La agresión sexual: un enfoque evolucionista.

agresión

 

Los lectores que estén casados sabrán por propia experiencia que el matrimonio o la pareja estable con fines reproductivos y  que cualquier forma de convivencia se basa en un continuo equilibrio de fuerzas, en un “toma y daca” constantes que procede de los celos, de las dificultades económicas, de los desacuerdos con el dinero, del orden y la frecuencia con que visitamos a nuestros familiares, etc. Que cualquier aspecto de la convivencia ha de ser pactado una y otra vez hasta llegar a un punto muerto, desde donde es de prever una próxima desavenencia que seguramente dará lugar a un nuevo escenario de negociaciones. Podemos concluir que una relación a largo plazo necesita ser constantemente renegociada y que se establece sobre un permanente forcejeo donde cada miembro trata de librarse en lo posible de las cargas que el otro miembro arroja sobre sus espaldas, mientras trata a su vez de imponer al otro las tareas o cargas que rechaza llevar. Es lo normal y lo previsible desde el punto de vista genético, al fin y al cabo con mi pareja no tengo ningún gen en común, tan sólo compartimos los genes de nuestros hijos, un argumento demasiado débil para ese tanto por ciento cada vez más elevado de parejas que se rompen.

Si es usted divorciado o separado sabrá que una de las razones (aparte de calamidades más serias) por las que se divorció o separó fue seguramente su intolerancia a ese continuo “toma y daca” que es la convivencia en común al margen de las racionalizaciones que cada uno encuentre para salvaguardar su autoestima.

Al margen de concepciones más o menos ideales acerca de la pareja humana lo que es verdad es que existe un intenso antagonismo entre los sexos, un antagonismo que nace de la profunda asimetría de las cargas que nuestra especie ha heredado de sus ancestros los mamíferos y en un orden más profundo de los vertebrados

Ya he nombrado en otro lugar la profunda asimetría creada a partir de la gestación vivípara, las cargas de nursing, la existencia de mamas que entorpecen la carrera por nombrar sólo algunos de los hándicaps de las hembras de nuestra especie y de las que nos precedieron. Los machos también tienen penalizaciones evolutivas, aunque menos reconocidas, no dejan de representar una carga adicional: la rivalidad casi continua con los otros machos, la incertidumbre de la supervivencia de sus propios genes en sus hijos, y el vinculo atávico que el rango social representa para el macho, una especie de seguro reproductivo. De manera que cada sexo tiene sus penalizaciones derivadas de la deriva filogenética, pero lo peor es que somos muy poco conscientes de la sobrecarga que lleva el otro sexo, y es natural porque la sobrecarga que lleva el otro es un alivio para nuestras propias espaldas tanto en un sentido como en otro, no dejamos de ser maquinas egoístas y no estamos dispuestos a ceder. Ceder sería seguramente aliviar al otro llevando su carga a nuestras espaldas.

Dice un conocido chiste que copular es un invento de los machos y hacer el amor un invento de las mujeres y de los tacaños para no pagar. Efectivamente el vínculo fue seguramente una mutación en el cromosoma X y transmitido por tanto por la mujer, pero hacer el amor supone un precio adicional para el macho que tiene que tomar a su cargo a la hembra elegida y a la progenie. El vinculo profundo que representa el amor entre parejas favorecía de un modo intenso a la mujer, no necesito explicar al lector como sería la vida de las mujeres viviendo en una horda y a merced de los apetitos de los machos dominantes y cuan desvalidas se encontrarían en sus labores de nursing.

La pareja monógama representó sin duda un hito para compartir las tareas derivadas de una crianza cada vez más difícil de crías muy mal diseñadas para su autoconservación. Ya he hablado de cómo la especialización, no sólo en las tareas sino en la alimentación pudieron suponer virajes profundos en la dirección de la selección genética promoviendo la cooperación, la fidelidad, la confianza y si se quiere el amor. Al mismo tiempo hay que señalar que la intensidad del vínculo afectivo depende sobre todo del tiempo necesario para conseguir la autonomía de las crías, que en nuestra especie es definitivamente largo.

Es imposible beneficiar a un sexo sin penalizar simétricamente al otro. He hablado en otro lugar de cómo la simetría es un estado ideal, geométrico que no existe en la naturaleza, en cuanto la evolución encuentra dos cosas iguales o casi iguales, inmediatamente tiende a buscar especializaciones entre ellas, eso sucedió probablemente con los gametos y también con los hemisferios cerebrales, desde la casi simetría se evoluciona hacia la asimetría. Y eso precisamente puede estar sucediendo hoy entre las relaciones de pareja. Se ha roto un equilibrio que hasta hace poco dejaba a las mujeres en una posición socialmente subordinada como sucede en los papiones para dejar al hombre en el otro polo del desequilibrio como les sucede a los lagartos.

La agresión de los machos hacia las hembras – me refiero a la agresión con resultado mortal- es efectivamente muy rara en la naturaleza,  sería letal para una comunidad atacar sistemáticamente a las hembras que son las que en definitiva ponen los huevos, todas las especies y con más razón entre las más agresivas disponen de mecanismos inhibitorios de la agresividad que incluyen también a la agresión sexual, mecanismos que son tanto más perfectos cuanto mayor sea el desequilibrio de fuerzas (dimorfismo) entre macho y hembra. Determinados machos podrían aplastar, cornear o devorar a una hembra durante el coito o durante los prolegómenos, (como en determinados insectos sucede lo contrario) si no lo hacen es precisamente porque han desarrollado una inhibición paralela a su potencial efecto letal que se activa con las consabidas maniobras de sumisión. Siempre me he preguntado por qué se dice “llevar cuernos” cuando un hombre o una mujer son engañados por sus parejas; hablando etológicamente el resultado que tendría para el hombre tener cuernos es hacerse más manso, es decir desarrollar una mayor inhibición de su agresividad, una inhibición natural, no una simple represión de la misma dado que la evolución de los cuernos hubiera corrido paralela a la evolución de su agresión que hubiera dado como resultado un equilibrio entre ambas.

Otro mecanismo habitual es que la agresión puede derivarse hacia otros lugares – o desplazarse como dicen los psicoanalistas – donde sus efectos sean menos notables, me refiero a la agresión entre machos o a la agresión extraespecifica, de cualquier manera los machos – son desde el punto de vista evolutivo- superfluos.

Uno de los problemas de las parejas humanas opulentas es que nos hemos quedado sin depredadores naturales, entre otras cosas porque nos hemos encargado de hacerlos desaparecer a todos. Y no lo digo en broma. El viejo mecanismo de transformación de la agresión sexual en agresión extrasexual parece haberse debilitado en nuestra especie, como casi todas las inhibiciones parecen haberse transformado en prescripciones sociales, si atendemos a los casi diarias noticias sobre agresiones en el hogar con resultado de muerte.

Una de las razones de este debilitamiento es que ya no existen depredadores específicos de nuestra especie que puedan ritualizar la defensa común del territorio que es al parecer uno de los mecanismos que hacen de las parejas de pececillos de Lorenz unas parejas fieles y eternos compañeros, la reorientación de la agresión (Tinbergen 1969) o su desplazamiento es uno de los rituales que amortiguan la agresión sexual. Lo curioso de estos peces del género cíclidos, es que tanto la agresión territorial de defensa que es compartida por ambos sexos, como la agresión extraspecífica trae como resultado la indestructibilidad del vínculo de la pareja, pero no crean que el cortejo fue fácil, ella invirtió muchas horas en seducir al aguerrido pececillo macho de colores, siempre entrando en su campo visual de costado y huyendo como marcan los cánones de la buena seducción antes de que el macho le diera un viaje o un buen mordisco. Poco a poco la hembra mediante técnicas depuradas de buena y sumisa seductora va propiciando la desactivación de su agresividad, hasta que llega un día en que estas maniobras de sumisión van dando lugar a una especie de “desafío” de igual a  igual en el centro del territorio del macho. Entonces lo que sucede es algo extraordinario: el macho se apresta al ataque ante tamaña osadía, pero en el último momento, cuando ya se masca la tragedia, el macho desvía su agresión hacia cualquier pececillo de los alrededores. Es entonces cuando la hembra decide poner sus huevos en el suelo o al abrigo de un costado del acuario, el macho los fecunda en el agua y ambos se convierten en una pareja feliz, que defenderá su territorio de por vida, se convierten desde entonces en inseparables. Lorenz interpreta que el cambio de planes del macho se debe al miedo hacia la hembra (en realidad la confusión entre atacar o huir), siempre que la hembra haya logrado mediante su lidia continua haber previamente desactivado cierta dosis de agresión. O dicho de otra manera: en las especies donde la agresión no puede desactivarse del todo tras la copula (es incluso más necesaria que antes) o bien porque se trata de especies muy agresivas, la estrategia de la hembra es una conducta de sumisión que poco a poco va convirtiéndose en desafío a medida que el macho va habituándose a la presencia de una compañera. A medida que la hembra gana la confianza del macho aquel va aceptando su presencia, hasta que en una suprema y heroica confrontación precopulatoria el macho decide desfogarse con otros congéneres y emparejarse definitivamente con la hembra.

Lo realmente curioso de la viñeta anterior es que macho y hembra no se reconocen entre sí, es decir carecen de mecanismos para identificar el sexo de su congénere. Todo parece indicar que en las especies donde la identificación sexual es imposible visualmente es a través del ritual como el macho reconocerá a la hembra y también explica la ambigüedad misma del ritual que es similar tanto con una hembra o un competidor, dado que para el macho cualquier congénere es sobre todo un intruso. Sólo termina por entender que la hembra es una hembra a partir de su ceremonia de sumisión, dicho de otra manera el macho sólo se emparejará con alguien que se le someta y la hembra sólo aceptará a alguien que la haga sentir sometida.

El miedo parece formar parte de los ingredientes de este fenómeno que Lorenz en otras especies – como los gansos-  ha descrito perfectamente estableciendo una serie de leyes generales acerca de la agresión en relación con la cópula y la formación de parejas bien amorosas o bien de entramados de amistad que se mantienen vivos durante mucho tiempo a pesar de las circunstancias. El miedo parece comportarse como un relé, que tiene una serie de valores críticos. Es mayor entre dos individuos que no se conocen, intermedio en los recién conocidos y menor en los individuos que ya se han hecho vecinos o conocidos. Es el miedo el que induce al ataque, y el miedo el que desactiva el ataque, resultando un desastre cuando desaparece del todo, al menos en las especies muy agresivas como los gansos y los pececillos del coral.

Mecanismos de activación-desactivación de la agresión en la naturaleza

Activación Desactivación
Colorido Decoloración
Desafío Sumisión
Adquirir mayor tamaño Empequeñecerse
Exhuberancia Esconder la cresta
Conducta de adulto Conducta infantil
Mantener la mirada Mostrar las nalgas

 

Como puede observarse en la tabla cada especie tiene mecanismos específicos de activación y desactivación de la agresión que a veces son sexualmente ambiguos, es decir determinadas señalizaciones pueden significar tanto un desafío copulatorio como una conducta de rendición

 

Esta bella historia de amor tiene un corolario un poco más siniestro si modificamos las condiciones del acuario y dejamos a la pareja a solas. ¿Pueden imaginar qué sucederá?. Si, un caso más de violencia doméstica, esta vez en el acuario.

Una de las consecuencias de la falta de enemigos naturales contra los que aliarse en pareja, es que en los humanos la selección parece haberse establecido alrededor de la agresión intraespecifica. Nuestros enemigos son nuestros iguales, nuestro prójimo. “Homo lupus homini”, es muy cierto tal y como decía Rousseau, no sólo porque el hombre es un depredador del hombre sino porque nos ocupamos sin descanso de eliminar a los lobos que hoy ya no representan para nuestra especie ninguna amenaza seria.

Hoy son, paradójicamente, las guerras la única situación que propicia la solidaridad y el sentimiento de estar compartiendo una experiencia, un destino común, fuera de ellas nadie siente a su prójimo como un aliado sino como un enemigo, una estrategia la de las guerras que las ratas mantienen constantemente y que en ellas representa una reorientación de la agresión entre los miembros de un determinado clan, existe la sospecha de que los humanos utilizamos este mismo mecanismo de guerrear contra nuestros vecinos cuando necesitamos aumentar la cohesión de una determinada comunidad.

La agresión desde luego no es tan necesaria en el hogar opulento como en el nido, a pesar de ello la agresión sexual, los crímenes domésticos o pasionales y las agresiones sexuales son tan frecuentes en nuestro mundo civilizado que uno llega a preguntarse qué especie de lógica es posible aplicar para explicar este fenómeno. Respecto a eso sabemos algunas cosas:

La agresión sexual es una excepción en la naturaleza pero es muy frecuente en nuestra especie, la explicación de este fenómeno desde el punto de vista evolutivo es compleja, por una parte se ha señalado (Thornhill & Palmer, 2000) que la violación y la supervivencia de esta estrategia en nuestra especie actual se debe a que los hombres que adoptan esta conducta deben encontrar alguna ventaja en la misma, en el sentido de una mayor supervivencia de sus genes. Personalmente no creo en esta teoría, por la razón siguiente. La violación sólo puede definirse en la especie humana, dado que en el resto de las especies no existe una pulsión sexual disociada de la reproducción, las hembras son inaccesibles fuera del estro y cuando lo son no hay manera de definir claramente lo que es de lo que no es violación, ya he dicho que no hay sexo sin agresión.

Lorenz ha descrito en los gansos una conducta de violación que sucede cuando dos gansos forman una coalición de amistad: una coalición que desde el punto de vista territorial es muy potente, superior a la de cualquier pareja heterosexual. Este entramado de amistad llega a parecerse en casi todo a una unión homosexual, hasta que una hembra hace su aparición en escena y uno de los gansos “la viola”, pasando poco después a formar parte de esa extraña coalición à trois. Lorenz interpretó este triángulo como una reorientación sexual de la pareja de “gansos homosexuales” incapaces de copular entre ellos, pero también puede ser interpretado como una forma de poliandria. Seguramente esta coalición à trois representa muchas ventajas para la hembra elegida ¿podemos entonces hablar de violación?

Si en la especie humana la violación fuera una estrategia copulatoria evolutivamente estable en el sentido de Trivers sería la regla y no la excepción, dado que los machos podrían así eludir el pago o el costo de sus cópulas, por no hablar de sus compromisos de nursing. Además podría haberse inventado inmediatamente una contraestrategia evolutiva que sería incluso mejor: las hembras podrían dejarse violar, con lo que los genes de los violadores se extinguirían a favor de las hembras “que quieren ser violadas”. Ninguna de las dos cosas ha sucedido, y aunque las fantasías de violación son constantes en las hembras humanas, no resulta así en sus conductas prácticas de donde puede deducirse que violar hembras no es una estrategia evolutivamente estable, lo mismo sucede con el canibalismo que es una estrategia alimentaria prácticamente extinguida.

El problema a mi juicio depende de la misma definición de la palabra violación, que supone una conducta copulatoria forzada contra la voluntad de la hembra, una definición más cercana al mundo jurídico que al biológico. ¿Qué podría significar en el paleolítico cuando aun no existía el derecho a la libertad sexual, copular contra la voluntad de la hembra? No me es posible imaginar qué sentido tendría en el paleolítico este constructo; en medio de una horda primigenia la conducta que hoy llamamos violación. Lo que quiero decir es que en aquella época casi todos los coitos podrían ser considerados así observados con los ojos del hombre de hoy, en tanto que las relaciones sexuales están y con más razón debieron estar casi siempre presididas por las relaciones de rango y dominancia. Es muy poco probable que los machos pidieran permiso a las hembras para copular y es también dudoso que estas se sintieran forzadas en un mundo donde otras amenazas y carencias estaban en primer plano y donde el coito  debió ser el pago con que las hembras subordinadas compensaban sus aportes alimentarios, el cobijo y la protección de sí mismas o sus crías. Si el sexo forzado acabó evolucionando hacia el sexo consensuado e incluso hacia la monogamia es porque aquella estrategia no era lo suficientemente buena y podía mejorarse.

La fusión entre ambos programas – dominancia y reproducción – con la necesaria regresión filogenética es lo que probablemente sucede en el violador actual, aunque es necesario contemplar otras circunstancias.

Entre los agresores sexuales se ha señalado (Malamuth 1996), la deprivación sexual como un factor causal de la agresión. Los hombres prefieren mayoritariamente las relaciones sexuales a corto plazo y es precisamente en ese terreno donde tienen problemas de agresión con sus parejas quizá debido a que sus estrategias de preferencia (el corto plazo) les lleva a sufrir dificultades periódicas en el acceso sexual, al que las mujeres por lo general no acceden fácilmente. Otros por el contrario no tienen problemas en encontrar parejas eventuales pero si los presentan a la hora de retener a sus parejas que sólo consiguen mediante la intimidación. Todo parece indicar que las estrategias a corto y a largo plazo en la seducción de parejas difieren en relación con el sexo y se trata de un programa genético distinto a la retención de la pareja a largo plazo y que identifica dos grupos distintos de machos maltratadores

Ambos patrones parecen corresponderse con dos dimensiones de la personalidad entre los hombres: al primero le llamaremos modo indiferenciado, se caracteriza por el énfasis que realizan en su búsqueda de contactos sexuales a fin de mantener su autoestima y la medida de éxito con sus pares, al segundo le llamaremos hostil, combina inseguridad, hipersensibilidad y un placer en dominar sobre todo a las mujeres. Los dos modelos, sobre todo el segundo tienden a acumular decepciones y una historia de rechazos por parte de las mujeres en el corto plazo. Los hombres que acumulan este tipo de percepciones de humillaciones y manipulaciones en su historia relacional con mujeres tienen mas riesgo de resultar agresivos con ellas dado que han llegado a inhibir la empatía y la simpatía necesarias que son los afectos que inhiben la agresión en el ser humano.

Al margen de la teoría de la deprivación, se ha intentado explicar la agresión sexual desde la teoría del rango (Price 1967) Para reproducirse el hombre tiene que competir con otros machos para ganarse el derecho al sexo. ¿Es posible entender que los violadores sean precisamente los perdedores en esta competencia entre machos?. En mi opinión es muy posible especular que son aquellos que han caído en lo más bajo de la jerarquía social a través de su incompetencia con otros machos, los que reorientan su agresión intrasexual hacia los más débiles sean hembras o niños. Se ha especulado (Eibl-Eibesfeldt, 1990) que también en la pedofilia y en ciertas practicas sadomasoquistas lo que se persigue es la fusión entre los programas de rango y sexualidad tratando de recuperar con las víctimas lo que se perdió en la competencia con otros machos a partir del arousal o excitación que procede de las relaciones de rango, superioridad o autoridad

En este sentido, pues, la agresión sexual sería el resultado de una reorientación de la agresión, en un sentido menos social y caballeroso que los pececillos de Lorenz, en un sentido más humano y deshumanizado: una agresión que va del macho a la hembra, del fuerte al débil, del poderoso al necesitado.

A menudo nos olvidamos de que la sexualidad humana sea reproductiva o no, está presidida por una serie de rituales reptilianos relacionados con el rango y la jerarquía, quizá las sociedades civilizadas hayan blanqueado de tan forma las reglas del juego que las hagan irreconocibles para determinados individuos que no saben a qué atenerse con respecto al acceso a las hembras, confundidos de tal manera determinadas personas pueden hacer regresiones a situaciones filogenéticas donde el sexo sólo puede ser entendido como algo forzado. Este tipo de confusión y  frecuentes desencuentros se deben a dos factores: el primero es que el número de mujeres disponibles en el corto plazo es sensiblemente menor que el de varones  por lo que las oportunidades de tener éxito es mayor para las mujeres, el segundo argumento es que se producen interferencias entre las estrategias de los hombres y las mujeres, según busquen parejas para el corto o el largo plazo, significa que la estrategia del uno interfiere en la estrategia del otro, y da como resultado una decepción, humillación y el consiguiente rencor (Buss 1999)

El acceso a las hembras en nuestras sociedades opulentas parece estar presidido por una serie de reglas secretas que casi todo el mundo respeta y conoce intuitivamente aunque casi todo el mundo niega u oculta. Buss las agrupó en 1994 a partir de un análisis transcultural de las preferencias en la elección de pareja:

1.- Las hembras humanas resultan atraídas por el estatus social de los hombres (con alguna divergencia entre si el flirt es a corto plazo o a largo plazo (Buss 1988) y la superior edad  (Grammer 1995). Estas preferencias no tienen relevancia en la elección sexual de pareja de los hombres

2.- Los hombres buscan relaciones con parejas anónimas, desconocidas mientras que las hembras entienden que los machos desconocidos son una amenaza en el corto plazo (Lewis et alt 1995) .Tanto en el corto como en el largo plazo los hombres buscan mujeres jóvenes y sumisas (citado por Mc Guire y Troisi, op cit)

3.- Las mujeres hacen continuamente balance entre su tarea reproductiva y sus labores de nursing cuando eligen pareja con independencia de que hoy la reproducción sea electiva, la elección de la mujer viene dictada por la presión evolutiva de sus programas genéticos y por tanto su elección de pareja viene determinada a partir de esa presión selectiva. El número disponible de mujeres que buscan relaciones sexuales a corto plazo es sensiblemente menor que el de los hombres. Si a eso añadimos que los hombres de mayor rango acaparan dos o más mujeres, significa que existen muchos hombres que no consiguen mantener relaciones a corto plazo con ninguna mujer.

4.- El hombre, tiene que disponer de un cierto “patrimonio” para hacer frente al pago o costo que la mujer le exigirá antes de confirmarle como pareja o acceder al coito con él. Hacer regalos, proporcionar comida, la destreza en construir nidos o excavar una buena madriguera son las demostraciones que los machos, en toda la escala animal deben de acometer antes de ganarse el derecho a reproducirse.

Todas estas reglas enunciadas pueden resumirse, en nuestra especie a una regla fundamental: sólo la mujer sabe cuando o a qué precio cederá (Bataille, 2000). El hombre no puede hacer nada sino competir con el resto de los machos acumulando bienes, destrezas, habilidades de seducción que muy a menudo son engaños, o rango social que por si mismo resulte un buen reclamo para las mujeres, y eso es lo que hacen , la mayoría de ellos con mayor o menor éxito y criterio.

Otros, más confusos optan por el recurso de la dominancia y es ahí precisamente donde se encuentran la gran mayoría de agresores sexuales, tanto en el corto como en el largo plazo, aunque existen dos motivaciones bien diferentes. El agresor sexual a corto plazo, aquel que tiene problemas para seducir a una pareja sexual opera por rencor, mientras que el agresor a largo plazo, es decir aquel que tiene problemas para retener a su pareja lo hace por celos. El recurso a la intimidación que podemos contemplar en las relaciones de rivalidad agonística entre machos es precisamente el recurso que algunas personas utilizan para el control de la conducta de sus esposas o parejas sexuales. Este patrón que ha sido señalado repetidamente por distintos autores da cuenta de la universalidad de este tipo de reacción aventurándose (Wilson y Daly 1982) a especular que es precisamente la incertidumbre del macho respecto a su progenie la causa última, en el largo plazo, de este desesperado intento por controlar la conducta del partenaire, así como la causa de los celos que según los autores señalados son los responsables de la mayor parte de las agresiones sexuales en parejas institucionalizadas, una amenaza que es posible predecir a partir de ciertos parámetros culturales como son: la edad de la mujer, el índice de divorcios o el grado de independencia de la mujer.

Aparte de la ausencia de depredadores nuestra especie se encuentra con otro problema adicional y es que los rituales – programas genéticos- que gobiernan nuestras relaciones con los demás se han visto sometidos a cambios culturales que han terminado por dejar el escenario de nuestras posibilidades con respecto a la agresión más vacío que la nevera de un soltero, ya he hablado de la posible reorientación que afecta a la agresión intrasexual entre machos en dirección hacia las hembras.

En ausencia de esos rituales inhibidores que podrían socializar la agresión individual el hombre no puede sino manejarla con sus propios medios intrapsíquicos, puede reprimirla, desplazarla o transformarla en categorías opuestas o, si todo fracasa efectuar regresiones puntuales, es decir retrotraerse a escenarios filogenéticos más antiguos, a fin de evacuar su agresión, bien proceda del miedo, del odio o como es más frecuente en el hombre moderno de la desesperación, una forma de agresión que procede de la confusión y la perplejidad, de no saber cuales son las reglas que gobiernan el acceso a las mujeres.

Bibliografía.-

MALAMUTH N.M.:

(1996): “The confluence model of sexual aggression: feminist and evolutionary perspectives”. In D. M. Buss & N.M. Malamuth (eds) Sex, power, conflict: evolutionary and feminist perspectives (pp 269-295) NY. Oxford university Press.

 

TINBERGEN, N.

(1953)” Social behavior in animals”. Methuen. Londres.

(1969) “El estudio del instinto” Siglo XXI. Mexico

(1963) “On aims and methods of ethology” Z. Tierpsychol 20:410-433

THORNHILL, N: (1992): “Human inbreeding” (Research report 10/92) Bielefeld. Germany: Research Group on biological foundations of human culture, Center for interdisciplinary Research. University of Bielefield.

THORNHILL.R, PALMER C (2000): “A natural history of rape: biological bases of sexual coertion”. MIT Press. Cambridge.

THORNHILL R, THORNHILL N & DIZINNO, G: (1986) “The biology of rape” In Tomaselli & Porter, “Rape”. London Basic Blackwell.

EIBL-EIBESFELDT I:

(1971) “Love and hate”. Methuen. London

(1990) “Dominance, submission and love: sexual pathologies from the perspective of ethology” in J:R Feierman (ed) Pedophilia:biosocial dimensions. Springer-Verlag. New York.

 

¿Qué hacemos con el mobbing?

mobbing

No bastan las buenas intenciones hay que ir más lejos, saber más.

El señor miró complacido a Abel y su ofrenda pero vió con desagrado la de Cain. Cain se encolerizó y su rostro se descompuso. El Señor le dijo:¿Por qué te sientes malhumorado y vas con la cabeza baja?. Si obraras bien ¿no alzarías la cabeza?, en cambio si obras mal el pecado está en tu casa y te acosa sin que puedas contenerle. (Genesis 4.17)

No cabe duda que el primer acosador del que tenemos noticia fue Dios, vale la pena recordar este capítulo del Génesis que cito para observar como el favoritismo con el que Dios distinguió a Abel fue el detonante del primer crimen cainita de la humanidad, al tiempo que señala hacial Caín haciendole responsable -por su pecado- de su propio favoritismo. No sabemos por qué Dios prefería a Abel, lo que si sabemos es que los dones con que Caín trataba de ganarse sus favores no dieron ningún resultado.

Y este post pretende en primer lugar señalar qué es y qué no es mobbing (en adelante acoso) y dotar al lector de algunas estrategias sobre como hacerle frente.

En primer lugar hemos de separar algunos conceptos; el maltrato o abuso no es mobbing, a veces forma parte de la explotación de las personas sea en el ámbito laboral o cualquier otro entorno, Y para un psicólogo que recibe casos en su consulta resulta imprescindible separar el mobbing de dos cosas: la simulación y la querulancia paranoide, ambas llevan consigo ganancias visibles y no voy a referirme a ellas. Voy a referirme pues al acoso verdadero, algo que existe aunque sea muy difícil de demostrar en un tribunal de justicia, sobre todo en nuestro país con un derecho demasiado garantista en comparación con el mundo anglosajón, donde los indicios suelen tener peso de prueba.

Una definición operativa:

Según Heinz Lehman es el fenómeno en que una persona o grupo de personas ejercen una violencia psicológica extrema, sistemática y recurrente -al menos de una vez por semana- y durante un tiempo prolongado de no menos de seis meses, sobre otra en el lugar de trabajo, con la finalidad de destruir las redes de comunicación de la victima, socavar su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr finalmente que esa persona acabe abandonando el lugar de trabajo, bien sea por propia voluntad o por prescripción médica.

Dicho de otra manera, el fenómeno es muy parecido a la violencia que se ejerce en el ámbito conyugal o en la pareja, si bien los objetivos no son los mismos. En la pareja lo que se busca es la sumisión y la dependencia extrema usualmente de la mujer hacia el hombre.El acoso sexual, conocido informalmente como “luz de gas” es una variante del mobbing y no voy a referirme a él en este post.

El acoso ha de ser constante, insidioso y mantenido en el tiempo. El objetivo del acoso laboral suele ser lograr que la víctima abandone su puesto de trabajo o arroje la toalla y ceda ante las pretensiones de sus superiores, algo que se logra a través de varios mecanismos, el descrédito, la divulgación de rumores, la intimidación, la intrusión en la intimidad de la victima, el muy español “ninguneo”, el traslado obligatorio de despachos bajo el pretexto de reestructraciones funcionales o los sabotajes a la tarea que la victima tiene encomendada.

Lo interesante es que el acoso no siempre procede de un acosador directo, en ocasiones es la propia institución o empresa la que por su propia perversidad tiene una estructura que facilita el acoso individual, el solapamiento de funciones es una de estas perversidades junto con los guiones no escritos y que se encuentran alejados de los objetivos a cumplir.

Un ejemplo de lo que trato de decir con esta idea de los guiones no escritos:

Una empresa A decide contratar un gerente profesional para abaratar costes, esta empresa A tiene un proveedor que es la empresa B pero resulta que algunos de los accionistas de A están tambien en B, y estos accionistas pueden obetener ventajas de suministrar equipos a la empresa A, lo que pierden en un sitio lo ganan en otro. Pero el gerente G fue contratado precisamente para abaratar los costes pero no contaba con que hay una variable oculta, naturalmente todos los esfuerzos que lleve a cabo para mejorar su gestión serán rotulados por esos accionistas como malapraxis o maldad.

En un post anterior ya escribí sobre esta cuestión de la perversión en las organizaciones, de modo que no voy a referirme a ellas. Sólo quiero ahora recordar dos ideas: los jefes suelen rodearse siempre de personas dóciles a las que puedan controlar y obtener información (chivatazos) con independencia de su relevancia profesional, y otra:; la mayor parte de acosadores no son jefes supremos sino mandos intermedios o capataces.

¿Quien es el acosado?.-

El mobbing es un concepto etológico no psicológico y por tanto el mejor instrumento de análisis es la teoría sistémica, pues es todo el sistema el que conspira contra la víctima como más abajo se verá. Y hace referencia a una coalición de individuos que forman una alianza provisional para arrebatar el poder a ciertos machos que obtienen prebendas de la manada. Fueron los etólogos los primeros en describir estas alianzas siniestras donde de lo que se trata es de arrebatarle a alguien su poder o bien una venganza del grupo frente a un líder irresponsable. Pero hay otras acepciones de esta conducta de acoso: ciertos etólogos observaron que si de una manada de cebras elegimos al azar a algunas y las marcamos con una cruz negra en el vientre, serán más susceptibles de ser devoradas por una fiera o un depredador. Significa que en esencia el mobbing está relacionado con la percepción de una diferencia, no es que los depredadores prefieran a las cebras con cruces en la barriga sino que sus compañeros de la manada estarán mas dispuestos a sacrificar a las diferentes en el caso de un ataque.

No importa si las diferencias son por arriba (una mayor inteligencia o brillantez) o por abajo (ser gordo, feo, o albino) lo que interesa saber en este momento es que todos podemos convertirnos en victimas del acoso, aunque los que más riesgo tienen son aquellos a los que sus compañeros han identificado como diferentes, a veces por una cuestión tan trivial como “no ir a tomar café con todo el grupo”.

De modo que todos podemos ser victimas de acoso pero también podemos convertirnos en acosadores o al menos en espectadores inocentes.

Condiciones para que podamos hablar de acoso.-

1.-Relación asimetrica.- Tiene que existir una relación de poder, rango o posición dentro de una organización. El acoso entre iguales es posible pero poco frecuente, hablamos entonces de maltrato. Sin embargo en algunas organizaciones donde las jerarquias son difusas o son permeables, cambiantes o ambigüas tambien es posible que un empleado acose sutilmente a su jefe por ejemplo no pasándole información o “ninguneándole”, es decir no reconociendo o negando la jerarquía.

2.-La víctima no puede escapar del campo.- Es decir no puede irse salvo perdiendo dinero o reputación, de modo que la cosa cambia segun las leyes laborales. El acoso en la empresa privada está sometido a leyes bien distintas a las que regulan a los funcionarios por ejemplo. Un funcionario es muy dificil de despedir pero un empleado privado puede irse por propia voluntad o bien cobrando una indemnización, pero hay otros factores que pueden influir sobre la no-escapatoria del campo de acoso y dependerá en cualquier caso de su espacio relacional y de otros conflictos solapados con el acoso.

Sobre los  errores más frecuentes que suele cometer el acosado y algunos consejos para escapar del acoso volveré en el próximo post.

Violencia sexual antártica

foca
Que el sexo es un engorro, ya lo dije yo en un post anterior (vease Sexo sin cópula), pero ahora ya no soy yo solamente quien sostiene tal teoría. Al parecer los etólogos andan preguntándoselo y escribiendo libros como éste de Garcia Leal titulado “El sexo de las lagartijas“, en él el autor hace un recorrido sobre los aspectos evolutivos del sexo y la sexualidad a la espera de encontrar una respuesta a la gran pregunta ¿si el sexo consume tan gran cantidad de recursos, por qué la evolución optó por la reproducción sexual en dos individuos distintos y portadores de planes divergentes segun su género?
De la primera pregunta ya sabemos la respuesta: la evolución optó por la reproducción sexual para asegurar la variedad, sin embargo la segunda pregunta no tiene una contestación fácil, es el caso de los caracoles, hermafroditas ellos que se apañan bien consigo mismos sin necesidad de construir nidos, cantar dulces trinos o defender un harén de los intrusos.Claro que la cópula tiene sus defensores, y esta semana nos hemos enterado de que en la lejana Antártida, una foca se ha cepillado a un pingüino, un hecho insólito porque hasta ahora no se conocia el trato carnal entre mamiferos y aves.
La prensa amarilla se ha apresurado a rotular el caso como una “violación”, una especie de violencia sexual ejercida por una foca enorme sobre un escuálido e indefenso pajarillo. Sin embargo, lo cierto es que no sabemos el sexo del autor de la agresión y aunque todo el mundo supone que era un foco, en realidad los investigadores no lo han podido comprobar. Tampoco se sabe el sexo del pingüino, pero de lo que si están seguros es que la cópula no pudo ser consumada por impericia de la foca (o foco) que no encontró orificio, si es que los pingüinos tiene orificio o cloaca que tampoco lo sé.

El caso dará mucho que hablar porque en mi opinión evidencia que la naturaleza cada vez más se parece a la cultura humana por aquello de la violencia contra las mujeres, aunque he de repetir que nadie averiguó el sexo del pingüino que en cualquier caso era la víctima. No cabe duda de que se trató de un intento de violación, pues en todo caso la foca se entretuvo con esos movimientos coordinados innatos que llamamo coito unos tres cuartos de hora. Y digo yo que hay que tener aguante, aunque seguramente la foca no pudo introducir nada y todo quedó en un simulacro de coito.
Y esta es la cuestión.Porque hay simulacros de coito tambien en la naturaleza cosa que ya saben los etólogos de todo el mundo y que los homosexuales interpretan como que la homosexualidad existe en la naturaleza.Pues también la agresión sexual tal y como ya expliqué en este post.

Hasta las focas han descubierto ya que pueden acceder a los coitos virtuales y que todo está en fingir los movimientos sin que haya motivación alguna reproductiva, entonces ya ni la especie importa demasiado, la foca va al bulto. Los biólogos están convencidos de que la foca o el foco estaba frustrado/a tal y como les pasa a algunos violadores en serie, que no encuentran pareja para desfogarse, a veces de su pasión amorosa y a veces de otras pasiones que usualmente buscan su descarga a través del orgasmo.

¿Intento de coito, juego o confusión de identidad?

La foca era seguramente una foca perversa, tanto le daba o una foca disidente si es que entre los mamiferos marinos antárticos existe la disidencia politica.

La sexóloga inocente

Aquello que no puedo construir, no lo entiendo.

Richard Feynman

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Supongamos una sexóloga que lo sabe todo sobre el sexo pero nunca hubiera tenido una experiencia sexual, ni siquiera autoerótica. Supongamos que un dia la sexóloga encuentra novio y comienza a tener sus propias sensaciones sexuales.
La pregunta es: ¿Añade algo este conocimiento subjetivo a los que ya sabía que era teóricamente todo? ¿Le faltaba algo por saber? ¿Podria explicarle eso que le faltaba por saber a otra sexóloga en sus mismas condiciones?

La mayor parte de ustedes sometido a este experimento mental dirán que una cosa es la teoría y otra cosa la práctica: dicho de otro modo, que no se puede saber nada sobre el sexo sin haberlo experimentado en primera persona.

Pero esa respuesta es muy discutible y sólo bordea de lejos el problema epistémico que quiero alumbrar en este post y que es una versión psicológica de otro experimento mental conocido como “El cuarto de Mary”, propuesto por Frank Jackson y que trata de una investigadora científica sobre el color (que lo sabe todo sobre el color) pero ha vivido en un entorno de blancos y negros. Se trata de experimentos mentales algo forzados pero que nos hacen pensar en cuestiones difíciles de la consciencia humana y sobre todo en ese binomio que conocemos como saber (ciencia) y experiencia (empirismo). Y que Thomas Nagel nos describió en aquel artículo ya de culto titulado. ¿Qué se siente al ser un murciélago?

Del saber se ocupa la ciencia: la sexóloga lo sabe todo sobre su disciplina pero carece de experiencia. La mayor parte de nosotros estaremos persuadidos con la idea de que sin experiencia personal uno/a no puede saber nada de nada, pero como he dicho más arriba esta idea es muy discutible por lo siguiente:

Un electricista puede arreglarle sus averias domésticas en un abrir y cerrar de ojos sin saber nada de la electricidad, un cirujano puede operarle de algo sin saber lo suficiente de medicina, un labrador puede predecir el tiempo sin saber meteorología, un vendedor puede endosarle cualquier cosa sin saber una palabra de psicología, un pianista puede ejecutar a la perfección a Bach sin saber nada del Barroco. Y al revés: un psicólogo puede saber mucha psicología pero carecer de habilidades sociales o personales,  un erudito puede conocer todo sobre cualquier cosa y ser incapaz de hacerla práctica, ganar dinero con ella o de transmitirla a sus alumnos. Su pareja sexual puede decirle que disfruta mucho con el sexo pero usted no podrá nunca estar seguro de ello.

Estamos solos frente a nuestras experiencias personales puesto que la sexóloga no podría nunca saber si su experiencia es la misma que tiene usted con el sexo, es por eso que construimos consensos. Dicho de otra manera, la experiencia personal, la cualidad de lo subjetivo, es inefable, intransmisible y aunque podamos consensuar que el sexo es divertido y placentero para todos, lo cierto es que no podemos estar seguros de ello, puesto que la experiencia se vive en primera persona y por tanto existe un cierre categorial a la experiencia ajena. Damos por buenos los consensos y asi decimos que el sexo es placentero como damos por bueno que la música de Beethoven es mejor de la de Bisbal. Esto es lo que sostenemos en publico, pero ¿es cierto?

La verdad del asunto es que cuando oigo en un concierto una pieza musical que a mi personalmente me emociona no puedo estar seguro de que mi experiencia sea la misma que la de mi vecino del asiento de al lado. Todo parece indicar que si, mi vecino también tiene esa cara beatífica que se nos pone a todos cuando escuchamos una pieza que nos gusta, tambien puede reirse al mismo tiempo que yo, o puede ponerse a llorar si la pelicula es de esas emotivas. Pero nadie puede estar seguro de que está llorando, riendo o emocionándose por lo mismo que yo.

Dicho de otro modo: la experiencia subjetiva es un qualia.

Los qualia se definen como eventos cualitativos del cerebro y que se identifican con nuestra subjetividad, aquello que nos hace diferentes de los demás como por ejemplo las preferencias o los sentimientos. Se trata del enigma más peliagudo de las neurociencias y que ha dividido a los investigadores en dos grupos: en uno de ellos se encuentran aquellos que piensan que entre un evento electroquímico y un qualia hay un salto demasiado grande para ser conceptualizado con nuestros intrumentos de medida actuales y otros que piensan por el contrario que los qualias son tan estudiables y comprensibles como el movimiento o la contracción muscular.

Y yo soy de los que piensan que los qualia no son nada, pero nada comprensibles. Fingimos que los compartimos pero no es cierto.

Todo procede de una discusión que tuvimos el otro dia en cierto foro a partir de este artículo donde los autores se preguntan si los animales tienen sexo por placer. La idea políticamente correcta es suponer que sí, nosotros los humanos tenemos sexo por placer, entonces antropomorfozizamos a los animales y concluimos que también. Hasta los curas lo dicen, Dios hizo que el sexo fuera tan placentero para asegurarse la reproducción. Pero la verdad es que cuando pensamos en nosotros, estamos pensando en un mamífero muy evolucionado, que tiene consciencia, libre albedrio y que construye planes para hacerse la vida más divertida. Y cuando pensamos en animales estamos pensando también en mamíferos, perros, gatos, cerdos, etc.

Pero no se nos ocurre pensar en los insectos, los peces o los gusanos. ¿Se reproducen los animales por placer, incluyendo a los ovíparos, a los que ponen los huevos en el agua o a los hermafroditas o reptiles? Por no hablar de la escala unicelular. ¿Tienen orgasmo los paramecios?

¿Y si el sexo es tan placentero por qué los animales no lo usan con más frecuencia como hacemos nosotros?¿Por qué ceñirse a los estros? ¿Por qué no hacer como los bonobos y construir una sociedad lúdica basada en el intercambio sexual  libre?¿Por qué el sexo está teñido de tragedia y el coito aparece casi siempre como algo forzado, impuesto por el macho hacia la hembra?

Lo cierto es que no podemos estar seguros de que los animales tengan sexo por placer, ni siquiera podemos saber si los animales tienen placer cuando copulan. Puesto que el placer de cada animal es un qualia de su especie y todo parece indicar que cada especie tiene su especialidad de qualias. Y el placer es un qualia y no puede reducirse a un hecho fisico, el placer es algo que va más allá de lo que entendemos como placer, nosotros los humanos.

Mi conclusión es que la sexóloga puede saberlo todo sobre el sexo pero si no tiene la experiencia y el aprendizaje concreto su saber es un saber cientifico, es decir un saber sin alma (fisicalista y cojo), descascarillado, un saber que no conoce. Experimentar el sexo por sí misma es un buen bagaje que le permitirá rebotar sus conocimientos con su propia experiencia, pero ese conocimiento no le permitirá generalizar la idea de que el sexo es bueno, saludable, benéfico o que existe una manera especial de gozarlo que es por definición mejor que otra.

Cada uno en este sentido es el administrador-gestor de sus propios qualias.

Y después de todo es posible que haya gente a la que no le gusta el sexo.

Padres aniñados

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Habia oido hablar de un programa que dan por la Cuatro y que se llama Supernany. Alguna vez haciendo zapping habia visto alguna de las escenas que discurren en esos reportajes donde una psicóloga con sentido común lleva a cabo un trabajo de campo en el propio domicilio de padres victimizados y tiranizados por sus hijos.

El programa es bastante interesante para los legos en psicología pero banal para un profesional salvo por algunos aspectos que me propongo reelaborar ahora.  Quizá por eso habia pasado casi por encima de las recomendaciones de la nany, pero esta vez me detuve un poco más a reflexionar sobre algunas cuestiones que he tratado aqui o en otro lugar: me refiero a lo conflictos educativos y a la incompetencia de los padres para poner límites y reglas de convivencia a sus hijos.

Lo cierto es que los niños de hoy no son como los de antes. Lo dijo Flynn: que el CI va creciendo cada vez más en la población y yo mismo escribí hace poco un post donde hablé precisamente de esa asimetria entre inteligencia cognitiva y emocional. Una grieta que se manifiesta en continuos conflictos domésticos y en pequeñas guerras y desafíos cotidianos entre padres e hijos.

Por de pronto me parece interesante indagar sobre el cambio del encuadre: pasar del despacho al domicilio de los clientes me parece una buena idea y es comparable a lo que hacen los etólogos en comparación con los zoólogos con sus especímenes enjaulados: se colocan una serie de cámaras en el hogar de los susodichos papás y se graban algunas interacciones, sobre todo a las horas conflictivas, comidas, deberes, llegada del papá a casa, bajar la inevitable mascota a la calle o la dramática hora de ir a dormir. La psicóloga asiste en principio como espectadora y sin intervenir en las sucesivas escenas que van dándose en su presencia y tomando notas sobre los comportamientos y las interacciones de la familia malcriadora.

Viendo este cambio de encuadre recordé esa polémica tan actual sobre Uber o BlaBlaCar, ya saben ese servicio de transporte que se lleva a cabo a través de Internet y que está llamado a convertirse en una economia cooperativa que dejará sin trabajo a los taxistas y sin licencias a los ayuntamientos. Es imparable.

Como imparable será que los psicólogos abandonen sus despachos y comiencen a meterse en la arena y la harina que no está en otro lugar sino en el domicilio de los sufridores. Aquí hay un articulo que dice algo parecido “lo que los psicólogos deberian aprender de Uber”

Pero sin duda lo que más me impresionó del último reportaje de supernany es la paciencia y la enorme tolerancia que los papás han desarrollado frente a las barrabasadas casi continuas de los niños. Hay como una inversión de roles: los niños imponen su ley, gritan, desordenan, juegan cuando quieren, no atienden, lloran, berrean y no siguen ninguna pauta asignada por parte de la atribulada mamá que sale en en documental con cara jesuitica y rostro impasible.

Los niños ya no son lo que eran porque están muy estimulados, bien alimentados pasan casi todo el tiempo enjaulados en pisos, y su CI crece dia a dia casi al mismo tiempo que sus recursos emocionales decrecen. Pero esto no es lo peor. Lo peor es que los papás han dejado de ser papás y juegan con ellos a la wii, con tanta pasión que uno se pregunta quién es en realidad el niño y quien el papá.

Dicen que los papás actuales malcrian a sus hijos porque se sienten culpables por prestarles tan poca atención. Es posible que en algunos casos sea verdad pero lo cierto es que a nosotros tampoco nos hacian demasiado caso y nuestros padres no mostraban ninguna culpabilidad. Al contrario los padres actuales -al menos los que vi en supernany- son padres comprometidos en la crianza de sus hijos -demasiado quizá- , padres normales por así decir que invierten prácticamente todo su tiempo en estar en casa con sus hijos, tomarles los deberes e intentar poner disciplina y predictibilidad en su hogar.

Pero no lo consiguen.

Y no lo consiguen porque ellos mismos han abdicado de su papel normativo y como no saben que las normas han de imponerse se empeñan en negociarlas continuamente. Se han convertido en hiperpadres, en padres perfectos, colegas de sus hijos. Un neoperfeccionismo se ha instalado entre nosotros, un perfeccionismo extendido e hiperreal propiciado por el discurso de la ciencia y lo politicamente correcto.

Necesitamos recuperar a los padres imperfectos de antaño. Aquellos que frustraban a sus hijos, ¿les recuerdan?

Y lo cierto es que a veces es muy dificil saber imponerse:

Malestares en la conciencia perruna

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¿Fue su ancestro un lobo?

 

Está bien establecido que los perros que nos acompañan en nuestras urbanitas soledades, -esos que llamamos mascotas- tienen todos un ancestro común, que fue un lobo, de la que el perro (canis lupus) es una subespecie, algo bastante contraintuitivo si contemplamos a ese peluche de más arriba. De los lobos heredaron los perros actuales esa tendencia al gregarismo, a la jerarquía, a la lealtad a la manada que los diferencia profundamente de las otras “mascotas” de compañía, como los gatos, independientes y solitarios.

No cabe ninguna duda de que los perros se han aclimatado perfectamente a la compañía humana y lo han hecho porque socialmente son muy parecidos a nosotros en su organización social. Pero no siempre fue así, lobo y hombre no se han llevado siempre bien, puesto que están en juego conflictos de intereses, fundamentalmente intereses ganaderos. Hombres y lobos compiten por las mismas ovejas.

O dicho de otra manera compartimos con ellos un mismo ecosistema, lo que explicaría ese miedo ancestral que les tenemos y los continuos exterminios de los mismos, hasta el punto de que hoy -incluso protegida- es una especie amenazada de extinción, al menos en la península ibérica.

Es por eso, que somos vecinos, que el lobo pudo domesticarse. Probablemente el primer lobo domesticado fue un lobo hipofóbico, un ejemplar que tuvo poco miedo del hombre y con el que acabó llevándose bien. Recuerdo ahora a “Calcetines” el perro de “Bailando con lobos” que hasta que es asesinado intenta un acercamiento al teniente Dunbar, la única compañía de la que pudo gozar hasta encontrar novia.

En la domesticación de los lobos sin embargo tuvo mucho que ver el hecho de modificar sus costumbres alimentarias: los lobos son carnívoros, pero los perros actuales han desarrollado tolerancia al almidón, una especie de efecto Baldwin en los perros. Como es sabido nosotros los humanos también nos adaptamos a la leche después de hacernos sedentarios y acabamos desarrollando un enzima: la lactasa, ampliamente distribuida por toda la población mundial, es un ejemplo de como el medio ambiente puede modificar las instrucciones genéticas que nos vienen de serie. Los perros cambiaron en su constante interacción con los humanos, no sólo por selección artificial (como el toro de lidia) sino también por selección natural y por su contacto casi continuo con nuestra especie, que tomó su olfato, su instinto cazador, su capacidad de aprendizaje, su sociabilidad y su territorialidad como elementos en donde nos ha prestado enormes servicios.

Pero en todo perro coexiste una conciencia de lobo, una conciencia que en cualquier caso se encuentra subsumida en su conciencia más actual de perro. Ambas conciencias se solapan.

Como en nosotros.

Lo interesante de los perros actuales es que han desarrollado enfermedades muy parecidas a las nuestras y que además están inducidas por sus propios dueños, asi veo en la wikipedia que:

Los trastornos de la conducta canina se clasifican en tres tipos: 1) patologías del desarrollo, 2) sociopatías —relacionadas con el ambiente y su jauría humana o animal—, 3) comportamientos disfuncionales que alteran la conducta normal, y que se ajustan para hacer frente a una situación cotidiana (fobia). Según la tesis de zoopsiquiatría desarrollada por Patrick Pageat:

  • Agresiones de tipo jerárquicas, territorial/maternal, por miedo, irritación, predatorias y redirigida.
  • Destructivas, orina/defecaciones indeseadas, ansiedades, miedos y fobias (a la pirotecnia, por ejemplo),
  • Trastornos compulsivos y estereotipias (persecución de cola, autolamido).
  • Trastornos alimentarios y dípsicos (anorexia/bulimia, potomanía).
  • Trastornos sexuales (hípersexualidad, pseudogestación), depresión de involución.

Cabe señalar también que muchas de las malas costumbres caninas son la muestra de comportamientos desarrollados por razones tales como: falta de actividad —como puede ser caminatas o deportes caninos—, ausencia de socialización, disciplina, entrenamiento o educación irresponsable por parte de los propios dueños.

Dicho de otra manera si los perros desarrollan enfermedades tan similares a las nuestras es porque nosotros sus dueños no estamos a la altura de las circunstancias para serlo. Somos malos amos y ellos claro, se resienten puesto que los perros han sido cableados para obedecer y seguir al jerarca de su manada -dando incluso su vida por él-  y que proyectan en su dueño. Dicho de otra forma: los perros que conocemos hoy, esos que viven en pisos de ciudad, que no tienen oportunidad de correr y desgastar su energía, que no se socializan con otros perros, están tan neuróticos como nosotros, solo que nosotros no tenemos a quien echarle las culpas de nuestra neurosis.

El caso es que esta neurotización no tiene nada que ver con sus genes ni con su conciencia ancestral que de vez en cuando puede irrumpir en determinadas ocasiones en forma de agresividad o de ataque a su propia familia humana. Los perros están cableados para morder del mismo modo que estan cableados para orinar las farolas (en realidad marcar su territorio). Aunque vivan en una ciudad y sigan meando las farolas y ahora marcar el territorio ya no les sirva de mucho, lo cierto es que esta conducta les seria muy útil si volvieran a su entorno natural. Allí tampoco lo tendrían fácil para reproducirse pero lo cierto es que aquí viviendo con nosotros les tenemos bien castrados, bien físicamente o bien condenándoles a una vida monacal.

Pero lo cierto es que ellos aguantan tan bien la castidad impuesta como nosotros. Al fin y al cabo la neurotización de los humanos procede sin ninguna duda de las coerciones que la sexualidad ha sufrido a lo largo de la historia humana. Bien por una razón o bien por otra el sexo ha estado mal visto socialmente y hasta se han inventado religiones para condenarlo y constreñirlo. Nosotros les hemos inculcado a nuestras mascotas esta manía tambien, e incluso les castramos para que no tengan el celo, sobre todo a ellas porque ensucian. ¿Cómo no van a estar neuróticos  y pasarse el dia lloriqueando?

La conciencia de perro se ha impuesto a la conciencia de lobo y aunque esta irrumpa a veces con una conducta “psicótica”, la verdad es que los perros han seguido en su conciencia una direccción muy parecida a la humana: Su conciencia ancestral ha sido opacada por una conciencia “civilizada” y es ésta conciencia civilizada la que -a su vez- obtura la satisfacción corporal.

Y lo obturado siempre vuelve.

Nota.- La zoopsiquiatria es la disciplina que se ocupa del estudio de la conducta animal en condiciones no naturales o de domesticación mientras que la etología es el estudio de esa conducta en condiciones naturales.

 

No matarás

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Nosotros los sapiens pertenecemos a una estirpe de homínidos bastante irascible pero poco agresiva.

El potencial agresivo de los humanos procede más bien de nuestra enorme inteligencia y de nuestra capacidad para planear encerronas, construir instrumentos, armas y artilugios destructivos a gran y pequeña escala.

Es muy poco probable que a puñetazos seamos capaces de matar a un congénere, para eso necesitamos emplear alguna que otra estrategia como golpearle con una piedra en la cabeza o asestarle una puñalada mortal por la espalda. Necesitamos armas y tenemos la inteligencia para construirlas.

Nuestros sistemas de modulación de la agresividad -sistemas inhibidores de la misma- son muy escasos y están muy poco desarrollados. La razón biológica de este escaso desarrollo es que no poseemos cuernos para acometer, ni garras para desgarrar, ni picos para atacar ni dientes para morder. Es decir no tenemos un armamento intrínseco que haya evolucionado con nuestra estirpe y por tanto los sistemas de inhibición de la agresividad no se han desarrollado -no han coevolucionado- con nuestras razones para enfadarnos, es por eso que la gente suele matar a otro por “un quitame allá esas pajas”.

Los sistemas inhibitorios de la agresión no están codificados genéticamente (aunque si la agresividad que siempre da premio evolutivo) es por eso que se hizo necesario inventar sistemas inhibitorios culturales que vinieran a suplir ese déficit natural.

Nuestros sistemas de inhibición de la agresividad se trasmiten a través de la cultura, entendiendo a esta en clave extendida: toda aquella clase de registros procedentes de la tradición que se trasmiten de padres a hijos o desde el sistema social o grupo al individuo.

En un post anterior me planteaba el cómo se trasmiten estos registros, es decir como se interiorizan las prohibiciones culturales en los cerebros individuales. ¿Cómo sabemos que no hay que matar al vecino?

Hay que diferenciar ahora el verbo “saber”, información, del verbo “deber”, moral y del verbo no-matar que es el polo pasivo de la interiorización del tabú.

Todo el mundo sabe que no hay que matar al prójimo y yo diria que hay una gran mayoría de humanos que seguimos este mandato, los homicidios descienden en todo el mundo de una manera progresiva desde 1900 para acá (aunque en el 2008 hayan ascendido en nuestro país en un cifra alarmante comparada con el 2007) . También algunos sabemos que matar a otro es una cosa que no debe hacerse, por muchos motivos: morales, cívicos, racionales unos e irracionales otros y sobre todo porque existen códigos jurídicos, políticos, policíacos que persiguen el crimen, el único argumento que sirve a algunos de disuasión frente al delito, aunque hay otros argumentos blandos por ejemplo: que se trata de algo irreversible, porque a nosotros tampoco nos gustaria que nos mataran, etc. Existen argumentos de todo tipo para no llevar a cabo esta miserable conducta y sin embargo hay gente que la sigue llevando a la práctica.

¿Por qué?

La falta de información, los déficits morales (la degeneración moral de Magnan), la patología psiquiátrica, la miseria económica que es la explicación marxista del crimen o la misteriosa etiqueta de “conductas antisociales” no bastan para explicarnos el por qué algunas personas se saltan a la torera un precepto que a la mayoria de nosotros nos parece algo normal, algo natural que no precisa que cavilemos demasiado en el asunto. No hay que matar y ya está.

Lo cierto es que la mayor parte de nosotros no necesitamos pensar en ello porque lo hemos incorporado o interiorizado. Y una vez interiorizado un tabú (una prohibición) ya no necesitamos pensar en ello porque se ha insertado en nuestro patrimonio -nuestro campo- epigenético. Se ha convertido en biología y ha dejado de ser una cuestión moral sobre la que podemos opinar o mantener opciones distintas.

H. C . Waddington fue un biólogo y genetista escocés que planteó el termino epigenética para explicar algunas interacciones entre el medio ambiente y los individuos que se realizaba no a través de la via del ADN sino a través de influencias medioambientales en la expresión o transcripción de la herencia genética propiamente dicha: la epigenética estudiaria pues el medio ambiente de la célula. Hoy se le da mucha más importancia a la epigenética que a la genética misma en la convicción de que gran parte de las conductas y las patologias humanas pueden explicarse mejor desde este doble origen que hace que el medio ambiente penetre en lo más íntimo de nuestro patrimonio genético -sin afectar necesariamente al ADN nuclear- y conmute procesos que no se hubieran producido sin esas aferencias de información.

La evolución no sólo opera sobre rasgos genéticos sino tambien sobre rasgos conductuales, ambientales, mórficos y simbólicos.

Lo curioso de esos aprendizajes que los humanos realizamos individualmente es que son aprendizajes que nos vienen insertados por la cultura o la tradición sin que seamos demasiado conscientes de ello. Un ejemplo es la prohibición del “No matarás”, ¿cómo hacemos la mayor parte de nosotros para cumplir este mandato sin que nunca nadie nos haya hablado del asunto?

Ahora compare usted este mandato con este otro:

“Hay que conducir siempre con el cinturón de seguridad puesto” o

“Si conduce absténgase de beber alcohol”

¿Que diferencias observa?

Ambas son prohibiciones pero existe una diferencia fundamental entre ellas: la primera prohibición es antiquísima, data de unos 50.000 años y las segundas solo tienen una década. Los efectos que ambas prohibiciones tienen en los cerebros individuales son inmensas, las primeras se han automatizado, se guardaron en un lugar muy lejano a la corteza cerebral, se encuentran en los planos mas profundos del cerebro, alli donde guardamos los patrones de acción fijos para andar, beber, comer o movernos sin pensar, se han corporizado. La segundas están en nuestro consciente, hemos de pensar en ellas y forzosamente a veces las olvidamos, todavia no han penetrado en nuestro inconsciente, aun no se han automatizado y no son todavía cuerpo sino idea.

Para que una idea se corporice hacen falta al menos tres generaciones (unos 60-80 años) pero es necesario además que la idea haya logrado penetrar en los cerebros de nuestros progenitores al menos para que la acaten si lleva un “no” delante. Sólo después de haber pasado por tres generaciones de linajes no homicidas podemos pensar que en nosotros no existe pulsión homicida alguna y que es muy poco probable que alimentemos abogados o pleitos por esa causa. Pero existe aun algo más sorprendente: puede existir una culpa transgeneracional por algun crimen que el sujeto no cometió, ni contempló ni tiene noticia alguna sobre el asunto. Todo parece indicar que las transgresiones de prohibiciones ancestrales -igual que las prohibiciones- pasan de generación en generación tratando de encontrar un huesped que les ponga fin: es el tema de la maldición familiar o del destino, un tema que se encuentra bien explorado por los mitos. El tema de la redención individual de toda una estirpe.

Este proceso de interiorización de un mandato transbiológico como es la orden de “no matar” puede tener interrupciones, excepciones y obstáculos, el principal y más conocido es la guerra. En la guerra no solamente se detiene el mandato sino que es posible que matar sea necesario para sobrevivir lo que cambia el panorama de anteriores interiorizaciones colectivas, asi y todo las guerras son escenarios de crimenes gratuitos y sádicos como ya estamos acostumbrados a ver en los informativos. La guerra es una enfermedad traumática para más de una generación, nosotros por ejemplo seamos hijos o nietos de los que hicieron la guerra civil estamos contaminados en España por aquel conflicto y en cierto modo todavía estamos sufriendo las consecuencias, ¿quién de nosotros no tuvo un pariente asesinado o un criminal en aquella contienda?

Lo que señala en la dirección de que tantos los valores como sus transgresiones -los vicios- se trasmiten del mismo modo y a través de las mismas vias simbólico-culturales y terminan convirtiéndose en algo corpóreo.

Lo importante es caer en la cuenta de que los tabúes o prohibiciones culturales se insertan en nuestro cuerpo como si fueran instrucciones genéticas aun sin serlo y que se trasmiten como si fueran genes replicándose a si mismos aun sin estar compuestas de ADN.

Lo que redunda en la idea que más arriba expuse: que la via genética no es la unica via de trasmisión de caracteres innatos. El tabú de “no matarás” es innato a pesar de no venir codificado en nuestro genoma. Cuando un niño viene al mundo ya accede a él mediante un conocimiento previo (no es una tabla rasa) se trata de aprendizajes culturales, históricos, étnicos e incluso filogenéticos que no necesariamente se encuentran codificados en su ADN.

Es muy posible que todos los sistemas de inhibición de la agresividad no sean sistemas neurobiológicos heredados sino campos epigenéticos aprendidos que terminan por interiorizarse y que se comportan como si fueran cuasigenes. La inhibición de la agresividad puede realizarse de muchas formas pero siempre necesita de un otro que la desactive, a través de la sumisión, del llanto, de la debilidad o de la ternura es como los animales desactivan la agresión de los adultos, nosotros los humanos tambien sabemos hacerlo y tenemos además la empatia que es un añadido relacionado con la capacidad de nuestro cerebro de encontrar similitudes con nuestros semejantes.

En este post hablé de la metacognición y la empatía: una de las prestaciones de nuestro cerebro emocional.

Efectivamente el Verbo puede hacerse carne, que es otra manera de decir que lo cultural puede encarnarse y hacerse proceso biológico a través de esa interfase que llamamos inconsciente: el lugar donde Psique y Soma se encuentran no solamente bis a bis, uno frente a otro sino donde el individuo se articula con la corporalidad del mundo.