Madrid, 1834

En 1834 Madrid aun conservaba intacta la muralla que había construido Felipe II cuando la convirtió en la capital del reino y que encorsetó su crecimiento demográfico hasta su retirada. Extramuros, se concentraba una población inmigrante de campesinos venidos de todas partes de España que se establecieron en chabolas y barrios insalubres serpenteando el rio Manzanares, donde las aguas fecales convivían con la miseria, la enfermedad y el hambre. Intramuros, en una población ensimismada convivían los estados más altos de la aristocracia, el clero, menestrales, golfos y rateros de toda clase y condición, siendo el clero la población más abundante en aquella época y la prostitución la clave del progreso para algunas. Los palacios de la época de Carlos III y las Iglesias con sus bóvedas que parecían reclamar su parte de prestigio al cielo conformaban gran parte de su paisaje que contrastaba con la pobreza de los barrios más populares y por supuesto con aquellos que vivían fuera de la cerca siempre cerrada a cal y canto sobre todo después de la epidemia de cólera que se había desatado en España dos años antes.

El cólera vino de la India y entró en España por Vigo a través de su puerto, pronto invadió Andalucía y Valencia probablemente a través de otros buques. La primera idea que sostuvo parte del gobierno fue la del «cordón sanitario». ¿Se podía cerrar Galicia a cal y canto? Hubo opiniones de todos los colores, pero al fin se decidió que era imposible y más cuando la ciencia de entonces no se ponía de acuerdo respecto a si el cólera era o no transmisible. La opinión más fundada era de que se trataba de una enfermedad transmitida por miasmas y que era una enfermedad ambiental, algo atmosférico y natural condicionado por la poca higiene. Koch tardaría aun medio siglo en descubrir el germen que estaba detrás de la tuberculosis, de manera que la teoría de los gérmenes aun no andaba presente en la mentalidad de aquella época. Sin embargo, las autoridades prohibieron algunas cosas: las reuniones de más de 10 personas (que no afectaba ni al clero ni a las tertulias aristocráticas) parece que estaban en consonancia con la idea de que podía ser algo transmisible, así como que la venta de verduras se trasladó de lugar, más allá de la cerca. Se sospechaba con razón de que el contagio era oral-fecal, aunque la mayor parte de los médicos creían que se transmitía por el aire. La epidemia de cólera hizo que muchos nobles abandonaran la ciudad empezando por la reina regente Cristina que junto con el gobierno se trasladó a la Granja y allí se confinaron. Sin embargo la situación en los pueblos no era mejor, la mayor parte de los médicos huían de sus puestos por lo que se hizo necesario dictar un decreto para impedirlo. Los que se quedaban acababan muriendo. El cólera mató a unas 800.000 personas en dos años hasta que desapareció sin saber porqué. Más tarde volvería.

La culpa de todo, según la Iglesia era porque Dios estaba muy ofendido con su rebaño, que había perdido la fe y vivía de formas impías. Los curas en sus homilías bramaban contra la molicie de la población y la población más menesterosa por su parte pergeñó otras teorías: la epidemia estaba causada por el envenenamiento de las aguas que los curas y frailes habían propiciado para matar a todos los pobres que vivían fuera de la cerca y lo hacían a través de los aguadores y los golfillos que derramaban en las fuentes su veneno. Ello propició una asonada en Madrid contra los clérigos que terminó con cientos de muertos, heridos y un estropicio en ciertos conventos o basílicas.

Pero la epidemia de cólera no era el único problema que vivía la ciudad. La primera guerra carlista estalló entre la España profunda y la España acomodada de las ciudades. Los carlistas perseguían la instauración de la ley sálica y defendían la opción al trono de Carlos Maria Isidro, hermano del rey Fernando VII que era incluso más reaccionario que él y mantenia ideas absolutistas que parecían de otra época. Los carlistas empezaron tres guerras en el siglo XIX que desangraron España y dividieron el país en dos bloques: liberales o isabelinos y carlistas, algo así como hoy hacemos, derecha e izquierda, progresistas y conservadores, ahora bien el bando liberal no era tampoco trigo limpio, y había muchas sensibilidades -como se dice ahora- en ellos, unos eran radicales como Riego, otros afrancesados, otros solo aspiraban a volver a la Constitución de 1812 y otros que veían el atraso y la pobreza en España solo pretendían modernizar nuestro país. Tuvieron un trienio liberal que también fracasó abortado por un ejercito francés y por las propias contradicciones y que fue la ultima oportunidad de meterse en el progreso. Desde entonces en España todo ha sido una repetición. Los carlistas tenían espías en Madrid y conspiraban y sonsacaban información, los conventos servían de refugio a muchos de ellos, pues había connivencia entre el clero y la causa carlista que era sin duda una causa reaccionaria, si bien la defensa del absolutismo también lo era. Así había no solo isabelinos contra carlistas sino también entre absolutistas y parlamentaristas, los partidarios de dar todo el poder al rey o al parlamento. Y dentro de este circulo, las sociedades secretas, masones, y otros menos recomendables como los comuneros.

El premio planeta 2021.-

Como todo el mundo sabe, el premio planeta de este año ha recaído en una mujer llamada Carmen Mola que no es en realidad una mujer sino el pseudónimo con el que escriben tres escritores bien dotados para el guión cinematográfico. Esta cuestión tenía su morbo, de modo que comencé a interesarme por esa Carmen Mola e incluso leí -sin que llegara a interesarme demasiado- una de las novelas de una trilogía anterior, La «nena», una novela sucia, de esas que acaban por darte asco, de tanta mierda, cerdos, sangre y charcutería humana. ¿De modo que esa era la razón del éxito de la tal Mola? Lo cierto es que la trama me pareció tan inverosímil que terminé la novela con la moral baja pues me había prometido leer «La bestia», un título que tampoco aseguraba mucha sutilidad.

Y así es, la Bestia es una novela de suspense, una novela negra, también algo «gore» que tiene -sin embargo- una lectura bien distinta a «La nena». Se trata de una serie de crímenes seriales que son investigados por distintas razones por diversos personajes y que se encuentra escrita en esa clave cinematográfica de la que hablaba anteriormente. Los autores nos llevan de la mano de mc guffin en mc guffin, aqui el mc guffin es un anillo, pero en realidad la trama de la ficción (la búsqueda del asesino) me parece secundaria aunque está escrita según los cánones del lector actual, un lector adictivo, de esos que no pueden suspender la lectura hasta que alguien atrapa al culpable, o sea él. Y me parece secundaria porque en la novela hay otra novela inscrita y que es la mejor: el paralelismo entre aquella situación y la actual con nuestra pandemia de COVID. Vale la pena observar como cuando se produce una pandemia como la que estamos viviendo en la actualidad, vuelven a reproducirse todos los artefactos de anteriores pandemias, no importa lo aventajada que se encuentra una sociedad, parece que el miedo reactiva las paranoias, la desconfianza en la ciencia, la segregación entre contagionistas y no-contagionistas, entre vacunados y no vacunados, entre creyentes y descreídos , entre iluminados y pragmáticos. Hoy ya sabemos qué cosa son lo virus, pero basta una pandemia como esta para que surjan como setas interpretaciones delirantes sobre las causas de los contagios (el 5G), los culpables ya no son los curas sino las farmacéuticas, el gobierno desinforma (más por ignorancia que por maldad), las medidas que se toman -por ejemplo las mascarillas- no sirven de nada, las vacunas, es decir los remedios son peligrosos. Ya no son las sanguijuelas el remedio propuesto sino fármacos o hierbas o el clorito que nunca demostraron su eficacia y que nos ocultan a propósito, etc,

Este es el nivel de la novela que a mí más me ha interesado, pero aun falta un elemento en esta ecuación: ¿Alguien sabe qué es el adenocromo? Se trata de una sustancia que en ciertos medios suponen que es consumida por las élites y que se extrae de niños asesinados y torturados a fin de extraerles la sangre. Ese era el elemento que le faltaba a la novela para considerarse una paranovela, es decir una novela inscrita en otra novela, en realidad una teoría sobre lo que estamos viviendo en la actualidad.

Y esta teoría es que hemos progresado muy poco colectivamente si nos comparamos con aquella generación que en 1834 sufrieron la epidemia de Madrid y que la volverían a sufrir 20 años más tarde.

Un buen documento sobre la epidemia de cólera en Madrid 20 años después

La gelatina cósmica

La ciencia ficción -como el feminismo- es un género literario que ha atravesado múltiples etapas en su desarrollo, algo así como estas:

  1. Anticipación, como por ejemplo sucedió con los viajes a la luna o el submarino. Es la ciencia ficción de los precursores.
  2. Guerra de mundos que predominó durante la guerra fría, los extraterrestres vistos como los malos de la película.
  3. Contactos benignos con otras entidades. El buenismo de la ciencia ficción, vale la pena señalar ET o encuentros en la tercera fase.
  4. Distopias. La orweliana de 1984, o las de Ray Bradbury en Fahrenheit 451.
  5. Ficción filosófica cuya obra cumbre pertenece a Kubrick y su delirio gnóstico en «2001, una odisea del espacio».

Después de Kubrick pareciera que estaba todo dicho en ciencia ficción pero llegó Stanislaw Lem (1961) para poner patas arriba el paradigma de la ciencia ficción,, su razón de ser, que no es otro sino el «contactismo», del cual las abducciones son uno de sus mitos más logrados. La idea de que de existir vida extraterrestre esta debe ser parecida a la nuestra y que su propósito es contactarnos, nos es imposible imaginar una inteligencia superior -pues superior sin duda habrá de ser esa inteligencia, si puede viajar desde lejanas galaxias hasta nosotros- que no proceda de alguna forma de vida similar a la nuestra, se conoce con el nombre de antropomorfismo, la idea de que de existir esas formas de vida deberían ser parecidas a la nuestra con piernas, cabeza y brazos aunque nos los podamos imaginar como hombrecillos verdes.

Lo cierto es que la novela de Lem es una obra cumbre de la ciencia ficción, más que eso, una obra que trata de romper el paradigma clásico del «contacto» y de paso criticar la metafísica Kubrickiana con pretensiones evolucionistas que en 2001 parecía señalar hacia una evolución de la conciencia superior, una idea gnóstica pues la gnosis es el conocimiento basado en la experiencia o percepción personal. En un contexto religioso, la gnosis es conocimiento místico o esotérico basado en la participación directa con lo divino.y es algo que solo puede llevarse a cabo a través de un proceso personal de «escalada» en el nivel de conciencia. Pero Lem está en contra de esta idea, su posición es que la conciencia humana es incapaz de entender ciertos misterios, más que eso, está limitada y su imaginación está presidida por la idea de que de existir otro tipo de inteligencia sería imposible contactar (comunicarse) con ella de una u otra manera.

¿Pero qué sucedería si existiera una forma de inteligencia a-biológica, una inteligencia o pensamiento inmaterial? ¿Se puede pensar sin intentar comunicarse? Algún tipo de inteligencia que procediera de la enormidad, de la masa de algo aparentemente informe o mineral.

Imagina que eres el personaje principal de un juego de ordenador, me refiero a esos juegos donde el protagonista puede crear mundos a su voluntad, para lo que dispone de ciertas herramientas para construir ferrocarriles, puentes, ciudades enteras, puede desviar ríos y construir embalses al mismo tiempo que puede transformar desiertos en huertos llenos de vegetales y frutales, dispone también de armas para enfrentarse a sus enemigos pero no puede evitar someterse a ciertos limites que vienen definidos por las características del propio juego. No puede volar y ha de desplazarse siempre a través de vehículos, no tiene posibilidad de bilocación (no puede estar en dos sitios a la vez), carece de telepatía y no tiene más remedio que comunicarse a través de palabras, etc.

Podríamos decir que nuestro héroe dispone de su imaginación para inventar su mundo pero que también tiene sus limites y su principal limite es que no conoce los códigos con los que el programador ha construido su programa. Puede intentar deducirlos o inventar los suyos propios (si tiene dotes para la informática) pero aun habiéndolos descubierto no podrá estar nunca seguro de que sus códigos coinciden con los códigos del creador del juego.

Esto es lo que les sucede a loa astronautas de Prometeo, la nave que se encuentra en la orbita de Solaris y que están alli para seguir adentrándose en los misterios de ese planeta que ya acumula una enorme cantidad de bibliografía e hipótesis acumuladas durante siglos nunca demostradas.

El oceano de Solaris.-

Solaris es un planeta un poco especial, está constituido por un océano gelatinoso que prácticamente ocupa todo el planeta, lo interesante de este océano es que tiene ciertas características que influyen en aquellos que se le acercan, una influencia sutil, como caricias de terciopelo a los que se les acercan, caricias que no tocan, pero sin duda la influencia más relevante es que es capaz de apropiarse de recuerdos de los nautas y al mismo tiempo de corporeizarlas.

Su superficie está cubierta principalmente por lo que parece el océano de la consistencia gelatinosa, según algunos estudiosos, un ser sensible único y gigantesco capaz de influir incluso en el movimiento del planeta en órbita alrededor de un sistema estelar binario -con dos soles- debe ser irregular y, por lo tanto, no adecuado para el desarrollo de la vida. De manera que los científicos saben que el planeta ha modificado su órbita de un modo autónomo, conformando adaptaciones a ese orbitar por dos soles. esta actividad adaptativa es una prueba de que en él hay algo vivo, algo parecido a una inteligencia.

Mimoide de Solaris

La actividad de Solaris se manifiesta por la generación continua de estructuras complicadas y gigantescas de naturaleza incomprensible, de material coloidal que se consolida y licúa. Las estructuras más grandes se presentan como representaciones multidimensionales, a menudo con la aparición de emulaciones de estructuras humanas como ciudades; los estudiosos han catalogado tales manifestaciones con nombres extraños como «mimoide» , «simetríada» y «asimetríada» . Algunos investigadores creen que Solaris es capaz de pensar, a pesar de la imposibilidad total de identificar cualquier patrón de comunicación en sus manifestaciones materiales. El propósito de las diferentes misiones es establecer contacto con el planeta y comprender su verdadera naturaleza. A pesar de la gran cantidad de estudios en todas las ramas de la ciencia (que en la novela se define como una disciplina en sí misma, la » Solaristica «) , el planeta y su Océano siguen siendo un misterio absoluto: Solaris escapa al conocimiento humano, para aquellos que pueden ser los datos recogidos o las teorías formuladas.

El espíritu oceánico.-

La primera idea que asocié a través de la lectura de Solaris fue la idea de «espíritu oceánico» de Roland, que mantuvo un «contacto» epistolar con Freud:

«El sentimiento oceánico se manifiesta en el sujeto como la percepción de que las fronteras entre el yo y el mundo se diluyen por un instante. Esta disolución permite al individuo captar el mundo como totalidad orgánica, interdependiente y bella en sí misma. Los problemas personales se tornan nimios y durante unos momentos nuestro cuerpo se llena de un inusual placer beatífico.

¿De dónde provendría esta sensación? Para Rolland y para aquellos abiertos a la trascendencia, el “sentimiento oceánico” sería una ventana abierta a un mayor nivel de comprensión de la realidad. Es decir, estos estados de conciencia, ya surjan de manera espontánea o sean buscado, nos permiten intuir la imbricación profunda y con sentido de todos los elementos que constituyen la pluralidad de lo que percibimos. Este sentimiento sería, según Rolland, el origen de la religión, pero también es posible que se trate de una experiencia que admita variadas hipótesis como las solaristas.

Freud, desde una perspectiva atrascendentalista, no negará el sentimiento en sí sino la interpretación que de él hace Rolland. El psiquiatra hace un análisis de como se genera en nosotros el concepto de yo; el bebé durante la gestación no siente claramente los límites físico que existen entre el líquido amniótico y su propio cuerpo. En este primer estadio, es un uno indiferenciado con la madre gestante pero el parto no cambia sustantivamente este sentimiento de indiferenciación; el niño solo aprende que es algo distinto al mundo que le rodea tras un largo proceso de desarrollo, en este proceso comprende que el placer y el dolor no proceden de uno mismo sino que es generado por entes distintos a él. De este modo, paulatinamente adquiere la capacidad yoica, y llega a distinguirse del mundo circundante y, por lo tanto, a ser autoconsciente. En este punto Freud concluye que tal sentimiento no puede ser el origen de la religión ya que la fuerza creativa de la mente humana nace de la satisfacción de una necesidad, no de la regresión momentánea a un estadio psíquico anterior».

El caso es que la experiencia oceánica existe y me llama la atención los paralelismo existentes entre el funcionamiento de la mente humana, los estudios de la neurociencia y los estudios sobre el océano de Solaris, pues como en la mente humana somos capaces de observar su superficie pero los mecanismos que están debajo, tenemos que suponerlos tejiendo una red causal que se revela siempre incierta. Por ejemplo, conocemos bien como funciona la razón pero no sabemos porqué existen vivencias irrazonables, el apego no es razonable, ni la prohibición del incesto ni mucho menos la fobia o vergüenza de los niños a los extraños o a la oscuridad.si bien existen algunas diferencias entre nuestro cerebro y Solaris como veremos inmediatamente.

Kris Kelvin es uno de los astronautas que se encuentra en la estación espacial que sobrevuela la atmósfera de Solaris, se trata de un hombre que arrastra una pena particular, su compañera se suicidó después de que le amenazara con hacerlo y él no la tomara en serio. No sabemos porqué Harey lo hizo pero sabemos que arrastra una culpabilidad bien comprensible por este hecho posterior a una discusión. El asunto es que una vez llega a la estación espacial comienza a visualizar una serie de presencias humanas en su interior que no se corresponden con el resto de personal navegante. Pronto se manifiesta su amada Harey, pero no se trata de un espectro sino una Harey de carne y hueso, solo que carece de memoria, no recuerda nada de su pasado, ni qué hace allí ni como ha llegado pero es un doble perfecto de la Harey original, si bien es un doble, podríamos decir, simplificado que conserva la mente de la original Harey, su lenguaje gestual y su amor por Kris, pero hay un defecto, tiene que estar siempre con él y Kris que al principio está asustado por la aparición no tiene más remedio que hacerla desaparecer poniéndola en órbita con un cohete auxiliar.

Pero Harey aprovecha el sueño de Kris para volver a aparecer -sin recordar pero intuyendo- que Kris pretende deshacerse de ella. Las presencias aprovechan el sueño de los nautas para corporeizarse de nuevo y cada uno de ellos tiene su propia sombra que les acompaña en todo momento. Se trata de recuerdos traumáticos, como no reconocer a esos espectros sin memoria pero con cuerpo real que merodean por nuestra vida, al tiempo que carecen de memoria como los eidolones que pueblan el Hades. Pareciera como si Solaris pudiera detectar esos recuerdos cristalizados y hacerlos emerger.

Este es uno de los fenómenos que el océano puede inducir en aquellos que se les acercan y ellos los nautas están allí precisamente para conocer los procesos que el océano lleva a cabo para ¿comunicasre con ellos? Esta es la teoría del físico de la expedición que se saltará las reglas para inducir cambios a través de rayos X y encefalogramas de Kris.

Kris es psicólogo y sabe o intuye que comunicarse con Solaris es imposible (esta es la tesis de Lem) y que se trata de una metáfora de Dios, pero no del Dios que estamos acostumbrados a pensar sino un Dios imperfecto, no omnisciente, ni omnipotente sino una forma de pensamiento abiológica que no pretende comunicar nada sino simplemente manifestar sus potencialidades, expresando su inteligencia mineral.

De manera que Dios de existir no es como lo imaginábamos sino una forma de inteligencia imperfecta que está mas allá de nuestra comprensión científica y que ninguna hipotesis podrá verificar jamás.

Bibliografia.-

El sentimiento oceanico

Solaris: la novela

El talento del rebaño

«El gran problema de la humanidad es que tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología de dioses» – E.O Wilson

Recientemente he tenido ocasión de leer el corto relato de Francisco Jariego del que no voy a contar nada por si algún lector está interesado en leerle. No dejaré spoilers, pero lo voy a usar como pretexto para hablar de un tema que el propio Jariego aborda en su libro. Me refiero al asunto del progreso, un tema complejo sobre el que tendremos que volver y volver.

Cuando hablamos del progreso hay varios asuntos colaterales que tratar puesto que es evidente que la humanidad ha progresado en algunos aspectos, es por eso que los autores que han abordado este asunto no son negacionistas de los avances que hemos sido capaces de desarrollar, sino que cuestionan que no hayamos sido capaces de simultanear estos avances con nuestros sentimientos morales. Dicho de otra manera: hemos sido capaces de mejorar la vida de nuestros conciudadanos pero hemos avanzado poco desde el punto de vista emocional, moral e institucional: así, aun hoy existen crímenes por celos, homicidios, asaltos sexuales y violaciones, pederastia, corrupción política y sobre todo acoso moral o político hacia otras personas que piensan distinto con daños irreparables a su reputación, etc. Del mismo modo y tal y como señala Wilson nuestras instituciones políticas están obsoletas, han quedado -por así decirlo- inútiles para la gestión de los problemas que abruman al hombre moderno.

Con respecto al progreso hay dos clases de ideas: los que piensan de forma teleológica y están persuadidos de que el mundo se dirige raudo en una dirección que señala hacia un mejoramiento global de la población y los que creen -creemos- que la civilización sufre avances y retrocesos y a veces colapsos que llevan a los pueblos hacia su empobrecimiento, miseria y atraso. De manera que los que pensamos de esa forma no tenemos más remedio que plantearnos el tema que Jariego promueve en su relato de ciencia-ficción: ¿Cómo podemos mejorar la vida de la gente común?

Para eso debemos hacer una incursión en cuales son los elementos que componen ese capital humano que compone las naciones y que hacen posible la prosperidad, la libertad, la justicia o la igualdad. ¿Qué materiales están en la base de una sociedad así configurada?

¿Por qué unas naciones son más prósperas, saludables y seguras que otras?

Durante siglos, los filósofos, los economistas y los politólogos han propuesto diversas teorías, culpando a diferentes factores: el azar, el ambiente, la geografía, la religión o las instituciones. El sospechoso habitual suele ser el capitalismo obturando la idea de que precisamente los países mas descapitalizados son los que presentan peores indices de malestar, enfermedades, y desarrollo moral. Naturalmente la idea convencional de «capitalismo» a su vez oscurece otra idea; el sistema capitalista es el mejor sistema económico pero no todas las aplicaciones del capitalismo son benévolas para el hombre empezando por esa idea de un crecimiento continuo desordenado, despótico y generalizado. La idea a proponer seria esta: ¿Es posible pensar en un capitalismo humano con un desarrollo sostenible a escala de las necesidades humanas? Más abajo volveré sobre esta cuestión pero adelantaré algo: se trata también de un problema moral.

Pero quizás el factor clave esté aún más cerca: en el propio cerebro humano y en el capital cognitivo de una población. Esta es la posibilidad que baraja Garett Jones en «Hive minds. How your nation’s IQ matters so much more than your own». A países más inteligentes “ciudadanos más pacientes, más ahorradores, más cooperativos y mejor informados”.

Irónicamente, los test de inteligencia no predicen con mucha exactitud el éxito en la vida de un individuo. Son mejores prediciendo cómo les irá a países enteroslos países con resultados más altos en los test de inteligencia son alrededor de ocho veces más prósperos que aquellos con resultados más bajos. Más que eso, suponga que usted tiene un IQ de 140 pero vive en un país con una media del IQ de 100. ¿Como cree que le iría en la vida? Bueno no podemos predecirlo solo en base a su puntuación pero es seguro que le irá mejor en un país con una media de 110-120. Es muy posible que en ese país valoren su talento y en el suyo de origen no encajará nunca de forma óptima.

Países con mejor capital cognitivo tenderán a ser más ahorradores, más cooperativos, más orientados al libre mercado y más exitosos empleando tecnología. Si esta asociación es cierta uno de los objetivos prioritarios de los profesionales de la política y la salud pública en los próximos años debería ser averiguar cómo incrementar la inteligencia media de los países.

Jariego aborda este problema en su libro de ficción situándose en un escenario futuro aunque próximo. El objetivo es mejorar la inteligencia colectiva. ¿Cómo mejorar esta inteligencia si ya han fracasado nuestras buenas intenciones relativas a la educación en la que fiamos todo este potencial y que ha terminado por decepcionarnos en aquella idea llamada «la pizarra en blanco» que nos hizo suponer que a través de la educación podríamos mejorar el CI y el destino de gran parte de la población?

Lo cierto es que la educación universal era una buena idea si se hubieran tenido en cuenta sus limites: no todo el mundo podrá beneficiarse de ella individualmente. Hay diferencias genéticas entre los individuos que nunca podrán ser superadas, es por eso que la educación pública ha de estar regulada al alza y no a la baja. Una educación de calidad es la que ha de dejar fuera a los mediocres. Si la izquierda supiera qué es eso de la «tabla rasa» nos hubiera ahorrado grandes fracasos educativos y si la derecha supiera que sus hijos pueden ser zoquetes y haraganes aunque vayan a un colegio privado también sería un buen ahorro y hubiéramos podido diseñar otros escenarios alternativos para el deporte, los oficios o el arte.

El problema es que aunque ya todos sabemos que una educación tutelada por las ideologías políticas no garantiza un incremento de la inteligencia colectiva existen otros poderes que ya han caído en la cuenta de que es muy eficaz para el  control de la población, es decir el adoctrinamiento desde los nacionalismos hasta las ideologías de genero. Pues adoctrinar es lo contrario que educar para producir individuos críticos y libres. Es mucho más sencillo y no requiere esfuerzos complementarios o individuales. Dicho de otro modo, adoctrinar no precisa ningún IQ especial. casi todas las personas que rondan esa cifra de 100 puntos son adoctrinables, es decir obedientes siempre y cuando les garanticen diversiones y vicios. Goebbels dejó escrito que solo 1 de cada 1000 prisioneros era lo suficientemente rebelde para ser vigilado en un campo de concentración y que bastaba con eliminarles para volver a tener un rebaño obediente.

Estos poderes que hoy gobiernan el mundo tienen un plan. Una parte del plan se llama eugenesia.

Aunque el eugenismo es una buena idea y tan honrada como cualquier otra que se haya propugnado para el mejoramiento de la inteligencia y la salud moral y mental de la población, lo cierto es que tiene muy mala prensa precisamente porque fue utilizada por el III Reich de una forma brutal y bastante estúpida pues fue ejercida precisamente contra los judíos que son precisamente una de las razas humanas más inteligentes que existen sobre la tierra.

En realidad la eugenesia no trata de asesinar a nadie sino que es una compilación de una serie de técnicas que podrían mejorar la expectativa de hacer países más inteligentes al aumentar el capital inteligente de sus miembros. Algo que no carece de cierta base: sabemos que la inteligencia media no es un rasgo fijo, que no está determinado completamente por los genes, y también que de hecho ya se ha incrementado en todo el mundo, tal como documenta el llamado “efecto Flynn” –si bien existen dudas sobre donde se encuentra su techo y cuáles son las causas que lo determinan. Y sobre todo si es posible hablar de un efecto Flynn moral.

Estos poderes que tratan de gobernar el mundo tienen una agenda multinivel, no pretenden implantar un plan eugenésico para aumentar el IQ de la población global sino reducir drásticamente la población mundial y dividir el genero humano en dos subrazas, una élite y otra esclavizada y atontada por drogas, pornografia y entretenimientos tal y como podemos observar en algunas novelas clásicas de ciencia ficción . Ya fracasaron intentos anteriores llevados a cabo en India y China: las políticas de hijo único, los abortos o las esterilizaciones más o menos impuestas por las autoridades sanitarias demostraron ser inútiles para contener la marea humana de ciertos países que bien por su religión, su tradición o sus escasos recursos sanitarios o de instrucción son incapaces de contener esta hemorragia de nacimientos que agravan las hambrunas y su miseria. Tampoco parece que las epidemias hayan resuelto el problema de la sobrepoblación.

Y vale la pena recordar ahora que el aborto libre es una forma de eugenesia aunque se «vende» como un derecho de la mujer. Un plan más en la agenda de esas élites.

Vale la pena recordar de que en este momento la población mundial está cerca de los 7.700 millones de personas y aunque la trampa malthusiana no se ha producido, al menos en Occidente, lo cierto es que esta población se concentra en determinados lugares dejando otros prácticamente vacíos. Hay una distribución anómala de la población que se concentra sobre todo en las áreas industriales de las grandes ciudades donde se concentran los recursos pero también las enfermedades mentales y la delincuencia. Es lógico, puesto que fue la revolución industrial la que hizo estallar la idea de Malthus. Producimos más y más barato gracias al capitalismo.

El capitalismo es como la energía nuclear, tiene efectos positivos como generar energía y recursos pero también puede crear bombas destructivas a gran escala. Este fenómeno dual lo podemos aplicar a todos los espacios de progreso que hemos alcanzado. No todos los efectos del progreso son buenos y siempre hay que esperar alguna contrariedad o algún «cisne negro», pues aumentar la complejidad supone aceptar sus efectos indeseables que viajan con sus ventajas.

Para aumentar el capital cognitivo de una nación es necesario contar con instituciones adecuadas a los tiempos y necesidades actuales pues la prosperidad no puede diseñarse por fuera de las instituciones de gobierno pues son los gobiernos los que ponen reglas de juego a las corporaciones.

Significa que no sabemos cómo hacer para conseguir eliminar la pobreza, generar igualdad o cambiar el destino de algunos países que se baten entre continuas guerras tribales, la miseria de la enfermedad y la pobreza de sus miembros, pero sabemos algunas cosas.

La primera cosa que hemos aprendido es que no se pueden imponer regímenes que han funcionado bien aquí (como la democracia liberal) que hoy ya es una institución obsoleta, en otros entornos que históricamente han estado en manos de clases políticas extractivas y donde no existen instituciones inclusivas. La democracia no es exportable y siguiendo las ideas de Daron Acemoglu, la democracia y la prosperidad son algo contingente y provisional, es decir se puede volver atrás en cualquier momento.

Pero saber que la prosperidad es contigente no significa que no sepamos algo fundamental: Un Estado centralizado y fuerte es necesario para que emerjan otras condiciones, como la libertad, los derechos humanos, el derecho de propiedad, etc, pero un Estado centralizado no es condición suficiente. Hace falta algo más.

Es necesario que este Estado no sea extractivo sino inclusivo, es decir que reparta la riqueza entre sus ciudadanos de un modo más o menos justo. Un estado fuerte como el de Corea del Norte, como los países árabes con petróleo, como en Rusia o en Cuba no garantiza de ninguna manera el bienestar de sus ciudadanos incluso pueden dar la impresión de cierto éxito económico como sucedió con la URSS desde 1940 hasta 1970 en que comenzó su declive.

El éxito de la URSS se debió en gran parte al trasvase de trabajadores desde una atrasada agricultura hacia la industria, pero el sistema soviético carecía de dos de las condiciones más importantes para que ese éxito fuera sostenible: no había incentivos para la excelencia en el trabajo y no había innovación. La industria soviética murió precisamente por falta de innovación y algo así le sucederá a la China actual. Limitarse a copiar diseños de otros y ofrecer al mismo tiempo una mano de obra barata para occidente asegura grandes conflictos en el futuro a la vez que no impedirá el colapso de ese país en el corto plazo.

Las desigualdades en nuestro entorno.-

Algunas objecciones.

¿Cómo es posible que en los países donde más democracia, más oportunidades, más innovación y excelencia sean precisamente los que generan mayor desigualdades internas?.

Para empezar hay que decir que cierta desigualdad es necesaria para preservar esa misma innovación, el esfuerzo y el talento individuales. Las personas no somos todos iguales y aunque la igualdad es una norma moral inherente a nuestra ubicación democrática es necesario señalar que “la igualdad” es una abstracción subjetiva mientras que la desigualdad es algo muy concreto a lo que podemos meterle el dedo. Dicho de otro modo, no son tolerables ciertas desigualdades radicales entre ciudadanos de una misma nación, pero la igualdad es una utopía que hay que optimizar.

Una vez dicho esto, hay que señalar un hecho sorprendente: los Estados democráticos no han dejado -solo por el hecho de ser democráticos- de ser extractivos y expoliadores, algo que hacen a través de los impuestos, las tasas, las multas, la burocracia y las ramificaciones del Estado en todo rincón de lo privado. Tenemos Estados muy intervencionistas que paradójicamente protegen algo que está prohibido y que son los monopolios más o menos camuflados.

Un Estado puede ser democrático en su apariencia y ser imperial en sus relaciones internacionales. ¿Qué hace la UE metiendo la nariz en Ucrania? ¿Tiene algo que ver el gas ruso en todo este lío? Claro, Alemania quiere extraer esa riqueza y ponerla a su disposición. ¿Es que la Merkel no sabia que tendría a Putin enfrente en esa maniobra de acercar a Ucrania a la OTAN?

Un Estado no se convierte de la noche a la mañana en democrático solo por el hecho de haber elecciones. En nuestro entorno por ejemplo lo que observamos cada vez de forma más clara es que el Estado ha sido tomado por los partidos y la prensa al servicio de quién le paga. La llamada partitocracia le da a los partidos políticos una legitimidad que no tienen en puridad democrática. Una cosa es el Estado y otra los partidos. Los partidos son marcas, ideologías que no están ahí para quedarse, sino para dejar sitio a otros niveles de organización democrática. Más que eso están tan obsoletos como la monarquía.

En España nos hemos quedado con un sistema de gobierno anticuado, con una administración mastodóntica, unos partidos con regímenes estalinistas en su funcionamiento interno y con la paradoja de que los españoles actuales somos mucho más listos que nuestros abuelos y estamos muy bien informados. No nos merecemos los partidos ni los sindicatos, ni las organizaciones empresariales que tenemos. Todo huele a naftalina y todos los españoles nos sentimos expoliados por el recibo de la luz.

Las élites extractivas no son sólo el gobierno (los políticos) y los partidos, o los ricos, están mucho más cerca de lo que parece: son las empresas, las corporaciones que tienen la capacidad de negociar sus precios y sus perdidas, la banca, las multinacionales, las energéticas del IBEX, pero también una universidad anticuada que es en realidad una fabrica de parados con doctorados, endogámica e hipertrofiada. Todos estamos al servicio de unas élites extractivas no identificadas.

En conclusión ¿Por qué las naciones fracasan?

Lo hacen porque su rebaño no ha alcanzado el suficiente talento para que sus países sean lo suficientemente inteligentes, tengan unas instituciones, políticos y gobernantes con el suficiente capital organizacional con gobernantes inteligentes y morales que estén tan lejos de la corrupción y el interés propio como cualquier persona común en su entorno inmediato y sean capaces de terminar con las desigualdades radicales, la pobreza, diseñando políticas que enfrenten tanto al capital extractivo como a los movimientos progresistas que bajo cualquier disfraz pretendan implantar gobiernos totalitarios globales.

Pero en mi opinión hace falta algo más: enfrentarse colectivamente a esos poderes globales que diseñan estrategias que nadie ha votado y que se introducen con su propaganda en todo el tejido social. Discriminar esos mensajes es la tarea de al menos los individuos más despiertos de nuestro tiempo y si es posible informar de esos planes a nuestros contemporáneos a fin de aumentar la masa critica: ese talento del rebaño que tanto se parece a la inmunidad de grupo que perseguimos para resolver la pandemia actual.

Teoría de la mentira

Todos mienten (House)

Es interesante como aperitivo para leer este post, visionar esta corta entrevista que le hace Jordi Evole a Sandro Rosell, ex-presidente del Barcelona C.F. donde le pregunta directamente sobre si es o no es independista.

 

 

La contestación tiene aires de paradoja y también de cinismo político pero personalmente me interesa más escarbar en otra dimensión. Me refiero a las relaciones que los sujetos mantenemos con la verdad y por supuesto con la mentira.

Para San Agustin la mentira es lo opuesto de la verdad, lo que tuvo una enorme influencia en el pensamiento contemporáneo. Podríamos decir que todos somos en este sentido kantianos, pues fue precisamente Kant y el idealismo alemán quien adoptó la idea -presunta- de que mentir era malo porque se oponía a la verdad y que tenía como objetivo engañar. De manera que esta forma de ver las cosas dividiría al mundo en mentirosos y engañados. Los segundos serian en este sentido víctimas de los primeros. Pero haber sido engañado no presupone que el engañado tenga una relación privilegiada con la verdad, es posible que el engañado quiera – a su vez- ser engañado o bien que se autoengañe con mayor facilidad que cualquier otro.

Hay quienes se relacionan de una manera especial con la verdad: son los fanáticos o los paranoicos por ejemplo. No existe mayor certeza que las creencias que mantienen los paranoicos, sobre todo los que deliran. Las creencias se transforman en convicciones que pasan  a ocupar todo el campo de la atención. El delirio es en este sentido una especie de «alien» que se expande constantemente con nuevos elementos que pasan a engrosar la novela delirante hasta lograr una sistematización de las ideas que componen el delirio.

Sistematizar quiere decir que el paranoico puede simplemente vivir en una atmósfera de persecución (si el delirio es persecutorio) o construir una historia compleja de interacciones como le sucedió al premio nobel John Forbes Nash dotado sin duda de un talento superior pues para delirar bien es necesario cierto talento ya que el delirio consume por su omnipresencia muchos recursos mentales.

He dicho delirar bien porque el delirio es una mentira que el delirante cree una verdad absoluta y la gente quiere que le mientan pero también quiere que le mientan bien y sobre todo no quiere que le mienta siempre el gobierno o el jefe o algún familiar, por eso se buscan otras fuentes de mentiras. Pues la verdadera libertad no consiste en acceder a la verdad como suponía Kant y el santo Agustin sino en elegir las mentiras que provisionalmente estamos dispuestos a creer. Y digo provisionalmente porque nadie puede obligarme a que hoy crea en una cosa y mañana en otra. Cambiar de opinión o de creencia es lo primero que te prohibirán tus enemigos.

Y es por eso que existen las fake news, pues el Gobierno miente, la oposición miente, los canales de youtube mienten, las redes sociales mienten y los ciudadanos mienten. El Estado tiene el monopolio de la violencia, pero no el monopolio de la verdad, es algo profundamente disfuncional. Es mucho mejor admitir que todos somos mentirosos.

Pero admitir que somos mentirosos no es nada fácil pues todos nos otorgamos la fe de la autenticidad y este es el problema que hemos heredado de la teología agustiniana: creemos y hemos interiorizado que mentir es malo excepto cuando mentimos nosotros. Es por eso que los teólogos inventaron la «mentira piadosa» ante la evidencia de que la verdad puede ser más destructiva que la mentira y que la moral radical es muy parecida a la maldad absoluta, por eso los psiquiatras anglosajones y protestantes inventaron el concepto de «moral overdrive», un sujeto parasitado por un exceso de moral es un malvado o un loco.

Volviendo a la entrevista y a la contestación de Sandro Rosell lo que pone en evidencia es que existen en él dos deseos que pueden ser contradictorios o no: el primero es que le gustaría -le haría ilusión- obtener la independencia. El segundo deseo -que procede de la capacidad analítica- es que sabe que no le conviene. Pues la independencia es una idea bonita -que duda cabe- que puede atraer a los ignorantes pero no a quienes se juegan sus cuartos. De ahí la disociación entre el wishfull thinking y el fact thinking. Entre lo deseable y lo práctico. Entre la opinión y el análisis. Entre el pensamiento rápido y el lento.

El pensamiento complejo requiere de una lógica nueva que vaya más allá de las creencias. Estar sano mentalmente consiste en reconocer que somos todos unos mentirosos, lo que da lugar a una lógica de la inconsistencia y de la impredictibilidad, podríamos hablar de una lógica compleja anti-aristotélica.

Una lógica que tiene dos derivadas bien distintas, una es el nihilismo que es bastante desastrosa cuando se aplica socialmente pues genera una sociedad de la disculpa y la desvergüenza que no logra aniquilar el delirio ni la irracionalidad sino que la promueve. La otra derivada es lo que conocemos como pensamiento zen, que yo prefiero llamar lateral. Os pondré inmediatamente un ejemplo.

Pero para entender este ejemplo antes tenéis que leer este articulo de hoy donde Antonio Martinez Belchi escribe un análisis muy inteligente desde el punto de vista aristotélico: se trata ingenuamente de buscar la verdad, como si la verdad fuera siempre alcanzable por nuestra conciencia racional, nuestra lucidez o nuestros conocimientos. Lo más probable es que nunca sepamos quien ordenó los atentados del 11-M, como tampoco sabremos si este virus es natural o un producto de ingeniería, ni si había algún plan detrás de esta pandemia.

No podemos aspirar a la verdad pero podemos saber quien miente mejor.

¿Orwell o Huxley?

Lo cierto es que vivimos en un mundo entre 1984 y “Un mundo feliz”, obedientes y transgresores y perseguidores y perseguidos, pero siempre mentirosos.

La risa de Joker

Cuando yo era joven e interno de mi Hospital (interno significa que vivía allí) y durante las guardias aprendimos a discriminar las patologías orgánicas de las funcionales. Entonces no había neurólogos sino una especialidad, la Neuropsiquiatría, que tenia mucho de psiquiatría y muy poco de neurología, pues la Neurología (en España) aun no había alcanzado el nivel descriptivo que la psiquiatría alcanzó en el siglo XIX gracias sobre todo a neurólogos de la Salpetrière, una paradoja. Significa que la mayor parte de las organicidades que atendíamos en urgencias no tenían nombre y nuestra misión era discriminar las patologías orgánicas de las funcionales de cara al pronóstico. Esto es orgánico -decíamos- pero no le poníamos nombre y las clasificábamos como síndromes orgánicos cerebrales.

Poco a poco los neurólogos -cuando la especialidad acabó estableciéndose- comenzaron a poner nombre a distintas patologías y hurtándonos la mayor parte del trabajo, pero aun hoy no es raro que en urgencias atendamos casos de aquellos que cuando entonces no conocíamos -pero algo sospechábamos- como ejemplo pondré a las encefalitis, un grupo de enfermedades neurológicas con sintomatología psiquiátrica que acaban siempre en psiquiatría por la dificultad e su diagnóstico y por aquello del estigma. Un ejemplo es la encefalitis por anticuerpos NMDA.

La película protagonizada por Joaquin Phoenix titulada «Joker» ha levantado mucho revuelo, precisamente porque vuelve a poner encima de la mesa esta cuestión: lo neurológico versus lo psiquiátrico y una nueva entidad aparece en el fondo de la cuestión: la epilepsia gelástica. Un tipo de epilepsia que se caracteriza por episodios de carcajadas convulsivas. Pero ojo, porque se han descrito en internados epidemias de risas entre las internas de carácter histérico, es decir sin organicidad. La risa pues tiene poco de risible pero es muy contagiosa. Yo en mi vida profesional no he visto nunca este tipo de epilepsia y dicen que es porque es muy rara. Tan rara que es imposible de diferenciar de otras patologías comunes a ese campo con fronteras poco delimitadas entre la Neurología y la Psiquiatría.

La dualidad vuelve con esta historia del Joker y existe una vasta información en Internet con opiones diversas sobre la patología de Joker que es en realidad una patología de ficción pues Joker no existe como no existen los unicornios. ¿Es orgánico (cerebro) o funcional (mente).

¿Y si el sujeto operatorio fuera la solución a esta dualidad?

Dicho de otra forma: el sujeto que no solo piensa, sino que opera en la realidad, que está en el mundo, que entra y que sale del campo de la realidad o de la ficción.

Para saber más sobre el sujeto operatorio mejor ir a las fuentes,