El creciente fértil

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Un area de creciente interés en psicología evolutiva es aprender más de nuestra forma de alimentarnos, de sus origenes y de nuestra especialización en la producción de alimentos que señala al Neolítico (unos 10.000 años atrás) como esa nueva era en la que el humano comenzó a domesticar la naturaleza para proporcionarse alimentos seguros que acumulados y protegidos eficazmente dieron lugar a un fenomenal despliegue de otras tecnologías y novedades: la escritura, la guerra, el tiempo libre, la explosión demográfica y las ciudades están tan vinculadas a la agricultura que merece la pena escarbar un poco en la forma en que el hombre dejó de ser un cazador-recolector y pasó a ser sedentario.

En un post anterior y a propósito de un libro de Jared Diamond, ya planteaba esta pregunta. ¿Por qué el hombre dejó el forrajeo y se convirtió en agricultor? ¿De dónde le vinieron esas enseñanzas?

Decía allí que la innovación de disponer de huertos con alimentos permanentes (o de temporada) ha sido tan ventajoso para las colectividades humanas que intuitivamente nos permite asegurar que la agricultura evolucionó precisamente porque suponía una mejor alimentación, de más personas y al mismo tiempo con menos dedicación y riesgo que el forrajeo o la caza-recolección. 1 Km cuadrado de tierra puede alimentar 100 personas mientras que una sola persona necesitaría esa extensión solo para alimentarse a sí mismo y a su familia.

Otra cuestión es saber cómo se llevo a cabo esa transformación. La agricultura en realidad supone un saber acerca de cómo se cultivan esos alimentos y ese saber no sucedió por «ciencia infusa», precisa de una explicación. Plantar un árbol, criarlo y esperar a que de frutos no es una cuestión tan fácil como pueda parecer (el lector puede practicar con una semilla de naranja para ver qué ocurre).

Para empezar no todos los árboles se plantan con semillas -que seria la idea mas intuitiva que nos vendría a la cabeza-. La mayor parte de frutales se reproducen por esquejes y otros más sofisticados por injertos: una tecnología que no venía de serie en los humanos ancestrales. Se necesitaba una cultura agrícola y es por eso que se llama agricultura y no agrinatura. Hay algo cultural en las tecnologías que dieron lugar a la agricultura, algo que se transmite con el contacto, la tradición y el intercambio de tecnologías.

Además hay otro problema: los árboles no crecen de un día para otro, hay que esperar años para que den frutos. ¿Que ventajas pudo intuir el humano para esperar a veces 10 años mientras sus árboles se hacían adultos?

Obviamente la agricultura no comenzó con los arboles sino con las semillas y las espigas.

Semillas y espigas.-

Algunas plantas idearon un buen mecanismo para reproducirse: se trataba de construir frutas apetitosas para que alguien las comiera y al mismo tiempo diseminara sus semillas, bien porque las vertiera en el suelo o bien después de un tránsito por un tubo digestivo concreto. Dado que las plantas no tienen piernas y no pueden desplazarse, la estrategia de esconder sus semillas dentro de un fruto comestible era buena a fin de lograr que sus semillas se difundieran y esparcieran llevadas por sus consumidores, sean pájaros, mamíferos o a través del mismo mar.

Otras andaban escondidas en espigas y usaban el viento para su diseminación ofreciendose a sus corrientes cuando comenzaba el tiempo de la germinación, de manera que en tiempos ancestrales ya existían alimentos comestibles en estado silvestre, concretamente el trigo, las fresas, las lentejas, las moras, frambuesas y los guisantes disponen de versiones preagrícolas, algunos de ellos aun existen en estado silvestre si bien el hombre los ha domesticado para doblar su tamaño como sucede con las fresas al cultivarlas en invernaderos y alejándolas de los pájaros.

Es posible afirmar que el paso de la recolección a la agricultura no fue de golpe sino gradual. La agricultura evolucionó desde ciertas plantas que en su estado ancestral ya crecían de forma silvestre. El hombre aprovechó las enseñanzas de esas plantas primitivas para domesticarlas y llevarlas a su terreno. A su terreno de una producción intensiva.

Pero no se trató de un ruptura con la caza-recolección. Los humanos combinaron durante mucho tiempo ambas estrategias alimentarias y lo hicieron precisamente porque disponían de plantas con una reproducción fácil: se trataba de plantas autosuficientes (hermafroditas) que no necesitaban grandes sofisticaciones para reproducirse.

Lo interesante de esta cuestión es que la agricultura no se desarrolló uniformemente en todo el planeta sino que escogió precisamente esa franja en forma de C (por eso se llama creciente fértil). No cabe duda de que la agricultura tiene un origen multiregional a pesar de la evidencia de que el clima mediterráneo de esa zona de Oriente próximo era parecido al de California, suroeste de Australia, Nueva Guinea, Chile o Sudáfrica. La diferencia está precisamente en sus plantas silvestres autóctonas aquellas que se habían aclimatado en tiempo ancestral a ese clima que resultaron en el Creciente fértil más ventajosas precisamente por su reproducción autosuficiente.

Algo parecido sucedió con las especies animales domesticadas, alli donde ya no quedaban mamiferos de tamaño medio para domesticar (como el caso de Australia donde todos fueron masacrados) hubo que esperar la colonización por parte de foráneos para que apareciaran ganados tipo ovino que no son autóctonos de Oceanía. En el creciente fértil sin embargo se lograron domesticar casi todos los animales que hoy consideramos aptos para el consumo humano o para las tareas agrícolas. El cerdo, la gallina, ovejas, cabras, vacas y caballos fueron domesticados en esa franja en forma de C.

Almendras y bellotas.-

Solo una pequeña parte de las plantas que se conocen son aptas para el consumo humano y algunas de ellas forman parte de la alimentación esencial en buena parte del planeta: el maíz, el trigo, el arroz y la patata son alimentos báasicos de distintos orígenes en el viejo y nuevo mundo.

Pero existen especies que se resisten a la domesticación, una de ellas es la bellota, mientras otras como la almendra ha sido domesticada.

La historia de la almendra es muy interesante porque las almendras que hoy consumimos no son exactamente iguales que las almendras silvestres que son tóxicas. Todo parece indicar que la estrategia de algunas frutas consistió precisamente en todo lo contrario de aquellas que aparecían como turgentes a fin de que operaran como señuelo para ser comidas. Otras plantas usaron venenos para impedir que se las comieran y así la almendra inventó la amigdalina, un veneno conocido por su sabor amargo y que todavía podemos degustar cuando consumimos almendras. Alguna sale amarga. ¿quien no tiene esa experiencia? e inmediatamente la retiramos de la boca o la escupimos pues contiene cianuro. (Nota: para que sea letal hay que consumir una buena cantidad y no solo una).

El asunto es que después de la selección artificial que el hombre llevó a cabo con las almendras hemos conseguido una estirpe de almendras que no son tóxicas ni amargas. ¿Cómo hizo esto el humano? Pues eligiendo alguna almendra que por azar resultara dulce (una mutación) y consiguiendo (como hizo con las fresas) que se adecuara a nuestros gustos. El problema es que aun sale de vez en cuando alguna almendra amarga ¿Por qué?

Pues porque el gen que regula la producción de amigdalina es dominante y único. Al ser único se facilitó su domesticación y al ser dominante se muestra refractario a su extinción. Es matemáticamente muy probable que si usted consume almendras alguna en un mismo plato sea amarga y le amargue el aperitivo.

Con la bellota pasa algo de sentido contrario, no hay manera de diseñar una bellota comestible, pues también contiene taninos amargos que la hacen tóxica para los humanos, pero no para las ardillas. Al parecer bellotas y ardillas coevolucionaron y la ardilla ha ganado la partida al hombre y a sus intentos de domesticar los encinares.

Ni siquiera hoy con las técnicas mas sofisticadas de ingeniería genética hemos sido capaces de hacerlo. Las encinas son uno de los arboles mas ancestrales que coexisten en la actualidad resistentes al paso del tiempo y a las maniobras humanas para domesticarlo. ¿Las razones?

El tanino de las bellotas no está relacionado con un solo gen sino por varios y una encina -a diferencia del almendro- tarda mas de 10 años en crecer. Demasiado tiempo de espera para un recolector nómada e incluso para un agricultor sedentario. Lo mejor es dejar a las ardillas vivir en sus paraísos de encinares y prescindir de las bellotas.

Bibliografía.-

Jared Diamond: «Armas, germenes y acero: breve historia de la humanidad e los últimos 13000 años

La conciencia global (Globcons)

Recientemente ha tenido lugar en la Universidad Jaime I de Castellón un congreso internacional llamado Globalcon o conciencia global con la conferencia estelar de Ervin Laszlo que desgraciadamente no ha podido ser traducida al castellano por una serie de problemas técnicos pero que podeis ver aqui. o aqui en la lista de reproduccion

Cuelgo aqui la mesa redonda sobre redes y empoderamiento en la que participé con una ponencia que titulé: el Hombre hiperconectado y donde hablo fundamentalmente de cómo el conectivismo nos cambiará no solo el cerebro (algo que ya estamos percibiendo) sino tambien el «contrato social» y nuestra manera de percibir los entornos de sociabilidad.

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Tit for tat

monos

Maynard Smith es un genetista y biologo evolutivo inglés que entre otras cosas es conocido por haber llevado la teoria de los juegos al campo de la evolución.

Interesado en conocer las razones por la que las estrategias de cooperación habían sobrevivido a la deriva evolutiva a pesar de que los comportamientos egoístas dan premio evolutivo seguro, Maynard Smith llevó el conocido dilema del prisionero a entornos ancestrales para comprobar qué estrategias tenian premio y comprobar que, contrariamente a la intuición, estas estrategias no eran necesariamente las egoístas.

Siempre y cuando, claro está, existan varias tiradas, lo que se conoce con el nombre de dilema del prisionero reiterado. Las interacciones sociales entre individuos de nuestra especie suelen llevar este marchamo, es decir las interacciones con un miembro de nuestra especie no se dan una única vez sino que suelen repetirse, afortunadamente guardamos memoria de ellas.

En un post donde hablé del grooming (despiojamiento), una conducta social observable de cooperación o explotación ya me ocupé de desvelar como encajaban estas estrategias entre sí, a fin de resultar despiojado por un congénere, alli demostraba Smith que le mejor estrategia era el tit for tat, en castellano «toma y daca».

Las estrategias posibles en la interacción social.-

  • La bonachona, siempre coopera aunque le traicionen
  • La vengativa, una vez le traicionaron y siempre traiciona.
  • La explotadora, nunca coopera pero acepta la cooperacion ajena.
  • La lunática, coopera o traiciona al azar.
  • Desconfiada, anticipa el engaño y traiciona al principio pero puede cooperar cuando confia.
  • El toma y daca, comienza cooperando pero luego solo coopera con quien coopera y traiciona a los traidores.

Despiojarse a solas es bastante difícil debido a que para el individuo es imposible llegar con sus propios medios a cada uno de los rincones donde los parásitos anidan y de hecho el despiojamiento ha sido quizá la primera interacción social entre individuos, mucho antes que el juego, el baile, la celebración o el coito consensuado. Una conducta que redundantemente no sirve tan sólo para asearse sino que también y secundariamente fortaleció los vínculos sociales, grupales, familiares y sexuales y acaso también las primeras discriminaciones entre individuos, que podríamos dividir en dos grandes grupos: los que siempre desparasitan (bondadosos) y los que nunca lo hacen aunque son desparasitados (tramposos). A los primeros les llamaremos altruistas y a los segundos egoístas, aunque la evolución llegó a compromisos de altruismo mutuo (Trivers,1971): despiojarse en parejas, una actividad que seguramente iniciaron las madres a partir del aseo de sus crías y una estrategia que ganó adeptos y por tanto posibilidades genéticas, desparramándose por la población como una estrategia poderosamente estable y que respondería a un sencillo programa como este:

(Si) yo te despiojo ahora

(Entonces) tu me despiojas después

Lo que abrió la puerta a una contraestrategia evolutiva simétrica: el engaño, es decir la estrategia de aquellos individuos egoístas que aceptan la desparasitación sin aceptar los costos de la misma (despiojar a su vez). Pero este tipo de engaños no pueden repetirse de nuevo con la misma pareja ya avisada, de modo que el individuo tramposo deberá buscarse para cada desparasitación una nueva pareja ingenua que le despioje primero y que luego se quede con las ganas de ser – a su vez – desparasitado. La razón por la que estos tramposos no han prevalecido en la mayoría de la población es que una vez descubiertos en sus intenciones la mayor parte de los individuos ya no invertirán esfuerzos en su despiojamiento, con una salvedad: aquellos bonachones que con independencia de la experiencia no aprenden de sus errores o son incapaces de negarse a despiojar a un necesitado.

El problema es que en una comunidad no pueden existir demasiados bonachones porque ejercerían un efecto poderoso de llamada frente a los tramposos, de modo que ambas poblaciones, bonachones y tramposos extremos están poco representados entre las comunidades de homínidos parasitados y por consecuencia en ese almacén de posibilidades génicas (Bateson 1979) que llamamos genoma. Una vez institucionalizado el engaño la contraestrategia siguiente es la anticipación del engaño que practican casi todo el resto de individuos, aun aquellos que practican el altruismo recíproco, pero las cosas tampoco son lo que parecen, porque siempre uno tiene que empezar a invertir esfuerzo el primero a la espera de que el otro no le traicione después, la lógica opera de parte de entender que el otro puede ser un traidor, de modo que lo natural es la estrategia desconfiada, es decir no empezar nunca el primero a despiojar a nadie y luego una vez encontrada una pareja en la que confiar aplicar el modelo “toma y daca”: yo te despiojo a cambio de que me despiojes.

Estas conductas están sometidas a autoregulación por oscilación critica, cada una de ellas precisa de las vecinas. En efecto, la desaparición de los individuos tramposos generaría una proliferación de individuos bonachones que a su vez serían explotados por los vengativos o los desconfiados que poco a poco irían haciéndose más numerosos, disminuyendo simétricamente las poblaciones de bonachones o emergiendo nuevas conductas similares a los explotadores egoístas extinguidos que cada vez dispondrían de herramientas de engaño más perfeccionadas, lo que provocaría a su vez la disminución de los vengativos o desconfiados peor equipados para la explotación que los genuinos egoístas.

Por otra parte la extinción de la población de bonachones tendría un efecto letal sobre la población de egoístas explotadores que por mutación deberían disponer de nuevas estrategias cada vez más sofisticadas de engaño para explotar a desconfiados o a los “toma y daca”. Ambas posibilidades indican que aquellas conductas destinadas al engaño o a la discriminación y anticipación de potenciales engaños se verían favorecidas por la selección, como así parece haber sucedido en nuestra especie.

La mejor estrategia.-

De donde se desprende que en términos de conseguir el propósito de lograr ser desparasitado (cuando el juego se juega más de una vez) la estrategia “toma y daca” es la que sale mayormente beneficiada. Curiosamente, el lunático puede esperar ser desparasitado cuando sus interacciones con los “toma y daca”, o los desconfiados vayan en la línea de cooperar, pero quedará sin desparasitar cuando se enfrente a estrategias egoístas o a sus propios compañeros lunáticos impredecibles.

La estrategia vengativa sale mal parada y sólo gana en su interacción con los bonachones, casi tan mal como los egoístas que dependen en exclusiva de la población de ingenuos para subsistir, sin embargo el bonachón que a primera vista pareciera el mayormente perjudicado en sus interacciones desparasitadoras puede esperar cooperación de los individuos “toma y daca”, de los desconfiados y de sus congéneres bonachones, constituyendo una estrategia con mayor puntuación evolutiva que las “tramposas o malvadas” es decir de los no cooperadores bien sea por egoísmo o rencor.

Y un consejo:

Coopera con quien coopera contigo o como decian los curas de cuando entonces: amor con amor se paga.

Sapolsky y la muerte súbita del lactante

De Robert Sapolsky ya hablé aqui en este post sobre monos enamorados, se trata de uno de los neurocientíficos que más saben sobre estrés.

En esta ocasión lo traigo aqui a través de dos videos de una conferencia pronunciada en «La ciudad de las ideas»,acerca de la muerte súbita del lactante, conocida por la muerte sin causa.

Lo cierto es que si hay una causa y en estas conferencias Sapolsky nos explica la relación entre estrés, tamaño del timo y muerte súbita. Algo que habia sido pasado por alto en los investigadores y los anatomistas que siempre contaban con un sesgo observacional: los cadáveres suelen pertenecer a pobres que por supuesto sufren más estrés y que por supuesto tienen glándulas del timo menores. De paso Sapolsky nos recuerda una siniestra historia acerca de cadáveres y facultades de medicina.

Sapolsky nos recuerda para concluir que los médicos tenemos que saber donde mirar y hacerlo más profundamente y más allá, no hay que conformarse nunca con lo que sabemos y dudar de nuestras certezas.

Video 1.-

Video 2.-