Madrid, 1834

En 1834 Madrid aun conservaba intacta la muralla que había construido Felipe II cuando la convirtió en la capital del reino y que encorsetó su crecimiento demográfico hasta su retirada. Extramuros, se concentraba una población inmigrante de campesinos venidos de todas partes de España que se establecieron en chabolas y barrios insalubres serpenteando el rio Manzanares, donde las aguas fecales convivían con la miseria, la enfermedad y el hambre. Intramuros, en una población ensimismada convivían los estados más altos de la aristocracia, el clero, menestrales, golfos y rateros de toda clase y condición, siendo el clero la población más abundante en aquella época y la prostitución la clave del progreso para algunas. Los palacios de la época de Carlos III y las Iglesias con sus bóvedas que parecían reclamar su parte de prestigio al cielo conformaban gran parte de su paisaje que contrastaba con la pobreza de los barrios más populares y por supuesto con aquellos que vivían fuera de la cerca siempre cerrada a cal y canto sobre todo después de la epidemia de cólera que se había desatado en España dos años antes.

El cólera vino de la India y entró en España por Vigo a través de su puerto, pronto invadió Andalucía y Valencia probablemente a través de otros buques. La primera idea que sostuvo parte del gobierno fue la del «cordón sanitario». ¿Se podía cerrar Galicia a cal y canto? Hubo opiniones de todos los colores, pero al fin se decidió que era imposible y más cuando la ciencia de entonces no se ponía de acuerdo respecto a si el cólera era o no transmisible. La opinión más fundada era de que se trataba de una enfermedad transmitida por miasmas y que era una enfermedad ambiental, algo atmosférico y natural condicionado por la poca higiene. Koch tardaría aun medio siglo en descubrir el germen que estaba detrás de la tuberculosis, de manera que la teoría de los gérmenes aun no andaba presente en la mentalidad de aquella época. Sin embargo, las autoridades prohibieron algunas cosas: las reuniones de más de 10 personas (que no afectaba ni al clero ni a las tertulias aristocráticas) parece que estaban en consonancia con la idea de que podía ser algo transmisible, así como que la venta de verduras se trasladó de lugar, más allá de la cerca. Se sospechaba con razón de que el contagio era oral-fecal, aunque la mayor parte de los médicos creían que se transmitía por el aire. La epidemia de cólera hizo que muchos nobles abandonaran la ciudad empezando por la reina regente Cristina que junto con el gobierno se trasladó a la Granja y allí se confinaron. Sin embargo la situación en los pueblos no era mejor, la mayor parte de los médicos huían de sus puestos por lo que se hizo necesario dictar un decreto para impedirlo. Los que se quedaban acababan muriendo. El cólera mató a unas 800.000 personas en dos años hasta que desapareció sin saber porqué. Más tarde volvería.

La culpa de todo, según la Iglesia era porque Dios estaba muy ofendido con su rebaño, que había perdido la fe y vivía de formas impías. Los curas en sus homilías bramaban contra la molicie de la población y la población más menesterosa por su parte pergeñó otras teorías: la epidemia estaba causada por el envenenamiento de las aguas que los curas y frailes habían propiciado para matar a todos los pobres que vivían fuera de la cerca y lo hacían a través de los aguadores y los golfillos que derramaban en las fuentes su veneno. Ello propició una asonada en Madrid contra los clérigos que terminó con cientos de muertos, heridos y un estropicio en ciertos conventos o basílicas.

Pero la epidemia de cólera no era el único problema que vivía la ciudad. La primera guerra carlista estalló entre la España profunda y la España acomodada de las ciudades. Los carlistas perseguían la instauración de la ley sálica y defendían la opción al trono de Carlos Maria Isidro, hermano del rey Fernando VII que era incluso más reaccionario que él y mantenia ideas absolutistas que parecían de otra época. Los carlistas empezaron tres guerras en el siglo XIX que desangraron España y dividieron el país en dos bloques: liberales o isabelinos y carlistas, algo así como hoy hacemos, derecha e izquierda, progresistas y conservadores, ahora bien el bando liberal no era tampoco trigo limpio, y había muchas sensibilidades -como se dice ahora- en ellos, unos eran radicales como Riego, otros afrancesados, otros solo aspiraban a volver a la Constitución de 1812 y otros que veían el atraso y la pobreza en España solo pretendían modernizar nuestro país. Tuvieron un trienio liberal que también fracasó abortado por un ejercito francés y por las propias contradicciones y que fue la ultima oportunidad de meterse en el progreso. Desde entonces en España todo ha sido una repetición. Los carlistas tenían espías en Madrid y conspiraban y sonsacaban información, los conventos servían de refugio a muchos de ellos, pues había connivencia entre el clero y la causa carlista que era sin duda una causa reaccionaria, si bien la defensa del absolutismo también lo era. Así había no solo isabelinos contra carlistas sino también entre absolutistas y parlamentaristas, los partidarios de dar todo el poder al rey o al parlamento. Y dentro de este circulo, las sociedades secretas, masones, y otros menos recomendables como los comuneros.

El premio planeta 2021.-

Como todo el mundo sabe, el premio planeta de este año ha recaído en una mujer llamada Carmen Mola que no es en realidad una mujer sino el pseudónimo con el que escriben tres escritores bien dotados para el guión cinematográfico. Esta cuestión tenía su morbo, de modo que comencé a interesarme por esa Carmen Mola e incluso leí -sin que llegara a interesarme demasiado- una de las novelas de una trilogía anterior, La «nena», una novela sucia, de esas que acaban por darte asco, de tanta mierda, cerdos, sangre y charcutería humana. ¿De modo que esa era la razón del éxito de la tal Mola? Lo cierto es que la trama me pareció tan inverosímil que terminé la novela con la moral baja pues me había prometido leer «La bestia», un título que tampoco aseguraba mucha sutilidad.

Y así es, la Bestia es una novela de suspense, una novela negra, también algo «gore» que tiene -sin embargo- una lectura bien distinta a «La nena». Se trata de una serie de crímenes seriales que son investigados por distintas razones por diversos personajes y que se encuentra escrita en esa clave cinematográfica de la que hablaba anteriormente. Los autores nos llevan de la mano de mc guffin en mc guffin, aqui el mc guffin es un anillo, pero en realidad la trama de la ficción (la búsqueda del asesino) me parece secundaria aunque está escrita según los cánones del lector actual, un lector adictivo, de esos que no pueden suspender la lectura hasta que alguien atrapa al culpable, o sea él. Y me parece secundaria porque en la novela hay otra novela inscrita y que es la mejor: el paralelismo entre aquella situación y la actual con nuestra pandemia de COVID. Vale la pena observar como cuando se produce una pandemia como la que estamos viviendo en la actualidad, vuelven a reproducirse todos los artefactos de anteriores pandemias, no importa lo aventajada que se encuentra una sociedad, parece que el miedo reactiva las paranoias, la desconfianza en la ciencia, la segregación entre contagionistas y no-contagionistas, entre vacunados y no vacunados, entre creyentes y descreídos , entre iluminados y pragmáticos. Hoy ya sabemos qué cosa son lo virus, pero basta una pandemia como esta para que surjan como setas interpretaciones delirantes sobre las causas de los contagios (el 5G), los culpables ya no son los curas sino las farmacéuticas, el gobierno desinforma (más por ignorancia que por maldad), las medidas que se toman -por ejemplo las mascarillas- no sirven de nada, las vacunas, es decir los remedios son peligrosos. Ya no son las sanguijuelas el remedio propuesto sino fármacos o hierbas o el clorito que nunca demostraron su eficacia y que nos ocultan a propósito, etc,

Este es el nivel de la novela que a mí más me ha interesado, pero aun falta un elemento en esta ecuación: ¿Alguien sabe qué es el adenocromo? Se trata de una sustancia que en ciertos medios suponen que es consumida por las élites y que se extrae de niños asesinados y torturados a fin de extraerles la sangre. Ese era el elemento que le faltaba a la novela para considerarse una paranovela, es decir una novela inscrita en otra novela, en realidad una teoría sobre lo que estamos viviendo en la actualidad.

Y esta teoría es que hemos progresado muy poco colectivamente si nos comparamos con aquella generación que en 1834 sufrieron la epidemia de Madrid y que la volverían a sufrir 20 años más tarde.

Un buen documento sobre la epidemia de cólera en Madrid 20 años después

Teoría del golpe de Estado

El origen del concepto «golpe de Estado» procede del siglo XVII y de la epoca de Richelieu que encargó a uno de sus bibliotecarios llamado Gabriel Naudé un informe sobre el concepto y la forma de llevarlo a cabo en «Considerations politiques sur le coup d´Etat. Algo que contradice la idea que todos tenemos sobre la cuestión y que nos imaginamos como una forma mas o menos violenta e ilegal de sacar a un principe o a un ejecutivo de sus funciones. En este caso se trataba de mantener a un monarca absolutista en el poder

Tampoco es verdad que los «golpes de estado» sean particularmente violentos o que sean llevados a cabo siempre por militares. En realidad ese es el golpe de Estado tradicional, de esos que se llevan a cabo en Africa, en países con poca o ninguna singularidad estratégica y sin tradición democrática alguna. Lo cierto es que este tipo de golpes ya no se usan en Europa ni en el llamado primer mundo a pesar de que en España tenemos cierta tradición en algo que se le parece mucho: los cuartelazos y los pronunciamientos que según ciertos autores no son la misma cosa.

Según el susodicho Naudé hay que diferenciar entre «golpe de estado» y «razón de estado» y lo que les diferencia es el factor sorpresa y el secreto en su gestación. El golpe de estado se ejecuta, sin embargo en la razón de Estado lo que mueve al gobernante es el uso de ciertas precauciones que en caso de precisar cierta violencia sea guiada por el honor, la justicia, la utilidad y la honradez y sobre todo: el bien común. Así Naudé admite antes de nadie que por razones de estado a veces es legitimo dar golpes de Estado. Hace además una tipología descriptiva de los golpes de Estado:

  • justos e injustos
  • Interés publico o interés particular
  • simples y complejos
  • Llevado a cabo por príncipes o sus ministros
  • fortuitos o casuales.

En 1962 un teórico llamado Finer definió el golpe de estado como el secuestro o eliminación del jefe del Estado con el fin de cambiar al gobierno o a sus políticas. Pero esta estrategia no es tarea fácil, para empezar, un golpe de Estado ha de ser bien visto por la población, algo que no sucederá si se lleva a cabo con violencia, tampoco tendrá buen fin si los países de su ámbito no da en visto bueno al cambio. Un ejemplo de este visto bueno es el caso de el Sisi en Egipto.

Razones para un golpe de estado.-

Los autores que se han interesado por el tema no han llegado a un acuerdo sobre los motivos que impulsan a veces a los militares y a veces a civiles a organizar un acto de esta naturaleza. Se han mencionado las crisis económicas, las peleas entre partidos, la falta o defectos de gobernabilidad, la perdida de una guerra, una crisis diplomática de relieve o la amenaza de una parte del ejército tal y como sucedió en Francia durante la IV República y que terminó con De Gaulle al frente del país con la intención de suavizar las relaciones con el contingente belicoso del ejército en Argelia. Una operación a todas luces ilegal que se llamó «Resurrección» y que representa el golpe de estado moderno en confluencia con la razón de Estado.

Y que dio lugar a una etapa de prosperidad en Francia de más de 30 años. Naturalmente de Gaulle terminó traicionando a sus compañeros de armas por el supremo bien común que no era otro sino el abandono de su aventura de ultramar.

De manera que los golpes de Estado a veces tienen consecuencias positivas sobre todo cuando se llevan a cabo de una forma organizada, sin violencia y por un tiempo breve. De Gaulle se presentó a las elecciones siguientes y arrasó en las urnas a pesar de haber cometido una ilegalidad.

Los golpes de Estado modernos.-

Los militares al menos en Europa no están muy interesados como antaño en acceder al poder político, han llegado a la conclusión de que los militares no son buenos gobernantes y además han sido educados para otro tipo de menesteres bien vistos por la población, como intervenciones en procesos de paz o ayuda en catástrofes naturales y sobre todo para intervenir en caso de agresión extranjera pero ya no se meten en la política de puertas adentro. Pero lo cierto es que para dar un golpe de estado ya no es necesario utilizar al ejército, en caso de necesidad se puede echar mano de ejércitos extranjeros o de pequeños grupos de mercenarios bien entrenados. Dar un golpe de Estado con secuestro o eliminación del ejecutivo es fácil, el problema es qué hacer después, qué hacer ante el vacío de poder o qué respuestas darles a nuestros vecinos con los que estamos necesariamente vinculados.

Es por eso que ese tipo de golpes ya no se usan, es mucho mejor utilizar atentados terroristas del calibre que se precise para irrumpir ante la opinión publica con un efecto de sorpresa y de pavor. A continuación se busca un culpable o se adjudica el atentado a quien más interese. Naturalmente este tipo de golpes necesitan preparación , no tanto en la técnica del atentado (llevado a cabo por profesionales) sino en la dirección que han de tomar las noticias inmediatamente después, algunas de las cuales ya se encuentran prefabricadas, asi como las pruebas para señalar, de modo que solo es necesaria la complicidad de un pequeño grupo de personas bien ubicadas en ciertas instituciones.

Después del atentado terrorista lo mejor es convocar un referendum ilegal. la función de un referendum ilegal no es tanto conseguir que el pueblo de la razón al gobernante con una mayoría de «Síes» sino conseguir dividir a la población entre los que van a votar (los que están de acuerdo) y los que no van votar (que están por el No). No importa la participación, lo que quedará en la memoria colectiva es que el «Si» ganó por mayoría, algo que se adereza con fotografías o videos de inocentes votantes agredidos por la policía. Piénsese que todo golpe de Estado ha de estar presidido por la idea de «democracia». Y votar es democrático, y esa es la verdad abyecta que subyace a todos los intentos de violar la ley. De lo que se trata es de capturar voluntades escindidas o dudosas que puedan decantarse hacia la ilegalidad por motivos emocionales.

Pero sin duda la mejor forma de dar un golpe de Estado blando es ir poco a poco. Un golpe de Estado de esta naturaleza no puede llevarse a cabo en una legislatura, necesita un plan a largo plazo. Para ello lo más importante es derrotar al adversario a veces con trampas mediáticas o propaganda orientada a identificarle con el demonio. Es por eso que un golpe de estado no siempre consiste en quitar al que manda, sino impedir que otro pueda mandar.

De la ley a la ley, es una frase que se atribuye a Fernandez Miranda que fue el arquitecto jurídico de la transición y el que consiguió por arte de magia el paso de una dictadura a una democracia coronada. Es la mejor estrategia y la más limpia -la que ahora gracias a la pandemia hemos conocido-, consiste en gobernar por decreto, anular el Parlamento, silenciar a la prensa, no aparecer en TV más que para dar buenas noticias, ampliar la base social clientelar en forma creciente y darle la culpa de los problemas a los demás. Se consigue crear un clima de indefensión aprendida (no se puede hacer nada) que hace que poco a poco el escaso tejido social se debilite, que los otrora independientes se hagan dependientes y que cada vez haya mas gente desinteresada en lo publico y refugiada en su pequeño mundo doméstico.

Es imposible en España hoy cambiar la Constitución por eso la mejor estrategia es vaciarla de sentido, algo que se conoce con el nombre de revolución molecular disipada.

Dicho de otra manera ya no es necesaria una intervención armada o violenta para cambiar los gobiernos, de lo que se trata es de que no cambien y tengan tiempo para ir implantando medidas congruentes con sus planes, pues es verdad como dice Monedero (aquí abajo) que el problema de la política es el cortoplacismo y así es imposible gobernar más que con la antigua alternancia izquierda-derecha.

Bibliografía.-

El manual de Monedero

Subtipos del golpe de estado

El misticismo secular

La secularización del mundo puede definirse con aquel proceso o paso desde una sociedad organizada desde un paradigma religioso a una sociedad civil. En Europa, este paso tuvo derivadas políticas en forma de violencia, desastres y anarquía y enormes cambios sociales que se atribuyen a la Revolución francesa que vino acompañada de un enorme terremoto cultural: la Ilustración, apoyado en distintas formas de entender el naturalismo. Pues esa era la idea: sustituir el derecho feudal por el derecho natural.

Así la secularización tiene versiones políticas, la aparición del tercer Estado, la burguesía, pero también consecuencias científicas como por ejemplo la consideración de que las enfermedades mentales eran enfermedades genuinas como las enfermedades somáticas y como no, consecuencias culturales: la Enciclopedia.

Pero la secularización supuso un cambio en el orden político de consecuencias inciertas tal y como siempre sucede con las revoluciones, donde el caos tiende a limitarse -cuando ya no es posible manejarle- con soluciones drásticas. Es necesario recordar que Napoleon y el Imperio – La Grandeur– es una consecuencia directa de la Revolución francesa.

Sin embargo la secularización, es decir la idea que las relaciones entre los hombres, y los hombres con el Estado ya no estaban fundadas sobre la teología divina y que dictaba el clero en convivencia con la nobleza, trajo muchos problemas morales a la población civil. Problemas que han ido instaurándose poco a poco, de manera sutil sobre el imaginario de los ciudadanos y que podríamos responder atendiendo a esta pregunta ¿Por qué es bueno ser bueno si Dios ya no aparece como árbitro de nuestros actos?

Esta pregunta no es baladí pues toda moral necesita de un Fundamento y no cabe duda de que el Antiguo régimen contenía una cláusula fundamental: el mandato divino es el Fundamento de toda moral. El problema vino después, si Dios ya no es el fundamento de nuestra moral ¿quién está a cargo?

La solución que se dio a este problema se llamaba República, esto es lo que hoy llamamos civismo republicano: libertad, fraternidad e igualdad, eran las guías de la nueva moral, una moral civil completamente despojada de su origen, un mandato divino inapelable. Una moral a cargo del Estado que se mantuvo como el garante de la seguridad y libertad de sus individuos a través del derecho republicano. Algo que paulatinamente fueron adoptando todos los Estados en Europa que pasaron así a declararse aconfesionales y a tolerar cualquier culto religioso en su seno. Algo que se universaizó en Europa con el idealismo kantiano, que es un cristianismo protestón.

De manera que hoy vivimos en sociedades secularizadas pero…

Pero había algo que quedó colgando en el tintero de la historia, un anhelo que quedó suspendido en el aire: la pretensión del hombre de participar en la divinidad que justificaba moralmente a otros personajes de ficción romántica como Raskolnikov en «Crimen y castigo» que declara que «Si Dios no existe todo está permitido». Una forma de decir que sin Fundamento divino no puede existir moral o bien que el hombre debería convertirse en Dios tal y como Nietzsche sugirió.

El gnosticismo es una doctrina surgida del cristianismo primitivo -y que terminó declarada como herejía- que sugería que la salvación individual no sobrevendría solamente por el sacrificio de Cristo o la fe, sino que era necesario que cada hombre y cada mujer adquirieran un cierto conocimiento de lo divino a fin de acercarse a él. Pues gnosticismo significa «conocimiento». Su contrario es el agnosticismo, es decir la aceptación de que Dios, de existir no puede ser hackeado por la voluntad del hombre pues el concepto de Dios es inabarcable e inaccesible a la mente humana. Dios -de ser algo- no es ni una persona, ni siquiera un ser con existencia biológica propia, Dios puede ser una serie de leyes físicas desconocidas por los hombres, una especie de programa de ordenador, algo que gobierna el cosmos o que como en el post anterior se parece más bien a un océano informe y sin planes bien descrito por Stanislaw Lem. Mas que eso: podría haber un Dios creador y un Dios sin capacidad creadora pero organizadora conocido como Demiurgo.

Pero a pesar de su declive en la doctrina católica, el gnosticismo ha tenido mucho éxito popular , es la base de la masonería por ejemplo, pero también de ciertas creencias esotéricas de la salvación, es decir de la vida eterna. Se mezclan sincréticamente creencias orientalistas e ideas de la filosofía griega, principalmente platónica. Es una creencia dualista: el bien frente al mal, el espíritu frente a la materia, el ser supremo frente al Demiurgo, el espíritu frente al cuerpo y el alma. Es pues una creencia maniquea, que necesita de lo diabólico para mantenerse en pie.

Es también la base de ciertos movimientos sociales que son en realidad una rebelión contra los poderes establecidos y que en muchas ocasiones rayan en lo conspiranoico, como la creencia en ciertos remedios que no son medicamentos controlados, o la creencia en extraterrestres, en el Gran despertar o en la confederación galáctica (termino extraído de la ciencia ficción de Asimov) tienen hoy muchos creyentes, así como la creencia de la llegada de un nuevo Mesías que muchos creyeron encontrar en Donald Trump o que la entrada en la 5ª dimensión está ya preparada para la ascensión de los elegidos, sin que nadie haya explicado ni comprendido qué es eso de la 5ª dimensión. Dicho de otra forma: el mundo está lleno de gnósticos que mantienen la vieja teoría de que por una parte están los despiertos (ellos) y por otra los dormidos. Los que usan estos adjetivos ignoran hasta que punto los primitivos gnósticos eran también algo elitistas y que los dormidos siempre son los otros.

Pero lo cierto es que ese mismo elitismo es el que practican las élites, me refiero a las élites verdaderas, las que tienen la sartén por el mango. Ellos también piensan que el conocimiento – en este caso del demiurgo- es una especie de escalera, que contienen 33 escalones y que ese escalón 33 supone el climax del conocimiento. Un conocimiento que sirve para, en teoría mejorar el mundo, bajo el mando, claro está, de los despiertos.

Yo soy agnóstico y ya sabéis qué significa esta palabra pero es verdad que estoy interesado en el conocimiento, pero no creo que podamos acceder a un conocimiento más allá de lo que nuestros sentidos puedan computar, a cambio estoy a favor de la tradición y el derecho natural y para mi la sociedad civil es el Fundamento de la moral, si bien esta sociedad civil parece hoy trastornada por las formas en que nuestras democracias se han ido instalando, siempre de manera imperfecta sobre fórmulas que parecen perpetuar el poder de ciertas castas políticas o financieras. Pero arreglar el mundo es una tarea a la que renuncié en mi juventud, me parece una tarea sospechosa y siempre relacionada con ciertos vacíos en el conocimiento que algunos esperan alcanzar por gracia divina. Arreglar el mundo es tarea de gnósticos, esos que no gobiernan en parte alguna pero son tan influyentes que colocan a sus peones en los gobiernos.

Pero hay algo que se: las ingenierías sociales siempre fracasan y lo hacen porque no tienen en cuenta los anhelos humanos tanto conscientes como inconscientes y lo cierto es que hay más democracia en un casal fallero que en el congreso de los diputados.

El zar de la polio

Poca gente sabe que Franklin D. Roosevelt padeció en 1921 la poliomielitis, una enfermedad que hacia estragos en aquellos tiempos en los niños de todo el mundo. Del mismo modo poca gente sabe que aunque esta enfermedad ataca más frecuentemente a los niños, los adultos también pueden contraerla. Esta fue la carta que el destino tenia marcada para el futuro presidente de EEUU, que gozaba de una salud y de una voluntad de hierro.

De manera que estaba muy motivado, no solo para seguir las instrucciones de rehabilitación muscular que le propusieron sino para poner en marcha una fundación para la asistencia, divulgación, investigación y tratamiento de la enfermedad. Para lo cual puso al frente de la misma a Basil O´Connor una persona que no era médico pero que tenia fama de buen organizador y honestidad. O´Connor era uno de esos hombres que carecían de ambición, no buscaba la notoriedad ni era sospechoso de tener conflictos de intereses. Roosevelt convirtió a O´Connor en el zar de la polio, un mando único como propone Mencius Moldbug en la pandemia actual.

March of dimes.-

Durante mas de 20 años O´Connor se empeñó en financiar su fundación con el fin de lograr fondos para la investigación y lo hizo de una manera que hoy consideraríamos extravagante: pidió que todo el mundo contribuyera con 10 centavos a la causa que debían mandar en un sobre cerrado a la Casa Blanca. Su idea era que si bien los ricos podían financiar esta investigación no había nadie tan pobre en USA que no dispusiera de esos 10 centavos para aportar a una campaña que para él era una campaña del pueblo y para el pueblo. Lo cierto es que estas campañas necesitaron repetirse varias veces y siempre tuvieron éxito.

La consecuencia de estas campañas es que la primera vacuna – la vacuna de Salk- contra la polio no llegó a patentarse.

La enfermedad.-

La poliomielitis es una enfermedad vírica muy contagiosa debida a un enterovirus que se propaga a través del contacto físico y por vía oral-fecal, es de carácter estacional con una frecuencia bimodal (verano y otoño). Sin embargo las infecciones que provoca son a menudo banales y solo una pequeña proporción de infectados adquieren la enfermedad severa y de ellos, solo unos pocos mueren. Afecta a los músculos, sobre todo a los de las piernas causando parálisis flácida y graves secuelas de por vida con atrofias musculares. Cuando afecta al diafragma los enfermos pueden llegar a morir si no son conectados a lo que entonces se llamaba «pulmón de acero». La vida en uno de esos pulmones debió ser terrorífica para los niños que la precisaron, pero les salvó la vida hasta que pudieron respirar por sí mismos. Frida Kahlo no precisó de este artilugio pero tuvo que estar en cama durante mas de un año: muchos de sus cuadros relatan el aislamiento y las incomodidades de esta convalecencia y por supuesto la carga de la ortopedia.

La historia pareció cambiar su curso cuando O´Connor conoció a Jonas Salk en un barco en pleno atlántico después de asistir a una conferencia sobre el tema. Salk era el alter ego de O´Connor, su contrario, era un hombre ambicioso, «echado para adelante» y curtido en mil peleas: tenia en mente una idea para fabricar una vacuna. Esta idea era considerada por la ciencia de ese momento como inadecuada: consistía en atenuar con formaldehido a los virus y debilitarlos para lo cual tenia un plan: primero había que conseguir los virus vivos con los que trabajaba su oponente -Sabin- que defendía el uso de virus vivos pues era precisamente él quien había conseguido aislar el virus. La mala noticia era que necesitaba al menos 10 años para desarrollar con éxito su vacuna. El argumento que esgrimía es que los virus muertos no causarían anticuerpos y por tanto no tendrían ningún efecto en los vacunados. De modo que en ese momento había dos hipótesis la de Salk (virus atenuados) y la de Sabin (virus vivos) que efectivamente tardó aun más de 10 años en ponerse a punto.

Pero O´Connor tenia prisa y confió en Jonas Salk que en 1952 tuvo ya a unto su vacuna después de demostrar en chimpancés y en voluntarios que efectivamente la vacuna generaba anticuerpos. Se comenzó a vacunar y fue un verdadero éxito, su uso comenzó en 1955.

El efecto Cutter.-

Pero aun había otro obstáculo que superar: la fabricación.

Al parecer ciertos lotes de la vacuna que se fabricaba en los laboratorios Cutter de California tuvieron algunos accidentes: los niños que recibían esta vacuna (aun inyectable) comenzaron a adquirir la enfermedad que la vacuna pretendía prevenir. Al parecer este accidente se debió a que esos lotes no tenían el virus perfectamente desactivado pues no habían seguido el protocolo de Salk de desactivación de formaldehido de una manera rigurosa. Después de acusarse mutuamente las autoridades federales intervinieron por motivos de salud publica (que hasta el éxito de la vacuna de Salk se habían mantenido al margen) y se dictaron nuevos protocolos de calidad para hacer las vacunas más seguras.

10 años más tarde ya en la década de los 60 Sabin puso a punto su vacuna oral que es la que se usa hoy. Pero esa si tiene patente.

La poliomielitis se considera hoy erradicada en casi todo el mundo salvo en Pakistan o Afganistan donde suelen haber casos puntuales. En nuestro país ninguna vacuna es obligatoria pero se recomienda la vacuna de Sabin en todos los calendarios vacunales de los niños que varían según la comunidad autónoma.

¿Toda esta historia te suena de algo?

Cuando vi este documental emitido ayer 20 de Marzo de 2020 en «La noche temática» tuve un dejà vu.

 

Lo que aprendí en el 2020

«Quiero y mando que toda la gente civil… y sus domésticos y criados que no traigan librea de las que se usan, usen precisamente de capa corta (que a lo menos les falta una cuarta para llegar al suelo) o de redingot o capingot y de peluquín o de pelo propio y sombrero de tres picos, de forma que de ningún modo vayan embozados ni oculten el rostro; y por lo que toca a los menestrales y todos los demás del pueblo (que no puedan vestirse de militar), aunque usen de la capa, sea precisamente con sombrero de tres picos o montera de las permitidas al pueblo ínfimo y más pobre y mendigo, bajo de la pena por la primera vez de seis ducados o doce días de cárcel, por la segunda doce ducados o veinticuatro días de cárcel… aplicadas las penas pecuniarias por mitad a los pobres de la cárcel y ministros que hicieren la aprehensión».
Bando de 10 de marzo de 1766.

Este año ha sido un año difícil, un año de bandos y de pasquines en las redes sociales y todo el mundo sabe porqué. La maldita pandemia ha venido a poner sobre la mesa muchas de nuestras vulnerabilidades, 1) las económicas, con una economía basada en el turismo y la restauración, 2) las sanitarias, creíamos que disponíamos de la mejor sanidad del mundo y lo cierto es que se encontraba exánime por los recortes, por la gazmoñería y por decisiones políticas siempre orientadas a la auto-publicidad y nunca al reparto de recursos entre todos y 3) nuestra clase política que a trancas y a barrancas iba engañándonos cada vez mejor y que ha derivado en un engaño a «cara descubierta» y cuando digo clase política me refiero a todos los políticos.

No es que me haya desengañado este año por primera vez, ya lo hice el 11-M cuando entendí que la razón de Estado era superior al conocimiento de la verdad y la justicia, pero este año he comprendido más cosas: existen intereses supra-estatales que nos gobiernan, que están ahí, pueden verse, están las pruebas sobre la mesa pero el sistema está demasiado corrupto para tomar cartas en el asunto, más que eso, es cómplice de una agenda -agenda 2030- que cada vez es más publica que secreta y hasta tiene pagina web, que no enlazo por pudor.

¿Y los ciudadanos qué hacemos?

Esa ha sido mi mayor decepción.

Pues los ciudadanos estamos más divididos que nunca, incluso en las mismas familias, pero lo curioso de todo esto es que esta división viene de un lado bien distinto al que nos tenían acostumbrados nuestros anteriores gobiernos, ahora la división ya no es entre izquierda y derecha, «progres» y «fachas» sino entre los que creen a pies juntillas en la machacona información que desde las televisiones nos remiten y los llamados negacionistas.

Para entenderlo mejor un negacionista es un ciudadano que:

  • Cree que las mascarillas no sirven de nada, ni las medidas de aislamiento o de distanciamiento
  • Cree que la pandemia no existe o de existir es una gripe sin más y que se trata en cualquier caso de una estrategia de las élites para forzar políticas totalitarias.
  • Organizan fiestas privadas o reuniones y desplazamientos que están prohibidos por sus autoridades sean del estado o de su CCAA. Es decir se rebelan contra el confinamiento que creen que no va con ellos.
  • Piensan que las vacunas no servirán de nada y en cualquier caso son un mecanismo de eliminación de la población, una especie de genocidio programado destinado a disminuir la población mundial empezando por los más débiles organizado por alguna oscura mafia. Se les conoce como antivacunas y difunden teorías como ya hacían antaño sus precursores, esos que decían que las vacunas provocaban el autismo de los niños.

A ellos les recomendaría que leyeran a qué se refiere este principio de la causalidad: «post hoc ergo propter hoc». Viene a decir que la coincidencia temporal de dos fenómenos no significa que estén relacionados causalmente. La pandemia es verdadera y los intentos totalitarios de los gobiernos también. No parece pues que negar la pandemia sea una buena estrategia para detener los decretos-ley del gobierno español.

El motin de Esquilache.-

Precisamente hoy he vuelto a leer algunas cuestiones que rodearon a aquello que en Madrid llamaron «El motin de Esquilache. Madrid tenia en 1766, unos 50.000 habitantes, reinaba por entonces Carlos III, un Borbón afrancesado e ilustrado que pretendía traer a España la modernidad francesa y lo primero que le llamó la atención de Madrid fue la suciedad, los orines en la calle, los pobres y mendigos que pululaban por sus calles. decidió imponer sus propias normas a fin de iluminar las calles y crear fosas sépticas para el alcantarillado. Solo que…cargó el gasto en los propietarios de las calles que recibieron tal servicio.

El primer ministro de Carlos III era un italiano muy refinado llamado Leopoldo Esquilache quien hacía y deshacía a su favor dejando al rey en un plano muy inferior al de su rango como siempre ha sucedido en España con los validos. Desde su gobierno se aprobó una subida del pan casi al doble de su valor y por encima de los jornales que los más desfavorecidos cobraban al día, de manera que un jornalero no podía alimentarse ni  a si mismo ni a su prole y estamos hablando del pan que era el alimento esencial en aquella época para la población civil (no el clero ni los aristócratas ,ni mayorales ni militares).

Pero Esquilache cometió un error imperdonable al prohibir la capa larga y el sombrero redondo con el pretexto del embozo. Dicho de otra forma: esta manera de vestir, unida a la falta de iluminación nocturna hacia de Madrid un lugar ideal para malhechores y muy peligroso para deambular por él. A cambio propuso la capa corta y el sombrero de tres picos que dejaban la cara al descubierto y permitían así la identificación visual del malhechor, un poco al revés de lo que sucede hoy con la máscarilla que es el propio gobierno quien la promociona (como medida sanitaria) y a la que consideró inútil al principio de la pandemia y quien la prohibe en las manifestaciones. Una vuelta a Esquilache.

Pues tal y como reza el pasquín:

Yo el gran Leopoldo Primero

Marqués de Esquilache Augusto

Rijo la España a mi gusto

Y mando en Carlos Tercero.

Hago en todo lo que quiero

Nada consulto ni informo

A capricho hago y reformo

A los pueblos aniquilo

Y el buen Carlos, mi pupilo

Dice a todo: «¡Me conformo!»

El motín se produjo de una manera espontánea y el que quiera saber más detalles puede consultarlo en la wiki, pero mi argumento es que en ningún caso el pueblo de Madrid se sublevó por el precio del pan sino por la regulación de la vestimenta. Esa es la cuestión más paradójica, un motín que se extendió a varias ciudades de la Península y que llevaba como argumentario principal la exclusión de Esquilache -que no era español y no entendía nuestra manera de vivir-. Pero lo más paradójico es que el pueblo condenaba a Esquilache pero salvaguardaba al rey y más aun le aplaudía y le vitoreaba como si no tuviera nada que ver con las políticas de su valido. Ninguna política alternativa, ningún plan a medio plazo surgió de aquella asonada. Eso si se consiguió bajar el precio del pan. Dicho de otra manera: el motín de Esquilache fue una revolución francesa light o cañí  que no cambió nada salvo de bando en las élites gubernamentales.

Y si viene a cuento esta lección de historia es para recordar que las masas son eso, masas y nada bueno puede esperarse de ellas ni de sus tumultos pues lo que estamos viendo en nuestro país hoy es algo muy parecido, la gente esta indignada pero no por las políticas del gobierno que cada semana aprueba una ley que atenta contra los intereses de la mayoría de la población a la que desatiende organizando un reemplazo generacional que ya ha comenzado en Canarias, sino por las mascarillas, los botellones y las vacunas.

Estar en contra de las mascarillas, el confinamiento o las vacunas es un desplazamiento de lo abstracto a lo concreto. La gente no se indigna por la ley Celáa,  o por las barbaridades apocalípticas de Pablo Iglesias contra la monarquía sino por no poder ir al bar, al campo de futbol, a cenar con los amigos o que amaguen con vacunas obligatorias de poca fiabilidad.

De manera que la única revolución que podemos esperar procede de los negacionistas.

España sigue siendo un país donde sus reyes y gobernantes tienen miedo a sus ciudadanos (y por eso huyen con sus joyas cuando las cosas se ponen feas) pero ellos no pueden vivir sin reyes ni gobernantes que les vacunen en contra de su voluntad si es necesario.

De manera que mi principal decepción este año ha sido la sociedad civil.

No es posible esperar nada de la sociedad civil, ni de los políticos, ni del ejército estamos en manos de unas élites que andan diseñando un plan, a medio camino entre el neoliberalismo para el capital y el comunismo para los de a pie. Y eso parece que gusta a los que organizan fiestas rave en plena pandemia. Pan y circo para los españoles.

La buena noticia es que esas élites que parecen gobernar el mundo fracasarán porque no saben que los españoles seguiremos llevando la capa larga y el sombrero redondo aunque tengamos que convivir con los turbantes orientales.

2021 es un año para resistir y los que pasamos la adolescencia en pleno franquismo estamos acostumbrados.