Las 4 Españas

4 españas

Los estudios sociológicos se pusieron de moda para predecir los resultados de las elecciones y desde entonces los investigadores han tratado de describir perfiles de votantes siendo el nivel de ingresos la variable clásica sobre lo que se han basado estos estudios, una división tosca del mundo entre ricos y pobres. Se suponía que los ricos votaban a la derecha y los pobres a la izquierda. Naturalmente los pobres eran los obreros y los ricos la clase acomodada, esa que vivía de rentas o de profesiones más o menos liberales.

Pero hoy la cosa ya no está tan clara debido a la fragmentación y la atomización que han sufrido nuestras sociedades. La clase obrera pareciera haber desaparecido y en su lugar ha amanecido una clase de parado de alto voltaje de indignación que no ha logrado todavía encontrar trabajo, al menos que corresponda a su titulación.

Fue leyendo este articulo de Ramon Gonzalez como comencé a gestar este post. La idea del articulo es que la brecha actual -postcrisis- ya no es de ingresos, sino generacional. Para ello describe cuatro tipologías descritas en el libro de Belen Barriero (que es la lectura que el articulista nos aconseja) y donde el lector hallará explicaciones a estas 4 Españas que vienen a desmentir la idea de Machado de que una de las dos iba a helarnos el corazón. Al parecer hay más razones para temer esa congelación, con la aparición de estos cuatro tipos: digitales, analógicos, acomodados y empobrecidos.

Pero a mi se me ocurrió leyendo el citado artículo que en realidad la mayor brecha no es tanto digital, de ingresos o generacional sino sexual, entiéndase “reproductiva”. En realidad lo que nos diferencia a los humanos europeos de hoy no es tanto lo que ganamos o la edad que tenemos sino las expectativas que tenemos respecto al futuro, es por eso que me pareció tomar la metodología etológica como guía comprensiva del mundo en que vivimos, las variables criticas suelen estar escondidas allí donde nadie miró y es por eso que me puse las gafas de naturalista.

Los alfa.-

Lo que caracteriza a los alfa es su alto valor de pareja y no tanto los ingresos que tienen, tampoco su edad. No hay que confundirlos con los ricos que es una abstracción poderosa emocionalmente pero muy contraintuitiva. Se puede ser alfa por el dinero desde luego pero también por la belleza, la fama, la inteligencia y también el ser un personaje televisivo, un artista de éxito, un deportista de élite, un personaje de la jet o un líder carismático.

El termino “valor de pareja” se debe a David Buss y el lector puede visitar este post donde hablé precisamente de la precariedad del mercado de parejas, una precariedad que no alcanza a los alfa que son ese tanto por ciento que no pueden quejarse de su éxito sexual.

El término ” valor de la pareja” , es algo que no gusta demasiado a la gente en general que rechaza el termino al hacerlo equivalente al de precio. Valor no es igual a precio pero incluso en términos evolutivos la palabra “valor” no coincide con nuestra interpretación actual, valor se refiere al valor de fitness, se trata de un variable cuantitativa que se mide en puntos evolutivos no en logros sociales o económicos.

Lo cierto es que el valor de pareja no se distribuye uniformemente. Contrariamente a los anhelos de igualdad, todas las personas simplemente no somos equivalentes en la moneda de la calidad de pareja. Algunos son extremadamente valiosos, fértiles, saludables, sexualmente atractivos, ricos en recursos, agradables y capaces de brindar con generosidad sus prestaciones. Son los alfa.

Pero aqui en este territorio la competencia para atraer a los compañeros más deseables es feroz. Por lo tanto, los más valiosos son escasos en comparación con los muchos que les desean. Las personas que tienen un alto valor de pareja parecen además tener éxito en la atracción de los socios más deseables. En una puntuación informal que se llevó a cabo entre estadounidenses, los 9s y 10s se emparejan con otro 9s y 10s. Y con la disminución del valor de la 8s a los 1, las personas deben bajar su mirada de apareamiento proporcionalmente. De lo contrario se produce una mayor probabilidad de rechazo y angustia psicológica. “Lo que quiero me lo niegan y lo que no quiero me lo dan” , decimos nosotros en plan castizo.

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Una hembra alfa de nuestro entorno

Dicho de otro modo, los alfa se emparejan entre ellos o con algunas personas beta que ascienden de rango cuando se emparejan con algún alfa. Los alfa practican la hipergamia y no es raro que acumulen tres o más matrimonios con un número de hijos superior a la media junto con un numero de parejas elevada más o menos pasajeras.

Los beta.-

Los beta somos el grueso de la población, los pagafantas del sistema. Los que corremos con los gastos del emparejamiento. Somos los que empleamos estrategias “dad” como estrategia de fondo. “Dad” significa papá y es el modelo de emparejamiento de las sociedades tradicionales donde el sexo es caro. En este post puede el lector profundizar en este tipo de estrategias de emparejamiento que se opone a la estrategia “cad” furtiva y errante.

Lo que caracteriza a los hombres beta es su característica de proveedores y lo que caracteriza a la mujer beta es su carga reproductiva que simultanea con las cargas del empleo y su trabajo dentro de la casa. El matrimonio beta es la pareja tradicional, esas parejas que trabajan ambos y que tienen dos hijos, la parejita. Su enemigo más importantes son las desavenencias y el estrés, el divorcio es letal para los beta, pues perjudica fuertemente a los hombres y les encadena a proveer una casa que ya no habitan dejándoles exánimes para construir otro nido. Para las mujeres beta su condena son los hijos y la cruel atadura de sus familias extensas.

Los beta están en regresión y son los más empobrecidos post crisis, son los que soportan una mayor carga fiscal, la clase media por así decir, aunque lo que caracteriza a los beta no es la clase social sino su creencia en cierto valores tradicionales y en cierto modo aquellos que viven con sentimientos de culpa las infidelidades e incluso el divorcio.

Los valores de clase media han sido los colchones de seguridad del sistema y uno de los puntos de apoyo: la familia ha resistido las embestidas de todas las crisis, pero las amenazas que se ciernen sobre ellos son demasiadas para no tenerlas en cuenta.

Los omega.-

Son los parias del sistema, pero en cierto modo también la reserva genética de la civilización dado que los beta son permeables por abajo y son ellos los que corren con los gastos reproductivos más intensos aun sin disponer de recursos. También son los que acumulan menores puntajes de “valor de pareja”. En este extremo de la distribución  están los omegas, tal vez menos saludables, con menos recursos materiales, o con rasgos de personalidad indeseables tales como la agresividad o la inestabilidad emocional que causan grandes perjuicios a las relaciones y a la calidad de vida. Por no hablar de enfermedades graves, invalidantes o enfermedades adictivas, tan frecuentes como el alcoholismo. También los maltratadores de pareja intima suelen ser omegas deprivados de sexo, deprivados de poder y que sueñan con ascender de rango o al menos emular a esos alfas que tanto les llaman la atención.

Sus estrategias reproductivas son similares a los beta pero pueden darse escarceos más o menos regulares en termino de “cad”. Lo que caracteriza a este perfil es que no comparten los valores de la clase media, por ejemplo invertir en la educación de los hijos, para ellos el dinero es para gastarlo en bienes de consumo, no ahorran ni piensan, en el futuro quizá porque no creen en él.

El lector que haya llegado hasta aquí es casi seguro que se haya ubicado ya en alguno de esos grupos o perfiles, teniendo en cuenta que estos compartimentos no son estancos y que una familia o individuo puede transitar de un bloque al otro en función de la suerte y los avatares de la vida. Lo importante son los valores morales y por supuesto el valor de la pareja: los guapos y las guapas tienen el camino más fácil si bien no pueden garantizarse un futuro de certidumbre solo con la belleza. Ya sabemos que un individuo puede estar hoy a todas horas en TV cobrando royalties y el año que viene desaparecer.

Volviendo ahora a la sociología, creo que podemos adivinar por donde irá el voto de cada cual en las elecciones, siempre y cuando se permita una cierta desviación típica en esa consideración, pero a mi juicio lo que falta en este esquema es la cuarta fuerza.

La cuarta fuerza.-

La cuarta fuerza es la que está compuesta por mujeres jóvenes, fértiles, educadas, competentes, universitarias que han logrado un alto estatus profesional y se han liberado, por así decir de la tutela de padres y los hombres en general. No necesitan proveedores, porque ellas mismas se bastan para subsistir, aunque en realidad estas mujeres no están contra los hombres sino contra los niños. Se trata de aquellas mujeres beta que han logrado liberarse de la cruel atadura y han apostado por el sexo a corto plazo (hipergamia) o la monogamia sucesiva y por supuesto por la infertilidad.  Son las que abaratan el sexo y llevan a los hombres hacia su paroxismo de holgazaneria.

Son estas mujeres las que dictan las políticas de Estado sobre casi todo, son feministas y votan progresista, léase socialdemócrata. Son el grupo social con más influencia en estos momentos en Europa, son las que deciden unas elecciones, llevando al voto a su ascua, que no es otro sino seguir manteniendo su poder e influencia y sobre todo esa concepción grácil y emotivista que caracteriza a lo femenino, es el auge del animalismo, del veganismo y de la anorexia mental. Es el predominio de la emoción y de los buenos sentimientos. Es la victoria de la ginecocracia y de los valores matrifocales.

Pero en el pecado está la penitencia porque ¿de qué sirve tener éxito sino no va acompañado del éxito reproductivo?

Usted puede vivir 100 años con buena salud, puede ser poseedor de un magnífico cerebro y haber tenido éxito en su vida profesional pero si no se reproduce, todas esos éxitos van a perderse en el limbo de los justos. El fitness es un concepto etológico de importancia capital pues combina la supervivencia con la reproducción, el fitness es por definición inclusivo, sin sobrevivir no hay reproducción pero sin reproducción la supervivencia es superflua.

La demografía y la política están en manos de esta cuarta fuerza pero en su fortaleza se esconde precisamente nuestra debilidad, la de todos.

El conflicto de Geminis

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Paz era una muchacha que contaba con 15 años cuando ingresó en nuestra unidad para tratamiento por una anorexia mental que arrastraba desde hacía más de un año y que la mantenía 12 kilos por debajo de sus necesidades y 25 kilos con respecto a su hermana gemela univitelina. Paz tenía amenorrea desde los 14 años y solo había tenido el período durante unos pocos meses. Era una muchacha muy talentosa que sacaba muy buenas notas en el colegio y que además realizaba toda clase de deportes siendo una buena danzarina de rock acrobático que era al parecer lo que más le gustaba hacer.

Paz era inteligente pero esquinada, reservada y manipuladora, enseguida detectamos que se sometía pasivamente a todas nuestras indicaciones a fin de conseguir el alta hospitalaria, pero no habíamos logrado modificar de ningún modo su percepción interior, la hospitalización no había logrado esa iniciación que muchas veces se consigue simplemente con la exposición del cuerpo en un lugar estructurado y donde es posible contemplar el destino que espera a una anoréxica de seguir con sus malos hábitos alimentarios. Además Paz era dominante y se lograba imponer a sus padres, un hogar donde Paz reinaba sobre todos los demás debido al prestigio que había conseguido por sus esfuerzos y también debido a la escasa capacidad observadora por parte de los padres, cuyas limitaciones intelectuales contrastaban con la hipermadurez y capacidad de disimulo de Paz.

En cuanto consiguió llegar al peso acordado se le dio de alta y se decidió su tratamiento ambulatorio, pero apenas llegaba a su casa comenzaba de nuevo con sus medidas restrictivas llegando a perder el peso que había conseguido en el ambiente cerrado del Hospital. Paz llevaba camino de convertirse en una paciente resistente y decidimos ingresarla en el Hospital de día a fin de comenzar con ella el tratamiento cognitivo-conductual que prescribimos a todas las pacientes y que, en ese régimen, incluye además ciertas técnicas grupales y de tratamientos intensivos destinados a modificar sus hábitos y creencias alimentarias.

Pero Paz no mejoraba, apenas era dada de alta volvía a sus hábitos y resultaba difícil de manejar ambulatoriamente. Tampoco resultaba fácil abordarla a través de la conversación, donde se mostraba huidiza, casi hermética, contestado con monosílabos y sonrisas tímidas y escurridizas.

El equipo se reunió para hablar de ese caso y se decidió modificar algunas cosas en la técnica que estábamos aplicando. Mi opinión fue la siguiente: se trataba de construir un hipótesis narrativa que fuera capaz de rescatar a Paz y de acercarla al tratamiento que hasta ahora había sido rechazado, en mi opinión por estar demasiado alejado de sus intereses. Paz tiene una hermana obesa, la gemela que nació primero y que es lo opuesto de Paz: ella es torpe, obesa, dócil, indolente, obediente y conformista, mientras que Paz es lista, inteligente, rebelde y disciplinada. Es evidente que Paz no ha mejorado porque mantiene objetivos distintos a los nuestros: Paz sabe perfectamente cuáles son los riesgos de la anorexia, pero también sabe hacernos creer que está colaborando, ha renunciado a su rock acrobático pero mantiene su deseo de adelgazar y lo mantiene precisamente porque observa a su hermana y no quiere ser como ella, con la que por otra parte se identifica. Este es el problema de Paz, aseguré. El objetivo del tratamiento de Paz ha de centrarse en aceptar esa visión de las cosas, hay que legitimar a Paz en ese miedo y hay que ayudarla a no convertirse en un clon de su hermana, hay que ayudarla a diferenciarse de Beatriz.

La hiperrealidad de los gemelos.-

Los gemelos representan desde la antigüedad algo numinoso, siniestro que conecta con la ilusión del doble y que nos lleva de cabeza otra vez hacia el tema del cuerpo y el simulacro, la realidad y su representación. Aún hoy nos resulta fascinante ver a dos personas que pareciendo la misma persona no lo son. Los gemelos representan la polaridad de los opuestos y no es raro encontrar en la mitología un gemelo bueno y otro malo, uno varonil y otro afeminado, uno amado por sus padres y otro rechazado, uno guerrero y el otro poeta. Aún en los mitos de Afrodita y Atenea podemos rastrear esta polaridad; al fin y al cabo Afrodita era sensual y promiscua y Atenea una diosa virgen, no cabe una polaridad mayor aún sin ser gemelas. En la gemelaridad se produce además otro fenómeno, y es la incapacidad de poder escapar a esta misma polaridad más que sumergiéndose en la indiferenciación. No es de extrañar que ese miedo opere como polo en tanto que sirve como frontera del Yo amenazado por el gemelo (vale también hermano, esposa o marido), Usualmente las personas, cuando estamos en guerra con nosotros mismos, podemos proyectar nuestros problemas en otros y así atribuir a los demás lo que no son sino antagonismos propios. En los gemelos, este dinamismo de ida y vuelta, proyección-introyección, se hace imposible porque los antagonismos se han hecho carne huyendo del magma de lo común, amorfo o indiferenciado y cada uno de ellos asume el papel opuesto que ha quedado vacante en el reparto de papeles en la familia.

Pero además los gemelos comparten un mismo destino genético, de manera que cada uno de ellos se convierte en el espejo del otro y que incluye el compartir la tendencia a padecer las mismas enfermedades y las mismas o casi mismas peripecias médicas. Podríamos decir que cada uno de los gemelos en este caso contiene el remedio (y es a su vez el veneno) del otro. Así, Beatriz contiene el remedio (sus kilos de más) de Paz, y Paz el remedio de Beatriz (su disciplina para ponerse a dieta). Es muy frecuente que los gemelos no logren diferenciarse el uno del otro hasta la segunda parte de la vida, cuando se ven obligados a enfrentarse a su subjetividad y a los conflictos interiores; mientras son jóvenes lo usual es que se mantengan o bien muy indiferenciados o bien muy polarizados, una forma de obtener algún tipo de intimidad interna.

El arco que sostiene Paz está apuntando como en el caso de Quirón a su propia herida y está señalando en su hermana otro tipo de “enfermedad” que hasta ahora no se ha identificado: su sobrepeso, que es lo que en sí misma teme.

Hasta el momento hemos tenido oportunidad de tratar 3 pares de gemelas en nuestra Unidad, después de 700 casos tratados. Nuestras pacientes siempre eran anoréxicas restrictivas; en un caso la obesidad estaba en la hermana y en los otros dos en la madre. A pesar de los informes que enfatizan el hecho de que los trastornos alimentarios dependen de un gen o genes determinados que aumentan las probabilidades de padecerlo en una determinada población que se somete a regímenes hipocalóricos, es más que evidente que en estas familias coexisten casos de sobrepeso y casos de anorexia, lo que señala en la dirección de que ambas condiciones tienen un denominador común y que, probablemente, la incapacidad para mantener el peso o alcanzarlo sean distintos aspectos de la misma enfermedad mediados por lo mental, es decir, por las maniobras que una paciente realiza para no acabar convirtiéndose en obesa y que suelen ser mecanismos obsesivos – el autocontrol sobre todo– activados y mantenidos por el ayuno. Si esto resultara cierto, el tratamiento de una anorexia no debería interrumpirse después de haber alcanzado el peso adecuado y debería prevenirse el casi seguro viraje al abandono en manos del exceso, que seguramente es el polo que tiene mayor verosimilitud biológica.

Bibliografia.-

Francisco Traver: “Mito , narrativa y trastornos alimentarios”

Contra el diagnóstico

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El diágnóstico psiquiátrico se encuentra en entredicho, en parte debido a las interferencias que se atribuyen a los tratamientos psiquiátricos que se ven desde distintos ámbitos como abusivos, inoperantes, peligrosos y reciben muchas criticas no tanto por el publico en general sino incluso por los profesionales de la salud y no sólo desde su costado más radical.

Para que el lector tenga una idea lo más próxima a la realidad posible le recomendaré un post  de un amigo mío psiquiatra que escribe en evolucionyneurociencias y ha abordado este problema desde distintos puntos de vista, a mi juicio muy sensatos.

A mi me gustaría sin embargo abordar otro tipo de fenómenos que se me aparecen colgando de los argumentos que se debate. Me refiero a la diferencia que existe entre “diagnóstico” y “conceptualización”. Un diagnóstico es desde luego una conceptualización, pero una conceptualización a la que se llega con el fin de atajar en la toma de decisiones. Diagnosticar requiere saber medicina, pues sin este conocimiento cualquier malestar de abdomen nos parecería similar a una apendicitis.

Hace pocos días una colega mía que se dedica a la medicina familiar, me preguntaba ¿Cómo se puede diferenciar un delirio de un relato extravagante o poco creíble? Le contesté que la única manera de discriminar el grano de la paja, es sabiendo psicopatología. Es esta disciplina la que se ocupa de esas cosas y de diferenciar una idea delirante, de una deliroide, una obsesiva o una idea sobrevalorada.

Saltar de nivel -una vez explorado el paciente- requiere llegar a un diágnóstico, pero el diagnóstico por sí mismo carece de interés si la enfermedad no es tratable, si se trata de un  niño que todavía no ha desplegado todas sus potencialidades de maduración o si estamos frente a un demente con cáncer metastático. ¿Qué interés puede tener averiguar en este caso el origen del cáncer primario?

Pero a mi juicio, hay otras razones por las que el diagnóstico puede ser un obstáculo para entender qué sucede en el entorno inmediato del paciente más que una ayuda real al mismo. Es cuando el diagnóstico lleva implícito un tratamiento, algo que sucede por ejemplo en el TDAH. Es tan directa la relación entre el diagnóstico de TDAH y la prescripción de metilfenidato que muchas veces los chicos nos vienen remitidos ya por el neuropediatra con el tratamiento de marras. ¿Para qué remitir un paciente al psiquiatra si ya se tiene el diagnóstico y el tratamiento?

Existen sospechas bien fundadas de que los laboratorios farmacéuticos -que son en definitiva los que financian el DSM a través de la APA americana- están muy interesados en multiplicar las entidades con el fin de hacer encajar en ellas a sus medicamentos. Inventado un medicamento -por ejemplo con acción antiobsesiva de esos que causan indiferencia- vamos a ver en que nicho nosográfico lo encajamos y si no existe se inventa. A la industria no le hizo falta inventar ese nicho porque “la depresión” existía y era reconocida (con el nombre de melancolía) desde tiempo inmemorial en sus diversas formas. Fue así como los ISRS (inhibidores de la recaptación de serotonina) lograron venderse como antidepresivos a pesar de no serlo.

¿Ahora bien qué significa que un medicamento sea un antidepresivo?

Lo insólito es que creemos saber qué es una depresión y también creemos que hay una disfunción cerebral que la causa (si bien reconocemos que ignoramos tal disfunción), diríamos que es una enfermedad con tales síntomas y que existe una predisposición genética para padecerla, también diríamos que los eventos de la vida y el estrés tienen parte de culpa en que enfermemos de un trastorno afectivo. Pero no somos conscientes de que estamos hablando de un “concepto” no de una realidad fáctica material a la que se le puede meter el dedo. Decir “depresión” no es decir nada salvo la conceptualización que hemos consensuado aquí en nuestro tiempo y cultura y que no es intercambiable a otra época o cultura. Es por eso que distintos psicofármacos -independientemente de su mecanismo de acción- tienen efectos “antidepresivos”, cada uno con su perfil farmacológico modifica el ambiente cerebral de una manera concreta y a veces esta modificación se traduce en una mejoría para el enfermo. No hay fármacos antidepresivos porque no sabemos qué queremos decir cuando hablamos de depresión. Pero lo más paradójico es que suelen funcionar. Y es por eso que hay dos maneras de ver la psiquiatría: el modelo centrado en el cerebro y el modelo centrado en el fármaco. (Montcrieff, 2013) y yo añadiría otro: el modelo centrado en la demanda, ¿de qué quiere curarse el paciente?

Y la peor noticia: esta incongruencia entre diagnósticos (conceptualizaciones) y tratamientos no es exclusiva de la psiquiatría sino que afecta a toda la medicina. De manera que no se entiende bien por qué los ataques más feroces se dirigen a la psiquiatría y no a otras especialidades.

Hay dos explicaciones, una es la consabida explicación del estigma que a mi personalmente no me gusta nada y que vendría a decir algo así como que, los síntomas psiquiátricos, los enfermos psiquiátricos y los que nos dedicamos a ellos somos personas percibidas como peligrosas, abusivas, violentas y poco fiables cuando no embaucadores y farsantes.

La otra explicación es la de lo posible adyacente de Kauffman. Hay ciertas diferencias entre tener una depresión y tener un cáncer (diferencias que se pueden cuantificar incluso en el dinero que se invierte en investigación). El cáncer genera miedo y compasión, la depresión despide un cierto tufo de ventajismo, de ficción, de irrealidad, de debilidad o de exageración. Si usted no está de acuerdo con esta idea pruebe a vivir con un depresivo crónico y verá como con el tiempo su empatía se va desgastando, su compasión se adormece y su día a día con el o ella se hace invivible. En el vis a vis con un enfermo mental es imposible mantenerse en pie por mucho tiempo puesto que en un enfermo mental lo que funciona mal es la interrelación en sí misma y es seguro que acabará afectándole. Pero hay otra dificultad para el reconocimiento del dolor ajeno de causa mental.

Se trata de que el sufrimiento mental es demasiado parecido a lo que nos pasa a todos en condiciones de estrés, ¿quien no ha estado muy cansado ,muy triste, muy angustiado, ebrio, o ha cometido alguna locura? La experiencia que todos tenemos del sufrimiento mental es breve, recortada y puntual, pero hemos acabado saliendo de ella. ¿Por qué el o ella no le echa un poco de voluntad y hace como hacemos nosotros? ¿Habrá algún motivo oculto para que siga quejándose de lo mismo?

Además nadie se muere de una depresión pero si de un cáncer. La explicación folkclórica más frecuente del sufrimiento mental es que el paciente quiere llamar la atención.

Nuestras conceptualizaciones constriñen el campo de nuestro trabajo, de nuestro apoyo y de nuestra socialización. Construimos narrativas que creemos pueden funcionar en cualquier tiempo o cultura y si podemos exportamos estas conceptualizaciones a otros entornos. ¿Pero qué sucede cuando hacemos esto?

 

En 1994, una adolescente emaciada de 14 años cayó muerta a plena luz del día en una calle de Hong Kong. La prensa local, en su afán por cubrir un suceso tan impactante, encontró en Internet la descripción de un trastorno, la anorexia nerviosa, con la concepción occidental de la importancia de la obsesión por la delgadez. Encontraron un filón, y sus informaciones, tan alarmistas como bienintencionadas, dieron lugar a una explosión de la prevalencia de la anorexia en la ciudad y a campañas de concienciación sobre riesgos (que tal vez lo que consiguieron fue aumentar el número de casos). No es que no hubiera comportamientos de restricción dietética en la cultura china, sino que su contexto clínico y cultural era muy diferente al que conocemos en Occidente, además de que su número era muy inferior al que resultó después de la campaña periodística. Nadie mejor para atestiguarlo que un psiquiatra local, formado en el Reino Unido, el dr. Sing Lee, que acompaña y orienta a Watters en este capítulo y que le explica cómo a su regreso a Asia se encontró con esa forma local de restricción alimentaria, en absoluto vinculada a temor a la obesidad o a un culto a los cánones modernos de belleza femenina, pero que tras la muerte de la adolescente en la calle y la campaña mediática desatada asistió perplejo, años después, a la “occidentalización” de la anorexia en China, acompañada, además, de un espectacular incremento de de su prevalencia.

En este post (de donde he extraido el párrafo anterior podrá el lector saber más sobre otras epidemias, lo que el autor ha llamado la globalización de la locura

¿Cómo pueden interpretarse estos fenómenos? ¿Es que en China no había anorexia mental?

En China naturalmente habría casos de mujeres que dejarían de comer voluntariamente (aunque con muy poca prevalencia) y entrarían en inanición pero es seguro que las razones por las que dejaban de comer no son las mismas que en nuestro entorno, recordemos que las razones por las que una adolescente deja de comer y se pone a dieta en nuestros países occidentales son un rechazo de la obesidad, un deseo de acoplarse a los cánones estéticos difundidos por la moda y las imágenes y el deseo de resultar admitida por el grupo de pertenencia y resultar atractiva.

Naturalmente detrás de un diagnóstico de “anorexia mental” no hay intereses de la Big Pharma, pues no existe ningún fármaco que cure o mejore la anorexia, sino un completo programa de lo más antiguo: calentar, prohibir el ejercicio y alimentación forzada, el mismo tratamiento que recomendó Lasègue, su descriptor en 1886.

No tenemos ninguna evidencia de que el cuadro anoréxico de las mujeres chinas se deba a esta misma conceptualización que sirve en nuestro entorno y lo peor: una vez introducido (globalizado) el modelo occidental en la cultura china, como si de hamburguesas se tratara, los casos de anorexia se multiplicaron. Personalmente solo he conocido un caso de “anorexia mental” en una mujer china y mi opinión es que el cuadro chino es mucho más complejo de lo que podemos imaginar con nuestros referentes occidentales y se parece mas a un suicidio larvado que a una enfermedad en la que se persigue un ideal estético.

Lo más interesante de todos estos hechos es la evidencia de que en sus entornos las enfermedades mentales ( se llamen como se llamen) tienen mejor pronóstico cuando responden a sus propias claves culturales mientras que empeora su pronóstico cuando son obligadas a adaptarse al lecho de Procusto de una teorización ajena.

En mi opinión hemos de andarnos con mucho cuidado con los diagnósticos y no usarlos como fetiches, como algo que realmente denota una disfunción cerebral concreta sino como lo que son: maneras de entendernos entre los que hablamos el mismo idioma y que no prejuzga en ningún caso ni tratamientos ni hechos neurofisiologicos probados.

El diagnostico es una hiperrealidad, una más.

 

Sexualización precoz

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Soy freudiano, lo que significa que siempre he creido, -al contrario de muchos de mis colegas- en la sexualidad infantil. Nunca he creido que los niños fueran criaturas angélicas o que no poseyeran pulsiones sexuales, si bien esas pulsiones no son exactamente como las nuestras, como la de los adultos.

El lector interesado deberá repasar ahora la teoria de la libido de Sigmund Freud para entender el concepto de sexualidad infantil.

¿Pero existe hoy la infancia?

En esto andaba yo pensando el otro dia después de haber visto el caso de una niña de 14 años que más que una niña parecia una de aquellas histéricas de la época de Freud con un cuadro conversivo del siglo XIX y que añadía al mismo toda la parafernalia clinica de la postmodernidad: la anorexia, el trastorno límite, las amenazas (creibles) de suicidio, la manipulación de su ambiente, la mortificación de sus padres y la coacción a su terapeuta. Todo en el mismo pack.

Con todo, lo que llama la atención en esta paciente es su edad, ¿Cómo es posible que una niña de 13 años presente un cuadro psiquiátrico tan complejo, abigarrado y proteiforme? Y sobre todo, ¿Cómo es posible que en el rapport con esta paciente pareciera como si estuviéramos hablando con una adulta con tantos recursos manipulativos interpersonales?

Para entender este fenómeno hemos de echar mano de otras ciencias humanas distintas a la psiquiatría, debemos echar un vistazo a la Sociologia y sobre todo a un fenómeno que para mi es muy relevante, el fenomeno de la sexualización precoz de niños y niñas, una sexualización hipérbolica, exagerada y en cierto modo obsesiva y consumista.

La mayor parte de las niñas que atendemos en nuestros dispositivos comenzaron sus trastornos a raíz de escarceos sexual-afectivos precoces en el instituto. Es interesante señalar que la ESO, la educación secundaria obligatoria, es una fábrica de trastornos psiquiátricos, alguien debería dedicarse a investigar qué es lo que está pasando en los institutos.

Jose Antonio Marina es un filósofo con intereses educativos y buenas intenciones que escribió un articulo precisamente señalando la misma idea que yo: la sexualización precoz y ¿forzada?. Dejo aqui el enlace para quien lo quiera leer.

Lo que sugiere Marina es que este fenómeno puede y debe atajarse a través de la educación. No deja de ser paradójico que un problema que emerge en un contexto educativo vaya a resolverse precisamente a través de la educación. ¿Qué educación?

¿Como vamos a convencer a los adolescentes para que renuncien a ver pornografia, al guasap, a las revistas donde dan consejos verdes, a la mitología de las dietas, al sexo como mercancía de consumo? ¿Cómo vamos a convencer a las chicas de que lo que importa es el curriculum académico y no la figura atractiva, que renuncien a ser la más deseada, que se preocupen más de valores interiores y no tanto de la apariencia?

¿Alguien sabe como se consigue esto?

No, no lo sabe nadie, porque el mal está incrustado en la sociedad, es un mal sistémico y no se cura con educación, ni con pastillas, ni con psicólogos. Se cura cambiando la sociedad.

¿Y qué habría que cambiar en la sociedad?

Para responder a esta pregunta el lector debe recordar ahora un cuento infantil titulado “Peter Pan”. Y si quiere profundizar más sobre este caso puedes visionar este post que lleva incrustado este video.

Si no te apetece ver el seminario completo conformate con saber que Peter Pan era un niño que no quiso crecer y consigue vivir una vida de juego, aventuras y diversión habitando una isla llamada “Nunca Jamás.

Hoy se conoce con el nombre de sindrome de  Johnny Depp a esa manía que les ha dado a los adultos por parecer niños y que afecta por igual a hombres y mujeres. El lector puede echar una ojeada a la foto que preside este post para darse cuenta de que madre e hija, parecen hermanas y solo la altura parece señalar alguna distancia entre ellas. No es sólo que las niñas se sexualicen precozmente sino que sus mamás aparentan menos edad de la que tienen: a todas las iguala el peso. Todo pareciera indicar que se han borrado las diferencias de edad con lo que la infancia parece haberse diluido en un campo de Campanillas de bajo peso.

Las niñas simulan ser adultas simétricamente a la simulación que llevan a cabo sus madres.

La neotenización del mundo occidental.-

El aspecto externo de los humanos ha sufrido presiones evolutivas muy importantes y no sólo relativas al desempeño sexual o al tamaño de los individuos sino tambien relacionadas con el atractivo. Estos cambios relativos a los gustos y preferencias individuales se conocen con el nombre de selección sexual.

Los que leyeron este post ya conocen la deriva genética que acaeció en Europa central durante la última glaciación que aisló en aquel nicho geográfico a una población que se tradujo en mutaciones específicas para esa población. Hablábamos alli de que la neotenia era producto de una selección sexual muy intensa que se llevó a cabo en aquella población pero no necesariamente en otras latitudes geográficas o no a la misma velocidad.

La selección sexual es la forma en que la evolución introduce novedades guiada por los gustos y preferencias de los sexos y sobre todo por la precariedad, es decir la falta de parejas.

Algo asi parece que sucedió en el paleolitico y en Europa central que quedó aislada por los hielos. Las mujeres derivaron hacia rasgos neótenicos guiadas precisamente por la falta de machos de su especie y sin pretenderlo favorecieron la monogamia.

La neotenia, es decir la persistencia de rasgos infantiles en los individuos tuvo premio evolutivo y una característica psicológica ligada a ella: el retraso de la maduración hace a los individuos más plásticos y con mayor apertura a la experiencia. El cierre de la ventana plástica que regula los aprendizajes y que llamamos “maduración” tienen sus pros y sus contras, asi las personas más maduras o que maduran más precozmente tienen ventajas sociales pero menos ventajas cognitivas. Por decirlo de una manera mas gráfica: los aprendizajes se endurecen y se hacen más rígidos a medida que maduramos.

La selección dependiente de la frecuencia.-

De manera que ya sabemos que los rasgos neoténicos se consolidaron porque daban ventajas a sus portadores, las mujeres con rasgos infantiles, delgadas, de piel clara, ojos azules o coloreados, largas cabelleras, y esqueletos gráciles envueltas en una atmósfera de inmadurez tuvieron ventajas en aquellos entornos donde encontrar una pareja fiable resultaba difícil debido a la escasez de machos.

¿Pero, y ahora sucede lo mismo?

Los que leyeron este post ya saben que si bien ahora los machos ya no mueren en accidentes de caza, el mercado sexual se encuentra comprometido por otros factores, lo que nos lleva de igual modo hacia la precariedad. Hombres y mujeres tienen muchas dificultades para acceder a parejas interesantes, comprometidas y deseables.

Los hombres por su parte también siguen procesos de neotización parecidos si bien en otro sentido: los gustos femeninos se orientan hacia hombres masculinos y viriles si bien aprecian los caracteres masculinos empáticos, hipermentalísticos y blandos, algo que ha venido en llamarse el síndrome de Johnny Depp.

Lo que importa pues es que haya de todo pero según el gusto (a veces imposible) del otro sexo, por ejemplo es imposible ser delgada y tener grandes pechos, como es imposible ser viril y mentalistico. Y nada es eterno aunque si observamos la dirección evolutiva que ha tomado nuestra especie lo que hay que esperar es que ese proceso de neotenización siga su curso, que los embarazos sean más cortos y por tanto el periodo de aprendizaje se alargue.

La edad de la inocencia ya ha desaparecido.

No me cabe duda de que vamos en la dirección de una infantilización del mundo. Una infantilización del mundo que requiere un borramiento de caracteres entre niños y adultos. Todos somos sospechosos de ser Peter Panes o Campanillas, mientras Wendy trata de cosernos nuestra sombra que no es  otra cosa sino el mandato de madurar.

La dualidad saturnina

Saturno

Saturno armado con su guadaña

 

Saturno (Cronos) era hijo de Urano (el cielo) y de Gaia (la Tierra) y su biografía está presidida por el parricidio. Al parecer Urano era un ser bastante tiránico y despreciable y es por eso que Saturno lo castró con una guadaña, un símbolo lunar que tiene que ver con la ayuda que recibió de su hermana y esposa Rea, otra deidad ctónica, que como su madre representa ala Tierra en otra vuelta de tuerca.

Es interesante observar como los símbolos mitológicos recorren las distintas octavas de elevación-degradación y configuración imaginal para hacerse cargo de una idea fundamental: Urano y Saturno, Gaia y Rea son la misma persona en distintos niveles de definición, asi Urano es más cosmico que su hijo Saturno que es más solar, más cercano pero aun lo suficiente lejano a nosotros los hombres que poblamos la Tierra.

De modo que a Saturno le pasó (ojo por ojo diente por diente) lo mismo que a su padre. Fue castrado por su hijo Zeus instaurándose de este modo el orden olímpico que es un sistema político mucho mas cercano y renonocible para nosotros los mortales, algo que conocemos como una democracia parlamentaria basada en el conflicto. Zeus (Júpiter) es pues un Saturno más joven y democrático teñido de los mismos vicios y virtudes que cualquiera de nosotros, un Dios hecho a la escala del hombre pero que aun, no tiene forma humana mas que cuando opera para seducir mortales una tarea omnipresente en la vida sexual de Zeus.

En realidad  Zeus-Saturno-Urano son desarrollos que siguen la idea cosmogónica de ese despliegue sucesivo de principios primordiales que terminan con la aparición del hombre. Primero fue el Caos, la Noche, Eros o la Union, la Tierra, la Luna, el Sol , etc. Luego los dioses olímpicos, inmortales ellos pero vengativos y lujuriosos y  luego fue el hombre, el despliegue de la vida que es un despliegue fractal donde cada parte contiene  ese Todo y a la vez un Todo que contiene todas las partes.

De manera que si ese Todo contiene todas las partes es posible razonar que Saturno como arquetipo Universal se encuentra en todos y cada uno de nosotros. Carl Gustav Jung le llamó Senex, el anciano.

El anciano Saturno, es el arquetipo del tiempo (Cronos) inexorable con su guadaña para todo lo viviente, es el arquetipo de la muerte, de la decadencia, de la autoridad pero tambien del principio del deber, de la sabiduria y del sentido. Saturno es el padre y es la enfermedad, la decrepitud y la tiranía en sus aspectos más negativos. Saturno es oscuro, seco y frío.

Saturno es pues dual, como todos los arquetipos contiene una parte positiva y una parte negativa, lo que sucede es que estas partes -opuestos- pertenecen al mismo arquetipo, lo que solemos hacer con las partes más negativas o indeseables es desecharlas, disociarlas o bloquearlas.

La tarea del Si-mismo es integrarlas.

Pero asi y todo Saturno, el Anciano, está en todos y cada uno de nosotros, algunos niños lo constelan demasiado pronto y aparecen como niños tiránicos, mientras que otras personas no lo constelan jamás y aparecen como Peter Panes, niños eternos.

Lo interesante es observar si Saturno está bloqueado o si está constelado y bien o mal aspectado (en positivo o negativo). Por ejemplo, en la anorexia mental aparece Saturno a través de una tiranía: la que la niña opera contra la mujer emergente que hay en ella, es como si hubiera una guerra entre zombies (otra manera de llamar a los arquetipos de la que hablé aqui). El arquetipo de la “puella eterna” infiltrada del rostro tiránico de Saturno se opone a que emerja la mujer.

En otra versión del conflicto observamos el “temor a envejecer”, esa especie de conducta patética que presentan algunas personas que no consiguen integrar a su Saturno y aparecen como personas transnochadas llevando a cabo proyectos pueriles que destacan cómicamente a través de matrimonios invernales, viajeros sin fin o esclavizados por el botox o la cirugía. Es precisamente en este tipo de personas donde Saturno aparece en forma de enfermedad degenerativa, de locura o de incapacidad. Si Saturno no está integrado acaba apareciendo, forzando la situación.

Saturno y la anorexia mental.-

Freud fue el primero en señalar que la anorexia mental era una inaceptación en la muchacha de su femineidad. Esta idea ha sido continuamente refutada por unos y otros, a través de una evidencia observacional : las anoréxicas (los trastornos alimentarios en general) se caracterizan por lo contrario: las niñas aparentan ser muy femeninas y están muy preocupadas por su apariencia fisica. En el momento actual se considera que la anorexia mental estaría representando un cerebro femenino extremo que se caracterizaría por una hipersensibilidad social excesiva y la expectativa de ser rechazada socialmente por el aspecto físico. Dicho de otra forma: la ansiedad ante la evaluación social seria la causa metapsicológica de tal patología (Bremser y Gallup, 2012).

Pero en mi opinión no existe contradicción entre la observación original de Freud y los ultimos desarrollos citados, un cerebro femenino extremo es una mente sin animus, sin Logos, un jardin sin podar, es decir sin ese principio masculino necesario para fortalecer nuestro psíquismo, un déficit que usualmente es invadido por un arquetipo anterior. Las niñas sin animus, son frecuentemente colonizadas por Saturno, algo que las convierte en rigidas, perfeccionistas, tiránicas, obsesivas y orientadas hacia la excelencia y el principio del deber. Esa apariencia de abuelas que algunas niñas nos transmiten.

Enfermas.

En el cuerpo de una anoréxica se encuentra explícita la batalla que el viejo Saturno ejerce sobre el desarrollo femenino constriñendo su desarrollo armónico e impidiendo la fertilidad es decir el pase al arquetipo materno.

Freud tenia pues razón porque no cuestionó en ningún momento la femineidad de las anoréxicas (que pueden mostrarse muy femeninas y preocupadas por su apariencia y atractivo) sino a su formalización iniciática: el paso de niña a mujer.

Pero esa tiranía tiene otras funciones, funciones que son beneficiosas para el psiquismo de una muchacha atrapada en esa cárcel del alma que es la anorexia mental y que en un plano metafísico podría explicitarse de este modo (gracias Isabel):

“El alma quiere disociarse del cuerpo, de su corporalidad más grosera y elevarse por encima de tal condición. Lo que en esoterismo se llama “perderse en el astral”.

Hay en la anorexia mental una huida de lo corporal, una especie de ascetismo casi religioso en torno a la privación de la comida, algo que no puede explicarse psicológica ni neurobiológicamente, algo que precisa de un entendimiento metafísico, una especie de purga corporal, una búsqueda de pureza inmaculada que tiene naturalmente una función psicológica de defensa.

Una especie de huida del arquetipo materno (aquí Freud tenia razón) pues de lo que huye la anoréxica no es de su femineidad sino de la Durga tutipotencial.

Durga es según la tradición hindú el arquetipo femenino, esa diosa que tiene tantas piernas y brazos cuando aun no se ha escindido en las múltiples formas que la femineidad contiene. Fundamentalmente tres: la semilla, Perséfone o la doncella, la espiga o Demeter (la madre) y el grano, Hecuba, Selene o la anciana sabia. Antes de tomar forma la femineidad sagrada, Durga o en las tradiciones mediterráneas la Gran Madre, es la matriz que contiene completas todas las formas que posteriormente se constelarán en una mujer cualquiera, es un equivalente -en el Tarot- de la Fuerza, el arcano más poderoso y que compite en poder con otros arcanos de la virilidad como el Emperador o el Mago (Senex o Saturno). Y la Fuerza de lo femenino procede del hecho de que no tiene más remedio que volver, en forma de semilla, espiga o grano siempre vuelve. De esa matriz proceden todas las mujeres que usted conoce y cada una según su edad o sus vicisitudes personales encarna un arquetipo u otro, pero todos están potencialmente entre sus recursos. En este sentido para el hinduismo Shakti es la energía o fuerza de Shiva y está encarnado en su esposa.

El poder de la mujer procede pues de su capacidad camaleónica que es lo mismo que Baumeister ha llamado la plasticidad erótica de la mujer, en cada mujer hay una Afrodita (diosa del placer), una madre (Demeter diosa de la maternidad), una Perséfone o doncella ingenua y una Hécate o anciana sabia pero también malévola o diabólica.

Dicho de otro modo, la anoréxica está atrapada entre la Durga (el arquetipo femenino) y Saturno (El Senex) que es otra forma de hablar de ese conflicto tan difícil de resolver que conocemos como el mito de Escila y Caribdis.

Entre la espada y la pared.

La función de la mirada

ojo

Mirar y ver son cosas bien distintas, del mismo modo que oir y escuchar lo son. Todo el mundo sabe que podemos oir sin escuchar, algo que solemos hacer a diario cuando nos fuerzan a escuchar algo que no queremos o algo que nos han repetido muchas veces. Del mismo modo los discursos reiterativos nos resultan pesados y tendemos a aislarnos.

Dicen ahora que las voces demasiado agudas de las mujeres agotan los recursos cognitivos de los hombres y por eso los hombres no las escuchamos a ellas, al menos es una queja universal. Debe ser cierta.

Pero no es del oido de lo que quiero hablar sino del ojo, ese artefacto tan bello y perfecto que se acopla tan bien a ese mundo que nos conviene percibir para nuestra supervivencia. Pero el ojo tiene una función doble tambien como la oreja, sirve para ver, una función puramente pasiva y femenina como beber y sirve para mirar, la parte activa de la cuestión, como comer.

Del ojo que mira para espiar ya hablé aqui a propósito de aquella pelicula magistral de Hichtcock que se titulaba “La ventana indiscreta”, de modo que no voy a volver sobre esta pulsión escópica que se oculta entre las funciones del ojo. Hoy voy a hablarles de la mirada.

Y para hablar de la mirada lo mejor es recurrir a una comparación con lo que oimos a través de ese otro agujero que es la oreja.

Cuando hablamos con alguien y mantenemos un diálogo con ese alguien, hay dos maneras de hacerlo: para seguir el hilo de la conversación es necesario que oigamos lo que dice nuestro interlocutor, eso hacemos todos, pero hay una diferencia muy importante y esencial en cómo lo hacemos: podemos oir para contestar (eso es lo que solemos hacer casi siempre) y podemos escuchar para comprender.

Escuchar para comprender es algo que no suelen hacer las personas comunes y por eso se inventó el oficio de psicoanalista. Aquel que escucha no para contestar o seguir una conversación sino para comprender las razones, el discurso, la narrativa del otro, atendiendo a la totalidad de lo que se dice y que incluye lo que no se dice. De hecho una terapia comienza cuando termina la conversación y es por eso que las conversaciones entre colegas, amigos o parejas no son terapia.

Al ojo le pasa un poco lo mismo que al oído. Se puede mirar para ver y se puede mirar para transformar lo que se ve. El ojo no es solo un agujero, es sobre todo una lente que proyecta hacia el exterior algo que viene muy de dentro. Esa lucecita que destella a través de la pupila, eso es lo que se proyecta, el alma o la esencia de cada cual si queremos llamarla asi.

Es por eso que sentirse mirado es esencial en nostros los humanos, hablamos entonces que el otro nos hace de espejo, nos refleja o nos especula. Un espejo que puede reflejar nuestra parte más abyecta, pero tambien la más sublime. En algunos casos sin embargo lo que refleja el espejo es el vacío.

espejos

Dice Paulina Kernberg que no debe existir una experiencia más aterradora que la de no no ser reflejado por la mirada de alguien, algo de lo que hablé aqui a proposito de la reverie: un captar de golpe una totalidad, las necesidades de un bebé para ponerles remedio, claro está.

Los espejos deforman nuestra imagen, pero lo interesante es que todos nosotros nacemos como encapuchados, es decir cubiertos de la imposibilidad de reconocernos. Necesitamos espejos y los espejos más importantes son aquellos que tienen la capacidad de devolvernos una idea de nosotros mismos tranquilizadora. Es por eso que necesitamos ser reconocidos y que la indiferencia es peor que el rechazo. Indiferencias y rechazos que se  traducen en distorsiones como estas:

gato

¿Qué le pasa a este gato?

gorda

¿Y a ésta muchacha?

Cuerpo y corporalidad no son pues la misma cosa.

La corporalidad es una mirada, una mirada que atraviesa de parte a parte el ojo y lo convierte en autoconcepto. Lo real se transforma en sutil.

La materia en aire.

La paradoja del determinista puro

Somos_nuestro_cerebro_frontal

 

Acabo de terminar el libro de Dick Swaab titulado grandilocuentemente “Somos nuestro cerebro” y de él me han llamado la atención varias cosas que quiero compartir con mis lectores. La primera es el éxito de ventas que ha tenido un libro sobre divulgación en neurociencia, al menos en Holanda (ignoro si en España ha seguido un camino similar). La segunda cuestión que me ha llamado la atención es que Swaab haya llegado a un éxito editorial de tal calibre después de su jubilación. ¿Por qué esperar a jubilarse para escribir este libro? Y por último me ha llamado mucho la atención el materialismo reduccionista que impregna toda la obra y que puede resumirse en una frase: estamos tan determinados por nuestros genes que la única elección posible de los humanos es que los niños puedan elegir padres.

Es naturalmente una broma, pero es interesante recordar que el libro es un ataque  a la idea del libre albedrío.

Para Swaab el hombre no es libre sino que está determinado por sus genes, el medio ambiente importa muy poco y menos aun otras consideraciones sobre crianza, enfermedades infantiles, hambre, maltrato o ignorancia. Y se apoya además en ideas que todo el mundo da por descontadas: me refiero a las ideas sobre la evidencia de que cuando tomamos una decisión antes nuestro cerebro ya la ha tomado por nosotros. No voy a insistir en esta idea que el propio Libet ya había refutado y que podemos recordar en este post, que titulé Libet y la libertad.

Todas estas ideas encajan bien con la mentalidad calvinista. Es necesario recordar que la predestinación es el antecedente filosófico del reduccionismo materialista: ese que dice que somos nuestro cerebro.  Y que puede explicar el éxito de ventas en Holanda.

Algo que me gustaría preguntarle al Dr Swaab si me fuera posible es esto: ¿La creencia en el determinismo está también determinada por los genes, o cómo funciona la cosa? Si contestara que si, entonces él estaría determinado a creer en lo que cree con independencia de ser calvinista y holandés, lo cual quitaría valor a su creencia. Si contestara que no entonces debería explicarnos cómo ha logrado inmunizarse contra la tendencia universal a ser lo que dicta nuestro cerebro. Se trata de la conocida paradoja del determinista puro. El determinista sólo puede serlo si decide no serlo y viceversa. Es decir  uno puede decidir ser determinista para los demás pero no para sí mismo. Eso suelen hacer los científicos en general: construyen un mundo inorgánico y luego se niegan a habitarlo (Merleau-Ponty) pero lo alquilan a los turistas despistados que pasan por allí.

Y se niegan a habitarlo precisamente porque es imposible vivir en un mundo descarnado incluso para un calvinista.

Una de las supersticiones materialistas que más me han llamado la atención de las que he leído en el libro es la afirmación de Swaab de que la anorexia mental es una enfermedad del cerebro. Lo que significa en términos comprensibles que debe existir en el cerebro de las anoréxicas algo que las condena a serlo con independencia de si hacen o no dietas hipocalóricas y que ese algo es realmente la variable critica.

Adelanta Swaab incluso una hipótesis: la anorexia mental es una enfermedad -probablemente, dice- autoinmune. Uno siempre agradece el “probablemente” aunque es seguro que para Swaab las enfermedades autoinmunes también están determinadas genéticamente de manera que la etiología autoinmune no aporta nada a su argumento principal. Uno nace con un gen (o grupo de genes) que le determinan para ser anoréxico/a, no importa si nació usted en Africa, en un país musulmán o en occidente. No importa si vive usted en una sociedad con libertades sexuales explícitas, si las tasas de divorcio son altas o si la natalidad es baja. No importa si existen excedentes alimentarios o hambrunas a su alrededor, no importa si usted cree que tiene derecho a poseer el cuerpo que quisiera tener o si se conforma con lo que Dios le dió. No importa si usted inició una dieta porque sus compañeros del colegio hacían bromas sobre su sobrepeso o si usted quería parecerse a su amiga Fulanita que llevaba a todos los chicos de calle y era la más popular entre sus amigas.

Todo esto no tiene ninguna importancia lo que importa son los genes. Y uno tampoco acaba de entender qué clase de juegos juegan esos genes que sólo atacan a las chicas (en una proporción de 10 a 1) o por qué esos genes se manifiestan mucho mas en los países desarrollados que en Asia. Y casi nada en los países musulmanes donde las mujeres llevan tapado hasta el cogote.

Debe tratarse de un juego caprichoso de algunos genes que muestran sus patitas de una manera muy poco genética y se acumulan en entornos muy concretos y nada azarosos.

Dice Swaab que la anorexia mental debe ser una enfermedad del hipotálamo y trae a colación algunos síndromes metabólicos parecidos a la anorexia mental que tienen una causa orgánica. Efectivamente estos síndromes existen pero son la excepción y no la regla fundamental.

En nuestro entorno la causa de la anorexia mental es el rechazo del peso que debería alcanzarse por talla y edad en una paciente joven que restringió su aporte calórico (inició una dieta) y se instaló en un bajo peso que le proporcionó algún tipo de compensación y inició efectivamente una serie de disfunciones metabólicas secundarias a la anorexia propiamente dicha, la principal de las cuales es la amenorrea (la falta de la regla). La verdad sobre este asunto es que tal y como he contado innumerables veces en mi otro blog, la anorexia mental es una enfermedad étnica y supone la demostración de que en la enfermedad no sólo intervienen factores biológicos y/o naturales sino también factores psicológicos, sociales e incluso étnicos.

La anorexia mental no es una enfermedad de occidente por su posición geográfica o por pertenecer al hemisferio norte sino por la manera de vivir que tenemos en occidente, por los valores en que educamos a nuestros hijos y por razones que he enumerado en múltiples post de mis blogs. Ahora bien, entonces en ¿donde queda lo biológico en la anorexia mental? ¿es que lo biológico carece entonces de importancia?

Claro que si, lo biológico tiene mucha importancia y de hecho pone en riesgo la vida de este tipo de pacientes con una mortalidad digna de mención entre las enfermedades mentales, pero lo biológico se forma por arrastre, es secundario a la inanición que sigue a las dietas voluntariamente establecidas y llevadas a cabo de una forma obsesiva y persistente.

Lo biológico opera como un limite sobre lo posible, es por eso que al no poder ser invisibles no hay genes para la invisibilidad, del mismo modo es muy posible que existan genes relacionados con algún aspecto del síndrome de anorexia mental, pues adelgazar y sobre todo ahorrar recursos es una adaptación biológica a las hambrunas pero no hay una correspondencia causal entre los hallazgos biológicos y el cuadro completo de la anorexia mental tal y como lo encontramos en la clínica. No es una enfermedad por falta de alimento sino una enfermedad por la falta de voluntad de alimentarse por un miedo elemental: el miedo a engordar que tiene que ver con el miedo a la exclusión social al que las anoréxicas son especialmente vulnerables.

Una especie de vudú sexual.

Ahí hay que ir a buscar el gen o genes implicados, aunque no hay que hacerse demasiadas ilusiones que tras el hallazgo del gen hallemos la píldora mágica capaz de curar esta enfermedad.

La anorexia mental es el espejo de la sociedad en que vivimos, un mundo basado en la apariencia donde cada persona siente que tiene derecho a tener el cuerpo que desea ob-tener.