Paisaje de amistades y desconciertos

Mi padre siempre me echó en cara mis escasas habilidades sociales, a pesar de que él carecía de esas habilidades que reivindicaba en mí, más como un reproche que como una recomendación, como si fuera una especie de vicio, un defecto de mi personalidad. Para mi padre era muy importante saludar, ser simpático, tener muchos amigos de los convenientes y sobre todo hacer bien la pelota para hacerse de querer por los demás. Es la universidad de la vida, decía.

Lo cierto es que a mi nunca me faltó el querer de los demás y sobre todo el amor incondicional, debe ser por eso que nunca me esforcé en ser simpático. Pero es verdad que nosotros los introvertidos como mi padre y yo tenemos pocas habilidades para hacernos con amistades «convenientes», más allá de esas que nos vienen por naturaleza, la infancia, la vecindad o la escuela. A mi nadie me enseñó pues a ser simpático sino cierta impasibilidad del ademán y cierta beligerancia frente a la estulticia. Debe ser por eso que ahora a mis 69 años me pasa lo que me pasa. No tengo más que un puñado de amigos a los que ni siquiera veo.

Y si escribo este post es para hablarles de la amistad y para completar un antiguo post donde ya había comenzado a hacerlo y todo a causa de ciertos sueños que se van repitiendo en el ultimo año de confinamiento, una clase de sueños que interpreto en clave de recuento, de catálogo quizá de un ajuste de cuentas. Aparecen en mis sueños personajes que he tratado a lo largo de mi vida, amigos, compañeros, conocidos y personajes banales de esos que tuvieron presencia en mi vida aunque de un modo periférico y por poco tiempo. Todos a la vez aparecen en mis sueños como si buscaran rehacer conmigo una amistad que no pudo ser, una amistad perdida o desperdiciada. Es desconcertante.

¿Qué es un amigo? ¿Son amigos todo los que llevan ese titulo?¿Qué queremos decir con la palabra amistad?

Descartados los conocidos y a los vecinos. Existen tres clases de personas a las que nombramos como amigos: los semejantes, los convenientes y los diferentes.

Los semejantes son aquellos con los que nos unimos por afinidad. Son de nuestra misma edad, proceden de nuestra infancia o de nuestra adolescencia, cuando contar con semejantes era necesario para robustecer nuestra identidad y comparten con nosotros aficiones, intereses, proyectos o estilos de vida. Son muy parecidos a nosotros y si no tienen nuestra misma profesión nuestros intereses nunca entrarán en colisión. No solemos competir con ellos y por tanto la amistad puede perdurar a lo largo de los años hasta que la vida por alguna de aquellas bifurcaciones nos separa. Aun así siempre mantenemos el contacto a largo plazo, un contacto que se mantiene por el recuerdo, los buenos recuerdos de cuando entonces alimentados por la nostalgia y la amabilidad con que los evocamos. De hecho en mi recuento, los amigos que mantengo pertenecen a este grupo: aquellos cuyos incentivos eran tan intangibles como los míos: la relación en sí.

La amistad es pues:

Lo que está detrás de la amistad no es ni sexo ni amor romántico sino una emoción llamada “amor compasivo” por los psicólogos evolucionistas y que han descubierto que tiene su propia psicología. Piense usted en una pareja a largo plazo o en dos amigos que han resistido durante muchos años los embates de la vida: ambos se sienten en deuda con los otros, pero son deudas que ni se miden ni existe la obligación de saldarlas, es una deuda satisfactoria (Pinker 1997). El amor compasivo que sólo se da con los verdaderos amigos y excluimos aquí a los amigos ficticios que son aquellos que se hacen amigos de quien les conviene (usualmente personas poderosas que son los que están en condiciones de hacer favores) o entre aquellos que habiendo sido amigos se caen de la amistad por encontrarse en otros planos de definición de su propia realidad. Discriminar un amigo verdadero de uno ficticio es a veces bastante difícil, sobre todo en nuestro mundo actual donde las relaciones están fuertemente intervenidas por los beneficios a corto plazo.

El amor compasivo consiste en un extraño placer espontáneo que sentimos cuando ayudamos a un amigo de alguna manera que para nosotros carece de costes y produce sin embargo un enorme bienestar a la otra parte, es por eso que la gratitud, la simpatía, el cariño y la confianza son estirados hasta el limite desde un extremo y el otro. La amistad verdadera se reconoce porque -a diferencia del amor que es un pago sin cash- se trata de un cash sin pago, un beneficio mutuo donde no necesariamente se suceden los préstamos y los favores.

La cosa se complica en entornos como en el trabajo, pues en el trabajo casi todos son semejantes pero existen jerarquías, castas y jefes y además los compañeros no son amigos sino desconocidos. Aquí hay una discordancia pues los incentivos materiales, de promoción o de poder van a influir en las relaciones. Hay mucha gente que elige amigos entre sus compañeros de profesión o trabajo pero se trata de una mala idea. No se puede mantener una amistad a largo plazo con aquellos que compiten por los mismos bienes que nosotros. Lo más probable es que emerjan bandos entre unos y otros y la cosa es aun peor si alcanzamos un puesto de relevancia en la jerarquía profesional. Entonces habrá muchos y muchas que se acercarán a nosotros para compartir prebendas y «tocar poder», pero eso no es amistad sino conveniencia. Se trata de amigos que nos abandonan cuando ya no pueden beneficiarse de nosotros.

Uno sabe cuando tiene influencia en una organización cuando observa que se acercan unos y otras en busca de promoción, también nota que le han salido enemigos, adversarios y personas que se nos oponen por razones espúreas, políticas o de mera antipatía personal. Los jefes reclutan muchas antipatías pero también adhesiones quebrantables solo por el tiempo.

Pero existen además las amistades que se sostienen en la admiración, algo que no puede suceder con un semejante y que necesita un modelo al que por alguna razón consideremos superior en alguna cosa. Una especie de sustituto del padre, un sustituto imaginario que viene a coser las carencias que mantuvimos con el nuestro, un anti-Edipo como decían Deleuze y Guattari. Agenciarse un padre alternativo es necesario si queremos completar nuestra identidad adolescente pes los padres biológicos se nos quedaron cortos. Es por eso que hacemos mimesis con él, queremos ser como él, le imitamos en gustos, preferencias y a veces en la elección de una determinada profesión. A lo largo de mi vida he tenido tres o cuatro figuras paternales alternativas y con todos quedé mal y aparecen en mis sueños con frecuencia para reprocharme mi escasa habilidad social o a veces mi traición. Pues los padres sean imaginarios o reales siempre suelen sentirse traicionados por sus hijos pero los hijos no podemos hacer otra cosa sino traicionar a los que nos prestaron su identidad para que en ella apoyáramos la nuestra mientras crecíamos. La deuda lleva cash en este tipo de relaciones.

Pues la paternidad es una tarea imposible, tal y como decía Freud y hagas lo que hagas te equivocarás y eso lo dijo Platón.

Es por eso que es poco realista mantener amistades que en su momento estaban apoyadas en el paternaje o en los intereses. Simplemente se desvanecerán y es bueno para nuestra salud mental que aprendamos a conformarnos con esta idea: las relaciones de poder o de interés -las relaciones desiguales- son imposibles de compatibilizar con la amistad aunque quizá no con el amor.

Solo nos quedan los amigos de la infancia o de la adolescencia, nuestros semejantes, esos que nos quieren como una madre, de forma incondicional por ser quienes somos y por nada más.

Y entonces llegó la pandemia.

Pero he dejado para el final las amistades virtuales que merecen un post aparte.

 

Robustos y domesticados

El río Congo separa dos nichos ecológicos bien diferenciados, en una orilla viven los chimpancés, una especie de primates con la que compartimos casi todo el ADN, se trata de una especie jerarquizada, agresiva y donde mandan los machos que forman manadas muy belicosas y que atacan con frecuencia en partidas bien organizadas a otros clanes vecinos para robarles hembras y recursos. En la otra orilla viven los bonobos que viven en una sociedad mucho más divertida, aunque no es cierto que hayan prescindido de las jerarquías y sigue habiendo un macho alfa que a diferencia de los chimpancés no es el más fuerte sino aquel que elige una coalición de mujeres. Es por eso que la sociedad de bonobos es una sociedad matrifocal mientras que el «patriarcado» es el régimen de los chimpancés, por decirlo brevemente.

Juan Luis Arsuaga es un paleoantropólogo que es hoy muy conocido gracias a sus trabajos sobre Atapuerca y que ha escrito varios libros en clave de divulgación sobre ese lugar de los tesoros que es el valle donde inició sus excavaciones. En esta ocasión Arsuaga que es un sapiens se combina con Juan Jose Millás que como todo el mundo sabe es un novelista del que vale la pena recordar su obra que podéis consultar aqui.

De esta combinación nace un libro inclasificable que literariamente podría ser considerado un dialogo, entre un experto y uno que se hace el tonto y que va dando forma literaria a las ideas que van surgiendo estampándose siempre en entornos naturales o algo insólitos, como una jugueteria, un parque infantil, un valle inaccesible con paisaje paleolitico, un sex-shop, todo ello bien regado con menús de lugares inhóspitos donde todavía guisan las patatas a la usanza prehistórica o restaurantes indios de Lavapiés.

Así Arsuaga va explicando a través de la pluma de Millás conceptos de la psicología evolutiva trascendentales, como el milagro de la bipedestación («andar es ir cayéndose»), sobre el dimorfismo sexual, sobre la alimentación humana y otras cuestiones deteniéndose sobre todo en el tema de la domesticación y recordándonos en una juguetería lo que disfrutamos con los niños y cómo y porqué nos provocan tanta ternura. Son dos las razones de esta manipulación que nuestros genes ejercen sobre nuestra conducta y preferencias para el juego y el infantilismo: la redondez y la torpeza. Los niños nos seducen con esa mirada ingenua, con ojos grandes y redondos, es decir con los rasgos de la neotenia.

Los neandhertales era una especie robusta, tosca y muy fuerte, temeraria y muy bien adaptada al frío que no solo coexistieron con los sapiens sino que llegaron a cruzarse con nuestros ancestros. Aun hoy tenemos ADN neandhertal en nuestro genoma lo que demuestra que hubo «follisqueo» entre ambas especies y que dieron lugar a descendencia viable  tal y como podéis ver en este post. donde de paso podéis ver que quizá el trastorno bipolar sea una herencia envenenada que nos dejaron los neandhertales.

Dos especies y una hibridación.-

Hasta hace poco tiempo se consideraba que el sapiens y el neanderthal eran dos especies distintas y que entre ambas especies era imposible el flujo genético. Sin embargo recientemente y después de la secuenciación del genoma neanderthal por Svante Paabo del Intituto Max Plank se ha descubierto que compartimos con los neanderthales entre un 2 y un 5% de nuestro genoma.

Una hipótesis -la más ortodoxa- dice que entre neanderthales y sapiens no hubo intercambio o “robo” de genes sino que ambas especies procederían de un antepasado común, probablemente el “Homo erectus”. Otra hipótesis señala que es muy posible que entre neandethales y sapiens  hubiera cohabitación e intercambios genéticos. En un post anterior revisé la teoría que relacionaba ciertas adaptaciones al clima del neanderthal y las relacionaba con el trastorno bipolar, esta es la hipótesis de Julia Sherman (Sherman 2012) donde propone la idea de que el trastorno bipolar seria el subproducto de una adaptación ancestral a la estacionalidad en una Europa cercada por los glaciares y el frío.

Pero aun existe otra teoría menos conocida, se trata de la hipótesis de Gooch que propone la osada idea de que en realidad nosotros, los “sapiens sapiens” seriamos el resultado de una hibridación entre neanderthales y un sapiens ancestral (cro-magnon).

Sea como fuere lo que sabemos con seguridad es que el sapiens no procede del neanderthal, sino que ambos coexistieron y probablemente se cruzaron en buena vecindad. El neanderthal se extinguió pero no el sapiens a pesar de que la adaptación del neanderthal al clima gélido de Europa era bastante mejor que la del sapiens.

Para explicar la extinción de los neanderthales existe dos teorías: La primera sostiene que los neanderthales no eran una especie separada y que se produjo un mestizaje con los recién llegados “Homo sapiens”, cuyos genes acabaron por ser los dominantes. La segunda afirma que los neanderthales eran una especie distinta, pero que su tasa de natalidad era más baja que la de Homo sapiens, perdieron la batalla por la obtención de recursos y fueron sustituidos por los cromañones, más avanzados culturalmente.

Personalmente me adhiero a la primera. Hubo hibridación con casi total seguridad y una vez establecida tal hibridación los neanderthales se extinguieron en favor de esa nueva especie que pasó a ocupar su nicho ecológico y posteriormente se extendió a toda la tierra, sin prejuzgar la idea cada vez más prevalente de una evolución local independiente y multiregional.

Dicho de otra manera y según Arsuaga, para un Neandhertal los sapiens seriamos algo así como mascotas o peluches. Efectivamente nuestra especie es una especie grácil y donde la neotenia es la regla. Pero lo cierto es que en el mundo actual siguen existiendo ejemplares neanderthalescos y sapiens. El lector solo tiene que ver la morfología y carácter de Trump y compararla con la de Trudeau o Macron.

La domesticación de los humanos.-

La domesticación es una teoría que propuso Wrangram para explicar nuestros rasgos, conducta y sofisticación cultural, nos pasó algo así como a los perros -procedentes de los lobos- que son la especie doméstica más conocida por nosotros, algo que también podemos observar en los bonobos. ¿Quien domesticó a los bonobos para hacerlos tan diferentes a los chimpancés?.

Obviamente fueron las hembras de los bonobos quienes domesticaron a los machos para quitarles tosquedad, agresividad y dominancia, algo a lo que se llega a través de la selección sexual. Evidentemente para una hembra es siempre mejor disponer de un macho doméstico que aporte recursos a la pareja y sus vástagos que un merodeador, pero para eso es necesario algo más que el gusto individual: hace falta que ese gusto sea extensible a toda la especie. Dicho de otra manera es necesaria una coalición de hembras.

¿Pero quién domesticó a los humanos?

La domesticación conduce  a una reducción en la reacción fisiológica periférica a los estímulos o situaciones de estrés, lo que tiene un efecto directo e inmediato en la docilidad al reducir la reactividad temerosa. Belyaev, sin embargo, insistió en una segunda y menos directa, pero igualmente de importante efecto, de desarrollo de la hipofunción simpática en zorros domesticados (Belyaev 1984). Inmediatamente después del nacimiento y durante los primeros 1,5 meses de vida, el eje HPA del zorro es demasiado inmaduro para montar una respuesta en toda regla el estrés y el miedo, a pesar de que los kits para moverse y explorar con los ojos abiertos han madurado ya. Al final de este período, lo kits se convierten en altamente reactivos y temerosos de extraños animales incluyendo seres humanos.

Aunque los zorros domesticados experimentan el mismo efecto, la duración de la inmadurez de su eje HPA es mucho más largo, es decir, de 3-4 meses. Por lo tanto la domesticación parece tener una “ventana de socialización.”  Bajo condiciones de cría en cautividad normales los kits domésticos están expuestos a interacciones repetidas con cuidadores humanos antes de la plena respuesta de miedo fisiológica sea posible (Trut et al. 2004). La exposición humana temprana significa que los cuidadores ya están perceptualmente reconocidos como estímulos de baja amenaza en el momento en el eje HPA está maduro, y por lo tanto la presencia de humanos parece bloquear el componente neural conducido de una respuesta de miedo en el futuro (en este caso, la familiaridad engendra indiferencia) . Diferencias comparables también se observan entre lobos (que tienen una ventana de socialización 1,5-meses) y perros (donde esta ventana se extiende desde 4 a 10 meses), así como en ratones de laboratorio seleccionadas para niveles bajos de agresión (Freedman et al. 1961; Gariepy et al., 2.001).

Fundamentalmente, los perros domesticados, incluso se vuelven temerosos y indomables para la vida si no se les enseña a convivir con seres humanos dentro de esta ventana ampliada (Freedman et al. 1961; de Scott 1962, 1964). Por lo tanto, un retraso heterocrónico leve en la reactividad simpática, causado por retraso en la maduración de la glándula suprarrenal, puede tener efectos de por vida importantes en los niveles cognitivos superiores, a través de un simple prolongación de un período sensible para el contacto positivo con los humanos”.

En resumen, la hipótesis de la autodomesticación predice que las especies de vertebrados y mamíferos que se socializan con la presencia humana sufren una disminución de las células de la cresta neural durante su embriogénesis y que esta reducción tiene que ver con los cambios morfológicos y rasgos caracteriales siendo la agresividad/docilidad el rasgo mas estudiado de entre ellos.

Dicho de otra manera el lobo es robusto, el perro grácil, la agresividad es robusta, la docilidad grácil.

Pero el problema no queda resuelto respecto a la pregunta ¿quién domesticó a los humanos?. Suele decirse que nos autodomesticamos pero esta respuesta no me satisface. Existen en este sentido tres teorías:

  • La teoría de la selección sexual: las mujeres eligieron y seleccionaron positivamente rasgos de pro-sociabilidad en machos favoreciendo así la dispersión de genes domésticos.
  • La teoría cultural: fue la evolución de nuestras instituciones sociales la que domesticó a los humanos, comenzando por la familia monógama ese lugar donde aprendemos a reprimir nuestros impulsos más primitivos siempre y cuando nuestros padres estén ya domesticados.
  • La teoría de Peter Frost llamada «pacificación genética» que atribuye esta mansedumbre de los humanos a la pena de muerte o penas largas de prisión que dejan fuera del mercado reproductivo a los más belicosos de entre nosotros y también a sus genes.

A mi personalmente no me satisface del todo ninguna de esas teorías porque en nuestra especie no hay una «coalición de mujeres» que sean capaces de transmitir esa domesticación de una forma universal. La prueba es que hay muchas mujeres fascinadas aun por los «malotes»  y muchas mujeres por domesticar. Es como si en nuestra especie coexistieran rasgos de personalidad de neandhertales y de sapiens, de bonobos y de chimpancés y que ambas poblaciones estuvieran sujetas a fluctuaciones autoreguladas, lo que redundaría en favor de esa hibridación de la que hablé antes.

Lo que es cierto es que los hombres actuales -hablando en general y de los hombres europeos en particular- han perdido gran parte de su potencialidad viril y reproductiva y cada vez se asemejan más a las mujeres de su entorno abrazando sus valores y sus estrategias reproductivas. Esta uniformidad alosexual solo tiene un problema y es que cada vez hay más hombres que no se interesan por las mujeres, lo que representa sin duda la cara oculta de la domesticación..

 

Por si a alguien le interesa conocer más sobre el tema de la autodomesticación que está muy emparentado con nuestra vulnerabilidad psicológica os dejo aquí un video que grabé hace algún tiempo en un curso sobre el trauma psicológico.

 

Bibliografia.-

Julia Sherman: “Evolutionary origin of bipolar disorder-revised: EOBD-R”Medical hipotheses 78, 2012.

↵ Belyaev D. K., 1969  La domesticación de animales. Ciencia J. 5: 47-52. Google Académico
↵ Belyaev D. K., 1974  La domesticación, vegetal y animal, pp. Novecientos treinta y seis – novecientos cuarenta y dos en la Enciclopedia Británica, Ed. 15, editado por Benton H. H.. Enciclopedia Británica-Helen Hemingway Benton Publishing, Chicago. Google Académico
↵ Belyaev D. K., 1979  selección desestabilizadora como un factor en la domesticación. J. . Hered 70: trescientos un – trescientas ocho. GRATIS texto completo.
↵ Sapolsky R. METRO., 1992  neuroendocrinología de la respuesta al estrés, comportamiento de Endocrinología, editado por Becker J. B., Breedlove S. M., Crews D.. MIT Press, Cambridge, MA. Google Académico.

El sindrome de domesticación.

El bioleninismo

Nos ahogaremos y nadie nos salvará (Spandrell)

«Bioleninismo» es un concepto nuevo acuñado por un bloguero conocido como @spandrell (se desconoce su identidad) y que mantiene un blog titulado «Bloody Shovel«, algo así como «Pala sangrienta». Se trata de un politólogo del que sabemos que vive en el este asiático , Indonesia o cernanías pero poco más. Su concepto de bioleninismo es muy interesante para conocer las derivadas y transformaciones que ha tenido el socialismo tradicional hasta transformarse en lo que hoy conocemos como «progresismo», «socialcomunismo» al que algunos han bautizado como la «síntesis progresista». El bioleninismo sería algo así como un hiperleninismo o un más allá de la teoría marxista-leninista.

Paso a contar las ideas de Spamdrell que podréis seguir en su blog y sobre todo en su articulo seminal «Leninismo y bioleninismo».

El trasfondo de la investigación de Spandrell es la civilización moderna y más concretamente la civilización occidental que supone se encuentra en una espiral de muerte, para ello -bien conocedor de la historia de las civilizaciones- y de la teoría evolutiva, trata de encontrar explicaciones al mundo que nos ha tocado vivir y lo hace -en mi opinión- de una forma lúcida e implacable.

Su principal argumento es que nosotros los humanos no somos racionales ni irracionales a partes iguales sino que estamos muy preocupados por nuestro estatus social. Lo que nos mueve, nos impulsa es ese medraje que necesitamos llevar a cabo para acceder a bienes que por falta de educación, mala suerte o simple azar geográfico o de clase se nos escapan.

El comportamiento conocido como irracional debe ser entendido como un comportamiento que busca ascensos de estatus, pues el estatus es la mejor forma de adquirir poder, sexo, comida y atenciones por parte de los demás, es también protector de la salud. El problema es que el estatus es un juego de suma cero: no todos tienen el mismo estatus ni podrán tenerlo nunca, incluso en las sociedades mas igualitarias existirán siempre gente de alto estatus y gente de bajo estatus, se trata de un hecho biológico, del mismo modo que existen gordos, flacos, vagos, laboriosos, negros, blancos, hombres y mujeres o feos y guapos. La gente se sacrifica por elevar su estatus y las sociedades se han encargado de ello, disponiendo de mecanismos elevadores, al menos las sociedades occidentales. Los ascensores sociales tradicionales han sido, la educación, el esfuerzo individual o el matrimonio, pero esos ascensores parece que han dejado de funcionar, por la falta de trabajo, la emancipación de la mujer, la mala calidad educativa o las malas decisiones a la hora de escoger qué hacer en la vida, como la elección de profesión.

Las sociedades liberales generan mucho resentimiento en aquellos que no han logrado este ascenso social que todos y cada uno de nosotros esperamos encontrar en nuestra vida y este resentimiento es central en la teoría de Spandrell, no se puede entender nada de lo que sucede en el mundo sin comprender que existe una alta densidad de resentimiento en nosotros los humanos, un resentimiento que procede del hecho de que nuestras expectativas de estatus no se ven reflejadas en la realidad, así nos sentimos engañados por el sistema si no conseguimos un trabajo acorde con nuestras potencialidades y habilidades o una pareja que colme nuestros apetitos físicos y psicológicos. Nos sentimos víctimas de un sistema que consideramos injusto y esta es la razón por la que muchas personas militan en organizaciones o partidos políticos de izquierda, pues la izquierda se especializó ya desde Marx en subrayar las diferencias de clase como el origen de todo el mal.

Actualmente los partidos de izquierda ya no creen en la lucha de clases, más que como aliño en los discursos universitarios. La razón es que los trabajadores de los años 60 alcanzaron ya en toda Europa cuotas de bienestar inimaginables antes de la guerra mundial: tenían vacaciones, salarios altos, coche y algunos una segunda vivienda. Era obvio que en esas condiciones ningún trabajador iba a decapitar a su empresario. Dicho de otra manera la lucha de clases terminó cuando los trabajadores alcanzaron cuotas de bienestar inimaginables una década antes. Los partidos comunistas decayeron en toda Europa a pesar de que la URSS seguía financiando sus actividades clandestinas y a aveces incluso las ilegales. El comunismo en Europa fracasó mientras en la URSS aguantó 74 años para terminar fracasando económicamente como todos sabemos.

Para Spandrell el socialismo es una ideología con futuro pues se apoya sobre uno de los fundamentos de lo humano: la búsqueda de estatus, es además una ideología fácil de comprender: hay ricos que son pocos y malvados y pobres que somos todos los demás y llenos de virtudes morales. Nosotros tenemos pues todo el derecho de arrebatarles a los ricos su poder. Se trata de una teoría del resentimiento que ahora ha cambiado de protagonistas: ya no son los trabajadores, sino las minorías supuestamente explotadas, como negros, minorias étnicas, minorías sexuales, mujeres solteras, etc. Además se presenta bajo un paraguas fuertemente moral, pues ¿quién va a estar contra las razas, contra las mujeres, contra los homosexuales, contra los extranjeros, o contra el medio ambiente?

La masa social que vota estas opciones de izquierda es y será durante mucho tiempo mayoritaria en las sociedades occidentales (salvo desastre), así mujeres solteras, intelectuales, periodistas, pensionistas, funcionarios y todos los clientes de la red del estado votarán siempre estas opciones a pesar de las mentiras, los desastres de la gestión de algunos gobernantes que no voy a nombrar o de su estulticia.

Lo cierto es que no conozco a nadie que esté en contra de esas minorías y sin embargo esas minorías se sienten victimizadas ahora con más intensidad que nunca y a pesar de la evidencia de que no somos racistas, ni machistas ni homófobos la mayoría de nosotros aunque pueden existir focos residuales en cualquier ámbito. Es obvio que estas minorías carecen de razones para manifestarse en Europa hoy frente a la muerte de ese Floyd de Minneapolis. ¿Qué tiene que ver Holanda con el supuesto origen racista de ese crimen?

Algo parecido sucede con el feminismo que se ha tomado como paradigma de ese nuevo marxismo cultural. La opresión del hombre hacia la mujer sería comprensible en el mundo árabe donde existe una masculinidad tóxica -según Spandrell- pero es incomprensible en occidente donde el feminismo ha reducido los incentivos para que los hombres construyan familias, lo que explica el bajo nivel de nacimientos en toda Europa pero el crecimiento  continuo de los países árabes.

Cualquier grupo político requiere la lealtad de sus miembros para sobrevivir y es obvio que los «ricos» no se sienten obligados a mantener lealtades pues no las necesitan. Pero comprobar la lealtad de los miembros de un grupo es complicado si los individuos tienen recursos propios para sobrevivir, es por eso que es mejor reclutar a aquellos que no «tienen donde caerse muertos» esos son los mejores militantes de un partido político. Que toda su vida y su estatus proceda del interés del partido. Esta idea es leninista, pues fue Lenin el primero en sacudir a la casta zarista de sus lugares de privilegio y colocar allí a sus hombres desarrapados pero leales. El problema es que estas personas a las que se les ha ascendido su estatus de forma artificial acaban careciendo por completo de resiliencia pues en el fondo saben que no lo merecen.

Lo verdadero no tiene acólitos pero lo falso acumula grandes cantidades de seguidores pues creer en algo disparatado es la mejor forma de demostrar lealtad. Es por eso que las vacunas no tienen defensores, ni la redondez de la tierra o las bondades de la medicina oficial, sin embargo las posiciones contrarias reclutan gran cantidad de seguidores.

De muchas formas, el sinsentido es una herramienta de organización más efectiva que la verdad. Cualquiera puede creer en la verdad. Creer en un sinsentido es una demostración inequívoca de lealtad. Sirve como un uniforme político y si tienes un uniforme, tienes un ejército.” (Moldbug)

Es por esta razón que Spandrell cree que la izquierda tiene más futuro (y presente) que la derecha, pues los de derechas no tienen incentivos para unirse y los de izquierdas tienen muchos, esos que dan estatus y que los de derechas creen que nunca perderán o que en cualquier caso se conforman con mantenerlos. Hay mucha gente ineficaz que quiere ascender de nivel y eso generará a la larga problemas tal y como vimos en la URSS: los desarrapados pueden ser comisarios, espías, políticos o policías pero no son ingenieros ni médicos. Eso mismo está pasando en China: las contradicciones del sistema que lo hacen ineficaz a medio plazo económicamente.

Mientras el cristianismo funcionó sirvió como premio de consolación para los pobres, pues como es sabido para el cristianismo ser pobre era un mérito como hoy lo es ser homosexual o feminista, el cristianismo era una religión «pobrista» como su fundador, pero este argumento cayó en desgracia cuando las masas ilustradas exigieron no solamente un mejor puesto en el cielo sino también en la tierra.

La mejor forma de construir capital social es la manera de asegurar que una civilización prospere y se mantenga, por eso Spandrell propone una nueva religión dado que las actuales son demasiado viejas y ya no hacen bien su trabajo de asociar capital colectivo y de hacer al mundo más cohesionado. Pero probablemente esa religión ya está en marcha, con esa mezcla de ecologismo, feminismo y empatía que conocemos con el nombre de «lo políticamente correcto» y que si no es una religión se le parece mucho en su división del mundo entre nosotros y ellos.

Es por eso que los populistas utilizan los residuos de lacras pasadas para imponer su lacra opuesta.

Bibliografía.-

El articulo «leninismo y leninismo biologico consta de tres post)

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De ranas a príncipes (y II)

Si en el post anterior hablé de «Un nuevo contrato sexual» es porque ya existía uno más antiguo: el que describe Helen Fischer -desde un punto de vista evolucionista- en su libro «El contrato sexual», el que procede de la infancia de la humanidad -el paleolítico- construido a base de adaptaciones ancestrales y selección sexual.

Un «contrato» que tuvo muchas ventajas civilizatorias y culturales: la desaparición de la regla solar y su sustitución por la regla lunar silenciosa, el acceso de la mujer a las proteínas animales (comida a cambio de sexo), la aparición del orgasmo en la mujer, el coito cara a cara y otros eventos evolutivos como la prohibición del incesto y el parricidio (la aparición de Edipo en nuestro imaginario) que produjeron un fortalecimiento de los vínculos entre hombres y mujeres, así apareció la monogamia, un hito evolutivo que garantizaba la supervivencia de las crías y de las propias mujeres sometidas a los avatares de los partos y a las caminatas continuas.

Así nació el patriarcado, no tanto como explican algunas feministas que han escrito libros con el mismo titulo que el de Helen Fisher, – me refiero a Carole Pateman- que defiende un origen bien distinto al que la ciencia evolutiva ha consensuado con pruebas y no tanto con deseos: existió y aun existe efectivamente una cultura matrilineal pero la civilización emergió con el patriarcado, es decir al darle a los hombres ciertos privilegios a cambio de su protección y alimentación de la parentela, comprometiéndole a medio plazo. La aloparentalidad de las mujeres es efectivamente más antigua que la monogamia que ha tenido que convivir con la competencia intrasexual femenina un subproducto de la monogamia. Aloparentalidad se refiere a ayuda mutua entre mujeres, sobre todo relacionada con las tareas del parto y la crianza.

Así fue como los hombres pasaron de ser ranas a príncipes. Pues el cuento de la rana de lo que habla en realidad es de la naturaleza masculina, es decir de su naturaleza asocial, chapoteando en una charca, quizá solitario o en compañía de otros dedicando su vida a la caza, fiestas y a coitos erráticos.

Fue la mujer quien domesticó al hombre llevándole a su terreno-necesidad y lo hizo a través de un proceso lento que consistió en hacer que los hombres fueran cada vez más parecidos a las mujeres, algo que puede explicar los cambios morfológicos y conductuales de nuestra especie, tanto en los hombres como en las mujeres, un proceso que hemos llamado neotización.

Esto explica también que tanto los hombres como las mujeres actuales tengamos cerebros tan parecidos en prestaciones (cerebros balanceados en la jerga de Baron-Cohen) a pesar de ser tan diferentes, cerebros balanceados que coexisten con los cerebros extremos, masculino y femenino, si bien parece que la tendencia es al equilibrio, es decir a aproximarse en cuanto a talentos, habilidades e inteligencia. Seria posible elaborar una trazabilidad de los cambios masculinos recientes desde Clint Eastwood hasta Johnny Depp, el primero demasiado viril para el gusto actual orientado más hacia los hombres suaves y de facciones menos toscas o duras. Incluso ha llegado a describirse un «síndrome de Johnny Depp».

 

¿Es necesario un nuevo contrato sexual?.-

Obviamente si, nuestras situación actual es muy distinta al paleolitico donde se forjaron esas adaptaciones. El entorno actual se caracteriza por:

  • Las mujeres disponen de tecnologías reproductivas y no reproductivas  que hacen que el hombre sea superfluo y más aun: que puedan controlar la reproducción de los hombres a través de abortos o anovulatorios.
  • Las mujeres al acceder a la educación, en pocos años han logrado igualar a los hombres en  prestaciones, destrezas y talentos, llegando a posiciones profesionales que antaño solo eran ejercidas por los hombres.
  • Las mujeres siguen eligiendo, cuando, cómo y con quién pero siguen enganchadas a preferir a los hombres de alto estatus, dinero o magisterio.
  • Las mujeres siguen siendo especialmente sensibles a su apariencia física y no parece que ese acceso a profesiones de alto nivel haya cercenado su devoción por cuidar su atractivo que sigue siendo central incluso después de reproducirse.
  • Las mujeres tienen pocos hijos y por lo general al no necesitar ayuda económica por parte de los hombres están más orientadas a romper sus relaciones o bien a cambiar de pareja sin llegar a compromisos reproductivos con nadie. Del mismo modo con hombres con recursos suelen hacen lo propio pero los hombres con menos recursos son los grandes perdedores de este estado de cosas. Para algunos hombres ser abandonados por su mujer supone no un contratiempo sino un trauma psicológico de graves consecuencias.

Y sin embargo a pesar de estas novedades seguimos atados a nuestras adaptaciones ancestrales, de forma que podríamos empezar por admitir que: ninguna novedad podremos alcanzar en este «contrato sexual» si despreciamos los orígenes de nuestra especie o queremos pasar por alto aquellas adaptaciones. Hay algo que se resiste a ser cambiado y lo es porque demostró durante muchos tiempo su eficacia en la supervivencia y la reproducción individual (el fitness).

Un nuevo contrato

1.- Revalorización de la maternidad.

Es obvio que la maternidad es la columna vertebral de una sociedad como el trabajo del hombre. El trabajo de la mujer es en cualquier caso contingente.

Ser centrales en la sociedad tiene también sus inconvenientes. La mayor dependencia de otros de las mujeres hace que disfruten de una menor libertad personal que los hombres. Las feministas han tomado esto como una gran injusticia y culpan al patriarcado, pero el patriarcado sirve en realidad para moderar esa diferencia entre sexos al extender a los hombres el tipo de responsabilidades sociales que son hostiles a la libertad individual y acercar así a los hombres a roles sociales similares a los de las mujeres.
La relación madre-hijo es la piedra angular sobre la que se construyen todas las estructuras sociales. Al nacer los bebés tan indefensos y ser tan exigente su cuidado, tuvieron que inventarse mecanismos para apoyar a las madres y estas ayudas vinieron de otras madres tanto de la familia como de fuera de la familia, y también de sus parejas varones. Sin esas ayudas, sería extremadamente difícil para las mujeres superar los periodos arduos y peligrosos en el que hay que criar a los niños pequeños. Estas redes de asistencia dieron forma a estructuras comunitarias que superaban a la familia y la participación en estas estructuras comunitarias básicas es totalmente diferente en el caso de las mujeres y en el de los hombres. Como madres actuales o potenciales, las mujeres no pueden evitar ser atraídas a estas redes de intercambio de favores y relaciones y normas de reciprocidad. Las mujeres saben que necesitarán ayuda en muchos momentos cuando tengan que cuidar de los niños y, por tanto, es importante para ellas aprender a responder a las necesidades de los demás a cambio de esa ayuda que recibirán. 
Puede concluirse diciendo que el Estado ha de proteger a las madres sobre todo a esas que se conocen con el nombre de «amas de casa», probablemente el colectivo más opaco que existe en nuestro mundo a pesar de lo mucho que aportan como madres y abuelas y no a las mujeres por el hecho de serlo. Proteger a las madres significa derechos laborales concretos como la posibilidad de conciliar, así como otros derechos o prestaciones económicas por cada hijo cuidado, sobre todo durante los 3 primeros años de vida, periodo en el que los vínculos se establecen para siempre, es la mejor manera de no tener hijos-ranas.
2- Más crianza y menos terapia.
Vivimos probablemente en el periodo de la humanidad donde el compromiso de los hombres con la crianza es superior a todo lo que hemos conocido hasta ahora, pero la crianza es algo muy complejo que no puede reducirse a libros de autoayuda, no es una técnica sino un conjunto de actitudes. Hay personas que parecen dotados de forma innata de estas actitudes y otros que sienten una gran confusión de cómo criar a sus hijos, es imposible dar consejos sobre la crianza de los hijos que en cualquier caso no asegura nunca buenos resultados ni en el entorno escolar, ni en los rendimientos ni en el entorno de la salud mental.
Existen muchos niños que han tenido un apego seguro pero más tarde en la vida tienen adversidades que les llevan a una pendiente de desvaríos, pues no es solo la familia la que influye en el desarrollo de un niño, hay que contar también con el entorno y sobre todo con el «espíritu de cada tiempo» o Zeitgeist, también con la herencia genética y otros imponderables como una adolescencia interminable.
Así y todo es posible afirmar que una «base segura» es el mejor legado que les podemos brindar, así como un ambiente familiar coherente y amoroso, un lugar donde se puede siempre volver sin temor a ser juzgado o reprendido. Un lugar incondicional.
Admitir que los cerebros de los hombres y las mujeres son diferentes.-
Admitir las diferencias entre los sexos es a pesar de los hechos científicos algo que no es fácilmente aceptado por algunos grupos de población que siguen prefiriendo pensar que las diferencias observables son una cuestión cultural y no un fenómeno biológico a pesar de las pruebas que desmienten tal creencia.

El primer paso es reconocer que las orientaciones sociales de hombres y mujeres nunca pueden ser idénticas. La negativa a aceptar esto, y la búsqueda de la intercambiabilidad y la igualdad estricta en lugar de la equidad de género, es probable que aumente las diferencias entre los sexos y la brecha de género al menos en personalidad.

Las mujeres en todas las sociedades responden mejor a las necesidades de los demás y es más probable que vean el objetivo de un contrato social. Necesitan más de la sociedad. El largo y arduo proceso de crianza de los hijos hace que las mujeres valoren la cooperación con los demás de una manera que no se aplica tan fácilmente a los hombres. Estamos mejor capacitados para llevarnos bien solos. La sociedad es, en el fondo, femenina, y se construye alrededor de la maternidad compartida.

Como lo muestra el estudio intercultural de hombres de David Gilmore (1990), en el pequeño puñado de culturas sin patriarcado, los hombres viven una existencia narcisista de Peter Pan, poniendo muy poco en la comunidad y dejando la mayor parte del trabajo a las mujeres. Dichas sociedades no se han desarrollado más allá de un nivel rudimentario, y no pueden competir con sus vecinos más organizados y estructurados. Es por eso que hay tan pocos de ellos. Sin los aportes masculinos una sociedad no progresa.

Igualdad de oportunidades.-

Pero tratar de suplantar a los hombres en su espacio vital y laboral -tal y como propone el feminismo de genero-no es una buena idea.

Desde la Ilustración, las doctrinas filosóficas del individualismo han entrado en conflicto con las ideas sobre las diferencias sexuales. Durante el siglo XX, a medida que el estado ha ofrecido un apoyo cada vez más directo a las mujeres, los libertarios, especialmente en los países protestantes, han supuesto que el patriarcado y el papel que asigna a los hombres, como una fuente importante de injusticia social.

Esta deslegitimación de lo masculino se ha intensificado desde los años 60, cuando la aparición de la píldora alentó a las mujeres a comenzar a reclamar una participación igualitaria en el ámbito público. Creo que este desarrollo ha debilitado decisivamente el marco de las responsabilidades familiares que sustentaron la motivación de los hombres para asumir un trabajo socialmente útil. Es hora de descartar este legado sesentayochesco. Ha llevado a un colapso no solo en la participación masculina en la sociedad, sino también en el ámbito privado, donde los hombres son cada vez más reacios a comprometerse con los roles de esposo y padre. Lejos de conducir a una distribución más equitativa del trabajo, ha acumulado cargas cada vez mayores para las mujeres.

Priorizar el trabajo masculino.-

Las altas tasas de desempleo se consideran ampliamente relacionadas con el colapso de la moral y la motivación masculina. Pero es un error considerar el desempleo en sí mismo como la causa de los problemas de los hombres. El desempleo masculino no es una novedad, y alcanzó altos niveles en los años 30 sin debilitar la resolución masculina y el compromiso familiar o la disposición para volver a capacitarse para nuevos tipos de trabajo. Podría decirse que incluso los agudizó.

Lo nuevo es la pérdida de la moral y el sentido de propósito entre los hombres, y este es un cambio cultural más que económico, que surge del asalto libertario a los roles sexuales. Los hombres son bombardeados con el mensaje de que las mujeres modernas valoran la oportunidad de autorrealizarse a través del trabajo. Entonces, lo caballeroso que se debe hacer en estos días es que los hombres no se esfuercen demasiado por mantener un trabajo o buscar un ascenso, sino que se mantengan a un lado y dejen que las mujeres lo hagan ellas mismas. Este es un fenómeno que podemos observar ya en la escuela, los niños se esconden cuando las niñas brillan en clase y están poco motivados para competir con ellas, sin embargo a las niñas les encanta competir y vencer a los chicos no solo en los estudios sino también en los deportes: las chicas tienen incentivos para ello pero los chicos ninguno. Esta es la raíz del fracaso económico y educativo masculino contemporáneo, y la razón por la cual hay un número creciente de hombres desempleados.

Impulsar el trabajo desde el estado acaba favoreciendo a las mujeres, ya que actualmente son las que están más motivadas (por los deberes familiares existentes o anticipados) para tomarse el trabajo en serio. Necesitamos medidas que reconozcan la mayor importancia relativa del trabajo para los hombres como su contribución distintiva a la sociedad.

Un paso sería cambiar la naturaleza del apoyo estatal ofrecido a los hombres cuando están sin trabajo. En todo Occidente, se han introducido esquemas que limitan la ayuda estatal a los desempleados, y los han reemplazado por esquemas de capacitación y subsidios para solicitantes de empleo de diversos tipos. Pero estos esquemas aún dependen del sector privado para crear nuevos empleos, al tiempo que reducen su capacidad de generarlos gracias a la necesidad de altos impuestos para pagarlos.

Una actualización del patriarcado.-

Una reconstrucción general de las familias convencionales produciría una serie de poderosos refuerzos para la moral de los hombres. Por el momento, los sistemas impositivos en la mayoría de los países occidentales crean incentivos perversos para que las mujeres tengan hijos fuera del matrimonio y brindan a los hombres y mujeres pocas razones para permanecer casados. Este problema debería ser abordado. Las personas solteras, en particular los hombres solteros sin hijos, deben pagar impuestos a una tasa más alta porque es menos probable que participen en actividades de apoyo recíproco de la economía moral que limitan las responsabilidades colectivas del estado de bienestar.

Algunas personas rechazarán las propuestas descritas aquí porque alentarían a las mujeres a que vuelvan al trabajo doméstico. Pero no necesitan tener este efecto. Más bien, representan una actualización del patriarcado con el que muchas mujeres simpatizarían. En cualquier caso, es absurdo hablar de empujar a las mujeres de vuelta a las cocinas, porque la gran mayoría nunca se ha ido, y todavía lo hacen y con mucho, la mayor parte del trabajo doméstico, incluso aquellas que tienen parejas masculinas. La liberación doméstica de las mujeres ha tenido más que ver con la tecnología que con la ayuda de los hombres, y en la medida en que exista, está positivamente relacionada con el estado de sostén de los hombres, es decir, cuanto más tradicional sea el hogar, más probabilidades hay de que los hombres ayuden con los quehaceres domésticos.

Rana pobre peor pronóstico.-

No todas las ranas son iguales naturalmente pero existe un fuerte sesgo de clase, ya que el efecto desmotivador de la retórica de igualdad de oportunidades no afecta a todos los hombres por igual. Es regresivo en términos de clase. A medida que el rol del proveedor masculino se desvanece como fuente de respeto, los hombres que solo pueden esperar de manera realista un trabajo de bajo estatus son los que tienen más probabilidades de perder la voluntad de buscar trabajo o de volver a capacitarse a medida que las viejas industrias disminuyen. Los hombres de clase media con más posibilidades de obtener trabajos interesantes y prestigiosos tienen incentivos para tener éxito que necesitan menos impulso por las obligaciones familiares. Por lo tanto, no se retienen de la misma manera.

A lo largo de la historia, las comunidades han descubierto que la forma más efectiva de encerrar a los hombres en una membresía útil es vincular su estatus y recompensas en el grupo más amplio a su aceptación y desempeño de roles familiares definidos por el género. Cuando esta conexión se debilita, como sucedió después de las revoluciones francesa y rusa y más recientemente en el Mayo francés del 68, por ejemplo, la moral y el comportamiento de los hombres se deteriora y las familias sufren. Esto se está descubriendo nuevamente, y no pasará mucho tiempo antes de que todos nos exhortemos a aceptar a los hombres tal como son, y trabajar con el grano, y olvidar las ideas sobre cómo es solo «el patriarcado» lo que los hace diferente de las mujeres. 

Y así las ranas se transformarán en príncipes o en princesas, quién sabe.

 

 

Geoff Densch: «Revertir el descenso del hombre»

El principe y la rana

El nuevo contrato sexual (I)

El Sr R es aparejador y la Sra M es enfermera, llevan 39 años casados y ambos tienen trabajo fijo y una vida cómoda y próspera. Tuvieron dos hijos, un niño, Carlos y una niña, Ana, ambos recibieron una educación similar, fueron al mismo colegio y las mismas oportunidades pero aunque Carlos tiene dos años más que su hermana, llevó desde el principio de la ESO cierto retraso con respecto a ella que fue siempre muy responsable y una buena estudiante.

Por el contrario Carlos comenzó a flojear en los estudios hacia los 14 años, solía suspender, mostrar poco interés por casi nada, en una especie de apatía existencial. Pronto comenzó a meterse en líos y peleas, trapichear con drogas, y buscarse problemas con los demás compañeros y profesores. Parecía no tener interés en nada y se mantenía en los márgenes sociales de sus iguales en edad, sin terminar de encajar en ningún grupo de amigos vinculados bien por aficiones, deportes o actividades. Terminó la educación obligatoria de mala manera aprovechando un aprobado casi general. Luego dejó los estudios por completo.

Hoy Ana es enfermera con 35 años con plaza fija, Carlos vive con sus padres y aunque ha ido consiguiendo algunos subempleos lo cierto es que a sus 37 años no tiene oficio ni beneficio. Pasa su tiempo paseando perros ajenos pues es cierto que tiene cierta empatía con los animales. Tiene un plan para montar algo así como una granja educativa para perros.

Lo cierto es que esta historia no es una rareza sino muy frecuente en nuestro mundo actual. Las niñas parecen haberse adaptado bien a esas exigencias educativas que proceden de un mundo basado en la igualdad, una igualdad que los padres asumen de esta manera: «para que no dependa de nadie en el futuro», mientras que los niños parecen desorientados y confusos tratando de encontrar algún motivo para estudiar, trabajar o hacer algo útil para la sociedad. Lo cierto es que nadie se pregunta para qué debe estudiar o trabajar un hombre.

Adelantaré algo: los hombres estudiábamos o trabajábamos para poder alimentar y gobernar una familia, de manera que queda bastante obvia la apatía de Carlos, simplemente se ha quedado sin función en la vida.

Y es que la igualdad tiene efectos secundarios.

Geoff Dench fue un sociólogo británico, fallecido en 2018, que se dedicó a estudiar temas como la inmigración, los hombres de clase trabajadora y el feminismo. En este libro, Dench intenta mejorar la comprensión de las relaciones entre hombres mujeres y también de la renegociación del contrato entre ambos sexos que estamos viviendo en nuestros tiempos. Dench presenta una visión de los roles que hombres y mujeres cumplen en la sociedad muy distinta a la del feminismo y creo que merece la pena que sea más conocida. Según Dench, el feminismo está equivocado en su comprensión de este contrato entre hombres y mujeres y de cómo hay que renegociarlo y esto es perjudicial para la sociedad en su conjunto y para las propias mujeres.

La hipótesis de la domesticación.-

Richard Wrangham es un primatólogo británico que enunció una hipótesis evolucionista para explicar el hecho de que los humanos éramos cada vez menos agresivos y dóciles tal y como sugiere Steven Pinker en su libro «Los ángeles que llevamos dentro». El lector interesado puede leer este post con los argumentos de Wrangham.

“El sindrome de domesticación sería el responsable evolutivo de seleccionar nuevos rasgos en mamíferos, siendo la reducción de la agresión uno de los más apreciables, con la disminución aparejada en los niveles de stress o miedo. Muy significativamente, la domesticación humana selecciona una reducción muy considerable de la violencia “reactiva” (violencia familiar, riñas y altercados dentro del propio grupo, etc) en los machos, pero favorece el aumento de la violencia “proactiva”, que implica la organización de coaliciones agresivas cada vez más sofisticadas entre grupos. En cierto modo esta distinción resuelve una controversia histórica: Rousseau tenía razón en cuanto a la violencia “reactiva”, que es realmente menos natural en el hombre, pero Hobbes estaba en lo cierto en cuanto a la “proactiva”.

Resulta sorprendente que, descendiendo de homínidos “robustos”, todas las poblaciones humanas “modernas”, de África a Australia, hayan experimentado un proceso de gracilización relativamente homogéneo en un tiempo evolutivo tan escaso.

Parece que los humanos modernos no reemplazaron simplemente a los robustos, como sugerían las versiones preliminares de la teoría de la “out of África“, sino que fueron los mismos robustos los que se hicieron gráciles. “Tomado de este post “.

Algo que plantea una interesante paradoja evolutiva. ¿Por qué la selección natural privilegió cerebros pequeños, musculaturas gráciles, rostros aniñados y perdida de la tosquedad facial,  pieles más blancas, gusto por el juego y retardo de la maduración si estos rasgos son desventajosos para la supervivencia? El problema que se plantea a continuación es el siguiente

¿Quién domesticó al sapiens? ¿fueron los extraterrestres, fue un proceso de auto-domesticación y si fue así cual fue la razón?

Obviamente fueron las mujeres las que domesticaron a los hombres. Vale la pena releer «El príncipe y la rana» o «La bella y la bestia»

¿Pero quien domesticó a las mujeres?

Las mujeres no necesitan ser domesticadas pues vienen de serie con «la cruel atadura», es decir con el lastre de la maternidad.

«En el libro, Dench desarrolla la idea de que el núcleo de la sociedad es femenino y surge de la necesidad de organizar la reproducción de forma eficaz. Las actividades más esenciales de la sociedad son la que tienen que ver con el cuidado de los niños. La maternidad compartida es la base de toda la sociedad humana. Las mujeres son las que tienen los hijos y la mayor responsabilidad por ellos las hace conscientes de que van a necesitar apoyos en el futuro. Las estructuras para apoyarse entre ellas serían probablemente el contrato social original (la aloparentalidad)».

La monogamia fue el siguiente paso: encontrar a un hombre para compartir las cargas de la crianza y la alimentación y protección de la prole, evidentemente dos son siempre mejor que uno y es por eso que la pareja humana se seleccionó positivamente como una estrategia social estable. La monogamia favoreció a ambos sexos pues los hombres si no son sujetados por obligaciones “patriarcales”, es decir, de ocuparse de personas que dependen de ellos (su mujer e hijos), acaban viviendo vidas muy cortas y brutales.

Los hombres son más asociales que las mujeres y tienen mucha tendencia a lanzarse al monte, es decir, a llevar una vida improductiva: alcohol, juego, porno, videojuegos. Asumir la responsabilidad de una mujer y unos hijos tiene una influencia civilizadora sobre los hombres y Dench recalca a lo largo del libro que trastocar este punto tiene un influencia devastadora para la sociedad. Actualmente estamos viendo un aumento en el número de hombres jóvenes infrasocializados y escasamente empleables, que han optado por una apatía narcisista y que se están quedando en los márgenes de la sociedad mientras las mujeres ocupan los lugares que otrora ocuparon los hombres, medicina, abogacía, y casi todas las profesiones tienen mayoría de mujeres por no hablar de aquellas que precisan de una memorística especial como preparar oposiciones.

La mala noticia es que los hombres son superfluos y es por eso que Carlos no encuentra motivación para hacer nada en la vida sino seguir dependiendo de sus padres mientras mantiene escarceos sexuales continuos cada vez con una pareja bien distinta (one night stand). Pues la igualdad de las mujeres ha terminado por dar a los hombres lo que desean: sexo fácil sin compromisos familiares, algo que es letal para hombres, mujeres y la sociedad en general.

Sin embargo las mujeres ven estas actitudes y comportamientos como egoístas. Pero la condición fundamental de los hombres que les permite ser más egoístas (y que las mujeres no han disfrutado hasta fechas más recientes con la píldora anticonceptiva, etc.) no es un tema de elección moral sino una adaptación biológica. Las mujeres han sido la columna vertebral de las sociedades a lo largo de la historia no porque sean virtuosas. Es al revés. Las mujeres han sido virtuosas porque sus propias necesidades han hecho que tuviera más interés para ellas adjudicar menos importancia a la libertad personal y mayor valor que los hombres al apoyo mutuo y la seguridad. Y esto valores son definidos como virtuosos porque conducen al bienestar colectivo.
Las mujeres prefeministas domesticaron a los hombres haciéndoles más parecidos a ellas, pero el feminismo actual lo que pretende es que sean las mujeres más parecidas a los hombres, dejando a estos sin el rol social y los beneficios de ser un cabeza de familia a cambio de ser su proveedor. De modo que el patriarcado no es la enfermedad sino la solución cultural que benefició a hombres, mujeres y sociedades.
Los hombres hoy se dividen en dos grupos: los adictos al trabajo que tratan de proveer a sus familias a pesar de ya no ser tan necesarios para ellas o bien se niegan a jugar en ese entorno lleno de trampas y hacen como Carlos, simplemente no compiten ni entran en el juego del trabajo y la responsabilidad pues no ven que haya un papel para ellos en la sociedad. Estos son principalmente hombres de clase baja o los llamados incels, ese grupo de hombres que carecen de atractivo suficiente para entrar siquiera en el juego de la «libertad sexual» pues ahí llevan mejores boletos los más solicitados.
Lo que nos devuelve a una organización social ancestral previa a la monogamia y a la instauración del patriarcado como forma de organización social: los hombres proveen a cambio de ser los cabezas de familia.
De manera que Carlos no es un enfermo mental tal y como sus padres me lo presentaron sino un rebelde sexual y social si bien su futuro es tan incierto como el de su hermana pero es seguro que no sea tan próspero ni feliz como el de sus padres. Por otra parte su hermana que es una mujer emancipada, en el sentido que puede cuidar y autoproveerse, lo cierto es que tampoco ha logrado establecer una relación de pareja satisfactoria y presenta una vida errante desde el punto de vista sentimental, claro «ya no hay hombres» dice. Ninguno tiene hijos.
Es necesario pues un nuevo contrato sexual que vaya más allá de nuestras adaptaciones ancestrales pero que las tenga en cuenta, pues no hay peor forma de enfrentar los problemas sino con la falacia de la «tabula rasa»  o «pizarra en blanco» que tanto gusta a la izquierda. No todo es posible y cambiar a la fuerza a los hombres generará una reacción agresiva que ya estamos viendo en algunos ámbitos de nuestra convivencia como por ejemplo la violencia llamada de género.
En el próximo post me ocuparé de cómo gestionar ese cambio del contrato sexual de una forma eficiente y positiva para todos.

 

Bibliografia.-

Pablo Malo: «El problema con los hombres»

Geoff Dench: Revertir el descenso del hombre-

Richard Wrangham: El síndrome de domesticación en mamíferos