La dualidad saturnina

Saturno

Saturno armado con su guadaña

 

Saturno (Cronos) era hijo de Urano (el cielo) y de Gaia (la Tierra) y su biografía está presidida por el parricidio. Al parecer Urano era un ser bastante tiránico y despreciable y es por eso que Saturno lo castró con una guadaña, un símbolo lunar que tiene que ver con la ayuda que recibió de su hermana y esposa Rea, otra deidad ctónica, que como su madre representa ala Tierra en otra vuelta de tuerca.

Es interesante observar como los símbolos mitológicos recorren las distintas octavas de elevación-degradación y configuración imaginal para hacerse cargo de una idea fundamental: Urano y Saturno, Gaia y Rea son la misma persona en distintos niveles de definición, asi Urano es más cosmico que su hijo Saturno que es más solar, más cercano pero aun lo suficiente lejano a nosotros los hombres que poblamos la Tierra.

De modo que a Saturno le pasó (ojo por ojo diente por diente) lo mismo que a su padre. Fue castrado por su hijo Zeus instaurándose de este modo el orden olímpico que es un sistema político mucho mas cercano y renonocible para nosotros los mortales, algo que conocemos como una democracia parlamentaria basada en el conflicto. Zeus (Júpiter) es pues un Saturno más joven y democrático teñido de los mismos vicios y virtudes que cualquiera de nosotros, un Dios hecho a la escala del hombre pero que aun, no tiene forma humana mas que cuando opera para seducir mortales una tarea omnipresente en la vida sexual de Zeus.

En realidad  Zeus-Saturno-Urano son desarrollos que siguen la idea cosmogónica de ese despliegue sucesivo de principios primordiales que terminan con la aparición del hombre. Primero fue el Caos, la Noche, Eros o la Union, la Tierra, la Luna, el Sol , etc. Luego los dioses olímpicos, inmortales ellos pero vengativos y lujuriosos y  luego fue el hombre, el despliegue de la vida que es un despliegue fractal donde cada parte contiene  ese Todo y a la vez un Todo que contiene todas las partes.

De manera que si ese Todo contiene todas las partes es posible razonar que Saturno como arquetipo Universal se encuentra en todos y cada uno de nosotros. Carl Gustav Jung le llamó Senex, el anciano.

El anciano Saturno, es el arquetipo del tiempo (Cronos) inexorable con su guadaña para todo lo viviente, es el arquetipo de la muerte, de la decadencia, de la autoridad pero tambien del principio del deber, de la sabiduria y del sentido. Saturno es el padre y es la enfermedad, la decrepitud y la tiranía en sus aspectos más negativos. Saturno es oscuro, seco y frío.

Saturno es pues dual, como todos los arquetipos contiene una parte positiva y una parte negativa, lo que sucede es que estas partes -opuestos- pertenecen al mismo arquetipo, lo que solemos hacer con las partes más negativas o indeseables es desecharlas, disociarlas o bloquearlas.

La tarea del Si-mismo es integrarlas.

Pero asi y todo Saturno, el Anciano, está en todos y cada uno de nosotros, algunos niños lo constelan demasiado pronto y aparecen como niños tiránicos, mientras que otras personas no lo constelan jamás y aparecen como Peter Panes, niños eternos.

Lo interesante es observar si Saturno está bloqueado o si está constelado y bien o mal aspectado (en positivo o negativo). Por ejemplo, en la anorexia mental aparece Saturno a través de una tiranía: la que la niña opera contra la mujer emergente que hay en ella, es como si hubiera una guerra entre zombies (otra manera de llamar a los arquetipos de la que hablé aqui). El arquetipo de la «puella eterna» infiltrada del rostro tiránico de Saturno se opone a que emerja la mujer.

En otra versión del conflicto observamos el «temor a envejecer», esa especie de conducta patética que presentan algunas personas que no consiguen integrar a su Saturno y aparecen como personas transnochadas llevando a cabo proyectos pueriles que destacan cómicamente a través de matrimonios invernales, viajeros sin fin o esclavizados por el botox o la cirugía. Es precisamente en este tipo de personas donde Saturno aparece en forma de enfermedad degenerativa, de locura o de incapacidad. Si Saturno no está integrado acaba apareciendo, forzando la situación.

Saturno y la anorexia mental.-

Freud fue el primero en señalar que la anorexia mental era una inaceptación en la muchacha de su femineidad. Esta idea ha sido continuamente refutada por unos y otros, a través de una evidencia observacional : las anoréxicas (los trastornos alimentarios en general) se caracterizan por lo contrario: las niñas aparentan ser muy femeninas y están muy preocupadas por su apariencia fisica. En el momento actual se considera que la anorexia mental estaría representando un cerebro femenino extremo que se caracterizaría por una hipersensibilidad social excesiva y la expectativa de ser rechazada socialmente por el aspecto físico. Dicho de otra forma: la ansiedad ante la evaluación social seria la causa metapsicológica de tal patología (Bremser y Gallup, 2012).

Pero en mi opinión no existe contradicción entre la observación original de Freud y los ultimos desarrollos citados, un cerebro femenino extremo es una mente sin animus, sin Logos, un jardin sin podar, es decir sin ese principio masculino necesario para fortalecer nuestro psíquismo, un déficit que usualmente es invadido por un arquetipo anterior. Las niñas sin animus, son frecuentemente colonizadas por Saturno, algo que las convierte en rigidas, perfeccionistas, tiránicas, obsesivas y orientadas hacia la excelencia y el principio del deber. Esa apariencia de abuelas que algunas niñas nos transmiten.

Enfermas.

En el cuerpo de una anoréxica se encuentra explícita la batalla que el viejo Saturno ejerce sobre el desarrollo femenino constriñendo su desarrollo armónico e impidiendo la fertilidad es decir el pase al arquetipo materno.

Freud tenia pues razón porque no cuestionó en ningún momento la femineidad de las anoréxicas (que pueden mostrarse muy femeninas y preocupadas por su apariencia y atractivo) sino a su formalización iniciática: el paso de niña a mujer.

Pero esa tiranía tiene otras funciones, funciones que son beneficiosas para el psiquismo de una muchacha atrapada en esa cárcel del alma que es la anorexia mental y que en un plano metafísico podría explicitarse de este modo (gracias Isabel):

«El alma quiere disociarse del cuerpo, de su corporalidad más grosera y elevarse por encima de tal condición. Lo que en esoterismo se llama «perderse en el astral».

Hay en la anorexia mental una huida de lo corporal, una especie de ascetismo casi religioso en torno a la privación de la comida, algo que no puede explicarse psicológica ni neurobiológicamente, algo que precisa de un entendimiento metafísico, una especie de purga corporal, una búsqueda de pureza inmaculada que tiene naturalmente una función psicológica de defensa.

Una especie de huida del arquetipo materno (aquí Freud tenia razón) pues de lo que huye la anoréxica no es de su femineidad sino de la Durga tutipotencial.

Durga es según la tradición hindú el arquetipo femenino, esa diosa que tiene tantas piernas y brazos cuando aun no se ha escindido en las múltiples formas que la femineidad contiene. Fundamentalmente tres: la semilla, Perséfone o la doncella, la espiga o Demeter (la madre) y el grano, Hecuba, Selene o la anciana sabia. Antes de tomar forma la femineidad sagrada, Durga o en las tradiciones mediterráneas la Gran Madre, es la matriz que contiene completas todas las formas que posteriormente se constelarán en una mujer cualquiera, es un equivalente -en el Tarot- de la Fuerza, el arcano más poderoso y que compite en poder con otros arcanos de la virilidad como el Emperador o el Mago (Senex o Saturno). Y la Fuerza de lo femenino procede del hecho de que no tiene más remedio que volver, en forma de semilla, espiga o grano siempre vuelve. De esa matriz proceden todas las mujeres que usted conoce y cada una según su edad o sus vicisitudes personales encarna un arquetipo u otro, pero todos están potencialmente entre sus recursos. En este sentido para el hinduismo Shakti es la energía o fuerza de Shiva y está encarnado en su esposa.

El poder de la mujer procede pues de su capacidad camaleónica que es lo mismo que Baumeister ha llamado la plasticidad erótica de la mujer, en cada mujer hay una Afrodita (diosa del placer), una madre (Demeter diosa de la maternidad), una Perséfone o doncella ingenua y una Hécate o anciana sabia pero también malévola o diabólica.

Dicho de otro modo, la anoréxica está atrapada entre la Durga (el arquetipo femenino) y Saturno (El Senex) que es otra forma de hablar de ese conflicto tan difícil de resolver que conocemos como el mito de Escila y Caribdis.

Entre la espada y la pared.

La función de la mirada

ojo

Mirar y ver son cosas bien distintas, del mismo modo que oir y escuchar lo son. Todo el mundo sabe que podemos oir sin escuchar, algo que solemos hacer a diario cuando nos fuerzan a escuchar algo que no queremos o algo que nos han repetido muchas veces. Del mismo modo los discursos reiterativos nos resultan pesados y tendemos a aislarnos.

Dicen ahora que las voces demasiado agudas de las mujeres agotan los recursos cognitivos de los hombres y por eso los hombres no las escuchamos a ellas, al menos es una queja universal. Debe ser cierta.

Pero no es del oido de lo que quiero hablar sino del ojo, ese artefacto tan bello y perfecto que se acopla tan bien a ese mundo que nos conviene percibir para nuestra supervivencia. Pero el ojo tiene una función doble tambien como la oreja, sirve para ver, una función puramente pasiva y femenina como beber y sirve para mirar, la parte activa de la cuestión, como comer.

Del ojo que mira para espiar ya hablé aqui a propósito de aquella pelicula magistral de Hichtcock que se titulaba «La ventana indiscreta», de modo que no voy a volver sobre esta pulsión escópica que se oculta entre las funciones del ojo. Hoy voy a hablarles de la mirada.

Y para hablar de la mirada lo mejor es recurrir a una comparación con lo que oimos a través de ese otro agujero que es la oreja.

Cuando hablamos con alguien y mantenemos un diálogo con ese alguien, hay dos maneras de hacerlo: para seguir el hilo de la conversación es necesario que oigamos lo que dice nuestro interlocutor, eso hacemos todos, pero hay una diferencia muy importante y esencial en cómo lo hacemos: podemos oir para contestar (eso es lo que solemos hacer casi siempre) y podemos escuchar para comprender.

Escuchar para comprender es algo que no suelen hacer las personas comunes y por eso se inventó el oficio de psicoanalista. Aquel que escucha no para contestar o seguir una conversación sino para comprender las razones, el discurso, la narrativa del otro, atendiendo a la totalidad de lo que se dice y que incluye lo que no se dice. De hecho una terapia comienza cuando termina la conversación y es por eso que las conversaciones entre colegas, amigos o parejas no son terapia.

Al ojo le pasa un poco lo mismo que al oído. Se puede mirar para ver y se puede mirar para transformar lo que se ve. El ojo no es solo un agujero, es sobre todo una lente que proyecta hacia el exterior algo que viene muy de dentro. Esa lucecita que destella a través de la pupila, eso es lo que se proyecta, el alma o la esencia de cada cual si queremos llamarla asi.

Es por eso que sentirse mirado es esencial en nostros los humanos, hablamos entonces que el otro nos hace de espejo, nos refleja o nos especula. Un espejo que puede reflejar nuestra parte más abyecta, pero tambien la más sublime. En algunos casos sin embargo lo que refleja el espejo es el vacío.

espejos

Dice Paulina Kernberg que no debe existir una experiencia más aterradora que la de no no ser reflejado por la mirada de alguien, algo de lo que hablé aqui a proposito de la reverie: un captar de golpe una totalidad, las necesidades de un bebé para ponerles remedio, claro está.

Los espejos deforman nuestra imagen, pero lo interesante es que todos nosotros nacemos como encapuchados, es decir cubiertos de la imposibilidad de reconocernos. Necesitamos espejos y los espejos más importantes son aquellos que tienen la capacidad de devolvernos una idea de nosotros mismos tranquilizadora. Es por eso que necesitamos ser reconocidos y que la indiferencia es peor que el rechazo. Indiferencias y rechazos que se  traducen en distorsiones como estas:

gato

¿Qué le pasa a este gato?

gorda

¿Y a ésta muchacha?

Cuerpo y corporalidad no son pues la misma cosa.

La corporalidad es una mirada, una mirada que atraviesa de parte a parte el ojo y lo convierte en autoconcepto. Lo real se transforma en sutil.

La materia en aire.

La paradoja del determinista puro

Somos_nuestro_cerebro_frontal

 

Acabo de terminar el libro de Dick Swaab titulado grandilocuentemente «Somos nuestro cerebro» y de él me han llamado la atención varias cosas que quiero compartir con mis lectores. La primera es el éxito de ventas que ha tenido un libro sobre divulgación en neurociencia, al menos en Holanda (ignoro si en España ha seguido un camino similar). La segunda cuestión que me ha llamado la atención es que Swaab haya llegado a un éxito editorial de tal calibre después de su jubilación. ¿Por qué esperar a jubilarse para escribir este libro? Y por último me ha llamado mucho la atención el materialismo reduccionista que impregna toda la obra y que puede resumirse en una frase: estamos tan determinados por nuestros genes que la única elección posible de los humanos es que los niños puedan elegir padres.

Es naturalmente una broma, pero es interesante recordar que el libro es un ataque  a la idea del libre albedrío.

Para Swaab el hombre no es libre sino que está determinado por sus genes, el medio ambiente importa muy poco y menos aun otras consideraciones sobre crianza, enfermedades infantiles, hambre, maltrato o ignorancia. Y se apoya además en ideas que todo el mundo da por descontadas: me refiero a las ideas sobre la evidencia de que cuando tomamos una decisión antes nuestro cerebro ya la ha tomado por nosotros. No voy a insistir en esta idea que el propio Libet ya había refutado y que podemos recordar en este post, que titulé Libet y la libertad.

Todas estas ideas encajan bien con la mentalidad calvinista. Es necesario recordar que la predestinación es el antecedente filosófico del reduccionismo materialista: ese que dice que somos nuestro cerebro.  Y que puede explicar el éxito de ventas en Holanda.

Algo que me gustaría preguntarle al Dr Swaab si me fuera posible es esto: ¿La creencia en el determinismo está también determinada por los genes, o cómo funciona la cosa? Si contestara que si, entonces él estaría determinado a creer en lo que cree con independencia de ser calvinista y holandés, lo cual quitaría valor a su creencia. Si contestara que no entonces debería explicarnos cómo ha logrado inmunizarse contra la tendencia universal a ser lo que dicta nuestro cerebro. Se trata de la conocida paradoja del determinista puro. El determinista sólo puede serlo si decide no serlo y viceversa. Es decir  uno puede decidir ser determinista para los demás pero no para sí mismo. Eso suelen hacer los científicos en general: construyen un mundo inorgánico y luego se niegan a habitarlo (Merleau-Ponty) pero lo alquilan a los turistas despistados que pasan por allí.

Y se niegan a habitarlo precisamente porque es imposible vivir en un mundo descarnado incluso para un calvinista.

Una de las supersticiones materialistas que más me han llamado la atención de las que he leído en el libro es la afirmación de Swaab de que la anorexia mental es una enfermedad del cerebro. Lo que significa en términos comprensibles que debe existir en el cerebro de las anoréxicas algo que las condena a serlo con independencia de si hacen o no dietas hipocalóricas y que ese algo es realmente la variable critica.

Adelanta Swaab incluso una hipótesis: la anorexia mental es una enfermedad -probablemente, dice- autoinmune. Uno siempre agradece el «probablemente» aunque es seguro que para Swaab las enfermedades autoinmunes también están determinadas genéticamente de manera que la etiología autoinmune no aporta nada a su argumento principal. Uno nace con un gen (o grupo de genes) que le determinan para ser anoréxico/a, no importa si nació usted en Africa, en un país musulmán o en occidente. No importa si vive usted en una sociedad con libertades sexuales explícitas, si las tasas de divorcio son altas o si la natalidad es baja. No importa si existen excedentes alimentarios o hambrunas a su alrededor, no importa si usted cree que tiene derecho a poseer el cuerpo que quisiera tener o si se conforma con lo que Dios le dió. No importa si usted inició una dieta porque sus compañeros del colegio hacían bromas sobre su sobrepeso o si usted quería parecerse a su amiga Fulanita que llevaba a todos los chicos de calle y era la más popular entre sus amigas.

Todo esto no tiene ninguna importancia lo que importa son los genes. Y uno tampoco acaba de entender qué clase de juegos juegan esos genes que sólo atacan a las chicas (en una proporción de 10 a 1) o por qué esos genes se manifiestan mucho mas en los países desarrollados que en Asia. Y casi nada en los países musulmanes donde las mujeres llevan tapado hasta el cogote.

Debe tratarse de un juego caprichoso de algunos genes que muestran sus patitas de una manera muy poco genética y se acumulan en entornos muy concretos y nada azarosos.

Dice Swaab que la anorexia mental debe ser una enfermedad del hipotálamo y trae a colación algunos síndromes metabólicos parecidos a la anorexia mental que tienen una causa orgánica. Efectivamente estos síndromes existen pero son la excepción y no la regla fundamental.

En nuestro entorno la causa de la anorexia mental es el rechazo del peso que debería alcanzarse por talla y edad en una paciente joven que restringió su aporte calórico (inició una dieta) y se instaló en un bajo peso que le proporcionó algún tipo de compensación y inició efectivamente una serie de disfunciones metabólicas secundarias a la anorexia propiamente dicha, la principal de las cuales es la amenorrea (la falta de la regla). La verdad sobre este asunto es que tal y como he contado innumerables veces en mi otro blog, la anorexia mental es una enfermedad étnica y supone la demostración de que en la enfermedad no sólo intervienen factores biológicos y/o naturales sino también factores psicológicos, sociales e incluso étnicos.

La anorexia mental no es una enfermedad de occidente por su posición geográfica o por pertenecer al hemisferio norte sino por la manera de vivir que tenemos en occidente, por los valores en que educamos a nuestros hijos y por razones que he enumerado en múltiples post de mis blogs. Ahora bien, entonces en ¿donde queda lo biológico en la anorexia mental? ¿es que lo biológico carece entonces de importancia?

Claro que si, lo biológico tiene mucha importancia y de hecho pone en riesgo la vida de este tipo de pacientes con una mortalidad digna de mención entre las enfermedades mentales, pero lo biológico se forma por arrastre, es secundario a la inanición que sigue a las dietas voluntariamente establecidas y llevadas a cabo de una forma obsesiva y persistente.

Lo biológico opera como un limite sobre lo posible, es por eso que al no poder ser invisibles no hay genes para la invisibilidad, del mismo modo es muy posible que existan genes relacionados con algún aspecto del síndrome de anorexia mental, pues adelgazar y sobre todo ahorrar recursos es una adaptación biológica a las hambrunas pero no hay una correspondencia causal entre los hallazgos biológicos y el cuadro completo de la anorexia mental tal y como lo encontramos en la clínica. No es una enfermedad por falta de alimento sino una enfermedad por la falta de voluntad de alimentarse por un miedo elemental: el miedo a engordar que tiene que ver con el miedo a la exclusión social al que las anoréxicas son especialmente vulnerables.

Una especie de vudú sexual.

Ahí hay que ir a buscar el gen o genes implicados, aunque no hay que hacerse demasiadas ilusiones que tras el hallazgo del gen hallemos la píldora mágica capaz de curar esta enfermedad.

La anorexia mental es el espejo de la sociedad en que vivimos, un mundo basado en la apariencia donde cada persona siente que tiene derecho a tener el cuerpo que desea ob-tener.

¿Es la homeopatía un placebo?

placebo

La mayor parte de los informadísimos lectores que usan la red estarían dispuestos a contestar «si» a esta pregunta. Algunos de ellos irian más lejos y dirán que es un timo. Otros se conformarán con atacar la idea de que en una dilución infinitesimal de un preparado homeopático no puede haber moléculas de una sustancia activa, por tanto en la homeopatía no hay nada mas que agua y sacarosa como excipiente.

El problema de todas estas opiniones es que casi nadie sabe qué es un placebo o lo que es peor: el placebo es casi siempre visto como un obstáculo o un engaño, una especie de sombreado que oculta la verdad con intenciones espúreas.

La verdad no es otra -según este modo de pensar- que los medicamentos verdaderos tienen efectos verdaderos mientras que los placebos operan por sugestión. Y la sugestión es cosa de tontos, de personas crédulas, desesperadas o ingenuas intoxicadas por falsa información.

Lo que se enfrenta con el hecho muy conocido ya de que el público -generalmente el mejor informado- recurre a las terapias alternativas con más frecuencia de lo que seria de esperar en un mundo medicalizado y materialista con una medicina que nos ha traido bienestar y longevidad pero tambien cronicidad y efectos secundarios severos.

Y en realidad el placebo es un obstáculo para la industria farmacéutica que debe demostrar -antes de comercializar un determinado medicamento- que su efecto terapeutico es superior al placebo. Es por eso que en investigación de nuevas moléculas es necesario pasar por una prueba -que la ciencia admite como el paradigma de la verdad- y que se conoce con el nombre de doble ciego.

En el doble ciego ni el médico que administra el medicamento sabe si está usando el medicamento verdadero o el placebo (la sustancia inerte), pero ahora les contaré donde está la trampa.

Pero el uso del doble ciego en estos ensayos ya nos permite reconocer que los placebos curan y a veces de una forma muy parecida a los fármacos que pretenden comercializarse.

La trampa es ésta: el medicamento verdadero tiene efectos secundarios y el placebo no. Tomemos por ejemplo la fluoxetina (Prozac), da trastornos digestivos, sexuales y quizá dolor de cabeza. Estoy seguro que cuando se midió su efecto antidepresivo, tanto los pacientes como los médicos supieron quien tomaba el fármaco verdadero y el falso. Efectivamente los que tomaron placebo no presentaron tanta incidencia de efectos secundarios (aunque el efecto nocebo tambíen se presenta en los placebos).

Lo cual no hace sino agrandar la distancia entre la efectividad de la fluoxetina y el placebo. La mayor parte de la gente sabe que la fluoxetina es un fármaco verdadero porque provoca malestar al menos los primeros dias. Dicho de otra manera: los efectos secundarios son el mejor placebo que existe al señalar al paciente que lo que está tomando tiene un efecto biológico. Y también: no podemos descartar que en un medicamento verdadero no exista además un efecto placebo sobreañadido.

En conclusión, el método doble ciego es un coladero que en ciertas enfermedades no discrimina al placebo-placebo del placebo-medicamento. Una de estas enfermedades es la depresión, una de las que más y mejor responden al placebo.

Lo que nos lleva al otro aspecto de la cuestión: No todas las enfermedades  responden al placebo. Algunas mucho, otras muy poco y algunas son absolutamente refractarias al mismo. Como ejemplo de refractariedad me gustaria nombrar la anorexia mental y las adicciones, como ejemplo de una escasa respuesta el cáncer en todas sus formas. Como ejemplo de sensibilidad, el dolor neuropático, la migraña y la depresión.

Y aun más: no todos los placebos son iguales. Y esta es una propuesta que me gustaria dejar aqui, supongamos que usted padece migraña y que me pregunta qué tratamiento le puede ir mejor. Esta es una pregunta inteligente (que es la que la gente se hace o hace al médico). La pregunta mala es si tal medicamento es superior al placebo (evidencia), pero al paciente no le interesa esa demostración, de modo que lo mejor seria no comparar un medicamento concreto con placebo sino comparar los distintos tratamientos entre sí. ¿Es mejor la acupuntura, la PNL, la homeopatia, la cirugía o la dieta para la migraña?

Se trataria de cambiar el paradigma del «doble ciego» por el método de comparación entre distintas terapias que se atribuyen la capacidad de curar una determinada patología.

Lo que nos permitiria ir un poco más lejos porque podríamos no sólo comparar terapias entre sí, sino tambien terapeutas, y por supuesto un ahorro en medicamentos cada vez más caros y donde la innovación brilla por su ausencia.

En resumen, antes de afirmar que algo es placebo tratando de descalificar este mecanismo natural de sanación es mejor tratar de averiguar qué entendemos como placebo porque «no importa que el placebo sea un acto de sugestión, lo que importa es saber como aprovecharlo mejor voluntariamente».

¿Es la respuesta al placebo un acto de sugestión, de creencia, de fe?

¿Y si fuera así, cómo podríamos aliarnos con esos mecanismos neurobiológicos subyacentes para ponerlos a trabajar en favor de la salud de nuestros pacientes?

En resumen:

1.- Sabemos poco de cómo funcionan los mecanismo de reparación de nuestro cuerpo.

2.- Sabemos poco sobre los mecanismos con los que opera el placebo.

3.- Los medicamentos convencionales no descartan el fenómeno placebo.

4.- Los placebos no son todos iguales.

5.- Las enfermedades no responden igual al placebo.

6.- Los terapeutas muestran una amplia variabilidad de respuesta a sus influencias.

Y una consideración final sobre el concepto de simulacro: todo simulacro es verdadero. Asi de tonto es nuestro cerebro, pero a veces nuestra mente es mas tonta que él al rechazar lo placébico como falso o lo peor: como un fraude.

Post relacionados.-

Mas allá del placebo

El Tao del placebo

Placebo, sugestión e intención

Placebo y causalidad no lineal

Un buen articulo publicado en Lancet sobre el placebo

El uso del placebo en ensayos clinicos

Maldito patriarcado

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Nótese que en esta fotografía titulada «amor de familia» contiene las claves para entender como el patriarcado ha socavado los cimientos de la civilización

La libertad consiste en socavar el poder de la gran madre (Neumann)

Andaba yo trajinando con una de esas familias barracuda que suelen poblar las consultas externas de mi hospital, cuando en el café alguien me recomendó leer esta noticia donde Claudio Naranjo afirma nada menos «que todos los males de la sociedad proceden del patriarcado». Me quedé estupefacto, al oír que alguien por fin había identificado el mal de todos los males y que proponía también su solución que venia a ser ésta: devolver a las mujeres el poder que perdieron en algún momento de la prehistoria para recuperar, el sentido común, la renuncia a la guerra y el amor universal.

Me extrañó que un psiquiatra dijera tamaña sandez puesto que Naranjo aparte de ser un místico es también médico-psiquiatra y es seguro que tiene experiencia en observar en la clinica que lo que sucede es precisamente todo lo contrario. Y ahora vuelvo al tema del matriarcado imperante en una de esas familias que llamé «barracuda» y que viene a decir que ciertas familias devoran a todos sus terapeutas, se los comen, les hacen fracasar, les aburren o queman y así consiguen salirse con la suya. Y la «suya» suele ser que la madre en su nido conserve sus polluelos, o al menos uno de ellos -que queda designado como paciente- como en el caso que me sirve de reflexión.

Lo que nos puede llevar a una definición de madre: una madre es aquella persona contra la que hay que alzarse en armas para emanciparse.

Claro que hay madres y madres, dirá usted. Y es verdad, es por eso que los terapeutas de familia hablan de «madres aglutinadoras» para referirse a esa madres que congregan en torno a sí todo el poder que el patriarcado no consiguió preservar. Lo cierto es que el patriarcado apenas existe y es por eso que las consultas externas de mi Hospital están tan llenas de problemas psicológicos y emocionales que son casi siempre la punta de un iceberg mucho más denso: los conflictos de poder en el seno de la familia, casi siempre decantados en favor de las mujeres de la misma.

La funcionalidad o disfuncionalidad de una familia no depende -claro está- del numero de mujeres que la componen, sino en la ausencia de figuras masculinas no sólo presenciales sino simbólicas en la mente de estas féminas. Una mujer sin un padre interno siempre será un poder tiránico ejercido desde lo emocional y sin jerarquizar y es por eso que una mujer que contenga un padre interno siempre será la reserva espiritual del mundo.

La madre aglutinadora devora a todos los que puede a base de besos y de generar codependencia, hace a los hijos adictos a ellas y les corta las alas impidiéndoles el vuelo y si alguno de ellos lo consigue ella se deprime, se pone enferma y va a por la siguiente presa, hasta encontrar a su víctima más débil, aquella que se plegará a sus deseos de madre universal arquetípica (La Gran Madre de la que hablaba Neumann y Jung) y contra la que no podrá oponer sino una enfermedad con tintes emocionales y desvalimiento social. Ahora lo que se lleva es la anorexia mental (aunque puede ser cualquier otra): no comer, ese no poderse tragar a la madre tiene consecuencias fatales para el futuro de estas presas y al final todo queda en un «no poder», que poco a poco es un «no querer».

Y un «pasarse el arroz» que en términos vivenciales supone quedarse soltera a vivir con la mamá que pronto quedará viuda.

Hace pocos días estuvo en Castellón Maurizio Andolfi, participando en un seminario sobre infancia y adolescencia conflictiva. Andolfi dio una buena definición de familia que yo ya había intentado dejar en otro lugar: puso como ejemplo una metáfora visual, una casa con tres niveles o pisos.

3 pisos

En la planta baja viven los hijos, en el primer piso o «principal» los padres, y en el piso más alto los abuelos o la tercera generación, pues para Mauricio Andolfi una familia está compuesta siempre por tres generaciones. La idea es la siguiente: cualquiera puede transitar o interactuar en cualquier de esos pisos que no tienen llave y donde se puede entrar y salir a voluntad. Pero lo fundamental es que cada cual sepa en que piso vive, a cual pertenece y cual es su lugar en el edificio. De eso mismo hablé también en este post a propósito de la familia y otros sucedáneos. De manera que Andolfi sostiene el punto de vista opuesto al de Naranjo: no es el patriarcado el responsable del malestar del mundo sino su ausencia. Una ausencia de límites y de ubicaciones seguras y concretas que ha sido propiciada desde los discursos sociales y que ha dejado a los padres sin función y a veces sin piso donde vivir. Un gine-poder que ha sido entregado sin condiciones a las mujeres y que ha propiciado la aparición de síndromes psiquiátrico-legales nuevos en los niños, como el síndrome de alienación parental.

Afrodita es el paradigma de la mujer sin un padre interno.

afrodita

Es lógico, pues en el mito Afrodita es anterior al orden olímpico y anterior a Zeus, se trata del equivalente femenino de Dioniso un Pan evolucionado, principios primordiales que no quedaron sometidos a las leyes del padre Zeus: algo quedó en el camino sin limitar, sin castrar tal y como dicen los psicoanalistas. Algo que logró escapar a la castración, y ese algo puede ser una persona o un rasgo, eso que llamamos «perversión» con la boca cerrada.

Hubo en efecto, un tiempo donde el matriarcado tuvo su lugar, evolutivamente hablando es dificil saber con exactitud el momento en que el macho intuyó su papel en la fecundación, pero una vez establecida esta condición, el patriarcado, es decir la linealidad patriarcal de la filiación quedó establecida cobrándose buenos peajes emocionales: los celos en los hombres y la vigilancia inquisitorial de su mujer. Es muy probable que antes de este conocimiento las sociedades simiescas fueran matriarcales, pero no creo que fueran mejores que los linajes puntuados de forma patriarcal.

Al fin y al cabo fueron las sociedades patriarcales las que sustituyeron los sacrificios humanos por equivalentes simbólicos como animales. El Logos es un principio fundamentalmente masculino. Ananké, la Necesidad es su correspondiente femenino.

Una sociedad matriarcal no aseguraría una vida mejor sino que nos traería nuevas lacras psicológicas o sociales como las que ya estamos viendo.

Madres barracuda que no pueden contenerse más que con la tutela de los jueces cuando es necesario separarlas de sus hijos a fin de que los polluelos muden el plumaje.