Madrid, 1834

En 1834 Madrid aun conservaba intacta la muralla que había construido Felipe II cuando la convirtió en la capital del reino y que encorsetó su crecimiento demográfico hasta su retirada. Extramuros, se concentraba una población inmigrante de campesinos venidos de todas partes de España que se establecieron en chabolas y barrios insalubres serpenteando el rio Manzanares, donde las aguas fecales convivían con la miseria, la enfermedad y el hambre. Intramuros, en una población ensimismada convivían los estados más altos de la aristocracia, el clero, menestrales, golfos y rateros de toda clase y condición, siendo el clero la población más abundante en aquella época y la prostitución la clave del progreso para algunas. Los palacios de la época de Carlos III y las Iglesias con sus bóvedas que parecían reclamar su parte de prestigio al cielo conformaban gran parte de su paisaje que contrastaba con la pobreza de los barrios más populares y por supuesto con aquellos que vivían fuera de la cerca siempre cerrada a cal y canto sobre todo después de la epidemia de cólera que se había desatado en España dos años antes.

El cólera vino de la India y entró en España por Vigo a través de su puerto, pronto invadió Andalucía y Valencia probablemente a través de otros buques. La primera idea que sostuvo parte del gobierno fue la del «cordón sanitario». ¿Se podía cerrar Galicia a cal y canto? Hubo opiniones de todos los colores, pero al fin se decidió que era imposible y más cuando la ciencia de entonces no se ponía de acuerdo respecto a si el cólera era o no transmisible. La opinión más fundada era de que se trataba de una enfermedad transmitida por miasmas y que era una enfermedad ambiental, algo atmosférico y natural condicionado por la poca higiene. Koch tardaría aun medio siglo en descubrir el germen que estaba detrás de la tuberculosis, de manera que la teoría de los gérmenes aun no andaba presente en la mentalidad de aquella época. Sin embargo, las autoridades prohibieron algunas cosas: las reuniones de más de 10 personas (que no afectaba ni al clero ni a las tertulias aristocráticas) parece que estaban en consonancia con la idea de que podía ser algo transmisible, así como que la venta de verduras se trasladó de lugar, más allá de la cerca. Se sospechaba con razón de que el contagio era oral-fecal, aunque la mayor parte de los médicos creían que se transmitía por el aire. La epidemia de cólera hizo que muchos nobles abandonaran la ciudad empezando por la reina regente Cristina que junto con el gobierno se trasladó a la Granja y allí se confinaron. Sin embargo la situación en los pueblos no era mejor, la mayor parte de los médicos huían de sus puestos por lo que se hizo necesario dictar un decreto para impedirlo. Los que se quedaban acababan muriendo. El cólera mató a unas 800.000 personas en dos años hasta que desapareció sin saber porqué. Más tarde volvería.

La culpa de todo, según la Iglesia era porque Dios estaba muy ofendido con su rebaño, que había perdido la fe y vivía de formas impías. Los curas en sus homilías bramaban contra la molicie de la población y la población más menesterosa por su parte pergeñó otras teorías: la epidemia estaba causada por el envenenamiento de las aguas que los curas y frailes habían propiciado para matar a todos los pobres que vivían fuera de la cerca y lo hacían a través de los aguadores y los golfillos que derramaban en las fuentes su veneno. Ello propició una asonada en Madrid contra los clérigos que terminó con cientos de muertos, heridos y un estropicio en ciertos conventos o basílicas.

Pero la epidemia de cólera no era el único problema que vivía la ciudad. La primera guerra carlista estalló entre la España profunda y la España acomodada de las ciudades. Los carlistas perseguían la instauración de la ley sálica y defendían la opción al trono de Carlos Maria Isidro, hermano del rey Fernando VII que era incluso más reaccionario que él y mantenia ideas absolutistas que parecían de otra época. Los carlistas empezaron tres guerras en el siglo XIX que desangraron España y dividieron el país en dos bloques: liberales o isabelinos y carlistas, algo así como hoy hacemos, derecha e izquierda, progresistas y conservadores, ahora bien el bando liberal no era tampoco trigo limpio, y había muchas sensibilidades -como se dice ahora- en ellos, unos eran radicales como Riego, otros afrancesados, otros solo aspiraban a volver a la Constitución de 1812 y otros que veían el atraso y la pobreza en España solo pretendían modernizar nuestro país. Tuvieron un trienio liberal que también fracasó abortado por un ejercito francés y por las propias contradicciones y que fue la ultima oportunidad de meterse en el progreso. Desde entonces en España todo ha sido una repetición. Los carlistas tenían espías en Madrid y conspiraban y sonsacaban información, los conventos servían de refugio a muchos de ellos, pues había connivencia entre el clero y la causa carlista que era sin duda una causa reaccionaria, si bien la defensa del absolutismo también lo era. Así había no solo isabelinos contra carlistas sino también entre absolutistas y parlamentaristas, los partidarios de dar todo el poder al rey o al parlamento. Y dentro de este circulo, las sociedades secretas, masones, y otros menos recomendables como los comuneros.

El premio planeta 2021.-

Como todo el mundo sabe, el premio planeta de este año ha recaído en una mujer llamada Carmen Mola que no es en realidad una mujer sino el pseudónimo con el que escriben tres escritores bien dotados para el guión cinematográfico. Esta cuestión tenía su morbo, de modo que comencé a interesarme por esa Carmen Mola e incluso leí -sin que llegara a interesarme demasiado- una de las novelas de una trilogía anterior, La «nena», una novela sucia, de esas que acaban por darte asco, de tanta mierda, cerdos, sangre y charcutería humana. ¿De modo que esa era la razón del éxito de la tal Mola? Lo cierto es que la trama me pareció tan inverosímil que terminé la novela con la moral baja pues me había prometido leer «La bestia», un título que tampoco aseguraba mucha sutilidad.

Y así es, la Bestia es una novela de suspense, una novela negra, también algo «gore» que tiene -sin embargo- una lectura bien distinta a «La nena». Se trata de una serie de crímenes seriales que son investigados por distintas razones por diversos personajes y que se encuentra escrita en esa clave cinematográfica de la que hablaba anteriormente. Los autores nos llevan de la mano de mc guffin en mc guffin, aqui el mc guffin es un anillo, pero en realidad la trama de la ficción (la búsqueda del asesino) me parece secundaria aunque está escrita según los cánones del lector actual, un lector adictivo, de esos que no pueden suspender la lectura hasta que alguien atrapa al culpable, o sea él. Y me parece secundaria porque en la novela hay otra novela inscrita y que es la mejor: el paralelismo entre aquella situación y la actual con nuestra pandemia de COVID. Vale la pena observar como cuando se produce una pandemia como la que estamos viviendo en la actualidad, vuelven a reproducirse todos los artefactos de anteriores pandemias, no importa lo aventajada que se encuentra una sociedad, parece que el miedo reactiva las paranoias, la desconfianza en la ciencia, la segregación entre contagionistas y no-contagionistas, entre vacunados y no vacunados, entre creyentes y descreídos , entre iluminados y pragmáticos. Hoy ya sabemos qué cosa son lo virus, pero basta una pandemia como esta para que surjan como setas interpretaciones delirantes sobre las causas de los contagios (el 5G), los culpables ya no son los curas sino las farmacéuticas, el gobierno desinforma (más por ignorancia que por maldad), las medidas que se toman -por ejemplo las mascarillas- no sirven de nada, las vacunas, es decir los remedios son peligrosos. Ya no son las sanguijuelas el remedio propuesto sino fármacos o hierbas o el clorito que nunca demostraron su eficacia y que nos ocultan a propósito, etc,

Este es el nivel de la novela que a mí más me ha interesado, pero aun falta un elemento en esta ecuación: ¿Alguien sabe qué es el adenocromo? Se trata de una sustancia que en ciertos medios suponen que es consumida por las élites y que se extrae de niños asesinados y torturados a fin de extraerles la sangre. Ese era el elemento que le faltaba a la novela para considerarse una paranovela, es decir una novela inscrita en otra novela, en realidad una teoría sobre lo que estamos viviendo en la actualidad.

Y esta teoría es que hemos progresado muy poco colectivamente si nos comparamos con aquella generación que en 1834 sufrieron la epidemia de Madrid y que la volverían a sufrir 20 años más tarde.

Un buen documento sobre la epidemia de cólera en Madrid 20 años después

La sanidad estresada

Somos muchos los que pensábamos que nuestra sanidad, me refiero a la española era una de las mejores del mundo. Y es verdad que existen segmentos donde no solamente es buena sino excelente. Me refiero a por ejemplo nuestro plan de trasplantes, uno de los mejores del mundo y ¿saben por qué? Porque nació financiado adecuadamente: si a mí me llaman para hacer una extracción de córnea por la noche, me levantaré porque me van a pagar, eso es todo: lo que está bien financiado funciona y nuestra sanidad por lo general se encuentra infrafinanciada.

Pero es verdad que «no solo de pan vive el hombre» y si algo es excelente no solo solo se debe al «poderoso caballero» sino a otro factor: la ambición de ciertos servicios, personas y hospitales por ser excelentes. Y es verdad que no todos los hospitales españoles funcionan uniformemente en este parámetro. Basta con ver qué especialidades y qué Hospitales eligen los primeros espadas del MIR para saber de qué estamos hablando: no es lo mismo hacer Cardiología en La Paz que en el Hospital de Soria, cuyo nombre ignoro.

De modo que hemos de admitir que existen distintos niveles de excelencia entre los distintos recursos sanitarios y que los más favorecidos son los grandes hospitales de la capital o de Barcelona, Bilbao o Valencia. Podríamos hablar pues de una grieta, un gap, similar a la de la España vaciada y la España litoral-central habitada. Esta es la primera desigualdad sanitaria, ni todos los ciudadanos ni todos los territorios se encuentran igualmente dotados, ni en recursos, ni en excelencia profesional.

La pandemia de coronavirus ha venido para someter nuestro sistema sanitario a un estrés muy intenso que ha hecho saltar por los aires toda idea ilusoria de que vivíamos en un país con una sanidad lo suficientemente buena a pesar de los recortes y desmantelamientos que sufríamos desde 2008 y de la que son responsables tanto los partidos de izquierda como los de derecha. Todos perdimos recursos y personal desde esa fecha y yo lo he vivido en mis propias carnes.

Pero la pandemia ha venido a sonsacar muchas más debilidades y contradicciones en nuestra sanidad: y la principal y que no está resuelta ni abordada es la dicotomía entre primaria y especializada. Se trata de una «patata caliente» que ha sido detectada y abordada sin éxito por algunos gobiernos, sobre todo del PP con aquella consigna de una «asistencia sin escalones». La idea era terminar con esa grieta que parece separar a los profesionales de primaria (médicos de familia sobre todo) de sus colegas hospitalarios. Lo cierto es que un médico hospitalario y especialista gana más, y tiene más prestigio que sus colegas de ambulatorio , lo que significa que existen más incentivos para ser especialista que para ser medico de familia.

Y este es el principal problema: para cambiar algo es necesario tener en cuenta el asunto de los incentivos. Y no cabe duda de que esos incentivos han de ir urgentemente a nuestros médicos de familia y sus equipos de asistencia primaria: la puerta del sistema sanitario al ciudadano. La pandemia ha triturado completamente estos lugares de primera necesidad y ha demostrado algunas cosas:

  • Insuficiencia de personal sanitario (médico, enfermería y paramédico incluyendo administrativos)
  • Personal quemado y en cierta forma distante y poco amable.
  • Insuficiencia de la red telefónica para atender llamadas de pacientes. «El medico le llamará» significa que el médico no llama y no llama porque no hay un protocolo para seguir de una forma racional, simplemente las ordenes de llamadas se traspapelan.
  • O sencillamente nadie atiende el teléfono.
  • Dejar de ver a los pacientes con la excusa del coronavirus ha disminuido la frecuentación excesiva pero también impide que los pacientes no-covid sigan llevando sus controles y tratamientos.
  • Las listas de espera han engrosado después de casi un año de pandemia pero ¿era necesario suspender las intervenciones hasta el punto de no operar más que urgencias?
  • Por otra parte las consultas médicas de los distintos especialistas también se han ralentizado haciendo crecer la espera a limites insoportables, lo que no hace más que engordar las cifras de personas que recurren a urgencias como ultimo recurso.

Por ser médico no he necesitado acudir a ningún ambulatorio ni siquiera a mi hospital para nada, he atendido personalmente a los familiares que han enfermado con resfriados, toses, mocos o cualquier otra cosa, pero cuando he necesitado repetirme un control hematológico me he encontrado con que mi analítica -después de 15 días- nadie me ha llamado para decirme qué ha pasado con ella. Y si llamo al ambulatorio me dicen que la doctora ya me llamará, solo falta que me digan que pulse el 1 o el 2 como las teleoperadoras. Dicho de otra manera: la asistencia no funciona en tiempos del coronavirus, no hemos recuperado el nivel de funcionamiento pre-covid que aunque tenia muchas cosas que mejorar solía funcionar.

Si queremos que exista una asistencia primaria suficientemente buena, esa puerta de entrada ha de estar abierta continuamente, mañana y tarde y las citas no pueden demorarse mas de dos días. Dos días como tope de espera.

La mayor parte de mis compañeros estarán de acuerdo conmigo pero inmediatamente me contestarán que necesitan más recursos y más personal, hasta los espacios se han quedado pequeños. Me consta que están -la mayor parte de ellos- agotados del mismo modo que los intensivistas o los urgenciólogos. Se les ha obligado a doblar o triplicar turnos durante toda la pandemia a lo que hay que unir el estrés de la muerte, el contagio y el miedo a contagiar a sus familiares.

Es por eso que el gobierno para resolver este problema debería haber usado todos los recursos disponibles; me refiero a las mutuas y a la medicina privada. Si no se ha hecho es por criterios politicos, se trataba de demostrar que la sanidad pública era suficiente y sobre todo moralmente superior a la privada. El resultado es que no era suficiente y ahora voy a hablar del supremacismo moral de la sanidad publica.

¿Es la sanidad publica moralmente superior a la privada?

Bueno, esta es una idea universalmente aceptada por las doctrinas de izquierda. Suelen pensar que la sanidad publica es gratis y la privada hay que pagarla o bien que la sanidad privada busca ganar dinero con la salud de todos como dice el eslogan repetido hasta la saciedad.

Pero esta idea es absolutamente falsa porque la sanidad publica no es gratis, cuesta mucho dinero y nadie ha demostrado hasta la fecha que sea más eficiente que la privada. Lo que sabemos es que la mayor parte de los médicos que trabajan en la privada lo hacen también en la publica, por otra parte la formación de ambos grupos es similar en parte por este solapamiento. ¿Por qué existen tantos españoles que se hacen un seguro privado? Pues digámoslo claramente: porque la atención es más veloz y se puede elegir médico. Y la elección de médico es un incentivo para la excelencia del profesional y para la libertad del paciente.

La palabra «privatización» es una palabra polisémica que puede significar varias cosas, suele usarse como critica cuando el Estado se desprende de un servicio público y lo encarga a una empresa privada, algo así sucedió y sucede con la energía eléctrica, el gas o el agua, servicios que en nuestro país están privatizados. También están privatizados muchos servicios que se prestan en los Hospitales como la limpieza o el cathering sin que nadie se eche las manos en la cabeza. Lo cierto es que cuando se habla de privatizaciones estamos pensando en tener que pagar por acto médico o bien suscribir carísimos seguros médicos como sucede en USA.

Pero la verdad es que hay otras formas de privatizar manteniendo el control y la calidad de la sanidad y de sus servicios, una forma es el modelo Alcira que la izquierda se empeñó en desmantelar en la Comunidad Valenciana a pesar de que su funcionamiento era idóneo, una forma de integrismo sanitario. Todo parece señalar en la dirección de que la negativa a utilizar recursos privados está relacionada con el hecho de usar la sanidad para otra cosa bien distinta a ella misma. La sanidad se utiliza para hacer política y completar agendas de adoctrinamiento que acaben por confundir el bienestar sanitario de la población con las políticas de izquierda y por el contrario tratar de identificar a la derecha con los intereses económicos vinculados a la sanidad. Algo que se desmiente por sí mismo pues la región que más hospitales privados tiene es precisamente Andalucía.

La precariedad de los servicios públicos en lo que atañe a la asistencia primaria ser resolvería dando libertad a los ciudadanos para elegir entre la sanidad publica o la privada, del mismo modo que sucede con los colegios concertados. Si hay colegios concertados es porque el tejido educativo español tiene muchas carencias pero la pandemia ha venido a demostrar que estas carencias también existen en Sanidad. ¿Cómo hubiera evolucionado la pandemia si el gobierno hubiera dispuesto que todos los recursos sanitarios se pusieran a disposición de las autoridades sanitarias para afrontar el estrés del coronavirus? ¿Por qué no se han utilizado las farmacias, los espacios privados o las mutualidades como apoyo a los sobrecalentados ambulatorios donde ni siquiera nos dejan pasar? ¿Por qué no se han improvisado nuevos espacios para atender a los pacientes no-covid? ¿Por qué se criticó tanto al Zendal?

No hace falta apelar a la bola de cristal para saber que el impacto hubiera sido mucho menor del que ahora estamos viendo, junto con sus secuelas.

Yo siempre he trabajado en la sanidad publica y la conozco bien desde dentro, y no me cabe ninguna duda de que el mejor modelo sanitario y el más resiliente es un modelo mixto. No se puede demonizar la privada ni los seguros privados pues prestan servicios que en cualquier caso descongestionan a su hermana mayor, esa que tiene el monopolio de la salud. Y los monopolios están prohibidos en democracia.

En conclusión: me parece que los grandes errores que se han cometido durante la pandemia proceden más bien de las ideologías integristas que de la propia pandemia que además de todo ha dejado muy claro que nuestra dependencia de los artículos que se fabrican en China no solo es suicida sino estúpida. No costaría tanto tener -esta vez si- una empresa que se dedicara a fabricar artículos de primera necesidad, así como medicamentos esenciales que ya han perdido la patente. ¿Por qué depender de India para los genéricos? ¿O de China para las mascarillas o las EPIS? ¿Por qué en España no existe una industria para autoabastecernos en caso de colapso sanitario?

Un post para completar el panorama

El dilema del tranvía y las trombosis

Joshua Greene es un neurofilósofo, en realidad uno de esos psicólogos de Harvard que se ha especializado en una rama de la psicología destinada a investigar sobre la decisión, más concretamente sobre las decisiones con sentido moral. Es muy conocido su experimento conocido como el dilema del tranvía (troley problem).

Se trata de dos supuestos, en el primer supuesto (tal y como puede verse en la viñeta de arriba) el individuo tiene que decidir sobre qué hacer: el tranvía amenaza con matar en una via a cinco personas y en la otra a solo una. El individuo puede desviar al tranvia con apretar solo un botón. La alternativa es que muera un individuo para salvar la vida a otros cinco.

¿Qué haria usted?

El 95% de las personas apretarían el botón para sacrificar a un individuo y salvar la vida a los otros cinco.

En el siguiente supuesto la cosa cambia. Ahora ya no se trata de apretar un botón sino de detener al tranvía arrojando sobre los railes de la vía a un individuo concreto. El asunto parece el mismo: sacrificar a uno para salvarles la vida a cinco, pero hay una variable critica, no hay botón y el individuo tiene que sacrificar él mismo a un individuo arrojándolo sobre la vía.

¿Qué creen ustedes que pasaría?

El 95% de las personas ahora invierten su opinión y dicen que no seria moralmente aceptable salvar la vida a esos cinco individuos arrojando a uno a la vía del tranvía.

Greene concluye que nuestra valoración moral de las cosas depende del grado de cogniciones morales involucradas en una conducta determinada: apretar un botón es algo impersonal que se hace sin que nuestro cerebro tenga demasiadas noticias acerca de sus resultados prácticos, es una acción sin nombres, caras ni apellidos, mientras que arrojar a un tipo a la vía del tren es algo personal e involucra cogniciones morales acerca de la persona en cuestión que va a sacrificarse.

Como puede verse y aunque desde el punto de vista utilitarista las dos decisiones llevan al mismo resultado, en la primera vemos -operando como conductor del tranvía- como su descenso hace inevitable el daño a unos u a otros mientras que nuestras posibilidades -en ausencia de frenos- se reducen a dos. Mientras que en el ejemplo del observador del puente es necesaria una decisión voluntaria que implica la muerte de un individuo de la que nos convertimos en agentes.

La falacia coste beneficio en las vacunas.-

El dilema del tranvía ha sido utilizado en muchas ocasiones para investigar sobre determinados supuestos o en estudios experimentales sobre los efectos de la oxitocina tal y como conté en este post. Se trata de un experimento mental en el que se concentran consensos sobre la cuestión que nos ocupa: la cuantitativa (siempre será mejor que muera una persona que cinco) o la modalidad del empujón que tiene muchas variantes pues esa persona puede ser un gordo, un árabe, un ultraderechista, un terrorista, etc, dando lugar a variadas combinaciones según lo que estemos investigando.

Y este es el dilema que nos plantea la actual campaña de vacunación que estamos viviendo. Al principio nos llegaron noticias -siempre tachadas como fakes- de hipersensibilidad, parálisis del facial, accidentes neurológicos varios (Guillain-Barré) y otros catalogados como banales. Pero de ahí hemos pasado a muertes debidas a trombosis cerebrales sobre todo desde que en Europa hemos llegado a la vacuna de Astra-Zeneca que es la que parece que tiene más efectos adversos de la serie hematológica, aunque esto no quiere decir que el resto no las tenga. Lo cierto es que los efectos adversos reales que tienen estas vacunas son aun mal conocidos porque:

  1. No se comunican todos los efectos adversos
  2. Se han intentado minimizar u ocultar, hay que saber que las vacunas ya se han pagado y existe un buen stock de estas vacunas en la UE.
  3. Aunque por fin estos efectos adversos graves han sido admitidos por las autoridades sanitarias (algunas semanas después de conocerlos) se sigue insistiendo en que el coste beneficio obtenido por las vacunas no aconseja dejar de ponerlas.

Lo cierto es que el argumento que utilizan los poderes públicos se asemeja y mucho al dilema del tranvía, me refiero al segundo caso. Alguien ha de morir para que otros sobrevivan. Este argumento me parece inmoral, aunque solo fuera 1/100.000 habitantes ese único caso es suficiente para suprimir la vacunación y me lo parece por lo siguiente:

Parece que la vacuna de Astra-Zeneca tiene un efecto secundario llamado trombocitopenia que ya se había descrito con la administración de heparina. La heparina es un medicamento que usamos para prevenir las trombosis sobre todo en pacientes encamados largo tiempo o de edad avanzada. Paradójicamente a veces presenta un fenómeno de apelotonamiento de las plaquetas que forman trombos en un lugar y hemorragias -por su déficit- en otro. Parece ser que este raro efecto secundario de la heparina es el mismo que se produce con la vacuna.

La frecuencia de estos efectos secundarios graves son más frecuentes en mujeres fértiles como sucede con todas las enfermedades autoinmunes, de ahí que se considere que esta reacción pueda ser una reacción exagerada del sistema inmune a la vacuna y es cierto que es una reacción rara, que si deja de ser rara es debido al número de personas tan elevado que está vacunándose. Piénsese que no hay ningún medicamento que tome la mayor parte de la población, una N tan alta puede justificar cualquier efecto secundario, solo que la muerte es un efecto inasumible desde el punto de vista moral, del mismo modo que precipitar a un sujeto puente abajo es inasumible moralmente para el 95% de nosotros aunque se trate de salvar la vida a 5. Y lo es porque las personas que se vacunan y mueren están sanas y de no haberse vacunado seguirían estando vivas y sanas. El coste beneficio a nivel individual en este caso es 0. Y lo es porque no sabemos si esta persona se hubiera contagiado de COVID y de haberlo hecho no sabemos su gravedad o si hubiera sido asintomática. No todos nos contagiamos.

¿Cual es el beneficio de seguir vacunando a sabiendas de que 1 de cada 100.000 vacunados morirá?

¿Qué beneficios obtienen los vacunados?

  1. Los vacunados siguen siendo portadores transmisibles del virus
  2. Los vacunados pueden seguir enfermando de COVID-19
  3. La movilidad, la distancia y las mascarillas deben seguir usándose aun entre los vacunados.
  4. El único beneficio parece ser que en caso de contagio la enfermedad seria más leve

La pregunta en este caso es la siguiente. ¿Entonces qué beneficios obtenemos de vacunarnos?

Individualmente muy pocos, colectivamente muchos. Hasta el punto de que si llegáramos a un 70 % de vacunados la epidemia remitiría. Y es probable que sin vacunas también Es la diferencia entre el relato individual y el relato de salud pública. Lo que es bueno para el colectivo puede ser letal para el individuo.

Se trata pues de un dilema moral tal y como plantea Joshua Greene en sus tranvías, pero no es solo un dilema que afecte a los individuos, sino también a los poderes públicos y como no a los fabricantes de vacunas.

Pero si usted muere, usted muere individualmente y no con sentido colectivo ni con perspectiva de género.

Qué es hacer lo correcto por Michael Sandel

El zar de la polio

Poca gente sabe que Franklin D. Roosevelt padeció en 1921 la poliomielitis, una enfermedad que hacia estragos en aquellos tiempos en los niños de todo el mundo. Del mismo modo poca gente sabe que aunque esta enfermedad ataca más frecuentemente a los niños, los adultos también pueden contraerla. Esta fue la carta que el destino tenia marcada para el futuro presidente de EEUU, que gozaba de una salud y de una voluntad de hierro.

De manera que estaba muy motivado, no solo para seguir las instrucciones de rehabilitación muscular que le propusieron sino para poner en marcha una fundación para la asistencia, divulgación, investigación y tratamiento de la enfermedad. Para lo cual puso al frente de la misma a Basil O´Connor una persona que no era médico pero que tenia fama de buen organizador y honestidad. O´Connor era uno de esos hombres que carecían de ambición, no buscaba la notoriedad ni era sospechoso de tener conflictos de intereses. Roosevelt convirtió a O´Connor en el zar de la polio, un mando único como propone Mencius Moldbug en la pandemia actual.

March of dimes.-

Durante mas de 20 años O´Connor se empeñó en financiar su fundación con el fin de lograr fondos para la investigación y lo hizo de una manera que hoy consideraríamos extravagante: pidió que todo el mundo contribuyera con 10 centavos a la causa que debían mandar en un sobre cerrado a la Casa Blanca. Su idea era que si bien los ricos podían financiar esta investigación no había nadie tan pobre en USA que no dispusiera de esos 10 centavos para aportar a una campaña que para él era una campaña del pueblo y para el pueblo. Lo cierto es que estas campañas necesitaron repetirse varias veces y siempre tuvieron éxito.

La consecuencia de estas campañas es que la primera vacuna – la vacuna de Salk- contra la polio no llegó a patentarse.

La enfermedad.-

La poliomielitis es una enfermedad vírica muy contagiosa debida a un enterovirus que se propaga a través del contacto físico y por vía oral-fecal, es de carácter estacional con una frecuencia bimodal (verano y otoño). Sin embargo las infecciones que provoca son a menudo banales y solo una pequeña proporción de infectados adquieren la enfermedad severa y de ellos, solo unos pocos mueren. Afecta a los músculos, sobre todo a los de las piernas causando parálisis flácida y graves secuelas de por vida con atrofias musculares. Cuando afecta al diafragma los enfermos pueden llegar a morir si no son conectados a lo que entonces se llamaba «pulmón de acero». La vida en uno de esos pulmones debió ser terrorífica para los niños que la precisaron, pero les salvó la vida hasta que pudieron respirar por sí mismos. Frida Kahlo no precisó de este artilugio pero tuvo que estar en cama durante mas de un año: muchos de sus cuadros relatan el aislamiento y las incomodidades de esta convalecencia y por supuesto la carga de la ortopedia.

La historia pareció cambiar su curso cuando O´Connor conoció a Jonas Salk en un barco en pleno atlántico después de asistir a una conferencia sobre el tema. Salk era el alter ego de O´Connor, su contrario, era un hombre ambicioso, «echado para adelante» y curtido en mil peleas: tenia en mente una idea para fabricar una vacuna. Esta idea era considerada por la ciencia de ese momento como inadecuada: consistía en atenuar con formaldehido a los virus y debilitarlos para lo cual tenia un plan: primero había que conseguir los virus vivos con los que trabajaba su oponente -Sabin- que defendía el uso de virus vivos pues era precisamente él quien había conseguido aislar el virus. La mala noticia era que necesitaba al menos 10 años para desarrollar con éxito su vacuna. El argumento que esgrimía es que los virus muertos no causarían anticuerpos y por tanto no tendrían ningún efecto en los vacunados. De modo que en ese momento había dos hipótesis la de Salk (virus atenuados) y la de Sabin (virus vivos) que efectivamente tardó aun más de 10 años en ponerse a punto.

Pero O´Connor tenia prisa y confió en Jonas Salk que en 1952 tuvo ya a unto su vacuna después de demostrar en chimpancés y en voluntarios que efectivamente la vacuna generaba anticuerpos. Se comenzó a vacunar y fue un verdadero éxito, su uso comenzó en 1955.

El efecto Cutter.-

Pero aun había otro obstáculo que superar: la fabricación.

Al parecer ciertos lotes de la vacuna que se fabricaba en los laboratorios Cutter de California tuvieron algunos accidentes: los niños que recibían esta vacuna (aun inyectable) comenzaron a adquirir la enfermedad que la vacuna pretendía prevenir. Al parecer este accidente se debió a que esos lotes no tenían el virus perfectamente desactivado pues no habían seguido el protocolo de Salk de desactivación de formaldehido de una manera rigurosa. Después de acusarse mutuamente las autoridades federales intervinieron por motivos de salud publica (que hasta el éxito de la vacuna de Salk se habían mantenido al margen) y se dictaron nuevos protocolos de calidad para hacer las vacunas más seguras.

10 años más tarde ya en la década de los 60 Sabin puso a punto su vacuna oral que es la que se usa hoy. Pero esa si tiene patente.

La poliomielitis se considera hoy erradicada en casi todo el mundo salvo en Pakistan o Afganistan donde suelen haber casos puntuales. En nuestro país ninguna vacuna es obligatoria pero se recomienda la vacuna de Sabin en todos los calendarios vacunales de los niños que varían según la comunidad autónoma.

¿Toda esta historia te suena de algo?

Cuando vi este documental emitido ayer 20 de Marzo de 2020 en «La noche temática» tuve un dejà vu.

 

El virus y la symploké

La mayor parte de la gente que conozco está persuadida de que «todo está relacionado con el Todo» y se dedican a encontrar el hilo que conecta unas cosas con otras, rebuscando indicios que siempre acaban por encontrarse. Pero está idea es falsa y metafísica, la verdad es que algunas cosas están relacionadas con otras y no están relacionadas en absoluto con otras tantas. Así, una definición de symploké es ésta:

«Como todo iniciado en el materialismo filosófico de Gustavo Bueno sabrá, en este sistema filosófico es de especial importancia el principio de symploké, una idea original de Demócrito de Abdera que luego retomaría Platón, y que hace referencia al entrelazamiento dialéctico de las cosas que constituyen una situación estable o efímera, una totalidad  sistemática (un sistema) en la que se dan momentos de conexión y conflicto y de desconexión e independencia entre sus partes (formales o materiales), sus secuencias o términos, etc., comprendidos en esa symploké».

O dicho de otra manera: «todo no está relacionado con todo»

En este sentido la symploké es el tipo de pensamiento opuesto al pensamiento mágico que teje las relaciones entre cosas alejadas unas de otras o que solo están conectadas por lazos de contigüidad, o de cacofonía o de temporalidad. Por ejemplo, la pandemia está relacionada con la aparición de las vacunas, de las mascarillas y de la coerción de libertades cívicas pero no es necesariamente su causa. La mayor parte de la gente confunden causa con correlación y el error más frecuente es cuando ambos fenómenos acaecen al mismo tiempo. Post hoc ergo propter hoc. Lo que sucede inmediatamente después no siempre es efecto de algo anterior.

Pero no es solo una falacia lógica es además la esencia de lo delirante. Tal y como comenté en este post el delirio puede ser paranoide (autoreferencial) o metanoide (explicativo del mundo). Pero un delirio es siempre un proceso de lógica no formal, en el sentido de que el individuo va de la categoría a la anécdota, de la conclusión hacia las premisas, es decir ya conoce el resultado del proceso, ya tiene una conclusión y opera hacia atrás, es decir desde la conclusión se modela una causa que le precede. Funciona más o menos así:

  1. Hay una ocurrencia sea delirante o no.
  2. Poco a poco esta ocurrencia se refuerza a si misma y termina por ocupar la mayor parte del centro de atención.
  3. Termina convirtiéndose en una creencia.
  4. Esta creencia opera hacia atrás buscando indicios que la justifiquen.
  5. La creencia va fortaleciéndose a medida de que extiende los vínculos entre ideas.
  6. La creencia se comparte y encuentra simpatizantes para su causa.
  7. La creencia termina por explicar cualquier cosa sin relación entre ellas.

El ejemplo de la pandemia.-

No cabe duda de que la pandemia que estamos viviendo ha supuesto un choque en el psiquismo de nuestros conciudadanos alterando no solo su forma de vivir sino estimulando su miedo a la muerte o a lo imprevisible, llevando a muchos de ellos a la ruina, o precarizando sus contactos sociales y familiares. No cabe duda de que estamos hablando de algo traumático y colectivo que ha irrumpido en nuestra vida llevándose por delante nuestro bienestar, nuestro trabajo o nuestra forma de socializar.

Ante esta situación caben dos posiciones existenciales y una intelectual:

  1. Seguir las instrucciones que nos proponen las autoridades sanitarias sin plantearse nada más con alguna escapada de la fila o alguna cana al aire.
  2. Negar la pandemia y creer que se trata de una maquinación de determinados poderes para terminar con nuestros derechos.
  3. La posición intelectual que yo defiendo es que la pandemia realmente existe pero ha sido utilizada para acelerar un proceso de ingeniería social que incluye cambios políticos, ecológicos, y psíquicos de características diversas y que en cualquier caso ya se había iniciado (agenda 2030). En este sentido la pandemia no ha hecho sino venir en ayuda de estos planes que en cualquier caso no son proyectos conspiranoicos o invención de paranoicos sino que están escritos y son en cierta forma públicos si bien están adornados con unos objetivos deseables, pues ¿quién estará en contra de tener un planeta más limpio o habitable? ¿Quién estará en contra de respirar un aire más puro?

¿Entonces porqué hablo de paranoia o metanoia? Si realmente la pandemia ha sido utilizada por estos poderes para doblegar nuestros derechos y nuestras voluntades, ¿por qué hablé de ese tipo de mecanismos?

Pues porque lo que caracteriza el pensamiento delirante no es solo una equivocación -un error cognitivo-, uno puede delirar con que es perseguido y serlo realmente. Lo que le caracteriza es la trama de relaciones que enhebra para justificar el resultado o conclusión previamente establecida. ¿Que la pandemia es falsa, qué puede significar?

Lo que dicen algunos ciudadanos es que en realidad es una especie de gripe, aportan para ello datos de la mortalidad, la desaparición de la epidemia de gripe estacional y que en realidad hay una agenda vacunal diseñada para disminuir la inmunidad humana y hacerla dependiente de más vacunas a largo plazo. Sin ignorar que las vacunas han sido comercializadas en un tiempo record y siend cierto que están provocando estragos inmunitarios o accidentes hematológicos en algunas personas, no creo que exista un plan más allá de eso. Así se publicitan muchos casos (sin que lleguemos a saber si son o no ciertos) pero que señalan hacia la idea de que las vacunas son peligrosas, lo cual es peligroso porque afectará en el futuro al calendario vacunal de los niños. El cuadro se completa con la idea de que en realidad la Big Pharma está detrás de esta conspiración junto con nombres de ricachones que todos conocemos ya.

Es verdad que ningún medicamento de los que están en el mercado hubiera sido comercializado con la mitad de efectos adversos que estamos observando y aunque todos los días salga algún experto para decir que estadísticamente estos efectos no son significativos, lo cierto es que no importa si lo son. Uno no enferma por estadística sino por algo que le han introducido con la intención de protegerle. ¿A qué viene esa negación de los efectos adversos? ¿No será que no quieren quedarse con las vacunas ya compradas sin usar?

Personalmente creo que a la Big Pharma no le interesa en absoluto en terminar con la humanidad pues su objetivo es vender y si no hay humanidad ¿qué otra cosa podrían vender? Esta idea es una derivada del pensamiento paranoide: hay una conspiración para enfermar a la humanidad. Bueno, hay una explicación más sencilla: hay una guerra comercial a ver qué laboratorio se lleva el gato al agua y con las prisas los Estados han permitido liberar a las farmacéuticas de sus correspondientes responsabilidades civiles en caso de accidentes, muertes o efectos adversos.

Otro creen que no existe en absoluto la pandemia y que los muertos que nos cuentan en TV, son atribuibles a otras causas y que se engordan las estadísticas para atemorizar a los ciudadanos incautos, a esos que «aun no han despertado» y no son capaces de ver la complejidad en toda su extensión. La prueba que aportan es que no se han hecho autopsias y por tanto no sabemos de qué murieron los que murieron. Lo cierto es que si lo sabemos: por una tormenta de citoquinas que entre otras cosas provocó trombosis diseminadas  y pulmonares. Es verdad que nadie encontró virus en los tejidos de los cadáveres pero los que así piensan creen que los virus pueden verse al microscopio con solo teñirlos con eosina. Nada de eso, aislar un virus es muy complejo y lo que hacemos para detectarlo es a través de métodos indirectos. Es más fácil genotipar un virus que aislarle y además es lo único patentable.

Es cierto que el PCR no parece ser el método más idóneo para detectar a los infectados, pero ¿alguien tiene otra opción? Lo cierto es que carecemos de un método de diagnóstico, en realidad es cierto que el PCR no es un método de diagnóstico, el mejor método es la clínica, es decir los síntomas aunque también es cierto que pueden confundirse con otras viriasis respiratorias e incluso con el resfriado común.

De manera que tenemos un panorama incierto: ignoramos muchas cosas sobre la pandemia, sobre el virus y sobre su origen, pero sabemos que es muy contagioso por vía aérea y poco letal, y que afecta sobre todo a la población envejecida o con patologías previas. No disponemos de un método de diagnóstico certero y parece que las vacunas no vayan a resolver de raíz el problema pues un vacunado puede ser a su vez contagioso. ¿Durante cuanto tiempo? No lo sabemos.

Las ideas paranoides parecen desarrollarse mejor en entornos de incertidumbre donde las opiniones están polarizadas o son muy diversas. A diario recibimos información sobre científicos que dicen una cosa o su contraria a la velocidad del rayo. Unos parecen defender la hipótesis oficial y otros son disidentes radicales y apelan a otras causas bien distintas al virus. Recientemente ha emergido el tema de los 5G o de las radiaciones no ionizantes como causa de esta pandemia. Bueno, la verdad es que el 5G no está implantado en toda España y en mi provincia -Castellón- ha habido casos, los esperados según su población sin 5G. De manera que las guerras comerciales no son solo cosa de la Big Pharma sino también de la telefonía. ¿Chinos o europeos? Por ahí va la cuestión.

Ahora bien, mas allá de la incertidumbre hay otras razones para el delirio colectivo y ambas son culpa de la administración.

Vivimos en un mundo hiperconectado, de manera que las prohibiciones y las censuras ya no son posibles como en la Dictadura donde un periódico podía ser cerrado, un libro secuestrado o el concierto de un cantante suspendido a última hora. Este mundo alternativo que llamamos redes sociales ha venido para quedarse y sustituirá más pronto que tarde a los grandes medios que todos sospechamos que se han vendido al mejor postor. Es lógico, todos están en la ruina y solo el estado puede rescatarles de su miseria económica. A un precio, claro: sostener al peor gobierno que ha tenido nuestro país en muchos años. De manera que los medios se dedican sobre todo a la propaganda y muy poco a informar, es por eso que los ciudadanos desconfiamos de ellos.

No son sólo errores lo que este gobierno ha cometido sino negligencias muy graves todo y teniendo en cuenta de que se trataba de una pandemia que nunca antes habíamos sufrido y con la ignorancia que aun arrastramos sobre este asunto y sobre todo las mentiras, mentiras sobre las mascarillas, sobre los PCR, sobre las medidas de protección, siempre oscilando entre la sobreactuación y la desidia. Las mentiras generan desconfianza y de la desconfianza hasta la sospecha hay un paso.

Con negligencias y mentiras a nuestro gobierno o quien sabe a quién se le ocurrió censurar las redes más importantes. Sencillamente, no se puede sostener ninguna opinión que contradiga la versión oficial, incluso han proliferado los fact chequers para asegurar una información veraz. El problema es que no sabemos quién controla y paga a estos fact chequers, de manera que están abiertas todas las posibilidades de la sospecha.

Así se genera la paranoia.

O dicho de otra manera somos delirantes inducidos.

Por eso hay que volver a pensar la symploké y a tejer relaciones compatibles con la realidad. Es la mejor manera de no enloquecer.