¿Es posible la telepatía?

Juan 1:1 RVA2015

En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios.

Recientemente he leído un articulo publicado en el diario «La Razón» sobre Elon Musk y su proyecto Neuralink y el autor -que es Ignacio Crespo- asegura que entre sus proyectos el más adelantado es el que nos permitirá la comunicación «mente a mente», lo que se conoce con el nombre de telepatía.

En realidad el articulo de Crespo es algo así como la refutación de algo bien conocido: que las neuronas no pueden comunicarse entre si a distancia por la razón de que su carga electromagnética es demasiado débil para atravesar no solo el craneo sino viajar a cierta distancia por el aire para encontrar un receptor de esa señal. Por ello atendiendo a las propuestas de Musk se adentra en el territorio de los artefactos o prótesis cerebrales que podrían ayudar a nuestro cerebro a amplificar esa señal.

¿Pero qué sucedería si esa señal no fuera electromagnética? ¿Qué sucedería si esa onda no viajara a la velocidad de la luz sino que pudiera ser transmitida al instante? ¿Qué sucedería si esa señal no se transmitiera por el aire?

Preguntas que nos llevan a otra cuestión, ¿si no son ondas electromagnéticas, ni se transmiten por el aire y pueden viajar más allá de la velocidad de la luz, entonces como funcionaría ta cosa?

Todos los lectores de este post habrán ya leído lel texto de los evangelios que lo preside y quizá estén preguntándose que relación hay entre ese salmo y la cuestión de la telepatía. Antes de entrar en detalles me gustaría decir que la idea de que Dios creó el mundo a partir de su palabra, el Logos, es una idea que está presente en prácticamente todas las cosmogonias y no solamente en la judeo-cristiana, desde los Vedas hasta en el Bhagavad Gita. Parece un poco exagerado decir que el mundo material tal y como lo conocemos procede del sonido, pues en definitiva una palabra es un sonido que contiene además información, pues nuestra percepción directa nos lleva a dudar de esta cuestión, al fin y al cabo todos sabemos que las palabras no crean realidades materiales, aunque pueden crear realidades imaginarias, los políticos lo saben bien a través de su dominio de la propaganda.

Dicho de otro modo, el sonido, la palabra, el Logos es una metáfora de otra cosa que comparte con el sonido las siguientes características:

1.- Esta cargada de información, las palabras comunican.

2.- Es una onda mecánica elástica.

3.- Necesita un medio elástico por el que viajar que transmita la perturbación (por ejemplo el aire)

4.- Al desplazarse imprime dinamismo, pone en movimiento lo estático.

¿Existe algún tipo de fuerza que cumpla estas características? De existir podríamos afirmar que se trata de esa fuerza a la que remiten estos textos sagrados.

La naturaleza del tiempo.-

Los griegos tenían tres palabras para designar el tiempo, la primera es Aion, la segunda Cronos, la tercera Kairós.

  • El tiempo, más conocido por todos, el cronológico, el que marcan los relojes. La hora como intervalo simétrico igual a sí misma en todos los casos.
  • El tiempo atmosférico, es decir el que se refiere al clima (wheather en inglés, oratge en valenciano).
  • El tiempo como experiencia subjetiva, como tiempo vivido. Es esa extraña cualidad que hace que el tiempo transcurra más lentamente cuando somos jóvenes y más velozmente cuando somos mayores o estamos aburridos, se trata de un tiempo asimétrico donde no es posible asegurar que los intervalos del pasado son o serán iguales que los del futuro.
  • El tiempo como momento oportuno, como momento justo. Estar en el sitio adecuado en el momento adecuado, algo que remite al sentido de oportunidad. El kairós de los griegos.

“El tiempo es una metáfora de la eternidad”.

Confieso que hasta hace poco tiempo, la palabra tiempo»era para mí algo más relativo a la poesía que a la ciencia pero después de leer la monografía de Helios Jaime he cambiado mi opinión, efectivamente existen al menos dos clases de “tiempo” de lo que los físicos  y los cosmólogos podrían decir más cosas que yo. Uno es eso que llamamos duración y que mide esa entelequia que llamamos horas una forma arbitraria de dividir el día teniendo en cuenta lo que tarda la tierra en dar una vuelta completa sobre si misma.

Esta versión del tiempo que está relacionada con la duración de las cosas, de las cosas que están destinadas a desvanecerse o desaparecer fue en realidad un invento de los griegos. Ellos le llamaron Cronos y más tarde los romanos le pusieron el nombre de Saturno. Y de ahí viene la voz castellana “cronológico” con el que identificamos el tiempo en su versión de duración, ese que es una especie de plazo fijo para las vidas de los seres humanos y para todo lo vivo.

Pero los griegos tenian otra versión del tiempo al que llamaron aion que en griego actual significa “siglo” pero que en su versión clásica nombraba la expansión infinita o eterna del impulso vital. De ella deriva la voz latina aevum (eternidad) y la castellana “eones” con la que denominamos hoy  una interminable cantidad indeterminada de tiempo y de ella procede también la voz francesa élan, impulso. Y otra palabra importante: eter.

No deja de ser curioso que los clásicos de todas las culturas dispusieran de una palabra para designar el tiempo asimétrico, un tiempo vinculado al espacio tal y como sabemos hoy desde la enseñanza de Einstein. Y otra palabra para nombrar el tiempo como duración algo que siempre es simétrico lo que significa que una hora en el siglo X es igual a una hora del siglo XXI pues se trata de una convención, de algo consensuado.

Nada de esto parece suceder en el tiempo entendido como expansión permanente, desde el Big bang para acá nada hay de simétrico en el tiempo, el universo ha continuado su expansión lo que es lo mismo que decir que el espacio-tiempo se expande constantemente de forma infinita. Y equivale a decir que no existe una correspondencia simétrica entre cualquier instante del pasado y del futuro.

Significa que el tiempo contemplado de esta manera está relacionado con uno de los criterios fundamentales de la física cuántica, aquella que enunció Heisenberg con el nombre de principio de incertidumbre y que puede interpretarse de esta manera: aunque podamos atribuir duración (tiempo cronológico) a los fenómenos, a medida de que estos se alejan del presente hacia el futuro o el pasado, las previsiones son cada vez mas aleatorias. Una cuestión que todos podemos experimentar con nuestra propia memoria: simplemente no podemos asegurar que nuestros recuerdos respondan a la verdad vivida desde el punto de vista histórico, nuestra memoria nos engaña o dicho de otra manera no podemos asegurar que lo que recordamos responda a la verdad experimentada puesto que se rigen por los principios cuánticos de probabilidad, las previsiones son así aleatorias.

El tiempo se puede medir pero esta medida no se corresponde con el tiempo propiamente dicho. El tiempo en realidad carece de duración.

Porque el tiempo es en realidad una fuerza, una fuerza que contiene información y no representa la sucesividad salvo en las condiciones en que lo experimentamos, en nuestro horizonte de sucesos.

El tiempo según Nicolai Kozirev.-

El tiempo es la propiedad más importante y enigmática de la naturaleza. El tiempo no se propaga como las ondas de luz, sino que aparece inmediatamente en todas partes.

Para Kozirev el tiempo es ubicuo, está en todas partes porque no se propaga por el aire sino por el eter (el campo vacio). Significa que para él la entropía no es la unica dirección ineludible hacia la muerte térmica del Universo sino que necesariamente deberiamos contemplar la existencia de una neguentropia que provocase un desequilibrio constante capaz de promover la vida eternamente.

La definición que dio del tiempo fue que era la distancia, la velocidad de transición entre causas y efectos.

1.- El tiempo posee una propiedad que permite distinguir las causas de los efectos. esta propiedad determina la diferencia entre pasado y futuro.

2.- Las causas y los efectos están siempre separados en el espacio. Por lo tanto existe una diferencia de espacio arbitrariamente pequeña pero distinta a cero entre ellos.

3.- Las causas y los efectos están separados por el tiempo, por tanto una diferencia arbitrariamente pequeña pero distinta a cero existe entre ellos.

Para Korizev el curso del tiempo es una constante como la velocidad de la luz o la constante de Plank, y está caracterizado por una fuerza activa y una fuerza pasiva que se conocen con el nombre de ondas de torsión y que son compartidas por todos los sistemas que giran alrededor de un eje, vórtices explosivos e implosivos, una dinámica muy conocida: la toroidal. En el aumento de entropía se emite tiempo mientras que el aumento de neguentropia absorbe tiempo. Es decir el tiempo fluctúa entre dos vórtices uno de los cuales -el que procede del pasado es dextrógiro, destructivo, y discurre hacia afuera, mientras que el otro es contractivo, levógiro y discurre hacia adentro. Algo muy parecido a la idea del ying y el yang o a la teoría dinámica toroidal tal que así:





También lo podemos visualizar en este surtidor (aunque solo la parte superior, al que le podemos dar la vuelta:

De resultar cierta la teoría del tiempo-información de Kozirev nos permitiría especular con que la telepatia puede darse si bien es poco probable que lo permita en todas las personas y solo seria posible imaginarla en aquellas que comparten una misma linea de tiempo, es decir aquellas sincronizadas por razones afectivas o por intereses comunes. Tampoco tenemos que imaginarnos la telepatía como un sustituto del teléfono, es poco probable que la telepatía nos permitiera llegar a mantener conversaciones complejas con nuestros acompañantes en el camino de tiempo pero podríamos recoger impresiones sensoriales, emocionales o ideas fugaces como los «eurekas» o insights significativos. No precisaría pues ningún viaje por el aire, ni viajaría a la velocidad de la luz sino que utilizaría el campo vacío de mínima energía (eter) y el entrelazamiento cuántico, Más allá de la luz y la no-localidad.

Bibliografía.-

La trioría del todo: Nacho Lopez-Cabanas

Atractores, creodos y tiempo

pinball

Es seguro que usted ha jugado alguna vez al pinball, todos los hemos hecho o al menos sabemos de su existencia. Se trata de una maquina que….

Bueno lo mejor es que el lector visite la pagina de la wikipedia donde se explica todo sobre este juego porque de lo que yo quiero hablar es de la dinámica del juego que me parece una perfecta metáfora de lo que quiero contar aquí.

Sobre el objetivo del juego dice la wikipedia que:

El objetivo del pinball suele ser sacar la puntuación más alta posible en un solo juego. La partida está dividida por un número limitado de veces que se puede jugar con la bola, y comienza impulsando la bola hacia fuera de un canal del que debe salir, iniciando cada turno. El tablero está inclinado en un ángulo que hace que la bola, por su propio impulso, ruede hacia abajo, donde hay una cavidad en la que se debe evitar que caiga, durante el mayor tiempo posible, pues cuando eso sucede se acaba un turno. El juego se hace posible gracias a la dinámica de que la bola rueda hacia abajo por su propio peso y de que se debe evitar que caiga hasta abajo valiéndose de las paletas, al mismo tiempo que se trata de ganar puntuación. Una vez fuera del canal, la bola rueda hacia abajo y se la debe golpear con las paletas, impulsándola hacia zonas al azar del tablero, de modo que cuando entra en ellas se gana puntuación, hasta que, inevitablemente, caiga hasta abajo, terminando un turno.

Dicho de otra manera, debido a la inclinación de la máquina (que además no se puede mover, sin riesgo de penalización o TILT) la bola tiende a caer arrastrada por la gravedad.

Hay algo en la bola que la lleva hacia el agujero, un orificio que la traga irreversiblemente y que lleva al jugador a volver a insertar una moneda si quiere seguir jugando. Lo interesante de esta historia son dos cuestiones: una es que el agujero opera como un atractor para la bola (en este caso por la gravedad). La segunda cuestión es que la bola al caer desde lo alto del tablero no puede recorrer cualquier camino, por ejemplo no puede atravesar ciertos obstáculos, sino que no tiene más remedio que bajar por una especie de canales que se conocen con el nombre de creodos.

Aqui hay una esquematización de los creodos.

creodos

Nótese como la bola del mismo modo que en el pinball no puede sino seguir ciertos canales según el impulso o efecto que lleve en su dinámica de giro. Todo pareciera como si la bola pretendiera introducirse por el agujero, como si la bola pudiera planear, como si estuviera dotada de propósito. Y en realidad lo tiene: la bola quiere alcanzar su posición de energía minima. Algo que alcanzará con el reposo.

Esta metáfora gráfica en realidad es una idea de Waddington que la utilizó para ilustrar su idea de paisaje epigenético que podemos definirlo asi:

El paisaje epigenético es una metáfora gráfica propuesta por Conrad H. Waddington para explicar el desarrollo de los organismos mediante la imagen de un paisaje compuesto por una superficie ondulante con cimas y valles, que representan las vías por las cuales se desplazan las células del organismo en su proceso de diferenciación. C.H. Waddington, considerado como el padre de la epigenética, es notable por sus aportes teóricos, que incluyen las nociones de asimilación genética, la canalización del desarrollo y el epigenotipo.
Estas ideas surgieron a partir de estudios experimentales en biología del desarrollo, los cuales resultaron en el descubrimiento del “organizador” en embriones de aves y, posteriormente, de fenocopias inducidas por factores ambientales en Drosophila (Extraido de esta web).
Lo interesante de esta conceptualización de Waddington es el propio concepto de «propósito» o «intención». ¿Tiene o no tiene la bola, el propósito o intención de entrar por el agujero?
Aqui vemos que el lenguaje se nos queda corto, porque solo los seres conscientes pueden tener propósitos o intenciones, ¿Cómo llamar pues a esa mania de la bola por entrar en su agujero?
No tenemos más remedio que tomar prestada una palabra griega, el telos, de donde procede la palabra teleologia. El telos no implica voluntad consciente alguna pero el interés de este concepto procede del hecho de que si hay telos es porque hay causa final de las cosas. No hay telos sin causa final.

Para Aristóteles en los seres naturales la causa final es la causa formal; o lo que es lo mismo la finalidad o telos es la propia forma desplegando su propia plenitud o mejor atrayendo hacia esa plenitud (ordenándolo todo desde esa plenitud). Dicho de otro modo: el sentido emergente en esa plenitud –el sentido que emerge en la plenitud- sería la más intensa cercanía respecto de la forma. Entendida esta como forma perfecta que atrae hacia sí y pugna por emerger. (Jose Carlos Aguirre).

Dicho de otro modo el telos es forma y es idea y lleva consigo plegado el espacio-tiempo.

Eso es un campo mórfico para Sheldrake: un telos que ordena y una forma perfecta y pura que orienta hacia sí el proceso en tanto polo atractor.

Vale la pena profundizar en este concepto de la mano de Gustavo Bueno.

¿Tiene entonces o no tiene propósito la naturaleza en su evolución?

Será en el próximo post.

 

La higgsteria

Higgs12    teria-NewScientist2012

50 años ha tenido que esperar Peter Higgs para recibir el nobel de Física aunque estoy seguro de que su vida no cambió en un àpice por esta espera. A sus 84 años y siempre huyendo de las entrevistas y de los medios no ha tenido más remedio que claudicar y empezar a conceder entrevistas a los periodistas que se agolpan a la puerta de su casa. Y termina por dar este titular: «el bosón de Higgs ha arruinado mi vida».

Le creo.

Higgs es un físico teórico, es decir una persona que plantea hipótesis que en el momento en que se planteó (1964) no podían probarse, ha sufrido por ello ataques, desprecios y criticas desmesuradas, rechazos de sus papers y en cierta manera un exilio profesional. La ciencia es bastante tacaña con las ideas que no pueden traducirse en un experimento que las valide y aun así son de esperar grandes ataques a la metodología empleada, sobre todo cuando lo que se plantea es políticamente incorrecto, es decir cuando se enfrenta a las creencias compartidas por la población y sostenida por la ortodoxia y por los medios. Hasta Hawking se pronunció en contra del bosón de Higgs e hizo una apuesta (ya veremos si la paga). Otro autores se han apresurado a decir que el bosón de Higgs es «la partícula de Dios», algo que el propio Higgs rechaza.

En realidad el bosón de Higgs es una partícula que fue «pensada» para explicar la existencia de las demás, se trata de un dador de energía, de tiempo y de masa. Era necesario apelar al bosón para explicar el resto de las partículas y es por eso que Higgs inventó o imaginó el bosón y tuvo que esperar a que el CERN demostrara que su intuición era cierta a través de un carísimo experimento.

Ahora todo el mundo le canta su gloria pero Higgs ya no está para fiestas y sólo espera que le dejen en paz. «Soy demasiado mayor para escribir un libro» y además «No lo entenderia nadie, el concepto del bosón es demasiado técnico para que los comprendan personas sin formación en física».

Toca pues retirarse e iniciar el camino de vuelta que ya lleva años recorriendo en la soledad de su apartamento de Edimburgo donde se dedica a leer novelas y escuchar musica clásica. Un ejemplo de honradez, lucidez, desapego y humildad. Nada que ver con los popes de la ciencia. Y una apología necesaria de la creatividad de las ideas en estado puro, un físico teórico se dedica a imaginar conceptos, los del CERN a demostrar que ese concepto es algo real y tangible. Los empresarios de la tecnología a sacar aplicaciones a su invento. Cada cual a lo suyo: «quise ser ingeiero como mi padre, pero estaba poco dotado para lo práctico, a mi me gusta lo teórico».

Leyendo la entrevista que ha caido esta mañana en mis manos a través de «El mundo» he recordado a tantos y tantos médicos que han tenido una buena idea y que han tenido que esperar años en ver confirmadas sus intuiciones, mucho tiempo después de morir. Bayle por ejemplo ya sabia que las lesiones en el cerebro de los paraliticos cerebrales eran debidas a la neurosifilis, pero no fue hasta que Wasserman ya bien entrado el siglo XX puso a punto su test sanguíneo que pudo demostrarse que la espiroqueta estaba detrás del estropicio cerebral de estos individuos. Algo parecido sucedió con Pasteur que sabia que aquel hongo era bactericida o con el propio Cade y su descubrimiento del litio como fármaco activo en el trastorno bipolar.

El caso de Cade –del que hablé aqui,  es paradigmático del divorcio o mejor la brecha que existe entre una intuición científica en forma de hipótesis y su demostrabilidad, algo que nos recuerda al famoso teorema de Gödel y la angustia que propone cuando dice: «es verdad porque es indemostrable».

Algo de lo que podrían dar fe tanto Bayle, como Higgs o el propio Cade. En realidad si hoy manejamos el litio en la profilaxis del trastorno bipolar es por una casualidad. Cade publicó sus hallazgos en una revista australiana de poca monta, quedaría por ver qué hubiera sucedido si hubiera publicado sus hallazgos en una revista de impacto. La casualidad procedió de Schou un medico danés cuyo hermano padecía un trastorno depresivo recurrente y buscando un remedio para aliviarle dio con el articulo de Cade. Fue él quien «demostró» que el litio era útil para el tratamiento del trastorno bipolar, pero no fue un camino de rosas, la ciencia oficial con sus desmentidos, pruebas en contra, la maldita revisión por pares y la constante alusión a la metodología y las muestras, mantuvo durante mas de dos décadas la sospecha -que hoy ya se ha desvanecido- de que el litio era en realidad ineficaz.

Dicho de otra forma la ciencia es a veces un obstáculo para que la ciencia progrese, es la tecnología la que va por delante de la ciencia precisamente porque hay beneficio directo.

No es de extrañar, puesto que la ciencia es en realidad una institución formada por personas concretas que tienen sus propios intereses -usualmente inmovilistas-, lo mismo pasa con los docentes (siempre se opondrán a las reformas educativas si les perjudican) o los jueces que siempre estarán en contra de abreviar los procedimientos y seguir fiando la justicia a la propia Justicia. Todos favorecen a los procedimientos, lo formal y es por eso que existe esa brecha entre la verdad cognoscible y las pruebas o evidencias acumuladas. Entre la culpabilidad notoria de un reo y su demostrabilidad o entre el fracaso de una ley educativa que favorece a ciertas personas y la imposibilidad de concebir una enseñanza que favorezca la excelencia.

Dicho de otro modo: la ciencia no es una buena disciplina para ocuparse de la subjetividad, algo de lo que hablé en el post anterior y sobre lo que volveré en el próximo después de este parón propiciado por el nobel de Higgs.

Y esto es precisamente la higgsteria: esa disociación entre lo que sabemos y lo que no queremos saber con la excusa de que no está demostrado. ¿Y si no fuera posible demostrar nada de la subjetividad? ¿estaba Gödel pensando precisamente en eso?

Para ver.-

Aqui hay un video subtitulado de una entrevista a Higgs.

La almidad

Douglas Hofstadter es un prestigioso matemático, filósofo de la mente que escribió uno de esos libros de culto para una generación de programadores de inteligencia artificial y cuya carrera ha estado vinculada a Stanford y al MIT.  Su «opera prima»  «Escher, Gödel, Bach» fue un éxito de ventas a pesar de ser un tocho muy complejo de leer y una heroicidad de terminar. En él abordaba uno de sus temas preferidos, la autoreferencia o la recursividad de la conciencia humana y lo hizo aunando elementos de matemáticas, filosofía, música, arquitectura y psicología intentando aplicar estos conceptos a la idea de ese misterioso y esquivo constructo llamado Yo.

Ahora vuelve con una nueva entrega, más fácil y amena de leer aunque igualmente densa y compleja titulada «Yo soy un bucle extraño» sobre las mismas ideas que al parecer no terminó de resolver en aquel volumen (y que probablemente no se termine de resolver nunca) me refiero al problema dificil de la conciencia. En él vuelve a abordar su concepto autoreferencial del Yo, aborda el tema del alma (luz interior o consciencia), el problema de la dualidad mente-cerebro y se posiciona decididamente en contra de la existencia de Dios pero sorprendentemente nos cuenta su «conversión» al vegetarianismo.

Hofstadter defiende la tesis de que el yo (la conciencia, el alma…) es una ilusión necesaria, un mito o una alucinación imprescindible, resultado de un complejo perceptivo tan sofisticado, la actividad de nuestro cerebro, que puede contemplarse a sí mismo. Arremete contra el prejuicio cartesiano del alma como «pájaro enjaulado» en un solo cerebro: «un cerebro adulto alberga no sólo el bucle extraño que constituye la identidad de la persona asociada a ese cerebro (extraido de la wiki).

Y aqui viene la parte más interesante de su hipótesis:

Sino muchos patrones en forma de extraño bucle que son copias de baja resolución de los bucles extraños primarios que se alojan en otros cerebros» (cap. 18, «El difuso resplandor de la identidad humana».

Al leer esta idea me vino a la cabeza un verso de Walt Whitman que dice:

«Soy amplio, contengo multitudes»

Y como no, la conceptualización que hizo Freud de eso que llamamos identificación, un concepto al que Hofstadter no alude (ningún americano en su sano juicio cita a Freud)  pero que reescribe el concepto clásico psicoanalítico -la identificación- en clave de análisis computacional: «copias de baja resolución» y que viene a admitir que en una mente hay muchas mentes en distintos estadíos de retroalimentación (bucles extraños) que es otra forma de decir que existe una continuidad entre todos los humanos, una especie de territorio común o de alma compartida.

Lo que entronca con el tema que da título a este post: el concepto de almidad.

Para Hofstadter el alma (la consciencia o la luz interior) seria una adquisición gradual, no una entidad discreta que se tiene o no se tiene sino algo que podriamos medir con puntos en todos los seres animados (conscientes e intencionales). Asi un óvulo recién fecundado llevaria 0 puntos mientras que un adulto sano podria llegar a 100 puntos de almidad. El alma se desarrollaría en forma de un cono invertido y abierto por su parte superior donde el 100 no es un limite sino que podria seguir «abriéndose» o «expandiéndose» hacia nuevos puntajes. En ese cono que en realidad seria un continuo de consciencia habria quien puntuaria 60 los monos o los perros, 50 los gatos, 10 las bacterias o los tomates, etc. Es decir existirian graduaciones de almidad en todos los seres animados, mientras los entes inanimados carecerian de alma y por tanto de consciencia.

Y es este continuo de consciencia lo que lleva al autor a defender cualquier atisbo de vida consciente y a justificar su vegetarianismo revelando al mismo tiempo la inconsistencia de su imaginería religiosa. Naturalmente Hofstdater en esa clasificación de almidad requeriría un puntaje más alto de 100 (si 100 representa a un adulto normal), y para él -aunque lo niega en su libro- el 100 tiene más valor que el 50, algo que tambien sucede con los puntajes fetichistas del CI (cociente de inteligencia). El error de Hofssadter es haber utilizado números en lugar de otros simbolos -simples grafos sin valor- para explicar el desarrollo expansivo de la consciencia. En realidad resulta inevitable interpretar que el 100 es una cantidad superior a 50 pero que en realidad el 50 está plegado en el 100 a poco que dejemos de contemplarlos como cantidades. En fútbol suele decirse que antes del 2-0 hay que marcar el primer gol que adquiere tanta importancia como el segundo.

Dicho de otra manera: si existen consciencias capaces de escribir los «Nocturnos de Chopin» (una alta calificación de almidad) es porque la mayor parte de nuestra especie está compuesta de personas de menor calificación que operan como soportes evolutivos del cambio y la peor noticia: que Chopin estaba lleno de bucles de menor calidad -copias de baja resolución de otros simios- que aquellos que le impulsaban hacia la excelencia musical y que compartian con ellos espacio neuronal y que además de eso competían con aquellos.

Mi opinión es que Hofstadter no puede resolver su tendencia al elitismo con su teoria de la almidad a pesar de esforzarse en no parecer demasiado radical y es por eso que cae en la superchería de su fobia a la carne y nos cuenta su experiencia con ella rayando en la pusilanimidad.

Es curioso que los anglosajones no coman pollos (chickens) sino chicken, cerdo (pig) sino beicon ni vaca (bow) sino beef. En castellano tampoco comemos ternera sino solomillo, no comemos cerdo sino jamones aunque si comemos conejo y pollo. En el uso de las palabras podemos observar como nos hemos alejado de la realidad de la carne, de que hay que matar para comer proteinas animales que son las más nutritivas y las que han hecho que nuestra especie -y nuestro cerebro- sea el que es.

No es de extrañar que antropológicamente hablando la matanza sea un rito con sentido iniciático.  ¿Qué sucede con algunos de nuestros pulcros ciudadanos? Pues que algunos de entre ellos no resisten ver como se mata a los animales y tienen crisis de verdadera histeria si son obligados a contemplar el rito.

Nos gusta comer carne -tal y como declara el mismo Hofstadter en su narración- pero no podemos soportar el visionado del sacrificio del animal como si la carne que comemos procediera del limbo de lo politicamente correcto según nos ocultan las palabras hasta que un dia, ¡zas! se desvela la verdad.

Pero no consumir carne no nos hace mejores personas ni asegura una correlación con la puntuación alcanzada en almidad, más bien parece un recurso procedente de algún temor mágico, casi anancástico, un tabú religioso que entronca con las primeras prohibiciones culturales de nuestra especie: la prohibición del canibalismo y de los sacrificios humanos.

Lo que resulta sorprendente en cualquier caso es que por una parte se reniegue de Dios o de cualquier creencia sobrenatural y por otra parte se acepte sin discusión que negarse a consumir carne es un acto moral.

Ignorando que la palabra «sacrificio» y carne son equivalentes.

«Yo soy un extraño bucle» es sin duda un libro notable por los múltiples y diversos conocimientos que acumula su autor, la belleza de algunas de sus propuestas y la originalidad de sus hipótesis.

Ley de Traver.-

Es muy probable que vuelva sobre él en otros post incluso si no cumplo con la ley de Traver.

Bibliografia.-

Douglas R. Hofstadter. «Yo soy un extraño bucle: ¿Por qué un fragmento de materia puede pensarse a sí mismo?». Tusquets, Metatemas. Barcelona 2008.