Rêverie: más allá del pezón

bebe

La palabra francesa rêverie puede traducirse como «ensoñación», en realidad se trata de un estado inusual de la conciencia que podemos observar en las madres que amamantan a sus bebés, aunque no solo en ellas, es muy posible que lo que Freud llamara «atención flotante» sea otra variante de la rêverie.

La mayor parte de las personas -exceptuando a los tertulianos de la TV- escuchamos a nuestros interlocutores cuando dialogamos, pero lo cierto es que les escuchamos más para saber qué contestar que para entender lo que nos quieren decir. Esta actitud está reservada para los psicoanalistas, esos que escuchan a sus pacientes «sin tiempo y sin deseo» al decir de Bion.

Los hermeneutas del lenguaje: los que creen que las palabras no sólo describen la realidad mental sino que además ocultan alguna otra cosa, casi siempre de signo contrario a lo que se dice. Es por eso que existen los lapsus y que nos hagamos un lío entre lo que quisimos decir y lo que sale por nuestra boca.

A mi siempre me ha llamado la atención desde mi tierna infancia que las mujeres que amamantan niños sostengan la mirada del bebé. Lo cierto es que para comer no hace falta mantener contacto visual. ¿Pero entonces por qué lo hacen de forma espontánea tanto madre como bebé? ¿Como saben ellas que hay que mantener la mirada?¿Y cómo lo sabe el bebé?

Lo cierto es que no lo saben, simplemente lo hacen, lo que significa que existe un registro fósil en nuestra mente que ha heredado ciertas condiciones del apego que todos los mamíferos traemos de serie y lo hemos enlazado a la mirada, cosa que ningun animal hace pues ningún animal sabe que tiene ojos. Parece ser que sólo nosotros intuimos que en la mirada hay algo que contacta más allá del pezón o la propia leche.

En realidad la rêverie es un concepto psicoanalítico descrito por W. Bion y que consiste en un estado especial de conciencia que hace que la mamá sepa cuales son las necesidades de su bebé. Es esa especial habilidad que tienen (casi) todas las madres ( y pocos padres) para adivinar si el bebé, tiene hambre, sueño, está simplemente aburrido o tiene dolor de tripa. Un diagnóstico diferencial dificil de llevar a cabo con una persona que no habla y que además se avenga a poner remedio a través de ese conocimiento intuitivo con los eruptos reglamentarios, la cremita en el culito o cualquier otra intervención en crisis.

Aunque en realidad la rêverie no es solo esta intuición, este saber las necesidades del bebé sino algo que va más allá: la rêverie es una cura, un tratamiento de urgencia, un cuidado paliativo, algo que la madre lleva a cabo para mitigar el dolor o aportar consuelo a alguna emoción displacentera.

Los niños solo emiten sus quejas de una forma: lloran pero no todos los llantos son iguales. Hay llantos de pena, de rabia y otros de dolor. Y emiten sonidos bien distintos, no me pregunten como se discriminan esos sonidos pero las madres (algunas) si saben hacerlo. Y entonces decimos que la madre ha ejercido su rêverie.

Que no es exactamente dar de comer al hambriento o de beber al sediento sino aportarle al bebé una especie de sincronía de alivio a su sufrimiento y que deja una marca que llamamos «confianza básica».

Un sufrimiento que tiene ciertas caracteristicas diferenciales con los de los adultos, nosotros sabemos de qué sufrimos cuando sufrimos y le podemos poner nombre, etiquetas y marcajes. El problema del bebé es que viene de serie cableado para quejarse de una forma analógica, pues sus emociones son preverbales y aun no tienen esa capacidad de echar mano del símbolo (la palabra) para alejarse del determinismo puro. ¿Cómo sentirá un bebé el hambre?

Es seguro que no la sentirá en el estómago como nosotros sino de un modo difuso, un malestar sin nombre.

Con todo se podria resumir esta cuestión con una idea fundamental: consiste en hacer de espejo. Pues es el espejo la condición del alivio, el saber que alguien te ve y te toca con la mirada. Pues eso es la mirada: una forma de tocar, es por eso que algunos niños rechazan el contacto visual, pues no debe haber nada peor que no ser reconocido por la madre. Algo asi debe sucederles:

 

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Nada peor que una madre que nos da la espalda,

 

¿Soberanía o derechos humanos?

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Hace unos dias se celebraban -en mi ciudad- fiestas patronales, esas conmemoraciones anuales donde todo está permitido y la gente puede beber, trasnochar, comer, bailar en una especie de orgía dionisíaca que termina supuestamente con las coerciones de la vida cotidiana. Esos dias hasta la guardia civil deja de hacer controles de alcoholemia y se hacen oidos sordos a la prohibición de beber, orinar o drogarse en la calle.

Los niños cada vez más jóvenes tienen su oportunidad de hacer sus primeros escarceos con el alcohol, los porros, las salidas de noche y ensayar y medir (comparar) su capacidad de seducción que es la forma en que la competencia industrial ha montado franquicia en el imaginario de nuestros ciudadanos. Esos, que no saben aun que no podrán tenerlo todo a pesar de las promesas de placer que le llegan desde las peliculas, la moda o las canciones rock.

Estaba yo bebiéndome una cerveza en este contexto en una de esas «collas» que se montan para celebrar de forma semiprivada las fiestas cuando un negro de esos que venden pichigüilis para los niños entró en el recinto de una de ellas. El camarero inmediatamente invitó al negro de los pichigüilis a una cerveza y a picar altramuces y cacahuetes y entabló conversación con él. Dado que era inevitable no advertir que se trataba de un subsahariano, le preguntó:

– ¿Tu has entrado por Ceuta o por Melilla?¿Por dónde saltaste?

Es necesario recordar ahora que esta escena se desarrollaba durante las peleas políticas que siguieron al incidente habido creo que en Ceuta donde murieron algunos subsaharianos, esos que hacen cola en la frontera para entrar en territorio español.

Y contestó:

– No, no, yo vine en avión.

Entonces llega alguien que al parecer ostenta mando sobre la citada cerveceria y le dice al camarero que ¿por qué razón está invitando al negro?. El camarero apela al sentido de la fiesta, a la compasión humana y al mandamiento cristiano de «dar de comer al hambriento».

A lo que el mandamás replica: «esta es una «colla» privada», aqui no puede estar, ¡ala! mandalo para afuera. Naturalmente no todo el mundo en la barra estuvo de acuerdo con esta decisión, hasta tal punto que pronto la muchachada se dividió en dos: los que estaban de acuerdo con invitar al subsahariano y los que estaban de acuerdo en defender la privacidad del local.

Unos estaban por la soberanía y otros por los derechos humanos.

Y caí en la cuenta de que ese era precisamente el problema.

Puesto que soberanía y derechos humanos empastan mal. Se trata de conceptos contradictorios entre sí.

Lo interesante de mi observación fue que los individuos -una parte importante de ellos- son dados a la compasión, eso que antes se llamaba caridad. Una persona normal se siente conmovida ante ciertas privaciones de la miseria y esta dispuesta a ayudar al menesteroso. Siempre que se den dos condiciónes: 1) ha de verle, es decir el menesteroso no puede ser una abstracción sino un ser de carne y hueso y 2) el acto caritativo tiene un principio y un final, una cerveza, unos cacahuetes, y a otra cosa.

Naturalmente la caridad no resuelve la pobreza en el mundo pero la ONU tampoco. Lo que es necesario señalar es que la caridad es la forma en que los sujetos individuales entendemos la cooperación, un poco a base de pequeños gestos como ofrecer unos altramuces.

Los derechos humanos si son abstractos, nadie sabe que derecho tenemos los humanos para inferir que existen derechos para nuestra especie y que además son universales, tanto como para exigir que un juez español abra diligencias contra un ciudadano de otro país, tal y como acostumbraba Garzón, un debate que ha vuelto recientemente a las páginas de los periódicos.

El principio de soberanía se opone al principio «derechos humanos». Pasa en las vallas de Melilla y pasa en las invitaciones del camarero. Y vuelve al debate político a través de eso que ha venido en llamarse Justicia Universal.

Personalmente no creo en esa entelequia que llamamos «Justicia universal», pues la Justicia en realidad emana del Estado que se asienta sobre la base de su soberanía nacional.

Del mismo modo estoy impulsado a creer más en la compasión individual que en ese sentido de Justicia que dicen muchos que es innato en el ser humano como dicen aqui. en este articulo que pretende demostrar un sentido de justicia innato en el ser humano confundiendo justicia con codicia comparativa. Lo cierto es que todos podemos ser justos a la hora de detectar las injusticias que nos perjudican pero bastante torpes y ciegos para no ver las injusticias que nos favorecen.

La compasión es la forma biológica en que la soberania se manifiesta en un organismo.

Los derechos humanos ni siquiera se hubieran inventado sin el Estado que es el depositario de la soberanía nacional

Es por eso que existen vallas.

Y subsaharianos que quieren cruzar.

El creciente fértil

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Un area de creciente interés en psicología evolutiva es aprender más de nuestra forma de alimentarnos, de sus origenes y de nuestra especialización en la producción de alimentos que señala al Neolítico (unos 10.000 años atrás) como esa nueva era en la que el humano comenzó a domesticar la naturaleza para proporcionarse alimentos seguros que acumulados y protegidos eficazmente dieron lugar a un fenomenal despliegue de otras tecnologías y novedades: la escritura, la guerra, el tiempo libre, la explosión demográfica y las ciudades están tan vinculadas a la agricultura que merece la pena escarbar un poco en la forma en que el hombre dejó de ser un cazador-recolector y pasó a ser sedentario.

En un post anterior y a propósito de un libro de Jared Diamond, ya planteaba esta pregunta. ¿Por qué el hombre dejó el forrajeo y se convirtió en agricultor? ¿De dónde le vinieron esas enseñanzas?

Decía allí que la innovación de disponer de huertos con alimentos permanentes (o de temporada) ha sido tan ventajoso para las colectividades humanas que intuitivamente nos permite asegurar que la agricultura evolucionó precisamente porque suponía una mejor alimentación, de más personas y al mismo tiempo con menos dedicación y riesgo que el forrajeo o la caza-recolección. 1 Km cuadrado de tierra puede alimentar 100 personas mientras que una sola persona necesitaría esa extensión solo para alimentarse a sí mismo y a su familia.

Otra cuestión es saber cómo se llevo a cabo esa transformación. La agricultura en realidad supone un saber acerca de cómo se cultivan esos alimentos y ese saber no sucedió por «ciencia infusa», precisa de una explicación. Plantar un árbol, criarlo y esperar a que de frutos no es una cuestión tan fácil como pueda parecer (el lector puede practicar con una semilla de naranja para ver qué ocurre).

Para empezar no todos los árboles se plantan con semillas -que seria la idea mas intuitiva que nos vendría a la cabeza-. La mayor parte de frutales se reproducen por esquejes y otros más sofisticados por injertos: una tecnología que no venía de serie en los humanos ancestrales. Se necesitaba una cultura agrícola y es por eso que se llama agricultura y no agrinatura. Hay algo cultural en las tecnologías que dieron lugar a la agricultura, algo que se transmite con el contacto, la tradición y el intercambio de tecnologías.

Además hay otro problema: los árboles no crecen de un día para otro, hay que esperar años para que den frutos. ¿Que ventajas pudo intuir el humano para esperar a veces 10 años mientras sus árboles se hacían adultos?

Obviamente la agricultura no comenzó con los arboles sino con las semillas y las espigas.

Semillas y espigas.-

Algunas plantas idearon un buen mecanismo para reproducirse: se trataba de construir frutas apetitosas para que alguien las comiera y al mismo tiempo diseminara sus semillas, bien porque las vertiera en el suelo o bien después de un tránsito por un tubo digestivo concreto. Dado que las plantas no tienen piernas y no pueden desplazarse, la estrategia de esconder sus semillas dentro de un fruto comestible era buena a fin de lograr que sus semillas se difundieran y esparcieran llevadas por sus consumidores, sean pájaros, mamíferos o a través del mismo mar.

Otras andaban escondidas en espigas y usaban el viento para su diseminación ofreciendose a sus corrientes cuando comenzaba el tiempo de la germinación, de manera que en tiempos ancestrales ya existían alimentos comestibles en estado silvestre, concretamente el trigo, las fresas, las lentejas, las moras, frambuesas y los guisantes disponen de versiones preagrícolas, algunos de ellos aun existen en estado silvestre si bien el hombre los ha domesticado para doblar su tamaño como sucede con las fresas al cultivarlas en invernaderos y alejándolas de los pájaros.

Es posible afirmar que el paso de la recolección a la agricultura no fue de golpe sino gradual. La agricultura evolucionó desde ciertas plantas que en su estado ancestral ya crecían de forma silvestre. El hombre aprovechó las enseñanzas de esas plantas primitivas para domesticarlas y llevarlas a su terreno. A su terreno de una producción intensiva.

Pero no se trató de un ruptura con la caza-recolección. Los humanos combinaron durante mucho tiempo ambas estrategias alimentarias y lo hicieron precisamente porque disponían de plantas con una reproducción fácil: se trataba de plantas autosuficientes (hermafroditas) que no necesitaban grandes sofisticaciones para reproducirse.

Lo interesante de esta cuestión es que la agricultura no se desarrolló uniformemente en todo el planeta sino que escogió precisamente esa franja en forma de C (por eso se llama creciente fértil). No cabe duda de que la agricultura tiene un origen multiregional a pesar de la evidencia de que el clima mediterráneo de esa zona de Oriente próximo era parecido al de California, suroeste de Australia, Nueva Guinea, Chile o Sudáfrica. La diferencia está precisamente en sus plantas silvestres autóctonas aquellas que se habían aclimatado en tiempo ancestral a ese clima que resultaron en el Creciente fértil más ventajosas precisamente por su reproducción autosuficiente.

Algo parecido sucedió con las especies animales domesticadas, alli donde ya no quedaban mamiferos de tamaño medio para domesticar (como el caso de Australia donde todos fueron masacrados) hubo que esperar la colonización por parte de foráneos para que apareciaran ganados tipo ovino que no son autóctonos de Oceanía. En el creciente fértil sin embargo se lograron domesticar casi todos los animales que hoy consideramos aptos para el consumo humano o para las tareas agrícolas. El cerdo, la gallina, ovejas, cabras, vacas y caballos fueron domesticados en esa franja en forma de C.

Almendras y bellotas.-

Solo una pequeña parte de las plantas que se conocen son aptas para el consumo humano y algunas de ellas forman parte de la alimentación esencial en buena parte del planeta: el maíz, el trigo, el arroz y la patata son alimentos báasicos de distintos orígenes en el viejo y nuevo mundo.

Pero existen especies que se resisten a la domesticación, una de ellas es la bellota, mientras otras como la almendra ha sido domesticada.

La historia de la almendra es muy interesante porque las almendras que hoy consumimos no son exactamente iguales que las almendras silvestres que son tóxicas. Todo parece indicar que la estrategia de algunas frutas consistió precisamente en todo lo contrario de aquellas que aparecían como turgentes a fin de que operaran como señuelo para ser comidas. Otras plantas usaron venenos para impedir que se las comieran y así la almendra inventó la amigdalina, un veneno conocido por su sabor amargo y que todavía podemos degustar cuando consumimos almendras. Alguna sale amarga. ¿quien no tiene esa experiencia? e inmediatamente la retiramos de la boca o la escupimos pues contiene cianuro. (Nota: para que sea letal hay que consumir una buena cantidad y no solo una).

El asunto es que después de la selección artificial que el hombre llevó a cabo con las almendras hemos conseguido una estirpe de almendras que no son tóxicas ni amargas. ¿Cómo hizo esto el humano? Pues eligiendo alguna almendra que por azar resultara dulce (una mutación) y consiguiendo (como hizo con las fresas) que se adecuara a nuestros gustos. El problema es que aun sale de vez en cuando alguna almendra amarga ¿Por qué?

Pues porque el gen que regula la producción de amigdalina es dominante y único. Al ser único se facilitó su domesticación y al ser dominante se muestra refractario a su extinción. Es matemáticamente muy probable que si usted consume almendras alguna en un mismo plato sea amarga y le amargue el aperitivo.

Con la bellota pasa algo de sentido contrario, no hay manera de diseñar una bellota comestible, pues también contiene taninos amargos que la hacen tóxica para los humanos, pero no para las ardillas. Al parecer bellotas y ardillas coevolucionaron y la ardilla ha ganado la partida al hombre y a sus intentos de domesticar los encinares.

Ni siquiera hoy con las técnicas mas sofisticadas de ingeniería genética hemos sido capaces de hacerlo. Las encinas son uno de los arboles mas ancestrales que coexisten en la actualidad resistentes al paso del tiempo y a las maniobras humanas para domesticarlo. ¿Las razones?

El tanino de las bellotas no está relacionado con un solo gen sino por varios y una encina -a diferencia del almendro- tarda mas de 10 años en crecer. Demasiado tiempo de espera para un recolector nómada e incluso para un agricultor sedentario. Lo mejor es dejar a las ardillas vivir en sus paraísos de encinares y prescindir de las bellotas.

Bibliografía.-

Jared Diamond: «Armas, germenes y acero: breve historia de la humanidad e los últimos 13000 años

Los placeres fáciles

Placer es aquello que añadimos a la vida y goce algo que sustraemos a la muerte  (J. Lacan)

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No cabe duda de que nos falta un semiología para entender de qué hablamos cuando hablamos de placer. Para pensar es necesario construir categorias, pues de lo contrario no sabemos pensar y meteremos casi siempre en el mismo corral churras mezcladas con merinas.

Y cuento esto porque en el lenguaje cientifico solemos hablar de un sistema o módulo que controla la recompensa-placer, (el sistema dopaminérgico del que ya hablé aqui, hablando en este caso de la pornografía) algo que viene a decir que recompensa cerebral y placer son la misma cosa, si bien en neurociencia suele matizarse que el placer tiene dos elementos, uno apetitivo  que busca y uno consumatorio que es voluptuoso (el placer propiamente dicho).

Y no es suficiente puesto que el placer y la recompensa cerebrales no son la misma cosa. El placer necesita un sujeto social, mientras que la recompensa cerebral sólo necesita circuitos y neurotransmisores.

Las personas o sujetos tenemos una amplia paleta de placeres a nuestra disposición que además son idiosincrásicos, lo que quiere decir que son privados: cada cual extrae placer de unas cosas y no de otras. Por ejemplo si eres un amante de la musica, puede que te guste Mahler o quizá Bach, el jazz o el country-rock, si tienes mal gusto incluso puede que te guste Julio Iglesias, es verdad que sobre gustos no hay nada escrito lo que significa que la forma en que extraemos placer es una refinada técnica que hemos desarrollado cada uno de noesotros de forma creativa y privada. Cada sujeto está – digamos, especializado- en un tipo de placer adherido al placer universal por la música. La música da placer y el placer que extraemos de la audición de un concierto o canción cualquiera no es el mismo tipo de placer que sienten aquellos que se dan atracones de pasteles.

Hay -por asi decir- placeres fáciles y placeres dificiles. Nuestra especie está adaptada a identificar lo dulce con algo ventajoso en tiempo ancestral, la diferencia es que en el paleolitico no habia refinados de azúcar, y lo dulce -usualmente la fruta madura- no poseía como hoy el potencial destructivo que tiene el azúcar refinado sobre nuestra especie.

La obesidad de nuestro tiempo está relacionada con que casi toda la población somos portadores de un gen ahorrador de insulina lo que señala en la dirección de un linaje de homínidos que estuvieron sometidos -quizá cíclicamente- a la tortura incierta de las hambrunas. Nuestra adaptación es pues a la privación de hidratos de carbono, es por eso que la sobrecarga de azúcares (presentes en bebidas, ketchup, pasteles, helados, galletas y golosinas) que hoy consumimos es letal para nuestra especie (acumulándose sus sobrantes en la grasa subcutánea), pero aun es más peligroso que usemos estos azúcares como premio o soborno de nuestros hijos (Tiger 1992). Estamos construyendo pues un futuro de diabéticos y obesos mórbidos.

Lo cierto es que tanto los azúcares como las grasas o la sal son consumidos en grandes cantidades en nuestro mundo actual porque provocan placer y no existe una cultura psicológica sobre el placer a diferencia de su opuesto: el dolor. Tenemos una lengua diseñada para gustar de lo dulce, del sabor de las grasas animales y de la sal y es por esta razón que la comida es sin ninguna duda algo que está muy controlado tal y como conté en este post. Comer, para un omnívoro es peligroso y por eso es un acto ritualizado social y culturalmente a través de la gastronomia, la tradición y la buena educación en la mesa, medidas higiénicas y etc.

Comer es pues un acto social, un placer social, pero existen ciertas diferencias entre el placer del gourmet y el llenado compulsivo del que se atraca de chocolate.

El chocolate es otro de esos alimentos curiosos que convocan grandes pasiones entre sus consumidores, no solo es azúcar, con o sin lácteos sino que además contiene cacao, un fruto que contiene un producto llamado teobromina que se comporta de una manera similar a la dopamina. Sobre si provoca adicción o no es irrelevante si seguimos el argumentario de este post y que es el siguiente:

Todo lo que provoca placer puede ser adictivo si:

  • Es fácil de obtener.
  • Es autoadministrado.
  • Se consume en aislamiento o sin ritualización social.
  • Sustituye a otro tipo de placeres más elaborados o dificiles.
  • Es la fuente primordial de  placer.

Comer chocolate no es una adicción siempre que el chocolate no sea un sustituto de cualquier otra cosa o impida el obtener placer de otra manera, se consuma de forma moderada o social (sin atracones).

Algunos autores como Tiger han manifestado que tanto el azúcar como el chocolate (los placeres fáciles) mantienen a ciertos adultos en posicionamientos psicológicos infantiles (neobebés, les llama), personalmente estoy de acuerdo con esa idea: la afición al dulce es una recompensa fácil para el cerebro y está desprovista de refinamiento placentero a la vez que obstruye la diversificación de la dieta.

¿Para qué probar cosas nuevas si lo que me gusta es el chocolate o la coca-cola?

Siguiendo con estos argumentos nos será más facil identificar estos placeres fáciles que sobrecargan nuestro sistema dopaminárgico y pueden llevarnos de cabeza hacia la adicción o la compulsión:

  1. El azúcar, el chocolate, la grasa o la sal concocan mayor placer fácil que extraer una amplia paleta de sabores diversos de una dieta completa. El biberón siempre será mas fácil que el pecho para un bebé.
  2. El consumo de pornografía o  la masturbación convocan placer (recompensa cerebral y adicción) porque son placeres fáciles si los comparamos con la dificultad y el riesgo de buscar, obtener y retener una pareja sexual.
  3. El pensar da placer, siempre será más placentero compartir las ideas con alguien que pensarlas a solas  y mucho más si estas ideas tienen feed back, las ideas que tienen retorno social provocan más placer que aquellas que se piensan a solas que siempre tienen el riesgo de convertirse en obsesiones.

Dicho a modo de conclusión: no podemos hacernos adictos a Bach, pero si al chocolate. Para que Bach nos provoque placer hay que saber algo de música, oir a Bach y si se quiere saber algo de su  tiempo. Para disfrutar de Bach es necesario una cierta instrucción, algo que nos viene de lo social, para que nos guste el chocolate basta con ser un sapiens y llenarse de cualquier cosa.

Mi conclusión es que existe una recompensa cerebral y un placer del sujeto que incluye esfuerzo y aprendizaje que no existe en los llamados placeres fáciles, simples clones repetitivos de sí mismos.

Bibliografía.-

Lionel Tiger: «En busca del placer». Paidós (Contextos). Barcelona 1992.

Más allá del sueño

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La ultima glaciación que hubo en la tierra tuvo su apogeo hace 20.000 años

La hibernación es una adaptación que ciertos mamíferos desarrollaron para hacer frente a las extremas condiciones de vida que comenzaron en la Tierra hace más de 100.000 años, que tuvo su apogeo hace 20.000 y que comenzó a retroceder hace unos 10.000 años.

Osos, hámsteres, marmotas y ardillas entre otros son capaces de hibernar a fin de eludir los costos de los duros inviernos y del déficit alimentario. Lo mejor que puede hacerse en invierno y en ciertos lugares es retirarse, guardar fuerzas para la primavera y vivir de los recursos almacenados en la grasa.

Lo interesante de la hibernación es que está regulado por factores como la luz y la temperatura, de manera que los animales principalmente hibernan en otoño-invierno cuando los días comienzan a acortarse y las temperaturas comienzan a bajar, para despertar en primavera-verano cuando el día comienza a alargarse. Lo curioso es que este mecanismo es automático, tanto que incluso el despertar de una marmota puede señalar el buen tiempo (y es por eso que el 2 de febrero es un día clave para las marmotas y las candelarias), es decir hay algo en el cerebro de estos animales que puede predecir el tiempo.

Pero más interesante aun es que el que hiberna, no lo hace todo el tiempo, sino que a veces se despierta para comer algo y mover sus músculos puesto que la inmovilidad por sí misma puede provocar ciertas enfermedades. Es como un duerme-vela que además se lleva a cabo esperando tiempos mejores.

El misterio sin embargo es el siguiente: ¿Por qué los chimpancés, las ratas o el hombre no hibernan? ¿Es que no sería beneficioso para nosotros retirarnos del mundanal ruido de vez en cuando?

Una de las respuestas a esta pregunta es que nosotros no vivimos en entornos tan frios y hostiles como el oso polar por ejemplo, es muy posible que estas condiciones de hibernación hayan evolucionado como respuesta a las condiciones climáticas y sean adaptaciones al frío y a la escasez. (El lector puede leer este post donde hablé de las aclimataciones de los neandhertales y de la posibilidad de cruces con nuestra especie)

Sin embargo han sido descritas en ciertas especies fenomenos similares relacionados con el verano (estivación) e incluso con la sequía, de modo que el proceso de retirarse a dormir una siesta estacional no está relacionado concretamente con el frío sino con la escasez, es decir con la previsión de recursos. Es por esta razón que las aves migratorias no hibernan y probablemente esta es también la razón por la que el humano no lo hace tampoco, es bien sabida nuestra mania por viajar, somos nómadas.

El letargo metabólico en humanos.-

Nosotros los humanos no hibernamos probablemente porque nuestra conducta en relación con los recursos y nuestros nichos ecologicos son cambiantes y nos impulsa a buscar y encontrar recursos a partir de nuestra movilidad.

La principal consecuencia que tiene esta regulación es que carecemos de un reloj biológico que coordine y regule nuestro metabolismo a la baja en epoca de escasez. En mi opinión nuestra especie consiguió a cambio de este hándicap, otras prestaciones. Lo que nosotros hoy entendemos como depresión y mania serian las manifestaciones arcaicas de tal sustitución.

La relación entre la depresión y la periodicidad de los ciclos de hibernación a los que suceden ciclos de reproducción y de expansividad ha sido señalada por una multitud de autores, citaré entre ellos a Albert Demaret (1982).

Para Demaret:

El comportamiento territorial es el mejor modelo animal para explicar el comportamiento bipolar (maniaco-depresivo), efectivamente, está relacionado con las estaciones y con la búsqueda de alimento, pastos y territorios para el acoplamiento. El concepto de territorialidad cambia según las especies estudiadas y no es lo mismo en las nomádicas que se mueven constantemente de lugar en busca de nuevos pastos que en aquellas que simplemente disponen de un territorio fijo y se limitan a escarceos puntuales fuera del mismo, estas especies necesitarán marcajes, aquellas no. Así y todo está demostrado que incluso en aquellas nomádicas como los herbívoros, ñus o cebras existe un perfecto orden territorial en la marcha de la manada y un orden cerrado, casi militar en la disposición de los individuos según el rango (Hamilton 1971). Una marcha que está determinada por los ciclos temporales y los recorridos ancestrales que las especies recorren una y otra vez con la tozudez de un instinto ciego, aquel tan perfecto que no puede aprender nada nuevo.

La periodicidad en los humanos está muy poco relacionada ya con los vaivenes de las estaciones entre otras cosas porque de haberlas tenido en ambiente ancestral hoy resultarian inadaptativas. Sabemos que existe un pico de incidencia de trastornos afectivos en primavera y en otoño, pero es imposible predecir una recaída en un paciente depresivo o maníaco. A veces estas recaídas carecen de todo matiz estacional. Todo parece indicar que de haber existido un origen estacional en la psicosis maníaco-depresiva se ha convertido hoy en un vestigio.

Sabemos que estas enfermedades son periódicas, pero no sabemos en cada persona qué elementos personales inciden en sus recaídas, haciéndonos dudar de su carácter realmente periódico o caótico (un orden de regularidad dentro de la irregularidad). Los aspectos circadianos de sus mejorias-empeoramientos correlacionan con los ciclos del cortisol, pero desconocemos qué significado tienen los cambios atmosféricos en la incidencia de una recidiva, aunque intuimos que el calor puede ser un factor de reincidencia, así como la mayor cantidad de horas de luz solar como tambien su contrario: existen depresiones de invierno y depresiones de verano.

Para explicar este fenómeno se ha dicho que la organización social ha trastocado los ritmos periódicos que vinculaban al ser humano con la naturaleza, no solamente por la imposición de horarios laborales, de sueño y de alimentación, sino que probablemente ha borrado incluso la relación de la enfermedad con los más que probables estímulos cósmicos que en su origen le suponemos.

Con esta perspectiva, no es de extrañar que haya habido varios intentos por emular el letargo metabólico en los humanos. Uno de los experimentos más exitosos ha sido el del equipo de Mark Roth, del Instituto Fred Hutchinson, en Seattle, que se publicó en Science en 2005. Roth logró inducir una hibernación metabólica reversible en ratones al introducirlos en una cámara hermética cuyo aire contenía 80 partes por millón de sulfuro de hidrógeno. En seis horas, los científicos convirtieron los ratones de sangre caliente en animales de sangre fría, que es en esencia lo que ocurre de forma natural con los mamíferos hibernados.

Mark Roth es algo así como el profeta de la suspensión animada, algo que conocemos por las peliculas de ciencia ficción y que permite a los astronautas permanecer en un profundo letargo mientras viajan por el espacio. Aquí hay una conferencia suya en TED.

Tal y como podemos leer en este trabajo de estos dos neurofisiólogos de Estrasburgo, la hibernación no es un sueño aunque ambos procesos se parecen. La hibernación es la conversión de un animal homeotermo en uno ectotermo, de sangre caliente a sangre fría. Lo cierto es que según cuentan los neurofisiólogos en su estudio en ambas condiciones está implicado el sueño nREM, es decir el sueño profundo.

Sólo que en la hibernación se reduce de una manera considerable, el ritmo cardiaco, la tensión arterial, la temperatura corporal y cerebral, el gasto de oxígeno y el gasto total de energía. La hibernación es una suspensión de la actividad dejándola bajo mínimos, algo muy parecido a la muerte, aunque el corazón sigue latiendo.

Algo que comparte con el sueño nREM normal y corriente solo que cuando dormimos no llegamos ni de lejos a este estado de desconexión que observamos en la hibernación. Y aunque de momento la hibernación en los humanos no deja de ser una fantasía es probable que dicho fenómeno pudiera hacerse realidad, naturalmente no a través del sulfuro de hidrogeno que Roth propuso para sus ratas sino a través del descubrimiento del reloj biológico humano y sus correlatos hormonales.

Por alguna razón ni las ratas ni los primates, ni por supuesto nosotros los humanos hibernamos. Es muy probable que en aquellos animales que si lo hacen dicho estado venga mediado por una hormona. Si fueramos capaces de descubir esta hormona (o un alelo fisico-quimico) en nuestra especie no cabe ninguna duda de que obtendriamos muchas aplicaciones medicas de interés. Si yo fuera Roth buscaria un derivado del opio como inductor de hibernaciones en humanos.

La primera aplicación que se me ocurre en los traslados de pacientes críticos: no sería necesario mantenerlos con vida y estables durante un largo traslado, bastaría con ponerles a hibernar mientras dura el viaje. Pero sin duda la ventaja más interesante procedería de cortar nuestra dependencia del oxígeno. El oxígeno no sólo es necesario para vivir sino que siendo como es un remedio para seguir vivo es tambien un veneno celular, nuestras celulas envejecen y se oxidan por ese continuo trasiego del gas en nuestra sangre. La hibernación al reducir prácticamente su consumo a un mínimo de subsistencia daría tiempo a nuestro organismo a repararse.

Y no sólo a repararse sino a eludir los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos (quimio y radioterapia), minimizar los riesgos de la cirugía a corazón abierto y otras aplicaciones de interés médico-quirúrgico.

Y quién sabe si de este modo podríamos liquidar la depresión y el trastorno bipolar, al fin de cuentas la hibernación no seria sino un sueño que está más allá del sueño.

Y como dice la máxima hipocrática: iguales curan iguales.

Bibliografía.-

Albert Demaret: «Etología y psiquiatría». Herder 1982.