¿Es peligroso el sexo?

La primera vez que oí esta declaración fue a Jordan Peterson en una de sus conferencias grabadas en youtube. Ya había oído de todo, aunque lo más seguro es que ganara por goleada la idea de “pecado”o “transgresión”. También sabía que el sexo estaba muy regulado en casi todas las culturas, con fuertes prescripciones y prohibiciones. Quizá la más universal de estas prohibiciones sea el “tabú del incesto”, es decir la señalización de algunas personas como parejas prohibidas, usualmente parientes de sangre aunque no es necesario que exista un parentesco genético y a veces basta con la crianza conjunta.

Más adelante y leyendo un libro de Michael Pollan sobre los omnívoros  llegué a darme cuenta de que no solo el sexo estaba regulado por creencias religiosas u ordenanzas estatales, también la alimentación estaba muy regulada, quizá no tanto como el sexo pero al fin y al cabo regulada, con alimentos prohibidos, épocas de ayuno y abstinencia, etc. En este post hablé precisamente de eso y del porqué comer es peligroso.

El sexo es peligroso por muchas razones, las más conocidas de las cuales son quizá las menor importantes desde el punto de vista colectivo: el sexo puede dar lugar a embarazos extemporáneos a veces en edades donde la madre no tiene la suficiente madurez para ocuparse de su descendencia. Naturalmente también hay que citar las ETS, es decir las enfermedades de transmisión sexual. Embarazos y enfermedades son los dos riesgos más fácilmente identificables de su ejercicio. Sin embargo existen otros riesgos que son mucho más perturbadores socialmente hablando, me refiero a las secuelas emocionales que se derivan y se tejen entre personas (parejas) que mantienen relaciones sexuales, tanto al largo como al corto plazo.

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Los niños ya sienten celos a muy temprana edad aunque no los podamos catalogar como sexuales.

La secuela más conocida de entre ellas son los celos. Los celos son una curiosa emoción que probablemente evolucionó como una forma de intimidación a fin de ahuyentar al resto de los machos merodeadores. Hace tiempo escribí un post sobre esta cuestión, aqui.

Obviamente tal y como conté en aquel lejano post, los celos tienen muchos planos explicativos, pero de momento me inclinaré tan solo a recordar uno de ellos: la propiedad sexual amenazada. Y cuando hablo de propiedad amenazada me refiero sobre todo a la mujer como propiedad del hombre, pues de momento me interesa enfocar el tema de los celos desde un punto de vista evolucionista y no desde el punto de vista psicológico. Es obvio que los hombres no quieren alimentar hijos que no llevan sus genes y también es cierto que el hombre no tiene la seguridad de que sus genes están en sus hijos.

En un articulo ya clásico de 1982,  firmado por Margot Wilson, Martin Daly  junto a Suzanne Weghorst esta seria la razón por la que los celos de los hombres inducen muchas mas patologías mas severas y agresión que los celos de las mujeres. Ese “no saber con seguridad” es una fuente de sufrimiento para muchos hombres que evalúan de forma desconfiada a sus parejas y otras veces de forma francamente paranoide. Dicho de otra manera: los celos en los hombres serian una adaptación que conseguiría que los machos de nuestra especie hubieran podido pasar sus genes “celosos” a sucesivas generaciones blindándose frente a eventuales engaños de sus parejas.

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Como podemos observar en esta fotografía los celos de las mujeres son “evaluativos” sobre el potencial erótico de las contrincantes.

Los celos de las mujeres son bastante distintos y no se encuentran emparentados con patologías psiquiátricas tan graves como las celotipias delirantes o la conducta disruptiva hostil que caracteriza a estos hombres celosos. Los celos de las mujeres son emocionales por decirlo de una forma fácil de entender y en ellas el miedo está mas relacionado con la perdida o abandono de la pareja a manos de otra pareja más joven o dotada de ciertos encantos. Para el hombre el engaño de su pareja supone cargar con los hijos de otro y para la mujer el engaño de su pareja carece de importancia sino da lugar a un abandono del nido, más allá de -como se dice hoy- la perdida de confianza.

De estas consideraciones se derivan una serie de ideas útiles para comprender ciertos fenómenos como la violencia de género que algunos -entre los que me incluyo- preferimos llamar violencia de pareja íntima.

Nos permite por ejemplo separar dos poblaciones de hombres bien distintas: 1) aquellos que agreden a mujeres con las que no han tenido ni mantienen relación intima alguna y 2) aquellos que agreden o asesinan a parejas o ex-parejas. Dicho de otro modo: lo que parece diferenciar ambos grupos de agresores es una variable: el haber tenido relaciones sexuales con la victima o no. En el primer caso es muy probable que el deseo de mantener relaciones sexuales con una mujer que en condiciones normales rechazaría tal propuesta es la razón por la que el agresor recurre a la violencia sexual. En el segundo caso y tal y como planteaban precisamente Wilson y Daly:

Las conductas celosas se ponen en marcha muy a menudo tras la ruptura de la pareja. El sujeto que se siente abandonado tiende a pensar que esta situación viene determinada por la aparición de un tercer personaje y reivindica, a veces peligrosamente, sus derechos a quien supuestamente ha motivado la ruptura y diversos estudios sociológicos lo confirman (Daly y Wilson, 1982).

Aunque han sido descritas varias tipologías de agresores sexuales que podeis ver aqui, pera hacerlo más sencillo propongo pensarlos como dos grupos en relación con la variable tener/no haber tenido relaciones sexuales con la pareja agredida. El primer grupo de perpetradores lo constituyen personas disreguladas, eventualmente con CI bajos, trastornos de personalidad, abuso de drogas y personas disociales. Entre ellos también es posible encontrar a un subgrupo de personas sobrecontroladas que han sido descritos por Kivisto (2015) como catatímicos, es decir personas que llegan a un episodio de violencia de forma esporádica, como una explosión y por razones poco claras. Es poco probable que el maltratador clásico se encuentre dentro de esta descripción puesto que aunque también hay en ellos mucha hostilidad hacia las mujeres, la deprivación sexual y la envidia no parece ser el gatillo que dispara la agresión, sino más bien la dificultad en mantener-retener a la pareja. Esto podría explicar porqué la mayor parte de homicidios de pareja intima se producen después de que la pareja verbalizara sus deseos de separarse o de abandonar o romper la relación. Todo parece indicar que la ruptura de una relación es intolerable para los agresores de pareja íntima, naturalmente es posible además que haya solapamientos entre ambas poblaciones. Obtener-mantener y retener a una pareja son tareas que pueden separarse para poderse observar mejor pero forman parte de un mismo cluster de conductas seductoras, asi hay hombres (los más psicopáticos) que son capaces de seducir fácilmente a sus parejas pero son incapaces de comportarse de un modo adaptativo en su convivencia motivados probablemente por los celos, la desconfianza, la vida errática y la misoginia, mientras que hay otros que son incapaces de optar al tipo de mujeres que desearían quizá por ciertas peculiaridades de su personalidad que les hacen desagradables y poco fiables y acumulan un gran número de decepciones sexuales en el corto plazo.

De manera que el sexo es peligroso cuando se elige a la pareja inadecuada. Y lo es por razones menos extremas también, pero de momento me serviré de estos casos extremos para señalar el peligro que corren algunas mujeres, fascinadas por los “malotes”. No cabe duda de que son las que más riesgo corren.

La mala noticia es que es son muy difíciles de predecir los crímenes de pareja íntima.

Este estudio de Bridger y cols es muy interesante porque habla de lo difícil que es predecir el homicidio ya que en la mitrad de los caos no hay antecedentes de violencia. Encuentran que el mejor predictor disponible de homicidio doméstico es la anterior conducta suicida del agresor (intentos, amenazas, ideación o autolesiones) que aparece en un 40% de los homicidios.

Este otro estudio de Thorton encuentra que no es posible predecir el homicidio en base a datos policiales previos porque la mayoría (55%) no tienen contactos policiales previos y en los que los tienen la mayoría son catalogados como no de alto riesgo, la tasa de falsos negativos es de 90%.Y de falsos positivos el 100%. El problema es que el homoicidio es un suceso raro y la mayoría de los sujetos de alto riesgo no lo van a cometer. Este estudio tampoco confirma la opinión común de que las agresiones graves son resultado de una escalada de años. Se compara a los que intentaron homicidio o lo consiguieron con sujetos control y los sujetos control tienen más denuncias, arrestos y condenas que los que cometieron homicidio. Esto pone en cuestión la base misma en la que se basan los instrumentos de predicción.

La pregunta que habría que hacerse en este momento es la siguiente: ¿Son los celos siempre sexuales? ¿Por qué los niños tienen también celos?

Será en un próximo post.

 

Bibliografia.-

Daly M, Wilson MI, Weghorst SJ (1982) Male sexual jealousy. Ethology & Sociobiology3: 11-27.

Kivisto, Aaron(2015). Male perpetrators of intimate partner homicide: A review and proposed typology. J Am Acad Psychiatry Law 43 300-12

 

 

La maldad

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Recientemente y a partir del crimen del pequeño Gabriel a manos -supuestamente- de su madastra Ana Julia se han disparado en las redes toda clase de opiniones, algunas de expertos y otras de politicastros resentidos que han abordado el tema del mal desde muy diversas ópticas, siendo la marxista la que más presencia ha tenido en las redes, es decir la idea de que la asesina (presunta) por el hecho de ser negra y una pobre emigrante tiene cierta disculpa en el delito que se le imputa.

Como es bien sabido para los marxistas existe una relación de causa-efecto entre maldad y pobreza, ignorando que la pobreza es una de esas variables omnipresentes se estudie lo que se estudie. También hubo una época en que los psiquiatras marxistas sostenían la idea de que la esquizofrenia estaba relacionada con la pobreza. Nada nuevo bajo el sol.

Otro grupo de argumentos giró en torno a la idea de enfermedad mental. Es lo que suelen hacer los bienpensantes que no entienden que un adulto pueda hacer daño a un niño. La mejor opción es pensarlo como una patología y es obvio que cuando la opinión publica habla de psicopatía está hablando de una enfermedad, la falta de empatía y todo lo demás.

Han sido pocos los que se han acercado al tema desde la óptica adecuada: “la maldad no es una enfermedad”. Esta frase siendo como es tan cierta como que la tierra es redonda, -por alguna razón- no es aceptada del todo por el publico en general. Mi opinión es que cuando hablamos de maldad estamos apelando a algo de lo que no queremos saber: apelamos a la moral. Y lo moral tiene muchas aristas, es una palabra polisémica que cuando la pronunciamos, lo primero que nos viene a la cabeza son curas y cilicios, a veces alguna cofradía de semana santa, casi siempre religión y penitencia.

Y es verdad porque la maldad es un hecho huérfano, es decir es algo que todos reconocemos pero no existe ningún profesional ni disciplina que se ocupe de ella. Aunque hoy existe la ponerología, lo cierto es que esta nueva disciplina no ha sabido escapar de la narrativa de la psicopatía clásica. Ninguna disciplina se ocupa de la maldad: ¿la sociología, la filosofía, la religión? Esas asignaturas que nos quitaron del Bachiller y de las que no tenemos noticia alguna. Y confianza en ellas menos. Todo seria más fácil si los psiquiatras sirvieran en bandeja a los jueces las sentencias. Este está loco y este no, lo dice el DSM-VII.

Y aunque la maldad sea una categoría huérfana lo cierto es que es una categoría biológica. Tan biológica como una nariz o una boca. Tan biológica como el conocimiento.

Jean Piaget fue un psicólogo y epistemólogo suizo de gran calado académico pero poco conocido por el gran publico que trabajó sobre todo en tratar de iluminar cómo se construye el conocimiento sobre las cosas. Piaget era una construccionista es decir una psicólogo que trató de construir un sistema de comprensión de abajo-arriba, es decir siguiendo las rutas del neurodesarrollo y se ocupó no tanto de las bases psicopatológicas de estos aprendizajes sino más bien en dilucidar el desarrollo normal, ontológico. Quizá por esta razón no ha sido demasiado tomado en cuenta por los clínicos pero sus trabajos sobre lo cognitivo son esenciales para comprender como construimos un sentido ético en nuestras relaciones.

Lo que descubrió Piaget fue que aprendemos ética a base de regular, cambiar, permutar o crear las reglas que regulan nuestra interacción con los demás. Se trata de reglas que los niños suelen respetar movidos por sus instintos innatos de justicia.

La ontología de Piaget tiene un deficit de soporte biológico (por el que Piaget no estaba interesado) pero no es contradictoria con los hallazgos de la neurociencia actual.

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El sentido moral se construye jugando tal y como hoy sabemos a partir de los trabajos de Jaak Panksepp que describió un circuito neuronal para el juego. Aprendemos jugando, extrayendo condiciones y reglamentos de nuestros juegos. El juego es la base de la abstracción para los niños, lo que nos socializa que es lo mismo que decir que el juego es la base de la moral, la base de la cooperación.

Pues en el juego no se trata de ganar, de lo que se trata es de que los demás vuelvan a contar contigo para la próxima partida, algo que harán si perciben que tus interacciones son honestas y recíprocas. Si eres un tramposo que solo piensas en ganar aun saltando las reglas, lo que sucederá es que te quedarás solo, lo que no hará sino aumentar tu resentimiento. Y la sociabilidad y aprendizajes relacionados que no hagas de pequeño ya no los harás nunca. La ventana plástica para los aprendizajes sociales se cierra bien pronto. Después de eso solo podemos aprender a refinar las trampas y las mentiras.

La sombra y la persona.-

De Jung ya he hablado lo suficiente en este blog y no quiero volver a repetir lo que ya escribí en este post. Pero me gustaría señalar una de las conceptualizaciones más importantes del maestro: su concepto de “persona” y su concepto de “sombra”.

Persona en griego significa “máscara”. Una persona es esa máscara con la que nos presentamos en sociedad, siempre la versión mejor de nosotros mismos. Conocer a alguien significa siempre llegar a un grado de intimidad tal que podamos ir más allá de esa máscara. Entre la máscara y la sombra, esta el Si-mismo que ha de lidiar con esas dos fuerzas en una dialéctica continua. Ha de conseguir no dejarse absorber por ninguna de ellas, no puede ser dominado por su sombra ni puede ser poseído por su máscara. En ese caso hablamos de identificación con el personaje en el caso de que creamos que esa máscara y el Si-mismo son la misma cosa o de posesión “demoniaca” en el caso de que la sombra haya ocupado el territorio del Si mismo. Es el caso de los malvados, de los desalmados.

Es obvio que la sombra está oculta puesto que representa todo aquello “malo” que la sociedad prohibe, persigue y castiga. El tramposo que ha refinado sus trampas para no ser reconocido como tal no tienen más remedio que cambiar de escenario continuamente para que sus fechorías no sean conocidas por todo el mundo, de este modo tiene siempre a alguien que parasitar y engañar, siempre en su propio beneficio. La sombra se oculta siempre detrás de esa máscara que nos proporciona la suficiente aceptación de los otros para que no nos expulsen del terreno de juego.

Pero el problema es la dualidad en que solemos pensar estos conceptos de “bondad” o “maldad” como si fueran rasgos binarios de nuestra personalidad, como si estar instalado en uno de ellos fuera la solución para esquivar las peticiones del mal, pues no hay que olvidar que en algunas personas la sombra está presidida por la muerte en estado puro, por lo tanático.

El problema es que no hay personas absolutamente buenas y otras que son absolutamente malas. Se trata de un espectro de continuidad donde ciertos fenomenos extremos se materializan, precisamente por el blanqueamiento del mal. Y la mejor manera de evitar las emergencias malignas de la sombra es conocerla bien. ¿Cuantos de nosotros creemos que no seriamos capaces de hacer daño a los demás como sucede en el experimento Milgram? ¿Cuantos de nosotros somos capaces de reconocer ese concepto de “banalidad del mal” que describió Hanna Arendt? ¿Cuantos de nosotros no hubiéramos sido torturadores en la Edad media si nos hubieran ordenado hacerlo?

De manera que conocer nuestra sombra es un ejercicio práctico en el que deberíamos entrenarnos de por vida, conocer, aceptar nuestra sobra y hacerla consciente algo que es más fácil de llevar a cabo por los resentidos. Es por eso que cualquier forma de psicoterapia que no sea capaz de confrontarnos con nuestra maldad es solo placebo.

La mejor forma de evitar la emergencia del mal es hacernos cargo de él y renunciar a esa idea postmoderna de que todo el mundo debe ser bueno (el buenismo impuesto) inventando moralidades nuevas e impostadas. Hacernos cargo de él para revitalizarlo a través de la conciencia, proyectarlo y tratar de convertirlo en algo útil, para nosotros, para los demás y para la comunidad. No hay nada tan inútil como la bondad, la bondad es para las mascotas, pero no para los hombres. Sin la maldad necesaria no se puede mantener una posición, no se puede renunciar al silencio, no se pueden tomar riesgos, no se puede escalar socialmente, ni se puede encontrar pareja. ¿No es cierto?

“La contraposición de lo luminoso y bueno, por un lado, y de lo oscuro y malo, por otro, quedó abandonada abiertamente a su conflicto en cuanto Cristo representa al bien sin más, y el opositor de Cristo, el Diablo, representa el mal. Esta oposición es propiamente el verdadero problema universal, que aún no ha sido resuelto”. (Jung)

Bibliografía.-

Panksepp, J. 1998. Affective Neuroscience: The Foundations of Human and Animal Emotions. New York:

Sesgos de izquierdas, sesgos de derechas

Recientemente he leído un articulo que viene vinculado aqui y que aborda la idea , la misteriosa idea de por la que la mayor parte de la población considera a los progresistas como buenos y a los conservadores como malos. ¿Por qué Hillary u Obama son buenos y Bush o Trump son la encarnación del mal? ¿Se debe solo a la propaganda? ¿A su aspecto físico o a sus modales?

Lo que Winegard plantea es que es un problema de adoctrinamiento. Un adoctrinamiento que presenta a los conservadores como beatos o egoístas defensores de los poderosos, siendo los progresistas los empáticos y generosos con todo el mundo.

El sesgo es algo intrínseco al cerebro humano, todos tenemos sesgos pero los sesgos son un concepto importante en el mundo académico y científico. A pesar de esto, es notablemente difícil de definir o medir. Y muchos, tal vez todos, los estudios de éste son susceptibles a objeciones razonables de algún marco de razonamiento normativo u otro. Sin embargo, en un discurso común, el término es bastante fácil de entender. El prejuicio es una preferencia o compromiso que impulsa a una persona a alejarse de la imparcialidad.

Hay muchos tipos de sesgos, y los sesgos pueden penetrar el proceso cognitivo de principio a fin y en cualquier punto intermedio. Puede conducir a una exposición selectiva , por lo que las personas buscan preferentemente material que favorezca su posición preferida y eviten el material que lo contradiga; puede conducir a un escepticismo motivado , por el cual las personas son más críticas con el material que se opone a su posición preferida que con el material que lo respalda; y puede conducir a una credulidad motivada, mediante la cual las personas asimilan la información que respalda su posición preferida de manera más fácil y rápida que la información que la contradice. A menudo, estos sesgos funcionan todos juntos.

La fuerza del propio sesgo está influenciada por muchos factores, pero, para simplificar, podemos dividir estos factores en tres amplias categorías: claridad, problemas de precisión y preocupaciones extrañas.

La claridad se refiere a cuán ambiguo es un tema. Cuanto más ambiguo, menor es la claridad y mayor es el sesgo. Por lo tanto, el puntaje de un juego de baloncesto tiene una claridad muy alta, mientras que un debate político puede tener muy poca claridad. Las preocupaciones de precisión se refieren a qué tan deseoso es un individuo de saber la verdad. Cuanto mayor es la preocupación, en promedio, menor es el sesgo.

En términos generales podríamos  decir que el sesgo puede representarse mediante una ecuación tal que las preocupaciones extrañas (E) menos (precisión (A) más claridad (C)) equivalgan al sesgo: (E – (A + C) = B) .

Esto probablemente explica por qué el sesgo político es una forma de prejuicio tan poderosa y aparentemente indestructible: la claridad es a menudo baja y las preocupaciones extrañas a menudo son muy altas. Las identidades políticas de las personas no son como disfraces sin sentido que pueden ponerse y desecharse sin pasión. Son cruciales para uno mismo: más como la piel que la tela. Por lo tanto, las personas están fuertemente motivadas para mantener posiciones que les permitan seguir siendo miembros de su grupo social preferido. Además, muchos debates políticos importantes tratan sobre temas que son increíblemente difíciles de evaluar y estudiar (y, por lo tanto, tienen poca claridad).

Si queremos comprender los prejuicios políticos que las personas pueden tener, debemos comprender sus compromisos políticos y, aún más, debemos comprender sus valores sagrados . Los valores sagrados son valores fuertemente sostenidos que uno trata como inviolables. La oposición al aborto, por ejemplo, es un valor sagrado para muchos conservadores. No estarían dispuestos a cambiarlo por un valor menos importante -por ejemplo, recortes de impuestos- y, de hecho, considerarían el intercambio sugerido como reprobable. Podemos imaginar compromisos morales / políticos en un continuo de “no importante” a “sagrado” Cuanto más sagrado es el valor, más crucial para la propia identidad política es.

Los progresistas por su parte parecen adherirse a una narración sagrada sobre los grupos de víctimas que dice algo así: muchos grupos han sido abusados, explotados y oprimidos por poderosos europeos ( blanco) hombres. Estos grupos aún sufren de este legado. Y la sociedad, a pesar de las modestas mejoras, sigue siendo sexista y racista. Aunque muchas personas proclaman su dedicación a la igualdad, a menudo tienen prejuicios, a veces de manera sutil.A los grupos de víctimas no les va tan bien en la sociedad como a los grupos privilegiados porque la sociedad ha establecido las reglas en su contra y porque muchos miembros de los privilegiados los acosan, abusan y discriminan a propósito. Aunque muchos ignoran o perpetúan un sistema de explotación, hay personas que se han dado cuenta de cuán atroz y opresiva puede ser la sociedad y quiénes están luchando contra ella. Si más personas llegan a pensar de la manera en que lo hacen, si más personas estudian el racismo y el sexismo, si más personas se unen a los movimientos y denuncian todas las formas de discriminación, entonces el mundo se convertirá en un mejor lugar. Aquellos que no están de acuerdo con esto son parte del problema. Incluso si tienen buenas intenciones, son parte del sistema y solo obstaculizarán el progreso y apoyarán a los racistas y sexistas.

Este es un argumento típicamente perverso y de carácter autoreferencial, si no estás de acuerdo conmigo entonces es porque eres un malvado, parte del sistema opresor. Esta curiosa maniobra argumentativa de baja calidad dialéctica consiste en devolver al argumento contrario al barro de la confusión, se impide así cambiar de nivel y se obstaculiza el progreso de cualquier debate, no siempre a través del insulto o la descalificación (tolerable siempre contra los opresores) sino a través de una confusión de tipos lógicos. Por ejemplo, una idea demostrada científicamente será siempre sospechosa de tener defectos de método cuando no coincida con el prejuicio que sostienen los progresistas.

Los progresistas al menos los de hoy, también tienen valores sagrados: piensan que todas las personas, todos los grupos, todas las sexualidades y todos los sexos deben ser tratados con justicia . También son especialmente sensibles a las amenazas potenciales al igualitarismo, por lo que se adhieren a la creencia de que todos los grupos demográficos son aproximadamente iguales en todos los rasgos socialmente valorados, una creencia que llamamos igualitarismo cósmico. Tal vez la forma más común de igualitarismo cósmico es la falacia de la pizarra en blanco, o la creencia de que los humanos son casi infinitamente maleables, y que todas las diferencias importantes entre ellos son causadas por el medio ambiente, no por los genes. El igualitarismo cósmico sirve como un amortiguador protector para la equidad porque sostiene dos cosas: 1) Las disparidades grupales son causadas por prejuicios y discriminación (injusticia), no por diferencias grupales; y 2) Definitivamente deberíamos tratar a todos los grupos de la misma manera porque son básicamente lo mismo.

Naturalmente no cabe duda de que los principios progresistas parecen impregnados de valores morales superiores. ¿Pues quién puede estar en contra de la igualdad de las personas entre los sexos, entre las razas o entre religiones?

El problema es que los progresistas apelan quizá sin saberlo a valores sagrados igual que hacen los católicos con el aborto. Para ellos la igualdad -signifique lo que signifique, pues se trata de un término poco claro- es algo que es bueno en si mismo y hay que eliminar a todos aquellos que piensen lo contrario, verdaderos enemigos de ese mundo feliz al que aspiran. ¿Ahora ya no parecen tan morales, verdad?

Y cuando se apela a valores sagrados se encuentra uno con el muro de la contradicción pronto o temprano. No hay que olvidar que solo un 20% de los crímenes se cometen por rapiña, el resto se cometen en nombre de algún principio moral.

Probablemente todas las personas son parciales; y fuertes compromisos ideológicos en ambos lados del espectro aumentan tales propensiones preexistentes. El cerebro normal es un cerebro con prejuicios. Durante demasiado tiempo, los progresistas que han dominado las ciencias sociales han dado por hecho el progresismo y, por lo tanto, han examinado a los conservadores como si fueran extraterrestres con un conjunto de preferencias ideológicas perplejas y posiblemente perniciosas.

Remito al lector al articulo de Winegard si quiere saber más sobre los sesgos que abrasan a progresistas y conservadores y observar que hay más sesgos en los progresistas que en los conservadores. Un pozo profundo de parcialidad en las palabras de Winegard.

Patria

Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la novela citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si planea leerla.

La patria es incierta (Virgilio)

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“Patria” es una palabra ambigüa: es de género femenino y masculino a la vez. De ahi viene el concepto “madre patria”, el concepto de “patriarcado” y el concepto de “paternidad” al que se refiere Virgilio para señalar la incertidumbre  del linaje masculino de la descendencia. Una ambigüedad que es precisamente la que podemos leer en “Patria”, la novela de Fernando Aramburu, publicada en 2016 pero que ha recibido el premio nacional de narrativa este año 2017.

Se trata de una muy buena novela que aborda numerosos temas, más allá del conflicto entre ETA y el Estado en aquellos años de hierro que precedieron al abandono de la violencia por parte de la banda armada en 2011. Una novela de esas que enganchan y que contienen sabores y olores, sabor a anchoas y pescado y sobre todo mucha humedad, como en Lovecraft. Y que recuerda mucho a otra novela importante, la de Kundera, “La insoportable levedad del ser”.

Y la recuerda sobre todo por sus personajes, unos personajes absolutamente creíbles que oscilan entre el peso y la levedad, entre la amoralidad y la hipermoralidad, entre la beatería y la lucha armada, entre San Ignacio de Loyola y Josu Ternera.

La novela transcurre en un pueblo de Guipuzcoa, esos lugares donde todo el mundo se conoce, que tienen carnicería, panadería y taberna con hucha de solidaridad para los presos. Esos lugares asfixiantes por más que nosotros mantengamos la idealización de que la vida rural es muy superior a la que llevamos en las grandes urbes. Es lógico, al fin y al cabo si nos remontamos dos o tres generaciones, solo hallaríamos entre nuestros ancestros a campesinos, esos que huyeron de los campos desolados de España buscando trabajo y una vida mejor. Pero lo cierto es que más allá de la idealización la vida en esos lugares es invivible y se encuentra contenida por un enorme muro: el del control social, una mitad controlando lo que hace y piensa la otra mitad: no es de extrañar que en esos lugares la vergüenza sea la emoción más frecuente, pues la vergüenza es una emoción que señala hacia una cultura etnocéntrica y la hipermoralidad (moral overdrive) una de las cartas que juegan las personas comunes para obtener rango y la confiabilidad. Ser “como los demás”, “estar pendiente de lo que otros piensen” es la forma de adquirir reputación de abertzale, en ese lugar es la mejor forma de sobrevivir,  eso o huir.

En “Patria” hay personajes que huyen como Nerea y Xavier, otros se quedan como Miren y Joxian y otros que vuelven como Bittori, pues regresar es también una forma de llegar. Otros encarcelados como Joxe Mari y otros muertos como el Txato.

“Dramatis personae”.-

Patria es la historia de dos familias vecinas y rotas por la política, antes de eso amigas ellas: Miren y Bittori, ambas amigas desde la infancia y beatas que se plantearon hacerse monjas en la juventud, casadas ambas con Joxian y el Txato. Y amigos ellos: Joxian y el Txato, compañeros de mus y de equipo ciclista, amigos con favores no devueltos y ambos dominados por sus esposas y ese matriarcado que domina la escena y que no es solo cosa del Pais vasco, un matriarcado que es la correa de transmisión intergeneracional del odio del que los hombres huyen al refugio de la taberna. Juntos siempre hasta que la política les separó, pues el Txato es un empresario de transportes, un hombre -al decir del pueblo- rico con algunos empleados decididos a denunciarlo a través de sindicatos abertzales. Hasta que ETA comienza a exigirle el impuesto revolucionario y con él la exclusión de todo el pueblo que no sólo le dedica pintadas y escraches sino que al final consiguen señalarlo como blanco para ETA. Un pueblo lleno de chivatos y delatores, venganzas movidas por la envidia y ajustes de cuentas ocultos.

Y nadie quiere saber nada de política, pero si de la liberación del pueblo vasco, un mantra que repiten todos o casi todos, sin tener ni idea de qué significa eso.

Miren y Bittori, son dos personajes con peso, tozudas, dominantes, con una robustez mental a prueba de bomba. Miren, la madre de Joxe Mari que entró en ETA por una querencia épica, sin haber trabajado nunca, sin saber apenas euskera, sin haber oido nunca la palbra “te quiero” de boca de su estrecha novia Josune; movido por ideales que apenas sabe mencionar descontando las consignas. Mucha testosterona y pocas luces. Bittori empeñada en saber quién mató a su marido y que quien fuera que le pida perdón. Ambas mantienen conversaciones con entidades abstractas, Miren con San Ignacio, otro gudari y Bittori con su marido al que visita a diario en un cementerio alejado de su pueblo para que no le hagan pintadas en la lapida.  Allí va Bittori a diario para contarle las novedades de su investigación.

Joxe Mari es el hijo de Joxian y Miren, estuvo implicado en la muerte del Txato, no directamente pero si a través de su comando, alguien de su pueblo lo señaló y él a pesar de su dureza no fue capaz de asesinarlo cuando éste le reconoció. Joxe Mari es otro personaje con peso, de una pieza por así decir, sin matices, del lado duro de la organización. Cumple una larga condena y al final abandona la organización, cuando el cautiverio le ablanda lo suficiente, pierde el pelo y su masa muscular y se convierte en una sombra de lo que fue y una nueva víctima más de este relato, una víctima que lo es por victimizar. Lo que le mantuvo atado a ETA fue, -como no- la vergúenza, el qué dirán los compañeros. La vergúenza una vez mas, una sobredosis de moralina recorre estas familias.

Si hay en la novela un personaje abstruso y leve es sin duda Nerea, la hija pequeña de Bittori y el Txato, un personaje amoral que militó en Herri Batasuna y que por vergüenza no acudió al entierro de su padre, no quería que la relacionarán con él, guardó el secreto durante sus estudios de Derecho en Zaragoza y lo mantuvo frente a los innumerables amantes que tuvo. Hija de su padre, y con una relación espesa con su madre, tiene el costado económico bien cubierto porque su padre se empeñó en protegerla del enrarecido ambiente de su pueblo y la mandó a estudiar fuera. Nerea es el personaje que peor me cayó en esta novela, su deslealtad y su falta de moralidad encuentra su perfecto contrapunto en el peso -personajes de una pieza- del resto de personajes de la novela: esos que se mueven por ideales que otros dispusieron para ellos sin descontar al infame cura D. Serapio asesor de conciencias abertzales. Y que nunca han tenido sexo, ni conocen el amor, esos que se saltaron todas las etapas de la adolescencia por andar metidos en ese desatino de la lucha armada. Inconsistente también es su hermano médico – Xavier-, enmadrado hasta el paroxismo y que pareciera que hubiera llevado a cabo un voto de castidad, tan protector de su madre y dependiente del coñac. Xavier no se casará, ya no.

Gorka y Arantxa son los dos hermanos de Xose Mari, ambos huyen del pueblo pero con distinta suerte. Gorka es un poeta que domina el euskera y es lo suficientemente inteligente para esconder en aquel entorno su homosexualidad del resto del pueblo, quien le reconoce como “uno de los nuestros” por ser hermano de Joxe Mari, además su dominio del euskera le sirve de salvoconducto social y al final encuentra el amor de la mano de Ramón, con el que termina casándose. Gorka es un personaje evitativo, tímido, cabizbajo que logra sintonizar con el lector, al fin y al cabo es también un superviviente de su madre y de su entorno y ha salido sin demasiadas heridas del mismo.

Arantxa es probablemente el personaje más enternecedor y corajudo de la novela a pesar de su desgraciado matrimonio y de su invalidez a causa de un ictus. Desde su silla y su ipad es la que consigue acercar a todos, tramando encuentros con Bittori y escribiendo y forzando a Joxe Mari a dar una respuesta a las preguntas que encienden el corazón de Bittori. Es el personaje central de la novela, el único humano con dignidad que ni se considera una víctima ni odia a nadie. Al fin y al cabo “nosotros no somos politicos.”

Mi impresión final es que había leído una gran novela, que probablemente no sirva para operar como bálsamo ni para las víctimas ni para los verdugos que sacrificaron su vida por una utopía sin sentido o quizá para un negocio oculto.

Pero que a mi personalmente me ha llegado en forma de una luminosa idea: ninguna patria vale la muerte de un gato.

Pues es el gato de Bittori el que muere como una metáfora de la decadencia, la derrota y la enfermedad de la propia Bittori.

Y de todos los demás.

 

El blanqueamiento del mal

baudrillard

¿Y si toda la publicidad fuera la apología no de un producto, sino de la propia publicidad? ¿Y si la información no remitiera a un acontecimiento, sino a la promoción de la propia información como acontecimiento? ¿Y si la comunicación no remitiera a un mensaje, sino a la promoción de la propia comunicación como mito.

 

Todo el discurso posmoderno de la diferencia, de la alteridad radical, del respeto al Otro y de la inclusión serían así una forma de desactivar a esa misma alteridad.

Jean Baudrillard.

Para conocer en profundidad los fenómenos extremos es bueno leer a Baudrillard, sobre todo este ensayo sobre “La transparencia del mal” y que dejo aqui en pdf para el que lo quiera leer.

De este libro he tomado la idea principal para ilustrar algunos fenómenos del atentado yihadista de ayer en Barcelona y Cambrils que me parecieron novedades sobre todo en la semántica de las redes, lo que Baudrillard ha llamado “hiperespacio” ese lugar donde suceden cosas que no son eventos. La idea siendo breves seria esta:  “Baudrillard dice que estamos ante una transición de fase en la cual el Mal es innombrable. Ya no es el Mal que Nietzsche rescató del olvido, ese mal del derrotado, del perdedor, ya no es tampoco el Mal sustantivado del judeocristianismo y la Ilustración. El nuevo Mal sería el Mal de los fenómenos extremos, de los fenómenos que desestabilizan el funcionamiento del sistema. Algo es malo porque es disruptivo. Algo es malo cuando rebasa nuestro fetichismo institucional. Algo es malo cuando la superficie se fractura” .

En el atentado de ayer hubo al menos dos novedades: los terroristas no acabaron suicidados, sino detenidos o abatidos por la policía, la siguiente novedad fue una campaña destinada a desincentivar las imágenes del terror. Twitter ayer ardió de mensajes donde la propia Guardia civil y la policía advertían de que tomar fotografías o vídeos del escenario del crimen representaba un peligro para la propia investigación policial, inmediatamente hubo otros agentes que se dedicaron a disuadir al resto de tuiteros de que “por respeto a las victimas” era mejor no distribuir imágenes del atropello, de los heridos y de los cadáveres que poblaban la acera. Así y todo no solo los tuiteros sino los medios de comunicación “amarillistas” en opinión de algunos hicieron caso omiso a las recomendaciones y hasta en televisión hemos visto vídeos de muertos sobre la calzada, incluyendo niños.

Personalmente nunca me he dedicado a distribuir vídeos ni fotografías que pudieran herir al buen gusto de nadie, de modo que me dediqué a explorar qué opinan sobre este asunto otras personas con criterio. Es verdad lo que dice Baudrillard, pues ¿de qué sirve un atentando terrorista que no salga por TV? Si nadie se entera de qué pasó, si nadie puede estremecerse, asquearse o -como dicen algunos- estimular su morbo el atentado carece de fundamento. Se atenta en una ciudad concreta, nótese que no se atenta en Badajoz o en Soria, llena de público, con medios de comunicación alrededor y con una gran resonancia mediática. Se atenta para salir en los medios, del mismo modo que algunos youtubers graban sus hazañas para medrar.

Baudrillard apunta a la manera en la cual vivimos el pasado cual futuro, en nuestros ideales, en nuestros diagnósticos, en nuestras estrategias mismas de lucha: no queremos reconocer que muchos de los referentes están perdidos, refutados o desacreditados. Habitamos en una crisis de significación. La información es autoreferencial y la publicidad es un simulacro que anuncia productos chatarra. Pero la misma política se volvió un simulacro, y la denuncia de esa política funciona de manera análoga. Baudrillard anticipó la miseria, no sólo de la prensa, sino de las redes sociales que critican la construcción mediática pero que despliegan el mismo estilo de argumentación en su construcción de héroes, villanos y senderos de lucha.

El problema es tratar  al pasado cual futuro y de ahí que el comunismo-populismo haya vuelto con fuerza. El problema de ver a los ismos estéticos como si todavía fueran vanguardia. El problema de seguir pensando en los viejos ideales comunistas, socialistas y feministas como si el siglo XX no hubieran pasado. La invitación al quietismo indiferente retorna reforzada. Baudrillard nos habla de esta situación post-orgiástica en la que vivimos los fracasos de esos humanismos y tenemos, empero, que pretender que no fracasaron. Tenemos que vivirlos como si no fueran un pasado sino como si apuntaran aún al futuro.

Pero si estos humanismos trasnochados vuelven después de haber demostrado su fracaso es porque no fue publicitada adecuadamente su barbarie. Y este es el argumento que utilizan otros, quizá los reaccionarios para dejar por escrito que:

¿Cuantas películas de nazis has visto en tu vida? ¿hay alguién que no conozca a través de documentales o del cine la barbarie nazi?¿Por que no sabemos nada de las matanzas de Stalin, los jemeres rojos o de Mao? ¿Por qué no se han hecho películas sobre las matanzas de los milicianos durante la II Republica española a pesar de tener al cine subvencionado por el Estado? ¿Qué pasó realmente en los Gulags? ¿Y sobre el genocidio armenio?

No cabe duda de que el Mal se ha blanqueado más en un sentido que en otro, los crímenes comunistas y de la izquierda en general no resultan tan obvios para la población en general y lo cierto es que no se han publicitado lo suficiente. Aun hoy los crímenes yihadistas cuentan con una comprensión general que para sí desearía cualquier dictador ya fallecido como Franco, que continuamente es rescatado de la historia para volver a ponerle sobre el tapete en un estúpido  recuento de muertos. ¿Quien mató más Hitler o Stalin?

Ninguna estadística vendrá a cambiar la opinión de toda una generación de jóvenes educados en la idea repetida hasta el paroxismo de que los malos son necesariamente unos y los buenos (Che Guevara, Castro, Maduro) otros. Todo depende de la propaganda. Nuestros conciudadanos creen que Trump es el mal y sin embargo nadie que yo sepa critica al coreano del norte que nos amenaza con un conflicto nuclear nada menos.

De manera que yo me manifiesto a favor de la publicidad de los muertos por el terrorismo yihadista, pues es la única manera de que aquellos que no tienen criterio se formen uno, al menos icónico y que recuerden que también mueren niños inocentes aunque sea en la Rambla de Barcelona.

Baudrillard tiene razón cuando afirma que hay una crisis de significación. Los jóvenes más comprometidos de hoy parecen ver y no ver las dimensiones mediáticas de la política y la economía, de los medios y las instituciones.

Ven eso y creen que ven al mal en su transparencia. Es un otro que camina, que tiene nombre y que puede ser identificado; hay veces que es persona, otras tantas es sistema o casta. Convocan a exorcizar a ese Mal, mayusculado. Pero parecen no darse cuenta de que ellos están entrampados en esa misma crisis de significación. Invocan para sí una legitimidad que ya no descansa siquiera en un formalismo democrático sino en la fantasía de la simulación de un compromiso ante un todo social que también es una simulación.

Esos mismos jóvenes de hoy están atrapados entre un diagnóstico ultra crítico y ultra cínico que exhibe la brutalidad kantiano-sadeana del Estado, por un lado, y una estrategia de lucha que presupone olvidar los fracasos del pasado. Parecen estar al tanto de ese infierno de lo mismo que despedaza toda diferencia. Están al tanto de la crisis de una legitimidad que ya no puede anclarse en las democracias formales cuando éstas son cómplices de la Razón de Estado qua Violencia de Estado. Los jóvenes de hoy están atrapados entre ese diagnóstico y una pronostico que apunta a un futuro como repetición del pasado. Es por eso que etiquetas como “fascismo”, “nazi”, “franquismo” “machismo” tienen tanto éxito en las redes y en las diatribas cínicas de la red. Los ingenuos no ven que esas etiquetas están muertas y no significan nada y lo peor: ellos tampoco tienen ninguna buena nueva que anunciar. (tomado de esta web)

Siguen pensando en La Revolución de un proletariado que Baudrillard ha declarado muerto. La masa no es el proletariado. No ya porque esté ideologizada o alineada y, por tanto, alejada de su conciencia de clase, la masa no es el proletariado porque jamás estuvo ideologizada y además porque el proletariado ya no existe, simplemente nos lo hicieron creer los marxistas. Nos entrampó en un simulacro de su propia teoría.

Y lo que queda son las buenas intenciones, el buenismo como nuevo ídolo al que adorar, la putrefacción de instinto de conservación y el entreguismo histerico de toda una civilización.

Pero no me gustaría despedir este post sin decir mi opinión sobre ese fenómeno extremo que conocemos con el nombre de terrorismo islámico. Personalmente creo que estos ataques no tendrán ningún efecto en los Estados europeos, solo podrán alcanzar a hacernos cosquillas. No habrá nazis ni xenofobos saliendo por las noches con cuchillos largos, ni habrá reacción contrafóbica de las clases medias contra las mezquitas. Hay demasiada indiferencia y bienestar en nuestra vidas. El islamismo se impondrá por la demografía no por el terror, pues toda ideología precisa de un extremo radical que haga bueno al moderado.

Y el plan de la islamización de Europa vendrá no por el terrorismo sino por la moderación de los que hoy callan.

La masculinidad tóxica

“No dejes que te engañe tu cerebro, Kev, con todos esos exámenes que no te dejan ver la realidad. Solo hay una diferencia entre tú y yo: Yo lo quiero y voy a por ello, tú lo quieres y no vas a por ello”
“Estás asustado Kev, tienes miedo. Tienes miedo de todo, lo veo en tus ojos. Miedo de las consecuencias. Miedo de que te cojan. Miedo de lo que pensarán. Miedo de lo que te harán cuando vengan a llamar a tu puerta. Tienes miedo de mí”
“Mírate. Tienes razón, tú estás fuera y yo estoy aquí dentro. Pero…¿quién es libre, Kev? Libre de verdad, quiero decir. ¿Tú o yo? Piensa en ello esta noche. ¿Dónde están los barrotes de verdad Kev? ¿Ahí afuera ?( señala la ventana). ¿O aquí dentro? ( y se toca la sien). (De la entrevista a un psicópata, Kevin Dutton).

Aquellos que hayaís leído este libro de Dutton ya sabreís como piensan los psicópatas y también habreís comprobado sus habilidades para conseguir lo que desean, dado que apenas tienen emociones y carecen de empatía caliente son capaces de cualquier cosa. Carecen de inhibiciones morales o sociales y solo se mueven a expensas del principio del placer. Pero no todo es negativo en ellos, hay algunas características de su personalidad que les hacen deseables como compañeros. Imaginaros en guerra con un psicópata como compañero en una trinchera. Aquí en este post hablé precisamente de ciertas dimensiones de su personalidad que son ideales para tiempos de guerra por su escasa reactividad al miedo.

No cabe duda de que existen formas extremas de la masculinidad y también de la feminidad que son tóxicas. Los psicópatas descritos por Dutton son una buena parte de ellos, sin embargo no todos los varones ni las mujeres tóxicas son psicópatas. Estos solo representan los extremos de las alas donde se dispersan los casos más graves o supertóxicos.

Existe en nuestro entorno una proliferación de escritos sobre esta patología extrema, vídeos en youtube donde abordan todos estos supuestos en clave de narcisismo y algunos otros bienintencionados que suelen titularse de este modo ¿Cómo detectar la toxicidad de tu pareja? y cosas así.

Este post viene inspirado por la lectura de otro post de Justin Murphy y traducido por Cultura 3.0 y que se titula “Feminismo y masculinidad supertóxica“. Murphy plantea en su articulo un tema muy interesante sobre todos los demás: que la proliferación de masculinidades supertóxicas procede del hecho de que los varones normales han sido domesticados dejándoles el campo expedito a los más tóxicos de ellos.

Basándose en dos personajes como Mc Affe o Trump, Murphy plantea que:

La hipótesis que quisiera proponer es que esta domesticación social de las tendencias masculinas ha hecho que nuestra sociedad sea más vulnerable a los raros casos de hombres que escapan al filtro del oprobio social. La vida de John McAfee es un caso de estudio de este problema. ¿Por qué la pacificación social de la que una vez fue una masculinidad moderada y popular empodera las formas virulentas de masculinidad violenta? Muchos izquierdistas creen que pacificando a la gran masa de hombres se conseguirá hacer variar toda la distribución de la conducta masculina, bajando el listón de lo malo que pueden llegar a ser los peores hombres. Diría que este es el modelo mental dominante en la mayoría de los guerreros por la justicia social, porque es la imagen básica que procede de la educación en las artes liberales de hoy.

El problema es que cuando la base de la expresión de dominio masculino se mantiene por debajo de su tendencia orgánica, definida simplemente cómo lo que los hombres harían en ausencia de campañas culturales que se lo impidan, esto hace que se incrementen las ganancias potenciales de aquellos que se atreven a ejercerlo, puesto que hay más recursos para dominar precisamente en la medida en que hay menos hombres para contestarles. Esto no sólo hace que aumenten las recompensas disponibles, sino que disminuye el riesgo de competir por ellas, en la medida en que hay menos ocasiones de ser derrotado por un macho igualmente agresivo, o incluso de encontrarse con competición costosa, en comparación con la que existiría en un mundo con muchos excesos masculinos locales, pero de carácter menor. También podríamos aducir un efecto de “vigilante oxidado”: A través de la domesticación de los hombres a lo largo del tiempo, la mayoría de la gente se vuelve olvidadiza con respecto a lo que los hombres genuinamente peligrosos son capaces de hacer, disminuyendo la probabilidad o la velocidad con la que los machos domesticados podrían despertar de su letargo.

¿Quién es más machista? ¿Este hombre?

 

Esta idea es profundamente evolucionista y creo que es verosímil si tenemos en cuenta el proceso de domesticación que ha sobrellevado la especie humana y más profundamente el sexo masculino. La domesticación es una hipótesis de Wrangham de la que hablé aquí y que viene a explicar que en nuestra especie la docilidad ha sido seleccionada positivamente por la selección en este caso sexual. Habrían sido las mujeres las que hubieran presionado selectivamente para disminuir la agresividad masculina y las sociedades en su conjunto a través de lo que Frost ha llamado “pacificación genética”. Muy resumidamente significa que dado que la agresividad y otros rasgos de la personalidad relacionados con el crimen tienen un componente genético y hereditario, y que el Estado ha ejecutado/encarcelado sistemáticamente a los elementos más proclives al crimen durante siglos, (perjudicando así a su éxito reproductivo), ha habido un proceso de “pacificación genética” por el que los humanos hoy somos menos violentos. No cabe ninguna duda de que la agresividad tiene un origen genético, el más conocido es el alelo del gen MAO A. aunque es muy probable que no sea el único gen implicado en las conductas violentas.

¿O éste?

 

Si la teoría de Murphy fuera cierta explicaría porque Trump nos parece mas machista que Trudeau o que Macron. La clave es que unos parecen más machistas que otros que simplemente lo disimulan, es decir disimulan sus deseos de dominio. Si atribuimos la agresividad a la testosterona resulta difícil entender que las motivaciones de Trump sean distintas a las de Trudeau o Macron. Todos ellos son machos alfa, fascinados por el poder, motivados para la competitividad, la poliginia y el dinero , los valores de todas las masculinidades tanto las normales como las tóxicas y sin embargo Trump nos parece el más “machista de todos ellos” aunque probablemente lo es o al menos lo exhibe públicamente quizá para romper este estereotipo.

Pero el problema tal y como lo plantea Murphy no es construir una escala de machismo sino ¿quien se les enfrentará? Efectivamente, solo un hombre puede enfrentar a otro hombre pues la masculinidad no nos viene de serie sino que se legitima por parte del grupo de hombres que constituyen el grupo social en que nos desenvolvemos. Muchos de estos hombres extremos suelen dedicarse a las finanzas, pues el dinero es el refugio de hombres tóxicos que sustituyen el poder político por el poder del dinero. Trump en este sentido es un caso inédito pues la mayor parte de los políticos actuales se desenvuelven en sociedades matrifocales donde el gusto por los hombres tipo Johnny Depp es superior a los biotipos John Wayne o Kirk Douglas que parecen haber perdido gran parte de su atractivo potencial. Clint Eastwood es una excepción pero se trata de un modelo en extinción. Para tener éxito político un varón de estas características ha de disimular y aparecer como un personaje grácil que defienda los intereses de los lobbyes feministas y que no de demasiado miedo.

Y este es el problema según defiende Murphy. Aquellos hombres que se les podrían enfrentar no están por la labor de hacerlo al haber sido domesticados hasta el paroxismo.

Solo un hombre puede darle miedo a otro hombre y mantenerlo a raya.

Bibliografia.-

El cerebro domesticado

¿Un Dreyfus español?

zolajaccuse

Los atentados de Atocha del 11-M del 2004 tal y como se conocen fue uno de los acontecimientos más espantosos que se han producido en nuestro país en los últimos tiempos. Y lo fueron por varias razones:

1.- La primera es por el elevado número de muertos que causaron (190), así como heridos y traumatizados psíquicos.

2.- La segunda razón es porque se produjeron tres días antes de las elecciones generales en las que Zapatero llegó al poder cuando todas las encuestas le daban como perdedor.

3.- La tercera razón es que pareciere como si cualquier versión -distinta a la oficial – fuera considerada como un ejercicio de conspiranoia y por tanto fuera rechazada. Quizá por esta razón nunca osé escribir sobre este asunto a pesar de que como casi todo el mundo sentía que algo no encajaba.

4.- Solo dos periodistas, uno de ellos Luis del Pino osaron meterse en ese berenjenal y ya forman parte del folklore conspiranoico. Nadie les cree y del Pino ha sido desacreditado por ultraderechista.

A pesar de que todos tenemos la sensación de que la versión oficial -la verdad jurídica- se nos queda corta y deja muchas sombras y huecos en su comprensión, la verdad es que ningún intelectual de este país ha intentado averiguar o investigar la “verdad histórica” de tal suceso bien al contrario de lo que sucedió con el caso Dreyfus, donde Emile Zola con aquel articulo llamado “Yo acuso”consiguió rehabilitar al oficial de origen judio que había servido como chivo expiatorio al gobierno francés.

Nos hemos conformado con los hechos consumados -tal y como nos los contaron los medios oficiales- como españoles que somos pero un francés ha salido en nuestro rescate, otra vez.

Un documental de Cyrille Martin, vale la pena verlo y dudar de lo que nos cuentan si es que aun no lo hemos hecho.

El blog de Luis del Pino