El futuro son las ciudades

obsoleto

Recientemente he asistido al Colegio de médicos de mi ciudad porque se había convocado un acto político en el que los distintos partidos presentaron su programa electoral.

Lo cierto es que fue un acto bastante aburrido, como siempre en estos casos donde no se dicen más que vaguedades aunque el morbo estaba en escuchar a Ciudadanos y a Podemos. Una decepción, y ni siquiera el jovencísimo representante de Podemos nos escandalizó. Todos los partidos parecían iguales y haber pactado sobre lo políticamente correcto que en Sanidad es ese mantra que dice: que «la sanidad ha de ser universal, pública y gratuita». Poco más y nada menos que eso. Más que un consenso, un dogma.

El caso es que uno de los representantes de los partidos en un tono homiliar llamó la atención sobre un hecho para él muy relevante: la escasa asistencia de colegiados al citado acto. Efectivamente, apenas unas 40 personas asistimos y me distraje tratando de averiguar la edad media del certamen, unos 50 años.

Dicho de otro modo, los médicos jóvenes no asisten al colegio. ¿Es por la política?.

Lo cierto es que el Colegio de médicos y a pesar de que la Junta directiva no deja de proponer actividades diversas para que los colegiados participen no logran que haya presencia de los colegiados en la vida de la Institución. Y sucede por una razón:

Los colegios de médicos son una institución obsoleta que huele a naftalina y está llena de arrugas. En este sentido les pasa lo mismo que a los partidos políticos No sabemos para qué sirven a pesar de que sabemos que se sirven de si mismos en una especie de autoreferencia perpetua.

Hubo un tiempo en que los colegios eran corporaciones con cierto poder, tenían incluso potestad de sanción sobre los colegiados y además estarlo era obligatorio. Había tribunales de honor donde se afeaba a los colegiados que eran denunciados por alguien y había algo que afear. Había, por así decir una ética médica que respetar, hoy en dia los tribunales han sustituido a la sanción mediadora de los colegios y ya no sirven más que para organizar cenas, viajes o correderías de seguros.

La legalización de los sindicatos fue el primer golpe que sufrieron los colegios profesionales y hoy un médico que sólo trabaje en la pública no tiene obligatoriedad de estar colegiado. Digamos que es un reducto para aquellos que ejercen la medicina privada y para los nostálgicos que se aburren y no tienen donde ir a jugar al guiñote, aunque es cierto que allí, -como en ningún otro lugar- ya no se juega a cartas desde que fumar está prohibido en los locales cerrados.

Dicho de otra forma: allí ya no va nadie si no es a consultar al abogado o a resolver algún trámite con el seguro del coche.

Las instituciones se hacen viejas como las personas y es por eso que los jóvenes les dan la espalda pero a pesar de eso no hacen sino crecer, es como si se negaran a morir y se aferraran a una vida vegetativa. Lo nuevo y lo viejo siempre batiéndose en un perpetuo duelo dialéctico y lo peor: no sabemos aún qué es lo nuevo. ¿Quien tomará el relevo de lo viejo? ¿Habrá colegios de médicos dentro de 40 años? ¿Habrá diputaciones o casinos?

Lo que es más probable es que no haya Autonomías, una de las instituciones políticas más caras de mantener y con más corruptelas que amañar. No es que yo sea partidario del centralismo madrileño. No. En realidad yo era de aquellos que queríamos descentralización en aquel momento histórico en que Adolfo Suarez cantó el «café para todos», un gran error que ha sido al final el responsable de que en España no haya ya ni un duro en las arcas. Hoy Pedro Sanchez está intentando que Europa le de dinero para llevar a cabo su proyecto que no es desde luego un proyecto claro ni transparente. Es poco probable que Europa no le ponga condiciones draconianas y también es muy probable que Pedro haga todas las trampas que pueda (A estas horas aun no se sabe cómo quedará el reparto de ese dinero fiduciario).

Optar por la descentralización no tiene nada que ver con el modelo actual autonómico. ¿Para qué queremos parlamentos y consejerías que no hacen sino duplicar o triplicar el número de politicastros en nómina jugando al mismo juego que sus compañeros del Congreso de Madrid? Yo estaba y estoy a favor de descentralizar pero no a favor de duplicar. La razón es muy fácil de comprender. Si usted ha tenido alguna vez que ir a Madrid a algún ministerio a hacer una gestión, ya sabe cómo termina todo. «Vuelva usted mañana». En Madrid no resuelven nada por una razón muy fácil de entender, «No sufren sus consecuencias», tanto si es una carretera peligrosa, como una estación de ferrocarril o una simple gestión administrativa. Sin enchufe o -como se decía antes-, influencias es imposible mover nada en la capital del reino.

Por eso la descentralización era una buena idea de gestión, pero es una mala idea política que genera clientelismo por excesiva proximidad, duplica los gastos y la CCAA siempre andan endeudadas con leyes distintas para cada una de ellas y escasa cooperación. Demasiada nómina que mantener. En realidad la descentralización de la que hablo podría ser llevada a cabo por un puñado de gestores y los propios funcionarios de las Diputaciones en una especie de juramento de asepsia administrativa y contable

Pero hay otra fórmula que es la que creo que se impondrá en el futuro: me refiero al florecimiento administrativo de las ciudades y mancomunidades. Ceder las funciones que hoy ostentan las Autonomías a las ciudades y a sus consorcios es la solución que liquida el problema de la inmediatez, la proximidad y las duplicidades . Algo asi como una federación de municipios que se ocupara de los problemas de sus ciudadanos con toda la artillería que hoy está en manos de Autonomías lejanas y siempre burocratizadas.

Naturalmente Cataluña y el País vasco se negarán a este cambio, que en cualquier caso precisará de modificaciones importantes de la Constitución, pero qué importa: ellos que sigan con su modelo del siglo XIX y que se arruinen. Todas las corporaciones pugnarán por venir a Valencia, Murcia o Sevilla y cada ciudad además podrá poner sus condiciones para disponer de unas industrias u otras, incluso sus propias disposiciones municipales. Habrá competencia fiscal y no se le impondrá a los niños ningún idioma ni género.

Lo cierto es que los cantones fueron una buena idea, adelantada a su tiempo que se desperdició por una estúpida guerra.

 

Información, desinformación y ruido

soros

En el post anterior hice una breve incursión en el tema de las conspiranoias y en este me propongo abordar el tema desde un planteamiento general. Ya conté que si existe la conspiranoia es porque la realidad es siempre incompleta, al menos tal y como nos la cuentan los medios informativos, por no hablar de las incompletudes de la verdad jurídica que casi siempre nos resulta decepcionante.

Pero hay otras condiciones para la conspiranoia, una es la facilidad para su difusión, algo que Internet ha venido a cumplimentar sobradamente pues se trata de un medio donde cualquiera puede convertirse en editor de sus propias historias y relatos. Pero existe otra condición que a mi modo de ver es la condición más importante: necesitamos un mundo postmoderno y un pensamiento postmoderno.

¿Qué es la postmodernidad?.-

En este post de Pablo Malo podemos hacernos una idea muy completa de qué significa eso de la postmodernidad. Si la modernidad dio a luz a un hombre dividido, la postmodernidad ha dado a luz a un hombre subjetivo. Dice Pablo Malo:

«El postmodernismo es anti-realista, es decir, afirma que no existe una realidad independiente ahí fuera y la sustituye por un relato socio-lingüístico y construccionista. Epistemológicamente, dado que rechaza la existencia de una realidad exterior, el postmodernismo niega que la razón, o ningún otro método, sean métodos para adquirir un conocimiento objetivo de la realidad. Dado que la realidad es un constructo sociolingüístico, el postmodernismo enfatiza la subjetividad. Las explicaciones o relatos acerca de la naturaleza humana son colectivistas, sosteniendo que las identidades individuales son construidas por los grupos sociolingüísticos de los que los individuos son parte, grupos que son muy variables en dimensiones como sexo, raza, etnia y riqueza. El relato postmodernista consistentemente enfatiza las relaciones de conflicto entre estos grupos y, dado que no se da un papel a la razón, los conflictos entre estos grupos se resuelven fundamentalmente por la fuerza, sea enmascarada o desnuda. El uso de la fuerza lleva a relaciones de dominancia, sumisión y opresión. Finalmente, los temas postmodernistas en ética y política se caracterizan por una identificación con los grupos percibidos como oprimidos en los conflictos, y una voluntad de entrar en la refriega de su lado.

Dicho de otra manera: los relatos conspiranoicos no necesitan ser verdaderos, puesto que la verdad ya no existe, basta con que el relator los crea y su grupo de seguidores le legitime. Así y todo como dice un lector de este blog:

«Del mismo modo que existe ‘la conspiración’, -a veces demostrada-, de que en muchas manifestaciones se infiltran provocadores, -a sueldo de los poderes del estado profundo-, con el fin de sabotearlas; es muy probable que también existan conspiraciones, creadas específicamente, para desarrollar un ruido que oculte a otras conspiraciones por aquello de que: ‘A río revuelto, ganancia de pescadores’.

Y esta es la idea que pretendía desarrollar a continuación. ¿pueden los mismos «conspiradores» desacreditarse a sí mismos intercalando mentiras inverosímiles dentro de un relato creíble en gran parte? ¿Por qué arriesgarse a perder credibilidad mezclando «churras con merinas» es decir un relato verosímil con otros fantásticos?

Bueno, la hipótesis del lector que traigo es que ciertos conspiranoicos están a sueldo del otro lado al que pretenden denunciar, algo así como la paradoja del mentiroso.¿Cómo saber cuando miento, si soy un mentiroso declarado?¿Miento cuando digo la verdad?

Otra manera de pensarlo es la propiamente postmoderna. ¿Cómo podemos fiarnos de la información oficial si viene siempre regulada por intermediarios con sus propios sesgos e intereses informativos? Tampoco podemos fiarnos de las redes invadidas por trolls pagados por esos mismos intereses. Las fake news son indistinguibles de la verdadera información, ya no hablamos de sesgos sino directamente de mentiras.

«El problema de los intermediarios es que decodifican la información de los hechos, ya sea inconscientemente, para adaptarla a su sesgo cognitivo preestablecido y evitar una disonancia cognitiva, o voluntariamente y de manera intencionada, para adaptarla a su relato establecido de antemano».

Hace pocos días hubo en Nueva Zelanda un tiroteo llevado a cabo por un tipo con un fusil de repetición en el interior de una mezquita causando un gran número de muertos y heridos. Bueno, lo sabemos porque nos fiamos de los informativos hasta cierto punto a pesar de que no lo vimos personalmente. Pero la noticia lleva colgando otros detalles: se trataría de un ataque ultraderechista, un ataque xenofóbico, supremacista según el País.

Nos lo creemos con algunas dudas dada la adjetivación dudosa siempre de la prensa, pero al cabo de dos días hubo un atentado en Holanda en un tranvía, otro tiroteo de un tipo que logró escapar (pero al poco tiempo se le detuvo). Tampoco estuvimos allí, pero lo creemos y también estamos dispuestos a aceptar que se trató de un atentado yihadista. Pero esta vez la prensa no dijo nada ni de xenofobia, ni de Islam, ni de supremacismo, simplemente dijeron que el individuo era turco.

Aparentemente estos hechos están desconectados entre si y suceden a muchos Km de distancia el uno del otro, es como si fueran atentados de distinto color, con distintos objetivos o incluso como venganza el uno del otro. Voy a ponerme conspiranoico y pensaré, ¿Y si ambos atentados hubieran sido ordenados por la misma persona o personas?

¿Para qué? Pues para enfrentar religiones y sensibilidades políticas, para dividir.

Lo cierto es que a pesar de la proximidad temporal entre ambos ningún relato periodístico ha relacionado ambos atentados. Y sabemos que existen atentados de falsa bandera, es decir ataques que parecen proceder de un agente concreto cuando en realidad pueden obedecer a un plan bien distinto al que parecen perseguir los terroristas regulares por así decir. Por ejemplo, con independencia de quienes fueron los autores del 11- M, es demasiado obvio que aquel atentado se llevó a cabo para influir en las elecciones, aquellas que ganó Zapatero.

Cortinas de humo.-

Sin ánimo de ser exhaustivo me referiré a ciertas conspiranoias de éxito en las redes:

  • Los chemtrails, ya han sido refutados una y otra vez pero siguen acumulando creyentes, sin embargo los disruptores endocrinos, los pesticidas y los plásticos no desarrollan una denuncia de activismo similar. Debe ser porque es cierto y la verdad no interesa.
  • El crimen de Alcasser es probablemente el crimen mas querido por los conspirancionistas que suelen utilizarlo para mezclarlo con sectas satánicas, pederastias y crímenes rituales en donde participan casi siempre personas de muy alto estanding político o empresarial. Lógicamente nadie se planeta una critica política a este poder depredador que tenemos en nuestro país, de ahí la necesidad de aliviarse atribuyéndoles los crímenes más abyectos, Una cortina de humo falsa para ocultar otros crímenes mas domésticos como la corrupción o la falta de democracia. ¿Quién nos sube el recibo de la luz?¿Dónde van a parar nuestros impuestos?
  • Los reptilianos son bien conocidos por el publico en general gracias a la obra del escritor británico David Icke, la figura del reptiliano ha renacido con bastante popularidad, asociándola a teorías conspiratorias de dominación mundial por parte de los reyes, jefes de estado, aristocracia y magnates financieros muy ligados a la masonería contra la humanidad. ¿Qué necesidad hay de inventarse a un reptil con apariencia humana para referirse a las personas que gobiernan el mundo en la sombra? Existe un Estado profundo como existe un Internet profundo alejado de la mirada de extraños, son los que en realidad nos gobiernan y probablemente dominan a nuestros gobernantes con el dinero o las prebendas, pero no son reptiles sino humanos.
  • Con todo, me parece que la conspiranoia que ha tenido más éxito es la mentira de que las vacunas provocan autismo, una cortina de humo para tapar otros errores de las farmaceúticas.

Paranoia y conspiranoia.-

La paranoia es una de las tres psicosis clásicas (las otras dos son la esquizofrenia y la psicosis maniaco-depresiva). La mayor parte de la gente llama «paranoicos» a muchos de estos conspiranoicos que publican en youtube sus videos o escriben en blogs propios. Personalmente no creo que estas personas sean paranoicos.

La paranoia -que ahora se llama trastorno delirante– supone la presencia de un delirio siendo el delirio de persecución probablemente el más frecuente. Pero para que exista un delirio es necesario que el individuo salte por encima del principio de realidad y mantenga sus convicciones de forma persistente, sean impermeables a la persuasión o a la presentación de pruebas en contra de esa creencia y estén descontextualizadas. En el lenguaje cotidiano, describe una creencia que es falsa, extravagante o derivada de un engaño. En psiquiatría, implica que la creencia es patológica (el resultado de una enfermedad o proceso de una enfermedad). Como patología, es distinta de una creencia basada en información falsa o incompleta o de ciertos efectos de la percepción que se denominan, con más precisión, apercepción o ilusión.

Pero además es necesario que exista una realidad-real. Sin realidad no hay atentado contra el principio de realidad y como vimos más arriba la postmodenidad se caracteriza por una negación de la verdad y la realidad, si todo es un constructo entonces todo lo que pienso es verdadero. El conspiranoico puede mezclar convicciones verdaderas con otras falsas o extremadamente fantásticas, pues es víctima de su propia subjetividad sin la plomada de la realidad.

La paranoia, en este sentido ha muerto y ha mudado en conspiranoia, aunque ciertamente los paranoicos siguen existiendo y se distinguen más claramente de estos por su rencor. Los conspiranoicos no suelen ser personas rencorosas, al contrario son muchas veces personas bondadosas y empáticas y más allá de eso conocen muy bien el tema del que hablan seguramente porque han dedicado muchos esfuerzos -obsesivos- en su búsqueda.

En su búsqueda de la verdad, que no hallarán pues viven en un mundo donde la verdad ha sido descontextualizada y puesta al servicio del subjetivismo, mejor si es compartido con algún grupo. Es decir mejor si se puede crear identidad al tiempo que se conoce. Es por eso que prefiero hablar de metanoia en lugar de paranoia.

Los tres juanes de Juan

Sagitario

Sagitario es el arquetipo de la desidentificación, el opuesto a Geminis

En Juan hay tres juanes:

1) El Juan que él cree ser
2) El Juan que los demás creen que es
3) y el Juan que realmente es.

Al primero le llamamos identidad, al segundo reputación y al tercero esencia.
En realidad los tres se presentan juntos en el mismo pack, de manera que es complicado decir a que Juan nos estamos refiriendo cuando nos evaluamos o definimos de una forma u otra. Pero lo cierto es que no siempre aparecen juntos o coordinados. A veces hay disonancias. A estas disonancias:
1) Si uno es mayor que 2, estamos en el terreno del narcisismo
2) Si 2 es mayor que 1 estamos en el terreno de la humildad.

El Juan que realmente eres (la esencia) es el autoafecto, la mismidad, la identificación con uno mismo. El Juan que realmente eres es hombre o mujer sin géneros intermedios, sin «tertium inter pares». Es un conocimiento próximo, axiomático (no precisa demostración) y siempre es verdad. Es el Juan que está presente en el sueño aunque no sueñe, mientras no hacemos nada, ni enjuiciamos, cuando tenemos el cerebro en reposo o contemplamos un atardecer u oímos una canción.

El Juan que creemos ser es un Juan identitario, un Juan que tiene una historia y por tanto una narrativa, es un Juan memoria, un Juan que se reconoce autor, personaje y lector de su propio relato. Es un Juan que fuma o un Juan que está jubilado como yo.

El Juan que los demás creen que soy es el Juan social, el Juan de la reputación (buena o mala), el Juan de los amigos, de la familia, del trabajo, de la comunidad por así decir, esos que nos legitiman o devaluan con sus juicios, los que nos dejan de lado o nos aplauden, los que nos invisibilizan o nos hacen favores sin pedirselos.

De estos tres juanes solo hay uno que puede enfermar y otro que nos puede enfermar: son los juanes de la identidad y el de la reputación, pues no hay enfermedad sin relato, sin identidad y sin legitimidad del otro por eso pueden enfermarnos las opiniones ajenas, es por eso que es conveniente mantenerse alejado de la murmuración y de los chismes. Pero ningún Juan esencial está enfermo o sufre porque la esencia de cada uno es una gema, una piedra brillante que hay que tratar con mucho decoro y finura una vez descubierta.

Curarse con el método Barrueco o cómo tratar con nuestra identidad.-

La identidad es ilusoria en efecto. En lo que a mi respecta no soy ni psiquiatra ni psicólogo, solo hablo por mi propia experiencia. Cuando sufría de depresión me observaba a mi mismo y me di cuenta de una cosa: mientras dormía no había sufrimiento. Sólo sufría cuando estaba despierto. Entonces comprendí que el sufrimiento no era algo inherente a mi mismo en sentido absoluto, porque sí así hubiera sido, dado que yo soy yo despierto o dormido, tendría que sufrir aún durmiendo.

Entonces me propuse ver cómo era que mi sufrimiento aparecía. Y me di cuenta que aparecía no en el instante mismo de despertarme, tal como suele ocurrir con las dolencias físicas, sino que aparecía cuando «volvía a recordar quien yo era, es decir, cuando recuperaba el recuerdo de mi circunstancia». Esto fue muy revelador para mí, porque me permitió comprender la diferencia entre lo que soy, y mi identidad. Lo que soy lo soy estando despierto o dormido, más mi identidad es lo que creo ser cuando estoy despierto, porque mi identidad es un producto de mi memoria: es una construcción, una imagen que elaboré de mi mismo utilizando mis recuerdos, y a la que miro todo el tiempo; es como una ropa que me coloco ni bien me despierto. Mi identidad entonces es lo que me digo que soy.

Ahora bien, si mi sufrimiento aparecía sólo recién cuando me acordaba de mi circunstancia, apenas un instante después de despertarme, era un sufrimiento que se disparaba cuando volvía a vestir la ropa de mi identidad, y esa ropa estaba guardada en el closet de mi memoria. Entonces me dije: «Y si pruebo no vestirme ni bien me despierto? Y si soy capaz de eso y pruebo luego a vestirme con otra ropa?» Ahí pude comenzar a ver mi identidad como desde afuera, como la ropa que elijo ponerme cada día al despertar.

Y así, poco a poco, probé cada mañana al despertar no colocarme la ropa habitual de inmediato, sino continuar un rato así, desnudo. Desnudo. Y me fui afianzando en sostener ese momento en que, estando desnudo, era libre de la compulsión de correr al closet a vestirme. La compulsión de ir de inmediato a verificar mi identidad, a mirarme en el espejo de mi memoria.

Al descubrir que no era mi ropa: mi identidad, y que podía elegir qué ponerme, comencé a ser el dueño de mi sufrimiento y no su esclavo. Indagando más profundamente en porqué tenía esa compulsión de despertarme y lanzarme inmediatamente sobre mi memoria activando el sufrimiento, me di cuenta que de alguna manera era adicto a mi identidad, como si fuera adicto a usar siempre las mismas ropas. De algún modo sentía que si no hacía así estaba traicionando mis recuerdos, mi memoria, la memoria de quienes vivían en mi memoria, lo que me habían hecho, lo que yo había hecho, lo que me había sucedido, etc. Y sentía que no podía traicionar aquello sin sentir que me traicionaba a mí mismo. Desentenderme de mi sufrimiento era sentido por mí entonces como un acto de crueldad, de abandono, hacia un sufriente que era yo. Era como una claudicación moral, como un acto de desamor, que me avergonzaba profundamente, al tiempo que parecía algo muy peligroso de hacer.

Pero al afirmarme en el pensamiento de que yo no era mis ropas, que yo no era ese aspecto de mi identidad, dejé de sentir que me traicionaba a mi mismo si elegía usar otras ropas. Mis queridas y tan usadas ropas de dolor continuaban allí guardadas en el clóset, así que no estaba traicionando nada ni siendo cruel con nadie y simplemente yo elegía ese día no vestir esas ropas, no ponérmelas, sabiendo que si quería volver a usarlas estaban allí al alcance de mi mano en el clóset de mi memoria. Y así poco a poco fui desidentificándome con aquel sufrimiento, con aquellas ropas, y fui dejando de usarlas. Y con ello poco a poco fui dejando atrás el sufrimiento. No hubo violencia, hubo paciencia, mucha paciencia y amor a mi mismo, hubo confianza y un esfuerzo, si, por persistir en pensar de un modo diferente.

 

 

 

La conversión de Rebeca Sommers

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Rebeca Sommers es una fotógrafa alemana más conocida por ser una activista pro-inmigración y pro-refugiados que recientemente ha saltado a la prensa en una entrevista donde declara su error al haber contribuido a abrir las puertas de Europa a una civilización que -dice ahora- es incompatible con nuestro concepto de civilidad. Aquí teneís la entrevista completa.

Pero yo no voy a hablar de las razones de su «conversión» al fin y al cabo yo soy de los que creo que cambiar de opinión es muy positivo para la maduración de nuestro psíquismo, de lo que me propongo hablar es de un tema un poco más complejo. me refiero a la empatía, la generosidad y el altruismo, valores muy valorados entre nosotros los europeos y que ha derivado en eso que llamamos «buenismo» que parece ser su variante extrema y politica. Más bien voy a hablar del lado oscuro de la empatía y sobre todo del punto de vista de Paul Bloom que acaba de estrenar en español su éxito: «Contra la empatía».

No cabe duda de que entre nosotros, la empatía es un sentimiento muy valorado y que se encuentra relacionada con aspectos morales y éticos de nuestro comportamiento. Solemos pensar que la falta de empatía es propia de los psicópatas o degenerados y solemos creer que el mundo necesita de una mayor empatía para neutralizar el sufrimiento de muchas personas abandonadas a su suerte , bien por las guerras, bien por la pobreza o bien por otras causas. Tampoco cabe ninguna duda de que hay personas que nos dan  testimonio práctico de su empatía cuando militan en organizaciones dedicadas a salvar náufragos del mar y traerlos a nuestras costas, llevar medicinas o comida allí donde se necesita u organizar esos campamentos donde se hacinan miles de refugiados. ¿Hay alguien que pueda estar en contra de estos actos de solidaridad?

La verdad es que pocos de nosotros encontraremos razones para estar en contra de estas actividades casi siempre calificadas de heroicas. Lo cierto -sin embargo- es que la mayor parte de nosotros no lo hacemos. ¿Es por qué somos egoístas o porque nos falta empatía?

La verdad del asunto es que tal y como dice Bloom, al mundo no le falta empatía sino que le sobra. La mayor parte de estos filántropos son hiper-empáticos (descarto a aquellos profesionales que cobran por su actividad), no cabe duda de que -aparentemente, al menos- son mucho más morales que el termino medio de los europeos. ¿La propia Rebeca Sommers no era en definitiva más solidaria que cualquiera de nosotros, cuando sacrificó su vida, su carrera, su familia, sus hijos (no se si los tiene) o su pareja (que tampoco se si la tiene)?

De manera que este post pretende responder a estas preguntas.

¿Qué impulsa a una persona a sacrificar su vida o parte de ella, su tiempo, su dinero, su salud y a veces su vida por ayudar a desconocidos a los que no ha visto en su vida y de los que solo sabe que son refugiados o como se dice ahora «migrantes»?

La mayor parte de mis lectores ya se habrán contestado a esta pregunta: «Son valores morales los que animan a esta gente a comportarse así».

De manera que vamos a ver algo más de esos valores morales, de donde vienen y como se configuran en las expectativas de los individuos. De una parte de ellos, claro, porque la mayoría de la población no estaría dispuesta a esos sacrificios, y se conforman con verlos desde la barrera sin cuestionarse su bondad.

Lo valores morales son ideales y cuando digo ideales me refiero a que son abstracciones y no cosas-en-si. Dice la wiki que:

Un ideal es un estado inalcanzable pero infinitamente aproximable, aunque la aproximación no requiere ser continua, puede darse a saltos, con discontinuidades.

Según la definición de A. Cíntora: «en principio, sólo los seres humanos pueden tener ideales o desarrollar un comportamiento en busca de ideales». Puede decirse que entre otras causas, la aproximación continua en busca de ciertos ideales ha participado de lo que comúnmente se denomina progreso de la humanidad.

En la definición operativa que hemos visto ya se pueden vislumbrar dos cuestiones 1) son inalcanzables y 2) están relacionados con el progreso. Me parece que esta definición es muy poco apropiada porque supone que el progreso de la humanidad es una flecha teleológica que se dirige hacia alguna parte​. Así piensa la mayor parte de la gente: que los ideales son necesarios para avanzar. Naturalmente los que así piensan han de ocultar que Hitler, Stalin o cualquier otro tirano homicida de masas también tenía ideales y muy fuertes. Ese es un punto débil de la creencia de que los ideales por si mismos llevan a una mejor humanidad.

¿Qué dice el psicoanálisis acerca de los ideales?

Los ideales son siempre de poco fiar precisamente porque son restos narcisistas incrustados en el Superyó (El Yo-ideal y el Ideal del Yo). Aquellos de ustedes que estén interesados en esta explicación pueden visitar este post donde hablé precisamente de ello. Los que no lo estén pueden seguir mi argumentario. Para simplificar mis argumentos recordaré a mis lectores que «La moral suele ser un disfraz de aspectos ocultos y negados de nuestras pulsiones», así es muy frecuente que las personas amemos -como le sucede a Eros- precisamente porque necesitamos ser amados. En Eros se concreta precisamente esta pulsión-repulsión. Eros es alguien necesitado de amor que ama. «Amor-a» y «amor-de» como necesidad son causa y efecto en la misma pulsión. Es muy frecuente que las personas necesitadas de amor se presten a sacrificios importantes en cuanto a su identidad, es frecuente ver como estos mendigos de amor pueden sufrir toda clase de contrariedades con tal de preservar su objeto-de-amor.

En un orden más social lo que les sucede a estas personas solidarias y altruistas es que parecen buscar causas bien alejadas de sus entornos habituales, no les basta con socorrer a sus vecinos, a sus familias (a las que muy frecuentemente abandonan) sino que su solidaridad parece que contiene un elemento de aventura exótica. ¿No es lo mismo desde el punto de vista moral socorrer africanos en el mediterráneo que a gitanos acampados en algún lugar inmundo  de nuestro país?

De manera que lo que caracteriza este tipo de empatías y solidaridades es el alejamiento. Es como si a un mayor alejamiento de lo cotidiano, de lo habitual, tuviera su empresa un mayor mérito.

Y es lógico porque la empatía es un sentimiento que evolucionó para la intimidad intragrupo e interpersonal y no para la épica.

Vale la pena visitar el blog de Pablo Malo que ya abordó hace algún tiempo el tema de la empatía y los argumentos de Paul Bloom:

«La empatía, además, está sesgada y suele limitarse además a nuestro grupo. Es más fácil que ayudemos a gente guapa o de nuestra etnia o país. La empatía es estrecha, dice Bloom. Lo tenemos muy difícil para que un seguidor del Betis empatice con la suerte de los del Sevilla. En el plano político el problema tampoco es de falta de empatía sino de que la izquierda empatiza más con unos y la derecha con otros. Por ejemplo, los liberales USA están en contra de las armas y empatizan con las víctimas de la violencia por armas. Los conservadores empatizan con las víctimas desarmadas de un crimen que se quedaron indefensas frente a la crueldad de otros. Por lo tanto, si aumentáramos la empatía en el mundo no creas que tus oponentes ideológicos pensarían como tú.

Bloom aplica el mismo argumento al calentamiento global. Nuestro cerebro no está diseñado para enfrentarse al calentamiento global porque nos fijamos en el corto plazo y en lo que podemos ver y percibir con nuestros sentidos, y el cambio climático es casi imperceptible a simple vista y va a afectar a personas en el futuro que no conocemos, o que ni siquiera existen. Nos preocupamos de individuos específicos en el presente y no nos afectan crisis que pueden dañar a gran cantidad de personas en el futuro.»

Lo que propone Bloom es una camino que vaya más allá de la empatía, un camino de compasión racional, postkantiana. Para Bloom la empatía es mala porque funciona como un reflector que se enfoca en algunas personas pero no en otras. Por ejemplo en la guerra de Siria hemos visto imágenes de niños muertos en aguas del Egeo que fueron difundidas hasta la saciedad por los medios dejando muy clara la intención de manipular los sentimientos de los que vieran las imágenes. Esto nos hace insensibles a las consecuencias a largo plazo de nuestros actos y nos ciega frente al sufrimiento de aquellos con los que no empatizamos o no podemos hacerlo. Es por eso parcial, es miope porque nos obliga a hacer cosas que parecen ser buenas a corto plazo pero que convocan grandes malestares en el futuro. Efectivamente los hiperempáticos no se plantean qué hacer una vez se han salvado a las víctimas. ¿Es que creen que traerles a tierra firme y dejarlos vagar por la geografía europea sin documentación o recursos es una buena solución?¿O mantenerles en campos de concentración?

La empatía puede crear violencia: la mayor parte de crímenes tienen un componente moral como ya vimos en otros post. Y sobre todo es corrosiva, agota el espíritu y como se ha evidenciado en el caso de Rebeca Sommer agota el espíritu y las fuerzas del empático.

Donald Black sostiene que sólo el 10% de los homicidios son producidos por rapiña como los que suceden en un robo o hurto, dicho de otra manera: los homicidios que se cometen por incentivos económicos directos son una minoría. El otro 90 por ciento son moralistas, una forma de pena capital en el que los autores son jueces y verdugos de una víctima que perciben que les han hecho daño de alguna manera y son merecedores de la pena de muerte.

Dicho en otras palabras: la mayor parte de los homicidios se cometen durante situaciones de ira, situaciones comunes y banales, donde los individuos parecen no tener control sobre sus emociones pero que paradójicamente se perpetran siguiendo una siniestra inspiración de que el “otro” -la víctima- se lo merecía. Y dónde el agresor no tiene nada que ganar. Dicho de otra manera, la mayor parte de los crímenes se cometen por una interpretación radical de la moralidad.

La empatía es un sentimiento para los tuyos y no puede universalizarse por decreto. Es un refresco azucarado, agradable pero letal si se consume en exceso.

Y lo peor: la empatía supone un rechazo de la razón. Y se encuentra siempre en la linea que divide la generosidad y la intrusión.

La empatía llevada fuera del contexto donde es adaptativa, es hipócrita y es un simulacro, un supremacismo moral.

El supercentro

soraya

Escribo este post hoy después de haber visto por TV como Rajoy dimitía como presidente del PP. Muchos conocidos míos se han alegrado mucho de esta dimisión y han aprovechado para decir o preguntarse qué hubiera pasado si hubiera dimitido antes.

La mayor parte de mis lectores estarán de acuerdo con la siguiente idea: Rajoy y el PP son de derechas. Y de eso va este post qué comienza con la siguiente pregunta ¿Existe en España algún partido de derechas?

Bueno alguien podría decirme que es Vox ese partido de derechas, pero lo cierto es que Vox no tienen representación parlamentaria de modo que lo dejaremos en el frigorifico porque mi hipótesis de la que beberá este post es que en España todos los partidos que pretenden gobernar son de Centro.

¿Qué es el centro político?

El Centro político es un invento de alguien (probablemente de Suarez) que pretendió hacer emerger un partido que no oliera demasiado al antiguo régimen y que se aprovechó del miedo que el votante español de entonces tenia de las izquierdas y el rechazo de la derecha tradicional de AP. Pero lo cierto es que Centro nos remite a una posición geométrica, un punto equidistante entre una supuesta extrema izquierda y una supuesta extrema derecha. Pero la verdad del asunto es que el Centro no es un punto sino un tumulto de partidos que abrazan una misma política: la que les dicta la UE y esa constelación de intereses que nos dicta lo que ha venido en llamarse «la corrección política». Soros, Rusia, USA, la propia UE y como no Merkel y otros actores de las finanzas internacionales.

Miren Alemania, ¿quien gobierna allí? Pues una coalición de un partido liberal y otro socialdemócrata, los dos se definen como de Centro. ¿Quien gobierna en Francia? Pues un tal Macron al que no conocía nadie y que de la noche a la mañana aparece como el líder de un país donde precisamente tanto izquierda como derecha salieron derrotados. ¿Quien gobierna en Italia? Pues parece que una coalición de extrema derecha y extrema izquierda que paradójicamente se ponen de acuerdo en elegir a un primer ministro que curiosamente recibe vetos por parte del Presidente de la República. No importa, de lo que se trata es de seguir las consignas de Bruselas y que todos paguen sus deudas. Ah de aquel que no pague.

En España se bromea mucho con el PPSOE y con la «casta» o con el bipartidismo, pero lo cierto es que Rivera no parece diferenciarse mucho de Rajoy o de Sanchez. El PP y el PSOE salvo cuestiones puntuales harían y harán la misma politica: la que nos venga dictada por Bruselas. Rivera del mismo modo hará una política en el caso de que algún día gobierne muy parecida a sus predecesores.

¿Y cual es el ese programa de gobierno?

Pues parece que la nomenclatura belga ha optado por un programa buenista que en otros lados se ha llamado la «síntesis progresista» y que es un heredero de la socialdemocracia postmoderna, entiéndase bien la socialdemocracia de cuando los socialistas dejaron de interesarse por las necesidades de la gente y pasaron a tratar al mundo como identidades, de cuando renunciaron a gobernar individuos para tratar con colectivos. Es verdad que la socialdemocracia ha sido una ideología que ha tenido mucho éxito en Europa pero que se encuentra en decadencia no cabe tampoco ninguna duda: los ciudadanos han sabido percibir ese cambio de ejes en las preocupaciones de sus políticos: desde las necesidades a las igualdades.

Hoy mientras Rajoy pronunciaba su discurso de despedida y se atribuía éxitos que sin duda ha tenido en el campo de lo económico no he podido sino construir un discurso paralelo en plan abogado del diablo. Por ejemplo, es cierto que recibió un país en bancarrota por parte de Zapatero pero también es cierto que la precariedad en el mundo laboral no parece que incline a nuestro país en un sentido de crecimiento más allá de las grandes cifras y todo ello lo llevó a cabo el PP sin tener en cuenta al individuo promedio que desde el inicio de la crisis se ha empobrecido independientemente de lo que digan las cifras. Dicho de otra manera, no cabe ninguna duda de que Rajoy ha hecho la economía que le mandaron en Bruselas y lo ha hecho bastante bien.

También es cierto que ETA desapareció en el gobierno del PP pero también es cierto que Rajoy dio por buena la hoja de ruta que había pactado Zapatero sin borrar ni añadir una sola coma. Tal y como él mismo decía hoy «no moverse cuando no toca» ha sido la máxima de su gobierno. No se le puede criticar por lo que ha hecho pero muchos en su propio partido le critican por lo que no ha hecho «atado al mástil del barco como Ulises a fin de desoir el canto de las sirenas», lo cito textualmente.

Lo cierto es que si el PP es un partido de derechas lo ha disimulado muy bien:

  • Ha mantenido la ley del aborto de Bibiana Aido.
  • Ha mantenido el matrimonio homosexual.
  • Ha respetado la hoja de ruta del fin de ETA, haciendo la vista gorda a algunas excarcelaciones.
  • Ha dado dinero a las organizaciones feministas.
  • No ha derogado ni «la ley de memoria histórica», ni la «ley de violencia de género», verdaderas monstruosidades de la legislatura anterior.
  • En las CCAA y a través de barones del PP ha promulgado leyes a favor de la transexualidad y eso que ha venido en llamarse «identidad de género».
  • Ante el problema catalán reaccionó tarde y de forma muy débil, depositando el peso del Estado en manos de los jueces y abandonando a su suerte a los catalanes españoles que hoy se sienten ninguneados y abandonados por el Estado. El referendum de la independencia se llevó a cabo a pesar de que negó por activa y por pasiva que fuera a celebrarse.

Es obvio que ninguna de estas políticas es de derechas sino de centro progresista (socialdemócratas postmodernas). No es de extrañar pues que muchos de sus votantes se hayan ido a Ciudadanos y otros a Vox según dicen.

Y todos estos errores se podrían acumular a otras cosas que no ha hecho: 1) abordar el plan hidrográfico nacional, 2) Abordar de forma valiente el problema de la corrupción de su partido y 3) Llevar a cabo un proyecto  educativo que al menos nos dure unos cuantos años y 4) Modificar algún texto de la Constitución para que el español pueda ser aprendido en cualquier lugar de España, 5) Legislaciones a favor de energías renovables, etc.

Dicho de otra forma: el mandato de Rajoy se recordará por su inactividad, bien es cierto que no se pueden llevar a cabo grades reformas con la aritmética parlamentaria actual pero también es cierto que Rajoy venia de una mayoría absoluta que aprovechó para apretarnos los tornillos fiscales a los españoles. No ha hecho pues ni una sola política de derechas, ni un solo gesto. Es por eso por lo que los españoles tardaremos mucho tiempo en otorgar otra mayoría como la que Rajoy disfrutó en la legislatura anterior.

Los españoles hemos aprendido que con o sin mayorías absolutas los políticos no van a gobernar por y para los ciudadanos sino para esa constelación de intereses que llamamos la Troika.

Rajoy lo ha hecho mal en mi opinión, pero no solo lo ha hecho mal sino que ha provocado una enorme desafección en su votante natural, ¿quien recogerá esos votos?

Se abre ahora un periodo de incertidumbre, pues el PP ha de elegir un nuevo presidente, o más bien presidenta que sea del agrado de Bildelberg. Mientras tanto gobernará Pedro Sanchez con los presupuestos expansivos del PP y tiene un buen año por delante sin demasiadas interferencias salvo el casus belli de Cataluña que ha venido para quedarse muchos años por obra y gracia de una Constitución que no supo anudar las competencias del Estado y de las Comunidades autónomas. Pedro Sanchez toreará mejor que Rajoy ese asunto sin mojarse demasiado. Es verdad que necesitamos otra Constitución pero no hay consensos y por lo tanto tendremos que tirar con la que tenemos.

Mientras tanto la Troika ira evaluando a sus tres candidatos, el que salga del PP renovado, a Pedro Sanchez y a Alberto Rivera y ellos dirán qué es lo que conviene a los españoles: aquel que demuestre mejor ser de centro centrado.

Nota liminar.-

En un post anterior hablé del club Bildeberg y me gustaría ahora hacer una apostilla sobre los planes que según Cristina Martin tiene este selecto club con España. Mi opinión es que el plan de federalizar España no es un proyecto europeo, creo que el proyecto propiamente europeo es el de centrar el voto y el deseo en los europeos. Pero el lector debe entender que existe una confluencia de intereses que proceden de distintos lugares. Obviamente a George Soros le importan un bledo los transexuales: su interés es otro, y la secesión de Cataluña puede interesarle a él pero no a la Merkel ni a las elites europeas. Lógicamente Rusia también tiene oscuros intereses en Europa y a Trump lo que le interesa es dejar de pagar la factura de la OTAN. Y no descarto de que haya otras agendas que no soy capaz de detectar.

En resumen, a mi no me preocupa nada que Pedro Sanchez sea el presidente interino de España, lo que me preocupa es a quién designarán los poderes fácticos y economicos para dentro de dos años.

Y creo que será una mujer. De armas tomar, claro.