Políticas low-cost

Estoy seguro de que no soy el único español que ha cambiado varias veces de teleoperadora. Yo las he probado todas, al menos las más importantes: he estado en Movistar (española), Orange (francesa) y Vodafone (inglesa), de una transité a la otra después de una escalada de despropósitos o de errores en la facturación unida a la dificultad de que por teléfono te atienda alguien que no quiera, a su vez, venderte algo. Pero no son solo errores de facturación sino errores de marketing tan graves que – sin entender porqué- estas grandes compañías han optado no por fidelizar a sus clientes sino por ir aumentándoles paulatinamente los cargos sin avisar y de una manera completamente engañosa.

Uno no acaba de entender esta forma de proceder con la clientela a la que por definición no se cuida sino que se la engaña como si fuera la mentira y el fraude impune el modo de hacer de estas compañías.

El truco que utilizan para subirte la factura suele ser el siguiente: te venden un pack promoción de algunos productos que hay que contratar en su conjunto, y al cabo del tiempo retiran este pack y sin avisar te colocan en otro que siempre es más caro que el anterior. Este plan es absolutamente irregular por no decir indecente pues el primer contrato es en realidad el único que se firmó siendo los demás cambios unilaterales y sin el consentimiento del cliente.

Ignoro la razón de este proceder aunque supongo que las teleoperadoras tienen mucho poder y por asi decir hacen lo que quieren. Al mismo tiempo se han asegurado a través de la atención telefónica de que el cliente no tenga más remedio que protestar siempre a través de las organizaciones de consumo y que en la práctica no se resuelva nunca a su favor o demasiado tarde cualquier reclamación. El vis a vis está desapareciendo no solo en las teleoperadoras sino también en la Banca, algo que no se hace solo para ahorrar costes sino también para dejar al cliente indefenso pues ¿a quién protestar?

La mayor parte de la gente que conozco ya arrojaron la toalla y suelen decir con resignación : «todas son iguales» y permaneces en alguna de esas tres grandes, pero lo cierto es que no todas son iguales, me refiero a las compañías emergentes: Pepephone, Yoigo, Digi, o Symio. Se trata de pequeñas compañías que no venden paquetes de telefonía sino que se eligen sus servicios según las necesidades del cliente y además de eso son mucho más baratas y que alquilan o subcontratan a las grandes compañias su red de fibra o telefonía, tan baratas que a veces uno termina por pagar la mitad de lo que pagaba y algunas de ellas para fidelizar al cliente no solo no te aumentan la cuota sino que te la bajan con el tiempo.

Una se pregunta el dinero que deben ganar las teleoperadoras convencionales para que no les importe que los clientes les abandonen, deberán creer que «todo esta atado y bien atado» y que el cliente volverá si se le vuelve a presentar una oferta interesante. Pero se equivocan, yo he encontrado una compañía que me da lo que necesito con el mismo precio para siempre y así y todo gana dinero. ¿Cómo es posible?. Lo es, porque ganan lo suficiente pero no están en la pomada política, lo que es lo mismo: han encontrado un nicho para sobrevivir, el nicho que dejaron abierto las tres grandes, demasiado ocupadas en su chiringuito político para ocuparse de sus clientes.

Dicho de otra forma: las compañías emergentes tienen éxito porque están orientadas al cliente y a las grandes les pasa lo mismo que a los partidos políticos: no se ocupan de las necesidades de los ciudadanos sino de hacer política.

Gestión y politica.-

Hace algunos años y por razones de mi cargo me solían convocar periódicamente a ese tipo de reuniones que llamaban de «coordinación» para hablar de asuntos asistenciales. En realidad esas reuniones eran aburridas y muchas veces estúpidas y tenían como objetivo tantear opiniones de los profesionales pero no con la intención de mejorar nada sino con la motivación de conocer el grado de adhesión al político de turno. Por eso allí solo algunos deciamos lo que de verdad pensábamos, el resto hacían la pelota y medía mucho sus expresiones.

En la ultima reunión a la que acudí se presentó allí la consejera de sanidad para conocernos a todos y darnos un mitin sobre sus intenciones. En un momento determinado soltó una frase que para mi fue definitiva: «yo no estoy aquí para hacer gestión sino para hacer política». Hacer política significaba ponerse medallas como vender que hacía leyes de atención psiquiátrica a mujeres maltratadas (como si no se hiciera ya), planes para la prevención del suicidio (sin aumentar las plantillas) o leyes para cambiar de sexo gratis. En eso consistía el «hacer política», ni una palabra sobre recursos, sobre planes o sobre modelos. Sólo política. Ese fue el ultimo día que asistí a ese tipo de reuniones. Y estuve sin volver a ninguna hasta que me jubilé.

Desde entonces he pensado mucho en esa dicotomía que planteaba la consellera: o política o gestión. Pero si los políticos no van a gestionar nada ¿quién va a hacerlo? Poco se puede gestionar sin dinero, sin recursos, sin líderes o sin planes, lo único que se puede hacer es -como ha demostrado la pandemia- acudir a trabajar todos los días sin saber qué nos espera al llegar al Hospital. El personal sanitario trabaja en condiciones deplorables y aunque muchas cabezas han pensado soluciones para implementar en la comunidad, lo cierto es que los políticos escuchan pero no atienden ninguna petición. Ellos hacen política y hacer política es incompatible con el sentido común, hacer política al parecer consistió siempre en mantener los aeropuertos abiertos. Lo cierto es que si en Enero de 2020 se hubiera cerrado el tráfico aéreo nos hubiéramos ahorrados unos 30.000 muertos. Pero ellos hacen política y el espacio Shengen al parecer es lo más político que hay. Y hoy los aeropuertos siguen abiertos mientras los españoles estamos confinados en nuestras comunidades. ¿Alguien puede resolver esta contradicción?

Pero a los políticos les está pasando lo mismo que a las teleoperadoras: abusan de los ciudadanos y poco a poco los ciudadanos se han cansado de ellos. Es verdad que les siguen votando pero no es menos cierto que les votan desde el rencor, desde el divorcio emocional o desde la indiferencia. Cuando emerge un líder nuevo y atractivo la gente vuelve a ilusionarse hasta que la ilusión acaba en decepción. Pues hacer política es elegir damnificados y más si se hacen malas políticas o si los ciudadanos perciben que los políticos mienten, son deshonestos o que solo se preocupan por sí mismos.

El partido okupa.-

Por eso hace falta una nueva política, una política low-cost, una no-política. Un no-partido que se dedique a hacer gestión eficiente y nada de política. La ventaja de un no-partido así es que sería transversal, es decir podría ser votado por hooligans de ambos lados del espectro político, pues la gente sensata lo que quiere es que los poderes públicos atiendan sus necesidades, que exista una cierta empatía percibida por los problemas reales que preocupan a la mayoría y no tanto las grandes palabras, grandes proyectos o promesas destinadas a engañar o aplazar decisiones movidas por el cálculo electoral.

Estoy pensando en una especie de partido okupa, que se ocupe de ese tipo de necesidades de los ciudadanos sin necesidad de comprar todo el pack ideológico que nos venden los partidos. Un partido que ocupe los intersticios que dejan los grandes partidos nacionales y que mientras ellos sigan discutiendo o insultándose en el Congreso, se ocupe de las necesidades reales de los ciudadanos. A mi me importa poco lo que piense mi alcalde sobre el aborto, la inmigración o el matrimonio gay, lo que me importa es que su gestión sea eficaz y que los autobuses pasen a la hora concertada, que las calles estén limpias y que no me cambien los nombres de las calles.

Antes se decía que en las municipales votábamos a las personas y en las generales votábamos a los partidos, pero esto es una falacia pues esa persona a la que votamos o bien se presenta por un partido o bien por una agrupación que funciona como un partido, esto es haciendo política.

El no partido no haría mociones, ni participaría en debates ideológicos, entre sus estatutos tendría enmarcada en oro esta propuesta «Prohibido hablar de política». Incluso para aquellos que defienden que todo es política. No es verdad, todo es gestión. Todo es mejorar la vida de las personas corrientes y eso no es política.

Ambito del partido okupa.-

Naturalmente un partido asi tendría un ámbito muy concreto: el municipio y acaso la provincia, sería un micropartido que podría tener sus equivalentes en todas y cada una de las provincias españolas pero no hace falta ninguna coordinación entre ellos pues en ningún caso se trataría de una federación de partidos locales, eso le convertiría en un partido como los demás: el ámbito nacional lo dejaríamos a los partido convencionales del mismo modo que dejamos las inversiones de cable o telefonía a las teleoperadoras potentes.

Esos partidos deberían emerger desde la base, es decir sería una especie de organización de personas concretas, fiables, sensatas y honestas que no aspirarían a nada político sino simplemente a poner orden en las cuestiones de su ámbito, las locales o municipales. ¿No hay en nuestra ciudad 10-12 personas así para conformar una lista? Yo creo que si y alguna vez se ha intentado. Un ejemplo es «Teruel existe» que cuenta con un diputado en el congreso, pero lo cierto es que el error de «Teruel existe» es que pretende ser un partido como los demás que represente los intereses de Teruel. Lo cierto es que los intereses de Teruel están en Teruel y no en Madrid.

Pero mi impresión es que estos partidos localistas van a ir a más en España a poco que la gente caiga en la cuenta de que la proximidad en las decisiones es la clave para el bienestar.

El municipio es el ámbito natural donde nos desenvolvemos nosotros los humanos, mucho más que la región o el Estado. es el lugar donde están los recursos que más necesitamos: los servicios. Hospitales, escuelas, ambulatorios, institutos, universidad, residencias, autobuses, metro, tiendas, bancos, restaurantes, pequeños negocios, talleres, ocio, etc. De tal manera que podríamos vivir toda una vida sin salir de nuestro municipio o al menos de nuestra provincia, la política no es indispensable para la vida, los servicios, la comunidad o el entretenimiento si.

Estoy pensando ahora en el caso de las Fallas de Valencia. Las Fallas tienen una estructura organizativa de ese estilo que propongo, no se trata solo de hacer un monumento para quemarlo el día de San José, es un entramado de personas autoorganizadas que viven todo el años envueltas en una tradición que se consume aparentemente en un solo día, pero las fallas tienen casales, equipos de futbol, escuelas de música, bares, falleros y falleras, manejan dinero para pagar los monumentos y la diversión durante todo el año , con sus presentaciones, sus desfiles, sus algaradas, sus petardos y sus bandas de música, una verdadera atalaya para músicos jóvenes que aprenden a tocar instrumentos de viento gracias a la labor docente que se practica en los casales. ¿Alguien puede creer que las fallas pueden ser politizadas? No es que no se haya intentado pero al parecer no se ha logrado.

Lo mismo sucede con la ofrenda de flores a la Virgen de los Desamparados, otro de los hitos de esas fiestas falleras donde todo el mundo participa de forma transversal sea cual sea su ideología política. ¿Alguien puede creerse que es un acto religioso? Más que eso, es un acto etnográfico, donde las falleras que votan Compromís lloran a moco tendido cuando depositan su ramo de flores en la plaza de la Virgen. Hace años conocí a una fallera que llevaba una pegatina de «Terra lliure» en su delantal. ¿Alguien puede negar la transversalidad de la fiesta?

Si es posible conseguir que la gente se despolitice para celebrar una fiesta ¿cómo no va a ser posible encontrar a un puñados de hombres y mujeres despolitizados para gobernar una ciudad?

El municipalismo es el futuro.

Algunos partidos como Vox proponen la recentralización de los recursos al menos en Sanidad o Educación en el Estado para lo cual habría que vaciar de contenido las competencias de las CCAA. Naturalmente todos los demás partidos están en contra de esta idea por razones obvias: el despliegue político de las comunidades da para muchos sueldos y chiringuitos y es verdad que este despliegue es caro, redundante, reproduce todos los vicios de corruptelas nacionales y es poco eficaz (también la pandemia lo ha demostrado) pero yo no estoy de acuerdo con esta idea de Vox, creo que la proximidad de las decisiones es vital para el ciudadano. ¿Ha intentado usted alguna vez hacer una gestión en Madrid? Eso sería un poco como el funcionamiento de las teleoperadoras: separar al cliente de su tienda o su proveedor cercano acaba por dinamitar las relaciones entre cliente y su marca y estamos instalados en el rencor a las marcas. Pasará mucho tiempo hasta que se me pase el enojo con las teleoperadoras convencionales, hasta que se transforme en indiferencia.

Lo que yo propongo es distinto: aproximar recursos al municipio en lugar de fiarlo todo a la comunidad autónoma. ¿Por qué mi ciudad no puede tener un Hospital municipal? ¿Una escuela publica municipal? ¿Por qué hemos de depender de decisiones que se toman fuera de la ciudad?

¿No queríamos proximidad?

¿O era un truco para conseguir poder político regional?

España: entre el foralismo y el globalismo (y 6)

No cabe ninguna duda de que el mundo está en ebullición y todos tenemos la impresión de que detrás de la escena suceden cosas que solo algunos se atreven a imaginar, los conspiranoicos. En realidad nadie sabe qué está pasando por ejemplo en EEUU. ¿Dispone Biden del botón nuclear? ¿Y si no lo tiene quién dispone de él?

Se trata de problemas complejos, endemoniados donde proliferan las interpretaciones y las teorías delirantes, algo bien comprensible pues los individuos estamos sedientos de saber qué pasa, lo que nos mueve es ese deseo tan humano de tener algún tipo de certidumbre y lo que tenemos son indicios y sospechas pero pocos hechos que se interpreten por sí mismos.

El mundo es un espacio multilateral: significa que hay muchos actores haciendo de las suyas en su interés de llevarse el gato al agua, es decir dominar el mundo, algunos en clave comercial, otros militar, otros financiera. Y otros, los globalistas lo que quieren es cambiar el mundo, conseguir un mundo plano para ejercer un poder omnímodo que incluye naturalmente el enriquecimiento personal.

Los «globalistas» es una etiqueta informal que denomina a aquellos que buscan un único gobierno mundial, una religión única, una moneda única, una unidad de pensamiento uniforme con una nueva moral, sin embargo «globalista» es una denominación plural que no tiene un mando único, lo que les une es su proyecto financiero -el reseteo- que lleva incluidos ciertos cambios políticos, sociales, ecológicos y demográficos llamados Agenda 2030, que tiene hasta pagina web propia y que señala hacia lo que denominan eufemísticamente desarrollo sostenible. También tiene su pin, ese que lleva nuestro presidente Sanchez y hasta el Rey lo llevó durante cierto tiempo hasta que -sospechosamente- dejó de llevarlo.

La palabra «globalista» convoca sobre todo al mundo del dinero pero también convoca a otros actores empeñados en otras tareas más relacionadas con lo social, lo sexual, lo medioambiental y en suma lo demográfico y geoestratégico.

Naturalmente los globalistas desean destruir los estados-nación, esos son los principales enemigos, otros son algunas religiones como la católica, y sus querencias psicológicas que no son otras sino el individualismo. El mundo globalista es un mundo colectivista y sobran los emprendedores, los ascensores sociales, sobra toda la clase media. Destruyendo la clase media y los pequeños negocios, se da un fuerte golpe a las economías de los pueblos soberanos. La soberanía de los pueblos es veneno puro para los planes globalistas. También lo es la familia y el sexo reproductivo. La libertad para vivir donde uno quiera, viajar, divertirse está censurada por los globalistas, solo el consumo será permitido en esa nueva religión que llamamos en NOM, incluyendo las drogas recreativas.

De todos los países de nuestro entorno España es el más globalista, debe ser por eso que Pedro Sanchez se ha entrevistado más veces con George Soros que con el Presidente de la oposición, o con Macron o Angela Merkel. Es evidente que nuestro gobierno ha apostado fuerte por este plan que naturalmente le enfrenta a otros planes y agendas. ¿Quién se enfrenta a los globalistas? Pues los soberanistas, llamados patriotas en otros ambientes, empezando por China y Rusia y también los USA de Trump. Nada más y nada menos, esas tres potencias son enemigas del NOM. A Trump han conseguido descabalgarle, pero ni Rusia ni China tienen el mayor interés en hacerles el juego, ellos tienen su propia agenda. Informalmente se conoce con el nombre de «la Alianza» a este grupo de países soberanistas que contrariamente a estas ideas reseteras, proponen una vuelta a los ideales patrióticos. No existe entre ellos coordinación que yo sepa, pero no creo que sean con los intereses globalistas tan sumisos como lo hemos sido nosotros los españoles a través de nuestro gobierno entregado del todo a esa agenda 2030.

Ingeniería social globalista.-

Solo así se puede entender como es posible que en España existan brotes nacionalistas in crescendo en no pocas autonomías. ¿Si somos globalistas como somos al mismo tiempo foralistas? ¿No es una contradicción? Bueno, la mejor forma de desequilibrar un estado nación es hacer emerger todas las contradicciones latentes e inventar cualquier otra que rompa la concordia entre sus ciudadanos. Y cuando no haya razones nacionalistas de por medio se pueden incendiar las calles por motivos tan melifluos como la condena a prisión de un rapero bajo el pretexto de la «libertad de expresión». En realidad sus agentes son los mismos y sirven para sacarlos a la calle bajo cualquier pretexto como sucedió en USA con los BLM. Destruir económicamente a Cataluña era el principal objetivo aprovechando su querencia histórica de rebelión frente al centro casi siempre por motivos fiscales.

Separar a la sociedad con idiomas secundarios, guerra de sexos, leyes disonantes para cada autonomía y polarización ideológica es la mejor manera de desfavorecer la cohesión de un país. Todos estos elementos son utilizados para debilitar al estado-nación, el otro es una deuda impagable que hace que el deudor sea un siervo de aquellos a quienes obedece. Y es obvio que toda la UE es globalista si bien mirando desde la barrera y defiende las tesis de esos especuladores profesionales que llamamos élites. No es el Capital, es el metacapital el que fuerza las sinergías entre la extrema izquierda y el neoliberalismo más cruel.

De manera que cuando dentro de unos años los historiadores hagan una crónica de que sucedía en España en los años del COVID tendrán que emplearse a fondo para moverse en este oleaje de complejidad donde nadie parece ser quién es. Tendrán que explicar la connivencia del foralismo con el globalismo, del neoliberalismo con el comunismo, de la izquierda con el feminismo, el aborto o la eutanasia. Es poco comprensible si seguimos usando etiquetas antiguas, las ideologías han sufrido una transformación tal que ya no reconocemos a los comunistas originales, a los socialdemócratas o a los conservadores de toda la vida. Pareciera como si todos hubiéramos mutado hacia una ideología indefinida llamada por algunos «populismos» que es la que nos marca el paso a través de planes globalistas que carecen de ideología y les da igual favorecer a unos u a otros. En realidad pueden estar financiando a ambos bandos como siempre han hecho, por si acaso.

En mi opinión personal y a pesar de que el globalismo tiene recursos financieros infinitos (poseen la reserva Federal y Banco central Europeo), no podrán llegar al 2030 con su agenda y sólo llegarán a ganar ciertas batallas pírricas como ya está sucediendo en España.

El problema o mejor la barricada que tenemos en España para sus planes es la Constitución y la Monarquía, debe ser por eso que en la tarea de gobierno se bordea constantemente la ley a fin de implantar -por decreto ley- nuevos pasos en esa dirección y debe ser por eso que existan ataques feroces a la Monarquía y se ningunee la Constitución constantemente. Pero mi impresión es que la Constitución prevalecerá y la Monarquía resistirá.

Trump que era la bestia parda del globalismo ha sido removido de su puesto pero no podrán remover a esos millones que le votaron y que son «patriotas» y no están por políticas extremas. En el mundo hay muchos millones de personas que se oponen a esos planes y aunque la mayor parte de la gente o no los conocen o viven de espaldas a ellos, ya sienten en sus carnes donde nos ha llevado la pandemia que es efectivamente globalista. Y gran parte del malestar individual se manifiesta precisamente por las coerciones de la pandemia.

Y si llegamos a ver implantada GESARA, esos planes se derretirán como un azucarillo.

¿Aun no sabes que es GESARA?

¿Podemos mejorar la democracia? (I)

Winston Churchill decía que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, pero da la impresión de que cada día es “más” –y no menos– malo. 

Ya Aristóteles se preguntaba cual podría ser el mejor régimen de gobierno para el estado (en este caso las ciudades-estado), para lo cual mandó ojeadores a distintos lugares del orbe conocido a fin de que llevaran a cabo un «estudio de campo» de esta cuestión. Entonces habían aristocracias, tiranías, oligarquías y alguna forma de democracia que no era en absoluto lo que predominaba en el orbe. Grecia era una excepción aunque su democracia estaba muy lejos de la consideración actual: en Grecia no podían votar ni las mujeres ni los esclavos, era un modo «sui generis» de democracia que siempre acababa defenestrada ante el surgimiento de algún tirano o demagogo. Quizá por eso Sócrates estaba en contra de ella, y hasta Platón acabó por decepcionarse tras la ejecución de su maestro.

Aristóteles terminó concluyendo que no había ninguna forma de gobierno superior a otra y que la variable critica estaba en el gobernante. Aquellos que gobernaban para el beneficio del pueblo (que es el objetivo de la democracia) tenían más éxito que aquellos que lo hacían para aumentar su poder o su ambición. Hasta en Siracusa hubo un gobernante llamado Dionisio que durante cierto tiempo gobernó según los consejos de Platón, pero este régimen solo duró unos 10 años. Más allá de eso el gobernante, el que domina al pueblo demostró que carecía de autodominio, por lo que es de esperar que por bueno que sea éste siempre acabará por transformarse en un tirano si carece de controles externos.

Además había otro problema en la antigüedad que no era otro sino los vecinos belicosos, es por eso que Grecia terminó cayendo ante el poder militar de Esparta en la guerra del Peloponeso. La democracia es un mal lugar para vivir en tiempos de guerra.

«Contra la democracia» es un libro cuyo autor es Jason Brenan y que se inscribe en esa serie de pensadores que tratan de reflexionar sobre el funcionamiento de las democracias en el mundo actual.  El libro de Brenan se inscribe en una verdad que todos aceptarían de buen grado: la idea de que existe un malestar profundo en la población general con respecto al funcionamiento de nuestras democracias, fundamentalmente existe un divorcio entre la calle (lo que piensan los ciudadanos) y sus gobernantes. Brenan divide a los votantes en tres grupos: los hobbits, los hooligans y los vulcanianos. En esta entrevista podéis conocer mejor las ideas de Brenan y de su clasificación de la ciudadanía. En síntesis lo que propone es que no todo el mundo debería tener derecho al voto, pues la mayor parte de los ciudadanos no están capacitados para tomar decisiones complejas, y se dejan arrastrar por ideologías, simpatías o emociones mediadas por la propaganda, cuando no por el desinterés más radical.

Un ejemplo es el Brexit, ¿cuantos ciudadanos británicos están capacitados para entender las consecuencias de tal decisión? La mayor parte de las decisiones políticas son extremadamente complejas y exceden de la comprensión del ciudadano común y también a veces de los gobernantes profesionales. Un ejemplo es la independencia de Cataluña. ¿Alguien puede llegar a comprender en términos racionales en qué derivaría tal decisión? No se trata de una decisión baladí, se trata de una decisión que afectaría a la geopolitica global. ¿Alguien puede creer que no habría intereses supranacionales que se opondrían beligerantemente a una Cataluña fuera de la OTAN?

Lo que Brenan propone es lo que llama «epistocracia«, es decir  una especie de democracia por puntos donde los votos de los vulcanianos (el voto racional de personas informadas) valdría más que el de los hooligans o de los hobbits. Y que incluiría la formación de un gobierno de gente preparada y no solo de advenedizos como estamos tan acostumbrados a ver.

Yo estoy de acuerdo con la idea de que la democracia ha de mejorarse, solo que como el lector pronto advertirá creo que esta tarea es imposible y lo es básicamente porque los que pueden hacerlo no lo van a hacer. Es imposible esperar un cambio desde dentro del propio sistema que genera los problemas. Los políticos nunca van a acometer cambios que mejoren la democracia pero es posible que introduzcan arena en el engranaje para otros objetivos.

Pero antes de meternos en distintos modelos de los que han hablado politologos importantes vamos a por una definición: ¿qué es la democracia?

La democracia (del latín tardío democratĭa, y este del griego δημοκρατία dēmokratía)1​ es una manera de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen conforme a mecanismos contractuales.

La democracia implica tres cuestiones fundamentales:

  • El voto universal y secreto.
  • La prensa libre.
  • El poder judicial independiente.

Y naturalmente un Estado soberano, un Estado de derecho, donde los ciudadanos -solo por el hecho de serlo- sean depositarios de derechos y de deberes.

Esta es la teoría, claro, es una bella idea, lo que sucede es que no siempre (o casi nunca) sucede así , en nuestro país por ejemplo no se cumplen ni la condición 2ª ni la 3ª. Por otra parte la democracia tiene ciertas debilidades estructurales que son las siguientes:

1.- El tema de la representatividad no está resuelto. Una forma de resolverlo es «un hombre un voto», si esto se hiciera de este modo por ejemplo con una circunscripción única, el resultado sería lo más cercano a la idea que el pueblo busca, pero esto no se hace así (salvo en las elecciones europeas) y lo que gobierna nuestras elecciones es una división administrativa como son las provincias. Pero las provincias no tienen todas la misma población, de modo que para ello se introdujo una corrección llamada ley D´Hont. En teoría esta ley electoral sirve para que se puedan configurar mayorías y funcionó bien el principio de nuestra democracia pero hoy este efecto se ha pervertido con la aparición de minorías a las que favorece este sistema y mucho más cuando se agrupan para hacer oposición a la mayoría y que pueden llegar a dinamitar cualquier gobierno.

Este problema explica el porqué en Zamora o Teruel el coste en votos para un diputado sea más caro que en Barcelona o en Madrid y explica que un candidato tenga más votos que otros y esos votos no se traduzcan en más escaños. De manera que aquí tenemos un ejemplo de que la democracia no es igualitaria para los ciudadanos de distintas circunscripciones, lo que explica que la traducción de votos en escaños es muy engañosa y explica que unas minorías se impongan a la mayoría gracias al señor D´Hont.  La democracia debería girar en torno a los ciudadanos y no en torno a los territorios.

Una manera de resolver este problema -cuando no aparecen ganadores evidentes- sería la doble vuelta donde solo podrían presentarse dos candidatos, lo que garantizaría el gobierno sin necesidad de pactos contra natura.

2.- El segundo problema es lo que ha venido en llamarse partitocracia. En realidad los candidatos al Congreso, Senado, municipios o parlamentos autonómicos no representan al ciudadano sino a sus partidos. Ellos hacen listas cerradas y cuando votamos lo hacemos a un partido determinado que nos impone sus propias listas sin que podamos hacer nada para mejorarlas. No tenemos más remedio que votar por el pack entero.

Esta forma de plantear el funcionamiento de la democracia tiene un problema: los candidatos no le deben nada al ciudadano sino al jefe de su partido, quien le puso allí, en un buen lugar para salir elegido. Algo que desmiente la misma definición de democracia que en cualquier caso es una relación contractual entre el electorado y los gobernantes.

Una forma de resolver este problema podría ser el diputado por distrito, cercano a sus votantes y con una relación contractual más personalizada con su entorno. Y naturalmente ese diputado de distrito podría presentarse por un partido o en representación de cualquier otra cosa. Lo que nos lleva a otro problema:

4.- ¿Por qué partidos? ¿Por qué la política se deja en manos de los partidos políticos y no en manos de ciudadanos que libremente se asocien para llevar a cabo proyectos útiles para la colectividad?

En realidad dejar la política a partidos políticos es algo arbitrario y hubiera podido dejarse en manos de otros colectivos «naturales». ¿Por qué no familia, sindicato y municipio, como en la democracia orgánica? (ya me sabe mal decir esto)  En realidad me representa mucho más mi familia o mi ciudad que el partido al que voté en las ultimas elecciones.

Llevando el argumento al limite podríamos organizar la democracia votando a empresas. Se presentarían Vodafone, Iberdrola, Apple, Amazon, Mercadona, etc. ¿Por qué no? Podrá decirse que cada una de estas empresas no haría otra cosa sino velar por sus propios intereses. Bueno, ninguna novedad, eso es lo que hacen los partidos políticos, ¿no es así? Pues, ninguna diferencia. Otra solución será segmentar el voto por escalas de edad o intereses, así habría un partido de millenials que defenderían el botellón, el aprobado general y la legalización del cannabis, otro partido de pensionistas que defenderian sus pensiones, cada vez más dignas, otro partido de parados que reivindicarían trabajo y otro de feministas en busca de la igualdad y del aborto universal. Cada uno votaría según sus intereses y es cierto que no habría cohesión social pero los partidos tampoco la garantizan.

Es más, los partidos como su nombre indica se inventaron para partir a la población entre nosotros y ellos y no para cohesionar una sociedad y en una sociedad donde los partidos cada vez están más polarizados y más presentes en la vida privada de las familias, el mundo se convierte en invivible. ¿Cuantas familias se han roto en Cataluña a causa de la política?

3.- Los controles al gobierno brillan por su ausencia en nuestra democracia española, el gobierno no debe dar cuentas a nadie salvo en periodos electorales donde suelen mentir con respecto a sus intenciones y la propaganda suele anular los efectos de incumplimientos anteriores. Una democracia ha de tener controles donde cada uno vigile de cerca al otro pues los padres que inventaron la democracia ya sabían que el ser humano es susceptible de pervertirse y convertir a un demócrata en un tirano en poco tiempo. El poder emborracha.

Debe ser por eso que EEUU tiene una constitución tan complicada según hemos podido comprobar en estas ultimas elecciones con la candidatura de Trump-Biden y las dificultades para ordenar los procesos jurídicos en cada Estado y las denuncias de fraude generalizado. Por contra en Europa los Estados no tienen constituciones tan complejas y algunos como UK ni siquiera tienen constitución, pero los poderes -por lo que he llegado a entender- están mucho más engarzados que en el nuestro. Aquí en España no hay ningún poder, ninguna institución que pueda detener el rodillo actual que ha demostrado que se puede gobernar con decretos leyes y así hasta el paroxismo. El Congreso sirve de muy poco y el Senado -que podría ser una buena balanza- tampoco. Del rey mejor no hablar, se trata de una figura obsoleta que carece de poder alguno, tanto que me hace pensar en un Presidente de la República, alguien que pudiera para los pies a aquel gobernante que se extralimitara.

Un contrapoder esencial ha sido siempre el Ejército, pero sus intervenciones en política han sido siempre desafortunadas y en nuestro país, los pronunciamientos, alzamientos y asonadas han terminado casi siempre en matanzas y en guerras civiles, de manera que parece que los militares han aprendido la lección y más perteneciendo a la OTAN y a la UE, no parece que ellos ocupen ese contrapoder tan necesario que vigile los planes de los gobiernos. Para eso están la oposición política, los medios y los jueces que son como todo el mundo sabe un poder aparte como los medios informativos (el cuarto poder) ¿pero qué sucede si el gobierno controla la carrera de los jueces y la supervivencia de los medios?

En España ningún medio informativo subsiste por sus propios medios a pesar de ser entidades privadas, todos, diarios y televisiones subsisten gracias al Estado, lo que corrompe de hecho las relaciones entre poderes y les anula en su capacidad de ejercer de vigilantes del poder establecido. Lo mismo sucede con la oposición política, ¿qué pasa cuando la oposición tiene el mismo plan o agenda del gobierno salvo matices?

Lo cierto es que es más fácil pasar de una democracia a una tiranía que al contrario. Salvo Fernandez Miranda (de la ley a la ley) no se conocen casos de transiciones políticas desde una dictadura a una democracia. Sin embargo -de la ley a la ley- desde una democracia es cuestión de tiempo pasar a una tiranía, tenemos el caso de Venezuela o Irán. Y tenemos el ejemplo de Hitler, siempre mencionado para recordar a la gente que la democracia carece de anticuerpos cuando ha de enfrentarse a una amenaza de este tipo, la ley no es suficiente cuando nadie la respeta.

4.- ¿Qué sucede cuando no somos soberanos y dependemos de las políticas que nos dictan desde fuera? ¿Alguien puede creer que con nuestra deuda podemos ser independientes? Naturalmente que no. No es una conspiranoia cuando pensamos que estamos gobernados por poderes ajenos, lobbies, grupos de presión, intereses o esas extrañas élites que llamamos NOM, Bildelberg o Davos.

En mi opinión esta es la principal razón que explica ese divorcio entre ciudadanos  y gobiernos, más allá de las torpezas, las incapacidades o la estupidez de nuestro gobierno, lo cierto es que todos tenemos la impresión de que hay alguien que mueve los hilos y que ellos están a sus órdenes. Y cuando digo ellos, me refiero a toda la clase política.

De manera que hay muchas razones para intentar mejorar nuestra democracia.

En el próximo post revisaré algunas de las propuestas que se han hecho para mejorar la democracia y mientras tanto le daré la razón (aunque me duela) a Pablo Iglesias cuando dice que nuestra democracia es de muy baja calidad.

Aunque lo cierto es que por razones bien distintas a las que él piensa.

El futuro son las ciudades

obsoleto

Recientemente he asistido al Colegio de médicos de mi ciudad porque se había convocado un acto político en el que los distintos partidos presentaron su programa electoral.

Lo cierto es que fue un acto bastante aburrido, como siempre en estos casos donde no se dicen más que vaguedades aunque el morbo estaba en escuchar a Ciudadanos y a Podemos. Una decepción, y ni siquiera el jovencísimo representante de Podemos nos escandalizó. Todos los partidos parecían iguales y haber pactado sobre lo políticamente correcto que en Sanidad es ese mantra que dice: que «la sanidad ha de ser universal, pública y gratuita». Poco más y nada menos que eso. Más que un consenso, un dogma.

El caso es que uno de los representantes de los partidos en un tono homiliar llamó la atención sobre un hecho para él muy relevante: la escasa asistencia de colegiados al citado acto. Efectivamente, apenas unas 40 personas asistimos y me distraje tratando de averiguar la edad media del certamen, unos 50 años.

Dicho de otro modo, los médicos jóvenes no asisten al colegio. ¿Es por la política?.

Lo cierto es que el Colegio de médicos y a pesar de que la Junta directiva no deja de proponer actividades diversas para que los colegiados participen no logran que haya presencia de los colegiados en la vida de la Institución. Y sucede por una razón:

Los colegios de médicos son una institución obsoleta que huele a naftalina y está llena de arrugas. En este sentido les pasa lo mismo que a los partidos políticos No sabemos para qué sirven a pesar de que sabemos que se sirven de si mismos en una especie de autoreferencia perpetua.

Hubo un tiempo en que los colegios eran corporaciones con cierto poder, tenían incluso potestad de sanción sobre los colegiados y además estarlo era obligatorio. Había tribunales de honor donde se afeaba a los colegiados que eran denunciados por alguien y había algo que afear. Había, por así decir una ética médica que respetar, hoy en dia los tribunales han sustituido a la sanción mediadora de los colegios y ya no sirven más que para organizar cenas, viajes o correderías de seguros.

La legalización de los sindicatos fue el primer golpe que sufrieron los colegios profesionales y hoy un médico que sólo trabaje en la pública no tiene obligatoriedad de estar colegiado. Digamos que es un reducto para aquellos que ejercen la medicina privada y para los nostálgicos que se aburren y no tienen donde ir a jugar al guiñote, aunque es cierto que allí, -como en ningún otro lugar- ya no se juega a cartas desde que fumar está prohibido en los locales cerrados.

Dicho de otra forma: allí ya no va nadie si no es a consultar al abogado o a resolver algún trámite con el seguro del coche.

Las instituciones se hacen viejas como las personas y es por eso que los jóvenes les dan la espalda pero a pesar de eso no hacen sino crecer, es como si se negaran a morir y se aferraran a una vida vegetativa. Lo nuevo y lo viejo siempre batiéndose en un perpetuo duelo dialéctico y lo peor: no sabemos aún qué es lo nuevo. ¿Quien tomará el relevo de lo viejo? ¿Habrá colegios de médicos dentro de 40 años? ¿Habrá diputaciones o casinos?

Lo que es más probable es que no haya Autonomías, una de las instituciones políticas más caras de mantener y con más corruptelas que amañar. No es que yo sea partidario del centralismo madrileño. No. En realidad yo era de aquellos que queríamos descentralización en aquel momento histórico en que Adolfo Suarez cantó el «café para todos», un gran error que ha sido al final el responsable de que en España no haya ya ni un duro en las arcas. Hoy Pedro Sanchez está intentando que Europa le de dinero para llevar a cabo su proyecto que no es desde luego un proyecto claro ni transparente. Es poco probable que Europa no le ponga condiciones draconianas y también es muy probable que Pedro haga todas las trampas que pueda (A estas horas aun no se sabe cómo quedará el reparto de ese dinero fiduciario).

Optar por la descentralización no tiene nada que ver con el modelo actual autonómico. ¿Para qué queremos parlamentos y consejerías que no hacen sino duplicar o triplicar el número de politicastros en nómina jugando al mismo juego que sus compañeros del Congreso de Madrid? Yo estaba y estoy a favor de descentralizar pero no a favor de duplicar. La razón es muy fácil de comprender. Si usted ha tenido alguna vez que ir a Madrid a algún ministerio a hacer una gestión, ya sabe cómo termina todo. «Vuelva usted mañana». En Madrid no resuelven nada por una razón muy fácil de entender, «No sufren sus consecuencias», tanto si es una carretera peligrosa, como una estación de ferrocarril o una simple gestión administrativa. Sin enchufe o -como se decía antes-, influencias es imposible mover nada en la capital del reino.

Por eso la descentralización era una buena idea de gestión, pero es una mala idea política que genera clientelismo por excesiva proximidad, duplica los gastos y la CCAA siempre andan endeudadas con leyes distintas para cada una de ellas y escasa cooperación. Demasiada nómina que mantener. En realidad la descentralización de la que hablo podría ser llevada a cabo por un puñado de gestores y los propios funcionarios de las Diputaciones en una especie de juramento de asepsia administrativa y contable

Pero hay otra fórmula que es la que creo que se impondrá en el futuro: me refiero al florecimiento administrativo de las ciudades y mancomunidades. Ceder las funciones que hoy ostentan las Autonomías a las ciudades y a sus consorcios es la solución que liquida el problema de la inmediatez, la proximidad y las duplicidades . Algo asi como una federación de municipios que se ocupara de los problemas de sus ciudadanos con toda la artillería que hoy está en manos de Autonomías lejanas y siempre burocratizadas.

Naturalmente Cataluña y el País vasco se negarán a este cambio, que en cualquier caso precisará de modificaciones importantes de la Constitución, pero qué importa: ellos que sigan con su modelo del siglo XIX y que se arruinen. Todas las corporaciones pugnarán por venir a Valencia, Murcia o Sevilla y cada ciudad además podrá poner sus condiciones para disponer de unas industrias u otras, incluso sus propias disposiciones municipales. Habrá competencia fiscal y no se le impondrá a los niños ningún idioma ni género.

Lo cierto es que los cantones fueron una buena idea, adelantada a su tiempo que se desperdició por una estúpida guerra.

 

Guerras dialécticas y guerras por otros medios

Ayer estuve haciendo dos cosas: una de ellas por la tarde y la otra por la noche. Por la tarde vi el debate en youtube entre UTBH (Un tío blanco hetero) y Clara Serra sobre el feminismo. Por la noche vi un capitulo de esa serie británica que se titula «La corona vacía» que va de «la guerra de las dos rosas», aquella guerra eterna entre los Lancaster y los York que asoló Inglaterra en el siglo XV, pero no se trata de una reedición de «juego de tronos» sino de la puesta en escena de un relato histórico del mismísimo Shakespeare.

Y esta mañana mientras pensaba en las escenas y los argumentos que barajaban unos y otros en ese turmix que es mi cerebro, me preguntaba, ¿Qué hay de común en ambos casos? Qué tiene en común UTBH con Enrique VI o con Ricardo Plantagenet? ¿Qué tienen en común Clara Serra y Margarita de Anjou?

Pues que todos quieren mandar.

La guerra de las dos rosas entre los Lancaster y los York es uno de esos episodios (que tanto se repiten en la historia) ignominiosos. Dos casas de nobles pugnan por la corona en base a probables ofensas anteriores, así Ricardo Plantagenet se cree con derecho a disputar la corona a su rey Enrique VI en base a antiguas pendencias. La guerra es un empate infinito entre ambos contendientes que se van sucediendo en el tiempo, ahora con un rey y después con otro. Es imposible contar los muertos que costó esa guerra incluyendo venganzas, asesinatos y calabozos a los que sometieron y fueron sometidos tanto reyes, nobles y pueblo llano. Inglaterra, que salía de una guerra anterior (la guerra de los cien años) se vio metida de nuevo por una guerra de sucesión que solo se resolvió cuando los Tudor (emparentados con los Lancaster) entraron en contacto con Maria de York, por medio de eso que aun llamamos matrimonio. Un casamiento que puso fin a la guerra de las dos rosas. Es interesante atisbar un corolario interesante sobre esta cuestión: ni Margarita de Anjou, ni su marido Enrique VI, ni su hijo que murió en combate pudieron gozar de una victoria definitiva sobre sus rivales, tampoco Ricardo Plantagenet ni sus hijos vivieron lo suficiente para ver el fin de esta guerra, fue precisamente una hija de Eduardo IV (un York) el que puso fin al despropósito de una guerra perpetua con su matrimonio con un Tudor. Ni para ti ni para mi.

Dicho de otro modo la guerra es una cuestión dialéctica, los York y los Lancaster tenían posiciones distintas sobre la cuestión de la legitimidad real y se enzarzaron en una guerra ante la imposibilidad de alcanzar un pacto, una síntesis sobre este problema a falta de un poder judicial independiente y robusto. Pero la guerra no es nunca una síntesis sino la evidencia de la imposibilidad de alcanzarla, aunque lo cierto es que las guerras son a veces la única manera de llegar a un acuerdo, pero lo más frecuente es que haya victorias y guerras pírricas en el sentido de que no alcanzan a plantear con claridad quien es el vencedor y quien es el perdedor. Pues en una visión dialéctica uno puede llegar a una síntesis pero en una cuestión clarifinante como la eliminación del adversario («muerto el perro se acabó la rabia), no hay síntesis posible, es decir no se alcanza ese nuevo nivel de definición que llamamos «síntesis» y cuyo destino -al convertirse de nuevo en tesis- es pronto entrar en contradicción con otra cosa.

vaca

Alguien dijo que existen dos únicas razas en el mundo y es verdad que hombres y mujeres tenemos distintos tipos de rasgos conductuales, morales, cognitivos,  emocionales y hasta neurofisiológicos. No es de extrañar que las relaciones entre ambos estén presididas por el conflicto. Piense usted por un momento qué sucedería si no hubiéramos desarrollado paralelamente un sentimiento tan sofisticado como el amor. ¿Cree usted que solo con la pulsión sexual hubiéramos podido construir algo parecido a una cultura? No, la pulsión sexual por si misma es incapaz de asegurar una cultura humana pues los intereses de hombres y mujeres divergen continua e inexorablemente. El amor en este sentido es un relé, es decir un colchón que atempera las reacciones del determinismo puro. Dicho de otra manera, las relaciones entre hombres y mujeres son dialécticas y lo que uno gana lo pierde el otro, solo el amor es capaz de dulcificar las perdidas y atemperar las ganancias puesto que sólo el amor es capaz de expandir las contradicciones en una nueva síntesis abarcativa. El «nosotros» abarca al «tu» y al «Yo» y mucho mejor si hay otros (hijos) que se incluyen en el «nosotros».

Así como el amor y la familia son relés que amortiguan las contradicciones de los elementos en guerra dialéctica hay otros operadores que trabajan en sentido contrario: el más conocido de ellos es el feminismo.

El feminismo es la estrategia moderna de inversión dialéctica del poder. las feministas no buscan la igualdad, del mismo modo que los York y los Lancaster no guerreaban para conseguir la igualdad de ambas familias sino imponer cada uno de ellos su versión de desigualdad y salirse con la suya. Obtener prebendas, dinero, ventajas y poder social. De forma que el feminismo -como gremio- no opera buscando la igualdad -que es algo que cada pareja ha de construir en su intimidad-, sino polarizar las actitudes entre hombres y mujeres a fin de deconstruir a la masculinidad. Deconstruir es eliminar y no tiene nada que ver con la igualdad.

 

Aquí os dejo el debate sobre feminismo entre UTBH y Clara Serra:

Clara Serra no es una de esas histéricas exaltadas que salen en TV, sin embargo persigue sus mismos fines. Así hay un grupo de exaltadas y otro grupo de ilustradas que legitiman el movimiento en sí, sin nombrar nunca la verdad: y la verdad es que las relaciones entre los géneros son dialécticas y están sometidas a tensiones constantes y permanentes llegando a alcanzar (cuando se puede) estados de síntesis que a su vez vuelven a generar estados dialécticos y así ad infinitum. Las contradicciones de intereses que se manifiestan en estas relaciones son inconmensurables, es decir no pueden resolverse de una manera satisfactoria para ambos contendientes, por eso existe el divorcio y el «ahí te quedas». Dicho de otra manera no pueden resolverse con debates puesto que no se busca la ilusoria igualdad sino el sometimiento de la otra parte y la dominancia y el reparto de prebendas entre los sexos. Eso es lo que eché de menos en el debate de ambos, no se llega a la verdad, no se llega a ninguna parte.