La banalidad del sufrimiento

Cuando yo era joven y estudiaba para psiquiatra trabajé en uno de aquellos horrorosos antros llamados manicomios y que recibian el «cariñoso» nombre kraepeliniano por parte de vecinos, trabajadores del lugar y población en general de pabellón de dementes. Alli se daban cita personajes de lo más diverso que tenian algo en común: estaban todos mal de la cabeza con independencia del diagnóstico, pero entrar y salir de alli no era algo fácil o habitual, y ahora cuando vuelvo la vista atrás y comparo la frecuentación y el número total de ingresos que una unidad de hospitalización psiquiátrica sostiene en la actualidad y las urgencias que atendemos en un año no puedo menos que preguntarme qué ha sucedido para que una población relativamente pequeña haya aumentado su incidencia casi multiplicándose por cien en apenas 30 años.

Al volver la vista atrás suceden cosas muy interesantes: por ejemplo, en  mi infancia a los hospitales solo iban los pobres, los tuberculosos y las madres solteras pero ahora los hospitales se han convertido en una especie de catedrales donde todos pasamos buena parte de nuestra vida, estar enfermo es ya normal y es por eso que todos pasamos más tiempo en los hospitales que en cualquier otra institución del Estado, contando bibliotecas o templos, ir a hacerse un análisis, una radiografia, un TAC o recibir quimioterapia por un cáncer, mirarse la vista o acudir a una visita  de un especialista ha pasado a formar parte de nuestro ritual de vida. El Hospital es el templo de nuestro tiempo y todos los rituales de paso se ofician alli, desde el nacimiento hasta nuestra muerte.

El caso es que cuando pregunto qué es lo que ha podido suceder en el mundo para que una población relativamente pequeña -y me refiero ahora a la población psiquiátrica- se haya multiplicado de ese modo, los gestores de la cuestión suelen aducir ciertas variables, pongo por caso:

  • La población ha crecido.
  • Las drogas han envilecido las enfermedades mentales.
  • La gente presenta hoy más patologías psiquiátricas que antaño por aquello del progreso.
  • La laicización del mundo ha tenido costes del mismo modo que los cambios sociales. (Nótese la ambiguedad de esta variable).
  • El acceso a los servicios de salud se ha facilitado.
  • No es que haya más enfermedades mentales sino que las familias ya no sirven de soporte al malestar de sus miembros.
  • Ahora diagnosticamos mejor que antes y es por eso que detectamos casos con más facilidad. Y etc.

Ni que decir que todos estos criterios no pueden explicar -todos ellos juntos- el incremento de las enfermedades mentales asi como otros, la urbanicidad, la inmigración interior y exterior con la aculturación que conllevan y otros  similares que no llegan a convencerme para entender esa enorme multiplicación de casos psiquiátricos que soportamos hoy, cuando lo esperable de acuerdo con la sofisticación de los medios ambulatorios y los tratamientos precoces seria lo contrario.

¿Qué le ha sucedido al mundo, para que en apenas 30 años hayamos centuplicado la incidencia de enfermedades mentales?

Pues que tal y como dice el dicho popular «ni son todos los que están ni están todos los que son», dicho de otra forma no es enfermedad mental todo lo que se encuentra diagnosticado de enfermedad mental y tambien es cierto lo contrario: existe un número indeterminado de población psiquiátrica sin diagnosticar, pero atendiendo a mi argumento lo que me propongo es averiguar qué ha sucedido para que existan casos de diagnosticos psiquiatricos en ausencia de enfermedad.¿Es esto realmente asi de crudo?.

Cuando yo era médico de cabecera o generalista apenas veía casos psiquiátricos, sin embargo hoy es la norma, se supone que el 20% de todas las consultas ambulatorias huelen a salud mental y hacia allí son dirigidas. La epidemia se ha consumado y yo lo que creo es que ha sido por razones bien distintas a lo que la mayor parte de la gente , incluyendo especialistas, creen

Lo que yo creo es que en los ochenta comenzó en nuestro pais un proceso de diseminación de los malestares psíquicos, un proceso de banalización que ha tenido consecuencias epidemiológicas importantes en la situación actual. De repente la gente comprendió que deprimirse era una enfermedad, y que tenia prebendas, comprensión, asistencia y sobre todo una derivación, una externalización de la responsabilidad desde lo íntimo hacia lo publico. La gente comenzó a comprender que deprimirse era algo útil para lidiar con los problemas o adversidades de la cotidianeidad. La gente comprendió que deprimirse era una enfermedad lo que la liberaba de la responsabilidad de deprimirse.

Los casos de enfermedad mental y por tanto la sobrecarga de diagnósticos psiquiátricos procede de estas situaciones:

1.- La conceptualización de las enfermedades mentales.

Es seguro que la conceptualización que hagamos sobre los malestares psíquicos tendrá alguna influencia en la presentación del sufrimiento mental. Lo que ha sucedido en los ultimos años (desde la emergencia de los manuales diagnósticos y estadisticos) es la desorbitada multiplicación de las entidades morbosas del eje 1 , es decir de los estados o procesos. Ahora existen cantidad de nichos nosográficos donde colocar el malestar y cada dia alguien inventa uno nuevo que aun no se encuentra en las clasificaciones, pase lo que le pase en la vida es seguro que usted o su psiquiatra podrán filiar su contrariedad y asimilarla a algún diagnóstico.

El problema que tiene esta estrategia de nombrar y psiquiatrizar los sufrimientos es que aliena a las personas que los sufren. Pues alienación -en este sentido- significa que hay algo que procede de algun extraño lugar que toma el mando de nuestra voluntad y nos obliga a enfermar, sean genes, serotoninas, compulsiones o traumas. No cabe ninguna duda de que atribuir nuestros malestares a estas misteriosas entidades nos permite salir indemnes de nuestra responsabilidad a cambio de cederle el mando de nuestra subjetividad a alguna extraña instancia.

Y es asi que cuando nos depriminos lo que buscamos es una solución rápida y eficaz y por eso recurrimos a los antidepresivos o a los tranquilizantes cuando estamos angustiados. Nos permiten no pensar, pero al mismo tiempo nos sustraen la posibilidad de aprender algo sobre nuestros miedos, nuestras culpas o nuestro deseo. Taponar con fármacos cualquier eventualidad nos impide aprender de la experiencia y lo que es peor: favorece la convicción de que estamos a merced de los imponderables aumentando nuestra dependencia de ellos.

La banalización del sufrimiento arranca de dos exilios: el de la melancolia y el de la histeria, Concretamente desde que estas entidades ya no se diagnostican han aumentado los desórdenes depresivos y los trastornos psicosomáticos asi como las enfermedades inexplicables médicamente. Es la venganza de las entidades amputadas por los consensos de la ciencia. La una (la histeria porque pone en cuarentena el saber médico organicista), la otra -la melancolia- porque nos recuerda nuestro origen culpable, dual y sometido a los vaivenes de las pérdidas, los duelos y las reparaciones.

2.- La intolerancia a las contrariedades de la vida.

No cabe ningun duda de que vivimos en una sociedad que ha renegado del dolor, del aburrimiento, de la nostalgia, de la incapacidad, de la pereza o de la incompetencia. El resultado de este blanqueamiento del mal (como decía Baudrillard) es un aumento de los malestares vinculados a aquellas emociones. Si existe un ideal de delgadez lo que es de esperar es que existan contraestrategias basadas en contravalores (obesidades mórbidas), si existe un ideal de capacidad y competencia lo que es de esperar es que existan muchos irresponsables o incapaces, si existe un ideal de no sufrir o no sentir dolor lo que es de esperar es que existan muchas depresiones y muchos dolores sin causa médica que los justifique.

El sufrimiento inherente a la vida se ha vuelto intolerable para nuestros conciudadanos opulentos inmunodeprimidos por una sociedad paternalista y asistencial, los que se echaron en manos de la ciencia para adorarla como un totem con la esperanza religiosa de que cuidaria de ellos son los más perjudicados. Esta expectativa de felicidad inocente e irresponsable ha ajustado cuentas con nuestra especie mutiplicando las entidades responsables de generar sufrimiento, dolor e incapacidad.

Pues el hombre tal y como sostuvo Cioran está hecho para no hacer nada.

3.- Las ventajas de portar un diagnóstico psiquiatrico.

No siempre ser portador de un diagnóstico psiquiátrico estigmatiza a sus «victimas» sino tan sólo en aquellos enfermos más graves (enfermos verdaderos) que presentan graves sintomas conductuales que pueden ser detectados por los sanos y dotados de cierta incomprensibilidad. La estigmatización no se hace sobre la base de la especialidad médica de que se trate sino de la comprensibilidad de la experiencia subjetiva. Es obvio que ser portador de anticuerpos del SIDA es más estigmatizante que tener una depresión

Sobrellevar un diagnostico de depresión no es estigmatizante porque todo el mundo sabe o cree saber de que se trata: a raíz de algun problema quizá en el trabajo, familiar o vital las personas se vienen abajo y precisan de intervenciones médicas, los sintomas de la depresión por su vecindad con la experiencia normal de la tristeza son tan comunes y tan comprensibles que todo el mundo puede llegar a empatizar con el deprimido sea cual sea la situación que le llevó allí, lo mismo sucede con la ansiedad o con las manias obsesivas, con los trastornos psiquiátricos menores por asi decir. Una experiencia de comprensible continuidad con las adversidades de la vida.

Deprimirse en este contexto no sólo es algo bien visto por la sociedad en general y que no estigmatiza a los que aparecen como tales sino que muchas veces incluso estas personas pueden obtener apoyos para sus causas dependiendo de su habilidad para gestionar sus quejas. Se puede tener un enorme poder desde la minusvalia y desde la debilidad.

Es por eso que Hanna Arendt habló de la banalidad del sufrimiento , no porque el sufrimiento sea banal sino porque se han banalizado las circunstancias del sufrir y porque en definitiva ni es necesaria la patología para sufrir ni ser un malvado para ejercer el Mal.

De ahi su ligereza y la levedad de los sufrimientos del hombre actual, una operación de hiperrealidad, una simulación de los sufrimientos verdaderos que maximizan su ventaja: la de no saber.

Las trampas de Aladino

Hoy que es el último día del año y que todo el mundo nos felicita he pensado que debería escribir precisamente sobre esta cuestión de la felicidad y sobre los deseos que nos impulsan como expectativas para el próximo año.

La mayor parte de las personas que conozco movidos por una benévola intención suelen decirnos «Feliz año 2011», ¿pero qué es la felicidad? o mejor: ¿Puede desearse felicidad así en abstracto? ¿Qué es lo que hace que un deseo de esa naturaleza se constele y cuales son las dificultades para realizarlas como algo concreto?.

Es por eso que volví la vista hacia los chistes de Aladino, buscando respuestas a ésta pregunta ¿sabemos pedir?

Un ejemplo de los cientos de chistes sobre Aladino:

Esto eran 101 negros que van por el desierto, todos muertos de sed, sin nada que comer, ni nada que beber, y deciden hacer un agujero en la arena, para ver si había agua subterránea, pero con un poco de suerte encuentran una lámpara mágica, y uno de ellos decide frotarla, y sale Aladino, y dice:
-¿que desea amo? y empiezan todos a gritar y a pelearse, Aladino dice no os peleeis que os cumpliré un deseo a cada uno. entonces se ponen todos en fila, y el primero le dice -mi deseo es ser blanco. -y Aladino hace chassssssssss, y el negro es blanco. Pasan así, el siguiente, y el siguiente, y el ultimo de la fila, no hacia mas que reirse. y cuando ya habían pasado todos menos el último, le pregunta Aladino, y cual es tu deseo y el negro responde, mi deseo es que todos vuelvan a ser negros.

Dicho de otra manera: hay que andarse con mucho cuidado con lo que se pide y que no entre en contradicción con lo que piden los demás: es por eso que es difícil que nos toque la lotería tal y como conté en este post sobre la sincronicidad. Nuestro deseo no ha de entrar nunca en colisión con los deseos de los demás, esa es la primera condición para que un deseo se cumpla.

Otro ejemplo:

Había una vez Aladino. Lo echaron de la ciudad por ser ladrón. Iba por el desierto, y se estaba muriendo de sed. De repente encuentra una lampara negra en la arena. La limpia y sale un genio con un malvado parecer. Le dice: “Yo soy el Genio Malo de la lampara negra. Tienes tres deseos. Ten mucho cuidado con lo que deseas.”

Aladino responde: “Esta bien. Mira genio. Me echaron de la ciudad por ser ladrón. Mi primer deseo es que YA NO QUIERO VER MAS POBREZA EN EL MUNDO.”

Genio:”Estas seguro?”

Aladino:”Si”

Entonces el genio le saca los ojo con sus manos.

Aladino:”Ahhhhhhhhhhhhh!!! Hijo de puta! No puedo ver!!!!!Ahhhhhhh!!!!”

Genio:”Te dije que tuvieras cuidado.”

Aladino:”Esta bien. Aunque no pueda ver, por lo menos quiero ser famoso con las mujeres. DESEO QUE LA VERGA ME LLEGE HASTA EL SUELO.”

Genio:”Estas segurísimo?”

Aladino:”Si, pendejo.”

Entonces el genio se saca la espada y le corta las piernas.

Aladino:”Ahhhhhhhhhhh!!!!!!! Imbécil!!!! Ya no puedo ver ni caminar!!!!Ahhhhhhhh!!!!!”

Genio:”Te pregunte si estabas seguro.

Aladino:”Come mierda genio! No puedo ver, ni caminar! Pero por lo menos voy a ser rico! DESEO SER EL HOMBRE MAS RICO DEL MUNDO.”

Genio:”De veras estás seguro?”

Aladino:”Si idiota. Quiero ser rico.”

RIQUISIMO HOMBRE…..Entonces el genio lo agarra, le da vuelta, y lo empieza a devorar diciendo, “HAY QUE RICO…SI…….SOS RICO…….SI QUE ESTAS Rico…..”

Aquí mismo Cruz y Raya hacen una demostración de como hay que pedir las cosas cuando nos encontramos con el genio de la lámpara:

Significa que la siguiente condición para pedirle algo al Universo es hacerlo de forma muy concreta y no dando lugar a falsas interpretaciones por parte del genio. A Aladino no le gustan los dobles sentidos porque probablemente no comprende las metáforas, lo mejor es pedir algo bien concreto y hacerlo además en el lenguaje claro, directo y diáfano del inconsciente.

El inconsciente y Aladino se parecen mucho y casi estaría dispuesto a admitir que comparten el mismo idioma. En ese idioma hay que andarse con cuidado con los verbos y los dobles sentidos de las palabras.

Pues los verbos tienen tiempos y Aladino y el inconsciente son atemporales, es por eso que es una mala estrategia usar verbos, como por ejemplo «adelgazar». ¿Qué sucede cuando le pedimos a Aladino que queremos adelgazar?

Lo que sucede es que cada vez engordamos más pues para adelgazar es necesario estar gordo. Adelgazar es un tránsito que se recorre entre la obesidad (o el sobrepeso) hacia la delgadez, es por ello que Aladino nos concederá el deseo desde la gordura, pues ese es el unico lugar desde el que podemos llevar a cabo nuestro deseo de adelgazar. Y asi nos pasamos la vida cumpliendo nuestro deseo: una vida en continuo adelgazamiento.

Lo cierto es que no sabemos pedir, seguro que a usted le pondría ahora mismo en un aprieto si le preguntará acerca de un deseo.

Usualmente suelo hacer esta especie de encuesta entre mis conocidos, la mayor parte de la gente si se encontrara con Aladino no sabría qué pedir.

Y esto tiene algunas interpretaciones:

Es verdad que la mayor parte de la gente no sabría qué pedir porque la mayor parte de la gente no sabe lo que quiere, aunque otros no saben que su deseo está dividido entre dos bifurcaciones que contienen deseos contradictorios. Naturalmente un deseo dividido o ambivalente se debilita y no es capaz de constelarse en la realidad, son ese tipo de personas que parecen ser gafes o carecer de suerte.

Para tener suerte es necesario:

  • saber lo que se quiere.
  • saber invocarlo.
  • saber construir una frase verbalizando el deseo.
  • no utilizar mensajes ambiguos.
  • no explicitar el cómo sino solo el qué.

Es entonces cuando Aladino se manifestará y lo hará a través de la casualidad que es el territorio donde se manifiesta la conspiración del universo que trata de complacer un deseo bien formulado.

Se trata de pedir en positivo recordando que el inconsciente Aladino carece de contradicción y no computa los «noes», así sucede en nuestros sueños donde para negar algo es preciso afirmarlo. De esta manera comprenderemos el por qué cuando una mujer desea encontrar un «buen marido» solo encuentra hombres casados o bien que cuando queremos curarnos una enfermedad sólo empeoramos de la que ya poseemos u otra nueva. La clave no está en desear curarse, encontrar un marido o adelgazar, sino en convocar la salud, amar a alguien o ser flaco.

Estos son los deseos que en positivo atenderá Aladino.

Ahora bien hay que tener en cuenta otro factor y es el factor Hécate del que hablé en este post.

A toda acción se corresponde una reacción lo que significa que así como Aladino está dispuesto a complacer nuestros deseos (una vez que hayamos aprendido a formularlos adecuadamente) hay que contar con la bruja Hécate que nos va a imponer un peaje en nuestro deseo (de la que hablé en este post). Es por eso que a cada deseo formulado y cumplido por casualidad, le acompañará a su vez otra casualidad de efecto contrario, se trata de Hécate haciendo de las suyas, poniendo obstáculos y trazando planes para disuadirnos de nuestro destino.

Cuanto más intensa y entrelazada con la consecución de nuestros deseos sean esas reacciones de Hécate más cerca estaremos de conseguirlos de forma plena. Las reacciones intempestivas de Hécate son la prueba de que estamos en el buen camino.

En el camino del Mago.

Es necesario que en este momento renovemos nuestro espíritu en relación con el camino elegido y no nos vengamos abajo, eso es precisamente lo que procura la bruja poniendo en nuestro itinerario toda clase de pruebas para que desistamos.

Elige tu sendero y síguelo.

Las casualidades te guiarán.

Y ahora si,  felicito  a todos mis lectores las Navidades el próximo año 2020 y que cada uno de vosotros sea capaz de constelar en una palabra su deseo para este año. Es muy importante además cuando se pide algo pedirlo ya, pues Aladino es bastante despistado si se le da la oportunidad de procrastinar.

 

Estigma

La palabra estigma tiene múltiples acepciones pero en este post voy a referirme sobre todo al concepto sociólogico del estigma y que tal y como define la wiki es una condición, rasgo, atributo o comportamiento real o imaginario que hace que sus portadores sean de oficio incluidos en una categoria indeseable o a las que se los ve como socialmente inferiores, peligrosos, inmorales o inaceptables. El término fue acuñado en 1963 por el sociologo Erving Goffman cuyas ideas han tenido una enorme repercusión en la psiquiatria moderna, cabe recordar que fue Goffman precisamente el que llamó la atención en su libro de culto «Internados» sobre los efectos dañinos de las instituciones totales sobre los individuos y de cómo los cuarteles, asilos, internados, hospitales, orfanatos o manicomios ejercian una presión normativizante sobre los internos generando nuevas patologias sobreañadidas a las que presentaban los individuos antes de su internamiento en esos lugares y que de alguna forma propició en los años 70 el desmantelamiento de estos siniestros entornos y su sustitución -cuando fue posible- por estructuras comunitarias diseñadas a escala humana.

Goffman en su libro que subtitula como la «identidad deteriorada», plantea el caso de una muchacha que nació sin nariz y que pudo tolerar ese «defecto» precisamente hasta el momento en que su atractivo fisico se impuso como señuelo para continuar su proceso de socialización, decía:

Antes se burlaran de mí y no era tan terrible, pero ahora me gustaría tener amigos con quienes salir los sábados a la noche como las demás chicas, pero ningún muchacho me va a invitar, porque aunque bailo muy bien, tengo una linda figura y mi padre me compra lindos vestidos, nací sin nariz.
Me siento y me observo todo el día y lloro. Tengo un gran agujero en medio de la cara que asusta a la gente y también a mí; por eso no puedo culpar a los muchachos de que no quieran invitarme a salir con ellos. Mi madre me quiere pero se pone a llorar desconsoladamente cuando me mira. ¿Qué hice yo para merecer esta terrible desgracia? Aunque hubiera hecho algo malo, nada malo hice antes de cumplir un año, y sin embargo nací así. Le pregunté a mí papá me dijo que no sabía; pero tal vez algo hice en el otro mundo antes de nacer, o quizá me castigaron por sus pecados. Eso no lo puedo creer porque él es un hombre muy bueno. ¿Debo suicidarme?»

En el texto anterior podemos observar como la estigmatización de alguien no siempre es un problema de mala fe, ¿qué sucede con la sexualidad de los discapacitados, de los deformes o de los simplemente feos de remate? No debemos ser demasiado optimistas ni optar por las buenas intenciones que nos lleven a concluir preciptadamente que somos injustos con nuestro projimo y aunque es cierto que muchos de los efectos del estigma distan mucho de haber sido extinguidos del catálogo de respuestas emocionales -usualmente de exclusión- a lo diferente., a lo insólito, a lo extravagante o a las rarezas, la verdad del asunto es que el estigma es algo mucho más complejo que pueda ser resuelto con información, educación o empatia pues en ocasiones apela a algo -la repugnancia en el caso de la chica sin nariz-  tan arcaico como el miedo o la aprensión.

En este post hablaré de la estigmatización y también de la autoestigmatización que parece acompañar al desarrollo de la conciencia humana como un peaje autoimpuesto cuando alguien no cree cumplir los objetivos que comparten las mayorias. Hablaré de las nuevas conductas de estigmatización y de la persistencia de las antiguas y daré mi opinión sobre la dificultad para construir un mundo sin estigma, algo tan complicado como construir un mundo al servicio de la razón o la justicia.

Y es tan complicado porque venimos equipados de serie para detectar amenazas y esas amenazas siempre proceden de los intrusos y los desconocidos: de aquellos que no comparten con nosotros, el color de la piel, la orientación sexual, el tamaño o forma de su cuerpo o el raciocinio consensuado por las mayorias.

Dicho de otra manera el estigma no siempre recae sobre el raro, sobre el loco o sobre el distinto, sino que muchas veces tambien puede recaer por su rareza con el genio o simplemente con aquel que no sigue al abanderado o al que vive contracorriente, hay algo en el estigma que se opone pues al proceso de normativización y a la uniformidad.

Lo que caracteriza además la estigmatización es que aquellos que estigmatizan una determinada conducta- aquella que escapa a los consensos mayoritarios- es que suele atribuirse a un defecto moral, es decir los que estigmatizan algo lo hacen porque están persuadidos de que el individuo es culpable (por algun déficit moral sin definir) en su proceso de estigmatización. Asi los obesos -fuertemente estigmatizados hoy en el mundo escolar-, son acusados de poseer poca capacidad de control o no participar de los juegos violentos, he oido decir a muchas personas que los gordos ocupan mucho espacio y que por esta razón les endosan caracteristicas de egoismo «espacial» y que carecen de recursos morales para hacer frente a su glotoneria. Los que estigmatizan la homosexualidad lo hacen porque atribuyen un vicio -un exceso lujurioso- en la raíz de las relaciones homosexuales, los que estigmatizan el consumo de drogas lo hacen persuadidos de que existen razones de holgazaneria y de escasa fiabilidad en los consumidores, lo que estigmatizan a los ex-presidiarios lo hacen porque creen que estas personas no serán nunca de fiar y los que estigmatizan por el color de la piel lo hacen asociando la raza a caracteristicas míticas sobre la misma.

Con los locos lo que suele suceder es que se identifica locura con peligrosidad cosa que es totalmente incierta desde el punto de vista estadístico (como inciertos son el resto de ejemplos anteriormente enunciados). El numero de delitos cometidos por los enfermos mentales es -como todo el mundo deberia saber hoy- significativamente inferior en comparación con la población general. Los cuerdos suelen más mucho mas antisociales que los locos al menos en su tendencia al crimen.

El estigma o la estigmatización se refiere a conductas en cortocircuito (automatizadas) que tienden a establecer separaciones y puenteos de exclusión entre unos y otros basadas en apreciaciones inciertas sobre las intenciones o las razones de los otros, sus efectos son bien conocidos politicamente hablando: los enfermos mentales disponen de menos recursos que el resto de beneficiarios de la seguridad social, los homosexuales son discriminados en el trabajo y en los entornos normalizados, los niños gordos son desplazados de su proceso natural de socialización y condenados al ostracismo o al fracaso escolar, los inmigrantes son empujados a vivir en guettos donde la integración real brilla por su ausencia.

Sin embargo hariamos mal en dividir el mundo entre malos (estigmatizadores) y victimas buenas (estigmatizados). Un discurso asi nos llevaria  fracturar el tejido social llenando de culpabilidad y mala conciencia a los ciudadanos normales que ni estigmatizan ni son victimas de la autoestigmatización, algo asi sucede con ese constructo teórico que denominamos «lo politicamente correcto», es decir mensajes acerca de lo que deberiamos pensar o decir en público y que usualmente entran en contradicción con lo que sostenemos en privado.

Y haríamos mal por dos razones:

1.- Porque la estigmatización es una estrategia biológica que evolucionó desde entornos arcaicos donde muy probablemente «lo diferente» y lo amenazante eran sinónimos. Se trata de una prestación analógica (irracional), gruesa y poco sutil pero muy util para la supervivencia, es decir, se trata de una adaptación para detectar amenazas y para ejercer presión sobre las conductas ajenas disidentes. Dicho de otra forma la estigmatización evolucionó como una forma de introducir presión sobre las amenazas y no solo para evitarlas.

2.- Porque el estigma está muchas veces autoimpuesto por el estigmatizado que encuentra en el propio estigma una identidad para medrar socialmente.

Sucede efectivamente que las personas no sólo se sienten excluidas por razones reales como la muchacha que nació sin nariz sino que muchas veces y en entornos opulentos podemos observar como sucede en ciertas patologias, que las personas construyen sus propios signos de autoestigmatización, algo que podemos ver perfectamente en la anorexia o en la dismorfofobia, donde se exageran pequeños defectos (que son vividos como un estigma moral) y se construyen otros defectos (la extrema delgadez) que son en sí mismos una señal inequívoca de mala salud. En la dismorfofobia por ejemplo lo que sucede es que se exagera aun pequeño defecto fisico y se convierte en una lacra que legitima al autoestigmatizado para una conducta de huida social.

De manera que no estoy de acuerdo con los que piensan que la psiquiatria estigmatiza por sí misma sino que creo que lo que sucede es todo lo contrario: son los enfermos mentales no tratados o abandonados a su suerte los que se encargan de diseminar entre la población el estigma que acaba operando como unaa predicción paradójica, como una profecia autocumplidora.Dar de alta prematuramente a un paciente psicótico es obligarlo a pregonar  a los cuatro vientos su sintomatología lo que disminuye su reputación y se convierte en un atractor para el estigma de todos los que se relacionen con él.

Pues el estigma no es una construcción social sino un hecho biológico que se encuentra en todos y cada uno de nosotros en estado larvario hasta que se manifiesta.

Y se manfiesta contra el disidente y un enfermo mental es un disidente social al menos en su aspecto más visible.

Los que quieran conocer mejor esta teoría que identifica estigma con psiquiatria pueden ver este video del conocido psiquiatra radical Dr Sasz aunque se trata de uno de esos videos conspiranoicos que tratan de ver atropellos clinicos alli donde no hay sino ejercicio de la ciencia en las enfermedades de la mente con todos los errores que se hayan podido cometer históricamente.

Naturalmente lo que convierte a un niño en un paciente mental no es haber pasado por la consulta de un psiquiatra o haber sido diagnosticado de una enfermedad mental, lo que estigmatiza a un individuo cualquiera es la enfermedad mental en sí misma no su diagnóstico.

Es por esa razón que muchas personas cuando deciden consultar a un psiquiatra buscan preferentemente al profesional lejos de su domicilio como tratando de evitar que nadie conozca tal visita. Con esta autoestigmatización, cercenan sin saberlo una de las fuentes mas poderosas de ayuda psiquiátrica: el psiquiatra, los servicios de salud o los dispositivos sanitarios relacionados con la salud mental deben estar en algun lugar próximo y accesible para el usuario puesto que estamos hablando de enfermedades que presumiblemente serán crónicas y con tratamientos de por vida. Es mala estrategia buscar ayuda en un lugar dificil y buscar solo una ayuda profesional y no tanto un equipo profesional.

Pero además hay otra complicación, me refiero a la autoestigmatización. ¿Por qué la gente se autoestigmatiza? ¿Es que no tenemos bastante con el estigma que los demás hacen recaer en nosotros?

En este momento me gustaria que el lector hiciera un receso y leyera este post donde hablé precisamente de cómo se forja la identidad: en un constante forcejeo entre el apego y la autonomia, una continua tensión entre lo que deseamos y lo que nos devuelve nuestro entorno. No es de extrañar que para un niño «querer ser como Superman» sea un equivalente a «ser Superman». Hace falta una prueba de la realidad muy fuerte para terminar cayendo en la cuenta de que el deseo y la realidad son dos cosas bien distintas y que ninguna de ellas es la verdad. Ese continuo forcejeo entre el deseo y la realidad tiene costes para los individuos y aunque la mayor parte de la gente se regulan al alza, es decir tienen una mejor opinión de ellos mismos de lo que son en realidad, existen personas que se regulan a la baja (y decimos de ellas que tienen una baja autoestima) y lo hacen como resultado de una confrontación histórica del si-mismo con el mundo y que nada tiene que ver con la realidad de su valor, se trata de una evaluación a la baja tan resistente a la extinción como cualquier otra creencia.

Y lo es porque en realidad regularse a la baja (es decir pensar que se tiene menos valor del que realmente se tiene) tambien tiene sus ventajas y sobre todo nos capacita para eludir riesgos que podrian resultar más insoportables que convivir con una baja autoestima. ¿Para qué necesita un esquizoide una alta autoestima?

Recordaré en este momento que una personalidad esquizoide (no es necesario que cumpla todos los criterios de personalidad esquizoide) es aquella que no encuentra placer en los contactos sociales y en lo personal se conforma con tener uno o dos amigos todo lo más, disfrutan de la soledad y se sienten constantemente invadidos por los demás en sus escasas interacciones.

Una persona así extrae desde su nacimiento más beneficios de que le dejen solo que de la compañia que siempre se vive como un engorro por lo tanto no es posible que haya desarrollado una gran autoestima, pues la autoestima se forja a través de las victorias con los iguales y de obtener la posibilidad de medrar en sociedad comparándonos constantemente con los logros de los otros.

Algo asi sucede con los obesos, seguramente las personas con menor autoestima de la patologia médica, sucede que estas personas han tenido que confrontarse en el colegio siendo objeto de humillaciones, burlas, insultos y exclusiones, pero lo peor de todo es que aunque lo intentaran no han conseguido adelgazar perdiendo un tiempo vital para su socialización. A veces puede que hayan conseguido su objetivo de adelgazar perso siempre con un sobrecoste em esfuerzo, disciplina y pasar mucha hambre. Cuando estas personas llegan a nosotros ya padecen además complicaciones psicologicas, como discontrol en las ingestas (atracones) o una depresión que procede de la vergüenza y la culpabilidad de no haber podido llevar a cabo sus planes de adelgazar. Es un derrotado que cree que su problema de obesidad es un defecto moral, se ha autoestigmatizado.

En ciertos periodos criticos del crecimiento la obesidad es un enorme obstáculo para el progreso social del niño y muy frecuentemente termina con aislamiento y el ostracismo lo que empeora su pronóstico mental a largo plazo. Pronto me gustaria dedicar un post a este problema, pero apuntaré en este momento que en mi experiencia con muchos niños y adolescentes obesos, sometidos a abusos, desprecios y exclusiones estigmatizantes en la escuela la variable critica no es detener esta escalada de interacciones desvalorizantes -que en cierto modo ya cesaron- sino lograr que del niño emerja la suficiente autoestima (amor propio) para oponerse a ella con dieta o sin dieta, con o sin asistencia psicológica.

Los niños obesos con problemas psicológicos que suelo tratar mejoran cuando adelgazan, es decir cuando se integran en sus entornos escolares como uno más, es mala estrategia separarlo o protegerlo identificándolo como un caso especial lo que no haria más que sobreestigmatizarlo y enseñarle a eludir sus responsabilidades.

Curiosamente vivimos en un mundo donde se producen precisamente estos fenómenos que fortalecen los beneficios secundarios derivados de una conducta cualquiera (en este caso alimentaria) cuando son identificados por el entorno como víctimas. La lucha bienintencionada contra el estigma es paradójicamente estigmatizante.

Hay que recordar ahora que la exclusión es un mecanismo biológico que tiende a separar a los diferentes, no se puede combatir ni con ideas ni con recomendaciones sanitarias, menos aun apelando a ideales. Hay que obligar a los niños -cuando aun se esté a tiempo- a evitar la autoestigmatizacion y la autocomplacencia lastimera.

Y las buenas noticias: la conciencia humana evoluciona más rapidamente que su cerebro y es muy probable que con el tiempo surjan nuevas motivaciones para dejar de excluir a los diferentes.

Y si eso sucede la autoestigmatizacion sufrirá tambien un revés paralelo.

El buen salvaje

Hobbes tenia razón, Rousseau se equivocó

Steven Pinker

Recientemente me hicieron una entrevista para un reportaje sobre periodismo cientifico y la periodista me hizo una de esas preguntas que ponen a prueba nuestra concepción de la existencia y la naturaleza humanas. Me dijo, casi al terminar la interviú:

– ¿El hombre es malo o bueno por naturaleza?.

Me cogió por sorpresa y traté de explicarle a la entrevistadora que en realidad «bueno» y «malo» son conceptos muy poco biológicos, sino más bien conceptos morales. Pero pactando esa extravagancia del lenguaje y en el contexto de lo que estábamos hablando concluí diciéndole que la maldad o bondad de los actos de las personas son calificativos morales que no tienen nada que ver con las ventajas de ciertas conductas para la supervivencia o comodidad de quien los practica. Lo malo es malo para la victima de la maldad pero no para el que obtiene de su maldad ciertas ventajas. El Sapiens es un simio egoista y agresivo pero tambien es capaz de ser altruista y bondadoso.

¿Como pueden compatibilizarse ambas tendencias?

Pues a través de la teoria de los juegos, imagínese usted a una persona muy egoísta que siempre y en todas las ocasiones fuera egoísta tal y como conté en este post sobre el «grooming» o despiojado mutuo. Lo que le pasaria a una persona asi es que una vez detectado por sus congéneres seria condenado al ostracismo y ya no podria explotar a nadie de manera que sus genes se extinguirían. En el caso contrario, si imaginamos a una persona muy altruista seria constantemente blanco de abusos y ejerceria además un «efecto llamada» sobre los abusones de modo que sus dias tambien estarian contados.

Dicho de otro modo el egoísmo o el altruismo extremos serian conductas poco adaptativas que serian detectadas por nuestro prójimo con celeridad y ya no representarian entonces ninguna ventaja evolutiva: tanto los genes egoistas como los genes altruistas se extinguirían. Por otra parte está bien establecido que el atruismo en nuestra especie tiene que ver con el parentesco. Significa que somos altruistas con aquellos de nuestros familiares que portan nuestros genes pero no tanto con los extraños.

De manera que ya sabemos dos cosas, somos egoistas y somos además de egoistas bastante chauvinistas en nuestras predilecciones.

Trataba de hacerle llegar a la periodista la idea de que altruismo y egoismo son estrategias conductuales muy bien implantadas entre nuestra especie y que de su equilibrio depende eso que llamamos vida social que no es sino un consenso destinado a establecer reglas para la convivencia entre congéneres y que cada vez han ido sofisticándose más y más sobre todo a partir de la Ilustración cuando se constituyeron gracias a Hobbes y Rousseau las dos teorias más importantes sobre nuestra naturaleza, ambas opuestas entre sí.

El buen salvaje es la suposición rousseauniana de que el hombre es bueno por naturaleza y que es precisamente la sociedad quien lo pervierte.

Todos crecimos con esta idea: la escuela o los sistemas educativos era la mejor forma de transformar seres humanos en zombies, hasta Pink Floyd lo creyó asi cuando escribieron esta mitica canción de la pelicula  «El muro». Ladrillos eramos pues los individuos, ladrillos de un muro destinado a separanos los unos a los otros y de nuestra idílica naturaleza que emergería espontáneamente situando a los sujetos en escenarios tipo Icaria o los diseños socialistas de carácter utópico que emergieron en el siglo XIX como los que propiciaron Saint Simon o Charles Fourier.

Naturalmente esta idea sobre la naturaleza humana es falsa, tan falsa como la de la Tabla rasa de la que hablé en este post y sin embargo ambas son teorias que han tenido un extraordinario éxito entre politicos, educadores,  psicólogos y público en general al menos durante el siglo XX, aun hoy hay que constatar que todos nuestro sistema educativo se sustenta en la idea de que los sujetos vienen al mundo con una pizarra sin escribir (tabla rasa) y que cuanto menos intervengamos en sus instintos tanto mejor (El buen salvaje) a fin de no «reprimirlos» o «discriminarlos» demasiado.

Lo que es verdad es justamente lo contrario: que es la sociedad la que atempera el egoísmo humano y lo modula hasta lo que entendemos como convivencia dejando de lado a aquellos que no son de ninguna manera resinsertables para convivir en sociedad, psicópatas, asesinos en serie y etc.

Para mi el sistema educativo de los paises opulentos de Europa adolece de un fallo de perspectiva garrafal al no atender los hallazgos de la moderna neurociencia y aplicarlo practicamente en las aulas. Dicho esto, me gustaria decir tambien que la educación gratuita y obligatoria es un éxito de las sociedades democraticas siempre y cuando se partiera de la base -la predicción- de que no va a ser aprovechada por todos de manera similar y de que muchos niños son disfuncionales en su convivencia con otros niños a los que retrasan en sus progresos.

El mayor problema con el que se encuentran los enseñantes es que la creencia del Buen salvaje ha  erosionado gravemente el principio de autoridad y es bastante complicado mantener en las aulas el necesario recato para que puedan llevar a cabo su función siempre cuestionada no sólo por los niños sino tambien por sus padres. Los enseñantes no están entrenados tampoco para manejar situaciones de violencia en el aula que son probablemente las situaciones más frecuentes, asi como un sinnúmero de contradicciones sociales que se dan cita en los colegios como es lógico, pero con las que tienen que lidiar a diario y sobre las que voy a referirme ahora atendiendo especialmente al tema de la violencia escolar.

Si los niños no se matan entre si ya en el parvulario es porque carecen de la suficiente fuerza muscular y las suficientes herramientas cognitivas para planearlo o llevarlo a cabo. A conclusiones similares llegaron ciertos investigadores citados por Adolf Tobeña en este video donde habla de las relaciones existentes entre castigo y socialización en clave neurocientifica y que creo que cualquier enseñante deberia visionar.

Nombra Tobeña algunas experiencias grabadas en las guarderias donde los investigadores contabilizaron una a una las agresiones que llevaban a cabo los niños, se encontraron con que:

  • un grupo de niños pegaban, empujaban o mordían a sus congéneres casi cada dia.
  • otro grupo solo lo hacian cuando existia -por asi decir- un conflicto de intereses, de vez en cuando.
  • mientras que habia otro grupo que no lo hacia nunca o casi nunca.

Naturalmente este ultimo grupo -la buena gente por asi decir- eran victimas de los dos grupos anteriores y corrian con todo el gasto de la violencia que ejercían contra ellos los otros dos grupos. Y no recuerdo bien si se contabilizó en este estudio las agresiones de chicos a chicas que sufren extorsiones o abusos continuas en los lavabos que se llevan a cabo usualmente entre sexos.

Dicho de otra manera: algunos niños utilizan la violencia sistemáticamente para salirse con la suya, otros lo hacen de vez en cuando y otros (victimas propiciatorias del sistema) no lo hacen nunca y se llevan todos los golpes.

Existen al menos tres grandes grupos de dispositivos para modular la agresión innata de las personas, son estas tres:

  • El toma y daca: la agresión no sale casi nunca gratis porque el contrincante no se dejará avasallar y practicará aquello del «donde las dan las toman» de modo que los niños agresivos aprenden a modular su agresión en función de sus costos.
  • La empatía es el más potente dispositivo intrapsíquico inhibidor de la agresión, sin embargo existen muchas personas incapaces de desarrollar empatía como los psicópatas que parece que obedecen a averias en la corteza cerebral cingulada anterior, una estructura neurobiológica destinada a construir hipótesis sobre las intenciones de nuestros congéneres, (desarrollar una teoria  de la mente) e inhibir la impulsividad.
  • La supervisión, pedagogia y control. El sólo hecho de sentirse observado es un potente inhibidor de la agresividad, en este articulo los autores proponen que las creencias sobrenaturales surgieron precisamente de la necesidad de promover actitudes sociales entre los individuos.

Y cuando todo falla el más potente disuasorio para la inhibición de la agresión es el castigo. Y cuando falla la disuasión la pena.

Lo más interesante del castigo al que muchos de nuestros educadores renuncian de antemano en la creencia de que sirve para poco como metodo educativo. Lo cierto es que el castigo es inoperante en cierta clase de individuos ineducables pero curiosamente el castigo, la amenaza o expectativa creible de castigo hace crecer el grupo de cooperantes frente al desorden o el caos que hacen crecer precisamente a los insurrectos. Hobbes tenia razón cuando especuló que la mejor forma de someter el egoismo y la violencia individuales era el Estado, el gran Leviatán.

Me gustaria ahora hablar de una forma bastante común de violencia y discriminación, probablemente la mas frecuente en enotrnos escolares y que se dirige a los niños gordos o en sobrepeso y que suelen ser victimas de discriminacion, violencia verbal y fisica y aislamiento o estigmatización.

Quiero decir ahora que no sólo hay que luchar contra la violencia, la discriminación o el ostracismo sino que además los profesores tienen que luchar contra la autoestigmatización.

Sucede que ciertos niños son victimas constantes y repetidos de acoso  escolar o violencia y los padres se plantean con excesiva superficialidad el cambio de colegio o emprenden «cruzadas» para reparar el daño o las injusticias que sus hijos han tenido que sufrir.Los profesores por su parte se dividen entre simpatizantes de unos y otros y exceptuando los casos más graves los niños agresores salen impunes encontrándose con la paradoja de que un niño expulsado  de este colegio ha de ser escolarizado en otro, pues la escolarizacion es un derecho que está por encima de la disciplina. Naturalmente las autoridades educativas son prisioneras de esta contradicción y los niños disociales acaban sembrando el caos y de victimas todas las aulas que visitan.

Siendo esto cierto aunque seguramente se trata de casos de bullyling graves, los colegios están llenos de victimas menores de acosadores menos sistemáticos. Los niños en sobrepeso son los que suelen atraer la mayor parte de las agresiones al ser detectados como «débiles» y no participar en juegos violentos o competitivos. Estos niños aprenden muy pronto algo que en el futuro operará en contra suya: aprenden a colgar cualquier fracaso en la percha de su sobrepeso -que pasa de este modo a ser un beneficio- y obtienen de este modo ciertas prebendas y ventajas escolares, obteniendo simpatias entre algunos de sus profesores que tienden a sobreprotegerlos. Asi es posible encontrarse con niños en sobrepeso muy bien dotados intelectualmente que fracasan repetidamente y que se hacen holgazanes, manipuladores y que se niegan a seguir dietas o participar en deportes.

Lo cual indica que nosotros los sapiens somos muy hábiles a la hora de revertir ciertos escenarios que nos perjudican y que una «victima» puede ser un tirano con sus padres o educadores al tiempo que resulta una pieza fácil de atraer burlas de sus iguales.

Por eso concluyo en este caso que:

El mejor programa de socialización para un niño gordo es hacerle bajar de peso.

Pues cada cual tiende a encontrar una manera de salirse con la suya, unos a empujones y otros a través de la debilidad, la impotencia y si es necesario a través de la enfermedad.

Nota liminar.-

Este post es una continuación de este otro donde expuse mi forma de ver esta contradicción biológica donde los genes egoistas y los genes altruistas comparten ubicación en nuestro genoma y generan comportamientos opuestos segun la situación y dependiendo tambien de eso que hemos llamado nepotismo (la preferencia por los nuestros sobre los desconocidos) y que presenta una molesta contradicción con nuestros ideales democráticos..

La necesidad de alarmarse

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Las noticias insisten sobre el tema que arrastraremos una buena temporada: me refiero a la gripe porcina. Insisten en una cuestión : la población no debe alarmarse, hasta Obama insiste. Pero la OMS parece que desmiente a todo el mundo anunciando una pandemia mundial y corriendo la alarma de acá para allá.

De manera que he estado pensando sobre eso de las alarmas y la mejor manera de saber algo sobre alarmas es preguntarle a alguien que la tenga instalada en su chalet. Como tengo algunos amigos que viven en esos hogares a medio camino entre ninguna parte y su lugar de trabajo y aprovechando el Madrid-Barça del otro dia hice una pequeña encuesta a pie de barra sobre los que tienen alarma en sus domicilios.

Todos estan de acuerdo en algo: es mejor que te atraquen que te salte constantemente una alarma sin motivo. Hay casos de gatos merodeadores, cipreses oscilantes o ventiscas inesperadas que han hecho saltar injustificadamente las alarmas e incluso me contaron el siguiente caso que merece estar en este post:

Uno de mis contertulios, el que tiene el chalet mas grande, cansado de que le entraran a robar en su casa decidió instalarse uno de esos sistemas antipánico que dejan encerrados a las partes más sensibles de la casa, su mujer y sus hijas que pasan mucho tiempo solas a causa de sus continuos viajes por ese mundo porcino.

El caso es que un dia se disparó la alarma no saben si con motivo o sin él y la muchachada se quedó encerrada allí hasta que fueron a rescatarlas, porque las puertas se negaban a ser abiertas cuando ya el pánico habia descendido. Enseguida se pusieron en contacto con unos técnicos venido de allende los mares para verificar el carisimo y vulnerable sistema antipánico: todo era correcto pero les dijeron que la sensibilidad de la alarma podia graduarse y que los dueños de la misma podian decidir qué grado de alarmismo podia desplegar el citado artificio. Fue asi que se rebajó por decisión democrática de toda la familia vistas las dificultades que tenia salir del dormitorio por la mañana y resultó en que la graduación no reveló su verdadera intención que quedó patente unos dias después en que unos desaprensivos volvieron a entrar a robar, esta vez un coche de alta cilindrada. La muchachada ni se inmutó lo que significa que no se dieron por aludidas y la alarma tampoco.

Puestas asi las cosas decidieron prescindir de la alarma en función de la dificultad de graduar sus ardores alarmistas y desde entonces que ya no han vuelto a tener ningun percance. G. a D.

Moraleja: Algunos remedios son peor que la propia enfermedad.

Y fue entonces -desde esta atalaya de pensamientos- que marcó Pujol un gol de cabeza y ya me relajé lo suficiente como para poder hilvanar este post inspirado en aquello que hace que las personas se alarmen sin motivo, me refiero a lo que los neurocientificos llaman alarmas neurobiológicas, que no son otras sino el dolor, la rinorrea, la taquicardia, las ganas de orinar, el vómito, la diarrea o el hambre, por nombrar sólo algunas de ellas.

Al parecer tenemos un cerebro que es muy vulnerable a los errores de identificación del daño, del mismo modo se equivoca al discriminar lo venenoso de lo comestible o a la hora de informar sobre el hambre que tenemos. Y es porque nosotros tenemos tambien una central de alarmas en nuestro cerebro, una especie de detector de humos que conocemos con el nombre de amigdala, un circuito especializado en chequear la realidad externa e interna y hacer saltar las alarmas que pongan en riesgo nuestra integridad. El asunto es que la amigdala de nuestros coetáneos es bastante sensible y detecta amenazas en cosas tan banales, como beberse un rioja, comerse un trozo de chocolate, fornicar o tomar un poco el sol. Por poner un ejemplo estas son las cosas que disparan el conocido dolor de cabeza, nuestra amígdala parece reaccionar ante estimulos de esa naturaleza y mandar por correo rio abajo (down by to the river) la orden de necrosis, como si hubiera detectado que nuestro cráneo va a ser aplastado, quemado o zarandeado como un derviche. La orden que viaja hacia abajo despierta ciertos receptores para el dolor y nos duelen las meninges, es por eso que reaccionamos con un dolor de cabeza no tanto porque hayamos sido victimas de una agresión real sino por culpa de nuestra amigdala que es tan sensible como la alarma de mis amigos los ricachones y saltó por error propiciando una reaccion de defensa del organismo que trata de proteger su parte mas noble: el cerebro.

Algo parecido pasa con la diarrea de los que padecen colon irritable, que se «cagan encima» de miedo no solamente cuando van a ser sometidos a una evaluación o un examen sino un poco por vicio, ante situaciones tan banales de la vida como el calor, el frio, el tabaco, las aglomeraciones en el metro, el entrar al bar en busca de un cortado con leche fria, en fin tareas arriesgadas como el lector habrá podido comprobar. Y es por la misma razón: la amigdala es demasiado sensible y da la orden de quitarse afuera los lastres pesados por si el individuo tiene que dedicarse a correr, no hay nada peor que huir de un depredador con los restos humeantes aun de un festín anterior, es por ello que la evolución programó la defecación emparejándola (condicionándola) con el miedo y con la reacción de lucha o huida, o sea que la evolución hizo bien su trabajo si bien dejó un amplio margen de maniobra al Sapiens para que aprendiera.

Y lo mismo con la micción, el moco, el hambre exagerada o el vómito: se trata de errores de reconocimiento.

¿Pero qué pasa con nuestra amigdala cerebral? ¿por qué se comporta de forma tan torpe?

Para contestar esta pregunta es necesario entender que nuestras alarmas ancestrales evolucionaron en un ambiente muy distinto al que vivimos hoy, al menos en entornos opulentos y seguros como los que disfrutamos ¿disfrutamos? en Europa. Por muy inseguros, criticables o sospechosos que nos parezcan es obvio que vivimos en un entorno casi perfecto en tanto en cuanto a nuestras necesidades de preservación, me refiero a bienes alimentarios y seguridad frente a las amenazas de la naturaleza.

Y pongo el verbo disfrutar entre comillas porque no estoy seguro de que los entornos de seguridad sean beneficiosos para nuestra especie habituada al nomadismo, a la dispersión y escasez de bienes alimentarios, a  vivir en un constante acecho de las fieras o a adaptarse a climas bien diversos y casi siempre inhóspitos.

Y pondré un ejemplo para ilustrar mi argumento ¿cómo es posible que en un entorno de opulencia alimentaria como el nuestro existan bolsas de inanición electivas como sucede en la anorexia mental? Lo lógico es pensar que la obesidad del hombre postmoderno es una consecuencia de esa abundancia de bienes pero ¿cómo explicar el gusto por someterse a ayunos elegidos voluntariamente para adelgazar?

La pulsión a la delgadez por razones estéticas no lo explica todo, tiene que haber algo más.

Y la explicación es ésta: los humanos cuando no tenemos motivos por los que alarmarnos construimos una alarma artificial.

Nuestra amigdala cerebral lleva muy mal estar en paro.

¿Con qué objetivo construimos (inventamos) esas alarmas?

Para disminuir la disonancia entre nuesta percepción de un mundo externo seguro y opulento y un mundo interno vacio y desolado.

Dicho de otra manera: llevamos muy mal la distancia entre lo que percibimos ahi afuera y lo que percibimos aqui dentro y como siempre estamos cabreados, enfadados o enfurruñados tendemos a disminuir la distancia entre el afuera y el adentro. Es por eso que percibimos amenazas que no existen y ponemos nuestro organismo en guardia frente a estimulos intrascendentes, aunque este proceso no es voluntario sino un condicionamiento clásico que sucede bien lejos de nuestra conciencia.

O dicho de otro modo, la comodidad de nuestras vidas contrasta con la vacuidad de las mismas.

Algo asi pasa con la anorexia mental que es peor que el remedio que trata de evitar: la obesidad, ahora bien ¿cómo se relacionan la opulencia alimentaria y la inanición?, ¿a través de qué mecanismos?

Hasta ahora pensaba que la opulencia era un entorno que contenia a la anorexia porque no podia darse en otro lugar, pero esta es una respuesta tautológica. Es la propia opulencia la que genera la anorexia, es decir la inanición puesto que tal y como decia David Peat:

La naturaleza conspira para introducir fluctuaciones en cada suceso individual


Significa que es la propia naturaleza de la opulencia, cuyo opuesto es la privación lo que fluctúa, lo que debe oscilar en el orden natural y es precisamente por esta razón que el organismo humano introduce una variable de perturbación que lleva al sistema hacia el otro lado como un péndulo, es como si hubiera algo en la naturaleza humana que no se conformara con quedarse quietecita en un punto de equilibrio y como si los humanos al quedarse frente a frente con la seguridad o la opulencia que disfrutamos precisáramos de inventar alguna disonancia, alguna amenaza que disminuyera ese umbral de seguridad insoportable precisamente porque es generador de algo que el individuo concreto tiene que lidiar en su interior, algo que inevitablemente le lleva a perder control sobre su ambiente.

Lo que importa para los humanos no es tanto la seguridad sino la relevancia de contexto: que las cosas tengan sentido, vibren con nuesta subjetividad.

Sucede porque el cerebro no es algo que se limita a representarse la realidad sino que enactúa con ella (en este post hay un resumen de la enacción segun Varela y de cómo la visión de las abejas coevolucionó con el color de las flores). La realidad y la percepción de la realidad son hechos que coemergen, simultáneos. Si percibimos amenazas en nuestro entorno no es por otra cosa sino porque hemos teñido de amenazantes sucesos banales que interpretamos con un gusto exquisito en clave de peligro. Hay un gusto muy humano en elaborar historias de terror inverosimiles que tienden a hacer el mundo más amenazante de lo que es.

Es por eso que en un mundo como el nuestro con la mejor sanidad pública de toda la historia, vigilancia epidemiológica, un sistema sanitario universal y gratuito (me refiero a Europa) tememos a los alimentos, sospechamos de los microondas, pensamos que nos envenenan con pesticidas o nos dan gato por liebre en el supermercado. O que el virus porcino fue diseñado en un laboratorio con el fin de terminar con media humanidad.

Se nos encienden las alarmas y cuando se encienden las alarmas porque existen amenazas concretas las amenazas simuladas se callan. La enfermedad grande se come a la pequeña y se nos va el dolor de cabeza, las sociedades se cohesionan con las calamidades y todos se sienten tripulantes de un mismo barco.

El caso es que los gobernantes tambien lo saben y conocen muy bien este fenómeno. Es por eso que a veces inventan alarmas controladas para anular el efecto politico de otra alarma descontrolada, es por eso que la peste porcina siempre será mejor para el gobierno que la crisis económica o el terrorismo de ETA mejor que el de Al Qaeda. No quiero decir que el gobierno de Zapatero haya inventado el virus, ni siquiera creo que lo haya inventando ningun laboratorio, creo que es una mutación (mas o menos) natural, pero lo que creo es que se ha magnificado su impacto -todos, incluyendo a las autoridades sanitarias- y hemos magnificado su impacto y su origen porque nos encanta inventar nuevas alarmas. Los gobiernos están de enhorabuena porque ya tenemos para algún tiempo una amenaza concreta. Y es por que ellos (los gobernantes) saben que al pueblo hay que darle de vez en cuando algo de caña, pues no soportamos ni la seguridad ni la opulencia externa, porque lo que de verdad nos importa es nuestro estado interior, nuestro bienestar individual y ahi siempre hay una disonancia, mayor cuanto más seguridad y opulencia hay afuera, es por eso que inventamos teorias conspiracionistas contra ellos, ahora les toca a los microbiólogos o a los lobbyes, y siempre será mejor que las inventen contra los laboratorios de microbios que contra ellos, los politicos.

Algo parecido sucede con nuestro organismo que reacciona con alarmas (vomito, diarrea, dolor, hambre) ante estimulos neutrales o inespecificos. hay una necesidad de alarmarse, de adelantarse a los desastres, como si esa anticipación disminuyera la distancia entre lo que se percibe (la seguridad) y el vacio interior y por tanto aumentara la relevancia de contexto de cada ser individual. Dicho de otro modo aumenta la ilusión de control, si no se puede ser feliz al menos controlemos algo.

Inventemos una conspiración.

Definición de teoría de la conspiración y listado de conspiraciones famosas según la wikipedia.