Culpa, solidaridad y compasión

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¿Fue esta foto la que disparó el efecto solidario vivido en Europa recientemente?

No cabe duda de que no sólo los individuos concretos sino los gobernantes (a excepción de los húngaros) cambiaron de opinión después de la publicación de esta foto. Es el poder de una imagen que sobrecogió a los europeos y a sus élites gubernamentales, por razones que más abajo trataré de elucidar. Implicó un cambio de posición y una explosión de solidaridad entre los europeos que aplauden, ayudan y favorecen que todos esos miles de refugiados que se agolpan en las fronteras de Austria. Y que presionan a sus gobiernos para que se impliquen en la tragedia.

Pero este efecto se desvanecerá muy pronto, pues «la culpa» solo puede vivirse en primera persona y tiene como antídoto la solidaridad, (antes llamada caridad), no es una emoción llevadera y tiende a disiparse, mejor dicho a rechazarse alli donde van todos los afectos rechazados, al inconsciente. Al individual, claro. De manera que la solidaridad no es otra cosa sino la proyección que hacemos de nuestras culpas al Estado, así le obligamos a hacer algo.

Pues tanto la culpa como la solidaridad solo obedecen a los cerebros individuales, no existen Estados solidarios ni Estados culpables, pues el Estado no es -como muchos piensan- la suma de todos los ciudadanos sino una institución impersonal, creada por la naturaleza humana para liquidar las continuas confrontaciones de lo tribal. Alli donde no hay Estado aparece el caos en forma de una continua querella intestina entre los de aqui y los de alli. Campanarios distintos procuran opiniones diferentes y el paso al acto consiguiente de liquidación del infiel.

Los Estados no pueden ni saben ser solidarios pero si las personas concretas. Es por eso que se equivocan los que lanzan diatribas moralistas a sus gobernantes para obligarlos a ser lo que nosotros no somos ni queremos ser, ¿pues alguien de nosotros se ofreceria a acoger en su casa a una familia de refugiados?. Si, ya se que hay algunos ¿pero estaría usted dispuesto a mantenerlos? ¿Por cuanto tiempo?

Este es el abismo que separa lo individual de lo colectivo. Es más facil ser solidario a través del esfuerzo de otros.

Lo usual es delegar esta función solidaria en el Estado, lo mismo hacemos con la educación de nuestros hijos, «que se ocupen ellos que yo tengo que trabajar». Si no lo hacemos por nuestros hijos ¿cómo vamos a hacerlo con los refugiados?.

Y la verdad es que el Gobierno no está para ser solidario sino para que se cumplan las leyes y por si ustedes no lo saben- han de ocuparse de los refugiados si o si. Les obligan las leyes europeas. A nosotros no nos obliga nadie, las leyes nos obligan -eso si- a pagar.

El problema humanitario será pronto un problema económico y tambíen un problema de seguridad.

¿Porque quien creen ustedes que va a pagar este gasto sobrevenido? No se asuste si se inventan un nuevo impuesto para atender estos gastos, no se asuste si se lo cargan al recibo de la luz, pues habrá que pagarles , a ellos la energía. La energía y otras cosas.

Y aquí está el dilema. El Estado y los gobernantes se lavarán pronto las manos y nosotros a pagar.

Pero aquí no acaba el problema.

Pues ¿cuantos parados de larga duración hay en nuestro país que no pueden ni siquiera pagar el alquiler de su casa o el gasto de la luz o el gas? ¿Cuantos hay que recurren a la caridad de Caritas u otras ONGs? ¿Cuantos niños acuden a los colegios para usar el comedor porque sus padres no pueden alimentarles?.

¿Por qué la empatía o el altruismo pueden ser letales?.-

Paul Bloom es el que mas sabe de este tema y he seguido sus explicaciones desde que me enteré de un articulo que tituló «Contra la empatía». Para Bloom la empatía es un sentimiento de bajo nivel de definición que puede devenir en letal para la supervivencia del excesivamente empático pues no es cierto que «adoptar la perspectiva del otro hará que nos preocupemos más por ellos y estémos más dispuestos a prestar ayuda”.

Bloom es escéptico con la llamada que están haciendo los revolucionarios de la afectividad para que nos sumemos “emocionalmente en una familia global” o en una “conciencia empática global”. ¿Es que acaso es posible “empatizar” con 7000 millones de personas en un mundo donde, de hecho, las diferencias raciales y culturales están muy lejos de estar disminuyendo?

Amar al prójimo como a uno mismo es sencillamente imposible. Un mandato poco realista.

El peligro es que «al confiar en exceso en los poderes de la empatía, corremos el riesgo de que nuestros sistemas emocionales sean secuestrados por un subconjunto de problemas emocionalmente atractivos, haciendo que nos despreocupemos cada vez más por los problemas sin rostro, o cuyo verdadero rostro no despierta tanta empatía emocional». (Extraido de esta web)

El éxito de la publicidad de la fotografía del niño ahogado puede explicarse por varias razones:

  • No se ve sangre
  • No se le ve el rostro.
  • Es un niño.
  • No hay un escenario de guerra, escombros o destrucción.
  • Se trata de una foto en la playa, donde el niño parece dormir plácidamente.

No estoy diciendo como alguien ha asegurado por ahí que se trate de una fotografía trucada, estoy convencido de que es real, estoy preguntándome acerca de su éxito como icono conmovedor. No cabe duda de que sea quién haya sido el que tomó esa foto es muy probable que se trate de la instantánea del año. Tampoco estoy criticando a  quien la tomó, ni a quien la publicó o compró pues esa es la función del periodismo: conmover.

Y no cabe duda de que lo han conseguido.

Y lo han conseguido porque han cambiado la percepción sobre los refugiados, que sean refugiados verdaderos o no han visto facilitada su intención de llegar a Alemania y socavar de paso la escasa cohesión que la UE ya tenia de por sí.

Vaya, que parece que estaba como planeado.

El sindrome de la víctima identificada.

Dije más arriba que la solidaridad es cosa de los individuos y no de los Gobiernos y lo es por una razón psicológica muy simple:“, la gente se vuelca a ayudar a una víctima de la que conocemos  sus datos pero luego no ayuda a 10.000 víctimas desconocidas, ni se siente concernida por ellas. En el laboratorio se ha preguntado a los sujetos cuánto dinero darían para crear un medicamento que salvara a un niño y cuánto para crear un medicamento que salvara a 8 niños y la respuesta era parecida. A un tercer grupo se les dijo el nombre y edad de la víctima y se les enseñó una foto  y entonces dieron mucho más dinero para salvar a ese que para salvar a los ocho.

La empatía tiene sesgos muy importantes que la convierten en injusta. Piense usted en una entrevista de trabajo donde el entrevistador es un hombre y que su contrincante para el puesto es una bella mujer. También está demostrado que la bella mujer tiene un hándicap importante si la entrevistadora es otra mujer. Piense usted en su médico, ¿le gustaría que se echara a llorar si usted llora? ¿O preferiría que mantuviera cierta distancia con respecto a sus problemas?.

Claro, meterse en los zapatos del otro no acaba de resolver el problema. ¿No es cierto?

Lo que propone Bloom es ejercitarse más en la compasión y no tanto en la empatía. Habla de una «empatía racional o efectiva». La compasión seria la octava superior de la empatía y no está al alcance de todo el mundo (y esta es su principal dificultad) acostumbrados como estamos en delegar nuestras obligaciones morales en otros.

«La empatía racional o efectiva» significa «rascarse el bolsillo», así refiere a personas que dan una cantidad de su sueldo a organizaciones humanitarias que han demostrado ser eficaces y no pertenecen al negocio de la caridad. Se suele donar un 10% pero algunos dan el 50% y hay gente que busca trabajos donde ganar más dinero para poder donar más. Todos ellos no lo hacen por empatía sino por pura racionalidad. Para ellos es perfectamente posible jugar y cuidar a sus niños pero entender a la vez que la vida de los niños de Pakistan o Zambia son tan importantes como las de sus hijos.

El asunto no es fácil porque estas organizaciones también están contaminadas por ese «negocio de la caridad que pudimos contemplar en este documental de TVE y a otras declaraciones que he oido ya no se dónde sobre los tipos de cooperadores en el tercer mundo que se describen con las tres EMES. El mercenario, el misionero y el marciano. De modo que las motivaciones de las personas que ayudan tampoco son demasiado transparentes.

La toma de medidas sobre todo a nivel político requiere ir más allá de la empatía. Y a veces la mejor solución para mantener la civilización es un pelotón de soldados como decía Spengler.

Y por si queda alguna duda: a mi también me conmovió la foto del niño.

Y lo que he aprendido de esto, es que la caridad cristiana no ha sido superada.

Nuestras desigualdades

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Lo que leyeron el post anterior ya saben a estas horas que hay un hecho incontestable: las sociedades democráticas son más prósperas que las teocráticas, tiránicas o en aquellas donde el Estado no ha conseguido establecer un poder central que asegure, ley y orden.

Pero de la lectura de ese mismo post se deduce otra conclusión: la prosperidad no puede diseñarse. Significa que no sabemos cómo hacer para conseguir eliminar la pobreza, generar igualdad o cambiar el destino de algunos paises deshechos que se baten entre continuas guerras tribales, la miseria de la enfermedad y la pobreza de sus miembros, pero sabemos algunas cosas.

La primera cosa que hemos aprendido es que no se pueden imponer regímenes que han funcionado bien aqui (como la democracia liberal) en otros entornos que históricamente han estado en manos de clases politicas extractivas y donde no existen instituciones inclusivas. La democracia no es exportable y siguiendo las ideas de Acemoglu, la democracia y la prosperidad son algo contingente y provisional, es decir se puede volver atrás en cualquier momento.

Pero saber que la prosperidad es contigente no significa que no sepamos algo fundamental: Un Estado centralizado y fuerte es necesario para que emerjan otras condiciones, como la libertad, los derechos humanos, el derecho de propiedad, etc, pero un Estado centralizado no es condición suficiente. Hace falta algo más.

Es necesario que este Estado no sea extractivo sino inclusivo, es decir que reparta la riqueza entre sus ciudadanos de un modo más o menos justo. Un estado fuerte como el de Corea del Norte, como los paises árabes con petróleo, como en Rusia o en Cuba no garantiza de ninguna manera el bienestar de sus ciudadanos incluso pueden dar la impresión de cierto éxito económico como sucedió con la URSS desde 1940 hasta 1970 en que comenzó su declive.

El éxito de la URSS se debió en gran parte al trasvase de trabajadores desde una atrasada agricultura hacia la industria, pero el sistema soviético carecia de dos de las condiciones más importantes para que ese éxito fuera sostenible: no había incentivos para la excelencia en el trabajo y no había innovación. La industria soviética murió precisamente por falta de innovación y algo así le sucederá a la China actual. Limitarse a copiar diseños de otros y ofrecer al mismo tiempo una mano de obra barata para occidente asegura grandes conflictos en el futuro a la vez que no impedirá el colapso de ese pais en el corto plazo.

Las desigualdades en nuestro entorno.-

Si el lector le ha echado una ojeada a los gráficos que presiden este post habrá comprobado algo que resulta al menos paradójico: ¿Como es posible que en USA, el pais mas rico del mundo sea el más desigual? ¿Como es posible que en los paises donde más democracia, más oportunidades, más innovación y excelencia sean precisamente los que generan mayor desigualdades internas?.

Para empezar hay que decir que cierta desigualdad es necesaria para preservar esa misma innovación, el esfuerzo y el talento individuales. Las personas no somos todos iguales y aunque la igualdad es una norma moral inherente a nuestra ubicación democrática es necesario señalar que «la igualdad» es una abstracción mientras que la desigualdad es algo muy concreto a lo que podemos meterle el dedo. Dicho de otro modo, no son tolerables ciertas desigualdades radicales entre ciudadanos de una misma nación, pero la igualdad es una utopía que hay que optimizar.

Una vez dicho esto, hay que señalar un hecho sorprendente: los Estados democráticos no han dejado -solo por el hecho de ser democráticos- de ser extractivos y expoliadores, algo que hacen a través de los impuestos, las tasas, las multas, la burocracia y las ramificaciones del Estado en todo rincón de lo privado. Tenemos Estados muy intervencionistas que paradójicamente protegen algo que está prohibido y que son los monopolios más o menos camuflados.

Un Estado puede ser democrático en su apariencia y ser imperial en sus relaciones internacionales. ¿Qué hace la UE metiendo la nariz en Ucrania? ¿Tiene algo que ver el gas ruso en todo este lio? Claro, Alemania quiere extraer esa riqueza y ponerla a su disposición. ¿Es que la Merkel no sabia que tendría a Putin enfrente en esa maniobra de acercar a Ucrania a la OTAN?

Un Estado no se convierte de la noche a la mañana en democrático solo por el hecho de haber elecciones. En nuestro entorno por ejemplo lo que observamos cada vez de forma más clara es que el Estado ha sido tomado por los partidos. La llamada partitocracia le da a los partidos políticos una legitimidad que no tienen en puridad democrática. Una cosa es el Estado y otra los partidos. Los partidos son marcas, ideologías que no están ahi para quedarse, sino para dejar sitio a otros niveles de organización democrática.

En España nos hemos quedado con un sistema de gobierno anticuado, con una administración mastodóntica, unos partidos con regimenes estalinistas en su funcionamiento interno y con la paradoja de que los españoles actuales somos mucho más listos que nuestros abuelos y estamos muy bien informados. No nos merecemos los partidos ni los sindicatos, ni las organizaciones empresariales que tenemos. Todo huele a naftalina y todos los españoles nos sentimos expoliados por el recibo de la luz.

Las élites extractivas no son sólo el gobierno (los politicos) y los partidos, no son los ricos, están mucho más cerca de lo que parece: son las empresas que tienen la capacidad de negociar sus precios y sus perdidas, la banca, las multinacionales, las energéticas del IBEX, pero tambien una universidad anticuada que es en realidad una fabrica de parados con doctorados, endogámica e hipertrofiada.

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En una sociedad con tantas élites es necesario que la clase media se empobrezca engordando ese lugar que ha venido en llamarse «riesgo de pobreza o exclusión». No es sólo el paro, y la poca formación de nuestros trabajadores, es el engorde artificial de esas élites gubernamentales las que expulsan hacia abajo a los más vulnerables.

Ayer salió publicado un informe Forbes que señalaba a Amancio Ortega (el de Zara) como el tercer empresario más rico del mundo. ¿Cómo es posible que un sastre gallego haya llegado tan lejos?

En China hay mucha fuerza de trabajo a la que explotar, de modo que las instituciones democráticas de un pais no sirven para prevenir los abusos en otro. Una especie de colonialismo económico (que ahora se llama globalización) calcado del de Hernan Cortés, el imperio romano u otomano pero sin oro.

La democracia no es exportable pero el dinero no tiene patria.

La desigualdad

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Parece demostrado que la desigualdad es el origen de gran parte de las tensiones sociales, y no sólo de ellas sino también de la patología mental humana, de la enfermedad física, de las expectativas de vida, de la confianza en el futuro, de la violencia, de la supervivencia de los niños y sus madres y también de mútliples malestares que se proyectan en lo político, lo social o lo subjetivo.

La desigualdad parece ser la madre de todos los males y más aun: es posible afirmar que la pobreza está en el origen de casi todos los malestares del mundo moderno que hemos de habitar. Es por eso que el libro de Acemoglu y Robinson me llamó la atención después de haber leído un libro de Nicholas Wade titulado «Una herencia incómoda» donde se cita tanto a Nicholas Clarck como a Daren Acemoglu. De Clarck ya hablé en este post a propósito del nacimiento de la clase media.

El libro de Clarck propone que las instituciones políticas y económicas de un país son la variable critica en las que se basa el bienestar, la libertad, la prosperidad y el desarrollo de una comunidad cualquiera y no tanto de la geografía (como supuso Jared Diamond), la ignorancia o la cultura de ese determinado país. Lo cierto es que el tema de la desigualdad es algo bastante reciente puesto que hasta el siglo XVI prácticamente todo el mundo era bastante igualitario. Todos éramos pobres salvo una pequeña «nomenclatura» -usualmente tiránica- que se dedicaba a extraer recursos pero que no estaba nada interesada en el bienestar de los ciudadanos. Esta preocupación por el bien de los ciudadanos en su conjunto es bastante reciente y según Clarck y también Acemoglu lo sitúan en Inglaterra a partir de la «Revolución Gloriosa»de 1688, que acabó imponiendo el Parlamento a las decisiones absolutistas de los reyes. La revolución francesa tardaría aun un siglo en producirse dando lugar a instituciones mucho más inclusivas y pensadas para favorecer el bienestar de los ciudadanos en su conjunto y no tanto en preservar el poder de reyes, aristócratas, terratenientes y clero.

Fueron precisamente estos cambios los que propiciaron el estallido de la revolución industrial y con ella una mejor calidad de vida para amplias capas de población que pasaron de un estado por debajo el umbral de la pobreza a un trabajo asalariado cerca de las fábricas de Londres con mayores oportunidades. Concretamente la alfabetización, el libre comercio, la propiedad privada y la confianza en el futuro son los dones que obtuvimos de la revolución industrial que para desarrollarse precisaba de una institución que de alguna manera redujera el poder de los monarcas y de los aristócratas y terratenientes.

Acemoglu en su libro, presenta numerosos ejemplos para defender su hipótesis de que son las instituciones la base de la igualdad económica y la prosperidad de la ciudadanía, pero para mí hay algo mucho más importante en su razonamiento: hace un análisis histórico exhaustivo sobre ciertas naciones, desde tribus del Congo, hasta Corea, Europa, los imperios otomanos y español para deducir y concluir: que la historia carece de sentido y de alguna manera los sucesos históricos se producen pos azar, son por ello contingentes.

Contingencia es lo contrario de teleología: todos nosotros estamos persuadidos de que la historia avanza de una forma lineal, de que el «progreso» humano y la «perfectibilidad» del hombre son cuestiones que se alcanzarán irremediablemnte a través del tiempo: la ciencia, la educación, la disminución de la violencia, o la igualdad entre unos y otros, son cosas a las  que se llegará a partir de cambios en la mentalidad humana y de los modos y mecanismos de producción y de distribución de la riqueza. Es el punto de vista de Marx, para el que el socialismo seria la cúspide de una serie de cambios inexorables que tendrían lugar a partir de la superación de ciertas etapas «científicamente» planeadas.

Pero no parece que las cosas sean así, sino que más bien que ciertas innovaciones como la susodicha «revolución industrial» que inauguró Inglaterra en el siglo XVII y que mejoró la vida de la ciudadanía son acontecimientos aleatorios que pueden darse o no darse, se trata de accidentes. ¿Cuanto tiempo pasó antes de que en España se implementara una revolución industrial similar?

Efectivamente estos sucesos no son puntuales sino graduales y existe un componente de azar en ellos: la Constitución de Cadiz que puso los cimientos del liberalismo en España se encontró con múltiples escollos, hasta que fue derogada por Fernando VII, lo que significa que en España no hubo nunca un proceso similar al de Inglaterra al menos hasta bien entrado el siglo XX, concretamente después de la guerra civil y con los precursores de Cataluña en la industria textil o el país vasco en la industria pesada. O dicho de otra manera: que las naciones fracasan y pueden fracasar incluyendo lo que hoy entendemos como mundo opulento y libre. El éxito del que estamos hablando es provisional y todo puede venirse abajo.

Vacas gordas y vacas flacas.-

El mundo opulento es el que entendemos como Occidente: USA, Canada, Europa, Singapur, Corea del Sur, Japón, Australia y Nueva Zelanda, junto con algunas excepciones como Botswuana en el Africa subsahariana. Concretamente en todas ellas las instituciones políticas que las conforman son democráticas y representan sin duda las naciones mas ricas y prósperas del planeta, Frente a ellas una pléyade de naciones pobres, donde no existen derechos humanos o son soslayados con frecuencia y donde no existen democracias ni derechos individuales formales o están muy deteriorados por linajes de gobernantes sin escrúpulos: Corea del Norte, China, Rusia, toda el Africa subsahariana, Afganistán, Iraq,  todos los países árabes donde aquellos que no poseen petróleo tienen niveles muy parecidos a la pobreza del Africa subsahariana, Haiti, Bolivia, Ecuador, Peru, Venezuela, Cuba, etc.

Lo interesante de algunos de estos países es que tienen recursos propios en abundancia, es el caso de Venezuela, Nigeria, Iraq, Congo, o  Camboya que sin embargo no consiguen despegar de la miseria a pesar de haber introducido a veces por obligación democracias formales en sus regiones. ¿Cual es la razón por la que estos países no consiguen establecer niveles de prosperidad entre sus ciudadanos?

Lo que funciona bien en un sitio no necesariamente funciona bien en otro.

Lo que hace Acemoglu en su libro es rastrear los orígenes de las instituciones de cada uno de esos pueblos, por ejemplo entre Corea del Norte y Corea del Sur, pueblos que comparten una misma cultura y geografía, ¿cómo es posible que los coreanos del sur dispongan de mejor calidad de vida que los del norte y obtengan diez veces más PIB que sus vecinos?

Analiza este fenómeno y encuentra que aunque en sus orígenes ambos países compartían cultura. religión, geografía  y tradiciones muy parecidas, cada uno de ellos tomó en su momento y después de la guerra del paralelo 48 una dirección bien diferente. Todo se debió a una contingencia azarosa: el que iba a gobernar Corea del Sur emprendió una serie de políticas bien distintas a la de su vecino del norte, pensaba de forma distinta y tenia para su país un proyecto bien diferente. El factor humano, una contingencia que creó diferencias entre un país comunista y otro capitalista. No todo esta pues en los orígenes sino en la incidencia que ciertos líderes llevan a cabo de forma providencial.

Acemoglu divide a las élites políticas en dos clases: las extractivas y las inclusivas. Lo interesante es que la economía sigue los dictados de la política y así en un país con élites políticas extractivas como en Congo, las empresas (el poder económico) se acoplan en un perfecto maridaje a las instituciones políticas, mientras en otros países con élites políticas inclusivas la economía se adapta a las leyes y a las reglas dictadas por la política.

Otra de las explicaciones que da Acemoglu en su libro para comprender estas diferencias es el proceso de colonización de cada país. Por ejemplo el imperio Inca o azteca eran imperios extractivos que vivían de extraer recursos de los ciudadanos para mantener a sus élites, pero la invasión de Hernán Cortés o de Pizarro no resolvieron este problema sino que lo agrandaron aun más al saquearles de todos sus bienes e imponer en ellos una serie de instituciones extractivas como las haciendas que repartían las tierras entre los colonos dejando  a los indios en la esclavitud. Lo mismo sucedió con la colonización de Africa con belgas, franceses o ingleses. Inglaterra no estaba interesada en liquidar el régimen de castas en la India sino en extraer sus riquezas. No dieron tiempo a que ellos llegaran por sus propios medios a un tipo de organización inclusiva sino que les doblegaron con instituciones extractivas para mucho tiempo y así siguen.

No existe una institución mas perversa desde el punto de vista económico que la esclavitud o la servidumbre (trabajo forzado) que funcionó durante mucho tiempo en Europa oriental (Polonia y Rusia). Nadie está motivado a trabajar por el bien de otro.

Lo interesante es que ciertos modelos de colonización que sirvieron para extraer riqueza de México o los Andes, no sirven siempre y es por eso que la colonización de EEUU (Carolina del Norte) donde no había oro ni plata que extraer (como en Potosí) dio lugar a un nuevo tipo de colonización que desembocó -como en Inglaterra- en un nuevo modelo  inclusivo que tuvo su efecto de llamada en colonos ingleses y europeos para conquistar el Oeste. La democracia en USA tuvo lugar precisamente porque no había nada que expoliar sino mucha tierra para repartir y mucho trabajo que hacer.

Como conclusiones sobre las desigualdades entre países es posible afirmar que la clave de la prosperidad está basada en los siguientes variables:

  • Libertad para establecerse y comerciar.
  • Paz y orden. Una justicia que funcione en las sanciones.
  • Propiedad privada.
  • Trabajo asalariado y negocios libres.
  • Democracia y limitación de los poderes extractivos, participación ciudadana.
  • Inexistencia de élites extractivas.

Perece demostrado que con estas condiciones los países progresan y son prósperos, pero no explica las desigualdades en el mismo país. ¿Como es posible que USA tenga más desigualdades que las medias entre USA y Nigeria?

Será en un próximo post.

Conflictos sin solución

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Vivir es conflicto.

Las parejas, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo, padres e hijos, los hermanos, los países entre si, los Estados y sus regiones, las empresas y su competencia, los partidos políticos. Cualquier relación entre humanos está presidida por el conflicto. Y toda institución humana no puede escapar de un propósito inicialmente oligárquico.

Pero hay conflictos solubles y conflictos irresolubles.

¿Por qué algunos conflictos son irresolubles?

Para que un conflicto pueda resolverse es necesario que:

1.- Esté bien definido en términos racionales.

2.- Sea susceptible de negociación entre las partes.

3.- Las partes quieran resolverlo (cada una de ellas y las dos).

4.- Cada parte renuncie a algo.

Si no se dan estas condiciones -entonces- un conflicto se convierte en un problema endemoniado, cuya característica principal es que «todos los intentos por resolverlo lo agravan».

Este tipo de problemas contrariamente a los formulados con anterioridad (conflictos solubles) son complejos. Complejos no es lo mismo que complicados: significa que sólo pueden formularse cuando ya han sido resueltos.

La primera idea a anotar es que estos problemas no se resuelven jamás pero pueden disolverse, perder vigencia o desclasificarse si cambian las condiciones del entorno -las relaciones entre sus enlaces- que es el lugar donde el problema anida.

Usualmente los conflictos irresolubles entre individuos se zanjan con la ruptura de las relaciones o la desafección y en el caso de que el conflicto anide entre dos países por ejemplo, el resultado es la guerra.

Lo interesante de los conflictos es que se trata siempre de conflictos de intereses, de un conflicto por los recursos, aquellos que compiten por un mismo bien o recurso están destinados a tener conflictos, sin embargo el conflicto no existe en ausencia de colisión de intereses.

Lo complicado es abrirse camino en esa brecha y definir qué son intereses y qué cosas no lo son. Cuando hablamos de intereses casi siempre pensamos en clave material: agua, comida, petróleo, recursos naturales, etc. Pero solemos pasar por alto otros intereses que no están en la escena y no suelen explicitarse.

Por ejemplo, en las rupturas de las parejas suele suceder que uno de sus miembros haya decidido poner fin a la misma precisamente porque en términos de coste/beneficio no salgan las cuentas y no tanto por desacuerdos.

En nuestro país el número de divorcios es casi similar al número de matrimonios y por lo que llevo visto en la vida el número de hermanos que no se hablan o el número de hijos que rompen todo vínculo con sus padres es mucho más elevado de lo que pensamos. Inferior desde luego al número de parejas con las que hemos roto a lo largo de nuestra vida o al número de amigos que hemos perdido por un “quítame allá esas pajas”. O al número de parejas que se rompen al dia, unas 2800 en España sin contar las que no aparecen en los censos.

Más allá de las desavenencias entre los miembros de la pareja,una de las causas ocultas de este hecho es la levedad de las relaciones de apego, la ideología del consumo y el derecho a la felicidad que nos venden como si todos tuviéramos derecho a aspirar a ese ideal virtual que se nos muestra desde lo que Verdú ha llamado el capitalismo de ficción. Un capitalismo que no está basado en la producción de bienes tangibles sino dinero de papel al que nadie puede meter el dedo. Y sobre todo: realidad.

Dicho de otra forma, lo que parece haberse deteriorado son las razones para no romper una relación suficientemente buena. Los relés de inhibición han dejado de existir. ¿Por qué no?

La definición o el contexto donde se dan las relaciones determina la forma y la duración de estas mismas relaciones. Romper una relación no es un acto de libertad individual sino una decisión que viene contaminada por el contexto. La subjetividad humana es muy dependiente del contexto.

Y hablando de problemas irresolubles me referiré ahora a un tema internacional, me refiero al conflicto palestino-isreaelí que este verano ha estado en primera plana de todos los informativos, acompañando nuestras comidas con un recuento diario de muertos, bombas, misiles y las desgracias de la guerra. ¿Quién no se ha sentido golpeado por esas imágenes de niños muertos y edificios enteros destruidos por las bombas.

Muchas veces me he preguntado en mi vida ¿qué tendrá esa franja de Gaza, que se lleva por delante tantas vidas? Seria comprensible si ahí hubiera oro o petróleo o cualquier mineral estratégico. Pero ahí no hay nada, nada salvo desierto, un desierto rodeado por un muro. No es una guerra por los recursos, ni una guerra de religión sino una guerra de escisión entre dos Estados que no creen posible la convivencia.

Y lo peor: las partes no quieren llegar a un acuerdo permanente.

La razón por la que las partes no quieren negociar -salvo cuestiones puntuales como un alto el fuego- es que ambas quieren imponer a la otra parte su visión de la «propiedad de la tierra», unos sienten que ya estaban allí antes de que Inglaterra creara el Estado de Israel, otros creen que «la tierra prometida» les pertenece por decisión divina.

Y este conflicto no se aviene a soluciones pactadas. Ambas partes sienten que la paz llevaría consigo una especie de cesión, una derrota. La guerra aun intermitente es la única solución. El odio se difunde de generación en generación haciendo el problema transgeneracional asegurando así la no-solución del conflicto.

Pero la guerra no se puede mantener por mucho tiempo sin desequilibrar toda una zona, en este caso Oriente medio es una zona estratégica por el crudo, pero mucho antes en Europa ya habíamos vivido una situación similar. La guerra de los 30 años comenzó siendo una guerra religiosa, pero poco a poco fue difundiéndose entre todas las potencias europeas. La intervención paulatina de las distintas potencias convirtió gradualmente el conflicto en una guerra general por toda Europa, por razones no necesariamente relacionadas con la religión. Una guerra por no quedar fuera del reparto.

«El mayor impacto de esta guerra, en la que se usaron mercenarios de forma generalizada, fue la total devastación de territorios enteros que fueron esquilmados por los ejércitos necesitados de suministros. Los continuos episodios de hambrunas y enfermedades diezmaron la población civil de los Estados alemanes, y en menor medida, de los Países Bajos e Italia, además de llevar a la bancarrota a muchas de las potencias implicadas. Aunque la guerra duró 30 años, los conflictos que la generaron siguieron sin resolverse durante mucho tiempo». (tomado de la wiki).

Algo que señala hacia donde pueden ir las cosas en oriente medio. Una guerra se para cuando ya no puede mantenerse, bien por falta de soldados, de comida o de armas. Es entonces y solo entonces cuando los contendientes cesan de guerrear y aunque puedan mantener sus desavenencias de por vida, al menos cuelgan sus fusiles, hartos de tanta sangre y vuelven a la vida civil. El hartazgo es lo que vuelve a poner las cosas en su sitio. Hasta el próximo conflicto.

Y es entonces y solo entonces cuando un problema endemoniado puede ser definido:

No hay ninguna formulación definitiva a un problema endemoniado, no tienen una “regla de detención”. Paradójicamente, sólo se pueden formular luego de ser resueltos. O

La formulación del problema corresponde al estado de la solución (y viceversa).

Rêverie: más allá del pezón

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La palabra francesa rêverie puede traducirse como «ensoñación», en realidad se trata de un estado inusual de la conciencia que podemos observar en las madres que amamantan a sus bebés, aunque no solo en ellas, es muy posible que lo que Freud llamara «atención flotante» sea otra variante de la rêverie.

La mayor parte de las personas -exceptuando a los tertulianos de la TV- escuchamos a nuestros interlocutores cuando dialogamos, pero lo cierto es que les escuchamos más para saber qué contestar que para entender lo que nos quieren decir. Esta actitud está reservada para los psicoanalistas, esos que escuchan a sus pacientes «sin tiempo y sin deseo» al decir de Bion.

Los hermeneutas del lenguaje: los que creen que las palabras no sólo describen la realidad mental sino que además ocultan alguna otra cosa, casi siempre de signo contrario a lo que se dice. Es por eso que existen los lapsus y que nos hagamos un lío entre lo que quisimos decir y lo que sale por nuestra boca.

A mi siempre me ha llamado la atención desde mi tierna infancia que las mujeres que amamantan niños sostengan la mirada del bebé. Lo cierto es que para comer no hace falta mantener contacto visual. ¿Pero entonces por qué lo hacen de forma espontánea tanto madre como bebé? ¿Como saben ellas que hay que mantener la mirada?¿Y cómo lo sabe el bebé?

Lo cierto es que no lo saben, simplemente lo hacen, lo que significa que existe un registro fósil en nuestra mente que ha heredado ciertas condiciones del apego que todos los mamíferos traemos de serie y lo hemos enlazado a la mirada, cosa que ningun animal hace pues ningún animal sabe que tiene ojos. Parece ser que sólo nosotros intuimos que en la mirada hay algo que contacta más allá del pezón o la propia leche.

En realidad la rêverie es un concepto psicoanalítico descrito por W. Bion y que consiste en un estado especial de conciencia que hace que la mamá sepa cuales son las necesidades de su bebé. Es esa especial habilidad que tienen (casi) todas las madres ( y pocos padres) para adivinar si el bebé, tiene hambre, sueño, está simplemente aburrido o tiene dolor de tripa. Un diagnóstico diferencial dificil de llevar a cabo con una persona que no habla y que además se avenga a poner remedio a través de ese conocimiento intuitivo con los eruptos reglamentarios, la cremita en el culito o cualquier otra intervención en crisis.

Aunque en realidad la rêverie no es solo esta intuición, este saber las necesidades del bebé sino algo que va más allá: la rêverie es una cura, un tratamiento de urgencia, un cuidado paliativo, algo que la madre lleva a cabo para mitigar el dolor o aportar consuelo a alguna emoción displacentera.

Los niños solo emiten sus quejas de una forma: lloran pero no todos los llantos son iguales. Hay llantos de pena, de rabia y otros de dolor. Y emiten sonidos bien distintos, no me pregunten como se discriminan esos sonidos pero las madres (algunas) si saben hacerlo. Y entonces decimos que la madre ha ejercido su rêverie.

Que no es exactamente dar de comer al hambriento o de beber al sediento sino aportarle al bebé una especie de sincronía de alivio a su sufrimiento y que deja una marca que llamamos «confianza básica».

Un sufrimiento que tiene ciertas caracteristicas diferenciales con los de los adultos, nosotros sabemos de qué sufrimos cuando sufrimos y le podemos poner nombre, etiquetas y marcajes. El problema del bebé es que viene de serie cableado para quejarse de una forma analógica, pues sus emociones son preverbales y aun no tienen esa capacidad de echar mano del símbolo (la palabra) para alejarse del determinismo puro. ¿Cómo sentirá un bebé el hambre?

Es seguro que no la sentirá en el estómago como nosotros sino de un modo difuso, un malestar sin nombre.

Con todo se podria resumir esta cuestión con una idea fundamental: consiste en hacer de espejo. Pues es el espejo la condición del alivio, el saber que alguien te ve y te toca con la mirada. Pues eso es la mirada: una forma de tocar, es por eso que algunos niños rechazan el contacto visual, pues no debe haber nada peor que no ser reconocido por la madre. Algo asi debe sucederles:

 

magritte

Nada peor que una madre que nos da la espalda,