Dostoyevski y la psicología

Hay dos formas de considerarse un insecto, una de forma consciente como Gregorio Samsa en la Metamorfosis y otra de forma inconsciente como Raskolnikov en «Crimen y castigo». Son las dos formas más conocidas de autodesprecio. @pacotraver

Recientemente con el crimen de Lardero se ha vuelto a poner de manifiesto la idea repetida hasta la saciedad por mis compañeros psiquiatras de que ese tipo de criminales como Francisco Javier Almeida no son enfermos mentales. Esta idea a la que yo me he adherido durante mucho tiempo, acostumbrado como estaba a ver enfermos mentales, creo que necesita una revisión.

Es verdad que existen crímenes cometidos por enfermos mentales graves como el de la doctora Noelia de Mingo reincidente en su pulsión homicida después de haber sido condenada por un crimen anterior en su Hospital. Pero la verdad es que este tipo de crímenes son poco frecuentes, me refiero a los crímenes que cometen enfermos mentales verdaderos usualmente aquejados de formas malignas de esquizofrenia, donde los motivos para el crimen están relacionados con delirios paranoides u ordenes que el paciente acata automáticamente sin ningún tipo de juicio por su parte.

Pero en realidad los crímenes tienen casi siempre tres móviles 1) la venganza, 2) el sexo y 3) el dinero. También existe el arrebato criminal, es decir aquel que sucede sin ningún tipo de planificación y que responde a un estado mental que pudieramos calificar de enajenación puntual después de una discusión banal de tráfico o de bar, casi siempre en relación con drogas o alcohol.

Pero existen otro tipo de crímenes como el de Lardero que nos ponen los pelos de punta precisamente por dirigirse hacia un niño en una persona con antecedentes muy violentos y que ya había demostrado su interés por los niños y cumplido condena por un crimen anterior con motivación sexual y mucho sadismo de por medio. Dicho de otro modo, se trataba de un psicópata y también de un pederasta y vale la pena recordar que la pederastia es una patología no solo admitida por las clasificaciones internacionales sino por el sentido común: pero hay algo averiado o roto en esas personas que llamamos psicópatas y que no nos atrevemos a clasificar como patología mental quizá porque los rasgos psicopáticos son muy frecuentes en la población general tomados de uno en uno y de alguna forma «ser un psicópata» no fractura de un modo tan impetuoso el sentido de realidad como una psicosis. Un psicópata es una persona indistinguible de cualquier persona, incluso a veces es una persona con cierto atractivo o agradabilidad. Su locura no es cognitiva como en las enfermedades mentales comunes sino moral, y lo moral de momento no está clasificado en ningún manual de psiquiatría, tampoco los DSMs parecen estar interesados en ello.

De manera que lo mejor para saber algo sobre criminales es leer a Dostoyeski, más concretamente «Crimen y castigo».

La Rusia de Dostoyevski.-

Dostoyevski nació en Moscú en el primer cuarto de siglo XIX, me interesa sobre todo dar cuenta de la situación de ese país bajo el dominio de los zares y de las causas de su atraso, también me interesará describir su sociedad dividida en castas inmutables y en un anhelo que parece brotar de todos y cada uno de los personajes de Dostoyevski, me refiero al anhelo de adquirir un mayor estatus del que se tiene, algo que el maestro describe con minuciosas descripciones de la vida corriente en cada un de sus personajes.

El 80% de la población rusa eran, en aquel momento «siervos». Un siervo no era un esclavo como los de USA, tenia ciertos derechos, por ejemplo tenia admitida su condición de humano, por tanto el dueño no podía matarlos, aunque podía maltratarlos y venderlos. Los siervos no podían abandonar la heredad que les correspondía ni viajar libremente y si esta heredad era vendida ellos formaban parte de esa venta aunque podían ser vendidos aisladamente de la tierra.

Vale la pena señalar que las condiciones de vida de estos siervos era -sin embargo- muy parecida a la de los esclavos de las plantaciones de algodón de USA y que el maltrato y el látigo solían ser la forma de castigo usual para cuando las expectativas de los amos no fueren cumplidas. Lo importante es señalar que el padre de Dostoyeski -que era medico en un Hospital de pobres- tenia siervos a su servicio en alguna de esas fincas enormes dedicadas a abastecer de cereales las grandes ciudades rusas. El padre de nuestro autor fue asesinado precisamente como venganza de sus siervos. Es interesante señalar ahora que en Crimen y castigo, Raskolnikov también tiene un padre que es asesinado; hay pues ciertas concomitancias autobiográficas entre Dostoyevski y Raskolnikov. Podríamos decir que Dostoyeski y Raskolnikov son la misma persona aquejada por un trauma que para Freud, fue determinante en su vida ulterior. En su ensayo «Dostoyeski y el parricidio» plantea Freud su hipótesis de que la culpabilidad de ambos personajes -uno real y otro imaginario- procede de este hecho. Culpabilidad que deriva del hecho -según Freud- del deseo parricida que ambos desarrollaron a lo largo de su vida. Cosa que, por otra parte es probablemente cierta a poco que sepamos del carácter de estos padres de aquella época, excesivamente severos en su trato con sus 7 hijos, en suma lo que hoy entendemos como maltratadores y que a la postre le costó la vida.

Paradójicamente la servidumbre operó como un freno para la revolución industrial, mientras las clases trabajadoras progresaban en toda Europa gracias a la aparición de las clases medias y la «mentalidad de tendero», los pequeños negocios que hoy llamamos Pymes, en Rusia el atraso de una sociedad agrícola, con estructuras políticas y leyes anticuadas y una población analfabeta, atrasada y famélica no logró escapar de su destino ni siquiera con la medida del zar Alejandro de liberar a los siervos.

Liberar a los siervos no resolvió el problema sino que lo agravó. Lo que sucedió fue que muchos de ellos emigraron a las grandes ciudades, Moscú y San Petersburgo, pero allí no solo no había trabajo sino que las condiciones de vivienda eran degradantes, el hacinamiento era la regla: una familia con 5 o 6 hijos vivían amontonados en una habitación donde escaseaban no solo los alimentos sino la calefacción. San Petersburgo alcanzo en 1844 una temperatura de -35 º C. Podemos adivinar las condiciones en la que aquellos ex-siervos -ahora liberados- vivían sus vidas agravadas por el vodka y todos los vicios. Lo usual era que las muchachas jóvenes se prostituyeran para mantener a sus familias donde siempre había un padre borracho, algo que también describe con toda clase de detalles nuestro autor.

Raskolnikov es un estudiante de derecho que queda sin recursos y no puede seguir estudiando, se dedica a vagar, visitar tabernas, escuchar conversaciones y tratar con todo tipo de parias que la vida le pone a mano. Lo interesante de su psicología es que Raskolnikov presenta cierta anomalía mental que es difícil de atrapar y sobre todo una personalidad complicada. Por ejemplo, piensa que existe y debe existir una doble moral, una para los hombres corrientes y otra para los hombres extraordinarios, aquí se encuentra en embrión la teoría del Superhombre de Nietzsche del que Dostoyevski es un adelantado. Naturalmente Raskolnikov siente que pertenece a este tipo de hombres, algo que es recurrente en la obra de Dostoyeski: sus personajes tienen pretensiones (como él las tuvo literarias). Pretenden cosas que existen pero que no están a su alcance, merced a esa sociedad cerrada que no permite ascensores sociales en su seno: la única manera de progresar en esa Rusia es el matrimonio, no es de extrañar pues que cierta frustración social acompañe a todos y cada uno de los personajes del autor. Frustración que además les acompaña en sus aventuras sentimentales. Ser rechazado por la dama a la que se aspira es otro de los temas de Dostoievski, parece que en Rusia en esa época nadie obtiene lo que desea.

Pero la frustración de Raskolnikov es el dinero pues está siendo mantenido por su madre y su hermana aunque dispone de algunas joyas que empeñar e ir tirando. Eso hace cuando conoce a la vieja prestamista, una usurera.

La figura del usurero es una figura antipática para todos nosotros, lectores de novelas. Cobrar intereses por prestamos que se conceden a veces en condiciones dramáticas es algo que nos desagrada, que nos conmueve. Es por eso que el crimen de Raskolnikov cuenta con las simpatías del lector, a fin y al cabo la vieja prestamista era un personaje despreciable, se lo merecía. Quien no se lo merecía era la joven sobrina que por accidente coincide en la escena del crimen y se lleva también un hachazo por parte de Raskolnikov y aquí comienzan las dudas del lector: «No quise matarla» le confiesa Raskolnikov a Porfirio el juez que investiga el crimen.

Lo cierto es que el robo parece el movil del crimen pero Raskolnikov pierde parte de su botín en su huida y además entierra la otra parte sin que en toda la novela tenga la necesidad de rescatarlo. El botín le quema en las manos. Podriamos decir que le enferma pensar en él.

Lo cierto es que su crimen no parece un crimen psicopático a juzgar por los sentimientos de culpabilidad que le siguen (un psicópata no siente culpa). Más que eso, después del crimen Raskolnikov parece entrar en un estado disociativo, que Dostoievski llama «delirio» por su parecido a un delirio febril. Raskolnikov enferma después del crimen y sobre todo siente una pulsión que podríamos llamar «pulsión a confesarlo todo», pues esta es quizá la mejor forma de quitarse de encima la culpabilidad que siempre es individual. El castigo es la mejor forma de purgar una culpa.

Vale la pena que el lector lea el próximo post dónde abordaré los diálogos entre Raskolnikov y su médico Azimov. Observaremos allí como existió una psicología realista antes de que existiera una psicología naturalista calcada del modelo biomédico.

Hoy es precisamente ese modelo biomédico el que no nos permite calificar de forma psiquiátrica al asesino de Lardero. No cabe en las clasificaciones, se cae por las grietas y es posible que encontremos en TVE durante un tiempo a psiquiatras diciendo que estos criminales no están enfermos pero si perturbados o enajenados. Esta contradicción hay que perseguirla históricamente a través de la novela que es mucho más fiable y descriptiva que las historias clínicas de entonces y las de ahora.

Bibliografía.-

S. Freud (1927) Dostoyevski y el parricidio

Lo trágico en la cultura

La naturaleza es fascista pero la cultura es trágica. @pacotraver

La muerte no es un derecho sino una fatalidad @pacotraver

Recientemente ha sido aprobada en nuestro país una ley sobre eutanasia por una gran mayoría en el Congreso, solo PP y Vox se han posicionado en contra. Es verdad que no he leído la ley y que no conozco el cuidado con la que se ha elaborado pero me parece que el debate al que vamos a asistir no será muy distinto al debate que se mantiene aun con respecto al aborto.

Respecto al aborto ya me pronuncié en este post (en este mismo blog) y también coincido con los argumentos que mi colega Pablo Malo escribió en una entrada de la misma época.

Lo interesante es que ambos bandos se enzarzan en discusiones que no pueden llegar a buen puerto pues cada uno pone el foco en un plano de definición distinto al de su oponente, pasa con el aborto y pasa ya con la eutanasia. Y lo peor: no se escuchan entre sí.

Hoy mismo en twitter he podido observar como ya comienza el debate acalorado entre unos y otros -los defensores de la vida como si la vida fuera un valor absoluto  y los defensores de la dignidad como si hubiera algo en la muerte de digno- todo ello aderezado con la intervención de la OMC (organización medico colegial) que nos recuerda el juramento hipocrático y que los médicos estamos para defender la vida, cosa que por otra parte es obvia. Algo que me ha recordado a cuando se propuso el tratamiento con metadona de los adictos a la heroína por vía intravenosa. Se decía que permutar una droga por otra no podía considerarse un tratamiento médico y hubo muchos colegas (no necesariamente de derechas) que se opusieron a este plan que poco a poco fue implantándose en todo el territorio nacional. Y hay que decirlo: fue un éxito y lo fue por dos razones: la primera porque de lo que se trataba no era de curar sino de minimizar los daños de la jeringuilla compartida, apartar al drogadicto de la vía inyectable y acercarlo al sistema sanitario y la segunda razón porque el tema no se politizó, había representantes de los dos bandos en las dos posturas.

Con el aborto y la eutanasia pasa todo lo contrario, cada bando mantiene una postura fija e inamovible, algo que siempre sucede cuando se habla sin saber de qué se habla porque ¿qué es la eutanasia?

Eutanasia significa «buena muerte» es decir eso que los chinos llaman septimo cielo, una muerte dulce, sin sufrimiento, una muerte sobrevenida y dulce, quizá durmiendo, algo que en cualquier caso no lleva ningún dolor para el «mortiturus» que apenas se entera de que está muriendo. En este sentido la inyección letal que se aplica a los condenados a muerte, es eutanásica (eutanasia procesal), también los que descerrajan un tiro en la nuca a un opositor político. Es una muerte rápida e indolora y por tanto eutanásica.

Desenchufar los aparatos de ventilación que preservan una vida vegetativa se llama eutanasia pasiva, mientras que no enchufarlos (privar al enfermo de tal prótesis) se llama eutanasia activa. También están los cuidados paliativos que se prestan en situaciones terminales y son una forma de eutanasia (por sedación terminal) cuando ya es imposible esperar ninguna mejoría en un paciente determinado. Los cuidados paliativos se emplean ya en nuestros hospitales y precisan de un permiso especial tanto por los comités de ética de los hospitales como del conocimiento de la familia. Así y todo dan lugar a pleitos cuando la familia no acaba de estar de acuerdo con ciertas decisiones. En este sentido los médicos que practican esta forma de eutanasia con esta ley van a sentirse mucho más amparados, pero lo cierto es que cuando pensamos en eutanasia no estamos pensando en estos casos limites entre la vida y la muerte, estamos pensando en el caso de Ramón Sampedro de aquella película de Amenabar llamada «Mar adentro» que cuenta un caso real.

Se trataba del caso de un tetrapléjico que vive inmerso en su propia cama y que necesita cuidados de todo tipo para seguir viviendo, así y todo Sampedro tenia una vida social más intensa que la mía: recibía visitas continuas de amigos, cuidadores y de algunos activistas del asunto que nos incumbe. Al final convence a una cuidadora «compasiva para que le administre una inyección letal. Curiosamente no anima a sus activistas a reivindicar una mejor atención a los dependientes.

Dicho de otra forma: pensamos la eutanasia como una petición formal de alguien que se ha cansado de vivir, alguien que conserva los cinco sentidos intactos para realizar tal petición y además existe una patología intratable que no es posible que vaya a mejorar con el tiempo. Necesita además alguien que se haga cargo de «quitarle la vida» puesto que él solo no podría llevarlo a cabo. Estamos en el territorio del suicidio asistido.

De manera que la palabra «eutanasia» es confusa y nos hace pensar en prácticas que nada tienen que ver con la eutanasia propiamente dicha. En Sampedro estamos pensando o bien en este caso, donde el marido acaba suicidando a su esposa también por compasión.

De manera que el conflicto procede del hecho de si se puede o no «quitar la vida» a alguien por compasión.

Pero la ley no se ha llevado al Congreso por este tipo de casos que son en cualquier caso discutibles según las preferencias sentimentales de cada cual. Se trata de casos extremos y lo peor que se puede hacer es legislar para los casos extremos pues lo que va a suceder una vez esta ley se haya aprobado es que van a surgir innumerables casos promedio que no van a reclutar tanta empatía en el publico en general. Al tiempo que cada vez se banalizará más tal práctica y las peticiones que alcanzarán a personas absolutamente desquiciadas, llevando la ley al esperpento.

¿Pues qué hacer en el caso de una demencia de larga duración, donde el paciente no puede dar su consentimiento ni ha verbalizado su intención de llevar a cabo la eutanasia? Estos van a ser los casos más abundantes junto con los grandes dependientes psíquicos o físicos. ¿Quién va a pedir la eutanasia por ellos?

Y nos queda el caso de los pacientes psiquiátricos. Es seguro que esta ley va a promover demandas de eutanasia, estoy pensando en casos que he visto personalmente: psicóticos crónicos, depresivos profundos, incluso anorexias graves, trastornos de personalidad, etc. Todos ellos pacientes jóvenes que intentaron suicidarse algunas veces en su vida sin éxito y que es probable que se acojan a esta ley que en ningún caso parece que va a hacer excepciones con ellos llevando a su asistencia a una contradicción: son pacientes que usualmente reciben tratamientos o ingresos involuntarios pero podrán elegir de forma voluntaria la eutanasia.

Hay algo en la cultura -tal y como dice Simmel- que es trágico y lo es porque existen contradicciones insalvables entre la ética que es individual, la moral que es grupal o social y el Derecho que es Estado.

El Estado es un mal garante de la moral social y de la ética individual pues la política no se ocupa de estas cuestiones y nos lleva a un atolladero: podemos pensar que la eutanasia es inmoral y al mismo tiempo vivir en un entorno donde está permitida con toda la tecnología puesta a su servicio.

Pero nadie ha resuelto el dilema de fondo: los mismos que promueven el aborto y la eutanasia son los que se oponen a la pena de muerte, es decir a la eutanasia procesal.

No es necesario que nadie me lo explique, porque también es verdad lo contrario: los que defienden el derecho a la vida no se oponen en el fondo a la pena de muerte, por las mismas razones: por compasión. La pena de muerte tiene algo de compasiva pues determinados criminales pareciera que anduvieran buscando un castigo proporcional a sus crímenes y su degeneración moral es similar a la decrepitud física de muchos enfermos.

Sí es sí o no

Las relaciones entre sexos están presididas por un orden de complejidad que no ha hecho sino incrementarse con la nueva moralidad que nos quieren imponer aquellos que defienden la corrección política y sexual y que pretenden además hacerlo con leyes, normas y sanciones. Una especie de nueva urbanidad que va más allá del decoro y la buena educación y que busca refugiarse en políticas concretas destinadas a fines espúreos sobre lo que no voy a comentar nada. Simplemente este post está destinado a hacer comprender a mis lectores que este tipo de propuestas están destinadas al fracaso.

En las relaciones sexuales está vigente -incluso jurídicamente- el paradigma del consentimiento que puede traducirse en el eslogan que da titulo a este post, «solo sí es sí» que parece que es muy intuitivo pero que en realidad esconde no pocas falacias y solo sirve para los casos extremos como por ejemplo en la violación. Es obvio que la violación se ha tomado como paradigma de referencia del resto de posibilidades que suceden en la vida real. Veamos algunas:

  1. Para empezar existen limites para el consentimiento sexual, la más conocida es la edad del que concede el consentimiento (que puede ser hombre o mujer). Se supone que por debajo de cierta edad (que es arbitraria) nadie puede dar su consentimiento, por la misma razón que un niño o niña de 14 años o menos tampoco puede conducir o votar.
  2. Otro de los limites y que pervierten el consentimiento es el estado mental del consentidor. Estar embriagado por alcohol o intoxicado por drogas.
  3. Una persona en su sano juicio puede dar su consentimiento para ser atada, golpeada, maltratada o humillada por su pareja sexual. Ciertas practicas como el BDSM ponen sobre la mesa la duda sobre si dar el consentimiento para estas practicas es o no legítimo.
  4. Una persona puede dar su consentimiento para una relación sexual y arrepentirse a medio camino, algo completamente plausible.
  5. Una persona puede dar su consentimiento para una relación sexual sin estar convencida de ello o simplemente no haber madurado lo suficiente para saber qué significa eso del «consentimiento». Algunas relaciones sexuales se llevan a cabo por la presión del grupo o por agradar o complacer a la pareja.
  6. La mayor parte de las relaciones sexuales no se inician con un si o un no categórico sino que los avances en este tema se llevan a cabo a través de actitudes corporales, indicios que llevan a una escalada donde el «contrato o consentimiento» no tiene lugar de un modo verbal, ni al comienzo ni durante el tiempo que dura el coito propiamente dicho.

De manera que no podemos considerar al consentimiento como algo objetivo, inamovible y fiable. Dicho de otro modo no se puede legislar teniendo como base conductual el citado «consentimiento» que solo sirve -como he dicho más arriba- para los casos extremos como la violación, los tocamientos no demandados o la difusión en redes sociales de imágenes eróticas para las que no se ha pedido consentimiento.

¿Entonces cómo se resuelve este problema?

La primera cuestión, es que este tipo de problemas no se resuelven nunca pero se pueden agravar. Se trata de un problema endemoniado (wicked problem). Y lo que caracteriza a este tipo de problemas es que empeoran cuantos más esfuerzos hacemos por erradicarlos o mejorarlos.

Cuando nos enfrentamos a problemas complejos, los resultados se vuelven más impredecibles. No existen ni mejores ni buenas prácticas catalogadas para las situaciones frente a las cuales nos podemos encontrar. Simplemente, no sabemos con anticipación si una determinada solución va a funcionar. Solo podemos examinar los resultados y adaptarnos. Este es el dominio de las prácticas emergentes. Las soluciones encontradas rara vez son replicables, con los mismos resultados, a otros problemas similares, lo cual indica que legislar sobre ellos es inútil pues las leyes no puede recoger la complejidad de las interacciones entre individuos, solo pueden caracterizar a grosso modo las interacciones más robustas y fáciles de definir,

En otro lugar he hablado de estos entornos con el nombre de problemas “endemoniados” (wicked problems). Lo interesante es que en este tipo de entornos los expertos no sirven de mucho más que para apuntar opiniones más o menos estandarizadas pues lo que define a un dominio complejo es que el problema no puede ser definido sino después de haberse resuelto,

Este es el campo de las soluciones políticas a problemas difíciles de abordar, y también los problemas sociales y como no, los problemas mentales. Tratar un problema mental siempre se da en un contexto de incertidumbre pues no solo intervienen muchas variables como en el dominio complicado sino que estas variables están ocultas entre los vínculos de una variable y otra.

Tratar un problema mental siempre será mas seguro si lo hace un psiquiatra o un psicólogo pero de ahí no podemos deducir que todos los psiquiatras o todos los psicólogos van a estar de acuerdo, no sólo en el tratamiento sino en la solución del problema. El profesional experto introduce a su vez una variable -la de su personalidad o carisma- que va a operar como una emergencia incierta. Un psicólogo no podrá replicar nunca lo que le enseñó su maestro: siempre habrá que tener en cuenta la novedad y la innovación creadora de su discípulo, que pocas veces será consciente de su potencial de operar cambios en los demás. No solo no hay dos pacientes iguales sino que no hay dos patologías iguales, ni dos terapeutas iguales y lo que hoy fue un éxito aquí mañana puede ser un fracaso allí.

Y cuando estamos frente a un problema de estas características lo mejor es la solución ética.

¿Qué es lo que hace que una niña de 13 o 14 años mantenga relaciones sexuales completas con un muchacho en el mejor de los casos de su edad?

Naturalmente la presión del grupo y la presión del muchacho. Esto no es un fenómeno nuevo y nos ha pasado a todos cuando nuestras hormonas andaban revoloteadas en la pubertad y adolescencia. Lo que es nuevo en la actualidad es la escasa resistencia de las muchachas. Hoy parece que cualquier chica que mantenga su virginidad es excluida del grupo por ser poco interesante. Es como si hubiera una competencia por ser promiscuas. Naturalmente habrá quien piense que esta misma recomendación debería hacerse a los muchachos pero esta es un idea ingenua. Los chicos tienen más impulsos sexuales que las chicas y buscan el sexo con más insistencia y variedad que las chicas.

Las chicas saben muy bien lo que quieren los chicos sin embargo saben más bien poco de lo que quieren ellas.

La perversión de las ideas feministas.-

Podemos hablar de tres generaciones en el pensamiento feminista: las dos primeras son 1) la del voto universal y 2) la de los derechos civiles (tener cuentas en el banco, derecho a la educación, etc). Todo el mundo hoy estamos de acuerdo en esta igualdad que propugnaban las feministas originales pero a partir de los años 60 sucedieron otras cosas que pusieron patas arriba el paradigma tradicional de los feminismos igualitarios. Se inventó la píldora anticonceptiva y la minifalda se puso de moda entre las jóvenes, los chicos dejaron crecer sus melenas y se identificaron con sus héroes musicales en lugar de con los masculinismos tradicionales que hasta entonces habían sido héroes militares.

«Hacer el amor y no la guerra» fue la consigna de aquellos años pero fracasó por una razón fundamental: a las mujeres no les conviene tener hijos con según quien. Ellas más que ellos necesitaban relaciones estables para cuidar de esos retoños nacidos en la borrachera de Woodstock. El hippismo no era un buen invento para ellas aunque era ideal para ellos.

Por eso el feminismo de tercera generación fue más allá y se reivindicó el aborto libre. «Mi cuerpo es mío» reemplazó al viejo slogan californiano. Aquí ya no hay tanto consenso y la población se dividió entre los «defensores de la vida» y los activistas del aborto libre.

Pero lo más contradictorio es contemplar cómo es posible que con un acceso tan fácil para la anovulación se pasara a la siguiente trinchera. ¿Para qué abortar si podemos optar por anovulatorios baratos y accesibles? Lo cierto es que la aparición de los anovulatorios ha tenido más incidencia en la sexualidad de las mujeres que en su fertilidad. Si siguen habiendo mujeres que abortan es porque no han tomado las debidas precauciones, lo que plantea una vieja pregunta freudiana

¿Qué quieren las mujeres?

¿Buscan la hipergamia o la estabilidad familiar?

Ningún hombre sabe a ciencia cierta qué quieren las mujeres pero lo peor es que ni siquiera ellas lo saben. Y en mi opinión esa es una tarea inconclusa del feminismo. En lugar de plantearse el aborto libre por qué ninguna feminista se planteó la pregunta de este modo: «vamos a detenernos ahora que ya tenemos derechos civiles, derecho al voto y que podemos ir a la universidad como nuestros hermanos, vamos a detenernos y preguntarnos qué queremos en realidad».

No se hizo esta pregunta y las batallas ideológicas llevaron al feminismo al siguiente planteamiento: «las mujeres estamos oprimidas por el patriarcado». Hay que terminar con el patriarcado para conseguir un mundo libre y amigable. Obsérvese como en lugar de preguntarse ¿qué queremos y como lo podemos cambiar y conseguir», lo que se plantea es «los hombres son culpables y hay que reeducarlos». Aparecen entonces ideas como «el machismo tóxico» o «los micromachismos de cada día». La idea fuerza es que las mujeres están sometidas a este tipo de estructura social que las oprime en todos los ámbitos, doméstico, cultural, deportivo, salarial y universitario y precisamente en el momento en que existe más igualdad en el mundo y donde las mujeres son mayoritarias en la universidad y en ciertas profesiones, por no hablar de talentos artísticos y deportivos. Han triunfado en todos los espacios sociales y han igualado a los hombres en todo tipo de tareas, desde el derecho, hasta la medicina o la natación.

¿Por qué ahora salen con el machismo? Precisamente ahora.

Pues porque las ideas se pervierten cuando se consiguen ciertas metas y no son desactivadas por las que viven de la ideología y logran transmitirse a la población general. Para un trabajador manual tener un mes de vacaciones al año, un coche particular o una casa en el pueblo ya no es una aspiración sino una realidad. Pero si se siguiera estirando de ese hilo la próxima meta sería quitarle la fabrica a su dueño (el comunismo) o el asesinato del empresario.

Es por eso que la próxima trinchera del feminismo es aun más delirante: «matemos a los hombres y castremos a los niños». Naturalmente esta ideología extrema no es seguida por la mayor parte de las mujeres pero en realidad todas las mujeres se benefician de esa salida de quicio del feminismo: reparto de cuotas en todos lados, leyes de violencia de género donde siempre aparecen como víctimas, ventajas en los divorcios y en la educación de los hijos, denuncias falsas para obtener ventajas en caso de tutelas y toda clase de beneficios por el hecho de ser mujer.

Naturalmente este estado de cosas es una perversión de la idea original donde las mujeres buscaban un espacio publico social que prácticamente ya habían conseguido en los 70.

Y lo que sucede cuando se alcanza un objetivo es que muchas personas se quedan sin trabajo, algo así le pasó a la socialdemocracia europea: hay como una escalada de encuentro de nuevos espacios donde insertar cualquier malestar y toda persona tiene un espacio de malestar negado que pronto o tarde le hará enrolarse en una ideología identitaria, no importa si es la raza, la orientación sexual, el género, el clima o el veganismo. Una vez alcanzado un  estado bastante elevado de bienestar había que pasar a otra cosa: se optó por lo identitario y lo identitario no solo consolidó la negación e impidió refrescar las ideas que mas arriba señalaba sino que canceló la cuenta de débito de las minorías consagrándolas como casi santas laicas.

Por eso si, puede ser si o no, como puede ser acaso o quizás más tarde

El Estado mínimo de Nozick

Si en el post anterior os hablé de John Rawls y su teoría de la justicia hoy os traigo a Robert Nozick que es de alguna manera su alter ego. Rawls es por así decirlo un socialdemócrata si bien su libro «La teoría de la Justicia» es de 1972 y posteriormente cambió de opinión varias veces como sucede siempre en los pensadores. Nozick en este sentido es un libertario y podríamos decir que es de derechas.

En mi opinión tanto uno como otro están equivocados o si se quiere están representando los extremos de la eterna dialéctica entre libertad y igualdad. El problema es que tanto una como otra no existen como seres vivos sino como abstracciones polisémicas, solo están vivas las personas, es por eso que para cada cual libertad e igualdad son cosas distintas y es muy complicado ponerse de acuerdo. Es por eso que en política solo podemos llegar a acuerdos bajo presupuestos mínimos.

Un mínimo acuerdo.

Resentimiento y teoría de la justicia

justicia

El resentimiento es -como su nombre indica- un sentimiento y un sentimiento es una emoción inteligible, más allá de lo sensible después de un pase por lo cognitivo y la memoria (recuerdo). Es por eso que prefiero hablar de estados afectivos.

Es además un sentimiento al cuadrado (de ahí la partícula re) un sentimiento doblado, un doble sentimiento cuantitativamente hablando: un sentimiento que ocupa un lugar hegemónico, un gran espacio en nuestra memoria. Algo que sucede también con la reflexión, con la que está emparentado: una flexión doble sobre algún aspecto cognitivo, generalmente sobre uno mismo.

Todos tenemos en nuestra vida motivos para el resentimiento, ¿quién no tiene algún recuerdo de cuando nos sentimos injustamente tratados por aquel amigo que disponía de bicicleta y nosotros la codiciábamos mientras él -impertérrito- solo nos dejaba correr tras él en la calle?¿quién no tuvo una amiga que estaba más delgada que nosotras mientras no podíamos -a pesar de la dieta- alcanzar su peso?¿quién no se ha sentido tratado injustamente por sus hermanos mayores o postergado por los menores? ¿Por qué algunos compañeros parecían sacar mejores notas que nosotros aparentemente sin esfuerzo?

Obviamente todos tenemos recuerdos en ese sentido. Todos llevamos esa marca de injusticia en nuestra memoria y sucede por una razón: aprendemos a comparar antes que a contar. Comparamos tamaños, figuras y formas, pero sobre todo comparamos los recursos que recibimos siempre teniendo como referente a aquellos que -según nuestra apreciación- tienen más o mejores prebendas. De ahí procede la codicia: el deseo de tener lo que otros tienen, siempre y cuando lo que tienen sea algo deseable, nadie codicia a quien le falta un brazo. la codicia es un deseo de máximos.

Pero aunque todos hayamos tenido esas experiencias en nuestra vida no todos desarrollamos un carácter resentido. Porque para llegar a conformarlo, es decir para que el rencor ocupe el centro de nuestra vida es necesario que sucedan algunos pases que vienen descritos en este aforismo árabe:

Siembra un pensamiento y cosecharás un acto;
Siembra un acto y cosecharás un hábito;
Siembra un hábito y cosecharás un carácter;
Siembra un carácter y cosecharas un destino.

Es decir, primero hay una ocurrencia que puede ser una falsa apreciación o bien una apreciación correcta, eso no importa. Pudo haber una injusticia flagrante o pudo no haberla pero en cualquier caso esta ocurrencia ha de constituirse en una injusticia sentida y central en el momento en que se percibió, una injusticia amenazante que socave la autoestima o el autoconcepto, o que amenace nuestro mundo sentimental.

Más tarde se pone de manifiesto en la conducta, en una conducta podríamos decir victimaria, lloriqueante. La rigidificación de esta conducta da lugar a una costumbre: uno termina por relacionarse con los otros en función de demandas culpabilizadoras que tienen resultados diversos. Pero esos resultados negativos son los que refuerzan precisamente la universalización de las mismas en forma de hábitos y más tarde se implantan en el carácter, en un rasgo permanente. Uno aparece como demandante, inconformista, querulante y victimista y desarrolla al mismo tiempo habilidades para hacer llegar su mensaje y doblegar la voluntad de los demás.

John Rawls fue un filósofo estadounidense de filosofía moral y lógica que hizo buenos aportes a una teoría de la justicia. Para Rawls es necesario tanto definir como llegamos a ese concepto de justicia como el contenido de la justicia misma.

Para ello, supone una reunión de filósofos con un «velo de ignorancia» propuestos para tal fin, pero hay una condición: los sujetos deben dejar fuera del salón de reuniones sus propios conceptos de justicia, su sexo, su raza, su ideología, sus experiencias sentimentales. Algo así como comenzar desnudos de toda idea preconcebida para legar a un consenso universal sobre tal cuestión. En este sentido, una persona resentida no tendría asiento en ese club puesto que estaría pensando en sus propias experiencias de injusticia y trataría de imponerlas a los demás, pues ¿qué importancia tiene la injusticia ajena más allá de la propia?

Rawls es un contractualista y propone que no existe un derecho natural a nada, que los derechos se conceden de una manera consensuada en las sociedades y es por eso -que los consensos cambian- que cada vez los individuos tienen más o menos derechos en función del sujeto político – el Estado- que los concede. Sin embargo gran parte de esos derechos no han sido ganados ni merecidos sino concedidos y de la misma forma que se concedieron se pueden retirar.

Para Rawls la libertad es algo de rango superior a la igualdad y libertad es sobre todo libertad de pensamiento y conciencia. La igualdad es una categoría de rango inferior que merece ser considerada en tanto en cuanto ha de procurarse disminuir la desigualdad. En este sentido no tiene sentido luchar por la igualdad sino disminuir el impacto de las desigualdades a fin de minimizarlas. Para Rawls un porcentaje mínimo de desigualdad es no sólo inevitable sino necesario siempre y cuando no se llegue a la indignidad de los más desfavorecidos.

En este sentido los resentidos serian personas que de un modo u otro han sido favorecidos por una corriente de opinión excesivamente empática que les ha legitimado a continuar siéndolo incluso a escalar socialmente en razón de ese resentimiento. No existe mayor paradoja en nuestro tiempo sino que un resentido llegue al poder político en función de un oscuro resentimiento que se vende públicitariamente como liberación colectiva.

Y gran parte de su éxito político se basa precisamente en que hay muchos resentido aunque cada uno por sus razones.

Es por eso que es imposible crear una sociedad armoniosa de resentidos.