La linea Hajnal

hajnal

John Hajnal es un matemático húngaro que se ha ocupado sobre todo de asuntos demográficos, económicos y geográficos. Se le conoce desde que describió lo que ha venido en llamarse la linea de Hajmal, que es un eje virtual que va desde Trieste a San Petersburgo y que divide Europa en dos partes, al oeste de esa linea y al este (en el gráfico la linea roja).

Según Hajnal  esta linea dividiría Europa en dos zonas de diferente nupcialidad. Con algunas excepciones que afectan a Irlanda, Andalucía, el sur de Italia, Finlandia y Sicilia.

Al oeste de esta línea abunda un sistema de baja nupcialidad, con una edad de acceso al primer matrimonio elevada (más de 24 años para las mujeres más de 26 para los hombres) y una alta soltería definitiva (más del 10%). Al este de esta línea, el matrimonio es precoz y casi universal; (antes de los 22 años para las mujeres y a los 24 para los hombres) y la soltería definitiva es inferior al 5%.

Lo interesante de estas mediciones es que no se refieren a la época actual sino que al parecer estas cifras se mantienen bastante estables desde el siglo XVIII, la consecuencia es que,  la natalidad acumulada es hoy unos 10 puntos más elevada en Europa oriental que en Europa occidental (alrededor del 40 por mil en comparación al 30 por mil).

Pero hay otra cuestión interesante y es que la nupcialidad y la natalidad parecen ser dos variables asociadas, algo que parece antiintuitivo con las condiciones sociales que observamos en nuestros entornos: parejas que conviven fuera del matrimonio, la enorme tasa de divorciados y singles, la anticoncepción y el aborto electivo, etc. A pesar de todas estos elementos que parecen conspirar contra la natalidad, lo cierto es que las parejas prefieren estar casadas para tener hijos y que esta preferencia sigue siendo fundacional en los países del este, mientras Europa occidental decae en su natalidad al tiempo que decae su nupcialidad.

Pero hay otras variables que también podrían caer dentro de esa división que genera la linea Hajnal, algunos ejemplos: 1) la socialdemocracia ha tenido mucho éxito en Europa occidental (hasta la crisis) pero muy poca en los países que están al este de la linea, 2) la multiculturalidad es otra de las ideas que encajan bien en nuestro modelo político pero mal en los regímenes del este que aun se baten con los conflictos tribales de sus etnias, 3) la individualidad es probablemente una consecuencia del abandono de la tradición y de la familia extendida por parte de los individuos emancipados del oeste 4) el feminismo de Estado ha propiciado que el matrimonio sea una inversión penosa para los hombres mientras que el divorcio genera fuertes incentivos para la mujer, si a esto unimos la relajación de los controles sexuales podemos entender que los solitarios (singles) con o sin hijos sean una población en continua expansión.

El trato con los muertos.-

Quiero ocuparme ahora de otra diferencia que me parece trascendental y es el trato que damos a la muerte y al vinculo con los antepasados. hace poco tiempo me contaba una muchacha rumana los conflictos que le genera la integración de los valores de su familia con su entorno actual, el entorno que vivimos hoy en nuestro país.

En los países del este el duelo no es una tarea individual como sucede aquí en nuestro entorno sino que es un trabajo colectivo , un trabajo que implica a todos los miembros de la familia y de la comunidad, vecinos y conocidos. El trabajo de recuerdo de los difuntos es un trabajo periódico, que es en cierta forma inacabable: no solamente hay que velar al muerto en su propia casa durante dos o tres días sino también festejar con manjares a los que se invita a todos los que asumen esta tarea colectiva, en ciertos periodos: a la semana, al mes, a los tres meses, al año y más allá de él.

Según la muchacha rumana que entrevisté el duelo no existe en su país. Es muy probable que no exista con la malignidad que se presenta en nuestros entorno según casos, lo que es seguro es que el trabajo no es individual sino colectivo y atañe a todos. No se trata de olvidar a nuestros muertos y no pensar más en ellos, sino recordar y sobre todo comer. El banquete funeral me parece la clave de este fenómeno, pero para entender qué es lo que nos comemos en un funeral no tenemos más remedio que retomar algunos conceptos del psicoanálisis y del chamanismo.

Lo que es seguro es que nuestro individualismo está muy relacionado con los sufrimientos mentales que nos complican nuestro estilo opulento de vida.

¿Incorporar o introyectar?.-

Se trata de dos mecanismos bien distintos, el primero descrito por Melanie Klein y el segundo por Sandor Ferenczi y son los precursores ontogenéticos de la identificación. Mientras la introyección consiste en apropiarse de un rasgo, habilidad, una conducta, una manera de hablar, una profesión de alguno de nuestros modelos de referencia, la incorporación es un mecanismo que implica la boca y que está relacionado con comer, tragar o hablar. La incorporación tiene un pálpito canibalístico y tiene como resultado una apropiación indebida, bien distinta a la introyección que es algo muy cercano a la imitación simbólica de algo. La incorporación es literal (en realidad una anti-metáfora) mientras que la introyección es una metáfora.

Mediante la incorporación lo que hacemos es mantener vivo al muerto, y lo hacemos enterrándolo en una cripta, es por eso que Abraham y Torrök han hablado del fantasma en la cripta.

Es por eso que:

“Cuando alguien muere sin que un trabajo o duelo le haga llegar a las puertas de la Gran Luz, entonces se crea, entre el muerto y los vivos, esta entidad relacional denominada fantasma, que les permite, a los dos, seguir viviendo juntos, aunque ilusoriamente. Sin embargo transmitirse de generación en generación, esta entidad relacional se va convirtiendo en patógena, porque no está al servicio de los proyectos de los vivos, sino de los que el muerto no ha podido realizar.”

Pasaje de: Patrice Van Eersel & Catherine Maillard. “Mis antepasados me duelen.”

De modo que la incorporación lo que hace es mantener vivo al fantasma con todos sus proyectos inconclusos, una entidad relacional entre los vivos y los muertos y es por eso que la prevención del duelo consiste en obligar a los vivos a devorar a los muertos y convertirlos en materia fecal. Es así como se expulsa al fantasma y no mediante el silencio o agrandando la cripta.

Bibliografia.-

O duelo o melancolia, de Abraham y Torrok

La conjetura Dalloway

ofelia

A Virginia Woolf le pasó un poco la misma cosa que a Salieri, tuvo la mala suerte de vivir en la misma época que Mozart, en el caso de la Woolf, su contemporáneo James Joyce es aun considerado por su «Ulises» como uno de los mejores escritores del siglo XX. Es por eso que la valoración que hoy se hace de la Woolf no es tanto por su calidad literaria (que la tiene) sino por haber inventado un nuevo tipo de subjetividad femenina.

Y no es única puesto que Flaubert ya nos había iniciado en ese tipo de emergencias en su Madame Bovary o el mismo Tolstoi en Ana Karenina.

Lo que emerge en estos personajes de novela es una nueva posibilidad de ser mujer. Ya no se trata solo de ser esposa, madre o trabajadora en el campo o en la fábrica sino de tener una subjetividad propia con la que navegar por la vida y casi siempre contra corriente. Asi, Emma Bovary sueña con una vida de lujo en Paris mientras se aburre como una ostra siendo la esposa de un médico de pueblo, su periplo psicológico y vital nos sitúa en su drama existencial, sus huidas, sus infidelidades y los dos abandonos que sufre de parte de sus amantes. Hay que situarse en la época para entender que la infidelidad de una meujer casada era algo en lo que pocas personas acomodadas podían pensar y más aun, llevarlas a cabo con todas sus consecuencias trágicas. Algo asi le sucede a Anna karenina, divorciada y enamorada de un hombre que a su vez la victimiza..El suicidio por amor en una mujer de su posición, era tan escandaloso como hoy nos pueda parecer el matrimonio homosexual.

Lo que destaca de estas novelas realistas es precisamente sus desenlaces trágicos, la ruina económica, el suicidio o el exilio en el caso de la Bovary. Todo parece señalar hacia la idea de que esos cambios de subjetividad, que de alguna forma se enfrentan al orden establecido, tienen un peaje que pagar. Un precio que se salda casi siempre con la muerte o el marasmo.

Ms Dalloway.-

Virginia Woolf publicó en 1925 “La señora Dalloway”, novela que relata un día en la vida de Clarissa Dalloway, una mujer perteneciente a la clase alta del Londres de después de la Primera Guerra Mundial. Aparentemente la historia que Woolf pretende contarnos se limita a cómo una ama de casa prepara su fiesta y sus pasteles; sin embargo, gracias al estilo que adopta la autora a la hora de escribir la novela nos damos cuenta de que ésta no trata sólo de Clarissa Dalloway sino de la conciencia de distintos personajes que podemos encontrarnos en la sociedad del periodo de entreguerras.

La perspectiva y estilo narrativo que encontramos en “La señora Dalloway” es uno de los detalles que convierten a esta obra en especial. El empleo de la técnica del monólogo narrado supone la referencia al personaje desde la omnisciencia, en tercera persona, pero a la vez muestra la entonación del habla del personaje por lo que parece que estuviéramos escuchando a éste aunque no estemos ante un texto en primera persona.

Clarissa Dalloway, el personaje principal, intenta constantemente equilibrar el mundo que la rodea con su propia vida personal e interior. Se encuentra sumida en el mundo de la alta sociedad londinense que se debe preocupar por trivialidades como la moda o las fiestas, pero cuenta con una gran capacidad emocional de la que otros personajes carecen. De todas formas, Clarissa mantiene las apariencias y se integra perfectamente en la sociedad a pesar de que no comparte sus sentimientos con los demás ya que esta actitud le da más seguridad; sin embargo, este comportamiento no siempre es bueno pues hace que parezca superficial incluso para aquellas personas que la conocen bien. Durante toda la novela percibimos la preocupación de la protagonista por el paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte, a pesar de sus esfuerzos por centrarse en vivir la vida de una forma tranquila, como hacen los demás. Una de las cosas que debería proporcionarle seguridad y tranquilidad es el hecho de haberse casado con Richard Dalloway en vez de con su anterior pareja, Peter Walsh; mas es imposible conseguir esa tranquilidad puesto que los recuerdos nunca la abandonan. Clarissa siente constantemente que su existencia podía haber sido de otro modo, que está de alguna manera incómoda con su vida; sin embargo, termina por aceptarla. (Extraida de esta web)

De modo que lo que nos está describiendo la Woolf es una mujer que no encaja en el entorno en el que vive, que se siente desubicada y de alguna forma hiperadaptada a una vida rutinaria y vacía. Algo parecido a lo que le sucedía a la propia autora de este libro, a Virginia Woolf de la que conocemos algunas cosas sobre su vivencia personal y la conocemos a raíz de los personajes femeninos de sus novelas.

Virginia Woof sufría una psicosis maniaco-depresiva (hoy trastorno bipolar) y fue internada en varias ocasiones. Sus medicos le aconsejaron (igual que hacemos hoy) una vida rutinaria, con pocas emociones nuevas con el fin de afrontar el estrés que le proporcionaba, sin ninguna duda el pertenecer al grupo de Bloomsbury, una especie de élite intelectual de su época. Después de su retiro obligado la Woolf se suicidó de la misma forma que Ofelia en el principe Hamlet, por inmersión. Dejó una carta para su marido:

«Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que cualquiera podría ser. Creo que dos personas no pueden ser más felices hasta que vino esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo —todo el mundo lo sabe. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas pudieran ser más felices que lo que hemos sido tú y yo»..

Las horas.-

Banda sonora de las Horas por Philip Glass

Las horas (The Hours) es una película dramática estadounidense del año 2002 dirigida por Stephen Daldry. El guion, escrito por David Hare, es una adaptación de la novela homónima de Michael Cunningham, ganadora del Premio Pulitzer en 1999.

La pelicula transcurre en tres planos narrativos y temporales, el primero discurre hacia 1925, protagonizada por Nicole Kidman que estrena nariz y maquillaje y se centra en la vida de la propia Virginia Woolf y en su drama vital. El segundo plano transcurre en 1951 y el personaje es Laura Brown protagonizada por Julianne Moore.Lee la novela de Virginia Woolf durante el día de cumpleaños de su marido. A pesar de la aparente felicidad que envuelve su vida, su mundo se le viene encima al conocer que una vecina a quien ama secretamente se encuentra enferma y puede morir. Intenta suicidarse. Se debate entre seguir con su familia o abandonarla. Tras desistir del suicidio, decide abandonar a su familia después de tener a la hija que espera y después de prepararles a todos el desayuno. Su hijo es el protagonista del tercer nivel narrativo, la acción transcurre en la época actual (2001), se trata de un poeta de éxito que padece el SIDA y que es atendido por su editora (Meryl Streep) en el papel de Clarissa Vaugham, justamente el nombre de Ms Dalloway según Woolf.

Tres épocas y tres mujeres atrapadas en sus papeles de esposas, madres e intelectuales de éxito con una sexualidad indefinida y al mismo tiempo inquietante. por la cotidianeidad de, algo que nos acerca a la idea de «lo ominoso» o «lo siniestro» tal y como diría Freud.

La conjetura Dalloway es la idea de la repetición, la idea de linealidad que existe en las tres historias y que solo se cierra a través de la muerte, es el poeta Richard el que acaba suicidándose con ese siniestro bucle que iniciara la propia Woolf en su propia vida real. Es como si las vidas de las personas estuvieran enroscadas en una especie de maraña y donde las vidas se reptieran fractalmente solo unidas por la misma tragedia existencial. Es como si existiera una tonalidad, que recorriera de principio a fin las partituras de la vida y que atrajeran hacía sí a multitud de vidas que son un «como si». Como si participaran de una misma tonalidad musical, como si compartieran un colorido,  una determinada constelación de circunstancias, como si no se hubiera podido terminar la construcción de una identidad separada de las demás, autónoma y con sentido.

Como ser mujer.

La mano lenta

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Está por escribir un libro que explique cual fue esa extraña constelación de razones que hicieron que en la década que va desde 1960 a 1970 hubiera tal explosión de talento musical en las islas británicas.

No sólo se trata de Beatles y Rolling Stones, sino de Moody Blues, Kinks, Who, Procol Harum, Animals, Pink Floyd, Queen, Hollies, Spencer Davis Group, Manfred Man, Cream, Blind Faith, John Mayall  and the blues breakers y un largo etcétera de figuras que desempeñaron papeles importantes bien en solitario o bien en grupo. A veces de las dos maneras.

Es verdad que los precursores se situan en el blues y el rock americanos que pertenecen a la raza negra y a su tradición esclavista, pero no es fácil explicar como fue posible que la llamada musica pop tuviera aquella concentración de artistas innovadores en una generación que o bien nació durante la guerra mundial o bien se crió en condiciones de privación durante la posguerra.

John Lennon nació en 1940, Paul Mc Cartney en 1942, Joe Cocker en 1944, Mick Jagger en 1943, Freddy Mercury en 1946.

En 1945 nacieron Eric Clapton y también Rod Stewart.

Y un detalle para los estudiosos del fenómeno: las ciudades donde nacieron estos artistas, Sheffield, Birmingham, Manchester, Londres o Liverpool son las mismas ciudades donde se desarrolló un par de siglos antes la revolución industrial.

Al parecer Eric Clapton -tal y como cuenta él mismo en sus memorias- tuvo una infancia bastante triste pues se crió sin madre (como John Lennon) pero con ciertas diferencias. Al parecer la madre de Eric le tuvo a los 16 años y nunca conoció a su verdadero padre que era un soldado canadiense casado, quizá por eso sus abuelos la hicieron pasar por su hermana. Eric se crió con su padrastro, con su abuela y su madre que creyó su hermana hasta que tuvo la suficiente sensatez para discriminar su edad.

Naturalmente esto no explica su talento para el blues, ni su pericia con la guitarra eléctrica, tampoco explica su innovación para encontrar sonidos como este:

fender

La Fender stratocaster fue la prótesis que Eric Clapton necesitaba, junto con su tendencia enamoradiza, impulsiva y adicta. Speed, heroína, cocaína y alcohol junto con analgésicos presidieron la vida de este hombre de tendencias autodestructivas y que supo sacar de su Fender y de su formación en blues -esos 12 compases que se repiten según una secuencia especial- los ingredientes necesarios para impulsar la música popular hacia la excelencia y la fusión de estilos.
Al final reconoció que la cocaína no dice siempre la verdad:

Eric Clapton le quitó la novia (Patty Boyd) a su amigo George Harrison y como amor con amor se paga, Mick Jagger le quitó a Carla Bruni, de la que entonces andaba enamoriscado. Pero en realidad todas las mujeres son la misma mujer cuando están representando a la ansiada madre que nunca tuvo. Y la tendencia a la repetición es tal que siempre terminaba eligiendo a mujeres fatales, esas que acaban siempre dejándote por otro macho alfa. Hasta con lady Diana tuvo una experiencia bastante decepcionante. No podía ser de otra manera. Eric era un coleccionista de desamor. Lo que hacia buena a su madre.

¿Quien seria Layla?:

Dos veces intentó suicidarse y no lo consiguió, quizá porque tal y como él dice, «los muertos no beben». Nunca sabremos si la muerte de su hijo cayendo de un edificio de Manhattan le reconcilió con la muerte. Lo que es seguro es que en el cielo aun lloran por él:

Al final Eric que ahora tiene 70 años se redimió junto a su actual esposa con tres hijas otoñales que más que hijas parecen nietas.

¿Estaba loca Juana la loca?

locos

Si usted cree que esto de las conspiranoias es un invento de Internet se equivoca, en realidad la conspiranoia fue un invento mediático de la época de Felipe II y sus múltiples enemigos que inventaron aquello de «la leyenda negra» y que ha llegado hasta nuestros días con versiones ligeramente retocadas.

Una de las ideas conspiranoicas que mejores resultados ha dado al cine, a la novela, al ensayo y al imaginario popular es el destino de Juana I de Castilla conocida como «la loca» o también como «la de de Tordesillas» pues aquella villa fue su lugar de encierro durante 47 años, casi nada. Lo que todo el mundo sabe es que Juana se casó a los 16 años con Felipe el hermoso, un galán de película y austriaco para más señas, padre de una larga y desgraciada saga de reyes hispanos, un tipo algo montaraz que era conocido como «el hermoso» precisamente por su belleza varonil aunque la Juana no le andaba retrasada en belleza según dicen los cronistas. Al conocerse en Gante después de un accidentado viaje donde la princesa perdió todo su ajuar por el naufragio de algunas de sus naves se sintieron tan atraídos el uno por el otro que se casaron inmediatamente, quizá por aquello del extravío del ajuar. Lo cierto es que dio la impresión a todo el mundo que querían consumar el matrimonio «aquí te pillo aquí te mato». Ni esperar pudieron a los boatos palaciegos cegados como estaban por la presencia del hermosura del otro, ni a aplazar aquella lujuria explosiva siempre mal vista entre dos jóvenes príncipes, Así eran ambos de impulsivos.

El caso es que Juana parece que le cogió gusto al «guaperas» asignado y no paraba de atosigarlo continuamente con sus exigencias eróticas, de modo que logró poco a poco aburrir al noble caballero que pro otra parte era un truhán aparte de ser un señor. Y comenzaron los celos y las escenas de celos, las persecuciones, espionajes y portazos seguidas de más y más demandas de sexo.

Lo cierto es que existen dos interpretaciones sobre la locura de Juana, la primera es la suposición de que Juana no estaba loca sino algo que era algo así como una víctima del machismo implacable no sólo de su marido sino de aquella época donde las mujeres pintaban muy poco. De esta sensibilidad es esta película española (de Vicente Aranda) reciente sobre el tema, aunque los múltiples pasajes y escenas que se muestran en ella son veraces la atmósfera de la misma permite entender -en clave ginecocéntrica, tan actual- que en realidad la reina no estaba loca sino emocionalmente perturbada por su amor y celos -bien fundados- hacia su esposo Felipe, llamado el Hermoso.

Según esta versión la locura de Juana tendría un origen pasional, «una locura de amor» al decir novelesco que más ha fructificado en la literatura. Su disadaptación procedería de una especie de estado emocional alterado por la pasión que sentía por su esposo y la decepción que éste le procuraba. No cabe duda de que esta idea cuenta con muchos partidarios y es en realidad la más poética y la más favorable a la ideología de género.

Pero es falsa.

Y lo es porque enloquecer de amor no es  una posibilidad. Antes al contrario es posible que ciertas personas se enamoren apasionada u obsesivamente por sus parejas movidos por su patología mental. Tampoco es posible enloquecer de celos, más bien parece que la celotipia de Juana era la expresión de su patología que ahora veremos mas en detalle. Baste con recordar que su madre Isabel I era también muy celosa (y con razones bien fundadas) y sin embargo no padecía ninguna celotipia. Ser celosa no le impidió gestos de generosidad con los hijos bastardos de su esposo y con su antigua amante catalana. Por otra parte es obvio que sus celos no interfirieron en su gobierno ni en su vida cotidiana, sufriría por ellos pero no había psicopatología alguna.

Todo lo contrario sucedió a Juana, sus continuos ataques de celos la llevaban a exigir que su marido viajara siempre con hombres y que ni a ella misma acompañara ninguna mujer en sus viajes, se aseguraba así mediante este mecanismo de descarte cualquier infidelidad. Los celos de Juana la impulsaban a actuar coherentemente con ellos, los celos normales de su madre no la llevaron a actuar. Esa es la diferencia entre los celos normales de las celotipias.

Naturalmente la hipótesis pasional tiene una contrapartida: la monomanía. ¿Era Juana una ninfómana?

Lo cierto es que la ninfomanía no existe aunque Lars Von Trier acabe de hacer una película sobre el tema de los «furores uterinos», casi siempre de mujeres. Algo que tiene mas que ver con el imaginario masculino (la mujer devoradora de hombres) que de la realidad clínica. La idea se le ocurrió a Esquirol para el que existirían pasiones monotemáticas, siendo la ninfomanía una de ellas. Hoy la psiquiatría no admite esas pasiones de un solo tema y tienden a encuadrarlas en otras categorías abarcadoras. Por ejemplo hoy podemos hablar de promiscuidad en el contexto de un trastorno de personalidad donde la impulsividad sea el eje de torsión, tal y como vemos en el TLP (trastorno limite de la personalidad), pero el lugar común de estos «furores» eróticos es sin duda el estado maniaco por la desinhibición que procura. Hoy no hablaríamos pues de ninfomanía sino de estado maníaco.

Tanto Alonso Fernandez como Vallejo Najera, entre nosotros han escrito sobre la locura de Juana y han concluido que padeció una esquizofrenia. Llama la atención que hayan pasado por alto tanto los episodios maniacos de la reina (que nunca reinó) como sus episodios depresivos con claros matices estuporosos y psicóticos (es decir melancólicos). Me parece mejor documentada esta historia colgada en la web y que se debe a Beatriz Quintanilla.

Tal olvido de claros síntomas afectivos con los que la princesa debutó (aun antes de casarse con Felipe), señalan ante dos cuestiones: 1) la dificultad de emitir un diagnostico en clave histórica y 2) la dificultad que dos psiquiatras aun hoy  se pongan de acuerdo en un diagnostico.

El paradigma clínico y el histórico funden muy mal pues hay que basarse sobre todo en documentos históricos. Y un documento histórico no es una historia clínica sino observaciones de personas que no son exactamente médicos, ni conocen la terminología medica o psiquiátrica. No hay que decir que en aquella época no existía tal terminología y hemos de basarnos en descripciones de la conducta, algunas de ellas muy rigurosas, sobre todo después del encierro de Juana en Tordesillas donde permanecería recluida durante 47 años.

Claro que los informes durante su reclusión tienen poco interés psiquiátrico porque hoy sabemos gracias a Goffman que la reclusión por si misma es causa de patología mental y si a ello unimos el hecho del déficit cognitivo que las enfermedades mentales desarrollan sean esquizofrénicas o maniaco-depresivas, tenemos servido un cuadro clínico complejo, deteriorante y agravado por la muerte del rey Felipe y la negación de la misma y sobre todo por aquella reclusión forzada en Tordesillas que si bien aseguró su salud física (a juzgar por su supervivencia en aquel lugar), empeoró y empobreció su vida mental hasta el punto de que reconocidos psiquiatras llegan a la conclusión de que Juana tenia una esquizofrenia.

Una cuestión curiosa de las enfermedades mentales es que la cronicidad las iguala. No importa como se llegue a ese estado que llamamos cronicidad, una vez dentro, todas las cronicidades son iguales y mas parecidas entre sí, si además existe encierro y aislamiento.

Este parece ser el sesgo que llevó a Vallejo Najera y a Alonso Fernandez a catalogar a «la Loca» como esquizofrénica, quizá movidos por el «defecto» que presentó en sus últimos años en Tordesillas y a pesar de no haber presentado nunca síntomas de primer orden esquizofrénico, llegaron a ese diagnóstico forzados por el evidente tinte psicótico de sus síntomas. Pero minusvaloraron sus sintomas afectivos (mania y depresión).

Claro que también es posible que el diagnostico de trastorno esquizoafectivo aun no se hubiera abierto paso en los manuales de Psiquiatría. Se trata de algo bastante reciente: la coexistencia de síntomas psicóticos de la serie esquizo-like con la evolución típica (cíclica) de la psicosis maniaco-depresiva.

Mi conclusión es que Juana la loca estaba realmente loca y no fue una víctima del «machismo» de su época, ni sufrió un trastorno emocional causado por lo celos sino un trastorno esquizo-afectivo heredado de su abuela materna que curiosamente también sufrió reclusión y presentó un cuadro bastante similar negándose a admitir la muerte de sus seres queridos.

Si Juana hubiera tomado litio, la historia hubiera podido ser otra.

Bibliografía.-

Pfandl, Ludwig: Juana la Loca. Ediciones Palabra. Madrid, 2000.

Alonso-Fernández, Francisco: Historia Personal de los Austrias Españoles. FCE. Madrid, 2000.

Vallejo Nágera, Juan Antonio : Locos Egregios. Dossat. Madrid, 1977.

La higgsteria

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50 años ha tenido que esperar Peter Higgs para recibir el nobel de Física aunque estoy seguro de que su vida no cambió en un àpice por esta espera. A sus 84 años y siempre huyendo de las entrevistas y de los medios no ha tenido más remedio que claudicar y empezar a conceder entrevistas a los periodistas que se agolpan a la puerta de su casa. Y termina por dar este titular: «el bosón de Higgs ha arruinado mi vida».

Le creo.

Higgs es un físico teórico, es decir una persona que plantea hipótesis que en el momento en que se planteó (1964) no podían probarse, ha sufrido por ello ataques, desprecios y criticas desmesuradas, rechazos de sus papers y en cierta manera un exilio profesional. La ciencia es bastante tacaña con las ideas que no pueden traducirse en un experimento que las valide y aun así son de esperar grandes ataques a la metodología empleada, sobre todo cuando lo que se plantea es políticamente incorrecto, es decir cuando se enfrenta a las creencias compartidas por la población y sostenida por la ortodoxia y por los medios. Hasta Hawking se pronunció en contra del bosón de Higgs e hizo una apuesta (ya veremos si la paga). Otro autores se han apresurado a decir que el bosón de Higgs es «la partícula de Dios», algo que el propio Higgs rechaza.

En realidad el bosón de Higgs es una partícula que fue «pensada» para explicar la existencia de las demás, se trata de un dador de energía, de tiempo y de masa. Era necesario apelar al bosón para explicar el resto de las partículas y es por eso que Higgs inventó o imaginó el bosón y tuvo que esperar a que el CERN demostrara que su intuición era cierta a través de un carísimo experimento.

Ahora todo el mundo le canta su gloria pero Higgs ya no está para fiestas y sólo espera que le dejen en paz. «Soy demasiado mayor para escribir un libro» y además «No lo entenderia nadie, el concepto del bosón es demasiado técnico para que los comprendan personas sin formación en física».

Toca pues retirarse e iniciar el camino de vuelta que ya lleva años recorriendo en la soledad de su apartamento de Edimburgo donde se dedica a leer novelas y escuchar musica clásica. Un ejemplo de honradez, lucidez, desapego y humildad. Nada que ver con los popes de la ciencia. Y una apología necesaria de la creatividad de las ideas en estado puro, un físico teórico se dedica a imaginar conceptos, los del CERN a demostrar que ese concepto es algo real y tangible. Los empresarios de la tecnología a sacar aplicaciones a su invento. Cada cual a lo suyo: «quise ser ingeiero como mi padre, pero estaba poco dotado para lo práctico, a mi me gusta lo teórico».

Leyendo la entrevista que ha caido esta mañana en mis manos a través de «El mundo» he recordado a tantos y tantos médicos que han tenido una buena idea y que han tenido que esperar años en ver confirmadas sus intuiciones, mucho tiempo después de morir. Bayle por ejemplo ya sabia que las lesiones en el cerebro de los paraliticos cerebrales eran debidas a la neurosifilis, pero no fue hasta que Wasserman ya bien entrado el siglo XX puso a punto su test sanguíneo que pudo demostrarse que la espiroqueta estaba detrás del estropicio cerebral de estos individuos. Algo parecido sucedió con Pasteur que sabia que aquel hongo era bactericida o con el propio Cade y su descubrimiento del litio como fármaco activo en el trastorno bipolar.

El caso de Cade –del que hablé aqui,  es paradigmático del divorcio o mejor la brecha que existe entre una intuición científica en forma de hipótesis y su demostrabilidad, algo que nos recuerda al famoso teorema de Gödel y la angustia que propone cuando dice: «es verdad porque es indemostrable».

Algo de lo que podrían dar fe tanto Bayle, como Higgs o el propio Cade. En realidad si hoy manejamos el litio en la profilaxis del trastorno bipolar es por una casualidad. Cade publicó sus hallazgos en una revista australiana de poca monta, quedaría por ver qué hubiera sucedido si hubiera publicado sus hallazgos en una revista de impacto. La casualidad procedió de Schou un medico danés cuyo hermano padecía un trastorno depresivo recurrente y buscando un remedio para aliviarle dio con el articulo de Cade. Fue él quien «demostró» que el litio era útil para el tratamiento del trastorno bipolar, pero no fue un camino de rosas, la ciencia oficial con sus desmentidos, pruebas en contra, la maldita revisión por pares y la constante alusión a la metodología y las muestras, mantuvo durante mas de dos décadas la sospecha -que hoy ya se ha desvanecido- de que el litio era en realidad ineficaz.

Dicho de otra forma la ciencia es a veces un obstáculo para que la ciencia progrese, es la tecnología la que va por delante de la ciencia precisamente porque hay beneficio directo.

No es de extrañar, puesto que la ciencia es en realidad una institución formada por personas concretas que tienen sus propios intereses -usualmente inmovilistas-, lo mismo pasa con los docentes (siempre se opondrán a las reformas educativas si les perjudican) o los jueces que siempre estarán en contra de abreviar los procedimientos y seguir fiando la justicia a la propia Justicia. Todos favorecen a los procedimientos, lo formal y es por eso que existe esa brecha entre la verdad cognoscible y las pruebas o evidencias acumuladas. Entre la culpabilidad notoria de un reo y su demostrabilidad o entre el fracaso de una ley educativa que favorece a ciertas personas y la imposibilidad de concebir una enseñanza que favorezca la excelencia.

Dicho de otro modo: la ciencia no es una buena disciplina para ocuparse de la subjetividad, algo de lo que hablé en el post anterior y sobre lo que volveré en el próximo después de este parón propiciado por el nobel de Higgs.

Y esto es precisamente la higgsteria: esa disociación entre lo que sabemos y lo que no queremos saber con la excusa de que no está demostrado. ¿Y si no fuera posible demostrar nada de la subjetividad? ¿estaba Gödel pensando precisamente en eso?

Para ver.-

Aqui hay un video subtitulado de una entrevista a Higgs.