El misticismo secular

La secularización del mundo puede definirse con aquel proceso o paso desde una sociedad organizada desde un paradigma religioso a una sociedad civil. En Europa, este paso tuvo derivadas políticas en forma de violencia, desastres y anarquía y enormes cambios sociales que se atribuyen a la Revolución francesa que vino acompañada de un enorme terremoto cultural: la Ilustración, apoyado en distintas formas de entender el naturalismo. Pues esa era la idea: sustituir el derecho feudal por el derecho natural.

Así la secularización tiene versiones políticas, la aparición del tercer Estado, la burguesía, pero también consecuencias científicas como por ejemplo la consideración de que las enfermedades mentales eran enfermedades genuinas como las enfermedades somáticas y como no, consecuencias culturales: la Enciclopedia.

Pero la secularización supuso un cambio en el orden político de consecuencias inciertas tal y como siempre sucede con las revoluciones, donde el caos tiende a limitarse -cuando ya no es posible manejarle- con soluciones drásticas. Es necesario recordar que Napoleon y el Imperio – La Grandeur– es una consecuencia directa de la Revolución francesa.

Sin embargo la secularización, es decir la idea que las relaciones entre los hombres, y los hombres con el Estado ya no estaban fundadas sobre la teología divina y que dictaba el clero en convivencia con la nobleza, trajo muchos problemas morales a la población civil. Problemas que han ido instaurándose poco a poco, de manera sutil sobre el imaginario de los ciudadanos y que podríamos responder atendiendo a esta pregunta ¿Por qué es bueno ser bueno si Dios ya no aparece como árbitro de nuestros actos?

Esta pregunta no es baladí pues toda moral necesita de un Fundamento y no cabe duda de que el Antiguo régimen contenía una cláusula fundamental: el mandato divino es el Fundamento de toda moral. El problema vino después, si Dios ya no es el fundamento de nuestra moral ¿quién está a cargo?

La solución que se dio a este problema se llamaba República, esto es lo que hoy llamamos civismo republicano: libertad, fraternidad e igualdad, eran las guías de la nueva moral, una moral civil completamente despojada de su origen, un mandato divino inapelable. Una moral a cargo del Estado que se mantuvo como el garante de la seguridad y libertad de sus individuos a través del derecho republicano. Algo que paulatinamente fueron adoptando todos los Estados en Europa que pasaron así a declararse aconfesionales y a tolerar cualquier culto religioso en su seno. Algo que se universaizó en Europa con el idealismo kantiano, que es un cristianismo protestón.

De manera que hoy vivimos en sociedades secularizadas pero…

Pero había algo que quedó colgando en el tintero de la historia, un anhelo que quedó suspendido en el aire: la pretensión del hombre de participar en la divinidad que justificaba moralmente a otros personajes de ficción romántica como Raskolnikov en «Crimen y castigo» que declara que «Si Dios no existe todo está permitido». Una forma de decir que sin Fundamento divino no puede existir moral o bien que el hombre debería convertirse en Dios tal y como Nietzsche sugirió.

El gnosticismo es una doctrina surgida del cristianismo primitivo -y que terminó declarada como herejía- que sugería que la salvación individual no sobrevendría solamente por el sacrificio de Cristo o la fe, sino que era necesario que cada hombre y cada mujer adquirieran un cierto conocimiento de lo divino a fin de acercarse a él. Pues gnosticismo significa «conocimiento». Su contrario es el agnosticismo, es decir la aceptación de que Dios, de existir no puede ser hackeado por la voluntad del hombre pues el concepto de Dios es inabarcable e inaccesible a la mente humana. Dios -de ser algo- no es ni una persona, ni siquiera un ser con existencia biológica propia, Dios puede ser una serie de leyes físicas desconocidas por los hombres, una especie de programa de ordenador, algo que gobierna el cosmos o que como en el post anterior se parece más bien a un océano informe y sin planes bien descrito por Stanislaw Lem. Mas que eso: podría haber un Dios creador y un Dios sin capacidad creadora pero organizadora conocido como Demiurgo.

Pero a pesar de su declive en la doctrina católica, el gnosticismo ha tenido mucho éxito popular , es la base de la masonería por ejemplo, pero también de ciertas creencias esotéricas de la salvación, es decir de la vida eterna. Se mezclan sincréticamente creencias orientalistas e ideas de la filosofía griega, principalmente platónica. Es una creencia dualista: el bien frente al mal, el espíritu frente a la materia, el ser supremo frente al Demiurgo, el espíritu frente al cuerpo y el alma. Es pues una creencia maniquea, que necesita de lo diabólico para mantenerse en pie.

Es también la base de ciertos movimientos sociales que son en realidad una rebelión contra los poderes establecidos y que en muchas ocasiones rayan en lo conspiranoico, como la creencia en ciertos remedios que no son medicamentos controlados, o la creencia en extraterrestres, en el Gran despertar o en la confederación galáctica (termino extraído de la ciencia ficción de Asimov) tienen hoy muchos creyentes, así como la creencia de la llegada de un nuevo Mesías que muchos creyeron encontrar en Donald Trump o que la entrada en la 5ª dimensión está ya preparada para la ascensión de los elegidos, sin que nadie haya explicado ni comprendido qué es eso de la 5ª dimensión. Dicho de otra forma: el mundo está lleno de gnósticos que mantienen la vieja teoría de que por una parte están los despiertos (ellos) y por otra los dormidos. Los que usan estos adjetivos ignoran hasta que punto los primitivos gnósticos eran también algo elitistas y que los dormidos siempre son los otros.

Pero lo cierto es que ese mismo elitismo es el que practican las élites, me refiero a las élites verdaderas, las que tienen la sartén por el mango. Ellos también piensan que el conocimiento – en este caso del demiurgo- es una especie de escalera, que contienen 33 escalones y que ese escalón 33 supone el climax del conocimiento. Un conocimiento que sirve para, en teoría mejorar el mundo, bajo el mando, claro está, de los despiertos.

Yo soy agnóstico y ya sabéis qué significa esta palabra pero es verdad que estoy interesado en el conocimiento, pero no creo que podamos acceder a un conocimiento más allá de lo que nuestros sentidos puedan computar, a cambio estoy a favor de la tradición y el derecho natural y para mi la sociedad civil es el Fundamento de la moral, si bien esta sociedad civil parece hoy trastornada por las formas en que nuestras democracias se han ido instalando, siempre de manera imperfecta sobre fórmulas que parecen perpetuar el poder de ciertas castas políticas o financieras. Pero arreglar el mundo es una tarea a la que renuncié en mi juventud, me parece una tarea sospechosa y siempre relacionada con ciertos vacíos en el conocimiento que algunos esperan alcanzar por gracia divina. Arreglar el mundo es tarea de gnósticos, esos que no gobiernan en parte alguna pero son tan influyentes que colocan a sus peones en los gobiernos.

Pero hay algo que se: las ingenierías sociales siempre fracasan y lo hacen porque no tienen en cuenta los anhelos humanos tanto conscientes como inconscientes y lo cierto es que hay más democracia en un casal fallero que en el congreso de los diputados.

Culpa, solidaridad y compasión

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¿Fue esta foto la que disparó el efecto solidario vivido en Europa recientemente?

No cabe duda de que no sólo los individuos concretos sino los gobernantes (a excepción de los húngaros) cambiaron de opinión después de la publicación de esta foto. Es el poder de una imagen que sobrecogió a los europeos y a sus élites gubernamentales, por razones que más abajo trataré de elucidar. Implicó un cambio de posición y una explosión de solidaridad entre los europeos que aplauden, ayudan y favorecen que todos esos miles de refugiados que se agolpan en las fronteras de Austria. Y que presionan a sus gobiernos para que se impliquen en la tragedia.

Pero este efecto se desvanecerá muy pronto, pues «la culpa» solo puede vivirse en primera persona y tiene como antídoto la solidaridad, (antes llamada caridad), no es una emoción llevadera y tiende a disiparse, mejor dicho a rechazarse alli donde van todos los afectos rechazados, al inconsciente. Al individual, claro. De manera que la solidaridad no es otra cosa sino la proyección que hacemos de nuestras culpas al Estado, así le obligamos a hacer algo.

Pues tanto la culpa como la solidaridad solo obedecen a los cerebros individuales, no existen Estados solidarios ni Estados culpables, pues el Estado no es -como muchos piensan- la suma de todos los ciudadanos sino una institución impersonal, creada por la naturaleza humana para liquidar las continuas confrontaciones de lo tribal. Alli donde no hay Estado aparece el caos en forma de una continua querella intestina entre los de aqui y los de alli. Campanarios distintos procuran opiniones diferentes y el paso al acto consiguiente de liquidación del infiel.

Los Estados no pueden ni saben ser solidarios pero si las personas concretas. Es por eso que se equivocan los que lanzan diatribas moralistas a sus gobernantes para obligarlos a ser lo que nosotros no somos ni queremos ser, ¿pues alguien de nosotros se ofreceria a acoger en su casa a una familia de refugiados?. Si, ya se que hay algunos ¿pero estaría usted dispuesto a mantenerlos? ¿Por cuanto tiempo?

Este es el abismo que separa lo individual de lo colectivo. Es más facil ser solidario a través del esfuerzo de otros.

Lo usual es delegar esta función solidaria en el Estado, lo mismo hacemos con la educación de nuestros hijos, «que se ocupen ellos que yo tengo que trabajar». Si no lo hacemos por nuestros hijos ¿cómo vamos a hacerlo con los refugiados?.

Y la verdad es que el Gobierno no está para ser solidario sino para que se cumplan las leyes y por si ustedes no lo saben- han de ocuparse de los refugiados si o si. Les obligan las leyes europeas. A nosotros no nos obliga nadie, las leyes nos obligan -eso si- a pagar.

El problema humanitario será pronto un problema económico y tambíen un problema de seguridad.

¿Porque quien creen ustedes que va a pagar este gasto sobrevenido? No se asuste si se inventan un nuevo impuesto para atender estos gastos, no se asuste si se lo cargan al recibo de la luz, pues habrá que pagarles , a ellos la energía. La energía y otras cosas.

Y aquí está el dilema. El Estado y los gobernantes se lavarán pronto las manos y nosotros a pagar.

Pero aquí no acaba el problema.

Pues ¿cuantos parados de larga duración hay en nuestro país que no pueden ni siquiera pagar el alquiler de su casa o el gasto de la luz o el gas? ¿Cuantos hay que recurren a la caridad de Caritas u otras ONGs? ¿Cuantos niños acuden a los colegios para usar el comedor porque sus padres no pueden alimentarles?.

¿Por qué la empatía o el altruismo pueden ser letales?.-

Paul Bloom es el que mas sabe de este tema y he seguido sus explicaciones desde que me enteré de un articulo que tituló «Contra la empatía». Para Bloom la empatía es un sentimiento de bajo nivel de definición que puede devenir en letal para la supervivencia del excesivamente empático pues no es cierto que «adoptar la perspectiva del otro hará que nos preocupemos más por ellos y estémos más dispuestos a prestar ayuda”.

Bloom es escéptico con la llamada que están haciendo los revolucionarios de la afectividad para que nos sumemos “emocionalmente en una familia global” o en una “conciencia empática global”. ¿Es que acaso es posible “empatizar” con 7000 millones de personas en un mundo donde, de hecho, las diferencias raciales y culturales están muy lejos de estar disminuyendo?

Amar al prójimo como a uno mismo es sencillamente imposible. Un mandato poco realista.

El peligro es que «al confiar en exceso en los poderes de la empatía, corremos el riesgo de que nuestros sistemas emocionales sean secuestrados por un subconjunto de problemas emocionalmente atractivos, haciendo que nos despreocupemos cada vez más por los problemas sin rostro, o cuyo verdadero rostro no despierta tanta empatía emocional». (Extraido de esta web)

El éxito de la publicidad de la fotografía del niño ahogado puede explicarse por varias razones:

  • No se ve sangre
  • No se le ve el rostro.
  • Es un niño.
  • No hay un escenario de guerra, escombros o destrucción.
  • Se trata de una foto en la playa, donde el niño parece dormir plácidamente.

No estoy diciendo como alguien ha asegurado por ahí que se trate de una fotografía trucada, estoy convencido de que es real, estoy preguntándome acerca de su éxito como icono conmovedor. No cabe duda de que sea quién haya sido el que tomó esa foto es muy probable que se trate de la instantánea del año. Tampoco estoy criticando a  quien la tomó, ni a quien la publicó o compró pues esa es la función del periodismo: conmover.

Y no cabe duda de que lo han conseguido.

Y lo han conseguido porque han cambiado la percepción sobre los refugiados, que sean refugiados verdaderos o no han visto facilitada su intención de llegar a Alemania y socavar de paso la escasa cohesión que la UE ya tenia de por sí.

Vaya, que parece que estaba como planeado.

El sindrome de la víctima identificada.

Dije más arriba que la solidaridad es cosa de los individuos y no de los Gobiernos y lo es por una razón psicológica muy simple:“, la gente se vuelca a ayudar a una víctima de la que conocemos  sus datos pero luego no ayuda a 10.000 víctimas desconocidas, ni se siente concernida por ellas. En el laboratorio se ha preguntado a los sujetos cuánto dinero darían para crear un medicamento que salvara a un niño y cuánto para crear un medicamento que salvara a 8 niños y la respuesta era parecida. A un tercer grupo se les dijo el nombre y edad de la víctima y se les enseñó una foto  y entonces dieron mucho más dinero para salvar a ese que para salvar a los ocho.

La empatía tiene sesgos muy importantes que la convierten en injusta. Piense usted en una entrevista de trabajo donde el entrevistador es un hombre y que su contrincante para el puesto es una bella mujer. También está demostrado que la bella mujer tiene un hándicap importante si la entrevistadora es otra mujer. Piense usted en su médico, ¿le gustaría que se echara a llorar si usted llora? ¿O preferiría que mantuviera cierta distancia con respecto a sus problemas?.

Claro, meterse en los zapatos del otro no acaba de resolver el problema. ¿No es cierto?

Lo que propone Bloom es ejercitarse más en la compasión y no tanto en la empatía. Habla de una «empatía racional o efectiva». La compasión seria la octava superior de la empatía y no está al alcance de todo el mundo (y esta es su principal dificultad) acostumbrados como estamos en delegar nuestras obligaciones morales en otros.

«La empatía racional o efectiva» significa «rascarse el bolsillo», así refiere a personas que dan una cantidad de su sueldo a organizaciones humanitarias que han demostrado ser eficaces y no pertenecen al negocio de la caridad. Se suele donar un 10% pero algunos dan el 50% y hay gente que busca trabajos donde ganar más dinero para poder donar más. Todos ellos no lo hacen por empatía sino por pura racionalidad. Para ellos es perfectamente posible jugar y cuidar a sus niños pero entender a la vez que la vida de los niños de Pakistan o Zambia son tan importantes como las de sus hijos.

El asunto no es fácil porque estas organizaciones también están contaminadas por ese «negocio de la caridad que pudimos contemplar en este documental de TVE y a otras declaraciones que he oido ya no se dónde sobre los tipos de cooperadores en el tercer mundo que se describen con las tres EMES. El mercenario, el misionero y el marciano. De modo que las motivaciones de las personas que ayudan tampoco son demasiado transparentes.

La toma de medidas sobre todo a nivel político requiere ir más allá de la empatía. Y a veces la mejor solución para mantener la civilización es un pelotón de soldados como decía Spengler.

Y por si queda alguna duda: a mi también me conmovió la foto del niño.

Y lo que he aprendido de esto, es que la caridad cristiana no ha sido superada.

Her: amores virtuales

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Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la película citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si quiere visionarla.

Decir que «Her» es una película romántica en la que un individuo se enamora de su sistema operativo es hacerle un flaco favor a una película que en realidad es una disgresión y una buena reflexión sobre la conciencia humana y que nos lleva de cabeza a la siguiente pregunta ¿Qué nos hace humanos?

Por adscribirla a algún tipo de género «Her» es en todo caso una película de ciencia ficción, pero no se trata de una ciencia ficción irrealizable o fantástica sino de una reflexión filosófica sobre el problema mente-cerebro o mente-cuerpo y nuestra relación con los ordenadores y con la ciberexistencia. No se trata de una anticipación lejana de un mundo distópico sino muy reconocible, casi familiar.

La película transcurre en Los Angeles y nos describe al personaje principal, Theo, un hombre desubicado que no sabe lo que quiere, que está separado y sigue enamorado de su ex-mujer y que vive en ese tipo de aislamiento que conocemos aquellos de nosotros que vivimos en esas grandes urbes donde todo es anónimo y donde las relaciones humanas verdaderas parecen extinguidas.

Theo está «enganchado» a su ordenador como casi todo el mundo a su alrededor, una especie de prótesis vital donde se relaciona a capricho incluso para sus relaciones sexuales, aisladas y masturbatorias pero electivas según una amplia gama de gustos. Pero Theo suspira por una relación completa aunque no sabe bien como conseguirla en ese tipo de mundo donde todo parece pactado por los mayoristas y donde los encuentros entre sexos parecen condenados de antemano por la alienación en la que viven los individuos de este nuestro mundo.

Es asi que se hace con la ultima versión de un programa de ordenador que en realidad es un sistema operativo, el último grito en inteligencia artificial. Se trata de un asistente virtual que a diferencia de lo que conocemos hoy posee una conciencia indistinguible de la humana. Nada que ver son Siri, ese personaje que nos asiste en el movíl y nos permite navegar pidiéndole información. Samantha, que asi se llama su OS (el nombre de estos engendros con conciencia) es inteligente y es capaz de procesar información 1000 veces por encima de cualquier cerebro humano, lee con rapidez y tiene criterio para seleccionar las cuestiones mas importantes, gestiona los emails de Theo y extrae de su disco duro la suficiente información para conocer a Theo mejor que él mismo. Samantha le lleva su agenda, sus citas y contesta su correspondencia con más rapidez que cualquier humano. Samantha es en este sentido una especie de asistente virtual con conciencia. Y es capaz de mantener conversaciones interesantes sobre cualquier cosa puesto que es capaz de informarse sobre cualquier cuestión con más rapidez que cualquier humano a través del volcado de datos. Samantha es un cyborg, una especie de conciencia desencarnada, un espíritu sin cuerpo, una sonrisa sin gato.

Pero tiene un problema: no tiene sentimientos ni emociones. Mas que eso no tiene códigos para nombrar ninguna de ellas aunque si tiene la capacidad de tenerlas a partir de las relaciones que va estableciendo con su interlocutor. Es precisamente Theo el que va nombrando sus emociones a medida de que estas van apareciendo, el las rotula, les pone nombre, esto es alegría, esto es sueño, esto es amor. Theo es pues el que inicia a Samantha hasta el punto el que la enseña a gozar sexualmente. Tal y como dice Samantha, «has puesto en mi el deseo».

Y aquí comienza el desasosiego de Theo, pues el deseo una vez desplegado comienza a hacer de las suyas, en los humanos aparecen los celos, la búsqueda obsesiva, la necesidad de llenar ese hueco de aislamiento y de soledad en que vive Theo, mientras ella capaz de computar y compartir miles de conversaciones al mismo tiempo y de aprender y reactualizar su soporte informático está destinada a otras lides. Es así que caen en sus manos las obras completas de Alan Watts que cambiaran su destino ¿de máquina? ¿Es Samantha una máquina?

Esta es la pregunta más inquietante que recorre el entendimiento de los espectadores durante toda la película. El OS no es una máquina pero tampoco es un humano, es capaz de vivir más allá del tiempo al margen de sus capacidades cognitivas. Es capaz de eludir la pesada y siniestra carga de los cuerpos a pesar de tener deseos y por fin es capaz de abandonar a Theo siguiendo su propio proceso.

Para Theo «o eres mía» o «no eres mía». Para Samantha que ha superado todos los opuestos y la contradicción, «soy tuya y no soy tuya».

¿Por qué «Her» es ciencia ficción?

Es posible para una máquina desarrollar autoconciencia y subjetividad. Es posible pero poco probable. La conciencia recursiva es privativa del hombre como también sus secuelas de sufrimiento, decepción y finitud: los personajes que aparecen en la película, desde su ex mujer hasta sus amigos viven todos apresados en esa especie de velo de incomprensión con la que los humanos nos relacionamos unos con otros. Samantha no está prisionera de estas contrariedades, pero es muy poco probable que existan esos OSes puesto que seria necesario construir no solo bucles recursivos sino también bucles extraños en la terminología de Hofsdadter. Tan extraños como que desde ellos emerja una autoconciencia, es decir una conciencia que se sepa a sí misma.

Por último es muy poco probable que una máquina pueda desarrollar emociones. Para llegar a tener emociones hace falta el movimiento. Es por eso que los vegetales no tienen emociones ni sentimientos. Y es por eso que nosotros los desarrollamos, gracias a que nos movemos e interaccionamos con otros al tiempo que somos capaces de sabernos a nosotros mismos en relación con el mundo.

Las emociones son movimientos plegados.

Es por eso que «Her» no es sólo una película de amor entre un humano y un zombie como «Blade runner», un mutante indistingible de nosotros mismos pero que posee un cuerpo, sino una historia de amor entre un humano y un sistema operativo que nos abre la mente a fascinantes preguntas como ésta: ¿Es necesario tener un cuerpo para que dos almas se fusionen sin confundirse?

Aqui hay un post que interpreta esta misma pelicula desde la perspectiva jungiana

Ateismo 2.0

Soy ateo, pero me entusiasman y me emocionan los villancicos, la Pasión según San Mateo de Bach y el Requiem de Mozart me ponen los pelos de punta, las catedrales y sobre todo las pequeñas Iglesias románicas me sobrecogen. Algo que he sentido también en alguna mezquita y cuando en alguna ciudad árabe, llaman a rezar.

Sucede porque las religiones tienen como dos grandes islas de conocimiento: una es la doctrina, pudiéramos decir lo que hay que creer por obligación y la otra es el rito, el símbolo que nos apresa y nos lleva de la mano hacia algo colectivo, supraindividual, trascendente.

Naturalmente nosotros los ateos, rechazamos las doctrinas, los dogmas, pero nos acoplamos bien a la liturgia y sobre todo rechazamos que nos traten como niños. Por eso parecemos huérfanos.

En realidad sólo podemos ser ateos los que hemos crecido bajo la influencia de la religión cristiana que tiene una vocación universalista. Las otras dos religiones monoteístas son religiones reveladas localmente, tienen una diana: un pueblo elegido. No se puede ser ateo si eres judío o musulmán. En realidad eres un infiel, un apóstata. Es por eso que solo la religión cristiana tiene misioneros.

De manera que los ateos somos los herederos de la religión cristiana, hemos renegado de ella en función de una mayor información y conocimiento, ya no necesitamos doctrinas, pero sin embargo hemos quedado huerfanos de ritos con sentido y hemos derivado nuestra necesidad de ser ayudados en profesiones laicas.

Pero aun teneis una opción: podeís ser ateos teístas, como yo.

 

Los transhumanos

El 2045 es la fecha que Ray Kurzweil da como más probable para que demos a luz a ese hombre mitad humano mitad maquina que se conoce con el nombre de hombre biónico y otros han llamado «ex novo», un hombre que habrá superado la fatalidad de la naturaleza y que podrá diseñarse a si mismo. Un hombre autopoyético.

Un hombre que habrá superado la selección natural que será sustituida por la selección artificial.

Kurzweil está convencido de que los seres humanos podremos trascender la propia biología, ir más allá de nuestras fatalidades genéticas y reproducir y copiar los genes benevolentes para trasplantárselos a otros (no dice a qué precio), pero el futuro que dibuja es realmente escalofriante y plantea numerosas dudas éticas, empresariales, de investigación médica y aun metafísicas.

Será por eso que su ultimo libro ha sido llamado “La era de las maquinas espirituales” y que nace como continuación del anterior “La era de las máquinas inteligentes”. Kurzweil toma prestados ciertos argumentos de Julian Huxley y del transhumanismo para hacernos llegar ese mensaje predictivo que parece reposar en una verdad axiomática: la tecnología es un invento del hombre que nos permite construir nuevas tecnologías y que por tanto se desarrolla a una velocidad creciente y exponencial, muy veloz  si la comparamos con la velocidad de las adaptaciones biológicas que precisaron eones de tiempo para establecerse.

En este post abordé precisamente la distancia que separan al hombre moderno de sus adaptaciones ancestrales y las posibilidades fácticas o imaginarias propiciadas por la tecnología: para el hombre de hoy es más fácil hablar sin cables con alguien de un país extranjero que curarse una diabetes tipo II debido a portar el maldito gen de la resistencia a la insulina, naturalmente esta disonancia es difícilmente explicable en términos técnicos, pero hay algo que no sabemos hacer más allá de los paternales consejos sobre la dieta, el ejercicio o la abstinencia del tabaco.

La idea es que el desarrollo tecnológico impulsará necesariamente la invención de tecnologías de soporte por un lado pero también la emergencia de nuevas propiedades de nuestra conciencia tal y como hizo la rueda, el lenguaje o la maquina de vapor, que se verá fortalecida por el uso médico de estas misma tecnología y que arrastrará de algun modo la investigación hacia su zona de influencia.

En realidad el tiempo del hombre máquina ya llegó hace tiempo, pensemos en las gafas para los miopes, las prótesis de cadera, los marcapasos, los neuroestimuladores, los chips de visión artificial, los miembros ortopédicos, los injertos de válvulas cardiacas en o nuestros dientes de reemplazo. Todos estos hallazgos quedarán obsoletos cuando seamos capaces de construir ADN artificial, genes a la carta.

Se trata sin duda de un futuro apasionante. Os dejo aquí unos videos sobre el asunto para reflexionar en los problemas que este diseño a la carta nos traerá en ese futuro que ya se adivina.

 

 

El pensar hibrido por Ray Kurzweil