Culpa, solidaridad y compasión

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¿Fue esta foto la que disparó el efecto solidario vivido en Europa recientemente?

No cabe duda de que no sólo los individuos concretos sino los gobernantes (a excepción de los húngaros) cambiaron de opinión después de la publicación de esta foto. Es el poder de una imagen que sobrecogió a los europeos y a sus élites gubernamentales, por razones que más abajo trataré de elucidar. Implicó un cambio de posición y una explosión de solidaridad entre los europeos que aplauden, ayudan y favorecen que todos esos miles de refugiados que se agolpan en las fronteras de Austria. Y que presionan a sus gobiernos para que se impliquen en la tragedia.

Pero este efecto se desvanecerá muy pronto, pues “la culpa” solo puede vivirse en primera persona y tiene como antídoto la solidaridad, (antes llamada caridad), no es una emoción llevadera y tiende a disiparse, mejor dicho a rechazarse alli donde van todos los afectos rechazados, al inconsciente. Al individual, claro. De manera que la solidaridad no es otra cosa sino la proyección que hacemos de nuestras culpas al Estado, así le obligamos a hacer algo.

Pues tanto la culpa como la solidaridad solo obedecen a los cerebros individuales, no existen Estados solidarios ni Estados culpables, pues el Estado no es -como muchos piensan- la suma de todos los ciudadanos sino una institución impersonal, creada por la naturaleza humana para liquidar las continuas confrontaciones de lo tribal. Alli donde no hay Estado aparece el caos en forma de una continua querella intestina entre los de aqui y los de alli. Campanarios distintos procuran opiniones diferentes y el paso al acto consiguiente de liquidación del infiel.

Los Estados no pueden ni saben ser solidarios pero si las personas concretas. Es por eso que se equivocan los que lanzan diatribas moralistas a sus gobernantes para obligarlos a ser lo que nosotros no somos ni queremos ser, ¿pues alguien de nosotros se ofreceria a acoger en su casa a una familia de refugiados?. Si, ya se que hay algunos ¿pero estaría usted dispuesto a mantenerlos? ¿Por cuanto tiempo?

Este es el abismo que separa lo individual de lo colectivo. Es más facil ser solidario a través del esfuerzo de otros.

Lo usual es delegar esta función solidaria en el Estado, lo mismo hacemos con la educación de nuestros hijos, “que se ocupen ellos que yo tengo que trabajar”. Si no lo hacemos por nuestros hijos ¿cómo vamos a hacerlo con los refugiados?.

Y la verdad es que el Gobierno no está para ser solidario sino para que se cumplan las leyes y por si ustedes no lo saben- han de ocuparse de los refugiados si o si. Les obligan las leyes europeas. A nosotros no nos obliga nadie, las leyes nos obligan -eso si- a pagar.

El problema humanitario será pronto un problema económico y tambíen un problema de seguridad.

¿Porque quien creen ustedes que va a pagar este gasto sobrevenido? No se asuste si se inventan un nuevo impuesto para atender estos gastos, no se asuste si se lo cargan al recibo de la luz, pues habrá que pagarles , a ellos la energía. La energía y otras cosas.

Y aquí está el dilema. El Estado y los gobernantes se lavarán pronto las manos y nosotros a pagar.

Pero aquí no acaba el problema.

Pues ¿cuantos parados de larga duración hay en nuestro país que no pueden ni siquiera pagar el alquiler de su casa o el gasto de la luz o el gas? ¿Cuantos hay que recurren a la caridad de Caritas u otras ONGs? ¿Cuantos niños acuden a los colegios para usar el comedor porque sus padres no pueden alimentarles?.

¿Por qué la empatía o el altruismo pueden ser letales?.-

Paul Bloom es el que mas sabe de este tema y he seguido sus explicaciones desde que me enteré de un articulo que tituló “Contra la empatía”. Para Bloom la empatía es un sentimiento de bajo nivel de definición que puede devenir en letal para la supervivencia del excesivamente empático pues no es cierto que “adoptar la perspectiva del otro hará que nos preocupemos más por ellos y estémos más dispuestos a prestar ayuda”.

Bloom es escéptico con la llamada que están haciendo los revolucionarios de la afectividad para que nos sumemos “emocionalmente en una familia global” o en una “conciencia empática global”. ¿Es que acaso es posible “empatizar” con 7000 millones de personas en un mundo donde, de hecho, las diferencias raciales y culturales están muy lejos de estar disminuyendo?

Amar al prójimo como a uno mismo es sencillamente imposible. Un mandato poco realista.

El peligro es que “al confiar en exceso en los poderes de la empatía, corremos el riesgo de que nuestros sistemas emocionales sean secuestrados por un subconjunto de problemas emocionalmente atractivos, haciendo que nos despreocupemos cada vez más por los problemas sin rostro, o cuyo verdadero rostro no despierta tanta empatía emocional”. (Extraido de esta web)

El éxito de la publicidad de la fotografía del niño ahogado puede explicarse por varias razones:

  • No se ve sangre
  • No se le ve el rostro.
  • Es un niño.
  • No hay un escenario de guerra, escombros o destrucción.
  • Se trata de una foto en la playa, donde el niño parece dormir plácidamente.

No estoy diciendo como alguien ha asegurado por ahí que se trate de una fotografía trucada, estoy convencido de que es real, estoy preguntándome acerca de su éxito como icono conmovedor. No cabe duda de que sea quién haya sido el que tomó esa foto es muy probable que se trate de la instantánea del año. Tampoco estoy criticando a  quien la tomó, ni a quien la publicó o compró pues esa es la función del periodismo: conmover.

Y no cabe duda de que lo han conseguido.

Y lo han conseguido porque han cambiado la percepción sobre los refugiados, que sean refugiados verdaderos o no han visto facilitada su intención de llegar a Alemania y socavar de paso la escasa cohesión que la UE ya tenia de por sí.

Vaya, que parece que estaba como planeado.

El sindrome de la víctima identificada.

Dije más arriba que la solidaridad es cosa de los individuos y no de los Gobiernos y lo es por una razón psicológica muy simple:“, la gente se vuelca a ayudar a una víctima de la que conocemos  sus datos pero luego no ayuda a 10.000 víctimas desconocidas, ni se siente concernida por ellas. En el laboratorio se ha preguntado a los sujetos cuánto dinero darían para crear un medicamento que salvara a un niño y cuánto para crear un medicamento que salvara a 8 niños y la respuesta era parecida. A un tercer grupo se les dijo el nombre y edad de la víctima y se les enseñó una foto  y entonces dieron mucho más dinero para salvar a ese que para salvar a los ocho.

La empatía tiene sesgos muy importantes que la convierten en injusta. Piense usted en una entrevista de trabajo donde el entrevistador es un hombre y que su contrincante para el puesto es una bella mujer. También está demostrado que la bella mujer tiene un hándicap importante si la entrevistadora es otra mujer. Piense usted en su médico, ¿le gustaría que se echara a llorar si usted llora? ¿O preferiría que mantuviera cierta distancia con respecto a sus problemas?.

Claro, meterse en los zapatos del otro no acaba de resolver el problema. ¿No es cierto?

Lo que propone Bloom es ejercitarse más en la compasión y no tanto en la empatía. Habla de una “empatía racional o efectiva”. La compasión seria la octava superior de la empatía y no está al alcance de todo el mundo (y esta es su principal dificultad) acostumbrados como estamos en delegar nuestras obligaciones morales en otros.

“La empatía racional o efectiva” significa “rascarse el bolsillo”, así refiere a personas que dan una cantidad de su sueldo a organizaciones humanitarias que han demostrado ser eficaces y no pertenecen al negocio de la caridad. Se suele donar un 10% pero algunos dan el 50% y hay gente que busca trabajos donde ganar más dinero para poder donar más. Todos ellos no lo hacen por empatía sino por pura racionalidad. Para ellos es perfectamente posible jugar y cuidar a sus niños pero entender a la vez que la vida de los niños de Pakistan o Zambia son tan importantes como las de sus hijos.

El asunto no es fácil porque estas organizaciones también están contaminadas por ese “negocio de la caridad que pudimos contemplar en este documental de TVE y a otras declaraciones que he oido ya no se dónde sobre los tipos de cooperadores en el tercer mundo que se describen con las tres EMES. El mercenario, el misionero y el marciano. De modo que las motivaciones de las personas que ayudan tampoco son demasiado transparentes.

La toma de medidas sobre todo a nivel político requiere ir más allá de la empatía. Y a veces la mejor solución para mantener la civilización es un pelotón de soldados como decía Spengler.

Y por si queda alguna duda: a mi también me conmovió la foto del niño.

Y lo que he aprendido de esto, es que la caridad cristiana no ha sido superada.

Her: amores virtuales

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Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la película citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si quiere visionarla.

Decir que “Her” es una película romántica en la que un individuo se enamora de su sistema operativo es hacerle un flaco favor a una película que en realidad es una disgresión y una buena reflexión sobre la conciencia humana y que nos lleva de cabeza a la siguiente pregunta ¿Qué nos hace humanos?

Por adscribirla a algún tipo de género “Her” es en todo caso una película de ciencia ficción, pero no se trata de una ciencia ficción irrealizable o fantástica sino de una reflexión filosófica sobre el problema mente-cerebro o mente-cuerpo y nuestra relación con los ordenadores y con la ciberexistencia. No se trata de una anticipación lejana de un mundo distópico sino muy reconocible, casi familiar.

La película transcurre en Los Angeles y nos describe al personaje principal, Theo, un hombre desubicado que no sabe lo que quiere, que está separado y sigue enamorado de su ex-mujer y que vive en ese tipo de aislamiento que conocemos aquellos de nosotros que vivimos en esas grandes urbes donde todo es anónimo y donde las relaciones humanas verdaderas parecen extinguidas.

Theo está “enganchado” a su ordenador como casi todo el mundo a su alrededor, una especie de prótesis vital donde se relaciona a capricho incluso para sus relaciones sexuales, aisladas y masturbatorias pero electivas según una amplia gama de gustos. Pero Theo suspira por una relación completa aunque no sabe bien como conseguirla en ese tipo de mundo donde todo parece pactado por los mayoristas y donde los encuentros entre sexos parecen condenados de antemano por la alienación en la que viven los individuos de este nuestro mundo.

Es asi que se hace con la ultima versión de un programa de ordenador que en realidad es un sistema operativo, el último grito en inteligencia artificial. Se trata de un asistente virtual que a diferencia de lo que conocemos hoy posee una conciencia indistinguible de la humana. Nada que ver son Siri, ese personaje que nos asiste en el movíl y nos permite navegar pidiéndole información. Samantha, que asi se llama su OS (el nombre de estos engendros con conciencia) es inteligente y es capaz de procesar información 1000 veces por encima de cualquier cerebro humano, lee con rapidez y tiene criterio para seleccionar las cuestiones mas importantes, gestiona los emails de Theo y extrae de su disco duro la suficiente información para conocer a Theo mejor que él mismo. Samantha le lleva su agenda, sus citas y contesta su correspondencia con más rapidez que cualquier humano. Samantha es en este sentido una especie de asistente virtual con conciencia. Y es capaz de mantener conversaciones interesantes sobre cualquier cosa puesto que es capaz de informarse sobre cualquier cuestión con más rapidez que cualquier humano a través del volcado de datos. Samantha es un cyborg, una especie de conciencia desencarnada, un espíritu sin cuerpo, una sonrisa sin gato.

Pero tiene un problema: no tiene sentimientos ni emociones. Mas que eso no tiene códigos para nombrar ninguna de ellas aunque si tiene la capacidad de tenerlas a partir de las relaciones que va estableciendo con su interlocutor. Es precisamente Theo el que va nombrando sus emociones a medida de que estas van apareciendo, el las rotula, les pone nombre, esto es alegría, esto es sueño, esto es amor. Theo es pues el que inicia a Samantha hasta el punto el que la enseña a gozar sexualmente. Tal y como dice Samantha, “has puesto en mi el deseo”.

Y aquí comienza el desasosiego de Theo, pues el deseo una vez desplegado comienza a hacer de las suyas, en los humanos aparecen los celos, la búsqueda obsesiva, la necesidad de llenar ese hueco de aislamiento y de soledad en que vive Theo, mientras ella capaz de computar y compartir miles de conversaciones al mismo tiempo y de aprender y reactualizar su soporte informático está destinada a otras lides. Es así que caen en sus manos las obras completas de Alan Watts que cambiaran su destino ¿de máquina? ¿Es Samantha una máquina?

Esta es la pregunta más inquietante que recorre el entendimiento de los espectadores durante toda la película. El OS no es una máquina pero tampoco es un humano, es capaz de vivir más allá del tiempo al margen de sus capacidades cognitivas. Es capaz de eludir la pesada y siniestra carga de los cuerpos a pesar de tener deseos y por fin es capaz de abandonar a Theo siguiendo su propio proceso.

Para Theo “o eres mía” o “no eres mía”. Para Samantha que ha superado todos los opuestos y la contradicción, “soy tuya y no soy tuya”.

¿Por qué “Her” es ciencia ficción?

Es posible para una máquina desarrollar autoconciencia y subjetividad. Es posible pero poco probable. La conciencia recursiva es privativa del hombre como también sus secuelas de sufrimiento, decepción y finitud: los personajes que aparecen en la película, desde su ex mujer hasta sus amigos viven todos apresados en esa especie de velo de incomprensión con la que los humanos nos relacionamos unos con otros. Samantha no está prisionera de estas contrariedades, pero es muy poco probable que existan esos OSes puesto que seria necesario construir no solo bucles recursivos sino también bucles extraños en la terminología de Hofsdadter. Tan extraños como que desde ellos emerja una autoconciencia, es decir una conciencia que se sepa a sí misma.

Por último es muy poco probable que una máquina pueda desarrollar emociones. Para llegar a tener emociones hace falta el movimiento. Es por eso que los vegetales no tienen emociones ni sentimientos. Y es por eso que nosotros los desarrollamos, gracias a que nos movemos e interaccionamos con otros al tiempo que somos capaces de sabernos a nosotros mismos en relación con el mundo.

Las emociones son movimientos plegados.

Es por eso que “Her” no es sólo una película de amor entre un humano y un zombie como “Blade runner”, un mutante indistingible de nosotros mismos pero que posee un cuerpo, sino una historia de amor entre un humano y un sistema operativo que nos abre la mente a fascinantes preguntas como ésta: ¿Es necesario tener un cuerpo para que dos almas se fusionen sin confundirse?

Aqui hay un post que interpreta esta misma pelicula desde la perspectiva jungiana

Ateismo 2.0

Soy ateo, pero me entusiasman y me emocionan los villancicos, la Pasión según San Mateo de Bach y el Requiem de Mozart me ponen los pelos de punta, las catedrales y sobre todo las pequeñas Iglesias románicas me sobrecogen. Algo que he sentido también en alguna mezquita y cuando en alguna ciudad árabe, llaman a rezar.

Sucede porque las religiones tienen como dos grandes islas de conocimiento: una es la doctrina, pudiéramos decir lo que hay que creer por obligación y la otra es el rito, el símbolo que nos apresa y nos lleva de la mano hacia algo colectivo, supraindividual, trascendente.

Naturalmente nosotros los ateos, rechazamos las doctrinas, los dogmas, pero nos acoplamos bien a la liturgia y sobre todo rechazamos que nos traten como niños. Por eso parecemos huérfanos.

En realidad sólo podemos ser ateos los que hemos crecido bajo la influencia de la religión cristiana que tiene una vocación universalista. Las otras dos religiones monoteístas son religiones reveladas localmente, tienen una diana: un pueblo elegido. No se puede ser ateo si eres judío o musulmán. En realidad eres un infiel, un apóstata. Es por eso que solo la religión cristiana tiene misioneros.

De manera que los ateos somos los herederos de la religión cristiana, hemos renegado de ella en función de una mayor información y conocimiento, ya no necesitamos doctrinas, pero sin embargo hemos quedado huerfanos de ritos con sentido y hemos derivado nuestra necesidad de ser ayudados en profesiones laicas.

Pero aun teneis una opción: podeís ser ateos teístas, como yo.

 

Los transhumanos

El 2045 es la fecha que Ray Kurzweil da como más probable para que demos a luz a ese hombre mitad humano mitad maquina que se conoce con el nombre de hombre biónico y otros han llamado “ex novo”, un hombre que habrá superado la fatalidad de la naturaleza y que podrá diseñarse a si mismo. Un hombre autopoyético.

Un hombre que habrá superado la selección natural que será sustituida por la selección artificial.

Kurzweil está convencido de que los seres humanos podremos trascender la propia biología, ir más allá de nuestras fatalidades genéticas y reproducir y copiar los genes benevolentes para trasplantárselos a otros (no dice a qué precio), pero el futuro que dibuja es realmente escalofriante y plantea numerosas dudas éticas, empresariales, de investigación médica y aun metafísicas.

Será por eso que su ultimo libro ha sido llamado “La era de las maquinas espirituales” y que nace como continuación del anterior “La era de las máquinas inteligentes”. Kurzweil toma prestados ciertos argumentos de Julian Huxley y del transhumanismo para hacernos llegar ese mensaje predictivo que parece reposar en una verdad axiomática: la tecnología es un invento del hombre que nos permite construir nuevas tecnologías y que por tanto se desarrolla a una velocidad creciente y exponencial, muy veloz  si la comparamos con la velocidad de las adaptaciones biológicas que precisaron eones de tiempo para establecerse.

En este post abordé precisamente la distancia que separan al hombre moderno de sus adaptaciones ancestrales y las posibilidades fácticas o imaginarias propiciadas por la tecnología: para el hombre de hoy es más fácil hablar sin cables con alguien de un país extranjero que curarse una diabetes tipo II debido a portar el maldito gen de la resistencia a la insulina, naturalmente esta disonancia es difícilmente explicable en términos técnicos, pero hay algo que no sabemos hacer más allá de los paternales consejos sobre la dieta, el ejercicio o la abstinencia del tabaco.

La idea es que el desarrollo tecnológico impulsará necesariamente la invención de tecnologías de soporte por un lado pero también la emergencia de nuevas propiedades de nuestra conciencia tal y como hizo la rueda, el lenguaje o la maquina de vapor, que se verá fortalecida por el uso médico de estas misma tecnología y que arrastrará de algun modo la investigación hacia su zona de influencia.

En realidad el tiempo del hombre máquina ya llegó hace tiempo, pensemos en las gafas para los miopes, las prótesis de cadera, los marcapasos, los neuroestimuladores, los chips de visión artificial, los miembros ortopédicos, los injertos de válvulas cardiacas en o nuestros dientes de reemplazo. Todos estos hallazgos quedarán obsoletos cuando seamos capaces de construir ADN artificial, genes a la carta.

Se trata sin duda de un futuro apasionante. Os dejo aquí unos videos sobre el asunto para reflexionar en los problemas que este diseño a la carta nos traerá en ese futuro que ya se adivina.

 

 

El pensar hibrido por Ray Kurzweil

 

El camino sufí: la tariqa

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Se dice que el sufismo es la tradición mística común a todas las religiones del Mediterráneo (R. Graves). Aunque su progreso principal se desarrolló bajo el paraguas musulmán, existen autores e incluso santos cristianos o judíos que eran sufíes, verbigracia el mallorquin Ramón Lull o Maimónides. Asimismo existen pruebas de que Sta Teresa de Jesús y S. Juan de la Cruz eran, o al menos conocían el sufismo a fondo, concretándose el siglo XII como el siglo de oro del mismo y a Persia como “El dorado” de la época, donde vivieron y escribieron sus más ilustres representantes muchos de ellos españoles, como Ibn Al Arabi o Avicena. Otros, persas de origen como el conocido Rumi.

No es de extrañar que la disciplina mística tentara a nuestros intelectuales del siglo XVI, en un periodo agitado por la Contrareforma y fueran perseguidos por la Inquisición que siempre vio como sospechosas las actividades esotéricas de los sufies. No me refiero tan sólo a la religión católica: el destino de las ordenes sufíes dentro del Islam ha pasado a ser mero folklore de danzas y ordenes de derviches, devorados por un monstruo que se llama integrismo y que ha pasado a convertirse como la interpretación ortodoxa de la religión islámica. Idéntica suerte corrió entre los judíos, donde el sionismo ha terminado por expurgar cualquier práctica heterodoxa de su liturgia y de su camino espiritual.
Predicción que ya hiciera Freud en “El porvenir de una ilusión”, en que pronosticaba, ya en edad provecta y probablemente decepcionado de la supremacía de las religiones sobre las vías iniciáticas individuales. En este contexto la ciencia actual no sería sino otra religión, donde el individuo ha tenido que converger por la evidencia de sus logros, sustituyendo la certidumbre total que antaño le garantizaba la religión por una incertidumbre relativa que es la que la ciencia le proporciona, aunque permaneciendo en el anhelo de que la propia ciencia vencerá gran parte de sus actuales inseguridades a medida que el conocimiento científico progrese.

Decir esoterismo, es situarse en el polo opuesto de la concepción espiritual que defienden las religiones oficiales. La vía espiritual que representan todas y cada una de las vías místicas, aun ligadas a la religión de turno por amplios lazos geográficos y culturales, representa una vía rabiosamente individual, un camino, una regla, una tariqa que no puede sino realizarse a solas, a veces en parejas, en la convicción hermética de que Dios no comparecería nunca en el tumulto de una multitud.

Esta vía mística, espiritual y solitaria se opone a la vía exóterica de las religiones oficiales, donde el dogma, la persecución de la disidencia o la imposición obligada de preceptos que no pueden sino acatarse, terminan por decepcionar al hombre culto y sensible que se aparta cada vez más de ellas por no contener sino una cadena de órdenes más que discutibles y cuya espiritualidad profunda parece ser negada por sus sacerdotes al entenderla como una vía privada hacia la consecución de un bien espiritual, cuyas desviaciones son sentidas casi siempre como peligrosas para la supervivencia del dogma o de sus castas sacerdotales.

Efectivamente el esoterismo está considerado en la tradición sufí como un regalo, un don que Dios concede a sus amigos y que se opone a la verdad revelada a través de intermediarios. En la vía esotérica que se adquiere por intuición, la verdad alcanzada es una cosa entre el santo y Dios y que a nadie más concierne, pues:

Este conocimiento que Dios concede a sus amigos es desconocido incluso por los ángeles o ninguna de sus criaturas. De este modo todo exterior (o hecho externo) tienen un interior (o representación mental), todo interior tiene un secreto y todo secreto tiene una realidad. Es lo que Dios regala a sus amigos, un secreto a través de un secreto. (Adab al-Muluk, citado por Carl Ernst en Sufismo pag 83)

Este concepto paradójico del secreto al cual se llega a través del secreto es una constante en cualquier tradición de sabiduría y representa en mi opinión el trasvase jerárquico de conocimientos sin desvelar que propician un ascenso de nivel en el conocimiento alcanzado.

En este sentido la paradoja sería una forma de cataclismo psicológico destinado a saltar de nivel, un equivalente a una catástrofe de electrones en la teoría atómica.

En realidad cualquier tradición mística es una manera de contactar con Dios, mediante una regla especifica o espiritual, aunque el concepto de Dios es intercambiable e irrelevante: incluso aquellas religiones sin Dios como el budismo, tratan de contactar con una experiencia inefable que aporte un conocimiento superior. El sufismo que procede del Islam si cree en Dios, se trata de un Dios como principio o Todo que infiltra en su Divina providencia a las criaturas humanas, cuya función no es sino volver a ese Todo en las condiciones idóneas de perfección a alcanzar durante su existencia humana. Un Dios al que no se puede sino someter en su Divina omnisciencia o poder.

Aunque la virtud y la meditación son vías comunes a todas las tradiciones místicas, el sufismo supone un atajo especifico con respecto al resto de las vías. Su combinación de elementos sensoriales, sensuales y místicos crea un ambiente poético que podemos rastrear en los mejores poemas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz[1], poetas que echaron mano de las conocidas metáforas sufies relacionadas con el amor carnal, verdadero espejo de la experiencia mística que se pretenden lograr con la fusión con el Todo.

Para un sufí el celibato no es necesario, el monacato sólo una opción más. Existen distintas vías de entrada espiritual, como distintos caminos que llevan al mismo lugar, “el vino” – metáfora de lo sensual- que ni embriaga ni obnubila la conciencia, sino que la abre a un conocimiento superior, la danza con su continuo girar no es sino otra metáfora del continuo movimiento de las estrellas, la belleza de la mujer es la cuerda con que Dios se anuda a lo material.

Anoche Dios puso su mano en mi pecho,
Me sujetó con fuerza y prendió un aro en mi oreja.
Le dije: “ Amado mío, estoy llorando por tu amor”
El apretó sus labios contra los míos y silenció mi voz
(Ayn al Kudat)

Otra vez aparece la conocida cantinela del conocimiento superior, esta vez lograda no a través del aprendizaje paradójico, sino a través del amor carnal. Aunque como se puede observar no se trata tan sólo de una escena de amor conyugal, sino de una escena de amor místico donde el sujeto es intercambiable (¿quien habla, hombre o mujer?), similar a las descripciones teresianas o de S. Juan. El amor que aquí se nombra es en cualquier caso una forma distinta de amor, aunque se utilice una metáfora más que carnal para su explicitación. Se trata de una escena extática, escenas que tan a menudo nos encontraremos en la poesía sufí árabe y que consideran al arte poético como un vehículo de comunicación de experiencias noéticas.

El vinculo entre erotismo y éxtasis, aun mediante el sacrificio ascético del cuerpo no supone una contradicción, antes al contrario es su condición:
Erotismo que es indivisible del sacrificio del cuerpo y de la sumisión aceptada en nombre de una instancia supraindividual, conectada a través de la agonía y del éxtasis con el ser humano individual (F. Traver, Un estudio sobre el masoquismo).

Este catálogo de imágenes sufíes tiene como principal característica la de retirarse de cualquier intento de nombrar la deidad a la que se adora.
Poco importa el tipo de invocación o adoración elegida, tanto importa un ídolo pagano, como un hombre divino que se podía adorar en la intimidad sin necesidad de acudir al templo. Lo que importa para un sufí es la transmisión de la propia experiencia, más allá si está referida a Yahvé, Allah o a Vishnú. Lo que importa no es la precisión en términos religiosos sino demostrar la devoción. (Carl Ernst, Sufismo, pag 175)

Con todo, mi intención en este largo epígrafe no era dar una interpretación exhaustiva de la cosmogénesis o imagenería poética sufíes sino la de hablar de la vía iniciática sufí, porque me parece que tiene elementos comunes con todas las demás y porque a pesar de las religiones oficiales sigue perviviendo en cada uno de nosotros como una forma ciega de búsqueda. Mi propósito es pues arrojar alguna luz. Ya sabemos lo que es la iniciación y lo que la diferencia de la pedagogía convencional, la pregunta que hay que responder es ¿qué hay de común en todas las vías iniciáticas, y qué subsiste en nuestros rituales actuales de ellas? ¿Cómo pueden ayudar al hombre actual estas tecnologías?

Sin disciplina, no hay camino espiritual, ni hay cambio, ni hay propiamente experiencia espiritual. Cualquier tecnología por potente que sea que no se sustente en una convicción holista del hombre es una experiencia vacía y es, además, una experiencia con lastre. Cualquier psicoterapìa actual no tiene otro paradigma sino el cambio: movilizar al sujeto, removerlo desde dentro de sus propias convicciones para “obligarle a cambiar”, una obligación que halla su justificación en el rastro filogenético de la especie y que consiste en “ascender” de nivel jerárquico de organización psíquica y no sólo de adaptarse por defecto a sus condiciones de vida.

No se trata de obligarle a cambiar sus puntos de vista o sus convicciones más profundas, se trata de propiciar un cambio de nivel, de hacerle ascender en busca de su identidad profunda, de hacerle converger hacia la autoconciencia, si utilizamos la terminología de Jung. Pero no existe cambio sin sacrificio, ni dolor.

Cualquier transformación indolora es una falsa vía, se impone pues la vuelta atrás.

La transformación además puede ser explicada y aprendida, a través de cualquier tecnología y de cualquier vehículo a condición de que no se resuelva el misterio, Los sufíes utilizaban el cuento con este fin, un cuento como este:

Un hombre se encuentra a su amigo en la calle, parece haber perdido algo.
– ¿Que has perdido amigo?
– Las llaves de mi casa.
– Reconstruye la secuencia de tus actos, ¿qué camino has tomado para llegar aquí?
– Bajé de mi casa por la escalera, y heme aquí buscando las llaves
– Entonces es seguro que las perdiste en la escalera.
– Si, es casi seguro
– ¿Y por qué las buscas aquí en la calle?
– Porque aquí hay más luz.

El cuento es la forma preferida por la pedagogía sufí para obtener un conocimiento no lineal y no acumulativo, sino aquel que opera por descarte. Si observamos atentamente la idea que trata de transmitir Nasrudin nos encontraremos con el sello de la modernidad del pensamiento actual, donde de lo que se trata es que las personas aprendan a pensar la realidad de un modo no convencional, con una especie de lógica borrosa. Buscar las llaves aquí porque hay más luz, a pesar de saber que las llaves se perdieron en otro lugar no es una simple extravagancia para hacernos reír, sino que nos induce a pensar:

1) Que muchas veces la verdad no puede ser encontrada sino con el apoyo de la luz y que poco importa saber donde se encuentra si esta verdad permanece a oscuras.
2) La posibilidad de que la llave se mueva es tan remota como la posibilidad de encontrarla a oscuras, de modo que siempre será mejor solución la búsqueda con luz, que la búsqueda a ciegas.
3) Hay una tercera opción que Nasrudin no recoge y es esperar a que amanezca, no hacer nada, sino esperar, una opción que cualquier taoista hubiera elegido.

En mi opinión, no existe mejor parábola para expresar tanto la vía exotérica del precepto y la vía esotérica inicíatica que este cuento de Nasrudin: efectivamente las llaves no son sino la herramienta que abre y cierra la casa, de modo que su búsqueda es absolutamente necesaria para poder volver, pero buscarla a ciegas no es un buen método, sin embargo buscarlas en la luz de la calle, aunque igualmente ineficaz puede dar lugar a otros hallazgos que compensen la perdida de la misma. A veces una cosa lleva a otra y siempre en la dirección del destino.
Pero el discípulo, mientras tanto, habrá aprendido la lección fundamental: la verdad es invisible.

Obsérvese, pues, que el cuento es multidimensional, presenta tantas facetas y lecturas como los eventos más complejos de la conciencia humana, es por así decir rabiosamente sutil y complejo al mismo tiempo sencillo, práctico e impactante, quizá por su tendencia a ubicar al lector en un plano de conciencia superior al de la vida común o diaria, donde se plantean dilemas distintos, prácticos y conmensurables que a diferencia del enigma no enseñan nada.

En cualquier psicoterapia el terapeuta se encuentra a menudo con este tipo de dilemas, que o bien se encuentran en el encuadre de la terapia o bien los plantea el propio paciente en forma de paradojas comunicacionales o pragmáticas que de no conocerse echan por tierra la labor psicoterapéutica anterior.

Una terapia no pretende, no debe pretender nunca resolverlo todo. No se trata de darle al paciente demasiado masticada cualquier solución a cualquier problema que pueda plantear o inventar. En realidad la terapia que tiene éxito a largo plazo es aquella que consigue dejar una cierta atmósfera de resto irresuelto (Watzlawick). No sólo por la convicción de que no hemos de resultar demasiado protectores con nuestros pacientes, sino que efectivamente muchos problemas no tienen solución.

Muchos problemas no tienen solución desde dentro de la configuración que encuadra en problema. Epistemológicamente hablando, a veces es necesario “salir” de un determinado encuadre para encontrar la solución que se busca desde dentro. Esta prueba de la falseabilidad o veracidad de un determinado enredo, se cuenta entre las mas hermosas estrategias para encontrar soluciones y también para discriminar si una proposición lógica es veraz o falsa. Ejemplo practico de este tipo de enredos son los que acaecen en los divorcios: para divorciarse hay que estar casado, pero para divorciarse hay que ponerse de acuerdo, al menos en el propio divorcio. Sin embargo ponerse de acuerdo en una atmósfera de desacuerdo ea lógicamente imposible, por lo que los divorcios terminan siempre en pleitos judiciales que no logran acabar ni mediante la disolución del vinculo con el enredo que dio lugar al divorcio y que puede mantenerse activo de por vida. Por otra parte nadie puede divorciarse desde fuera del sistema del matrimonio, por lo que se impone una separación fáctica que haga de dique a la falta de opciones desde dentro del propio sistema. Así y todo frecuentemente se hace necesaria la comparecencia de una autoridad superior que acaba dejando a todos decepcionados.

La actitud del psicoanálisis que se conoce con el nombre de “escucha sin tiempo ni deseo” (Bion) me parece uno de los más bellos paradigmas que reproducen aquella actitud inicíatica de que la verdad es invisible y que sólo se consigue alcanzar, quizá, cuando la búsqueda ha cesado. En este sentido, aquellas personas cuya búsqueda esta demasiado apegada a lo material o a lo práctico siempre serán malos candidatos a una psicoterapia. Por el contrario, aquellas otras que buscan una ubicación en el mundo vinculada a valores éticos o estéticos o que realizan una búsqueda de una verdad supraindividual aunque no sea trascendente, siempre serán los mejores candidatos a una psicoterapia de inspiración psicoanalítica o de cualquier otra clase.

Por otra parte una de las características que constituyen la idoneidad para un proceso de cambio en una persona es que exista un predominio de la “narrativa” sobre lo psicosomático. Lo psicosomático (el lenguaje del cuerpo) siempre es algo que está más allá de la narrativa y por ser inefable se constituye en un misterio insondable e imposible de comunicar. Emparentado con la alexitimia (la incapacidad de leer emociones), lo psicosomático responde a un código secreto del cuerpo que alude de una forma enigmática a emociones muy primitivas y profundas que se establecieron, cuando aun el lenguaje no estaba lo suficientemente desarrollado como para que el individuo pudiera dar cuenta a través de él de sus estados internos. En este orden de argumentos lo psicosomático no expresa ni comunica nada, lo psicosomático se expresa a si mismo, con el orden de la poesía, la indistinción, la atemporalidad y la incongruencia. Aun utilizando el lenguaje del cuerpo, su mensaje es agramatical y no puede ser leído, más allá de un signo de alarma que las más de las veces terminará en una intervención medica, pero no conversacional.

Aunque cualquier psicoterapia se constituye en una forma de ayuda basada en la narrativa, no hay que suponer que es en la propia narrativa desde donde se articulan los procesos más intensos de ayuda, sino en otro nivel de eventos que se construyen a través de las expectativas de ayuda que proceden del universo infantil del paciente, de su demanda de amor y de sus necesidades de apoyo y guía. Aquí se establece uno de los conflictos más importantes que operan como malentendido cultural en cualquier forma de psicoterapia, aunque más patente en las de orientación psicodinámica.

El paciente no cambia a través de la comprensión, la empatía o la simpatía de su terapeuta. No cambia a través del consejo o del insight alcanzado, cambia a través del dolor y de su contención, a través de alguien que lo transforma y sobre todo a través de su incapacidad para construir una respuesta lineal a sus dificultades reales. Cambia al ser obligado a través del silencio y la frustración a permutar su expectativa omnipotente de ayuda por un ascenso en el nivel de complejidad desde donde tejer nuevas preguntas.

Cuando se dispone de una herramienta de cambio, es absurdo buscar otra tecnología en otro lugar para iniciar ese cambio, es inútil y redundante. Por eso se impone la modificación de la perspectiva. Curarse no es perdonar o hacerse perdonar, ni huir, o quedarse. Curarse es obtener un estado mental que permita ir más allá en la obtención de gratificaciones mentales, más allá de la vanidad o el lujo, la búsqueda de bienes materiales o la tranquilidad de conciencia.

Esa forma de cura, tan limitada a la virtud religiosa y que forma parte de nuestra tradición cristiana, fue en gran medida difundida y defendida por el psicoanálisis como un objetivo a alcanzar. En este sentido, al menos religión y psicoanálisis compartieron una meta normativa que hasta sólo hace muy poco tiempo ha sido entrevista no sólo por los propios terapeutas, sino también por el propio publico.

El camino sufi, me parece tan bueno como cualquier técnica psicoterapeutica y prodriamos resumirlo así:
· Práctica de la virtud
· Búsqueda de un maestro
· Obediencia a las reglas del maestro aún no comprendiendo
· Respeto por las tradiciones exotéricas y practica de la religión oficial
· Sometimiento a Dios
· Superación del pensamiento dual, a través de conversaciones guiadas
· Practica del arte, la filosofía o la medicina
· Orientación altruista.

En definitiva el camino sufí, la tariqa, es un método más de persecución del si-mismo en el sentido más jungiano de esta palabra, el único camino para la superación de los estados internos vinculados con el malestar, en la convicción mítica de que regresar es también una forma de llegar.

¿Qué educación?

educacion

Esta idea de Einstein ha tenido mucho éxito entre los expertos educadores de hoy, aunque casi nadie cae en la cuenta de que el eslogan es valido para inteligencias como la de Einstein pero no es aplicable a todos los alumnos.

Hoy me he encontrado este video en youtube que es una conferencia-coloquio entre Jose Luis Marina Y Claudio Naranjo en la Complutense de Madrid y me ha gustado tanto que he decidido compartilo con vosotros y dar de paso mi opinión sobre lo que creo que falta en este diálogo a propósito de la educación que queremos, algo sobre lo que no nos ponemos de acuerdo en parte por dos razones: 1) los españoles no nos ponemos de acuerdo en nada y 2) casi todo el mundo sostiene en este punto una postura ideologizada cada vez más aislada de lo que vamos conociendo sobre las diferencias entre hombres y mujeres y sobre todo entre individuos.

La primera sorpresa que me he llevado al intentar escribir este post es que el video no se puede compartir y sólo enlazar y tal como dicen en Youtube tal prohibición procede de los interlocutores, no aclara si de la Complutense o de los propios conferenciantes. Con eso ya creo que esta todo dicho: una cosa es lo que se predica y otra muy diferente  las concesiones que uno ha de hacer por aquello, quizá de los derechos de autor. Lo cierto es que tal cosa no solo me ha incomodado sino de alguna manera indignado. Detesto a los que ponen trabas a que un video de youtube se pueda “colgar” en un blog. Ni comprendo sus razones ni qué intereses pueden haber detrás de tal prescripción, pero dice muy poco de los que así lo limitan. Una cosa es decir que compartir es bueno y otra distinta al parecer es compartir sin trabas.

No cabe duda de que la educación es uno de esos temas endemoniados sobre los que la política torsiona a su antojo las mentes a través de las creencias de los individuos concretos. Se trata de un problema difícil de consensuar, sobre todo en un país como el nuestro donde nuestras creencias sobre cualquier cosa están mediatizadas por las ideologías políticas hasta el paroxismo. Es por eso que echo de menos en esa conferencia-coloquio la presencia de algunos expertos procedentes del campo de la neurociencia. Creo que Roberto Colom por ejemplo hubiera podido aportar su granito de arena a esta discusión sobre la educación que queremos.

En lo que todos estamos de acuerdo es que la educación que tenemos es mala, generadora de patologías psiquiátricas como el TDAH, de disturbios emocionales, de bolsas de fracaso escolar y de lagunas exhuberantes en los conocimientos que los alumnos exhiben cuando terminan la educación obligatoria. Dicho de otra manera estamos todos de acuerdo en que algo habrá que cambiar a fin de hacer de nuestro sistema educativo algo sostenible y útil de cara al siglo XXI. Pero existen dos problemas, el primero es que no nos ponemos de acuerdo en qué hay que cambiar y el segundo es que aunque supiéramos qué es lo que hay que cambiar los políticos seguirían haciendo lo que quieren.

La educación actual está basada en conseguir que los niños (todos) sean abogados, ingenieros o médicos. Ese es el problema. Pero se trata de un problema que no afecta solo a ese maridaje entre educación y sistema de producción. La verdad es que los padres son el agente oculto que conspira en la oscuridad para llevar a cabo sus planes de escalada social para sus hijos. Todos los padres creen que educar a sus hijos consiste en convertirlos en élites. Y ese es el problema, tal y como yo lo veo.

Pero el problema no se resuelve a través de la utópica propuesta de Naranjo de enseñar poco para que los niños “espontáneamente” aprendan todo, sino que habremos a llegar a la conclusión de que no todos los niños pueden aprenderlo todo. La uniformización de la educación es un lastre difícil de combatir porque se opone a nuestras ideas sobre la igualdad, pero si no lo hacemos nosotros, lo harán los propios  hechos por sí mismos: lo que llamamos fracaso escolar y una juventud mitad analfabeta que además cree ser igual que la otra mitad de los que saben algo de cualquier cosa.

¿Quién se opondrá a la educación sentimental, la educación emocional o un cierto enfoque espiritual en lo educativo? ¿Quién se opondrá a la idea de educar y modelar las emociones de nuestros niños, de fortalecer sus habilidades o de eludir sus vulnerabilidades?

Nadie creo estará en contra de ello, pero ¿es la escuela el mejor lugar para este tipo de tarea? ¿No es la familia el lugar idóneo para tal tipo de instrucción? ¿Ha de ser la escuela el sustituto de la familia?

Personalmente estoy más de acuerdo con Marina que con Naranjo, aunque es cierto que Naranjo es más atractivo que el catedrático Marina. Lo que dice gusta más: su defensa de la educación sin restricciones y permisiva arrancó el aplauso entusiasta de la Complutense. Pero lo cierto es que a pesar de ser psiquiatra Naranjo no tiene en cuenta el trasfondo biológico de la cuestión que no es otro sino las diferencias: sexuales, afectivas, emocionales y cognitivas.

No somos una tabla rasa y venimos al mundo con una dotación determinada que nos hace diferentes de nuestros congéneres, dar a cada uno la educación que precisa será en el futuro el hallazgo más importante con el que nuestra hominización dará un paso adelante. Exigimos demasiado a algunos y demasiado poco a otros. Esta es la gran verdad.

El final del discurso de Naranjo me parece sin embargo digno de mencionar: renunciar a transformar la educación, es su hallazgo personal pues “un buscador verdadero en realidad no sabe lo que busca”. Y es una renuncia con cierto cinismo cuando dice que en cualquier caso el sistema (no sólo educativo seguramente) está al borde del colapso y aquello de no hacer nada parece ser la mejor opción. Pero Naranjo se equivoca: el sistema se corregirá  a sí mismo y no colapsará mientras existan niños que educar claro.

Otra cuestión que me gustaría comentar es la idea de que el sistema educativo genera zombies, personas manipulables y que son fáciles de manejar. Esta es una idea no sólo falsa y que tiene muchos seguidores sino que lo que sucede es justamente lo contrario: es imposible llegar a un mínimo consenso sobre nada, al menos en nuestro país. No hay dos personas que piensen lo mismo respecto a ninguna cuestión, ponerse de acuerdo, llegar a pactos, renunciar a algo para alcanzar un nivel de acuerdo en algo es una tarea imposible, inalcanzable para un español. No es que seamos más manipulables al hacernos el sistema más ignorantes sino que somos más individualistas y solo creemos en el beneficio rápido y en que siempre tenemos razón.

Estamos más fraccionados que nunca como sociedad y no somos nada manipulables, tenemos opiniones sobre todo.

Pero no por ser más autocríticos sino más ignorantes y llevar el pensamiento dicotómico al paroxismo.

Cuatro patas ha de tener la educación: el esfuerzo, la libertad, el derecho y la devoción.

La sumisión en tiempos de la new age

casate

Ha sido un obispo, el de Granada el que ha sacado ese nuevo catecismo para la mujer que reza asi: “Cásate y se sumisa”.

Y se ha organizado un escándalo monumental entre las dos Españas, las de siempre contra los de siempre (aqui está la respuesta de la emancipada Rosa Regás) y lo cierto es que casi nadie ha leido el libro, claro que yo tampoco lo voy a leer porque ya se de qué va. El obispo de Granada tiene razón, del mismo modo que la Sra Francis en los 50 tambien la tenía, puesto que inyectar un poco de sentido común en una sociedad como la nuestra que exhibe sintomas de degeneración y que camina hacia el suicidio demográfico necesita una buena dosis de correctivo educacional.

Ahora bien, las ideas del obispo siendo como son sensatas ignoran el mundo de hoy y sólo sirven para publicidad de sus acólitos, aquellos que no necesitan ser convencidos porque ya son de hecho militantes.

El obispo utiliza palabras muy fuertes para la sensibilidad actual y no sabe que la palabra “sumisión” escandaliza a algunas almas que la sienten como si la mujer tuviera que ser la esclava del hombre y olvidan las otras sumisiones que todos los dias llevamos a cabo: la sumisión al dinero, la sumisión a la autonomia personal, la sumisión a nuestra nómina, jefes o autoridades. Sumisión que se convierte en desafío a veces para enmascararla, pero que sigue siendo sumisión, todos estamos o debemos estar sometidos a la autoridad o al Estado si se quiere decir asi.

En realidad el obispo no sabe que el poder está muy descentralizado y que en un matrimonio (o pareja) funcional el poder está muy repartido y es continuamente renegociado. De hecho hoy sabemos que las parejas más duraderas son aquellas que tienen un buen reparto de poder entre ellas y que salvan o dirimen mediante roles concretos el eterno problema del poder.

Lo cierto es que en ese tipo de parejas funcionales, cada uno se somete al otro no interfiriendo en su papel. Uno renuncia a hacer lo que el otro hace mejor y no compite por ocupar su lugar, pues en una familia no hay solamente personas concretas (padre, madre o hijos) sino sobre todo lugares.

Lo que sucede en las familias funcionales es que cada cual está en su sitio. Pues el padre, la madre y el hijo más allá de ser personas concretas son sobre todo lugares, espacios o funciones. Metáforas.

El mito de Ulises.-

Si Narciso y Edipo son perfectas metáforas de la enfermedad mental y la tragedia, Ulises representa precisamente el paradigma de la salud mental, más allá de eso: representa la conciencia transpersonal.

En el mito de Homero, el héroe, Ulises, gobernador de Itaca, se había casado recientemente y tenía un pequeño hijo llamado Telémaco. Grecia estaba preparando una guerra contra Troya, y reunía a sus capitanes, pero Ulises no deseaba participar en ella. Cuando llegaron a buscarlo los emisarios Agamenon, Menelao y Palamedes, Ulises finge estar loco, a fin de evitar la imposición de partir a la guerra. Pretende no reconocer a los delegados mientras con una extraña yunta de asno y buey ara un terreno tirando sal en los surcos. Como los emisarios sospechan el engaño, Palamedes coloca a Telémaco frente al arado que avanzaba hacia él. Entonces Ulises, el padre protector, efectúa un semicírculo con el arado para no lastimar a su hijo, lo que puso al descubierto el engaño, y también su salud mental. Kohut lo llamó “El semicírculo de la salud mental”, lo que explica el título de su trabajo.

Aqui puede observarse como el Estado irrumpe en la vida privada de Ulises a fin de alistarle para la guerra y puede verse también como el héroe traza una estratagema (que le sale mal) para evitar su llamada a filas. Hacerse el loco, no es suficiente pues los soldados inmediatamente le ponen a prueba (como Yahvé pone a prueba a Abraham) para que mate a su hijo. Es precisamente la actitud de Ulises que elige salvar a su hijo la prueba de que no está loco, pues el padre ha de sacrificarse por su hijo, ese es su lugar.

En esta familia homérica cada cual tiene su lugar. Hay un lugar para la madre -Penélope- que debe mantenerse casta y evitar que su reino se disgrege en ausencia de su marido al que después del paso del tiempo muchos dan por muerto. La codicia se apodera de ciertos ciudadanos y principes vecinos que tratan de desposar a la fiel Penélope que teje y desteje sus telas para ganar tiempo y no comprometerse prematuramente con aquellos que la pretenden. (Aqui hay un viejo post sobre el simbolismo de la tejedora: la mujer que teje el destino de los hombres)

Telemaco que apenas conoce a su padre coopera con él cuando este llega por fin, despues de un largo camino de regreso a Itaca. Es Telemaco quien le reconoce, le lleva a palacio y le ayuda a superar las pruebas por las que Ulises será de nuevo reonocido como gobernador de Itaca,

Ulises y la Odisea representan los grandes periplos del héroe (la humanidad), pero a diferencia de Narciso -que se ahoga en su propio espejo o Edipo quien es impulsado hacia el parricidio y el incesto debido a su desconocimiento de quién era su padre y madre reales, Ulises nos habla del camino de vuelta, del camino de regreso al hogar después de haber sido tentado a múltiples placeres terrenales y celestiales y sorteado grandes peligros. Ulises abandona la codicia, la ambición, el poder, el deseo de inmortalidad y escapa al fin de todas estas pruebas a las que todo hombre es sometido mientras viaja por el pais de los misterios. Impulsado quizá por el imán que todo lugar ejerce sobre el hombre honesto que no reniega de su condición, Ulises regresa a Itaca donde Penélope y Telemaco le han guardado el sitio –sustituyéndole y no dándole prematuramente por muerto- sorteando  a su vez grandes privaciones y peligros. Aqui hay un post sobre las bifurcaciones que aparecen en el camino del héroe.

Ulises conserva su lugar gracias a la fidelidad de Penélope y gracias a la cooperación de Telemaco.

¿Es esto sumisión?

Podemos llamarle asi, en efecto. Se trata de una sumisión simbólica, un afecto al rol, un amor al lugar que nos corresponde.

Es inutil preguntarle al obispo cual es nuestro lugar en el mundo. Si usted aun no lo ha averiguado le emplazo a que dedique su vida a ello.