El culo y el puño

La ministra de Igualdad Bibiana Aido lo tiene claro.

Y ha optado por la «guerra de los sexos». A pesar de la creciente y ominosa estadistica que cada dia nos golpea en los telediarios ella sigue erre que erre.

Y sigue pensando que la culpa de todo la tiene el machismo de los hombres.

Y cree que combatiendo las desigualdades entre los sexos el tema a la larga se resolverá como la crisis económica, es cuestión de resistir invocando un ideal demasiado lejano para poder ser cumplido.

Porque llevamos pocos años de cultura y millones de años de evolución y aqui precisamente lo dice: las mujeres van a lo que van y los hombres a tocar y salir, si pueden.

Cuanto me gustaria que la ministra Aido supiera algo de psicologia evolutiva y viera este video donde David Buss explica las razones por las que los hombres matan a sus parejas. eso que ella llama «machismo» es en realidad la esencia de los masculino y la fascinación por esos recursos masculinos la esencia de lo femenino.

David Buss es un psicólogo evolutivo cuya web está aqui y sobre cuya obra más conocida «La evolución del deseo» ya hablé en este post y de cuyas demostraciones descriptivas sobre la pregunta ¿qué quieren las mujeres de los hombres? o ¿qué quieren los hombres de las mujeres? ya hablé suficientemente para volver a reiterar las mismas ideas.

Lo cierto es que otras mujeres tambien claman por la igualdad, aunque algunas como Shakira opinan que la igualdad es el derecho a enseñar el culo y mostrarse casi desnuda en una jaula en plan loba. De manera que existen distintas versiones sobre la igualdad, algo de lo que ya me ocupé en este post.

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O bien atada con una cuerda.

Shakira_by_VillesgodgirlValo

Son maneras aparentemente distintas de entender la liberación de la mujer.

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Pero hay algo que las une: ambas sostienen puntos de vista falsos sabiendo que lo son, una especie de prevaricación intelectual.

¿Puños en alto o negocios en Benidorm?

cruz

¿Señal de la cruz o Gran Lucro?

¿Izquierda o derecha?

¿Culos o puños?

Observen como entienden la ministra y la cantante la liberación de la mujer: distintos caminos, objetivos parecidos.

Nota, el video de la cantante no se puede embeber porque debe cobrar derechos de autor. Pero puede verse aqui.

El video de la Aido tampoco, pero aqui hay un programa de broma -con poca gracia- donde salen los ex-marxistas resucitando viejos gestos.

Saber y no saber

El verbo «saber» es un curioso verbo que damos por sabido en cuanto lo leemos, como si supiéramos a qué se refiere ese infinitivo más allá de lo bien conocido. Sin embargo encierra multiples matices y acepciones, la más conocida de las cuales se refiere a otro infinitivo, «conocer». Saber es conocer, tener un conocimiento o noticia de algo. Es la acepción corriente del verbo «saber» aunque para ser exactos saber es algo que va más allá de conocer algo y que a veces se confunde con poseer alguna habilidad especial, se sabe nadar del mismo modo en que se saben resolver integrales.

El verbo «saber» es pues polisémico.

Otra vuelta de tuerca: pero conocer se refiere más bien a un saber vulgar mientras que saber se refiere a un conocimiento profundo más cientifico por asi decir: el campesino conoce las señales del cielo y puede saber cuando lloverá , se trata de un conocimiento empírico que es algo distinto al conocimiento que tiene el meteorólogo. Podriamos decir que hay un saber próximo que desconoce sus razones y un saber que se sabe a si mismo.

Más vueltas de tuerca: Del mismo modo el verbo saber puede dejar de ser un verbo y transformarse en un sustantivo, entonces se transforma en algo que se posee y que va más allá de un conocimiento cualquiera, ese Saber se identifica con el Poder, con la soberanía o la sabiduría personales, frecuentemente se identifica con algo que señala hacia el carisma, la distinción o el ornato: un saber especial, algo que no es acumulativo como sucede en el experto sino algo que roza lo sobrenatural, lo incomprensible, algo que tiene que ver con la genialidad.

Tintoretto por ejemplo sabía pintar como está bien acreditado, si nos detenemos en contemplar este cuadro de Tintoretto conocido como «Susana y los viejos» podremos profundizar en las sutilidades del verbo saber. Y a plantearnos la antitesis de ese verbo que no siempre coincide con la ignorancia. A veces lo contrario de saber es saber de otra manera. A Hegel y su principio de contradicción habría que olvidarle para saber de otra manera. ¿Hay aun alguien que no tenga contradicciones?

En el cuadro podemos observar una escena mitológica, en este caso de la mitologia hebrea, una historia que nos viene narrada en el libro de Daniel. Podemos ver como Susana se encuentra en un jardin mirándose en un espejo, detras del espejo hay un seto y en sus bordes (ángulo inferior izquierdo y centro izquierdo) hay dos cabezas de viejos que contemplan la escena. El relato bíblico cuenta que Susana fue requerida sexualmente por este par de granujas que la amenazaron con denunciarla ante los jueces si no accedía a mantener trato carnal con ellos.

Es importante señalar que el castigo para una mujer que se muestra desnuda en la Biblia era la muerte, de manera que la denuncia de los viejos hay que tomársela muy en serio. Sin embargo Susana no accedió a las proposiciones ni cedió ante sus amenazas yendo a parar al tribunal donde es precisamente el profeta Daniel quien la defiende con esta frase «yo soy inocente de la sangre de esta mujer».

El argumento de los viejos era desde luego falso pues declararon que habia habido por parte de Susana una provocación al mostrarseles desnuda, el argumento de la defensa de Susana es que no habia habido provocación puesto que ella no sabia que los viejos estaban observando la escena. Al final de la historia los viejos resultan condenados a muerte por falso testimonio.

Pero ¿hubiera habido provocación si Susana hubiera sabido que los viejos la espiaban? ¿El pecado estriba en la provocación o en la exhibición de la desnudez en sí?

Nótese como la culpabilidad o inocencia de Susana pende de un hilo: de si sabía o no sabía que los viejos andaban por alli.

En este post se encuentra la historia al completo.

Una de las cuestiones interesantes de este mito es que contiene dos mitos griegos empaquetados en él, por una parte el mito de Artemisa y por otro el mito de Narciso.

Artemisa tambien como Susana se iba al bosque desnuda con intención de bañarse y allí es observada por Acteon. El castigo por observar desnuda a una diosa es la muerte y Artemisa se las arregla para que Acteón -un cazador con jauría propia- sea devorado por sus propios perros que dejan de reconocerle cuando es transformado en ciervo. Asi el cazador deviene an cazado. Narciso del mismo modo que Susana se recrea en su propia imagen, se encuentra enamorado del amor más que del objeto que lo suscita y es por ello que rehuye el trato carnal con sátiros y ninfas a pesar de ser requerido constantemente por ellos. El castigo le es inflingido por la diosa Afrodita que no tolera que los humanos rechacen el placer sexual.

Susana- sin embargo- no es una diosa sino un mortal por lo que contemplarla desnuda no es un delito. El delito -segun la ley hebrea- es mostrarse desnuda y ese es el argumento que sostienen los viejos, mientras que Susana se defiende con el argumento «no sabia que la estaban observando».

Otro de los vértices de interés de este cuento radica en la existencia del inconsciente.

¿Sabía o no sabía Susana que los viejos la miraban?

Eso es precisamente el inconsciente, la Spaltung original, la escisión entre aquello que se sabe y aquello que no se sabe o que se sabe de otra manera, puede observarse como es la polisemia del verbo saber lo que se encuentra dividido entre consciente e inconsciente, es como si el lenguaje fuera lo que divide al sujeto en dos partes, una que se conoce y se sabe con consciencia de saber (Susana conoce perfectamente las leyes hebreas y su castigo) y algo que no se sabe y de lo que -por tanto- no se es responsable- , en este caso no sabe que está siendo observada.

La pregunta sobre la inocencia o culpabilidad de Susana tiene mucho interés para los jueces que tienen que dictar sentencia en función de este acto de conocimiento. Aun hoy los jueces dictan justicia basándose en esa presunción que hoy se llama dolo, es decir la voluntad de hacer daño a través de un acto. Si Susana sabia o no sabia que los viejos estaban mirando tiene mucho interés juridico pero poco interés psicológico. Desde que sabemos que existe el inconsciente saber y no saber son la misma cosa porque Susana podia saber que estaba sola y simultáneamente saber en otro lugar que la estaban observando. Lo cierto es que si uno va desnudo por un jardin lo más probable es que acaben mirándole si alguien merodea por alli. Eso le sucedió a Susana y a Artemisa, unos espectadores las descubrieron, algo que no hubiera sucedido si se hubiera mirado en el espejo en su propia alcoba o si la diosa hubiera decidido bañarse en el Olimpo.

Estar desnudo es pues algo distinto a exhibirse desnudo. No es delito desnudarse, lo que la ley bíblica pone de manifiesto es que el delito está precisamente en la exhibición de la desnudez, claro que hoy esta historia nos parece banal, pues el desnudo ha dejado de ser un tabú. Asi y todo el desnudo sigue manteniendo relaciones y vinculos con lo sagrado y lo siniestro, notese por ejemplo esta fotografia de Steven Speliotis a medio camino entre el arte y la pornografia, es de observar como el deseo a veces debe asomarse a la pulsión para llenar el tanque de gasolina:

Un tabú es según Bataille una prohibición que se acata en nombre de lo sagrado, es decir en nombre de lo incognoscible, en este caso la ley de la Torá. Hay una ley que prohibe la desnudez y que se acata en nombre de la revelación o enseñanza de algun libro sagrado. Sin embargo el desnudo es fascinante para los hombres sobre todo el desnudo de la mujer, no voy a entretenerme a nombrar la gran cantidad de desnudos de todas las épocas que han guiado la mano de artistas y pintores, pero quiero señalar que Tintoretto pintó este cuadro en el Renacimiento, es decir en una época donde el desnudo era considerado un pecado infame de manera similar al entorno bíblico que le sirve de referencia. Es por eso que los pintores tomaron como pretexto temas mitológicos o religiosos para legitimar sus desnudos siempre mal vistos por los vigilantes del deseo.

El deseo humano es como un rio o mejor como un automovil, debe circular siempre en presencia de prohibiciones, circular por la derecha, detenerse en los semáforos en rojo, no sobrepasar determinada velocidad, ceder el paso a los que llegan por la derecha o no consumir alcohol durante la conducción. Estas prohibiciones forman parte de lo que conocemos como código de la circulación. Algunas de estas prohibiciones son arbitrarias y otras francamente ineficaces, algunas injustas según se mire, pero el deseo lleva su propio motor y es por eso que los seres humanos disponemos no solo de códigos juridicos y preceptos morales, religiosos o éticos sino tambien de un mecanismo que funciona de forma automática e inconsciente. A ese mecanismo le llamamos represión.

Hay algo en el deseo humano que ha de sacrificarse, algo en el placer individual qu resulta peligroso para la convivencia colectiva y ese algo tiene que ver con la sexualidad. Lo que se reprime es ese impulso que llamamos pulsión en castellano y trieb en alemán, otra palabra polisémica que nombra tanto el impulso (si es masculino) y el brote si es femenino.

Lo que brota en el cuadro de Tintoretto y en el deseo de Susana y en el de Artemisa es el deseo de mostrarse desnuda, esa es la pulsión que se encuentra reprimida y que apenas puede llegar a entreverse en la escena del jardín y el seto.

No existe pues la inocencia psicológicamente hablando de Susana, ella quiso mostrarse a la mirada de un otro, aunque en ese caso no pudo elegir sobre las consecuencias de la acción de los ancianos.

Y lo que eligió fue la transgresión, aquello que hacemos guiados por el deseo y que contiene un germén de subversión frente a aquellas prohibiciones que son efectivamente injustas.

Lo retro

Un paradigma es un principio supra o metalógico de organización del pensamiento: un principio oculto que organiza y gobierna nuestra visión de las cosas sin que tengamos demasiada conciencia de ello, a veces adquirimos conciencia precisamente por la repetición del motivo, es por eso que en los sueños hay imagenes multiplicadas como también en el erotismo, clones iguales a uno mismo o al deseo.

Algo que coincide enteramente con eso que en términos vulgares llamamos el gusto.

Y a mi me gusta lo retro, es mi paradigma erótico, siento una especie de fascinación por ese tipo de estética y debe ser -Freud lo aseguraría- porque estas mujeres que aparecen en estas fotografias son las mujeres que espié durante mi infancia, en esos momentos y lugares donde los niños acceden como visitantes inocentes pero voyeurs. Y nada hay menos inocente que la mirada de un niño, ese perverso polimorfo que mira y desguaza a la mujer parcializándola en tetas, culos, zapatos y velos.

Pues son los velos los que separan el arte de la ginecología, de la pornografía, la exploración de lo evidente, más allá de la intimidad del dormitorio.

Pues la mirada de los hombres no quiere ver, no puede apresar toda la inmensidad de la mujer, y no quiere saber, esa es la esencia del erotismo, su cualidad de fechoría, de denegación, de saber sin saber.

Nada que ver con las chonis que ahora se llevan, esas tetas siliconadas, esos pubis quirúrgicos y despiojados, esa «profesionalidad fingida», esas miradas vacuas a la cámara fingiendo ser el objeto del deseo de todos los hombres, ese puterío infantil.

Por el contrario estas señoras, pues señoras parecen mas que chonis, tienen el aspecto de amas de casa posando para un marido camionero, para un marine desaparecido en las selvas del Pacifico, para un obrero de la construcción.

Obsérvese como esta aun guarda la fotografia de su marido-soldado patrullando el dormitorio mientras ella se fotografia para él, una fotografia para aliviarse en el frente:

Su picardía ingenua las hace reconocibles e incluso domésticas, bordeando el fetiche superviviente en todos los deseos masculinos, las medias, el espejo que duplica la imagen y sobre todo los pechos.

Pues ellas se ofrecen al deseo de los hombres, antes y ahora, se ofrecen al Deseo.

Pechos en rebeldia y pechos multiplicados como en esta fotografía donde ellas parecen haber sustituido una reunión de vecinas para comprar Tuperwares por una sesión colectiva de porfía femenina. ¿Quién los tiene mas grandes?

Delicioso.

Se trata de pechos imperfectos pero precisamente por eso adorables y que contrastan con los pechos de la actualidad insertados siempre en un cuerpo demasiado escuálido para mantener erguido tanto volumen. El cuerpo de la mujer ha mutado desde estas modelos creibles hasta los cibercuerpos imposibles de nuestras chonis de turno. Es paradójico que las mujeres se operen el pecho añadiéndose volumenes cuando no comen lo suficiente para asegurarse una buena dosis de estrógenos, pues son los estrógenos los que hacen crecer los pechos, digo yo, como en esta modelo que amenaza con inundarnos de hormonas.

Esos pechos adorables de las mujeres de antes de mirada ingenua que tanto nos gustan a los hombres de ahora acostumbrados al sucedáneo.

No hay sexualidad perversa o normal sino que la sexualidad es en sí misma perversa, de lo contrario sólo alcanza el estatuto de un contrato mercantil o de lo obsceno que es otra cosa.

Las mujeres de Puccini

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Será porque ha venido Modigliani -aquel moderno que pintaba como el Greco- a España o será por lo que tenga que ser pero hoy tengo la extraña necesidad de hablar de Puccini, el mecanismo asociativo es por lo de mujeriegos ambos, de manera que esta tarde he estado mirándome en youtube algunos fragmentos de sus óperas para elegir a tres de sus personajes femeninos: Tosca, Mimi (La bohéme) y Cio Cio San (Madame Buterfly).

puccinitosca.jpgLas tres comparten algo de la visión de Puccini acerca de la mujer y las tres a su manera son personajes sublimes, románticos y deliciosos en su humildad devocional (Mimi), su oscura celotipia victimaria (Tosca) o la ingenua Cio Cio San que lo hace sin condón con un cabo furriel y se queda preñada a la primera de cambio y espera «un di si vedremo» que el marinero vuelva y la haga su esposa, una especie de «tatuaje» concha piqueresco pero en aria operistica a la italiana, cosa de gondoleros napolitanos. Naturalmente todo termina en tragedia porque las personajes de Puccini no saben si son putas o santas pero lo que si sabemos es que la que no es tuberculosa es una suicida en potencia y la que no, es tonta y por eso se la folla Scarpia, el malo de todos los malos y que seguramente es el propio Puccini disfrazado de barítono que hasta fue tiroteado por un marido celoso y vengativo. Sólo los personajes masculinos de Puccini parecen saber que son unos canallas y actuan como tales engañando a las tias cuando las tias aun podian ser engañadas, ¡que tiempos!

En esta escena Mimi se presenta a Rodolfo que un momento antes ha hecho lo propio después de saber que Mimi, que en realidad se llama Lucía tiene efectivamente las manos frias, ella lo dice muy claro «Si mi chiamano Mimi» y flechazo.

Vale la pena ahora profundizar en la personalidad de esta Tosca que se debate entre unos ojos que no son los suyos, ojos pintados por su amante Cavaradossi, con quien Tosca no las tiene todas consigo por aquello de la codicia comparativa con una de sus modelos rubias de ojos azules.

Aqui esta este aria cumbre de la obra de Puccini, «Vissi d´arte»

Y para terminar no podemos dejar de mirar al corazón de esta Cio Cio San que mantiene la esperanza contra tiempo y marea: el regresará si, pero casado y para robarle a su hijo.

«Un bel di si vedremo«, pero ir para nada es tontería.

Personajes extremos como siempre pasa en la escena ¿alguien puede imaginarse una ópera de la vida cotidiana?, la opera es hiperbólica por definición y aunque no fue un invento de Puccini es un invento italiano. Un invento de Monteverdi que de paso que hacia bolos en sus ratos libres abrió el melón del Barroco o sea un genio, aunque un genio atormentado no tanto por las tias que se beneficiaba sino por la esposa que perdió y por eso escribió «Lasciatemi morire» la más bella declaración de amor despues de la muerte que se ha escrito, ese amor que atraviesa el objeto amoroso y va más allá, más allá de sí y de él.

lo-que-el-viento.jpgClaro que la ópera le debe más a Puccini que Puccini a la ópera porque ese si que era un maestro de la musica escénica, en su música se masca, se anticipa la tragedia, se adivina el desenlace, se cuece la pasión bien a fuego lento bien a brincos: su manejo de la cuerda contrapunteando la melodia y esos saltos temáticos engarzados cambiando el sentido de las agujas del reloj es sencillamente genial, rebosante de pasión, uno solo debe llorar oyendo a Puccini pues esa era la función de sus heroínas: hacernos saltar las lágrimas, pero no de pena sino de algo que está más allá de una emoción terrenal, más allá de la tristeza, más allá de la aflicción y más allá del libreto igual que en»Lo que el viento se llevó» aquella pelicula que es más que cine, un mito fundacional del cine, superación del folletín que lo antecedió que queda oscurecido y obsoleto.

Se trata de contemplar la belleza en estado puro y llorar, una música que llora en las tripas, desde ahi nos duele. Si hoy viviera Puccini se dedicaria a la publicidad y ganaria millones gracias al canon digital aunque hoy le resultaria más que dificil engañarlas, me refiero a ellas, que ya no pueden ser engañadas, sino andar metidas en devaneos por si mismas por asi decir.

Pero esa es otra ópera.

Las partes delicadas

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Hay partes del cuerpo que aun siendo cuerpo parece como si quisieran ser independientes. Son esas partes colgantes, esos órganos prensiles como las manos, los pies o los genitales, esas partes prescindibles como el cabello o las uñas o esa especie de anexión cartilaginosa que es la nariz, un promontorio militar por asi decir.

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Nuestra relación con esas partes colgantes es bastante diferente a la que mantenemos con nuestro higado o nuestro riñón a los que sólo conocemos por referencias y con los que nos manejamos a una prudente distancia sabiendo que habitan en lo más profundo de nuestro cuerpo, alli en lo inaccesible.

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Pero los dedos y los genitales están dotados de una cierta autonomia, constituyen para el resto de nuestro cuerpo un hecho diferencial como aquel estatuto catalán que siempre reclamó Jordi Pujol, el fet diferencial. No es de extrañar que a veces nuestros propios dedos se nos antojen huespedes como en aquella pelicula llamada «La mano» que parecía actuar con voluntad homicida propia:la venganza. O que una intempestiva erección ponga a prueba no sólo las leyes de la gravedad sino tambien nuestra propia conceptualización acerca del autocontrol: la imprudencia.

¿Quien manda sobre mis dedos o sobre ese órgano volátil y caprichoso que es el pene?

El pene es una pequeña diferencia tal y como podemos ver en este cuadro de Delvaux, un hecho diferencial en el sentido más pujoliano de la palabra.

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Se trata de una escena onirica, un sueño que transcurre en un ágora neoclásica, una plaza donde circulan una especie de mujeres zombies en todas las direcciones del espacio: se trata de clones, de réplicas iguales a si mismas que se muestran y ofrecen desnudas a la mirada impasible del único hombre vestido que aparece en el sueño de frente.

¿Impasible a qué?

Naturalmente se trata de un sueño de impotencia. El desinterés del soñante ignorante de las mujeres clónicas representa la impotencia sexual que es algo que depende de un hecho diferencial. Una pequeña y sensible diferencia que aparece representada en esa figura de la izquierda que lleva el colgante en un contexto de in-diferencia y que de no ser por eso tanto nos recordaría a las mujeres clónicas que le circundan, de hecho puede pasar incluso desapercibido. Esas iguales a si mismas que desfilan por esa especie de pasarela ofreciendo sus encantos ante la indiferencia del soñante y la vulnerabilidad del hermafrodita dotado pero incapaz.

Por eso a veces los colgantes diferenciales se independizan del cuerpo a quien pertenecieron y sin dejar de ser cuerpo se convierten en entidades autónomas, en letra

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.

Y el cuerpo habla a través de ellas.