No escape from reality

El titulo de este post remite a una canción de Queen, cuyo autor Freddy Mercury escribió quizá una de las canciones más celebradas del siglo pasado, me refiero a Bohemian rhapsody, que es efectivamente una rapsodia escrita con fragmentos de otros estilos musicales distintos al rock progresivo y que incluye algunos guiños a la opera. Eso es una rapsodia un ejercicio de mezcla de fragmentos que dan como resultado una obra unitaria, que no pierde en la suma de sus partes la esencia de su unidad.

En ella el cantante acompañándose del piano le cuenta a su madre que acaba de matar a un hombre y es de ese pasaje donde sale el titulo de este post, pues el criminal sabe que no puede escapar de la realidad pero en este caso se trata de una realidad sin marcha atrás. es como aquel que ha cruzado un limite y ya no puede retroceder, o puede hacer otra cosa sino intentar escapar de la angustia de haber perpetrado un crimen. Haga lo que haga no se puede volver atrás y recomponer aquella escena, no hay salida, solo queda purgar por esa culpa, podrá ser perdonado pero no puede ser absuelto moralmente de su decisión.

En eso andaba yo pensando mientras leía este libro de Deaton que habla de salud, progreso y desigualdad.

Un experimento mental.-

Imagínese que usted es un soldado y que ha sido hecho prisionero y ubicado en un campo de concentración enemigo. Vamos a suponer que ese campo tiene 100 cautivos y que usted como casi todos los que allí se dan cita lo que quieren es escapar. Hay varios compañeros que hacen planes para construir un túnel que comunique el campo con el exterior. de manera que usted y digamos 20 más de su barracón comienzan a excavar un túnel. La marcha de las obras ha de ser necesariamente lenta para pasar desapercibidos para los guardianes, y ustedes tienen una idea: no construiran solo un tunel sino dos de manera que si uno quedara descubierto e inutilizado siempre quedaria el otro. Para ello necesitan más manos, de modo que el plan ya no se limita a su propio barracón sino que se lleva la noticia más allá a otros barracones siempre a través del secreto de estas comunicaciones.

Llega el día en el que el plan parece haber llegado a un consenso entre los lideres de la fuga: unos 20 saldrán por el primer túnel y otros 20 saldrán por el otro después de dejar pasar una hora más a o menos para dar tiempo al primer grupo a que se aleje lo suficiente y dispersar a los soldados perseguidores en el caso de ser detectados.

Lo interesante de esta fuga es que -después de la construcción del túnel- no todos los cautivos parecen dispuestos a abandonar el campo, donde al menos tienen comida y pueden guarecerse de los elementos climáticos., incluyendo a aquellos que colaboraron en su construcción. Al final solo 20 son los decididos a escapar y se dividen en dos grupos. El resto (80) prefieren no correr ese riesgo, que no es otro sino perder la vida y en el caso de volver a ser capturados perder todas las prebendas que ahora disfrutan pues pasarían a otro campo con condiciones de vida mucho más duras.

De manera que tenemos un grupo (1) de 20 escapistas y un grupo (2) de 80 conformistas.

Podrá preguntarse porqué esas 80 personas rechazan la aventura de escapar. Bueno, unos por miedo, otros por alguna enfermedad, herida o incapacidad para sobrevivir en la escapada, otros por su edad. Pero hay una segunda lectura que procede de los escapistas. Estos lo hacen porque prefieren la libertad a la seguridad y porqué no decirlo, de llegar a las posiciones amigas serian inmediatamente devueltos al frente. Para algunos es mejor permanecer en el campo que volver a la trinchera.

Pero hay más: los delatores. Basta con que en esos 80 haya un delator para que el plan se venga abajo, al menos en parte. Esto es lo que sucedió: 2 delatores de dos pabellones adyacentes dieron parte a los guardianes de que se acercaba el momento de la fuga y aunque no podían saber a ciencia cierta por donde discurrían los túneles, lo cierto es que avisaron a tiempo suficiente para impedir la segunda fuga. De manera que solo 10 escapistas lograron su propósito. Inmediatamente se dio la voz de alarma y fueron perseguidos no sin antes comprobar qué dirección habían tomado los escapistas.

Es interesante este experimento mental para que cada uno de nosotros piense en qué haría en esa situación, veamos el resultado de la fuga:

  • Diez fueron los fugados por el primer tunel. De esos 10, 5 fueron ejecutados durante la persecución, los otros 5 consiguieron llegar a las lineas amigas.
  • Los delatores ganaron prestigio y prebendas entre sus guardianes y consiguieron beneficios por su «soplo», mejores raciones de comida y eludir los trabajos más penosos. Naturalmente sus compañeros ignoraban quien eran los delatores aunque habian ciertas sospechas bien fundadas.
  • Las condiciones del campo empeoraron con la fuga y el régimen disciplinario se endureció. Las raciones fueron más cortas, el tabaco escaseaba y los trabajos y los registros fueron mas duros y frecuentes.

En resumen: de esos 100 solo lograron su objetivo 5, lo que representa un 5% de la población total. 5 murieron en la intentona. El resto de internos acabó perdiendo en ese juego donde pocos ganaron. Los únicos que se beneficiaron de la situación fueron esos dos delatores.

Sin embargo hay un matiz que creo importante señalar. Los 80 que quedaron en el campo de manera voluntaria sostuvieron un moral muy alta y dirigieron sus oraciones y deseos al éxito de la empresa de sus compañeros, aunque perdieran comodidades llegaron a suplirlas con algo más: un criterio moral de resistencia. Los delatores por su parte no terminaban de estar bien a pesar de haber ganado bienestar en el campo, pues lo hicieron a costa de traicionar a sus propios compañeros.

El bienestar no siempre coincide con la felicidad, pues el bienestar es la valoración que hacemos de nuestros actos y de nuestro modo de vida, mientras que la felicidad es un estado fisiológico, una emoción que va y viene pero que casi nunca persiste.

Si a mí me preguntaran de qué va este libro de Deaton, no contestaría sino que pondría este experimento mental para que el lector se haga esa pregunta que más arriba me hacía. ¿En qué grupo se situaría? Naturalmente nadie se pondría en el papel del delator, pero es necesario que aquel que se traza un mapa del mundo sepa que los delatores o traidores existen en una proporción al menos similar a ese 2%. El libro de Deaton nos da ciertas claves para disminuir la desigualdad y parece que se alinea con la idea de: más capitalismo, más democracia, más seguridad y más libertad. Pero no termina de resolver el dilema de la desigualdad pues el hecho de no aprobar las ayudas a los más necesitados de ella no parece que resuelva nada, si bien es cierto que las ayudas acaban siempre corrompiendo instituciones y promoviendo dictaduras en los países a los que se destina. Los poderes extractivos funcionan como los delatores, impidiendo u obstaculizando el progreso.

En suma alcanzar un buen nivel de bienestar está relacionado con el dinero (renta per capita) pero no solo con el dinero. ¿De qué sirve tener bienestar material en un país como Bulgaria o Togo donde la realización personal es de las mas bajas del mundo? ¿De qué sirve ser rico en un país lleno de delincuentes o de inseguridad para la vida o la propiedad? Ese algo más que se añade al dinero es precisamente la seguridad pero sobre todo la libertad. Encontrar un equlibrio entre ambas es la tarea que nos corresponde a los ciudadanos del siglo XXI pues es muy posible que hayamos tocado fondo en expectativa de vida y en opulencia material sin olvidar que el progreso por si mismo lleva aparejadas bolsas de desigualdad, de alienación y de patologías mentales. No hay que olvidar que la opulencia sienta muy mal a nuestro cerebro. Y más.

La idea fundamental es que se puede escapar de la pobreza, de la muerte precoz y de la miseria moral.

Sin olvidarnos de la suerte.

Aqui hay una buena critica del libro.

Hacer cosas juntos

Hacer cosas juntos es algo bien complicado como sabrá cualquiera que alguna vez haya intentado implicar a alguien en un proyecto común, hay una multitud de razones para ello y este post es un intento de descubrir esta dificultad.

La primera razón, es que estamos persuadidos -debido a que hemos sido educados para el individualismo- de que las cosas funcionan cuando existe un liderazgo claro, es decir alguien que nos hace de guía. Sirve desde la política, hasta el mundo de la empresa o para gestionar una pequeña organización. Mas que eso: existe incluso en el nivel de la gestión de las comunidades de vecinos. Concretamente ayer estuve en una de esas reuniones (a las que casi nunca acudo) y me di cuenta de cosas que aunque ya había observado no había llegado nunca a reflexionar pausadamente. En esas reuniones hay siempre dos «partidos», más claros cuando hay dos bloques de edificios como es mi caso. Podríamos hablar de un partido A y un partido B. Naturalmente los del partido A privilegian los gastos que afectan a sus intereses, dado que los bloques no son exactamente iguales y el A tiene más vecinos que el B puede afirmarse que los del A siempre ganan. Ayer debíamos decidir sobre los gastos del año, y uno de los gastos más demorados (ya 5 años) es la sustitución del ascensor del bloque B que por supuesto tiene menos desgaste que el de los A que ya se ha sustituido. Pero me quedé estupefacto a la hora de votar porque en el bloque B hubo varios vecinos que votaron en contra y eso que viven aquí todo el año. Me llamo la atención que dos ancianos de unos 80 años son los menos proclives al cambio a pesar de vivir en un piso 12 y ser bastante dependientes. Ustedes podrán pensar que la oposición al cambio del ascensor -aunque no todo el mundo lo acepte- es por cuestiones económicas, pero no es el caso de los abueletes que son los más ricos de la urbanización con diferencia. La razón de este voto es pues comprensible: son rácanos.

Pero no hay solo razones económicas para oponerse a algo, de hecho observé que la mayor parte de los negativistas-oposicionistas lo son por vengarse de algo: «a mi no me dejaron hace años hacer tal cosa y ahora no te voy a dejar a ti». No importa el tiempo transcurrido, el rencor no desaparece y se manifiesta año tras año en las votaciones.

Votaciones que se deciden «a la búlgara» casi siempre. «¿Quien está en contra de» y a mano alzada, con lo cual siempre sale lo que propone el administrador que dicho sea de paso es una persona decente, educada, trabajadora y competente. El administrador trae una lista de obras y reparaciones inaplazables y trae debajo del brazo una solución. Casi todo el mundo hace aquiescencia a lo que dice el administrador siempre y cuando pueda manifestar su oposición a casi todo lo demás. Así nos quedamos otro año sin ascensor.

La ley de la propiedad horizontal parece estar pensada por algún jurista genial con tal de que arreglar algo sea imposible si no se cuenta con el quorum pertinente, así ciertas obras que podrían abaratar las derramas anuales no pueden hacerse sin mayorías preceptivas que a veces invocan la unanimidad y cuando estas decisiones son los del partido A o los del B hacen campaña para impedirlas.

Al terminar la reunión pasé revista a las razones ocultas de cada quién para impedir según qué mejoras y me di cuenta de que no siempre son los intereses los que gobiernan una decisión, a veces es el rencor y otras veces la oposición por sí misma. Pensé lo difícil que debe ser gobernar un ayuntamiento, una región o un país, donde las adhesiones ideológicas predominan y se presentan como un pack (o todo o nada), sin contar con las dificultades que no proceden de hacer una cosa u otra sino simplemente porque la mayor parte de las veces no se sabe qué hacer. Y esto es lo que les pasa a nuestros gobernantes, estos o cualesquiera otros: no saben enfrentar problemas complejos y ni siquiera saben qué es un problema complejo y tienden a simplificarlo cuando no a recurrir al pensamiento mágico. La mayor parte de los problemas que aquejan a nuestras sociedades actuales (las del siglo XXI) es que ya no responden a las recetas universales que el liberalismo o el socialismo (las dos ideologías alternantes en Europa) habían construido en el siglo XIX para explicar los dilemas sociales y proponer soluciones adecuadas. Por ejemplo la economía hoy ya no responde a lo que los economistas aprendieron en la facultad, existe un orden nuevo que impide navegar por ese océano sin haber meditado bien en las incongruencias de la vieja economía, no importa si es taylorista o hayekiena. Ya nada sirve, los expertos no nos pueden sacar de este atolladero.

Tal es la deriva interpretativa de nuestros gobernantes que a pesar del desastre que están provocando los incendios en este verano del 2022, solo se les ocurre atribuirlos al cambio climático, como si hubieran desaparecido los pirómanos y no supiéramos todos que la masa forestal se encuentra abandonada. No hay que fiarlo todo a la extinción de incendios sino a las políticas preventivas.

Sigo con este ejemplo:

¿Cual seria una política preventiva de incendios?

Para eso es necesario un diagnóstico del problema que desde luego no es atribuirlo al calentamiento global. Este es un argumento que fortalece una ideología concreta pero no es la verdad, al menos no toda la verdad. Es incluso posible que parte de los incendios hayan sido provocados por agentes contratados precisamente para fortalecer la hipótesis del calentamiento global. La tendencia a atribuir ciertos fenómenos a miasmas metafísicos es muy propio de las ideologías. Así, recordemos que los feminicidios se atribuyen al machismo, como si el machismo por sí mismo matara mujeres, sin contar con otros factores que ya han sido bastante bien identificados por los expertos. No, ni el machismo, ni el calentamiento global pueden explicar los fenómenos que las ideologías (de género o globalistas) les atribuyen.

Suele decirse que las actividades de pastoreo «cuidan» el monte al desbrozarlo de ramas secas y tambien suele atribuirse a la despoblación del mundo rural a que esta actividad ha cesado pero lo cierto es que en España los montes son de tres titularidades, privados, públicos y comunales. No hay que confundir un monte publico con uno comunal. Los montes comunales podían ser explotados en su madera por algunos lugareños como sucedía en Yeste hasta que la República vendió los montes a manos privadas. y desencadenó un problema grave de desordenes atajado a tiro limpio. Los sucesos de Yeste (Mayo de 1936, no, no fue Franco) ejemplifican lo que sucede cuando se interrumpe la forma de vida de una comunidad: el desencadenante fue que unos montes comunales pasaron a ser particulares.

Los campesinos no cuidan el monte porque no se les da nada a cambio salvo ecologismo y proteccionismo de especies exóticas, los bosques son para las alimañas y no para los campesinos. Una solución podría ser convertir en comunales -y no públicos- gran parte de la masa forestal que nos quede después de este año y conseguir reconquistar los espacios rurales que aun queden en pie.

Yo no soy un especialista en bosques y ni siquiera se nada de pastoreo ni de madera, por eso si fuera presidente del gobierno lo primero que haría es abrir un debate con los especialistas en el tema; quisiera soluciones prácticas y no aplicar mi rodillo ideológico a un problema ya dado. Este es el principal problema con el que nos enfrentamos: la supremacía de las ideologías sobre las soluciones prácticas. Aplicar una plantilla de ideas del siglo XIX no van a resolver ningún problema del siglo XXI.

Pero «el problema es la definición del problema». Y el problema entonces son las ideologías, pero ¿qué serian los políticos sin ideología? ¿Alguien les votaría? Pensar en un partido que no apelara a las emociones o sentimentalismos de la población qué resultado tendría?

Pero es inevitable y tal y como dice Amalio Rey en su libro que dejemos de pensar en los liderazgos mesiánicos y comencemos a pensar en una mentalidad cooperativa que en cualquier caso no deberá convertirse en una nueva religión new age, no hay que olvidar que hasta los científicos tienen su cosmovisión muy cercana a la ideología o a sus intereses y que en prevención de ello debemos empezar a pensar en las soluciones compartidas de ideas, (las ideas no son intereses, lo son las ideologías), de comunidad de pensamiento colaborativo o como dicen algunos, conectivo .

Al final un pequeño grupo de personas, una comunidad vinculada de forma local lograrán cambiar el mundo.

Una fábula contra-factual

¿Qué pasaria hoy si Trump hubiera ganado las elecciones en USA en 2020?

¿Crees que hubiera habido de todos modos una guerra en Ucrania?

Se trata de una fabula contrafactual, algo parecido a la ficción pero que discurre en el pasado en lugar del futuro donde siempre se suceden esas utopias y distopías que llamamos ciencia o política ficción. Se trata de un artefacto literario, pues es en la literatura donde podemos articular ese fenómeno que llamamos «suspensión de la operatoriedad» y que pone contra las cuerdas el concepto de hipótesis que siempre se ha de verificar en el futuro. ¿Pero podemos llevar a cabo una hipótesis contrafactual? Si, podemos hacerlo siempre y cuando aceptemos que sea cual sea esta hipótesis ya forma parte del metaverso, de esa nube de posibilidades que pudieron ser pero que ya no son operativas. Sin embargo nos permiten pensar en lo que sucede hoy y puede suceder mañana a poco que seamos capaces de tejer flechas de causalidad. Se trata pues de un experimento mental y cualquiera de mis lectores pueden dejar en los comentarios su opinión.

Es por eso que yo creo que esta guerra, de ser Trump el presidente no se hubiera llevado a cabo. Argumentaré ahora esta hipótesis.

El trilema de Rodrick.-

paradoja

El trilema de Rodrik o también llamado el trilema imposible, descrito en su libro, «La paradoja de la globalización» señala que es imposible conseguir al mismo tiempo, la globalización económica, la democracia política y la soberanía nacional. Las tres opciones simultáneas son incompatibles por lo que nos veremos obligados a escoger sólo tres de ellas. Y por supuesto a globalización es incompatible con la democracia.

-Soberanismo sin democracia, la que lleva a cabo Putin.

-Soberanismo y democracia, la que llevó a cabo Trump.

-Globalización sin democracia, la lleva a cabo Biden con sus falacias bien conocidas: argumentos morales y democracia como bandera.

El partido demócrata americano cuya cabeza visible es hoy Biden es probablemente el motor que lleva a cabo ese proyecto que llamamos globalización, al que no solo se oponen Rusia y China, sino todo el mundo árabe. Las razones de esta oposición son más de mentalidad y tradición que de intereses y tienen que ver con conceptos clave en la antropología humana: los rusos son un pueblo conservador y de raíces cristianas y no quieren verse absorbidos por ideologías estúpidas que hoy gobiernan gran parte del mundo protestante y anglófono con sus delirios feministas, sus cabalgatas gays o sus cuotas de poder regaladas a las llamadas identidades minoritarias. Naturalmente estarán de acuerdo con la «cancelación» si bien el Gulag en el caso de Rusia sustituye a la expulsión de la universidad. En este sentido es siempre mejor una ideología democrática donde se respeten ciertos valores humanos que la que viene produciéndose en Rusia y China con los opositores. No es de extrañar puesto que estamos hablando de países con regímenes dictatoriales. No son democracias sino tiranías más o menos encubiertas, pero sí usted cree que esta guerra va de democracias contra dictaduras le adelantaré que está muy equivocado.

El paradigma moral que acusa al Kremlin de esta guerra contra Ucrania parece obvio. ¿Quién puede estar a favor de bombardear un país y matar indiscriminadamente niños, ancianos y enfermos? Ahora bien, las guerras no se previenen ni se acaban con argumentos morales y mucho menos pueden estos paradigmas explicarlas.

El paradigma geopolítico también parece un poco insuficiente para explicar esta guerra. Los militares no son tontos y saben ya a estas horas que invadir un país no es fácil, sobre todo cuando la población se resiste que es casi siempre y menos aun perpetuarse en él, cambiar el gobierno y asentarse en el mismo durante mucho tiempo. El ultimo país que fue conquistado de ese modo fue la Alemania nazi después de la pinza que aliados y rusos montaron sobre Berlin en 1945. Después de esto no ha habido ningún país que haya logrado invadir a otro por la fuerza, ahí está Afganistán, Vietnam, Irak, Libia para demostrarlo. Las guerras ya no pretenden ocupar espacio vital como en la época del Reich sino en cualquier caso enclaves estratégicos como Crimea cuya adhesión se saldó sin víctimas o dejar a un país en la ruina propiciando un lento despegue a largo plazo, un Estado fallido. Las guerras se hacen por otras razones, son en este sentido cortinas de humo para hacer otra cosa o propiciar que se haga otra cosa. Es muy evidente que a Rusia no le hace ninguna gracia que Ucrania entre en la OTAN, como no le haría a China tener una Corea unificada en su frontera y que le pase como a Hong Kong. Pero se equivocan quienes piensan que esta guerra se ha llevado a cabo para liberar dos regiones de Ucrania con mayorías rusas. Hay una prueba irrefutable Rusia no ha sacado toda su potencia letal y se ha conformado con una guerra de low cost con reclutas y artillería.

Donald Trump era soberanista y demócrata pero intuyó que la prosperidad de China era la ruina de USA propiciada básicamente por la deslocalización de la producción de ciertos bienes y que si bien ha contribuido a disminuir la pobreza de algunos países, tuvo consecuencias nefastas en las economías mas fuertes del planeta sobre todo en USA. El paro ha sido la consecuencia de cierres patronales de empresas que han desplazado sus factorías a países donde la mano de obra y los costes empresariales son menores. La libre circulación de personas con permeabilización de las fronteras ha sido otra de las consecuencias de esta globalización con las secuelas conocidas por todos los occidentales, algo que ha venido en llamarse multiculturalidad, una forma de blanquear estas dificultades a veces insuperables que llamamos integración.

De manera que podemos decir con toda claridad que la globalización ha sido una buena idea para las élites financieras y también para ciertos países que han visto disminuir su pobreza consuetudinaria.

Volviendo al trilema de Rodrik, lo que este autor apunta es que es imposible aspirar a la globalización al tiempo que se mantiene la democracia o la soberanía nacional. De las tres hay que elegir a dos. Trump eligió la soberanía (junto a la democracia) y China optó por la globalización que en cualquier caso la beneficia y la soberanía pero renunció a la democracia y Rusia optó por el soberanismo sin democracia. La UE es un ensayo general de algo más complejo: de lo que se trata es de un experimento de supranacionalidad que necesariamente ha de sacrificar la soberanía de sus miembros en aras de esa entidad que llamamos Unión Europea, algo muy alineado con las tesis globalistas.

El problema es que la Unión europea es en realidad una unión a la alemana en la que apenas caben los países latinos, Francia, Italia y España-Portugal no encajan bien en ese proyecto que parece pensado para sesudos alemanes y  beatos calvinistas. Un proyecto donde los ricos han impuesto sus condiciones a los países del Sur, como ya vimos en Grecia y posteriormente hemos visto como los países de Europa del Este (Polonia, Austria, Hungría) se han sumado al descontento oponiéndose a la inmigración tanto como a la austeridad para llevar a cabo políticas fiscales globales. De manera que el proyecto de la UE, después de la salida de UK, parece hallarse en un impasse, donde el descontento parece haberse transformado en una opción política más, que ahora se articula en una serie de partidos que reciben la etiqueta despectiva de «ultraderecha», cuando en realidad son partidos que cuestionan esa cesión de soberanía a ese ente burócrata con sede en Bruselas.

Pero además sucede otra cosa: la UE juega al disimulo con sus aliados naturales (USA), en realidad USA y la UE son competidores con la balanza de pagos a favor de esta ultima. USA a través de Trump inició un proceso de renegociación de las condiciones comerciales con la UE y la amenaza de desmantelamiento de la OTAN puesto que se cansó de pagar por la seguridad de Europa mientras Europa le ofende continuamente a través de alianzas chavistas, castristas y gobiernos de izquierdas en general, como hace nuestro país desde la época de Zapatero. Lo cierto es que no hay un enemigo común y la UE juega a la ambivalencia desde hace mucho tiempo.

Trump planeaba dejar que Europa se las apañara sola y que decidiera cuales eran sus reclamos de seguridad sin el concurso de la OTAN. Que se pagara un ejercito propio si es que temía ser invadida por Rusia hasta que llegó Biden e invirtió este programa recrudeciendo la postura de la OTAN, algo que viene también de la mano del gas y de sus propios intereses. A USA le interesa que Europa deje de comprar el gas ruso y se lo compre a ellos aunque sea mucho más caro (gas licuado y transportado en barco). Y esta parece ser una parte de la jugada. A mí personalmente me parece que hemos de comprar el gas a quien nos lo venda más barato o a quien nos convenga. ¿Por qué no comprar el gas a Rusia o a Argelia? ¿Solo porque son comunistas?

El argumento moral tiene pocas probabilidades de instalarse en un país como Alemania, ellos seguirán comprándole el gas a Putin aunque sea a escondidas. Mientras tanto en nuestro pais el «tracking sigue siendo ilegal a pesar de que lo acabaremos comprando a USA donde no lo es por orden de la UE.

Lo cierto es que Biden y su prole tienen intereses poco limpios en Ucrania, algo que ya había sido denunciado por Trump y que fue negado no solo por el partido demócrata sino silenciado por casi toda la prensa norteamericana. Ahora los periódicos serios dan marcha atrás y comienzan a destapar la verdad sobre el asunto. Al final es verdad eso de que en Ucrania había laboratorios biológicos clandestinos.

De manera que sí renunciamos al paradigma moral y al geopolítico nos encontramos de bruces con el paradigma globalización-soberanismo. Y con Trump no hubiera habido guerra Rusia-Ucrania porque tanto Trump como Putin eran y son soberanistas y enemigos declarados de la globalización. La OTAN hubiera sido poco a poco desmantelada o trasladada a otro lugar y Europa habría tenido que definir su política de seguridad. El polo Euroasiático hubiera tenido una oportunidad con Trump que no tenia intereses ni en el gas ni en el petroleo ni mucho menos en Ucrania.

Hay algunas pistas que nos permiten responder a la pregunta ¿Qué busca Putin con esta guerra?

Prepararse para el reseteo.

Algunas pistas: 1) Rusia solo aceptará el pago de su gas en rublos que es lo mismo que decir en rublos-oro. Y ¿quién cree usted que tiene las mayores reservas de oro del mundo?

Y otra pista, el próximo día 1 de Abril se pondrá en marcha el sistema cuántico que vendrá sustituir al viejo SWIFT. El dólar dejará de ser la moneda madre en las compras internacionales.

China gana tal como Trump predijo

Un post necesario para entender por qué los enemigos de mis enemigos son mis amigos hasta que dejan de serlo.

La respuesta está en este post

El señor del anillo único

El señor de los anillos es una novela fantástica de J. R. Tolkien y -sin pretender revelar nada de su trama- para aquellos que aun no la hayan leído, se trata de na historia que se desarrolla en la Tercera Edad del Sol de la Tierra Media, un lugar ficticio poblado por hombres y otras razas antropomorfas como los hobbits, los elfos o los enanos, así como por muchas otras criaturas reales y fantásticas. La novela narra el viaje del protagonista principal, Frodo Bolsón, hobbit de la Comarca, para destruir el Anillo Único y la consiguiente guerra que provocará el enemigo para recuperarlo, ya que es la principal fuente de poder de su creador, el Señor oscuro, Sauron.

«Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra
.
Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras».

Para mi la novela es muy sugerente de los momentos financieros por los que está atravesando el planeta. No cabe duda de que Sauron pretende un anillo (una moneda) única y no cabe tampoco ninguna duda de que existen al menos otros tres anillos en pugna: por una parte el nuevo dólar, el yuan chino y el euro.

Y más allá de la ficción de la novela me interesa decir algunas cosas sobre las monedas fiduciarias, que son las monedas actuales controladas por bancos centrales y las monedas digitales y diferenciar estas de las criptomonedas. Para ahorrar tiempo al lector diré que existe un consenso universal con la idea de que el dinero fiduciario toca a su fin. No parece buena idea seguir dándole a la maquina de hacer billetes para colocar deuda aquí y allá endeudando a los países sobre todo después de que se haya desvelado la inmoralidad de esa conducta. Pero ahora viene el problema porque las monedas digitales no resuelven tampoco el control centralizado del Estado y China ya está trabajando en un yuan digital que en realidad es el anillo unico con el que sueña Saurón.

Una moneda descentralizada como el Bitcoin es en realidad el enemigo principal del yuan chino pues se trata de una moneda descentralizada y controlada por blockchain, es decir democrática, participativa y distribuida, algo que no precisa de un gerente central, ni de un dueño de la moneda. es por eso que el bitcoin y el Ethereum reciben tantas criticas desde el sistema saurónico. No les interesa que hayan tantos anillos, quieren ser el anillo único.

Y esta es la guerra a la que se enfrenta el mundo. Para los que aun anden despistados les diré que Rusia y Putin a la cabeza están ya muy adelantados a la hora de evitar que China -que esta semana ha vendido parte de la deuda USA que obraba en su poder- pretende llegar la primera a este mercado. El dólar digital sigue a la zaga y es muy posible de que en los próximos días se produzca el tan ansiado reseteo del sistema financiero mundial.

¿Quien ganará esta batalla por destruir el anillo único?

Trump y Putin son aliados en esta guerra contra Saurón, no lo olviden.

 

Guerras solapadas

chalecos

Estamos asistiendo en Francia a un episodio que comenzó como una protesta por la subida de los carburantes y que nos recuerda a quienes lo vivimos a Mayo del 68, un movimiento sin líderes que traduce un descontento difuso al que poco a poco han ido añadiéndose otros alborotadores profesionales, al tiempo que en España la CDR (comités de defensa de la República) cortan carreteras y provocan asonadas de mayor o menor gravedad en distintos lugares. La pregunta que cabria hacerse es ésta: ¿Se trata del mismo fenómeno? ¿Es la violencia del país vecino similar a la violencia urbana que persiguen los llamados comités de defensa de la república catalana?

La respuesta es no.

Basta echar una ojeada al programa escrito sobre ese fondo del chaleco amarillo francés para caer en la cuenta que sus reivindicaciones bien podrían pasar por ser un programa de eso que en España llamamos extrema derecha, un programa que podrían firmar Vox en España o el frente Nacional de le Pen en Francia. Los chalecos amarillos responden a una lógica insurreccional derivada del agotamiento de amplias capas de la población machacada por el encarecimiento de la vida y que tienen en el automóvil su única oportunidad de vida, es por eso que los carburantes encendieron la mecha aunque el descontento es más amplio y difuso. Los comités CDR de la República son un grupo con líderes y con objetivos bien conocidos por todos.

Pero para entender las causas de los malestares sociales y encuadrarlos más eficientemente, es necesario que comentemos algo sobre el precio de la globalización, el precio que tiene para occidente. Para ello tomaremos como referencia el llamado trilema de Rodrick.

El trilema de Rodrick.-

paradoja

El trilema de Rodrick o también llamado el trilema imposible, descrito en su libro, «La paradoja de la globalización» señala que es imposible conseguir al mismo tiempo, la globalización económica, la democracia política y la soberanía nacional. Las tres opciones simultáneas son incompatibles por lo que nos veremos obligados a escoger sólo dos de ellas.

Dice la wiki que «globalización» es un «proceso económicotecnológicopolítico, social, empresarial y cultural a escala mundial que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo uniendo sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. La globalización es a menudo identificada como un proceso dinámico  producido principalmente por la sociedad, y que han abierto sus puertas a la revolución informática, llegando a un nivel considerable de liberalización y democratización en su cultura política, en su ordenamiento jurídico y económico nacional, y en sus relaciones nacionales e internacionales.

No está claro si este proceso tiene un fin claro, lo que es seguro es que de momento solo se ha llevado a cabo en dos cuestiones no baladíes; la circulación de capitales e Internet, es decir la disponibilidad inmediata y universal del conocimiento. También es cierto que ha favorecido la deslocalización de la producción de ciertos bienes y que ha contribuido a disminuir la pobreza de algunos países, pero lo que nadie dijo o advirtió es que tendría consecuencias nefastas en las economías mas fuertes del planeta. El paro ha sido la consecuencia de cierres patronales de empresas que han desplazado sus factorías a países donde la mano de obra y los costes empresariales son menores. La libre circulación de personas con permeabilización de las fronteras ha sido otra de las consecuencias de esta globalización con las secuelas conocidas por todos los occidentales, algo que ha venido en llamarse multiculturalidad, una forma de blanquear estas dificultades a veces insuperables que llamamos integración.

De manera que podemos decir con toda claridad que la globalización ha sido una buena idea para las elites financieras y también para ciertos países que han visto disminuir su pobreza consuetudinaria.

Volviendo al trilema de Rodrick, lo que este autor apunta es que es imposible aspirar a la globalización al tiempo que se mantiene la democracia o la soberanía nacional. De las tres hay que elegir a dos. Trump eligió la soberanía (junto a la democracia) y China optó por la globalización y la soberanía pero renunció a la democracia. La UE es un ensayo general de algo más complejo: de lo que se trata es de un experimento de supranacionalidad que necesariamente ha de sacrificar la soberanía de sus miembros en aras de esa entidad que llamamos Unión Europea.

El problema es que la Unión europea es en realidad una unión a la alemana en la que apenas caben los países latinos, Francia, Italia y España-Portugal no encajan bien en ese proyecto que parece pensado para sesudos alemanes y  beatos calvinistas. Un proyecto donde los ricos han impuesto sus condiciones a los países del Sur, como ya vimos en Grecia y posteriormente hemos visto como los países de Europa del Este (Polonia, Austria, Hungría) se han sumado al descontento oponiéndose a la inmigración tanto como a la austeridad para llevar a cabo políticas fiscales globales. De manera que el proyecto de la UE, después de la salida de UK, parece hallarse en un impasse, donde el descontento parece haberse transformado en una opción política más, que ahora se articula en una serie de partidos que reciben la etiqueta despectiva de «ultraderecha», cuando en realidad son partidos que cuestionan esa cesión de soberanía a ese ente burócrata con sede en Bruselas.

Lo que estamos viendo en Francia es en realidad una insurrección contra Macron que es el representante de  Rothschild en Francia, es decir el delegado de esas políticas globales que tanto gustan a las élites financieras. Se trata pues de una insurrección contra el precio -en este caso del gas-oil- que los franceses no quieren pagar a la globalización. «Demasiados impuestos» podría ser la soflama-consigna de los indignados franceses.

Nada que ver pues, esta movilización de «chalecos amarillos» con las CDR catalanas. A la UE no le gustan nada las reivindicaciones nacionalistas y no quieren saber nada de debates secesionistas, es por eso que Cataluña no tendrá nunca el visto bueno de la UE, al menos de esta UE. No es hora de abrir el melón de las nacionalidades ni del federalismo, eso ya vendrá si la UE es capaz de organizarse política, fiscal y militarmente. A la UE lo que le interesa sobre todo es preservar el statu quo de las políticas centradas. Es por eso que el centro tiene tanto éxito y todos los partidos pugnan por aparecer más radicalmente centrados, no importa si la cara es de Pedro Sanchez, de Rivera o de Casado, todos se ajustan bien a ese perfil. Todos cumplirían a la perfección con las políticas de apretarse el cinturón, de abrir las fronteras a los futuros habitantes de Europa (jornaleros sin ningún oficio conocido) y disminuir la población europea con las políticas de género.

Bueno, no todos, por que a Iglesias no lo quieren ver ni en pintura, si no es para domesticarle como hicieron con Tsipras. Pero así y todo Iglesias es menos peligroso que Abascal, al fin y al cabo nadie sabe si Podemos es o no es un partido globalista y está muy claro que Vox es un partido soberanista.

De manera que la guerra ya no es entre izquierda y derecha como muchos se empeñan en pensar sino entre globalistas-soberanistas por un lado y por totalitarios-demócratas por otro. Se trata de guerras solapadas que operan con máscaras: parecen responder a la lógica lineal izquierda-derecha pero en realidad son otra cosa. Los totalitarios serán capaces de cualquier cosa para aumentar la confusión y el caos, son en este sentido «pescadores en aguas turbias» que se aprovechan de la pelea entre los otros bandos.

Dos bandos que es donde se cuece en realidad la batalla que definirá el resultado final: la UE puede desaparecer, puede quedarse en lo que debió siempre ser, un mercado común o una refundación total que incluya a todos los países en igualdad.

Y no creo que sobreviva si no es capaz de asegurar esa igualdad.