ninguna amenaza seria.

Hoy son, paradójicamente, las guerras la única situación que propicia la solidaridad y el sentimiento de estar compartiendo una experiencia, un destino común, fuera de ellas nadie siente a su prójimo como un aliado sino como un enemigo, una estrategia la de las guerras que las ratas mantienen constantemente y que en ellas representa una reorientación de la agresión entre los miembros de un determinado clan, existe la sospecha de que los humanos utilizamos este mismo mecanismo de guerrear contra nuestros vecinos cuando necesitamos aumentar la cohesión de una determinada comunidad.

La agresión desde luego no es tan necesaria en el hogar opulento como en el nido, a pesar de ello la agresión sexual, los crímenes domésticos o pasionales y las agresiones sexuales son tan frecuentes en nuestro mundo civilizado que uno llega a preguntarse qué especie de lógica es posible aplicar para explicar este fenómeno. Respecto a eso sabemos algunas cosas:

La agresión sexual es una excepción en la naturaleza pero es muy frecuente en nuestra especie, la explicación de este fenómeno desde el punto de vista evolutivo es compleja, por una parte se ha señalado (Thornhill & Palmer, 2000) que la violación y la supervivencia de esta estrategia en nuestra especie actual se debe a que los hombres que adoptan esta conducta deben encontrar alguna ventaja en la misma, en el sentido de una mayor supervivencia de sus genes. Personalmente no creo en esta teoría, por la razón siguiente. La violación sólo puede definirse en la especie humana, dado que en el resto de las especies no existe una pulsión sexual disociada de la reproducción, las hembras son inaccesibles fuera del estro y cuando lo son no hay manera de definir claramente lo que es de lo que no es violación, ya he dicho que no hay sexo sin agresión.

Lorenz ha descrito en los gansos una conducta de violación que sucede cuando dos gansos forman una coalición de amistad: una coalición que desde el punto de vista territorial es muy potente, superior a la de cualquier pareja heterosexual. Este entramado de amistad llega a parecerse en casi todo a una unión homosexual, hasta que una hembra hace su aparición en escena y uno de los gansos “la viola”, pasando poco después a formar parte de esa extraña coalición à trois. Lorenz interpretó este triángulo como una reorientación sexual de la pareja de “gansos homosexuales” incapaces de copular entre ellos, pero también puede ser interpretado como una forma de poliandria. Seguramente esta coalición à trois representa muchas ventajas para la hembra elegida ¿podemos entonces hablar de violación?

Si en la especie humana la violación fuera una estrategia copulatoria evolutivamente estable en el sentido de Trivers sería la regla y no la excepción, dado que los machos podrían así eludir el pago o el costo de sus cópulas, por no hablar de sus compromisos de nursing. Además podría haberse inventado inmediatamente una contraestrategia evolutiva que sería incluso mejor: las hembras podrían dejarse violar, con lo que los genes de los violadores se extinguirían a favor de las hembras “que quieren ser violadas”. Ninguna de las dos cosas ha sucedido, y aunque las fantasías de violación son constantes en las hembras humanas, no resulta así en sus conductas prácticas de donde puede deducirse que violar hembras no es una estrategia evolutivamente estable, lo mismo sucede con el canibalismo que es una estrategia alimentaria prácticamente extinguida.

El problema a mi juicio depende de la misma definición de la palabra violación, que supone una conducta copulatoria forzada contra la voluntad de la hembra, una definición más cercana al mundo jurídico que al biológico. ¿Qué podría significar en el paleolítico cuando aun no existía el derecho a la libertad sexual, copular contra la voluntad de la hembra? No me es posible imaginar qué sentido tendría en el paleolítico este constructo; en medio de una horda primigenia la conducta que hoy llamamos violación. Lo que quiero decir es que en aquella época casi todos los coitos podrían ser considerados así observados con los ojos del hombre de hoy, en tanto que las relaciones sexuales están y con más razón debieron estar casi siempre presididas por las relaciones de rango y dominancia. Es muy poco probable que los machos pidieran permiso a las hembras para copular y es también dudoso que estas se sintieran forzadas en un mundo donde otras amenazas y carencias estaban en primer plano y donde el coito  debió ser el pago con que las hembras subordinadas compensaban sus aportes alimentarios, el cobijo y la protección de sí mismas o sus crías. Si el sexo forzado acabó evolucionando hacia el sexo consensuado e incluso hacia la monogamia es porque aquella estrategia no era lo suficientemente buena y podía mejorarse.

La fusión entre ambos programas – dominancia y reproducción – con la necesaria regresión filogenética es lo que probablemente sucede en el violador actual, aunque es necesario contemplar otras circunstancias.

Entre los agresores sexuales se ha señalado (Malamuth 1996), la deprivación sexual como un factor causal de la agresión. Los hombres prefieren mayoritariamente las relaciones sexuales a corto plazo y es precisamente en ese terreno donde tienen problemas de agresión con sus parejas quizá debido a que sus estrategias de preferencia (el corto plazo) les lleva a sufrir dificultades periódicas en el acceso sexual, al que las mujeres por lo general no acceden fácilmente. Otros por el contrario no tienen problemas en encontrar parejas eventuales pero si los presentan a la hora de retener a sus parejas que sólo consiguen mediante la intimidación. Todo parece indicar que las estrategias a corto y a largo plazo en la seducción de parejas difieren en relación con el sexo y se trata de un programa genético distinto a la retención de la pareja a largo plazo y que identifica dos grupos distintos de machos maltratadores

Ambos patrones parecen corresponderse con dos dimensiones de la personalidad entre los hombres: al primero le llamaremos modo indiferenciado, se caracteriza por el énfasis que realizan en su búsqueda de contactos sexuales a fin de mantener su autoestima y la medida de éxito con sus pares, al segundo le llamaremos hostil, combina inseguridad, hipersensibilidad y un placer en dominar sobre todo a las mujeres. Los dos modelos, sobre todo el segundo tienden a acumular decepciones y una historia de rechazos por parte de las mujeres en el corto plazo. Los hombres que acumulan este tipo de percepciones de humillaciones y manipulaciones en su historia relacional con mujeres tienen mas riesgo de resultar agresivos con ellas dado que han llegado a inhibir la empatía y la simpatía necesarias que son los afectos que inhiben la agresión en el ser humano.

Al margen de la teoría de la deprivación, se ha intentado explicar la agresión sexual desde la teoría del rango (Price 1967) Para reproducirse el hombre tiene que competir con otros machos para ganarse el derecho al sexo. ¿Es posible entender que los violadores sean precisamente los perdedores en esta competencia entre machos?. En mi opinión es muy posible especular que son aquellos que han caído en lo más bajo de la jerarquía social a través de su incompetencia con otros machos, los que reorientan su agresión intrasexual hacia los más débiles sean hembras o niños. Se ha especulado (Eibl-Eibesfeldt, 1990) que también en la pedofilia y en ciertas practicas sadomasoquistas lo que se persigue es la fusión entre los programas de rango y sexualidad tratando de recuperar con las víctimas lo que se perdió en la competencia con otros machos a partir del arousal o excitación que procede de las relaciones de rango, superioridad o autoridad

En este sentido, pues, la agresión sexual sería el resultado de una reorientación de la agresión, en un sentido menos social y caballeroso que los pececillos de Lorenz, en un sentido más humano y deshumanizado: una agresión que va del macho a la hembra, del fuerte al débil, del poderoso al necesitado.

A menudo nos olvidamos de que la sexualidad humana sea reproductiva o no, está presidida por una serie de rituales reptilianos relacionados con el rango y la jerarquía, quizá las sociedades civilizadas hayan blanqueado de tan forma las reglas del juego que las hagan irreconocibles para determinados individuos que no saben a qué atenerse con respecto al acceso a las hembras, confundidos de tal manera determinadas personas pueden hacer regresiones a situaciones filogenéticas donde el sexo sólo puede ser entendido como algo forzado. Este tipo de confusión y  frecuentes desencuentros se deben a dos factores: el primero es que el número de mujeres disponibles en el corto plazo es sensiblemente menor que el de varones  por lo que las oportunidades de tener éxito es mayor para las mujeres, el segundo argumento es que se producen interferencias entre las estrategias de los hombres y las mujeres, según busquen parejas para el corto o el largo plazo, significa que la estrategia del uno interfiere en la estrategia del otro, y da como resultado una decepción, humillación y el consiguiente rencor (Buss 1999)

El acceso a las hembras en nuestras sociedades opulentas parece estar presidido por una serie de reglas secretas que casi todo el mundo respeta y conoce intuitivamente aunque casi todo el mundo niega u oculta. Buss las agrupó en 1994 a partir de un análisis transcultural de las preferencias en la elección de pareja:

1.- Las hembras humanas resultan atraídas por el estatus social de los hombres (con alguna divergencia entre si el flirt es a corto plazo o a largo plazo (Buss 1988) y la superior edad  (Grammer 1995). Estas preferencias no tienen relevancia en la elección sexual de pareja de los hombres

2.- Los hombres buscan relaciones con parejas anónimas, desconocidas mientras que las hembras entienden que los machos desconocidos son una amenaza en el corto plazo (Lewis et alt 1995) .Tanto en el corto como en el largo plazo los hombres buscan mujeres jóvenes y sumisas (citado por Mc Guire y Troisi, op cit)

3.- Las mujeres hacen continuamente balance entre su tarea reproductiva y sus labores de nursing cuando eligen pareja con independencia de que hoy la reproducción sea electiva, la elección de la mujer viene dictada por la presión evolutiva de sus programas genéticos y por tanto su elección de pareja viene determinada a partir de esa presión selectiva. El número disponible de mujeres que buscan relaciones sexuales a corto plazo es sensiblemente menor que el de los hombres. Si a eso añadimos que los hombres de mayor rango acaparan dos o más mujeres, significa que existen muchos hombres que no consiguen mantener relaciones a corto plazo con ninguna mujer.

4.- El hombre, tiene que disponer de un cierto “patrimonio” para hacer frente al pago o costo que la mujer le exigirá antes de confirmarle como pareja o acceder al coito con él. Hacer regalos, proporcionar comida, la destreza en construir nidos o excavar una buena madriguera son las demostraciones que los machos, en toda la escala animal deben de acometer antes de ganarse el derecho a reproducirse.

Todas estas reglas enunciadas pueden resumirse, en nuestra especie a una regla fundamental: sólo la mujer sabe cuando o a qué precio cederá (Bataille, 2000). El hombre no puede hacer nada sino competir con el resto de los machos acumulando bienes, destrezas, habilidades de seducción que muy a menudo son engaños, o rango social que por si mismo resulte un buen reclamo para las mujeres, y eso es lo que hacen , la mayoría de ellos con mayor o menor éxito y criterio.

Otros, más confusos optan por el recurso de la dominancia y es ahí precisamente donde se encuentran la gran mayoría de agresores sexuales, tanto en el corto como en el largo plazo, aunque existen dos motivaciones bien diferentes. El agresor sexual a corto plazo, aquel que tiene problemas para seducir a una pareja sexual opera por rencor, mientras que el agresor a largo plazo, es decir aquel que tiene problemas para retener a su pareja lo hace por celos. El recurso a la intimidación que podemos contemplar en las relaciones de rivalidad agonística entre machos es precisamente el recurso que algunas personas utilizan para el control de la conducta de sus esposas o parejas sexuales. Este patrón que ha sido señalado repetidamente por distintos autores da cuenta de la universalidad de este tipo de reacción aventurándose (Wilson y Daly 1982) a especular que es precisamente la incertidumbre del macho respecto a su progenie la causa última, en el largo plazo, de este desesperado intento por controlar la conducta del partenaire, así como la causa de los celos que según los autores señalados son los responsables de la mayor parte de las agresiones sexuales en parejas institucionalizadas, una amenaza que es posible predecir a partir de ciertos parámetros culturales como son: la edad de la mujer, el índice de divorcios o el grado de independencia de la mujer.

Aparte de la ausencia de depredadores nuestra especie se encuentra con otro problema adicional y es que los rituales – programas genéticos- que gobiernan nuestras relaciones con los demás se han visto sometidos a cambios culturales que han terminado por dejar el escenario de nuestras posibilidades con respecto a la agresión más vacío que la nevera de un soltero, ya he hablado de la posible reorientación que afecta a la agresión intrasexual entre machos en dirección hacia las hembras.

En ausencia de esos rituales inhibidores que podrían socializar la agresión individual el hombre no puede sino manejarla con sus propios medios intrapsíquicos, puede reprimirla, desplazarla o transformarla en categorías opuestas o, si todo fracasa efectuar regresiones puntuales, es decir retrotraerse a escenarios filogenéticos más antiguos, a fin de evacuar su agresión, bien proceda del miedo, del odio o como es más frecuente en el hombre moderno de la desesperación, una forma de agresión que procede de la confusión y la perplejidad, de no saber cuales son las reglas que gobiernan el acceso a las mujeres.

Bibliografía.-

MALAMUTH N.M.:

(1996): “The confluence model of sexual aggression: feminist and evolutionary perspectives”. In D. M. Buss & N.M. Malamuth (eds) Sex, power, conflict: evolutionary and feminist perspectives (pp 269-295) NY. Oxford university Press.

 

TINBERGEN, N.

(1953)” Social behavior in animals”. Methuen. Londres.

(1969) “El estudio del instinto” Siglo XXI. Mexico

(1963) “On aims and methods of ethology” Z. Tierpsychol 20:410-433

THORNHILL, N: (1992): “Human inbreeding” (Research report 10/92) Bielefeld. Germany: Research Group on biological foundations of human culture, Center for interdisciplinary Research. University of Bielefield.

THORNHILL.R, PALMER C (2000): “A natural history of rape: biological bases of sexual coertion”. MIT Press. Cambridge.

THORNHILL R, THORNHILL N & DIZINNO, G: (1986) “The biology of rape” In Tomaselli & Porter, “Rape”. London Basic Blackwell.

EIBL-EIBESFELDT I:

(1971) “Love and hate”. Methuen. London

(1990) “Dominance, submission and love: sexual pathologies from the perspective of ethology” in J:R Feierman (ed) Pedophilia:biosocial dimensions. Springer-Verlag. New York.

 

¿Por qué decimos cosas que no pensamos?

David Eagleman tiene un libro, ya de culto titulado “Incógnito ” , en él cuenta la siguiente anécdota:

Mel Gibson fue detenido por una patrulla de la policia que le sometió a un test para medir su grado de intoxicación alcohólica mientras conducia su coche de forma imprudente por una via publica. Al policia le llamó la atención no solo la cifra de alcohol que habia detectado sino su verborrea inclinada a insultar a los judíos y al propio policia -que era a su vez judío- le llamó tanto la atención, que debido a su estado decidió llevarselo detenido.

El caso es que el informe del policia terminó filtrado a la prensa por lo que Gibson fue acusado de xenofobia y sometido a un intenso linchamiento por parte de los lobbyes judíos que exigieron una rectificación publica.

Asi lo hizo el pobre Gibson que apareció en los medios y en TV para pedir perdón y objetar que no era “xenofóbico en absoluto” que no albergaba ningun rencor hacia ninguna raza y que su propia religión le impedia este tipo de ideas de exclusión de nadie. El caso es que sus apariciones en los medios surtieron su efecto y al final fue perdonado por una inquisitorial “Comisión antiblasfemia”, que dedujo de sus declaraciones que habia sido sincero.

Pero el asunto no acabó aqui y siguió algún tiempo en la prensa junto con declaraciones de expertos acerca de si el alcohol puede o no puede poner en el cerebro de alguien ideas xenofóbicas (o de cualquier otra clase). Los detractores de Gibson pensaban que el alcohol se limitaba a desinhibir lo que de alguna manera ya estaba alli, mientras que sus defensores apelaban al sentido común para llamar la atención de que durante la embriaguez se pueden decir y hacer muchas tonterias o imprudencias, incluso se pueden cometer delitos sin que su autor pueda ser acusado de ser siempre un tonto o un delincuente. Entre los argumentos de sus defensores encontraron el siguiente: si es cierto que “in vino veritas”, es decir si es cierto que durante la embriaguez lo que emerge es nuestro verdadero Yo, el alcohol seria el mejor método para que los delincuentes o acusados de algo dijeran la verdad, bastaria darles a beber cualquier tipo de alcohol (a escoger) para al final saber si lo que dicen es verdad o mienten.

Lo cierto es que el alcohol no es la máquina de la verdad.

Pero es cierto que desinhibe, luego si desinhibe y emergen contenidos racistas debe ser porque en algún lugar de la mente existen tales contenidos. ¿Era o no era Gibson un racista?

Asi es como piensa la mayor parte de la gente, o Gibson es un racista que disimula sus verdaderas ideas o no lo es en cuyo caso el alcohol debe ser una droga racistogénica. Pensar en esta forma dicotómica, o “si o no”, es desde luego muy intuitiva, asi es como catalogamos o clasificamos a los demás (no tanto a nosotros mismos). Pero la verdad cientifica es muy antiintuitiva y las cosas no funcionan asi.

Lo cierto es que -siguiendo a Marvin Minsky-en un libro también de culto que se llama “La sociedad de la mente” (1987) Minsky propuso que la complejidad del cerebro deberia ser contemplada en una diversidad de subrutinas (o partes mas pequeñas) especializadas en una tarea concreta cuya sumatoria en un nivel superior daría como resultado la inteligencia humana a través de la emergencia de propiedades nuevas. Esta idea de Minsky ha sido retomada recientemente por muchos investigadores evolutivos que han hablado de un cerebro modular y del que hablé aqui en este post sobre la navaja suiza.

La idea de Minsky viene concretamente a apoyar lo que hoy sabemos y responde a la pregunta acerca de la culpabilidad de Gibson de xenofobia.  Es obvio que en el cerebro de Gibson existe un módulo, una subrutina xenofóbica, lo cual no significa que Gibson sea xenófobo puesto que esta rutina existe en todos y cada uno de los cerebros humanos, incluyendo a los del lobbye judio.

Lo que se puso en marcha durante la embriaguez, detención y arresto de Mel Gibson, fue un módulo cerebral o estado mental concreto movido por la ira que podemos llamar zombie xenofóbico. El asunto de filosofia moral que plantea es éste: ¿es realmente xenofóbico Mel Gibson o debemos atender a sus excusas posteriores y entendersus injurias como consecuencia de su embriaguez?

La embriaguez por sí misma no nos conduce a la verdad, de lo contrario el alcohol seria un “suero de la verdad” para arrancar confesiones y sabemos que no lo es. Pero tampoco podemos fiarnos dela excusas de Gibson posteriores al escándalo. Mel Gibson no es culpable ni es inocente por ser xenofóbico pero es culpable por conducir borracho, enfrentarse a la policia e insultarles.

Todos tenemos la experiencia de decir cosas de las que inmediatamente o a su debido tiempo nos arrepentimos de haberlas manifestado. Es una experiencia tan habitual y tan al alcance de todos nosotros, que cualquiera sabe en estos momentos de qué estamos hablando. ¿Pero por qué se produce esto?¿Por qué a veces decimos cosas que en realidad no pensamos?

Sucede por una razón, una razón fisiologica. Nuestra mente no es de una pieza, esta formada por pequeñas piezas que guerrean entre sí por “imponer sus programas de gobierno”. Y hay piezas que presentan un menor nivel de definición para el pensamiento abstracto.

La mente dividida.-

El primero que abordó el tema de las multitudes de las que se compone nuestro cerebro fue Freud, a través de su conocido esquema tripartito, (Y0, Ello y Superyó), más tarde Mc Lean desde una perspectiva evolucionista tambien incidió en la misma idea de los tres cerebros (reptiliano, mamifero y humano). Julian Jaynes por su parte habló de una dicotomia cerebral izquierda-derecha y de bipartidismo cerebral.

¿Estamos o no estamos divididos?

Estos modelos han sido desmentidos por los neuroanatomistas al no localizar ninguno de estos supuestos “expertos” o poblaciones neuronales especializadas en hacer algo. Sin embargo la ausencia de localización no desmiente la idea principal: nuestro cerebro es un órgano en permanente conflicto -un conflicto de expertos-, queremos hacer y queremos no hacer una misma cosa. Piense usted en lo que le sugiere comer chocolate, muchas personas viven permanentemente en este conflcto, atraidos por el chocolate o los dulces y al mismo tiempo impelidos a evitarlos por aquello de los kilos de más o la diabetes acechante. Este tipo de conflictos de atracción-rechazo por sí mismos bastan para que cada uno de nosotros tengamos la experiencia de que en nuestros cerebro viven al menos dos tendencias que nos impulsan en sentido contrario respecto a nuestra volición, pero tal y como decia Whitman no es necesario que sean sólo dos: nuestro cerebro contiene multitud de expertos que guerrean constantemente entre sí para imponer su opinión de lo que sería mejor para nosotros, el cerebro es una democracia de partidos donde cada cual cree que tiene la razón y trata de imponer su “verdad” al organismo entero y si es necesario a través de una guerra civil.

Estamos divididos pero no solamente por dos, sino por multiples agencias cerebrales que están diseñadas para computar cuestiones similares y que no funcionan como una cadena de montaje sino como un comité de expertos, un parlamento cerebral.

Y depende de quien tenga la mayoria obtiene la investidura y más tiempo para hablar y convencer al resto de miembros del parlamento. Cuando los inhibidores corticales  de nuestro cerebro racional se relajan o desaparecen (como en el caso de Gibson) aparecen otros módulos subcorticales que ciertos autores clásicos como Janet han llamado “automatismo mental”. Lo que aparece son emociones que tironean con ellas a cogniciones congruentes con ese estado de ánimo. Pues la conducta emerge desde estados mentales jerarquizados según una escala de organización del SNA y como dice Stephen Porges en su teoria polivagal:

“Cuando observamos la conducta comprometida de personas que se enfrentan a un problema, interpretamos tales conductas desde nuestro propio marco de expectativas respecto a la conducta social adecuada. Consideramos que el sujeto que se comporta así es un individuo socialmente consciente, que elige conductas desadaptadas.
Como padres, amigos, cónyuges, terapeutas y científicos, nuestros intentos para controlar y reducir dichas conductas problemáticas se basan en modelos psicológicos y conductuales, pero, ¿qué tal si nos equivocamos?, ¿qué tal si las conductas son propiedades emergentes de algunos estados fisiológicos específicos? (Porges)”.

Dicho de otra manera: el enfado (la ira) y la embriaguez de Gibson desactivó su sistema de contención cerebral y disparó una subrutina congruente con su estado de ánimo, una subrutina presente en todos y cada uno de nosotros (el módulo de miedo al desconocido o xenofóbico), lo personal en la ecuación de Gibson es el sentido que atribuye a los judios y no la xenofobia en sí misma que ha de contemplarse como un producto evolutivo y no como algo inmoral a liquidar, si bien es cierto que el aprendizaje social es el mejor camino para neutralizar estos módulos ancestrales.

Eso mismo nos pasa a todos cuando decimos cosas que en realidad no pensamos, entendiendo como pensar a eso que hace nuestro cerebro más moderno, el inteligente y racional, ese que sabe mentir como ningún otro módulo vecino.

 

Atractores extraños

La condición intelectual de los lúcidos que han tenido la oportunidad de vivir en un mundo como el nuestro donde la mayor parte de la población parece no darse cuenta de la ignominia, la mentira, las convenciones sin sentido, los informativos que nos intoxican, la publicidad engañosa, la inversión del sentido comun, el esperpento de las relaciones aun las familiares, las ideas estereotipadas y falsas difundidas hasta la saciedad, las condiciones de vida asesinas, los sinvivires. Los que no alcanzan a contemplar la tragedia y se embriagan tratando de huir sin plantear batalla, los que se rinden y se refugian en paraisos artificiales. Los alienados por la opulencia que han permutado poseer por ser.

brocoli

No se me ocurre explicar de un modo más fácil qué es un atractor que el recurso del brócoli. Hay algo en el brócoli que atrae al brócoli a crecer del modo que crece , a ser lo que es. La esencia del brócoli es matemática y de éste orden: un conjunto de valores numéricos hacia la cual un sistema tiende a evolucionar, en una amplia variedad de condiciones iniciales del sistema.

El atractor es una condición de la proximidad, de la posibilidad adyacente. Es posible porque unos elementos están cerca de otros. Pero la cosa se complica un poco más cuando en lugar de ser un punto, un segmento o una curva el atractor es un conjunto complicado de estructura fractal. es entonces cuando hablamos de atractor extraño.

Lo que caracteriza un atractor extraño es la incertidumbre: no existe una relación lineal entre el tipo de crianza y sus resultados por ejemplo. Lo que existe es una relación no-lineal es decir caótica, o dicho de otra manera impredecible.

Cualquier sistema vivo se expandirá hacia lo posible adyacente y al hacer eso aumenta la diversidad de lo que puede ocurrir luego. También, que las biosferas maximizan la tasa de exploración de lo posible adyacente porque si se expandieran demasiado rápido podrían destruir su propia organización interna y extinguirse.

Así crecen los partidos políticos: hacia lo posible adyacente.

Vamos a observar a cuatro atractores extraños, les llamaremos Rajoy, Sanchez, Rivera e Iglesias.

Todos son socialdemócratas aunque no lo parezcan, veamos:

El PP y Rajoy es un partido que en teoría es de derechas pero no es verdad del todo a juzgar por el cabreo que tienen los militantes cristianos con él a raíz del lío con el aborto y la ley de plazos de aquella señora Zapateril y para cabreo los de Aznar y su gente de bien. ¿Soberanista? No lo es en absoluto, es más bien un partido europeísta, merkelista al dictado de lo que mande la Europa del Norte y lo que manda la Europa protestante y calvinista es más trabajo y menos vicio, decires incompatibles con los sentires mediterráneos.

El pensamiento Alicia sin duda sigue encarnado en el PSOE, nadie sabe que es lo que defiende el PSOE y es por eso que anda perdiendo votos por su izquierda (su posible adyacente). Un partido que debería haber sido reformista y que sin embargo no ha reformado nada o por lo menos no ha tocado los grandes males de España que son tres: el latrocinio, los altos impuestos y el recibo de la luz.

Lo cierto es que ningún partido de la casta ha sido capaz de explicarnos a los españoles porque las grandes empresas, esas que llaman multinacionales mandan más que los gobiernos, aunque somos conscientes de las colocaciones de rigor a los políticos en riguroso turno de jubilación cuando dejan de gobernar, una especie de retiro dorado aseguran.

El PP también pierde votos por su izquierda, su posible adyacente se llama Ciudadanos y es un partido demasiado pulcro para un país de pecadores como es España: querían hacer un partido sin tener un partido ni implantación local y lo que han hecho es una operación de ingeniería política para manejar a la militancia desde Madrid o desde Barcelona, y es por eso que las maniobras del aparato, como esos militantes de aquí que aparecen allí es un maniobra típica de la casta. Se inflan los censos aquí para que allí gane el que yo quiero que salga. ¿Primarias para qué? Lo decimos pero no lo haremos jamás.

Ciudadanos se la coge con papel de fumar para al final acabar escupiendo en el suelo. No son fiables o mejor dicho son inciertos. Tan inciertos como los demás.

A los que mejor se les ve el plumero es a Podemos. Es cierto que desde Marx no ha habido ninguna teoría política que explique los fenómenos sociales, políticos y económicos mejor que la suya y aunque el marxismo es antinatural lo cierto es que su opuesto el neoliberalismo (que es lo más natural en nuestra especie) es el peor sistema que podríamos adoptar.

De modo que para qué vamos a esconder nuestras intenciones: lo que Podemos quiere es sovietizar España, ya suficientemente fragmentada por las autonomías en origen. Podemos tampoco es un partido sino una especie de magma tumultuario y a eso ahora le llaman populismo, un invento de un argentino que hasta tiene una teoría para explicar qué es el populismo. Laclau se llama por si quereís leerle.

Dicen que un partido así, -populista quiero decir- no puede gobernar por las contradicciones entre sus socios. Pero si ellos gobernaran dejarían de ser populistas y se quitarían la máscara para ser lo que en realidad son : comunistas, (a pesar de que ahora se han definido como socialdemócratas). Y el que se mueva al Gulag.

No cabe duda de que si todos los atractores españoles son socialdemócratas (aunque lo sean de mentirijillas) es por el éxito que las políticas socialdemócratas han tenido en la Europa protestante, otros les llaman moderados, pero moderado significa socialdemócrata para entendernos. Dejo fuera a España, Grecia e Italia, aquí en la Europa del sur parece que lo que mejor funciona es el chanchullo y el batiburrillo, el desorden como generador de orden, el caos, pues de eso va un atractor extraño y a veces las dictaduras cuando las cosas se ponen feas.

La socialdemocracia murió de éxito y murió por dos razones: la crisis económica y la otra crisis, la de los refugiados. Ambas han puesto en evidencia la vulnerabilidad de los regímenes basados en la opulencia y que no es otro sino la gracilidad de sus ideologías compasivas y asistenciales ignorando la sobrecarga fiscal que soportamos, la inflación de los recibos de teleoperadoras y energía y el timo de los oligopolios mas o menos camuflados. Por no hablar de la despoblación de Europa producto de políticas de bienestar y centradas en la mujer y sus derechos que no son otros sino el control de la reproducción de los hombres.

¿Qué es lo que se amplía en ese campo de batalla que representan el capital y el socialismo? ¿Hacia dónde han derivado las guerras entre el individuo y lo colectivo?

Naturalmente el campo de batalla se ha ampliado hacia el territorio del sexo. La guerra es más evidente desde la revolución sexual. ¿Qué revolucionó la revolución sexual?

Visto asi y atendiendo a la etimología, revolución sexual podria ser considerada como un levantamiento de los tabúes, de la represión, un permiso para gozar más de nuestro cuerpo, una guerra que se libró contra los preceptos religiosos que enjaulaban nuestra sexualidad en aburridos matrimonios o en abyectas escapadas al burdel. El amor libre que decían.

Nada de eso ha sucedido y todo parece haber empeorado: nada ha resuelto el enorme problema que representa el hecho de que la mayoria de los hombres están sexualmente deprivados como esos personajes de Houllebecq -como el repugnante y patético Tisserand- que aun es virgen a los cuarenta, los que han llegado tarde a casi todo, que no tuvieron amores adolescentes, que se saltaron etapas fundacionales en su personalidad, que fueron desatendidos por sus atareadas madres o simplemente ninguneados, que se afanaron en lograr un estatus profesional y alcanzar un empleo bien remunerado, un empleo que a fin de cuentas terminará con sus coronarias y con sus últimas esperanzas de encontrar una relación significativa.

Todas las mentes van cuesta abajo y es por eso que el fractal apunta a la extraña idea de que un país de derechas acabe siendo comunista.

Por eso Podemos apela al sentimiento sexy de la vida, en eso tienen razón pues el resto de partidos no son más que beatos comparados con esos tipos de las rastas y de las asaltacapillas.

¿Podremos tener más sexo después del 25-J?

¿Qué diria Marx?

Oponer a la propiedad privada la propiedad general, puede expresarse también en la forma animal que busca oponer al matrimonio, la comunidad de las mujeres. Este es un comunismo tosco e irreflexivo. La envidia general constituida en poder no es sino la forma escondida en que la codicia se establece o se satisface de otra manera“.  (Carlos Marx).

O sea que no.

Si quieres conseguir una sociedad fragmentada estratificada libera la sexualidad de sus yugos universales o dicho de otra manera “La igualdad genera paradójicamente más desigualdad”.

 

Familias y tribus

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.

No vienen de ti, sino a traves de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

(Khalil Gibran)

anna-gabriel

Es obvio que el poeta no se refería a lo mismo que Anna Gabriel -esa chica del flequillo en casquete- que ha proclamado esta semana en una entrevistas que ha dado mucho que hablar; Gabriel suspira por una especie de propiedad comunal de los hijos, “que los eduque la tribu”, vino a decir. O: los hijos no son de nadie parafraseando a Kahlil. El lector sagaz sabrá discriminar a qué realidad se refiere el poeta -metafórica- y a qué realidad se refiere la catalana anticapitalista, mas bien literal.

A propósito de estas declaraciones de la Gabriel hoy mi compañero Pablo Malo ha subido un interesante post que demuestra el porqué los socialismos utópicos –tipo Saint Simon- fracasaron en el siglo XIX, simplemente habían sido pensados para una especie  de simios diferente a la nuestra. Lo mismo sucedió con la contracultura hippye de los años 60 que yo viví en su esplendor y en su caída: sencillamente las comunas fracasaban por varias razones que el mismo Pablo Malo ha señalado en su post:

Pero vamos a mirar desde el lado práctico la propuesta de volver a las tribus. ¿Cuáles serían las tribus? Los vecinos que viven en un mismo portal? ¿compañeros de trabajo? ¿un grupo que practica el poliamor y quiere vivir juntos? Como decía más arriba, esos vínculos maternales y paternales fuertes no van a surgir viviendo cada uno en su casa así que tendríamos que hablar de algún tipo de vida comunitaria. En las ciudades de hoy en día lo veo difícil. Podemos pasar a construir pisos de 20 habitaciones, o sin habitaciones, para tribus pero va a ser complicado. ¿Qué pasaría con el dinero? El dinero que me den a mí por trabajar lo metemos en una cuenta común para alimentos y colegios de todos los niños de la tribu? ¿cuánto contribuye cada uno? Y si hay gente en paro? Y si hay quien no tiene hijos? Cómo reconocemos legalmente la paternidad o maternidad de los hijos, si es que la reconocemos? ¿Y el sexo?… ¿Nos acostamos unos con otros por turnos cada noche? ¿Y si un hombre prefiere acostarse con una mujer o viceversa y no con otros miembros del grupo ? ¿estaría obligada/o? Por supuesto cada tribu puede poner las normas que quiera pero, a este respecto, la realidad es que todas las comunas que se formaron en época hippies- y otras- acabaron rotas por los celos , el enamoramiento y demás.

Volvemos al eterno problema Nature/Nurture. Creemos que la cultura es una causa que no es causada por nada, que no tiene antecedentes ni factores causales previos. La cultura , en ese modelo, sólo depende de nuestra imaginación: pensamos un modelo de organización y ya está, lo podemos hacer. No nos damos cuenta de que la cultura es un guante que tiene que adaptarse a una mano. Tenemos variabilidad y se pueden hacer muchos tipos de guantes, pero si nos vamos mucho en la relación mano-guante al final el guante no funciona. Si hago un sombrero y lo quiero usar de guante pues no va a funcionar igual de bien que un guante.

Concretamente, estas experiencias fracasaron por una exclusiva razón: nuestra especie no está cableada para querer a los hijos de los demás igual que a los nuestros, para no tener celos, para no enamorarse y pretender exclusividad en nuestras relaciones sexuales. No está cableada para mantener a los demás con nuestro trabajo o esfuerzo. Y no lo está para sacrificarnos por abstracciones sino por las cuestiones concretas que son siempre nepotismos más o menos disfrazados. Somos mamíferos, que es lo mismo que decir que creamos vínculos y uno de los más poderosos es el vinculo materno-filial.

Es por eso que el mejor invento de la humanidad es la propiedad privada, la libertad para los negocios y el aumento y movilidad de nuestro perímetro social, la monogamia ( con trampas, la infidelidad o la monogamia sucesiva para quien la puede pagar) y la paternidad de los hijos. Le llamamos capitalismo a este sistema aunque poco tiene que ver el modelo económico exitoso con el modelo de organización sexual que llamamos “familia” y es verdad que tiene secuelas pero no se ha inventado ningún sistema que haya logrado integrar las necesidades biológicas de nuestra especie con la convivencia comunitaria de una forma tan eficiente. La interacción y la dialéctica entre lo publico y lo privado ha sufrido a lo largo de la historia muchos vaivenes y ensayos, pues el hombre es capaz de imaginar muchas formas de vivir y muchas maneras de interactuar con los demás: de construir un espacio social cómodo y supuestamente feliz, sin tantas contradicciones como las que supuestamente soportamos. Pero no han funcionado y no han funcionado porque se oponen a la naturaleza del hombre, a nuestra naturaleza.

El mismo Carlo Marx cuando andaba haciendo campaña en Inglaterra en tiempos de la revolución industrial ya dejó dicho, ante las preguntas de los deprivados (sexualmente) obreros, lo siguiente:

Oponer a la propiedad privada la propiedad general, puede expresarse también en la forma animal que busca oponer al matrimonio, la comunidad de las mujeres. Este es un comunismo tosco e irreflexivo. La envidia general constituida en poder no es sino la forma escondida en que la codicia se establece o se satisface de otra manera“. (Carlos Marx)

Lo que los obreros le preguntaban era si podrían beneficiarse a todas las mujeres que quisieran, ese era el concepto que los hombres de entonces tenían del socialismo, una igualdad radical en oportunidades. ¿Si no puedes acceder sexualmente con quien quieras en qué consiste el socialismo? ¿En pagar?

Naturalmente esta forma de codicia sexual pensante podemos encontrarla también en la igualdad femenina: ¿Estarían dispuestas todas las mujeres a cohabitar con quién las demandara? ¿Qué sucedería si se resistían o rechazaban a una pareja? ¿Donde quedaría la igualdad si las mujeres fueran obligadas a copular con todos? ¿Que sucedería con las más o los más solicitados? ¿Acabarían creando una casta de élites sexuales?

Un tema más interesante que el anterior y que también aborda el Dr Malo en su post es el tema de la “privatización del matrimonio” que yo mismo abordé en un post anterior. Se trata de una idea que procede de Frederick de Boer  y que no lleva tanto polvo como la idea de la crianza tribal que propone la Gabriel. Es una idea novedosa y que puede argumentarse de esta manera:

El matrimonio ha sido muy protector para la mujer y los hijos debido a que las mujeres eran dependientes de sus parejas, pero ¿tiene sentido seguir manteniendo la idea de que el matrimonio debe seguir siendo público (es decir tutelado por el Estado) en un mundo donde la poligamia es un hecho, donde las mujeres pueden quedar embarazadas (y quedan) por machos merodeadores distintos a sus parejas o incluso sin tener pareja, dónde una mujer ya no necesita un hombre que la mantenga y que al mismo tiempo controle con los anovulatorios la capacidad reproductiva de sus parejas?

No parece muy sensato mantener un orden de cosas que ya no existe en el mundo moderno, sin embargo este modelo no tiene nada que ver con el modelo tribal-comunal de los socialismos utópicos sino que es profundamente sensato y congruente con la realidad que ya estamos viviendo.

El matrimonio es una institución obsoleta y lo es por varias razones:

-Las parejas tienen fecha de caducidad y a nadie se le ocurre formalizar una relación para el corto-medio plazo.

-El acceso de la mujer a su emancipación económica ha hecho innecesaria una “protección” económica de por vida. Hay que señalar que el matrimonio es -ancestralmente hablando- una especie de “seguridad social” para las mujeres. Una especie de seguridad social del desierto. La poligamia es muy protectora con las mujeres aunque ciertos prejucios vayan en dirección contraria. “Ninguna mujer sola” es el slogan de ciertas culturas, algo que se opone a eso que ahora llaman “hogares monoparentales”

– Las segundas parejas son más frecuentes sin papeles que las primeras, los que están divorciados ya han acumulado la suficiente experiencia para no volver a zozobrar en otro matrimonio y además puede que ya tengan su cupo de hijos completo. Hay que recordar que el divorcio es otra institución publica que parece ser el reverso del matrimonio y que favorece a las mujeres mientras que es muy destructivo para los hombres. Si hay matrimonio ha de haber divorcio. Y con uno basta para una economía de clase media.

– El ultimo golpe al matrimonio es la sustitución de los bienes gananciales por los privativos de cada cual. De esta manera el matrimonio ha dejado de ser un contrato mercantil entre iguales y cada uno de sus miembros puede comprar y vender sus bienes aun estando casado, lo cual en mi opinión genera más diferencias que igualdad y predice más hogares de mujeres solas y hombres jóvenes desemparejados.

Y una ultima cuestión: si los homosexuales tienen derecho a casarse ¿por qué los heterosexuales no podemos tener derecho a la poliginia?

Es verdad que  los hombres necesitan saber que sus hijos son sus hijos y aunque el matrimonio por sí mismo no garantiza esta seguridad, lo cierto es que tiene más seguridad que la ordalía o la promiscuidad del todos con todos. Pero no es necesario que el Estado nos de visados de “patria potestad”, basta con los análisis de ADN.

Y la orgía del todos con todos nunca sucederá porque unos , machos y hembras siempre tendrán mas valor de pareja que otros, lo que nos llevará a la mayoría otra vez a la precariedad. Pero se tratará con toda seguridad de una precariedad estratificada, donde los más cotizados tendrán mas oportunidades que los menos favorecidos.

Y se agrandará la grieta que ya se vislumbra.