Al alba

«Al alba» es una canción de Luis Eduardo Aute escrita en 1975 y que rápidamente se convirtió en un himno contra el régimen de Franco ya en sus estertores, unos hechos que se produjeron y que dieron lugar a los últimos y extemporáneos fusilamientos de la dictadura. El mismo Aute nos da esta versión en una entrevista que podeís leer aquí junto a la letra de la canción, redonda y potente. Sin embargo no hay que fiarlo todo a la interpetación del autor que –aprés coup– pudo adherirse a la interpretación que el publico llevó a cabo de la canción.

De lo que no cabe duda es que el poema habla del amor y de la muerte.

El poema tiene bastantes hallazgos estéticos, el primero de todos es el fonema que propio titulo. Obsérvese que !al alba» es fonéticamente bien distinto a «alba» o «el alba». Un sustantivo y una contracción llenan toda nuestra boca. El titulo en sí mismo es ya un minipoema pues evoca no solo el amanecer sino algo que sucede, que está inscrito en él.

Sólo hay una alusión a estas ejecuciones cuando habla de «pólvora de la mañana», pero el resto del poema no contiene ninguna clave que nos permita esclarecer de qué está hablando el poeta.

Así cuando dice:

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga.

¿A qué noche se refiere? Lo lógico es pensar que el alba termina con la noche a la que teme, pero entonces qué es esa noche larga?

Y cuando dice:

Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas.

¿A que hijos se refiere? ¿Está hablando de hijos que no llegaron a engendrarse o bien a abortos clandestinos?

En cualquier caso me parece un poema y una canción excepcionales, una canción que representa toda una época, pero que sigue conteniendo algunos misterios. Es por eso que me ha parecido interesante este video de Pedro Bustamante donde analiza la canción en otra clave: simbólica-esotérica, dejando bien a las claras que el arte está abierto a cualquier interpretación y que al final lo que nos queda es la belleza y un agridulce recuerdo de una época.

Profanadores

Homo sacra res homini («el hombre es para el hombre cosa sagrada») Séneca.

Profanar es un infinitivo, por desgracia poco usado en nuestro idioma, se refiere a:

  1. Tratar sin el debido respeto una cosa que se considera sagrada o digna de ser respetada.
  2. «los que profanaren los cadáveres, cementerios o lugares de enterramiento con hechos o actos serán castigados; se alejó como si con su acecho temiese profanar algún misterio; (fig) el musgo frío profanaba la opacidad inerte de las lápidas»
  3. Dañar con palabras o acciones la dignidad, la estima y la respetabilidad de una persona o de una cosa, especialmente la honra y el buen nombre de una persona muerta.
«profanar la memoria de alguien; profanar el recuerdo de su padre»

De manera que no solo las tumbas pueden profanarse sino todo aquello que se considera sagrado, como la memoria de algo algunos lugares especiales y por supuesto la vida humana. ¿Pero qué consideramos sagrado hoy cuando hemos asistido a la secularización del mundo? ¿Existe un espacio para lo sagrado en el mundo de hoy?

Recientemente me llamó la atención una noticia que hablaba de la profanación de una tumba, concretamente la de una niña sueca que había sido asesinada en un acto terrorista y cuya tumba fue profanada en dos ocasiones, algo que me trajo a la memoria un episodio similar acaecido con uno de los geos que murieron en el atentado de Leganés. Profanar tumbas es algo así como condenar a una segunda muerte a alguien (en estos casos un enemigo de la fe), una segunda muerte que es en realidad un atentado contra la consideración de «lo sagrado» que mantenemos los demás. Dicho de otra forma, este tipo de profanaciones están dirigidas simbólicamente hacia la deshumanización del contrincante al que no se le reconocen -en cualquier caso- los honores de una persona humana, de este modo es disminuido a la categoría de un animal o lo que es lo mismo: un infiel. Profanar es la negación del carácter sagrado de toda vida humana y por supuesto de la muerte.

La muerte y los enterramientos son probablemente la actividad humana más conocida de la sacralización de ese tránsito que llamamos muerte. ¿Para qué enterramos a nuestros muertos, si, en definitiva, un muerto es un muerto y al cabo del tiempo no quedan de él más que huesos? ¿Es que el hecho de que los huesos sean tan perdurables asegura algo de eternidad a los cadáveres?

Si enterramos a los muertos es por tres razones, una utilitaria: 1) impedir que las alimañas o la intemperie disgreguen sus partes, otra psicologica 2) para ofrecer a su recuerdo un honor especial: saber donde están enterrados nuestros difuntos es una forma de preservar y asegurarnos del despliegue esencial de los mecanismos destinados a su pervivencia en nuestro recuerdo. No saber donde se encuentran los restos de nuestros difuntos añade una complicación esencial al trabajo de duelo. Y otra 3) espiritual, es decir la preservación del misterio de la vida y la muerte.

Otra forma de entender lo sagrado es por oposición a «lo profano»

Lo sagrado (por oposición a profano) es una autoridad que, aplicada a una creencia, permite a un grupo o una sociedad humana denotar una separación binaria espiritual o moral entre diferentes elementos que la componen, la definen o la representan (objetos, actos, ideas, valores…) La dicotomía sagrado-profano es la característica central de la religión para Émile Durkheim.

El término se utiliza en los grupos basados en la iniciación (rito de paso, sociedad secreta) o la revelación (religiones reveladas) para describir los elementos que los constituyen y fundamentan, así como todo aquello que está ligado a ellos (manifestaciones, organizaciones, etc.) Por ejemplo, en la mayoría de las religiones lo sagrado designa todo lo que atañe a lo más fundamental de su culto.

Esta noción se utiliza hoy en día de manera más general en otros contextos: una nación puede definir como sagrados los principios que la fundan; una sociedad puede definir como sagrados algunos de sus valores, etc. Los antropólogos contemporáneos dicen además que la noción de sagrado es demasiado borrosa para aplicarla al estudio de las religiones –aunque sigan trabajando en ello.

Los elementos de lo sagrado suelen considerarse inmutables: su manipulación, incluso con el pensamiento, debe obedecer unos rituales bien definidos. No respetar estas reglas, incluso actuar contra las mismas, se califica de ordinario como un pecado o crimen real o simbólico: es lo que llamamos sacrilegio. El peor de los sacrilegios es la profanación, que se define como la introducción de elementos profanos en un recinto sagrado (real o simbólico).

Nótese que la noción de lo sagrado se encuentra en todas las sociedades, se trata de un universal antropológico.

«Las cosas sagradas son las que las protegen y aíslan de las cosas profanas ,son a las que se aplican estas prohibiciones y que deben permanecer apartadas de aquéllas. La relación (o la oposición, la ambivalencia) entre lo sagrado y lo profano es la esencia del hecho religioso.» (Durkheim)

«Lo sagrado es el respeto a la vida. La espiritualidad es el respeto de lo esencial: amar la vida, amar todas las vidas.» (Bruno San Marco)

El término se emplea a veces por extensión, eventualmente por no creyentes, para calificar valores que aparecen como esenciales para una civilización (ejemplo: El respeto de la propiedad es una cosa sagrada, etc.).

En este sentido aparece en La Marsellesa:

Amor sagrado a la Patria
¡Guía, sostén nuestros brazos …
Libertad, libertad querida
¡Combate junto a tus defensores!

Lo sagrado no está ligado siempre a la represión violenta. Es Dios (o los dioses) el encargado de aplicarla, a través de quienes sean sus voceros. Aunque cualquier individuo puede atribuir cualidades sagradas a algo a lo que se le tenga mucho aprecio. Se evita así la profanación, que funciona como otra forma de violencia que, al no ser dogmática, amenaza a la cultura, ya que no ofrece la sustitución de todos los símbolos que implica. El sacrilegio (profanación o robo de algo sagrado) quita de la trama social los elementos simbólicos que protegen su orden (la paz interna).

Mircea Eliade interpreta la religión no solamente como «creencia en deidades», sino como «la experiencia de lo sagrado«, analizando la dialéctica de lo sagrado.4​ Lo sagrado se presenta en relación a lo profano.​ La relación entre lo sagrado y lo profano no es de oposición, sino de complementariedad, ya que lo profano es visto como hierofanía.

De manera que lo sagrado existe más allá de la religión y se conecta con lo Real lacaniano y con el noumeno kantiano. Lo sagrado es todo aquello que merece nuestro reconocimiento porque está vinculado al misterios de la vida y la muerte y que nunca podremos llegar a conocer en su intimidad más profunda. Sagradas son las mujeres, los niños, las memorias, los cadáveres, los lugares de culto, l​a propiedad privada (el domicilio sobre todo), etc. Es por eso que profanar y saquear no son la misma cosa: el cuerpo de una mujer o un niño se pueden profanar, también una tumba, un recinto sagrado o el propio domicilio. Todo aquel que haya sido «robado» en su propio hogar sabe qué se siente cuando uno descubre el latrocinio, algo así como si se hubiere profanado la intimidad de alguien y con independencia del valor de lo robado. A veces los profanadaores no buscan el saqueo sino solo el embrutecimiento abyecto.

Otra cuestión emparentada con lo sagrado es la pureza o la inocencia. Es por eso que consideramos a los niños como sagrados, también a las mujeres y por supuesto la vida humana:

Lo sagrado existe porque existe descomposición, degradación y corrupción en las cosas y hemos desarrollado profundas defensas de repugnancia frente a las mismas, incluyendo la repugnancia moral. Defensas que son inconscientes y fuera de toda lógica racional, se trata de una repugnancia que procede de las tripas y no de la razón, razones que buscan la recomposición, la integración de los restos y los detritus. Es por eso que a esta fundación se le conoce como ética de la divinidad o de lo sagrado, pues opera con entidades inconmensurables, invisibles, con algo que se sitúa mas allá de la reflexión o del raciocinio.

Y es por eso que existen profanadores: aquellos que atentan contra esa consideración por razones morales (de su propia moral). En este momento conviene discriminar que «lo moral» son una serie de normas que regulan la convivencia social, de la ética que trata de la preservación de los individuos. Aquí hay un conflicto entre lo grupal y lo individual. Lo que puede ser moral para un grupo puede ser letal para el individuo concreto u viceversa. Esto explica que hayan profanadores dedicados a desacralizar cualquier creencia sobre sobre todo si proceden de otra religión u otra ideología, en suma a otra creencia.

España tiene una larga tradición de cadáveres profanados y hace poco anduve indagando sobre la profanación de uno de nuestros prebostes: el papa Luna.

Benedicto XIII.-

Benedicto XIII fue sin duda el personaje eclesiástico y político más importante de este quatrocento valenciano, de esa entidad supranacional que ha sido siempre la Iglesia Católica. Lo que interesa destacar es su convicción legitimista, la idea de que era el papa legal de la Iglesia católica, hasta ser declarado antipapa por su misma Iglesia y su resistencia en el exilio de Peñiscola hasta edad muy avanzada.

Interesante es sin duda los manejos de San Vicente Ferrer para acabar con el Cisma que dividía Occidente en dos y hasta comprensible que al final optará por una solución que diera satisfacción al SacroImperio y al emperador Segismundo que se negaba a aceptar un papa francés o un papa aragonés. Así fue como en el concilio de Constanza se aceptó al  papa Martin V.

El caso es que San Vicente Ferrer se olía que el cadáver de Benedicto XIII podía ser profanado y fue por eso que sembró el camino de pistas falsas y aunque se admite que fue enterrado en su pueblo Illueca existen otras teorías como la que sostiene Juan Barea Espin que piensa que debido a que San Vicente tenia un hermano (Bonifacio Ferrer) que era el abad de un convento cercano a Castellon es muy posible que el entierro en Illueca fuera una pista falsa. De ser cierta esta teoría el craneo hallado y en poder de la Junta de Aragón seria falso.

Me gusta esta teoría aunque sea solo por darles a los profanadores un buen susto. Pero no me pidan el nombre de ese convento castellonense no sea que llegue a oídos de Pedo Sanchez y se le ocurra montar otra kermesse.

La caridad

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La caridad es para nosotros los cristianos una virtud teologal, es decir aquella que se ejerce por amor a Dios y puede definirse como la obligación de ayudar a los que así lo necesitan y piden. Sin embargo,  la caridad no es una prescripción totalmente cristiana sino que implica  a las otras dos religiones monoteístas. Hay una obligación para el islam y una obligación para el judaísmo muy similar al mandato cristiano de «Dar posada al peregrino», «Dar de comer o de beber al hambriento y al sediento».

La mayor parte de nosotros entendemos la caridad como el hecho de dar limosna. Y aunque todos sabemos que la limosna por sí misma no sirve de mucho cuando nos enfrentamos a la pobreza extrema, lo cierto es que cada vez hay más pobres en nuestras ciudades pidiéndola. Y debe ser un negocio bastante lucrativo a juzgar por los pedigüeños que hay en la calle, siempre en el mismo sitio y siempre en el mismo horario. Dicen que se trata de mafias que traen inmigrantes para pedir  y organizan sus propias organizaciones de caridad, y algo de cierto hay a juzgar por la técnica que estos pobres utilizan para pedir: siempre de rodillas y siempre a través de la misma salmodia.

Pero lo cierto es que aunque hay aun mucha gente que da limosna a juzgar por el éxito de estas mafias, lo cierto es que la caridad es una virtud trasnochada. Salvo algunas personas muy compasivas o altruistas la mayor parte de la gente pasa de largo frente a ese pobre que pide en nuestro itinerario diario, y a la mayor parte de las veces nos parece un engorro, un estorbo en nuestro camino que a partes iguales nos indigna (contra los poderes públicos) y nos culpabiliza que por eso somos cristianos.

Y sucede así porque la caridad es una virtud moral subjetiva y aunque ahora se le haya cambiado el nombre por el de «solidaridad», lo cierto s que seguimos percibiéndola (nuestro cerebro la percibe) como algo subjetivo, algo que nos atañe a nosotros como individuos y que nos apela desde un lugar muy profundo.

El problema con la caridad es el Estado, lo mismo sucede con la Justicia. Nosotros estamos educados para pensar que la caridad o sea la solidaridad es cosa del Estado y que no nos incumbe. Algo parecido sucede con la Justicia, ya no es posible tomarse la justicia por nuestra propia mano (venganza) y la hemos depositado en manos del Estado, del mismo modo que hacemos con los castigos a los transgresores de cualquier norma. Pero nuestro cerebro no lo percibe así.

Nuestro cerebro cuando ve imágenes de esos refugiados que acuden en tropel a esos campamentos de hacinamiento que recorren las fronteras del flanco sur de la UE, se indigna ante las condiciones de vida de esos refugiados (si bien no les confiere realidad absoluta), nos inclinamos a pensar lo mal que lo hacen nuestros gobernantes y la escasa solidaridad que muestran nuestros Estados con esta pobre gente. Dicho de otro modo nos sentimos culpables y proyectamos esa culpabilidad en la Union Europea.

Los culpables son nuestros gobernantes y no nosotros que somos, por definición buenos. Y somos buenos precisamente porque nos indignamos, esa es la prueba del nueve. Incluso exigimos a nuestros gobernantes que pongan fin este asunto aunque cada uno de nosotros tiene una pobre idea de cómo hacer para poner fin a esta inmigración masiva que procede de Siria, Irak y otros países ribereños del mediterráneo.

Se trata de una disonancia muy común. Se trata de un problema endemoniado que no tiene fácil solución desde lo político ni tampoco desde la moral o ética individual. Mejor dicho podría tener una. Es ésta:

¿Estaría usted dispuesto a albergar a una familia de inmigrantes en su casa?

O.

¿Estaría usted dispuesto a ceder alguno de sus segundas viviendas a alguna familia de inmigrantes?

No estoy preguntando ninguna barbaridad. Durante nuestra guerra civil, la Comunidad Valenciana, ultimo reducto de la España republicana recibió multitud de refugiados de la España franquista. En mi pueblo del mismo modo que en pueblos vecinos se agolparon multitud de refugiados de otras zonas de España. Aun hoy me pregunto como vivían tres familias en una pequeña casita de campo y más aun: de qué comían.

Nadie sabe los detalles pero lo cierto es que muchos refugiados que encontraron acomodo en aquella «zona roja» volvieron a sus lugares de origen y mantuvieron relaciones de por vida con sus hospedadores,

En una situación de emergencia nacional como aquella volveríamos a ser solidarios con nuestros conciudadanos, pero ahora no estamos dispuestos individualmente a albergar a nadie en nuestras casas. Esta es la verdad. Y no lo estamos porque nuestra subjetividad ha sido secuestrada por la idea de que es el Estado el responsable, que es lo mismo que decir que nadie lo es. Nos gustaría que nuestro gobierno fuera solidario con ese desastre pero no estamos dispuestos a pagar la factura de tal albergue. Ni queremos pagar mas impuestos, ni queremos ver por televisión como esos niños mueren al atravesar el Egeo.

La razón es muy simple, la caridad evolucionó de una forma personalizada. Podemos darle limosna a ese pobre que nos cruzamos a diario porque le vemos, sabemos que está ahí, tenemos pruebas de su existencia y nos conmueve. Pero lo que vemos por televisión es otra cosa, se trata de una hiperrealidad, una realidad mediada por intermediarios, nos hemos hecho resistentes a las imágenes televisivas y nuestro cerebro no las computa como una realidad real. Y más: el pase de la responsabilidad del individuo al Estado nos ha cambiado la mentalidad: ya no sentimos que somos responsables individualmente de esos individuos que cruzan el Egeo. Se ha modificado nuestra subjetividad y ahora lo depositamos todo en manos de Leviatán.

«Son ellos los responsables y no yo».

El pase del individuo, a la tribu y después al Estado ha tenido muchas ventajas pero también efectos adversos. El principal es que nos las tenemos que ver a solas con nuestra compasión y nuestro altruismo.

Para nuestro cerebro los refugiados de Grecia no existen del mismo modo que ignoramos la verdad sobre nosotros mismos: no estamos dispuestos a ceder nuestra casa a nadie.

En este sentido me gustaría acercaros un texto de una psicoanalista que he encontrado por Internet y que hace referencia a los efectos secundarios del orden de simulación que vivimos desde los 70 para acá, para los que no hayan leído a Baudrillard os lo resumiré en una frase: Baudrillard cree que los medios de comunicación -sobre todo ellos- han generado cambios en la percepción acerca de la realidad, a este tipo de percepción se le ha llamado “hiperrealidad” y consiste en el desdibujamiento entre las diferencias entre la realidad fenoménica y su representación mental. Dicho de otro modo el hombre moderno se caracterizaría por poseer un defecto en la simbolización que le llevaría al “acting” (acción) “silencio se rueda” por una parte y a ser invadido por la realidad puesto que su capacidad para establecer limites entre lo real y lo imaginario han sido truncados por la repetición y exposición continua al bombardeo de los medios.

Sonia Abadi dice:

Omnipresencia de la información, imperativos mediáticos, violencia cotidiana. En un nuevo estilo de subjetividad característico de la sociedad de la comunicación y el consumo, el sujeto, enfermo dehiperrealidad, urgido a vigilar sus fronteras, evoca la imagen de un sí mismo centrifugado hacia sus bordes y vacío en el centro, arrinconado a una modalidad de rasgos fronterizos aun si ésta es transitoria, defensiva y funcional. Este sujeto siente como principal objetivo la necesidad de frenar cantidades de excitación.
El efecto del uso abusivo de la escisión como defensa de la frontera del sí mismo es la dificultad para construir la galería de representaciones y objetos que sirven para poblar el mundo interno. El espacio intrapsíquico, así desolado, es incapaz de absorber y ligar los impulsos, que son expulsados hacia la acción, representada con frecuencia por el consumo compulsivo, versión apenas metaforizada del robo y el saqueo. O bien el robo y el saqueo a secas, sin ninguna metáfora, en los márgenes del sistema, cuando faltan los recursos materiales y las redes socioculturales.
Bajo el apremio de la hiperrealidad, las patologías parecen constituirse a contramano de las neurosis; en todo caso, en una contracorriente que enfrenta o refuerza a la de la formación de síntomas. La imagen, como nueva versión de la subjetividad, origina trastornos en la mentalización del cuerpo y diferentes modalidades de patología somática. En la frontera psique/soma, el cuerpo se adueña de lo psíquico y lo distorsiona. La imagen corporal, en una suerte de hipocondría crónica, invade y parasita la psique. El sentido de la conversión se ha invertido. El cuerpo vacío y mudo, incapaz de hacer oír su necesidad o su sufrimiento y de hacerse eco de los deseos reprimidos, sólo logra su reinvestidura a través de la imagen. Ante las vivencias de desintegración, el hecho de ocuparse compulsivamente de lo estético opera a la manera de una restitución, en el mismo sentido en que lo es el delirio.
En el área del pensamiento, en vez del síntoma obsesivo cargado de significación, aparece un pensamiento despojado de su función metafórica, un pensamiento que se libera del afecto, apenas operatorio.

Pierre Marty y Michel de M’Uzan, en un texto ya clásico (“El pensamiento operatorio“, Revista de Psicoanálisis, APA, 1983), se detienen en el diagnóstico diferencial entre el trastorno grave caracterizado por el pensamiento operatorio y la neurosis agravada por las condiciones del medio. Afirman que existen formas de pensamiento operatorio -carente de simbolización- en personas neuróticas expuestas a elevadas exigencias de adaptación por una presión externa y actual, ya que el sujeto, condenado a recurrir casi exclusivamente a esta modalidad de funcionamiento automático, pierde la capacidad para elaborar y fantasear y para toda expresión creativa y liberadora.
Las fobias clásicas por proyección han dejado lugar a los llamados ataques de pánico, por intrusión de la exterioridad, que lleva a vivencias de despersonalización. En un círculo infernal, la disociación opera como una defensa de alto costo que impide al sujeto la construcción de la trama psíquica necesaria para absorber y neutralizar las nuevas experiencias.
Motivos de consulta tan distintos convocan a una clínica diferente: actuaciones compulsivas, depresión, trastornos psicosomáticos, ataques de pánico, estrés, derrumbes en personalidades narcisistas, soledad y desamparo. También las alteraciones de las funciones vitales: anorexia, bulimia, insomnio, perturbaciones de la sexualidad. Y la adicción a variadas formas de “estimulantes”: alcohol y psicofármacos, trabajo, situaciones de riesgo, actividades competitivas, juegos de azar, etc.

Estamos pues capturados por este tipo de pensamiento operatorio que nos permite ejercer de seres moralistas por un lado y de seres indiferentes en lo real, en lo subjetivo y en lo personal.

Hay que elegir entre soberanía o derechos humanos pero hay que recordar que sin soberanía no puede haber derechos humanos.

Perdida (Gone girl)

Este post contiene spoilers, es decir revela datos de la trama de la pelicula citada, el lector no deberá seguir adelante con la lectura del mismo si quiere visionarla.

gone girl

Perdida es una pelicula dirigida por David Fincher y protagonizada por Ben Affleck y Rosamund Pike que ha sido estrenada en nuestro país este fin de semana y que está basada en la novela del mismo nombre de Gillian Flynn. El dia del estreno y debido a las buenas criticas que le precedieron me propuse ir a verla pues presagiaba uno de esos trhillers psicológicos que tanto me gustan. Alli en el cine tuve una primera decepción, muy pocos espectadores para tanta publicidad. Algún dia hablaré sobre el poco interés que despierta el cine en pantalla grande y me temo que las causas de esta desafección no hay que ir a buscarlas en el IVA cultural sino en otra cosa. Pero ese es otro post.

Amy y Nick son un matrimonio moderno, casi perfecto, ella es una graduada en Harvard que ha tenido cierto exito con la invención de un personaje «Amy» a la que somete a distintas aventuras noveladas, él es tambien un escritor, de dudoso talento y éxito. Ambos se conocen en New York («el mundo termina en el Hudson») y parecen estar hechos el uno para el otro, ambos son inteligentes, cultos, brillantes, amantes de los juegos de palabras y parecen tenerlo todo para llegar a cualquier cosa en sus respectivas carreras. En un momento determinado Nick ha de volver a su casa en Missouri, y la pareja se traslada alli a vivir en una de esas casitas americanas que nosotros -los amenazados por hipotecas y deshaucios- soñamos en poseer.

Pero hay truco: ¿de dónde sale el dinero? Pues parece ser que la que corre con los gastos es ella, Nick está en paro y hasta el bar que regenta junto a su hermana está a nombre de Amy. Amy es la pagana, la que sostiene  a su marido y su nivel de vida.

Y el dia que cumplen su quinto aniversario sucede algo extraordinario: Amy desaparece dejando tras de sí una estela de pistas que parecen indicar que la casa ha sido asaltada por alguien. Cuando Nick regresa a su casa se encuentra con que Amy ha desaparecido y ciertos muebles han sido rotos, como si hubiera habido algún tipo de pelea.

De manera que el resto de la película trata de responder a este pregunta: ¿Dónde está Amy?

Y aqui llega lo verdaderamente interesante de la película, puesto que lo primero -cuando una mujer desaparece- es pensar que el culpable de la desaparición es el marido, el amante o un novio o ex-novio de la chica. Eso es lo que dice cualquier manual de policia y lo que piensa la mayor parte de la población. De manera que la pelicula puede considerarse como un desfile de proyecciones, las que hace no sólo el espectador, sino la policia, los padres de la chica, las amistades del vecindario y poco a poco -a medida que el tema de la desaparición de Amy va tomando cuerpo mediático-, lo que cree toda America.

Nick es el culpable y lo es aun más cuando se descubre que tuvo una amante.

En realidad Nick no tiene nada que ver con la desaparición de su mujer y fue precisamente Amy la que diseña las pistas necesarias para inculpar a su marido de su supuesto asesinato. «Sin cadaver no hay asesinato» pero a medida que la pelicula avanza la criminalización de Nick va en aumento. Dicho de otro modo Amy finge su secuestro y deja las suficientes pruebas para incriminar a su marido y todo por venganza, en realidad Amy no puede soportar que Nick tenga una amante más joven que ella. Amy es una psicópata.

El espectador va sabiendo poco a poco cual es la trama urdida por Amy, pero es el único, ni la policía, ni la opinión publica creen ya en su inocencia. Nick está ya condenado a pesar de la inexistencia de pruebas reales de su culpabilidad, salvo un diario escrito por Amy y destinado  a ser encontrado por la policía, donde acusa a su marido de maltratador y en pocas palabras le señala como asesino.

Y hasta aquí llegan mis revelaciones sobre la trama a propósito de la cual comencé a pensar en este tema: ¿Qué es la verdad?

La verdad es poliédrica y contiene numerosas caras y vértices, lo que nos interesa saber en relación con la película es ¿cual es la verdad? Y lo cierto es que al final de la pelicula encontramos rastros de esa gran verdad que no e sotra sino que Nick depende de su mujer tanto como para seguir con ella a pesar de todo lo que le hizo. Esa es una verdad, psicológica por asi decir, la verdad sobre el atrapamiento de Nick. La unica verdad que se acompaña de cierto sentido, pero hay otras verdades:

La verdad policial.-

La policia por lo general va más lejos en su busqueda de la verdad que los jueces o los periodistas. La policia sabe siempre más de lo que cuenta o de lo que puede demostrar: la mayor parte de las verdades se saben pero se saben sin pruebas. La inspectora que lleva la investigación conoce bien su oficio y sabe que las pistas que ha ido encontrando son demasiado notorias para no haber sido construidas artificialmente. Duda hasta el final, al revés que sus compañeros que desde el primer momento acusan a Nick de estar detrás de la desaparición de su esposa. Pero a pesar de sus dudas no puede resistirse debido a la abundancia de pruebas incriminatorias, las que ha ido amontonando su mujer antes de desaparecer: compras excesivas y excesos de concupiscencia.

Pero ella sabe que todas esas pruebas juntas no demuestran que Nick asesinara a su mujer, se trata de pruebas de infidelidad o de malgasto pero nada más. Aun así le detiene y le acusa formalmente. Podriamos decir que la abundancia de proyecciones la desbordó, pero Nick saldrá de la carcel bajo fianza, porque ya ha dejado de colaborar con la policia (sabe que no se fian de él) y ha contratado a un abogado carísimo.

Para la policía el caso está cerrado: Nick es el culpable y pasa a la jurisdicción correspondiente.

La verdad jurídica.-

La verdad jurídica es como la memoria: sólo responde a sí misma, no podemos saber porque recordamos esto o lo otro, simplemente la memoria sigue sus propios procedimientos sin que nosotros podamos acceder a su mecanismo íntimo.

La justicia solo atiende a si misma y solo condenará a Nick en el caso de que las pruebas demostraran que era culpable. Dificil de demostrar sin confesión (que no puede haberla) o hallazgo del cadáver. Es poco probable que Nick hubiera llegado a ser condenado si su caso hubiera llegado a juicio. Jurídicamente hablando todos somos inocentes hasta que se demuestra -en sede judicial- que somos culpables. La justicia necesita pruebas, la policía sospechas y el publico en general, un lugar donde proyectar sus propias miserias y los crímenes y los criminales son un buen lugar para hacer juicios paralelos.

Es por eso que el abogado le aconseja salir por televisión y dar su mejor versión a fin de neutralizar las opiniones que contra él han vertido en otros programas de televisión, donde se llegó a afirmar que Nick mantenía relaciones incestuosas con su hermana, asi como otras lindezas similares. Verdaderas trolas mediáticas

La verdad mediática.-

Los medios de información, cuando se ocupan de temas como este emborronan la realidad de tal modo que es imposible para el sujeto discriminar qué es verdad y que es falso, cuales son los hechos y cuanto hay de especulación o de opinión construida a base de repeticiones o de proyecciones masivas de otros. Vale la pena mirar un poco lo que está sucediendo en nuestro país con la crisis del Ebola, para comprender que los medios contribuyen a crear falsas alarmas y como los gobiernos se ven incapaces de desmentir ciertas noticias una vez ya se han pronunciado. Por otra parte las torpezas de los propios gobiernos contribuyen a levantar más sospechas sobre la cuestión y generan episodios histéricos de carácter colectivo donde el mundo entero parece haber enloquecido. Es necesario recordar ahora que la verdad mediática difunde lo que la gente quiere oir.

En el caso de Amy y Nick, la gente está dispuesta a creer lo que ya supone, que el marido es el asesino -totalmente malvado- y que la mujer una víctima, totalmente buena.

Pero la aparición postrera de Amy no sirve más que para apartar las sospechas de Nick, pero en ningún caso sirve para que la verdad resplandezca. A la policía ya no le interesa, el caso está cerrado con su aparición, el abogado desaparece por falta de «caso jurídico», y los medios abandonan poco a poco la calle que tomaron a la fuerza mientras buscaban rastros de Amy. Las cosas han vuelto a su cauce y el amor ha vuelto donde se suponía, todas las conciencias han sido apaciguadas, pero ¿y Nick?

Nick sabe la verdad de lo que pasó, junto con su hermana y el espectador. ¿Pero qué hacer? ¿Podemos oponernos a la verdad que ya se filtró con luces y taquígrafos?. Es verdad que Nick podría abandonar a su mujer que a la postre dice que está embarazada. Nick se siente atrapado, más que eso está atrapado.

Hay dos tipos de verdad, una es la verdad histórica, lo que pasó realmente y que suele carecer de sentido, pero hay otra verdad, la verdad construida socialmente junto con la verdad psicológica que conocen o desconocen los sujetos que construye obligatoriamente sentidos.

Y una verdad será siempre más creíble si contiene una narrativa creíble, es por eso que Nick cree que su esposa está embarazada. es lo que le conviene creer para hacer lo que ya había pensado hacer: quedarse con ella, después de todo ella es la pagana.

Y nosotros los espectadores nos quedamos otra vez proyectando: ¿le engaña? o simplemente es cierto que está embarazada?

¿Pero de quién?

Conflictos sin solución

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Vivir es conflicto.

Las parejas, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo, padres e hijos, los hermanos, los países entre si, los Estados y sus regiones, las empresas y su competencia, los partidos políticos. Cualquier relación entre humanos está presidida por el conflicto. Y toda institución humana no puede escapar de un propósito inicialmente oligárquico.

Pero hay conflictos solubles y conflictos irresolubles.

¿Por qué algunos conflictos son irresolubles?

Para que un conflicto pueda resolverse es necesario que:

1.- Esté bien definido en términos racionales.

2.- Sea susceptible de negociación entre las partes.

3.- Las partes quieran resolverlo (cada una de ellas y las dos).

4.- Cada parte renuncie a algo.

Si no se dan estas condiciones -entonces- un conflicto se convierte en un problema endemoniado, cuya característica principal es que «todos los intentos por resolverlo lo agravan».

Este tipo de problemas contrariamente a los formulados con anterioridad (conflictos solubles) son complejos. Complejos no es lo mismo que complicados: significa que sólo pueden formularse cuando ya han sido resueltos.

La primera idea a anotar es que estos problemas no se resuelven jamás pero pueden disolverse, perder vigencia o desclasificarse si cambian las condiciones del entorno -las relaciones entre sus enlaces- que es el lugar donde el problema anida.

Usualmente los conflictos irresolubles entre individuos se zanjan con la ruptura de las relaciones o la desafección y en el caso de que el conflicto anide entre dos países por ejemplo, el resultado es la guerra.

Lo interesante de los conflictos es que se trata siempre de conflictos de intereses, de un conflicto por los recursos, aquellos que compiten por un mismo bien o recurso están destinados a tener conflictos, sin embargo el conflicto no existe en ausencia de colisión de intereses.

Lo complicado es abrirse camino en esa brecha y definir qué son intereses y qué cosas no lo son. Cuando hablamos de intereses casi siempre pensamos en clave material: agua, comida, petróleo, recursos naturales, etc. Pero solemos pasar por alto otros intereses que no están en la escena y no suelen explicitarse.

Por ejemplo, en las rupturas de las parejas suele suceder que uno de sus miembros haya decidido poner fin a la misma precisamente porque en términos de coste/beneficio no salgan las cuentas y no tanto por desacuerdos.

En nuestro país el número de divorcios es casi similar al número de matrimonios y por lo que llevo visto en la vida el número de hermanos que no se hablan o el número de hijos que rompen todo vínculo con sus padres es mucho más elevado de lo que pensamos. Inferior desde luego al número de parejas con las que hemos roto a lo largo de nuestra vida o al número de amigos que hemos perdido por un “quítame allá esas pajas”. O al número de parejas que se rompen al dia, unas 2800 en España sin contar las que no aparecen en los censos.

Más allá de las desavenencias entre los miembros de la pareja,una de las causas ocultas de este hecho es la levedad de las relaciones de apego, la ideología del consumo y el derecho a la felicidad que nos venden como si todos tuviéramos derecho a aspirar a ese ideal virtual que se nos muestra desde lo que Verdú ha llamado el capitalismo de ficción. Un capitalismo que no está basado en la producción de bienes tangibles sino dinero de papel al que nadie puede meter el dedo. Y sobre todo: realidad.

Dicho de otra forma, lo que parece haberse deteriorado son las razones para no romper una relación suficientemente buena. Los relés de inhibición han dejado de existir. ¿Por qué no?

La definición o el contexto donde se dan las relaciones determina la forma y la duración de estas mismas relaciones. Romper una relación no es un acto de libertad individual sino una decisión que viene contaminada por el contexto. La subjetividad humana es muy dependiente del contexto.

Y hablando de problemas irresolubles me referiré ahora a un tema internacional, me refiero al conflicto palestino-isreaelí que este verano ha estado en primera plana de todos los informativos, acompañando nuestras comidas con un recuento diario de muertos, bombas, misiles y las desgracias de la guerra. ¿Quién no se ha sentido golpeado por esas imágenes de niños muertos y edificios enteros destruidos por las bombas.

Muchas veces me he preguntado en mi vida ¿qué tendrá esa franja de Gaza, que se lleva por delante tantas vidas? Seria comprensible si ahí hubiera oro o petróleo o cualquier mineral estratégico. Pero ahí no hay nada, nada salvo desierto, un desierto rodeado por un muro. No es una guerra por los recursos, ni una guerra de religión sino una guerra de escisión entre dos Estados que no creen posible la convivencia.

Y lo peor: las partes no quieren llegar a un acuerdo permanente.

La razón por la que las partes no quieren negociar -salvo cuestiones puntuales como un alto el fuego- es que ambas quieren imponer a la otra parte su visión de la «propiedad de la tierra», unos sienten que ya estaban allí antes de que Inglaterra creara el Estado de Israel, otros creen que «la tierra prometida» les pertenece por decisión divina.

Y este conflicto no se aviene a soluciones pactadas. Ambas partes sienten que la paz llevaría consigo una especie de cesión, una derrota. La guerra aun intermitente es la única solución. El odio se difunde de generación en generación haciendo el problema transgeneracional asegurando así la no-solución del conflicto.

Pero la guerra no se puede mantener por mucho tiempo sin desequilibrar toda una zona, en este caso Oriente medio es una zona estratégica por el crudo, pero mucho antes en Europa ya habíamos vivido una situación similar. La guerra de los 30 años comenzó siendo una guerra religiosa, pero poco a poco fue difundiéndose entre todas las potencias europeas. La intervención paulatina de las distintas potencias convirtió gradualmente el conflicto en una guerra general por toda Europa, por razones no necesariamente relacionadas con la religión. Una guerra por no quedar fuera del reparto.

«El mayor impacto de esta guerra, en la que se usaron mercenarios de forma generalizada, fue la total devastación de territorios enteros que fueron esquilmados por los ejércitos necesitados de suministros. Los continuos episodios de hambrunas y enfermedades diezmaron la población civil de los Estados alemanes, y en menor medida, de los Países Bajos e Italia, además de llevar a la bancarrota a muchas de las potencias implicadas. Aunque la guerra duró 30 años, los conflictos que la generaron siguieron sin resolverse durante mucho tiempo». (tomado de la wiki).

Algo que señala hacia donde pueden ir las cosas en oriente medio. Una guerra se para cuando ya no puede mantenerse, bien por falta de soldados, de comida o de armas. Es entonces y solo entonces cuando los contendientes cesan de guerrear y aunque puedan mantener sus desavenencias de por vida, al menos cuelgan sus fusiles, hartos de tanta sangre y vuelven a la vida civil. El hartazgo es lo que vuelve a poner las cosas en su sitio. Hasta el próximo conflicto.

Y es entonces y solo entonces cuando un problema endemoniado puede ser definido:

No hay ninguna formulación definitiva a un problema endemoniado, no tienen una “regla de detención”. Paradójicamente, sólo se pueden formular luego de ser resueltos. O

La formulación del problema corresponde al estado de la solución (y viceversa).