La dualidad saturnina

Saturno

Saturno armado con su guadaña

 

Saturno (Cronos) era hijo de Urano (el cielo) y de Gaia (la Tierra) y su biografía está presidida por el parricidio. Al parecer Urano era un ser bastante tiránico y despreciable y es por eso que Saturno lo castró con una guadaña, un símbolo lunar que tiene que ver con la ayuda que recibió de su hermana y esposa Rea, otra deidad ctónica, que como su madre representa ala Tierra en otra vuelta de tuerca.

Es interesante observar como los símbolos mitológicos recorren las distintas octavas de elevación-degradación y configuración imaginal para hacerse cargo de una idea fundamental: Urano y Saturno, Gaia y Rea son la misma persona en distintos niveles de definición, asi Urano es más cosmico que su hijo Saturno que es más solar, más cercano pero aun lo suficiente lejano a nosotros los hombres que poblamos la Tierra.

De modo que a Saturno le pasó (ojo por ojo diente por diente) lo mismo que a su padre. Fue castrado por su hijo Zeus instaurándose de este modo el orden olímpico que es un sistema político mucho mas cercano y renonocible para nosotros los mortales, algo que conocemos como una democracia parlamentaria basada en el conflicto. Zeus (Júpiter) es pues un Saturno más joven y democrático teñido de los mismos vicios y virtudes que cualquiera de nosotros, un Dios hecho a la escala del hombre pero que aun, no tiene forma humana mas que cuando opera para seducir mortales una tarea omnipresente en la vida sexual de Zeus.

En realidad  Zeus-Saturno-Urano son desarrollos que siguen la idea cosmogónica de ese despliegue sucesivo de principios primordiales que terminan con la aparición del hombre. Primero fue el Caos, la Noche, Eros o la Union, la Tierra, la Luna, el Sol , etc. Luego los dioses olímpicos, inmortales ellos pero vengativos y lujuriosos y  luego fue el hombre, el despliegue de la vida que es un despliegue fractal donde cada parte contiene  ese Todo y a la vez un Todo que contiene todas las partes.

De manera que si ese Todo contiene todas las partes es posible razonar que Saturno como arquetipo Universal se encuentra en todos y cada uno de nosotros. Carl Gustav Jung le llamó Senex, el anciano.

El anciano Saturno, es el arquetipo del tiempo (Cronos) inexorable con su guadaña para todo lo viviente, es el arquetipo de la muerte, de la decadencia, de la autoridad pero tambien del principio del deber, de la sabiduria y del sentido. Saturno es el padre y es la enfermedad, la decrepitud y la tiranía en sus aspectos más negativos. Saturno es oscuro, seco y frío.

Saturno es pues dual, como todos los arquetipos contiene una parte positiva y una parte negativa, lo que sucede es que estas partes -opuestos- pertenecen al mismo arquetipo, lo que solemos hacer con las partes más negativas o indeseables es desecharlas, disociarlas o bloquearlas.

La tarea del Si-mismo es integrarlas.

Pero asi y todo Saturno, el Anciano, está en todos y cada uno de nosotros, algunos niños lo constelan demasiado pronto y aparecen como niños tiránicos, mientras que otras personas no lo constelan jamás y aparecen como Peter Panes, niños eternos.

Lo interesante es observar si Saturno está bloqueado o si está constelado y bien o mal aspectado (en positivo o negativo). Por ejemplo, en la anorexia mental aparece Saturno a través de una tiranía: la que la niña opera contra la mujer emergente que hay en ella, es como si hubiera una guerra entre zombies (otra manera de llamar a los arquetipos de la que hablé aqui). El arquetipo de la «puella eterna» infiltrada del rostro tiránico de Saturno se opone a que emerja la mujer.

En otra versión del conflicto observamos el «temor a envejecer», esa especie de conducta patética que presentan algunas personas que no consiguen integrar a su Saturno y aparecen como personas transnochadas llevando a cabo proyectos pueriles que destacan cómicamente a través de matrimonios invernales, viajeros sin fin o esclavizados por el botox o la cirugía. Es precisamente en este tipo de personas donde Saturno aparece en forma de enfermedad degenerativa, de locura o de incapacidad. Si Saturno no está integrado acaba apareciendo, forzando la situación.

Saturno y la anorexia mental.-

Freud fue el primero en señalar que la anorexia mental era una inaceptación en la muchacha de su femineidad. Esta idea ha sido continuamente refutada por unos y otros, a través de una evidencia observacional : las anoréxicas (los trastornos alimentarios en general) se caracterizan por lo contrario: las niñas aparentan ser muy femeninas y están muy preocupadas por su apariencia fisica. En el momento actual se considera que la anorexia mental estaría representando un cerebro femenino extremo que se caracterizaría por una hipersensibilidad social excesiva y la expectativa de ser rechazada socialmente por el aspecto físico. Dicho de otra forma: la ansiedad ante la evaluación social seria la causa metapsicológica de tal patología (Bremser y Gallup, 2012).

Pero en mi opinión no existe contradicción entre la observación original de Freud y los ultimos desarrollos citados, un cerebro femenino extremo es una mente sin animus, sin Logos, un jardin sin podar, es decir sin ese principio masculino necesario para fortalecer nuestro psíquismo, un déficit que usualmente es invadido por un arquetipo anterior. Las niñas sin animus, son frecuentemente colonizadas por Saturno, algo que las convierte en rigidas, perfeccionistas, tiránicas, obsesivas y orientadas hacia la excelencia y el principio del deber. Esa apariencia de abuelas que algunas niñas nos transmiten.

Enfermas.

En el cuerpo de una anoréxica se encuentra explícita la batalla que el viejo Saturno ejerce sobre el desarrollo femenino constriñendo su desarrollo armónico e impidiendo la fertilidad es decir el pase al arquetipo materno.

Freud tenia pues razón porque no cuestionó en ningún momento la femineidad de las anoréxicas (que pueden mostrarse muy femeninas y preocupadas por su apariencia y atractivo) sino a su formalización iniciática: el paso de niña a mujer.

Pero esa tiranía tiene otras funciones, funciones que son beneficiosas para el psiquismo de una muchacha atrapada en esa cárcel del alma que es la anorexia mental y que en un plano metafísico podría explicitarse de este modo (gracias Isabel):

«El alma quiere disociarse del cuerpo, de su corporalidad más grosera y elevarse por encima de tal condición. Lo que en esoterismo se llama «perderse en el astral».

Hay en la anorexia mental una huida de lo corporal, una especie de ascetismo casi religioso en torno a la privación de la comida, algo que no puede explicarse psicológica ni neurobiológicamente, algo que precisa de un entendimiento metafísico, una especie de purga corporal, una búsqueda de pureza inmaculada que tiene naturalmente una función psicológica de defensa.

Una especie de huida del arquetipo materno (aquí Freud tenia razón) pues de lo que huye la anoréxica no es de su femineidad sino de la Durga tutipotencial.

Durga es según la tradición hindú el arquetipo femenino, esa diosa que tiene tantas piernas y brazos cuando aun no se ha escindido en las múltiples formas que la femineidad contiene. Fundamentalmente tres: la semilla, Perséfone o la doncella, la espiga o Demeter (la madre) y el grano, Hecuba, Selene o la anciana sabia. Antes de tomar forma la femineidad sagrada, Durga o en las tradiciones mediterráneas la Gran Madre, es la matriz que contiene completas todas las formas que posteriormente se constelarán en una mujer cualquiera, es un equivalente -en el Tarot- de la Fuerza, el arcano más poderoso y que compite en poder con otros arcanos de la virilidad como el Emperador o el Mago (Senex o Saturno). Y la Fuerza de lo femenino procede del hecho de que no tiene más remedio que volver, en forma de semilla, espiga o grano siempre vuelve. De esa matriz proceden todas las mujeres que usted conoce y cada una según su edad o sus vicisitudes personales encarna un arquetipo u otro, pero todos están potencialmente entre sus recursos. En este sentido para el hinduismo Shakti es la energía o fuerza de Shiva y está encarnado en su esposa.

El poder de la mujer procede pues de su capacidad camaleónica que es lo mismo que Baumeister ha llamado la plasticidad erótica de la mujer, en cada mujer hay una Afrodita (diosa del placer), una madre (Demeter diosa de la maternidad), una Perséfone o doncella ingenua y una Hécate o anciana sabia pero también malévola o diabólica.

Dicho de otro modo, la anoréxica está atrapada entre la Durga (el arquetipo femenino) y Saturno (El Senex) que es otra forma de hablar de ese conflicto tan difícil de resolver que conocemos como el mito de Escila y Caribdis.

Entre la espada y la pared.

Dolor torácico atípico

Serian las 5 de la mañana cuando me desperté con una malestar insólito. Se trataba de un dolor que comenzaba en las muelas, descendía por el cuello y se quedaba en mi hemitorax izquierdo y en el dorso, en mi espalda. No era un dolor constrictivo sino urente y que no había tenido nunca. Se trataba de un dolor agitado que no tenía posición antiálgica.

Me di cuenta de que el dolor se movía al tiempo que mi posición, me senté en la cama y sentí un cierto alivio, también cuando me puse de pie para caminar.

En ese momento pensé que tenia un infarto y se me disparó la ansiedad, esto de ser médico tiene estas malas pasadas.

De modo que pensé que hacer, coger el coche e irme a mi Hospital era una mala idea, igual me moría por el camino, mi mujer no puede conducir debido a  una lesión, de modo que lo mejor era llamar a la SAMU, que está precisamente para este tipo de urgencias vitales, tal y como se las conoce. De manera que desperté a mi mujer y le dije que llamara al 112. Después de una serie de preguntas de filtro -entre las que se incluía si tomaba alguna medicación psiquiátrica- que la operadora le hizo, quedamos en que mandaba la SAMU.

Mientras tanto aproveché para afeitarme, ya tengo bastantes experiencias de parientes que han sido enterrados con media mejilla sin rasurar y es algo poco decoroso, pensé.

Después me senté en el sofá y espere a la SAMU que tardó unos 10 minutos en llegar. Llegaron como hombres de Harrelson, armados con cables y jeringuillas, me tomaron una vía (eso lo primero) y me hicieron un EEG, la doctora que me atendió hizo las preguntas de rigor y me dijo que no creía que fuera un infarto a juzgar por mi buen humor, aunque aseguró que había visto infartados que mantuvieron su decoro más allá de un afeitado.

No era un infarto según ella, pero había que seguir el protocolo, puesto que el dolor no había cedido y la única manera de saberlo era haciendo análisis de enzimas que el propio miocardio suelta cuando hay un infarto.

Así que me subieron en un carrito y me bajaron por el ascensor, mi mujer no pudo acompañarme en la SAMU porque no lo permitía el protocolo y yo ya había decidido seguirlo apasionadamente, el protocolo.

Me llevaron a un Hospital General (no al mío) porque allí no tenemos pacientes críticos según la doctora y me depositaron en una sala de urgencia. No tuve que esperar, cuando llegas con SAMU se supone que eres preferente, menos mal porque iba en calzoncillos, ni el pijama me dejaron poner. ¿Para qué si allí se lo van a quitar todo? Era verdad.

Dos residentes jovencísimas me hicieron las preguntas de rigor sobre consumo de tabaco, alcohol y otros tóxicos, una de ellas me exploró con tanta sabiduría que me detectó una enorme contractura paravertebral izquierda en la dorsal 9, lo apuntaron todo en el informe y me depositaron en una sala para pacientes críticos, monitorizado y todo.

Allí me exploró otra doctora ( eran ya casi las 7 de la mañana y era casi la hora del cambio de turno), la doctora me palpó el abdomen en busca de resistencias y no encontró nada, casi lloro de ver que aun hay médicos que te exploran sin mirar el Abucasis y que te preguntan cosas, aunque sin prestar demasiada atención a mi contractura muscular. Me enchufaron un gotero con un AINE (Enantyum) y me sacaron sangre para los de los enzimas. Para entonces todos los parámetros se habían normalizado excepto el dolor que seguía casi igual, pero la MIR había desaparecido.

Vino el cambio de turno y una nueva doctora me volvió a preguntar sobre el carácter del dolor, yo le dije que era atípico, nada constrictivo, que no tenia cortejo vegetativo y que no era un infarto, que me dolía mucho la espalda que a esas horas empezaba a ser insoportable debido a mi forzada posición de decúbito supino.

Llegaron los enzimas negativos y entonces, ya era casi las 10 de la mañana, la nueva doctora que se había incorporado al turno de las 8 propuso hacerme un Angio TAC, para ver si tenia un aneurisma de aorta o cosa similar, aunque yo pensaba para entonces que tenia un cáncer de pulmón y me preparaba para lo peor, el dolor seguía allí. la doctora me dijo entonces que en el Rx de torax no había salido nada, de modo que me tranquilicé y me dispuse a observar al personal que circulaba por la sala de críticos.

Ocupé el box numero 8, a mi lado había una adolescente diabética que llevaba una bomba de insulina y al parecer se había desestabilizado, oí que pesaba 45 kilos y que estaba por debajo de su IMC, pensé que seria una chica que vomitaba o que manipulaba su bomba para adelgazar (me he encontrado en mi vida profesional con chicas así), ser diabética se lleva muy mal porque uno no puede comer lo mismo que los demás y eso influye y mucho en el autoconcepto de las adolescentes, una cosa más que las diferencia de sus iguales. Me metí en su piel y traté de imaginarme la vida del diabético perpetuamente a dieta. Insoportable.

Delante de mi había otra adolescente que se negaba a orinar en la cuña, una enfermera pizpireta con gafas de concha y con mando en plaza pretendía que orinara allí a lo que ella se negó diciendo que quería ir al WC. Pero ir al WC no estaba en el protocolo, y a mi mismo me lo negaron y tuve que orinar en una botella, es más fácil para los hombres dijo la pizpireta. Me imaginé como seria si me cogieran ganas de hacer otra cosa, así que supliqué a Dios que no me entraran las cagaleras -humillantes-, porque había decidido disociarme y obedecer como un cadáver.

Un afásico que solo decía «Tatatata» gritaba al otro lado del salón, nadie sabia qué hacer con él porque no tenia familia y al parecer no había camas en el Hospital de Crónicos donde estas personas terminan sus días, una especie de «Montaña mágica» pero de pobres. Terrible no poder hablar y más terrible aun ser una especie de indigente sin familia que aguardara pacientemente en la sala de espera alguna noticia. Nadie esperaba al afásico.

Una señora con un bloqueo completo de rama y con una bradicardia que no respondía a la atropina estaba esperando a alguien para ponerle un marcapasos, más allá un «tráfico» se había desgarrado la subclavia» y un tipo con pinta de yonqui dormía su «mona» de algún estupefaciente con alguna complicación que no alcancé a vislumbrar.

El angio TAC llegó hacia las 13 horas y no detectó nada de interés, de modo que a las 14 horas la doctora decidió darme el alta con el diagnóstico de «dolor torácico atípico», una especie de cajón de sastre donde se meten los sufrimientos huérfanos, esos que no tienen nombre. Decidí dedicar mi vida profesional a ponerle nombre a algo, le sugerí a la doctora que le pusieran «Sindrome de Traver» a ese dolor urente sin sentido que me había despertado a aquella hora tan intempestiva. En ese momento estaba pensando en el gasto que había causado a mis conciudadanos el dichoso protocolo. Calculé unos 2000 euros a ojo.

Y entonces comprendí que es insostenible, que todo es ya insostenible.

Tuve que esperar a que me dieran el informe y me quitaran vías y pegatinas, me dieron una bolsa de ropa que mi mujer había traído de casa, me vestí  pero la enfermera pizpireta me mando quedarme sentado hasta que viniera el carro. Le dije que podía salir por mi pie.

– Es el protocolo, dijo ella, con cara de malas pulgas.

Me volví a sentar,  y noté que me estaba meando, pedí entonces de nuevo la botella.

-¿Pero no se va? dijo la pizpireta. Pues ya orinará fuera.

Por poco lo hago en el pasillo con el traqueteo de la silla de ruedas.

La doctora me recomendó que me pusiera en contacto con mi medico de cabecera.

– ¿Y qué me tomo doctora? es que me sigue doliendo.

– Mira que te vuelvo a meter en boxes.

– No por favor, más no. Piense en los recortes y en la crisis.

Y me fui a casa, en taxi claro.

Nota liminar.-

Este post aunque escrito en tono de un humor ácido (es el mío) es en realidad un agradecimiento a todo el personal de urgencia que el día 4 de Noviembre se encontraba en al Hospital General de Castellón, por su profesionalidad, disciplina, cariño y por mirarme a los ojos y hablarme. Dejo abiertos los comentarios por si alguien de aquel turno quiere darme algún otro consejo aunque no entre en el protocolo y si me está leyendo la MIR que me tocó la contractura, por favor que se ponga en contacto conmigo, es mi salvadora.

La desdicha

ADVERTENCIA AL LECTOR DE ESTE POST (¡CONTIENE SPOILEERS!)

Este post versa sobre una pelicula titulada «Revolutionary road» y contiene interpretaciones de su trama asi como revelaciones acerca del final de la historia. Si usted pretende verla en directo ahórrese la lectura de este post.

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¿Puede existir la felicidad de espaldas a los planes de la vida?

Si Virginia Woolf se levantara de su tumba y pudiera ir al cine seguro que hubiera elegido esta película, una pelíula protagonizada por Kate Winslet y Leonardo di Caprio que vuelven a encontrarse después de su éxito parejil en Titanic. Debe ser por eso que encarnan a una de esas parejitas ideales que todo el mundo envidia pero que en realidad esconden un martirologio oculto entre los deseos y planes que ambos mantienen a costa de alcanzar esa quimera individual que llamamos felicidad.

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Las TIC y los trastornos psiquiátricos menores

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El Consorcio Hospitalario Provincial de Castellón a través de los servicios de salud mental va a iniciar en breve un ensayo clínico pata demostrar que los tratamiento on line son tan eficaces como los presenciales puros en el tratamiento de los llamados trastornos psiquiátricos menores (TPM) o trastornos emocionales (TE), un ensayo clinico en colaboración con la Dra Cristina Botella de la UJI de Castellon.

En este post me voy a referir a los antecedentes teóricos de esta formulación y eludiré los de la metodología de la citada investigación.

Los trastornos mentales constituyen un importante problema de salud. Según la OMS (2005) una de cada cuatro personas sufrirá un trastorno mental en el curso de su vida. Constituyen el 40% de las enfermedades crónicas, son la primera causa de años de vida con discapacidad y la causa del 45-55% del absentismo laboral. Se espera que la depresión sea la primera causa de enfermedad en el mundo desarrollado en 2020.

Y tal y como nos cuentan los compañeros que prestan sus servicios en las distintos unidades de salud mental. estos trastornos amenazan con colapsar los débiles mecanismos asistenciales comunitarios. Mas que eso, hoy ya sabemos que es insostenible seguir creciendo en recursos, puesto que nunca podríamos alcanzar a atender a esta población por más recursos que dispusiéramos. Necesitamos alguna alternativa, y esta alternativa vendrá de los tratamientos autoaplicados.

Los trastornos psiquiátricos menores (trastornos de ansiedad y del estado de ánimo) se encuentran entre los trastornos mentales más frecuentes con una prevalencia vital del 29% y con tasas de comorbilidad de entre el 40 y el 80% (Kessler et al., 2005).

Entre los tratamientos que se recomiendan para los TPM están los tratamientos psicológicos. En los últimos 20 años se han desarrollado un número de programas cognitivo-comportamentales basados en la evidencia que han demostrado su eficacia en el tratamiento de trastornos de ansiedad y trastornos del estado de ánimo específicos

Mucha de la investigación y el énfasis en el tratamiento de trastornos específicos fue potenciado por la adopción generalizada del DSM o la CIE, manuales que enfatizan la diferenciación de los desórdenes mentales (Clark, 2009). Este esfuerzo ha representado un enorme avance; sin embargo, también ha significado un problema en la diseminación de los tratamientos basados en la evidencia, ya que resulta difícil formar a los clínicos en los distintos tratamientos (Ellard et al., 2010).

En resumen, la investigación ha mostrado que los tratamientos psicológicos basados en la evidencia son eficaces para los TPM (Barlow, et al., 2000; Hollon, et al., 2006; Imel, et al., 2008; Mitte, et al., 2005). Sin embargo, pese a que están disponibles, menos del 50% de las personas que los sufren los reciben; algunas razones incluyen el coste y el tiempo de aplicación y la falta de profesionales bien formados. Una consecuencia relacionada con la dificultad de acceder a los tratamientos es que muchas personas deciden no buscar ayuda (Bebbington et al., 2000; Gaston et al., 2006). También ocurre que las personas que los reciben, lo hacen después de haber pasado por otros tratamientos no eficaces, lo que supone una mayor dificultad que si hubieran recibido el tratamiento eficaz desde el principio (Kessler y Greenberg, 2002).

Existen voces autorizadas que están recomendando cambiar las formas de aplicar los tratamientos con el fin de mejorar el abordaje de los trastornos mentales (Kazdin y Blase, 2011). Se están estudiando posibles formas de diseminar tratamientos eficaces y diseñar estrategias que garanticen que los pacientes reciben los tratamientos de forma adecuada (Rachman, 2009; Gunter y Whittal, 2010). Dado que los TE se encuentran entre los más prevalentes y costosos, aumentar la disponibilidad de los tratamientos es la clave para reducir los importantes costes (Kessler y Greenberg, 2002).

Kazdin y Blase (2011) señalan que una aproximación nueva y radical es necesaria, algo que vaya más allá de la psicoterapia cara a cara, refiriéndose a la terapia tradicional que implica sesiones en las que el clínico se ve cara a cara con un paciente, una familia o un grupo. Para mejorar esta aproximación tradicional, estos autores proponen diseñar un portafolio de formas diversas de administrar la terapia. Entre los aspectos que destacan se encuentra la tecnología, afirmando que las intervenciones que incorporen tecnología pueden llegar a un mayor número de personas que la terapia tradicional e incluso pueden garantizar el acceso a personas para la que la terapia tradicional puede ser inaccesible.

Otro aspecto que puede ayudar a la diseminación de las intervenciones es la perspectiva transdiagnóstica. En los últimos años estamos asistiendo a un momento importante en la conceptualización y clasificación de los trastornos. Tras 30 años después de la publicación del DSM-III en 1980 no ha sido posible validar los diferentes síndromes y encontrar etiologías específicas para síndromes específicos (Kupfer et al., 2002). Además, la investigación está haciendo evidente las altas tasas de comorbilidad entre síndromes y la falta de especificidad de las intervenciones. Todo esto está llevando a nuevas propuestas de clasificación e intervención basadas en modelos transdiagnósticos, enfatizando los procesos esenciales que subyacen a distintas patologías. Parece que estos modelos ayudan a explicar la comorbilidad entre los distintos trastornos y pueden mejorar su evaluación y tratamiento (Nolen-Hoeksema & Watkins, 2011). En el campo de los TE, los estudios epidemiológicos encuentran que al menos el 55% de las personas que sufren un trastornos de ansiedad, sufren a su vez otro trastornos de ansiedad o trastornos depresivos en el momento de la evaluación. Y esa tasa aumenta a 76% si se tienen en cuenta los distintos diagnósticos realizados a lo largo de la vida (Brown et al., 2001). Esta alta comorbilidad indica que los distintos TE comparten características importantes y se propone que este solapamiento emerge de vulnerabilidades biológicas y psicológicas comunes (p.ej., Barlow, 2002; Gray, 1987).

Brown y Barlow (2009) proponen un nuevo sistema de clasificación para los TE enfatizando las características comunes e incluyendo una variedad de fenotipos. Estos autores consideran dos dimensiones básicas de temperamento unidas a la etiología y curso de los TE: neuroticismo/afecto negativo y extraversión/afecto positivo que están relacionadas con los constructos neuropsicológicos señalados por Gray (2000): el sistema de inhibición comportamental (SIC) y el sistema de activación comportamental (SAC). En el nivel superior, un individuo experimentará varios niveles de gravedad respecto al neuroticismo/inhibición comportamental y la extraversión/activación comportamental. El neuroticismo está relacionado con estrés crónico que incluye el eje hipotalámico-pituitario-adrenocortical, percepción de incontrolabilidad respecto a acontecimientos futuros, hipervigilancia y percepción de baja autoeficacia respecto a la habilidad de poder afrontar acontecimientos estresantes en el futuro. El bajo afecto positivo refleja bajo entusiasmo, bajo interés y pesimismo y está asociado a una actividad reducida del SAC. Los individuos con alto neuroticismo tenderán a mostrar conductas de evitación. Esta vulnerabilidad, asociada a estresores vitales puede llevar a la aparición de distintos síntomas: ataques de pánico, síntomas somáticos, pensamientos intrusivos, etc.

En resumen, esta perspectiva considera que los TE comparten una misma vulnerabilidad que, asociada a factores de estrés psicosocial llevará a diferentes manifestaciones de la misma vulnerabilidad.

La perspectiva transdiagnóstica enfatiza el papel de la regulación emocional como un concepto clave para entender y tratar los TE. La regulación emocional se entiende como las estrategias que los individuos realizan para influenciar qué emociones experimenta, cuándo y cómo la se expresa (Gross, 1999). Estrategias de regulación emocional inadecuadas como la rumiación y la supresión juegan un importante papel en el desarrollo y mantenimiento de los síntomas de ansiedad y depresión

Las propuestas transdiagnósticas tienen implicaciones para el tratamiento. Se han diseñado y validado intervenciones que puedan aplicarse transcendiendo las etiquetas diagnósticas. Clark (2009) distingue tres perspectivas en terapia cognitivo-comportamental transdiagnóstica. La primera es la práctica transdiagnóstica, una perspectiva pragmática que incluye componentes de varios protocolos de intervención para tratamientos específicos y cuyo objetivo es determinar qué componentes de esos protocolos pueden ser eficaces en muestras que presenten distintos trastornos. La tercera perspectiva es el protocolo unificado de Barlow (Allen et al., 2008; Barlow et al., 2004; Ehrenreich et al., 2009; Ellard et al., 2010; Boisseau et al., 2010; Wilamowska et al., 2010). Barlow diseña un protocolo común para los TE que se focalice en tres aspectos fundamentales: controlar la evitación emocional, promover la flexibilidad cognitiva y promover la exposición a sensaciones corporales o situaciones que se evitan.

El grupo de Cristina Botella ha desarrollado un protocolo transdiagnóstico que incluye aspectos de estas tres perspectivas señaladas por Clark (2009). Además de lo innovador de la perspectiva transdiagnóstica, se intenta potenciar la posibilidad que llegue a un mayor número de personas con la utilización de la tecnología, en concreto, Internet para la aplicación del protocolo.

En inglés ya funciona un programa de este tipo llamado «Beating the blues», para el tratamiento de la depresión.

Las revisiones sistemáticas sobre tratamientos basados en la evidencia on line muestran que estas intervenciones son eficaces en el tratamiento de los TE (Amstadter et al., 2009; Anderson, 2008, 2009; Cavanagh & Shapiro, 2004; Cuijpers et al., 2008; Newman et al., 2011; Perle et al., 2011; Ruwaard et al., 2009; Spek et al., 2007). Los estudios de metanálisis muestran una eficacia de los programas online con tamaños del efecto comparables a los conseguidos por la terapia presencial (Cuijpers et al., 2008; 2009; Bee et al., 2008). Clark et al., (2009) afirma que estas intervenciones son altamente diseminables y reducen los costes considerablemente, señalando que pueden contribuir a resolver el problema de que los pacientes que lo necesiten puedan recibir el tratamiento adecuado.

En resumen, estamos siendo testigos del comienzo de una nueva era en el campo de los tratamientos psicológicos: tratamientos basados en la evidencia administrados online. Los datos dicen que estas intervenciones son capaces de proporcionar una asistencia eficaz a aquellas personas que no serían tratadas desde una perspectiva de terapia tradicional (Andrews et al., 2011). Esto cobra más sentido si cabe cuando nos aproximamos a la asistencia desde una perspectiva de salud mental pública donde nos enfrentamos con largas listas de espera y altos costes para el estado.

Objetivos

El objetivo general de este proyecto es someter a prueba la eficacia de un programa de tratamiento cognitivo comportamental para los trastornos emocionales, basado en la perspectiva transdiagnóstica y aplicado en un formato mixto, combinando el formato tradicional (siguiendo una estrategia de contacto mínimo) y el formato auto-aplicado online.

Objetivos específicos

  1. Diseñar un protocolo de intervención transdiagnóstico online para los TE para su aplicación en el contexto de salud mental pública.

  2. Poner a prueba la eficacia y eficiencia del protocolo de tratamiento en un ensayo clínico controlado.

Nuesta hipotesis, es que:

  1. El protocolo transdiagnóstico online será igualmente eficaz que el tratamiento habitual (treatment as usual). No se encontrarán diferencias estadísticamente significativas entre los grupos en las principales medidas de resultado.

  2. El protocolo transdiagnóstico online obtendrá una buena aceptación por parte de los pacientes y profesionales.

  3. El protocolo transdiagnóstico online será más eficiente que el tratamiento habitual en el sentido de llegar a un gran número de personas. En aquellos servicios/centros en los que se aplique, se observará un número significativamente mayor de personas atendidas, una reducción significativa de la lista de espera, y de los costes (horas de atención clínica, horas de uso de tratamiento cara a cara, desplazamientos, etc.), comparados con los servicios/centros de control en los que se haya aplicado el “tratamiento usual”.

Los placeres fáciles

Placer es aquello que añadimos a la vida y goce algo que sustraemos a la muerte  (J. Lacan)

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No cabe duda de que nos falta un semiología para entender de qué hablamos cuando hablamos de placer. Para pensar es necesario construir categorias, pues de lo contrario no sabemos pensar y meteremos casi siempre en el mismo corral churras mezcladas con merinas.

Y cuento esto porque en el lenguaje cientifico solemos hablar de un sistema o módulo que controla la recompensa-placer, (el sistema dopaminérgico del que ya hablé aqui, hablando en este caso de la pornografía) algo que viene a decir que recompensa cerebral y placer son la misma cosa, si bien en neurociencia suele matizarse que el placer tiene dos elementos, uno apetitivo  que busca y uno consumatorio que es voluptuoso (el placer propiamente dicho).

Y no es suficiente puesto que el placer y la recompensa cerebrales no son la misma cosa. El placer necesita un sujeto social, mientras que la recompensa cerebral sólo necesita circuitos y neurotransmisores.

Las personas o sujetos tenemos una amplia paleta de placeres a nuestra disposición que además son idiosincrásicos, lo que quiere decir que son privados: cada cual extrae placer de unas cosas y no de otras. Por ejemplo si eres un amante de la musica, puede que te guste Mahler o quizá Bach, el jazz o el country-rock, si tienes mal gusto incluso puede que te guste Julio Iglesias, es verdad que sobre gustos no hay nada escrito lo que significa que la forma en que extraemos placer es una refinada técnica que hemos desarrollado cada uno de noesotros de forma creativa y privada. Cada sujeto está – digamos, especializado- en un tipo de placer adherido al placer universal por la música. La música da placer y el placer que extraemos de la audición de un concierto o canción cualquiera no es el mismo tipo de placer que sienten aquellos que se dan atracones de pasteles.

Hay -por asi decir- placeres fáciles y placeres dificiles. Nuestra especie está adaptada a identificar lo dulce con algo ventajoso en tiempo ancestral, la diferencia es que en el paleolitico no habia refinados de azúcar, y lo dulce -usualmente la fruta madura- no poseía como hoy el potencial destructivo que tiene el azúcar refinado sobre nuestra especie.

La obesidad de nuestro tiempo está relacionada con que casi toda la población somos portadores de un gen ahorrador de insulina lo que señala en la dirección de un linaje de homínidos que estuvieron sometidos -quizá cíclicamente- a la tortura incierta de las hambrunas. Nuestra adaptación es pues a la privación de hidratos de carbono, es por eso que la sobrecarga de azúcares (presentes en bebidas, ketchup, pasteles, helados, galletas y golosinas) que hoy consumimos es letal para nuestra especie (acumulándose sus sobrantes en la grasa subcutánea), pero aun es más peligroso que usemos estos azúcares como premio o soborno de nuestros hijos (Tiger 1992). Estamos construyendo pues un futuro de diabéticos y obesos mórbidos.

Lo cierto es que tanto los azúcares como las grasas o la sal son consumidos en grandes cantidades en nuestro mundo actual porque provocan placer y no existe una cultura psicológica sobre el placer a diferencia de su opuesto: el dolor. Tenemos una lengua diseñada para gustar de lo dulce, del sabor de las grasas animales y de la sal y es por esta razón que la comida es sin ninguna duda algo que está muy controlado tal y como conté en este post. Comer, para un omnívoro es peligroso y por eso es un acto ritualizado social y culturalmente a través de la gastronomia, la tradición y la buena educación en la mesa, medidas higiénicas y etc.

Comer es pues un acto social, un placer social, pero existen ciertas diferencias entre el placer del gourmet y el llenado compulsivo del que se atraca de chocolate.

El chocolate es otro de esos alimentos curiosos que convocan grandes pasiones entre sus consumidores, no solo es azúcar, con o sin lácteos sino que además contiene cacao, un fruto que contiene un producto llamado teobromina que se comporta de una manera similar a la dopamina. Sobre si provoca adicción o no es irrelevante si seguimos el argumentario de este post y que es el siguiente:

Todo lo que provoca placer puede ser adictivo si:

  • Es fácil de obtener.
  • Es autoadministrado.
  • Se consume en aislamiento o sin ritualización social.
  • Sustituye a otro tipo de placeres más elaborados o dificiles.
  • Es la fuente primordial de  placer.

Comer chocolate no es una adicción siempre que el chocolate no sea un sustituto de cualquier otra cosa o impida el obtener placer de otra manera, se consuma de forma moderada o social (sin atracones).

Algunos autores como Tiger han manifestado que tanto el azúcar como el chocolate (los placeres fáciles) mantienen a ciertos adultos en posicionamientos psicológicos infantiles (neobebés, les llama), personalmente estoy de acuerdo con esa idea: la afición al dulce es una recompensa fácil para el cerebro y está desprovista de refinamiento placentero a la vez que obstruye la diversificación de la dieta.

¿Para qué probar cosas nuevas si lo que me gusta es el chocolate o la coca-cola?

Siguiendo con estos argumentos nos será más facil identificar estos placeres fáciles que sobrecargan nuestro sistema dopaminárgico y pueden llevarnos de cabeza hacia la adicción o la compulsión:

  1. El azúcar, el chocolate, la grasa o la sal concocan mayor placer fácil que extraer una amplia paleta de sabores diversos de una dieta completa. El biberón siempre será mas fácil que el pecho para un bebé.
  2. El consumo de pornografía o  la masturbación convocan placer (recompensa cerebral y adicción) porque son placeres fáciles si los comparamos con la dificultad y el riesgo de buscar, obtener y retener una pareja sexual.
  3. El pensar da placer, siempre será más placentero compartir las ideas con alguien que pensarlas a solas  y mucho más si estas ideas tienen feed back, las ideas que tienen retorno social provocan más placer que aquellas que se piensan a solas que siempre tienen el riesgo de convertirse en obsesiones.

Dicho a modo de conclusión: no podemos hacernos adictos a Bach, pero si al chocolate. Para que Bach nos provoque placer hay que saber algo de música, oir a Bach y si se quiere saber algo de su  tiempo. Para disfrutar de Bach es necesario una cierta instrucción, algo que nos viene de lo social, para que nos guste el chocolate basta con ser un sapiens y llenarse de cualquier cosa.

Mi conclusión es que existe una recompensa cerebral y un placer del sujeto que incluye esfuerzo y aprendizaje que no existe en los llamados placeres fáciles, simples clones repetitivos de sí mismos.

Bibliografía.-

Lionel Tiger: «En busca del placer». Paidós (Contextos). Barcelona 1992.