La superioridad moral de la derecha

La derecha moraliza más el sexo y la izquierda moraliza más la comida y los animales (Haidt)

¿Por qué la derecha tiene una mayor superioridad moral que la izquierda?

Este es el titulo de un articulo que leí recientemente firmado por Miguel Angel Quintana y que podeís leer aquí.

El autor echa mano de Jonathan Haidt que describió los 5 pilares de la moral y cuya obra podes seguir en el post anteriormente vinculado.

La idea de Haidt es que los sentimientos morales no son algo que se tiene o no se tiene, sino que existen al menos 5 dimensiones que hay que valorar una a una y que configuran patrones morales bien distintos entre los individuos. Concretamente en el video de más abajo podréis ver una serie de diapositivas donde Haidt agrupa estos valores morales según culturas, aunque lo más interesante son sin duda la distinción, el agrupamiento que hacen los individuos concretos según sus opiniones políticas. Así los conservadores aparecen como un grupo bien distinto de los liberales (utilizando terminología americana).

Lo interesante de esta investigación es que tanto los conservadores como los liberales se distinguen no tanto por el valor que dan a su defensa de los oprimidos o su aversión a las injusticias sino a otros parámetros. Así es posible observar como difieren en los valores de Lealtad/traición, Autoridad/subversion y Divinidad/degradación.

En términos concretos significa que los individuos de derechas no se pondrán inmediatamente de parte de minorías oprimidas o de grupos minoritarios (como suelen hacer los de izquierdas) sin valorar además la lealtad debida al grupo, la existencia o no de una autoridad identificable o de hacer algo que degrade la dignidad humana. Es por eso que izquierda y derecha nunca se pondrán de acuerdo (sin abandonar su posición inicial) sobre temas como el aborto, la inmigración ilegal, el feminismo, la eutanasia, el consumo de drogas, el matrimonio homosexual o la educación de los niños.

Lo que nos lleva a concluir que los liberales (los de izquierdas en términos europeos) son personas que se preocupan por los oprimidos y son muy sensibles a las injusticias pero escotomizan las otras tres dimensiones que son también consideradas por los individuos de derechas.

Aqui está el video de TED con subtítulos en español.

Un post relacionado

La caridad

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La caridad es para nosotros los cristianos una virtud teologal, es decir aquella que se ejerce por amor a Dios y puede definirse como la obligación de ayudar a los que así lo necesitan y piden. Sin embargo,  la caridad no es una prescripción totalmente cristiana sino que implica  a las otras dos religiones monoteístas. Hay una obligación para el islam y una obligación para el judaísmo muy similar al mandato cristiano de «Dar posada al peregrino», «Dar de comer o de beber al hambriento y al sediento».

La mayor parte de nosotros entendemos la caridad como el hecho de dar limosna. Y aunque todos sabemos que la limosna por sí misma no sirve de mucho cuando nos enfrentamos a la pobreza extrema, lo cierto es que cada vez hay más pobres en nuestras ciudades pidiéndola. Y debe ser un negocio bastante lucrativo a juzgar por los pedigüeños que hay en la calle, siempre en el mismo sitio y siempre en el mismo horario. Dicen que se trata de mafias que traen inmigrantes para pedir  y organizan sus propias organizaciones de caridad, y algo de cierto hay a juzgar por la técnica que estos pobres utilizan para pedir: siempre de rodillas y siempre a través de la misma salmodia.

Pero lo cierto es que aunque hay aun mucha gente que da limosna a juzgar por el éxito de estas mafias, lo cierto es que la caridad es una virtud trasnochada. Salvo algunas personas muy compasivas o altruistas la mayor parte de la gente pasa de largo frente a ese pobre que pide en nuestro itinerario diario, y a la mayor parte de las veces nos parece un engorro, un estorbo en nuestro camino que a partes iguales nos indigna (contra los poderes públicos) y nos culpabiliza que por eso somos cristianos.

Y sucede así porque la caridad es una virtud moral subjetiva y aunque ahora se le haya cambiado el nombre por el de «solidaridad», lo cierto s que seguimos percibiéndola (nuestro cerebro la percibe) como algo subjetivo, algo que nos atañe a nosotros como individuos y que nos apela desde un lugar muy profundo.

El problema con la caridad es el Estado, lo mismo sucede con la Justicia. Nosotros estamos educados para pensar que la caridad o sea la solidaridad es cosa del Estado y que no nos incumbe. Algo parecido sucede con la Justicia, ya no es posible tomarse la justicia por nuestra propia mano (venganza) y la hemos depositado en manos del Estado, del mismo modo que hacemos con los castigos a los transgresores de cualquier norma. Pero nuestro cerebro no lo percibe así.

Nuestro cerebro cuando ve imágenes de esos refugiados que acuden en tropel a esos campamentos de hacinamiento que recorren las fronteras del flanco sur de la UE, se indigna ante las condiciones de vida de esos refugiados (si bien no les confiere realidad absoluta), nos inclinamos a pensar lo mal que lo hacen nuestros gobernantes y la escasa solidaridad que muestran nuestros Estados con esta pobre gente. Dicho de otro modo nos sentimos culpables y proyectamos esa culpabilidad en la Union Europea.

Los culpables son nuestros gobernantes y no nosotros que somos, por definición buenos. Y somos buenos precisamente porque nos indignamos, esa es la prueba del nueve. Incluso exigimos a nuestros gobernantes que pongan fin este asunto aunque cada uno de nosotros tiene una pobre idea de cómo hacer para poner fin a esta inmigración masiva que procede de Siria, Irak y otros países ribereños del mediterráneo.

Se trata de una disonancia muy común. Se trata de un problema endemoniado que no tiene fácil solución desde lo político ni tampoco desde la moral o ética individual. Mejor dicho podría tener una. Es ésta:

¿Estaría usted dispuesto a albergar a una familia de inmigrantes en su casa?

O.

¿Estaría usted dispuesto a ceder alguno de sus segundas viviendas a alguna familia de inmigrantes?

No estoy preguntando ninguna barbaridad. Durante nuestra guerra civil, la Comunidad Valenciana, ultimo reducto de la España republicana recibió multitud de refugiados de la España franquista. En mi pueblo del mismo modo que en pueblos vecinos se agolparon multitud de refugiados de otras zonas de España. Aun hoy me pregunto como vivían tres familias en una pequeña casita de campo y más aun: de qué comían.

Nadie sabe los detalles pero lo cierto es que muchos refugiados que encontraron acomodo en aquella «zona roja» volvieron a sus lugares de origen y mantuvieron relaciones de por vida con sus hospedadores,

En una situación de emergencia nacional como aquella volveríamos a ser solidarios con nuestros conciudadanos, pero ahora no estamos dispuestos individualmente a albergar a nadie en nuestras casas. Esta es la verdad. Y no lo estamos porque nuestra subjetividad ha sido secuestrada por la idea de que es el Estado el responsable, que es lo mismo que decir que nadie lo es. Nos gustaría que nuestro gobierno fuera solidario con ese desastre pero no estamos dispuestos a pagar la factura de tal albergue. Ni queremos pagar mas impuestos, ni queremos ver por televisión como esos niños mueren al atravesar el Egeo.

La razón es muy simple, la caridad evolucionó de una forma personalizada. Podemos darle limosna a ese pobre que nos cruzamos a diario porque le vemos, sabemos que está ahí, tenemos pruebas de su existencia y nos conmueve. Pero lo que vemos por televisión es otra cosa, se trata de una hiperrealidad, una realidad mediada por intermediarios, nos hemos hecho resistentes a las imágenes televisivas y nuestro cerebro no las computa como una realidad real. Y más: el pase de la responsabilidad del individuo al Estado nos ha cambiado la mentalidad: ya no sentimos que somos responsables individualmente de esos individuos que cruzan el Egeo. Se ha modificado nuestra subjetividad y ahora lo depositamos todo en manos de Leviatán.

«Son ellos los responsables y no yo».

El pase del individuo, a la tribu y después al Estado ha tenido muchas ventajas pero también efectos adversos. El principal es que nos las tenemos que ver a solas con nuestra compasión y nuestro altruismo.

Para nuestro cerebro los refugiados de Grecia no existen del mismo modo que ignoramos la verdad sobre nosotros mismos: no estamos dispuestos a ceder nuestra casa a nadie.

En este sentido me gustaría acercaros un texto de una psicoanalista que he encontrado por Internet y que hace referencia a los efectos secundarios del orden de simulación que vivimos desde los 70 para acá, para los que no hayan leído a Baudrillard os lo resumiré en una frase: Baudrillard cree que los medios de comunicación -sobre todo ellos- han generado cambios en la percepción acerca de la realidad, a este tipo de percepción se le ha llamado “hiperrealidad” y consiste en el desdibujamiento entre las diferencias entre la realidad fenoménica y su representación mental. Dicho de otro modo el hombre moderno se caracterizaría por poseer un defecto en la simbolización que le llevaría al “acting” (acción) “silencio se rueda” por una parte y a ser invadido por la realidad puesto que su capacidad para establecer limites entre lo real y lo imaginario han sido truncados por la repetición y exposición continua al bombardeo de los medios.

Sonia Abadi dice:

Omnipresencia de la información, imperativos mediáticos, violencia cotidiana. En un nuevo estilo de subjetividad característico de la sociedad de la comunicación y el consumo, el sujeto, enfermo dehiperrealidad, urgido a vigilar sus fronteras, evoca la imagen de un sí mismo centrifugado hacia sus bordes y vacío en el centro, arrinconado a una modalidad de rasgos fronterizos aun si ésta es transitoria, defensiva y funcional. Este sujeto siente como principal objetivo la necesidad de frenar cantidades de excitación.
El efecto del uso abusivo de la escisión como defensa de la frontera del sí mismo es la dificultad para construir la galería de representaciones y objetos que sirven para poblar el mundo interno. El espacio intrapsíquico, así desolado, es incapaz de absorber y ligar los impulsos, que son expulsados hacia la acción, representada con frecuencia por el consumo compulsivo, versión apenas metaforizada del robo y el saqueo. O bien el robo y el saqueo a secas, sin ninguna metáfora, en los márgenes del sistema, cuando faltan los recursos materiales y las redes socioculturales.
Bajo el apremio de la hiperrealidad, las patologías parecen constituirse a contramano de las neurosis; en todo caso, en una contracorriente que enfrenta o refuerza a la de la formación de síntomas. La imagen, como nueva versión de la subjetividad, origina trastornos en la mentalización del cuerpo y diferentes modalidades de patología somática. En la frontera psique/soma, el cuerpo se adueña de lo psíquico y lo distorsiona. La imagen corporal, en una suerte de hipocondría crónica, invade y parasita la psique. El sentido de la conversión se ha invertido. El cuerpo vacío y mudo, incapaz de hacer oír su necesidad o su sufrimiento y de hacerse eco de los deseos reprimidos, sólo logra su reinvestidura a través de la imagen. Ante las vivencias de desintegración, el hecho de ocuparse compulsivamente de lo estético opera a la manera de una restitución, en el mismo sentido en que lo es el delirio.
En el área del pensamiento, en vez del síntoma obsesivo cargado de significación, aparece un pensamiento despojado de su función metafórica, un pensamiento que se libera del afecto, apenas operatorio.

Pierre Marty y Michel de M’Uzan, en un texto ya clásico (“El pensamiento operatorio“, Revista de Psicoanálisis, APA, 1983), se detienen en el diagnóstico diferencial entre el trastorno grave caracterizado por el pensamiento operatorio y la neurosis agravada por las condiciones del medio. Afirman que existen formas de pensamiento operatorio -carente de simbolización- en personas neuróticas expuestas a elevadas exigencias de adaptación por una presión externa y actual, ya que el sujeto, condenado a recurrir casi exclusivamente a esta modalidad de funcionamiento automático, pierde la capacidad para elaborar y fantasear y para toda expresión creativa y liberadora.
Las fobias clásicas por proyección han dejado lugar a los llamados ataques de pánico, por intrusión de la exterioridad, que lleva a vivencias de despersonalización. En un círculo infernal, la disociación opera como una defensa de alto costo que impide al sujeto la construcción de la trama psíquica necesaria para absorber y neutralizar las nuevas experiencias.
Motivos de consulta tan distintos convocan a una clínica diferente: actuaciones compulsivas, depresión, trastornos psicosomáticos, ataques de pánico, estrés, derrumbes en personalidades narcisistas, soledad y desamparo. También las alteraciones de las funciones vitales: anorexia, bulimia, insomnio, perturbaciones de la sexualidad. Y la adicción a variadas formas de “estimulantes”: alcohol y psicofármacos, trabajo, situaciones de riesgo, actividades competitivas, juegos de azar, etc.

Estamos pues capturados por este tipo de pensamiento operatorio que nos permite ejercer de seres moralistas por un lado y de seres indiferentes en lo real, en lo subjetivo y en lo personal.

Hay que elegir entre soberanía o derechos humanos pero hay que recordar que sin soberanía no puede haber derechos humanos.

Lo que el dinero no puede comprar

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Decían «The Beatles» que no podían comprar su amor en aquella celebre canción titulada Can´t buy me love, aquí:

 

También Joan Manuel Serrat en una de sus baladas nos enseñó que no era lo mismo el valor de algo que su precio. Casi todo el mundo estará de acuerdo en que hay cosas que no se pueden comprar. ¿Pero cuales son esas cosas?

Michael Sandel es un filósofo muy renombrado cuando estamos hablando de dilemas éticos y ya hablé de él precisamente cuando hablé del aborto  y de la selección de embriones en un post anterior. Recientemente ha publicado un libro donde aborda precisamente este tema y pone varios ejemplos para ponernos en el brete de dudar de esa idea de que el dinero no puede comprarlo todo. Habla del tráfico de órganos y de los niños asiáticos que son comprados por familias europeas deseosas de tener hijos, habla de celdas en una cárcel que pueden cambiarse por otras mejores y de los menús carceleros que pueden canjearse con dinero, habla de pobres haciendo la cola para los ricos y habla sobre todo de las cosas que tenemos que hacer para mejorar al mercado y sobre todo para evitar que una economía de mercado acabe convirtiéndose en una sociedad de mercado, donde todo tiene un precio y que no hace sino incrementar las diferencias entre pobres y ricos.

Si hasta la guerra puede estar sometida a subcontratas entonces hemos de concluir que el mercado ha invadido zonas de la vida donde el dinero no hace sino corromperlo todo. Sandel nos vuelve a poner delante los valores en que una sociedad ha de sostener para seguir siendo una sociedad digna de vivir en ella, sabiendo de antemano que la democracia no es perfecta y que la igualdad radical nunca podrá ser conseguida. De lo que se trata es que la vida entre unos y otros con independencia de la clase social a la que se pertenezca pueda ser compartida, pueda ser vivida y no segregada en guettos.

A mi me ha parecido una conferencia extraordinaria y la dejo aquí para que podas verla completa. Su intervención en TED: no podemos confiar nuestra vida cívica a los mercados

Volver a casa por Navidad

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Escribo este post después de ver un programa que anteayer, día de Navidad pude visionar en la Sexta. Se trata de un reportaje sobre familias separadas -usualmente por cuestiones laborales- que se reencuentran por Navidad. Las cámaras de la Sexta escrutan el horizonte en Barajas y extraen las pequeñas historias que pueden encontrarse en la sala de espera de un aeropuerto.

Confieso que el programa me encantó y probablemente me llevó de cabeza hacia un post que escribí recientemente. El citado documental me pareció una perfecta nota liminar a lo que escribí en ese post que titulé «La familia y las familias».

Una familia es precisamente ese entorno donde las personas que la componen, usualmente un hombre, una mujer, sus hijos, hermanos y respectivos padres conspiran en una especie de pacto para sobrevivir, para sacar adelante a sus hijos, amarse y respetarse mutuamente. Se trata de un compromiso a largo plazo donde cada cual tiene un papel determinado que cumplir, un lugar que ocupar. Donde cada uno está en su sitio, unos aguardan, otros vuelven o se van y otros reconocen.

Como Ulises, como Penélope, como Telemaco.

Un lugar donde cada uno esta en su sitio.

Pero también hay inventos humanos -nuevas subjetividades- que pugnan por socavar esta forma de supervivencia que tan buenos resultados ha dado a nuestra especie, movidos por el rencor, las malas experiencias, el auto-odio, un imaginario demasiado colorido,  una genética trasnochada o el simple capricho y han optado por situarse a medio camino de esta opción o inventado otras. Una estrategia que podeís ver en esta entrevista que se le hace a Massa Gessen en este diario, donde asegura que la ideología gay trata de destruir a la familia tradicional al considerarla la responsable de todos los males.

Pero no sólo de ciertas ideologías como la queer proceden estos empeños, algunos escritores «progres» también ponen su acento en la obsolescencia de la familia a la que acusan de «mostrenca, opresiva y anacrónica».

Estas personas -algunos de los cuales son efectivamente inventores de una nueva subjetividad-, no saben una palabra de evolucionismo y desconocen la idea de que no todas las novedades (por el hecho de serlo) representan una innovación que la cultura guardará (seleccionará positivamente). Al contrario, la cultura opera por descarte como Cortazar y elimina todo aquello que no aporta ninguna ventaja a la convivencia entre personas de distintas edades y con tareas muy concretas -la crianza de los hijos- que llevar a cabo. La mejor forma de reproducirse es la convencional y ni toda la industria genética, ni las costumbres sociales, ni la tolerancia frente a la disidencia sexual, ni las leyes dictadas para las minorias por gobiernos cobardes ni los «derechos de la mujer» con aborto libre incluido podrán vencer jamás a la familia tradicional. Es demasiado exitosa y es por eso que la copian en todos lados.

Y es por una razón de sentido común: porque es la mejor forma de cuidar hijos, de sostenerse mutuamente y de efectuarse relevos.

Estar cada uno en su sitio, a través de la plomada de la sexuación, porque la anatomia si es el destino.

La desdicha

ADVERTENCIA AL LECTOR DE ESTE POST (¡CONTIENE SPOILEERS!)

Este post versa sobre una pelicula titulada «Revolutionary road» y contiene interpretaciones de su trama asi como revelaciones acerca del final de la historia. Si usted pretende verla en directo ahórrese la lectura de este post.

revolutionary-road

¿Puede existir la felicidad de espaldas a los planes de la vida?

Si Virginia Woolf se levantara de su tumba y pudiera ir al cine seguro que hubiera elegido esta película, una pelíula protagonizada por Kate Winslet y Leonardo di Caprio que vuelven a encontrarse después de su éxito parejil en Titanic. Debe ser por eso que encarnan a una de esas parejitas ideales que todo el mundo envidia pero que en realidad esconden un martirologio oculto entre los deseos y planes que ambos mantienen a costa de alcanzar esa quimera individual que llamamos felicidad.

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