Lo traumático en Tommy

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Tommy (1969) es una ópera rock de The Who que tuvo bastante éxito en los 70, aquella década prodigiosa para la música, una explosión de talento que por sí misma merecería una tesis doctoral.

La obra es un poco truculenta y la historia que cuenta carece de interés literario aunque es una de esas obras innovadoras que cambiaron el panorama de las perfomances y los conciertos casi siempre dedicados a una sucesión de canciones o temas sin relación unos con otros. La innovación consiste precisamente en conseguir contar una historia con presentación, nudo y desenlace, –un álbum conceptual-, un invento de los 70 y que consiste en la unidad temática de las canciones que componen la obra, del mismo modo que en la música escénica, aquel invento de Monteverdi. Una ópera es teatro cantado, sin recitados ni diálogos, por asi decir.

Tommy es pues una ópera, que adquiere todo su valor precisamente en sus canciones sueltas, que una a una son verdaderas obras de arte del pop-rock. Sin embargo el resultado final se resiente y hoy no puede verse sin encenderse esa lucecita que nos señala hacia algo kitsch, ingenuo o pueril.

Peor aun si vemos la versión cinematográfica de Ken Russell, un bodrio intragable que rompe con la estética del directo teatral e introduce elementos que no encajan demasiado con la novela que pretende contarse y que es la siguiente:

Tommy es un niño cuyo padre está en la guerra y al que la Sra Walker (una anti-Penélope) da por muerto. El caso es que la Sra Walker ya mantiene una nueva relación con otro hombre hasta que un buen dia el Sr Walker vuelve a casa inesperadamente. En la discusión posterior mata al amante (en la versión cinematográfica es el amante quien mata al Sr Walker). El caso es que Tommy presencia toda la escena ¿»Qué pasa con el chico»? pregunta la Sra Walker y aqui viene la orden familiar: «no has visto nada, no has oído nada, no has de contar nunca en tu vida lo que ha pasado aqui».

Aqui está la escena traumática:

Obligado a guardar el secreto de tan macabra escena, Tommy queda alelado y un poco para seguir aquel mandato familiar queda ciego, sordo y mudo (deaf, dumb and blind boy), solo vive para transformar sus sensaciones en música (lives in a quiet vibration land), un mundo de vibraciones. Tommy queda como narcotizado, traumatizado diriamos hoy, y es objeto de más humillaciones, acoso escolar (por parte de su primo Kevin) y objeto de negligencia y abusos por su tio Ernie, el psicópata alcohólico de la familia.

La madre hace intentos infructuosos para curarle, le lleva a curanderos, a prostitutas e incluso le inician en el consumo de drogas psicodélicas, hasta que por fin consultan con un médico que diagnostica el carácter psicógeno de sus síntomas (una histeria de conversión), lo que da un vuelco en su recuperación, la madre rompe el espejo (smash the mirror).

Y Tommy descubre algunas de sus fortalezas: se convierte en campeón de pin ball (pin ball wizard), se convierte en un lider social con sus seguidores, un poco lo mismo que le sucede a Forrest Gump cuando se pone a correr, la gente le sigue porque da la impresión de saber a donde va.

Tommy se convierte en una especie de gurú, un profeta de una nueva religión, una especie de secta con campo de vacaciones y todo:

«Excuse me sir, there´s more a the door». Los seguidores se acumulan y la familia de Tommy encuentra las razones para seguir explotando al muchacho («Good morning campers», canta el tio Ernie) que al final ha de asistir al motín de sus propios seguidores. Es aqui cuando se encuentra de nuevo solo y cuando por fin puede iniciar su propio camino, es entonces cuando por fin se cura:

«See me, feel me, touch me, heal me» (mírame, sienteme, tócame, curame).

Podriamos decir que Tommy se cura cuando consigue renunciar (desobedecer) el mandato familiar y trasladar su mundo de sensaciones a los demás, hacerlo depender de los demás y  expulsarlo de su mismidad. Aqui está el mantra final de «Listening to you»

Ha nacido el otro.

Bella y bestia soy

A todos aquellos que aun se hagan preguntas sobre el amor -esa insondable decisión del ser- les recomiendo que vuelvan a ver King Kong, una película de esas que han sido versionadas un sin fin de veces y que ayer volvi a ver en su última versión -la del 2005-, llena de efectos especiales, una pelicula entre «El señor de los anillos» y la aventuras de «Indiana Jones» que pese a no contar con una rubia de nivel como Jessica Lange no puede eludir el enfrentar las grandes preguntas de la naturaleza humana: el enfrentamiento entre la pulsión biológica, descarnada y ciega y su domesticación civilizadora.

King Kong no es sólo un simio gigantesco sino una metáfora de lo instintivo más allá de la realidad del instinto animal, puesto que no existen simios de ese tamaño aterrador, King Kong sirve como andamiaje imaginario de lo que entendemos como pulsión, la trieb freudiana, parcializada, fragmentada, oscura y destructiva, King Kong representa pues a la pulsión humana y sus destinos no son más que dos:

  • el camino del mal
  • el camino de la civilización algo que sólo consigue transformar el amor.

El amor es pues la redención de la pulsión, su conversión en deseo proporciona a la pulsión ojos y oidos, tacto y palabras, un andamiaje para que se transforme en deseo humano. Algo así parece sucederle al monstruo cuando se «enamora» de la rubia de turno que en la versión de 1976 contaba con este animal erótico, nada menos que Jessica Lange en edad de merecer.

La historia de la redención de la pulsión a través de ese enlace entre sujeto y objeto que llamamos amor es bien conocida a través de la literatura: cuentos, leyendas y mitos, el más conocido de los cuales y parece ser el tronco comun de donde salió esta historia del mono enamorado, es «La bella y la bestia«, otro relato del que se conocen múltiples versiones y que probablemente es antiguo y presente en casi todas las culturas. De hecho se atribuye a Apuleyo en sus «Metamorfosis» tanto el relato de la bella y la bestia como el mito de Cupido y Psiqué que parece ser el antecesor común de estos cuentos sobre el alma y sus coordenadas relativas al deseo y los vericuetos del amor:el enlace entre el deseo y su objeto.

Todas las «bellas» de este universal relato tienen algo en común: todas son raptadas por alguien, son sacrificadas para salvaguardar el bienestar de su familia o se ofrecen voluntarias para el sacrificio. Es desde esta posición de fuerza que entran en contacto con la bestia y es desde esa posición que consiguen civilizarla perdiendo de paso su inocencia núbil. Todo parece indicar pues que las relaciones que se establecen entre el deseo y la pulsión son retrógradas, es decir fruto de un rapto o paroxismo, de un viaje hacia dentro que las bellas recorren contra los impulsos de su naturaleza, en efecto sólo los héroes recorren ese camino de descenso de arriba a abajo o desde la superficie al interior por propia voluntad. Pero es verdad que todo deseo obtiene su fuerza y su impulso vital de la pulsión y que todo deseo debe asomarse de vez en cuando a la pulsión para recargar las pilas y que resulte posible seguir deseando pues sin deseo el hombre cae en manos de la pulsión ciega o bien perece de acedia o de aburrimiento, de melancolía.

Otra de las versiones del mismo tema es la conocida obra de Gaston Leroux titulada «El fantasma de la ópera«, en ella Cristine opera como la incitadora del deseo del fantasma, un compositor que habita en los laberinticos sótanos de la opera y desde alli maneja asu antojo a los administradores del teatro imponiendo sus gustos y sus preferencias. Naturalmente Cristine forma parte de esa preferencia pues el fantasma está enamorado de ella.

Y es por eso que la rapta, nótese como la rapta del mismo modo como Hades rapta a Perséfone, por la fuerza y la lleva al mundo subterráneo, al infierno, en este caso a los sótanos del edificio, instalado sobre una laguna. Y lo hace a través del espejo

Disney también entró a saco sobre el asunto con una propuesta descafeinada sobre el asunto del deseo, pasando de puntillas para hacer de la historia un consumible para todos los públicos. En este video puede obervarse la versión de dibujos animados de mismo tema.

Pero la moraleja no es que Belle doma a la bestia a partir de su bondad como parece querernos decir el moralista Disney sino que deshace el sortilegio de la Bestia que estaba apresada en un monstruo merced a un hechizo anterior de una bruja. Es solamente cuando ella cede a sus intentos de seducción y pronuncia la frase mágica «Si quiero» cuando la Bestia deja de ser bestia y se convierte en un apuesto principe. Y este es el regalo al que toda niña sin pulsiones conocidas -es decir inocente- aspira, un principe azul, bello, tierno y rico si es posible claro. La pulsión se pierde en la transformación y solo queda el amor, ese amor del cuento que nos asegura una felicidad eterna y que tanto llama la atención de las niñas en esa edad de merecer.

Pero a veces el monstruo no puede ser derrotado sino por el ejército, esa es la propuesta un poco belicista que nos hace King Kong. Reducido a cautividad, a ser mostrado como un animal de circo, el gorila enamorado de una rubia es llevado a Nueva York con la intención de exhibirlo en plan circense. Pero King -la pulsión-es irreductible, es por eso que se encarama a sus rascacielos -simbolo fálico por antonomasia- y desde alli y después de encontrar a su amada es abatido por la fuerza aerea. Al final rubia y galán reencontrados de si mismos y a sabiendas de qué cosa es el deseo se funden en ese amor parejil que precisa del sacrificio de algo para remontar el vuelo, en este caso la muerte de la pulsión y la elección del camino del amor doméstico.

Las heroinas del «Fantasma» y de King Kong no resultan tan insoportablemente beatas como Belle, en efecto, al menos ellas se han asomado a ese pozo sin fondo de lo instintivo y se llevan un «rollo» de lo más ambiguo con sus bestias interiores. Cristine más que raptada por el fantasma se encuentra fascinada por la naturaleza de su relación con él que la distingue de todas sus competidoras y que de alguna forma la protege de sí misma y de los demás, el problema es que Cristine se cree señalada por el destino en forma de «Angel of music». Al final Raul se lleva su trofeo y el amor se impone, al fin y al cabo el fantasma no era más que eso, una imaginación de la propia Cristine: es por eso -que al menos en la versión del musical– desaparece cuando está a punto de ser apresado.

Un fantasma no puede enjaularse, pues no es más que un acicate del deseo y carece de vida real.

Y son los besos son que rompen el hechizo.

Las mujeres de Puccini

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Será porque ha venido Modigliani -aquel moderno que pintaba como el Greco- a España o será por lo que tenga que ser pero hoy tengo la extraña necesidad de hablar de Puccini, el mecanismo asociativo es por lo de mujeriegos ambos, de manera que esta tarde he estado mirándome en youtube algunos fragmentos de sus óperas para elegir a tres de sus personajes femeninos: Tosca, Mimi (La bohéme) y Cio Cio San (Madame Buterfly).

puccinitosca.jpgLas tres comparten algo de la visión de Puccini acerca de la mujer y las tres a su manera son personajes sublimes, románticos y deliciosos en su humildad devocional (Mimi), su oscura celotipia victimaria (Tosca) o la ingenua Cio Cio San que lo hace sin condón con un cabo furriel y se queda preñada a la primera de cambio y espera «un di si vedremo» que el marinero vuelva y la haga su esposa, una especie de «tatuaje» concha piqueresco pero en aria operistica a la italiana, cosa de gondoleros napolitanos. Naturalmente todo termina en tragedia porque las personajes de Puccini no saben si son putas o santas pero lo que si sabemos es que la que no es tuberculosa es una suicida en potencia y la que no, es tonta y por eso se la folla Scarpia, el malo de todos los malos y que seguramente es el propio Puccini disfrazado de barítono que hasta fue tiroteado por un marido celoso y vengativo. Sólo los personajes masculinos de Puccini parecen saber que son unos canallas y actuan como tales engañando a las tias cuando las tias aun podian ser engañadas, ¡que tiempos!

En esta escena Mimi se presenta a Rodolfo que un momento antes ha hecho lo propio después de saber que Mimi, que en realidad se llama Lucía tiene efectivamente las manos frias, ella lo dice muy claro «Si mi chiamano Mimi» y flechazo.

Vale la pena ahora profundizar en la personalidad de esta Tosca que se debate entre unos ojos que no son los suyos, ojos pintados por su amante Cavaradossi, con quien Tosca no las tiene todas consigo por aquello de la codicia comparativa con una de sus modelos rubias de ojos azules.

Aqui esta este aria cumbre de la obra de Puccini, «Vissi d´arte»

Y para terminar no podemos dejar de mirar al corazón de esta Cio Cio San que mantiene la esperanza contra tiempo y marea: el regresará si, pero casado y para robarle a su hijo.

«Un bel di si vedremo«, pero ir para nada es tontería.

Personajes extremos como siempre pasa en la escena ¿alguien puede imaginarse una ópera de la vida cotidiana?, la opera es hiperbólica por definición y aunque no fue un invento de Puccini es un invento italiano. Un invento de Monteverdi que de paso que hacia bolos en sus ratos libres abrió el melón del Barroco o sea un genio, aunque un genio atormentado no tanto por las tias que se beneficiaba sino por la esposa que perdió y por eso escribió «Lasciatemi morire» la más bella declaración de amor despues de la muerte que se ha escrito, ese amor que atraviesa el objeto amoroso y va más allá, más allá de sí y de él.

lo-que-el-viento.jpgClaro que la ópera le debe más a Puccini que Puccini a la ópera porque ese si que era un maestro de la musica escénica, en su música se masca, se anticipa la tragedia, se adivina el desenlace, se cuece la pasión bien a fuego lento bien a brincos: su manejo de la cuerda contrapunteando la melodia y esos saltos temáticos engarzados cambiando el sentido de las agujas del reloj es sencillamente genial, rebosante de pasión, uno solo debe llorar oyendo a Puccini pues esa era la función de sus heroínas: hacernos saltar las lágrimas, pero no de pena sino de algo que está más allá de una emoción terrenal, más allá de la tristeza, más allá de la aflicción y más allá del libreto igual que en»Lo que el viento se llevó» aquella pelicula que es más que cine, un mito fundacional del cine, superación del folletín que lo antecedió que queda oscurecido y obsoleto.

Se trata de contemplar la belleza en estado puro y llorar, una música que llora en las tripas, desde ahi nos duele. Si hoy viviera Puccini se dedicaria a la publicidad y ganaria millones gracias al canon digital aunque hoy le resultaria más que dificil engañarlas, me refiero a ellas, que ya no pueden ser engañadas, sino andar metidas en devaneos por si mismas por asi decir.

Pero esa es otra ópera.

Auster y Sophie: dos sombras

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La primera vez que oí hablar de Sophie Calles fue en un ensayo de Baudrillard llamado “La transparencia del mal: un ensayo sobre fenómenos extremos” Allí comenta Baudrillard la obra de Sophie Calles llamada “La persecución veneciana” de la que hablé –sin nombrarla- en Galgos y liebres, pero no aclara que se trate de una novela, ni de una narración, una pintura o de un poema, más tarde averiguaría casi por casualidad que Sophie Calles es una fotógrafa aunque sus obras no son esencialmente fotográficas ni plásticas sino que constituyen “proyectos” que bien podrían ser novelas, películas de cine o incluso óperas, sin ser nada de eso, Sophie Calles no hace arte sino que vive el arte y de paso vive del arte.
sofia2.jpgMás tarde supe leyendo Leviatán y a través de Paul Auster que uno de los personajes de esa novela, más concretamente el personaje de Maria Turner era exactamente la fotógrafa francesa Sophie Calles.

calle-cat.jpgLeviatán empieza precisamente con una dedicatoria a esta especie de musa inspiradora de la novela que nunca escribió novelas pero que inspiró la que creo la obra maestra de Auster y con estas palabras: “A Sophie Calles que me permitió mezclar la realidad con la ficción», lo que parece dar a entender que el escritor pidió permiso a la ambigüa artista Calles para crear un personaje que exactamente – y a través de María- describía su personalidad y la originalidad de sus propuestas.
Al parecer Sophie y también María no son ni escritoras ni artistas plásticos ni son esencialmente fotógrafos ni compositores ni actores pero tienen algo de todo eso: ellas crean o componen espectáculos a partir de experiencias de su entorno, de su propia vida, es decir componen una especie de “reality shows con sentido artístico”, simulacros de arte que terminan por ser arte precisamente porque ellas renuncian de entrada a ser artistas. Por ejemplo Sophie-Maria se va a Venecia por tiempo de carnaval, pero su propósito no es turístico ni lúdico sino que elige Venecia en carnavales como escenario de su “proyecto”. El verdadero propósito de ese viaje es encontrar a alguien y convertirse en su sombra, seguirle y averiguar todo lo posible sobre esta persona anónima componiendo de paso una especie de reportaje gráfico y narrativo de su periplo, intentando adivinar todo lo posible sobre su personalidad y su vida a través de esta especie de investigación. La intención no es espiarle o someterle a chantaje o a presión, no hay nada sexual ni personal en esta persecución sino una curiosidad que atraviesa a la persona concreta y que trata sobre todo de apresar al personaje que todos componemos sin saberlo.
En otras ocasiones Sophie-Maria contrata a un detective para que la siga y para que al cabo de un tiempo le entregue un informe completo de todos sus movimientos, ella quiere saberse también a sí misma y la mejor manera de lograrlo es distanciándose de ese personaje que componemos a diario, defragmentar persona y personaje es el objetivo de sus proyectos. Cuando nos vemos confrontados con nosotros mismos a través del informe de otro es cuando llegamos a entender algo de nosotros mismos, poco importa si el que realiza el informe es un detective, un psicoanalista, un camarero o una prostituta porque de lo que se trata es de conocer nuestra sombra permutándola por otra y más allá de eso llegar a algún tipo de pacto con ella.

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Todos tenemos una sombra, de tal manera que sería inconcebible pensar una persona sin ella pero pocas veces damos testimonio de saber que nuestra sombra, esa proyección que la luz hace sobre nuestro cuerpo y que se irradia hacia los objetos o sobre el suelo nos pertenece. Tener una sombra es el testimonio de estar vivo, pero la sombra sólo nos hace compañía y pocas veces tiene un saber directo sobre nuestro deseo. Es por eso que a veces precisamos de un testigo y eso es precisamente lo que hace Sophie-Maria: buscarse o ser testigo de la inocuidad, de la banalidad de la vida de los otros o de la propia y rellenar este espacio en blanco con fotografías, con imágenes, con un relato, el otro discurso que se encuentra velado por la consciencia. Sophie- Maria hace reportajes sobre lo trivial pero desde el costado de la sombra y no –como hacen los artistas convencionales- desde el lado del que ostenta un saber concreto, es allí dónde y cómo descubre la belleza, pues el arte no debe solamente comprenderse o realizarse sino también y sobre todo vivirse, en este caso desde la banalidad de lo cotidiano: la originalidad no está en buscar lo sublime sino en la posición del observador, en este caso Sophie-Marie se comporta como un detective sin serlo, tratando de averiguar algo para un cliente que no existe y con un propósito nada pragmático: simplemente ser la sombra de otro, una especie de ecopraxia inteligente, una paranoia invertida.

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En esos intersticios de la mediocridad, de la banalidad humana más elemental descubre Sophie-Maria a través de esa mirada atónita del artista que mira algo por primera vez, la esencia del discurso que se encuentra agazapado en la sombra. El arte no precisa pues herramientas o ninguna técnica especial, no hace falta frecuentar cenáculos o advenir al lobby de los iniciados, basta saber mirar y esto es lo que hace Sophie-Maria y también Auster en esta magnifica criatura que conocemos con el nombre de Leviatán.

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De su lectura extraemos de nuevo la siguiente conclusión “Toda ficción es verdadera” o esta otra: «La verdad tiene una estructura de ficción»

Versiones de lo siniestro

Freud publicó en 1919, un articulo que tituló «Lo siniestro» a veces traducido también como «Lo ominoso». Indaga en él las raíces de la irrealidad o perplejidad que genera en las personas la visión o lectura de alguna obra de arte donde se mezclan aspectos de lo real junto con elementos de lo imaginario, toma de ejemplo un cuento de Hoffman conocido con el nombre de «El hombre de la arena«. Lo siniestro alude a un terror primordial que no se esconde detrás de lo fantástico sino que al contrario nos perturba o inquieta porque pertenece a lo cotidiano, a lo doméstico incluso a lo familiar. Estos relatos o cuadros son profundamente perturbadores porque simulan precisamente a la angustia en su estado más espontáneo: una mezcla de deseo y temor. Precisamente en estos cuadros de Hopper podemos ver camuflada en la soledad de sus personajes estos aspectos siniestros, inquietantes, personajes que parecen portar a cuestas una novela personal que se nos oculta en esas maletas, esos bares vacíos, esas miradas furtivas por la ventana.

hopper.jpg Para ver más obra de Hopper pinche sobre mi

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Parecen fotografías, esos instantes congelados que están contando además una historia, esos personajes de Hopper en su profunda soledad oculta en hoteles impersonales, en estaciones de ferrocarril, evocan en nosotros una extraña sensación de amarga despedida, de aislamiento ontológico, de tiempo detenido, de un suspense sobre el devenir, una amenaza inconcreta e inefable.

Como los relatos de Lovecraft, de Poe, de Dostoievsky, el cine de Buñuel o la música de Satie el arte se ha ocupado bien profundamente de los aspectos de lo siniestro que Freud describiera en el cuentista romántico Hoffman fascinado por las máquinas, la electricidad y los autómatas: aquello que parece estar vivo y sin embargo es inerte.

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almejd.jpgOtras veces lo siniestro adquiere la forma de la mascarada, de lo grotesco, de lo repugnante o lo monstruoso , la ignominia, la obscenidad o la histeria son refugios usuales de lo siniestro. ¿Quien iba a decir a los surealistas que con el paso del tiempo sus provocaciones a la sociedad bienpensante de entonces iban a desplazarse al cuerpo social desposeyendo asi a la provocación de todo su potencial de rebeldia? Hoy el disfraz, la mascara, el tatuaje o la disección de cadáveres ya no pertenecen al arte sino que han sido absorbidos por el cuerpo de aquellos ciudadanos que más allá de la rebelión lo utilizan como ornamento, otros espacios de lo siniestro como la opereta o el circo han sido ya desplazados por las nuevas formas de la perfomance.

Bellmer creó una muñeca articulada al gusto perverso de los hombres, un gusto parecido al «bricolage» pero no podia ni imaginar que la cirugia estética iba a implantarse de tal forma en lo real que sus divagaciones artisticas fueran a a quedar en un simple juego de niños.

La bestia , la genitalidad omnipotente o vacua, la fragmentación del cuerpo son temas recurrentes en el arte de la hiperrealidad pero hoy se dan cita en esa gran playa de vacaciones en que se han transformado los cuerpos individuales.

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En estos cuadros de Max Ernst podemos observar de nuevo a lo grotesco, lo monstruoso o lo abyecto en el arte.

Y en esta obra de Satie (Gnosienne nº 1) podemos degustar esa atmósfera de misterio, paradoja e inquietud que se encuentra plegada en lo siniestro.